Historias Piratas, Volumen3.

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Sandman
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Sandman »

Ya llego con mi segundo aporte. Siguiendo los consejos de algunos compañeros escritores he procurado que este capítulo sea más descriptivo y extenso (para mi gusto me he pasado, que soy de cosas más cortas, será la vaguería o el ritmo de vida moderno :mrgreen: ).
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Capítulo 1: De compras

Una cosa que tachar de su lista, una cosa menos a conseguir. Ya tenía lo principal, tan sólo restaban las cosas superficiales. Se puso en camino de nuevo esperando que su inseparable compañero el azar pusiera delante de él algún método mediante el que conseguirlas. Hasta ahora nunca le había fallado y hoy no fue menos. Después de bajar paseando por la calle apenas minuto y medio vio a un grupo de cuatro hombres estaba zascandileando en una esquina. Eran de todas las tallas y, si bien todos tenían en común cierto tatuaje en su brazo izquierdo, su aspecto era de lo más diverso. El tatuaje en cuestión era un ratón verde, una elección un tanto cuestionable para demostrar la fiereza de una tripulación pirata, adscripción que sin duda ostentaba el grupo. Resultaba evidente tanto por las botellas de ron vacías tiradas por el suelo como por las sonoras risotadas y las indecentes interpelaciones a las lindas mozas que pasaban delante de ellos. Uno de ellos llegó incluso a perseguir a una chica pelirroja con trenzas unos metros calle abajo. Sin embargo, ya fuera por el efecto del alcohol en sangre o porque realmente la chica era demasiado rápida para él, cejó en su empeño y volvió hacia sus compadres con una expresión de falso abatimiento, lo que provocó un estallido de carcajadas entre los otros tres.
A medida que se acercaba a ellos su alegría iba en aumento, puesto que poco a poco se daba cuenta de que entre todos, reunían gran parte de las cosas que iba buscando. El primero que percibió su presencia fue el más pequeño de todos ellos, que se encontraba sentado encima de un barril y recostado contra la pared. Éste tardó apenas un segundo en susurrar algo a sus compañeros, quienes a su vez no dudaron en darse la vuelta para mirar al extraño nudista. Esto era lo más cercano a una invitación que iba a encontrar, así que se acercó con pasos relajados al grupo. Se habían colocado en fila contra la pared de forma que el nudista pudo ver claramente todo lo que llevaban encima. Sin duda, era lo más parecido a ir de compras que había tenido en el último mes, por lo que no pudo evitar esbozar una sonrisa y sacudir levemente la cabeza.

--¿Te has perdido, chico? –preguntó socarronamente el bajito desde su posición “elevada” en el barril. No debía de medir mucho más de metro y medio, aunque era bastante musculoso. Para compensar su reducida estatura parecía haber decidido que su peinado lograra lo que su cuerpo no podía. Una columna de pelo verde de cerca de dos palmos de altura se erigía desafiando a la gravedad desde su cabeza, que por lo demás estaba afeitada del todo. Vestía una camiseta a rayas blancas y negras y llevaba unos machetes al cinto. Sus pantalones bombachos acababan en unas botas de caña alta con punta de acero.

La ropa del hombrecillo no le cabría y sus armas tampoco eran su elección favorita, así que le desechó de inmediato. Se siguió acercando mientras observaba detenidamente al resto del grupo. El que se encontraba más a su izquierda era un gigantón negro de más de dos metros. Su cabeza estaba afeitada al cero y tenía unos brazos enormes que acababan en unas manazas aún más desproporcionadas. Resultaba de lo más cómico verle fumar unos cigarrillos que, o bien quedaban aplastados por su descomunal fuerza, que parecía incapaz de controlar, o porque sus grandes dedos no le permitían acabar el cigarrillo sin quemarse. La imagen le recordó claramente a un gorila ocupado con un acertijo superior a su capacidad. De este tipo sólo podría sacar los cigarrillos, ya que la ropa era demasiado grande. Justo al otro lado había un espadachín gordinflón mostraba su katana orgullosamente, aunque por la pose y el aire a su alrededor era bastante dudoso que supiera cómo manejarla. Iba vestido intentando imitar el estilo de los grandes maestros de las Islas Orientales del East Blue, pero a los ojos de un experto era poco más que un disfraz, puesto que mezclaba sin ningún sentido símbolos de escuelas distintas de kenjutsu. Si su amigo Masaka estuviera presente, o bien moriría de vergüenza o la cabeza de aquel bufón no duraría medio segundo sobre sus hombros. Al centrar su vista en el último de ellos, el que se encontraba junto al bajito del barril, vio que le había tocado el premio gordo. El tipo en cuestión era de su talla y vestía una chillona camisa de manga corta con estampado de flores y unos raídos bermudas. El calzado eran unas simples alpargatas, aunque resultaban más que suficiente. Sin embargo, lo que realmente llamó su atención era la pistola que llevaba enfundada al cinto. Parecía robusta y bien equilibrada y los ornamentos, si bien tal vez un tanto excesivos, no carecían de cierto gusto. Ya había visto todo lo que quería, era hora de ir de compras.

--Buenos días, caballeros –comenzó a decir con excesiva lisonjería y un acento fingido de la isla de Rivia cuando estuvo a su altura-. Preciosa mañana ¿no es cierto? Disculpe… ¿caballero? ¿Sería usted tan amable de prestarme un cigarrillo? –inquirió cortésmente al gigantón. Éste no supo muy bien cómo contestar, pero el bajito, que parecía ser el líder del grupo, le dijo que lo hiciera divertido por la situación.
--¿Qué es lo que le trae por aquí esta preciosa mañana, caballero? –preguntó el hombrecillo imitando el acento de su interlocutor, lo cual provocó otro estallido de carcajadas entre sus compañeros.

El hombre desnudo dejó que el gigantón le encendiera el cigarrillo y exhaló una gran bocanada de humo antes de dirigirse al tipo con la pistola, ignorando claramente al líder del grupo.

--Disculpe, caballero ¿dónde adquirió esa pistola de tan excelente factura?

El gesto no sentó nada bien al del peinado extravagante quien le echó una mirada desafiante ¿quién demonios era este pervertido para ignorarle? Se había dirigido a él en primer lugar para humillarle y ahora era este mendigo loco el que pretendía burlarse de él.

--Oye, amigo ¿dónde te has dejado tus cosas? ¿O es que acaso has salido de casa con mucha prisa? –volvió el canijo al ataque.
--Oh, gracias por la apreciación, caballero –contestó el pervertido con su mismo acento fingido. No podía evitarlo, le salía demasiado bien y estos cuatro payasos eran perfectos para pasar un buen rato riéndose de ellos-. No lo había notado. Desde luego no puede escapársele nada a su sagaz ojo, señor. Prometo enmendar la situación lo antes posible si es que la situación le incomoda.
--No más de lo que pueda incomodarte a ti. Se ve que el frío debe afectarte –comentó distraídamente mientras miraba a la entrepierna del extraño turista- ¿o es que tal vez ese es tu estado natural? –el chiste fue seguido de un nuevo estallido de carcajadas.
--La verdad es que no sabría decirle… Pero tal vez usted me lo podría explicar, caballero ¿es ésa su estatura normal o se ha visto afectado por el frío?

La conversación prosiguió de manera fluida aunque tensa en medio de tantos insultos velados. Los cuatro payasos intentaban reírse de él, pero no conseguían humillarle, puesto que él aprovechaba cada ocasión que le brindaban, que no eran pocas, para burlarse de ellos haciéndose el turista despistado. A cada broma la hostilidad iba en aumento, sobre todo por parte del bajito. Sin duda eran unos aficionados.

--¡Ya sé quién eres! –exclamó súbitamente el pistolero- ¡Eres ese tipo al que Gomuro despellejó ayer!

El resto del grupo se acercó para estudiar su cara más detenidamente y a todos les cambió la expresión casi al unísono, seguido de un “¡Es verdad!” casi instantáneo. Parecía que los cuatro pardillos le habían reconocido, ya no tenía ningún sentido seguir con el numerito del excéntrico nudista de Rivia. A partir de ahora había que ponerse a trabajar. Llegaban las verdaderas compras.

--Sí, puede que jugara anoche con el tal Gomuro. Nunca recuerdo bien los nombres –dijo tranquilamente con su voz normal mientras daba una nueva calada al cigarrillo.
--De él sí te acordarás. Es un tío enorme, del tamaño más o menos de mi amigo –explicaba alegremente el bajito, que volvía a llevar la voz cantante del grupo, al tiempo que señalaba al gigantón a su derecha-. Lleva barba y tiene pelo por prácticamente todo el cuerpo, como si fuera una especie de monstruo. Su fuerza también es asombrosa, es capaz de levantar un mástil por encima de su cabeza. Su recompensa es de 22 millones de beries. Sin duda es el tío más peligroso de por aquí, tienes suerte de seguir vivo –siguió comentando el retaco. Tras unos instantes de duda añadió:- En un futuro no descarto matarle para cobrar su recompensa para hacerme más famoso. Así me convertiré en Nezu Midairo, el Matabestias.

Este último comentario fue recibido con algunas miradas de pavor de sus compañeros. Sin embargo, todos ellos asintieron aprobatoriamente, como si de verdad pensaran que tenía alguna oportunidad de acabar con el mencionado portento de la naturaleza. Al ver la reacción de sus compañeros, el tal Nezu se sintió más respaldado e hinchió el pecho. Pero para el pervertido este comentario representó su oportunidad definitiva, de forma que decidió rematar la jugada.

--Pues a mí no me parece tan impresionante… Y mucho menos si un tipo como tú puede acabar con él.
--¡¿Pero acaso sabes quién soy?! –el ratoncito se echó hacia delante en el tonel de forma que apenas quedó un palmo entre su cara y la de su interlocutor- ¡Soy O-Nezu Midairo-sama! ¡Mi cabeza vale 6 millones de beries!
--Chico… algún día aprenderás que eso de las recompensas no es más que una chorrada –le dijo su interlocutor tranquilamente mientras daba una nueva calada y guardaba el humo-. Los verdaderos piratas, o lo que sea… Las leyendas nacen en el mundo real, no sobre raídos carteles de la Marina.
--¡No sabes lo que dices! ¡Seguramente tú ni tengas recompensa! ¡Eres un mendigo asqueroso!
--¿Acaso no has leído al Capitán Usopp? ¿No conoces la historia de Monkey D. Luffy? ¿Y la de Kurohige? Todos ellos pusieron en evidencia el sistema de recompensas del Gobierno Mundial. Yo mismo he visto a tipos sin recompensa encargarse de gente con el doble de recompensa que tú.
--¿Sí? Me parece que tú no eres quién para hablar –le advirtió Nezu mientras se incorporaba sobre el tonel y hacía un gesto imperceptible al gigante. Éste se situó detrás del hombre desnudo, quien no hizo ni un gesto y se quedó mirando tranquilamente a su interlocutor.
--Esto no tiene porqué acabar así. Sólo quiero saber donde habéis comprado vuestras cosas.

El retaco del peinado extravagante ignoró la advertencia e hizo una señal al gorila, quien intentó sorprender al nudista atacándole por la espalda, pero éste ya estaba preparado. Lanzó el cigarrillo por encima de su hombro apuntando sin mirar al ojo del gigantón. Como siempre, acertó a su objetivo. El gigante retrocedió sorprendido soltando alarido de dolor y sorpresa. La mejor estrategia era separar al grupo antes de que se abalanzaran sobre él y así poder ir acabando con cada uno de ellos por separado. Antes de que el bajito pudiera reaccionar, el pervertido destrozó el barril de una patada, de manera que el retaco empezó a caer con cara sorprendida. Sin embargo, no llegó a tocar el suelo, pues su oponente consiguió agarrarle en el aire y girando sobre sí mismo lo envió volando contra el gigantón que todavía estaba recuperándose de la colilla en el ojo. El impacto hizo que ambos salieran empujados unos metros y cayeran al suelo.
El tipo de la katana empezó a desenfundar su arma, pero no contaba con la velocidad de su rival, quien sujetó el mango de la espada con la mano derecha, impidiendo así que pudiera blandirla, y le propinó un fuerte gancho de izquierda que lo derribó. Por su parte, el pistolero pagó caro haber adornado tanto su pistola. El peso de los ornamentos le impidió desenfundar todo lo deprisa que debía, dándole así tiempo al pervertido a colocarse delante de él después de haberse encargado de sus compañeros. Justo cuando había conseguido apuntar su arma al pecho de su enemigo, éste le agarró de la muñeca y desvió la pistola hacia arriba. El atronador sonido del disparo fue testigo de su fracaso. Lo siguiente ocurrió en apenas un segundo, el tipo le empujó contra la pared y le propinó un puñetazo en el diafragma, dejándole sin aliento. Además creyó oír cómo la pared de piedra a su espalda se rompía un poco, pero no tuvo tiempo de confirmarlo, pues acto seguido volaba por los aires hasta que su espalda volvió a impactar con una superficie dura. Delante de sus ojos estaba el cielo azul de media mañana, por lo que debía de estar tirado en el suelo. En ese mismo momento se dio cuenta de lo mucho que le costaba llenar sus pulmones de aire y cuando más necesitado estaba, apareció en su campo de visión la cara amenazante de su enemigo.

--Tú quédate ahí. No quiero que se manche mi ropa –le susurró oscuramente. Le pareció un buen consejo. Por ahora se concentraría en recuperar el aliento.

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La camisa no le quedaba mal del todo, tal vez un poco ancha. Acercó su cara al escaparate para poder verse mejor y limpiarse la suciedad que tenía por la cara después de haber dormido a la intemperie. Se peinó un poco su pelo moreno intentando que esos malditos rizos que siempre se ponían rebeldes por las mañanas volvieran a su sitio, pero no tuvo demasiado éxito. No se había afeitado en un par de días, pero esa barbita incipiente tampoco le desagradaba, aunque nunca parecía surtir el efecto deseado con las damas. Miró los cansados ojos azules que le interrogaban desde su propio reflejo. Su cara era un poema, definitivamente necesitaba tomar el control de su vida, pero claro, siempre podría empezar mañana.
Volvió su atención a los cuerpos desnudos e inconscientes tirados por la calle. Había perdido bastante tiempo con esta pandilla de matones. Había tendido la camiseta del gigantón sobre la calzada y en ella había colocado todas las pertenencias del grupo, mientras que todos los beries que llevaban en sus bolsillos ya descansaban plácidamente en los de sus nuevos bermudas. Esta operación había durado por lo menos cinco minutos, por lo que los marines o la guardia local no debían de andar muy lejos, así que lo mejor era marcharse rápidamente. Cogió las cuatro puntas de la camiseta, que casi parecía un manta, y las juntó de forma que funcionara como un saco. Cuando había salido corriendo calle abajo algo pareció detenerle y volvió sobre sus pasos. Se dirigió de nuevo hacia el grupo y buscó algo por el suelo… Allí estaban, los cigarrillos. Los recogió junto con el encendedor, que también andaba cerca.

--¿Cómo es posible…? –preguntó desde el suelo el canijo, que parecía haber recuperado el conocimiento momentáneamente.
--Tranquilo, son cosas que pasan. Acabas de recibir una lección de la vida. Y tampoco te ha salido tan cara –le dijo mientras sacudía levemente el hato de cosas que se había echado a la espalda-. Los carteles raídos son sólo eso, carteles.
--¿Pero tú quién eres?
--¿De verdad importa eso? Si de verdad quieres volver a encontrarte conmigo, búscame ¿Quién sabe? Puede que esos estirados de los marines hasta conserven mi viejo cartel –comentó despreocupadamente mientras sacaba un cigarrillo de la cajetilla y seguía bajando la calle.

Después de un despreocupado paseo llegó a la armería. No era un edificio demasiado lujoso, pero desprendía un cierto aire de vetusta elegancia. El pistolero le había dado esta dirección entre quejidos de dolor, precisando que era una de las mejores armerías de la ciudad y la de precio más asequible. El chirrido de los goznes quedó rematado por el dulce sonido de una campanita al abrir la puerta. En la sombría tienda había un silencio sepulcral, el cual se hizo más evidente aún con el eco de los pasos del nuevo cliente. Una fina capa de polvo cubría todas las superficies del local. En las vitrinas pudo ver armas de todas las épocas y estilos: desde rifles de precisión hasta tirachinas, pasando por revólveres, trabucos y otras muchas que aun a él le costó reconocer. Todas ellas descansaban tranquilamente en lo que parecía ser su sitio natural desde hacía siglos. Lo mismo ocurría con la arrugada figura sentada detrás el mostrador, la cual le saludó con una voz de ultratumba, similar al sonido de un ataúd al abrirse:

--Buenos días, caballero ¿Puedo ayudarle en algo?

