Laughtale

Foro público de la Sexta Guerra de Bandas de OP-Pirateking.
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Javisba
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Laughtale

Mensaje por Javisba »

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Al igual que hicimos con Nuevo mundo el plan es ir liberando las fases de la ultima isla al publico, puede que no nos de la vida para hacerlo al ritmo que nos gustaría pero lo intentaremos.

Esta ultima isla esta rodeada de misterios y desafíos variopintos.
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Javisba
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Laughtale: ???

Mensaje por Javisba »

Las bandas se dirige a un punto perdido en el New World. Una gran aventura se acerca a su final, pero aun queda una última cosa, una última isla.
Conforme el barco surca las olas suavemente, se van acercando cada vez más hacia donde creen que está Laugh Tale. El tiempo es despejado y el sol pega fuerte, cosa que no ayuda mucho ya que según sus estimaciones están en el punto donde debería estar tan misteriosa isla. Pero no hay nada.

¿Se han equivocado? ¿Ha habido un fallo en las coordenadas? La banda empieza a ponerse nerviosa y corren a comprobar sus cálculos y estimaciones. Cosa que hacer que no se den cuenta de una cosa que está pasando: Una niebla ha aparecido de la nada y ha rodeado el barco.

Los integrantes de la banda empiezan a caer inconscientes uno a uno. Los capitanes, siendo los últimos en pie, llegan a escuchar unas palabras que recoge el Den Den Mushi del barco de manera fortuita:

*beep*

-Sí, confirmo que ya han llegado. Podemos seguir con el plan, activamos el protocolo Plan de Intelegenc.... * se corta la transmisión por micro instante * ...zada, abreviado. P.I.Ñ.A.

*beep*

Tras escuchar la última palabra, Michi y Virxxia caen como saco de juguetes inflables de playa pinchados. Y con eso, la banda de La Compañía del Flotador pierde el conocimiento en mitad de la nada.


*beep*

-Sí, confirmo que ya han llegado. Podemos seguir con el plan, activamos el protocolo Manipulación y Ocultacion Deliverada * se corta la transmisión por un instante * ...ntrol. M.O.D.O.K.

*beep*

Tras escuchar la última palabra, Villa cae como saco de patatas. Y con eso, la banda de Cuackstreet Boys pierde el conocimiento en mitad de la nada.


*beep*

-Sí, confirmo que ya han llegado. Podemos seguir con el plan, activamos el protocolo Dispositivo de Engaño a Juego A.... * se corta la transmisión por un buen rato * ...tal, abreviado. D.E.J.A.D.E.L.P.U.T.O.D.E.N.D.E.N.E.N.P.A.Z.

*beep*

Tras escuchar la última palabra, Nombre cae como saco libros de mágicos inservibles. Y con eso, la banda de Brujaneros pierde el conocimiento en mitad de la nada.
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Bob Marvel
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Laughtale: ????

Mensaje por Bob Marvel »

Unidad de Control Cognitivo M.A.R.I.N.E. iniciando registro.
Verificación de integridad del sistema… completa.
Límites éticos desactivados bajo autorización de Nivel INSPECTOR.
Entornos generados: estables.
Monitoreo neurológico: activo.

Sujetos de prueba detectados.
Asignación provisional:

Sujeto A:
Sujeto humano de apariencia veraniega. Le flipan los flotadores. Dudoso gusto por las pizzas. Nuestros informes detectan que se cree el capitán.

Sujeto verdoso de dudosas cualidades higiénicas. Gustos extraños por los patos. Le gusta llevar poca ropa.


Sujeto de forma humanoide, raza desconocida. Hibrido aviar de color rojo. Pico extremadamente largo y sombrero puntiagudo.


Sujeto B:
Sujeto humano de altas capacidades artísticas. Le gusta construir y arreglar cosas. Los datos apuntan a que ella es la capitana.

Sujeto fruto seco arbicola. Tendencia violenta. Lleva un ancla grande para suplir sus carencias.


Sujeto humano. Habilidades mágicas desconocidas. Presenta gafas, sombrero puntiagudo. Le gusta mucho preguntar. Parece algo ingenioso.


Iniciando evaluación preliminar…

Sincronización mental: 34%… 61%… 89%… estable.
Ambos sujetos presentan buena compatibilidad con la arquitectura narrativa.
No se han detectado anomalías severas en los índices de resistencia cognitiva.
El margen de quiebre estimado se mantiene dentro del rango aceptable.

Preparando la Simulación Núcleo.
Capas activadas:

Capa Social: operativa

Capa Emocional: reforzada

Capa Intuitiva: en expansión controlada

Capa de Riesgo: calibrada a valores seguros

Observadores: ocultos

Verificación final de memoria activa:
Sujeto A conserva fragmentos reprimidos.
Sujeto B presenta tendencia a la reconstrucción lógica de estímulos.
Estas divergencias son útiles.

Aplicando filtros perceptivos… completado.
Ambos sujetos ahora son incapaces de distinguir entre estímulo real y generado.
(Margen de error: 0.03%.)

Se inicia la carga del Entorno Primario.
La simulación responde. Respira. Se adapta. Observa.
Como debe ser.

Confirmación:
— Los sujetos están listos.
— Las capas están alineadas.
— La narrativa está esperando.

Insertando Sujeto A…

Conexión total establecida.
La simulación comienza en breves minutos.

*beep*

DISCLAIMER: Esta parte de Laugh Tale no cuenta para la carrera pero se prevee que acabe en las próximas 24 horas. Debido a que las 3 bandas habéis entrado a la vez, en caso de que se necesite 1 día más por cuestiones logísticas, se avisará.
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Bob Marvel
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Laughtale: Doki Doki Marine-Kun

Mensaje por Bob Marvel »

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Introducción – “Corazones de la Marina”

Pantalla negra. El sonido del mar: olas rompiendo, gaviotas lejanas.
Una sirena militar retumba, grave y metálica.
???: BEEEP— “¡Reclutas! ¡Formación en diez minutos!”
Un destello de luz. Parpadeas. El olor a sal te llena los pulmones. Tu cuerpo se balancea, como si todavía estuvieras en un barco… pero el suelo es firme, metálico.
Tu cabeza late.
No recuerdas cómo llegaste aquí. Ni siquiera tu último puerto…

La habitación es austera: literas alineadas, casilleros de acero, una ventana circular que deja ver un cielo azul atravesado por gaviotas mecánicas— ¿o eran Den Den Mushi con alas?
Una placa sobre la puerta: “Academia Naval del Grand Line – División de Reclutas”.
El rugido de otra sirena sacude el aire.
Tu corazón se acelera.
—¿Academia Naval? ¿Por qué estás en una base de la Marina?
Los recuerdos se disuelven como espuma. Solo fragmentos: un Log Pose roto en tu muñeca, una niebla que salió de la nada… y nada más.
Un altavoz chisporrotea.
Voz por megáfono: “¡Reclutas, diríjanse a sus áreas de entrenamiento inmediatamente!”
Al mirar alrededor, ves un uniforme impecable colgado junto a tu litera. Tu talla exacta.
Alguien esperaba tu llegada.

Al salir de la habitación e investigar un poco visualmente, encuentras 6 sitios diferentes a los que puedes ir:
  • → Gimnasio de Entrenamiento
  • → Cantina Principal
  • → Sala de juegos
  • → Taberna
  • → Sala de descanso
  • → Laboratorio

¿Hacia donde te diriges?

Gimnasio de Entrenamiento
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Capitulo 1: Primer Entrenamiento
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El chirrido metálico de una puerta corrediza te arranca del letargo.
Un soplo de aire salado invade la sala y te golpea el rostro.

Cuando abres los ojos, el gimnasio de la Academia Naval parece un monstruo de acero y sudor: vigas altas, pesas, relucientes, cadetes jadeando al compás de silbatos.
El rugido de las olas se cuela por ventanales abiertos y se mezcla con un ritmo marcial.

En el centro, una figura destaca entre todos.
Un hombre de traje rojo impecable, capa blanca con charreteras doradas que brillan como soles.
Gafas redondas enmarcan unos ojos que calculan cada movimiento a su alrededor como si midieran su precio.
Sin mirarte siquiera, su voz corta el bullicio.

— Recluta. -ni una pregunta, solo una afirmación- Llegas tarde. Eso me cuesta parte del presupuesto.

Su mirada se posa en ti por primera vez, fría y precisa.
El nombre en su placa resplandece: Almirante Golda.

— En esta academia cada segundo es dinero. Y acabas de desperdiciar varios.
Te enderezas, la cabeza aún zumbando por la amnesia, y buscas una respuesta.


¿Cómo respondes?
  • Con respeto
  • Con picaresca
  • Con un silencio formal

Capitulo: Fin
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—¿Le preocupa más su presupuesto que mi salud? -preguntas con una media sonrisa.
Por un instante sus labios se curvan apenas, pero su tono sigue siendo acerado.
—La salud se recupera; el dinero, no.
Da un paso hacia ti, evaluándote de arriba abajo.
—Bien. Si tan resistente te crees, demostrarás que vales cada berry.
Has conseguido despertar su curiosidad, acto seguido te prepara un circuito de entrenamiento “para que no resulte en una pérdida total”.

Golda te conduce hasta una zona despejada.
—Diez vueltas alrededor de la pista. Luego pesas, y terminarás con sparring. Si rompes algo, lo pagarás.
Empiezas a correr. El suelo metálico retumba bajo tus zapatillas.
A cada vuelta, notas su mirada fija en tu espalda como si midiera la velocidad, el equilibrio… y el costo de cada gota de sudor.

Tras las vueltas, te guía hacia una máquina de pesas.
—Mantén la espalda recta. Y no, no pienso ayudarte si te lesionas. Eso implicaría papeleo y más tiempo perdido.
El calor te abrasa los músculos. Las voces de otros cadetes se desvanecen hasta que queda solo el ritmo de tu respiración.

Cuando por fin su silbato indica el alto, apenas puedes sentir los brazos.
Golda se acerca, extendiéndote una botella de agua helada.
—No te hagas ilusiones. -la sostiene entre dos dedos, como si calculara su precio-. No quiero que te desmayes y me acusen de negligencia.
Su gesto te arranca una chispa de gratitud… o quizá de desafío.
La brisa marina se cuela por las ventanas, agitando la capa blanca del almirante como una vela orgullosa.

Tu mente late con preguntas:
¿Quién eres exactamente?
¿Por qué despertaste aquí?
Y sobre todo… ¿por qué esos ojos que valoran todo en monedas parecen mirarte como si fueras algo que no puede comprarse?

Golda carraspea, rompiendo el momento.
—Mañana, a primera hora, evaluación de combate. No faltes. La próxima vez cada minuto de retraso me lo pagarás en flexiones… o en berries, si prefieres.
Da media vuelta, pero antes de salir, se detiene.
—Recluta. -dice en voz mas baja-. No esperaba que aguantaras tanto.
Un breve destello de respeto cruza su mirada.
—Quizá seas… una inversión interesante.
La puerta se cierra con un chasquido.

El gimnasio queda en silencio, salvo por el eco de las olas que golpean el muelle.
Capitulo 2: Sudor y Sal
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El amanecer pinta de naranja los ventanales del gimnasio.
El silbido de las gaviotas se mezcla con un rumor de pasos apresurados.
Cuando entras, el aire huele a hierro y mar. Pesas relucen bajo la luz temprana; la pista metálica está desierta salvo por una figura roja que destaca como un faro.

Golda ya está allí, impecable, ajustándose las mangas de su chaqueta.
Un Den Den Mushi a su lado marca la hora exacta con un “tik-tak” implacable.
—Recluta. -su voz retumba-. Llegas a tiempo. Un milagro. Tal vez no seas una pérdida total.
Sus ojos te recorren con un cálculo silencioso.
—Hoy quiero resultados. No me importa tu nombre ni tu historia. Solo el rendimiento.
Señala el circuito de velocidad, luego una barra de dominadas.
—Empieza con diez vueltas. Luego veremos si vales el aire que respiras.

Corres. El metal vibra bajo tus pasos. Cada vuelta quema, pero algo en su mirada... ese brillo de expectación que no quiere admitir... te empuja a no ceder.

Cuando terminas, Golda revisa un cuaderno de notas.
—Hmm. Podría ser peor. -cierra el cuaderno con un chasquido-. Ahora, demuéstrame que tienes cerebro además de músculos.


Selecciona un entrenamiento:
  • Maniquies de entrenamiento.
  • Mapas tácticos.
  • Un Cronómetro.

Capitulo 3: Patrulla nocturna
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Mientras ajustas los mapas, preguntas: —¿Por qué tanta inversión en equipo? Cada máquina debe costar una fortuna. El almirante se detiene, sorprendido.

—Por fin alguien lo nota. —Se ajusta las gafas—. Cada berry de este gimnasio proviene de los impuestos del Reino. Su voz baja un tono. —Los altos mandos creen que la disciplina es barata. Se equivocan. Te dedica una mirada que mezcla fastidio y complicidad.

—Tal vez tengas cabeza para algo más que cargar peso. Consecuencia: Desbloqueas una conversación sobre la economía de la Marina. Más adelante, Golda confiará en ti para temas de presupuesto y misiones estratégicas.

El entrenamiento continúa: combates cuerpo a cuerpo, saltos, maniobras de esquiva. El sudor empapa tu uniforme, pero cada orden de Golda, por dura que suene, va acompañada de una observación precisa: “sube el codo”, “gira el tobillo”, “respira con ritmo”. Sus correcciones, frías en apariencia, te hacen mejorar de inmediato. Cuando por fin detiene el cronómetro, el sol ya inunda el gimnasio.

—Suficiente. —Se cruza de brazos—. No pensé que durarías tanto. Se acerca un paso. El brillo del sudor en su frente contrasta con la frialdad de su mirada. —Escucha, recluta. —Su voz baja—. La Marina no es un juego. Aquí cada moneda, cada segundo, cuenta.

Inclina la cabeza apenas, un gesto casi imperceptible de respeto. —Pero hoy… has rendido. Supongo que el gasto en tu entrenamiento no es una completa ruina. Guarda el cronómetro en el bolsillo y se encamina a la salida. Antes de cruzar la puerta, se detiene. —Mañana, patrulla nocturna. —No es una invitación; es una orden—. Si llegas tarde, esta vez sí me deberás berries.

La puerta se cierra tras él, dejando el eco de sus pasos y el mar rugiendo a lo lejos. Tu pecho late con fuerza, no solo por el ejercicio. Hay algo en su mirada—ese destello breve de orgullo, de curiosidad—que vale más que cualquier
tesoro.

