Concurso mensual - 46ª Edición: Aventura

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Javisba
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Re: Relatos a votar 1: Japón feudal

Mensaje por Javisba »

Feliz Navidad queridos lectores. Primero y ante todo dentro musica.
Some days, Some nights. Some live, some die in the way of samurai

Parece que mi iniciativa para que escribierais de madrugada a funcionado. Un relato a las 5 y otro a las 6:46. Como apuráis cabrones xD.

A continuación os presento los 7 relatos de esta edición
La serpiente Carmesí
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- Siempre me pregunté por qué los pájaros permanecían en el mismo lugar cuando podían volar allá donde quisieran – pronunció una voz grave y áspera -, entonces me hice la misma pregunta a mí mismo.
- Muy filosófico, genio, pero dudo que puedas ver ningún pájaro por ese maldito agujero – respondió una mujer, mientras acababa de trenzar su rubia melena.
- No entiendo por qué habláis en su maldito idioma, joder, ¿no veis cómo nos tratan?- Intervino un hombre, envuelto en trapos y tiritando.
- No seas irrespetuoso, es mejor que todos podamos entendernos – Respondió otra mujer, sin apartar la mirada del negro musculoso que había iniciado la conversación.
- ¿Irrespetuoso yo?
- Tranquilo, gaikokujin, también puedo hablar tu “precioso” idioma – Añadió, con un acento cuestionable, un joven inquieto, incapaz de permanecer inmóvil en aquella pequeña y húmeda estancia.
- ¿Por qué no dejáis de hacer el imbécil y pensáis en una forma de salir de aquí? – Preguntó otra voz, dulce e infantil.
- Tranquilos – dijo el negro, sin apartar la vista de aquel hueco – ya nos explicó el plan a todos, solo hay que esperar.
- ¡¿Esperar el qué?! – Un fuerte estallido retumbó por todo el lugar.
- Eso. Preparaos, ¡rápido!


Los seis esperaron en pie, cada uno en su celda, expectantes. Lejanos sonidos metálicos, aderezados con un fuerte olor a pólvora, impedían escuchar nada más. Sin embargo, todos se esforzaban por percibir un ruido en particular.


- Igual no lo ha logrado – Dijo preocupado el niño.
- Lo hará – respondió la rubia.
- Pero no se oye nada, ya debería estar aquí – apuntó la otra mujer.
- ¿Quién debería estar aquí? – Preguntó una voz, hasta ahora ajena a la conversación.
- Pues ese supuesto ninja del tres al cuarto que nos iba a sacar de aquí.
- No sé por qué debería sacarte de aquí, gaijin, si desconfías de mi pericia.
- Espera, ¡¿qué?!


Allí, en el pasillo, se alzaba, imponente, el ninja. Llegó sin hacer ruido, distrayendo con éxito a los carceleros y evitando las numerosas trampas dispuestas para aislar la zona. Sin tiempo que perder, colocó un pequeño paquete en cada cerradura, los prendió y tras un potente fogonazo, todos pudieron abandonar su confinamiento.


- ¿Cuál es tu nombre? – Preguntó el negro – Me gustaría honrarte en mis oraciones.
- No acabo de acostumbrarme a ver a un… A uno como tú hablando mi idioma – respondió el ninja, mientras su mirada se perdía entre tanto músculo – Esto… Mi nombre es Yorimoto Minamoto.
- No lo olvidaré nunca – contestó, poniendo su enorme mano sobre su hombro.
- Yori, no tenemos tiempo, guíanos a la armería – intervino el compatriota del ninja.
- A la orden, majestad.






“La hora del dragón”, anunciaron a coro numerosos sirvientes al son del tañido de una campana de oro. Recorrían a toda prisa los infinitos pasillos de palacio, limpiando a su paso el suelo con una maniobra bien coordinada.

En el salón principal, la familia del emperador permanecía sentada alrededor de la mesa. Masao, el autoproclamado heredero, no podía parar de reír con malicia. De vez en cuando lograba articular alguna expresión lógica como “todo es mío” o “menudos mentecatos”.

Nadie más se reía en la sala. Su madre, impávida ante la situación, no le quitaba ojo. Sus hermanos pequeños, intentaban respirar con dificultad, sin éxito, mientras sus redondos mofletes se tornaban cada vez más azules.

Fue en ese instante, al observar a sus vástagos tendidos en el suelo, inmóviles, con las manos aferradas a la garganta, cuando dejó a un lado la serenidad y se puso en pie. Aunó todas las fuerzas que le quedaban, le propinó un sonoro bofetón al heredero y se desplomó para no volverse a levantar.

Tras la muerte de su madre y hermanos, solo precisaba aguardar por el próximo final del emperador y el poder sería suyo. Henchido de gloria, el heredero se aproximó a una ventana y la abrió con un brusco movimiento. Quería observar su futuro palacio una vez más, pero sus rasgados ojos no encontraron lo que esperaban.

Los soldados imperiales se dirigían a la carrera hacia una de las puertas, pero eran repelidos con facilidad por las tropas enemigas. Aquello era imposible, nadie se atrevería a alzarse en armas contra su padre. Lánguido, se apartó de la ventana y fue a por el gran cinto de oro del emperador. Se lo echó sobre el hombro, aguantó con entereza su peso y volvió a la ventana.

La situación era aún peor, los intrusos luchaban ya en el patio más cercano a su posición. Por si fuera poco, estaban liderados por unos asquerosos gaijin: Un negro enorme que blandía un espadón aún más enorme, capaz de penetrar cualquier armadura; una rubia blanca como la nieve y fiera como una ventisca, se deslizaba entre las líneas de soldados y con su espada y su escudo debilitaba cualquier defensa; otra mujer, o eso parecía por su figura, escondida tras una gran máscara decorada con colores llamativos, lanceando a todo aquel que se cruzara en su camino; un hombre alto y rubio, armado con un arco y con un pulso y una precisión envidiables; un extraño niño que cercenaba miembros con los dientes y parecía expulsar humo por los ojos…

No podía creer lo que estaba viendo. Menos aun cuando reconoció una figura saltarina y juguetona, la de un joven con poderosas ancas en vez de piernas, un inconfundible ninja púrpura.

Maldijo su nombre y el de su familia antes de ponerse en marcha. Justo antes de alcanzar el otro extremo de la habitación, la puerta se deslizó y en el umbral apareció uno de sus soldados.


- Informe, ¡ya!
- Lo siento, señor…

Acto seguido, una katana afloró por su boca, teñida de carmesí. El heredero se sobresaltó y retrocedió. El cuerpo inerte del soldado se precipitó contra el suelo cuando su verdugo retiró el arma. La visión del asesino fue más terrorífica que la de la víctima para el futuro emperador.


- Es… Es imposible…
- Deja de balbucear, rata, ha llegado tu hora – entró en la estancia y descubrió los cuerpos sin vida de su madre y sus hermanos – Desgraciado, ¡lucha!


Se lanzó a por él. Masao, en un desesperado intento de salvar el pellejo, utilizó el pesado cinto para defenderse. Un corte en su mejilla, un golpe demoledor en las costillas, otro corte en la pierna, un nuevo revés con el cinto en la boca del estómago… Se estaban matando.

Sus miradas se cruzaron. Recobraron el aliento. Uno colocó su katana al frente. Otro, elevó el cinto dorado. Ambos se lanzaron a por el otro. El choque produjo un sonido aterrador.

“La hora de la serpiente”, anunciaron a coro numerosos sirvientes al son del tañido de una campana de oro. Recorrían a toda prisa los infinitos pasillos de palacio, limpiando a su paso el suelo con una maniobra bien coordinada. Ajenos, por orden del emperador, a cualquier eventualidad que tuviera lugar en palacio.

Unos pisos más arriba, en un lago carmesí, Masao y su hermano descansaban tendidos en el suelo. Uno, con el filo de una katana asomando por la espalda, otro, con un pesado cinturón sobre el deformado cráneo.
Haiku de despedida
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El frio le calaba, era un frio en el que la humedad era la protagonista y su papel en la obra era hacer que se te helara hasta el tuétano de los huesos. Sin embargo, no temblaba por el frio. Ese era el precio que paga el cuerpo por emplear adrenalina. Y todo era culpa de ese bastardo.

Tenía un duelo al atardecer con nada más y nada menos que el mejor guerrero de todo Japón, ya era de noche y no había aparecido. Había oído rumores de que solía hacer eso en sus duelos, se presentaba horas más tardes para desgastar físicamente a sus contrincantes, pero considero que no eran más que habladurías, un guerrero de tal calibre no podía emplear una táctica tan rastrera. Se equivocó.

Su cuerpo se había enfriado. En el momento de atardecer, todos sus sentidos estaban a plena capacidad, sus músculos se habían abierto paso por las bajas temperaturas y estaban cálidos, flexibles y preparados para reaccionar en cualquier momento, su mente sosegada ante la inminencia del duelo y la posibilidad de un destino fatal. Pero ahora, varias horas después…era todo un desastre. Sus sentidos estaban embotados, un zumbido en sus oídos le hacía perder la concentración, sus músculos fríos se sentían como una rama seca a punto de romperse y lo peor de todo era que la impaciencia le carcomía. Su oponente no se había presentado y ya estaba ganando.

Para intentar calmarse, recurrió a refugiarse en un recuerdo apacible. Su mente lo transportó a la época en que ganó su primer duelo. Era joven y su oponente no tanto. Había nacido con unos reflejos afiladísimos, era un don que poca gente tenía. La maestría y la dedicación pocas veces podían competir con un cuerpo nacido para luchar. Había pasado gran parte de su corta vida trabajando en el campo con su padre, que era su única compañía, su madre había muerto hace tanto tiempo que recordarle no le dolía. Él ocupaba gran parte del tiempo realizando las tareas que su padre le asignaba, las pocas horas del día que le quedaban las empleaba en pasear por las montañas del valle en el que vivía y del que nunca había salido. Era invierno cuando llego un samurái a su villa, recordaba muy bien el frío y el hambre que tenía. El hombrecillo gris que era su padre le dijo que no se acercase del guerrero, que esa clase de gente solo traía problemas. A él no le importaba mucho, no quería problemas así que no iba a causarlos. Se dirigía a la vivienda de un anciano que por alguna razón siempre tenía leña seca, era una persona agradable, más alegre que su único familiar. Cuando aún era pequeño, le gustaba ir a su casa, le contaba divertidas historias que a veces contenían alguna palabrota y en más de una ocasión le dio un cuenco de arroz caliente, cosa que le sentaba de maravilla al desatendido estomago de un niño. Estaba oscureciendo cuando llegó a la cabaña de su anciano amigo y escuchó por primera vez al apacible viejo alzar la voz, se le oía preocupado. Llamó por su nombre y de repente hubo silencio. Un desconocido abrió la puerta, el anciano estaba detrás, llorando. No entendía muy bien que estaba pasando, pero quien abrió la puerta no paraba de empujarle, gritándole que se marchase. Cuando iba a ser empujado por cuarta vez, un puñetazo voló a la cara del extraño, fue un acto reflejo, un derechazo limpio que se hundió en el tabique de su agresor. Sintió como sus nudillos aplastaban el cartílago. Se oyó un clac y el propietario de una nariz muy perjudicada cayó al suelo. De repente había vuelto muy feo a uno de los mejores guerreros de la zona, quien resultó ser el hijo de su único amigo, y estaba delante de él. Extremadamente enfadado, con una katana desenfundada le retaba a un duelo. El anciano le suplicaba que dejara al chico en paz, que aceptara disculpa, que no luchara contra él, que ni siquiera era propietario de un arma. El guerrero le ignoró sin parar de gritar. Mucha gente había salido de sus casas atraídas por el ruido. El samurái pateo un leño hacia el chico y exigió que se defendiera. Su padre de rodillas le decía que no matara al joven, quien cogió el leño sin saber muy bien qué hacer. Su supuesta arma era la mitad de larga que la katana de su repentino enemigo. Una espada volaba hacia él, se le acercaba por izquierda, le iban a rebanar el estómago. TAK. Había sido lo suficientemente rápido para interponer el leño en la trayectoria de la espada y esta se había hundido en él hasta la mitad. Tiró hacia él, agachó la cabeza y estampó la coronilla contra el tabique de su enemigo. El samurái perdió el conocimiento. Ahora el chico era propietario de un leño seco y una katana. El viejo le dijo que huyera lejos, que se quedara con la katana, pues la iba a necesitar. Y así lo hizo, pero no sin antes coger un par de leños más y dárselos a su padre.
Su oponente aún no llegaba, se acercó las manos a la boca e intento calentarlas con su aliento. Dio saltitos, movió los brazos, hizo sentadillas. Necesitaba sus músculos calientes. Desenfundó su katana y su wakizashi para practicar un poco, con movimientos lentos, poniéndole el máximo cuidado posible a cada una de las espadas. Su mente distraída fue a refugiarse en otro recuerdo.

Habían pasado tres meses desde que tuvo que huir de su poblado. Sabía desenvolverse en las montañas. Su padre era un hombre poco hablador, siempre que abría la boca era para darle información útil. No le había proporcionado mucho cariño, pero sí que le había enseñado a cazar, a elaborar trampas para conejos, a improvisar un arpón con bambú para pescar en el río. Con cuatro años había aprendido a encender un fuego; con seis se sabía el aspecto de la mayoría de las setas y tubérculos que crecían en las montañas, cuáles podía comer y cuales eran extremadamente peligrosos; con diez cómo rastrear un animal; con doce cómo habilitar una zona en el bosque para refugiarse; con catorce había cazado él solo su primer jabalí. El frío no era problema, cuando le dejó los leños a su padre tomo un abrigo grueso que le había regalo su anciano amigo. La katana del guerrero le facilitaba mucho la supervivencia, pero tras tanto tiempo usándola, cual simple cuchillo, estaba perdiendo el filo y el óxido la empezaba a envolver. Había pasado una noche extremadamente mala debido a la fiebre y se había dormido junto a la hoguera, que ahora no era más que restos humeantes. Había varias personas en su campamento, probablemente atraídos en mitad de la noche por la luz del fuego. Al verlo despertar, los desconocidos, que llevaban armas pero no las desenfundaron, se les acercaron y el joven intento levantarse. Sin embargo, la fiebre lo había dejado débil y lo único que consiguió fue emitir un gruñido. Los guerreros (al menos eso creía el chico que eran) no parecía que tuviesen intenciones de hacerle daño, su aspecto resultaba incluso amigable. El mayor de ellos se agachó cerca del muchacho y le habló. Eran los guerreros del mismo señor al que servía el samurái que había derrotado en su poblado. Le proponían que sirviese al señor, pues su victoria había llegado a los oídos de mucha gente. El joven que había con un leño a un samurái entrenado era una historia que se había esparcido como la pólvora. Aceptó. Su vida había mejorado de golpe.

Su mente se despejó, a lo lejos vio que alguien se acercaba. Miyamoto Musashi, considerado por muchos el mejor guerrero de Japón, caminaba hacia él. Su corazón se aceleró, y sintió el subidón de adrenalina que hizo que el dolor de cabeza que tenía pasara a un segundo plano: el frio desapareció. Una onda de calidez, cuyo epicentro era su desbocado pecho, recorrió todo su cuerpo. El oponente llegaba muy tarde, pero sintió que estaba preparado para luchar. Y entonces Musashi se sentó a un lado del camino, saco comida de su petate, comenzó a comer lentamente e incluso saludó desde lejos. Qué hijo de puta. El chico casi rio, con resignación le devolvió el saludo y comenzó a aproximarse a su oponente. Por el camino volvió a recordar…

En el castillo del señor se le proporcionó una vestimenta y un bokken con el que entrenar. Su señor resultó ser una persona agradable. El más viejo de los guerreros que le había encontrado en el bosque iba a ser su maestro. Era un guerrero formidable y en su primera lección lo desarmó todas las veces que intento atacarle. Le caía bien, le recordaba al anciano de su poblado porque también le contaba muchas historias. El joven no era muy hablador, resultaba hasta tímido, apenas asentía en señal de atención y a veces sonreía cuando le contaba alguna anécdota curiosa. En un año desarrolló más afecto por su maestro que por su padre. Y también, tras ese año de riguroso entrenamiento logró derribar por primera vez a su maestro. El momento más feliz de su vida fue cuando, tras una ceremonia en la que participaron todos sus compañeros, su maestro y tutor lo llevó al herrero para que forjase su katana. Era preciosa, no tanto por su aspecto sobrio, sino por todo el trabajo que había requerido ganarse ese objeto. Al día siguiente agradeció a todo el mundo que había intervenido en su educación y animado por su señor, partió a recorrer Japón. Dos años dedicó a peregrinar por el territorio, tiempo en el que había amado y sentido el placer que otro ser humano le podía ofrecer con sus caricias. Tiempo también en el que disfrutó por igual de la música y el arte de la caligrafía. Su corazón se había abierto a tantas personas y sensaciones como pudo. Nunca dejó de practicar con el bokken que siempre lo acompañaba, su katana sólo se había desenfundado una vez, pero ni siquiera probo sangre, simplemente necesitaba un método de disuasión y resulta que una pieza de metal extremadamente afilada tenía ese efecto. Acabar con la existencia de un ser humano no le parecía algo de lo que enorgullecerse…

Ahora se estaba planteando darle una muerte lenta y dolorosa a Mushashi. El mejor guerrero de Japón le sonrió, estaba tranquilamente masticando su alimento, los mofletes llenos de comida le daban el aspecto de un niño gordo y feliz. El joven inclino la cabeza en modo de saludo, su impertinente contrincante emitió un gruñido a modo de respuesta y se levantó. Ahí estaba, delante del joven se encontraba el mejor guerrero del país, sacudiéndose las manos y preparándose para el inminente duelo. El chico tomo aire profundamente, los pulmones se le llenaron del frescor de la noche, reconfortándolo. Exhaló, a medida que el pecho se vaciaba su mente se serenaba. Un cosquilleo le recorría las manos, subió por los brazos, cruzo su cuello y llegó a los labios que formaron una sonrisa. Estaba en Paz.
La peregrinación por Japón le llevó de vuelta a su pueblo. Ahí se encontró con un padre mucho más viejo y triste, le abrazo por primera vez en su vida. Nunca había visto a ese hombre llorar, tampoco le había oído nunca hablar tanto y tan animadamente. Le puso al corriente de lo que había acontecido en el pueblo en su ausencia. Su viejo amigo enfermó poco después de que el chico partiera, murió al tiempo consumido por las fiebres. La noticia le entristeció bastante y por primera vez sintió orgullo hacia su padre, pues este al parecer había dedicado el poco tiempo libre que tenía en proporcionarle cuidados al anciano. Padre e hijo hablaron largo y tendido. El chico oyó por primera vez como su madre llego a la vida del hombre, también oyó por primera vez de su abuelo quien resultó ser un guerrero que asaltó y violó una niña, que acabaría engendrando a la madre del joven. Se enteró de lo dura que había sido la vida para la rama materna de su familia. Cuando agotaron los temas de conversación, ambos se dedicaron a trabajar la tierra. El hombre, también por primera vez, agradeció la ayuda del hijo. El chico partió temprano del pueblo, le dejo a su padre todas las monedas que llevaba encima y se despidieron con un abrazo. La mirada que le dedico el hombre que lo había criado, la más triste que había visto jamás, le acompañó varios días por los solitarios campos de arroz que rodeaban el valle que lo había visto nacer.

El rival estaba ya preparado, les separaban unos pocos metros. El mundo se empezó a desdibujar a su alrededor, tomó aire. Separó las piernas, busco estabilidad, soltó el aire. Estaba cubierto de los pies a la cabeza por el sudor más frio que había sentido en toda su vida, tomo aire. Se dio el lujo de cerrar los ojos por dos segundos, soltó el aire. Buscó la empuñadura de su katana con una mano, con la otra busco la vaina, tomó aire. Empujó el guarda mano con el pulgar separando sable y funda ligeramente, soltó el aire. Esperó, por la posición de Mushashi, dedujo que este iba a atacar primer. Su contrincante se lanzó a por él, tomo aire.

Desde que su maestro le instruyó en el uso de la espada no había parado de practicar una técnica. Durante varios años, todos los días, dedicaba a ese movimiento horas. Los músculos habían asimilado la técnica perfectamente, su mente la ejecutaba con la misma normalidad con la que respiraba. El movimiento consistía en desenfundar rápidamente el sable realizando un corte diagonal que si alcanzaba al enemigo acabaría con él al instante. La katana recorrería todo el torso del contrincante desde la cadera hasta el hombro, destrozando por el camino varios órganos.

Mushashi entró en el rango de su espada, el chico soltó el aire y cuando la última molécula de oxigeno abandonó los pulmones, desenfundó el sable. Fue un movimiento rápido, tan técnicamente perfecto, tan preciso que resultaba bello. La katana no encontró carne, el mejor guerrero de Japón había logrado desviar con un bokken la espada. Para el chico, todo ocurrió muy lentamente a partir de ahí. El arma de madera de Mushashi se había partido por la mitad, el joven había cortado con su técnica la legendaria espada de entrenamiento de su enemigo e incluso vio sangre que brotaba de una herida en la cara de su rival, pero este no detuvo su ataque. Como si todo fuera parte del mismo movimiento, el legendario samurái se apartó del sable del joven, sable que había perdido la mayoría de su fuerza y solo se movía por inercia…

Y todo se apagó, el mundo del joven desapareció, no podía respirar, se estaba ahogando con algo que caliente y que sabía como olía el óxido de las viejas herramientas de su padre. Supuso que era sangre. El pecho le ardía, sentía como si algo extremadamente pesado y al rojo vivo estuviera desgarrando su pecho. Era un dolor increíble, pero extrañamente soportable, estaba en un segundo plano. Había perdido, Musashi le había matado clavándole en el pecho lo que le quedaba de la espada de madera. Quería decir algo pero solo logro emitir un ruido parecido al que hacia el caldo espeso al hervir. Sintió a su rival cerca. Le invadieron unos temblores incontrolables. Sintió en un acero frio cortándole el cuello, sintió como la sangre brotaba por la herida. A medida que la sangre se derramaba, el chico se iba sintiendo mejor, los temblores remitieron…

Y la nada lo recibió, la oscuridad le engulló y el silencio le acompañó.
Una palabra
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Negro

Una fría noche, con la luna resplandeciente en medio del cielo, una mujer y un hombre se movían con celeridad. De modo clandestino, ya que sabían lo que pasaría si los encontraban. Había preparado una pequeña choza en un bosque de bambú aportado de la bulliciosa ciudad o de otros pueblos montañeros. Libertad natural para su pequeño, y sobre todo libertad psicológica.