El viejecito le miraba desde detrás de sus anteojos de montura de hojalata. Sus ojos eran apenas dos finas líneas, sin embargo, una luz en ellos contrastaba con la imagen decadente que desprendía el resto de su cuerpo. Su pelo sucio y canoso estaba recogido en una cola de caballo y su larga barba de chivo tampoco había sido lavada ni peinada en bastante tiempo. Vestía una bata de franela que lucía tan vieja como él y cuyo único objetivo parecía ser cubrir un cuerpo lleno de manchas de vejez, las cuales se podían seguir percibiendo en sus huesudas manos. Un rayo de luz mortecina proveniente de una rendija de una ventana tapiada caía suavemente sobre la figura, lo que le confería un aspecto de paz interior cercano a la santidad.

--Buenos días tenga usted, señor –contestó el cliente-. Me han informado de que su tienda es la mejor del ramo en esta ciudad ¿es eso correcto?
--Supongo que depende de lo que ande buscando…
--Me gustaría adquirir una pistola –explicó el cliente mientras extendía el contenido del hato que llevaba a la espalda sobre el suelo-. Lo mejor que pueda conseguir por esto… y esto –completó la frase mientras echaba el dinero que llevaba en los bolsillos sobre el mostrador.
--¿Y por qué querría usted comprar una pistola? –le preguntó el viejecito mientras contaba el dinero con los ojos desde su posición sin necesidad de tocarlo.
--Vivimos en un mundo muy peligroso. Uno ha de estar preparado para defenderse.
--Creo que no me ha entendido –comentó el armero mientras levantaba la vista del dinero y clavaba sus astutos ojos en los de su nuevo cliente- ¿Por qué querría usted comprar una pistola? No creo que la necesite siendo quien es y haciendo lo que puede hacer.

El cliente sonrió. El resplandor en los ojos del anciano hizo evidente que le había reconocido. No esperaba que le fueran a reconocer en esta ciudad, asustada de un tipo que, según los rumores, podía levantar un mástil sobre su cabeza, lo cual seguramente ni siquiera sería cierto. Sin embargo, parecía que este viejecito era una caja de sorpresas.

--Verá… no es que me encante usarlas, pero nunca está de más ser precavido y llevar una. Hay veces en que las fuerzas te fallan y para llegar realmente lejos hemos de confiar en la pólvora y la mecánica.
--Eso se ajusta más a lo que he oído hablar sobre ti –dijo el anciano con una sonrisa en los labios. Se comenzó a levantar lentamente y a examinar los objetos esparcidos por el suelo-. Con todo lo que has traído… te podría ofrecer un arma de este estante –explicó mientras señalaba perezosamente a una vitrina a su espalda-. No obstante, enseguida te darías cuenta de que te estaría timando y me pedirías acertadamente de las que tengo a mi izquierda.

El viejo parecía conocer su negocio como el que más. Las primeras pistolas que le había ofrecido eran un engañabobos, grandes y brillantes, algunas de ella con muchos adornos, muy parecidas a la que se encontraba tirada a sus pies. El segundo grupo de pistolas eran mucho más funcionales y tenían una línea elegante. Sin duda no eran malas armas y, de acuerdo con sus estimaciones, el precio sería ajustado con lo que podía ofrecer. Pero el tendero le guardaba una sorpresa:

--No obstante, para un experto como tú, tengo una sección especial –dijo el anciano mientras le invitaba a seguirle a la trastienda-. Estas armas no se las he ofrecido a alguien en mucho tiempo, pero por honrar a mi tienda con la presencia de una celebridad como tú, estoy dispuesto a hacer una excepción.
--Disculpe, abuelo. Pero mis días de gloria han pasado, si es que alguna vez los tuve. Si sigue diciendo cosas así va a hacer que me sonroje.
--Paparruchas –dijo el viejo mientras sacudía la mano como si intentara apartar un molesto moscardón-. San D. Man, siempre serás quien eres, por mucho que intentes esconderlo. Puede que la Marina no te haga caso, o incluso que te haya olvidado, pero los que de verdad sabemos de estas cosas, lo viejos lobos, siempre te hemos tenido en nuestras miras, desde que empezaste. Sabemos de lo que eres capaz y no dejaremos que alguien como tú caiga en el olvido.

San D. Man sacudió levemente la cabeza. El viejo sonaba como su madre hacía tiempo, aunque el discurso era diametralmente opuesto. Entraron en un desordenado taller donde había cientos de objetos tirados por el suelo, algunos de ellos eran partes de armas, otros, herramientas exóticas, aunque muchos de ellos eran pura chatarra. El anciano se movió ágilmente en medio de aquel caos hasta llegar a un banco de trabajo. Su cliente consiguió alcanzarle no sin dificultad y se puso a su altura. Cuando ambos estuvieron ante la mesa, el tendero comenzó a sacar un repertorio de objetos de amplitud similar a los que se encontraban tirados por el suelo y los fue depositando cuidadosamente sobre la superficie de trabajo. Si bien estas partes nuevas eran de lo más diverso, todas eran de una factura excelente.

--De acuerdo, hagamos un trato –comenzó a explicar lentamente el vejete mientras miraba al joven a los ojos-. Como seguramente puedes apreciar, la calidad de estas partes es muy superior a la del resto de armas que tengo en la tienda. Por ser tú, estoy dispuesto a que con estas partes construyas tú la pistola que quieras y a cambio yo me quedaré con las baratijas que has traído. Si de verdad estás tan oxidado como dices, saldré ganando, porque te habrás hecho un cacharro que no sirve para nada. Pero si sigues siendo tú, habrás conseguido el mejor trato de tu vida ¿conforme?

La única respuesta que recibió fue un encogimiento de hombros y un “no puedo negar que me guste el riesgo”. Man estudió detenidamente cada una de las partes, las palpó, miró y escuchó con el cuidado de un cirujano. Poco a poco las fue ensamblando bajo la mirada atenta y crítica del tendero, el cual no se movió ni un ápice durante el proceso. Finalmente, el joven tuvo entre sus manos lo que para él era la mejor arma que podía conseguir. Era un revólver de seis balas, su línea era elegante y carecía de todo lujo innecesario, lo que la hacía un arma ligera y manejable. Se la pasó hábilmente de una mano a otra y la hizo girar sobre la palma de sus manos y con el dedo.

--¿Quieres probarla? –preguntó el anciano.
--No hace falta. Lo hecho, hecho está. Además ya le he dicho que me gusta el riesgo –respondió el joven con una sincera sonrisa.

Ya tenía todo lo que necesitaba para ponerse en marcha, ahora sólo necesitaba un destino. En ese momento vio el viejo periódico tirado cerca de la mesa de trabajo junto a un montón de chatarra. La foto en la portada le resultaba familiar, así que no pudo evitar cogerlo del suelo y leer el titular:

ATONAR EN LLAMAS
EL TERRIBLE LONG JHON SILVER Y SU TRIPULACIÓN PODRÍAN ESTAR IMPLICADOS


Ahí estaba la respuesta a su búsqueda. El destino volvía a hacerle caso y le había puesto una meta justo delante. Al leer el artículo no pudo evitar que viejos recuerdos invadieran su mente. Imágenes de su infancia corriendo por calles embarradas huyendo de sus amigos o peleando amistosamente, siempre jugando a “piratas y marines”. Un viejo bote atado precariamente a un muelle aún más decrépito. Libros de aventuras, noticias en el periódico sobre aventureros como el temible Yasopp, el asombroso Sogeking y otros grandes tiradores, sobre todos los que destacaba el gran Capitán Usopp, el orgulloso guerrero de los mares que enorgullecía a los mismísimos habitantes de Elbaf.
El viejo Long Jhon Silver era un nombre que pertenecía a aquella época y entre aquellos nombres tan ilustres. Había oído rumores de su regreso, pero ésta era la primera noticia al respecto que llegaba a sus oídos. Siempre se había preguntado si estaba a la altura de grandes hombres de mar como los Outlaws y el destino le había dado la oportunidad de comprobarlo. Por primera vez San D. Man había encontrado un verdadero desafío al que hacer frente. Pero ¿cómo podría comprobar si de verdad estaba a la altura de leyendas vivas como ellos? ¿Debía unírseles y demostrar de lo que era capaz? ¿O tal vez debía enfrentarse a ellos?... Sólo había una manera de dilucidarlo.

--Oye, abuelo ¿no tendrás un bery?

Continuará…
Personalmente creo que podría haberme salido mejor, pero debe ser lo clásico que de leértelo tantas veces ves todos los defectos y ninguna de sus (pocas) virtudes. He tardado un poco más de lo necesario para POR FIN leerme todas las historias y ponerme a vuestra altura. Ahora voy un poco justillo de tiempo y no voy a poder comentar, así que os pido disculpas, pero en general todos sois unos cracks. Veo que habrá que machacarse la imaginación para estar a la altura :soge: (<--tenía que usarlo XD).
Última edición por Sandman el Dom Nov 30, 2008 2:53 am, editado 1 vez en total.
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Me has conocido en un momento extraño de mi vida
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Terreis
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

Hacia tiempo que no posteaba por aquí. Aun no he acabado mi relato, ayer termine el nuevo fic que andaba creando. Ahora que estoy desenredada me pondré a terminarlo, pero antes a comentar:

Rido: al fin te vemos el pelo, que ya pareces silver :P un relato normal, sin mucho relevancia ni acontecimientos grandes :roll: , pero eso no quite que este bien para leer.

@Kuro: Una Historia interesante y emocionante, sobre todo el duelo y sin duda el final. Me esta gustando Seriryu, me recuerda un poco a Mihawk.

@Sandman: Bienvenido a bordo. Tu historia esta bien en si, solo hay una cosa que no me acaba que es lo de caballero, repites mucho esa palabra. Por lo demás todo bien. ah y mi enhorabuena por leerte todas el tocho de historias :aplausos: por que anda que no hay.
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Ramsus
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Dios! Terminé!

Mensaje por Ramsus »

Bufff... madre mía. En serio, no tenéis ni idea de la tortura que ha supuesto para mí acabar mi último relato. Y no porque no me haya gustado escribirlo, que lo ha hecho y mucho, si no por lo tremendamente ocupado que he estado durante estos días. Lo siento muchísimo, de veras. Me siento en parte responsable del bajón que ha pegado este tema, pero con mi nuevo relato espero que se reactive. Y, como siempre espero que os guste y que no os importe que sea laaaargo.

Allá vamos:
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La Conquista del Grove 60

La puerta del viejo almacén se abrió violentamente tras el golpe y Ramsus y los cinco marines entraron atropelladamente, arruinando por un momento el silencio reinante. Los tenues rayos de la luna se colaban a través de los múltiples agujeros del techo iluminando la estancia de forma muy escasa. Los trastos que inundaban aquel sitio estaban llenos de polvo, como si nadie los hubiera usado en años. Pero las pisadas y los restos de sangre en el suelo eran una señal clara de que se había librado una batalla hacía poco en ese lugar.
El Vicealmirante avanzó unos pasos sin hacer apenas ruido y con un signo ordenó a los hombres que lo habían acompañado tras separarse de Bassabel que se mantuvieran alerta. Un repentino ruido seco les hizo ponerse en guardia como resortes. Caminando sobre una viga apareció un gato negro que les miró con recelo. Falsa alarma. Sin embargo, la soga que partía hacia abajo desde donde se encontraba no lo era.

- Alexander!!! –Ramsus gritó y lanzó un corte al aire a una velocidad pasmosa. Salió corriendo y cogió al vuelo el cuerpo del moribundo Almirante.- Pero… Dios mío… ¿Qué demonios te ha pasado? Arhatkyo, contesta!! Vosotros, id a buscar a Bassabel YA!!

Los atónitos marines tardaron en reaccionar debido al impacto que les había supuesto ver a su invencible Almirante en las fronteras de la muerte, pero finalmente salieron corriendo en busca del Lobo Gris.
Esta noche no habría paz para nadie en Sabaody.



Bob “Apestoso” Snoby había sido un pobre hombre durante toda su vida. Hasta hoy. Porque en ese preciso instante acababa de conseguir la hazaña que lo convertiría en héroe. Él, un pirata de poca monta cuyos mayores méritos hasta la fecha habían sido el de hacer reír al resto de sus nakamas durante las largas noches de travesía y una apurada victoria en el último concurso de comida organizado por su banda, acababa de derribar a un enorme sargento de la marina con la única ayuda de sus manos desnudas. Ahora sí podía decir que él también había contribuido a la que iba a convertirse en la legendaria conquista del inexpugnable Cuartel de Sabaody. Al fin tendría una historia digna de contar a sus nietos.
Lo que seguramente el pobre Snoby omitiría en ella sería el momento en el que, mientras celebraba su victoria, un asiento doble de tren cayó sobre su cabeza dejándolo fuera de combate de manera instantánea.

Ramsus comenzó a regresar poco a poco a la realidad a medida que se iba recuperando del mareo y el aturdimiento. Hasta tres veces había rebotado su burbuja contra el suelo hasta que finalmente había explotado, haciendo que el asiento que compartía con Ailing quedara en una posición completamente natural… en medio del campo de batalla. El Vicealmirante, cómodamente sentado, miró a su alrededor y observó con cada vez mayor claridad la dantesca escena. Bajo el gigantesco e impasible Grove 60, la planicie situada ante las puertas cerradas del cuartel estaba plagada de cuerpos inmóviles de marines y piratas a partes iguales. Varias columnas de humo se elevaban hacia el cielo estrellado acompañadas de las sempiternas burbujas que surgían desde las raíces del mangle. Los supervivientes de la batalla, tanto de un bando como de otro, miraban completamente desencajados a los asientos de tren que habían aparecido de la nada, aterrizando de las formas más rocambolescas. Otros, por su parte, huían despavoridos del bombardeo de burbujas que, tras haber sido disparadas desde el Umi Ressha, rebotaban por el campo de batalla de manera completamente aleatoria, tal y como antes lo había hecho la de Ramsus y Ailing.
Cuando casi un minuto después el sistema secundario experimental de frenado acabó su función, el más absoluto silencio se apoderó del lugar. Por un lado, los numerosos piratas y los mucho más escasos marines de Sabaody seguían completamente paralizados tratando de comprender lo que acababa de suceder. Por otro, los marines de Water 7 permanecían atados a sus asientos tras haber aterrizado con mayor o menor fortuna en el mismo centro del campo de batalla. Resultaba difícil determinar cual de los dos bandos estaba más asustado.

- Siii!! Ha sido superdivertidititi-tisisimo!! –Gritó Ailing realmente emocionada mientras levantaba su puño derecho en alto- ¿A que sí Ramsus?
- Estamos… en medio… del campo de batalla… -balbuceó perplejo el Vicealmirante.
- Jijiji, Augustus no ve un pimiento. Cuando me explicó todo el funcionamiento del artilugio de las burbujas lo hizo mirando un asiento vacío, pero la verdad es que tiene una puntería increíble –la capitana miró el reposabrazos que separaba los dos asientos-
Oye… ya puedes soltarme… si quieres.
- Ah! –Ramsus, ruborizado, soltó la mano de su amiga con un movimiento casi reflejo.

“Marines!! Nos han caído más jodidos marines del cielo!!!” Un desagradable vozarrón rompió la quietud de la explanada. Su autor había sido un pirata gordo, tuerto y malencarado, que a pesar de su vista mermada había sido el primero en comprender la situación. Sin embargo poco más pudo decir, ya que un segundo después salió disparado hacia atrás derribado por una de las poderosas patadas de la capitana. Ailing se plantó en medio del campo de batalla y miró a su alrededor:

- Marines!! En pie!! No hemos venido aquí de vacaciones!! Machaquemos a esos piratas!!!

