Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 55 - Final)

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Ghorrhyon
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Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 55 - Final)

Mensaje por Ghorrhyon »

Bueno, siguiendo la oleada de Fics navideños que nos invade, he decidido montarme yo una historieta. Ya me diréis que os parece, pero por favor, comentad, porque yo el tema de One Piece es la primera vez que lo toco (obviamente)
Mis agradecimientos a Samba-sensei (tu ayuda se verá próximamente) y a Kid, por indicarnos el camino... (publica el resto..)
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CAPÍTULO PRIMERO: “El W.G.S. Implacable”

La noche reinaba sobre Arabasta. Por los lujosos pasillos del hotel del casino de Rainbase, una silueta se deslizaba cuidadosamente. El Teniente de Primera Denis Courtoise no incumplía ninguna orden por encontrarse ahí, pero antes moriría que permitir la deshonra de la dama de cuya compañía acababa de disfrutar. Logró alcanzar las escaleras y descendió hasta la planta donde se encontraba su habitación. Justo cuando pasaba al lado de un balcón, oyó un ruido. La palidez más absoluta invadió su rostro, y saltó como un poseso hacia la barandilla. Poco después, pasaba por el pasillo un soñoliento recluta. Courtoise se aupó desde la barandilla, temblando de los nervios, y reemprendió su caminata a mayor velocidad.

El Capitán Fawkes pasó una última revista a la tripulación. Todos tenían el aspecto marcial de siempre, excepto quizá su segundo, ojeroso como cada vez que cumplían misiones en islas con hermosas mujeres. Y observando a la familia real de Arabasta, que se acercaba por la avenida principal, más concretamente a la princesa Vivi, ésta era una isla con mujeres muy hermosas. El Teniente Courtoise era un hombre alto, de hombros anchos y un porte orgulloso que resaltaba el brillo de sus ojos azules. Llevaba el pelo rubio y liso peinado con la raya en medio, y era extremadamente cuidadoso con su indumentaria. No era de extrañar su desmesurado éxito con las damas.
-¡Ateeención! –La voz del Sargento Primero Urahawa puso firmes a las tropas, que se cuadraron al unísono con el sonido atronador de trescientos taconazos. Algo no le cuadraba a Fawkes, pero no caía en qué. El rey Cobra estaba, el general Chaka estaba, la princesa estaba... faltaba alguien. Entonces cayó en la cuenta cuando vio a la escolta de la Comodoro Nilsson llegando tarde desde la base temporal del casino.

La Marina llevaba a cabo tareas de requisa en Rainbase, una vez resuelta la grave crisis de Arabasta. Un buen número de fuerzas se habían citado en el lugar tras la derrota de ex-Shichibukai Crocodile. Algunos veteranos cumplían misiones distintas. La temida Jaula Negra seguía persiguiendo fugitivos de la Baroque Works, mientras que el Capitán Smoker había partido, se rumoreaba que contraviniendo órdenes, para perseguir a otra peligrosa banda de piratas de los cuales el país entero negaba su participación en los hechos. El Capitán Fawkes lo lamentó mucho por las desafortunadas víctimas de Smoker y, abandonando sus pensamientos, saludó a los dignatarios y a su oficial superior. La Comodoro Nilsson, mujer alta, rubia, y de gran belleza, evitó conscientemente cruzar la vista con el Teniente Courtoise, lo que en el fondo de su mente, no extrañó a Fawkes. Denis nunca aprendería. De hecho, sospechaba que lo único que salvaba a la princesa era su corta edad...

Algo interrumpió bruscamente la ceremonia: uno de los hombres de la escolta del rey se desplomó al suelo, con el estampido de un disparo. Todos los sentidos de Fawkes se pusieron alerta. -¡Maldita sea! ¡Urahawa, formación de combate! ¡Courtoise, sígame! Mientras el esforzado Sargento Primero cumplía la orden, Courtoise y Fawkes corrieron hacia donde había sonado el tiro. Precisamente, otro sonó, y una bala rebotó en el brazo derecho de Fawkes, quien lo había levantado instintivamente. -¡Ritter! –Denis Courtoise gritó preocupado, pero su amigo y superior lo tranquilizó, mostrando la cadena de kairouseki que siempre llevaba enrollada en el brazo, bajo el uniforme.
Llegaron rápidamente al edificio de donde habían partido los disparos. Denis derribó la puerta de una patada, mientras enarbolaba su espada por delante. Los estupendos reflejos del espadachín le permitieron bloquear un culatazo que le lanzó una figura en el interior de la casa. Por su parte, Ritter se dirigió al fondo de la sala y empezó a buscar a través de las puertas. En un rincón de la cocina encontró a una mujer y una niña acurrucadas y asustadas por los ruidos de lucha. El Capitán señaló su insignia de la marina, y sonrió. Casi de inmediato, ambas civiles se tranquilizaron. Ritter Fawkes, un poco más bajo y delgado que su Primer Oficial, tenía el pelo castaño rojizo, corto y alborotado, y un aura de confianza y seguridad que se transmitía a cada paso que daba. Los inquisitivos ojos verdes de Ritter captaron cómo los de la niña miraban hacia arriba breves instantes. En un solo movimiento, el Capitán Fawkes liberó un par de vueltas de su cadena y se lanzó como una centella hacia las escaleras que había al fondo de la habitación.

El Sargento Primero Urahawa corrió para apoyar a la escolta real, que se las veía con un número superior de enemigos. Tras él, los hombres, dirigidos por los Sargentos Mendoza y Chindari, peleaban con otro grupo. “Pero estando Sonja y Kleb con ellos, no corren peligro”, pensó. Se interpuso entre el rey y uno de sus atacantes, al que derribó de un solo golpe. Vio por el rabillo del ojo que el general Chaka había desaparecido para dejar en su lugar a un enorme chacal bípedo que estaba destrozando a sus atacantes con su espada. Urahawa no se extrañó lo más mínimo por ello, y en vez de eso esquivó a un pato gigante que perseguía a un desafortunado asaltante totalmente fuera de sí. La Comodoro Nilsson protegía a la princesa, y Urahawa se sintió más tranquilo. Pronto, dos hombres interrumpieron su marcha. Esquivó un ataque de punta con la espada de uno de ellos, y respondió con un fuerte puñetazo que lo lanzó un par de metros hacia atrás. El otro intentó un corte a la altura del cuello, pero a pesar de su tamaño, Urahawa se movía con rapidez, por lo que tras agacharse, lanzó un fuerte uppercut al mentón de su enemigo antes de que este pudiera colocarse de nuevo en guardia.
Alguien gritó a su espalda, y Urahawa se giró a tiempo para ver que un atacante se disponía a dispararle. Sabía que no llegaría, pero como siempre, eso no le preocupaba. Se colocó en posición y... -¡Rankyaku! –Lanzó una terrible patada que produjo un severo corte en el pecho a su enemigo, dejándolo, como mínimo herido de gravedad.

Fawkes y Courtoise caminaban por la avenida, tranquilamente, arrastrando con la cadena del capitán a un enemigo inconsciente. El otro tirador no había tenido tanta suerte, como atestiguaba el hecho de que el Teniente estuviera limpiando la sangre de su espada. En el lugar de la reunión, la Comodoro Nilsson y los hombres de Fawkes hacían recuento de bajas.
-¡Sin novedad, señor! –Urahawa estaba ufano. Siempre lo estaba después de una victoria. La Comandante se acercó por detrás, visiblemente contenta, aunque seguía evitando mirar a Denis. –Enhorabuena, Capitán. Su plan ha sido todo un éxito. Permítame presentarle al General Chaka, jefe de la Guardia de Palacio. –Chaka era un hombre alto, de pelo y ojos negros y una mirada feroz. Su voz también sonaba feroz, profunda y resonante: -Ha sido un honor formar parte de esta exitosa estratagema. Le felicito, Capitán Fawkes. –Ritter se cuadró, tímido y orgulloso a partes iguales. Le agradaba como el que más que sus planes salieran bien.
-¿Cómo supo que esto ocurriría? –Quien hablaba ahora era el actor, prodigiosamente disfrazado, que había representado el papel de rey Cobra. La joven, elegida por su extraordinario parecido con la princesa, era atendida por los guardias. Ritter miró a su interlocutor. –Precisamente, cuando nos explicaron los detalles de la sórdida operación de Crocodile, me vino a la cabeza que habían suplantado a su majestad en al menos una ocasión. Pensé que una mente taimada como la de ese pirata idearía una venganza postrera por si el plan no funcionaba.
El General Chaka asintió en silencio, y tras despedirse de los oficiales de la Marina reunió a los hombres y a los señuelos reales y partió en dirección a Alubarna. La ceremonia de agradecimientos se celebraría en la sala de festejos del palacio real, tras haberse llevado a cabo la última operación de limpieza de los asesinos de la banda de Crocodile. Ritter envió a sus hombres a ocuparse de todo, y quedó a solas con la Comodoro Nilsson. –Mis más sinceras felicitaciones. De alguna manera sabía que esto iba a salir bien –Nilsson sonrió mientras se ajustaba de nuevo el cuello y los puños de la chaqueta de su uniforme, algo manchado de sangre enemiga. –Por eso, me será más fácil la siguiente orden: me temo que ustedes no van a Alubarna. –Ritter se sorprendió al oír la mala noticia, dicha con tanto optimismo. Nilsson pareció no darse por enterada. –En lugar de eso, tiene orden de dirigirse al puerto más cercano para hacerse cargo de su nuevo barco. –Justo en ese momento, el lugar que el Capitán Ritter Fawkes ocupaba delante de su superiora quedó ocupado por una nube de polvo, mientras él corría al encuentro de sus hombres, sin perder la compostura, eso sí, gritando órdenes confusas como “a formar”, “en fila de a dos” y “yujuuuuu”