-Yuuki, de veras crees que no pueden encontrarnos en este remoto lugar. Sus brazos son muy diversos y alargados…

-Esta es nuestra mejor opción. Prefiero esto a quedarme quieto a ver cómo corrompen a nuestro fruto. No te preocupes, Mitsuki, estamos haciendo lo correcto. Oigo pisadas en la negrura! Rápido, escóndete en las sombras!

Los dos se abalanzaron hacia un sitio lo bastante ensombrecido, lejos de la luz de la luna, reflejada en una parte del bosque donde aparecieron en el acto 5 hombres con ropas poco ortodoxas, hechas para camuflarse con el ambiente.

-Tienen que estar por aquí cerca, usar todos los sentidos de los que disponéis para detectarlos. - Proclamó el que parecía el líder de todos ellos por algunos mínimos rasgos distintivos.

Asintieron con un leve movimiento de cabeza los 4 restantes.

- Cuando los encontremos, si todavía no ha dado a luz quiero que extráigais al bebé de la madre, le sacaré las tripas y lo colgaré de la puerta de su casa para aleccionar a los demás del peligro de desobedecer a la Tokugado.

-Parece que nuestro hijo tiene prisa por venir al mundo, Yuuki. En el momento más inoportuno, como su padre suele hacer -Dijo con gran ternura.

La mujer había roto aguas en aquel preciso instante. Lo que para cualquiera hubiera sido signo de felicidad para ellos no era más que otro problema.

-Maldita sea! Mitsuki, te voy a pedir algo irrazonable, pero hagas lo que hagas no aulles dolor, ese momento será nuestra perdición.

Mitsuki apretaba con toda su convicción pero desde sus adentros un grito buscaba salir con toda su fuerza.

-Muerde mi mano!

Yuuki puso la mano dentro de la boca de ella para paliar su sufrimiento. Mientras los perseguidores cada vez se acercaban más a su zona, el dolor le azotaba más todavía. La mano de Yuuki sangraba, los ojos de Mitsuki lloraban. El crío ya casi estaba fuera. Con un último esfuerzo sobrehumano, salió hacia el mundo.

-Ya está Mitsuki, lo has conseguido! Es un niño!

Pero nada más que el vacío respondería a las palabras de él. Mitsuki ya estaba muerta, el intenso dolor, sufrimiento y la gran cantidad de sangre perdida la había producido.

-Tch. En esta zona no hay nada, continuemos más adelante, seguramente habrán ido hacia el oeste, la jodida noche imposibilita seguir sus pisadas…

Pero en ese momento un sollozo infantil hizo que se pararan. El niño había comenzado a llorar, ante el pálido rostro de su padre, conmocionado por la muerte de su amada.

-Así que estabas aquí desgraciado, escondiéndote como una rata en lo más espeso del bosque-Dijo el mandamás apareciendo por detrás de él mientras echaba un vistazo a la situación.-Veo que tu mujer ha muerto.Tranquilo, tu le sigues dentro de poco. Ya jugaré yo con tu hijo, me lo voy a pasar de miedo! Jajajaja -Se rió secamente. Adiós, trozo de basura inmunda.

En ese momento, las 5 espadas le atravesaron por varios lugares vitales. Antes de que cayera al suelo, con un movimiento veloz y preciso el superior le cortó la cabeza. Después, se acercó al chiquillo, el cual estaba lleno de sangre y había parado de llorar.Lo cogió por una pierna, lo alzó y le dedicó unas palabras con desdén:

-Mírate, estás hecho una porquería.Tus padres,unos traidores asquerosos, no son cadáveres sin vida. Pero nosotros no somos los únicos asesinos, tú has matado a tu progenitora. Desde el mismo momento de tu nacimiento no tienes nada. Ya no perteneces a este mundo desde que tus padres lo abandonaron. Y como de la mierda sale más mierda, no te queda más remedio que hacerme el favor de morir. Lo hago por tu bien y el común.

Una brisa recorrió el bosque de punta a punta, acompañada de un sonido metálico. Una hoja de Katana reflejo la luna en su filo. Tal como el agua fluye a través de un río, un natural y armonioso movimiento fue sesgando vidas hasta pararse suavemente en un cuello. Un hombre con kimono y pelo largo marrón lustroso se había detenido en esa estación. El hombre que sostenía al niño estaba anonado, aceptando y adaptándose todavía a la situación.

-Has dicho que este niño es basura, pero lo único que yo veo es un mosquito intentando arrimarse a un pequeña luz. Y mi deber es evitarlo.

Retiró su espada y la envainó, llevandóse una vida y dejando a tras un fuerte ruido proveniente del suelo.

-Lo siento,Mitsuki.Lo siento Yuuki, no he llegado lo suficientemente temprano para salvar 3 vidas en vez de 1. Quemaré los cadáveres junto a la choza.

Dirigió su mirada hacia el bebé y entonó con dulzura:”Bienvenido, Sei”

Aquella noche, hasta la luz lunar se bañó en sangre.

Negro:Parte 2

Al mismo tiempo, otra mujer en otro lugar del país tuvo un hijo. Ese niño se llamaba Ningyo. Al cabo de corto tiempo, hicieron acto de presencia individuos que representaban a cierta organización.Se lo llevaron, lejos de su familia y del amor que te concede. A aquel lugar le llamaban “La Fábrica”.

Miles de niños, educados hasta los 16 años, residían, comían y estudiaban en ese lugar. Todo era normal, excepto que había una palabra que era excluida de todos los libros de texto, carteles o discusiones. Pero todo cambiaba cuando se llegaba a los 12 años. Ningyo, que había vivido toda su vida allí, estaba asustado, grandes rumores y leyendas corrían por esos lares, pero siempre que se les preguntaba a los mayores, algunos decían que eran “tonterías infundadas” y no había nada de lo que preocuparse, otros evitaban hablar de ello. Pero la realidad es que de los 12 una gran cantidad de gente que había visto de más edad que él había desparecido.Los responsables del sitio decían que ya estaban “ preparados” y había llegado el momento de tener familias. Ese mismo dia Ningyo la cumplía

Vinieron a buscarlo a su habitación a la semana de su cumpleaños. Solamente se trataba de unos hombres que eran “muy simpáticos” haciéndole preguntas de diversa índole mientras escribían en una hoja con esmero. Eso le calmó de gran manera.

Una noche de la siguiente semana se despertó en una habitación vacía. Estaba sentado en una silla, con ataduras metálicas de pies y manos. No podía moverse.Tenía una extraña máquina con agujas delante de él. Miró alrededor. Se quedó helado, hasta notó que el corazón se le paraba un instante. Figuras humanas, vestidas enteramente de blanco, con una máscaras del mismo color con tan solo la palabra “Moral” escrita en ella. Había un total de cuatro, cada uno a una esquina del salón. Repetían incesantemente una sola palabra al unísono, sin cesar. Al mismo tiempo, la máquina le clavaba agujas de 2 cm de grosor por todo su cuerpo. Gritaba de dolor, mientras el eco de esa palabra rebotaba de un lado a otro de su cerebro. Cada noche lo mismo, con diferentes torturas. Ahogamiento, quemaduras, latigazos, golpes...Con el mismo sistema, mecánicamente durante diversas horas. Lo extraño para él es que por la mañana se levantaba en su habitación, sin ningún rasguño. La explicación que le dio el psicólogo fue “ pesadillas producidas por algún tipo de estrés el cual no se la causa. No te preocupes, ya pasará”. Pero no pasó.

Sus amigos desaparecían, hasta que un dia dejo de preocuparse por ello.

Ningyo cumplió los 16 años, y le estipularon una familia en condición a su rendimiento académico, moral y social. Era una buena familia,pero muy pobre que vivía en las afueras de la capital. Los comenzó a apreciar gradualmente dado a su gran trato y que nunca le faltará un trozo de pan que llevarse a la boca a pesar de lo humildes que eran económicamente.

Un día iba de compras con su madre, le avisó que debía ir un momento a por un valioso producto que codiciaba y que estaba casi agotado, se le había olvidado. Fue corriendo, llevado por sus ansias de tenerlo entre sus manos y disfrutarlo. Pero se desestabilizó debido a una piedra en el camino.

-AYYYY, maldición, que daño me he hecho. Quién habrá sido el estúpido que ha dejado esta roca en el cam….-Vió algo raro en su raspada rodilla. Eso era su piel eso? Era extraña, como un objeto ajeno a su cuerpo. Estiró un poco y observó que no producía dolor. Se decidió a pegar un tirón. Heridas.Muchas heridas de todas clases. Miles recuerdos le golpearon la cabeza dejándolo atónito y en estado de shock. El sueño se había vuelto realidad. Un ruido de alborto y desesperación se colaba desde el horizonte urbano.

Gris

Un pequeño pueblo al sur del país, un lugar poco habitado, caminaba un joven de 16 años cargado con cubos de agua. Iba silbando, arte el cual su maestro Ryu le había enseñado, además de manejar la katana y buscar recursos en la naturaleza. Era un muchacho jovial, pero muy inteligente, superior a la media.Y eso Ryu lo sabía.Sei vivía en una choza que estaba cerca de una cima montañosa. Dentro, sentado en salón estaba su maestro esperándolo.

-Ya estoy aquí Ryu, traigo el agua como me has pedido.

-Haber cuando aprendes a hablarme con un poco más de respeto, mocoso.

-Si claro.¿Como está la situación en el norte?¿Ya has hablado con Hitsu?-Dijo con energía.

-No es tan fácil como piensas, te falta mucha experiencia vital. La gente cree en unos principios que se les ha enseñado desde pequeños y un cambio de miras no es tan sencillo. El proceso de convencimiento ha de ser lento pero seguro, efectivo y duradero.

Un incómodo silencio se apoderó del lugar.

-Sei,siéntate. Sabes que cumplidos los 12 te conté tu procedencia y lo que pasó la noche de tu nacimiento, pero creo que ya es hora de que te cuente qué es lo que le ha sucedido a este país durante los últimos años, cuáles son las condiciones que nos han conducido a este Estado totalitario de represión, como ya bien sabes. A veces hay que hacer grandes sacrificios. La noche del fallecimiento de tus padres-Sei entristeció su expresión de inmediato-Quemé prácticamente el bosque entero para ocultarte, a ti, matando centenares de plantas, animales y quién sabe si alguna persona a parte de los asesinos de tus padres. Pero ten seguro que arderé en el infierno con la conciencia intranquila, pero pensado que he hecho lo correcto.Tus padres me lo pidieron, soy un hombre de palabra y cumplo mi palabra. Pero es hora de que despegues, eches a volar y afrontes tu destino.Escucha atentamente...

Sei escuchó el relato, sin perderse un ápice y atento a cada detalle que se le pudiera escapar. Ryu acabó con un suspiro.

-Nunca he estado de acuerdo con mi destino, no le guardo rencor al que mató a mis padres ni al que mandó matarlos. Si he aprendido algo estos 16 años de mi vida observando es que el odio incita a más odio. Desearía vivir tranquilo en este bosque por el resto de mis días.Quiero dejar mi pasado atrás y dejar mis obligaciones con ello.

Ryu,observando a Sei, se quedó pensativo. Él sabía que para convencer a ese muchacho hacía algo más que buenas palabras.Ya lo había previsto.

-Sei, prepara tu montura. Nos vamos.-Dijo mientras se levantaba

-¿Donde? Acabo de venir y estoy bastante cansado, un descanso no me vendría nada mal...

-Deja de quejarte y ves a por tu caballo.

Se dirigían hacia la capital. Sei se extraño ya que en muy contadas ocasiones había ido a ella a buscar algunas provisiones necesarias, pero siempre encapuchados y con excesivo cuidado.

Era tal como recordaba al bajarse del caballo: Había guardias por todos los lados, expectantes vigilando cada movimiento, cada transacción y conversación;la gente, acaudalada y con buenas ropas conversando sobre temas anodinos; edificios pomposos y un gran palacio que remataba el inmenso lugar lleno de despilfarro y superficialidad.

-Ahora vas a ver hasta donde llega la influencia de Shi. Escucha muy bien mis palabras finales y recuerda: hay armas más poderosas que el hierro o el acero, y hay daños peores que los físicos.

Ryu se dio la vuelta y caminó hacia una muro. Antes de llegar, se paró, pero nunca llegó a darse la vuelta. Se dirigió hacia la alto escalandolo y se detuvo, direccionandóse hacia un borde en el cuál debajo yacía el mercado y una gran cantidad de gente. Los guardias se dieron cuenta de la situación gracias al crujido de las tejas.

-Bájese ahora mismo de ahí, si no quiere tener un problema grave, ciudadano-Le insistió un guardia. Pero Ryu nada más que se quedó contemplandolo sin decir nada.-Preparad las ballestas!-Todas las balletas apuntaron hacia él. Sei sabía que algo malo iba a pasar, pero se había quedado en blanco.No sabía que hacer.- Si baja ahora solo le cortaremos alguna extremidad-. Entonces se quitó la capucha con las dos manos, mostrando su rostro.

-Es el dragón fugaz… Es Ryu Akai! Dicen que los último que ves cuando te mata es la sangre en su espada del anterior víctima!


-Ryu, baja de ahí por favor! No, Maestro Ryu! No sé en qué estas pensando, pero ya he perdido bastantes cosas valiosas para permitirme otra más. Si lo estás haciendo para acongojarme, de acuerdo, cumpliré con mi misión, pero bajé de ahí!

Pero Ryu hacia tiempo que había dejado de escuchar. Abrió los brazos, cerró los ojos y proclamó a los cuatro vientos:

-Solo Sei y Ryu tienen cabida en este mundo.

El silencio sepultó el ruido con violencia. Pero fue un silencio escaso, de una milésima de segundo. En la siguiente milésima volaron las flechas que atravesaron el cuerpo de Ryu como si fuera mantequilla, provocando explosiones cromáticas de un rojo pasión. Ryu cayó con una sonrisa de alivio dibujada en el rostro. Sei tenía los ojos en blanco. Pero fue una chispa que encendió una llama muy poderosa. Llenó de rabia incontrolable y los ojos fuera de sus órbitas sacó su Katana, la cual chilló dispuesta a capar almas al desenvainarla.

Un ataque furioso sin control, desgarraba estómagos y rajaba cuellos. Percutía cabezas y tajaba miembros. Una ira desmesurada contra los ejecutores de su maestro, su padre, y sobretodo, su única familia. Cada vez que atacaba con su espada, iracundo, lo hacía también con todo su corazón, el cual era una locomotora sin control apunto de estallar.” Capturadlo, puede ser uno de ellos!” se escuchó del guardia. Notó un fuerte golpe en la nuca y cayó al suelo. Pero de lo que no se había dado cuenta Sei era de lo que pasaba a su alrededor.

Gris: 2 Parte

Ningyo no entendía lo que pasaba a su alrededor, venía gente corriendo asustada de todas direcciones, pero ya tenía bastantes problemas con su nuevo descubrimiento. Detrás suyo aparecieron individuos con katanas, pero no llevaban el uniforme tradicional de los guardias.

-A por ellos! No dejéis ninguno con vida!- Gritó uno de ellos.
Cantidades ingentes de personas cargaron contra los guardias y la gente de ciudad, mientras otras actuaban extraño, como gritando despavoridos o dándose cabezas contra el suelo incesantemente, abriéndose la cabeza en el proceso. Estaban en shock, atemorizados como si hubieran visto o oído algo que les hubiera horrorizado. Pero este hecho paso velozmente por la cabeza de Ningyo, el cual por suerte llevaba ropas sencillas. Uno de estos hombres se le acercó apuntándole con una espada.

-Esa katana que llevas y esas ropas...no eres como esos peces gordos de la ciudad. ¿Eres uno de los nuestros?- Ningyo, motivado por los actos pasados de sus educadores, decidió aceptar la pseudoinvitación.

-Si, como no.- Respondió sin vacilación.

-Pues date prisa que vamos a tomar el palacio y la cabeza de Shi. Te vas a perder lo mejor!

Ningyo acompañó a el “ejercito rebelde” sin rechistar, viendo como se abrían paso hasta el palacio entre sangre, vísceras y muerte. Entraron al palacio del emperador de igual manera, arrebatando vidas sin ninguna consideración. Al pasar por al lado de las celdas, Ningyo escucho un golpeteo. Paró en seco. Dado su curiosidad, y pensando que algún inocente podría haberse quedado allí.

Entro despacio, como tanteando el entorno lúgubre y húmedo de aquella sala. Al fondo, en una celda a la esquina, vió un joven de su misma edad. Parecía que sus ojos no encontraban alma con el que rellenarlos. El joven lo miró.

-Cómo te llamas?-Preguntó Ningyo

Después de un rato largo contesto:

-Sei, y no me importa como te llamas tu, realmente, lo importante es que haces aquí.

-Fui llevado por la emoción general, supongo, jejeje.

-Vete.Te matarán.

-Si me voy y no te liberó quién acabará muerto eres tú -reclamó Ningyo

-Ya no me importa. Han matado a la persona más importante para mi en este mundo, mis padres fallecieron antes de que los conociera. Nunca he tenido amigos desde que nací, ya que vivo en un lugar muy lejano en el cual no hay nadie. He perdido mi lugar, si es que antes lo tenía.
Ningyo, ante tal afirmación abrumadoramente pesimista se sentó enfrente suyo y afirmó con determinación:

-No, no has perdido tu lugar en este mundo. No nacemos por ninguna razón, pero nosotros mismo somos los encargados de darle significado, de escribir nuestra historia. Nunca has tenido un lugar. No conocía a tu maestro, pero seguramente te intentaba enseñar a encontrar ese significado. No dejes las muertes de tus seres queridos fueran en vano. Honralas.

La luz se encendió en los ojos de Sei. Volvió en si, su llama interior revivió encontrando un perfecto equilibrio. Ningyo lo liberó, pero no solo físicamente.

-Quién eres?-Le preguntó Sei cuando Ningyo se estaba marchando.

-Solo soy un muñeco. Un muñeco que acaba de cortar los hilos de su marionetista.

Sei se quedó pensativo. Sabía que volverían a encontrarse.

Blanco

Sei estaba delante de la puerta,una puerta que decidiría su destino. Primero fue un suspiro, después de decidió a abrirla. Una enorme sala estaba delante suyo. Y una figura de espaldas la presidia.

-Presentía que alguien vendría al fin para terminar conmigo. Pero no va ser tan fácil, soy el mejor espadachín de todo el país y uno de los mejores del reino.

Se giró de repente, mostrando su rostro. Le faltaba la nariz y los labios. Sei ni se inmutó.

-Eres la primera persona que veo que no le molesta la presencia de mi rostro. Desenvaina. Veremos si eres tan bueno controlando la katana al igual que la calma.

-¿Quién ha dicho que he venido aquí a pelear?-Su rival le miró extrañado-Shi.Cuanto he oído hablar de ti. Asesino indirecto de mis padres,creador de la Tokugado la cuál se ha hecho con este país. Un pasado trágico, sin ninguna duda, el que te llevó a unirte a una banda de saqueadores en la que fuistes ascendiendo, absorbiendo otras bandas y creando lo que es hoy en dia.

-¿Como sabes tanto tu de mí, mocoso?

-Simple, ¿te suena el nombre de Ryu? Claro que sí, antiguo integrante de tu banda que se retiró de ser un malhechor para residir en el país actual.

-¿Que…?

-¿Por que prohibiste esa palabra, Shi? ¿Lo que te da miedo realmente no es esa palabra verdad? Es la muerte lo que te da miedo. Te provoca pavor morir, después de ver sufrir a toda la gente de tu aldea…

-Cállate, mocoso de mierda…!

-Tienes miedo a vivir, Shi. Porque ello provoca la muerte. Sin VIDA no hay MUERTE. Lo cuál nos lleva a la represión de la palabra. Crear un estado totalitario y sumiso, quitar a la gente sus motivaciones, sus ganas, su fuerza de voluntad, condicionandolos. Quieres que sean como tu bastardo! Pero es imperdonable, y ya es demasiado tarde para ti- Shi no sabia que decir, estaba aterrorizado y atónito.-¿Crees que te matarán rápidamente con todo lo que has hecho? Vas a descubrir que hay algo peor que morir, y es vivir en desdicha y continuo sufrimiento. Paga por tus pecados, Shi. Esto no es nada más que rendición de cuentas.

Sei se dio la vuelta y caminó hacia la entrada de la habitación, sabiendo que Shi no lo iba a atacar porque ya lo había desarmado.

