¡Genial! Iba a mandar un mensaje en el cual, decía que no iba a poder presentar el relato... y el plazo se alarga.
Dejé el trabajo y la inspiración para el penúltimo día y ocurrió lo qute tenía que pasar, no escribí nada legible. Apenas 4 líneas.
Para el día 5, espero tener algo. Que vaya bien.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
EL MEJOR CASO
Era invierno en una pequeña ciudad del norte de Francia. Un joven detective comía un triste plato de arroz junto a una vieja taza de café , el negocio no prosperaba, hacía tres meses que nadie solicitaba sus servicios. Lo que le obligo a hacer pequeños trabajos por una miseria para poder comer un día más. Sus padres murieron y los demás familiares no querían saber nada de el, así que no podía ir a vivir con nadie, y sus amigos no podían prestarle más dinero.
Entonces fue cuando entro un encapuchado a su vacio despacho, y le enseño un maletín lleno de billetes. Todo seguido le dio una carpeta .
-Encuentre al hombre de la foto, en la carpeta hay información sobre el. Una vez lo encuentre llévelo hasta aquí y este maletín será suyo –dijo el hombre encapuchado con su ronca voz.
-Emm… De acuerdo, acepto el trabajo- le contesto el detective.
A continuación el misterioso hombre se fue. El detective abrió la carpeta, examino la foto y se puso a leer el informe. Se sorprendió al descubrir que el hombre al que buscaba era el hombre más rico de Francia según el informe. El trabajo iba a ser difícil, el hombre iba escoltado día y noche por media docena de guardaespaldas armados hasta los dientes, Incluso el propio Hugues (el rico) iba armado. Tendría que vigilarlo día y noche hasta que se descuidase, y poderle dispararle un dardo tranquilizante para dormirlo y llevárselo.
El detective tuvo la suerte de encontrarse un diario donde ponía el domicilio de Hugues (la noticia trataba el asunto de su colección de obras de arte sospechosamente iguales a las que habían desaparecido del museo, aunque no pudieron encontrar nada debido a que las obras ya no estaban en su casa cuando la registraron) ya que en el informe no la ponía y el no iba a ponerse a preguntar por lo sospechoso que resultaría que preguntase sobre la casa del hombre más rico de Francia antes de su posible desaparición, sería el sospechoso número uno.
Encontró la mansión de Hugues después de varias horas viajando en el metro y caminando.
La mansión tenía un jardín inmenso, entonces fue a dar una vuelta por el perímetro de la mansión, sabía que estas construcciones tan grandes solían tener algún sitio por donde entrar fácilmente. Anduvo varias horas hasta que encontró un pequeño agujero por donde entro sin muchas dificultades, debido a su delgado cuerpo. Se subió a un árbol y saco sus prismáticos, dejo la abultada mochila, que contenía varios paquetes de papas, rosquilletas, un par de botellas de agua y un paquete de seis vasos de café para llevar, al lado de el colgada de la gruesa rama.
Durante el primer día descubrió que hacia un pequeño paseo de unos 15 minutos cerca de la puerta de la mansión, paseaba por un camino de piedra y volvía. Había descubierto algo importante ahora dormiría un poco.
Por la mañana capturo un pájaro y por la noche cuando Hugues volvió a salir a pasear, soltó al pájaro, el cual le dio un susto, pero Hugues no saco ninguna arma ni salió ningún guardaespaldas a pesar del gritito de Hugues.
Cuando Hugues entro en la mansión, el detective, bajo del árbol y se puso a cortar con una sierra, que había conseguido en el pueblo durante el día junto a un poco de agua, un trozo de de verja para poder llevarse a Hugues hasta el bosque donde había preparado una carretilla para llevárselo, tenía toda la noche para llegar a casa.
Así pues cuando cayó la noche y Hugues salió a pasear el detective cogió su cerbatana y le disparo un dardo, bajo del árbol y se lo llevo. Una vez en el bosque lo puso encima de la carretilla y empezó a arrastrarla. Habían pasado más de veinte minuto así que ya deberían estar buscándolo. Tiro con más fuerza de la carretilla.
Cuando empezaba a amanecer amordazo y ato a Hugues, y se lo llevo a una cueva que conocía bien. Se escondió allí hasta que volvió a hacerse de noche y continúo hacia la oficina.
A las cinco de la mañana llego a su casa. Saco su móvil y marco el número de móvil que le había dado el hombre misterioso, sonó el teléfono de Hugues, y este sonrió. Volvió a llamar y sonó otra vez el teléfono de Hugues.
El detective se preguntaba por qué ese hombre le había dado el teléfono de Hugues y no el suyo, tal vez le hiciese una visita cuando se enterara que había desaparecido. Hugues debería estar sediento así que le quito la mordaza y le dio agua.
-Eres bueno- dijo Hugues con una voz que le resultaba familiar.
Al detective aquella voz le recordaba a la del hombre misterioso. No seria…
-Tú me dijiste que te trajera hasta aquí? Tú eres el hombre encapuchado del otro día?- pregunto el detective.
-Si Jaques, soy yo, eres bastante bueno, serás mi espía personal y vivirás en mi mansión- le dijo Hugues.
-Porque yo? Y como sabes mi nombre?- pregunto sorprendido el detective.
-Porque eres mi primito, jajaja. Le contesto Huges.
Desde entonces Jaques fue el detective de su primo y podía comer cuanto quisiese, tenia mejor material para investigar, y durante una de sus misiones en el extranjero se enamoro de una joven y se casaron, pero eso es otra historia.
-Hola, venía por…
-Ah, usted es el agente español, ¿no?
-Catalán, de hecho.
-Por supuesto, siéntese, en breves momentos le atenderán.
Miguel Gancedo era, de hecho, nacido en Jaca. Pero en el Club, una de las premisas más importantes era “publicitar” Cataluña como un organismo futbolístico independiente, por si todo aquello llegaba a los oídos adecuados.
Se encontraba en una acogedora sala de espera en una oficina de Ámsterdam, decorada con réplicas de Van Gogh. Fotos de Cruyff, Gullit o Huntelaar habrían sido más evidentes, pero precisamente por eso menos sofisticadas. Uno ya sabía a lo que iba allí.
De hecho, Miguel sabía perfectamente, tal y como se lo había contado Sergi Segú, su jefe inmediato, que se encontraba allí debido a un ganso salvaje. Cinco días antes, un vuelo que conectaba Dakar con Ámsterdam se había topado con el desgraciado animal, teniendo que aterrizar en El Prat para efectuar reparaciones. El caos, ya habitual, del aeropuerto barcelonés, obligó al pasaje a esperar durante dos días para retomar el vuelo. Mientras tanto, dos individuos en particular elegían el hotel que los equipos de fútbol extranjeros preferían para concentrarse en Barcelona. Hotel plagado permanentemente de ojeadores de todos los clubes importantes de los alrededores.
Uno de aquellos individuos era la razón por la cual Miguel había recibido la firme petición de suspender momentáneamente sus vacaciones en Holanda. Se llamaba Hadji Akpoborie, tenía doce años, había nacido en Togo, y era la futura gran estrella del fútbol mundial. O así había dicho el agente que lo acompañaba, Tony Kupkiba, a las órdenes del gran gurú del fútbol africano, el senegalés Guillaume N’Diema.