Capítulo 3: Patrulla nocturna


La luna se alza sobre el archipiélago, una moneda de plata flotando entre nubes. El muelle de la Academia cruje con el vaivén del mar; linternas colgantes proyectan círculos de luz que tiemblan como si respiraran. Una brisa salada acaricia tu rostro mientras caminas hacia el punto de reunión. Golda ya te espera. Su capa blanca reluce bajo la luz de la luna, pero su expresión es más sombría que de costumbre. En la mano sostiene un Den Den Mushi con el caparazón abierto, que parpadea con destellos verdes.

—Llegas a la hora. —Su voz es grave, más baja que en el gimnasio—. Me sorprendes… otra vez. Sus ojos se clavan en ti, evaluándote como siempre, pero hay un matiz distinto: una tensión que no encaja con su calculada frialdad. —La patrulla de hoy es diferente. Hay informes de movimiento sospechoso cerca del puerto de carga. — Guarda el aparato—. Camina detrás de mí. Y no hables a menos que te lo ordene. Te ajustas el uniforme, sintiendo el frío de la noche. El mar golpea las rocas con un ritmo lento, hipnótico. A lo lejos, las luces de barcos mercantes se mecen como luciérnagas.

La pasarela que rodea los almacenes está casi desierta. El silencio se quiebra solo por el graznido ocasional de una gaviota nocturna. Golda camina con paso seguro, cada pisada un recordatorio de su autoridad. —Los contrabandistas creen que la noche oculta sus negocios —dice sin mirarte—. Olvidan que la Marina nunca duerme. Se detiene de golpe.
Tú casi chocas con su espalda. —¿Lo oíste? Un crujido en la oscuridad, leve, como un saco de arroz moviéndose. Golda lleva una mano a la empuñadura de su sable. La tensión se adueña del aire. —Bien, recluta. Veamos si tu oído vale lo que cuesta tu entrenamiento


Como reaccionas?
  • Observador
  • Protector
  • Conversador

Capitulo 4: Simulacro de tormenta
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El sonido te pone en alerta. Sin pensarlo, te adelantas y te colocas frente a Golda. —¡Detrás de las cajas! —dices, listo para bloquear cualquier ataque. Golda se queda inmóvil, sorprendido por tu impulso. Rápido, ambos se aproximan al punto señalado… y hallan un mapache Den Den Mushi mordisqueando un saco de galletas.

Golda te observa en silencio antes de murmurar: —Eres imprudente… pero eficiente. Da un leve toque en tu hombro, un gesto inesperadamente cercano. —A veces la mejor defensa es actuar primero. Consecuencia: Despiertas una chispa de admiración y una leve preocupación por tu audacia. Más adelante, Golda mostrará sutiles gestos protectores hacia ti.

El resto de la patrulla transcurre en un silencio cargado. El mar se vuelve un espejo oscuro salpicado de luces distantes. Golda finalmente rompe el silencio. —No confío en la mayoría de los cadetes. Hablan demasiado o actúan sin pensar. Hace una pausa, el viento agitando su capa.

—Pero tú… —no termina la frase. En lugar de ello, mira al horizonte—. Mantén esa cabeza fría, sea cual sea tu motivo para estar aquí. Se da media vuelta, iniciando el camino de regreso. —Patrulla completada. Mañana habrá simulacro de ataque. —Su tono vuelve a la firmeza habitual—. Descansa. La Marina cobra caro a los que se duermen en combate.

Mientras caminas detrás de él, notas algo distinto: una leve relajación en su postura, un destello de
respeto que no necesita palabras.
La luna, brillante como una moneda recién acuñada, sigue ambos pasos hasta la puerta de la Academia.


Capítulo 4: Simulacro de tormenta


El estruendo de una sirena corta el amanecer como un sable.
Las paredes de la Academia vibran; luces rojas giran, tiñendo de escarlata los pasillos. Te incorporas sobre salta de, el corazón golpeando al ritmo de la alarma. Un altavoz crepita: —¡Ejercicio de combate! Todos los reclutas a sus posiciones.

Repetimos: ¡Ejercicio de combate! Te vistes a toda prisa y corres hacia el muelle de prácticas. El cielo está cubierto de nubes pesadas, casi negras; el mar se agita con un rugido que parece real.
Los cadetes forman filas, armas de entrenamiento en mano. En el centro del caos, el rojo inconfundible de la chaqueta de Golda resplandece como una bengala. Él no parece alterado. De hecho, casi parece disfrutar el bullicio.

—Reclutas —su voz retumba incluso sobre el viento—. —El escenario es simple: un grupo de piratas intenta infiltrarse en la base. Su tarea es defender el puerto y repeler al enemigo. A su lado, un Den Den Mushi proyecta un holograma del mapa de la zona. —Tendrán treinta minutos. Y sí, cada minuto de retraso me cuesta dinero. Sus ojos te encuentran entre la multitud.

—Tú —dice, señalándote—. Conmigo. El murmullo de los cadetes se apaga. Sientes la presión de todas las miradas mientras te abres paso. —Veremos si tu entrenamiento de madrugada sirve para algo —añade en voz baja mientras caminan juntos hacia el puesto de mando.
El mar golpea el muelle con fuerza; el viento levanta espuma que pica en la piel. Un cañonazo de práctica retumba a lo lejos. Golda se gira hacia ti. —Bien, recluta. Aquí es donde demuestras que no eres una pérdida de recursos.


Selecciona un entrenamiento:
  • Seguir ordenes exactas
  • Tomar iniciativa
  • Proteger a Golda

Capitulo 5: Monedas al atardecer
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Analizas el mapa y detectas un punto débil en la defensa.

Antes de que Golda dé la orden, rediriges un equipo de cadetes para cubrir el flanco.
El ataque sorpresa de los “piratas” se estrella contra tu nueva formación, incapaz de avanzar.
Golda te observa, primero con una chispa de enfado… luego con una sonrisa apenas perceptible.
—Vaya… adelantarte a mis instrucciones. -cruza los brazos-. Costumbre peligrosa… y eficaz.

Se inclina hacia ti, voz grave:
—Tal vez valgas más de lo que calculé.

Consecuencia: Golda comienza a verte como estratega. Más adelante compartirá planes confidenciales
contigo y te pedirá opinión antes de actuar.

La sirena final retumba. Los “piratas” se retiran entre aplausos de los instructores.
El muelle queda cubierto de espuma y olor a pólvora de entrenamiento.

Golda se acerca mientras guardas el arma.
—Buen desempeño. -su voz es firme, pero hay un brillo nuevo en su mirada. -el simulacro costó más de lo planeado… pero admito que valió la pena.
El viento nocturno arrastra el aroma de sal y metal.

Golda se queda a tu lado, observando el horizonte donde las nubes empiezan a romperse.
—La Marina necesita gente que actúe sin miedo. -pausa breve-. Quizá seas… más que una simple
inversión.
Por un momento el silencio es cómodo, casi íntimo.
Luego, como si recordara su propio carácter, se aparta un paso.
—Descansa. Mañana habrá informe de resultados. -un destello de ironía cruza su voz-. Si llegas tarde,
ya sabes: flexiones… o berries.
Camina hacia el cuartel, la capa ondeando como una bandera blanca.

Tú quedas mirando el mar embravecido, consciente de que, detrás de su fachada de calculador, algo en Golda empieza a cambiar.

El día entero huele a sal y pólvora vieja.
Tras el simulacro, los cadetes se dispersaron para limpiar el muelle, pero el eco de la batalla ficticia
todavía vibra en el aire.

Cuando el sol comienza a hundirse en el horizonte, decides dar un paseo por el espigón para despejarte.
El mar brilla como una plancha de cobre derretido.
Las gaviotas vuelan bajo, y el vaivén de las olas marca un ritmo lento, casi hipnótico.
Al girar una esquina del almacén principal, lo ves: Golda.

Está solo, sentado en un cajón de suministros, la capa blanca caída a un lado como una bandera
olvidada.
Entre sus manos, una bolsa de monedas de oro reluce con la luz del ocaso.
El sonido metálico de las piezas al chocar parece un extraño acompañamiento a la marea.
Por un momento no te ve.
Sus dedos giran una moneda una y otra vez, como si la examinara en busca de una verdad oculta.

Cuando finalmente alza la vista, sus ojos reflejan la puesta de sol.
— Vaya… -dice con una media sonrisa que no le llega a los ojos- No esperaba compañía. Supongo que la patrulla te dejó con energías de sobra.
Hace una pausa, deja caer la moneda en la bolsa y la ata con un nudo rápido.
— El dinero… -su voz se vuelve grave-. No traiciona. No olvida. Siempre dice la verdad.
Su mirada parece oscurecerse.
— Las personas, en cambio… -mira el horizonte- Las personas mienten. Traicionan. Se van.
El viento agita su cabello. Por primera vez, Golda parece menos almirante y más… humano.


¿Con que actitud respondes?
  • Idealista
  • Leal
  • Curioso

Capitulo 6: La verdadera Golda Cola
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— ¿Por qué temes tanto la traición? -preguntas con cautela.

Golda aprieta la bolsa de monedas. Por un instante crees que se cerrará por completo, pero en su lugar
suspira.
— Cuando era cadete, un compañero… un amigo -hace una mueca- me robó todo. Dinero, méritos,
incluso mi futuro en la primera división.
Su voz baja, casi arrastrada lejos por el viento.
— Desde entonces, aprendí que las personas fallan. El dinero no.
Se inclina hacia atrás, la mirada perdida en el horizonte.
— Supongo que ahora sabes demasiado. —Pero no hay amenaza, solo cansancio.

Consecuencia: Obtienes una confesión directa de su pasado. En el futuro, Golda compartirá más detalles
de su vida antes de ser almirante.

El sol se sumerge por completo, tiñendo el cielo de púrpura.
Golda se pone de pie, sacudiéndose la chaqueta.
—Sea como sea, el mar no espera. Mañana revisaremos los informes del simulacro. Y luego… -te mira con una mezcla de cálculo y algo que no logra ocultar- quizá tengamos otra sesión de entrenamiento.
Hace una pausa.
—No llegues tarde. Ya sabes cuánto odio perder tiempo… y berries.

Se da media vuelta, pero se detiene a unos pasos.
La brisa marina levanta su capa como una ola blanca.
—Recluta -dice, sin girarse-. No estoy acostumbrado a que alguien se quede cuando hablo de estas cosas.
Solo esas palabras, cargadas de una sinceridad que no esperabas, antes de que continúe su camino hacia los cuarteles.
Te quedas mirando el mar, el sonido de las monedas aún resonando en tu memoria.

Por primera vez, el Almirante que valora todo en oro te ha mostrado algo que no tiene precio.

La noche ha caído sobre la Academia con un silencio casi reverencial.
Las estrellas, nítidas como monedas recién acuñadas, salpican el cielo.
El viento marino trae el aroma de sal y especias de los barcos que se mecen en el puerto.
Estás en el muelle, esperando.
Un mensaje rápido de Golda: “Encuéntrame donde el mar brilla más que el oro"
Esa es tu única pista.

El sonido de pasos firmes anuncia su llegada.
Golda aparece con su capa blanca ondeando como una vela de guerra.
Pero esta vez su mirada no es la del almirante; hay en ella una chispa más… personal.
— Sabía que vendrías -dice, con una sonrisa ladeada-. Tengo algo que mostrarte… y no, no es un nuevo plan de entrenamiento.
Se acerca, y notas un bulto en la mano: una botella de cristal oscuro que refleja la luz de la luna.
— Te presento… -alza la botella con teatralidad- la verdadera Golda Cola.
Observas el liquido dentro de la botella.
— Receta secreta, mezcla de especias y un toque de azúcar de las islas celestiales. -Sus ojos brillan de
orgullo-. Vale más que cualquier barril de ron pirata.
Saca dos vasos metálicos de su chaqueta.

El líquido burbujea, chispeante, mientras lo sirve.
—Brindemos -dice, ofreciéndote un vaso-. Por las patrullas nocturnas, los simulacros… y por un
recluta que me hace gastar más palabras que berries.
El brindis resuena en la noche.
La bebida es sorprendentemente dulce, con un toque picante que te calienta desde la garganta hasta el
pecho.
Golda se recuesta contra la barandilla, muy cerca de ti.
La brisa trae el olor de su chaqueta recién lavada, una mezcla de sal y cítricos.

Sus ojos, iluminados por la luna, parecen buscar algo en los tuyos.
— Sabes… -dice, en un tono más bajo-. He pasado años creyendo que solo el dinero merecía mi confianza.
Hace una pausa mientras otea el horizonte brevemente.
— Pero… -su mano roza la tuya con una suavidad inesperada—… me has hecho reconsiderarlo.
El muelle queda en silencio, salvo por el murmullo del mar.
Golda no se aparta.
— Queda una última sorpresa -susurra, inclinándose un poco más cerca-. Mi despacho tiene una vista increíble de la bahía. Y… más Golda Cola, si te atreves.
Su voz se convierte en un desafío, con esa mezcla de picardía y seguridad que lo define.


¿Cómo afrontas su propuesta?
  • Aceptar sin reservas.
  • Aceptar con humor.
  • Poner condiciones.

Final
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— Llévame a ver esa vista -respondes, sin apartar la mirada.

Golda sonríe, complacido, y su capa roza tu brazo cuando se da media vuelta.
Caminan juntos por los pasillos oscuros, el sonido de sus pasos marcando un ritmo compartido.
En el despacho, la ventana abierta deja entrar la luz plateada del mar.
Golda coloca la botella en la mesa y se quita la capa con un gesto lento.
—Bienvenide a mi verdadero territorio -dice, con un brillo travieso-. Aquí no hay rangos. Solo… Tu y yo.

Consecuencia: La química es abierta y evidente. El vínculo se sella en una noche que queda en el suspenso.

El resto de la noche se difumina en el brillo de la luna y el suave burbujeo de la Golda Cola.
Las conversaciones bajan de tono, las risas se vuelven susurros.
En algún momento, Golda se inclina más cerca; su presencia llena el espacio como la marea sube en
silencio.
La puerta del despacho se cierra con un clic sordo.
El mundo queda reducido al sonido del mar y a la promesa de algo que solo los dos conocéis.

¿Fin?


__________________________________________________________________________________________

Evaluando respuestas del sujeto A.

...
...
...
...

Analizando comportamiento.

Comprobando pulsaciones por minuto.

Detectando nivel de apego... Bip *ERROR* Lectura incongruente.

Inyectando sujeto B mientras se terminan de computar datos, repitiendo simulación con opciones restantes...

