El Gran Tema de la Piratería

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Layton
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por Layton »

Benito de Soto

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El pirata nacido en Pontevedra que sembró el terror en el Atlántico durante el reinado de Fernando VII.

La fama de Benito Soto superó a antiguos como capitanes piratas como François Leclerc, "Pata de Palo", e inauguró una nueva "Edad de oro de la piratería" a mediados del siglo XIX. Su bergantín, "La Burla Negra", inspiró la ficticia "Perla Negra" de los cinematográficos "Piratas del Caribe" y creó la imagen del pirata cruel y sanguinario. Así era Benito de Soto, el pirata más temido del Atlántico.

Benito Soto nació en Pontevedra en 1805, el año que la Armada Española perdió más de la mitad de su flota y a sus mejores capitanes y oficiales en la batalla de Trafalgar frente a las costas de Cádiz. La familia de Benito Soto poseía una casa en A Moureira, el barrio de marineros de Pontevedra, y como todas las gentes de la mar, sufrieron el declive del comercio y la crisis económica a consecuencia de la derrota de Trafalgar.

Una de las obligaciones más detestadas los vecinos de A Moureira era el cumplimiento de la "Matrícula del Mar". En vigor desde el siglo XVIII, la "Matrícula del Mar" obligaba a los hijos de los marineros, estibadores y pescadores a servir en la Armada durante seis años antes de comenzar un oficio. El riesgo, la exigua paga y las malas condiciones a bordo eran motivos suficientes para que Benito Soto escapase de Pontevedra para evitar el servicio obligatorio.

Entre los años 1815 y 1825, el joven Benito Soto abandona Galicia y logra alcanzar la isla de la Tortuga, el mayor enclave pirata del Mar Caribe. La independencia de Haití en 1805 y la decadencia de la Armada española habían convertido aquella isla diminuta en una suerte de "Estado pirata" donde Benito Soto pudo aprender los entresijos de la piratería mientras se dedicaba al contrabando en Cuba.

La carrera como pirata de Benito Soto comenzó en 1827, cuando con veintidós años, se enroló en la tripulación del bergantín brasileño O defensor de Pedro, una nave que cubría la ruta entre el Golfo de Guinea y Río de Janeiro con las bodegas repletas de esclavos procedentes de Ghana, Togo y Benin.

El comercio de esclavos resultaba un negocio tan ilegal como lucrativo, pero Benito Soto tenía planes aún más ambiciosos. El gallego promovió un motín entre los tripulantes del O defensor de San Pedro y asesinó a su capitán nada más arribar a las costas de Ghana. Aquellos marineros que se opusieron al motín fueron abandonados en tierra y Benito Soto rebautizó el bergantín comoLa Burla Negra tras pintar de negro su casco para no ser reconocidos.

El objetivo de Benito Soto y de cualquier capitán pirata no era el saqueo indiscriminado de navíos, sino obtener un botín suficiente para vivir holgadamente en tierra durante el resto de su vida. Benito Soto sabía que el Atlántico Sur era frecuentado por mercantes británicos, portugueses y estadounidenses procedentes de la India con oro y valiosas mercancías, y decidió acecharlos desde la remota isla de Asunción.

La primera víctima de "La Burla Negra" fue el Morning Star un mercante británico procedente de Ceilán cargado con ébano, pimienta, canela, café y 52 tripulantes entre los que se contaban militares, comerciantes y sus familias. Benito Soto y sus piratas asaltaron el Morning Star y después de saquear las bodegas, asesinaron a su capitán y encerraron a las mujeres en los camarotes antes de abandonar el barco a la deriva.

Benito Soto deseaba acabar con todos los tripulantes del Morning Star, pero sus propios hombres evitaron la muerte de las mujeres y los hijos de los británicos. Cuando supo de ello, el capitán Soto intentó regresar para acabar el trabajo, pero el Morning Star había sido rescatado por un mercante británico y navegaba hacia Inglaterra para informar de la presencia de un nuevo terror en el Atlántico.

La "Burla Negra" de Benito Soto continuó acechando las aguas en torno a la isla Asunción durante el invierno de 1828 y llegó a capturar el "Topaz", un mercante estadounidense procedente de Calcuta con las bodegas repletas de seda, añil y piedras preciosas. Decidido a no cometer el mismo error que con el Morning Star, Benito Soto ordenó arrojar por la borda a los 25 tripulantes del Topaz y puso rumbo a las Azores decidido a continuar sus fechorías.

Tres nuevos navíos cayeron en manos de Benito Soto durante su estancia en el archipiélago y las bodegas de La Burla Negraapenas podían soportar la cantidad de botín. Satisfecho con lo obtenido, su capitán decidió esconder su parte en Pontevedra, pero se topó con la oposición de los piratas que deseaban regresar a Río de Janeiro. De nuevo, Benito Soto resolvió el motín arrojando por la borda a su cabecilla, el portugués Domingo Antonio.

El capitán de La Burla Negralogró desembarcar su tesoro en Pontevedra gracias a la ayuda de sus familiares y dio lugar a la leyenda pontevedresa del tesoro de Benito Soto. El botín jamás fue encontrado, pero durante siglos se creyó escondido en la Casa de las Campanas, un palacio gótico que todavía puede visitarse en el centro histórico de Pontevedra.


Tras su éxito en Pontevedra, Benito Soto puso rumbo a La Coruña para tratar de vender las mercancías obtenidas durante sus ataques piratas en el Atlántico. Allí sobornó a las autoridades portuarias mientras se hacía pasar por un mercante en apuros, y llegó a dañar a propósito La Burla negra para que el engaño funcionase.

El plan funcionó de nuevo, excepto porque uno de los piratas, el portugués Nuno Pereira, decidió abandonar la causa y delató a Soto ante las autoridades coruñesas. Prevenido a tiempo de la delación de su propio tripulante, Benito Soto ordenó zarpar apresuradamente y abandonó La Coruña en dirección al Golfo de Cádiz.

La ciudad-isla era el principal puerto de España por aquel entonces y Benito Soto logró vender La Burla Negra y todas sus mercancías sin llamar la atención de las autoridades. No obstante, el comportamiento de los piratas una vez instalados en Cádiz, permanente borrachos y gastando sin pudor el botín logrado, provocó la desconfianza de las autoridades gaditanas y su orden de apresamiento.

Benito Soto logró escapar a Gibraltar cuando sus primeros hombres comenzaban a caer en manos del gobernador de Cádiz y trató de esconderse entre los muchos españoles que evitaban la justicia real en territorio británico. Sin embargo, el destino tenía una revancha reservada para Benito Soto. Nada más pisar Gibraltar, fue detenido y acusado del saqueo del Morning Star, su primera captura, y tuvo que presenciar cómo tres supervivientes daban testimonio de su crueldad.

El pirata que inspiró a Espronceda, Stevenson y Disney acabó sus días en la horca, donde suelen acabar las historias de corsarios. Su ejecución en Gibraltar pronto llegó a oídos de la prensa española, quien lo utilizó como ejemplo de la maldad humana y de la efectividad de la justicia real. El propio Fernando VII sonrió al conocer la suerte de Benito Soto, pero los versos de Espronceda concedieron la vida eterna al pirata más temido del Atlántico.
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thebodhman
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

Las capitales de la piratería (II): Nassau

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Hola de nuevo, piratas. Hoy vamos a continuar hablando de aquellas ciudades y regiones claves de la historia de la piratería, y vamos a continuar con la región caribeña pues casi donde lo dejamos la última vez.

Hablábamos en el último post de esta serie sobre la ciudad de Port Royal en Jamaica, y de cómo se había convertido en la capital de los piratas (de los de origen británico, principalmente) durante la segunda mitad del siglo XVII. También hablamos del modo en que dejó de serlo conforme el paradigma económico cambiaba, y de cómo los piratas y su oro dejaron de ser bienvenidos en la ciudad. Es en esta situación, en la década de 1690, en la que los piratas se encuentran con dificultades al carecer de un puerto franco fiable. Sí, los acuerdos y sobornos puntuales a las autoridades locales pueden ayudar de vez en cuando, pero no son comparables a contar con un territorio que haga la vista gorda y proteja a los piratas cuando están en tierra; al fin y al cabo, no se puede estar navegando todo el tiempo, y aunque solo sea el mantenimiento del barco y el disfrute del botín requieren de un puerto dispuesto a acogerlos.

El puerto que tomó el relevo fue Nassau, en la isla de New Providence, en las Bahamas. Este archipiélago, al norte de Cuba y al este de Florida, había sido el primer lugar visitado por los europeos a su llegada a América, con el primer viaje de Colón. Los españoles no se interesaron mucho por las pequeñas islas más que para obtener esclavos que transportar a la Española y Cuba, y no establecieron asentamientos en ellas. Las enfermedades europeas hicieron el resto, y cuando los británicos comenzaron a instalarse en el archipiélago, apenas quedaban nativos.
El asentamiento británico fue en origen religioso, y no estratégico. Grupos de aventureros con el propósito de fundar comunidades con libertad religiosa fueron partiendo de Bermuda desde 1648 para instalarse en las Bahamas. En 1666 fundaron Charlestown, la futura Nassau. Esta ciudad pasaría a ser la capital del archipiélago cuatro años después, cuando Carlos II alquiló el control de las islas al gobierno de las Carolinas, con derechos fiscales, comerciales y administrativos, entre los que se incluía el nombramiento de un gobernador.
El desarrollo de Charlestown fue lento y difícil. Poco poblada y marginal, las inversiones para su crecimiento fueron escasas, y funcionaba poco más que como base para corsarios británicos, pero no era una plaza especialmente fuerte y en 1684 fue saqueada por el español Juan de Alcón, no siendo reconstruida hasta 1695, año en que fue investido gobernador de la misma Nicholas Trott, quien también la rebautizó Nassau. La ciudad experimentó cierto crecimiento bajo Trott, pero también el que sería el desencadenante de su futuro como plaza pirata.
Si recordáis este tema, ya sabréis que en 1696 Nassau recibió la visita de una nave bastante maltratada que había venido desde el Índico: no era otra que la Fancy de Henry Every, cargada de tesoros y necesitada de un lugar donde refugiarse. Para resumirlo, el gobernador Trott aceptó los sobornos de Every y permitió que se asentaran un tiempo, pero cuando se hizo evidente que se trataba de fugitivos, y que su propia piel peligraba, les dio el chivatazo mientras pretendía que se disponía a capturarlos.