Aquel grito fue como si alguien hubiera pulsado un botón de reinicio de la batalla, ya que en ese preciso instante los luchadores de ambos bandos gritaron al unísono y se lanzaron al ataque nuevamente. Los escasos marines de Sabaody, alentados por la llegada de sus colegas de Water 7, y los piratas, que sintiéndose tan victoriosos como minutos antes, se mostraron encantados de acabar con más hombres de blanco. Los marines que acababan de llegar apenas se comenzaron a mover, bien por el miedo, bien por lo extraño de la situación o bien porque aún tenían fresca en la memoria la paliza que esa misma mujer les había dado la tarde anterior a un gran número de ellos.
Ramsus miró sorprendido la escena, giró su cabeza y vio el asiento vacío al lado suyo. Volvió a mirar al frente y esta vez observó como un grupo de 5 piratas corría directo hacia su posición con no muy buenas intenciones. El Vicealmirante hizo un rápido movimiento para incorporarse y ponerse en guardia, pero de nuevo sintió la presión del cinturón de seguridad reteniéndolo en su asiento. Contrariado, se puso a desabrocharlo a gran velocidad, pero algo fallaba en aquel mecanismo, que se negaba a abrirse. “Maldita sea! Ahora no!” Cada vez más nervioso, Ramsus insistió en liberarse de aquel maldito cinturón mientras comprobaba una y otra vez como sus enemigos se acercaban inexorablemente. Los cinco hombres gritaron con sus espadas en alto dispuestos a descuartizar al atrapado marine, que justo antes de recibir sus tajos les lanzó una mirada desafiante, acompañada de un sonido seco y metálico. “Clack”.
Ramsus avanzó un par de pasos desde el asiento de tren con la Luz del Alba en su mano apuntando hacia el suelo, mientras a su espalda los cinco sorprendidos piratas volaban por el cielo todos en la misma dirección. El Vicealmirante, con gesto despreocupado, estiró sus brazos todo lo posible tratando de desentumecerlos ante la asustada y atenta mirada de otro grupo de piratas algo más numeroso cercano a su posición, quienes al ver que los ojos del marine se percataban de su presencia salieron corriendo despavoridos.
“Fuego!!” Rugió una voz desde el fondo de la explanada, a unos sesenta metros, y al instante un atronador sonido llegó hasta los oídos de Ramsus precediendo a la docena de proyectiles de cañón que se dirigían hacia el lugar en que se encontraba.

- Al suelo!! –Gritó el Vicealmirante a sus hombres mientras envainaba su espada y encaraba la inminente amenaza. Tras unos instantes de titubeo y comprobando lo que sucedía, casi todos los marines (y algunos piratas) se echaron cuerpo a tierra, atendiendo a la orden del Vicealmirante.
Las balas atravesaron en un suspiro el campo de batalla sin oposición alguna y se abalanzaron contra su objetivo. “Ya va siendo hora de ponerse serio.” Susurró el marine sin apartar la vista de los cañones
“Flying Slash. Horizonte”. Con un impresionante latigazo, Ramsus desenvainó su espada lanzando un amplio corte horizontal. Del filo de la Luz del Alba partió una estela plateada, iluminada por la luz de la luna, que avanzó hacia delante en línea recta cortando el viento y ampliando su arco cada vez más. Como por arte de magia todos los proyectiles explotaron en el aire antes de impactar y un par de segundos después lo hicieron los propios cañones que habían disparado previamente desde sesenta metros, ante la atónita mirada de los sorprendidos artilleros piratas. Finalmente la estela plateada alcanzó el tronco rayado del Grove 60, provocando en él un corte limpio, totalmente recto, fino y profundo. El gigantesco mangle ni se inmutó, pero las caras de piratas y marines cambiaron de semblante tras aquella demostración de fuerza por parte de Ramsus. Los hombres de Water 7, que hasta ahora se habían visto claramente sobrepasados por la situación, sintieron por primera vez que estaban en el bando fuerte gracias a las espectaculares actuaciones que les acababan de brindar el Vicealmirante y la Capitana, y comenzaron a liberarse del miedo y los malditos cinturones de seguridad y a pelear con verdadera fe en la victoria, apoyando a sus compañeros de Sabaody que jamás la habían llegado a perder. Por su parte los piratas empezaron a replegarse acosados por el renovado empuje de sus rivales, sintiendo como el temor de perder una batalla que tenían prácticamente ganada se apoderaba de ellos.
Ramsus sonrió levemente mirando el corte provocado en el Grove 60. La última vez que realizó ese ataque ante la piedra del Monte Sungarden cayó al suelo inconsciente, víctima del primer síntoma grave del “Mal del Carpintero”. Pero esta vez no le había sucedido. Lleno de satisfacción, el Vicealmirante se giró hacia las puertas del cuartel cerradas a cal y canto. Desde donde él se encontraba hasta ellas había casi 100 metros y ningún enemigo. Un buen punto para comenzar a fraguar una buena estrategia de reconquista y terminar de machacar a sus asustados enemigos. Sin embargo, una batalla suele ser uno de los lugares más difíciles para pensar y organizar algo, ya que siempre acarrean sorpresas.

“Jajajajajaj”

El eco de una risotada histérica resonó por toda la explanada y de pronto cerca de una decena de los marines situados en la vanguardia salieron volando hacia atrás fuera de combate. Los gritos eufóricos de los piratas se apoderaron de la zona más alejada del cuartel y súbitamente todos ellos, como empujados por una fuerza superior, se lanzaron de nuevo al ataque. Sobre ellos, apuntando en la dirección del cuartel, se alzó un espadón de unos veinte metros de largo.

- Kyohei… -murmuró Ramsus mientras observaba atentamente la escena- De modo que tienen un pirata gigante entre sus filas.

El Vicealmirante no se lo pensó dos veces y se lanzó al ataque. Cruzando como un rayo el campo de batalla fue deshaciéndose sin tan siquiera frenar de todo aquel que le salía al paso. A mitad de su frenética carrera Ailing se puso volando a su altura.

- Esto sí que se pone interesante.
- Ailing, el gigante es mío. Todos los demás te los dejo a ti.

La capitana sonrió y cogió altura, sin duda para preparar alguno de sus devastadores golpes. El Vicealmirante por su parte lanzó una decena de cortes cruzados a distancia que derribaron a varios de los atacantes más adelantados.
Al ver la figura desafiante de Ramsus ante ellos, espada en mano, el grupo de piratas detuvo su ataque y sus asustados pero confiados componentes comenzaron a apartarse hacia ambos lados para dejar pasar a su líder.
Un silencio sepulcral invadió la escena al tiempo que la punta del inmenso espadón empezó a avanzar lentamente hacia delante casi rozando el suelo. Poco a poco el filo fue saliendo de la penumbra, mostrando su color grisáceo apagado salpicado de manchas carmesíes a la luz de las hogueras cercanas, hasta que tras unos tensos segundos apareció al fin su portador. El Vicealmirante, que miraba hacia arriba para poder conocer lo antes posible el rostro del pirata kyohei al que se iba a enfrentar, alzó sus cejas con sorpresa al ver… nada. Extrañado, el marine fue bajando su cabeza poco a poco hasta que al fin se topó con el misterioso capitán pirata que, manejando aquella inmensa arma, había cambiado el signo de la batalla. Y para su sorpresa, aquel pirata era un humano normal.
Sujetando el espadón con ambas manos sin excesivo esfuerzo, un tipo de pelo corto moreno, barba de cuatro días, gafas y casi tan alto como Ramsus acababa de aparecer de entre las sombras. Vestía un chaleco de cuero parduzco y unos pantalones negros sobre las rodillas. En uno de sus brazos tenía tatuado un extraño pájaro negro. Ante la expectación de todos los presentes, que parecían haberse olvidado de la batalla por unos instantes, el tipo miró al Vicealmirante con un profundo gesto de rencor y desprecio. Y entonces fue cuando se puso a reír de forma histérica.

- Jajajajajaj!! Marines de mierda! Voy a acabar con vuestras despreciables vidas!!! –bramó el extraño pirata- Y voy a empezar por ti, Ramsus “El mecánico de barcos”!!
- Hace mucho tiempo que nadie me llamaba así. –Respondió el marine, disimulando perfectamente la sorpresa inicial y preguntándose a qué se debía esa carcajada- Supongo que mis tiempos como pirata no se han olvidado aún en según qué círculos. Me alegra que me hayas reconocido, pero lo siento, yo no puedo decir lo mismo de ti.
- Pues más vale que te vayas aprendiendo mi nombre, porque es el de la persona que va a mandarte al mundo de los muertos. Jajajajajaj!!! –volvió a reír el pirata por sorpresa- Mi nombre es Sakuragi, capitán de la famosa banda pirata de los Black Pigeons! Temido en todo Gran Line por mi recompensa de 169 millones conseguida en menos de un año!! Soy un genio!!
- Supernova… -murmuró el Vicealmirante sin apartar la vista del serio rostro del pirata.
- Jajajajajajajaj!!!
- ¿¡Qué tiene de gracioso!? –gritó Ramsus exasperado por los continuos cambios de humor del tal Sakuragi.

El capitán pirata soltó una de sus manos del mango del espadón kyohei, dejando que la punta tocase el suelo, y la metió en su bolsillo hasta sacar un papel doblado.

- Yo… debía conquistar este sitio por el bien del pueblo pirata. Esas eran las órdenes… Pero eso me ha dado igual desde el principio. –Comenzó a relatar Sakuragi profundamente apenado mientras desdoblaba el papel y lo miraba con profunda tristeza- Yo… solo quiero… sacrificios.

El pirata estiró su brazo libre y metió el extraño papel con delicadeza dentro de una pequeña burbuja que acababa de surgir de una raíz cercana. Tras esto la empujó hacia Ramsus, y ésta empezó a avanzar lentamente hacia él.

- Mi fama, mi recompensa, ahora ya todo me da igual. –Continuó su discurso Sakuragi con una mezcla de rencor y profunda tristeza mientras la burbuja seguía su viaje- Pero vosotros… sucios perros del gobierno… habéis acabado con mi vida. Malditos seáis!!

En ese instante, justo cuando quedaba apenas un metro para que el “paquete” llegase hasta Ramsus, la burbuja explotó y el papel de su interior cayó balanceándose lentamente al suelo.
El Vicealmirante lo miró con indiferencia. El misterioso papel era en realidad un cartel de recompensa. En él aparecía una hermosa mujer pirata lanzando un beso a la cámara con una pose extremadamente… sexy. Bajo ella se podía leer claramente
“Wanted: Lady Elessa”. Y cruzando el papel en diagonal la inconfundible marca que el gobierno utilizaba para los carteles anulados. Fuese quien fuese aquella mujer, sus días como pirata definitivamente habían acabado.

- ¿¡Por qué tuvisteis que matarla!? –Gritó el pirata con lágrimas de desesperación en los ojos- El gobierno, los marines, incluso los Shichibukai… Todos merecéis morir!! Habéis acabado con la dama de mis sueños, la más bella entre las bellas, lo que más quería en este mundo!! Ahora… ahora tan solo puedo llorar…
- …
- Jajajajajajaj!!!
- Eso no es llorar!!! –gritó Ramsus realmente cabreado.
- Muereee!!!

Aquella reacción visceral del Vicealmirante ante el extraño comportamiento del capitán Sakuragi hizo que bajase la guardia por unos instantes, lo que aprovechó su rival para lanzar un feroz ataque sorpresa. Manejando el descomunal espadón con una técnica y fuerza impresionantes, lanzó un amplio corte lateral a media altura desde la izquierda. Ramsus intentó saltar hacia atrás, pero en el último momento cambió de idea y optó por agacharse. “Mierda… tengo las piernas entumecidas de haber estado durmiendo sentado tanto tiempo.” Pensó mientras el ancho filo pasaba casi rozando su cabeza, “Ese tío va en serio. Y esa forma de manejar la espada… no había visto nada igual en mi vida!”
Aprovechando la inercia de su primer ataque, Sakuragi giró sobre sí mismo y descargó un potentísimo ataque diagonal hacia abajo riendo nuevamente de forma desquiciada. Sin embargo este nuevo golpe no pilló para nada desprevenido al Vicealmirante, quien esta vez sí dio un acrobático salto hacia atrás esquivando el mortal corte. Para su sorpresa Ramsus no sintió al caer la dureza propia del suelo y la tierra, sino que sus pies se posaron en una superficie blanda y ligeramente pegajosa. Acababa de subirse a una burbuja por accidente que comenzó a elevarse poco a poco hacia el cielo estrellado.
El capitán pirata, probablemente sorprendido por el curioso aterrizaje de su rival, titubeó un momento en su ofensiva, cosa que aprovechó Ramsus para comenzar la suya.
-
“Moon Slash… Menguante!” –El Vicealmirante dibujó un arco de arriba hacia abajo que salió volando directo hacia a Sakuragi.
- Jajjajaj!! –El pirata levantó ligeramente el gigantesco mandoble y utilizó la parte plana como escudo, deteniendo el ataque sin problemas.- Te voy a ensartar marine!!!
Sakuragi echó a correr levantando su espada sobre la cabeza como si nada hacia Ramsus, quien previendo lo que se avecinaba tomó impulso y saltó hacia otra burbuja más alta, y de ésta a otra más, lo que le permitió ganar bastantes metros de altura. “Bien, mis piernas empiezan a responder” pensó. Pero para su sorpresa Sakuragi varió su primera intención y, en vez de atacar, descargó con todas sus fuerzas la espada contra el suelo, clavando su punta en él y, valiéndose de su gran longitud, la utilizó como una pértiga para llegar hasta la altura del marine. Ramsus, completamente alucinado, saltó nuevamente en dirección a otra pompa de jabón, pero el capitán pirata chocó contra él en el aire.
El Vicealmirante sintió un fuerte golpe en el pecho y salió despedido hacia abajo, sin embargo tras apenas cuatro metros de caída la suerte quiso que una nueva pompa lo recogiera en su interior tras atravesar su parte superior. Aún aturdido comprobó como sobre su posición Sakuragi reía a carcajadas completamente desquiciado, apoyado sobre la empuñadura de su propio mandoble, clavado en el suelo y completamente vertical. Aún más arriba, en la lejanía, la inconfundible figura de Ailing levantaba tres hombres por los aires para posteriormente dejarlos caer.
Ramsus apretó los dientes y salió lo más rápido posible de la burbuja por la parte de arriba, tomó impulso nuevamente y saltó contra la zona ancha de la espada del pirata. Ésta resultó ser una plataforma aún mas firme de lo que esperaba, y utilizándola como punto de apoyo aprovechó para coger aún más altura hasta subir incluso por encima de su rival. “Ahora no podrás cubrirte con eso” pensó triunfal el Vicealmirante sin perder de vista a Sakuragi.

-
“Thousand Slash… Tormenta!” –A una velocidad espectacular Ramsus batió su brazo y de su espada comenzaron a salir una inmensa cantidad de pequeños cortes que se abalanzaron hacia el pirata. Éste recibió los primeros casi sin inmutarse, pero al ver el aluvión que se avecinaba sujetó el espadón con ambas manos y saltó a una burbuja cercana. Una vez afirmado en su nueva posición, el capitán Sakuragi levantó su espada con una fuerza sobrehumana y se colocó en guardia al tiempo que el marine hacía lo propio en una pompa algo más pequeña y elevada.

Ambos contendientes se miraron fijamente durante unos eternos instantes, completamente inmóviles sobre sus balanceantes plataformas. Sakuragi podía apreciar perfectamente la contrariedad del marine tratando de explicarse cómo lograba manejar su arma, mientras que Ramsus comprobó como el rostro del pirata comenzaba a mostrar ligeros signos de cansancio por el tremendo esfuerzo. A sus oídos llegaban los inconfundibles sonidos del fragor de la batalla que se libraba bajo sus pies y que parecía haberse reanudado tras la desaparición de sus dos líderes, aunque ninguno de ellos hizo el más mínimo atisbo de comprobar lo que estaba sucediendo.

“Rolling Up Rankyaku!!” El grito de voz femenina hizo dar un respingo a los dos hombres y casi instantáneamente aparecieron en la zona que les separaba los cuerpos de cinco piratas en un estado lamentable, subiendo a gran velocidad. Bajo él, la capitana Ailing giraba sobre sí misma, lanzando patadas giratorias constantes hacia arriba con las que elevaba más y más a sus pobres víctimas. Tanto el capitán pirata como el Vicealmirante se quedaron mirando embobados como el “grupo” continuaba su ascenso a base de patadas, y justo después se miraron el uno al otro con incredulidad. Los dos cayeron en la cuenta a la vez de que habían olvidado por un momento de lo que se traían entre manos.