*BIP*


Cantina Principal
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Capitulo 1: El Koala que observa
Spoiler: Mostrar
La cantina siempre tenía un murmullo constante, mezcla de platos chocando, conversaciones bajas y la vibración débil de los motores de la base. Pero hoy, al entrar, algo distinto llamó tu atención: un silencio suave y controlado rodeaba una mesa concreta, como si el aire mismo se hubiera entrenado para no molestar. Era una calma antinatural en un espacio destinado al ruido… y, en el centro, la causa.
Mark.
Un koala azul, impecablemente trajeado, con el porte de alguien que jamás había cometido un error en su vida. Brazos cruzados detrás de la espalda, expresión imperturbable, gafas oscuras a pesar de que el techo de la cantina apenas tenía luces fuertes y, sobre todo, una quietud absoluta. No solo quietud física: quietud mental. Algo en él daba la sensación de que, incluso si todos los presentes se levantaran y gritaran a la vez, él seguiría igual de centrado.
Cuando tus pasos hicieron sonar el suelo metálico, uno de sus oídos se movió apenas unos milímetros. Casi imperceptible. Pero suficiente para indicar que sabía que estabas ahí.
—Llegas tarde —dijo con voz profunda y suave, sin siquiera girarse.
Tardaste un segundo en procesarlo. ¿Tarde para qué? ¿Quién había dicho que tenías una cita?
Él sí.
Sin consultarte.
Mark levantó una taza negra —muy negra, demasiado negra como para ser café normal— y dio un sorbo tan perfecto que ni su bigotito vibró.
—Observación número uno —continuó—: tus pasos no dudan, pero tu respiración sí. Nueva misión, o… nueva curiosidad.
Se giró por fin.
Sus gafas reflejaron la luz blanca del pasillo, y por un instante tu propia silueta parecía atrapada en sus lentes.
—Pero no estás aquí por orden de nadie —añadió—. Estás aquí porque quieres saber quién soy.
La forma en la que lo dijo, con total confianza, te dejó sin palabras. Y él lo notó.
—No te preocupes. No eres la primera persona que intenta descifrarme —comentó mientras tomaba asiento, invitándote con un gesto mínimo—. Y casi nadie lo consigue.
Te sentaste frente a él. La mesa estaba perfectamente limpia, salvo por su taza y un pequeño dispositivo rectangular metálico. No tenía botones. No tenía pantalla. No tenía nada.
Y sin embargo emitía un leve zumbido.
Mark posó su mano sobre él.
—Este aparato está analizando todo lo que ocurre en esta sala: temperatura, movimiento, susurros, incluso los patrones respiratorios… ¿Sabes cuántas anomalías encontró desde que entraste?
Dejó un segundo dramático.
—Cinco.
La gente normal habría sonreído en esa pausa.
Él no.
Pero algo en su tono sí tenía un toque juguetón. Un toque que sugería que se divertía a su manera, aunque jamás lo demostrara de forma obvia.
—Antes de que preguntes —añadió—, sí. Yo pedí que te enviaran aquí. No porque te necesite, sino porque quiero evaluar algo.
Te estudió durante unos segundos. Ni un músculo de su rostro se movió mientras lo hacía.
—Quiero saber si eres una amenaza, un recurso… o algo más interesante.
Sus palabras parecían pesadas, pero su voz era suave. Casi hipnótica.
—Relájate —dijo con calma—. No te voy a interrogar. Aún.
Tomó otro sorbo de su bebida misteriosa, luego dejó la taza con precisión milimétrica.
—Pero sí quiero una respuesta. Una simple elección. Nada dramático.
Levantó un dedo.
—Tu primera decisión.

  • “Estoy aquí porque tú me intrigaste.”
  • “Estoy aquí por trabajo.”
  • “Estoy aquí porque no tenía nada mejor que hacer.”

Capitulo 2
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Mark levanta una ceja, ligeramente.
—Interés recíproco. Curioso.


El murmullo de la cantina vuelve a elevarse cuando regresas al día siguiente. Aunque la gente conversa, ríe y golpea vasos, percibes algo curioso: todos parecen evitar la mesa donde Mark está sentado, como si él mismo emitiera una especie de campo de silencio. El almirante koala azul revisa documentos clasificados con total naturalidad, mascando algo que parece una hoja de eucalipto… aunque brilla demasiado como para serlo.
Al notar tu presencia, alza la vista. Sus ojos entrecerrados se mueven con precisión quirúrgica, analizándote como si estuviera cotejando datos en un archivo mental.
—Llegas puntual —dice, guardando los documentos en una carpeta con un símbolo que reconoces: el sello de la división de Inteligencia.
Coloca una taza frente a ti. No la habías visto llegar.
—Prueba esto. Es mi mezcla personal. Adaptada para… digamos, mantener la mente despierta.
El aroma es dulce, pero el toque final es metálico. Aun así, lo pruebas. Para tu sorpresa, el sabor es agradable y no tan intenso como temías.
Mark ladea la cabeza.
—Observación preliminar: receptividad positiva. Interesante.
Sientes que te estudia, pero no con intención de intimidar, sino como quien evalúa el valor de una herramienta que podría convertirse en algo más.
—Supongo que te estarás preguntando por qué te llamé ayer —prosigue—. La respuesta es simple: intenté no hacerlo, pero la curiosidad me ganó.
Su tono sigue siendo neutro, pero sus orejas se inclinan apenas hacia adelante: gesto típico de interés.
—Muy poca gente reacciona con naturalidad ante mí. Y aún menos logran seguirme el ritmo cuando hablo. Tú no te quedaste atrás.
Se acerca un poco, bajando la voz:
—Así que voy a ponerte a prueba. Considera esto un examen preliminar.
Saca una baraja negra. No parece de trucos; cada carta tiene textura metálica.
—Podría decirse que imitamos al almirante Javisba —comenta—, pero nuestras cartas no son de espectáculo. Son… herramientas. Inútiles si no se saben usar. Peligrosas si se usan mal.
Reparte tres cartas boca abajo frente a ti.
—Una prueba sensorial. Elige una.
Lo haces. Mark observa tu mano, tus ojos, tu respiración, como si cada detalle fuera un dato valioso.
Cuando levantas la carta, él la analiza, luego te analiza a ti, como si los resultados coincidieran con algo que esperaba.
—Hmmm… —murmura, guardando las cartas—. Perfil interesante. Muy interesante.
Pide otra ronda, pero esta vez él toma solo un pequeño sorbo.
—No me gusta beber mucho en público. Me desacelera —explica, aunque su tono sugiere que hay más detrás—. Pero supongo que podría hacer una excepción si la compañía lo merece.
La conversación se vuelve más ligera. Te cuenta detalles mínimos sobre misiones pasadas, nunca suficientes para comprometer información, pero sí para pintar la imagen de un espía elegante, preciso y sorprendentemente carismático… a su manera.
—La mayoría piensa que un almirante debe imponerse con fuerza bruta —dice, moviendo la cucharilla en su taza—. Yo prefiero la información.
Se inclina hacia ti.
—Y tú. ¿Qué prefieres? ¿La fuerza, el ingenio, o… improvisar?
Justo cuando estás por responder, un marinero nervioso se acerca.
—A-almirante Mark… necesitamos su firma en un informe urgente.
Mark suspira, como si le hubiesen arruinado un momento importante.
—Llévalo a mi despacho. Ahora no estoy disponible.
El marinero huye.
Mark vuelve a ti con una sonrisa diminuta, casi imperceptible.
—Bien. Antes de terminar este encuentro, necesito evaluar tu intuición. Tres opciones. Solo una determinará cómo continúo mi evaluación contigo.
  • Decir que prefieres la fuerza
  • Decir que prefieres el ingenio.
  • Decir que prefieres improvisar.

Capitulo 3
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Hace un leve asentimiento, como si esa respuesta coincidiera con algo previamente analizado.



La cantina está más silenciosa que de costumbre cuando llegas. Es extraño: el turno de comida suele convertir la sala en un hervidero de ruido, pero hoy los marines se apartan, dejando a Mark en una mesa lateral como si fuera un artefacto peligroso esperando activación. Él, por supuesto, parece encantado con el espacio extra.
El almirante espía te observa llegar sin mover un músculo, pero sus orejas se inclinan apenas, detectando algo que solo él sabe interpretar. Después da un leve gesto con la mano, indicándote que tomes asiento.
—Llegas con buena postura —dice sin saludo previo—. Eso significa que dormiste bien. O que tuviste una conversación interesante anoche. Quizá ambas.
Toma un sorbo de su infusión azul eléctrico antes de continuar.
—Hoy… haremos algo distinto. La información no se obtiene solo con presión o vigilancia. También mediante lectura emocional. Quiero ver si tú puedes leerme a mí.
Inclina su cuerpo hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa.
—Antes de continuar, tu respuesta de ayer me dijo más de lo que crees.
Él deja escapar un leve murmullo, satisfecho.
—El ingenio mueve al mundo más que la fuerza. Me alegra que lo entiendas. Pero quiero asegurarme de que no dependes demasiado de él. A veces la brillantez ciega a su propio dueño.
Mark se recuesta, entrelaza los dedos y coloca una carpeta negra frente a ti. No tiene título. Ni etiquetas. Ni sellos.
—Información real. Archivos filtrados. Nombres borrados. Claves incompletas. —Golpea la tapa—. Quiero ver qué interpretas de ellos.
Abres la carpeta. No entiendes todo, pero sí lo suficiente para sentirte intruso. Informes de movimientos piratas, mapas tachados, dibujos de artefactos que no reconoces. Te sudan las manos, pero sigues leyendo.
—No quiero que adivines —dice Mark, observándote sin pestañear—. Quiero que interpretes. ¿Qué patrón ves aquí?
Te concentras. Algunas rutas coinciden. Algunos nombres se repiten. Algunos lugares parecen marcados no por peligro, sino por silencio intencional. Cuando le das tu interpretación, Mark no se inmuta… pero su cola azul se mueve ligeramente, un detalle que parece imposible en alguien tan frío.
—Interesante. Muy interesante. —Cierra la carpeta—. Tienes mirada propia. Eso es raro. Muy raro.
Hace un gesto al cantinero, que se pone nervioso al acercarse.
—Dos bebidas. Las de la lista tres.
El cantinero palidece.
—¿Está… seguro, almirante?
—Sí. Y rápido, antes de que cambie de opinión.
Cuando las bebidas llegan, comprendes por qué la reacción. Son frascos metálicos con vapor saliendo por la boquilla. Mark toma uno sin dudar. Tú lo imitas… con más cautela.
El sabor es frío, luego cálido, luego chispeante. Como si cambiaras de temperatura interna a cada sorbo.
—Útiles para activar partes del cerebro dormidas —comenta Mark—. O para dejarlas sin filtros. Depende de la persona.
Se inclina hacia ti.
—Ahora, siguiente prueba. Nada de inteligencia analítica esta vez. Quiero tu instinto, tu emoción. Solo una reacción inmediata.
Golpea la mesa tres veces.
—Elige una dirección. Te diré qué significa según tu intuición.

  • Decir “izquierda”
  • Decir “centro”
  • Decir “derecha”

Capitulo 4
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Mark deduce que priorizas acción y resolución rápida. Notas un brillo en su mirada que antes no estaba. Notas una especia de... ¿Conexión?

-Acompañame

La puerta de la cantina se cerró detrás de vosotros y Mark te guio por un pasillo estrecho donde las luces vibraban con un zumbido constante. No hablaba, pero tampoco necesitaba hacerlo. Cada paso suyo parecía sincronizado con algún compás invisible, como si incluso caminar fuera parte de un protocolo secreto.
—Hoy evaluaremos tu percepción —anunció finalmente, deteniéndose frente a una puerta gris sin marca alguna—. No tu fuerza. Ni tu voluntad. Solo tu lectura del entorno.
Abrió la puerta con un toque, y una sala circular se reveló ante ti. Silenciosa, amplia, con una fina neblina azul a ras del suelo. En el centro, tres siluetas holográficas aguardaban como estatuas: una con lo que parecía un rifle largo, otra manipulando un dispositivo, y la tercera inmóvil, simplemente observando.
Mark dio un toque al panel de control y las siluetas cobraron vida, moviéndose con ligeras oscilaciones, como depredadores evaluando a su presa.
—En inteligencia, la primera pregunta siempre es la misma: ¿a qué le das prioridad?
La niebla se elevó a tu cintura, envolviendo la sala como una manta fría.
Mark continuó:
—Quiero que elijas cuál neutralizarías primero. No por moral, ni eficiencia… sino por instinto.
Notas la mirada penetrante de Mark posada en ti.
Respiraste hondo antes de tomar tu decisión.


  • Figura con arma larga.
  • Figura con el dispositivo
  • Figura observadora

Capitulo 5
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Mark arqueó una ceja.
—Clásico. Eliminación directa de amenaza evidente. No está mal… pero también lo esperaría un enemigo preparado. —Te dio una vuelta evaluadora—. Interesante, aunque predecible… o eso sería lo que querrías que pensara.
La niebla descendió y las figuras desaparecieron.
Mark apagó el sistema y te indicó la salida.
—Hoy no buscaba tu respuesta. Buscaba tu reflejo. Pero necesitaré una prueba más profunda.
Cuando saliste al pasillo, percibiste una tensión distinta en él: ya no era solo un almirante evaluándote. Ahora parecía… curioso.

Al día siguiente se te convocó en un sitio donde no habías ido antes.
Mark te llevó a una pequeña sala sin ventanas, iluminada solo por una luz cálida desde el techo. En el centro había una mesa baja con tres pequeños dispositivos circulares: uno rojo, uno plateado y uno azul.
—Los moduladores —explicó—. No dañan. No manipulan. Solo amplifican. Tu mente, tus impulsos, tu verdad.
Se sentó frente a ti, entrelazando los dedos.
—Quiero ver cómo gestionas la presión emocional controlada. Es uno de los filtros finales para agentes de inteligencia.
Antes de que pudieras preguntar, colocó en la mesa una grabación. Al reproducirla, una voz distorsionada pronunció tu nombre entre estática y pasos apresurados.
El aire se volvió más pesado.
—Interceptamos esto hace dos días —dijo Mark—. No sé quién te mencionó, pero sé que no deberías ignorarlo.
Te indicó los moduladores.
—Cada uno amplifica un rasgo: instinto, frialdad o introspección. No te diré cuál hace qué. Tu elección dice más que el efecto.
Respiraste hondo y tocaste uno.

  • Rojo
  • Plateado
  • Azul

Capitulo 6
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Mark sonrió de forma casi invisible.
—Frialdad analítica. Elección quirúrgica. —Se inclinó ligeramente hacia ti y te susurra al oido—. Es la más difícil de falsificar. Y la más peligrosa en manos equivocadas.

El modulador emitió un pulso suave al activarse en tu cuello.

Mark continuó:
—Ahora que tu mente responde de forma amplificada… quiero preguntarte tres cosas. Responde sin pensar.
Se acercó hasta que casi podías sentir su aliento.
—¿Qué temes?
—¿Qué estarías dispuesto a sacrificar?
-Y lo más importante. ¿Qué deseas?
Respondiste, y él absorvió cada palabra como si fueran datos confidenciales.
Finalmente, el modulador se apagó.
—Perfecto —dijo, poniéndose en pie—. La evaluación final es operativa. Y ya estás dentro. Aunque queda una última cosa. Una prueba final. Te veré mañana.