Kupkiba había hecho lo que tarde o temprano hacen todos los agentes que trabajan para otros agentes: intentar sacar tajada. Consciente de dónde se hospedaba y de quién le rodeaba, decidió que el club holandés propietario de los derechos de su representado no era lo suficientemente bueno para él. Y aunque dicho club pagaba generosamente a la familia del chico, con un porcentaje suculento para el señor N’Diema, Kupkiba no veía demasiado de esas cantidades. Así que empezó a pregonar la mercancía en aquel avispero con habitaciones de lujo.
Media hora más tarde, Miguel salió del despacho del director técnico holandés con un suculento preacuerdo. Era curioso cómo todo se hacía a espaldas de los acuerdos internacionales. Los clubes apoyaban a organismos como la FIFA cuando éstos proponían normas sobre la protección de los canteranos, pero luego, buscaban las vueltas para evitarlas. ¿Que no se podían pagar traspasos por jugadores de ciertas edades? Pues se “gratificaba” al club de origen con un fichaje innecesario. ¿Que había límites en cuanto a salarios? Pues se negociaba con contratos publicitarios en el futuro. La enorme cantidad de dinero que movían los fichajes de promesas era sobre todo, virtual, y precisamente por eso, era peligroso que el fichaje no prosperase.
Sonó el teléfono. Era Sergi.
-Gancedo al habla.
-¿Lo tienes, Miguel?
-Pues vamos bien, pero, claro, no te creerías que lo íbamos a lograr a la primera.
-¿Qué piden?
-Un porcentaje por los derechos de explotación de la imagen del chaval.
-Si no se van muy lejos, podría ser. Sigue.
- La consabida opción de recompra.
-Claro, para salvar la cara ante la afición, como si pudieran ejercerla.
-Eso, y por último, un contrato con una firma deportiva que les beneficie a ellos también. Vamos, que tenga un piquito “por derechos de formación”.
-No saben nada estos holandeses. Veré qué se puede hacer. Gracias, Miguel. Te prometo que si esto se hace, te quedas una semana más allí a gastos pagados.
-No será verdad esa mentira.
Miguel colgó mientras aún oía la risa de su interlocutor. Por lo que podía intuir, el Club estaba dispuesto a ofrecer lo pactado. Y probablemente Kupkiba sería mucho más fácil de convencer.
Un par de horas más tarde, Miguel paseaba por delante del Palacio Real. Había una larga cola de gente esperando a entrar en el museo de Madame Tussauds. El móvil sonó. De nuevo, Sergi.
-Miguel.
-¿Ya?
-Ha sonado la flauta, pero tendremos que ser cuidadosos.
-Cuéntame.
-La marca que nos patrocina tiene un delegado itinerante “casualmente” en Ámsterdam. -Hemos concertado una reunión, pero tendrá que ser un poco de incógnito.
Miguel puso los ojos en blanco. Sergi era de esos tipos que veían el peligro en todo lo que hacían.
-Vale, ¿qué tengo que hacer?
-Pues reunirte con él esta noche en el Barrio Rojo.
A las once, Miguel recorría las atestadas calles del Barrio Rojo. Sergi había quedado con el representante de la firma deportiva a “las 23:20”. Eran así de precisos siempre. Giró una esquina, y se encontró en la calle que buscaba. El número era el 45. Miró a ambos lados, buscando los números. Curiosamente, no había escaparates en aquella calle, y quizá por ello apenas había gente, quizá dos o tres colgados tambaleándose. Estaba a la altura del 12. Genial. Echó a andar por la oscura calleja, haciendo ruido con cada paso. Llevaba la mitad del camino recorrido cuando vio que de frente un hombre negro, alto, se acercaba a él decidido. Otro hombre caminaba un poco más distendido por detrás. Según se acercaba, comprobó que el negro miraba fijamente en su dirección, y empezó a inquietarse. No se atrevería a nada con un testigo detrás, pensó. Pero al acercarse más, el negro sacó bruscamente un enrome cuchillo del cinto, y lo blandió. Miguel se encogió, temiendo la puñalada, pero el corpulento atacante pasó de largo, y en cambio hundió profundamente su arma en el estómago de otro hombre que caminaba detrás, cerca de Miguel.
Echándose a un lado, totalmente pasmado, el agente oyó murmurar al atacado algo en francés, mientras veía que el tipo que iba detrás del atacante corría hacia él con algo en la mano que emitía un brillo azul. El navajero se volvió, apartó el arma agarrando al agresor por la muñeca, y le tiró al suelo con facilidad. Luego, le propinó una patada horrorosa en la cabeza, que hizo que Miguel se estremeciera al oír crujir algo (no sabía qué). De hecho, su ojo experto pudo comprobar que el tipo se había colocado como para tirar un penalti a romper.
El triunfante asesino se giró hacia él.
-¿Está usted bien? –Le preguntó en inglés. -¿Algún problema?
-N..no.
-Bien. Me llamo Gregory M’Boma. –Le tendió un papel, que Miguel recogió sin pensar. –Y no he estado aquí. Usted sí, y ahora va a llamar a la policía para decirles que se acaba de escapar de una pelea de yonkis.
Miguel asintió, totalmente pálido y sin tener el control completo de sus articulaciones.
-Mire, le prometo que estoy aquí para que a usted ni al niño les pasen nada, y eso hago. Ahora vuelva a casa, y por favor, olvídese de que me ha visto, y de lo que venía a hacer. Miguel volvió a asentir, y se marchó, buscando un teléfono público. Se giró una vez, sólo para ver cómo el extraño ex futbolista (ahora estaba seguro, al oír su nombre) registraba a los otros. No estaba seguro de que los hubiese matado, pero parecían bastante inmóviles.
Llegó a las dos a su hotel, a dos manzanas del Rijksmuseum. Afortunadamente, su estado de nervios hizo creíbles las mentiras que se inventó para la policía. Además, el inspector no parecía muy interesado en indagar. Parecía comprender perfectamente qué había ocurrido, y se mostraba crédulo y confiado.
Cerró la puerta de la habitación y se sentó apoyado en ella, respirando hondo con la cabeza entre las rodillas. Sintió calor y se despojó de la chaqueta, la corbata y los zapatos. Caminó descalzo por la moqueta, recuperando la serenidad lentamente, y se decidió a encender la luz de la mesilla. Reunió valor y curiosidad, y leyó el papel que le había dado el misterioso asaltante:
Hotel Merken
Amstelveen
Habitación 215
10:00 A.M.
Evidentemente, se trataba de una cita. Probablemente una que incluía explicaciones y más embrollos peligrosos a partes iguales. Pero ahora no tenía más remedio, puesto que había perdido la oportunidad de entrevistarse con Mr. Heyward, de la multinacional deportiva.
Durmió agitadamente, pero durmió al fin y al cabo, con el nombre de M’Boma dándole vueltas a la cabeza. Gregory M’Boma había sido un centrocampista de varios equipos de segunda fila de la Premier League. Nigeriano, no demasiado buen jugador, pero con un pateo de balón descomunal. Se había retirado a los veintinueve al detectársele una deformación congénita en la tráquea que podía dificultarle la respiración. El caso era que había jugado perfectamente al fútbol durante toda su vida, pero se había retirado al darse cuenta del riesgo que había corrido. No se había quedado en Inglaterra, había vuelto a África, y allí se había perdido su pista. ¿Cómo se habría convertido en esa especie de sicario?