- Jajajajajajj!!! –Sakuragi se abalanzó hacia su rival dispuesto a partirlo en dos con su espadón. Ramsus saltó al mismo tiempo, ejecutando una de sus técnicas de viento cortante.

Una y otra vez los filos de ambas armas chocaron entre sí en las alturas. El pirata, riendo de manera delirante, descargaba descomunales golpes contra el marine una y otra vez, quien hábilmente lograba desviarlos gracias a su capacidad para cortar el aire. Sin embargo esa misma habilidad no servía para herir a su rival, ya que su técnica de protección con el ancho de su espadón era impecable. Aún así ninguno retrocedía siquiera un milímetro en la batalla.

“Aaaaahhh!!!” Un grito de desesperación se oyó sobre sus cabezas y los dos rivales miraron hacia arriba, parando su combate durante una décima de segundo. Los cinco piratas que habían subido hacia arriba pateados por Ailing se precipitaban al vacío con los rostros desencajados, mientras entre las cada vez más cercanas ramas del mangle era perfectamente apreciable la figura de la marine alada en pose triunfal.
Los dos espadachines continuaron con su pelea como si nada, esquivando a aquellos pobres hombres mientras peleaban saltando de burbuja en burbuja. Sin embargo, justo cuando la “lluvia” más arreciaba, el pirata se detuvo un segundo dejando ver una sonrisa maquiavélica… seguida de una súbita carcajada.

- Jajajajajaj!! “Black Pigeons”, ayudad a vuestro capitán! –ante la atónita mirada del Vicealmirante, Sakuragi con dos fugaces movimientos “bateó” a dos de sus nakamas, utilizándolos como proyectiles.
- Mierda! –murmuró Ramsus, que rápidamente saltó lo mas alto posible para esquivarles. Justo lo que el pirata había planeado.
- Ahora!! –Sakuragi se propulsó hasta ponerse al lado de su rival y descargó un potentísimo golpe con la zona plana contra su costado- Soy un genio!! Jajajajj!!!

El intento de parada desesperada que trató de ejecutar el marine no sirvió para nada. Un insoportable dolor se apoderó de toda la zona derecha de su cuerpo, agarrotándolo completamente mientras salía disparado hacia un lado. Aquella dolorosa e intensa sensación solo era equiparable a la que sintió segundos después al golpearse de lleno contra el tronco del Grove 60.
Ramsus, guiado por su instinto de supervivencia, reunió todas sus fuerzas para no perder la consciencia y clavó su espada en la dura corteza del gigantesco mangle, consciente de la inminente caída a la que se enfrentaba. Colgado de su empuñadura, el Vicealmirante se giró y logró apreciar la borrosa imagen del pirata abalanzándose hacia él para darle el golpe definitivo, siempre acompañado por el sonido de su irritante risa.

- Muere marine!! Pagarás por la muerte de mi amada Lady Elessa!! Todos lo haréis!! Jajajajajaj!!! –El pirata lanzó un feroz ataque lateral con una fuerza aún mayor de la mostrada hasta el momento.

El corte fue inapelable, y el filo del espadón Kyohei se hundió algo más de un metro en su costado. Como si fuera consciente del dolor, el Grove 60 agitó sus ramas con fuerza y se balanceó levemente. Ramsus suspiró aliviado. Había salvado el pellejo gracias a un fallo de cálculo en la longitud del arma de su rival, el cual también había quedado colgado de la empuñadura, pero unos siete metros más adelante.

- Hah… hah… mierda… -Jadeó el pirata, ya sin ocultar el cansancio provocado por el esfuerzo extremo.- Nadie… me había durado tanto como tú…
- Tranquilo… hah… nadie más lo hará… te lo aseguro… -Respondió dolorido el Vicealmirante.
- Pelear contra ti… hah… incluso para un genio como yo… es… frustrante… Jajajajjaja!!!
- ¿¡Pero de qué te ríes ahora!?

Ramsus utilizó su arma como trampolín y con un ágil movimiento aterrizó en lo alto de la zona plana del mandoble, que había quedado ligeramente inclinado al clavarse lateralmente en el tronco. Ignorando el dolor corrió a toda velocidad por la espada hasta llegar a la empuñadura a la cual estaba tratando de subir Sakuragi. Pero el pirata solo pudo girarse para recibir en pleno rostro la patada del marine.
El pirata volvió a caer, colgándose con ambos brazos del mango de su mandoble mientras que el marine se subió a una nueva pompa de jabón, envainando su espada.

- Admite tu derrota, pirata. –Dijo Ramsus- Desde esa posición jamás podrás usar tu arma. Se acabó.
- Je… jeje… jajaja… jajajaja… jajajajajjjaajj!! JAJAJJAAAJJAAJJJ!!!

Por toda respuesta, el capitán Sakuragi miró a Ramsus con la cara desencajada y comenzó a reírse de manera desquiciada y sin control. Los brazos del pirata se tensaron y el mandoble empezó a moverse, liberándose poco a poco.
El Vicealmirante no daba crédito a lo que sus ojos le mostraban. Aquel hombre estaba moviendo semejante mole sin el más mínimo punto de apoyo. Finalmente decidió desenvainar su espada, preparándose para el que sería el golpe final, ya que no iba a permitir que el combate se alargase por más tiempo.
Sakuragi, riendo cada vez más fuerte, empezó a balancearse con violencia colgado de la empuñadura, hasta que con un potente movimiento la espada se desclavó del mangle y dibujó un amplísimo arco horizontal. Ramsus, tranquilo, permaneció sin moverse en lo alto de su burbuja, ya que se encontraba a la suficiente distancia para evitar ser alcanzado. La punta del mandoble pasó unos metros por delante de su cara y continuó con su movimiento circular. Y ahí fue cuando llegó la auténtica acometida de Sakuragi.
Aprovechando la enorme fuerza que ejercía el espadón al girar, el pirata se dejó llevar por ella y avanzó junto con la empuñadura hacia el Vicealmirante.

- ELESSAAAAA!!!! –Sakuragi, volviendo a ejercer fuerza sobre su arma, la hizo girar de nuevo a mayor velocidad. Gracias al avance anterior, ahora sí que alcanzaría de lleno a su rival.- JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJ!!!

Mirando fijamente al pirata, Ramsus, con un casi imperceptible movimiento lanzó una estocada hacia abajo. La pompa de jabón explotó y él cayó al vacío mientras la espada gigante pasaba sobre su cabeza.
El Vicealmirante giró en el aire y se puso boca abajo, encarando a su auténtico objetivo: Una nueva pompa, más grande, que se encontraba bajo él. Abanicando el aire con la Luz del Alba, el marine lanzó una corriente de viento que pasó muy cerca de ella y propició que esta comenzase a girar en sentido antihorario. Al llegar a su altura, Ramsus metió su brazo libre hasta la mitad en el interior de la burbuja, y gracias al giro y a la velocidad de su caída, la utilizó como una polea para salir disparado nuevamente hacia arriba.

“Flying Slash… CÉNIT!!!” Ramsus y Sakuragi se cruzaron en el aire. Del pecho del pirata salió un chorro de sangre y, tras soltar su gigantesca espada, cayó al vacío con una sonora carcajada. El combate había llegado a su fin.

El Vicealmirante logró alcanzar la parte superior de una pequeña burbuja y se sentó agotado sobre ella. Sin darse cuenta, los dos luchadores habían subido peleando hasta casi el final del inmenso tronco del Grove 60. A escasos metros sobre su cabeza ya empezaban a surgir las primeras ramas del mangle. Tras reponerse durante varios segundos del esfuerzo, se incorporó y no pudo evitar sorprenderse al mirar hacia el horizonte.
Desde aquella altura, el panorama de la costa era realmente desolador. Las columnas de humo se elevaban desde cientos de puntos y el hedor a muerte llegaba ya incluso a aquella posición. Ramsus fijó su vista en el mar, en los barcos que rodeaban el archipiélago. Navíos piratas por doquier con los más diversos tamaños, diseños y mascarones, así como varios galeones de la marina, aunque muy inferiores en número. El Vicealmirante construía mentalmente todos y cada uno de ellos a medida que los observaba, hasta que se topó con un impresionante barco cuya construcción le resultaba extremadamente familiar.

- El Polaris… y también el Altair… -El marine miró los dos barcos durante un buen rato, recordando los buenos tiempos de su construcción, pero sin olvidar lo que su mera presencia aquí representaba- Esos dos ya están aquí. Entonces debo darme prisa, no voy a consentir que se adjudiquen la conquista del Grove 60.

Ramsus se dispuso a bajar, pero en ese instante reparó en otra embarcación más. Completamente rodeado por un amasijo de madera y hierros, aquel barco parecía distinto a todos los demás. No mostraba bandera alguna y parecía haberse escapado del mismísimo infierno. El marine notó un vuelco en el corazón al mirarlo, como si hubiera podido sentir por una fracción de segundo la historia con la que ese barco cargaba y esta le hubiese abrumado completamente. Un momento después observó con más detenimiento los restos semihundidos que lo rodeaban y se llevó una mano a la cabeza al reconocerlos.

- Augustus… ¿pero qué has hecho?



Con un sonoro grito de orgullo, las decenas de marines supervivientes levantaron sus sables hacia el cielo estrellado en señal de victoria. Les había llevado horas, pero el apoyo de la capitana Ailing, la derrota de su capitán, el regreso de Ramsus a la batalla y la última acometida en tromba de los hasta ahora asediados marines del interior del cuartel había sido demasiado para aquellos escasos piratas supervivientes, que ahora huían en desbandada.

- Mira qué contentos están. –Dijo Ailing a la espalda del Vicealmirante- Has conseguido que vuelvan a sentirse marines otra vez.
- Eso parece… pero creo que no ha servido con todos. ¿Sabes algo de Nezumi?
- Nada. –La capitana negó con la cabeza- Nadie ha tenido la menor noticia de él o de sus hombres de confianza en toda la batalla. Por suerte el Comodoro Adams al mando del cuartel me sirvió de apoyo estratégico en ella, porque tú te volviste a escaquear, como siempre.
- Oye! Ese tipo era más peligroso que toda su banda al completo. He cumplido con mi obligación como alto mando ocupándome personalmente de él. Además, os he librado de esos cambios de humor tan irritantes que tenía.
De pronto y contra todo pronóstico, los piratas que huían regresaron a la batalla ante el estupor de los marines. ¿Qué demonios pretendían aquellos pobres diablos? La solución llegó cuando tras ellos se escuchó un fuerte sonido y miles de pequeños fragmentos volaron por los aires hacia el interior de la explanada.
Ramsus se agachó a recoger uno de los varios trozos que habían caído cerca de su posición y lo examinó cuidadosamente. Era una pieza de puzzle.

- Bassabel... –Ramsus levantó la mirada- esos pobres piratas están acabados.
- ¿El Almirante? ¿Ya ha llegado? Entonces se acabaron los problemas!!
- Los suyos sí. Los míos acaban de empezar.




- Cof… cof… Joder… -Murmuró finalmente Arhatkyo entre los brazos de Ramsus- De todas las personas del mundo… cof… cof… tenías que ser tú… el último al que viera antes de morir.
- Cállate! ¿Quién ha dicho que vayas a morirte? Saldrás de ésta, ¿vale? Ahora mírame. Alexander ¿Quién te ha hecho esto?
- Ramsus… tú y yo nunca hemos sido… hah… hah… amigos. Pero necesito pedirte un… último favor.
- Maldita sea Arhatkyo! ¿Qué te ha pasado? ¿Cómo has llegado a este estado? Contesta!
- Alira. Encuéntrala… cof… y cuida de ella. Yo no he sabido hacerlo. Dila que… yo… siempre la… he… querido.

La cabeza del Almirante cayó hacia atrás bruscamente y su respiración se cortó. Ramsus abrió los ojos como platos incapaz de creer lo que acababa de presenciar. Gritó el nombre de su superior varias veces y lo zarandeó en busca de alguna respuesta. Era inútil. Arhatkyo “El Lobo Blanco” acababa de morir en sus brazos.
Ramsus, aturdido y abrumado, dejó su cuerpo en el suelo y entonces lo vio. Una nota escrita en el suelo. Unas palabras. Una confesión. Una firma.

“Long Jhon Silver.”

Ahora podré dedicar el resto del fin de semana en leerme los relatos que he dejado atrasados y volver a ponerme al día.
Osin, ya he leído el tuyo pero aún no te he mandado mis comentarios. A ver si mañana por la mañana lo dejo echo y publicas tú también (estás a tiempo de cambiar algo si crees que "rechina" con este relato, pero creo que no).
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Indecisión o vagancia

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

-diablos, al parecer ultimamente estoy muy famoso, ya que me han nombrado en dos excelentes historias...No sé si alegrarme o preocuparme, ya que parece que el mundo vendra a por mí.

@ Kuro: Muy buen capitulo, algo alejado del anterior, pero no por eso menos bueno. Ya me entro la curiosidad por saber de verdad que es lo que pasa con Seiryu, me ha gustado su manera de describir sus actos, ideal para un noticiero.

@ Sandman
: Que puedo decir, excelente, un gran capitulo donde además nos deleitas con un excelente estilo para describir y representar la acción. Muy potente y directo. Por que sospecho que pronto nos encontraremos?.

@ Ramsus
: Simplemente genial, me ha encantado el que hayas incluido a sakuragi y que hayas enlazado este capitulo tuyo con aquel de Ghorrhyon, simplemente genial. ¿empiezo ya a desarrollar un delirio de persecución?

Bueno, luego de comentar estos excelentes capitulos debo disculparme, ya que el mio se retrasara de nuevo, si porque a pesar de que lo tenia listo, hay algo que aún no me convence, así que lo reescribiré para ver si logro darle esa esencia que me esta faltando. Saludos a todos y nos leemos.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Sandman »

Antes de nada, me alegra que os haya gustado el capitulillo. El de Ramsus no me lo leeré después del expocómic, que ahora me voy a zampar y saldré para allá.

@Alira: ¡Gracias por recibirme a bordo (ex) Almiranta! Ha costado leerse todo, pero lo he hecho con más que gusto gracias a la calidad de las historias. En cuanto a lo de "caballero", ésa era mi intención, que fuera redundante XD. El tipo se está burlando de lo refinados que son los de Rivia (tomando a Geralt como ejemplo) y el otro le imita. En fin, chorradas que se le ocurren a uno :gota:

@LJS: Me alegra que te guste la historia... En cuanto a lo de vernos... ¿quién sabe? El mar depara muchas sorpresas :astuto:
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

Creo que voy a comentar.

@Ramsus: Me quito el sombreto contigo. Una excelente narración, acompañada toda ella con una dosis de muy buena batalla entre el Pirata gigante Sakuragi vs. Vicealmirante Ramsus.
Pero sin duda de todo la historia en si me quedo el final. El último trozo me ha tramistido una sensación de impotencia, de pena y de ver lo que echo con ese personaje que se me han quitado las ganas de volver a matar a mis personajes. Te prometo que me ha dado una pena tremenda y he puesto hasta pucheros :oops: En fin haber como se lo toma Bassabel.
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Comentemos...

Ramsus: Grandiosos los puntazos de Saku. Y épica la batalla entre ambos hombres. Y mira, mientras das caza a Silver, igual y puedes ir a matarme de paso, ¿no crees? :lol:

Sandman: Otro que igual está para darnos caza. Ya por fin sabemos cómo se llama y su propósito actual ya que vuelve a las andadas. Por cierto, muy bueno el juego de palabras de "nezumi".

Kuro: Viva el gore. :o Es lo único que puedo decir. A ver cuál es su rumbo.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por osin »

Aquí estoy de nuevo con el capítulo prometido. Es un capítulo bastante especial para mi no por lo que cuenta sino por todo lo que he tenido que pasar para poder publicarlo (maldigo ese maldito virus, lo maldigo XDDD). Como no tendrá fallos, así que espero ansioso vuestros comentarios para seguir mejorando:
Spoiler: Mostrar
Cap 6:
Lo mas oscuro del ser humano


Le habían descubierto. La verdad para no hacerlo. En el mar, en medio de una rebelión donde todos son enemigos de todos y nadie dudará en atacar lo desconocido. No había sido su mejor idea, pero era la única forma de llegar. Meter al Caronte, a Miles y a Hannah en esa refriega habría sido mucho peor, mejor él solo. Delante, en tierra, marines y piratas luchaban por el control del Grove 20, pero solo los de blanco se dieron cuenta de su futura presencia.

