
El pirata nacido en Pontevedra que sembró el terror en el Atlántico durante el reinado de Fernando VII.
La fama de Benito Soto superó a antiguos como capitanes piratas como François Leclerc, "Pata de Palo", e inauguró una nueva "Edad de oro de la piratería" a mediados del siglo XIX. Su bergantín, "La Burla Negra", inspiró la ficticia "Perla Negra" de los cinematográficos "Piratas del Caribe" y creó la imagen del pirata cruel y sanguinario. Así era Benito de Soto, el pirata más temido del Atlántico.
Benito Soto nació en Pontevedra en 1805, el año que la Armada Española perdió más de la mitad de su flota y a sus mejores capitanes y oficiales en la batalla de Trafalgar frente a las costas de Cádiz. La familia de Benito Soto poseía una casa en A Moureira, el barrio de marineros de Pontevedra, y como todas las gentes de la mar, sufrieron el declive del comercio y la crisis económica a consecuencia de la derrota de Trafalgar.
Una de las obligaciones más detestadas los vecinos de A Moureira era el cumplimiento de la "Matrícula del Mar". En vigor desde el siglo XVIII, la "Matrícula del Mar" obligaba a los hijos de los marineros, estibadores y pescadores a servir en la Armada durante seis años antes de comenzar un oficio. El riesgo, la exigua paga y las malas condiciones a bordo eran motivos suficientes para que Benito Soto escapase de Pontevedra para evitar el servicio obligatorio.
Entre los años 1815 y 1825, el joven Benito Soto abandona Galicia y logra alcanzar la isla de la Tortuga, el mayor enclave pirata del Mar Caribe. La independencia de Haití en 1805 y la decadencia de la Armada española habían convertido aquella isla diminuta en una suerte de "Estado pirata" donde Benito Soto pudo aprender los entresijos de la piratería mientras se dedicaba al contrabando en Cuba.
La carrera como pirata de Benito Soto comenzó en 1827, cuando con veintidós años, se enroló en la tripulación del bergantín brasileño O defensor de Pedro, una nave que cubría la ruta entre el Golfo de Guinea y Río de Janeiro con las bodegas repletas de esclavos procedentes de Ghana, Togo y Benin.
El comercio de esclavos resultaba un negocio tan ilegal como lucrativo, pero Benito Soto tenía planes aún más ambiciosos. El gallego promovió un motín entre los tripulantes del O defensor de San Pedro y asesinó a su capitán nada más arribar a las costas de Ghana. Aquellos marineros que se opusieron al motín fueron abandonados en tierra y Benito Soto rebautizó el bergantín comoLa Burla Negra tras pintar de negro su casco para no ser reconocidos.
El objetivo de Benito Soto y de cualquier capitán pirata no era el saqueo indiscriminado de navíos, sino obtener un botín suficiente para vivir holgadamente en tierra durante el resto de su vida. Benito Soto sabía que el Atlántico Sur era frecuentado por mercantes británicos, portugueses y estadounidenses procedentes de la India con oro y valiosas mercancías, y decidió acecharlos desde la remota isla de Asunción.
La primera víctima de "La Burla Negra" fue el Morning Star un mercante británico procedente de Ceilán cargado con ébano, pimienta, canela, café y 52 tripulantes entre los que se contaban militares, comerciantes y sus familias. Benito Soto y sus piratas asaltaron el Morning Star y después de saquear las bodegas, asesinaron a su capitán y encerraron a las mujeres en los camarotes antes de abandonar el barco a la deriva.
Benito Soto deseaba acabar con todos los tripulantes del Morning Star, pero sus propios hombres evitaron la muerte de las mujeres y los hijos de los británicos. Cuando supo de ello, el capitán Soto intentó regresar para acabar el trabajo, pero el Morning Star había sido rescatado por un mercante británico y navegaba hacia Inglaterra para informar de la presencia de un nuevo terror en el Atlántico.
La "Burla Negra" de Benito Soto continuó acechando las aguas en torno a la isla Asunción durante el invierno de 1828 y llegó a capturar el "Topaz", un mercante estadounidense procedente de Calcuta con las bodegas repletas de seda, añil y piedras preciosas. Decidido a no cometer el mismo error que con el Morning Star, Benito Soto ordenó arrojar por la borda a los 25 tripulantes del Topaz y puso rumbo a las Azores decidido a continuar sus fechorías.
Tres nuevos navíos cayeron en manos de Benito Soto durante su estancia en el archipiélago y las bodegas de La Burla Negraapenas podían soportar la cantidad de botín. Satisfecho con lo obtenido, su capitán decidió esconder su parte en Pontevedra, pero se topó con la oposición de los piratas que deseaban regresar a Río de Janeiro. De nuevo, Benito Soto resolvió el motín arrojando por la borda a su cabecilla, el portugués Domingo Antonio.
El capitán de La Burla Negralogró desembarcar su tesoro en Pontevedra gracias a la ayuda de sus familiares y dio lugar a la leyenda pontevedresa del tesoro de Benito Soto. El botín jamás fue encontrado, pero durante siglos se creyó escondido en la Casa de las Campanas, un palacio gótico que todavía puede visitarse en el centro histórico de Pontevedra.
Tras su éxito en Pontevedra, Benito Soto puso rumbo a La Coruña para tratar de vender las mercancías obtenidas durante sus ataques piratas en el Atlántico. Allí sobornó a las autoridades portuarias mientras se hacía pasar por un mercante en apuros, y llegó a dañar a propósito La Burla negra para que el engaño funcionase.
El plan funcionó de nuevo, excepto porque uno de los piratas, el portugués Nuno Pereira, decidió abandonar la causa y delató a Soto ante las autoridades coruñesas. Prevenido a tiempo de la delación de su propio tripulante, Benito Soto ordenó zarpar apresuradamente y abandonó La Coruña en dirección al Golfo de Cádiz.
La ciudad-isla era el principal puerto de España por aquel entonces y Benito Soto logró vender La Burla Negra y todas sus mercancías sin llamar la atención de las autoridades. No obstante, el comportamiento de los piratas una vez instalados en Cádiz, permanente borrachos y gastando sin pudor el botín logrado, provocó la desconfianza de las autoridades gaditanas y su orden de apresamiento.
Benito Soto logró escapar a Gibraltar cuando sus primeros hombres comenzaban a caer en manos del gobernador de Cádiz y trató de esconderse entre los muchos españoles que evitaban la justicia real en territorio británico. Sin embargo, el destino tenía una revancha reservada para Benito Soto. Nada más pisar Gibraltar, fue detenido y acusado del saqueo del Morning Star, su primera captura, y tuvo que presenciar cómo tres supervivientes daban testimonio de su crueldad.
El pirata que inspiró a Espronceda, Stevenson y Disney acabó sus días en la horca, donde suelen acabar las historias de corsarios. Su ejecución en Gibraltar pronto llegó a oídos de la prensa española, quien lo utilizó como ejemplo de la maldad humana y de la efectividad de la justicia real. El propio Fernando VII sonrió al conocer la suerte de Benito Soto, pero los versos de Espronceda concedieron la vida eterna al pirata más temido del Atlántico.