Sei se dió cuenta de que esto nada más era el desenlace de una historia que había sido forjada durante muchos años. El no era el que cazó al animal, si no el que lo remató.
Después de escuchar el desgarrador grito de Shi, cerró de un portazo.
[center]Alas Blancas[/center]
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Era una mañana gélida y oscura de invierno. La nieve llegaba hasta las rodillas a los niños que salían a corretear por las callejuelas de la aldea mientras sus madres preparaban el almuerzo con el poco arroz que quedaba. La cosecha no había sido buena y en esta época tan difícil del año se estaba comenzando a notar la falta de recursos tan característica de la mayoría de pueblos situados tan al norte en las montañas.
Ginzo abrió las puertas del dojo. Llevaba ya varias horas en pie, dejando el suelo de madera brillante y preparando el material para sus alumnos, que llegarían tan alegres como de costumbre. Una mañana normal en un día normal de invierno. No era una vida fácil, pero era una vida feliz. Mucho más feliz de lo que algún día pudo haber imaginado. Mucho más feliz de lo que fue durante muchos años.
Con su habitual vestido negro, la cabeza brillante y un espeso bigote posado en su chueca sonrisa, Ginzo recibió a los dos primeros chicos que llegaron. Tenían la piel roja y estaban temblando. Las ventiscas llevaban varios días azotando la aldea y no parecía que fuesen a dar una tregua, sin embargo, ambos chicos sabían que el esfuerzo de asistir a las clases de esgrima de aquel viejo cascarrabias valía la pena por mucho frío que hiciese. Al fin y al cabo, eran norteños, estaban acostumbrados. En un intervalo de escasos minutos llegaron 3 chicos más.
Ginzo reunió a los estudiantes en el centro, que se sentaron a una distancia prudencial de su maestro, pero bastante cerca los unos de los otros. Entre los cinco chicos y el maestro apenas ocupaban una pequeña parte del dojo, que era grande y frío, y en días como aquel, estas condiciones hacían que Kisuke se olvidase de que Seijiro le había dicho el día anterior que sus brazos eran como los de una niña, o de que Toyo y Yasuke se habían peleado por haberse hecho daño practicando con la espada de bambú.

Hoy va a ser un día especial. Como podéis observar, falta la mitad de la clase y sois impares, así que no vamos a entrenar con las espadas. En lugar de eso, voy a contaros una de mis aventuras cuando era más joven y me ganaba la vida utilizando mi espada. Ocurrió hace muchos años en un pueblo muy lejano, donde los hombres pasaban todo el día en el mar, pescando para alimentar a sus familias, y ninguno de los niños de vuestra edad sabía qué era la nieve o incluso el frío. Poneos cómodos y escuchad con atención.

Estas fueron las últimas palabras que pronunció Ginzo. Los chicos se levantaron rápidamente gritando el nombre de su maestro, entre sollozos, que se había desplomado súbitamente contra el brillante y frío suelo de madera. Cada uno de estos cinco chicos recordaría este momento por el resto de sus vidas.
Sin embargo, lo triste de esta historia no son las condiciones en las que Ginzo muere, sino el egoísmo puro que nace en cada uno de los cinco alumnos. ¿Cómo continuaba la historia que estaba contando? ¿Cómo se entretendrán en lo que resta de invierno? ¿Cómo van a mejorar ahora con la espada? ¿Por qué nos ha hecho esto? Qué mala persona había sido Ginzo, teniendo que morir justo en ese preciso momento.
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Re: Relatos a votar 2: Japón feudal

Mensaje por Javisba »

El samurai del cielo azul
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Amanecía con el cielo despejado. Los pétalos de cerezo danzaban a través de los árboles y uno de ellos se posó sobre la nariz de un joven tumbado sobre la fresca hierba. Se despertó al instante tras oler el dulce aroma del pétalo. Era un hombre de unos veinte años, aún joven pero lo suficientemente mayor como para ser guerrero. Tenía el pelo largo recogido en un moño, los ojos castaño y la forma de la cara en diamante. Vestía un hakama, un pantalón largo gris con pliegues y un haori, una especie de chaqueta negra.

El chico se levantó y alcanzó su katana. Tenía el mango verde y un diseño con cuatro pétalos antes de la hoja. Y la funda llevaba incrustados diseños circulares alternando blanco y verde. Se acercó al estanque y bebió un poco a la vez que se aclaraba la cara. Cuando alzó la vista, alcanzó a ver una figura al otro lado del estanque. Reconoció a una niña de espaldas con un kimono rosa. Estaba en cuclillas sobre un montón de flores.

— Una mozuela...—susurró el samurai pensativo—No puedo. He de proseguir mi camino…

— ¿Qué tenemos aquí?—se oyó una voz cerca de la chiquilla. Un hombre alto de piel morena y barba frondosa se acercaba portando un kanabō, un báculo de acero.

— Parece que es de la aldea maldita, pobrecilla—dijo otro más bajo que el primero. Tenía la piel más clara y una cicatriz que le cruzaba en vertical por la boca. Portaba una katana en su cintura— Si nos das todo lo que tienes te dejaremos en paz… o tal vez tus padres nos den un buen rescate…

— Dejadme bandidos, no tengo nada de valor—se intentó defender la mozuela cuando el samurai se interpuso.

— No es de buen ver tratar así a una pequeña moza—le dijo el samurai.

— ¿Quién eres tú?—preguntó el del kanabō.

— Ashikaga Monky del clan Ashikaga—respondió el samurai sin desenvainar su katana.

— ¿Ashikaga, eh?, te conozco. Eres al que llaman “Samurai del cielo azul”—le reconoció el de la cicatriz.

— Porque siempre está en las nubes —rieron los bandidos.

— Vos lo habéis querido...—dijo Monky desenvainando su katana. El bandido del kanabō fue el primero en acercarse. Alzó su arma e intentó golpearle con fuerza pero Monky se deslizó a un lado con suma facilidad y le golpeó con el reverso de su katana en cada hombro. El bandido gritó de dolor cuando fue agarrado por su vestidura y lanzado de espaldas contra el suelo.

— ¡Cuidado!—alertó la moza. El otro bandido corría hacia él dispuesto a cortarle. Monky detuvo su espada e hizo que retrocediera cuando el bandido que tumbó volvió a levantarse e intentó golpearle la cabeza con el kanabō. Se dio cuenta a tiempo y lo esquivó agachando la cabeza a la vez que se daba la vuelta. Ante la sorpresa del bandido, Monky le propinó un puñetazo en toda la nariz, volviendo a caer de espaldas dolorido.

El otro bandido volvió a la carga pero de nuevo detuvo la katana. Chocaron varias veces las armas pero Monky dominaba el duelo. En una de las acometidas del bandido, Monky la esquivó y aprovechó la baja defensa para darle un puñetazo en la mandíbula. El bandido se dio la vuelta y cayó al lago, derrotado.

— ¿Estáis herida?—le preguntó Monky.

— No—respondió la mozuela sin darse la vuelta mientras Monky observaba los alrededores por si aún faltaba algún bandido.

— Retirada...—dijo el bandido del kanabō mientras el otro salía avergonzado del lago.

— Alto ahí bandidos—les dijo Monky enfundando su katana. De su bolsillo sacó un pequeño saco con dinero y lo lanzó a pies de los hombres— No es mucho pero por favor aceptadlo. Imagino que tendréis familia como todos. Tal vez soñabais con ser samurais. Nunca es tarde para volver a empezar.

Los bandidos lo miraron unos segundos. El de la katana recogió la bolsa de dinero y ambos se fueron.

— Os… os agradezco la ayuda...—le dijo la moza aún sin darse la vuelta.

— ¿Por qué no me las dais mirándome a la cara?—le preguntó Monky agarrándola del hombro. La mozuela se dio la vuelta mostrando su rostro. Monky dio un sobresalto, retrocedió unos pasos y se cayó.

El rostro de la mozuela era deforme. Los ojos los tenía demasiado juntos, casi se tocaban. Una oreja mucho más grande que otra y peluda. No tenía nariz, sólo dos orificios donde tendría que tenerla. Y unos mofletes rojos e hinchados. La moza lloró al ver al samurai asustado.

— No quería que me vierais...—lloraba la mozuela—Por favor, largaos.

— Antes dijeron los bandidos que érais de la aldea maldita… ¿He de suponer que esto es cosa de brujería?—preguntó Monky.

— Sí… un día un brujo llegó a la aldea. Echó al jefe y nos lanzó este hechizo...—explicó la mozuela.

— Un hechizo harto extraño. No logro entender por qué os hizo esto—respondió Monky cruzando las piernas en la hierba.

— Quería ser el ser más bello de la aldea y para ello nos lanzó este hechizo...—dijo la mozuela algo pensativa— Dígame, ¿es usted un samurai?

— Sí—respondió Monky.

— ¿Y qué hace un samurai como vos por estas tierras?—preguntó de nuevo la mozuela.

— Me dirigía al Fuerte de Okurai. He de entregar un mensaje con urgencia—respondió Monky.

— ¡Estáis sangrando, vuestra mano!—señaló la mozuela un pequeño corte en la mano del samurai— ¿Os han herido?

— Sólo es un rasguño—se sorprendió Monky. La mozuela se acercó a él con una cinta rosa entre las manos— ¿Qué hacéis? Exageráis, moza. De verdad, con un poco de saliva…

— Ya está...—dijo la mozuela terminando de vendarle la mano.

— Os lo agradezco...—respondió Monky sorprendido.

— Mi nombre es Rem—dijo la mozuela haciendo una reverencia en el suelo— Por favor, os lo suplico. Ayudad a mi aldea. ¡Derrotad al brujo Naotaka Golda! ¡Si lo hacéis, mi aldea será liberada del hechizo!

— Si eso os place… en agradecimiento de la venda os ayudaré...— dijo Monky decidido— De todas formas soy un samurai, es mi deber ayudaros. Por mi honor que os liberaré de ese hechicero.

— Os… os lo agradezco...—dijo la moza haciendo otra reverencia— Acompañame.

Anduvieron largo rato hasta salir del bosque. Todo lo que había alrededor eran extensos campos de arroz. Los aldeanos trabajaban en el campo sin prestar atención a los dos. En la lejanía se podía divisar la aldea. Era más grande de lo que esperaba, se asentaba en una meseta debajo de otra mayor, como si de una escalera se tratara. Tenía tres pisos, el más bajo era donde cuidaban del ganado. Por toda la meseta se elevaban torretas hechas de madera, con el fin de observar todo aquello que pudiera llegar a ellos. En el segundo piso estaba la mayoría de las casas y en el tercer y último, una gran casa.

— Más que una aldea paréceme un fuerte—comentó Monky a las puertas de la aldea.

— Golda mandó construir su casa en la cima—le explicó Rem—En los tiempos que corren con las guerras civiles, estamos a merced de los grandes clanes pero de momento hemos tenido suerte. También podría decirse que tiene algo que ver la maldición… Todos tienen miedo de quedarse malditos...

— Las guerras comenzaron hace muy poco—respondió Monky mientras miraba al cielo. Nada más entrar en la aldea, se dio cuenta de que todos los aldeanos eran deformes. Algunos con la nariz demasiada larga, otros totalmente calvos, un ojo mucho más grande que otro. Parecían dibujados por zagales.

— Dijisteis que ibais al Fuerte Okurai a enviar un mensaje… ¿tiene algo que ver con las guerras?—preguntó Rem. Por donde quiera que pasaran, los aldeanos no podían parar de mirar al joven samurai.

— Provengo del Castillo de Kasuga, mi señor me manda a entregar un mensaje al señor de Okurai—explicaba Monky mientras llegaban al segundo piso— Las guerras son innecesarias pero una orden es una orden.

— Sois vos un samurai harto valeroso por ir solo a una casa enemiga—dijo Rem parándose.

— El deber es mayor. Mi padre y mis hermanos perdieron la vida en la guerra. Mi mayor honor es proteger y servir a mi señor—decía Monky mientras miraba al cielo.

— Ya sé de dónde os viene el nombre del “Samurai del cielo azul”—sonrió Rem— A partir de aquí no os puedo acompañar. Golda no tiene guardias, está solo en su casa pero id con cautela, ya que no hace mucho fue un samurai como usted. Lo llamaban “demonio frío”...

— No digáis más. Es suficiente...—dijo Monky apretando los dientes y comenzando la subida.

Rem quedó atónita. Por un momento creía que se iba a ir al escuchar “demonio frío” pero Monky no se acobardó y siguió con lo prometido. La moza se sentó en el suelo, mirando al cielo tal y como había hecho el samurai mientras que los aldeanos subían y se quedaron junto a ella. La noticia de la llegada del guerrero se había extendido y al verlo subir por aquella cuesta, una nueva esperanza llegó a sus corazones.

— Rem, ese samurai...—dijo uno de los aldeanos.

— Sí… nos va a liberar...—respondió Rem cuando notó una mano sobre el hombro. La moza se dio la vuelta y se sobresaltó al ver a los dos bandidos que conoció esa misma mañana.

— Nos volvemos a ver, mozuela...—dijo el bandido del kanabō junto a su compañero— Dime, ¿dónde se fue el samurai?
El samurai del cielo azul llegó a las puertas de la casa. No había nadie vigilando. El hogar parecía el de un señor feudal pero no tan cuidado. El suelo de madera estaba cubierto de polvo y por cada paso que daba con sus sandalias crujía toda la casa. Era imposible entrar sin hacer ruido. Corrió la puerta de lo que parecía el salón principal y vió una figura sentada en el centro fumando una pipa en mitad de toda la oscuridad.

— ¿Eres al que llaman Naotaka Golda? —preguntó Monky con la mano en la empuñadura de su katana.

— ¿Quién osa venir a mis aposentos?—dijo Golda levantándose. Monky se percató de la katana que portaba su contrincante.

— Ashikaga Monky del clan Ashikaga que sirve al clan Kasuga— dijo Monky mientras Golda encendió unas velas, pudiendo ver finalmente su rostro— Me consta que habéis maldecido a toda la aldea.

— No os equivocáis— contestó Golda. Tenía el pelo largo hasta el suelo con el pelo de color rojo brillante. Con grandes labios y marcas de rubor en las mejillas. Vestía una ropa tradicional de kabuki, con un lazo en su cintura.

— ¿No tenéis nada más que decir?— preguntó Monky.

— ¿Qué queréis que os diga?— respondió Golda— Vine a esta aldea hace mucho y todos se reían de mí por mi apariencia. Harto de tantas calumnias decidí usar lo que aprendí en mi viaje y lancé el hechizo sobre el pueblo. No puedo estar más satisfecho de ello.

— No eres más que un Rōnin, ¿cierto?— dijo Monky desenvainando su katana— Un hombre errante, un samurai sin amo. Este acto vil ha deshonrado tu nombre.

— Servía al clan Asakura pero me cansé de mi señor y me largué—respondió Golda.

— No eres ni fuiste un verdadero samurai. Has olvidado tu código—decía Monky acercándose lentamente.

— Como si me importara el código samurai. Yo soy leal a mí mismo—respondió Golda recogiendo su katana y desenvainando. Chocaron los filos, sin retroceder ni un paso.

— Lealtad. Un samurai es leal a aquellos bajo su cuidado. Tú has mancillado el nombre del clan Asakura—decía Monky separándose de su contrincante. Realizó un tajo ascendente pero Golda lo esquivó, aprovechando para propinarle un codazo en la mandíbula— Las palabras de un hombre son como sus huellas, puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

— ¿Vas a recitarme las siete virtudes del samurai?—se quejó Golda cuando Monky se lanzó encima de él. Los dos cayeron al suelo, rodando por todo el salón.

— Honestidad. Cuando un samurai dice que hará algo, ¡nada le detendrá hasta que sea cumplido!—gritó Monky levantándose y volviendo a lanzar estocadas. Ambos chocaban las katanas, por un lado, por otro, pero ninguno bajaba la guardia— Benevolencia. Un samurai es un guerrero hábil, fuerte y rápido al contrario que los demás hombres de a pie. Por esta razón, usamos la fuerza para proteger a los más débiles.

Ambos estaban ya sudando. Golda comenzó a correr alrededor del salón cerca de Monky mientras le lanzaba acometidas. El samurai del cielo azul las esquivaba y desviaba sin moverse de donde estaba. En el momento oportuno, se agachó y golpeó la espinilla de Golda con el reverso de su katana. Cayó y antes de que volviera a darle, rodó hasta llegar a un pequeño estante al otro lado del salón.

— Coraje. Lo más deshonroso para un samurai es no actuar. Es importante sacar el coraje cuando la situación lo requiera, aunque se ponga en riesgo la vida. Justicia. Un samurai cree en su propia justicia, sólo existe lo correcto o incorrecto y luchará por ello hasta el fin de sus días—recitó Monky caminando hacia Golda— Deshaz el hechizo y no te pasará nada.

— Lo único que puede revertir el efecto del hechizo es esto...—le dijo Golda corriendo una puerta. Detrás de ella había un barril con un líquido negro—A la vez que lancé el hechizo, creé esto. Yo la llamo “Golda Cola”. ¡Pero no estés tan seguro que te la daré tan fácilmente!

Golda metió su mano en la manga y le lanzó una especie de bola directa a la cara. Monky actuó con rapidez, cortando la esfera con la espada. Tras ser cortada, la esfera desprendió un polvo brillante que cubrió al joven samurai por completo.

— ¿¡Qué clase de brujería... es esta!?—gritó Monky sin poder moverse. Tenía todo el cuerpo paralizado. Golda soltó una carcajada y caminó despacio hacia su víctima.

— En el clan Asakura teníamos a un ninja. Esto es una herramienta que le robé cuando me fui, además de muchas otras—rió Golda alzando su katana— Es el fin Ashikaga Monky. Los jóvenes samuráis no deberían ir por ahí sin una escolta. Siempre hay alguien más fuerte y listo que tú…

Cuando Golda se dispuso a rebanarle el cuello, una katana se interpuso en su camino. Ante la sorpresa de los dos, el portador del arma no era más que el bandido de la cicatriz que intentó atacar a Rem.

— ¡¿Quién eres t…?!—exclamó Golda cuando recibió un fuerte golpe en la cabeza. Al lado del bandido, estaba su compañero del kanabō.

— Me llamo Isoko, antiguo soldado del clan Okurai— se presentó el bandido de la katana. Golda estaba tirado en el suelo, soportando el dolor. Sangraba en abundancia por la nariz y los labios.

— Yo soy Isuke— se presentó el bandido del kanabō— Les debemos la vida a este samurai. Por eso vinimos hasta aquí.

— Us...Ustedes...—se sorprendió Monky aún sin moverse.

— Está paralizado, es menester que le echemos agua por encima. Así se disiparán los efectos de la parálisis— ordenó Isoko y su compañero cogía una pequeña jarra y se la echaba por la cabeza. Casi al instante, Monky pudo volver a moverse.

— Estoy en deuda con vosotros...—agradeció Monky.

— Los que estamos en deuda somos nosotros—respondió Isuke.

— ¡A partir de ahora te ayudaremos!—gritaron los dos poniéndose por delante de Monky.

— No… Golda es mío...—dijo Monky apartándolos y envainando la espada— Cortesía. Los samuráis no tienen que ser crueles, así no se demuestra la fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos.

— ¡Me las vais a pagar!—gritó Golda corriendo hacia Monky con la katana preparada.

— Y la más importante de las virtudes del samurai—respondió Monky corriendo hacia él. Desenvainó y pasó por su lado. Dio tres pasos, envainando poco a poco su katana—¡HONOR!

Golda se desplomó en el suelo, temblando e intentando soportar el dolor. Isuke e Isoko quedaron estupefactos por el espectáculo. Monky se dirigió hacia la puerta corredera y recogió el barril de líquido oscuro.

— ¡Ha sido increíble, señor!—exclamó Isuke arrodillándose junto a su compañero.

— He hecho lo que creía que debía hacer— les dijo Monky.

— Os debemos la vida, por eso os pedimos que la pongáis a vuestro servicio—suplicó Isuke.

— No queremos la plata. Por piedad, aceptadnos— suplicó Isoko.

— No me opondré—respondió Monky.

— Señor, ¿por qué no está sangrando?—dijo Isuke señalando a Golda.

— Le he dado con el reverso. No era un enemigo que merecía morir—respondió Monky cuando alcanzó a ver una esfera antes de chocar contra su cara.

— ¡Señor!—exclamaron sus nuevos compañeros.

— ¡Maldito desalmado!— gritó Isuke corriendo hacia Golda preparado con su kanabō pero el samurai consiguió esquivarlo y huir de la casa.

— Ha logrado escapar...—lo sintió Isoko. El samurai no paraba de toser, la esfera había soltado una nube de humo que le cubrió todo el rostro.

— ¿Cómo se encuentra, señor?—le preguntó Isuke. Cuando la bola de humo se disipó, ambos se sobresaltaron. El rostro de Monky cambió radicalmente. El moño se le deshizo, creciendo aún más pelo. El rostro quedó más aplastado, una boca pequeña, las cuencas de los ojos más separados y le comenzó a crecer barba incluso en el cuello.

— ¡Ese bastardo os ha hechizado!—exclamó Isuke— ¡Rápido, bebed del líquido!

— ¡Agahahqh!—intentó gritar Monky negándose con la cabeza y señalando la puerta.

— ¿Qué quiere decir?—preguntó Isoko.

— Creo que está diciendo que primero van los aldeanos—respondió Isuke.

Entre los dos bajaron el barril con la Golda Cola. Todos los aldeanos lo recibieron con gritos de júbilo. Rem fue la primera en correr hacia Monky y abrazarlo con fuerza.

— ¿Pero qué te ha pasado?—preguntó asustada Rem al darse cuenta de su cara.

— ¡Gahahahhggjjj!—respondió Monky, dándole a entender que no pasaba nada.

— ¡Viva el samurai del cielo azul!—vitorearon los aldeanos. Todos se pusieron en fila y bebieron de la Golda Cola. Casi al instante cada uno volvió a la normalidad, incluida la mozuela Rem. Su rostro era la de una verdadera niña feliz. Monky, Isuke e Isoko observaban a los aldeanos en la lejanía hasta que cayó el atardecer.

— ¡Buffhahgag!—dijo Monky tras mirar al cielo y dirigirse a las afueras del pueblo.

— ¿Qué ha dicho?—preguntó Isuke— ¡Señor, aún no ha bebido la pócima!

— Isuke… creo que los aldeanos se lo bebieron todo… —señaló Isoko— Ya no hay más Golda Cola.

— ¿Y ahora qué haremos?—preguntó Isuke—¿Nos ponemos a buscar a Golda?

— ¡Gashashsghhj!—gritó Monky señalando el horizonte.



-Fin-
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Cartas desde una tumba
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- ¡Sacadlo de ahí!