Un par de hombres a orden del que había tomado el mando se disponían a abrir fuego hacía su persona. Hombres con miedo a una muerte mas que segura, pero hombres valientes, dispuestos a perder su vida por una causa que para ellos lo justificaba todo, la justicia y el bien del pueblo. En cuanto vieran que su rival estaba a tiro le fusilarían. Osin sabía que era un blanco fácil y por tanto tenía todas las de perder. Se quejó para si mismo. Un soldado disparó antes de tiempo al ver que su rival metía la mano en uno de los bolsillos de su abrigo oscuro dispuesto a sacar cualquier arma, pero la lejanía y su temblor le hizo errar el tiro, llegando a morir el impacto en el agua a unos metros de su objetivo. Osin se quedó pensativo mirando el objeto que había sacado, dudando si utilizarlo. Era el único que traía y pensaba que le sería mas útil mas adelante. Cerró los ojos y buscó su voz. Era la única opción de salir vivo de allí. Lo lanzó al aire e instantáneamente escondida en la manga de su abrigo sacó una pistola con la que disparó al objeto. Los marines asustados por si le disparaban a ellos abrieron fuego, pero fueron deslumbrados por una onda de luz cegadora provocada con el impacto de la bala al objeto.
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-¡¿Pero que?!

El capitán Noel Liam y su banda encontraba dificultades para atacar una de las casas del Grove 16. Un antiguo pirata no le permitía pasar cuando intentaba entrar para desvalijarla y, porque no, atacar a los que hubiesen dentro. Le resultaba extraño que muchos piratas ignorasen ese lugar o que incluso hiciesen una reverencia pidiendo perdón por sus actos. El hombre que le cerraba el paso en cuestión era una vieja leyenda pirata, con sus 50 años el excapitán Berto “el Sanguinario” acarreaba una recompensa de mas de 300 millones.

-Nadie atacará a la propietaria de esta casa- le ordenó el viejo pirata.
-Oh vamos viejo sanguinario, no te pega con tu apodo el estar ayudando a otras personas.
-No solo él te lo prohíbe- dijo un joven marine de no mas de 20 años saliendo de la nada- yo también lo hago.

Berto miró fijo al marine y sonrió cuando este se acercó hasta su posición y desenvainó su espada.

-Un pirata y un marine unido por una misma persona, ahora si tengo ganas de comprobar quien es dicha persona. ¡Piratas del Oasis, acabad con ellos! – ordenó el capitán Noel Liam- diremos que se mataron entre ellos.
-Moriréis intentándolo- concluyo el excapitán.
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La luz fue poco a poco desapareciendo y poco a poco volvía la vista. El marine a mando forzó su aún poca visión hasta divisar la barca enemiga, pero al encontrarla ya no estaba allí su propietario. Maldijo un momento la situación y se volvió a centrar en el campo de batalla. Nada mas girarse para ver la situación actual delante suyo un pirata venía dispuesto a cobrarse su vida. Sin tiempo a desenvainar lo esquivó lanzándose para atrás al suelo y desde ahí sacó su espada de paseo para rebanar las piernas de su rival. Suspiró mientras se alzaba y pedía informes de la situación actual. El campo de batalla mostraba una desventaja clara hacía ellos. Los piratas, guiados quizás por el olor de la sangre y de la pólvora habían aprovechado el momento de incertidumbre con la luz cegadora para conseguir una ventaja considerable sobre los de blanco. De pie quedaban no mas de una decena de marines comparadas con las hordas de piratas aún sobrevivientes.

-¡Acercaos! ¡Hagámonos fuerte en un mismo punto!- ordenó desgañitado el marine- ¡Por la marina!

Aunque sabían del funesto futuro que les esperaba los marines gritaron al unísono reuniéndose como podían en aquel punto específico.

-¡Por orden del ángel de la muerte nadie debe quedar vivo en la isla! ¡Cortad! ¡Desmembrad! ¡Mutilad! ¡Matad!- eran uno de los muchos gritos que se podían escuchar por parte de los piratas.
-Caballeros, ha sido un honor luchar junto a vosotros y morir a vuestro lado. ¡Atacad!- fue la última orden que dio el marine.

Los dos bandos se dirigieron al choque final. Honor, coraje, valentía, dolor, muerte.
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-¡Debemos ir!- sugería todavía Hannah desde el Caronte.
-Ya has oído al peluche y yo estoy de acuerdo- le respondió Miles.
-¿Y si le pasa algo? ¿Y si muere?
-Mejor él que nosotros- le dijo bruscamente el navegante.
-Eso que has dicho es muy egoísta de tu parte- le recriminó la pequeña enfadada.
-Mira joven dama, tú no has vivido mas de 200 años, yo no he vivido mas de 200, pero el peluche sí. Y por algo será. Confiemos en que quiera vivir otros 100 años mas.
-Pero.....
-¿Pero qué? Bastante nos estamos arriesgando estando al descubierto simplemente para partir enseguida si pasa algo malo. Además, ¿qué podemos hacer nosotros allí?
-Tengo buena puntería.
-Aquello es una guerra, la puntería no te salva de un espadazo o de una bala perdida. Y menos aún del horror que allí se está viviendo.
-Y es mejor quedarnos aquí- le seguía reprochando la niña.
-Es mejor confiar en él. Confía en él.
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El marine cayó vencido al suelo, desarmado. Aún podía oír la respiración entrecortada de al menos tres de sus compañeros agonizando. Sabía que no les quedaban mucho de vida si no eran atendidos. Debía levantarse, seguir luchando hasta quedarse sin fuerzas. Intentaba ponerse de pie mientras con la vista buscaba un arma con la que defenderse. Le fue inútil. Una vil patada de uno de sus atacantes impactó directa en su boca, volviendo a reencontrarle con el suelo. Frente a él de pie el pirata espada en mano se reía de su suerte.

-No venceréis a la marina, no ganaréis- dijo el marine sangrando desde el suelo.

El pirata empezó a propinarle una sarta de patadas en todo el cuerpo mientras gozaba con tal acto.

-No nos interesa vencer a la marina, ni siquiera nos interesa esta isla. Nos interesa el caos y la muerte- le explico el pirata.

Decidió ponerle fin a su vida e irse a disfrutar pateando a los marines que aún seguían vivos. Empuñó con fuerza su espada y lanzó una furiosa estocada al malherido marine. Estocada que no llegó a su destino, pues fue repelida por un nuevo rival.

-Que así sea.

El pirata miró extrañado al que tenía enfrente, empapado. No era un marine, pero, ¿y un pirata? Su nuevo contrincante con un movimiento rápido empujó la espada del rival con la suya. Acto seguido lanzó un corte minucioso a la mano del pirata que mantenía su arma, amputándosela. Éste dio unos cuantos pasos atrás al sentir el frío tacto de la espada rival y gritó de puro dolor. Intentó huir, pero no le dio tiempo. Un fino hilo de sangre salía de su boca cuando la cabeza decidió desprenderse del cuerpo.

-El hombre, cof, cof, el hombre de la barca- le reconoció por fin el marine.

Osin recogió la mano inerte de su ya difunto rival quitándole el arma que aún sujetaba. Con un movimiento retó al resto de los piratas. Estos salieron al ataque con ganas de venganza mientras él les esperaba tranquilo, quieto. El mas aventajado pirata venía dispuesto a propinarle un mandoble, pero le arrojó la mano cortada a la cara, haciendo que el pirata cambiase su movimiento para protegerse. Fue ese instante el que aprovechó Osin para propinarle su ataque, derrotándolo. Dos mas atacaron con sendos golpes por ambos lados. Esta vez solo se apartó un poco para que ellos mismo recibiesen el ataque del otro. Un cuarto saltó por encima de uno de los caídos lanzándose furioso hacía su posición. Osin le dio un pequeño golpe mientras estaba en el aire, cayendo su rival con violencia al suelo. Varios piratas frenaron su carrera al ver como derrotaba con tanta facilidad a sus compañeros. Un quinto decidió atacarle por la espalda pero un codazo sirvió para derrotarlo sin siquiera mirarle. Decidió lanzarse al ataque. Saco las dos espadas a pasear y se lanzó hacía sus enemigos.

El marine observaba atónito el baile de golpes que el nuevo personaje estaba dando. Por un momento pensó que tenía ojos en la espalda pues parecía ver todo lo que ocurría a su alrededor. Uno a uno fueron cayendo los piratas rivales hasta dejar a cero el número rival.

-¿Quién eres?- le preguntó el marine.
-¿Yo? Yo no soy...- esbozó una pequeña sonrisa y decidió cambiar su contestación- Me puedes llamar Osin.
-¿Qué eres?
-Ahora mismo el hombre que te ha salvado la vida.

El marine pudo comprobar como el nuevo personaje estaba desarmando a cada uno de los piratas que había vencido. Después se acercó al marine y le entregó todas las armas de estos.

-¡Que inútiles! Si hubieran atacado con las pistolas me habrían vencido, pero la sed de sangre y venganza les cegó.

El marine estaba perplejo ante tal persona.

-Bassabel dentro de poco pasará por aquí, te ayudará a ti y a tus compañeros aún vivos. Muchos de los piratas están heridos pero no muertos, aunque tranquilo, no creo que logren levantarse. Te has ganado un ascenso marine.
-¿Conoces a .... cof, cof, cof- no pudo terminar la pregunta.
-No, en mi vida lo he visto- respondió de lo mas sincero- Si me disculpas me marcho, tengo cosas que hacer.
-No..... no puedo dejarte ir- le dijo mientras intentaba ponerse de pie sin éxito.
-No intentes detenerme. En el estado en que estás cada movimiento estúpido que haces te acerca mas a la muerte, y no quiero ser yo su mensajero.
-Es...¡Es mi deber!- dijo con furia el marine.
-Hay una chica, Pride, la cual regenta una cafetería. Sabes muy bien de quien hablo pues sueles ir cada mañana a desayunar allí, siempre que no estás de servicio. Bueno, no es que te guste el desayuno que allí hacen, pues el sabor del café de la pobre camarera lo detestas. Vas allí por ella. Tu problema es que eres muy tímido para esas cosas y nunca te has atrevido a declararte.- Osin hizo un alto para ver la cara del marine.- Si mueres aquí romperás el corazón a la pobre chica. Para ella su mejor momento del día es cuando te ve aparecer por la puerta y su peor momento es cuando te ve marchar. Tú en esta refriega ya has cumplido, pero todavía tienes que vivir para cumplir allí.

Osin se dio media vuelta y se empezó a alejar del marine mientras con un gesto se despedía de él. Éste estaba sumergido en un mar de dudas. ¿Quién era ese hombre? ¿Cómo sabía tanto sobre él? ¿Podía confiar en su palabra? ¿Debía detenerle?

-Por cierto- dijo Osin parándose en seco- si ves al vicealmirante Ramsus dile que le estoy buscando para conversar.

Esto descolocó aún mas al marine pero decidió no gastar fuerzas en preguntar. Su cabeza ahora mismo estaba lejos de Shabaody. Estaba en una pequeña cafetería de un pequeño pueblo de una pequeña isla. Estaba con Pride, con su insoportable café, con su preciosa melena, con su sonrisa,....

-¡Rápido, revisad si hay algún superviviente!

No se percató del vozarrón de Bassabel dando órdenes a todos los marines a su disposición. Él solo cerró los ojos y siguió con su amada.
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-Esto pinta mal.

La pequeña miro extrañada a Miles. ¿Pintaba mal el qué? Quizás Osin tenía que hacer una señal desde tierra o algo y no la hacía.

-¿Le ha pasado algo a Osin?- le preguntó.
-No es el peluche, somos nosotros. Debimos habernos escondido, alejarnos.
-¿Por?
-Escucha a tu alrededor.

No escuchaba nada, era una noche tranquila si no fuese por el hecho de la rebelión. Miró a Miles que seguía expectante. Intentó centrarse aún mas en el sonido, buscando algo diferente. De lejos podía oír gritos lejanos de canciones piratas.

-Piratas- dijo con asco Hannah- Los seres mas despreciables del mundo.
-No todos los piratas son mala gente. Los que surcan los mares con los verdaderos ideales piratas no son despreciables, al menos no del todo. Ejemplos de grandes piratas son Gold Roger, los mugiwara, los AkaSugoi, los Shadow of devil, The Outlaws, El espíritu del Mar,.... Desgraciadamente quedan pocos vivos ya de esas tropas.
-Pero estos no son ellos.
-No, creo que no.

No pudo evitar pensar en los piratas de Jim Daniels, en su desaparecido pueblo, en las pesadillas que día si día también le atormentaban en sueños. Se palpó su espalda hasta dar con sus cicatrices, con sus marcas. Esta vez no, esta vez no voy a ser marcada.

-Escúchame joven dama, en el improbable caso que pasen de nosotros no haremos nada, les dejaremos ir. Pero lo mas seguro es que nos toque luchar. Solo si yo te lo ordeno atacarás, mientras tanto te mantendrás al margen.

La niña afirmó.

-Está bien, te prestaré un rifle y te encargarás que nadie suba el Caronte. Es el momento para que demuestres la puntería que presumes tener. Si por un casual no logramos detenerlos y nos invaden nunca ataques con un arma de largo alcance, sería inútil. En ese caso es mejor que utilices esto- dándole un cuchillo- Pero el cuchillo debe ser tu último recurso. No eres buena con ese arma ni tampoco quiero que lo seas. Hay que conocer tus propias debilidades. Solo utilízalo si estas en verdadero peligro.

No tenía que decirlo dos veces. La última vez que utilizó un arma blanca fue para degollar al pirata que le intentó violar. Aunque en su momento se sintió liberada ahora mismo aquel hecho le pesaba bastante en su conciencia y prefería no repetirlo.

-Relájate, saldremos de esta- la intentó animar Miles.-Recuerda que llevo dos días con buena suerte. Además si nos atacan y les vencemos le estaremos quitando rivales directos al peluche.

El pensar que podía ayudar de esta forma a Osin, que sería útil en estos momentos le devolvió su confianza. Debía vivir, debía de verlos de nuevo, tanto a Anton como a Osin.
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El destino era Grove 16, donde estaba la persona que debía ayudar. Después buscaría a Ramsus. Sabía que no tenía tiempo que perder pues en aquel Grove se estaba llevando a cabo una cruenta batalla. Variaba cada dos por tres de camino intentando no cruzarse con nadie que le retrasase. Una débil voz pidiendo ayuda se repetía una y otra vez en su cabeza. Era en el Grove 10, el cual ya había dejado atrás. Se dijo a si mismo que no fuese, que no podía salvar a todo el mundo. Siguió su camino pero la voz no callaba. Gritó de pura rabia y cambió de rumbo, Grove 10 era su nuevo objetivo. Tanteaba mientras todo lo que pasaba allí, quien era, quien le atacaba, cuantos eran, como podía vencerlos.
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Osin llegó al nuevo destino, Grove 10. Si antiguamente ese lugar tenía algún encanto lo había perdido. El olor nauseabundo de sangre y vísceras con las moscas rondando alrededor no le hacía ganar puntos. Se había convertido en territorio pirata y los marines que habían osado entrar se encontraban esparcidos por el suelo. Osin siguió caminando hasta llegar a la plaza central del Grove, el conocido punto centro del archipiélago. Observó la cruel imagen que se divisaba delante de él, dos personas empaladas y calcinadas. Pudo ver signos de violencia en los cadáveres como el que les faltasen brazos y piernas. Osin los había oído gritar en su mente cuando estaba ayudando al Marine. Tenryuubitos que escogieron mal día para pisar Shabaody.

Por favor que no me vea, que no me vea, que no se gire.

Osin se giró.

Dios, dios, dios, dios. Sálvame. Me ha visto, me ha visto, me va a matar.

Dio varios pasos al frente.

Se acerca, oh dios mío, se acerca. Que no quite las tablas, que no me encuentre.