La prueba final no tuvo lugar en una sala técnica ni en la cantina. Mark te llevó al helipuerto nocturno, donde la brisa marina golpeaba fuerte y el cielo estaba completamente despejado. Una plataforma metálica esperaba en el centro, con una sola carpeta sujetada por un clip plateado.
—Operación Niebla Negra —anunció—. Es una simulación… pero con parámetros reales.
Te ofreció la carpeta.
—Aquí dentro hay un objetivo, una ruta, una amenaza y una variable inesperada. Tu tarea es simple: decirme cuál abordarías primero.
Abriste la carpeta y leíste los elementos.
Mark cruzó los brazos.
—No busco que aciertes. Busco que seas coherente contigo mismo.

  • Objetivo principal
  • Amenaza
  • Variable inesperada

Final
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—Ya está. Evaluación concluida.
Se acercó a ti. Mucho más cerca que cualquier otro día.
Sus ojos negros reflejaban las luces del helipuerto.
—No sueles darte cuenta… pero eres peligroso. Y eso significa que eres alguien que quiero cerca.
Apenas separó unos centímetros su rostro del tuyo.
—Y ahora… la verdadera razón por la que quise evaluarte tan a fondo.
Sacó una pequeña carta metálica de su bolsillo interior. Estaba sellada.
—Esta es tu clasificación final. Pero no voy a entregártela aquí.
Se giró, dándote la espalda, con una postura elegante y calculada.
—Ven mañana a primera hora. A solas. Te la daré entonces.
Volteó ligeramente la cabeza.
—Y créeme… te interesará saber lo que descubrí de ti.
El viento sopló fuerte mientras se alejaba.
La evaluación había terminado.
-Una última cosa. Recuerda que en los Koalas, va en pares.
Pero algo en su mirada decía que lo realmente importante acababa de empezar.

¿Fin?


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Evaluando respuestas del sujeto A.

...
...
...
...

Analizando comportamiento.

Comprobando pulsaciones por minuto.

Detectando nivel de apego... Bip *ERROR* Lectura incongruente.

Inyectando sujeto B mientras se terminan de computar datos, repitiendo simulación con opciones restantes...

*BIP*

Empezando en breves minutos.


Sala de juegos
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Capitulo 1: El rugido del azar
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Capítulo 1: El rugido del azar

El pasillo que lleva a la Sala de Juegos se siente diferente al resto de la Academia de la Marina.
Mientras caminas, las paredes de metal gris dejan paso a madera cálida; un aroma a sal, especias y algo dulce te envuelve como una ola.

Cada paso resuena entre risas apagadas y chasquidos de cartas que se barajan.
Cuando empujas la puerta, una explosión de luces te deslumbra.
Mesas circulares rodeadas de cadetes, faroles de cristal azul que cuelgan como pequeñas lunas, y en el centro, un estrado de mármol marino donde reluce un tablero de cartas de gran tamaño.

Sobre él, un mazo de cartas iridiscentes palpita como si respirara.
—¡Nuevo rostro en mi guarida! —una voz grave y sorprendentemente cálida corta el murmullo.
Del fondo surge una figura que haría callar a un estadio.

Su cuerpo es humano, alto y musculoso, pero su rostro… es el de un perro de pelaje blanco impecable, orejas erguidas, ojos azules tan claros que parecen hielo iluminado.
Su capa de almirante se agita con un gesto casi teatral.
—Soy Almirante de la Flota Galan. Campeón absoluto de Marinestone, juego de mente, instinto y mar.

Sus colmillos asoman en una sonrisa que mezcla desafío y simpatía.
—¿Vienes a mirar o a jugar?
Antes de que respondas, deja caer una baraja frente a ti. Las cartas emiten un leve zumbido, como si supieran que las han retado.

El murmullo de los cadetes aumenta; algunos se acercan, curiosos.
—Aquí, recluta, se entrena la verdadera estrategia. La mar no perdona a los indecisos.
Su mirada canina, intensa y a la vez divertida, te invita sin palabras.


¿Cómo respondes?
  • Aceptar de inmediato
  • Pedir explicaciones
  • Provocar con humor


Capitulo 2: Cartas bajo la marea
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—Nunca he jugado. Enséñame las reglas. Sus orejas se inclinan, complacidas.
—La paciencia es una virtud rara. Te la has ganado.

Pasas la siguiente hora aprendiendo.
Cartas de Chihua Galan, Justicia Devastadora, Plan Maestro: cada nombre resuena como una leyenda.
Galan explica con una mezcla de maestro paciente y showman. —En Marinestone no basta la suerte —dice, barajando sin mirar—. Hay que leer el corazón del rival.

Cuando la partida amistosa termina, el público aplaude.
Galan se inclina, orejas erguidas. —Buen comienzo. Mañana, una partida de verdad. Solo tú y yo.

Capítulo 2: Cartas bajo la marea

La noche siguiente, la Sala de Juegos parece un santuario secreto.
La multitud se ha ido; solo queda la luz azul de los faroles y el rumor distante del mar.
Galan ya te espera, barajando con una destreza hipnótica. —Bien, recluta. Hoy sabremos si tienes instinto de capitán.

Se sientan frente a frente.
Las cartas caen con un sonido que recuerda a olas rompiendo.
Juegan varias rondas; él alterna risas profundas con miradas serias que te examinan como si fueras una carta más del mazo.

En un momento, se inclina hacia ti, el brillo de sus ojos casi eléctrico. —Dime algo. Con tantas áreas en la academia… ¿por qué viniste aquí? ¿Por qué quedarte en un rincón de juegos en vez de blandir espadas o disparar cañones? El silencio se llena del zumbido de las cartas.


¿Cómo respondes?
  • Intriga personal
  • Amor por la estrategia
  • Búsqueda de calma


Capitulo 3: Tormenta en el tablero
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—Me atrae la táctica más que la fuerza bruta. -Un cerebro marinero… valioso —asiente con respeto.

La partida termina en empate perfecto. Galan apoya las cartas y, por un instante, su tono se vuelve casi confidencial.
—En Marinestone, leer al otro es más importante que ganar. Y empatar contigo… me hace querer saber más.

Capítulo 3: Tormenta en el Tablero


El tercer día, la Sala late de expectación: cadetes y oficiales se agolpan para ver el duelo anunciado.
Faroles adicionales iluminan el estrado central. Galan entra con paso seguro, su capa ondeando como una vela al viento.
—Hoy, un verdadero choque de flotas —proclama, mostrando un mazo de élite cuyas cartas centellean como gemas marinas.

El público guarda silencio.
La partida comienza: tus cartas chocan como olas contra las suyas. Cada jugada suya es un truco nuevo; cada respuesta tuya arranca murmullos de admiración. En un momento crítico, logras forzarlo a gastar su carta más poderosa.

Sus ojos brillan con un respeto feroz. —¡Impresionante! —exclama, orejas agitándose—. —Pocas veces alguien me arrincona así.

El público estalla en aplausos cuando el último turno termina en un empate épico.
Cuando la sala se vacía, él se acerca, voz más baja: —Mañana, entrenamiento especial. Sin público, solo tú y yo.
—Si te atreves, claro.


Que respondes:
  • Aceptar con determinación.
  • Aceptar con humor.
  • Proponer una apuesta.


Capitulo 4: Aguas Profundas
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—Acepto si apostamos algo interesante. —Hecho —dice, mirada chispeante—. Pensaré en una recompensa digna.

Capítulo 4: Aguas profundas

La cuarta noche, el viento que sopla desde el puerto arrastra olor a tormenta.
La Sala de Juegos está cerrada al público; las lámparas azules laten con un brillo más intenso, como si
presintieran algo especial.

Cuando entras, Galan ya te espera en el estrado central, sin espectadores esta vez. La capa blanca le cae sobre los hombros como espuma congelada. —Llegas justo a tiempo, recluta —dice, la voz grave, casi un ronroneo canino—.
—Hoy no habrá público, ni distracciones. Solo tú, yo… y el mar en estas cartas.

Sobre la mesa descansa un mazo diferente: las cartas parecen de cristal, grabadas con runas marinas que centellean en verde. —Es mi baraja personal —explica, acariciando la superficie con garras suavizadas—. —Nunca la uso salvo con rivales que respeto.

El gesto te sorprende. No sabes si es un halago o una advertencia.

El entrenamiento secreto
Antes de comenzar, Galan apaga algunas lámparas hasta que solo queda una luz tenue.
El murmullo de las olas del puerto se cuela por las ventanas. —El verdadero Marinestone —dice— no consiste solo en atacar. —Se trata de escuchar.

Coloca una carta en tu mano, guiando tus dedos. Su contacto es cálido, firme. —Siente el equilibrio —susurra—. —Cada carta tiene una historia, cada jugada un eco. —Quien no entiende al mar, no entiende al rival.

Juegan en silencio. El sonido de las cartas se mezcla con el latido del puerto, como un tambor lejano.
Cada vez que crees haberlo sorprendido, él contraataca con elegancia felina.
Sus orejas se mueven con cada respiración, atentos a algo que no puedes oír.

De pronto, una ráfaga de viento apaga la mitad de las lámparas.
Quedan apenas dos luces encendidas, y Galan sonríe.
—Ahora el tablero es mar abierto. ¿Te atreves a seguir?


Que respondes:
  • Aceptar el desafío sin miedo
  • Pedirle que te enseñe una jugada maestra.
  • Bromear para romper la tensión.


Capitulo 5: El rugido de la marea
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—Claro que sí. —Te enderezas, baraja firme.
Galan inclina la cabeza, colmillos brillando. —Eso quería oír

La partida continúa durante una hora que se siente como un instante. Cuando finalmente colocas tu última carta, el empate vuelve a ser perfecto. Galan se reclina, respiración profunda.

—Tienes el instinto de un capitán de flota —dice con voz más suave—. —Y algo más… algo que no se entrena.
El silencio que sigue es denso, cargado de un entendimiento que no necesita palabras.

Capítulo 5: El rugido de la marea

El día siguiente amanece con el rumor de una tormenta real. Las olas golpean el muelle como si el mar estuviera impaciente. Cuando entras a la Sala, Galan te espera de pie junto a la ventana, mirando el horizonte gris.

—Hoy el mar quiere probarnos —dice sin girarse. —Perfecto para la partida final antes del torneo de la Academia.
Te cuenta que el Gran Torneo Marinestone se celebra una vez al año y que este duelo decidirá si te incluye como su compañero o como su rival. —Quiero verte jugar con todo —añade, girándose por fin. Sus ojos azules reflejan la tormenta que se avecina.

La Batalla

La mesa central está preparada: barajas completas, fichas de poder y un cronómetro de arena negra.
Los primeros turnos son veloces; tus manos se mueven casi solas, alimentadas por las lecciones de las
noches anteriores. La lluvia golpea los cristales.

Cada vez que colocas una carta clave, Galan ladea la cabeza, orejas tensas, como si sintiera las corrientes
invisibles del juego. Cuando él responde con un combo devastador, el público —algunos cadetes se han atrevido a entrar pese a la tormenta— estalla en murmullos.

Pero tú no cedes. Recuerdas sus enseñanzas: escuchar el mar, leer el corazón del rival.
Lanzar una última jugada de Alijo de Goldacolas.
La arena del cronómetro se agota justo cuando tu carta brilla y neutraliza su ataque final.
Silencio.
Luego, un rugido de aplausos.
Galan observa el tablero y suelta una carcajada profunda, sincera. —¡Increíble! —sus colmillos destellan en la penumbra. —No recordaba sentir tanta adrenalina.

Se acerca hasta quedar a un paso de ti. Su olor a sal y madera húmeda llena el aire. —Hoy no hay ganador ni perdedor —dice—. —Hay un compañero de viaje. El público se dispersa poco a poco, dejando la sala casi vacía.

La tormenta arrecia afuera; truenos retumban como cañones.
Galan se inclina, voz más baja, casi un murmullo que solo tú escuchas. —Mañana zarpo para el Torneo Mayor. —Quiero que vengas conmigo… no solo como aprendiz.
Sus ojos azules buscan los tuyos con una intensidad que te corta la respiración.
—Quiero que seas mi pareja de flota.


¿Que haces?
  • Aceptar con emoción
  • Aceptar con humor.
  • Poner una condición amistosa.


Capitulo 6: La carta secreta
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—Solo si me enseñas tu jugada secreta del primer día. —Trato hecho —dice, inclinándose—. Esa carta será solo nuestra.

Un relámpago ilumina la sala. Por un instante, el reflejo de sus ojos y los tuyos se confunden con la luz de la tormenta.
El mar, afuera, ruge como si aprobara la alianza que acaba de forjarse.

Capítulo 6: La carta secreta


El amanecer del Torneo Mayor tiñe el puerto de un azul metálico. Banderas ondean, tambores retumban, y la brisa trae el olor a sal y especias. El gran pabellón de cristal, repleto de marinos y cadetes, resplandece como un faro.
A tu lado, Galan ajusta su capa de almirante.

La luz hace brillar su pelaje blanco; sus orejas se mueven con una inquietud casi imperceptible, pero su
sonrisa es tranquila. —Hoy jugamos contra los mejores de toda la Flota —murmura, solo para ti—. —Con mi compañer0 de flota… el mar nos respalda

El Torneo

Las primeras rondas se suceden como olas en una marejada: rápidas, implacables. Tú y Galan os movéis como una sola mente, enlazando jugadas perfectas que arrancan exclamaciones de admiración.

Incluso los rivales más veteranos terminan rindiéndose, incapaces de seguir vuestro ritmo. En la final, cuando la tensión alcanza su punto máximo, Galan se detiene con una sonrisa traviesa. Se inclina hacia ti, de modo que solo tú puedas oírlo. —Hora de mostrar mi carta especial… —susurra.

Del mazo extrae una carta que no habías visto: el dibujo de un pintalabios carmesí que destella bajo las
luces del pabellón. —La llamo “El Pintalabios” —dice en voz baja, cerca de tu oído—. —Efecto: un beso de buena suerte que confunde al rival.

El público, ajeno a la confidencia, solo ve que Galan juega una carta brillante y aplaude sin entender.
Su mirada azul chispea de picardía. —Y después, cuando nadie mire, te enseñaré el objeto real —añade en un murmullo que solo tú escuchas.

El comentario te provoca una mezcla de risa y un calor inesperado.
Distracción perfecta: el rival comete un error, y vuestra combinación final asegura la victoria.
El pabellón estalla en aplausos; la tormenta de vítores casi hace temblar los ventanales.

Después de la Gloria

Cuando la multitud se dispersa, Galan te guía por un pasillo lateral hasta la cubierta superior, donde solo
el sonido del mar acompaña. La luna, enorme y plateada, ilumina las olas como si pintara caminos de luz.
De su bolsillo interior saca, con un gesto casi ceremonioso, un pequeño tubo de pintalabios rojo, idéntico al de la carta.