A la mañana siguiente, domingo, había poca gente en el autobús a Amstelveen. Éste era el nombre de la principal ciudad dormitorio de Ámsterdam, al sur de la capital. Era una villa residencial de casas bajas y chalets adosados, con mucho ocio y servicios, y poca industria, cerca del aeropuerto de Schiphol. Por el camino, serpenteando entre calles y avenidas muy verdes y parecidas entre sí, Miguel llamó a Sergi. Éste, que por supuesto estaba despierto porque jamás dejaba de trabajar, le recriminó su ausencia de la reunión de la noche. Miguel le refirió el ataque, y Sergi cambió pronto de actitud.
-Vaya, esto no hace sino confirmar que es un pelotazo importante.
-Tiene que serlo.
-¿Y dices que te libró del marrón un ex futbolista africano?
-Efectivamente.
-Debe trabajar para N’Diema. Te digo una cosa, Miguel. Ten cuidado, porque el viejo Guillaume debe estar que trina con Tony Kupkiba. Puede que no le interese que los intermediarios de los clubes nos enfanguemos en el asunto, pero seguro que ese tipo va a por el descarriado.
Miguel no pudo por menos que considerar que Sergi podía estar en lo cierto. Le contó a dónde se dirigía.
-Bueno, vistas las circunstancias, no puedes negarte a ir, pero trata de darle largas, de no implicarte mucho, podríamos salir perjudicados. A lo largo de estos días trataré de convencer a los de la firma, y tú trata de que los holandeses tengan paciencia. Y si adviertes a Kupkiba de lo que se le viene encima, tanto mejor.
A las diez menos tres, entraba en el vestíbulo del hotel. Subió a la habitación, llamó, y le abrió la puerta… Tony Kupkiba.
Un minuto más tarde, Miguel tomaba un café sentado en la habitación, viendo jugar a la videoconsola a la joven perla, mientras Kupkiba y M’Boma discutían acaloradamente en algún tipo de dialecto africano. El chico no decía ni mu porque tenía los cascos puestos, oyendo música.
Poco después el ex futbolista se acercó a Miguel.
-Bueno, hemos llegado a un acuerdo. Tony la ha cagado.
Miguel miró a ambos hombres algo pasmado.
-Creo que ha llamado demasiado la atención, y eso les ha llevado a los otros hasta usted.
-¿Otros? –Contestó Miguel. -¿Quiénes son?
-Tony cree que son de un equipo del sur de Francia que trata de volver a levantar cabeza. Y tratándose de la Costa Azul, no me extraña que tengan esa actitud tan… agresiva.
Hablaba el que había rajado a uno y roto el cuello a otro.
-El caso es que ya puestos, Tony se ofrece a reparar el daño. Puede concertar otra cita con Heyward, y resolver lo de la firma deportiva por usted, pero yo tendré que acompañarle porque Heyward es el cebo de los franceses.
Miguel asintió, no demasiado convencido.
-¿Y yo?
-Usted tendrá que quedarse con el chico. –Contestó Tony. –Hasta que volvamos, solamente.
El agente se quedó mirando al ausente chaval que seguía masacrando alienígenas, o lo que fuesen, en su consola.
-No parece muy complicado.
-Claro que no lo es. –Replicó M’Boma. –No es una diva mimada como los europeos y los sudamericanos.
Diez minutos más tarde, los dos africanos se habían ido en el coche de Gregory. Le dejaron las llaves del de Tony, y Miguel se sentó al lado del chico. Se presentó, y el chaval le devolvió el saludo para después volver a su rutina.
Poco después, llamaron a la puerta. El agente se levantó, intrigado, y se acercó sigiloso a la puerta. Ya no se fiaba. Iba a abrir, cuando ésta se abrió de repente, reventada por una patada. Hadji, el chico, se levantó de repente, y Miguel cayó de espaldas al suelo. Un tipo alto, moreno y con barba, con modales de jugador de rugby entraba en la habitación. Miguel se revolvió, lanzando un taburete contra el desconocido, y agarrando las llaves del coche de Tony, siguió al chaval por la puerta de la terraza.
La terraza de la habitación, amplia y confortable, daba a un alto cedro que había en el jardín del hotel. Hadji saltó con la agilidad de su edad, y bajó por el árbol al suelo. Santiguándose, Miguel lo siguió, arañándose y retorciéndose al doblar las ramas con su peso. Encontraron el coche y subieron, arrancando en el preciso instante en que el grandullón salía por la puerta del hotel. Otro coche salió disparado tras ellos, y Miguel supo que tendría problemas. Tomó la autopista de circunvalación, en dirección noreste, y rezó por encontrar un desvío complicado. El coche perseguidor no se despegaba de ellos, pero además, tampoco hacía intento de alcanzarles. Miguel analizó la situación, mientras comprobaba una y otra vez que el chico estaba bien. Hadji estaba muy serio, pero por lo demás parecía mantener el control de los nervios.
Miguel razonó. Era evidente que no tratarían de hacerles daño mientras tuviera al chico con él. No querían estropear la mercancía. Pero si les daban alcance, separarían el grano de la paja, y a la paja le iba a doler. Enfiló por el ramal septentrional, el que atravesaba el puerto. Había múltiples puentes y túneles en aquella zona, en la que desembocaban numerosos canales de la ciudad. Con una idea en la mente, aminoró para amoldarse al tráfico de aquella zona. Los sicarios le siguieron más de cerca. En cada cruce, miraba a un lado y al otro, estaba decidido a vender cara su piel. Finalmente, a lo lejos, encontró lo que buscaba. Aceleró súbitamente, dejando momentáneamente clavados a sus perseguidores. Llegó a un puente sobre un canal, cuyo semáforo en rojo indicaba que se estaba levantando, y lo saltó. Las secciones del puente se abrieron más tras su paso, y los perseguidores no pudieron hacer nada más. Miguel suspiró, y pensó en algún refugio seguro.
Dos horas más tarde, Tony y Gregory se reunieron con ellos.
-¿Estás bien? –Preguntó el ex futbolista al chico. -¿Alguna lesión, algo?
Hadji contestó negativamente.
Gregory le tendió la mano a Miguel. Éste se la estrechó.
-Parece que cada uno ha sabido corresponder al trabajo del otro.
-¿Entonces hay acuerdo?
-Si, pero no puedo dejar de pensar que le han seguido, señor Gancedo.
-Imposible, iba solo en el autobús.
-Pues le han seguido.
-Estaba paranoico, ¿de verdad cree que no me habría fijado?
Miguel se quedó quieto de repente.
-¿Si?
-Sergi, asunto concluido.
-¿De verdad? –La voz del superior parecía sorprendida. -¿Ya?
-Si, sin duda. Sólo tienen una cosita más. Quieren que firmemos dos representantes del Club, y ellos harán lo propio. Para diluir responsabilidades. He dejado caer tu nombre y están muy ilusionados con la idea.
-Bueno, tengo un par de buenos amigos… ¿Cuándo?
-Mañana, a ser posible.