Buscó dichas tablas. Las encontró apoyadas en una especie de callejón pequeño, en un hueco entre casa y casa. Quitó las tablas y allí lo vio. Un Tenryuubito de unos 12 años, el cual alzó una pistola para protegerse. Osin le desarmó con un ágil movimiento. Su cara estaba manchada por ríos de lágrimas, de igual forma sus pantalones, aunque con un líquido diferente. Escondía una de sus manos con un trozo de tela manchado de sangre. Osin intentó ver que le ocurría pero el niño le apartó de un manotazo enseñándole con ese gesto la herida de dicha mano. Había perdido tres de sus cinco dedos.
-No me toques- le dijo con desprecio el niño- no tienes ningún derecho siquiera a mirarme.
-He venido a salvarte.
-¡No me hables! ¡¡No oses dirigirme la palabra!! Deberías morir por ello. Ordenaré tu ejecución, la tuya y la de tus seres queridos. Me repugnas con tu sola presencia- le dijo mientras le escupía.
-Esta bien, como quieras. Que te sea leve- le dijo Osin apartándose mientras se limpiaba el escupitajo.
-Vaya, vaya, vaya. Si lo has encontrado, eres lo mas.

Osin se fijo en las personas que le habían hablado, Ya había notado sus presencias hace tiempo y era inevitable el encontrarse. Delante de él los seis piratas de la Xunga People. El pequeño Tenryuubito estaba temblando de puro miedo. No paraba de pedir ayuda desde su interior.

-¿Vosotros habéis hecho eso?- dijo señalando los cadáveres calcinados.
-Oh si tío, debías haber estado. Ha sido lo mas- decía entre risas el que parecía tener la voz cantante.- Se había escapado el crío de mierda, pero lo has encontrado. ¿Nos lo das o quieres gozar tú matándolo? Mientras nos permitas ver...
-¿Qué es lo que le habéis hecho exactamente a sus padres?- seguía haciendo tiempo mientras sopesaba todas las rutas de escape.
-Necesitas inspiración, ¿no? Te comprendo. Pues ha sido lo mas. Le hemos atacado por la espalda, acabando con todos sus guardaespaldas. Luego nos hemos turnado a su madre, la cual no era un Tenryuubito, sino una esclava, pero había parido uno y eso no tiene perdón. Luego les hemos cortados sus extremidades para que no escapasen, en ese momento fue cuando se escapó el nano. ¡Pero no veas como gritaban los muy cerdos!- dio un pequeño golpecito con el codo a uno de sus acompañantes, el cuál Osin sabía que había sido el que los desmembró.- Después les hemos arrastrado un rato atados a nuestras queridas Bon Chari y cuando ya estaban casi irreconocibles les hemos quemado vivos.

Los despreciaba, los despreciaba y les repugnaban. No veía nada digno en sus miserables vidas para seguir existiendo, pues no era su primer acto atroz que habían hecho en sus cortas vidas. Se alegro de no haber metido en aquel sitio a Hannah, este no era el mundo que ella debía ver. Intentó con éxito que no se reflejase en sus gestos todo el odio que sentía hacía esas personas.

-¿No teméis que la marina os descubra?
-Oh, es ese tu miedo. Mira a tu alrededor, mira que ha pasado en este Grove con la marina, somos lo mas- dijo presumiendo de sus actos- Además estate tranquilo, pensamos quemar todo el Grove, así no habrá ninguna prueba de lo que hemos hecho. Bueno, ¿vas a matarlo?- preguntó ya impaciente.
-No, creo que paso.
-Oh bien, bien. Eres lo mas, nos lo cedes. Mucha gracias. ¿Me lo traes o voy yo a por él?

Osin aceptó con la cabeza, se giró agarrando al niño del brazo y lo levantó de su escondite. No opuso mucha resistencia, quizás paralizado por el miedo. Al girarse hacía el pirata disparó con la pistola que le había quitado al niño dándole al enemigo en toda la sien. Disparó dos o tres veces mas para asustar a los demás de la banda que se refugiaron detrás de sus Bon Chari. Aprovechó ese momento de duda para descargar las últimas balas con los cristales de una de las ventanas de la vivienda que tenía a su espalda, lanzándose dentro de la vivienda.

Los piratas al ver que intentaban huir empezaron a disparar hacía su supuesta posición. Osin se alzó y empezó a correr arrastrando al niño, esquivando todas las balas perdidas. Cruzaron todo el salón llegando a la habitación de matrimonio. Lanzó la pistola de nuevo a la ventana y volvió a tirarse por ella. Estaba en el jardín contiguo. La había dejado unas cuantas calles mas lejanas. Saltó la verja y agarró al niño, corrió calle arriba, giró a la izquierda y luego recto. Dos calles mas adelante volvió a girar a la izquierda hasta que llegó donde quería, había asaltado un poco antes una tienda de Bon Chari, cogiendo prestada una. Los piratas ya sabían que se habían ido de la plaza y estaban siguiendo sus pasos, bramando venganza. Acomodó al niño entre el volante y él y pisó el acelerador. Cambió de sentido y volvió hacia sus pasos.

-¿¡Pero que hacéis!?- le preguntó asustado el crío.
-No nos dejarán en paz si no los derrotamos, y no puedo permitirme el lujo de tenerlos detrás todo el tiempo. Vamos a acabar con esto.

Giró una calle y allí se los encontró a los 5 que quedaban con vida, enfurecidos. Estos dieron mas velocidad a sus vehículos y se dirigieron hacía Osin.

-Ves ese callejón a tu derecha, cuando lleguemos quiero que te metas por allí- le dijo Osin al crío.
-¿Cómo?
-Se que sabes conducir uno de estos. Voy a tener que dejarte solo un momento, pero tranquilo volveré en tu búsqueda.
-No acepto órdenes de seres inferiores.
-Mira chaval si no quieres que te deje tirado aquí mismo me vas a tener que hacer caso. No es a mí a quien buscan, sino a ti. Así que abandona ahora mismo tu odio racista hacia el mundo y acata mis órdenes, pues me necesitas para salir vivo de este archipiélago.

El menor comprendió su situación, estaba vendido. No tenía otra opción mas que hacer lo que él decía. Osin seguía recto con una velocidad endiablada hacía el choque y viceversa. Le cedió el volante al pequeño cuando estaban cerca del callejón.

-Ahora vuelvo- le dijo mientras se lanzaba del vehículo en marcha cuando este se metía en aquel estrecho sitio.

Cabía de milagro, tanto que rozaba los lados con las paredes soltando pequeñas chispas. Osin desenfundó una de las dos espadas en su posesión. El que estaba en cabeza del grupo enemigo se acercaba dispuesto a atropellarlo, pero Osin saltó rápido, acometiendo contra él. Se agarró al cuerpo inerte del enemigo y lo lanzó fuera del Bon Chari, situándose él de conductor . Maniobró la máquina para no estrellarse y pisó el acelerador, alejándose del callejón por donde huyó el Tenryuubito. Dos le siguieron en persecución mientras los otros dos fueron en búsqueda del niño. Se percató de esta separación, tenía que darse prisa en eliminar a sus dos perseguidores. Cambió de calle a una alargada y estrecha, sacó una de las espadas y empezó a ojear con el filo de ella la posición de sus rivales. Pisó aún mas el acelerador y estos le siguieron. Frenó de golpe, sacó la otra espada y alargó sus brazos en forma de cruz. Sus rivales no frenaron a tiempo sufriendo sendas heridas con las espadas, rebanándoles. Quedaban solo dos. Buscó en su mente hasta dar con las tres voces restante. Se alegró al sentir todavía la del Tenryuubito, todavía no lo habían pillado. Si seguía ahí parado no serviría de mucha ayuda así que decidió buscarlo desde el aire. Alzó el vuelo con el Bon Chari hasta tener una vista perfecta del Grove, empezó a ojear calle a calle mientras en su cabeza seguía oyendo las voces de cada uno. Varió un poco su búsqueda al ver de lejos en el aire a otra persona. Ailing. Ramsus debía estar cerca. Volvió a variar su visión y se percató de su objetivo actual. Se olvidó de nuevo de Ramsus y Ailing, ya habrá tiempo para ellos. Se lanzó de nuevo a la persecución.

El niño huía despavorido de aquella situación. El simple hecho de estar conduciendo le producía un dolor insoportable en su mano herida. Detrás y cada vez mas cerca sus oponentes exigían que parase, que no le iban a hacer nada. Y un cuerno que no. Miraba a todos lados buscándolo. Dijo solo un momento el maldito ser inferior. ¿Y si todo ha sido una treta para escapar sin mí? Decidió no pensar en eso y apostarlo todo en que volvería. Giró a la derecha dos veces y luego a la izquierda con maniobras rápidas para despistarlos, pero sin éxito. Ya estaban a la par, le habían cogido. El pirata que asesinó a sus padres alargó su brazo para atraparlo pero frenó de golpe apartándose. Un Bon Chari impactó de lleno en la cara del otro pirata. El crío alzó la vista y lo vio allí, en el cielo, había vuelto. Cambió a un rumbo vertical para atraparlo al vuelo. Alargó su mano maltrecha para que se agarrase, Osin logró sujetarse evitando así un golpe con el suelo que hubiera sido mortal. El peso de éste y el estar maniobrando con una sola mano le hizo perder por un instante el control del aparato, dando unas cuantas vueltas sobre sí mismo. Cuando recuperó el control el pirata que les perseguía no estaba.

-¿Dónde está?- preguntaba alterado el joven.
-¡Cuidado!- dijo Osin apartándolo con el brazo.

Una bala iba dirigida a la cabeza del pequeño pero logró apartarlo de la trayectoria, evitando la muerte del Tenryuubito, aunque él no pudo esquivar la trayectoria de la bala perforándole el hombro derecho. Perdió el equilibrio estando a punto de caer del vehículo en marcha, pero el niño le agarró fuerte evitándolo.

-¿Estás bien?
-¡¡Pisa el acelerador, rápido!!

Ya sabía donde se encontraba su último enemigo, el cual salió de su escondite para volver con la persecución. El chaval conducía mientras Osin se vendaba el hombro. Otra bala disparada dio de lleno en el vehículo haciéndole perder altura y velocidad. No aguantaría mucho en marcha.

-Cambia de sentido, vamos a por él- le ordenó al joven.

Era la única opción que les quedaba. Intentó agarrar la espada con su mano derecha pero le pesaba, le pesaba mucho. La cambió a la izquierda. El enemigo aceptó el reto y se lanzó también al choque. Tenía todas las de ganar. El pirata pistola en mano, Osin con la espada. El choque se produjo. Quedaban cero.
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Hannah y Miles se encontraban apoyados en una de las barandillas del Caronte. Enfrente suya, a unos metros estaba parada la flota pirata. Llevaban observándoles unos cuantos minutos, callados. Supuso que Miles ese silencio le incomodaba. Al final tomaron la palabra los piratas.

-Buenas noches al capitán del barco.
-Le vais a disculpar pero el capitán no está a bordo, hablaré yo en su lugar- le explicó Miles.
-Un ciego y una lazarillo- bromeó el pirata.

A Hannah le cabreó ese comentario.

-Penosa lazarillo por cierto- añadió Miles para picarla aún mas.
-Bueno, bueno, bueno, vais a tener que abandonar el barco ya que desde hoy es de nuestra propiedad- mostró por fin sus intenciones el pirata.
-A ver si lo he entendido. Me estás diciendo que vais a ocupar el barco con vuestra mierda presencia y que yo no haga nada para evitarlo- le picó Miles.
-¿Qué has dicho ciego?- preguntó cabreado el pirata.
-Digo que os patearé el culo antes que piséis este barco.
-¡Maldito sea!

Se oyó unas risas desde el camarote del capitán. De allí salió un hombre musculoso y alto, piel oscura y barba blanca.

-Me gustas chico. Soy el capitán de este barco. Asesino de pueblos, saqueador de tesoros, coleccionista de navíos. Nombrar mi nombre equivale a asustar una nación entera. Soy el pirata Josemi, poseedor de la akuma no......
-Me aburro- le cortó Miles- nunca he oído tu nombre y no me está produciendo ningún miedo. Además teniendo al capitán que tengo si no he escuchado nada sobre ti es que debes dar mas pena que otra cosa.

La pequeña no pudo evitar soltar una pequeña risita.

-Muy bien ciego, me haré un colgante con tus huesos- le amenazó el fornido capitán.
-No sabe con quien se ha metido- dijo uno de los tripulantes del bando enemigo.
-Está desafiando a Josemi, la gacela.
-Con una recompensa de 200 millones.
-El rey de la nueva era.
-¡¡Jodeer!! Tienes mas marketing que otra cosa- volvió a burlarse el navegante.
-Hombres, hoy gozaréis de mi poder.

El barco donde viajaba el enorme capitán empezó a moverse hacia la posición del Caronte. La joven miraba a Miles, el cual mostraba una extraña sonrisa. Sujetó fuerte el rifle que tenía en la espalda dispuesta a disparar cuando Miles le diese la orden. De pronto una especie de tren que nunca había visto descarriló chocando con el barco rival y hundiéndolo en el mar. Miles no pudo evitar descojonarse ante tal hecho, como si supiese que iba a pasar. Hannah mientras tanto veía como la figura del capitán se hundía cada vez mas en las oscuras aguas. Por una de las ventanas de aquella máquina salió un hombrecillo pequeño, pelirrojo.

-Perdón, soy Augustus, ¿alguien me puede ayudar?
-Encantado te ayudaré kamikaze, pero primero tengo que limpiar la mierda de este mar.- le dijo dirigiendo su insulto a las hordas de barcos que aún quedaban en pie.
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Grove 16, la batalla había sido titánica, ¿quien iba a decir que casi toda la banda de los Oasis tenían akuma no mi? De pie Berto el sanguinario limpiaba la sangre de su espada mientras que el marine tomaba aire bastante cansado. En el suelo yacían con peor suerte sus enemigos. Cuando el marine recobró energías se dirigió hacía el excapitán.

-Por orden del cuartel general de la marine, excapitán Berto el sanguinario, se le acusa de....
-Si, si, bla, bla, bla, quedo apresado por los delitos cometidos. Lo siento mucho chavalín pero no puedo aceptarlo, no ahora.
-No me deja otra opción que usar la fuerza.
-¡Que así sea!- dijo mientras volvía a desenvainar su espada.

-¡¡Parad los dos!!

De la casa defendida salía una mujer de unos 44 años. A pesar de su edad tenía un aura y una belleza única, cabellos marrones como las hojas caídas de Otoño y ojos del mismo color escondidos detrás de unas gafas.

-¡¡Mama entra dentro!!- le pidió el marine.
-Jajaja, ¿este es tu hijo, Bibi?- le preguntó el excapitán.
-El temible Berto, no esperaba verte nunca mas. ¿Qué se te ha perdido en este lugar?
-Soy pirata si no lo recuerdas.
-Lo recuerdo perfectamente. Recuerdo todo. Pero eso no contesta a mi pregunta.
-Tsk- se quejó- Bueno, he venido a...... bueno, tú ya sabes. La pregunta es que haces tú todavía aquí- intentó desviar el tema.
-Vivo aquí.
-Igual de terca- se quejó.

-¿Os conocíais? – preguntó anonadado el joven marine.
-Tu tío salvó la vida a este sinvergüenza.- le explicó su madre.
-Un gran hombre- añadió Berto.

Había crecido oyendo miles de historias sobre su tío, tanto que acabó considerándolo su héroe y su fuente de inspiración, aunque nunca llego a conocerlo.

-Voy a sacarte de aquí Bibi, aunque tenga que ser a la fuerza- le dijo el pirata- Tú no mereces vivir esto y menos morir aquí.

-Estoy de acuerdo.- dijo un cuarto hombre.

Los tres se giraron al unísono, algunos como el pirata estaba ya preparado para el combate. En frente suya se encontraba un hombre que ninguno llegaba a reconocer y a su espalda portaba un crío, un Tenryuubito.

-Identifíquese- le ordenó el marine.
-Me puedes llamar Osin. El niño de mi espalda está herido, si haces el favor de darle los primeros auxilio.

El marine fue corriendo y agarró al pequeño con sumo cuidado, pues se había dormido. Pudo ver ya desde el principio la amputación que había sufrido en una de sus manos. Se metió corriendo en la casa dejando solos a Berto, Bibi y Osin.

-Tú también estás jodido, colega- le dijo el pirata observando su hombro.
-Lo mío puede esperar.
-¿Se puede saber quien diablos eres tú para meterte donde no te llaman?- le preguntó Bibi bastante molesta.
-Por supuesto- dijo sacando de uno de sus bolsillos un reloj antiguo con una descripción grabada- Creo que lo reconoces, Bibi, descendiente de Tenryuubito. Me envía tu hermano.
-Mora- dijeron los dos al unísono.