Llegó el momento. Íbamos a desenterrar al monje de los mil quinientos días. Había mucha agitación, pues todo el pueblo quería estar presente a la hora de desenterrar a lo que ya era una leyenda que perduraría en la historia. Los más curiosos se concentraban alrededor del gran agujero que se había creado para acceder a la tumba. Otros, temerosos de ver a un cuerpo inerte, estaban más alejados, murmurando. Yo, junto al resto de monjes, me encontraba en primera fila, esperando para ver si la momificación se había completado y, en ese caso, preparar el traslado al templo.

Pronto, uno de los que cavaban dio con algo duro. El silencio sustituyó al bullicio reinante. Todos observaban con gesto de miedo y admiración, mientras se retiraban los paneles de madera de la estancia que había servido de tumba. Lo primero en verse fue un cuerpo descompuesto, casi masacrado, como si un animal hubiese entrado en la estancia y se lo hubiera comido. Sin embargo, la tumba era más grande lo que esperábamos, y contenía otro cuerpo. Uno con la tez pálida y una postura encogida, pero con una cara de sufrimiento que parecía mirar directamente al público que lo acababa de desenterrar. La quietud estalló en gritos, la gente empezó a huir de la tumba, temerosas del monstruo que, decían, habíamos liberado.

Los monjes, sin embargo, distinguimos perfectamente de qué se trataba. No era la primera vez que desenterrábamos a un monje descompuesto, y tampoco sería el primer cuerpo que vemos envenenado con el extracto del árbol urushi.

- Señor, junto al cuerpo encogido, hemos encontrado estas cartas.

Día 7

Mi nombre es Yamato Takuma. Soy un rōnin que ha intentado entrar en el clan de Ashikaga Yoshimi, hermano menor de Ashikaga Yoshimasa, actual shogun.

Escribo estas líneas como forma de salvar mi nombre, en el caso de que sea traicionado por el hermano del shogun. Me encomendaron matar al inesperado hijo de Ashikaga Yoshimasa, causa de la actual guerra de Ōnin. Si triunfaba, Ashikaga Yoshimi podría reclamar el puesto de shogun una vez que su hermano mayor muriera. Una misión suicida, puesto que si era descubierto me matarían en el acto. Pero son las misiones que normalmente se le dan a un rōnin. Misiones en las que sobrevivir significa que aceptar a un bastardo en tu clan tiene más valor que los prejuicios.

Pero no ha sido así. Fui descubierto por la guardia del palacio, aunque pude huir. Si hubiese sido un samurái del clan, a estas horas ya me habría suicidado por no conseguir completar la tarea con éxito. Pero como he dicho, soy un rōnin. Estoy acostumbrado a tener una vía de escape en estos casos. Al presentarme ante Yoshimi, le confesé que había contado el motivo de la misión a varios hombres de mi confianza, que estarían dispuestos a revelarlo todo al shogun.

Yoshimi me ofreció una salida para que yo pasase desapercibido unos años, hasta que todo se olvidara por completo. Existían unos monjes del Budismo Shugendō llamados “Sokushinbutsu”, los cuales se provocaban la muerte muy lentamente, para que sus cuerpos inertes quedasen momificados, y así llegar a la iluminación. Previamente, durante mil días, hacían una dieta muy estricta y un arduo entrenamiento físico, para deshacerse de su grasa corporal. Posteriormente, durante otros mil días, tomaban un té venenoso creado a partir del árbol urushi, para que los gusanos no devoraran el cuerpo una vez muriese. Finalmente, aún con vida, el monje se adentraba en una tumba de reducido tamaño, lo justo para que pudiera adoptar la posición de loto, además de una cavidad por la que respirar, y una campana que hacían sonar cada día que pasaban vivos. Cuando la campana dejaba de sonar, se esperaba otros mil días para desenterrar al monje, que, con suerte, estaría perfectamente momificado.

Yoshimi me propuso enterrarme con un monje durante mil días, tiempo más que suficiente para que todo se olvidara. Sus hombres excavarían una de las tumbas en las que se encontraba un Sokushinbutsu, al que amordazarían para que no diese la voz de alerta, y así tuviese compañía durante ese tiempo. Harían la tumba un poco más grande para que cupiésemos los dos sin problemas, y retirarían los paneles de madera que hacen de suelo para que enterremos allí los restos de comida, deposiciones, o cualquier otra cosa. Cada noche, de madrugada, Yoshimi mandaría a uno de sus hombres, que me enviaría comida y agua a través de la cavidad, para que no desfalleciese. Cumplidos los mil días, volverían a desenterrarme, y mataría al monje que me hizo compañía, para que no hubiera sospechas.
Acepté la propuesta, a sabiendas de que no tenía otra opción. Llevo conmigo unas pocas páginas y algo de tinta para dejar constancia de todo lo que ocurra en este tiempo. Así, si me traicionan, confío en que cuando desentierren al monje, encuentren esta confesión y la hagan llevar a quien corresponda para que Yoshimi sea ejecutado por alta traición al hijo de su hermano.

Hace una semana desenterramos la tumba, y la acondicionamos para que yo cupiese en ella. El monje está amordazado, aunque no ha hecho el más mínimo intento de comunicarse conmigo. Se encuentra en la posición de loto, rezando en voz baja.
Los días pasan lentamente. Al principio, no veía nada en todo el día, pero al poco mis ojos empezaron a acostumbrarse a la oscuridad y los escasos rayos de luz que entraban por la cavidad bastaban para distinguir la figura del monje, y permitirme escribir estas líneas. Lo principal, de todas formas, es esta confesión. El resto de lo que escriba será para distraer mi mente de la locura.

Cada noche, espero a que lleguen los alimentos por la cavidad, y luego me duermo. Al despertar, estiro como puedo algunos músculos para que no se atrofien, aunque cada vez me cuesta más.


Día 166

Estos meses han sido duros. Al principio, el monje se resistía a comer los alimentos que nos pasaban cada noche. Tuve que golpearle muchas veces, hasta que con el tiempo dejó de oponer resistencia y ahora come conmigo. También me he atrevido a quitarle la mordaza para entablar alguna conversación, aunque temía que gritase pidiendo auxilio. Me he dado cuenta de que no hacía falta enmudecerle, ya que debido a su entrenamiento tan estricto de todos estos años, su voz es apagada, casi la de alguien a punto de morir. Es realmente siniestra.

Por otra parte, empieza a escucharse gente cerca de nuestra tumba, casi cada día. Parece que rezan, pero no estoy seguro. No sé qué pasa.


Día 498

Mi cuerpo se ha entumecido por estar todo este tiempo en un cubículo tan pequeño, así que me cuesta mucho escribir.

Ya casi hemos llegado a los quinientos días, la mitad del tiempo que pasaré aquí. Mi excitación aumenta por llegar a esta fecha, puesto que significa que estoy a mitad de camino de conseguir ser libre de nuevo. Pero tengo dudas de que los acabemos, porque cada día se escuchan fuera voces de ánimo, y rezos. Si no fuera porque cada madrugada el hombre de Yoshimi nos envía la comida y el agua, pensaría que han construido un templo budista justo encima de nosotros.

El monje hace meses que no habla, sólo reza todo el día. Su estado físico ha mejorado debido a que le obligo a comer cada día, aunque sigue teniendo esa voz siniestra que se cuela en mis pesadillas cada noche. Según me contó, no siente odio hacia mí, cosa que yo no me creo. Dice que no esperaba que su camino a la iluminación fuera de esta forma, pero aun así lo conseguirá. Cuando me preguntó por mi pasado se lo conté todo, pero no parece importarle lo más mínimo.


Día 500

Creo que he matado al monje.

Tras enviarnos los alimentos un día más, esta noche no he podido dormir, pensando en que ya había cumplido la mitad de los días. Pensaba en todo lo que podría hacer cuando saliera. Estoy seguro de que no podría dar un paso sin caerme hasta pasados varios meses. Dejaría la vida de rōnin, y montaría una herrería. Encontraría una buena mujer y tendría un hijo, al que enseñaría el oficio. Todo sería perfecto. O eso pensaba.

Andaba inmerso en mis fantasías cuando advertí que se hizo de día. Nunca antes había visto el amanecer, ya que me dormía bastante tarde, después de haber comido de madrugada. Entonces, sin esperarlo, el monje agitó la campana, dos veces. Al hacerlo, se escuchaban aplausos desde arriba.

Había olvidado por completo la campana. La campana era una señal de que el monje seguía vivo, por lo que era normal que la gente se congregase alrededor de nuestra tumba. Debía ser la primera vez que un monje vivía en aislamiento más de una semana sin (supuestamente) comida ni agua. Ya no digamos, quinientos días. Tendría que haber cientos de personas, pendientes de este milagro, para ver cuánto duraba.

Seguramente, los secuaces de Yoshimi esperaban a que todo el mundo durmiese para pasar los alimentos por la cavidad. Pensarían que yo no me fiaba de estar sólo mil días escondido, así que estaba alargando mi cautiverio todo lo que pudiera.

Cuando me di cuenta de todo esto, ataqué brutalmente al monje. Cada vez que estiraba alguna extremidad para lanzar un puñetazo o patada, notaba un intenso dolor, pero estaba dispuesto a soportarlo con tal de verter toda mi ira contra el monje. No duré mucho ya que, en contra de mi voluntad, mi cuerpo estaba exhausto y sin fuerzas. El monje se encuentra agazapado, sin hacer ningún ruido. En un último esfuerzo sobrehumano, destrocé la campana.

Todos estos quinientos días quedaron en nada, toca volver a contar mil días para salir de este infierno.


Día 730

Ya hace dos años que estoy aquí. El monje sobrevivió, y con el paso de las semanas pudo volver a la posición de loto. Si antes no hablaba, ahora no emite sonido alguno. Eso es lo peor de todo. Le grito con la poca voz que me queda, incluso hago el intento de pegarle, pero mis fuerzas no dan para más. Aún me quedan más de dos años para ello. Empiezo a pensar que no podré conseguirlo.

Cada noche llega la comida y el agua, que es lo único que me permite seguir cuerdo. Le dejo su parte al monje, y me como la mía, hablando solo, como si estuviera solo. Porque estoy solo.


Día 823

Lo peor es que no me habla.

Día 961

El monje ha muerto.

Ayer su cuerpo perdió la posición de loto, algo que me resultó extraño. Le pregunté si estaba bien, pero no me respondió, algo que no me extrañó. Hoy he intentado aproximarme a él para ver si estaba bien, cuando he descubierto que tenía mucha comida a su alrededor. Llevaba semanas, quizá meses, tirándole la comida de mala forma, por no hablarme, pero creía que se la comía. No era así.

Al final has seguido tu camino, hijo de puta.


Día 1095

Ya llevo 3 años aquí. Coloqué al monje en la posición de loto, apoyado sobre una de las paredes. Como tampoco hablaba, no he notado mucho el cambio. Yo le cuento sobre mis sueños, e incluso me parece oírle responder. Irónico, que ahora que esté muerto me responda. Supongo que estoy perdiendo la cordura, pero al menos me da algo a lo que agarrarme para pasar los días. Cada vez va quedando menos, y empiezo a pensar que se puede.

He vuelto a ejercitarme por las mañanas. Estiro un brazo, luego el otro. Luego las piernas. Muevo el cuello muy lentamente. El monje me anima, cree que puedo llegar a ser un gran herrero.


Día 1200

Solo quedan trescientos días. Estoy orgulloso de mí mismo. Todo va mejorando cada día. La gente que antes se oía arriba nuestra ha ido desapareciendo, el monje cada vez está más hablador y optimista, y la comida y el agua siguen llegando. A este paso estaré fuera antes de darme cuenta. El monje me insiste para que deje mi sueño de ser herrero y me meta en su templo, ocupando su lugar. Yo le digo de broma que no me gustaría raparme.

Día 1344

Hoy es la primera en todo este tiempo que falta la comida. Me sorprende lo bien que lo voy llevando. Supongo que mi cuerpo no necesita apenas alimento al no hacer uso alguno de energía.

Día 1345

Hoy tampoco ha habido comida.

Día 1346

Hoy tampoco ha habido comida.

Día 1348

Hoy tampoco ha habido comida, pero sí algo de agua de lluvia que se ha colado por la cavidad. El monje teme que haya pasado algo con Yoshimi. Pueden haberlo matado, o conseguido ser el shogun, o simplemente ha querido dejarme morir. Al fin y al cabo, han pasado demasiados años ya para que nadie se crea lo que yo pueda contar. O quizás han descubierto a las personas a las que les conté el secreto y las han matado, una a una. O puede que la guerra de Ōnin haya terminado.

El monje no puede parar de reír, y yo me desespero. No puedo llorar, porque no tengo suficiente agua en mi cuerpo, me temo. La situación es desesperante, no sé cómo saldré de aquí, ni cuánto tiempo viviré.


Día 1349

Vuelvo a tenerlo todo claro. Dentro de poco, se cumplirán los mil días, y desenterrarán al monje. En ese momento me encontrarán a mí, y contaré que el malvado Yoshimi me enterró vivo para vengarse de mí. Mi cara está muy demacrada para que nadie me reconozca, y ha pasado mucho tiempo desde que intenté asesinar al hijo de Yoshimasa, así que nadie le creería a él cuando me acusase. Sí, eso es. El monje también está de acuerdo, cree que es un buen plan.

He creado una especie de cuenco con los restos de la campana, que pongo cerca de la cavidad para recolectar agua cuando llueve. Podré hacerlo, he estado más de mil días aquí encerrado, puedo aguantar un poco más.


Día 1350

Tengo hambre. No necesito mucho para comer, pero algo sí, o moriré estando tan cerca. He probado la comida putrefacta que estaba junto al monje, cuando se la tiraba. Me parecen tan lejanos esos días…

El monje dice que él no necesita su cuerpo, así que me lo regala. Es una persona maravillosa. Pero me niego a comer carne humana, y menos la de un amigo.


Día 1353

Pasan los días y una sola idea ronda por mi mente. Algo que no debería hacer, pero si quiero salir de aquí con vida… No me queda otra opción. He hecho cuentas, y creo que todo lo que le quitaría quedaría desapercibido de cara a los demás.

No sé si escribo estas líneas para pedir permiso o como forma de desahogarme. El monje dice que todo está bien. Llegado el momento destruiré todos los papeles, pero aún no puedo. Si por alguna razón desfallezco, espero que el que lea estas líneas se encargue de que Yoshimi tenga su merecido por traicionarme. A mí y a su hermano, el shogun. Ese perro debería morir, a la vista de todos. Por su culpa voy a tener que hacer un acto tan abominable como este.


Día 1460

Cuatro años, y a punto de terminar mi cautiverio. No puedo apenas moverme, porque me duele todo el cuerpo. Será un castigo divino por los actos que estoy cometiendo, pero estoy seguro que seré perdonado. Mi estómago arde, como si tuviera fuego en mi interior. El monje dice que me encoja, en la medida de lo posible, que así pasaré mejor el dolor. Me duele mucho, pero ya queda poco. Ya queda poco.

Día

No sé cuánto queda. Sólo oigo al monje reírse, una y otra vez. Dice que no me acordé del té venenoso del árbol urushi. Que al comer su carne comí el veneno también. Yo le digo que ningún veneno puede durar tanto, y el ríe, de forma siniestra. Parece una hiena. Estoy aterrorizado.

Dice que no voy a salir vivo de aquí, que se encargará de ello. Que Yoshimi me traicionó, que nunca seré herrero, ni tendré hijos. Que los monjes de su templo, cuando me encuentren, me prenderán fuego, y dirán a todos que no era más que un animal que se coló en la tumba. Yo todos creerán. Que él sería famoso, por durar tanto. Y yo nada más que un animal muerto.

Su voz ahora es más siniestra si cabe, y no para de reír. No para de reír. No para de reír.
Sueños e historias
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Existen los sueños olvidados,
los sueños conseguidos, los perseguidos, y los encontrados por el camino.
Y luego está la gente que ha olvidado como soñar.



-¿Mamí? ¿Estás dormida?

Fuuka sonrió cariñosamente ante las palabras que significaban el inicio del ritual nocturno. Dejó el libro en la mesita y fue a la habitación de su hija, que aguardaba su llegada con los ojos sobresaliendo del nórdico.

-Mami, no consigo dormirme.

Adoraba el control de los tempos de su hija, eran parte del ritual: el tono entre implorante y lastimero, la mirada de cuidadoso y artificial desamparo, la espera de media hora entre que la dejaba acostada en su cama y la llamada para dejar claro que había hecho un intento de dormirse… Había que reconocer que estaba criando a una hija con talento para la manipulación y la extorsión emocional.
Y había talentos peores, pensaba Fuuka.

-Cuéntame una historia, mami, no puedo dormirme…

La reiteración del argumento y el excesivo empleo del diminutivo parento-filial restaba puntos a su, por otro lado, magnífica interpretación, pero probablemente se debían a un cansancio real, que sin embargo no evitaba que desease la consumación del ritual. No le importaba, ya que era algo que la propia Fuuka esperaba tanto como su hija.

-De acuerdo, pero… ¿Qué tipo de historia quieres? ¿Una historia feliz, de terror, aventuras, fantástica…?
-Quiero una historia. Una historia de verdad.

Fuuka sonrió para sus adentros, feliz por esas dos primeras frases cómplices que tácitamente habían llegado a convertir en el inicio del ritual nocturno. Y entonces empezó:


Hace siglos, cuando solo hacía un par de décadas que los Tokugawa acababan de tomar el shogunato de Nippon y Hideyoshi estaba embarcado el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un joven campesino a pocos cientos de kilómetros de donde estamos.

El joven campesino, que no siempre había sido campesino, llegó al sur de Hokkaido junto a su familia huyendo de las autoridades del gobierno central a propósito de un malentendido judicial que forma parte de otra historia, y junto a sus padres, hermanos y abuelos, lograron roturar el bosque y aclimatar el suelo para el cultivo intensivo del arroz que habían practicado en Honshu.

El joven campesino amaba lo que hacía; había aprendido de su padre cómo hacerlo, y este lo había aprendido de su abuelo. Conocía las variedades más adecuadas para climas septentrionales y meridionales, era capaz de comprender los suelos y sus proporciones de gravas y arcillas sólo con poner los pies descalzos sobre ellos y a partir de ello saber qué tipo de cosecha saldría de estos, sabía cómo y cuándo hacer la siembra y recogida dependiendo del clima y la latitud, sabía…



-Mamáaaa, me estoy aburriendo, no quiero oir la historia de un paleto campesino del periodo Edo, y mucho menos quiero saber cómo se cultivaba el arroz hace quinientos años.

Fuuka a veces sentía ganas de matar a su generalmente encantadora hija. Odiaba que la interrumpiesen en medio de una historia.

-¿Quién ha pedido “una historia de verdad”, niñata? Las historias de verdad contienen personas de verdad, y la mayor parte de las personas de verdad hace quinientos años cultivaban arroz y tenían existencias sencillas. Las personas de verdad intentan buscar la felicidad en la infelicidad de su vida, y las personas de verdad son capaces de crear la mejor antología de haikus sobre el cultivo del arroz y la vida que jamás se haya plasmado en papel en toda la historia.
-¿El joven agricultor era un poeta? ¿Me hablarás de su poesía?
-Ahora, no. Porque la nena no quiere historias de verdad si estas versan sobre el arroz. Ahora la historia será otra, y te quedarás sin saber de la belleza escrita con que sintetizó mes a mes el mundo el joven agricultor.
-¡Jo!
-Y ahora, como iba diciendo pero no pretendía decir…


Con los años, los padres del joven murieron, y sus tíos, hermanos y primos.
Él dejó de ser joven, pero era feliz porque los dioses le habían bendecido con una esposa maravillosa. No era la más rica, ni la más bella ni la más influyente, pero era única. Se escribirían sonetos sobre ella que quedarían grabados en la historia, porque él se encargaría de escribirlos, y cuando siglos después fueran leídos, el mundo vería a su esposa de la forma en que él la veía y la querría como él la había querido.

Yo lo hice cuando leí sus escritos. Yo amé el recuerdo de esa mujer, y tú también la querrás llegado el momento.

El caso es que el ya adulto campesino la amaba, y amaba lo que hacía, y su vida estaba llena con esas dos cosas, pero cuando creía que ya no podía tener más en su vida, descubrió que aún podía ser más feliz, pues su esposa un día le anunció que iban a ser padres. No preguntó cómo lo sabía a pesar de que él no se había dado cuenta, ni perdió el tiempo diciendo algo que los hombres no deben decir cuando una mujer anuncia algo así, porque nosotras sabemos y ellos no. Únicamente rompió a llorar y la abrazó.

Y los meses pasaron, y ella se vio obligada a reposar cuando el trabajo en el arrozal se hizo demasiado duro.
Y a pesar de que la cantidad de esfuerzo era excesiva para una sola persona él continuó con las labores que darían lugar a una cosecha de octubre inusualmente grande con una felicidad que nunca hasta entonces había sentido, pues creía que esa abundante cosecha en los meses del nacimiento de su hija eran un buen presagio.
Y con la llegada de noviembre, cuando la enorme cantidad de arroz ya había sido cosechada y puesta a secar, su esposa dio a luz.

Y después murió.

El ya adulto campesino no lloró, pues los humildes no tienen derecho al llanto cuando hay trabajo por delante, y con una niña pequeña llorando por una comida que no era capaz de darle, el trabajo iba con retraso. Permitió que el bebé tomase toda la leche que pudiera del cuerpo exánime de su esposa y, sin poder siquiera enterrarla antes de tener que salir con el bebé en brazos en busca de una ama de cría por las fincas de los alrededores, así que la limpió lo mejor que supo y la dejó pulcramente tendida sobre el tatami de la humilde casa a la espera de su vuelta.
Anduvo kilómetros en búsqueda de una madre que pudiera alimentar a su hija recién nacida, pero todas sus vecinas eran demasiado ancianas, demasiado jóvenes, o demasiado vírgenes como para poder afrontar la labor que les imploraba. No fue hasta que llegó a las orillas del lago Toya que encontró a una joven madre con un pecho rebosante de leche que podría compartir con su hija. La joven en cuestión había sido abandonada por el padre después de que este embarcó en busca de fortuna en el deseo expansionista del Shogun.
La joven madre le pidió dinero por su ayuda, una cantidad obscena de dinero, pero el campesino tenía una gran cosecha ese año y ninguna boca que alimentar con ella, así que accedió al pago convenido y juntos partieron rumbo a la casa donde aún esperaba su regreso el cuerpo de la esposa y madre.