Un navío de 74 cañones. Le habían asignado un maldito navío de 74 cañones. Ritter Fawkes contemplaba la preciosidad fondeada en el puerto sin asimilar que estaría a bordo de ella en breves momentos. La inscripción a proa rezaba: “W.G.S. (World Government Ship) Implacable”. Cierto era que la adquisición de ese nuevo barco iba acompañada de una difícil misión, pero eso no le importaba. Había ascendido al rango de Capitán por sus capacidades de mando y marinería, y no le asustaba ninguna misión naval. Y en cuanto al combate, hombres como Denis o Urahawa no se encontraban en muchas partes, y tampoco artilleros como la Sargento Mendoza.
-Setenta y tres, y setenta y cuatro...no me lo puedo creer. –La Sargento Sonja Mendoza se encontraba abrazada a un cañón de treinta y seis libras, en el interior de la tercera cubierta. Enérgica, morena, pequeña y delgada, la mujer se encontraba en estado de euforia. –Déjalo ya, Sonja. Son cañones, los hacen en serie. –El que se dirigía con sorna a la artillera era su mejor amigo, el Maestro Carpintero Kleb Chindari, un hombretón de pelo castaño y tupida barba, que por su ademán tranquilo y sus movimientos deliberadamente lentos y precisos, parecía mucho mayor de lo que era –En cambio, -Prosiguió Kleb –Estas planchas son magníficas. Aguantarían cualquier cañonazo, y los refuerzos adicionales minimizan la lluvia de astillas del interior. Es un diseño revolucionario. Lo mejor de Water 7. –Sonja levantó la cabeza y sonrió nostálgica, como cada vez que mencionaban el hogar de ambos. Luego, con un brillo febril en los ojos, subió por la escotilla para volver a contar sus amados cañones.
El Capitán terminó de avanzar por la pasarela, y puso el pie en la cubierta, lo que le produjo un cosquilleo peculiar. –Señores, tenemos una misión. –La tripulación estaba igual de expectante y eufórica que él. –Nuestra antigua fragata será remolcada hasta la base más cercana, donde le asignarán otra tripulación. Nosotros la acompañaremos un trecho, y luego nos desviaremos hacia el noreste para interceptar a dos barcos de la Baroque Works que intentan huir. ¡Largad velas, levad anclas y a por ellos! –La tripulación estalló en vítores y se afano en sus tareas. Denis, Urahawa, y el resto de mandos estaban igualmente sonrientes.
Ritter entró en la Sala de Navegación. Esta era la parte del barco que más le gustaba. Había mapas de los cuatro mares y de las principales áreas de Grand Line por todas las paredes y sobre el escritorio, algunos de ellos dibujados por el propio Ritter y trasladados desde su antiguo barco. Pero lo mejor era el corazón de la sala, el Ojo del Navegante: una estructura de ocho urnas circulares rodeaba otra urna más grande. En cada una de las pequeñas había una Log Pose indicando una dirección distinta, mientras que en la grande estaba la Eternal Pose que señalaba la Base Principal, obligatoria en todos los navíos de ese tamaño.
Ritter comprobó que todas las brújulas funcionaban y sonrió satisfecho. Se sentó, triunfal, en el asiento del escritorio. Lo había logrado. Era un Capitán de Navío. Y nadie jamás le arrebataría este momento...
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Última edición por Ghorrhyon el Sab May 31, 2008 12:28 pm, editado 56 veces en total.
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cid yamakaze
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Mensaje por cid yamakaze »

cuando leo cosas como estas digo: joderrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
porq las dos cosas q mas me cabrean de este foro son:
1.-las absolutas rotundidades
2.-los q no se leen ficks porq son "muy tochos"

una vez mas, ha quedado demostrado que ghorryon es el mejor creador de (grandes) historias del foro. Y una vez mas, la ignorancia de algunos foreros al evaluar mas el hecho de "ser sobre one piece", "dejar meter personajes creados por nosotros", o "ser corta" que el hecho de ser una BUENA historia.

el amigo emplumado es sin duda el mas perjudicado por este tema, ya que su fick "escrito con pluma de ghorryon" esta casi deshabitado por este tema. Una verdadera lastima.

volviendo al tema del fick, me ha encantado la forma en la que narras (aunq ya lo sabia, si no fuese porq sabia q el fick era tuyo, no hubiese leido algo tan "fickero"), y hasta el mas minimo detalle es perfecto.

solo un comentario (objetivo, no desde mi punto de vista): capitan es un rango superior a comodoro

nada mas q comentar :ok:
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

¡AAAAAAARRGGH! ¡MI cuidada ambientaciónnnn!

Voy a repasarme el capítulo donde salían los rangos, que me hundo en la miseria.... Me he liado, porque en el mundo real, comodoro sí era superior...

EDIT: corregido, y un error con el calibre de los cañones, también....
EDIT 2: Todo vuelve a su cauce tras el lío con el cap. 432... hala, ya podemos seguir... la semana que viene ^^U
Última edición por Ghorrhyon el Lun Dic 25, 2006 3:47 pm, editado 2 veces en total.
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Mensaje por cid yamakaze »

Ghorrhyon escribió:¡AAAAAAARRGGH! ¡MI cuidada ambientaciónnnn!

Voy a repasarme el capítulo donde salían los rangos, que me hundo en la miseria.... Me he liado, porque en el mundo real, comodoro sí era superior...
para q te sea mas sencillo:
1-gorousei
2-almirante en jefe
3-almirante
4-vice-almirante
5-contra-almirante
6.-comandante
7.-capitán
8.-comodoro
9.-teniente
10.-teniente primero
11.-teniente de segunda
12.-teniente de tercera
-----------aqui terminan los oficiales--------
13.-oficial técnico
14.-sargento mayor
15.-sargento
16.-cuerpo
17.-recluta privado 1ª
18.-recluta privado 2ª
19.-recluta privado 3ª
-----------aqui terminan los rasos--------
20.-aprendiz

edit:si, yo al principio pensaba q el fawkes era el oficial en jefe de la base, por eso me extrañó cuando la comodoro le dio una orden al capitan. xD
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Mensaje por Ghorrhyon »

Bien, vamos con el segundo capítulo, a ver si consigo continuidad: uno por semana, prometo, ni más ni menos... Personalmente espero que la calidad no decaiga demasiado según avance el relato, pero viendo como está este, que Dios nos coja confesados...
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CAPÍTULO SEGUNDO: “Capitán”

Al redoble del tambor, el Capitán Fawkes alzó sobresaltado la cabeza, saliendo de su ensimismamiento. La hora que tanto esperaba y a la vez temía había llegado. Colocándose lo mejor que pudo su uniforme, salió a cubierta, donde la luz de la luna bañaba la madera con un fulgor intenso. El viento agitaba las velas lenta y fuertemente, en rachas intensas, y el Implacable apenas notaba los vaivenes del oleaje. El mar les conducía con diligencia y suavidad, como si patinasen sobre hielo.
-¡Aten-ción! –La tronante voz de Urahawa rompió el feérico silencio de la tripulación. Todos miraban en una única dirección. Algunos de ellos parecían estar pálidos por el brillo de la luna. Otros, en cambio, lo estaban de verdad, con el semblante demacrado de quien sufre, procurando deshacer los nudos de sus gargantas. A estribor, a un par de cientos de metros, se encontraba el motivo de sus lamentos. El motivo por el cual el rudo Sargento Chindari se estaba mordiendo el labio inferior.

Ritter se colocó a propósito delante de toda la tripulación, tapando tan triste visión. Él mismo lo prefería así, porque eso le impediría mirar. Si él se derrumbaba, ¿qué ejemplo iba a dar?
-Damas y caballeros, éste es un momento agridulce de nuestras vidas. Henos aquí, a bordo de una maravilla náutica, empeñados en una misión que no hará sino dar más lustre a nuestras afortunadas carreras, y sin embargo, despechados como sólo aquéllos que pierden a un pariente lo están. –Algunos ojos empezaban a enrojecer, por lo que Ritter se dijo que debería acortar el discurso.
-La compañera que hoy perdemos, fue, en algún momento, una madre para todos. Una amiga, sin duda, una hija para aquellos que la cuidaron –Ritter comprobó que Kleb Chindari agachaba la cabeza, y se instó a continuar –E, incluso, una deseada esposa para mí. Por eso, amigos, os pido un último homenaje; que tras nuestra separación, sirva a otros tan bien como nos sirvió a nosotros.
Ritter se giró de golpe, incapaz de impedir que unas cuantas lágrimas rodasen por sus mejillas. Se oyó una nueva orden de Urahawa, un “Saluden” entrecortado y débil, y toda la tripulación se cuadró y saludó al unísono, mezclándose su taconazo con la descarga de las piezas del castillo de proa, cargadas sólo con salvas para la ocasión.

Mientras desde algún lugar del castillo de proa se oía una vocecilla sollozante que decía algo así como “Buaaaaah, que... bien... disparaaan”, los cañones de la fragata Mistral respondieron a la despedida, mientras el barco que la remolcaba empezaba el viraje que la separaría para siempre de su antigua tripulación...