Continuará.
En cuanto a los nuevos capítulos colgados por vosotros todavía no he tenido tiempo para leerlos, pero prometo hacerlo pronto y comentarlos. El único que he leído (porque no quiero crear fallos temporales o espaciales XDDD) es el de Ramsus, el cuál me ha encantado. Pilla perfectamente la esencia de caos y destrucción que veo yo en esta saga. Además el puntazo de Sakuragi ha estado sublime.
Gracias Natthy ^^
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H23
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por H23 »

Bueno, no se cuanto hace que no posteo capi ni digo nada. Pido disculpa pero entre trabajo, placer y negocios he andado liado. No obstante, he aqui el cuarto capitulo de mi personaje. Aviso que hago referencias spoilerantes sobre cierto pjs (Hablado con ellos, por descontado) asi como mostrar que ha sido del gran Sogeking. Lo dicho:
Spoiler: Mostrar
Trabajo y escondite

- Si vuestra merced me da permiso.- Mi voz sonaba refinada, distante pero a la vez cortes.- Nuestra bodega le recomienda la cosecha del año cuarenta. Las viñas de ese año fueron exquisitas.-

Aquí me tenéis. Haciendo el tonto vestido de pingüino joven mientras una niña repollo de seis años trata inútilmente que le haga caso a base de patadas en la espinilla. Es lo que tiene ir de mesa en mesa sirviendo zumo de uva alcoholizada.

Menos mal que mi turno acababa en cinco minutos.

Estábamos a bordo de la “Lagrima de Santa María”. Antaño era un barco usado por gente de bien que ayudaba de forma desinteresada a huérfanos y pobres. Lo recuerdo porque alguna que otra vez había ido a la bahía de Maioris a contempla su partida. Ahora los tiempos habían cambiado. El dueño tuvo que vender el navío a un ricachón por cuatro míseros berries y muchos huérfanos se quedaron sin alimento ni techo. La ultima noticia que tuve era que en su actualidad surcaba los mares como barco de lujo para pagarinis que tienen la jubilación resuelta o que han pegado el gatillazo de su vida embarazando a una joven heredera de un ducado. Creedme, de esos hay mas de los que uno puede llegar a plantearse.

El caso es que estaba en ese barco un poco por suerte. En Bannaro las cosas no fueron tan estupendas como pensaba. En la actualidad, la isla estaba dividida en dos partes: En una de ellas los turistas y los ricos se dedicaban a explotar la imagen de la famosa pelea que años atrás habían protagonizado el hermano de Monkey D. Luffy y el Ouka Sichibukai Marshall Teach. Sin embargo, la cara sur de la isla estaba cerrada al público. Se decía que la marina (O alguien con suficiente poder como para no permitir la entrada a husmeadores) tenia una refinería y que los buques con armamento salían día si, día no.

Demasiado suculento para un cabeza loca como yo.

Desoyendo a Brook y su “Perderás la cabeza y acabaras como yo” habitual, me adentre en el recinto cerrado. Efectivamente, la marina tenía una refinería allí. Pero no era de un material común. Resulta que tras varias excavaciones alguna lumbrera descubrió que en aquella isla había cantidades astronómicas de Karioseki, la única piedra que anula los poderes de las frutas del Demonio. La deducción es simple: Si la marina tenía en su poder tal arsenal, ya podían muchos de los portadores de los poderes demoniacos escapar o esconderse, que ahora las balas si que eran mortales. Eso seria a la larga un peligro mucho mayor, pues nadie, ni siquiera algunos cargos de la marina, eran inmunes a ello.

Aunque me dio una excusa perfecta. Si los marines iban a jugar con trampas… Digamos que a mi también me gusta jugar con ventaja, a la mierda eso del juego limpio. Cinco saquitos de balas ya era un botín suculento, pero el plato gordo lo encontré mas tarde: Un pedrusco, también hecho del mismo material; del tamaño de una bola de petanca, que a la postre parecía servirles de brújula.

Lo malo del asunto fue que algún guardia debió verme (A Brook estas cosas le dan “alergia”, como comprenderéis) y dio la alarma. Tuve que salir por piernas, no sin antes hacer explotar “accidentalmente” un par de galerías. ¿Qué queréis que os diga? No es mi culpa que la marina deje la dinamita tan a la vista y que llevase encima una caja de cerillas. Si a eso le unimos el hecho de que la Lagrima necesitaba personal (Dos desertores, según la versión oficial; dos ladrones, según la extraoficial.), la huida no pudo ser mas perfecta.

Una vez acabado el turno pude por fin desanudar la coleta y dirigirme al camarote que compartía con Brook. Antes de entrar, mi compañero estaba cantando en la ducha, como casi siempre.

- Yo, que soy un desalmado pero camino.- Rezaba ese estribillo que cantaba.- Yo, que no tengo ojos pero te veo. Yo, que no tengo orejas y te escucho. Yo, que sin corazón te amo, yoooooo.-

Definitivamente, algo en esa calavera estaba trastocado.

Toque cuatro veces antes de entrar. Esa era nuestra señal, por si mi huesudo amigo andaba “en cueros”. Su cante se paro y se dirigió a la puerta, al menos eso intuí por sus pasos.

- Santo y seña.- Pidió aun sin abrir.

- No pienso darte a los perros.- Conteste. Brook quito un par de seguros de la puerta y la dejo abierta para que entrara. Una vez dentro, volví a poner los seguros.

Nuestra habitación era un poco reducida, pero lo suficiente para mi petate y tres o cuatro cosas. Encima de mi cama tenia medio esparcido el diario del día, abierto por los carteles de “Se busca”. Al parecer mi amigo se había entretenido mirando el diario, que narraba como una banda de piratas había alborotado Red Village. Comencé a mirar detenidamente los carteles, murmurando que narices habría visto mi amigo en la noticia y en los fugados.

- Rentarou Setsuma, antiguo miembro de la marina. Preso fugado y muy peligroso.- Comencé a leer en voz alta, mientras sostenía los tres carteles.- Su cabeza vale 67 millones.-

- “Hacha Sangrienta” Rido, culpable de asesinar a varios marines, así como corromper el noble nombre de la Marina haciéndose pasar por capitán. Su cabeza vale 30 millones.-

Sin embargo me pare sobre el que parecía ser el cabecilla del grupo, un tal Eratia. Silbe al ver su recompensa: 237 millones de berries. Brook volvió a aparecer en la habitación, con una toalla anudada a su cintura.

- ¿Acaso quieres hacerte cazador de piratas?- Pregunte, mostrándole los carteles.- Y no se porque te tapas. Total, para lo que hay que enseñar.-

- UN caballero no pierde las costumbres.- Replico mi amigo.- Puede que haya perdido la piel, los órganos internos, los músculos y los tendones; pero aun tengo dignidad.-

- No me has contestado.- Corte, sabiendo que vendría una declaración de intenciones.- Nunca te has fijado en los carteles de “Se busca” y, de repente, te fijas en estos tres. Aparte de haber participado en lo de Red Village, ¿Qué tienen de especial?-

- Nada en concreto.- Contesto mi amigo.- A no ser que hayas leído la noticia.-

- ¿Me la resumes?- Pregunte con fastidio.

- Son los nuevos nakamas de Nico Robin.-

Silencio. Nuevamente me habían golpeado con una sartén y ni me había dado cuenta.

- ¿Kyo?-

- Espérate.- Replique.- Me estas diciendo que un ex marine, un asesino sangriento y… Vete tu a saber lo que ha hecho este; son compañeros de una nakama tuya.-

- Yo diría que de dos.- Musito.- La noticia habla de un fortachón en bañador slip. Por la descripción facial no lo parece, pero por lo demás…-

- Franky “No llevo pantalones porque no tengo decencia”.- Enumere del tirón.- ¿En serio crees que se han vuelto a juntar?-

- No me extrañaría.- Dijo, mientras se vestía con el traje de gala.- A fin de cuentas, mis huesos acabaron contigo.-

- Gracias, por la cuenta que me trae.- Dije. Fue entonces cuando repare en un dato que, cuando Brook me lo comento por primera vez se me escapo.

Cuando nos embarcamos en la Lágrima, Brook estaba muy interesado en el trayecto que llevaría el navío. De hecho, me sorprendió cuando de sopetón y sin decirme nada le dijo al jefe de personal que nos bajaríamos en Syrup, una isla situada en el East Blue.

- ¿Tiene este interés repentino algo que ver con lo que quieres hacer en Syrup?- Pregunte en seguida.

- Puede.- Contesto mi esquelético amigo.

- Brook, por favor, sin evasivas.-

- ¿Conoces los libros del capitán Ussop no?- Me pregunto.

- Claro, quien no los…-

Alto, mi mente había recordado algo. Más bien, había conectado cosas. Tras su confesión acerca de su antigua banda de compañeros y piratas, empecé a relacionar los nombres que antaño había oído de sus historias con los viejos camaradas de Luffy “Sombrero de Paja”. Me comento ciertas historias del tirador del grupo, así como su facilidad de “inventarse” historias, o alterar algunas de ellas hasta el punto de parecer fabulas. Además, el tirador tenia una segunda identidad (No reconocida por el, por supuesto.) haciéndose llamar Sogeking.

- Ahora me dirás que el capitán Ussop también era nakama tuyo.- Le dije con cierto desden.

- ¡Huy, que tarde!- Exclamo Brook, mientras que ponía la pajarita, ignorándome.- ¡Llego tarde a la actuación!-

Brook se marcho dando un portazo. Si, tú escápate, que luego no me esquivas.

---------------------------------------------------------------------------------------------

- ¿Era necesario?- Le pregunte a Brook mientras marchábamos hacia el norte de la isla, alejándonos del pueblo.- No se, era el alcalde.-

- Las indicaciones eran claras, amigo mío.- Sentencio mi acompañante.- Tenia que demostrarle que era quien decía ser.-

- Le has enseñado tu mano al natural.- Le recordé.- Aun no se como no se ha desmayado.-

Sin embargo, mi mente tenía una ligera idea. Lo estaba esperando, no me cabía dudas. Ahora nos dirigíamos hacia el norte de la isla. Según el alcalde allí vivía el gran Sogeking con su familia. El camino estaba despejado de viviendas, todas se concentraban donde estaba el puerto. Tampoco había un asentamiento de la marina allí, por lo que si Nico Robin y su trouppe querían llegar hasta aquí mejor que no fueran perseguidos.

El camino nos dio paso a una pequeña mansión, de no mas de cinco habitaciones al juzgar por el numero de ventanas, algo vieja pero muy cuidada. Nos paramos en la puerta y tocamos, esperando que alguien nos abriera. En lugar de eso, note como algo impactaba contra mi cara a no mucha distancia.

Cuando me di la vuelta hacia el lugar de donde provenía el disparo vi a un chaval rubio y nariz un tanto extraña salir corriendo tirachinas en mano. No debía tener más de cinco años. Me sobe la cara y sentí algo viscoso. Mire lo que parecía restos de huevo en la palma de mi mano. Brook se aguantaba la risa mientras la puerta se abrió. El mayordomo, una especie de hibrido entre humano y oveja nos abrió.

- Buenas tardes, caballeros.- Nos dijo.- ¿Qué desean?-

- Buenas tardes.- Contesto Brook quitándose el sombrero.- Vengo de parte del alcalde a ver al capitán Ussop.-

- ¿Puedo conocer su nombre?- Pregunto el mayordomo.-

- Brook.- Contesto mi colega.- Y el es mi acompañante, Kyo.-

- ¿Desde cuando soy tu acompañante?- Pregunte molesto. El mayordomo entonces se fijo en mi cara.

- Un chico de cinco años con un tirachinas, ¿Verdad?- Pregunto mientras me tendía una toalla que parecía estar estratégicamente preparada.

- ¿Quién es, Merry?- Una voz femenina se oyó desde lo alto de la escalera principal. Por ella bajaba una mujer rubia y tez algo pálida. Caminaba de forma dificultosa debido a su enorme barriga. No era medico, pero mi intuición decía que si no rompía aguas pronto aquello se tendría que provocar.

- El señor Brook y su acompañante han venido a ver a su marido, Kaya-san.- Explico Merry.- Por cierto, el señorito Yassop ha vuelto a encontrar el tirachinas.-

La mujer suspiro con paciencia. Al parecer su retoño era un quebradero de cabeza.

- Discúlpenle.- Nos dijo.- Solo trata de emular a su padre.-

- De tal palo, tal astilla, supongo.- Contesto Brook.- Señora, no se si es inmiscuirme demasiado, pero incluso estando en estado de buena esperanza es usted muy hermosa.-

- Ya me dijo Ussop que era un galán.- Replico Kaya.- Lo que no me dijo es que tuviera piel.-

- Retoques para pasar desapercibido.- Tercie.- Se lo explicaríamos detalladamente pero…-

- No se preocupen.- Dijo.- Mi marido les atenderá enseguida.-

Nos llevo por un pasillo al paso que le dejaba estar su estado. Me fui fijando poco a poco en las paredes. Había cuadros bastante antiguos, algunos de muy bella factura. Sin embargo, fue cuando llegamos a una sala donde me sorprendí. En ella estaban colgados a tamaño considerable los carteles de “Se Busca” de toda la banda del Sombrero de Paja. En el centro se disponía una gran mesa, con un número de sillas equivalentes a cada uno de los miembros. Solo una de ellas estaba ocupada.

El capitán Ussop tenia también esa nariz extraña que le había visto al crío, pero sus cabellos eran de un negro oscuro, aunque asomaban ya algunas clarianas y algún que otro cabello blanco. A su diestra se veía claramente un tirachinas tamaño gigante, así como una bolsa llena de objetos que no quise identificar.

- ¡Yohoho, Ussop-san!- Chillo Brook sorprendiéndome.- ¿Cuánto hace que...?-

Sin embargo, Brook no pudo acabar la pregunta. Ussop le detuvo con un dedo. Su gesto denotaba cierta seriedad y resquemor ante su antiguo camarada. Una de dos: O no se fiaba del aspecto de mi amigo, o aquel era una especie de prueba final.

- Silencio, caballero.- Le ordeno.- Antes de que haga cualquier cosa depositen sus armas encima de la mesa.-

Por instinto deje las pistolas donde me dijo, mientras que Brook dejo… ¿Su bastón? Aquello no lo entendía. Sin embargo, me sorprendió ver que la empuñadura podía sacarse y relucía una mellada espada.

- Hace años que no la uso.- Insinúo Brook a su compañero.

- Aun así necesito mas pruebas.- Continuo el tirador de los Sombrero de Paja.- El Brook que yo recuerdo no tenia piel.-

- ¡Papa es un mentiroso!- La voz del crío sonó al otro lado de la habitación.

- ¡Yassop!- Le increpo finamente su madre.- ¿Qué te he dicho de disparar a extraños?-

- Si fuese quien dice que es no tendría ni cara.- Continuo el chaval, haciendo caso omiso de su madre.- Papa era un mentiroso antes y lo es ahora.-

- Tu padre no es ningún mentiroso, jovencito.- Le corte.- Y te lo puedo demostrar.-

- ¿Ah si?- Pregunto con cierta altanería.

- Ven y cierra los ojos.- Le pedí. El chico me miro extrañado, pero accedió.- Ahora pon las manos abiertas con las palmas hacia arriba y júntalas.-

Aproveche aquel momento para hacer señales a los demás presentes para que se mantuvieran en silencio. Mientras el crío esperaba, fui sacando de Brook los ojos de cristal, así como las orejas y la nariz postiza; colocándolas en forma de cara en las manos del crío. Cuando solo quedo el plástico de la cara, Brook se quito sus manos – guantes, mostrando sus huesudas manos.

- Abre los ojos y mira tus manos.- Le pedí a Yassop. Cuando lo hizo y vio que Brook no tenia cara, y que su cara la tenia el en sus manos, se puso pálido y pego un alarido de miedo. “Venganza, dulce venganza”, pensé para mis adentros.

- ¡Brook, viejo camarada!- El tono de Ussop había variado. Se había quitado un peso de encima.- Lamento hacerte pasar por esto, pero es necesario.-

- No te preocupes.- Le dijo mi colega.- Toda precaución es poca. Aunque si le hubiese pedido las…-

- ¡Ni te atrevas, pervertido!- Le corto Ussop dándole una colleja.- Que es mi mujer y esta esperando otro hijo. Un susto como este la puede alterar.-

Entre risas, Brook me presento como su compañero de viajes. Ahora estaba delante de dos Sombreros de Paja, la familia de uno y dos mas junto con su banda pirata venían de camino.