Dos días más tarde, la prensa holandesa se hizo eco de la aparición de un cuerpo flotando en el Prinzenhracht, el primero de los tres canales concéntricos, los más importantes de Ámsterdam. Miguel leyó la noticia en el vuelo de regreso, junto a Tony y a Hadji. Inquirió con la mirada al agente africano.
-Greg no es de los que dejen cabos sueltos, y me imagino que su Club tampoco aprecia a los traidores.
-No, no suelen. –Concedió Miguel. –Al fin y al cabo, es más que un Club.
Sentado en el interior de su Audi S4 color negro, con un cigarrillo en una mano y una cámara de fotos en la otra, Kyle observaba casi sin pestañear la vieja puerta de madera del portal que tenía en frente.
El suyo era un trabajo tremendamente aburrido. Más de una vez había maldecido el momento en el que decidió hacerse detective privado. En su mente infantil, los detectives eran gente con vidas interesantísimas, que investigaban a los grandes capos de la mafia, a los terroristas, o atendían a algún otro asunto de vital importancia para el mundo. A medida que fue creciendo, se dio cuenta de que el trabajo de los detectives privados no era tal y como él imaginaba. Aún así siguió decidido a encaminar su vida en ese sentido, más que nada porque tampoco había ninguna otra cosa que le interesase más. Y así acabó dirigiendo un despacho de investigación privada en pleno centro de la ciudad, cuyos únicos empleados eran él mismo y su secretaria.
Pronto descubrió que los encargos de un detective privado eran más aburridos aún de lo que él había supuesto. En alguna ocasión había llegado alguien con algún encargo importante, e incluso a veces las agencias de seguros habían acudido a él para que verificase el estado real de un supuesto accidentado en un caso de fraude. Pero por lo general los clientes solían ser gente rica que no tenían nada mejor en que gastar el dinero que en espiar a su hija para ver si se drogaba o qué hacia los sábados por la noche, o a su marido o mujer para saber si el era infiel. Como en este caso.
Kyle sacó un sobre marrón de su cartera para repasar las notas del caso de nuevo. Hacía un par de días, había aparecido en su oficina el marido, Ray Costa, un hombre bien vestido, bastante seco, y al que se notaba acostumbrado a moverse en las altas esferas de los negocios. Al parecer, el tal Costa albergaba sospechas de que su mujer, Iris, le estaba engañando, ya que al parecer más de una vez había vuelto a casa e Iris no estaba, a pesar de ser una hora ya tardía, le contestaba con evasivas cuando le preguntaba qué había estado haciendo durante el día y hasta había encontrado números de teléfonos en su agenda del móvil de hombres a los que él no conocía.
Por el modo en que hablaba de su mujer, como si ésta fuese una propiedad, a Kyle le pareció el típico hombre de negocios demasiado centrado en si mismo, que para lo único que quería a su mujer era para que le tuviese la cena en la mesa cuando llegase a casa y para que hiciera bonito colgada de su brazo en las fiestas. Pensó que a este individuo no le vendría mal que realmente su mujer le estuviese engañando con otro, pero un cliente es un cliente, de modo que Kyle sonrió, tomó notas, le pidió un par de fotos de su mujer, y lo tranquilizó diciéndole que fuese lo que fuese lo que su mujer se traía entre manos, él lo descubriría. Y allí estaba ahora, aparcado en doble fila delante de la casa de los señores Costa, esperando a ver si se producía algún movimiento. Durante toda la mañana, la única que había entrado en la casa era una mujer mayor de pelo corto y castaño que coincidía exactamente con la descripción de la madre de Iris Costa. Una hora después la señora salió del portal y, desde entonces, nada.
Kyle encendió la radio del coche. No le gustaba escuchar nada mientras trabajaba porque eso le desconcentraba, pero en esta ocasión iba a necesitar un poco de música para soportar el estar varias horas mirando la puerta de madera que permanecía inmóvil.
Justo cuando estaba tratando de sintonizar alguna emisora, salió del portal una mujer joven de cabello castaño y largo. Kyle la comparo con las fotos. No había lugar a dudas. Era Iris Costa.
Kyle se bajo rápida y discretamente de su coche, con la cámara bien escondida debajo de su gabardina y se dispuso a seguirla calle abajo. Iris caminaba a paso rápido, sola, poco arreglada y con un bolso normal pequeño y marrón. No tenía aspecto en absoluto de ir a encontrarse con su amante, pero en cualquier caso Kyle tenía que verificarlo.
Efectivamente, tal y como él suponía, el asunto ganaba interés por momentos: Iris había entrado en un supermercado. Kyle sopesó la posibilidad de dejar de perder el tiempo y volver a la oficina, a ver si había llegado algún encargo más interesante que comprobar lo que comían en casa de los Costa, pero finalmente decidió seguir a Iris a través de los pasillos del supermercado. Quién sabe, igual tenía un lío con el panadero.
Tras tres tediosos cuartos de hora, encuentro con las vecinas incluido, Iris dio por terminada su compra y salió con sus bolsas camino de su casa. En todo este tiempo Kyle no se había separado de su espalda más de veinte metros, pero ella no había advertido que la seguían. Se comportaba como una persona perfectamente normal que no escondía nada. Kyle la seguiría un par de días más, sólo para tranquilizar al marido, pero él estaba seguro de que Iris Costa le era perfectamente fiel, para su decepción.
Al pasar por encima del punte que llevaba a su casa, Iris se detuvo un momento. Kyle se escondió tras una esquina, temeroso de que ella se hubiese dado cuenta de que la estaba siguiendo. La había visto tan inofensiva que había olvidado todas las precauciones. Pero Iris no miró hacia atrás. Se limitó a contemplar el agua con ojos tristes durante unos instantes. Luego se dio la vuelta y continuó su camino.
Kyle se quedó observando como Iris Costa terminaba de cruzar el puente y continuaba calle abajo. Puede que no estuviese engañando a su marido. Pero algo extraño pasaba con esta mujer. Y Kyle, como buen detective privado, sentía la necesidad de averiguarlo.
Los días siguientes fueron tan tediosos como el anterior. Iris no salía de casa más que para hacer pequeños encargos. Pero siempre al volver se detenía en el mismo puente a observar el río unos instantes. Tenía una mirada triste y cansada., y a Kyle le daba la impresión que el motivo por el que miraba el río era porque quería que este se la llevara. En cualquier caso, lo que sospechaba el señor Costa era totalmente falso. Kyle había conseguido el registro de llamadas entrantes y salientes del móvil de Iris en el último mes. Bastantes llamadas de su madre, cuatro o cinco a una amiga, una de su hermano, y alguna más de asuntos sin importancia. Ninguna de ningún supuesto amante. Con la poca atención que el señor Costa le prestaba a su mujer, era posible que los números de teléfono fuesen de los familiares de Iris.
En cambio el señor Costa sí que parecía tener una agenda bastante más interesante. No salía del trabajo tan tarde como le hacía creer a su mujer, pero le gustaba darse una vuelta por algunos bares, a veces con sus compañeros del trabajo, a veces sólo. Kyle lo había descubierto en uno de ellos hablando con una señorita que no tenía aspecto de ser su compañera de trabajo. Al parecer él no se imponía a si mismo las mismas reglas que a su mujer.