Shelltown permanecía en silencio desde que la Mistral había atracado. Y ya llevaban dos horas esperando en el puerto. El Capitán Zersprout se impacientó, y burlando las ordenanzas, saltó a tierra con ímpetu.
-¡Señor! –Quien se dirigía al oficial era el joven Teniente Segundo Courtoise. –No creo que faltar a la legislación marcial de esta región sea una buena manera de presentarse.
-Cuando quiera tu opinión, Courtoise, te la pediré. –Respondió Zersprout -No voy a tolerar que nos tengan aquí pudriéndonos al sol mientras ese cabezabuque de Morgan decide quitarse la resaca de encima. Fawkes y yo subiremos hasta la base. Los demás, esperen.
El Comandante Ritter Fawkes se deslizó por la pasarela casi instantáneamente, haciendo una imperceptible mueca de burla a Denis. –Señor –Saludó, procediendo a exponer su punto de vista: -Creo que de todos modos podríamos interpretar el reglamento a nuestro favor. No hemos observado actividad civil, lo cual no deja de ser chocante. Quizá estaría justificado desembarcar las tropas y explorar el pueblo.
Zersprout gruño en señal de afirmación. Como siempre, su segundo al mando demostraba una iniciativa y capacidad de razonamiento superiores a las suyas. Sin embargo, no se sentía intimidado. Confiaba en las capacidades de su Primer Oficial y navegante, pero también sabía que en la Marina se avanzaba más deprisa por méritos en combate, y eso era difícil en alguien tan pacífico y cerebral como Ritter Fawkes.
-Bien, ¡Teniente Segundo Courtoise, Sargento Primero Urahawa y Teniente Primero Howitzer! ¡Cojan cada uno diez hombres y pateense ese pueblo hasta que los adoquines les cuenten lo que han visto! –Zersprout hizo gala de su imaginación para las exageraciones y, dejando a sus hombres cumplir sus órdenes, se dirigió hacia la base militar, seguido por Fawkes.

La puerta de la base estaba cerrada, y no se veían centinelas en el exterior. Tras haber recorrido las calles desiertas del pueblo, no les resultó particularmente extraño, pero el Capitán y el Comandante de la Mistral siguieron adelante en su empeño de obtener respuestas. Ritter se acercó al portón y llamó con su mano envuelta en la cadena de kairouseki, regalo de graduación de su familia. Desde dentro empezaron a oírse los sonidos de tropas preparándose para el combate. Los dos oficiales se miraron, y Zersprout tomó las riendas: -¡¡Abrid, haraganes!! ¡Aquí la Marina! ¡Os habla el Capitán Zersprout!
-¿Capitán? –Una voz respondió desde el interior, ansiosa. -¡Bendito sea el cielo! ¡Adelante! –Las puertas se abrieron, permitiendo entrar a ambos, y dentro vieron como dos reclutas las cerraban a toda prisa. Un Comandante, nervioso y con barba de varios días, les saludó y comenzó a explicar antes de que tuvieran tiempo de reaccionar:
-¡En virtud de la reglamentación naval vigente, invoco la Directiva 28, señor!

El Teniente Howitzer recorría una de las calles principales junto a sus hombres, con su bola y cadena al hombro. De pronto, pareció atisbar algo tras las puertas de una tienda. Por medio de un gesto, desplegó a sus hombres y empezó a medir distancias para el tiroteo. Howitzer llevaba siendo el Oficial Artillero de la Mistral desde que se había visto obligado a ocupar el puesto como un joven cabo. Ahora peinaba canas, y era uno de los artilleros más temidos de toda la Marina. Sin embargo, el ataque no se produjo por medio de disparos: una enorme maza atravesó la pared más cercana, y desde el interior de la tienda, un grupo de vociferantes piratas cargó contra la tropa. Su líder era un hombre con una enorme barba negra y una terrible cicatriz surcándole el rostro. Howitzer se encaró al siniestro personaje, haciendo girar su bola con cadena.
–No sabes con quien te enfrentas, canalla... –Tensando la cadena, Howitzer cogió impulso y lanzó la bola con fuerza -¡Fauconneau! –El golpe alcanzó a su enemigo en el pecho, y lo impulsó contra la pared.

-De modo que en eso consiste... –Ritter estaba confuso. La Directiva 28 era una medida de emergencia en situaciones de escasez de oficiales de alto rango. El primer Capitán que pasase por una base sin mando adquiría el compromiso de comandarla, mientras que su Primer Oficial era automáticamente ascendido a la capitanía del barco “abandonado”. Tal circunstancia hacía a Ritter Fawkes extrañamente feliz, mientras que Zersprout había montado en cólera.
-¡Panda de incompetentes! ¡¿Cómo se os ocurrió dejar marchar a Roronoa con un pirata cualquiera?! ¡Si estaba prisionero debía ser juzgado, aunque fuera para absolverle! ¡Ahora estaría machacando a esa gentuza!
El Capitán, ahora de la base de Shelltown, estaba profundamente decepcionado. Una banda pirata, la de Wurt Caracortada, había llegado hacía unos días buscando venganza contra Morgan, quien hacía tiempo había causado la cicatriz del capitán Wurt. Por si fuera poco, uno de los hermanos de Caracortada había sido capturado por Zoro Roronoa, y como éste había sido hecho prisionero por Morgan, era la época perfecta para hacer una visita.
Ahora Zersprout debía defender Shelltown, y el ahora Capitán Fawkes debía reunirse con sus compañeros y defender su barco...

Urahawa se detuvo resollando. Alrededor de su inmenso corpachón se apelotonaban los cuerpos de multitud de piratas. El pelaje de sus brazos estaba manchado de sangre. En ese estado debía tener un aspecto aterrador, como atestiguaba la mueca de incredulidad de las caras de los dos únicos piratas que seguían en pie. Los hombres empuñaban recios bastones de acero y permanecían firmes, preparados para el combate.
-A-akuma no mi... –Murmuró uno de ellos.
-En efecto. –La voz de Urahawa sonó ronca y grave, con una fuerte aspiración nasal –Más concretamente Ino-Ino no mi, modelo Jabalí.
El Sargento Urahawa presentaba ahora una estatura de unos dos metros y medio, y en su rostro surgía un hocico porcino de color negruzco rodeado por dos afiladísimos colmillos.
–Vamos a ver de qué pasta estáis hechos... ¡Soru!
Urahawa saltó hacia delante a la velocidad del rayo, pero sus adversarios lo esquivaron a duras penas. Pronto, se colocaron rodeando al hombre-jabalí, pero éste se movía demasiado deprisa para ellos. Urahawa intentó de nuevo sorprender a uno, pero el otro amenazaba enseguida su retaguardia. El que estaba delante esquivó su puñetazo, y el golpe del de detrás rebotó en la dura piel del marine.
Urahawa repitió su ataque, pero de nuevo le rodearon, burlones:
-No podrás con nosotros, cerdito. ¡Tormenta de acero!
Comenzaron a girar los bastones y golpear frenéticamente, pero Urahawa esperaba aquello.
–Kamie –Anunció, contorsionándose para esquivar cada golpe. Acto seguido, lanzó un puñetazo en redondo para librarse de ellos, y volvió a usar el Soru para alejarse.
Sin embargo, sus enemigos le siguieron, rodeándole de nuevo. –No hay lugar al que no te vayamos a seguir, compañero, tarde o temprano estarás perdido.
-¿De verdad? –Contestó Urahawa -¡Geppou! –El marine se elevó lanzando patadas al aire, dejando boquiabiertos en el suelo a sus contrincantes. Acto seguido, aprovechó el impulso, y con un brillo triunfal en sus ojillos porcinos, apuntó a uno de los piratas. -¡Rankyaku! –Tronó, mientras su golpe abría un tremendo surco en el pecho de su oponente, que se desplomó en el suelo con los ojos en blanco. Aprovechó la caída para aplastar al otro pirata, pero en vez de eso, abrió un boquete en el suelo. Alzó la cabeza, jadeando rabioso, sólo para ver a su enemigo totalmente inmovilizado por la cadena del Comandante Fawkes.

-¡Bombarde! –El Capitán Wurt detuvo el golpe con su maza, haciendo saltar chispas. Howitzer le había alcanzado varias veces, pero los golpes no le habían hecho mella. Los ataques del artillero eran ahora más potentes, pero se le estaban acabando las fuerzas. Decidió jugarse el todo por el todo, y comenzó a balancear de nuevo la cadena. El giro continuó a gran velocidad, mientras Howitzer se preparaba para el ataque.
-¡Demi-canon! –Justo cuando la bola de acero llegaba al punto crítico, el Teniente la pateó con su bota de punta de hierro. El proyectil partió con una fuerza inusitada, pero en ese momento, Wurt hizo gala de unos reflejos que antes no había mostrado. Hurtó el cuerpo, y agarró la cadena.
–Muy lento, soldado. Me temo que es tu fin.

Denis llegó corriendo, cubierto de rasguños. Lo primero que vio cortó su respiración. El Teniente Howitzer se encontraba en el suelo, en medio de un charco de sangre que manaba de una tremenda hendidura en su cabeza. A su lado, observaba el cuerpo un pirata armado con una maza ensangrentada. Denis respiró hondo. Ya habría tiempo para la venganza, para la ira. Ahora se trataba de un combate singular.
- Pirata, tu contra mí. Espero que te llegue el honor para eso. –Había un profundo desprecio en las palabras del oficial.
- Por supuesto. Ya he matado a uno, ¿por qué no dos?
Denis escupió al suelo, empuñando su espada bastarda con fuerza. –Esa es la diferencia entre tú y yo, criminal. Si peleas como él lo hizo, yo no tendré más remedio que honrarte...

Y recordad: cursiva igual a flashback
Última edición por Ghorrhyon el Mar Dic 25, 2007 12:47 pm, editado 2 veces en total.
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Mensaje por cid yamakaze »

*cid yamakaze aplaude*
bienbienbienbienbien....bien. Pero mal.

xDDDDDD bueno a ver, la verdad es q el capitulo tiene la misma calidad q el primero, solo hay una cosa q le resta puntos:
se nota un webo (pero muchisimo) q no lo has escrito todo seguido, sino q has escrito un poco cada dia al estar ajetreado. Lo digo por q la relacion entre los parrafos es muy confusa, y casi no los separas (osease, q no me he enterado de la mitad).

a parte de eso...