El episodio supuso un precedente que marcaría Nassau en las décadas venideras, ya que la ciudad ganó fama de corrupta y de que los piratas podían ser bien recibidos si untaban a los oficiales locales. En cualquier caso, Nassau no se convirtió en base pirata de la noche a la mañana; seguía siendo pequeña y con pocos atractivos, y además, en 1703 fue capturada por una fuerza hispanofrancesa, y de nuevo en 1706 en el marco de la Guerra de Sucesión Española. Nassau fue prácticamente abandonada y sin gobierno. Con el tiempo, los corsarios que participaban en la guerra volvieron a usar Nassau como base de operaciones, repoblándola y atrayendo de nuevo habitantes civiles. No obstante, el final de la guerra en 1713 dejó a todos estos corsarios sin ocupación ni perspectivas, salvo seguir ejerciendo, pero esta vez de manera criminal, como piratas. Nassau se convirtió así en un imán para marineros, piratas y corsarios atraídos por la comodidad de poder contar con un territorio propio. Se dice que en Nassau habían 200 familias civiles, y 1000 piratas, disparidad que causó que estos últimos se hicieron con el control de la ciudad e instauraron la llamada República Pirata. Entre sus miembros más célebres estarían Charles Vane, Benjamin Hornigold, Edward Teach "Barbanegra", y John Rackham, Anne Bonney y Mary Read. Las varias bandas piratas mantenían una tenue alianza defensiva, como una confederación informal que se conoce como la Flying Gang. En la ciudad se organizaban expediciones, se contrataban marineros y, en fin, se dirigía la piratería en esas aguas, aunque la hermandad, como decimos, no era sólida y no existía disciplina y había multitud de objetivos diversos.
Comentar las fechorías de los famosos piratas de la Flyng Gang llevaría mucho tiempo; basta con decir que para 1718 Nassau era completamente infame, como una llaga supurante en el Caribe que interrumpía las rutas comerciales y desestabilizaba por completo la región. Naves piratas zarpaban y atracaban a diario, y aterrorizaban las aguas con casi total impunidad.
Fue por ello que la corona británica decidió tomar cartas en el asunto, enviando un nuevo gobernador con una flota, y con la misión de recuperar la ciudad para la Corona y acabar con los piratas a como diese lugar. Este nuevo gobernador es otro hombre que ya conocemos: Woodes Rogers, de cuyas hazañas ya hablamos un poco en este otro tema. Rogers había comenzado a planear una expedición antipirata ya en 1713, aunque originalmente iba a ser en Madagascar; sus amigos y socios Richard Steele y Joseph Addison le convencieron de cambiar el foco de la expedición a las Bahamas. En 1717 consiguieron que los gobernadores de las Carolinas cedieran el nombramiento de gobernador de las islas al Rey, quien a su vez dio el cargo a Rogers, junto con la proclamación de la oferta del perdón real a todos los piratas que se rindiesen y se comprometiesen a abandonar la actividad criminal.

Las noticias del nombramiento de Rogers y del perdón real precedieron a la llegada de este a Nassau. La Flying Gang, nunca muy cohesionada, se separó aún más, ahora entre aquellos dispuestos a aceptar el perdón y aquellos que no. En este momento, parte de los piratas abandonan Nassau, unos para evitar a Rogers y sus hombres antes de su llegada, y otros para aceptar el perdón en territorios británicos. En cualquier caso, a la llegada de Rogers Nassau no era ya una república pirata, sino un hervidero de faccionalismo en donde las familias civiles daban la bienvenida al restablecimiento de la ley y el orden. Rogers, con una flota y un contingente militar más que decente, se dispuso a tomar el control de una forma u otra.
Aunque al principio algunos piratas como Charles Vane establecieron una fuerte oposición a Rogers y sus hombres, los piratas no llegaron a ejercer una resistencia seria, ya que no eran un frente común, ni mucho menos. El perdón real disuadió a muchos piratas de tomar acciones inmediatas, y al final, muchos decidieron aceptarlo. En realidad, la efectividad del mismo fue reducida, con muchos de quienes lo aceptaron reincidiendo poco después, pero el daño ya estaba hecho. Lo que supuso el fin de Nassau como plaza fuerte pirata fue sencillamente el restablecimiento del poder real en las Bahamas y la falta de cohesión entre los piratas: las rivalidades, rencillas, o simplemente diferencias de opinión evitaron decisivamente que unieran sus fuerzas, y por separado, aquellos que no se convirtieron en cazadores de piratas al servicio de Rogers, (como Benjamin Hornigold), o se trasladaron a otros mares, (como Bartholomew Roberts o Edward England), no tenían ninguna oportunidad de persistir mucho tiempo, y fueron siendo eliminados poco a poco.
Así, casi de la noche a la mañana, los piratas habían sido expulsados de Nassau, pero continuarían siendo un estorbo en los alrededores algunos años más, aunque ya en franco declive. La pérdida de su último bastión en el Caribe supuso el comienzo del fin de la era dorada de los piratas, y para 1730 los grandes piratas quedan prácticamente extintos.

Gracias por leer.
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por Batvictor »

thebodhman escribió: Vie Jun 05, 2026 4:29 am
Las capitales de la piratería (II): Nassau

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Hola de nuevo, piratas. Hoy vamos a continuar hablando de aquellas ciudades y regiones claves de la historia de la piratería, y vamos a continuar con la región caribeña pues casi donde lo dejamos la última vez.

Hablábamos en el último post de esta serie sobre la ciudad de Port Royal en Jamaica, y de cómo se había convertido en la capital de los piratas (de los de origen británico, principalmente) durante la segunda mitad del siglo XVII. También hablamos del modo en que dejó de serlo conforme el paradigma económico cambiaba, y de cómo los piratas y su oro dejaron de ser bienvenidos en la ciudad. Es en esta situación, en la década de 1690, en la que los piratas se encuentran con dificultades al carecer de un puerto franco fiable. Sí, los acuerdos y sobornos puntuales a las autoridades locales pueden ayudar de vez en cuando, pero no son comparables a contar con un territorio que haga la vista gorda y proteja a los piratas cuando están en tierra; al fin y al cabo, no se puede estar navegando todo el tiempo, y aunque solo sea el mantenimiento del barco y el disfrute del botín requieren de un puerto dispuesto a acogerlos.

El puerto que tomó el relevo fue Nassau, en la isla de New Providence, en las Bahamas. Este archipiélago, al norte de Cuba y al este de Florida, había sido el primer lugar visitado por los europeos a su llegada a América, con el primer viaje de Colón. Los españoles no se interesaron mucho por las pequeñas islas más que para obtener esclavos que transportar a la Española y Cuba, y no establecieron asentamientos en ellas. Las enfermedades europeas hicieron el resto, y cuando los británicos comenzaron a instalarse en el archipiélago, apenas quedaban nativos.
El asentamiento británico fue en origen religioso, y no estratégico. Grupos de aventureros con el propósito de fundar comunidades con libertad religiosa fueron partiendo de Bermuda desde 1648 para instalarse en las Bahamas. En 1666 fundaron Charlestown, la futura Nassau. Esta ciudad pasaría a ser la capital del archipiélago cuatro años después, cuando Carlos II alquiló el control de las islas al gobierno de las Carolinas, con derechos fiscales, comerciales y administrativos, entre los que se incluía el nombramiento de un gobernador.
El desarrollo de Charlestown fue lento y difícil. Poco poblada y marginal, las inversiones para su crecimiento fueron escasas, y funcionaba poco más que como base para corsarios británicos, pero no era una plaza especialmente fuerte y en 1684 fue saqueada por el español Juan de Alcón, no siendo reconstruida hasta 1695, año en que fue investido gobernador de la misma Nicholas Trott, quien también la rebautizó Nassau. La ciudad experimentó cierto crecimiento bajo Trott, pero también el que sería el desencadenante de su futuro como plaza pirata.
Si recordáis este tema, ya sabréis que en 1696 Nassau recibió la visita de una nave bastante maltratada que había venido desde el Índico: no era otra que la Fancy de Henry Every, cargada de tesoros y necesitada de un lugar donde refugiarse. Para resumirlo, el gobernador Trott aceptó los sobornos de Every y permitió que se asentaran un tiempo, pero cuando se hizo evidente que se trataba de fugitivos, y que su propia piel peligraba, les dio el chivatazo mientras pretendía que se disponía a capturarlos.

El episodio supuso un precedente que marcaría Nassau en las décadas venideras, ya que la ciudad ganó fama de corrupta y de que los piratas podían ser bien recibidos si untaban a los oficiales locales. En cualquier caso, Nassau no se convirtió en base pirata de la noche a la mañana; seguía siendo pequeña y con pocos atractivos, y además, en 1703 fue capturada por una fuerza hispanofrancesa, y de nuevo en 1706 en el marco de la Guerra de Sucesión Española. Nassau fue prácticamente abandonada y sin gobierno. Con el tiempo, los corsarios que participaban en la guerra volvieron a usar Nassau como base de operaciones, repoblándola y atrayendo de nuevo habitantes civiles. No obstante, el final de la guerra en 1713 dejó a todos estos corsarios sin ocupación ni perspectivas, salvo seguir ejerciendo, pero esta vez de manera criminal, como piratas. Nassau se convirtió así en un imán para marineros, piratas y corsarios atraídos por la comodidad de poder contar con un territorio propio. Se dice que en Nassau habían 200 familias civiles, y 1000 piratas, disparidad que causó que estos últimos se hicieron con el control de la ciudad e instauraron la llamada República Pirata. Entre sus miembros más célebres estarían Charles Vane, Benjamin Hornigold, Edward Teach "Barbanegra", y John Rackham, Anne Bonney y Mary Read. Las varias bandas piratas mantenían una tenue alianza defensiva, como una confederación informal que se conoce como la Flying Gang. En la ciudad se organizaban expediciones, se contrataban marineros y, en fin, se dirigía la piratería en esas aguas, aunque la hermandad, como decimos, no era sólida y no existía disciplina y había multitud de objetivos diversos.
Comentar las fechorías de los famosos piratas de la Flyng Gang llevaría mucho tiempo; basta con decir que para 1718 Nassau era completamente infame, como una llaga supurante en el Caribe que interrumpía las rutas comerciales y desestabilizaba por completo la región. Naves piratas zarpaban y atracaban a diario, y aterrorizaban las aguas con casi total impunidad.
Fue por ello que la corona británica decidió tomar cartas en el asunto, enviando un nuevo gobernador con una flota, y con la misión de recuperar la ciudad para la Corona y acabar con los piratas a como diese lugar. Este nuevo gobernador es otro hombre que ya conocemos: Woodes Rogers, de cuyas hazañas ya hablamos un poco en este otro tema. Rogers había comenzado a planear una expedición antipirata ya en 1713, aunque originalmente iba a ser en Madagascar; sus amigos y socios Richard Steele y Joseph Addison le convencieron de cambiar el foco de la expedición a las Bahamas. En 1717 consiguieron que los gobernadores de las Carolinas cedieran el nombramiento de gobernador de las islas al Rey, quien a su vez dio el cargo a Rogers, junto con la proclamación de la oferta del perdón real a todos los piratas que se rindiesen y se comprometiesen a abandonar la actividad criminal.