La sexta tarde, cuando Kyle ya estaba a punto de volver a casa, sobre las nueve de la noche, Iris salió, bastante más arreglada que de costumbre. Se la veía nerviosa y, ahora sí, miraba a todos lados como si alguien la estuviese siguiendo. Kyle la siguió silenciosamente en el coche. Iris cogió el primer taxi libre que encontró, y Kyle continuó la persecución a través del tráfico de la ciudad.
El trayecto no duró mucho. Finalmente el taxi se detuvo a la puerta de un pequeño local de copas, bastante más distinguido que los que solía frecuentar el señor Costa. Iris se bajó del coche y entró al interior. Kyle aparcó el coche, esperó unos minutos y luego entró también en el local.
No había demasiada gente el interior. Unas cuantas parejas charlaban y tomaban algo en unas mesas, iluminadas por una tenue luz ambarina, y unos cuantos más se repartían a lo largo de la barra. Y en el centro, sola, enfundada en un precioso vestido blanco, sentada en un taburete, con los codos apoyados en la mesa y la mirada triste, se encontraba Iris.
Sin pensárselo demasiado, Kyle se sentó en el taburete de al lado. El camarero llegó rápidamente a atenderle.
- Póngame un wisky a mí y lo que quiera a la señorita.- pidió.
Iris levantó la mirada hacia él.
- Gracias, pero ya tengo bebida.- dijo señalando un vaso largo que descansaba en un posavasos delante de ella.
Kyle se encogió de hombros.
- Entonces que ésa corra de mi cuenta.
Iris sonrió.
- Es usted muy amable, pero no estoy interesada.
Decididamente Iris era una mujer extraña. ¿Qué había venido a buscar entonces a esas horas de la noche y en ese local?
- No me malinterprete, señorita. Sólo me preguntaba que hacía una mujer como usted en un sitio así sola.- le preguntó.
- ¿Le acabo de conocer y quiere que le cuente mi vida?
- En ocasiones uno se siente más cómodo hablando con un extraño. Hay cosas que no le podemos contar a la gente que nos quiere.
Iris lo miró con escepticismo.
- ¿Y por qué iba usted a querer escuchar mis problemas, a no ser que espere conseguir algo a cambio?
Kyle trató de componer su rostro más inocente, algo que le era difícil porque no recordaba haberlo sido nunca.
- Simplemente me gusta escuchar las hermosas desconocidas en apuros.
Sabía que sus palabras no habían conseguido convencerla, pero por suerte la soledad hizo el trabajo mucho mejor. Estaba claro que Iris estaba deseando poder sincerarse con alguien.
- Ya que insiste, estoy intentado que mi marido piense que le engaño.
Esa respuesta sí que Kyle no se la esperaba. Sin embargo, se dio cuenta rápidamente de que algo así era típico de Iris. En la semana que llevaba siguiéndola, estudiando sus gestos, sus movimientos, había llegado a conocerla.
- Seguro que ahora piensa que estoy loca.- dijo ella.
Kyle negó con la cabeza.
- Sólo bastante sola.
La mirada de Iris se perdió en el infinito.
- Yo trabajaba en la empresa de mi marido, ¿sabe? Era bastante buena en mi trabajo. Supongo que fueron mis buenos números los que llamaron la tención de mi jefe en primer lugar. Empezamos a charlar a menudo, cosas del trabajo, sin importancia, hasta que un día quedamos para cenar, y al siguiente y al otro… y al final me acabé enamorando.
"Nos casamos y empezaron los problemas. Siempre por culpa del trabajo. Que si pasas mucho tiempo allí, que si los empleados comentan que te favorezco, que si el chico de las fotocopias te mira mucho… tonterías. Creo que en realidad estaba celoso porque los jefes de él empezaban a ver que las cosas marchaban bien gracias a mí. Como fuese, el caso es que al final discutíamos tanto que me acabé despidiendo del trabajo. No tuve el suficiente valor para enfrentarme a él… ni para dejarlo.
Y ahora, después de todo a lo que yo he renunciado por él, ni siquiera me mira. Para él no soy más que un mueble de la casa. Me tiene a su lado porque es lo que queda bien en la sociedad a la que él pertenece, pero no porque me quiera realmente. Y harta de todo esto, se me ocurrió esta idea ridícula. Que si él pensaba que yo le estaba engañando, entonces quizás volvería a fijarse en mí."
- ¡Hasta me inventé falsos números de teléfonos de hombres porque sabía que él me registraba el móvil! Pero no parece que haya funcionado- suspiró Iris.- Las cosas siguen igual. Y aunque se lo hubiese creído, él es tan cabezota que seguramente contrataría a un detective para espiarme antes que admitir que tenemos un problema entre nosotros. Cree que nunca hace nada mal.
Kyle no sabía qué decir. La confesión le había pillado por sorpresa. Además, le sorprendía lo bien que Iris conocía a su marido, teniendo en cuenta lo poco que él la conocía.
- ¿Por qué no lo deja sin más?- le preguntó.
Iris sonrió tristemente.
- Ya se lo he dicho antes. No tengo suficiente valor.
Media hora después Kyle conducía por la autopista sin rumbo fijo, como hacía siempre que pensaba algo importante. El ruido del motor, la soledad de la carretera, le ayudaba a poner en orden sus ideas. Sabía que no debía mezclarse personalmente en un caso, pero esta vez las cosas se le habían ido de las manos. Había tomado una decisión.
Si Iris no era capaz de hacerlo, él lo haría por ella.
Ray Costa observó las fotos que el detective había puesto sobre la mesa. En ellas se veía a Iris paseando con un chico bastante más joven que él.
- ¿Son autenticas?- le preguntó a Kyle.
- Desde luego que sí.- mintió este. Le había costado mucho trucar las inocentes fotos de Iris paseando sola de manera convincente.
Ray Costa dejó las fotos sobre la mesa y paseó silenciosamente por la habitación durante un rato. Finalmente se acercó a Kyle y le tendió la mano.
- Muchas gracias. Ha hecho usted un buen trabajo.
- Se lo está tomando usted muy bien.- observó Kyle.
- Sólo me ha confirmado algo que ya esperaba.
- ¿Y que piensa hacer ahora? ¿Pedir el divorcio?
Ray miró a Kyle fríamente.
- No voy a darle a esa zorra la mitad de mi dinero. Me aseguraré de que no se ría de mi nunca más.
Ray desapareció por la puerta y Kyle se sentó en su silla pensando en las palabras de Ray.
Eran una amenaza. Aunque era poco probable que la llevase a cabo. ¿Se iba a arriesgar un hombre así a perder su posición por vengarse de su mujer?
Pero Iris lo conocía bien. Iris le había contado que la presionó para que abandonase su trabajo, a pesar de que era una de sus mejores empleadas. A Ray sólo le interesaba su ego y él mismo. Y ahora mismo su ego estaba muy dañado.
Kyle cogió su chaqueta y salió por la puerta. Ya que se había involucrado, lo haría hasta el final.
Iris Costa supo que algo iba mal en cuanto se encontró la puerta de su casa abierta. No había olvidado cerrarla, eso seguro. ¿Ladrones, tal vez? Es posible. Lo que no se imaginaba era lo que realmente se encontraría dentro.