Y cuando llegaron allí, encontraron que ni el arroz ni el cuerpo de su esposa estaban allí. Y la joven madre se marchó enfadada aprovechando la estupefacción del campesino.

Y la pequeña niña lloró en brazos de su padre.

Y luego dejó de llorar.

Con el tiempo, el campesino se convirtió en un viejo campesino, pues olvidarse del hábito de vivir es un lujo que los humildes no pueden permitirse. Las estaciones pasaron, las cosechas se sucedieron cada vez con más esfuerzo, y el recuerdo de su esposa e hija jamás desaparecieron de su mente.
Al llegar el año de la oscuridad, se había convertido en una de esas personas que disfrutan de los pequeños momentos mientras ven la vida pasar; esa gente común que hace de extra en las grandes historias.

La clase de gente que da un bol de arroz a un famélico y maltrecho anciano que llama a su casa en medio de la noche buscando un lugar donde morir.
La clase de gente que entierra al anciano y guarda el amuleto que este le dio como agradecimiento con su último aliento.
La clase de gente que da de comer a una loba abandonada y herida por su manada cuando la encuentra tendida frente a su puerta.
La clase de gente que cura y protege a dicha loba hasta que se recupera y parte de su lado con un último lametón en la mejilla y el regalo de un moribundo sobre su cuello blanco y peludo.
La clase de gente que aparece como telón de fondo en las historias importantes y muere sola sin nadie que lo sepa.



-…
-¿Ya? ¿Eso es todo? ¿El cadáver de una amada desaparecida, un bebé muerto en la miseria, un moribundo y una loba que aparecen de la nada, y un buen hombre que muere en soledad? ¿Qué clase de historia es esa?
-Una historia de verdad. Justo lo que habías pedido.
-No, eso no es verdad, las historias de verdad están bien construidas. Si muestras un cadáver desaparecido en el primer acto, tienes que darle una explicación en el tercero. Si sacas a una loba y un desconocido en el tercer acto y no les das uso… Es que no es un tercer acto.
-Errr… ¿Me acabas de mentar la pistola de Chéjov? ¿Pero quién te has creído mocosa, cuántos años te crees que tienes?
-Los suficientes para mantener esta conversación, los apropiados para que mi madre me lea un cuento antes de dormir ¿Te ha quedado claro?
-Oh, dioses, debo ser una madre horrible si estoy criando esta clase de hija… En fin, supongo que tenías razón, pues cualquier historia es una suma de historias, y cada historia merece ser contada.


Hace siglos, cuando sólo hacía un par de décadas que los Tokugawa acababan de tomar el shogunato de Nippon y Hideyoshi estaba embarcado el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un onmyoji que conocía los secretos de la magia.

Cuando un ambicioso daimio, bajo mandato del emperador, convocó a sus súbditos para ir en busca de la diosa del sol, en onmyoji rió ante la insensatez de dicha petición, pues el maestro del Yin y el Yang era lo bastante inteligente para saber del peligro que acarrearía dicha búsqueda, lo bastante noble para reconocer la ausencia de nobleza de dicha empresa, y lo bastante cauto como para reconocer el peligro que el éxito de dicha iniciativa traería al mundo.
Cuando el ambicioso daimio ofreció la mano de su hija al súbdito que tuviera éxito en la tarea encomendada, el onmyoji alzó una ceja estupefacta por la desfachatez del daimio, que consideraba a sus súbditos lo suficientemente estúpidos como para que la mera promesa de poder que conllevaba la mano de su hija bastaba para que éstos se embarcasen en la búsqueda de la diosa del sol.
Cuando la hija del daimio apareció ante los ojos de los congregados, el onmyoji olvidó lo que era la inteligencia, lo que era la nobleza, lo que era la cautela, y lo que había opinado con anterioridad sobre la desfachatez del ambicioso daimio.

Él creía que ella era la más rica, la más poderosa, la más inteligente y, sobre todo, la más bella mujer que existió. Pero no era única, pues el onmyoji jamás llegó a conocerla y jamás llegó a quererla de verdad.
Así que yo no llegué a amarla, y su recuerdo se perdió en la historia, como sucede con tantas otras mujeres ricas, poderosas o bellas que jamás han llegado a ser únicas.



-¿Cómo sabes que ella no era única? ¿Sólo porque no tuvo a un hombre que dejara constancia de su unicidad?
-Esa… es una buena pregunta.
Fallo mío.
Consideremos pues que era una mujer única cuya historia no ha sido aún escrita.


El caso es que el onmyoji se prometió a sí mismo que partiría al norte y traería presa a la diosa del sol, que la depositaría a los pies del daimio, y que se desposaría con su hija. Era su sueño, su esperanza y el fuego de su corazón, y lo sería hasta el final.
Mientras el resto de súbditos regresaron a sus dominios y prepararon vastas expediciones de hombres, bestias, armas y provisiones, el onmyoji preparó una pequeña bolsa de viaje con sus útiles de trabajo místico, se puso su ropa para el camino y partió de Kyoto rumbo al norte.
En su viaje le sucedieron cosas, conoció a gente, realizó proezas, y consiguió tres objetos que le servirían en el final de su viaje, pero la historia del viaje al norte del maestro del Yin y el Yang forma parte de otro viaje más largo que no contaré, así que baste decir que llegó al norte de Hokkaido, a la península de Nomuro, y aguardó a la diosa Amateratsu en el extremo este de la isla más al este de Nippon.

Y cuando la diosa mostró su blanco rostro en el amanecer, el onmyoji usó los objetos recolectados en su viaje (yuzu, soja fermentada en año nuevo, y escamas de cola de pez remo) para combatir a la diosa y contener su poder en un amuleto de ágata.
Sin embargo, su poder no fue suficiente para conseguirlo, y sólo consiguió retener su divinidad en el amuleto, permitiendo a la forma mortal de la diosa escapar de sus manos dejándole como regalo la marca de una zarpa en el pecho, pues la forma física que había tomado era la de una loba blanca.



-¿Loba? ¿La diosa del sol en forma de loba? ¿Ookami Amateratsu? Pensaba que me estabas contando una historia de verdad, no una burda interpretación del folklore nipón según un videojuego. Según la mitología, Amateratsu jamás tomó la forma de loba blanca.
-¿Ah, no?
Estooo… quiero decir, ¿y cómo sabes que eso es verdad y la diosa Amateratsu nunca tomó la forma de loba, acaso estuviste allí?


En fin, como iba diciendo, la diosa del sol consiguió escapar del ataque del onmyoji y huyó hacia el sur tan rápido como pudo, con el atacante siguiendo sus pasos por la oscuridad en que el mundo se había sumido tras la caída de la diosa al mundo mortal.

Esta oscuridad eterna en la que su egoísmo había sumido al mundo, y el recordatorio de la zarpa de Amateratsu en su pecho habían conseguido con el onmyoji abriera los ojos ante la insensatez de sus actos, pero no habían conseguido que cambiara la determinación de su búsqueda. En su mente atribulada por la culpa y azuzada por su sueño, creía que si conseguía llevar a la diosa loba y al amuleto ante los pies del daimio y su hija, quizá esta última comprendiese que su amor era sincero y la petición del emperador una locura, y podría liberar a la diosa ante sus pies para traer de vuelta la luz al mundo.

Así que el maestro buscó el rastro de la loba durante meses atravesando Hokkaido de punta a punta hasta que sus pasos lo condujeron a la isla interior de Nakajima, lugar a donde apuntaba el amuleto de ópalo cuya divinidad ansiaba encontrarse con su parte material.

De la batalla acaecida entre un estoico samurái solitario, una diosa loba, y un onmyoji en este momento no hablaré, pues el último salió derrotado física y mentalmente, consiguiendo a duras penas desaparecer de la isla para llegar desorientado, hambriento y malherido a las puertas de la casa de un viejo campesino que le dio de comer.

Y en agradecimiento a ese acto de bondad recibida, el onmyoji elevó una última plegaria por el destino del mundo y de su amada, le entregó el amuleto al viejo campesino, y exhaló su último suspiro antes de dirigirse a las tierras sin sol, pues su historia había terminado.



-¿Y qué pasó con la diosa lobo, sobrevivió?
-Todo a su debido tiempo hija, pues para entender la historia de la diosa lobo, primero debes entender cómo empezó todo.


Hace siglos, cuando solo hacía un par de décadas que los Tokugawa acababan de tomar el shogunato de Nippon y Hideyoshi estaba embarcado el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un emperador que nació muerto por dentro.

En aquella época, antes de la restauración Meiji, la figura del emperador era meramente representativa, un adorno de salón encerrado en Kyoto mientras el gobierno de Nippon recaía sobre los hombros del shogunato, que en aquel momento tenía cosas mejores que hacer que preocuparse del bienestar del país.
Sin embargo, seguía siendo el emperador, y su favor podía ser un gran paso para cualquier terrateniente, daimio o señor de la guerra que aspirase a ser alguien en la corte del país.

El emperador muerto pasó a la historia con este nombre pues quienes lo conocían sentían que no había nada en su interior, que estaba vacío de toda alma, sueño, deseo o esperanza. Cuando estaban a su alrededor les aquejaba un permanente sentimiento de inquietud y malestar, y deseaban alejarse de su presencia casi tanto como deseaban su favor.

Un día, el emperador muerto reunió a su corte y con una sonrisa vacía de todo sentimiento y expresión, les ordenó una cosa: la diosa del sol debía ser traía ante él, viva o muerta.
A pesar del horror que se extendió por la corte como un viento helado, asintieron y felicitaron al emperador por su orden, e hicieron promesas de que serían ellos quienes traerían a Amateratsu ante sus pies.
Uno de los daimios de la corte, consumido por su sueño de poder vacío y conceptual, convocó a sus súbditos para cumplir con el deseo del emperador tentándolos con cuanto estaba en su mano, y estos partieron para seguir sus órdenes.

Había un estoico samurái que siempre le había sido fiel y fue a sus tierras a preparar una expedición.

Había un onmyoji que partió en solitario.



-De las historias del daimio y del emperador muerto no te contaré más, pues ni todas las historias son de provecho, ni todos los sueños contienen un alma que admirar. Así que no pidas más.
-A nadie le gustan el emperador o el daimio, mamá, no me mientas por el bien de la narrativa.
-Ojalá fuera así, hija. Ojalá. En fin, sigamos hacia el final de la historia…


Hace siglos, cuando sólo hacía un par de décadas que los Tokugawa acababan de tomar el shogunato de Nippon y Hideyoshi estaba embarcado el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un estoico samurái que…


-¡No quiero oír la historia del samurái, son todas iguales!
-¿Cómo?
-El noble samurái al servicio de su señor, blablablá, jamás se separa del camino recto, blablablá… Quiero oir la historia de Amateratsu, no la de un estúpido samurái.
-Pero… El samurái…
-No quiero oír otra historia de hombres con mujeres accesorio, ¡quiero oir la historia y el viaje de la diosa loba!
-…
-¿Sabes hija? A veces no sé si te quiero con locura, o me pareces la mocosa más insoportable que he conocido.
-…
-En fin, te propongo algo, ¿Qué te parece si dejamos la historia aquí, y el próximo día te cuento la triste historia de una diosa del sol atacada sin previo aviso mientras traía su luz al mundo?
La historia de una diosa despojada de su poder y su divinidad, obligada a adoptar la forma de una loba blanca únicamente por el decreto de un hombre que se había olvidado de soñar, la mediación de un hombre con el sueño de un poder vacío, y las artes de un hombre con un sueño errado.
Una historia donde una diosa de pelaje blanco salva a un hombre guiado por un sueño recto que está en apuros y aprende a amarlo en su ignorancia.
Una historia donde la diosa, el hombre del sueño errado, y el hombre del sueño recto combaten a muerte en la isla de un lago del sur de Hokkaido.
La historia de una diosa que llora por la muerte de su amado y vaga malherida por los arrozales del sur de la isla en que vivimos.
La historia de la bondad de un viejo cuyos sueños murieron hace tiempo y de la restauración de la luz en el mundo de manos de la casualidad.
La historia de una diosa que elevó a un hombre muerto a las estrellas para compartir con él la eternidad.
-…
-Me gusta. ¿Qué pasará con el viejo campesino? ¿Y qué le sucedió al arroz y al cuerpo de su esposa?
-Que morirá viejo y campesino. Que una niña que no quería saber de samuráis los borró de esta historia. Los círculos no siempre son cerrados.
-Eso no me gusta.
-Piensa que las historias no están hechas para que te gusten. Sencillamente suceden en algún lugar, en algún momento, a alguna persona. Consuélate con que la diosa Amateratsu tuvo su historia y te la contaré pronto.
-Supongo que ya es bastante.
-...
-Muchas veces, al ver el mundo, me da por pensar que no tenemos derecho a tener nuestras propias historias.
-…
-Jamás, hija. Que nada ni nadie te lleve a pensar eso. Y ahora duerme.
-Buenas noches mamá.
-Buenas noches hija.

Tras apagar la luz del cuarto y asegurarse de que la respiración de su hija se volvía acompasada, Fuuka fue a la cocina, abrió el tarro de café descafeinado que guardaba en el último estante y sacó un cigarro.
Habían pasado ocho meses desde el último, pero había noches en que sencillamente necesitaba un último cigarro.

Apoyada en el balcón, con la constelación del samurái solitario en el cielo, y la ciudad de Sapporo a sus pies, Fuuka pensaba.
En las historias, en los sueños, en el arroz, en la magia, en los círculos no cerrados, en la vida y lo perra que podía llegar a ser dependiendo de dónde hubieras nacido y qué sociedad te hubiera educado.
En su marido, que se retrasaba de nuevo, y en la cara de buena esposa que debería mostrar cuando se abriese la puerta oliendo a alcohol y a perfume barato.
En su hija.
Cuando la brasa llegó al filtro, separó la colilla de sus labios y la lanzó al vacío desde su apartamento del noveno piso y dio un último vistazo al cielo antes de entrar a casa y cerrar el balcón. Por un momento, pareció que la constelación del samurái solitario titilaba en oscuridad en un guiño de aprecio y reconocimiento a la persona que le había dado nombre y ser.
O que lo haría la próxima noche que su marido llegase tarde a casa.

Fuuka sonrió.
________________________________________________________________________________________________


Y ahora procedo a explicar las votaciones:

Se votara puntuando de 1 a 6-7 puntos según cuanto te haya gustado un relato, los autores empezaran a votar a partir de los 6 puntos y la gente que no haya escrito a partir de 7, dando 6-7 puntos al que más y 1 punto al que menos y argumentando un poco, os pongo un ejemplo:
7 puntos para Titulo del relato más legendario jamas escrito. Me ha gustado como trata la trapalantia ademas tiene muy buen uso del lexico y blablabla
6 puntos para Titulo del un relato que te ha gustado mucho. El punto de vista de este autor respecto a la entropia en las sustancias con metano es muy bueno porque blablabla
5 puntos para Titulo del relato bueno. Argumento.
.............El resto de relatos de mayor a menor gusto................
2 puntos: Titulo del relato que no te ha gustado. Este relato nos plantea una manera de ver la salgopia en la que no coincido y blablabla
1 punto para Titulo del relato que si lo vieras por la calle te cruzarías de acera. Aquí se plantea un punto de vista respecto al nirvana y el cubismo intrínseco que me dan ganas de dar por el c**o al autor.
Intentad no usar comentarios soeces el ultimo ejemplo es como no debéis criticar. Tratad de que sea constructivo no de hundir en el fango al autor, que a todos nos salen malos relatos de vez en cuando xD.

Ademas se les restaran 5 puntos a aquellos autores que no voten. Si quieres que te lean que menos que molestarte en leerlos tu.

Aclarado todo podéis empezar a votar y tenéis 2 semanas hasta el dia 10 de enero este incluido. Buena suerte a todos y feliz navidad.

PD: Y que la fuerza os acompañe. Que siempre viene bien.
PD2: Que bonito ha quedado. Comenzando pagina y todo.
Última edición por Javisba el Lun Ene 04, 2016 1:22 am, editado 1 vez en total.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por General Error »

Imagino que como siempre, los que no mandaron puedes juzgar en publico sin más pero quien mando su relato tiene que mandar obligatoriamente sus votos por MP a Javisba.

De no ser así seria sencillo ver de quien es cada relato.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por CaptainSoraking »

Aparte de eso, todo el mundo daría los máximos puntos a su propio relato porque total, no se va a enterar los demás que era el suyo hasta que se revele a los autores. Vamos pienso yo XD Los leeré esta noche cuando tenga un rato.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Javisba »

Que coño por mp, eso es una lata. Postead los votos aqui. Y al que le joda revelar su relato que baile.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Takagi »

¡Pues a bailar! Dejo mis votos aquí, gracias por el entretenimiento, muy buenas relatos:
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6 puntos para "Cartas desde una tumba". Para mí, el mejor. Ese rollo místico e inquietante, la buena ambientación y, entiendo, documentación (o conocimiento), la capacidad para engancharme... Me ha cautivado, lo volveré a leer.
5 puntos para "El samurai del cielo azul". Legedario. Brutal. Me lleva a donde debería, tiene palabras japonesas bien escritas, humor, la historia del gran Monky, ligado con el foro sin desviarse del tema... Ideal.
4 puntos para "Una palabra". Me parece increíble que una historia así haya cabido en el formato del concurso. La división, los personajes, la estructura, la historia en sí, me ha encantado.
3 puntos para "Sueños e historias". ¿Es la traducción de un haiku lo que abre el relato? Me ha gustado, no tanto como los dos primeros, pero sí más que los últimos.
2 puntos para "Haiku de despedida". Me gusta, el estilo consigue que empatice con el protagonista. Sin embargo el tiempo utilizado en algunos pasajes me ha descolocado un poco, algo personal, y algunos párrafos necesitarían ser oxigenados. En general me ha gustado menos que los que tienen mayor puntuación. Pero muy chulo, relatas la acción de una forma muy dinámica.
1 punto para "Alas blancas". Breve, directo, bien ambientado y curioso. Me he quedado como los alumnos, maldita sea. No me parece para nada malo, pero me ha gustado menos que los otros.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Drag »

Bueno aquí van mis votos, he intentado hacer una crítica constructiva de todos desde mi punto de vista:
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La serpiente carmesí: Tiene pinceladas narrativas impresionantes, te ha quedado bien pero lamento decir que más lo veo como un pre al relato futuro, es decir, falta desarrollo. Veo varios problemas:
-A veces confunde de lo rápido que pasa todo, no se si esa era tu intención
-Has hecho un relato muy corto centrandote en acciones, quizás te habría quedado mucho mejor si te hubieras centrado en los sentimientos y la psicología de los personajes
-Demasiado corto en relación al relato
Pero también tiene pros:
-Relato con un gran potencial a mejorar, sobretodo te ha faltado nada para hacer de Masao un personaje con carisma, quizás esa longitud de la que hablo afecte.
-Buena narrativa
-La parte inicial donde suceden los diálogos fluídisima y te ha quedado genial

Haiku de despedida: Me parece una idea sublime, ya que estamos cansados de ver luchas,pero no los sentimientos o pensamientos de ella durante esta. Como un corto período de tiempo se hace eterno mentalmente, una gran recorrido a través de últimos momentos de un samurai antes de la batalla y su derrota/victoria. Quizás el fallo que veo es que la narración es un poco gruesa y no alcanza a dar un dinamismo que te permita seguir la historia con facilidad( las partes de acción no, están muy bien ambientadas) Aún así, gran relato. El párrafo donde suelta y toma aire repetidamente me ha encantado.

Alas blancas: Un relato muy interesante y breve. Pero desde mi opinión, le ha faltado ese “impacto” que suelen tener historias con esta longitud. No es que no me haya gustado, no me ha dado tiempo.

Samurai del cielo azul: Un relato que mezcla acción y comedia de una manera muy satisfactoria. Me ha sido sencillo visualizar la obra en mi cabeza. Fácil de leer, absurdez, luchas, buenos personajes, creo que ha conseguido lo que se proponía el autor y eso es muy difícil.

Cartas desde una tumba: La relación entre el monje y el ronin es lo más escabroso, bizarro en el sentido anglosajón y genial que he leído en tiempo. Partes de la historia muy fluidas narrativamente, el personaje principal es impresionante y tiene puntos cómicos buenísimos. Ese “Dia 500. Creo que he matado al monje.” es la hostia.
La estructuración de la historia por días acertada y todo ese viaje acompañando al pobre hombre allí agazapado se hace muy divertido e interesante. Me ha gustado como entrelazas el principio con el final.

Sueños e historias: Narrativamente y documentalmente es la hostia, la mejor de todas pero no me ha enganchado tanto como otras de la lista. Hay algunos detalles que no me acaban de convencer, me parece forzado usar una madre y una hija para contar esta historia, yo lo habría situado diferente, pero bueno es mi opinión solamente.En resumen, técnicamente muy bien pero la chicha del relato ni me ha acabado de enganchar ni gustar en demasié, cosa que no quite que es un bueno en todos los ámbitos aunque vea un aspecto muy superior al otro.