Iba siendo un buen momento para volver a entregar el sake de Binks.
:) :| :P :astuto: :joint: :oops: :roll: 8) :skull:
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

@Terreis: Así que has vuelto a los orígenes con el nick... Espero que eso no signifique una nueva vuelta de tuerca y que Alira resucite de las entrañas del mar para volver a ser Terreis, refundar los Dark Hunters y dejar a Ghorry como un idiota por haber dicho que sí, que era definitivo... ¿O realmente lo espero? No... No lo espero. Sería una vuelta de tuerca demasiado chunga... Bueno, ya me pasaré por tu otro fic en cuanto tenga un momento libre ^^

Ahora a comentar:

@Kuro: Creo que la sangre, las espadas y las escenas de acción son a ti lo que a mí los historiadores, los enigmas del pasado y... ya, creo que ya. De todas formas... ¿sólo un millón de Berries por eso? Bueno, hay que decir que ese asesinato no lo convierte en pirata y, por tanto, no tiene mucha importancia para la Marina, lo cual hace que la recompensa no sea tan grande como la de alguien que, como Rido, por ejemplo, ha matado a un Capitán. Aún así, 1 millón me parece corto.

@Sandman: Cuando estaba pensando que Sandman sería un buen apodo para un logia de la arena (o para un loco con el pelo teñido de rubio, una camiseta negra y una vara de pino), lo de San D. Man me ha sonado un poco forzado. No es que no me guste. Me resulta forzado (y me suena a San do kan xD). Sí, vale, que lo mío es una obviedad, pero bueno... De todas formas, el capítulo en general y el personaje en particular me han gustado mucho. Espero con ansia tus comentarios ahora que lo has leído todo y también espero ver más de las aventuras de San D. Man y de cómo vienes tras nosotros.

@Ramsus: Espectacular narración de la batalla. Sí, señor. :ok: :aplausos: Y muy divertida la pelea con Sakuragi... Y ahora vendrás a por Silver... La cagamos... ¡Mamá! ¡Miedo!

@osin: La primera parte, la de las escenas alternadas, me gustó bastante más que la segunda. Aún así, todo el capítulo es increíble. Me ha encantado, quizás el que má de todos los que he leido hoy. La cosa se pone interesante. Muy interesante.

@H23: A ti ya te lo comenté ayer por MSN así que como que ya paso de comentártelo hoy. De lo que sí me he dado cuenta a posteriori es que tu descripción de la familia de Usopp choca con la que había hecho osin (sí, fallo mío por no decírtelo ayer). No mucho, pero bueno. Según esto Kaya y Usopp aún estaban sólo prometidos y en espera del primogénito... En cualquier caso... a mí me da igual xD

@Silver: Estoy preparando algo, pero todavía nada importante. En cuanto tenga más o menos preparado te lo mando por MP, a ver si te ayuda con tu atasco y si no te entorpece mucho ^^
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

rido escribió:@Terreis: Así que has vuelto a los orígenes con el nick... Espero que eso no signifique una nueva vuelta de tuerca y que Alira resucite de las entrañas del mar para volver a ser Terreis, refundar los Dark Hunters y dejar a Ghorry como un idiota por haber dicho que sí, que era definitivo... ¿O realmente lo espero? No... No lo espero. Sería una vuelta de tuerca demasiado chunga... Bueno, ya me pasaré por tu otro fic en cuanto tenga un momento libre ^^
Por que halla cambiado de nick, no significa que mi personaje lo valla hacer :P Terreis no va a volver, ni refundara los Dark Hunters eso ya forma parte del pasado. Ahora hay que mirar al presente y procurar un futuro a las nuevas generaciones :P

Comentemos:

@Osin: sin duda este capitulo es que el que más me a gustado, de todos los que llevas escritos. Lo de los Tenryuubitos ha sido :shock: , vamos me han dado hasta pena. Un magnifico capitulo.
@H23: bienvenido de nuevo :neko: Ese Brook sigue en su linea por mucho que pase los años, al igual que Ussop y sus mentiras, jejeje. Un capitulo bueno.
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Long_Jhon_Silver
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Gracias San Rido por favor concedido...

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

Sí, así es, gracias al excelente back up de mi querido amigo Rido, por fin he decidido que quitar y que poner en mi siguiente (y retrasado) capitulo. de hecho, he tomado algunas frases literales de sus sugerencias para adaptar mi especie de capitulo de relleno, que ojo, igual deja entrever alguna cosilla. Así, sin más dilación (que ya casi entero un mes sin poner nada) he aquí la bestia:
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Cap. 39: “Antes de Partir”

Rido se había retirado a dormir, llevando en su rostro la marca de la duda. A que se refería Silver cuando hablaba de aventuras. El capitán de los Outlaws había leído de él su desconcierto, como si su nuevo amigo fuese un libro abierto.

--¿Vas a dejar que se vaya a dormir sin contarle todo lo que sucede?—Pregunto Mijok
--Es mejor así. Darle sólo algunos datos y ver si es tan curioso como parece—
--¿Y eso es malo? Digo, eso de ser curioso--
--No, para nada. Es sólo que en cierta forma este muchacho me recuerda a mí. Pero bueno, dejemos eso para otra ocasión, creo que es hora de irse a dormir—
--Claro, claro, como si no supiera que ese acto dejo de ser normal para ti—Le reprocho Mijok.

Silver lo miro mientras se levantaba desde su asiento, acomodando su chaqueta se encogió de hombros y se volteo, mientras decía:

--Hay muchas cosas que dejaron de ser normales para mí. Pero eso no te incluye a ti, así que ve a dormir—
--Es una orden o una petición—Volvió a preguntar Mijok
--Como si importase contigo, si al fin y al cabo se que no dormirás nada. Sabes, tu querida novia tenía razón, definitivamente soy una mala influencia—

Contrariado al oír aquello, Mijok intento decir algo, sin embargo prefirió guardar silencio, ya que ese tema era uno de los que prefería no hablar.

--Buenas noches Mijok—Dijo al fin Silver y se fue sigilosamente por la puerta.

Rentarou se había quedado dormido mientras hablaban y Eratia había partido momentos después de que lo hiciera Rido. Tal como pensaba Mijok, Silver no dormiría esta noche, era extraño, pero desde que volvieran de aquella tormenta, ya no sentía sueño, y las noches eran un territorio fértil y vasto para dedicarse a buscar la solución a todo este desconcierto. La voz no había vuelto desde que derrotasen al rey del mar, sin embargo sabía muy bien que esta aparecería nuevamente. Caminaba por uno de los pasillos del vacío cuartel mientras pensaba en esto, dejándose envolver por el silencio que reinaba aquella noche, una blanca luna dejaba ver su luz rasgar el velo cerrado de las sombras, y todos los seres nocturnos y también Silver la podían ver sostenerse sobre el cielo. Al salir por fin por una de las puertas traseras del cuartel vio apoyadas sobre el barandal de uno de los balcones dos figuras, que merced a la luz reinante eran perfectamente reconocibles para él. Esa noche no era el único que no dormía; pensó; y se sintió culpable al pensar que su próximo paso tras Barbarossa, podía quizás ahogar un nuevo amor. Amor, como se arrastraba esa palabra en su mente, que vocablo más sinsentido era en ese momento para él. Hizo un esfuerzo por recordar su relación a ese sentimiento, pero no consiguió ver nada. Instintivamente se palpo el pecho, como buscando allí la causa de tal indiferencia, sin embargo pudo sentirlo, latía como cualquier otro su corazón, y sin embargo parecía inmune a aquella palabra y todo lo que significaba. Inspiro profundamente llenando sus pulmones de aire, sintió su cuerpo tensarse a una orden de su inconsciente y se dijo:

--Al menos aún estoy vivo—

Y se perdió en la noche, con rumbo desconocido.

Amanecía en Red Village, la luz del alba barría a las últimas sombras de la noche que escapaba, una brisa fresca se dejaba sentir y corría por todas partes, y en el cuartel ocupado por los piratas, comenzaba un nuevo día. Mijok, buscaba por todas partes a su capitán, el cual parecía no estar en ningún lugar del cuartel, esa era una de las manías de Silver, que más le molestaban a su segundo de abordo, la capacidad para ocultarse de su irritante capitán.

--Maldito niñato. De verdad que a veces me pregunto porque demonios lo acepte como mi capitán—Decía Mijok en voz alta
--Porque no hay nadie más que pueda ofrecerte aventuras tan extrañas como las que yo consigo—Le respondió Silver, apareciendo tras él.
--Ahora que lo recuerdo, es sólo porque eres el único que me ha vencido—
--Ah, sí bueno, eso también. Pero yo creo que no cuenta—
--Claro que sí, y ya verás, un día por fin podre recuperar mi honor—
--Es necesario que hablemos de ese asunto ahora—Pregunto algo hastiado Silver

Mientras hablaban habían llegado hasta el comedor enfermería, donde todos se reunían. Mijok iba a contestarle, cuando oyeron las voces de los demás, así que mejor cerro la boca y volvió a guardarse el tema para otro momento. Al verlos, los demás se acercaron hasta ellos.

--Buenos días señores, señoritas—Dijo Silver inclinando levemente la cabeza

Todos respondieron a los saludos del capitán. Silver se fijo en aquella mujer, Estella, quien poseía una belleza particular, y se pregunto qué sería lo que pensaba ahora. De pronto cruzo su mirada con la de él y la bajo rápidamente; al parecer su presencia le molestaba.

--Y bien capitán, que es lo que haremos—Dijo As
--Pues, ya que hemos conseguido reunirnos con Rentarou, y que la gente en esta isla nos ha dejado un tiempo en paz, creo que es momento de visitar ciertas ruinas, que nuestro amigo descubrió en su niñez—Dijo mirando al ex marine
--Ah por supuesto. Yo les llevaré hasta allí. En esa época nunca entendí que significaban, sin embargo ahora que lo relaciono con todos los demás lugares, creo que al menos ya sé que puede ser—
--Pero antes—Dijo Silver—Necesitamos aquella pieza que obtuvimos en Atonar; por favor—
--Aquí esta—Dijo Seiji, sacando un trozo de tela desde uno de sus bolsillos y acercándoselo a Silver

Este estiro la mano para tomar el pequeño paquete, lo desarmo y apareció ante él aquella especie de esfera que habían obtenido bajo la biblioteca de la Academia. De piedra blanca relucía ahora bajo los primeros rayos del tímido sol que entraban por una de las ventanas. Silver la estudio detenidamente y al hacerlo, la giraba entre sus dedos. Luego de un momento, volvió a ponerla en el trozo de tela y la guardo en uno de sus bolsillos.

--Bien, es hora de partir—Dijo, y luego agrego—Vendrán conmigo As, Roca y el profesor; Mijok, tú te quedaras a cargo del barco y del resto—
--Yo también iré—Dijo entre amenazante y temeroso Miguel
--Bueno, si así lo quieres—
--Silver, yo también quiero ir—Dijo entre suplicante y desesperado Rentarou.

El capitán lo miró detenidamente, como estudiándolo. Su amigo estaba bastante mal, y a pesar de todos los cuidados que le habían prodigado, no era ni la sombra del hombre entero y sano que siempre había conocido.

--Sé muy bien que te mueres de ganas por venir—Le dijo Silver—Sin embargo, sé muy bien también que no estás en condiciones de lanzarte en esta empresa…--
--Pero Silver—Lo interrumpió Rentarou—Yo quiero ir; he estado demasiado tiempo sin hacer nada y esta sería una buena oportunidad para estirar las piernas—
--Pero esta vez no es mi decisión. Si tu amable doctora o tu hermano lo permiten puedes venir; pero ellos tienen la última palabra—

Estella miro sorprendida a Silver, un capitán que ponía a unos desconocidos sobre sus órdenes era bastante extraño, pero más aún si eso significaba prescindir de uno de sus mejores hombres. Definitivamente los piratas reales; o estos al menos; no eran como los que describían en las clases de la academia militar.

--¡Quiero ir!—Dijo Rentarou
--No, no quieres—Le respondió Estella, dejando de lado sus pensamientos. Al mismo tiempo se concentraba y creaba una especie de grilletes alrededor de los pies del porfiado ex marine.

Rentarou se enfrasco entonces en una discusión con la doctora, en la cual intentaba por todos los medios demostrar que se encontraba perfectamente bien para ser parte del grupo de avanzada. A lo que la doctora rebatía con más y más vehemencia. Silver no prestaba atención, ya que el dolor en su pecho lentamente volvía a aparecer, le quemaba y le carcomía, y aquella sensación ya tenía sentido ahora. De pronto, Una fuerte tos detuvo la perfecta defensa de Rentarou, lo que fue aprovechado por los doctores para mandar por el suelo su intención de participar. No podemos perder a nadie más, pensó Silver y se concentro para evitar que el dolor le molestase demasiado.

--Vale, vale…--Se dejo oír la voz de Rido, quien intervenía para poner fin al alegato—Vamos a dejar eso de morir y no morir para otro momento ¿De acuerdo? Aquí nadie va a morir… Hoy no, al menos– Dijo y luego añadió--Renta, ya has escuchado a Estella… Tú, no seas tan dura con él, ¿vale? – Hizo una pausa y mirando a Silver dijo al fin – Sólo quiere ayudar – Y antes de que nadie más dijese nada, termino de decir– ¿cuándo salimos?—

--Entonces vienes—Dijo sonriendo Silver
--Así es. Quiero ver con mis propios ojos a que te refieres con todo eso que mencionaste anoche—
--Esta decidido entonces. Eras el único que faltaba…--
--Pero sin mí no podrás llegar hasta las ruinas…--Tercio Rentarou, como jugándose su última posibilidad de ser parte del grupo—Sólo yo sé cómo llegar allí—
--Tú y tu hermano—Lo corrigió Mijok

Rentarou cambio drásticamente su rostro, ahora si había perdido, no tenía más argumentos para rebatir aquello. Sin embargo había aún una posibilidad

--Pero él no puede llevarlos, los aldeanos pensaran que también les ha vendido…--
--No será necesario que venga—Dijo al fin Silver—Ya he solucionado ese problemita durante la noche, así que creo que esta vez no necesitaremos un guía. Además, es mejor que él esté aquí, por cualquier cosa—
--Así que eso fue lo que hiciste—dijo Mijok
--Sí, digamos que me dedique a visitar la isla—dijo esbozando una sonrisa maliciosa el capitán, y acomodándose la chaqueta, tomo aire y dijo—Vamos entonces--

Continuará…
Bien, eso por ahora...La próxima semana pondre lo que sigue, lo cual gracias a todo lo que ya tenia escrito y que he editado gracias a Rido, no tardaré tanto en subir. Saludos y nos leemos.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Bien, creo que mi terqueza de ir a explorar cuevas en silla de ruedas o siendo cargado por alguno de los demás ha llegado hasta aquí... Ni modo, me resignaré a quedarme en cama mientras los demás se divierten... :cry: Aunque eso sí, siento que de ese modo no podríamos seguir con el otro plan (*silba*) pero por mí mejor, ya que ahora mismo considero el otro plan bastante hortera y demasiado masoquista (si, ya saben los exploradores de qué hablo...).

Y como siempre, a pesar de lo corto que pueda parecer, nos dejas más intrigas sobre lo que le ocurre al capitán y la relación que tiene este con su segundo a bordo (me huele que pronto tendremos un flashback de ese asunto :) ).
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Gran capi, Silver. Me alegro de que te haya servido de algo lo que escribí yo. Ahora a ver si esta tarde, ahora que ya hemos vuelto del puente, me da tiempo a terminar mi parte y así no andar muy desequilibrados (que luego nos aparecen capis de 20 páginas por ahí para compensar ausencias :roll: :roll: ). Tengo que revisar parte de la escena que ya estaba montada, que has metido unas variaciones bastante interesantes, y... luego quedamos como habíamos hablado.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

@ Rido: Otra vez muchas gracias, ya ves, las variaciones son porque adapte lo mio a lo tuyo y al final termino quedando eso. Así que espero que pronto subas lo tuyo, para yo poner lo mio que como dije ya lo tengo bastante avanzado. Y a ver si el resto hace acto de presencia....

Bien, a ver si se mueve más este tema...Eso, nos leemos.
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