Ahora estaba sentada en una silla de su salón, rodeada de policías que la interrogaban y sacaban fotos a su marido, que yacía en la alfombra con un tiro en la cabeza y una pistola de la mano. Los agentes discutían si había sido o no un suicidio. A Iris no le interesaba la conversación. Ella sabía que no era un suicidio, y sabía quién lo había hecho.
Lo sabía porque había encontrado una nota encima de la mesa, al lado del cadáver de su marido. Una nota que guardaba en el bolsillo, y que no iba a entregar a la policía.
Ultimátum
De forma invariable, una multitud de estalactitas se derraman sobre el lomo de los gatos. Éstos, ignorantes, con los cuerpos de los ratones entre los colmillos dejan un rastro de sangre en la nieve y me obligan a sacar el revólver vaciar el cargador asestar cuatro disparos seguidos en dirección al cielo. Escucho caer estrellas, entonces olvido mi trabajo, devuelvo las balas al tambor dentro del automóvil , me abrocho la gabardina, me acomodo en el asiento y espero. Debe estar a punto de... pero ¿me escuchas? Ah, pensé que estabas dormido.
Como le iba diciendo, ayer por la noche estuve en su casa y le aseguro que sortear golpes contra muebles de origen desconocido en la penumbra a las 4 de la madrugada es una tarea minuciosa y sólo posible si te aprendes el plano de la vivienda la tarde del mismo día. Las dos dormían y ¿sabe? su pelo negro se esparce alrededor de todo el dormitorio pero abarca la tela verde de su almohada y el pelo castaño de su hija no se esparce, se extiende entre la mesilla y la ventana azul y palpitan suave los dos corazones de gorrión durante el sueño y debieron palpitar en mi mano esa misma noche mas no fui capaz de, una vez recogidos los documentos, terminar sus vidas... De haberse despertado ella, quizá hablaríamos del aspecto de asfalto que desprende su bistec o del color a vómito de mis lentejas con chorizo... pero coma, coma con gusto, no trague saliva, no se retuerza en la silla ni acuda un momento al aseo, puede seguir comiendo. Siguen vivas.
¿Ve ese portal? Allí viven, debería volver ahora del trabajo, la niña come en el colegio lunes, miércoles y viernes. Ella comerá sola hoy.. ¿quiere que la invitemos a comer? No es un imposible, no estoy loco. La conozco y me conoce. Llevo 4 meses muerto, viviendo los días de otro hombre con otros apellidos, también robados. Observe mi dni... ¿No observa nada extraño?
¿Que todo cuadra?
Pero ¡¿acaso mi nombre comienza por pe?!
¡Sigues tonto amigo, tonto!
Espere, espere no se marche, no me deje solo... disculpéme. ¡Camarero, camarero! una balleta por favor. Las manchas de lentejas se van solas, no se dé mal y disculpe de nuevo... Han sido 4 meses de asistencia a las clases de repaso para inútiles que ella imparte en el instituto de la esquina, 4 meses levantando la mano para responder a sus preguntas, 4 meses bajo la piel de un estúpido y cuando por fin... ¿Cómo dice? Sí, sí, el de la esquina, a las 7 de la tarde comienzan las clases.
Cuando al fin me conoce y entro en su casa, y acaricio su pelo dormido con el cañon frío de mi revólver, sin querer recuerdo sus cabellos despiertos, sin querer la imagino en la escuela a las 10 de la mañana, entre autobuses rodeada de niños y niñas violetas que llevan guantes de colores, gritan, chutan la pelota, estiran la manga de sus abrigos (los niños, las clases de inglés y educación física, los catarros de la niña la obligaban a no fijarse en él, a no prestar atención a la furgoneta blanca que aparca en una de las esquinas del patio todos los días desde hace 4 meses).
Hombre, bonito es ¿no cree? He de asesinar a una desconocida pero estoy enamorado de ella por culpa de sus cabellos, por culpa de la interminable colección de libros que adornan su sala de estar, por culpa de su voz y de su olor y ¡me cago en Cristo! Los documentos ya están de nuestro lado así que ¿por qué matarla si las estalactitas que cuelgan como camisetas en una cuerda de tender, son capaces de hacerlo por mí? Olvide la poesía, perdone estas lágrimas.
Hoy me dijeron... sí, un café solo, por favor. Hoy me dieron un ultimátum, o sale ella en los periódicos o salimos los dos. Mire, mire, dése la vuelta, ésa es... ¿La ve? La de la barra de pan y los zapatos rojos, la que cruza ahora la calle. ¿Es guapa, verdad?
Tampoco se lleve a engaño conmigo, amigo, mis últimos encargos datan de múltiples desapariciones y de mujeres bellas desde balcones muy altos. Sí, no me mire así, soy bueno en esto. Este caso es distinto... será que envejezco a pasos agigantados, será que la luz de las ventanas a las cinco de la tarde en un hogar cualquiera no tiene la culpa ni de la sangre en las calles ni de... ni de los copos de aguanieve que empañan los escaparates cuando cierran las tiendas y se empañan mis ojos ante cualquier película de espías.
La pregunta que yo querría hacerle, señor, es ¿usted cree que ella sería capaz de escapar conmigo? ¿Si le explicase la situación, dejaría a la niña con su hermana y escaparía junto a un hombre de cincuenta años durante carreteras, mares y autopistas?
No me mire así, o le vuelo a la cabeza ahora mismo.
No lo repetiré dos veces, deje de mirarme así... (risas de él).
Era una broma, hombre (más carcajadas y todas provienen del interior de su boca negra), ¿quiere otro café? Yo tampoco, pague la cuenta que voy al aseo a quitarle el seguro al revólver. Espere un momento, una cosa más, usted hacia donde tira ¿a izquierdas o derechas? Bueno, da igual, acuerdése de comprar mañana todos los periódicos.
Ahora salgo.
Los participantes son Ghorrhyon, Juevescasi, FMG e Y.Noa, ¡suerte a todos! La fecha de entrega será el Sábado día 10, la misma en la que tengo que entregar una práctica de la uni (así estamos todos puteados xD).
PRIMER PUESTO: Y.NOA Y JUEVESCASI ---> Y.Noa (Iris): 3+2+3= 8, Juevescasi (Ultimátum): 2+3+3=8
SEGUNDO PUESTO: GHORRHYON (La promesa): 1+2+2=5
Tercer puesto: FMG (El mejor caso): 1+1+1=3
Felicidades a todos por sus relatos. Ahora los comentarios:
FMG escribió:
LA PROMESA
1 punto:
No me ha acabado de gustar del todo, hay mucho para decir poco… nose, le falta algo (palabras no XD). Un punto.
ULTIMÁTUM
2 puntos
Por que será que me da la sensación de que lo ha escrito Ghorrhyon XD. Bueno te ha sobrado el “ahora salgo” al final pero bueno. Se le mas repido, salvo en que no haces distinciones de Quien habla y hay que suponerlo, no indicas si habla uno u otro. Bueno no sabia si darte un o dos puntos, pero te doy dos puntos.
Iris
Winner 3 points
Me ha gustado bastante, la intriga me gusta y este tenia intriga. Si este mes se decide que el tema es libre o de amor, tienes que escribir un romance entre el detective e Iris XD (si en todos tengo que poner XD). Asi que sin duda alguna: 3 puntos.
EL MEJOR CASO
Antes de nada intentare adivinar de quienes son los relatos: la promesa de juevescasi, ultimátum de Ghorrhyon y el de Y. Noa, Iris.