Las noticias del nombramiento de Rogers y del perdón real precedieron a la llegada de este a Nassau. La Flying Gang, nunca muy cohesionada, se separó aún más, ahora entre aquellos dispuestos a aceptar el perdón y aquellos que no. En este momento, parte de los piratas abandonan Nassau, unos para evitar a Rogers y sus hombres antes de su llegada, y otros para aceptar el perdón en territorios británicos. En cualquier caso, a la llegada de Rogers Nassau no era ya una república pirata, sino un hervidero de faccionalismo en donde las familias civiles daban la bienvenida al restablecimiento de la ley y el orden. Rogers, con una flota y un contingente militar más que decente, se dispuso a tomar el control de una forma u otra.
Aunque al principio algunos piratas como Charles Vane establecieron una fuerte oposición a Rogers y sus hombres, los piratas no llegaron a ejercer una resistencia seria, ya que no eran un frente común, ni mucho menos. El perdón real disuadió a muchos piratas de tomar acciones inmediatas, y al final, muchos decidieron aceptarlo. En realidad, la efectividad del mismo fue reducida, con muchos de quienes lo aceptaron reincidiendo poco después, pero el daño ya estaba hecho. Lo que supuso el fin de Nassau como plaza fuerte pirata fue sencillamente el restablecimiento del poder real en las Bahamas y la falta de cohesión entre los piratas: las rivalidades, rencillas, o simplemente diferencias de opinión evitaron decisivamente que unieran sus fuerzas, y por separado, aquellos que no se convirtieron en cazadores de piratas al servicio de Rogers, (como Benjamin Hornigold), o se trasladaron a otros mares, (como Bartholomew Roberts o Edward England), no tenían ninguna oportunidad de persistir mucho tiempo, y fueron siendo eliminados poco a poco.
Así, casi de la noche a la mañana, los piratas habían sido expulsados de Nassau, pero continuarían siendo un estorbo en los alrededores algunos años más, aunque ya en franco declive. La pérdida de su último bastión en el Caribe supuso el comienzo del fin de la era dorada de los piratas, y para 1730 los grandes piratas quedan prácticamente extintos.

Gracias por leer.
ósea, hachinosu o tortuga en piratas del caribe.
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

Batvictor escribió: Sab Jun 06, 2026 9:46 pm ósea, hachinosu o tortuga en piratas del caribe.
O Tortuga en la vida real xD, ese sería mi siguiente post probablemente, a ver si me pongo con ello.
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

Las capitales de la piratería (III): Tortuga

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Buenas chicos! Seguimos una vez más hablando de las principales regiones y territorios del mundo asociados con la piratería, y en esta tercera entrega vamos a a hablar de la isla Tortuga, con la que nos despediremos del Caribe (por ahora).

Tortuga es un islote que hoy pertenece a Haití. Está separado de la Española por un estrecho canal de 8 kilómetros en su punto más estrecho, a casi 16 en el más ancho. La Tortuga fue descubierta por los europeos en 1492, durante el primer viaje de Colón, quien la bautizó con ese nombre al recordarle su contorno montañoso emergiendo de entre la niebla al caparazón de una tortuga.
Fueron los españoles quienes primero se asentaron en Tortuga, en la forma de unos pocos colonos bajo la Capitanía General de Santo Domingo, pero siempre fueron escasos en número. La costa sur ofrecía puertos naturales interesantes, y no fue infrecuente el comercio con los bucaneros del norte de La Española.
Conviene, antes de seguir, explicar quiénes eran exactamente los bucaneros, ya que el término se ha utilizado como sinónimo de pirata, pero en origen significaba algo distinto. Los bucaneros eran colonos, en su mayoría de origen francés que se habían asentado en la costa norte de La Española y que se dedicaban principalmente a la caza de jabalíes y otros animales, con cuya carne y cuero comerciaban con los marinos que se aproximaban a la costa. Esta carne la cocinaban en barbacoas de origen nativo llamadas boucanes, de las cuales obtendrían su nombre. Estos bucaneros empezaron a establecerse en La Española al menos desde 1625, y aunque también recurrían a las actividades delictivas, su paso de cazadores a piratas fue gradual, conforme las autoridades españolas (dado que habitaban ilegalmente en su territorio) comenzaron a perseguirlos y a intentar eliminarlos.

Dicho esto, fue también en 1625 que los primeros colonos franceses e ingleses llegan a Tortuga, aprovechando la ausencia de fuerzas españolas, estableciéndose en el islote por separado. Entre esta fecha y 1629 irían llegando también los primeros grupos de bucaneros en busca de un lugar seguro donde asentarse ante las persecuciones que empezaban a producirse en su contra, lo que aceleró la conversión de estos a la piratería, dada la escasez de recursos en el islote. Sin embargo, antes de que el cambio tomase fuerza, se produjo un breve intermedio de en torno a un año, durante el cual las fuerzas de Fadrique de Toledo expulsaron a los intrusos y construyeron un fuerte en Tortuga, que abandonaron casi de inmediato cuando se les ordenó volver a La Española a expulsar más intrusos. Así, en 1630 los colonos franceses e ingleses regresaron, y en mayor número, y ocuparon el fuerte, que más tarde ampliarían.
Más y más bucaneros irían llegando a Tortuga, y con ellos, aventureros ingleses, franceses y holandeses, atraídos por las riquezas que transportaban los galeones españoles. Así fue que Tortuga se convirtió en la primera base de la piratería en el Caribe, el lugar desde donde los bucaneros, en pequeños barcos y botes, atacaban las naves españolas que hacían la ruta del Paso de los Vientos entre Cuba y La Española; y con el tiempo, cuando fueron lo bastante fuertes, fue el lugar desde el que partían las expediciones contra puertos y territorios de la América continental española.
Los españoles se dieron cuenta pronto de los riesgos que suponía la presencia de los bucaneros en Tortuga, quienes contaban además con la connivencia de los rivales europeos de España, que les proporcionaban apoyo y patentes de corso para que perjudicasen a los españoles en su nombre. De nuevo en 1635 atacaron en islote, y de nuevo lo abandonaron casi de inmediato ante necesidades más acuciantes, permitiendo que los bucaneros regresasen; y otra vez en 1638, solo para ser expulsados a su vez en 1640, por fuerzas francesas y holandesas, que levantaron un nuevo fuerte y derrotaron a los españoles al año siguiente evitando otra expulsión, al menos por un tiempo. Y es que los españoles no se rindieron, y en 1654 lanzaron el que sería su último ataque a la isla, con un éxito nuevamente fugaz.

La situación de la isla bajo el control de los bucaneros se ha representado como caótica, violenta y depravada, y aunque la cultura popular exagera las cosas, sí hay algo de cierto en esto. Las distintas nacionalidades de los colonos y bucaneros, a lo que hay que añadir diferencias religiosas, produjeron constantes discusiones y enfrentamientos internos en la isla. Además, desde 1635 los esclavos africanos estaban fuera de control, aumentando el clima de desorden y conflicto constante.
A pesar de esto, el islote fue sobreviviendo como centro de la actividad pirata durante unas décadas más. Destacan entre 1667 y 1668 las expediciones de Henry Morgan contra Puerto del Príncipe y Portobelo, para las cuales reclutó unos 200 bucaneros franceses de Tortuga. No obstante desde 1670 la situación empezó a decaer, conforme las potencias europeas fueron dejando de apoyarlos. Sucesivos tratados de paz entre España y sus enemigos hicieron innecesario el papel de los bucaneros de Tortuga por el momento; el Tratado de Madrid, que como vimos supuso el comienzo del fin de Port Royal como capital pirata, tuvo el mismo efecto en Tortuga. muchos bucaneros abandonaron la piratería, dedicándose a la tala de árboles y el comercio de la madera, mientras que los que decidieron salir al mar y continuar su actividad delictiva tendrían que hacerlo sin la comodidad de un puerto franco y la vista gorda de sus países de origen, al menos hasta que Nassau tomó la vacante dejada por Port Royal y Tortuga.
Tortuga pasaría tranquilamente a un papel casi insignificante en las páginas de la historia, siguiendo el patrón colonial de la economía de plantación, firmemente bajo control francés hasta la rebelión de los esclavos de 1791, que concluiría con la independencia de Haití en 1804.

Gracias por leer.
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

Otro porcentaje: los piratas que acabaron peor.

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Buenas, chicos. En esta ocasión vamos a continuar con la temática de uno de los primeros posts que subí a este tema, en el que hablamos de algunos de aquellos pocos piratas que terminaron bien, es decir, que abandonaron la vida pirata y vivieron para disfrutar del botín capturado.
Pues en este caso, vamos a hablar de todo lo contrario. Hoy vamos a describir algunos de los finales más notables, violentos y desagradables de piratas que se conocen, ya fuese por enfermedades, ejecuciones creativas o heridas en combate. Y es que nunca se puede insistir lo suficiente en lo que a los riesgos de la profesión corsaria se refiere: los peligros del mar, del combate, la mala alimentación combinada con la insalubridad de los barcos y las enfermedades tropicales… desde el grumete más humilde al capitán más avezado, toda persona que se hacía a la mar se arriesgaba a una muerte temprana y desagradable. Y además, en el caso de los piratas, la promesa de la soga siempre estaba en el horizonte cercano.

