Mis agradecimientos a Samba-sensei (tu ayuda se verá próximamente) y a Kid, por indicarnos el camino... (publica el resto..)
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- CAPÍTULO PRIMERO: “El W.G.S. Implacable”
La noche reinaba sobre Arabasta. Por los lujosos pasillos del hotel del casino de Rainbase, una silueta se deslizaba cuidadosamente. El Teniente de Primera Denis Courtoise no incumplía ninguna orden por encontrarse ahí, pero antes moriría que permitir la deshonra de la dama de cuya compañía acababa de disfrutar. Logró alcanzar las escaleras y descendió hasta la planta donde se encontraba su habitación. Justo cuando pasaba al lado de un balcón, oyó un ruido. La palidez más absoluta invadió su rostro, y saltó como un poseso hacia la barandilla. Poco después, pasaba por el pasillo un soñoliento recluta. Courtoise se aupó desde la barandilla, temblando de los nervios, y reemprendió su caminata a mayor velocidad.
El Capitán Fawkes pasó una última revista a la tripulación. Todos tenían el aspecto marcial de siempre, excepto quizá su segundo, ojeroso como cada vez que cumplían misiones en islas con hermosas mujeres. Y observando a la familia real de Arabasta, que se acercaba por la avenida principal, más concretamente a la princesa Vivi, ésta era una isla con mujeres muy hermosas. El Teniente Courtoise era un hombre alto, de hombros anchos y un porte orgulloso que resaltaba el brillo de sus ojos azules. Llevaba el pelo rubio y liso peinado con la raya en medio, y era extremadamente cuidadoso con su indumentaria. No era de extrañar su desmesurado éxito con las damas.
-¡Ateeención! –La voz del Sargento Primero Urahawa puso firmes a las tropas, que se cuadraron al unísono con el sonido atronador de trescientos taconazos. Algo no le cuadraba a Fawkes, pero no caía en qué. El rey Cobra estaba, el general Chaka estaba, la princesa estaba... faltaba alguien. Entonces cayó en la cuenta cuando vio a la escolta de la Comodoro Nilsson llegando tarde desde la base temporal del casino.
La Marina llevaba a cabo tareas de requisa en Rainbase, una vez resuelta la grave crisis de Arabasta. Un buen número de fuerzas se habían citado en el lugar tras la derrota de ex-Shichibukai Crocodile. Algunos veteranos cumplían misiones distintas. La temida Jaula Negra seguía persiguiendo fugitivos de la Baroque Works, mientras que el Capitán Smoker había partido, se rumoreaba que contraviniendo órdenes, para perseguir a otra peligrosa banda de piratas de los cuales el país entero negaba su participación en los hechos. El Capitán Fawkes lo lamentó mucho por las desafortunadas víctimas de Smoker y, abandonando sus pensamientos, saludó a los dignatarios y a su oficial superior. La Comodoro Nilsson, mujer alta, rubia, y de gran belleza, evitó conscientemente cruzar la vista con el Teniente Courtoise, lo que en el fondo de su mente, no extrañó a Fawkes. Denis nunca aprendería. De hecho, sospechaba que lo único que salvaba a la princesa era su corta edad...
Algo interrumpió bruscamente la ceremonia: uno de los hombres de la escolta del rey se desplomó al suelo, con el estampido de un disparo. Todos los sentidos de Fawkes se pusieron alerta. -¡Maldita sea! ¡Urahawa, formación de combate! ¡Courtoise, sígame! Mientras el esforzado Sargento Primero cumplía la orden, Courtoise y Fawkes corrieron hacia donde había sonado el tiro. Precisamente, otro sonó, y una bala rebotó en el brazo derecho de Fawkes, quien lo había levantado instintivamente. -¡Ritter! –Denis Courtoise gritó preocupado, pero su amigo y superior lo tranquilizó, mostrando la cadena de kairouseki que siempre llevaba enrollada en el brazo, bajo el uniforme.