Bueno pues escrivi el texto en unas dos horas con pausas, y los entregue hace mas o menos un mes por lo que me merezco un punto extra . Al principio tenia intención de que aqlguien muriera, luego que casi se llegase a matar a alguien y al final ha sido el único relato donde no ha muerto nadie, ya esta.
Y. Noa escribió:
Relato: El Mejor Caso
Puntuación: 1 punto
No está mal, pero no termina de cuajar. Todo sucede demasiado atropelladamente, no le habría venido mal un poco más de pausa. Hay algunas frases demasiado largas que se podian haber separado perfectamente por un punto. La historia empieza bien, pero el final no me termina de convencer. No esta mal, pero las otras dos me parecían superiores
Posible autor: FMG
Relato: La Promesa
Puntuación: 2 puntos
Me ha costado mucho decidirme entre darle la máxima puntuación a esta o a la siguiente porque las dos me han gustado mucho. Me ha parecido muy interesante la historia, no pensaba que un simple fichaje de un chaval pudiera dar tanto de sí, y sobretodo me ha gustado el final. No me imaginaba quien era el traidor, y menos que acabaría así. Además está muy bien narrada.
Posible autor: Ghorrhyon
Relato: Ultimátum
Puntuación: 3 puntos
Aunque la historia de La Promesa y esta me gustaban al mismo nivel, al final he decidido darle los tres puntos a esta por su originalidad. No es más que la típica historia del detective o asesino a sueldo que se enamora de la persona a la que debe vigilar, como tambien lo es la mía, pero el autor ha sabido hacerla interesante y diferente con el estilo de la narración.
Posible autor: Juevescasi
Iris
Esta es mi historia. Es bastante lenta y pesada, me enrollo mucho al princpio y sin embargo hago demasiado poco incapie en el final y en la relación de los dos personajes principales, que es lo importante. En cuanto a los personajes, el de Kyle si me gusta como me ha quedado, pero el de Iris no mucho. En fin, que no me convence demasiado como me ha quedado al final.
Y bueno, ya esta todo. Enhorabuena a todos
Ghorrhyon escribió:Bueno, ahí van las conclusiones:
Título: El mejor caso.
Puntos: 1
Lo mejor: Realmente, introduce bastante bien al personaje y la historia. Bien escrito, sobre todo al principio, y una ortografía bastante mejor de lo que hubiera creído en un principio (me hago viejo).
Lo peor: ¿Ein? ¿Por qué tanta precipitación? Describes demasiado a grandes rasgos lo que se supone que son astutas tretas, y precipitas el final, algo predecible, por cierto, añadiendo una información que no viene al caso, aunque sea "otra historia".
Autor: No conozco el estilo, así que FMG.
Título: Iris.
Puntos: 2
Lo mejor: Bien narrada y con el ritmo adecuado. La única que se ha tomado la molestia de prolongarse un poquito, para dar ambiente. El desconcertante desenlace queda muy bien.
Lo peor: Es más un texto de novela negra que de espionaje, tal y como yo creía que serían. En cualquier caso, la trama de fondo es romántica, y los personajes son un poco arquetípicos.
Título: Ultimátum.
Puntos: 3
Lo mejor: El ritmo sincopado al que nos tienes acostumbrados sí pega con las elucubraciones de un espía que se hace viejo. Vale, aceptamos barco. De todos modos, lo mejor es la idea, el argumento de la historia. También me gusta la idea del diálogo y el desenlace.
Lo peor: Corta, aunque sea impactante, es corta. Y una vez más, muchíiisimas metáforas, algunas que realmente no sé si vienen a cuento o qué (¿Gatos y estalactitas? ¿Ein?)
Autor: Paréntesis = Juevescasi.
Título: La promesa.
Puntos: Infinitos más uno.
He jugado con dos elementos interesantes, muy cinematográficos, que tienen presencia en todas las pelis de espías: una ciudad en la que todo transcurre y un doble agente. En estos tiempos de guerra no tan fría, es el dinero lo que mueve a los espías, y como también mueve muchas otras cosas, el espionaje puede aparecer en cualquier lugar. Así que en vez de espionaje industrial del clásico (Chúpate esa, Michael Crichton), nos movemos un poco de sitio. Espero no ofender a ningún barcelonista XD, aunque en ningún momento he dicho nada...
¿Se nota mucho que este verano estuve en Amsterdaaamm?
juevescasi escribió:El mejor caso
Puntos: 1
Comentario: Me gustó el plato de arroz y la vieja taza de café y el invierno en Francia, y creo que a este invierno se le pudo haber extraído más jugo (cuando espiaba al rico Hughes, ¿no se le ponían rojitas las orejas?). El final, no me agrada en absoluto, demasiado feliz. Me hizo gracia, dudo que no sea una broma, que el tipo se pusiese a cortar la verja con una sierra, así, sin más esfuerzo que "ris, ras", tal y como yo hacía los trabajos de manualidades, y me hizo aun más gracia la cerbatana y el dardo somnífero. Lo de "Luke, yo soy tu padre" es bastante similar a "Soy tu primito", y me recuerda a las telenovelas que terminan los capítulos con la frase "Y el hijo... es... de David Jesús!!!". Antes de mandar el relato, pásalo por el corrector de Word. En definitiva, el texto tiene detalles, pero éstos se ven superados por sus vicios y por la falta de profundidad del mismo.
La promesa
Puntos: 2
Comentario: VisÇa BarÇa!!! Me gusta el tema... el supernegocio en torno a chavales que hacen maravillas con la pelota, en detrimento de los clubes que los forman para después mirar cómo se los llevan. Me gusta el texto hasta que asesinan a un tipo, a partir de ese punto se me hizo confuso y no sabía quien perseguía a quien ni quien era Miguel ni cuál era su papel en aquel hotel ni en aquella ciudad dormitorio cercana a Ámsterdam. Se supone que un cúmulo de intereses económicos y deportivos rodean a la joven estrella, tras el cúmulo avanzan varios clubes y Miguel se ve inmerso en ese maremagnum. Pero no me gusta cómo se cuenta ni llegó a entender por qué dos tíos entran en la habitación del hotel y les encorren por la ciudad. Era previsible que cuando Miguel se quedase sólo con el chico, no jugasen a la Play sino que alguien vendría a buscarlos, a echar la puerta abajo demasiado previsible. Sin embargo, está muy bien escrito, perfectamente localizado y el tema se encuentra a la orden del día.
Iris
Puntos: 3
Comentario: Así que llega Kyle y se enamora de Iris y asesina a Ray. Bien, me parece bien. E Iris, simula que le pone los cuernos para que Ray se fije en ella y la valore. Perfecto. ¿Y las comas? en su sitio. ¿Y los acentos? también. ¿Está bien estructurada, te pierdes en algún punto? Pues... no. ¿Entonces? entonces, ¿qué? ¿Para ella los tres puntos? Ah sí, of course.
Era un buen tema este del espionaje. La primera ídea que llegó a mi cabeza fue la del relato que he presentado, la segunda fue ponerme en la piel de PandaMan y hablar sobre los mugiwaras... era una empresa importante, y grata, mas los días se me vinieron encima y me quedé con la primera (más sencilla). Es posible que mi relato, més o menys, adolezca de todos los vicios que encuentro en los demás, y sea corto, y que pudiese haber dado más de sí, sin embargo, tal y como queda me gusta. Por lo tanto ¿por qué extenderme más? Lo dicho, era un buen tema.