Bueno, sin más preámbulos, vamos allá.

Edward Teach, “Barbanegra” (~1680-1718): Quién mejor que el tal vez más legendario pirata de la historia para abrir la lista, y es que parece inevitable, conociendo su carrera, que el final de esta no fuese también legendario.
El 21 de noviembre de 1718, en las proximidades de la isla de Ocracoke, Carolina del Norte, Teach fue atacado por sorpresa por dos naves comandadas por el teniente Maynard, quien había sido encomendado con dar caza al notorio pirata. Barbanegra se encontraba además con solo una fracción de sus hombres, de 20 a 25, y su nave había quedado atrapada por las de Maynard. Tras unos cañonazos iniciales, Barbanegra abordó el barco de Maynard con sus hombres, pero fue sorprendido por la resistencia de los marineros británicos. En el cuerpo a cuerpo que siguió, Teach intercambió disparos de pistola con Maynard, pero falló el suyo, no así su oponente; pronto se vio aislado conforme los piratas eran repelidos y quedaban demasiado lejos para ayudarle, y tras un golpe que partió el sable de Maynard, fue herido decisivamente en el cuello por otro de los hombres del oficial británico. Debilitado y sobrepasado, más enemigos cayeron sobre él y le dieron muerte a cuchilladas y tiros (Maynard reportaría 20 heridas de arma blanca y 5 de bala). Finalmente, fue decapitado y su cabeza colgada del bauprés de la nave como trofeo (y para cobrar la recompensa). Han circulado muchas leyendas sobre el fin de Barbanegra, que han exagerado su muerte a niveles rasputinianos, con la decapitación como lo que finalmente lo mató (es más probable que fuese post mortem), y fantásticos, con historias del cuerpo de Teach persiguiendo la nave a nado para recuperar su cabeza. En cualquier caso, fue un fin a la altura del pirata más célebre de todos los tiempos.

William de Marisco (????-1242): Yéndonos muy atrás, en plena Edad Media, tenemos el caso de William de Marisco, pirata anglonormando de origen noble que asoló las costas del oeste de Inglaterra desde su base y feudo familiar de la isla de Lundy. William se convirtió en proscrito tras verse implicado en el asesinato del heraldo del gobernador de Irlanda, y habiéndose refugiado en Lundy, dirigió durante los 7 años siguientes expediciones de saqueo en las costas cercanas de Gales, Irlanda, Escocia y Cornualles.
La carrera de De Marisco llegó a su fin cuando Enrique III decidió atacar Lundy para capturarlo, pues además de la piratería en general, habría estado involucrado en un intento de regicidio. Con ayuda de un antiguo compañero de De Marisco, la expedición naval sorteó las difíciles y rocosas aguas frente a la isla y desembarcaron, pillando desprevenidos a los piratas. De Marisco fue llevado a Londres, donde se inauguraría con él el método de ejecución conocido como ahorcado, estirado y descuartizamiento. El condenado era primero arrastrado por un caballo hasta el sitio de la ejecución, luego se le ahorcaba hasta casi matarlo, se le estiraba con cuerdas, para después destriparlo y opcionalmente castrarlo, y finalmente se le decapitaba y descuartizaba, con el fin de exhibir la cabeza y las partes del cuerpo a lo largo del territorio. Este método se convertiría en el favorito de la monarquía inglesa a la hora de castigar la alta traición, y sería utilizado con reos tan notables como el noble escocés William Wallace.

François l’Olonnais (~1630 - ~1669): Jean-David Nau, más conocido como François l’Olonnais (o Roronoa si sigues las normas de pronunciación del japonés) fue un bucanero célebre por su brutalidad y su crueldad. Su carrera pirata duró cerca de una década, durante la cual atacó naves y posesiones españolas en el Caribe y las costas de Centro y Sudamérica. Destaca el saqueo de la ciudad de Maracaibo, y ataques a Campeche, San Pedro Sula y Guatemala. Famoso por torturar a sus prisioneros y por su odio hacia los españoles, el episodio más famoso que nos ha llegado sobre él fue la ocasión en la que arrancó el corazón a un cautivo español y lo desgarró a mordiscos, con el objetivo de amedrentar a otro prisionero y que revelase una información.
L’Olonnais habría hallado su fin en las junglas del Darién, en la actual Panamá, cuando los nativos lo capturaron y lo descuartizaron vivo, arrojando los pedazos al fuego frente a él. Algunas fuentes mencionan que los nativos se comieron partes de su cuerpo.

Francis Drake (~1540-1596): uno de los marinos más famosos de todos los tiempos, Drake fue durante décadas una espina en el costado de la monarquía hispánica. En sus muchos viajes de exploración se dedicó también a saquear naves y asentamientos españoles, estuviera o no su país en guerra con España y tuviera o no permiso real para esto. Pero sus expediciones eran frecuentemente exitosas, y los tesoros con los que regresaba a Inglaterra servían de atenuante ante Isabel I, quien premiaba las acciones de Drake ya que contribuían a debilitar a su principal enemigo.
Como este no es el sitio para describir las muchas aventuras de Drake, basta con decir que en 1595 partió al Caribe en el que sería su último viaje, con el objetivo de interrumpir los envíos de oro y plata americanos hacia España. Esta expedición pronto encontró problemas, fracasando en su ataque a Puerto Rico y perdiendo buena parte de sus fuerzas por enfermedades. Se lograron algunos éxitos, pero el botín fue menor de lo esperado, y la resistencia, férrea. Pronto los suministros comenzaron a escasear, y la debilitada expedición tuvo que retirarse de Centroamérica sin haber podido saquear Panamá, uno de sus principales objetivos. El propio Drake enfermó de disentería, y murió poco después, mientras planeaban su siguiente movimiento.
Si alguien considera que esta muerte no es tan desagradable como otras mencionadas, les invito a investigar lo que le hace la disentería al cuerpo humano.

Charles Vane (????-1721): Uno de los infames líderes de la Flying Gang de Nassau, su final se cuenta entre los peores no necesariamente por la crudeza de este, sino por la racha de mala suerte que le llevó al mismo.
Vane había disfrutado de una exitosa carrera criminal, pero la cosa cambió hacia finales de 1718, cuando su fortuna empezó a truncarse. Primero, sufrió una humillante derrota ante una fragata francesa, viéndose forzado a escapar, lo que le valió la destitución como capitán. Poco después, Vane acabó naufragando en una isla desierta tras una tormenta. Tras un tiempo, fue rescatado por una nave inglesa que había llegado a la isla en busca de agua, pero irónicamente esto supuso su fin. Fue reconocido por uno de los marineros y arrestado. Vane pasó varios meses en prisión hasta su ejecución por ahorcamiento en marzo de 1721. Su cuerpo fue colgado de una jaula en un cayo a la entrada del puerto de Kingston como advertencia a otros piratas.

Y para finalizar, he decidido repetir el último caso del otro tema, y recordar la muerte de Thomas Tew (1695), porque lo absurdo e innecesario de la misma lo amerita. En resumen, tras una expedición exitosa que le hizo rico, Tew decidió embarcarse de nuevo con la intención de repetir el éxito y tal vez por puro espíritu aventurero. Sea como fuere, su ambición acabó con él, cuando una bala de cañón lo atravesó en batalla, destripándolo.

Gracias por leer.
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thebodhman
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

La desastrosa expedición del capitán Kidd (I): Un mal comienzo

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Hola chicos! hoy vamos a hablar de uno de los casos más famosos de la historia de la piratería: el capitán William Kidd, (~1645 – 1701), y su fatídico viaje al Índico en 1696.

El capitán Kidd comenzó su carrera naval muy joven. Habiéndose trasladado de su Escocia natal a la ciudad de Nueva Ámsterdam, recientemente capturada por los ingleses y rebautizada Nueva York, Kidd se habría enrolado como aprendiz en un barco pirata, aunque los detalles son escasos. En cualquier caso, para 1689 Kidd ya era un marino experimentado además de un ciudadano notable, activo en los círculos sociales y con amistades que incluyeron tres gobernadores locales. Fue en este año, navegando bajo el pirata Jean Fantin, cuando su carrera cobró impulso y obtuvo su primer mando: tras participar en un motín a raíz del reparto del botín y de recientes derrotas, Kidd fue nombrado nuevo capitán. Poco después, entraría al servicio del gobernador de la isla de Nevis como corsario, ayudando a defenderla de los franceses a cambio del botín que capturasen de estos. Más tarde, con nuevas patentes de corso, actuó también en aguas de Nueva York y Massachussets, y de nuevo en el Caribe. estas comisiones le reportaron beneficios y premios, y una reputación bastante respetable. Con esto creció también una cierta arrogancia y tendencia a vanagloriarse, que le acarrearía problemas en el futuro.