Votos:

6 puntos para Samurai del cielo azul

5 puntos para Cartas desde una tumba

4 puntos para Haiku de despedida

3 puntos para Sueños e Historias

2 puntos para La serpiente carmesí

1 punto para Alas blancas
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Rockorn
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Rockorn »

:joint: Enhorabuena a todos los participantes, no es fácil ser creativo y menos por estas fechas. Creo que todos los relatos han estado muy chulos y me he entretenido leyéndolos. Ahí van mis puntuaciones:
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  • 7 puntos - Haiku de despedida:
    Me ha encantado como el autor mezcla pasado con presente, como se va narrando la historia del personaje mientras espera a su contrincante. Para mí ha sido el único relato que me ha logrado transportar al Japón feudal del que trataba el tema. El tema es simple pero la narración muy compleja y profunda.
  • 6 puntos - Cartas desde una tumba:
    Este ha sido el más original aunque tenía pocos ingredientes del Japón feudal.
    EDIT: Mea culpa, no sabía que lo de los monjes que se momificaban a sí mismos era real y verídico. Aun así la pongo en segundo lugar porque me gustó más la primera.
  • 5 puntos - El samurái del cielo azul:
    Ha sido entretenido de leer aunque me ha desconcertado ese ir y venir entre un relato serio y otro cómico. Además que muchas coñas están hecha para veteranos y yo no me entero XD.
  • 4 puntos - La serpiente carmesí:
    Me ha molado el tema de las disputas por el poder, asunto muy habitual en el Japón feudal. Me ha desconcertado la parte del principio que la verdad no he entendido muy bien.
  • 3 puntos - Una palabra:
    El desenlace me ha resultado muy corto para toda la parrafada previa. Ha resultado ameno pero al terminar de leerlo no me ha quedado muy claro la relación entre las distintas partes.
  • 2 puntos - Sueños e historias:
    Para mi gusto un relato demasiado serio y monótono con una estructura muy irregular. Valoro el amplio vocabulario usado por el autor.
  • 1 puntos - Alas Blancas:
    Ha empezado muy chulo, pintaba bien, pero me da la sensación de que el autor se encontró con que no sabía como seguir con la historia o que no le daba tiempo de terminarla. Puede no haber sido este el caso pero es la sensación que me ha producido.
Disculpen mis parcas palabras, hoy ando algo quemado en lo que a escribir parrafadas se refiere, espero no haber contrariado a nadie con mi criterio. Quizás no me he explicado bien pero estoy seguro de haber puntuado justamente.
Última edición por Rockorn el Lun Dic 28, 2015 1:55 am, editado 1 vez en total.
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xoDet
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por xoDet »

Al final no participé, pero he aprovechado el viaje en tren para leer los relatos, así que paso a dar mi puntuación con un criterio un poco random, pero más o menos es del que más me gusta al que menos aunque a lo mejor la diferencia entre el 1º y el 4º no es muy grande:
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7 puntos: Cartas desde una tumba. Cuando busqué información sobre el japón feudal, encontré una parte dónde hablaban de esos monjes que se momificaban y me pareció muy interesante. Y me ha parecido original construir el relato a partir de esto, además me ha gustado xd.
6 puntos: Sueños e historias. A mi, la primera historia del campesino viejo ya me ha ganado. Me he quedado con las ganas de leer más la historia del samurái y la diosa/loba, no sé si el autor no ha querido, no ha podido o le ha dado pereza xd, pero me ha gustado.
5 puntos: El samurái del cielo azul. Me he divertido mucho leyendo éste. Monky, el gran héroe, salvando a una mozuela y a su pueblo del malvado Golda xD.
4 puntos: Haiku de despedida. No os fiéis de la gente inpunutal. Y no sé que más decir, los duelos molan y vencer a una espada con un tronco y un puñetazo también. Aunque falata una palabra aquí: " El joven que había con un leño a un samurái entrenado era una historia que se había esparcido como la pólvora."
3 puntos: Alas blancas. Este también me ha gustado mucho. Qué morro tiene la gente de morirse en los momentos más inoportunos.
2 puntos: Una palabra Me ha gustado más la parte de Sei y me sabe un poco mal sólo dejar uno y dos puntos en las dos últimas, pero bueno, es lo que hay xd.
1 punto: La serpiente Carmesí Bueno, el último punto le toca a ésta, a lo mejor el orden ha influido, quién sabe.
Pues ya está, felicidades a los participantes y a ver si hay concursos más a menudo.
"Si un mapa polsós em porta un gran tresor,
és que les velles llegendes fan arribar a bon port."
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Arzhat
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Arzhat »

Bueno, ya he leído todos. Felicito a los participantes, todos me han dejado un buen sabor de boca. Intentaré hacer una buena critica constructiva de los relatos y de verdad que mi intencion no es ser duro, me disculpo si lo parezco xD.

Sueños e Historias
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El trabajo de investigación que hay detrás del relato me asombró, me quito el sombrero ante el autor/a.

Me lograste transmitir el misticismo del folclore nipón, eso no es fácil de plasmar, te felicito.

La relación madre e hija no me parece muy realista. Me hubiese gustado que hubieses desarrollado más este aspecto, que lograses que me enterneciera con este tipo de interacción, no que la niña me pareciese una sabelotodo pedante y la madre una repelente. Es posible que no era lo que el autor pretendía transmitir, pero así fue como lo percibí.

La estructura de los cuentos, como se suceden...Me perdí mas en mas de una ocasión. Me hubiese gustado un poco mas de sencillez en este aspecto ya que hace que el ritmo del relato se ve truncado por eso. Son cuentos carajo, dale más sencillez y mas ritmo.
Cartas desde una tumba
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Premisa aunque interesante, me pareció que esta mal llevada.No entiendo porque un guerrero capaz iba a meterse en una tumba por tanto tiempo, dependiendo únicamente de la buena fe de un tipo que en cualquier momento podían matar o lo podía traicionar, sin mas. No lo se, no me cuadra demasiado y me escama bastante.

Me encanta lo bien escrito que está. Impecable. Te felicito, escribir así requiere mucho trabajo y es algo que respeto muchísimo.

Si bien no me gusta como esta llevado el relato, el final ha sido brutal, magnifico. Me ha encantando como has llevado la locura del protagonista, ha sido genial. Te felicito también por lograr transmitir ese mal rollo, es algo que me parece complicado de lograr y por eso lo valoro tanto. Escribe mas momentos así, por favor XD.
Samurai del cielo azul
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No termina de agradarme, en términos generales, tu forma de escribir. Es algo mas bien personal. Me parece que, comparados con otros relatos, está menos mimado. Lo siento.

Algunos diálogos los encuentros un poco descafeinados y al tener tanto peso en el relato, hace que me aburriese en ciertos puntos del relato.

El humor ha estado bien, pero ha sido un humor dedicado a un publico determinado, publico en el que no estoy yo. Pero bueno, este punto es bastante personal. Me suena golda, me suena monky...pero ya.

Haz logrado transmitirme muy buen rollo, me has transportado a cuando mis amigos roleaban y yo oía sus coñas. Creo que has querido transmitir eso y (aunque haya dicho lo del punto anterior) me has sacado un par de sonrisas. Te felicito.
Una Palabra
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Los diálogos me han parecido forzados. Escribir un dialogo natural puede llegar a ser difícil, es algo que hay trabajar mucho. Al leerlos tengo la sensación de que un actor muy malo esta sobreactuando sus lineas. Creo que te falta mas trabajo en este aspecto. Lo siento.

Me parece que el autor de este relato esta aun muy verde, necesitas escribir mas, no vas por mal camino, pero tienes que trabajar mas. Esto de escribir requiere mucho trabajo, espero que esta critica en vez de desanimarte te anime en seguir escribiendo.

Hay una mente muy imaginativa detrás de esto. He leído relatos impecablemente escritos pero que han fallado a la de imaginar una buena historia. Escribir bien se puede lograr con practica, tener imaginación para crear historias no.

Tienes en tu cabeza una buena historia que puede, con un poco de trabajo, ser un muy buen relato. Te felicito. Por favor, sigue escribiendo, no dudo que en un futuro puedas presentar una relato redondo.
Serpiente carmesí
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tengo prácticamente los mismo que decir de este relato que de Unas Palabras. Tus diálogos están mucho mejor elaborados y se nota que eres un escritor mas curtido y el trabajo de investigacion quizas fuese mayor. Pero en esencia te digo lo mismo, una buena historia que pudo ser mejor contada. Siento no dedicarte mas palabras pero es que poco mas tengo que decir que se desmarque de mi anterior critica. Eso sí, te digo lo mismo; sigue escribiendo tu cabeza puede parir muy buenas historias.
Alas blancas
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Es corto, lo siento, pero es que compites con gente que ha presentado relatos mucho mas largos, y aunque es mi favorito, te reprocho eso.

Es impecable, de principio a fin, una historia sencilla, bien llevada y que me ha hecho sonreir. Te felicito, creo me lograste transmitir lo que querías con tu relato.
Ahora mis votos.
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6 puntos a Alas Blancas
5 puntos a Sueños e Historias
4 puntos a Cartas desde una tumba
3 puntos a Serpiente carmesí
2 puntos a Una palabra
1 punto a El samurai del cielo azul
EDIT:
Drag escribió:Lo que si que te tengo que corregir desde mi opinión es de que estoy muy verde, Arzhat, esto es incorrecto, lo que esta verde es el relato ya que esta hecho rápidamente y sobre la ocurrencia, sin planificación ninguna, lo que iba pensando lo escribía, quizá te ha dado esa sensación por eso.
No sabia que eras el autor. Como dices, es la opinión que me forme al leer tu relato, no conozco otros escritos tuyo y bueno...me alegra saber que eres consciente de tus fallo en este relato, pues eso significa que en un futuro trataras de solucionarlo. Como ya dije, espero que sigas escribiendo.
Última edición por Arzhat el Mar Dic 29, 2015 2:58 pm, editado 2 veces en total.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Drag »

Pues yo me voy a animar a hacerme autocrítica a mí mismo antes de que acaben las votaciones para resolver algunas dudas. Primero de todo, muchas gracias por los comentarios de Xodet,Takagi,Rockcorn y Arzhat.

Mi relato, como muchos sabrán ya, es Una palabra. Realmente, cuando lo tuve terminado en mis manos, no quede satisfecho, pero me puedo mini-excusar con 2 elementos:

-Ultimamente no he estado muy bien de salud
-He tenido exámenes hasta hace bien poco

Tenia dos opciones: Relato con una idea a corto plazo potente o relato con una idea a largo plazo pero condensada, y elegí la segunda, cuando claramente cometí un error ya que lo termine en un solo dia, la idea y el cuento. Se me apareció en la mente y lo hize en unas 3 o 4 horas, no tuve tiempo antes. Dadas las prisas, me han quedado los diálogos muy artificiales y sobre la marcha, a veces quedándose en un quiero y no puedo. Lo que si que te tengo que corregir desde mi opinión es de que estoy muy verde, Arzhat, esto es incorrecto, lo que esta verde es el relato ya que esta hecho rápidamente y sobre la ocurrencia, sin planificación ninguna, lo que iba pensando lo escribía, quizá te ha dado esa sensación por eso.

Otro fallo grave es el desarrollo. Mi relato claramente es una historia que necesita de mucha más evolución de la que le he dado, si no queda la pasada superficial por la que navego la cuál ha quedado en el papel. Cuando la leo siento que me estan contando algo deprisa y algunas veces mal, dejandóse detalles importantes. No he podido mostrar bien la psicología de los personajes, no he podido madurar las escenas de acción y sobretodo he recurrido a una narrativa apresurada y somera. Lo que ha resultado en una especie de batiburrillo entre dialogo mecánico, narrativa rauda y omisión de detalles importantes.

Con esta historia quería expresar la influencia de una persona en una gran número de ellas, como algunos destinos se entrelazan, la crueldad humana, el misticismo japonés( sobretodo al principio del relato), la cercanía de la vida y la muerte y su hermandad, las dos caras de una moneda como son diferentes pero profundamente llegan a ser iguales. Por eso hize paralelismo con:

-Sei: Vida en japonés, en contraposición con Shi y Ningyo(Muñeco) el cuál es un ejemplo de los miles de personas controladas por él.
-Shi: Muerte en japonés, contraposición de Sei
-Mitsuki: Bella luna
-Yuuki:Valiente
Estos dos simbolizando a dos jovenes valientes corriendo debajo de la bella luna
-Ningyo: Muñeco en japonés, simbolizando una persona con la vida controlada, una "marioneta" de Shi.( Por esto dice lo de "solo soy un muñeco" cuando le pregunta Sei)

Me habría gustado darle más enfásis al poder de la palabra, contar la vida de Shi, mayor evolución de Ningyo...Pero dada la barrera de las palabras no ha podido ser.

Muchas gracias por las críticas de todos y las venideras.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Javisba »

Recuerdo que hay que votar. Que me había olvidado hasta yo xD
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por CaptainSoraking »

Por fin me los he leído. Siento la tardanza, no ha sido queriendo que digamos -.- Entre los trabajos, las prácticas, los exámenes y otras actividades del foro, no he podido leer todas las historias hasta hoy y postear. Vamos, no se puede decir que haya tenido vacaciones xD Empecemos:
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6 puntos para "Cartas desde una tumba". Me quito el sombrero ante esta obra. Al principio pensaba: "Esto va a ser un coñazo" Oooh bendita equivocación. Me ha gustado mucho la forma de expresarte y cómo has explicado la historia del ronin. Es diferente al resto de historias del japón feudal, no siempre tiene que ser todo lo mismo. Y también es difícil lo que has escrito. A mí se me ocurren tres o cuatro días y ya no sé que más contar. En un escenario tan pequeño y con tan sólo dos personajes físicos (los demás no entran en escena realmente). Me ha gustado mucho, la verdad XD Si hubiera 10 en la votación te lo daría pero sólo puedo darte esto XD

5 puntos para "Una Palabra". Un comienzo muy triste, con el nacimiento del niño y la terrible muerte de sus padres. Posicionas bien al lector, eso es esencial. Que el lector sepa donde está en la lectura, guíalo, y si tiene que ser de la mano mejor XD Por el final, me hizo pensar que tu historia era la historia anterior a la de Serpiente Carmesí. Una guerra civil, el "samurai" llevando ante el jefazo. Parecía la misma historia de Serpiente Carmesí pero anterior y desde otra perspectiva. Una pena que no fuera así XD Pero me gustó el final. No hay por qué matar al enemigo, siempre es peor castigo dejarlo vivo y que vea todo lo que ha conseguido siendo pisoteado. Que se coma la conciencia a base de bien. Ha fallado algo la escritura pero por el post que has puesto te lo perdono xD Tampoco pido que un relato sea una obra maestra y no tenga fallos ortográficos pero si un mínimo de cuidado.

4 puntos para "La Serpiente Carmesí". A medida que avanzaba me convencía cada vez más de quien era la historia XD Es que hasta la descripción de los personajes es idéntica a las historias del autor :P Pero creo que este mismo hombre me ha pillado también a mi XD Has cometido fallitos que no me han gustado mucho, como el fragmento de tiempo que cuentas la historia. Veo poca información del antes de esta historia, no posicionas bien al lector en un escenario y línea de tiempo. Pero a medidas que lees lo vas pillando y al final acaba siendo entretenido. Al menos lo he podido leer del tirón y no pararme a abrir veinte veces el facebook por estar aburrido XD Y no sabía que los cinturones fueran armas de destrucción masiva xD O eso o que el samurai no era muy bueno XD

3 puntos para "Alas Blancas". Un relato demasiado breve y directo. No sé por qué pero me suena un poco esta historia o al menos es parecida. Parecía que iba a ser aburrido pero le ha dejado ese punto final de misterio y moraleja para los alumnos. No ha tenido ese punto de investigación al nivel de los anteriores pero eso no quiere decir que me guste más o menos. Mientras entretenga puede estar ambientado en lo que sea. Le doy más puntos que a los dos anteriores porque al menos me ha mantenido pegado a la pantalla, aunque fuera breve XD

2 puntos para "Sueños e historias". Sin duda es la historia con mayor trabajo de investigación. Me quito el sombrero, si señor. Pero aún así no me ha llamado mucho la atención. Primero lo saboría que es la madre con su hija XD Aunque el trabajo de investigación haya sido brutal, me ha costado entenderlo y no logro visualizar con claridad la obra en mi cabeza. Muy liosa, en resumen.

1 punto para "Haiku de despedida". Sintiéndolo mucho, es la historia que más me ha costado leer. Párrafos eternos, la ida y vuelta del presente al pasado. Cuando al leer una historia me crea necesidad de distraerme con otra cosa, malo. No ha estado mal la idea de contar la historia del samurai pero no me ha gustado del todo. Demasiadas pausas para contar su historia, me ha cortado bastante el rollo cuando parecía ponerse interesante en algunos puntos. De todas formas enhorabuena por la historia XD
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Meyol
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Meyol »

La logística impidió que participara, no obstante...
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...seré escueto, porque no tengo mucho que decir y porque mi posición de no participante me lo permite jajaja.
1 punto para: La serpiente carmesí, la frase que podría resumir esto es: "el relato entró en mi pero yo no entré en el relato".
2 punto para: Haiku de despedida, no me ha llegado por así decirlo.
3 punto para: Una palabra, un caso parecido al anterior y quizás podría intercambiarles puestos.
4 punto para: El samurai del cielo azul, me ha gustado, aprovechar la idea de la guerra de bandas ha sido una buena idea para inspirarse y tal.
5 punto para: Alas blancas, me ha parecido simpático.
6 punto para: Sueños e historias, porque es lo que en esencia, pero con una perspectiva diferente y salvando las distancias, tenía en mente yo.
7 punto para: Cartas desde una tumba, sencillamente porque no suelo leer epístolas y me ha gustado.
No pensaba ponerlo ya que es sólo un esbozo de lo que quería hacer (la parte del final tenía intención de ampliarla ciertamente), pero ahí va mi pequeño esbozo (sin título como podréis apreciar):
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Japón, hace mucho, mucho tiempo. escribió: Matao, un samurai cansado de las batallas recientes, se disponía a enfrentar el día con una sonrisa pese a que el frío de esa mañana invernal le quitaba las ganas hasta al más optimista.

-Matao: Maldito shogun, con tanta guerra no me da tiempo ni a reparar mi katana, en fin, no perdamos más tiempo.

Mientras el jayán se dirigía al poblado un extraño brillo morado le envolvió y le hizo desaparecer en el espacio-tiempo.
España, hace escasos, escasos mintos. escribió: -Oñot: Excelente, ¡ha funcionado!

Un destello se hace presente y poco a poco va tomando forma humana.

-Oñot: ¡Bienvenido! Y tranquilo, no te asustes, sólo quiero que me ayudes a realizar un relato ambientado en tu época.
-Matao: 饎揦 む狥がヒュつ ぜれびょ
-Oñot: ¡Mierda! No había caído en la barrera lingüística, en fin, un placer y 'babidi, bibidu, bu, ahora desaparécete tu'.

El destello morado volvió a envolver a Matao y se disolvió en el aire.

-Oñot: Nota mental, la próxima vez hay que contratar a un intérprete.
Japón, de nuevo en el pasado escribió: Ante la sorpresa de los transehúntes, aparece un destello morado que va adquiriendo la forma de un humano.

-Matao: ¿Que ha sido eso? ¿Quién era ese individuo? ¿Por qué tengo la sensación de que me han usado en vano? Bueno, en cualquier caso al menos me han dejado al lado de mi destino: "La forja".
Decía salvando las distancias porque nada tienen que ver salvo en la mezcla de épocas y en ir a contar algo con alguna que otra interrupción. Y...bueno, lo ideal hubiera sido poner la imagen diréctamente dentro de un spoiler, pero no se puede poner un spoiler dentro de otro, una pena.

En fin, decía que no quería ponerlo, más que nada por ser una obra inacabada, pero como me gustaría saber "el como se hizo" o cual fué la semilla que terminó siendo vuestro relato, no podía sino hacer lo propio:
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Como se hizo: (Sin título).
Al principio pensaba poner una batalla de espadachines o algo similar, aunque no me terminaba de convencer la idea.
Poco después leí el post de The Buddha y me vino a la mente mezclar épocas.
En cierto modo, me inspiraría en el cómic 17 del primer volumen de las tortugas ninja, que no tiene nada que ver al final pero esa sería probablemente de donde cogí la idea de mezclar (ya se que hay más historias donde esto pasa, pero en el último año me he leído a las tortugas y es de ahí de donde sale la idea).
Para la escena final, la imágen básicamente, eso es Mortadelo puro y duro, después de escrbir el "final" y pensándolo friamente está claro que viene de ahí la inspiración.
Así que...sólo me queda preguntaros como fué el vuestro, pero obviamente después de votar y de que Javisba revele de quién es cada cual, no sea que influya de alguna forma a la votación.

PD: ¿Qué interés puede haber en saber como se hizo? Pues querer ahondar más en él, conocer partes que quizás se desecharon, si ha gustado pues leer más en el original o huir sino ha molado, etc.
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Re: Concurso mensual - 37ª edición: Japón feudal

Mensaje por Polizonte Nack »

Mmmm... me acaban de recordar que hoy y ahora se acaba el plazo para votar, pero me encuentro en un estado demasiado lamentable como para poder ponerme a ello en condiciones, así que dejaré los puntos que más o menos los tenía en la cabeza y mañana en cuanto pueda editaré con comentarios, autocrítica, respuestas y demás. Perdón por la tardanza y esas cosas:
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Cartas desde una tumba: 6 puntos.
Haiku de despedida: 5 puntos.
El samurai del cielo azul: 4 puntos.
Alas blancas: 3 puntos.
Una palabra: 2 puntos.
La serpiente carmesí: 1 punto.

EDIT:
Parece que mi iniciativa para que escribierais de madrugada a funcionado. Un relato a las 5 y otro a las 6:46. Como apuráis cabrones xD.
Yep, el del cuarto de hora antes de la fecha límite fui yo, y las últimas mil palabras o así las escribí en un estado de ebriedad incierto y variable al llegar a casa de madrugada.
Pero en fin, eso no viene mucho al caso, así que vamos con los comentarios de los relatos: xD
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-Cartas desde una tumba: Lo primero que llama la atención del relato es la originalidad, eres el único que no ha cedido a la tentación de hacer una historia de samuráis y ronins al uso. Sí, el protagonista es un ronin y la base argumental se podría decir que es algo típico, pero todo el tema de los Sokushinbutsu es lo suficientemente desconocido e interesante como para que suponga un punto a favor en cuanto a querer hacer cosas distintas, y la tematica de terror psicológico escogida es genial, aunque podrías haber conseguido aún más malestar mental con la lectura. Al leerlo por segunda vez, siento que da perfectamente para conseguir ese mal cuerpo que te metían algunas historias de Poe o Lovecraft (en las que no se metía en temas de aberraciones primigenias, claro está xD).