---modelo jabali? le miro con su "sonrisa gorrina"? :lol: se nota q kid estuvo aqui :roll: xDDDD es coña es coña

---hasta ahora no habia caido en q ritter era ritter, el tio de shelltown :roll: q listo soy XDDD

no se mucho mas q comentar, esta perfecto (como no)

edit:esto parece un dialogo T.T

por cierto, en el tema de rol has escrito mal ramsus xDDDD
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Polizonte Nack
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Mensaje por Polizonte Nack »

Y MJ asoma tímido su cabecita para hacer su primer comentario de un fic exceptuando la extinta "El legado del dragón rojo".

Genial, me ha sorprendido gratamente. Me gusta más tu escritura cuando no tienes "límites" para plasmarla. Me ha encantado ese sutil aire de Cabo Trafalgar con lo de los términos marineros técnicos, además de los puntos de humor como lo de "A la princesa Viví le salvaba su juventud" XDD (espero que no fuera cosa de mi mente sucia lo que imaginaba).

Con un buen ritmo de la historia que impide decaer el interés, me ha gustado especialmente ese modo de "atar cabos" sin usar a un personaje ya creado.

Ahora las pegas... Alguien dijo que el uso de Soru por Koby fue el más rápido desprestigio de enemigos en un shonen... ¡Pues no, le has arrebatado a Oda ese mérito! xDDD. En serio, me ha parecido muy fuerte que ahora todo quisque sea un superhombre.

Por lo demás, genial, aquí tienes un nuevo lector : :ok:

PD: ¿El que dice Cyd Yamakaze no era Ripper en lugar de Ritter?
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Mensaje por Ghorrhyon »

Me voy a sonrojar, como Kid :oops: El problema de los cortes tiene que ver con la longitud del flashback, que ha cambiado de la noche a la mañana (no todo está pensado desde el principio). Trataré de que no vuelva a pasar (ya habéis oido, esclavos, la próxima vez, más clarito).

Por lo demás...

Cid-kun Lo del jabalí lo tenía pensado hacía mucho tiempo. Me resulta un poder terrorífico, ya lo verás cuando esto siga avanzando... Y si Kid se quiere dar por aludido, pues vale XD. Ritter no sale en One Piece, es creación mía. El que salieran en Shelltown DESPUÉS del paso de Luffy y Zoro debería ser una pista.
M.J. He querido hacer un fic técnicamente serio. Estamos en un entorno marítimo cien por cien, y me parece importante darle ese aspecto. Y sí, Cabo Trafalgar es mi referencia en ese sentido :D atento a los ataques del artillero. Y sí, tu mente sucia pensaba bien. Hay cosas muy raritas en algunos miembros de la tripulación XDD.
En cuanto a los poderes del Sargento Urahawa, sólo decir que a más poder, menos evolución, además de que todo va a quedar explicado. Además, son de la Marina, se supone que son todos muy duros.
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nightking
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Mensaje por nightking »

Wow :aplausos: :aplausos:
Me mola que la gente escriba novelas, ya que yo soy escritor, y me saco un buen pico escribiendo novelas.. :lol:
Desde mi punto de vista, es una obra muy buena, muy buen narrada, y el argumento es muy bueno.
No puedo decir que es perfecto, porque ni la literatura ni en ningun sitio, existe la perfeccion.
En si, todas las novelas, tienen un centro, y el de tu historia puede ser One Piece.
Las obras buenas, tienen que seguir el centro, y la tuya lo sigue.
Asi, que sin mas dilacion, sigue escribiendo!!

salu2

PD: Espero con ansia el siguiente capitulo.
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

Bueno, pues vamos con el tercer capítulo, el final del duelo entre el joven Teniente Segundo Denis Courtoise y el maléfico capitán pirata Wurt Caracortada...
Spoiler: Mostrar
CAPÍTULO TERCERO: “Un objetivo al alcance”

-Entonces, como Roronoa se ha escapado con ese pirata y Morgan ha sido trasladado a presidio, Wurt Caracortada ha decidido pescar en río revuelto y hacerse con el control de Shelltown.
-Pero con sólo dieciséis millones de recompensa, creo que está intentando algo por encima de sus posibilidades, ¿no, Capitán?
Al oírse llamar de esa manera, Ritter se detuvo bruscamente. -Sargento, mi rango no ha sido ratificado, no nos precipitemos. –Urahawa lo miró mientras reemprendía la carrera. No había inseguridad en su voz, sino la impaciencia porque esa promesa de la Directiva 28 fuese ratificada por un oficial de alto rango.
Urahawa siguió a su Comandante. Mientras en el barrio del puerto los piratas capturados empezaban a acumularse, aún no había noticias de dos de las patrullas enviadas, y a Ritter Fawkes, eso le sentaba muy mal.

El golpe de Caracortada casi lo cogió de improviso. Denis levantó la espada para cubrirse, y las chispas que saltaron casi lo dejaron ciego. El brutal impacto quebró su guardia, lanzando su brazo a un lado, pero su agarre permaneció firme, lejos de lo que su enemigo había pretendido.
-¿Qué pasa? Contabas con desarmarme como hiciste con Howitzer, ¿no? Debes saber que a un caballero no es tan fácil librarle de su espada. –Denis saltó hacia atrás, afirmando los pies, y giró su espada hábilmente en su mano. –Sólo la muerte puede arrebatármela, así que no cuentes con luchar contra un enemigo desarmado.
Caracortada no respondió. Mantenía su mueca burlona. Luego, con un grito, lanzó un golpe aún más rápido y fuerte, aunque de nuevo fácil de parar, esperando el efecto deseado. No contaba con la respuesta. Denis simplemente interpuso la espada, pero no bloqueó el golpe, sino que lo desvió levemente, haciendo que el impacto desplazase las dos armas – Ya veo, lo que no se puede soltar, se puede romper…-El Teniente se movió con rapidez a un lado, dejando a su oponente a punto de caer de bruces. Se colocó en guardia y dejó que su enemigo hiciese lo propio. –Ahora me toca a mí –Anunció Denis.
-¡Coup d’épée á une main! ¡Fond! –Denis se lanzó hacia delante con rapidez, alargando el brazo todo lo posible, mientras su espada perforaba el aire. Wurt Caracortada esquivó a duras penas el excepcional golpe de punta, que abrió un agujero enorme en su gabardina, y, a pesar de no haber llegado a tocarla, desconchó la pared que tenía un paso por detrás.

El pirata reaccionó antes de que el marine pudiera ponerse de nuevo en guardia, pero éste hurtó el cuerpo ante el brutal mazazo. Denis giró sobre sí mismo, amagó un golpe que chocó sin fuerza contra la maza del pirata, y retorciéndose en dirección contraria, le asestó otro golpe más difícil de esquivar. Caracortada saltó hacia atrás, su guardia totalmente descompuesta, y se dio cuenta del pequeño corte de su abdomen. –Mierda –musitó. –Me vas a dar problemas.
Denis no cejó en su ataque. Ya no hablaba con su oponente. Se preparó y -¡Coup d’épée á une main! ¡Echelon! –Lanzó un corte en diagonal que hubiera destrozado a su enemigo de no interponer éste el mango de su maza revestido de metal. Sin embargo, la maza cayó al suelo, y Caracortada de rodillas, por lo que Denis detuvo su ataque.
-Ríndete, o recógela. Dependiendo de lo que elijas ese será tu destino. –Denis apuntaba a un par de pasos al capitán pirata.
-Vaya, te tomas en serio lo de la caballería. No he visto a muchos así en el East Blue. –El pirata se levantó y como si nada, se encaminó hacia su maza, la cual recogió sin problemas. Acto seguido, se colocó de nuevo frente a Denis. Éste le miraba algo impaciente.
-De modo que has elegido morir. No me extraña, sabiendo que te espera el destino de los que matan a oficiales de la Marina. Creo que hay un ala de Impel Down exclusiva para vosotros…
Denis no pudo acabar la frase, Caracortada atacó sin avisar, golpeándole en el hombro en medio de su esquiva. El dolor atenazó al marine, que contraatacó con un tajo de través. El pirata saltó hacia atrás y lanzó otro pesado golpe, tratando de aplastar la cabeza de Denis. Éste, sin embargo, giró de nuevo sobre sí mismo, alejándose. El pirata se acercaba porque tenía ventaja en la distancia corta. Denis fintó, lanzando otro ataque acto seguido, para mantener al menos a media distancia la peligrosa maza -¡Horizon! –Con todo el arco de su brazo, blandió la espada de un lado a otro, produciendo un corte más grave en el brazo de su enemigo. Pero Caracortada era demasiado rápido y la herida seguía sin ser incapacitante. Más aún, si se veía obligado a blandir la maza con solo un brazo, sus movimientos serían más rápidos.
-¡Ahora es cuando yo te machaco, estúpido! –Caracortada se abalanzó con furia sobre Denis, pero éste paró el golpe, ya que no era tan fuerte como para comprometer su espada.
El Teniente saltó hacia atrás y se lanzó como una serpiente hacia delante -¡Fond! –De nuevo, hirió a Wurt, pero de nuevo, no de gravedad, y justo cuando sopesaba la idea de empuñar la espada a dos manos, se dio cuenta de un detalle. Plantó los pies, cogió impulso y atacó.
-¡Coup d’épée a une main! ¡Lancelot du lac! –Denis acribilló a su oponente con una serie de golpes de punta devastadores. Wurt Caracortada sólo pudo detener un par de ellos, mientras esquivaba algunos otros, entre ellos, el último de la serie. Entonces, justo cuando recuperaba la posición, notó que su enemigo se había quedado parado en la posición de fondo, y se dio cuenta demasiado tarde de lo que pretendía. El filo de la espada bastarda de Denis recorrió todo el costado del pirata, de atrás adelante, haciéndole una colosal herida, e impulsándole como una peonza. No pudo afirmar su guardia, cuando Denis lanzaba otro Echelon, imposible de parar…

-Buena suerte, Ritter. –El Capitán Zersprout decía aquello de corazón, pero sus ojos no dejaban de mirar el féretro cubierto con la bandera de la Cruz de los Cuatro Mares. Howitzer había sido su mejor amigo desde siempre.
El Comandante Fawkes dio un apretón a la mano que su superior le tendía, y se encaminó a la cubierta, escoltando el ataúd llevado por la Cabo Mendoza y otros tres llorosos artilleros. Se dio la vuelta una vez en cubierta y saludó a los oficiales que quedaban en el puerto, los cuales custodiaban los cuerpos de los piratas caídos, entre ellos el del capitán Wurt Caracortada. Ritter miró a Denis de reojo y se sorprendió al no ver satisfacción alguna en el espadachín. Probablemente iban a ascender a muchos en la tripulación, pero no había alegría. Habían perdido a un amigo, y a su Capitán. De nuevo, Ritter miró a otro lado, esta vez a lo alto del velamen de su nuevo barco. Ya era prácticamente el Capitán de la Mistral. ¿Sería un buen Capitán?