En 1695, Kidd obtuvo el encargo del gobernador de Nueva York, Richard Coote, de cazar piratas en el Índico, pues atacaban las líneas comerciales entre Gran Bretaña y Oriente. En la lista de objetivos destacaban nombres como Thomas Tew o John Ireland, y se otorgaba también el derecho de atacar barcos franceses, con quienes volvían a estar en guerra. Con respaldo de la Corona y financiada por algunos de los miembros más notables de la nobleza inglesa (cuyas afiliaciones políticas probarían fatídicas para Kidd tiempo después), esta expedición no era algo a lo que Kidd pudiese negarse, pues hubiese supuesto acusaciones de deslealtad al rey y repercusiones sociales severas. En Londres, Kidd recibió las patentes de corso, firmadas por el rey, y se le presentó su nueva nave, el Adventure Galley, un mercante con 34 cañones, remos (inusuales en naves de ese tipo pero útiles para maniobrar en combate), con tripulación de 150, numero al que no llegó, pero de los que consiguió muchos los seleccionó personalmente.
Pese a la preparación y la calidad del patrocinio de la expedición, los problemas comenzaron nada más zarpar rumbo a África, ya en 1696. Mientras bajaban por el Támesis hacia el mar, Kidd, ya fuera consciente o inconscientemente, no realizó los saludos de cortesía a una nave militar, y ante las faltas de respeto de su tripulación, fueron abordados. Como castigo, a Kidd le fue arrebatada la mayor parte de sus hombres, que fueron enrolados a la fuerza en la marina británica (aunque al tener patentes de corso esto no era del todo legal). Así pues, tuvo que desviarse a Nueva York para contratar una nueva tripulación, capturando una nave pesquera francesa por el camino.
El siguiente problema fue que la oferta de marineros de que disponía Nueva York distaba mucho de ser ideal. Kidd tuvo que conformarse con lo que había, en su mayoría criminales conocidos, de los cuales al menos parte habían sido piratas. Finalmente, en septiembre Kidd puedo reanudar el viaje, dirigiéndose a Ciudad del Cabo vía Madeira y Cabo Verde. El viaje transcurrió sin incidentes hasta el 12 de diciembre, cuando el Adventure Galley se topó con una flotilla militar inglesa que los detuvo. Kidd tuvo de nuevo que maldecir su suerte, ya que quedaba a merced de las necesidades y exigencias de esta flotilla, esencialmente secuestrado, hasta que decidiesen dejarle en paz. Sin duda, le arrebatarían hombres y suministros, dejándole sin capacidad de continuar la expedición, por lo que tras varios días de negociaciones, zarpó al amparo de la oscuridad antes de que eso sucediese. Esto supuso que el líder de la flotilla, el comodoro Warren, hiciese la primera acusación de piratería hacia Kidd en la expedición, y que Kidd no se atreviese a tomar tierra en Ciudad del Cabo a pesar de la mala condición de sus hombres, que sufrían de escorbuto, y de la nave, cuyas velas y cabos necesitaban arreglos urgentes.

Tras 20 semanas desde que partieron de Nueva York, el Adventure Galley tomó tierra en Tulear, en el suroeste de Madagascar. La tripulación pudo recuperarse, y tras ello, acometer las reparaciones de la nave. La expedición distaba de ser exitosa, aún no se habían capturado presas y los obstáculos encontrados prometían causar problemas a largo plazo. Kidd necesitaba éxitos con urgencia, pero la mala suerte no parecía ceder: un examen riguroso del barco reveló que muchos de los daños al velamen y la arboladura no eran reparables; había que reemplazar, y Kidd no tenía con qué. El Adventure Galley prosiguió el viaje hasta las Comoras, esperando encontrar naves de la Compañía de las Indias Orientales que le pudiesen asistir en este problema, y de una playa adecuada donde reparar y tratar el casco del barco (carenado). Con lo primero no tuvo éxito, y con lo segundo, solo parcialmente: el carenado se realizó, pero llevó semanas, durante las cuales murieron de enfermedades unos 30 de sus hombres. El casco estaba reparado, pero las velas seguían igual, y ahora no contaba con suficiente tripulación para afrontar una batalla, pero por fin hubo un golpe de suerte, ya que en la isla de Anjouan se encontraron con un grupo de hombres que habían sido abandonados o escapados de un navío de la Compañía de las Indias, quienes se sumaron a la tripulación y le prestaron el dinero necesario para comprar los materiales que necesitaba. Con la nave por fin a punto y una tripulación ya preparada (si bien variopinta y de disposición más que sospechosa), Kidd pudo por fin emprender la búsqueda de piratas y enemigos para la que le habían contratado. A finales de abril de 1697, el capitán Kidd zarpó hacia el norte, al inmenso Índico y los mares de Arabia.

Continuará
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thebodhman
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

La desastrosa expedición del capitán Kidd (II): éxitos y fracasos

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Buenas chicos! El último día dejamos la historia del capitán Kidd en el momento en que, sorteados al menos en apariencia los episodios de mala suerte, se disponía a acometer el propósito de su aventura, que como comentamos era la captura de piratas y de presas enemigas de Inglaterra en el Índico.

Así, en agosto de 1697 Kidd, en su Adventure Galley, se había dirigido hacia el golfo de Adén y la entrada del Mar Rojo, con el propósito de imitar el éxito de Henry Every dos años antes y capturar parte o toda una flota mogol en el trayecto entre la India y la Meca, cargada de riquezas de la India y Arabia. Por desgracia, precisamente las acciones de Every habían llevado a los mogoles a reforzar la seguridad de sus flotas, exigiendo escolta dela Compañía Británica de las Indias Orientales (EITC de aquí en adelante). Kidd encontró una flota como había esperado, pero ante la potencia de fuego de la escolta se vio forzado a escapar. Con la esperanza de encontrar de nuevo a la flota, se dirigió a la costa de la India, también esperando poder reparar el casco de la nave, que hacía aguas de nuevo. Con la moral de la tripulación por los suelos ante el fracaso y las malas perspectivas, Kidd, por voluntad propia o forzado por sus hombres, cometió el primer acto indiscutible de piratería, capturando un pequeño mercante que desvalijaron sin misericordia.
Las noticias del encuentro con el Comodoro Warren habían llegado además a esas aguas, y Kidd se enteró de que había sido declarado como pirata. La mala fortuna continuó acompañándolo: dos naves de guerra portuguesas, aliadas de Inglaterra, lo interceptaron cuando seguía el rastro de un rico mercante indio, y aunque durante la batalla derrotó uno de los barcos portugueses, no pudo saquearlo por la presión del otro.

Sin rastro de piratas ni de naves francesas (es decir, los blancos autorizados), la presión de la tripulación fue en aumento. A ellos poco les importaban los términos de la patente de corso. Querían botín, alimento y bebida, y de quién lo obtuviesen era irrelevante. Kidd, por su parte, aunque consciente de las acusaciones que pendían sobre él, era reticente a empeorar su situación con las autoridades; por el momento confiaba en que los patrocinadores de la expedición le ayudarían a esquivar las consecuencias legales de lo que había hecho de momento, que aún no era nada demasiado serio.
En cualquier caso, el descontento de la tripulación con los escrúpulos de Kidd se tornó violento en octubre de 1697, cuando avistaron una nave holandesa, que tampoco era un blanco válido. Ante la negativa de Kidd a atacar el barco, el artillero William Moore se enfrentó a él, y en la discusión Kidd acabó golpeándolo con un balde de madera y hierro en la cabeza, matándolo. Kidd no tenía autoridad para ejercer fuerza letal sobre sus hombres, por lo que esto se añadiría a los cargos a su regreso a casa, pero no le preocupaba mucho. Como le dijo al cirujano de a bordo, tenía "buenos amigos en Inglaterra, que se encargarán de eso".

La suerte de Kidd pareció cambiar en enero de 1698, cuando se avistó el mercante armenio Quedagh Merchant, que había partido de al India cargado de sedas, azúcar y otros productos de valor. Kidd no lo pensó: izó bandera francesa para ocultar su identidad y se aproximó a la nave, fingiendo querer parlamentar. El engaño funcionó, y tomó desprevenidos a los marineros del Quedagh, capturando la nave sin demasiadas dificultades. Estas llegaron más tarde, durante la inspección e interrogatorio de los oficiales y el capitán. Kidd averiguó que la nave, si bien con bandera armenia, propietarios y tripulación indios, tenía capitán inglés, y había recibido cartas de la Compañía Francesa de las Indias Orientales en las que se prometía paso seguro. En total, entraba dentro de las condiciones de la patente de corso, pero había otro detalle: uno de los patrocinadores del viaje del Quedagh era un agente de la EITC, lo que complicaba el estatus del barco como presa legítima. Kidd decidió someterlo a voto, y la tripulación decidió quedarse con la nave y su cargamento. Vendieron el cargamento en la India y pusieron rumbo a Madagascar, capturando otro barco en el camino, el November.

Kidd había logrado por fin una captura de valor, pero sus problemas distaban de estar resueltos. En Madagascar se encontraba también el pirata Robert Culliford, viejo conocido suyo, con quien se habría reunido amistosamente, tal vez para pedirle ayuda con el cada vez más deteriorado Adventure Galley, o tal vez para sondear sus fuerzas y considerar la posibilidad de atacarlo. No sabemos con seguridad cuáles eran las intenciones de Kidd, lo que sí sabemos es que se produjo un motín. La tripulación de Kidd, cansada de su capitán y sus escrúpulos y deseosa de practicar la piratería sin complejos, se unió a Culliford. Solo 13 hombres permanecieron con Kidd, que logró negociar que se respetase su parte del tesoro y la de sus leales. Los hombres de Culliford hundieron el November, y Kidd no vio razón para conservar el Adventure Galley, tan estropeado como estaba y sin hombres para llevar dos naves, por lo que lo quemó. Con el Quedagh Merchant, rebautizado Adventure Prize, un puñado de hombres y algo de tesoro como consolación por los esfuerzos y disgustos sufridos, Kidd resolvió volver a Nueva York y presentar los resultados de la expedición a sus patrocinadores.
Kidd encontró más hombres para la nave en otra zona de Madagascar, y compró provisiones para el viaje. Sin embargo, tras los contratiempos del viaje de ida y con las acusaciones de piratería en mente, decidió evitar los puertos principales para evitar problemas. Además, le parecía que el Prize presentaba demasiado el aspecto de haber sido robado, y aunque tenía las cartas francesas que probarían la legalidad de la captura, prefirió no arriesgarse.
Kidd llegó al Caribe, como escala prevista, 10 meses tras el motín. Atracó en la isla de Anguila, y recabó información sobre su situación con la justicia para decidir cómo proceder a continuación. Lo que descubrió no era halagüeño: varios gobernadores de las colonias británicas le buscaban activamente, habiendo recibido órdenes de capturarlo bajo acusaciones de piratería. también se enteró de que se había proclamado un perdón real a la piratería ese mismo año (1698) no muy distinto al más famoso que se proclamaría 20 años después y del que hablamos aquí. Por desgracia para Kidd, el perdón real le excluía específicamente a él, por nombre. Se le presentaban pocas opciones.

Gracias por leer.