Llegaron rápidamente al edificio de donde habían partido los disparos. Denis derribó la puerta de una patada, mientras enarbolaba su espada por delante. Los estupendos reflejos del espadachín le permitieron bloquear un culatazo que le lanzó una figura en el interior de la casa. Por su parte, Ritter se dirigió al fondo de la sala y empezó a buscar a través de las puertas. En un rincón de la cocina encontró a una mujer y una niña acurrucadas y asustadas por los ruidos de lucha. El Capitán señaló su insignia de la marina, y sonrió. Casi de inmediato, ambas civiles se tranquilizaron. Ritter Fawkes, un poco más bajo y delgado que su Primer Oficial, tenía el pelo castaño rojizo, corto y alborotado, y un aura de confianza y seguridad que se transmitía a cada paso que daba. Los inquisitivos ojos verdes de Ritter captaron cómo los de la niña miraban hacia arriba breves instantes. En un solo movimiento, el Capitán Fawkes liberó un par de vueltas de su cadena y se lanzó como una centella hacia las escaleras que había al fondo de la habitación.
El Sargento Primero Urahawa corrió para apoyar a la escolta real, que se las veía con un número superior de enemigos. Tras él, los hombres, dirigidos por los Sargentos Mendoza y Chindari, peleaban con otro grupo. “Pero estando Sonja y Kleb con ellos, no corren peligro”, pensó. Se interpuso entre el rey y uno de sus atacantes, al que derribó de un solo golpe. Vio por el rabillo del ojo que el general Chaka había desaparecido para dejar en su lugar a un enorme chacal bípedo que estaba destrozando a sus atacantes con su espada. Urahawa no se extrañó lo más mínimo por ello, y en vez de eso esquivó a un pato gigante que perseguía a un desafortunado asaltante totalmente fuera de sí. La Comodoro Nilsson protegía a la princesa, y Urahawa se sintió más tranquilo. Pronto, dos hombres interrumpieron su marcha. Esquivó un ataque de punta con la espada de uno de ellos, y respondió con un fuerte puñetazo que lo lanzó un par de metros hacia atrás. El otro intentó un corte a la altura del cuello, pero a pesar de su tamaño, Urahawa se movía con rapidez, por lo que tras agacharse, lanzó un fuerte uppercut al mentón de su enemigo antes de que este pudiera colocarse de nuevo en guardia.
Alguien gritó a su espalda, y Urahawa se giró a tiempo para ver que un atacante se disponía a dispararle. Sabía que no llegaría, pero como siempre, eso no le preocupaba. Se colocó en posición y... -¡Rankyaku! –Lanzó una terrible patada que produjo un severo corte en el pecho a su enemigo, dejándolo, como mínimo herido de gravedad.
Fawkes y Courtoise caminaban por la avenida, tranquilamente, arrastrando con la cadena del capitán a un enemigo inconsciente. El otro tirador no había tenido tanta suerte, como atestiguaba el hecho de que el Teniente estuviera limpiando la sangre de su espada. En el lugar de la reunión, la Comodoro Nilsson y los hombres de Fawkes hacían recuento de bajas.
-¡Sin novedad, señor! –Urahawa estaba ufano. Siempre lo estaba después de una victoria. La Comandante se acercó por detrás, visiblemente contenta, aunque seguía evitando mirar a Denis. –Enhorabuena, Capitán. Su plan ha sido todo un éxito. Permítame presentarle al General Chaka, jefe de la Guardia de Palacio. –Chaka era un hombre alto, de pelo y ojos negros y una mirada feroz. Su voz también sonaba feroz, profunda y resonante: -Ha sido un honor formar parte de esta exitosa estratagema. Le felicito, Capitán Fawkes. –Ritter se cuadró, tímido y orgulloso a partes iguales. Le agradaba como el que más que sus planes salieran bien.
-¿Cómo supo que esto ocurriría? –Quien hablaba ahora era el actor, prodigiosamente disfrazado, que había representado el papel de rey Cobra. La joven, elegida por su extraordinario parecido con la princesa, era atendida por los guardias. Ritter miró a su interlocutor. –Precisamente, cuando nos explicaron los detalles de la sórdida operación de Crocodile, me vino a la cabeza que habían suplantado a su majestad en al menos una ocasión. Pensé que una mente taimada como la de ese pirata idearía una venganza postrera por si el plan no funcionaba.