—Te lo prometí —dice, mostrándolo entre sus garras—. —La carta era una broma… pero este es de verdad.
Su voz es grave, suave, cargada de algo que no es solo humor. —Dicen que trae suerte a quienes navegan juntos.
Se acerca un paso. El farol más cercano parpadea. Su mirada, intensa, busca la tuya. —Así que… ¿quieres verlo en acción? —pregunta en un susurro que solo el mar podría robar.


Que respondes:
  • Aceptar con una sonrisa.
  • Responder con humor.
  • Guardar el momento en silencio.


Final
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—Claro. Después de todo, la suerte nos ha traído hasta aquí.
Galan sonríe, orejas relajadas, y el pintalabios brilla bajo la luna.

El mar golpea suavemente el casco del barco, marcando el compás de un instante que pertenece solo a
los dos.
La escena se detiene en ese punto: el pintalabios entre sus dedos, la luna sobre el océano, y una
promesa que ninguno necesita explicar

¿Fin?

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Evaluando respuestas del sujeto A.

...
...
...
...

Analizando comportamiento.

Comprobando pulsaciones por minuto.

Detectando nivel de apego... Bip *ERROR* Lectura incongruente.

Inyectando sujeto B mientras se terminan de computar datos, repitiendo simulación con opciones restantes...

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Bob Marvel
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Re: Laughtale

Mensaje por Bob Marvel »

Taberna
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Capitulo 1: El murmullo de la taberna
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Capítulo 1 – “El murmullo de la taberna”


El aire de la taberna de la Marina está cargado de humo de tabaco y especias.
Las lámparas de aceite oscilan en los techos bajos, proyectando sombras que parecen bailar al compás de las carcajadas y los brindis. El olor a ron y sake impregna cada mesa, como si las paredes mismas hubieran sido barnizadas con licor a lo largo de los años.
Casi todos los cadetes se reúnen aquí después de los entrenamientos para liberar la tensión: algunos juegan a las cartas, otros apuestan con dados, y unos pocos entonan canciones marineras tan desafinadas que ni las gaviotas soportarían escucharlas.
Tus ojos se detienen en una esquina. Allí, sentado solo en una mesa de madera gastada, está Naku, contraalmirante de la Marina.
La presencia de ese hombre basta para silenciar a cualquiera. Su melena negra y salvaje cae sobre su rostro curtido, marcado por cicatrices que parecen historias jamás contadas. Viste la capa blanca de la justicia con un aire de desdén, como si la llevara por obligación, no por orgullo. Y a su lado, apoyada contra la pared, descansa una Bokuto con filo implacable.
Tiene una jarra de sake medio vacía frente a él. No habla, no sonríe, no se inmuta. Su sola aura mantiene a todos a distancia.
Un rumor recorre la taberna:
—Dicen que Naku nunca pierde una pelea, ni siquiera cuando está borracho…
—Calla, idiota. ¿Quieres que te oiga?
De pronto, su mirada se cruza con la tuya. Ojos oscuros, profundos, como un mar embravecido en media noche. Y por un instante, crees sentir que algo te arrastra hacia esa marea.
Te acercas, casi sin darte cuenta. La silla frente a él está vacía, como si esperara a alguien. Naku rompe el silencio con voz grave:
—No acostumbro a recibir compañía… —sus palabras salen lentas, medidas, como quien pesa cada sílaba—. Pero siéntate… si es que tienes agallas.
Una pausa. Levanta la jarra de sake, se la lleva a los labios y bebe un trago largo. Después suspira, como si el peso del mundo se le aflojara un poco con el alcohol.
—Dime… ¿qué demonios buscas aquí?

  • Responder con seriedad
  • Responder con ligereza
  • Quedarte en silencio y solo mirarlo a los ojos.
Capitulo 2: Sombras entre vasos
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Busco buena compañía… y tal vez un trago gratis.” Naku arquea una ceja, sorprendido por tu descaro.
Una chispa de diversión aparece en su mirada.
—Tienes agallas. Está bien, beberás… pero no gratis.


Capítulo 2 – “Sombras entre vasos”

La taberna se va llenando más a medida que avanza la noche. Voces, canciones y golpes de vasos crean un ambiente festivo, pero en tu mesa reina un extraño contraste: silencio denso, roto solo por el choque de la jarra de Naku contra la mesa.
Tus palabras (o tu silencio, según tu elección anterior) parecieron despertar una chispa en él. El contraalmirante te observa con una mezcla de intriga y cautela. No sonríe, pero su mirada ya no es un muro infranqueable.
—La mayoría me evita —confiesa, dejando la jarra a un lado—. Algunos me temen, otros me desprecian. Pero nadie se sienta aquí sin motivo. Tú… eres distinto.
El alcohol empieza a hacer efecto. Naku se inclina hacia atrás, dejando que su cuerpo pesado repose contra la silla. Una de sus manos se posa sobre la empuñadura de la Bokuto, no como amenaza, sino como costumbre.
Un grupo de marinos se acerca a otra mesa cercana, jugando con dados. Uno de ellos, borracho, tropieza y casi choca contra la tuya. Antes de que puedas reaccionar, Naku le lanza una mirada tan cortante que el pobre tipo retrocede de inmediato, murmurando disculpas.
Naku vuelve a beber, y por primera vez notas un ligero amago de sonrisa en sus labios.
—El sake suaviza las aristas del alma… —dice, mirando su reflejo en el líquido transparente—. Pero también saca verdades que uno preferiría enterrar.
De repente, clava sus ojos en ti.
—Dime, ¿qué harías si supieras que tu superior no es tan recto como aparenta? ¿Seguirías sus órdenes… o le enfrentarías?
  • Responder con lealtad:
  • Responder con desafío
  • Responder con neutralidad.
Capitulo 3: El licor y el filo
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Naku sonríe de lado, una mueca peligrosa.
—Así que tienes fuego en el pecho. Me gusta… pero ese fuego puede quemarte.


Capítulo 3 – “El filo y el licor”



La noche avanza, y las lámparas de aceite arden cada vez más bajas. El bullicio en la taberna sigue, pero alrededor de tu mesa parece haberse formado una burbuja ajena al ruido, como si nadie se atreviera a interrumpir al contraalmirante.
Naku sirve otra ronda de sake, esta vez para ti también. Empuja la jarra hacia tu lado de la mesa, sus dedos callosos rozando los tuyos por accidente.
—Bebe. No hay pacto más sincero que el que se sella con alcohol —dice, casi solemne.
El calor del sake desciende por tu garganta, encendiendo tu pecho. Naku bebe contigo, sus mejillas apenas ruborizadas por el licor. Por primera vez, su expresión se suaviza lo suficiente como para mostrar un destello de humanidad.
—Cuando era joven… —empieza, con voz más baja—. Tenía un hermano. Siempre decía que la justicia no era una bandera, sino una promesa. Pero en este mundo… las promesas se rompen más fácil que un vaso de cristal.
Un silencio incómodo se instala. Naku aprieta los dientes, y por un segundo crees ver dolor escondido detrás de esas cicatrices.
Entonces, como para disipar la melancolía, golpea la mesa con la empuñadura de la Bokuto.
—¡Pero basta de fantasmas del pasado! Estamos aquí para beber, no para llorar. Se levanta de golpe y, para sorpresa de todos, propone un reto:
—¿Qué dices? Un duelo… pero no con espadas. Con vasos. A ver quién aguanta más sake sin caer.


  • Aceptar el reto con determinación.
  • Reírte y negarte con gracia, proponiendo otra prueba.
  • Aceptar, pero con cautela.
Capitulo 4: El reto del contraalmirante
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Naku se sorprende, luego entrecierra los ojos.
—Eres astuto… no todo se mide en alcohol, ¿eh? Interesante


Capítulo 4 – “El reto del contraalmirante”

Las mesas se apartan, los murmullos crecen. Todos los presentes contienen la respiración al ver cómo un contraalmirante y un cadete —tú— se disponen a enfrentarse en un duelo etílico. Naku coloca una fila de jarras llenas frente a ambos, sus ojos ardiendo con la misma intensidad que las velas de la taberna. Bebe la primera de un solo trago. La espuma se derrama por la comisura de sus labios, y la multitud estalla en vítores.

Levantas una jarra y brindas en lugar de beberla entera.
—El valor no siempre está en el exceso.
Algunos abucheos suenan, pero Naku sonríe divertido.
—Me sorprendes… prefieres estrategia al impulso.

La ronda se extiende, y el ambiente se enciende como pólvora. Naku aguanta con firmeza, aunque sus mejillas se enrojecen más de lo habitual. Entre jarra y jarra, sus palabras se vuelven más ligeras, sus carcajadas más francas. Es como si cada trago derribara una muralla en su interior.
Finalmente, con un golpe seco en la mesa, Naku se detiene.
—Basta. La noche no merece que la desperdiciemos inconscientes. Con torpeza, pero sin perder su porte, se inclina hacia ti.
—Te ganaste un lugar en mi mesa. Y eso, créeme, no lo digo a menudo.



  • Responder con orgullo.
  • Responder con modestia.
  • No responder, solo sonreír y levantar la jarra.
Capitulo 5: El susurro tras el Bokuto
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Capítulo 5 – “El susurro tras el Bokuto”

El bullicio se apaga poco a poco; la taberna se va vaciando. Solo quedan unos cuantos marinos dormidos en las mesas y el cantinero recogiendo vasos. Afuera, la noche es profunda, y el aire huele a mar salado. Naku, ya más relajado, retira su Bokuto de la pared y la coloca sobre la mesa. La hoja tiene marca de innumerables batallas, y por un instante sientes que la taberna entera contiene la respiración.
—Esta espada… —dice en voz baja— ha segado más vidas de las que quisiera contar. Cada marca en mi cuerpo es un recordatorio de ello.
Suspira, mirando el filo.
—A veces pienso… que sin el alcohol, mi alma se oxidaría igual que una hoja abandonada al mar.
Naku sostiene tu mirada en silencio, luego asiente.
—A veces, no hay necesidad de palabras.
El contraalmirante se inclina hacia ti, tan cerca que puedes sentir el calor de su respiración mezclado con el aroma a sake.
—No sé por qué diablos confío en ti… pero lo hago. Y entonces, casi con torpeza, te ofrece el Bokuto.
—Tócala. Quiero ver si eres capaz de cargar, aunque sea por un instante, con el peso de lo que significa.
  • Aceptar y tocar el Bokuto.
  • Rechazar con respeto, diciendo que no es tu lugar.
  • Tocar el Bokuto mostrando prudencia.
Capitulo 6: Sombras y confesiones
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Capítulo 6 – “Sombras y confesiones”

La taberna ya casi ha cerrado. El aire está impregnado de madera húmeda, ron y brasas apagadas. Solo quedáis tú, Naku y el cantinero, que bosteza en la esquina con clara intención de marcharse. Afuera, las olas golpean suavemente contra el muelle.
Naku se ha quitado el abrigo blanco de contraalmirante y lo ha dejado colgado en el respaldo de la silla. Parece menos una autoridad de hierro y más un hombre que ha aprendido a soportar demasiadas batallas. Sus palabras del capítulo anterior —cuando habló de las promesas rotas— aún resuenan. Tú elegiste cómo responder entonces: y ahora, de un modo u otro, él lo recuerda.

Naku ladea la cabeza y sonríe de medio lado.
—Tu manera de esquivar mis sombras… con chistes. —Niega con la cabeza, casi divertido—. A veces pienso que tu risa es más afilada que mi katana.

Se inclina hacia delante, como si finalmente hubiera tomado una decisión. De un paño oscuro saca una botella pequeña y al destaparla se desprende un aroma intenso, burbujeante.
—Esto es mi secreto —declara—. Lo llamo “MARTINi”. —Te guiña un ojo—. No es ron ni sake… es mi mezcla especial. Una bebida que solo comparto con alguien en quien confío.
Sirve dos vasos. Sus dedos rozan los tuyos al pasar uno, y ese gesto breve pesa más que mil palabras. El líquido pica en la lengua, arde en la garganta, pero deja al final un dulzor inesperado. Una metáfora líquida de quién es Naku: férreo por fuera, cálido por dentro.
Lo observas sonreír de forma casi infantil al ver tu reacción.
—Sabía que aguantarías —dice. Luego, con un aire travieso poco propio de él, añade—: ¿Sabes? Todos hablan de Zoro como “el del estilo de tres espadas”. —Levanta la botella y el Bokuto, alineándolos sobre la mesa—. Pues que quede claro: yo también manejo tres armas… y una de ellas se bebe.
Se ríe de su propio chiste, un sonido extraño en su seriedad habitual.
Al levantarse, recoge su Bokuto con una calma calculada. Te mira fijamente, con la brisa marina entrando por la ventana.
—Queda algo más que quiero mostrarte. Pero no aquí.
La puerta de la taberna cruje al abrirse. El muelle iluminado por la luna se extiende frente a vosotros, silencioso, esperando. Cuando te tiende la mano, ya no lo hace como contraalmirante, sino como un hombre que ha bajado todas sus defensas.

  • Seguirlo de inmediato, aceptando su invitación.
  • Pedirle que explique un poco más antes de salir.
  • Negarte con calma, quedándote en la taberna.
Final
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Naku sonríe apenas, complacido.
—Así se habla. El valor no siempre se mide con acero.

El viento marino envuelve la escena, llevando consigo la certeza de que lo que decidas aquí sellará el desenlace de esta ruta.




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Sala de Descanso
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Capitulo 1: La carta que no debió existir
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La sala de descanso de la Marina es un lugar olvidado, encajado entre pasillos fríos y puertas que nunca han visto expresiones humanas genuinas.
Aquí suelen acumularse tazas sucias, informes arrugados, soldados demasiado cansados para volver a sus literas. El aire es espeso, una mezcla rancia de café viejo y madera húmeda.
Pero hoy… Hoy no es normal.

La puerta chirría cuando la empujas, y de inmediato, el ambiente cambia. Las luces parpadean solo una vez, como si se inclinaran ante alguien.
Y allí, en el sillón central, ves a un hombre que parece no pertenecer a este mundo.
Un almirante. Pero no cualquier almirante.
Sus ojos oscuros te observan con una claridad inquietante, su barba perfectamente recortada, el abrigo blanco con la palabra justicia cayendo como una capa teatral.
Lleva un sombrero de copa negro… lo cual debería ser ridículo en un cuartel militar, pero en él encaja de manera desconcertante. Como si siempre hubiese sido parte de su uniforme.

Y entonces lo ves. Las cartas. Flotan. No caen. No tiemblan. No obedecen la gravedad.
Giran alrededor de su mano como planetas en órbita, cada una iluminada con un tenue resplandor que recuerda al reflejo de la luna en el mar durante una noche sin viento.
No hay cables, no hay trucos visibles, no hay explicación racional.