-Capitán. –La voz del encargado de comunicaciones sacó de su ensimismamiento a Ritter. Era muy de mañana, y probablemente estaba algo traspuesto. –Señor, comunicación por el Den-Den Mushi.
Ritter cogió el aparato que le tendían, -Aquí el Capitán Fawkes.
-¿Capitán Fawkes? –La voz al otro lado sonaba agitada. –Señor, éste es el puesto de observación de Cabo Ulutiu del ejército de Arabasta. Hemos divisado dos barcos enemigos virando hacia el norte en el cabo con la primera luz del sol.
-Estamos cerca, no se preocupen. Vamos a llegar a alcanzarlos antes del mediodía. –Ritter acababa de calcular mentalmente lo que les faltaba para entablar combate.
-No es eso, señor. –La voz del soldado lo interrumpió –Para cuando ustedes lleguen, habrá una tormenta formándose frente al cabo. No pueden interceptarles en mar abierto, deben virar por el cabo como ellos.
-¡Maldición! –Ritter colgó el Den-Den Mushi con irritación. –Todos a sus puestos de combate, vamos a desplegar todo el trapo.
El Capitán se levantó y se dirigió hacia sus cartas, donde comprobó su situación y la del Cabo Ulutiu. Llevaba toda la mañana oliendo la tormenta, pero creía que iban a suficiente velocidad. Sin embargo, al bordear la costa durante la noche había olvidado que no llevaban la Mistral, sino un barco menos maniobrable. Ahora, deberían perder aún mas tiempo virando en el cabo, o…

-¿Está seguro, Capitán? –Kleb Chindari observaba la carta con interés. Parecía una maniobra arriesgada.
-El Implacable no es como los otros navíos de guerra de la Marina. Al no tener la triple batería de tres cañones sobre la proa, ofrece menor resistencia al viento, y gana un puñadito de nudos de velocidad. Creo que si cruzamos el golfo a toda vela, podemos alcanzar el borde de la tormenta antes de que se forme del todo, e incluso aprovechar sus vientos fuertes para alcanzar al enemigo a media tarde.
-Me sigue pareciendo una maniobra arriesgada. –Terció Denis –Pero eres el mejor navegante que he conocido. Cuenta con que los hombres cumplirán todas tus órdenes.
Ritter contempló la fina línea de puntos, trazados a compás, que marcaban su rumbo a lo largo del Golfo de Atáis, en la costa oriental de Arabasta. Se asomó al ventanuco más cercano y escrutó el horizonte, observando las grisáceas nubes que se compactaban en la dirección que llevaba el barco. –Será mejor que comencemos, va a ser una maniobra complicadilla. –Se giró hacia sus hombres con una sonrisa cómplice. –Por si acaso, no comáis demasiado.

Los fuertes vientos llegaban por estribor, empujando al Implacable contra la costa del Cabo Ulutiu. Ritter, atado a su puesto en el castillo de popa con la cadena de kairouseki, miraba ansioso la evolución de las nubes.
-¡Mantened todo el trapo desplegado! ¡Asegurad los cabos de la cangreja! –Las órdenes de Denis a lo largo de toda la cubierta eran cumplidas con eficacia. Algunos marineros seguían subidos en las vergas, ajustando todo el cordaje para que resistiera mejor los envites de la tempestad. Si los vientos resultaban demasiado fuertes, no podrían arriar las velas, por lo que había que preocuparse de que resistieran.
-Urahawa, quiero que permanezca en el sollado –Anunció Ritter al Sargento Primero, que se encontraba a su lado -ayudando a asegurarlo todo. No le quiero en cubierta si nos alcanza la tormenta.
Urahawa intentó protestar, pero una mirada severa del Capitán fue suficiente disuasión. El Sargento Primero Urahawa era el único martillo a bordo, y Ritter se cuidaba mucho de permitir que corriera riesgos. Era su “venganza” por las labores de guardaespaldas que Urahawa siempre llevaba a cabo con él.

Un par de horas más tarde, el Sol, casi en todo lo alto, dejó de verse. El viento soplaba más fuerte, y ya traía bastante humedad consigo.
-¡Chindari, quiero esos aparejos fuera de la cubierta! –Denis casi ya no tenía voz. Estaba muy cansado, como si él mismo hubiese manipulado todo el velamen. Pero el trabajo estaba dando resultado. Al no tener más órdenes que dar comenzó a acercarse al castillo de popa, cruzando a través de la formación de sus hombres, tensos por ver si lo lograrían. De alguna manera, el Capitán parecía ver algo que ellos no veían, porque estaba muy animado.
-¿Buenas noticias? –La pregunta llamó la atención de Ritter, quien miró a su amigo.
-Bastante. Acerté con la velocidad, pero ahora queda un pequeño obstáculo. Estamos casi a punto de atravesar un brazo de la tormenta. Sin embargo, vamos a tener que maniobrar. El viento nos impulsa, pero sólo donde él quiere, con lo que hemos acabado desviándonos un cuarto de grado, hacia unos bajíos. Están ahí delante, pero tenemos mucho margen todavía. –Denis miró hacia donde señalaba Ritter. No podía distinguir nada, pero se fiaba de su Capitán más que de sus ojos.
-¿Por babor o por estribor? –Preguntó el Primer Oficial, refiriéndose a cómo bordearían el obstáculo.
-Aún no lo sé, -Ritter estaba pensativo. –Si dejamos el bajío a estribor, será más seguro, pero perderemos un poco de la ventaja, y no sé donde demonios pueden estar los barcos enemigos. Si lo intentamos por babor, corremos el riesgo de ser absorbidos por la tempestad…-El capitán quedó mudo al notar algo en el viento. –Decidido, por babor.
-¡Vamos, vamos, cuarto de vuelta a estribor, timonel! ¡Preparados todos para la maniobra! –Denis captó la urgencia de la situación, y se preparó para el viraje. El Implacable comenzó su lento progreso, y el bajío empezó a acercarse por el lado izquierdo del barco. Un fuerte viento empujaba al velero contra las rocas, pero no sería tan fácil que un barco tan grande fuese hacia ellas con tanto peligro.
Venciendo por fin la resistencia, el navío sobrepasó el peligro, pero entonces, Ritter se inclinó sobre la baranda del castillo -¡Mantened el rumbo! ¡No volveremos a nuestra ruta original! –Los hombres lo miraron algo preocupados.
-Señor, eso nos lleva a la tormenta –Kleb parecía algo nervioso.
-Confía en mí Kleb. –El Capitán sonrió a su oficial, y miró hacia el oeste, al núcleo del temporal. Una corriente imperceptible le indicaba que tenía razón.

El barco crujió y se agitó, sometido a vientos cada vez más fuertes. Parecía que algo no iba bien. El único que no mostraba nerviosismo era el Capitán. De repente, con un solo gesto, Ritter indicó algo a Denis. Éste vociferó algo que el capitán no llegó a oír, pero al instante, los marineros cumplieron con exactitud la orden silenciosa. Una fuerte ráfaga de viento hinchó las velas, y aprovechando un cambio repentino de dirección del viento, el Implacable se dirigió hacia el límite de la tormenta, más al norte de lo esperado, con la velocidad de un auténtico huracán.
Última edición por Ghorrhyon el Mar Dic 25, 2007 12:48 pm, editado 1 vez en total.
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Polizonte Nack
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Mensaje por Polizonte Nack »

Vaya, parece que no me vas a defraudar observador oculto... el capítulo se ha mantenido al nivel de los anteriores :ok: A ver si me animo un día de estos a leer tu última historia del tema de con pluma de Ghorrhyon y empiezo también a comentar por allí.

Bueno, a lo que iba; si algo me ha gustado del capítulo ha sido la pelea de esgrima, siempre me ha parecido muy difícil plasmar en papel una pelea a espada, y la tuya ha quedado tremendamente vívida, accesible y técnica a la vez.

Por otra parte, la zona marinera, en la que mantienes ese matiz técnico que le has dado a toda las historia que la hace tan diferente de las historias de este tipo (y que por cierto, me encanta). De cualquier manera, creo que nos vamos a quedar las ganas de ver una batalla marinera Ripper-Nami :roll:.

Y con este capítulo de acción pura, supongo que ahora nnos tocará la calma tras la tempestad, nunca mejor dicho, un capítulo de reflexión y tal. Veremos si acierto en mis predicciones...
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cid yamakaze
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Mensaje por cid yamakaze »

:aplausos: bueno, como siempre perfecto.

no voy a repetir todo lo que he dicho de los dos anteriores, ya q no hay mucha variedad en cuanto a calidad y puntos medios xDDD asi q analizare las difernecias:

-Este capitulo vuelve a ser como el primero en lo que se refiere a facilidad de lectura: puedes relajarte y hacer otras cosas, y te enteras y disfrutas igualmente (el 2º costaba bastante entenderlo, aunq tuviese la misma calidad q los otros :? ). El capitan fawkes ya se esta perfilando mucho mejor, y ya es un personaje en toda regla (por cierto, vaya nombre jeje... me pregunto POR Q XDDDD).