Próximamente, la conclusión.
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Batvictor
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por Batvictor »

thebodhman escribió: Sab Jul 11, 2026 5:57 am
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La desastrosa expedición del capitán Kidd (II): éxitos y fracasos

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Buenas chicos! El último día dejamos la historia del capitán Kidd en el momento en que, sorteados al menos en apariencia los episodios de mala suerte, se disponía a acometer el propósito de su aventura, que como comentamos era la captura de piratas y de presas enemigas de Inglaterra en el Índico.

Así, en agosto de 1697 Kidd, en su Adventure Galley, se había dirigido hacia el golfo de Adén y la entrada del Mar Rojo, con el propósito de imitar el éxito de Henry Every dos años antes y capturar parte o toda una flota mogol en el trayecto entre la India y la Meca, cargada de riquezas de la India y Arabia. Por desgracia, precisamente las acciones de Every habían llevado a los mogoles a reforzar la seguridad de sus flotas, exigiendo escolta dela Compañía Británica de las Indias Orientales (EITC de aquí en adelante). Kidd encontró una flota como había esperado, pero ante la potencia de fuego de la escolta se vio forzado a escapar. Con la esperanza de encontrar de nuevo a la flota, se dirigió a la costa de la India, también esperando poder reparar el casco de la nave, que hacía aguas de nuevo. Con la moral de la tripulación por los suelos ante el fracaso y las malas perspectivas, Kidd, por voluntad propia o forzado por sus hombres, cometió el primer acto indiscutible de piratería, capturando un pequeño mercante que desvalijaron sin misericordia.
Las noticias del encuentro con el Comodoro Warren habían llegado además a esas aguas, y Kidd se enteró de que había sido declarado como pirata. La mala fortuna continuó acompañándolo: dos naves de guerra portuguesas, aliadas de Inglaterra, lo interceptaron cuando seguía el rastro de un rico mercante indio, y aunque durante la batalla derrotó uno de los barcos portugueses, no pudo saquearlo por la presión del otro.

Sin rastro de piratas ni de naves francesas (es decir, los blancos autorizados), la presión de la tripulación fue en aumento. A ellos poco les importaban los términos de la patente de corso. Querían botín, alimento y bebida, y de quién lo obtuviesen era irrelevante. Kidd, por su parte, aunque consciente de las acusaciones que pendían sobre él, era reticente a empeorar su situación con las autoridades; por el momento confiaba en que los patrocinadores de la expedición le ayudarían a esquivar las consecuencias legales de lo que había hecho de momento, que aún no era nada demasiado serio.
En cualquier caso, el descontento de la tripulación con los escrúpulos de Kidd se tornó violento en octubre de 1697, cuando avistaron una nave holandesa, que tampoco era un blanco válido. Ante la negativa de Kidd a atacar el barco, el artillero William Moore se enfrentó a él, y en la discusión Kidd acabó golpeándolo con un balde de madera y hierro en la cabeza, matándolo. Kidd no tenía autoridad para ejercer fuerza letal sobre sus hombres, por lo que esto se añadiría a los cargos a su regreso a casa, pero no le preocupaba mucho. Como le dijo al cirujano de a bordo, tenía "buenos amigos en Inglaterra, que se encargarán de eso".

La suerte de Kidd pareció cambiar en enero de 1698, cuando se avistó el mercante armenio Quedagh Merchant, que había partido de al India cargado de sedas, azúcar y otros productos de valor. Kidd no lo pensó: izó bandera francesa para ocultar su identidad y se aproximó a la nave, fingiendo querer parlamentar. El engaño funcionó, y tomó desprevenidos a los marineros del Quedagh, capturando la nave sin demasiadas dificultades. Estas llegaron más tarde, durante la inspección e interrogatorio de los oficiales y el capitán. Kidd averiguó que la nave, si bien con bandera armenia, propietarios y tripulación indios, tenía capitán inglés, y había recibido cartas de la Compañía Francesa de las Indias Orientales en las que se prometía paso seguro. En total, entraba dentro de las condiciones de la patente de corso, pero había otro detalle: uno de los patrocinadores del viaje del Quedagh era un agente de la EITC, lo que complicaba el estatus del barco como presa legítima. Kidd decidió someterlo a voto, y la tripulación decidió quedarse con la nave y su cargamento. Vendieron el cargamento en la India y pusieron rumbo a Madagascar, capturando otro barco en el camino, el November.

Kidd había logrado por fin una captura de valor, pero sus problemas distaban de estar resueltos. En Madagascar se encontraba también el pirata Robert Culliford, viejo conocido suyo, con quien se habría reunido amistosamente, tal vez para pedirle ayuda con el cada vez más deteriorado Adventure Galley, o tal vez para sondear sus fuerzas y considerar la posibilidad de atacarlo. No sabemos con seguridad cuáles eran las intenciones de Kidd, lo que sí sabemos es que se produjo un motín. La tripulación de Kidd, cansada de su capitán y sus escrúpulos y deseosa de practicar la piratería sin complejos, se unió a Culliford. Solo 13 hombres permanecieron con Kidd, que logró negociar que se respetase su parte del tesoro y la de sus leales. Los hombres de Culliford hundieron el November, y Kidd no vio razón para conservar el Adventure Galley, tan estropeado como estaba y sin hombres para llevar dos naves, por lo que lo quemó. Con el Quedagh Merchant, rebautizado Adventure Prize, un puñado de hombres y algo de tesoro como consolación por los esfuerzos y disgustos sufridos, Kidd resolvió volver a Nueva York y presentar los resultados de la expedición a sus patrocinadores.
Kidd encontró más hombres para la nave en otra zona de Madagascar, y compró provisiones para el viaje. Sin embargo, tras los contratiempos del viaje de ida y con las acusaciones de piratería en mente, decidió evitar los puertos principales para evitar problemas. Además, le parecía que el Prize presentaba demasiado el aspecto de haber sido robado, y aunque tenía las cartas francesas que probarían la legalidad de la captura, prefirió no arriesgarse.
Kidd llegó al Caribe, como escala prevista, 10 meses tras el motín. Atracó en la isla de Anguila, y recabó información sobre su situación con la justicia para decidir cómo proceder a continuación. Lo que descubrió no era halagüeño: varios gobernadores de las colonias británicas le buscaban activamente, habiendo recibido órdenes de capturarlo bajo acusaciones de piratería. también se enteró de que se había proclamado un perdón real a la piratería ese mismo año (1698) no muy distinto al más famoso que se proclamaría 20 años después y del que hablamos aquí. Por desgracia para Kidd, el perdón real le excluía específicamente a él, por nombre. Se le presentaban pocas opciones.

Gracias por leer.

Próximamente, la conclusión.
No hombre no, pobre Capitán Kid.
Se la tenian jurada.
Seguro que fue a propósito.
"Vamos a enviarte a hacer de corsario jiji seguro que todo va bien jiji"

Una vergüenza una vergüenza....

Demasiadas normas le pusieron no? Seguro que un capitán de la marina británica podía llenar de plomo a quien le apeteciera de la tripulación.
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

Batvictor escribió: Sab Jul 11, 2026 4:02 pm
thebodhman escribió: Sab Jul 11, 2026 5:57 am
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La desastrosa expedición del capitán Kidd (II): éxitos y fracasos

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Buenas chicos! El último día dejamos la historia del capitán Kidd en el momento en que, sorteados al menos en apariencia los episodios de mala suerte, se disponía a acometer el propósito de su aventura, que como comentamos era la captura de piratas y de presas enemigas de Inglaterra en el Índico.

Así, en agosto de 1697 Kidd, en su Adventure Galley, se había dirigido hacia el golfo de Adén y la entrada del Mar Rojo, con el propósito de imitar el éxito de Henry Every dos años antes y capturar parte o toda una flota mogol en el trayecto entre la India y la Meca, cargada de riquezas de la India y Arabia. Por desgracia, precisamente las acciones de Every habían llevado a los mogoles a reforzar la seguridad de sus flotas, exigiendo escolta dela Compañía Británica de las Indias Orientales (EITC de aquí en adelante). Kidd encontró una flota como había esperado, pero ante la potencia de fuego de la escolta se vio forzado a escapar. Con la esperanza de encontrar de nuevo a la flota, se dirigió a la costa de la India, también esperando poder reparar el casco de la nave, que hacía aguas de nuevo. Con la moral de la tripulación por los suelos ante el fracaso y las malas perspectivas, Kidd, por voluntad propia o forzado por sus hombres, cometió el primer acto indiscutible de piratería, capturando un pequeño mercante que desvalijaron sin misericordia.
Las noticias del encuentro con el Comodoro Warren habían llegado además a esas aguas, y Kidd se enteró de que había sido declarado como pirata. La mala fortuna continuó acompañándolo: dos naves de guerra portuguesas, aliadas de Inglaterra, lo interceptaron cuando seguía el rastro de un rico mercante indio, y aunque durante la batalla derrotó uno de los barcos portugueses, no pudo saquearlo por la presión del otro.

Sin rastro de piratas ni de naves francesas (es decir, los blancos autorizados), la presión de la tripulación fue en aumento. A ellos poco les importaban los términos de la patente de corso. Querían botín, alimento y bebida, y de quién lo obtuviesen era irrelevante. Kidd, por su parte, aunque consciente de las acusaciones que pendían sobre él, era reticente a empeorar su situación con las autoridades; por el momento confiaba en que los patrocinadores de la expedición le ayudarían a esquivar las consecuencias legales de lo que había hecho de momento, que aún no era nada demasiado serio.
En cualquier caso, el descontento de la tripulación con los escrúpulos de Kidd se tornó violento en octubre de 1697, cuando avistaron una nave holandesa, que tampoco era un blanco válido. Ante la negativa de Kidd a atacar el barco, el artillero William Moore se enfrentó a él, y en la discusión Kidd acabó golpeándolo con un balde de madera y hierro en la cabeza, matándolo. Kidd no tenía autoridad para ejercer fuerza letal sobre sus hombres, por lo que esto se añadiría a los cargos a su regreso a casa, pero no le preocupaba mucho. Como le dijo al cirujano de a bordo, tenía "buenos amigos en Inglaterra, que se encargarán de eso".