Bueno, primero quiero felicitar al co-ganador, Juevescasi. Si tienes algún tema pensado, te cedo en exclusiva el derecho a elegirlo, porque la verdad es que a mi no se me ocurre ninguno. Si no, pues ya nos pondremo de acuerdo, a ver si encontramos un tema bueno con el que se anime más gente.
Y a todos muchas gracias por vuestros votos y vuestros comentarios, y enhorabuena por vuestros relatos. Nos leemos el mes que viene ^^
¡Felicidades Y.Noa ! más allá, de puntuaciones y comentarios, el texto en verdad estaba muy bien escrito. También felicidades a Ghorryon, FMG, espero que se anime más gente para el próximo.
Y en cuanto a eso, pues... te has adelantado, te la iba a ceder yo a ti, mi mente se encuentra obtusa ¿aparcamos para mañana la elección del tema?
Un tema atractivo (pensé que el de espionaje lo era), que invite a participar... no sé.
Hala, ya saldrá algo. Y.Noa, si se te ocurre alguno lo decís, haré lo mismo. Ta lue.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
¡Hola!
Siento la tardanza; tras ponernos de acuerdo, el tema elegido para esta edición de relatos es:
La música μουσικη The music 音楽 La musique
Estaba al caer, y ha caído.
Desde... rockeros, hasta asiduos del jazz, desde historias suburbanas de violín, frío y hambre en la puerta de un Corte Inglés a úlitmos conciertos en el Palau de la música, desde las notas que salen de la casa del vecino los viernes por la noche a la loca que se despierta a las 5 de la mañana para tocar el piano a dentelladas.
Es casi, un tema abierto éste. Así que hala, a apuntarse.
En cuanto haya un mínimo de 4 (si fuesen 15 sería fantástico) participantes, conmigo e ¿Y. Noa? sólo faltan dos, se dará el pistoletazo de salida, se dirá que la fecha límite de entrega será a fin de mes (aunque se puede regatear), también se dirán las normas, el regalo y a escribir.
Hará falta un alma cándida que los recoja... y nada más.
Que vaya bien. Abríguense.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
Este de la música me parece un gran tema, espero que recuperemos algunos participantes de los habituales con un tema que puede dar pie a tantas historias distintas. Yo no participo, que bastantes cosas tengo que escribir ya (y no las hago xD), así que contad conmigo para recoger los relatos.
Buen, pues como es obvio, yo también participo. Y como ya han dicho mis dos compañeros, a ver si con este tema sale un poco a flote el concurso. La música se presta a todo tipo de historias así que animaos a participar!
Bien, da comienzo: ¡la 19º edición del concurso de relatos!
Tralari, tralara, tralari, tralara... tutuuuuuu (sonido de trompetas, que suenan así).
El cupo de inscripciones, está abierto... con las puertas de par en par.
Las condiciones pueden ser sometidas a cambios si alguien lo propone, todo sería cuestión de negociar.
¿Qué?¿Cómo?¿Dónde?
Para los que aún estén un poco perdidos, en resumidas cuentas el concurso mensual consiste en realizar un relato propio, de no más de 2.800 palabras, y cuya temática se centre en la escogida por el ganador de la edición pasada (en este caso, la temática de esta edición es Espionaje).
¿2.800 Palabras?¿He de contarlas yo?
No, no es necesario ponerse a contar uno mismo las palabras (se puede hacer, pero no lo aconsejamos). La mayoría de los editores de texto poseen una función que se encarga de dicha tarea. En el caso de Microsoft Office, puedes encontrarla en: "Herramientas/Contador de Palabras..."
Bien, ya tengo mi historia ¿Ahora qué?
Una vez tengas terminado tu relato, tendrás que enviárselo al encargado de recogidas (en esta edición kid se ha ofrecido voluntario) mediante Mensaje Privado. Recuerda que el relato no entrará en concurso si no cumple la norma de máximo de palabras o si se entrega fuera del plazo previsto (aunque siempre hay excepciones).
¿Y luego?
Posteriormente, el encargado de recogida posteará todas las historias sin los nombres de los autores. Cada participante tendrá que leer el resto de historias enviadas al concurso para posteriormente someterlas a votación.
¿Sistema de votación?
El "sistema eurovisivo". Habiendo X participantes se otorgarán X-1 puntos a todos los relatos menos al propio.
(X-1 puntos) A la mejor historia.
(X-2 puntos) A la segunda mejor.
...
(1 punto) A la última historia.
Conjuntamente a la puntuación se añadirán comentarios acerca del relato y los motivos por los cuales se le ha asignado dicha puntuación.
Finalmente se agregará un comentario personal acerca de la historia que ha escrito su propio autor: Inspiración, anécdotas, calificación personal...
¿Y el premio?
Gracias a CrUsTa, actualmente sí que se otorga un premio al ganador del CONCURSO MENSUAL. Se trata de la firma exclusiva del concurso como reconocimiento. Al ganador se le cederá esta firma del ganador anterior y ésta se irá pasando de autor en autor como símbolo de ésta gran e insustituible sección de Pirateking. Posteriormente, el ganador de la edición decidirá la temática en la que se basarán los relatos de la próxima edición del concurso
Nada más, ahora a escribir (quizá ya se encuentre escrito) el mejor relato acerca de música de la historia... , o uno de los mejores, of course.
Última edición por juevescasi el Mié Dic 12, 2007 11:51 pm, editado 6 veces en total.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
Mmmm... Espero que no sea demasiado tarde, pero no he podido conectarme en todo este tiempo, y la verdad es que este es el tema que llevaba esperando desde.... desde.... bueno, desde hace mucho tiempo! Estoy de acuerdo con Kid con que es un gran tema. En fin, que eso, que me apunto!
Y antes de que se me olvide: felicidades a los ganadores de la pasada edición!
bueno quiero volver a las andanzas, y que mejor tema q este para volver....solo q esta vez espero tener algun lugar mejor q la ultima vez bueno a lo mejor estoy atrasado....q me dicen, = intentare presentar mi trabajo....bye
Pue sientiéndolo mucho, me temo que voy a tener que retirarme.
He tenido una semana bastante cargada, y para colmo me han mandado un trabajo para este lunes. El plazo acaba el domingo, no tengo escrito más que dos parrafos y es imposible que este fin de semana pueda hacer nada, y no quiero que el consurso se retrase por mi culpa, más cuando ya pedí prórroga el mes pasado.
Me sabe fatal, primero porque yo fui una de los promotores del tema y tenía una historia que me gustaba pensada, y segundo, porque encima de que somos pocos... pero de verdad que me es imposible entregar el relato a tiempo.
A ver... si os parece bien podemos retrasar la entrega de relatos, porque como viene siendo costumbre, a un día del fin del plazo sólo tengo 2. Dudo mucho que a finales de diciembre/principios de enero vayamos a tener concursos por todas las fiestas y exámenes que hay, y cierto forero no podrá conectarse y votar hasta el fin de semana de la semana que viene, así que podemos atrasar la entrega hasta el martes o el miércoles si os parece bien a todos.