-He estado bastante tiempo buscando un fallo, y ya lo he encontrado: hay demasiados personajes en poco tiempo, y uno solo se queda con el nombre de los principales: el resto, sabes q existen, pero no sabes exactamente quienes son.

la batalla con espada ha estado realmente bien, es lo bueno de un combate "lento", que te da mas tiempo a expresarlo (imaginate narrar un combate de un usuario de soru bufff).

a parte de eso, como subestiman al pobre pirata :lol: 16 millones es bastante en el mar del este, al fin y al cabo

un saludo :ok:
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Mensaje por Ghorrhyon »

Bueno, acabo de decidir que la semana que viene me quedo en Madrid. Por tanto, posteo ahora el capítulo correspondiente a la semana que viene, y así no pierdo el ritmo...

Moderador Junior con visión de Rayos X: Gracias por tu confianza, y espero que te pases por el otro tema :ok: .Te equivocas en lo de la calma, esto es un no parar. En cuanto a las descripciones de combates y navegaciones, lo de la esgrima se basa en millones de veces imaginando las posiciones y haciendo el cabra en la soledad de mi habitación (bueno no muy cabra, sólo lo justo... :| ) y lo de la navegación, ya me gustaría que fuera mejor explicado, porque algunas cosas seguro que las he puesto mal, o necesitarían más riqueza en la descripción, pero sólo se aprenden navegando, y hombre, el Tajo es grande, pero no tanto.

Cid Pinchauvas: No te cortes con los halagos, que a nadie le amargan :lol: :lol: . Lo que me ocurre con los capítulos es que a veces tengo que sacarlos adelante a base de riñones, y otras veces relajo las manos y se escriben solos. Es un problema sobre todo de espacio. Al tener que procurar que ocupen más o menos lo mismo, tuve que cortar por la mitad y estirar el trozo menor, y el pegote se nota XD. No, no tiene poderes de fénix. Y ya saldrán los secundarios.

Allá vamos, viento en popa a toda vela...
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CAPÍTULO CUARTO: “Combate naval”

Las dos velas aparecieron a eso de las cinco de la tarde. Mendoza bajó el catalejo y se dirigió hacia la escotilla. Subió la escala y sacó la cabeza un poco para anunciar el avistamiento.
-Los tenemos, señor. Dos velas a babor, viniendo del sudeste. Parece que la maniobra ha sido especialmente buena, porque les cerramos el paso.
-Excelente. –Ritter se acercó a la borda y sacó su propio catalejo, calculando con precisión distancias y tiempos. –No quiero cortarles exactamente el paso, quiero ver primero con qué cuentan, y decidir cual es la estrategia a seguir. No olvidemos que son dos contra uno…
Pasó media hora de incertidumbre hasta que los objetivos fueron visibles de manera decente por los catalejos. Denis observaba como Sonja contaba cañones, y Ritter calculaba de cabeza velocidades, rumbos y posiciones. De repente, el Capitán se detuvo, dirigiéndose al timonel, al que comenzó a hacer indicaciones. Poco después, el Implacable empezaba a virar, lentamente.
-Un momento –Denis se acercó a Ritter, algo extrañado. –Si no me equivoco, estamos reduciendo nuestra velocidad. ¿Cuál es el plan?
Ritter mostró una sonrisilla de condescendencia –Separarlos, claro. Vamos a hacer un ataque “suicida”, para que se confíen.
Al Teniente Primero no le gustó nada el énfasis de la palabra suicida, pero supuso que tendría sentido. De nuevo, el Capitán interrumpió sus pensamientos.
-Llama a Kleb y a Sonja, y tráemelos a la Sala de Navegación. Vamos a preparar un susto de muerte.

La brisa de la tarde apenas entraba en el oscuro corazón del barco. Los tres oficiales y su capitán se encontraban repasando los últimos detalles, mientras puntualmente Urahawa les iba anticipando la evolución del enemigo. El último informe apuntaba a lo que Ritter había sospechado. Los barcos de Baroque Works habían aminorado su velocidad para disparar durante más tiempo al Implacable, que se dirigía a toda velocidad hacia ellos, por barlovento.
-Bien, es vital que Sonja cumpla su parte, el barco que navega detrás es el más grande y peligroso, y es vital que no pueda seguir nuestro ritmo.
-Aún así, el Implacable es mejor, en cualquier sentido. –Kleb palmeó la mesa con resolución. –Dudo que el barco de cabeza tenga algo que nos haga daño. He estado todo el rato revisando nuestro blindaje, y me gustaría saber quién ha sido el genio que lo ha construido para darle un abrazo. Tras las planchas principales hay una cámara de aire y tras ella una placa adicional que frena los astillazos. Va a ser rápido y limpio.
Ritter miró severamente a su Maestro Carpintero. –Haz el favor de no emocionarte tan pronto. No sabemos si nos guardan alguna sorpresa. –El Capitán miró hacia la puerta, como ensimismado. No quería fallos en su primera misión. –Vamos, -concluyó, dando una palmada- Todos a sus puestos.

La Sargento Sonja Mendoza ordenó disparar una vez más. El ruido de los cañonazos era estruendoso, señal de la sincronización con la que sus artilleros disparaban. El Implacable llevaba diez minutos cañoneándose a larga distancia con ambos enemigos. Sin embargo, sólo habían disparado las baterías de proa. En vez de la torreta usual en los navíos de la Marina, el Implacable transportaba cañones de ocho libras a proa, un par por cada batería, y dos carronadas en el castillo de proa. Sonja estaba en la segunda batería, asegurándose de que el mayor buque enemigo quedase desarbolado. Y lo estaba consiguiendo. Más de la mitad de las velas habían caído, sobre todo porque le faltaban ya dos de los palos, y el tercero, el mayor, estaba muy dañado. No se podía decir lo mismo de las baterías, pero el Implacable ofrecía poco blanco, e iba muy deprisa para los torpes artilleros rivales.
-¡Fuego! –A la orden de la Sargento, de nuevo tronaron todos los cañones a la vez. Los del lado de estribor disparaban contra el navío enemigo que abría la formación, una corbeta, causándole daños menores, pero castigándole lo suficiente. Arriba, seguramente la tripulación se estaba preparando para la arriesgada maniobre. Sonja sintió el movimiento del barco casi de repente, justo cuando veía el momento.
Con un crujido, el último palo del navío de cola cayó al mar, y la nave empezó a frenarse sin remedio. Mientras tanto, la corbeta ganaba velocidad para librarse del castigo al que ya no podía responder adecuadamente por falta de ángulo y se preparaba para maniobrar. -¡Todos a los flancos! –Sonja se hizo oír con su aguda voz entre el griterío y el trasteo de los artilleros. -¡Vamos, posiciones de combate cerrado! –La jefa de artilleros corrió a babor, donde se preparaba la mayor disputa, mientras rezaba porque los marineros de la corbeta no maniobrasen tan rápido como los del Implacable.

Denis se arriesgó a asomarse una vez más. Habían hecho un viraje tan cerrado que habían podido distinguir a los tripulantes del navío de la Baroque Works. Ahora, a esa distancia de quemarropa, ambos barcos se tiraban de todo. El Implacable había virado justo delante de la proa del enemigo, y ahora lo recorría a cañonazos hasta situarse a la altura de su popa. Se estaban defendiendo bien, pero no era un buque de guerra al uso, y sus proyectiles no estaban causando daños graves al barco de la Marina. El estruendo era ensordecedor, pero soportable. Lo que el Teniente Primero no podía aguantar más era la tensión de la espera. Cuando toda la maniobra terminase, sería su turno.
El plan de Ritter era magistral, pero estaba cimentado en una total confianza en las aptitudes marineras de sus hombres. Acababan de quedar totalmente demostradas, rompiendo una línea de dos barcos por su centro, y virando en un palmo, pero ahora tenía que ganar en maniobrabilidad a una embarcación más ágil.
Justo en ese momento, sonó de nuevo la señal, y el Implacable comenzó otro viraje, que significaba que el enemigo estaba perdido. Al no poder maniobrar, no podía proteger su popa, y por tanto, le esperaba una andanada tras otra de cañonazos de ocho, doce y dieciséis libras que lo iban a dejar muerto por dentro.

Dos horas más tarde, el navío se estaba hundiendo. Ritter agarraba firmemente el cabo al que se había agarrado al recibir el Implacable el último impacto. Tras destrozar al enemigo por la popa, la corbeta que había navegado en cabeza había recuperado la compostura y perseguía al Implacable en socorro de sus aliados. Sin embargo, para cuando el barco más ligero había alcanzado una posición amenazante, Ritter había situado al primer enemigo entre el segundo y ellos, por lo que siguieron disparando por encima de éste, gracias a la pericia de Sonja, mientras que los hombres de Baroque Works no se atrevían.
Ahora, el Implacable viraba en redondo, preparado para la última fase del plan. Era en este momento cuando más castigo soportaba, pues en medio de la maniobra, apenas podía responder decentemente al fuego. El viento había favorecido todo el tiempo al plan del Capitán, pero él ya contaba con ello. Esperó un momento más y se irguió para distinguir al enemigo, ahora totalmente centrado en proa. La corbeta había adivinado las intenciones de Ritter, y se colocaba en paralelo, presentando la proa, para cañonearse a bocajarro. Tenían las de perder, pero al hacerlo, podrían amenazar la popa del Implacable, y luego salir huyendo a todo trapo. Si podían. Ritter caminó hacia la escotilla y, tras intercambiar un gesto casi imperceptible con Denis, se asomó a la segunda batería para ordenar el alto el fuego.
-¡Preparados! ¡No disparéis hasta que podáis darle con una andanada completa! –Sonja repitió la orden de su Capitán, y se hizo el silencio, por poco tiempo, en las baterías del barco.
Arriba, en cambio, empezó el fuego de fusilería, y unos minutos más tarde, la corbeta empezaba a disparar. Los impactos retumbaban primero en la sección de proa, pero los artilleros del Implacable no respondieron. Sonja se situó en la última pieza de babor, y se preparó para dar la orden. Ya había bastantes bajas a causa del bombardeo sin respuesta, y el principal temor de la artillera era que un proyectil se colase por una porta.
La proa enemiga apareció ante la posición que ocupaba Sonja, y el brazo que había mantenido levantado cayó como un rayo. Sin esperar más confirmación, los cañones del Implacable dispararon sincronizadamente, siendo continuado su ataque por los de las baterías inferior y de cubierta. Se formó inmediatamente una nube de humo denso, mezclada con astillas, que obligó a todo el mundo a taparse los ojos, y poco después, tanto la artillera en su posición de combate, como el Capitán Fawkes arriba en cubierta, sonrieron al ver realizado su plan.