La suerte de Kidd pareció cambiar en enero de 1698, cuando se avistó el mercante armenio Quedagh Merchant, que había partido de al India cargado de sedas, azúcar y otros productos de valor. Kidd no lo pensó: izó bandera francesa para ocultar su identidad y se aproximó a la nave, fingiendo querer parlamentar. El engaño funcionó, y tomó desprevenidos a los marineros del Quedagh, capturando la nave sin demasiadas dificultades. Estas llegaron más tarde, durante la inspección e interrogatorio de los oficiales y el capitán. Kidd averiguó que la nave, si bien con bandera armenia, propietarios y tripulación indios, tenía capitán inglés, y había recibido cartas de la Compañía Francesa de las Indias Orientales en las que se prometía paso seguro. En total, entraba dentro de las condiciones de la patente de corso, pero había otro detalle: uno de los patrocinadores del viaje del Quedagh era un agente de la EITC, lo que complicaba el estatus del barco como presa legítima. Kidd decidió someterlo a voto, y la tripulación decidió quedarse con la nave y su cargamento. Vendieron el cargamento en la India y pusieron rumbo a Madagascar, capturando otro barco en el camino, el November.

Kidd había logrado por fin una captura de valor, pero sus problemas distaban de estar resueltos. En Madagascar se encontraba también el pirata Robert Culliford, viejo conocido suyo, con quien se habría reunido amistosamente, tal vez para pedirle ayuda con el cada vez más deteriorado Adventure Galley, o tal vez para sondear sus fuerzas y considerar la posibilidad de atacarlo. No sabemos con seguridad cuáles eran las intenciones de Kidd, lo que sí sabemos es que se produjo un motín. La tripulación de Kidd, cansada de su capitán y sus escrúpulos y deseosa de practicar la piratería sin complejos, se unió a Culliford. Solo 13 hombres permanecieron con Kidd, que logró negociar que se respetase su parte del tesoro y la de sus leales. Los hombres de Culliford hundieron el November, y Kidd no vio razón para conservar el Adventure Galley, tan estropeado como estaba y sin hombres para llevar dos naves, por lo que lo quemó. Con el Quedagh Merchant, rebautizado Adventure Prize, un puñado de hombres y algo de tesoro como consolación por los esfuerzos y disgustos sufridos, Kidd resolvió volver a Nueva York y presentar los resultados de la expedición a sus patrocinadores.
Kidd encontró más hombres para la nave en otra zona de Madagascar, y compró provisiones para el viaje. Sin embargo, tras los contratiempos del viaje de ida y con las acusaciones de piratería en mente, decidió evitar los puertos principales para evitar problemas. Además, le parecía que el Prize presentaba demasiado el aspecto de haber sido robado, y aunque tenía las cartas francesas que probarían la legalidad de la captura, prefirió no arriesgarse.
Kidd llegó al Caribe, como escala prevista, 10 meses tras el motín. Atracó en la isla de Anguila, y recabó información sobre su situación con la justicia para decidir cómo proceder a continuación. Lo que descubrió no era halagüeño: varios gobernadores de las colonias británicas le buscaban activamente, habiendo recibido órdenes de capturarlo bajo acusaciones de piratería. también se enteró de que se había proclamado un perdón real a la piratería ese mismo año (1698) no muy distinto al más famoso que se proclamaría 20 años después y del que hablamos aquí. Por desgracia para Kidd, el perdón real le excluía específicamente a él, por nombre. Se le presentaban pocas opciones.

Gracias por leer.

Próximamente, la conclusión.
Demasiadas normas le pusieron no? Seguro que un capitán de la marina británica podía llenar de plomo a quien le apeteciera de la tripulación.
Nop, los capitanes de la marina podían impartir castigos físicos pero nunca letales. Desobediencia, faltas de respeto, etc. se castigaban con latigazos, y si había reincidencia notable se encerraba al infractor durante el resto del viaje, pero no se le podía ejecutar, había que llevarlo ante un tribunal militar que juzgaría en base a los testimonios, bitácoras y diarios de la tripulación y oficiales. El acusado tenía derecho a juicio y abogado y todo eso.
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por Layton »

Por desgracia para Kidd, el perdón real le excluía específicamente a él, por nombre

- No si se ha proclamado un perdón real

-Anda que bien

- Pero a ti no Kidd, a ti no. :lol: :lol:
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por Batvictor »

thebodhman escribió: Sab Jul 11, 2026 7:08 pm
Batvictor escribió: Sab Jul 11, 2026 4:02 pm
thebodhman escribió: Sab Jul 11, 2026 5:57 am
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La desastrosa expedición del capitán Kidd (II): éxitos y fracasos

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Buenas chicos! El último día dejamos la historia del capitán Kidd en el momento en que, sorteados al menos en apariencia los episodios de mala suerte, se disponía a acometer el propósito de su aventura, que como comentamos era la captura de piratas y de presas enemigas de Inglaterra en el Índico.

Así, en agosto de 1697 Kidd, en su Adventure Galley, se había dirigido hacia el golfo de Adén y la entrada del Mar Rojo, con el propósito de imitar el éxito de Henry Every dos años antes y capturar parte o toda una flota mogol en el trayecto entre la India y la Meca, cargada de riquezas de la India y Arabia. Por desgracia, precisamente las acciones de Every habían llevado a los mogoles a reforzar la seguridad de sus flotas, exigiendo escolta dela Compañía Británica de las Indias Orientales (EITC de aquí en adelante). Kidd encontró una flota como había esperado, pero ante la potencia de fuego de la escolta se vio forzado a escapar. Con la esperanza de encontrar de nuevo a la flota, se dirigió a la costa de la India, también esperando poder reparar el casco de la nave, que hacía aguas de nuevo. Con la moral de la tripulación por los suelos ante el fracaso y las malas perspectivas, Kidd, por voluntad propia o forzado por sus hombres, cometió el primer acto indiscutible de piratería, capturando un pequeño mercante que desvalijaron sin misericordia.
Las noticias del encuentro con el Comodoro Warren habían llegado además a esas aguas, y Kidd se enteró de que había sido declarado como pirata. La mala fortuna continuó acompañándolo: dos naves de guerra portuguesas, aliadas de Inglaterra, lo interceptaron cuando seguía el rastro de un rico mercante indio, y aunque durante la batalla derrotó uno de los barcos portugueses, no pudo saquearlo por la presión del otro.

Sin rastro de piratas ni de naves francesas (es decir, los blancos autorizados), la presión de la tripulación fue en aumento. A ellos poco les importaban los términos de la patente de corso. Querían botín, alimento y bebida, y de quién lo obtuviesen era irrelevante. Kidd, por su parte, aunque consciente de las acusaciones que pendían sobre él, era reticente a empeorar su situación con las autoridades; por el momento confiaba en que los patrocinadores de la expedición le ayudarían a esquivar las consecuencias legales de lo que había hecho de momento, que aún no era nada demasiado serio.
En cualquier caso, el descontento de la tripulación con los escrúpulos de Kidd se tornó violento en octubre de 1697, cuando avistaron una nave holandesa, que tampoco era un blanco válido. Ante la negativa de Kidd a atacar el barco, el artillero William Moore se enfrentó a él, y en la discusión Kidd acabó golpeándolo con un balde de madera y hierro en la cabeza, matándolo. Kidd no tenía autoridad para ejercer fuerza letal sobre sus hombres, por lo que esto se añadiría a los cargos a su regreso a casa, pero no le preocupaba mucho. Como le dijo al cirujano de a bordo, tenía "buenos amigos en Inglaterra, que se encargarán de eso".

La suerte de Kidd pareció cambiar en enero de 1698, cuando se avistó el mercante armenio Quedagh Merchant, que había partido de al India cargado de sedas, azúcar y otros productos de valor. Kidd no lo pensó: izó bandera francesa para ocultar su identidad y se aproximó a la nave, fingiendo querer parlamentar. El engaño funcionó, y tomó desprevenidos a los marineros del Quedagh, capturando la nave sin demasiadas dificultades. Estas llegaron más tarde, durante la inspección e interrogatorio de los oficiales y el capitán. Kidd averiguó que la nave, si bien con bandera armenia, propietarios y tripulación indios, tenía capitán inglés, y había recibido cartas de la Compañía Francesa de las Indias Orientales en las que se prometía paso seguro. En total, entraba dentro de las condiciones de la patente de corso, pero había otro detalle: uno de los patrocinadores del viaje del Quedagh era un agente de la EITC, lo que complicaba el estatus del barco como presa legítima. Kidd decidió someterlo a voto, y la tripulación decidió quedarse con la nave y su cargamento. Vendieron el cargamento en la India y pusieron rumbo a Madagascar, capturando otro barco en el camino, el November.

Kidd había logrado por fin una captura de valor, pero sus problemas distaban de estar resueltos. En Madagascar se encontraba también el pirata Robert Culliford, viejo conocido suyo, con quien se habría reunido amistosamente, tal vez para pedirle ayuda con el cada vez más deteriorado Adventure Galley, o tal vez para sondear sus fuerzas y considerar la posibilidad de atacarlo. No sabemos con seguridad cuáles eran las intenciones de Kidd, lo que sí sabemos es que se produjo un motín. La tripulación de Kidd, cansada de su capitán y sus escrúpulos y deseosa de practicar la piratería sin complejos, se unió a Culliford. Solo 13 hombres permanecieron con Kidd, que logró negociar que se respetase su parte del tesoro y la de sus leales. Los hombres de Culliford hundieron el November, y Kidd no vio razón para conservar el Adventure Galley, tan estropeado como estaba y sin hombres para llevar dos naves, por lo que lo quemó. Con el Quedagh Merchant, rebautizado Adventure Prize, un puñado de hombres y algo de tesoro como consolación por los esfuerzos y disgustos sufridos, Kidd resolvió volver a Nueva York y presentar los resultados de la expedición a sus patrocinadores.
Kidd encontró más hombres para la nave en otra zona de Madagascar, y compró provisiones para el viaje. Sin embargo, tras los contratiempos del viaje de ida y con las acusaciones de piratería en mente, decidió evitar los puertos principales para evitar problemas. Además, le parecía que el Prize presentaba demasiado el aspecto de haber sido robado, y aunque tenía las cartas francesas que probarían la legalidad de la captura, prefirió no arriesgarse.
Kidd llegó al Caribe, como escala prevista, 10 meses tras el motín. Atracó en la isla de Anguila, y recabó información sobre su situación con la justicia para decidir cómo proceder a continuación. Lo que descubrió no era halagüeño: varios gobernadores de las colonias británicas le buscaban activamente, habiendo recibido órdenes de capturarlo bajo acusaciones de piratería. también se enteró de que se había proclamado un perdón real a la piratería ese mismo año (1698) no muy distinto al más famoso que se proclamaría 20 años después y del que hablamos aquí. Por desgracia para Kidd, el perdón real le excluía específicamente a él, por nombre. Se le presentaban pocas opciones.

