Imagina ser artista, tener el don de crear emociones y canalizarlas mediante lenguajes que no usan palabras. Imagina que eres lo suficientemente bueno como para poder dedicarte a ello.
Ahora imagina que la facilidad que tienes para modular esos lenguajes imprecisos es tal que, en lugar de tener una breve etapa de fugaz genialidad antes de sucumbir a una barbitúrica muerte prematura a los 28 te pasas los próximos 30 años de tu vida no solo haciendo lo que te gusta sino generando temas increíbles y trascendentales, que lo que en un principio pudiera ser expresión caprichosa y experimental se transforma e impregna a varias generaciones convirtiéndose en himno, en expresión de un aquí y un ahora.
En un mundo con 8.000 millones de personas, hay 8.000 personas de esas de 1 entre 1 millón, una de ellas es Jonny Greenwood, y otra es Thom Yorke.
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