-¡Al abordajeeeee! –Denis alzó su espada y sujetó la cuerda con fuerza, mientras los mejores hombres, escogidos personalmente por él, se lanzaban tras él contra la tripulación del barco enemigo. Tras ellos, Urahawa controlaba el intercambio de disparos, y se disponía a abortar cualquier intento de abordaje en contra.
Denis cayó justo entre dos fusileros enemigos, atravesando a uno según aterrizaba. Arrancó su espada del cuerpo con una patada, y paró un culatazo del otro marino. Respondió con un puñetazo que alejó dos pasos a su contrincante, que sin embargo no llegó a rehacerse: una cuchillada lanzada por otro marine acabó con él.
El Teniente Courtoise buscó a un enemigo más peligroso y contempló como sus escasos hombres causaban el caos en cubierta. Los bandidos de Baroque Works no eran precisamente leones en combate, seguramente porque los mejores habían caído en Arabasta. Sin embargo, el capitán y una reducida guardia se habían hecho fuertes en el castillo de popa, hacia donde empezó a abrirse paso el espadachín, casi sin oposición.
Denis llegó al pie de la escalera, donde se apiñaban algunos cadáveres de bandidos y marines. Arriba, uno de los guardaespaldas impedía el paso hasta arriba.
-Rendid la nave, no tenéis escapatoria. –La voz de Denis sonaba calculadamente suave, intimidatorio.
-¿Quieres apostar, Marine? –Quien respondió era el propio capitán enemigo.
Denis lanzó un grito de guerra por toda respuesta, y subió los escalones a toda velocidad -¡Coup d’épée á une main! ¡Horizon! –El golpe atravesó al enemigo sin darle tiempo a reaccionar, y Denis se encontró cara a cara con cinco oponentes, que se interponían entre él y su capitán. Dos de ellos avanzaron para cortarle el paso. Denis paró el primer golpe, y hurtó el cuerpo para evitar el segundo. Lanzó una fuerte estocada que desarmó a uno de ellos, mientras que el otro trataba de colocarse a su espalda. Denis paró el traicionero golpe pasando la espada por encima de su hombro, y girando violentamente, lanzó otro Horizon, que abrió un sangrante surco en el pecho del enemigo.
Los otros tres se abalanzaron a la vez contra el marine. Denis se tiró al suelo, rodando, y se incorporó como un gato, bloqueando sólo un golpe en vez de tener que evitar tres. Acto seguido, afirmó su guardia y se preparó para contraatacar.

-¡Coup d’épée á une main! –Denis apoyó firmemente un pie en el suelo y se dio impulso con el otro, comenzando a girar –¡Roland! -Sus tres enemigos trataron de rodearle, pero al acabar su potente giro, Denis lanzó un ataque horizontal con un arco tremendamente amplio y potente, que envió a los tres en todas direcciones, gravemente heridos.
El impulso dejó a Denis rodilla en tierra. Demasiado tarde, se había dado cuenta de que estaba dando la espalda al capitán enemigo. Oyó un chasquido, olió la pólvora, y sintió el agudo dolor de la bala justo cuando escuchabael estampido del disparo que entró por su espalda…



Por cierto, no veo por aquí al antiguo escritor de historias conocido como Writter-san.
Última edición por Ghorrhyon el Mar Dic 25, 2007 12:50 pm, editado 2 veces en total.
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cid yamakaze
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Mensaje por cid yamakaze »

Ghorrhyon escribió: Cid Pinchauvas: No te cortes con los halagos, que a nadie le amargan :lol: :lol: . Lo que me ocurre con los capítulos es que a veces tengo que sacarlos adelante a base de riñones, y otras veces relajo las manos y se escriben solos. Es un problema sobre todo de espacio. Al tener que procurar que ocupen más o menos lo mismo, tuve que cortar por la mitad y estirar el trozo menor, y el pegote se nota XD. No, no tiene poderes de fénix. Y ya saldrán los secundarios.
:lol: weno weno... es muy tarde como para ponerme a leer, pero en eso tienes razon xDDD

a mi me pasa lo mismo, y por eso hace como 10 dias q no posteo nada en mi historia xD todo lo q escribo lo escribo en una tarde, y el resto del tiempo no hago nada por q no estoy inspirado xDD

pero claro, si tienes q cumplir una tasa de una semana :? viene siendo normal
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

¡Y ahora, lo que todos ustedes estaban esperando! ¡El espectacular primer pasado de personaje! ¡Directamente del cerebro de Dios a sus ojos! No se que tienen los flashbacks que no puedo evitar hacerlos...

Que lo disfruten...
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CAPÍTULO QUINTO: “North Blue”

-Lo siento, hijo mío. –Eran las mismas palabras que Denis había escuchado de su madre, en el instante de su muerte. Las últimas que había conseguido pronunciar antes de que sus fuerzas se extinguiesen para siempre tras el parto de su hijo menor. Sin embargo, esas palabras de disculpa, sinceras, no significaban lo mismo que querían decir ahora, en boca de su padre.
Denis, de ocho años, sostenía en brazos a su diminuto hermanito a la puerta del orfanato al cual su propio padre les había entregado.
-No soy capaz, Denis, no sin vuestra madre. No tengo lo que hay que tener para ser un buen padre, y precisamente porque os quiero, debo entregaros a quien os sepa cuidar. –Aquellas palabras casi habían engañado a Denis, pero no lo lograron. Edgar Courtoise era lo que se suele decir un vividor. Un hombre que gozaba de gran atractivo para las mujeres, y cuya única aspiración era que una lo mantuviese. Ahora, sin su esposa para cuidar de la familia, el rol de líder y criador de sus hijos lo aterraba. Y Denis lo sabía muy bien.
-De veras que lo siento...-Continuó Edgar, poniendo las manos sobre los hombros de su hijo mayor, algo que hizo que el muchacho se rebelase.
-¡Mientes, embustero! –Denis se esforzaba por que el llanto no entrecortase sus palabras -¡Lo que pasa es que no quieres esforzarte! ¡Diste tu palabra a mamá de que cuidarías de nosotros, y mira lo que ha pasado!
Edgar esperaba la reacción, pero no que fuera tan certera. –Hijo, no sabría...
-¡No me llames hijo! ¡No quieres que sea tu hijo, y yo no te obligo a que seas mi padre!
El pequeño Denis aprovechó que la puerta del hospicio se abría para darle la espalda a su padre, y perderse entre las faldas de la matrona que había salido a recibirles. No se detuvo a escuchar la explicación de su padre, ni se preocupó lo que diría de él. Sabía cuando la gente iba a mentir, incluso antes de oírles hablar. Por eso había temido que llegase este momento desde el preciso instante en que su padre hizo aquella promesa a su madre moribunda. Ella era la que había sostenido a la familia, trabajando hasta los últimos días del embarazo, y así había agotado sus fuerzas, demasiado débil para continuar. Él la había matado, y Denis no se lo perdonaría jamás...

El pequeño hermano de Denis, al que ni siquiera le habían puesto nombre, fue adoptado apenas unos días después de su llegada al orfanato. Los bebés siempre encontraban hogar, y nadie quería en cambio a grandullones como Denis. Por si fuera poco, el niño no confiaba en los padres adoptivos de su hermano, pero no se atrevió a decirlo, pues su padre le había adornado con una reputación de insolente que le atrajo las iras de los cuidadores, que interpretaban su sinceridad como rebeldía. Ese día ni siquiera pudo despedirse de su hermanito, por lo que tuvo que limitarse a oír a través de la ventana de su cuarto las voces de los padres adoptivos: “-Qué gracioso y simpático es, ¿qué nombre le pondremos? –Algo con S, Stephan, Sebastien... -¿Y qué tal algo más exótico?....” Denis ni siquiera llegó a escuchar el nombre definitivo de su hermano, y así le perdió para siempre.
De ese modo, Denis se quedó solo, condenado a vivir en aquel lugar hasta alcanzar la mayoría de edad, pues nadie se interesaría en un niño tan mayor y tan “conflictivo”. Por su parte, el niño decidió que jamás sería como su padre: diría siempre la verdad y se comportaría de manera responsable. Adquirió un terrible gusto por la justicia, y solía mediar, a menudo de manera violenta, en las disputas de los otros niños. Luego, aceptaba los castigos con estoicismo. Nunca le oyeron quejarse tras recibir un rapapolvo, o al irse a dormir sin comer durante todo el día.
Los otros niños trataban a Denis de forma precavida. No siempre compartía el buen humor y, al contrario que todos los demás, detestaba las historias de Norland el Mentiroso. Sin embargo, los otros niños no se atrevían a importunarle. Ni siquiera los matones, con los que a veces se las veía al sorprenderles en su papel de abusones. Por otro lado, su carácter se hizo tan hosco, que aquéllos a los que salvaba de los abusos de los chicos malos no se atrevían a hacerse amigos suyos. De modo que Denis era apodado el Solitario, y ni siquiera cosechaba agradecimiento entre sus favorecidos.