Gracias por leer.

Próximamente, la conclusión.
Demasiadas normas le pusieron no? Seguro que un capitán de la marina británica podía llenar de plomo a quien le apeteciera de la tripulación.
Nop, los capitanes de la marina podían impartir castigos físicos pero nunca letales. Desobediencia, faltas de respeto, etc. se castigaban con latigazos, y si había reincidencia notable se encerraba al infractor durante el resto del viaje, pero no se le podía ejecutar, había que llevarlo ante un tribunal militar que juzgaría en base a los testimonios, bitácoras y diarios de la tripulación y oficiales. El acusado tenía derecho a juicio y abogado y todo eso.
Mira como te mira el capitán Bligh
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Lo estás llamando blandengue?
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

Batvictor escribió: Sab Jul 11, 2026 7:49 pm
Mira como te mira el capitán Bligh
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Lo estás llamando blandengue?
Ojito con faltarle al capitán Bligh, ese hombre es un héroe de la Marina Real :twisted:
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por thebodhman »

La desastrosa expedición del capitán Kidd (III): De la Justicia y la Política

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Hola de nuevo! Vamos a retomar la historia donde lo dejamos, con un William Kidd de vuelta en aguas de las Indias Occidentales, con un barco de procedencia dudosa, algo de tesoro, una recompensa por su cabeza y con varios navíos de guerra buscándolo.

Kidd resolvió, para empezar, deshacerse del Adveture Prize. Navegó hasta la Isla de Mona, cerca de Puerto Rico y posesión española, donde estaría más seguro, ya que los ingleses no podían buscarle allí sin más, tratándose de territorio enemigo. Cerca del islote, Kidd se encontró con un mercante inglés que pasaba por la zona, capitaneado por un tal Henry Bolton, con quien llegó a un acuerdo: Bolton vendería parte del tesoro de Kidd para convertirlo a efectivo, y Kidd usaría ese dinero para comprar provisiones y el barco de Bolton, bastante menos conspicuo que el Prize. Kidd había decidido ir a Nueva York a presentar su defensa ante el gobernador local, el conde de Bellomont (uno de los patrocinadores de la expedición habiendo aportado 6000 libras, mil de ellas de su bolsillo) para intentar convencerle de su inocencia y contar con su ayuda. Mientras tanto, Bolton se había comprometido a llevar el Prize con el resto del tesoro a un lugar seguro, el islote de Santa Catalina, donde lo ocultaría y esperaría al regreso de Kidd, que calculaba que sería en tres meses. A cambio, Bolton obtendría una parte del tesoro.

De este modo, Kidd se dirigió con unos pocos hombres de vuelta a Nueva York, esperando limpiar su nombre o, al menos, comprar la complicidad de las autoridades con la promesa del tesoro del Prize. El primer paso era reunirse con el gobernador Bellomont, pero este no estaba en Nueva York a la llegada de Kidd, sino en Boston. En junio de 1699, un agente de Kidd se reunió con el gobernador y le hizo saber que Kidd estaba en Nueva York para hablar con él. De camino a Boston, Kidd escondió el poco tesoro que llevaba consigo en la isla Gardiner, para usarlo en la negociación
En este momento es necesario aclarar un par de cosas: mientras Kidd había estado navegando, el equilibrio del poder en el Parlamento y las instituciones británicas había cambiado. El partido Whig, que era el que gobernaba en 1695 y entre cuyos miembros más notables se encontraban aquellos que habían organizado y patrocinado la expedición de Kidd, estaba ahora en una situación mucho menos sólida. Habían perdido buena parte de su poder, que había pasado a sus rivales políticos, los Tories, quienes estaban esperando cualquier oportunidad para desacreditarlos. En esta situación, los actos de piratería de un capitán cuyas fechorías las había pagado la cúpula Whig se presentaba como la oportunidad perfecta para los Tories. Los Whigs, entre ellos Bellomont, tuvieron que aguantar las críticas de la oposición desde que llegaron las primeras noticias de la expedición de Kidd, y para cuando este llegó de vuelta a territorio inglés, suponía más una molestia que cualquier otra cosa.
Con esto en mente, no es de extrañar que el gobernador Bellomont decidiese quitarse el muerto de encima, por así decirlo. Se puso en contacto con KIdd y le prometió auxilio, pero en lugar de ello lo apresó. Kidd intentó comprar su libertad apelando al tesoro escondido, pero no funcionó; Bellomont no negoció con Kidd, y el tesoro se quedó en Gardiner hasta que ordenó sacarlo para usarlo como prueba en el juicio, pero aún quedaba para eso.

Kidd fue encerrado en confinamiento solitario en la prisión de Boston. Las nefastas condiciones minaron su salud mental, y parece ser que acabó perdiendo la cabeza durante los meses que estuvo allí, pero se fue recuperando cuando lo sacaron de ese lugar. Pero antes de eso vinieron los interrogatorios por parte de los Tories del gobierno de la colonia, ya que no conocían los detalles concretos del contrato de Kidd, más específicamente la identidad de sus patrocinadores; que eran Whigs estaba claro, por el momento en que se estableció el acuerdo, pero sin los nombres el daño político que podían causar quedaba reducido. Kidd, por su parte, se negó a delatar a sus patrocinadores, creyendo así que le ayudarían en agradecimiento por su lealtad, pero se equivocaba por completo. Lo que el capitán no tuvo en cuenta era que a ellos su lealtad les importaba un pimiento, y no pensaban mover un dedo por él. Manteniéndose en silencio Kidd únicamente consiguió perder el valor que podía haber tenido como herramienta de los Tories, y cuando quedó claro que no iba a serles útil, dejaron que la justicia siguiese su curso.
Kidd fue enviado a Londres para ser juzgado por el Almirantazgo, por varios cargos de piratería y la muerte de William Moore, que describimos en el episodio anterior. Mientras se preparaba el juicio, Kidd fue confinado en la prisión de Newgate, donde pasó casi dos años esperando el inicio del mismo.
El proceso judicial fue menos que regular. El dinero que el almirantazgo había dispuesto para pagar a los abogados de Kidd se traspapeló, y el capitán no tuvo asesoramiento legal hasta unas pocas horas antes del juicio, en contraposición al año entero que había tenido la acusación para preparar el caso. En esta época, los abogados solo podían asesorar y preparar al cliente para el juicio, quien se defendía personalmente de las acusaciones, rebatía, objetaba y, en fin, hacía lo que hoy en día los abogados hacen por su cliente. Kidd, mal alimentado, enfermo y aislado, había intentado prepararse por su cuenta, pero no tenía apenas conocimiento de derecho y sin ayuda, poco podía hacer para construir una defensa adecuada. Así, el juicio fue poco más que una farsa. Dos de los tripulantes que habían desertado del Adventure Galley en favor de Culliford testificaron contra Kidd, confirmando todas las acusaciones y omitiendo convenientemente las partes en que la presión de la tripulación y las amenazas de motín como mínimo contribuyeron a que Kidd sobrepasase los términos del contrato (y a la muerte de William Moore). Las cartas de seguridad francesas del Quedagh Merchant, que probaban que la captura de la nave había estado dentro de la legalidad, también desaparecieron convenientemente, y eso que dos años antes habían sido leídas ante la Cámara de los Comunes y habían sido guardadas cuidadosamente. No volverían a aparecer hasta 1910.
Las cartas no fueron lo único que desapareció: sus abogados también lo hicieron en un momento crucial, las causas de lo cual no están claras, pero se conjetura que detrás tanto de esto como de las demás irregularidades estuvo la clara intencionalidad política de los Whigs de quitarse a Kidd de encima.

La inevitable sentencia acabó por llegar. Kidd fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a muerte por ahorcamiento. El 23 de mayo de 1701, cerca de 10.000 personas se reunieron en el Muelle de las Ejecuciones, junto al Támesis, para ser testigos de la muerte de Kidd. Este, bastante borracho gracias a algún alma caritativa que se apiadó de él, avanzó al patíbulo, y cuando terminó de decir sus últimas palabras, se le ahorcó. Pero la suerte de Kidd guardaba un último insulto bajo la manga: la soga se rompió, lo que comúnmente se consideraba señal divina y podía valer el indulto, pero no en este caso. Se buscó una nueva soga y, ahora sí, se completó la ejecución. Así terminaron las desventuras del desdichado William Kidd. Su cuerpo fue embreado y colgado de una jaula en el puerto, como advertencia a otros piratas, permaneciendo así tres años, hasta que al fin lo retiraron.

Respecto al tesoro de Kidd, parece ser que Bolton acabó por quemar el Adventure Prize cuando se hizo evidente que Kidd no iba a poder cumplir su parte del trato, no sin antes llevarse y vender el cargamento. El gobernador Bellomont buscó los restos de la nave durante un tiempo, pero sin éxito. Muchos lo imitaron, esperando encontrar las riquezas escondidas, que pasaron al estatus de leyenda. El Prize no sería descubierto hasta 2007, cuando un habitante de Santa Catalina encontró los restos a unos 20 metros de la costa. El equipo de expertos que investigó el sitio se sorprendió bastante de que hubiera tardado tanto en ser descubierto, ya que las aguas eran tanto transparentes como pco profundas. La identidad de la nave quedó confirmada gracias a la consistencia de los registros históricos y a que los cañones encontrados corroboraban su lugar de origen.

Y así hemos llegado al final. La moraleja, si esta historia tiene una, es que no hay que fiarse de los políticos.

Gracias por leer.
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Re: El Gran Tema de la Piratería

Mensaje por Batvictor »

#justiciaparaKidd
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