Respecto a otras cosas, estoy de acuerdo en lo comentado de que las bases de la historia flaquean un poco, pero no tanto por lo de que el ronin pueda ser más o menos espabilado (al fin y al cabo un ronin es un guerrero de segunda fila al que se le presupone no demasiado letrado. Otra cosa es que nos pase un poco lo que con los ninjas, que con el tiempo les hemos creado un aura romántica exagerada...), sino porque nadie en su sano juicio accedería a eso, da igual que fuera más o menos inteligente xD
Sin embargo, sucede una cosa buena, que no se si hiciste adrede o te salió involuntariamente, y es que ese planteamiento lo escupes del tirón al principio, cuando en general la suspensión de la incredulidad está más abierta a lo que le pueda llegar y puede dejar correr inconsistencias como esa o la de que se le encargue a un ronin de medio pelo una misión así, que lo más normal es que se cambiase de bando con la información del complot.

Pero en fin, dejando de lado esto, la que más me ha gustado con diferencia, tanto por tema, como por el formato epistolar, como por la escritura. Tienes mis dies.


-Haiku de despedida: Relato muy bueno en términos generales. Tienes un buen estilo escribiendo y narras muy bien en tercera persona, algo que considero dificilísimo de hacer de forma medianamente decente, y eres capaz de dibujar combates y escenas complejas en la cabeza del lector. Me encanta que metas a Mushashi dentro del relato de una forma tan natural, sin grandes aspavientos, así como que le concedas un punto tan ruin como el del desgaste al rival (que, sin saber nada de su figura, consigues que vea verosímil).
La forma en que ordenas la narración alternando episodios pasados y el tiempo presente me ha parecido bastante acertada, así como el hecho de que no te hayas extendido demasiado y hayas sabido dejar la historia con un tamaño adecuado.

¿Pegas? Básicamente esa última batalla que encuentro un tanto anticlimática. No seré tan melodramático como Link17 pero sí coincido en que lo encuentro demasiado sencillo.
De cualquier modo, es algo que creo que comparten muchas dramatizaciones contemporáneas del duelo entre samuráis, que creo que nos hemos acostumbrado a verlas como un cruce de espadas superetéreo donde dos personas van corriendo una contra otra, se oye un "clinc", un cambio de plano, y una rodilla al suelo antes de morir.
Y para mi un duelo de samuráis no es eso (quizá esté equivocado, eso sí), para mi son dos tanquetas con armaduras de treinta kilos de hierro y cuero dándose palos mientras tratan de buscar y defender los huecos de su armadura xD

Pero en fin, que indudable segundo puesto, felicidades por el relato.


-El samurai del cielo azul:Esta, junto a cartas desde una tumba y haiku de despedida, fueron las puntuaciones que más claro tuve tras acabar la lectura, creo que hay un escalón entre estas tres y las siguientes, que me fueron bailando un poco entre sí conforme pensaba en ellas.

Lo primero, decir que estoy de acuerdo en parte con los comentarios de Arzhat, pero de una forma algo más light: como no-participante de la guerra de bandas, todas las referencias en el relato han pasado sobre mí en este plan, la narración basada en diáloco decae en ocasiones, y la forma de escribir me saca en algunas ocasiones del relato por el empleo de palabras (esto quizá sea algo personal, pero ver cosas como "mozuela, moza, pobrecilla..." así como esos arcaísmos como el "vos" o el "harto" fuera de ámbitos y marcos históricos muy concretos, me fastidia la lectura).

Sin embargo, aparte de esto, es un relato muy correcto y disfrutable, desarrollas la historia de forma correcta tanto a nivel de escritura como de argumento, has sabido ajustarte perfectamente a la extensión, le aportas una pátina general de humor bastante disfrutable, y la rematas sin tomarte demasiado en serio a tí mismo. Lo dicho, merecido y claro tercer puesto.


-Alas blancas: Bien escrito, y con un sentido del humor muy fino. Cuentas una historia con un par de parrafos y buen saber hacer, dejando al lector con una sonrisa cómplice. Creo que te mereces una buena nota por dejar esa buena sensación con tan poquito, felicidades ^^


-Una palabra: Juraría que es un argumento que dije en alguna otra edición, pero me da igual repetirlo porque es algo que me dijeron hace tiempo y se me quedó tan grabado a fuego que es por lo que me suelo guiar tanto para valorar un relato como para hacer autocrítica: "la prosa de calidad, da igual el género o argumento, deberá ser artificiosa a la par que "sencilla". Sin apoyarse en recursos impostados, debe tener riqueza y atractivo mediante el uso de recursos naturales". Eso es algo que no se consigue a menudo, pero puestos a no conseguir el equilibrio, creo que es mejor quedarse en defecto que en exceso, lo cual ha sido tu caso. No citaré nada concreto, pero es una constante en el relato.

La ambientación no es que haya quedado muy lograda, y más que un relato del Japón feudal parece una especie de relato contemporáneo de un mundo que ha ido por extraños derroteros, una distopía o algo por el estilo. Esto no es en sí una pega, perooo... no se, no me ha terminado de convencer.
La historia tiene acelerones y ralentizaciones que chirrían (me supongo que por lo que dijistes de que te faltaba espacio), el final queda abrupto, y argumentalmente no es que me haya convencido para nada, pero... Veo esfuerzo puesto en ella, y creo que aunque sólo sea por eso, merece la pena darte los dos puntitos para ver si vuelves a pasarte por aquí con algún relato más curtido y fogueado.


-La serpiente carmesí: El motivo para darte la menor puntuación es algo muy personal, lo siento: soy muy malo con las narraciones en tercera persona, y uno de los motivos es que administro fatal las presentaciones de personajes y las conversaciones múltiples. Y precisamente por saberme malo en ello, es algo a lo que le doy mucha importancia, y es algo que a ti te ha pasado en tu relato. Comienzas con una conversación de seis (¡seis!) personajes a pelo, los cuales das a entender que no son gente anónima (ya sabes, la típica de "los tres soldados apostados en la puerta se encontraban hablando, con el alto comentando blablabla..."), y dando apenas una frase de definición a cada uno. Pero cuando el lector está tratando de esforzarse en dar a cada personaje voz y apariencia, te lo llevas a otro lado sin mediar aviso.
Eso es algo que me mata, no te voy a engañar ^^u.

Y luego vuelves a hacerlo en la escena del envenenamiento, lo que ya me mata por segunda vez xD.

En tu historia los personajes entran y salen, pero en ningún momento llego a hacerme una idea general o medianamente parcial de ellos, lo que es una pena porque el relato en sí no está mal escrito y la historia me parece interesante y desarrollable.


-Autocrítica a sueños e historias y el cómo se hizo que pide Meyol: Pues de inicio, como me hicieron gracia los posts sobre la pretenciosidad que se dijeron en páginas anteriores, me dió el antojo de hacer la cosa más absurdamente pretenciosa que pudiera: un compendio de haikus sobre el cultivo del arroz en Hokkaido escritos por un agricultor a lo largo de cada mes de su vida. Cuando me puse a investigar sobre agricultura y poesía, ví que antes de poder llevar eso a buen puerto acabaría por cortarme las venas, así que deseché la idea. Pero el agricultor quedó.
Después de eso decidí hacer una historia de historias inconclusas que homenajeara a los contadores de historias (I love you, Gaiman), a la gente normal con sus vidas normales, y que además me permitiera rajar un poco del papel de la mujer en la sociedad japonesa, que es algo que siempre me ha tocado las narices. Básicamente de ahí salieron los cuentos de Fuuka a su hija, centrados en el viejo campesino, el onmyoji y el samurai (que sustituiría a última hora por la diosa loba. Porque las diosas lobas molan y punto).

Respecto a la crítica en si, pues qué puedo decir... Basicamente me dí el gusto de escribir lo que me apetecía, a pesar de saber que no era algo que fuera a gustar demasiado. Al fin y al cabo siempre me he tomado este tema como una excusa para obligarme a escribir de vez en cuando más que como un concurso ^^
Leyendo ahora la versión inicial me doy cuenta de lo que habéis dicho algunos: el final queda abruptamente cortado, la cohesión entre las diferentes historias (así como la línea temporal general) no está lo bastante remarcada como para que se termine de entender, y a la relación madre-hija le falta trabajo para conseguir darle verosimilitud y conseguir que se empatizara con ellas como personajes. Además de eso, fallaba cosa mala en puntuación, reiteración de palabras y construcciones que no terminaban de funcionar. A grandes rasgos, lo que le faltaba al relato era una revisión en frío y algo más de espacio, algo que que le dí unos días después de entregar consiguiendo algo más a mi gusto.

Por lo demás, nada, agradecer los (acertados) comentarios de cosas a mejorar, y los positivos sobre el aspecto técnico y la documentación (que por cierto tampoco fue tanta, que conste, algunas nociones básicas del cultivo del arroz, la geografía de Hokkaido, los mitos creacionistas nipones, la primera mitad de siglo de los Tokugawa en el poder, y el sistema de castas del shogunato japonés. No os vayáis a pensar que en la época de la invasión China de Hideyoshi hubo de verdad un emperador tan déspota o que existe algún relato que no sea el videojuego Okami donde la diosa Amateratsu adoptase forma de loba xD)
Aquí las respuestas a comentarios concretos:
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Takagi escribió:¿Es la traducción de un haiku lo que abre el relato?
Buf, que va, es sencillamente un párrafo que sintetiza la idea básica que quería para el relato. Como ya he dicho, mi idea inicial era hacer un compendio de haikus escritos por el viejo campesino a lo largo de su vida, pero cuando me puse a ello vi que la métrica y el contenido del género es restringidísimo, y si ya de por sí no es que sea un poeta, como para serlo en 17 moras, una yuxtaposición y un comentario natural xD

Arzhat y CaptainSoraking escribió:Primero lo saboría que es la madre con su hija XD

...

Me hubiese gustado que hubieses desarrollado más este aspecto, que lograses que me enterneciera con este tipo de interacción, no que la niña me pareciese una sabelotodo pedante y la madre una repelente.
Jo, me da que mi concepción de la paternidad y la maternidad, y las características que hacen a una mujer interesante y encantadora no son las mismas que las del mundo en general xDD
Xodet escribió:Me he quedado con las ganas de leer más la historia del samurái y la diosa/loba, no sé si el autor no ha querido, no ha podido o le ha dado pereza xd, pero me ha gustado.
La segunda opción, me temo. Ya me fui un poco del límite únicamente con lo que presenté, ni te cuento si hubiera puesto la historia completa. De cualquier modo, por darme el gusto y porque un par de vosotros dijistéis eso de que ojalá la hubiera terminado, completé la historia que tenía en mente y revisé lo presentado.
No se si alguno se la leerá, pero bueno, la dejo colgada en el siguiente spoiler ^^
Aquí el rework de 6000 palabras de Sueños e historias que comentaba por si a alguien le interesa:
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Existen los sueños olvidados, los conseguidos;
los sueños perseguidos, y los encontrados por el camino.
Y está la gente que ha olvidado como soñar.
-¿Mami? ¿Estás dormida?

Fuuka sonrió cariñosamente ante las palabras que significaban el inicio del ritual nocturno. Dejó el libro en la mesita y fue a la habitación de su hija, que aguardaba su llegada con los ojos sobresaliendo del nórdico.

-Mami, no consigo dormirme.

Adoraba el control de los tempos de su hija, eran parte del ritual: el tono entre implorante y lastimero, la mirada de cuidadoso y artificial desamparo, la espera de media hora entre que la dejaba acostada en su cama y la llamada para dejar claro que había hecho un intento de dormirse… Había que reconocer que estaba criando a una hija con talento para la manipulación y la extorsión emocional.
Y había talentos peores, pensaba Fuuka.

-Cuéntame una historia, mami, no puedo dormirme…

La reiteración del argumento y el excesivo empleo del diminutivo parento-filial restaba puntos a su, por otro lado, magnífica interpretación, pero probablemente se debían a un cansancio real, que sin embargo no evitaba que desease la consumación del ritual. No le importaba, ya que era algo que la propia Fuuka esperaba tanto como su hija.

-De acuerdo, pero… ¿Qué tipo de historia quieres? ¿Una historia feliz, de terror, aventuras, fantástica…?
-Quiero una historia. Una historia de verdad.

Fuuka sonrió para sus adentros, feliz por esas dos frases cómplices que tácitamente habían llegado a convertir en el inicio del ritual nocturno. Y entonces empezó:


Hace siglos, pocas décadas después de que los Tokugawa tomasen el shogunato de Nippon, y con el Shogun Hideyoshi embarcado en el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un joven campesino a pocos cientos de kilómetros de donde nos encontramos.

El joven campesino, que no siempre había sido campesino, llegó al sur de Hokkaido junto a su familia huyendo de las autoridades del gobierno central a propósito de un malentendido judicial, en una historia que deberemos dejar para otro momento. En compañía de sus padres, hermanos y abuelos, lograron roturar el bosque y aclimatar el suelo para el cultivo intensivo del arroz que habían practicado en Honshu.

El joven campesino amaba lo que hacía; había aprendido de su padre cómo hacerlo, y este lo había aprendido de su abuelo. Conocía las variedades más adecuadas para climas septentrionales y meridionales, era capaz de comprender los suelos y sus proporciones de gravas y arcillas sólo con poner los pies descalzos sobre ellos, y a partir de ello saber qué tipo de cosecha saldría, sabía cómo y cuándo hacer la siembra y recogida dependiendo del clima y la latitud, sabía…



-Mamáaaa, me estoy aburriendo, no quiero oír la historia de un paleto campesino del periodo Edo, y mucho menos quiero saber cómo se cultivaba el arroz hace quinientos años.

Fuuka a veces sentía ganas de matar a su generalmente encantadora hija. Odiaba que la interrumpiesen en medio de una historia.

-¿Quién ha pedido “una historia de verdad”, niñata? Las historias de verdad contienen personas de verdad, y la mayor parte de las personas de verdad hace quinientos años cultivaban arroz y tenían existencias sencillas. Las personas de verdad intentan buscar la felicidad en la infelicidad de su vida, y las personas de verdad son capaces de crear la mejor antología de haikus sobre el cultivo del arroz y la vida que jamás se haya plasmado en papel en toda la historia.
-¿El joven agricultor era un poeta? ¿Me hablarás de su poesía?
-Ahora, no. Porque la nena no quiere historias de verdad si estas versan sobre el arroz. Ahora la historia será otra, y te quedarás sin saber de la belleza escrita con que sintetizó mes a mes el mundo el joven agricultor.
-¡Jo!
-Y ahora, como iba diciendo pero no pretendía decir…


Con los años, los padres del joven murieron, y sus abuelos, tíos, hermanos y primos.
Él dejó de ser joven, pero era feliz porque los dioses le habían bendecido con una esposa maravillosa. No era la más rica, ni la más bella ni la más influyente, pero era única. Se escribirían versos sobre ella que quedarían grabados en la historia, porque él se encargaría de escribirlos; y cuando siglos después fueran leídos, el mundo vería a su esposa de la forma en que él la veía y la querría como él la había querido.

Yo lo hice cuando leí sus escritos. Yo amé el recuerdo de esa mujer, y tú también la querrás llegado el momento.

El caso es que el ya adulto campesino la amaba, y amaba lo que hacía, y su vida estaba llena con esas dos cosas, pero cuando creía que ya no podía tener más en su vida, descubrió que aún podía ser más feliz, pues su esposa un día le anunció que iban a ser padres.
No preguntó cómo lo sabía a pesar de que él no se había dado cuenta, ni perdió el tiempo diciendo algo que los hombres no deben decir cuando una mujer anuncia algo así, porque nosotras sabemos y ellos no. Únicamente rompió a llorar y la abrazó.

Los meses pasaron, y ella se vio obligada a reposar cuando el trabajo en el arrozal se hizo demasiado duro. Y a pesar de que la cantidad de esfuerzo era excesiva para una sola persona, él continuó con las labores que darían lugar a una cosecha de octubre inusualmente grande con una felicidad que nunca hasta entonces había sentido, pues creía que esa abundante cosecha en los meses del nacimiento de su hija eran un buen presagio.
Con la llegada de noviembre, cuando la enorme cantidad de arroz ya había sido cosechada y puesta a secar, su esposa dio a luz.

Y después murió.

El ya adulto campesino no lloró, pues los humildes no tienen derecho al llanto cuando hay trabajo por delante, y con una niña pequeña llorando por una comida que no era capaz de darle, el trabajo iba con retraso. Permitió que el bebé tomase toda la leche que pudiera del cuerpo exánime de su esposa y, sin poder siquiera enterrarla antes de tener que salir con el bebé en brazos en busca de una ama de cría por las fincas de los alrededores, la limpió lo mejor que supo y la dejó pulcramente tendida sobre el tatami de la humilde casa a la espera de su vuelta.
Anduvo kilómetros en búsqueda de una madre que pudiera alimentar a su hija recién nacida, pero todas sus vecinas eran demasiado ancianas, demasiado jóvenes, o demasiado vírgenes como para poder afrontar la labor que les imploraba. No fue hasta que llegó a las orillas del lago Toya que encontró a una joven madre solitaria con un pecho rebosante de leche que compartir con su hija. La joven en cuestión había sido abandonada por el padre después de que este embarcó en busca de fortuna en la empresa expansionista del Shogun.
La joven madre le pidió dinero por su ayuda, una cantidad obscena de dinero, pero el campesino tenía una gran cosecha ese año y ninguna boca que alimentar con ella, así que accedió al pago convenido y juntos partieron rumbo a la casa donde aún esperaba su regreso el cuerpo de la esposa y madre.

Y cuando llegaron allí, encontraron que ni el arroz ni el cuerpo de su esposa estaban allí, y la joven madre se marchó enfadada aprovechando la estupefacción del campesino.

Y la pequeña niña lloró en brazos de su padre.

Y luego dejó de llorar.

Con el tiempo, el campesino se convirtió en un viejo campesino, pues olvidarse del hábito de vivir es un lujo que los humildes no pueden permitirse.
Las estaciones pasaron, las cosechas se sucedieron cada vez con más esfuerzo, y el recuerdo de su esposa e hija jamás desaparecieron de su mente.
Al llegar el año de la noche eterna, se había convertido en una de esas personas que disfrutan de los pequeños momentos mientras ven la vida pasar; esa gente común que hace de extra en las grandes historias.

La clase de gente que da un bol de arroz a un famélico y maltrecho onmyoji cuando llama a su casa en medio de la noche buscando un lugar donde morir.
La clase de gente que entierra al desconocido y guarda el amuleto de ágata que le dio como agradecimiento en su último aliento.
La clase de gente que da de comer a una loba abandonada y herida cuando la encuentra tendida frente a su puerta.
La clase de gente que cura y protege a dicha loba hasta que se recupera y parte de su lado con un último lametón en la mejilla y el regalo entregado por un moribundo sobre su cuello blanco y peludo.
La clase de gente que aparece como telón de fondo en las historias importantes y muere sola sin nadie que lo sepa.



-…
-¿Ya? ¿Eso es todo? ¿El cadáver de una amada desaparecido, un bebé muerto de inanición, un moribundo onmyoji y una loba que aparecen de la nada, y un buen hombre que muere en soledad? ¿Qué clase de historia es esa?
-Una historia de verdad. Justo lo que habías pedido.
-No, eso no es verdad, las historias de verdad están bien construidas. Si muestras un cadáver desaparecido en el primer acto, tienes que darle una explicación en el tercero. Si sacas a una loba y un desconocido en el tercer acto y no les das uso… Es que no es un tercer acto.
-Errr… ¿Me acabas de mentar la pistola de Chéjov? ¿Pero quién te has creído mocosa, cuántos años te crees que tienes?
-Los suficientes para mantener esta conversación, los apropiados para que mi madre me lea un cuento antes de dormir ¿Te ha quedado claro?
-Oh, dioses, debo ser una madre horrible si estoy criando esta clase de hija… En fin, supongo que tenías razón, pues cualquier historia es una suma de historias, y cada historia merece ser contada.


Hace siglos, pocas décadas después de que los Tokugawa tomasen el shogunato de Nippon, y con el Shogun Hideyoshi embarcado en el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un onmyoji que conocía los secretos de la magia.

Cuando un ambicioso daimio, bajo mandato del emperador, convocó a sus súbditos para ir en busca de la diosa del sol, el onmyoji rió ante la insensatez de dicha petición, pues el maestro del Yin y el Yang era lo bastante inteligente para saber del peligro que acarrearía dicha búsqueda, lo bastante noble para reconocer la ausencia de nobleza de dicha empresa, y lo bastante cauto como para reconocer el peligro que el éxito de dicha iniciativa traería al mundo.
Cuando el ambicioso daimio ofreció la mano de su hija al súbdito que tuviera éxito en la tarea encomendada, el onmyoji alzó una ceja estupefacta por la desfachatez del daimio, que consideraba a sus súbditos lo suficientemente estúpidos como para que la mera promesa de poder que conllevaba la mano de su hija bastase para que éstos se embarcasen en la búsqueda de la diosa del sol.
Cuando la hija del ambicioso daimio apareció ante los ojos de los congregados, el onmyoji olvidó lo que era la inteligencia, la nobleza, la cautela, y lo que había opinado con anterioridad sobre la desfachatez del daimio.

Con solo verla, supo que ella era la más rica, la más poderosa, la más inteligente y, sobre todo, la más bella mujer que existió. Pero no era única, pues el onmyoji jamás llegó a conocerla y jamás llegó a quererla de verdad.
Así que yo no llegué a amar al recuerdo de esa mujer, y ella se perdió en la historia, como sucede con tantas otras mujeres ricas, poderosas o bellas que jamás han llegado a ser únicas.