Los fríos días de aquella región de North Blue pasaron, y con ellos trajeron semanas, meses y años. Denis acababa de cumplir los once (nadie le había felicitado, ni falta que le hacía), y la mayoría de niños que había conocido ya habían sido adoptados. Unos pocos aún conocían su reputación, y la simple mención de su nombre aterrorizaba a los novatos. Al menos, a aquellos a los que no les gustaban las normas.
Una tarde hubo una gran algarabía en el pueblo. La cocinera mencionó a la hora de la comida que un gran héroe de la Marina había llegado al pueblo, su lugar de nacimiento, para establecerse tras su jubilación. Sólo era un Sargento instructor, pero tenía fama de ser el mejor maestro de esgrima del estilo Septentrional, y que había cruzado espada con el mismísimo pirata Mihawk, el cual, sin embargo, le había matado a varios pupilos.
Denis quedó fascinado con las historias que contaban sobre aquel anciano marine. Había servido a sus líderes con rectitud, y había llevado con orgullo su rango, instruyendo a muchos oficiales jóvenes que en aquel momento empezaban a despuntar en sus cargos. Por lo que se contaba, sin embargo, no había vuelto a instruir a nadie en el uso de la espada, y al no tener hijos, muchos decían que su estilo estaba condenado a desaparecer. El nombre de ese hombre era Titus Kleimdock
Días más tarde, por la noche, el Sargento Kleimdock acudió al orfanato. Denis se preguntaba qué querría aquel hombre de un lugar como ése, pero se sorprendió mucho más cuando lo llamaron al despacho del director.
-Pasa, Denis. –El director Bonnier había cambiado su habitual talante desagradable por un respetuoso tono autoritario. –Te presento al Sargento Kleimdock. Sargento, éste es uno de los niños más mayores del orfanato, Denis...¿Tortoise?
-Courtoise, señor. –Denis alargó su mano hacia el oficial y éste, con un brillo acerado en los ojos, se la estrechó con fuerza.
-Vaya. –Comento el director –Veo que no te sobra un ápice de timidez, chiquillo insolente –Lo dijo en tono de broma, pero todos en la habitación sabían que había pretendido humillar a Denis.
-Un hombre honesto no teme a su prójimo. Se pregunta qué puede ofrecerle, y trata de comprenderle antes de juzgarle. –El Sargento Kleimdock soltó aquella frase lapidaria como si se tratase de una de sus lecciones. –Este muchacho parece no tener nada que ocultar, ni por lo que avergonzarse.
El director miró algo molesto al marine, pero dirigió sus palabras al niño. –No te engañaremos, Denis. El Sargento no ha venido a por un hijo, sino a por un criado. Necesita un joven ágil que le ayude con sus tareas domésticas, y que crezca fuerte. –Denis miró al anciano soldado. Había crecido bastante, y se mantenía fuerte. La comida del orfanato era mala, pero no escaseaba, y él siempre se mantenía en forma para poder ejercer su labor justiciera, aunque también prestaba mucha atención en las clases y leía las viejas novelas de la biblioteca una y otra vez. Sin duda, creía reunir todas las condiciones necesarias para ser su ayudante.
-No busque más, señor. Creo que yo le serviré. –El chico dijo aquello con total convicción. –Hace tiempo que no necesito una familia.
-Mmhh. –El Sargento se frotó la canosa perilla que adornaba su mentón. –Eres resuelto, qué duda cabe, pero, por lo que sabes de mí, podría ser un pervertido que se protege con su heroica reputación; ¿no tienes miedo de equivocarte de persona?
-Nunca. –Denis sostuvo la mirada del viejo marine –No me equivoco juzgando a las personas. Y mi instinto me dice que usted es lo que yo sueño con llegar a ser algún día.

Kleimdock adoptó legalmente a Denis, maravillado por su respuesta. Pasó un par de años haciendo las tareas del anciano, sin una queja y también sin tomarse ninguna familiaridad. El marine retirado no tenía muchas necesidades superfluas, y disfrutaba con la lectura y del ejercicio diario, que compartía con su sirviente. Entrenaban juntos, pero jamás tocaban una espada. A Denis no le importaba demasiado, pero algo dentro de él deseaba aprender los secretos del honorable arte del que su amo era un experto.
Por fin, al cumplir los catorce, Denis recibió la noticia: el Sargento lo entrenaría, pero para ello tenía que pasar una prueba. Él debería encontrar a su sustituto en las tareas domésticas, y debía tener las altas cualidades que él mismo había demostrado.
Denis salió deprisa de la casa, seguro de tener al alcance la llave de su futuro. Recorría diariamente las calles del pueblo buscando a la persona adecuada. Sin embargo, no aparecía nadie dispuesto a trabajar por el escaso salario que el Sargento estaba dispuesto a pagar. Y los que lo estaban dejaban mucho que desear ante el afilado instinto del muchacho. De nuevo, la fortuna parecía escurrirse entre sus dedos. A la tercera semana de vagabundear por el pueblo, perdida la esperanza, ya no salió. Se limitó a cumplir las tareas de la casa, y no lo intentó más.
-Te has rendido. –Aquella noche, el veterano marine se sentó en una banqueta, justo enfrente del muchacho.
-No es verdad.-Respondió Denis. -Resulta que este pueblo es una cloaca en la que la gente honesta no abunda, precisamente.
-Siempre podrías buscar en otros lugares... –Aventuró Kleimdock. –Pero ésa no es la cuestión.
El chico miró con curiosidad a su amo. No tenía mucha idea de donde iba a parar.
-Mira, Denis. Para alcanzar la rectitud que requiere la espada, se necesita ser un verdadero caballero, un paladín de los desfavorecidos, un campeón de la Justicia. Pero un verdadero caballero no puede quedarse sólo en la honestidad, la altura de miras y el orgullo. No podrás defender a nadie si no permites que te lo pidan.
Denis se quedó perplejo ante tal afirmación. Recordó entonces las gracias apresuradas de sus compañeros del orfanato cuando, maltrecho por la pelea les devolvía sus juguetes con un gesto siniestro. Recordó las miradas incómodas de los empleados el día que delató a uno de ellos por escatimar en las compras y quedarse el resto. Nadie le había pedido nada. Él había tomado la responsabilidad sin que tuviera el deber, ni el derecho de hacerlo.
-Denis. –El marine posó las manos en los hombros de su criado. –El camino para hacerse un hueco en el corazón de los oprimidos es la humildad, y la pasión. Pasión por cada uno de tus actos, de tus ideales. El ardor guerrero en el combate, y la alegría de la victoria, porque será la victoria de la Justicia. Cuando alcances eso, nadie te impedirá alcanzar cualquier meta, o defender cualquier causa.
Denis se quedó muy quieto, sintiendo el peso de aquellas palabras, y de las callosas manos de esgrimista sobre sus hombros. El Sargento siguió hablando, consciente del efecto de su charla.
-¿Por qué crees que te acepté? ¿Porque no me demostraste miedo? No fue exactamente por eso. No me temías porque eras incapaz de demostrar ese sentimiento, ni ningún otro. Los sentimientos no son un obstáculo para nuestra meta, sino un medio. Aprende eso, chico, y nada se te interpondrá.

A la mañana siguiente, Denis salió a completar su búsqueda. Buscaba sin cesar, como quien hubiera perdido algo importante. Estaba agitado, terriblemente nervioso. Sólo tenía que encontrar a la persona adecuada. Y entonces, la vio.
Era la muchacha más hermosa que jamás había visto. Caminaba al lado de una carreta, conducida por los que parecían ser sus padres. Venían por la carretera de entrada al pueblo, y parecían ser temporeros, campesinos sin tierra propia. La chica podía tener unos dieciséis años, y al llegar a su altura lo miró con curiosidad. No lo conocía, ni a él ni a su reputación de justiciero siniestro, y esa mirada limpia estremeció el corazón de Denis. Se encaminó hacia ella sin dudarlo.
-Escúchame, -Le espetó –Tal vez no lo sepas, pero tienes la oportunidad de salvar mi alma. Sólo tienes que aceptar un empleo honrado y demostrar la misma honradez aunque sólo sea una vez. –Quizá sus palabras resultaron bruscas, pero las lágrimas que brotaron de sus ojos, por primera vez desde la muerte de su madre, demostraron su sinceridad.
Jamás olvidaría aquel día, el día en que conoció a Lara. Su primer amor, la primera de muchas a las que amó con locura, al menos durante un tiempo. La que salvo su alma, aceptando un trabajo casi miserable porque había empeñado su palabra con aquel muchacho. Ella le enseñó lo que era ser humilde, y le mostró el camino de la pasión.
Y con la pasión, él aprendió a dominar la espada.


Denis se incorporó. Aún no lo habían vencido. Con la espalda chorreando sangre, a punto del desmayo, el espadachín se giró hacia su enemigo.
-No es suficiente una bala para derribar a un caballero...
El capitán enemigo sacó su sable, dispuesto a combatir, pero aquel combate ya lo había decidido Denis.
-Lamentarás haberte conducido sin honor por tu vida... ¡Coup d’épée a deux mains! –Denis aferró su espada con las dos manos, alzando la guardia. -¡Zweihander!
El brutal golpe en diagonal partió en dos el sable, e hizo una herida profunda en el pecho a su oponente. Antes de que cayera al suelo, sin embargo, Denis ya se había abandonado a las tinieblas de la inconsciencia. Un caballero sólo descansa cuando el último golpe se ha asestado.
Última edición por Ghorrhyon el Mar Dic 25, 2007 12:51 pm, editado 1 vez en total.
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