El General Chaka asintió en silencio, y tras despedirse de los oficiales de la Marina reunió a los hombres y a los señuelos reales y partió en dirección a Alubarna. La ceremonia de agradecimientos se celebraría en la sala de festejos del palacio real, tras haberse llevado a cabo la última operación de limpieza de los asesinos de la banda de Crocodile. Ritter envió a sus hombres a ocuparse de todo, y quedó a solas con la Comodoro Nilsson. –Mis más sinceras felicitaciones. De alguna manera sabía que esto iba a salir bien –Nilsson sonrió mientras se ajustaba de nuevo el cuello y los puños de la chaqueta de su uniforme, algo manchado de sangre enemiga. –Por eso, me será más fácil la siguiente orden: me temo que ustedes no van a Alubarna. –Ritter se sorprendió al oír la mala noticia, dicha con tanto optimismo. Nilsson pareció no darse por enterada. –En lugar de eso, tiene orden de dirigirse al puerto más cercano para hacerse cargo de su nuevo barco. –Justo en ese momento, el lugar que el Capitán Ritter Fawkes ocupaba delante de su superiora quedó ocupado por una nube de polvo, mientras él corría al encuentro de sus hombres, sin perder la compostura, eso sí, gritando órdenes confusas como “a formar”, “en fila de a dos” y “yujuuuuu”
Un navío de 74 cañones. Le habían asignado un maldito navío de 74 cañones. Ritter Fawkes contemplaba la preciosidad fondeada en el puerto sin asimilar que estaría a bordo de ella en breves momentos. La inscripción a proa rezaba: “W.G.S. (World Government Ship) Implacable”. Cierto era que la adquisición de ese nuevo barco iba acompañada de una difícil misión, pero eso no le importaba. Había ascendido al rango de Capitán por sus capacidades de mando y marinería, y no le asustaba ninguna misión naval. Y en cuanto al combate, hombres como Denis o Urahawa no se encontraban en muchas partes, y tampoco artilleros como la Sargento Mendoza.
-Setenta y tres, y setenta y cuatro...no me lo puedo creer. –La Sargento Sonja Mendoza se encontraba abrazada a un cañón de treinta y seis libras, en el interior de la tercera cubierta. Enérgica, morena, pequeña y delgada, la mujer se encontraba en estado de euforia. –Déjalo ya, Sonja. Son cañones, los hacen en serie. –El que se dirigía con sorna a la artillera era su mejor amigo, el Maestro Carpintero Kleb Chindari, un hombretón de pelo castaño y tupida barba, que por su ademán tranquilo y sus movimientos deliberadamente lentos y precisos, parecía mucho mayor de lo que era –En cambio, -Prosiguió Kleb –Estas planchas son magníficas. Aguantarían cualquier cañonazo, y los refuerzos adicionales minimizan la lluvia de astillas del interior. Es un diseño revolucionario. Lo mejor de Water 7. –Sonja levantó la cabeza y sonrió nostálgica, como cada vez que mencionaban el hogar de ambos. Luego, con un brillo febril en los ojos, subió por la escotilla para volver a contar sus amados cañones.
El Capitán terminó de avanzar por la pasarela, y puso el pie en la cubierta, lo que le produjo un cosquilleo peculiar. –Señores, tenemos una misión. –La tripulación estaba igual de expectante y eufórica que él. –Nuestra antigua fragata será remolcada hasta la base más cercana, donde le asignarán otra tripulación. Nosotros la acompañaremos un trecho, y luego nos desviaremos hacia el noreste para interceptar a dos barcos de la Baroque Works que intentan huir. ¡Largad velas, levad anclas y a por ellos! –La tripulación estalló en vítores y se afano en sus tareas. Denis, Urahawa, y el resto de mandos estaban igualmente sonrientes.
Ritter entró en la Sala de Navegación. Esta era la parte del barco que más le gustaba. Había mapas de los cuatro mares y de las principales áreas de Grand Line por todas las paredes y sobre el escritorio, algunos de ellos dibujados por el propio Ritter y trasladados desde su antiguo barco. Pero lo mejor era el corazón de la sala, el Ojo del Navegante: una estructura de ocho urnas circulares rodeaba otra urna más grande. En cada una de las pequeñas había una Log Pose indicando una dirección distinta, mientras que en la grande estaba la Eternal Pose que señalaba la Base Principal, obligatoria en todos los navíos de ese tamaño.
Ritter comprobó que todas las brújulas funcionaban y sonrió satisfecho. Se sentó, triunfal, en el asiento del escritorio. Lo había logrado. Era un Capitán de Navío. Y nadie jamás le arrebataría este momento...