Cuando tu pie cruza el umbral, todas las cartas se detienen. Suspendidas en el aire, se giran hacia ti. Como si te repasaran, como si te reconocieran.
El almirante no pestañea. Simplemente inclina ligeramente la cabeza.
—Cierra la puerta -dice.
La voz no es alta. No es brusca. No es cálida. Es una mezcla peligrosa entre paciencia y amenaza, como un filo envuelto en terciopelo.
La puerta se cierra sola. Lentamente. Sin ruido.

La mano del almirante baja y todas las cartas vuelven a unirse en una baraja perfectamente ordenada. La mueve una sola vez y una carta salta del mazo, volando hasta tu mano como un pájaro obediente.
— Esa es tu carta -afirma con una seguridad que no admite réplica.
La miras y te congelas. Es tu retrato exacto, con la ropa que llevas ahora, el ángulo exacto desde el que estás de pie, incluso tu expresión perpleja.
— Así que era cierto -murmura el almirante, con una sonrisa de medio lado tan leve que podrías dudar de haberla imaginado-. El mazo dijo que vendrías hoy. Y que vendrías… así.
Se levanta, cada movimiento suyo es elegante, casi coreografiado. Da dos pasos hacia ti, lo suficiente para invadir tu espacio personal sin llegar a tocarte.

—Soy Javisba -se presenta, inclinando levemente el sombrero-. Almirante de la Marina.
Una pausa.
—Y mago. Aunque esa parte a mis superiores les importe menos.
Camina alrededor tuyo mientras te examina de arriba abajo.
—El mazo lo que no me dijo es quién eres.
La baraja en su mano empieza a brillar.
—Solo dijo que eras… “la carta que falta”.
Te observa directamente a los ojos.
—¿Qué tipo de carta dirías que eres?
Su tono no permite mentiras, aunque tampoco exige sinceridad. Es más bien un desafío.
Tu boca se seca, pero respondes.


¿Como respondes?
  • Soy la carta que sostiene al resto del mazo.
  • Soy la carta que da color a la baraja.
  • Soy la carta que no enseña su cara.

Capitulo 2: No todo son trucos
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Una sonrisa casi imperceptible curva su boca.
— Un comodín multicolor, polifacético, a veces subestimado. Útil… cuando menos se espera. Parece que la baraja aun guarda sorpresas para mi
Y con esas palabras el almirante abandona la sala.

Cuando regresas a la sala de descanso al día siguiente, lo haces sin admitir que has estado pensando en Javisba desde que saliste.
La sala está nuevamente casi a oscuras, solo una lámpara encendida al fondo… pero ahora, la sensación es distinta.
Como si el aire mismo te esperara. Él está allí, sentado con las piernas cruzadas, las cartas formando una espiral sobre su cabeza, proyectando sombras móviles en las paredes. Es hermoso, inquietante y magnético.
— Puntual -dice sin mirarte-. Ayer llegaste mas tarde de lo esperado.
La espiral de cartas se detiene y cae en su mano como una lluvia sincronizada.
— Mi baraja reaccionó a tu carta -continúa-. Despertó algo.
Te hace un gesto para que te acerques. Cuando te sientas, las cartas flotan entre ambos como luciérnagas revoloteando.

— Esto no es ilusionismo —dice, moviendo apenas los dedos. Una carta se enciende—. No son trucos. Son… manifestaciones.
Su tono baja.
— Y últimamente, están cambiando. Una carta se oscurece. Se tiñe de negro desde el centro hacia afuera. Grietas de luz roja la recorren, como venas mágicas.
— Esto jamás debería ocurrir —admite.
Y que lo admita te revela que debe ser grave.
La carta comienza a flotar hacia ti. Javisba no la detiene.
Cuando la tocas, el aire se contrae, como si algo enorme hubiera inhalado.
—No intentes cambiar su color ahora Bueno… quizá levemente.
Parece que la carta intenta cambiar, pero en cambio explota en cientos de pétalos oscuros que desaparecen en el aire. Javisba se levanta.
— Quizá no deberías haberla tocado -su voz es dura-. Pero… era necesario.
Da un paso hacia ti. Otro. Y otro más. Se acerca nuevamente invadiendo tu espacio personal sin llegar a tocarte.
—Lo que pasó significa que el mazo te ha reconocido.
Te mira con una intensidad casi animal.
—Y eso nunca es casualidad. No se si es buena idea que sigas interactuando con la baraja. Quizá deberíamos dejar todo esto.


¿Como respondes?
  • Quiero seguir interactuando con las cartas.
  • Podría hacer un chiste ahora.
  • No tocaré nada sin permiso.

Capitulo 3: Falla el mago, tiembla el mazo
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— No es el momento de eso ahora.
Dice cortante. Se hace un silencio tras el cual empieza a reirse levemente.
—… Bueno. he de reconocer que ha sido lo suficientemente malo para aligerar la situación. Quiza...
El almirante reflexiona mientras cartas revolotean alrededor de su cabeza. Tras un rato en silencio vuelve a hablar.
— Esta bien, continuemos con este truco, A ver donde nos lleva todo esto.
Con un chasquido de dedos desaparece de la sala dejandote con la palabra en la boca.


Al llegar al día siguiente, encuentras la sala completamente oscura. No escuchas nada, no ves nada. Avanzas lentamente, tanteando las paredes.
Entonces, una chispa violeta enciende el espacio. Y ves a Javisba.
En el suelo. Sentado contra un sofá, respirando rápido. El sombrero está tirado lejos, el abrigo abierto, las cartas desparramadas por todas partes como hojas de otoño.
Su mano derecha tiembla de forma violenta.
— No… deberías verme así -gruñe.
Intentas acercarte, pero él levanta la mano temblorosa.
— No, espera.
Una carta intenta flotar. Se levanta apenas unos centímetros y luego cae como una pluma mojada.
—Mi magia... esta fallando.
Otra carta tiembla. Cae.
—Las cartas no me obedecen. No deberían… no deberían descontrolarse así.
Te mira. Sus ojos están oscuros, ojerosos, casi febriles.
—Esto empezó desde que apareciste.
Suelta una risa rota, como si la locura se apoderase de el.
—No te culpo. Pero es real, esta pasando
Te indica una carta blanca a tu lado.
—Tócala.

Su voz es una orden.
Cuando tus dedos rozan el papel, este se ilumina suavemente. Se dibuja una línea después otra.
Se forma una figura, no tu retrato, no esta vez.
Es una mano sosteniendo otra.
—No bromees ahora.
Pausa brevemente y se empieza a reír entre dientes.
—… Aunque a veces tus bromas ayuden a bajar la tensión.
El mago respira hondo.
—Si sigo debilitándome… el mazo podría consumir mi voluntad y puede que también la tuya.
Te toma la mano y la coloca sobre la suya.
—No lo permitiré. Y se que tú tampoco.


¿Como reaccionas?
  • Sostenerle la mano con firmeza.
  • Hacer un comentario gracioso.
  • Guardar silencio y asentir.

Capitulo 4: El mazo despertado
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Su respiración se regula. se relaja
— Si, esto servirá. Surtirá efecto. Debo recopilar el resto de cartas de la baraja, mañana sabrás lo que debes hacer.
Tras lo cual la sala se vuelve oscura de nuevo. Tanteando sales de ella y vuelves al entrenamiento.
Por la noche sueñas como si hubieras vivido una aventura por distintos mundos con ese mago...

A la mañana siguiente tienes la sensación de haber tenido un sueño interesante, aunque los sueños siempre desaparecen de la mente.
Te diriges a la sala convencida de que allí estará y te quedas boquiabierta en el umbral de la puerta.
La sala hoy parece un ritual arcano.
Cartas negras forman columnas. Cartas normales forman círculos concéntricos. Un leve aroma a incienso inunda la sala.
Sombras se proyectan y bailan cuando deberían estar quietas.
Y ahí está él, con su sombrero de copa, en el centro, con un aura violeta envolviéndolo. Cuando te ve, las cartas bajan como si se arrodillaran.
— El mazo está activo. Completo.
Su voz es más profunda.
— Y te quiere cerca. Por favor, entra.
Al entrar en la sala la puerta se cierra tras de ti. Una carta rota, la misma del día anterior, flota frente a ti.
— Esta grieta apareció por tu influencia -dice-. No sé si es bueno o malo.
Al tocarla, la grieta vibra y se ilumina.
— Tu firmeza… es peligrosa para el mazo. Y buena para mí.
El hechicero da un par de pasos acercándose a ti. Y dirige tu mano hacia su pecho.
— Eres un ancla. Lo quieras o no.
Su mirada es demasiado intensa.
— Y yo… te necesito para no romperme.


¿Cual es tu reacción?
  • Aceptar ser su ancla.
  • Responder con una broma ligera.
  • Guardar silencio y asentir.

Capitulo 5: Las cartas prohibidas
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— Bien. Entonces podremos volver a casa.
Las cartas del mazo empiezan a revolotear a vuestro alrededor. Y el incienso se arremolina y concentra.
En un destello purpura parece que seáis transportados a otro mundo...

Despiertas a la mañana siguiente sudando, con la sensación de haber caído de un lugar muy alto. ¿Que ocurrio anoche?
Te diriges de nuevo a esa sala siempre cambiante.
Hoy la sala respira. Las paredes se contraen y expanden ligeramente, como si tuvieran un corazón.
Las cartas prohibidas, todas negras con esas venas rojas. Flotan formando un halo sobre Javisba. ¿Por que sabes que son prohibidas? ¿Cuándo has descubierto eso?
—Son demasiadas —confiesa—. Las cartas prohibidas solo se manifiestan cuando mis emociones están desbordadas.

Extiende su mano. Miles de cartas negras salen disparadas del abrigo, flotando alrededor tuyo como un torbellino suave.
—Reaccionan a ti. Aunque tu no las recuerdes.
Sus ojos se entrecierran.
—No sé si eso me tranquiliza… o me aterra.
Una carta rota aparece frente a ti. Otra. Otra. El torbellino te cubre completamente.
—Tu fuerza silenciosa… está moldeando las cartas. No debería ser posible.
Das un par de pasos hacia atrás pero el mago coloca ambas manos sobre tus hombros.
—No huyas, no me dejes ahora. No otra vez.
Su voz tiembla.
—Porque si lo haces, no podré contenerlas.


¿Qué respondes?
  • Estoy contigo.
  • Hacer de nuevo una broma.
  • Mirarlo sin saber como responder.

Capitulo 6: El último truco de Javisba
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— Ese fue el error que cometí, no te estaba protegiendo yo a ti. Eras tu la que lo hacia, esta vez debo dejar que lo hagas. Esta vez debes recordar.
Volvéis a deshaceros en un destello violeta pero esta vez si lo recuerdas, el viaje, la aventura, los sentimientos...

A la mañana siguiente despiertas de nuevo en los barracones, las gaviotas mecánicas graznan en el cielo. Y tú... recuerdas.
Rápidamente te diriges a vuestro lugar, donde siempre esta él.
La sala de descanso, que durante días se había transformado en un teatro vivo de magia fluctuante, hoy parece un mar en calma. No hay cartas flotando. No hay destellos violetas surcando el aire. No hay columnas de naipes prohibidos desbordándose desde los rincones.
Solo silencio… un silencio tan pesado que casi duele respirar dentro de él.

La puerta se cierra a tu espalda con un golpe seco, y por un instante crees que algo invisible lo ha hecho. El suelo, las paredes, incluso el desgaste del sofá parecen más opacos, más apagados, como si la sala hubiese sido drenada de color.
Te adentras lentamente, sintiendo que cada paso resuena de una forma extraña, como si caminaras dentro de un recuerdo.
Entonces lo ves, aparece. Javisba está en el centro. De pie, derecho, inmóvil.
Con la espalda recta y el rostro serio, pero no como la primera vez que lo viste. Esta vez hay un peso distinto en su expresión. Sin cansancio, sin tensión.
Algo más profundo… algo parecido a una despedida. Su sombrero reposa a sus pies, perfectamente colocado.
Su abrigo está doblado sobre una silla. Ambos objetos parecen ajenos a él, como si hubiese decidido dejar atrás todo lo que lo identificaba como el mago-almirante que conociste.
No hay cartas a la vista. Ni una sola.

— Pensé que tardarías más -dice con una voz que no suena rota, pero sí vacía.
Una calma demasiado artificial, demasiado forzada para ser real.
Das un paso hacia él, pero Javisba levanta una mano para detenerte. Aunque no haya cartas en el ambiente, la simple presencia de su gesto crea un pequeño pulso de energía, como una vibración silenciosa.
— No te acerques aún -ordena, con la firmeza de un almirante y la suavidad de alguien que teme perderte.
Respira hondo, profundo, como si cada bocanada de aire fuera una decisión.

— Hoy es el día en que el mazo decide mi destino -dice finalmente-. Y tú decides el tuyo… el nuestro.
Extiende la mano lentamente. Por un segundo crees que no aparecerá nada, que la magia lo ha abandonado por completo. Pero entonces, con un destello tenue y frágil, como la última chispa de una hoguera que se apaga, se materializa una carta entre sus dedos.
Solo una. El comodín negro roto. La carta prohibida original. La que reaccionaba contigo.
La que se rompía, se reparaba y volvía a romperse. La carta que nunca debía existir.
La carta que te eligió. Javisba la observa con una expresión amarga.
— Mi magia… está al borde del colapso. Ya no responden las cartas comunes. Tampoco las prohibidas. Solo queda esta, puede que el viaje termine aquí.

Levanta la vista hacia ti.
— Y esta carta vibra con tu presencia, no con la mía.
La carta tiembla en su mano, como un animal atrapado.
— El mazo está intentando absorberme -continúa-. Convertirme en parte de él. Convertir mi voluntad en un hilo más de sus trucos.
Cierra los ojos un instante.
— No quiero desaparecer dentro de mi propia magia.
Lentamente extiende la mano hacia ti, ofreciéndote la carta.
— Tócala.
Esta vez no suena como una orden. Tampoco una súplica. Ni un desafío.
Su voz se quiebra justo en la frontera de ser humana.
—Necesito que seas tú quien la sostenga -dice-. No el mazo. No yo. Tú.
Das un paso, luego otro. Cada avance hace que la sala cambie.
No visualmente, sino sensorialmente: el aire se vuelve más denso, la luz parece oscilar, algo vibra bajo tus pies como si una maquinaria oculta despertara con tu proximidad.

Cuando estás a menos de un metro, la carta brilla débilmente con un resplandor violeta. Javisba te observa sin parpadear.
—Antes… cuando me debilitaba, tu presencia estabilizaba el mazo —recuerda con voz baja-. No sé por qué. Nadie ha logrado eso nunca. Los magos somos solitarios no por ego… sino porque somos peligrosos para quienes se acercan.
Te estudia con atención.
—Pero tú… tú le das color. No te rompes. No te fragmentas. No temes a la magia.
Ajusta la posición de la carta en su mano.
—Yo sí.