-¿Cómo sabes que ella no era única? ¿Sólo porque no tuvo a un hombre que dejara constancia de su unicidad?
-Esa… es una buena pregunta, bien visto. Fallo mío por la elección de palabras.
Consideremos pues que era una mujer única cuya historia no ha sido aún escrita.


El caso es que el onmyoji se prometió a sí mismo que partiría al norte y traería presa a la diosa del Sol, que la depositaría a los pies del daimio, y que se desposaría con su hija. Era su sueño, su esperanza y el fuego de su corazón, y lo sería hasta el final de su vida.
Mientras el resto de súbditos regresaron a sus dominios y prepararon vastas expediciones de hombres, bestias, armas y provisiones, el onmyoji preparó una pequeña bolsa de viaje con sus útiles de trabajo místico, se vistió con ropa de abrigo para el camino y partió de Kyoto rumbo al norte.
En su viaje le sucedieron cosas, conoció a gente, realizó proezas, y consiguió tres objetos que le servirían en el final de su viaje, pero la historia del viaje al norte del maestro del Yin y el Yang forma parte de otro viaje más largo que no contaré. Con el paso de los años, llegó al norte de Hokkaido bien entrado el invierno, y en el cabo Nosappu de la península de Nemuro aguardó la llegada de la diosa Amateratsu, en el extremo este de la isla más al este de Nippon.

Y cuando la diosa mostró su blanco rostro en el amanecer haciendo centellear el hielo y el agua por igual, el onmyoji usó los objetos recolectados en su viaje (yuzu, soja fermentada en año nuevo, y escamas de cola de pez remo) para combatir a la diosa y contener su poder en un amuleto de ágata.

Sin embargo, su poder no fue suficiente para conseguirlo, y sólo consiguió retener su divinidad en el amuleto, sumiendo así al mundo en la oscuridad por su ausencia, y permitiendo a la forma mortal de la diosa escapar de sus manos dejándole como regalo la marca de una zarpa en el pecho; pues la forma física que había tomado era la de una loba blanca.



-¿Loba? ¿La diosa del Sol en forma de loba? ¿Ookami Amateratsu? Pensaba que me estabas contando una historia de verdad, no una burda interpretación del folklore nipón de un videojuego. Según la mitología, Amateratsu jamás tomó la forma de loba blanca.
-¿Ah, no?
Estooo… quiero decir, ¿y cómo sabes que eso es verdad y la diosa Amateratsu nunca tomó la forma de loba, acaso estuviste allí?


En fin, como iba diciendo, la diosa del Sol consiguió escapar del ataque del onmyoji y huyó hacia el sur tan rápido como pudo, con el atacante siguiendo sus pasos por la oscuridad que sus actos habían propiciado.

La noche eterna en que su egoísmo había sumido al mundo y el recordatorio de la zarpa de Amateratsu en su pecho habían conseguido que el onmyoji abriera los ojos ante la insensatez de sus actos, pero no habían conseguido que cambiara la determinación de su búsqueda.
En su mente atribulada por la culpa y azuzada por su sueño, creía que si conseguía llevar a la diosa loba y al amuleto ante los pies del daimio y su hija, quizá esta última comprendiese que su amor era sincero y la petición del emperador una locura, y podría liberar a la diosa ante sus pies para pedirle perdón y traer de vuelta la luz al mundo.

Así que a lo largo de todo un año, el onmyoji viajó por Hokkaido en busca de la loba hasta que sus pasos lo condujeron al lago Toya, a la isla interior de Nakajima, lugar a donde apuntaba el amuleto de ágata cuya divinidad contenida ansiaba encontrarse con su parte material.

De la batalla acaecida entre un estoico samurái solitario, una diosa loba, y un onmyoji en este momento no hablaré, pues el protagonista de esta historia salió derrotado física y mentalmente, consiguiendo a duras penas desaparecer de la isla para llegar desorientado, hambriento y malherido a las puertas de la casa de un viejo campesino que le dio de comer.

Y en agradecimiento a ese acto de bondad recibida, el onmyoji elevó una última plegaria por el destino del mundo y de su amada soñada, le entregó el amuleto al viejo campesino, y exhaló su último suspiro antes de dirigirse a las tierras sin sol, pues su historia ya había terminado.



-Me da pena el onmyoji, pero creo que se merecía acabar así.
-¿Por qué te da pena, y por qué crees que se merecía acabar así?
-No era un mal hombre, es sólo que… Bueno, cometió errores, y trató de enmendarlos de la forma equivocada. Cualquiera puede cometer errores, pero atacar a alguien sin más motivo que el de recibir una mujer en matrimonio es un gran error.
Se merecía morir sólo y fracasado.
-A menudo, ningún hombre es un mal hombre, y pocos practicamos la maldad de una forma activa, pero en fin… Sí, tienes razón, hay peores cosas que seguir un sueño errado. Y hay peores formas de morir que junto a un viejo campesino, tras un buen bol de arroz.
-…
-¿Y qué pasó con la diosa loba, sobrevivió?
-Todo a su debido tiempo hija, pues para entender la historia de la diosa loba, primero debes entender cómo empezó todo.


Hace siglos, pocas décadas después de que los Tokugawa tomasen el shogunato de Nippon, y con el Shogun Hideyoshi embarcado en el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un emperador que nació muerto por dentro.

En aquella época, antes de la restauración Meiji, la figura del emperador era meramente representativa, un adorno de salón encerrado en Kyoto mientras el gobierno de Nippon recaía sobre los hombros del shogun, que en aquel momento tenía cosas mejores en la cabeza que preocuparse del bienestar de su país.
Sin embargo seguía siendo el emperador, y con la ausencia temporal de Hideyoshi Tokugawa, su favor podía ser un gran paso para cualquier terrateniente, daimio o señor de la guerra que aspirase a ser alguien en la corte de Nippon.

El emperador muerto pasó a la historia con este nombre pues quienes lo conocían sentían que no había nada en su interior, que estaba vacío de toda alma, sueño, deseo o esperanza. Cuando estaban a su alrededor les aquejaba un permanente sentimiento de inquietud y malestar, y deseaban alejarse de su presencia casi tanto como deseaban su favor.

Un día el emperador muerto reunió a su corte y, con una sonrisa vacía de todo sentimiento y expresión, les ordenó una cosa: la diosa del sol debía ser traída ante él, viva o muerta.
A pesar del horror que se extendió por la corte como un viento helado, asintieron y felicitaron al emperador por su orden, e hicieron promesas de que serían ellos quienes traerían a Amateratsu ante sus pies.
Uno de los daimios de la corte, consumido por su sueño de poder vacío y conceptual, convocó a sus súbditos para cumplir con el deseo del emperador tentándolos con cuanto estaba en su mano, y estos partieron para seguir sus órdenes.

Había un estoico samurái que siempre le había sido fiel y fue a sus tierras a preparar una expedición.

Había un onmyoji que partió en solitario.



-De las historias del daimio y del emperador muerto no te contaré más, pues ni todas las historias son de provecho, ni todos los sueños contienen un alma que admirar. No pidas más.
-Mamá, no me mientas por el bien de la narrativa, a nadie le gustan el emperador o el daimio.
-Ojalá fuera así, hija, pero siempre estarán los que sigan a un hombre vacío de sueños, o los que sigan un sueño vacío. En fin, sigamos hacia el final de la historia…


Hace siglos, pocas décadas después de que los Tokugawa tomasen el shogunato de Nippon, y con el Shogun Hideyoshi embarcado en el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que vivió un estoico samurái que…


-¡No quiero oír la historia del samurái, son todas iguales!
-¿Cómo?
-El noble samurái al servicio de su señor, blablablá, jamás se separa del camino recto, blablablá… ¡Quiero oír la historia de Amateratsu, no la de un estúpido samurái!
-Pero… El samurái…
-No quiero oír otra historia de hombres con mujeres accesorio, ¡quiero oír la historia y el viaje de la diosa loba!
-…
-¿Sabes hija? A veces no sé si te quiero con locura, o me pareces la mocosa más insoportable que he conocido. Te hablaré del destino de la diosa loba en tal caso.


En los albores de la creación, cuando Izanagi fue a purificarse al mar después de su viaje al Yomi, tras dejar sus vestiduras en la orilla y sumergir el rostro en el agua, nacieron de sus ojos y su nariz los dioses Tsukuyomi de la luna, Susanowo de la tormenta y Amateratsu, la diosa del…


-¿Me estás tomando el pelo, no?
-No, por supuesto que no, ¿por qué lo dices?
-…
-…
-Vale, sí, te estaba tomando el pelo.
-¡Mamáaaaa!
-Jo, es que era imposible resistirse, lo sieeeento, deja que vuelva a empezar:


Hace siglos, pocas décadas después de que los Tokugawa tomasen el shogunato de Nippon, y con el Shogun Hideyoshi embarcado en el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que la diosa del Sol fue atacada y confinada en la forma mortal de una loba blanca.

Despojada de su divinidad por el onmyoji, Amateratsu se revolvió furiosa, el pelo blanco de su recién adquirido cuerpo erizado y los colmillos de sus nuevas fauces buscando venganza. A pesar de la fuerza y la rabia con la que se abalanzó sobre su atacante, el hombre estaba preparado y su magia era poderosa, por lo que cuando la ira remitió, la loba huyó hacia el sur, dejando tras de sí un hombre herido sobre la nieve manchada de sangre y una noche eterna sobre el mundo.
Huyó, aterrada de su propia mortalidad al principio, temerosa de las intenciones de su perseguidor después, indecisa de su propio destino más tarde, y feliz de su propia existencia al final, pues era la primera vez que se sentía libre.

Después de tantos siglos de divinidad, la diosa del Sol estaba experimentando por primera vez la vida y la libertad. Y no podía ser más feliz.

El contacto de la nieve en sus zarpas mientras corría. La emoción de la caza y la relación con la presa. Aullar a la luna en una oscuridad eterna y que su aullido fuera respondido como el de una igual por los lobos de Ezo. El glorioso sabor de la carne y la sangre de una presa, con el corazón latiendo desbocado y todo su cuerpo emanando vapor. El conocimiento de que, por mucho que se esforzase el onmyoji en su persecución, ésta no acabaría mientras ella no lo desease. La ausencia de plegarias y actos cometidos en su nombre. La ausencia de conflictos y deberes divinos. La ausencia de obligaciones más allá del gozo de vivir, pues Hokkaido era una tierra maravillosa y Amateratsu no podía ser más feliz.

Pasados los meses, cuando la caza empezó a escasear y el frío era cada vez más intenso, la diosa loba encontró a un hombre y una escena: el hombre tenía el cuerpo revestido de hierro y cuero, pero su cabeza desnuda mostraba un estoicismo y una quietud que la diosa no había conocido hasta el momento. Su mirada era la del que se sabía muerto de antemano pero consideraba que aún tenía trabajo por delante, la escena era la de un círculo de cinco hombres furiosos y desesperados cubiertos de tela embistiendo acero en mano al hombre de hierro y cuero.
A pesar de los dos cadáveres que adornaban el suelo, el hombre solitario continuaba impertérrito en su defensa de las furiosas acometidas de los atacantes, sabedor de que sólo era cuestión de tiempo que todo terminase. Aún sin saber por qué, la escena resultaba fascinante para el corazón de la loba, que sentía a partes iguales fascinación, miedo y curiosidad por los seres humanos a los que había conocido sin conocer durante tantos siglos.
Cuando la guardia múltiple del hombre solitario falló al fin, y su sangre manchó la nieve, algo visceral y maravilloso se apoderó de la diosa loba y surgió de entre los árboles como una bola blanca de ira y fuego. El primero cayó con la garganta desgarrada, el segundo tuvo tiempo de desviar la primera acometida pero no de parar la zarpa que le abrió el vientre, el terceró cayó después de que el terror blanco le hiciera olvidarse de la espada del samurái solitario, y los otros dos huyeron sin mirar atrás, dejando a una loba blanca y roja, un hombre agonizando, y un samurái al que la adrenalina abandonó finalmente y había hincado la rodilla en la tierra.

Mientras la diosa loba acababa con el sufrimiento del hombre agonizante quebrándole la garganta, el estoico samurái, rendido ante la belleza de lo que estaba viendo, apartó su arma a un lado y con dificultad, una por una, se fue despojando de todas las piezas que componían su armadura, sabedor de que su suerte y su destino estaban más allá de su mano. Cuando acabó con esto, y ante la mirada curiosa de la loba que se mantenía a distancia prudencial caminado a su alrededor, ofrendó cuanto tenía en esos tiempos de hambruna, noche eterna y hombres desesperados. Sacó el conejo que había cazado esa mañana y lo ofreció abierto a la loba, sacó el ohitsu que contenía el poco gohan que le quedaba y lo ofreció abierto a la loba.
Después se retiró, adoptó orgulloso el seiza, cerró los ojos, y aguardó su destino en silencio y paz.

Y la diosa del Sol, después de ver todo esto, comenzó a caminar hacia el ohitsu, comió un poco de arroz hervido y siguió caminando hasta el hombre. Cuando estuvo a su lado, le olfateó la herida abierta, le olfateó la cara, y finalmente le lamió la mejilla con amor. Y el estoico samurái abrió los ojos con sorpresa y agradecimiento, sonrió y lloró.

Y así, el samurái solitario dejó de ser solitario y la diosa loba conoció el amor. Juntos caminaron por Hokkaido en las postrimerías del año de la noche eterna, dirigiéndose al sur por un mundo que agonizaba. Así Amateratsu supo de la historia del hombre, que tras tanto tiempo sólo había encontrado a alguien con quien hablar: supo del emperador muerto y del ambicioso daimio que con su insensatez habían traído tanto mal al mundo, del súbdito fiel que había sido y que se vio obligado a despedirse de su familia en busca de una quimera que sabía que le traería la muerte, supo de una expedición naufragada en el mar de Nippon con sólo un superviviente en las costas del sur de Hokkaido, de un hombre hambriento y desesperado que llegó a una humilde casa en la que una dama muerta y varios sacos de arroz esperaban su llegada como una ofrenda de los dioses, supo del entierro que había procurado a la dama junto a parte de la cosecha, y del arroz que se había llevado y le había salvado la vida, de los años que pasó vagando por la isla en busca de la diosa del Sol movido por su bushido, sin saber que haría cuando la encontrase.
Supo de un hombre sin rumbo en el año de la noche eterna, sabedor de que no había tenido éxito, que la diosa estaba muerta o perdida, y que el mundo se acercaba a su fin devorado por el Yomi.

Un día la loba y el hombre, la diosa y el samurái, llegaron a las orillas del lago Toya, y la belleza del lago helado y del bosque nevado de la isla interior les llamaron poderosamente la atención. Había una belleza especial en la luz de las estrellas y la luna haciendo destellar el blanco, una belleza que hablaba de finales, destinos e historias. El samurái quizá no lo sabía cuando se dirigió allí para acampar a la espera del fin del mundo en el frío y la oscuridad, pero la diosa loba sí lo sabía: había visto lo que su ausencia le estaba haciendo al mundo, y había llegado la hora de dejar de huir y de acabar con la persecución de una vez por todas. Así que, disfrutando de los últimos días de vida y felicidad que le quedaban, aguardó la llegada del onmyoji.

Hacia el final del año de la noche eterna, en la isla helada de Nakajima, hubo un combate entre una loba blanca, un estoico samurái, y un onmyoji que conocía los secretos de la magia. Fue un combate que merece su propia historia, pero baste decir que se saldó con un onmyoji malherido huyendo en busca de la muerte, un samurái muerto en paz, y una loba blanca tendida a su lado, ensangrentada y furiosa maldiciendo al mundo.

Al poco tiempo, cuando se hizo patente que al mundo le daba igual que lo maldijera, la diosa loba se alzó sobre sus cuatro patas, miró por última vez el cadáver de su amado, y emprendió su marcha. La perseguida era ahora perseguidora, y el amuleto que guardaba su divinidad guiaba sus pasos, pero no tanto como lo hacía su ira por lo que había perdido.
Durante diez días siguió los pasos del onmyoji. Diez días en los que no comió, no descansó, y no vivió, y finalmente llegó ante la puerta de un viejo campesino.
Y ahí se dejó caer, pues era donde acababa el rastro del onmyoji, y su ausencia significaba que no tendría su venganza.

El viejo campesino vio la loba blanca herida y malnutrida, y no sintió miedo. La alzó en brazos y la llevo al interior de su casa, la curó con vino de arroz y le dio de comer arroz hervido de la pasada (y probablemente última) cosecha que había obtenido de su arrozal. Durante días se ocupó de ella como si fuera lo más importante que quedaba en el mundo (y probablemente lo era), y con arroz y amor logró hacerla salir del estado de exhausta desesperanza en que parecía hallarse.
Al décimo día, la loba estuvo lo bastante fuerte para marchar, aunque en su interior no parecía que hubiese nada que la empujase a vivir.

A pesar de ello, la loba agradecida le dio un último lametón en la mejilla; un gesto de cariño que el viejo campesino parecía no haber sentido en siglos, y como agradecimiento él le puso un amuleto de ágata sobre su cuello blanco y peludo, el último regalo de un moribundo que había enterrado no hacía mucho.

Estupefacta, la diosa loba emprendió la larga marcha, y cuando desapareció de la vista del viejo campesino, Amateratsu volvió a alzarse sobre el mundo.



-*Snif*
-¿Hija? Llevas un buen rato sin interrumpirme, empiezas a preocuparme.
-*Snif* No me pasa nada.
-¿No te ha gustado? Pensaba que querías oír la historia de la diosa loba.
-*Snif* No, no es eso, es solo que… Bueno, es una historia triste, nunca pensé que fuera a ser tan triste. *Snif*

En muchos sentidos, Fuuka podía ser una madre cuestionable, pero por mucho que así fuera, le resultaba difícil ver llorar a su hija.

-¿Sabes hija? Existe un epílogo sobre esta historia, un final en el que algunos creen y que otros olvidan porque les resulta difícil soñar:


Hace siglos, pocas décadas después de que los Tokugawa tomasen el shogunato de Nippon, y con el Shogun Hideyoshi embarcado en el intento de expansión del imperio, en los tiempos que han pasado a la historia como los de la noche eterna, se dice que una diosa loba y un estoico samurái viajaron juntos por Hokkaido en el año que el mundo pasó en la oscuridad.

Juntos asistieron a la progresiva muerte del mundo a manos de la noche el frío y el hielo, juntos viajaron y vieron la desesperación de los hombres, la muerte de las plantas y los animales, y juntos vivieron y lucharon por el destino del mundo.

Él murió, y la diosa loba recuperó su divinidad y volvió a traer la luz al mundo. Y más tarde, la diosa habló con su hermano Tsukuyomi y le imploró su ayuda.

Desde entonces, la constelación del samurái y la loba se alza en el cielo cada anochecer, y los dos viejos amantes permanecen juntos en la eternidad de la noche eterna que un día compartieron.




-*Snif* Me gusta. Es triste, pero me gusta, me alegro por la diosa loba.
-Te gusta, ¿pero…?
-Pero… ¿Qué pasó con el viejo campesino?
-Que murió. Viejo, y campesino.
-¿Y Amateratsu? ¿Por qué no le concedió su favor? ¿Por qué no lo elevó al cielo junto a ella? Al fin y al cabo, fue el viejo campesino el que le salvó la vida, fue su arroz el que trajo de vuelta a la luz al mundo.
-Supongo que ella nunca llegó a saberlo, todo lo que ella conoció fue a un anciano que trató a una loba herida con amor y respeto, y que le regaló un adorno que encontró en el camino. Las buenas acciones no siempre obtienen recompensa, y los círculos no siempre acaban cerrándose.
-Eso… no me gusta tanto. La hija del campesino murió por nada, ni siquiera fue algo por lo que se pueda culpar al samurái. Y él, después de todo eso, no obtuvo nada.
-Piensa que las historias no están hechas para que te gusten. Sencillamente suceden en algún lugar, en algún momento, a alguna persona. Consuélate con que la diosa loba tuvo la historia que pedías, que el viejo campesino conoció lo que era tener un sueño, y que su hija vive en su historia.
-…
-Supongo… que ya es bastante. Por un momento pensé que Amateratsu se quedaría sin su propia historia, que sería opacada por la del samurái.
A veces, al ver el mundo, me da por pensar que no tenemos derecho a tener nuestras propias historias, como si llegásemos a ellas destinadas a ser solo un elemento de fondo.
Aun siendo una diosa loba.
-…
-Jamás. Que nada ni nadie te lleve a pensar eso. Ahora duérmete, criaja.
-Buenas noches mamá.
-Buenas noches hija.

Tras apagar la luz del cuarto y asegurarse de que la respiración de su hija se volvía acompasada, Fuuka fue a la cocina, abrió el tarro de café descafeinado que guardaba en el último estante desde hace años, y sacó un cigarro.
Habían pasado ocho meses desde el último, pero había noches en que sencillamente necesitaba un último cigarrillo.

Apoyada en el balcón, con la constelación del samurái y la loba en el cielo, y la ciudad de Sapporo a sus pies, Fuuka pensaba.
En las historias, en los sueños, en el arroz, en la magia, en los círculos no cerrados, en la vida y lo perra que podía llegar a ser dependiendo de dónde hubieras nacido y qué sociedad te hubiera educado.
En su marido, que se retrasaba de nuevo, y en la cara de buena esposa que debería mostrar cuando se abriese la puerta oliendo a alcohol y a stripper tras su última reunión.
En su hija.
Cuando la brasa llegó al filtro, separó la colilla de sus labios y la lanzó al vacío desde su apartamento del noveno piso y dio un último vistazo al cielo antes de entrar a casa y cerrar el balcón. Por un momento, pareció que la loba titilaba en oscuridad, en un guiño de aprecio y reconocimiento hacia la persona que le había dado nombre y ser, un guiño a la persona que la había elevado al cielo en compañía de su estoico samurái.

Fuuka sonrió.
Y aquí un par de mapas de localizaciones y un folleto publicitario de Hokkaido de regalo:
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Lago Toya e isla Nakajima en todo su esplendor.

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Amateratsu alzándose sobre Nosappu.
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