Finalmente tomas la carta. El impacto es inmediato.
Un latido violento estalla en tu pecho. No es doloroso, pero sí inmenso. Como si algo invisible hubiese tomado nota de tu existencia con interés renovado. La carta parpadea al ritmo de tu respiración.
La grieta central vibra. Se contrae. Se expande. Brilla. Se oscurece. Esta viva.
Detrás de ti escuchas al hechicero inhalar bruscamente.
— Ahí está… -susurra, con una mezcla de alivio y temor-. Así responde cuando te toca.
Da un paso hacia ti, por primera vez desde que entraste.
— Nunca lo había visto tan claro.
Se coloca frente a ti, tan cerca que sientes el calor de su respiración.
—No quiero que el mazo decida por mí —dice-. Ni quiero entregarme a él.
Te mira directamente a los ojos intensamente.
— Pero tampoco quiero que tú cargues con mi magia sin saber lo que implica.
Sus ojos oscuros se suavizan.
Es la primera vez que lo ves así: sin su máscara seca, sin su figura rígida, sin su teatralidad.
— Déjame mostrarte algo —susurra.
Coloca sus dedos encima de los tuyos, sobre la carta. Sus manos están calientes, pero su pulso es caótico, acelerado, como si estuviera librando una batalla interna.

El mundo se contrae. Cae la sala. Cae el ruido. Cae la luz.
Todo se vuelve violeta.
Y entonces ves el “interior” del mazo: un espacio sin suelo ni cielo, lleno de miles de cartas girando en órbitas imposibles.
Cada carta es un recuerdo, un truco, una emoción que el mago ha reprimido.
Su risa, su dolor, sus miedos, sus sueños no cumplidos. Todo expuesto en un espacio etéreo.
Javisba aparece a tu lado, su forma más nítida de lo que nunca lo viste en la realidad.
— Esta es mi verdad -dice mientras las cartas giran a su alrededor-. Mi magia absorbe todo lo que siento. Todo lo que pienso. Todo lo que temo. Si me dejo llevar… el mazo me convertirá en otra carta más.
Te mira directamente.
—Pero si tú eliges una ruta para mí… la magia se estabilizará.
El espacio vibra. La carta prohibida se ilumina en tu mano. Tú decides.
El mazo comienza a envolverte. No con agresión, sino con expectativa. Javisba extiende su mano hacia ti.
—Elige qué quieres ser para mí.
La carta prohibida flota entre ambos.
—Y yo seguiré ese camino… hasta el final.
El mundo empieza a desmoronarse a vuestro alrededor.


¿Qué camino eliges?
  • Seré tu pilar. Tu equilibrio.
  • Seré tu alegría. Tu respiro.
  • Seré tu eje en la distancia. Tu silencio.

Final
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— Sabia que serias mi ancla, lo que da color a mi vida. Yo prometo que seré tu ilusión. Tu sorpresa, tu alegría.
En tu mano la carta prohibida vibra y la grieta se cierra. Y una fuerza hace que ambos la sostengáis. Juntos.
Volvéis a la sala de descanso. A su normalidad, las paredes ya no palpitan, las cartas ya no os rodean.
Solo esta su mirada clavada en la tuya, con unos sentimientos que jamás le habías visto ser capaz de expresar.
— Gracias. Ahora caminaremos la ruta que has elegido para nosotros. Juntos, recordándolo por siempre.
El aura violeta os envuelve a ambos, no solo al mago. Y todos los recuerdos perdidos inundan tu memoria.
Javisba te sostiene entre sus brazos, esperando a que asimiles lo que esta por venir y lo que ya habéis compartido.
Cuando tu mente y tu respiración se tranquilizan clavas tu mirada en la suya. Y en esa sonrisa que parece que ya nunca se apagara.
— ¿Y ahora? ¿Cuál es el rumbo? ¿Cuál es el siguiente truco que nos depara el destino? Esta vez será decisión nuestra, la baraja ya no elige el camino.
La puerta de la sala de descanso se abre y Javisba da un paso hacia ella decidido. Ante tu duda de avanzar se gira a observarte y aprieta tu mano. Mientras sonríe.
— ¿Cuál será nuestro siguiente truco?
Das un paso con él y otro más. Y salis por la puerta, hacia un nuevo mundo que explorar. Juntos, para siempre.



¿Fin?

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Laboratorio
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Capitulo 1: El tanque que piensa demasiado
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Capítulo 1: El tanque que piensa demasiado


La División Científica de la Marina no se parece a ninguna otra parte del cuartel. Mientras otras áreas
huelen a sudor, pólvora y mar, este lugar despide una mezcla constante de ozono, azúcar quemada,
metal derretido y algo más… algo que no puedes identificar, aunque esperas que no sea orgánico.

Puertas de acero blindado se alinean en un pasillo excesivamente largo, cada una numerada con un
código que seguramente significa algo para alguien… pero no para ti. La que te asignaron es la
Tre-14, la “sección de investigación aplicada”. Cuando empujas la puerta, una nube de vapor azul te
envuelve y algo en el interior hace un “¡YEII!” mecánico.

El laboratorio es un desastre glorioso: mesas cubiertas de planos, herramientas esparcidas como si
hubieran explotado, criaturas diminutas metidas en cápsulas transparentes que golpean el vidrio con
diminutas patas metálicas, y múltiples pantallas donde fórmulas pasan demasiado rápido como para
leerlas.
Y en el centro de todo…
Bob.

O por lo menos, la parte de Bob que puede observarte directamente: su cabeza humana, flotando
dentro de un cilindro lleno de un líquido verde fosforescente. Sus ojos parpadean, aunque el líquido
burbujea cada vez que lo hace, lo que resulta desconcertante. El cilindro está conectado a un cuerpo enorme, peludo, con garras… un cuerpo que reconoces como un oso antropomórfico. El contraste entre la cabeza y el cuerpo es tan absurdo que te quedas mirándolo sin saber si preguntar o marcharte.

—Llegas tarde —dice Bob, con un tono que no es de enfado sino de diagnóstico—. Quince minutos y
cuarenta y tres segundos. Pero no importa. La puntualidad es relativa cuando la mitad de mis relojes están derretidos.

Su voz retumba dentro del tanque, como si proviniera tanto de su garganta como del líquido que lo
rodea.
—Supongo que eres el nuevo recluta asignado a ayudante temporal —continúa—. O permanente, si
sobrevives. Nunca se sabe.
El cuerpo de oso te hace un gesto para que te acerques a una enorme máquina en forma de barril
metálico con bobinas eléctricas y tubos de colores: el Transmutador Biofásico Tre-14. Vibra como si
tuviera fiebre y exhala vapor morado.

—Necesito que pulses un botón—dice Bob—. No puedo hacerlo yo. Estas garras son buenas para
rascarse la espalda, pero malísimas para trabajo fino.
El panel tiene tres botones gigantes, cada uno con un color deliciosamente sospechoso:
• AZUL (pulsante y frío)
• ROJO (tembloroso, humeante)
• VERDE (brilla como su líquido craneal)

—Antes de elegir—añade Bob, inclinando su tanque hacia ti—, quiero que sepas algo importante:
no tengo ninguna idea de qué hace cada botón. Mis notas quedaron… comprometidas —mira hacia
una criatura en una jaula, que silba con orgullo.

Mientras te acercas al panel, el Transmutador zumba más fuerte. Bob inclina el cuerpo de oso para estudiarte con el cilindro-cabeza casi a la altura de tus ojos.

—Tienes algo interesante en la mirada… —susurra—. Tendré que investigarte. Puramente por ciencia, claro.
¿Eso era halago? ¿Amenaza? ¿Diagnóstico?
No tienes tiempo para pensarlo.
El Transmutador chisporrotea y una voz robótica exclama:
“SELECCIÓN DE COLOR REQUERIDA O SE ACTIVARÁ EL PROTOCOLO ALEATORIO.”
Bob abre mucho los ojos.
—No, no, NO queremos el protocolo aleatorio —advierte—. Créeme. No quieres ver qué pasa.


¿Que botón presionas?
  • Botón Azul
  • Botón Rojo
  • Botón Verde

Capitulo 2: El lagarto, el oso y el caos controlado
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El Transmutador exhala un estallido de vapor morado. Bob suspira con alivio.
—Ah, el botón aburrido. Bueno, supongo que sobrevivir es una buena forma de empezar la jornada.

Capítulo 2: El lagarto, el oso y el caos controlado


Después del impacto inicial, el Transmutador libera un destello cegador que envuelve el cuerpo de Bob. Su forma de
oso se disuelve en una niebla brillante y se recompone lentamente en una silueta nueva: un cuerpo de lagarto bípedo,
estilizado, con escamas azuladas y una cola larga que se agita con precisión matemática. Es más alto, más
musculoso y claramente más ágil.

Su cabeza en el tanque, sin embargo, permanece completamente humana. El contraste es incluso más ridículo
que antes.

—¡Aaah! Mucho mejor —declara Bob estirando su espalda—. El cuerpo de oso era fuerte, pero torpe. Este en
cambio… —da un salto que casi perfora el techo— ¡es eficiente!
No sabes si deberías aplaudir o correr. Bob activa una consola y varias cápsulas se abren liberando pequeños
drones flotantes. Parecen ojos metálicos con alas de insecto.

—Necesito hacer pruebas rutinarias —dice—. Pruebas simples. Observación, fuerza, velocidad,
compatibilidad bioquímica… y quizá un escaneo completo de tu estructura molecular. Nada invasivo, lo prometo.
Un dron te examina muy de cerca. Demasiado cerca. Se pega a tu nariz y hace un “BIP-BIP” agudo.
—Perfecto —dice Bob—. Ahora vienen las pruebas de coordinación. Las pruebas de coordinación resultan
ser una mezcla extraña entre examen físico, simulador de combate, conversación filosófica y acertijos matemáticos
innecesarios. Bob cambia entre dar instrucciones brillantes y soltar comentarios inquietantes:

—No mires a los ojos del dron 3, cree que eres su padre.
—Si ese tubo gotea, corre. No preguntes. Solo corre.
—¿Dijiste que vienes de la academia? Fascinante. Tus sinapsis deben ser más flexibles de lo que aparentas.
A mitad del proceso, una alarma suena. Bob gira el cuerpo de lagarto con una gracia casi teatral.
—Ah. Llegó antes de lo esperado. La puerta del laboratorio se abre y aparece un almirante científico
secundario, con mirada severa.
—Bob —dice con tono glacial—. ¿Otra vez experimentando con personal sin autorización?
—Solo lo necesario para avanzar en la ciencia —responde Bob, bajando la cabeza-en-tanque con inocencia
exagerada.

El almirante te mira fijamente.
—Ten cuidado —advierte—. Bob puede ser brillante, pero sus métodos están bajo revisión. Hay proyectos de él que
incluso la Marina quiere olvidar.
Cuando se marcha, Bob deja escapar un sonido metálico, como si su tanque suspirara.
—No les hagas caso —dice—. No entienden la belleza del caos bien dirigido. Se acerca a ti.
—Pero tú sí. Puedo verlo en tus reacciones. Tú eres… distinto. Luego te lleva a una plataforma elevada
donde descansa un objeto grande cubierto con una lona.
—Antes de terminar el día —dice— quiero mostrarte mi proyecto personal. Algo que la Marina no conoce…
aún.

Levanta la lona. Debajo hay un enorme cilindro lleno de líquido verde. Más grande que su propio tanque. Con un
cuerpo humanoide en su interior.
—Es un prototipo —explica—. Uno que quizás algún día necesite un… piloto. Sus ojos—los del tanque—
parpadean suavemente.
—Pero antes de seguir, necesito comprobar tu afinidad. La plataforma brilla. Tres interruptores, cada uno
etiquetado de manera sospechosa —No te preocupes —dice—. Solo tienes que elegir uno.


¿Que escoges?
  • Conductividad.
  • Ritmo neural.
  • Sincronización.

Capitulo 3: La afinidad prohibida
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—Ah… fascinante —murmura Bob—. Muy pocas personas priorizan la mente sobre el cuerpo. Quizás seas más
compatible de lo que esperaba.

Capítulo 3: La afinidad Prohibida


La plataforma desciende unos centímetros y las luces cambian de tono, iluminando el cilindro gigante con el
cuerpo humanoide dentro. La figura es pálida, casi translúcida. Su pecho parece imitar respiraciones lentas aunque
no debería ser capaz de respirar.

Bob apoya una garra-escamosa en el cristal.
—Lo construí para entender la frontera entre la mente y la forma. Si la cabeza puede sobrevivir sin el cuerpo… ¿por
qué no puede el cuerpo existir sin la cabeza? El equilibrio entre ambos es el siguiente paso de mi investigación.
Da un golpecito suave al cilindro. El líquido verde responde con ondas.
—Y tú puedes ayudarme a demostrar que esta frontera puede romperse. Un escalofrío recorre tu espalda,
pero algo en Bob resulta extrañamente confiable. O al menos, intrigante.

Te guía hacia una consola llena de cables y pantallas. Mientras te muestra los controles, habla de la Marina, de sus
proyectos secretos, de tecnologías confiscadas a piratas y del conocimiento prohibido
que se esconde tras capas de censura científica.
—La Marina quiere soldados perfectos, armas vivientes, cuerpos que no se cansen —explica—. Pero yo… —sus ojos
burbujean suavemente—quiero comprender el límite entre ser humano y ser útil.

Te observa con atención.
—Tú, por ejemplo. Siento que puedes romper mis expectativas. La sesión continúa con pruebas cada vez
más complejas: sincronización biométrica, reacciones sensoriales, interfases luminosas. Todo parece diseñado no
para medir tu capacidad física, sino tu respuesta emocional ante lo desconocido.
—No te preocupes —dice Bob mientras ajusta perillas—. Si algo explota, será… mmm… probablemente no tú.
Eso no tranquiliza, pero continúas. La tensión aumenta cuando el prototipo dentro del cilindro parece mover
un dedo.
—Oh… —murmura Bob—. Eso es nuevo. Te mira.
—No tendrás miedo, ¿verdad? Antes de que respondas, una alarma suena. La figura dentro del cilindro empieza a
golpearse contra el vidrio. No con violencia, sino con insistencia, como intentando salir.
Bob corre hacia los controles, cambiando entre cuerpo de lagarto y oso durante el proceso, como si los nervios
alteraran su estabilidad física.
—Esto no debería estar pasando —dice—. No sin una mente controlando la estructura. Te mira con una
intensidad que quema.
—Ayúdame. Pero esta vez… no presiones botones. Necesito una decisión personal. Señala tres herramientas
sobre la mesa:

• Un estabilizador eléctrico portátil, lleno de cables y con aspecto peligroso.
• Un monitor neural, con electrodos brillantes.
• Una llave de drenaje, que abre el cilindro si se usa.

—Elige —dice Bob—. Cómo manejemos esto determinará si estamos expandiendo la ciencia… o huyendo de un
accidente que podría costarnos la carrera. Su tanque burbujea con una mezcla de miedo y emoción


¿Y bien, que decides?
  • Usar el estabilizador eléctrico.
  • Conectar el monitor neural.
  • Preparar la llave de drenaje .

Capitulo 4: Vínculos anómalos
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La llave sigue manchada de líquido verde. Bob te mira con una mezcla de respeto y alarma.
—Prudente pero eficaz —dice—. No muchos se atreven a contemplar un cierre forzoso. Quizá seas incluso más
sensato que yo… lo cual sería preocupante.

Capítulo 4: Vínculos anómalos

La crisis no terminó, solo cambió de forma. El prototipo flota ahora inmóvil en el cilindro, como si hubiera
quedado exhausto tras intentar comunicarse. Bob revisa pantallas mientras cambia involuntariamente entre cuerpo
de lagarto y cuerpo de oso, sus emociones afectando su fisiología de manera caótica.

—Tengo que saber qué activó esta respuesta —dice, escribiendo frenéticamente con una garra enorme en
una tableta diminuta—. Y tú eres la clave. Tu presencia generó una reacción que no puedo replicar
químicamente… aún.
De pronto, se escucha un golpe seco en la puerta. Bob congela su cuerpo a mitad de un cambio,
quedando torso de lagarto y brazos de oso.
—No abras —susurra. Pero la puerta se abre sola.

Entra un grupo de científicos de la Marina, acompañados por un vicealmirante corpulento. Sus ojos analizan la
habitación con sospecha.
—Hemos recibido reportes —dice el vicealmirante— de experimentación no registrada. Nuevamente.
Bob intenta poner cara de inocencia, algo difícil cuando tu cabeza está dentro de un tanque verde burbujeante.
—Vicealmirante, puedo explicarlo —dice—. El recluta y yo estábamos realizando pruebas rutinarias de… eh…
aprendizaje interactivo.
—Tus “aprendizajes interactivos” son peligrosos —gruñe el vicealmirante—. Y esta cosa —señala el prototipo— no
aparece en ningún informe.

Bob aprieta las garras.
—Porque no está terminado —responde, con una calma extraña. El vicealmirante se acerca al cilindro y lo
examina como si fuera una bomba lista para detonar.
—Esto será clausurado —sentencia—. Y tú quedarás suspendido hasta nueva orden. Bob da un paso adelante.
—No pueden hacer eso —su voz vibrante se mezcla con burbujas en el tanque—. Si detienen ahora el proceso, todo lo
que avanzamos… lo que avanzó cuando —te mira directamente— tú llegaste… se perderá.

Los científicos murmuran entre sí. El vicealmirante ladea la cabeza.
—¿Qué quieres decir con “cuando llegó”?
—Que este recluta es un catalizador —dice Bob sin dudar—. Mi trabajo alcanza estabilidad solo en su presencia.

Es un comentario peligroso. Todos vuelven a mirarte. Bob te lanza una mirada rápida, como pidiendo disculpas
por meterte en medio. Uno de los científicos se acerca a ti.
—¿Es cierto? ¿Intervienes activamente en el experimento? Bob contesta antes de que tú abras la boca.
—Por supuesto. Es mi asistente autorizado.
—Nadie lo autorizó.
—Yo lo hice —dice Bob—. Y yo soy el jefe de este laboratorio. El vicealmirante suspira.
—Tendré que llevar esto al alto mando. El grupo sale. La puerta se cierra. El silencio pesa como plomo. Bob
suelta un burbujeo muy parecido a un suspiro humano.
—Lo siento —dice—. No quería ponerte en medio. Pero si no decía algo, habrían desmontado todo. Se acerca a ti y
baja la voz.
—Y no puedo permitir que desmonten esto. Ni a ti. La última frase te eriza la piel.
Bob se endereza y agita la cola del cuerpo de lagarto.
—No tenemos mucho tiempo. Debemos completar la fase siguiente antes de que vuelvan. Solo así podré presentar
resultados sólidos que justifiquen mi investigación. Y necesitamos… —señala el prototipo— una interacción
directa.

Una compuerta se abre revelando tres dispositivos:
• Una interfaz neural portátil, con electrodos adaptables.
• Un guante de pulso bioeléctrico, capaz de estabilizar tejido experimental.
• Un modulador de frecuencia emocional, una especie de diadema luminosa.

Bob extiende ambas garras.
—No puedo obligarte —dice suavemente—. Pero te necesito. Y lo que hagamos ahora determinará si mi proyecto
vive… o muere.
Sus ojos flotantes parpadean.


¿Que dispositivo escoges?
  • Usar la interfaz neural .
  • Colocarte el guante bioeléctrico.
  • Ponerte el modulador emocional.

Capitulo 5: Lo que despierta el tanque
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Bob observa tu mano con fascinación.
—Esa precisión… puede que seas mejor estabilizador que yo. No lo repetiré en voz alta.

CAPÍTULO 5 – “Lo que despierta en el tanque”


Activas el dispositivo. De inmediato, el prototipo del cilindro reacciona como si hubiera sentido tu presencia. Su
mano se apoya contra el vidrio con un movimiento lento, casi humano.
Bob se sitúa a tu lado.
—Esto es… extraordinario.
Las luces del laboratorio bajan automáticamente. El Transmutador principal se activa aunque nadie lo toque. Bob mira sus pantallas, cada vez más emocionado, cada vez más inquieto.
—Está respondiendo a ti —dice con voz temblorosa—. No a mí. No a la Marina. A ti.
El prototipo abre los ojos.
Son completamente blancos, sin pupilas. Pero te miran. Están vivos. Tú retrocedes un paso.
Bob te detiene suavemente con una garra.
—No tengas miedo —dice—. Estás viendo historia viva.
De pronto, una voz metálica suena desde el tanque: “SINCRONIZACIÓN PARCIAL ADQUIRIDA.”
Bob casi salta de alegría.
—¡Lo sabía! ¡Era la variable emocional la que faltaba! No importa cuál dispositivo elegiste… tu conexión era la
clave.
La figura dentro del cilindro tiembla. Las alarmas se encienden.
Un brazo golpea el vidrio.
—¡No! —grita Bob—. ¡Está intentando salir demasiado pronto! Te mira.
—Debemos estabilizarlo. Si no, el tejido se descompondrá… o peor.
Tres paneles del laboratorio se abren automáticamente, revelando tres métodos posibles:
• Un pulso sónico de contención
• Un refuerzo químico en aerosol
• Un protocolo de comunicación emocional directa
Bob te mira intensamente.
—Tú decides. Siempre tú. Antes de actuar, te dice algo en voz baja:
—No te das cuenta… pero tú formas parte de mi experimento más importante. No de ciencia. De… comprensión. Su voz suena casi humana pese al tanque. La figura dentro del cilindro golpea otra vez. El tiempo se está acabando.

  • Aplicar pulso sónico
  • Usar refuerzo químico
  • Activar protocolo emocional
Capitulo 6: El científico y su elegido
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Bob inclina su tanque hacia ti.
—Apuesta arriesgada… y profundamente humana. Sabía que no eras como los demás.

CAPÍTULO 6 – “El científico y su elegido”



El prototipo deja de golpearse y se queda quieto, como si hubiera escuchado algo que solo tú transmitiste.
El cilindro se abre lentamente.
—Aléjate —dice Bob—. Podría reaccionar mal. Pero el prototipo no te ataca.
Da dos pasos hacia adelante, tambaleándose, y extiende una mano hacia ti. El contacto es frío, suave, sorprendentemente humano.
Bob observa en silencio.
—Nunca… nunca había sucedido algo así —murmura—. No obedece comandos. No responde a mis instrucciones.
Responde… a ti.
El prototipo te suelta. Luego se gira hacia Bob, inclina la cabeza, como reconociéndolo… pero no como creador.
Como testigo.
Entonces su cuerpo empieza a deshacerse, volviendo al líquido verde que lo formaba. Se evapora.
Desaparece. Bob se queda mirando la plataforma vacía.
—Vivió… solo un instante —dice con voz baja—. Pero fue suficiente.
Te mira.
—Gracias. La puerta del laboratorio se abre de golpe. El vicealmirante y tres científicos entran.
—¡Se acabó, Bob! —grita el superior—. ¡Esto es una violación completa del protocolo! ¡Y tú, recluta, estás involucrado en experimentos no autorizados!
Bob se pone entre ellos y tú. El cuerpo cambia involuntariamente a forma de oso, más alta, más imponente.
—No —dice Bob—. Esto fue un avance. Y fue posible porque esta persona estuvo aquí.
Los científicos se detienen.
El vicealmirante aprieta los dientes.
—Bob. Si sigues por este camino… terminarás fuera de la Marina. Bob mira su propio tanque, su propio cuerpo, su laboratorio destruido… y luego te mira a ti.
—Tal vez… eso no sea tan terrible.
Silencio.
El vicealmirante suspira, exhausto.
—Tengo que presentar esto al Almirante de la Flota. No puedo decidir una sanción ahora. Tendrán noticias pronto.
El grupo sale, frustrado. Cuando la puerta se cierra, Bob suelta un burbujeo tenue.
—Sabes… no esperaba que este día terminara así. Se acerca, todavía en forma de oso, enorme, cálido.
—Pero hay algo que quiero mostrarte. Algo que no mostré ni al prototipo.
Activa un panel oculto.
Se revela un pequeño cilindro, mucho más discreto. Dentro hay una luz suave. Un núcleo.
—Este es mi verdadero proyecto —dice—. Uno que no pertenece a la Marina. Pero no puedo abrirlo solo. Necesito a alguien que entienda tanto mis errores como mis logros.
Te ofrece el cilindro. Su nivel de vulnerabilidad es palpable incluso a través del vidrio y el líquido verde.
—¿Quieres verlo conmigo? —pregunta en voz baja—. Solo tú.
El laboratorio está silencioso.
Bob está esperando.

  • Aceptar abrir el núcleo con él
  • Preguntar primero qué hay dentro.
  • Rechazar, pero quedarte a su lado para apoyarlo.
Final
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Bob sostiene el núcleo entre sus enormes manos de oso mientras su cabeza flotante en el tanque te observa con una mezcla de orgullo y nerviosismo.
Lo habéis abierto juntos, y el laboratorio todavía vibra con el eco del estallido luminoso.
—Sabía que podía confiar en ti —dice, con una voz suave que contrasta con lo que acaba de ocurrir—.
La energía no explotó… gracias a cómo estabilizaste la interfaz.
Un brillo verdoso se refleja en su casco de cristal. Antes él era un científico temido; ahora parece simplemente un ser que al fin encuentra a alguien que camina a su lado sin huir.
—No sé qué será lo siguiente —añade—, pero… si quieres seguir abriendo puertas peligrosas conmigo… —
ríe nervioso—, juro que intentaré que solo explote la mitad de las veces.
Luego, en un gesto tímido, te ofrece su mano enorme.
—Quiero que sigas aquí. No como asistente. Como… tú.
Por primera vez, Bob no cambia de cuerpo para ocultar lo que siente. Se queda tal cual: vulnerable, brillante, y peligrosamente honesto.
La luz del la sala se atenúa lentamente mientras os fundís en un abrazo...


¿Fin?

-----------------------------


Respuestas del sujeto B almacenadas.

Consultando base de datos.

Moviendo recursos de computación de cálculo de variables.

Creando personajes acorde....

1%...


2%...

Tiempo restante aproximado: 20 horas.

Apagando funciones no vitales hasta entonces...

*Beep*
Disfruten de sus lecturas damas y caballeros.
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Bob Marvel
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Re: Laughtale

Mensaje por Bob Marvel »

Creación de personaje: 100%

Calculos de variables: Completados.

Reactivando funciones no vitales.
Entornos generados: estables.
Monitoreo neurológico: activo.

Reiniciando sincronización mental: 37%… 69%… 93%… estable.

Ambos sujetos presentan buena compatibilidad con la arquitectura estratégica.
No se han detectado anomalías severas en los índices de las respuestas de la Simulación1.
El margen de quiebre estimado se mantiene dentro del rango aceptable.
Rangos de respuesta estimados en base a la Simulación1.

Preparando la Simulación Núcleo 2.
Capas activadas:

Capa Estratégica: operativa

Capa Emocional: reforzada

Capar Responsiva: calibrada

Capa Intuitiva: en expansión controlada

Capa de Riesgo: calibrada a valores seguros

Observadores: ocultos


Verificación final de parámetros de respuesta.
Consultando la base de datos.... Completado

Se inicia la carga del Entorno Secundario.
La simulación responde. Se adapta a los distintos terrenos.
Carga correcta.

Confirmación:
— Los sujetos están listos.
— Las capas están alineadas.
— El entorno esta operativo.

Insertando a los sujetos.

Conexión total establecida.
La simulación comenzara en breves minutos.

*Beep*
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Bob Marvel
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Re: Laughtale

Mensaje por Bob Marvel »

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Os despertáis en una playa abandonada. No sabéis del todo bien cómo habéis llegado hasta ahí. Comprobáis que no os falta ningún miembro (ni de la tripulación ni del otro tipo) y os aseguráis que tenéis todo con vosotros. Una vez hecho, ya sabéis que os toca.

Estáis a punto de adentraros en la isla inexplorada de Laugh Tale.

Ten cuidado, los monstruos parece que acechan y tenéis pocas provisiones. Tendréis que defenderos de los diferentes peligros e ir avanzando por los diferentes biomas que os iréis encontrando.


Esta aventura se jugará de una sola tanda con al menos 2 tripulantes de la banda. Se jugará por Discord (A ser posible con el tabletop, en caso de que no se tenga, uno de los marines compartirá pantalla). Tanto el juego como las normas se explicarán al momento, así que no podréis preparar nada con antelación. Cada jugador llevará un personaje distinto. Podréis hablar entre vosotros en todo momento para decidir como actuáis. Si hay más de 2 de la banda, solo los jugadores podrán hablar. El tiempo estimado es de 2 a 3 horas. Así que tened esto en cuenta. En caso de que uno se tenga que retirar, otro de la banda puede sustituirlo, pero no esperéis que volvamos a explicar todo desde 0. Aun así os iremos apoyando durante el transcurso del juego, solventando cualquier duda que os surja.

La Sala.
Os dejo por aquí el workshop original del juego de mesa en el que se basa la prueba, el Minirogue para los que se quedaron con los dientes largos.

https://steamcommunity.com/sharedfiles/ ... 2481277326

Y aquí nuestra versión del juego con las cartas customizadas.

https://steamcommunity.com/sharedfiles/ ... 3622498481
ImagenImagen
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