Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 55 - Final)

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MaNe
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De nuevo tarde...

Mensaje por MaNe »

Siento la tardanza, Ghorrhyon-sempai. Creo que casi lo he cogido por costumbre, pero lo arreglaré.
Bueno, pues tras leer los dos capítulos que tenía atrasados debo decir:
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¡¡¡Los enanos han sido una genialidad!!! A pesar de que no sean 100% personajes originales tuyos, has sabido darles el toque One Piece característico, y te han quedado geniales, de lo más friki jamás visto xD Y el equipo formado por Sonja y Kleb se ha salido. El ataque combinado final ha molado, una pena que se haya roto el hacha de Kleb (pero seguro que consigue una mejor o simplemente le pone otro mango...).
Por otra parte el combate de Denis muy bueno. Hacer que Hoobuut "profanase" los ataques de Zoro ha salido bien, además este combate tan crítico parece que ha servido un poco para unir de nuevo más o menos a Ritter y Denis. El miniflashback, el ataque final, los comentarios hacía Zoro, todo me ha encantado, y por supuesto la intervención de Ritter espléndida (coincido en lo que ha dicho kid arriba respecto al comodoro). Y por cierto, otro que se ha quedado sin arma...
Última edición por MaNe el Vie Feb 22, 2008 4:16 pm, editado 1 vez en total.
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Cuando estamos a solas molesta el caparazón...(de tortuga)
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

¡Que la llevo frescaaaa!

Aquí estoy de nuevo, totalmente "on fire". Vamos con los comentarios, y ahora, un capitulito más distendido antes del relumbrón final...

Kid: No, si al final te va a molar y todo, tontín... El caso es que quería cortar (sword joke) de raíz las posibilidades de cross-over con los mugiwara (lo siento, fans, no me atrevo), y pensé que alguno de los dueletes en plan What If, podían hacerse a lo raro... como de sucedáneos... espero no haberla cagado demasiado con el "sparring". En cuanto a Ritter... bueno, ya lo verás, leches.

Kohaier XD: Oye, me alegro que te gustasen los enanos... eran lo más friki que se me ocurrió... en ese preciso momento. Todo lo relacionado con ellos es improvisado, lo juro. Sólo tenía pensado el final de la pelea, con el ataque combinado, pero ni siquiera sabía contra quién. En cuanto a la pelea de Denis, pues... sabía, no se, que a tí te iba a gustar, no me digas por qué...

¡Paparl, paparl, llévame...!
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CAPÍTULO TRIGÉSIMOOCTAVO: “Los Capitanes Max Sawer y Djamin Sombe Vs. el Blaton Circus”

Djamin no vio venir el enorme tronco de piedra hasta que estuvo muy cerca. Y eso que era el tercero que encajaba. Plantando firmemente los pies, gruñó quedamente cuando sus piernas recibieron el impacto, deteniendo su marcha.
Blaton había demostrado tener la agilidad de una ardilla. Había ganado la carrera a Sombe, y había ascendido las toscas escalinatas del gran árbol a gran velocidad, pulsando resortes y tirando de palancas por el camino. Al accionar la primera, lo único que había ocurrido es que unos farolillos y campanillas en lo alto de la copa del árbol se habían activado, dejando unos segundos perplejos a perseguidor y perseguido.
Ahora, según el Capitán Sombe subía, le iban cayendo cosas. Para empezar, secciones de troncos de árboles de piedra, que derribarían a cualquiera, pero a él sólo lo detenían al obligarle a encajar el impacto sin moverse. Al forzudo marine le escocían las espinillas.

-¡Vamos! –Bramó indignado. -¡Combate dando la cara, como los hombres!
-¿Por quién me tomas? ¿Por un imbécil? –Contestó desde lo alto el rebelde. -¡Me arrancarías la cabeza de un mordisco! ¡Y sé de lo que hablo, porque pasé una temporada de vacaciones en Arlong Park!
Sombe meneó la cabeza, rindiéndose. Decidió no hacer caso a lo que dijera Blaton. Se frotó las piernas, desprovistas de armadura, y volvió a correr escaleras arriba. De repente, oyó un casi imperceptible chasquido, y apenas tuvo tiempo de descargar un mazazo al frente para evitar que una reja de madera, incrustada en el tronco, lo arrollase. El artefacto voló en pedazos, pero Sombe no se fió, y se echó sobre los escalones a tiempo de ver como un hacha, también oculta, surcaba el aire sobre su cabeza. De haber chocado contra la reja, lo habría decapitado sin problemas.
Tumbado en la escalera, se puso boca arriba, para mirar a la copa del árbol, donde Blaton ya había alcanzado su destino, una rama justo debajo de las campanillas y luces de colores. Colocándose en pose, dejando que el viento del atardecer sacudiese sus ropas, el rebelde sonrió a su adversario.
-Bienvenido a mi refugio privado, el orgullo de Ornegorsk, salido de las mentes de los más brillantes ingenieros del West Blue, los diseñadores del mayor barco del mundo, uno que contiene un bosque, y sé lo que me digo.
Djemin Sombe parpadeó, totalmente incrédulo.
-Contempla, perro del Gobierno, -continuó Blaton forzando la voz para parecer más duro, o más viejo, o las dos cosas, -la perdición de tu ralea. ¡El Blaton Circus!
Un par de detonaciones sonaron a los lados, asustando a Blaton, e inundándolo todo de confetti, mientras que de alguna parte salía la música de una fanfarria. Sombe pensó que estaba tratando con un maniaco.
-Ahora, -recomenzó Blaton- es el turno de las fieras. ¡Salid, preciosos!
De unas cuantas trampillas a lo largo del tronco del árbol empezaron a salir unos extraños animales. Trepaban sin dificultades por la durísima corteza, y en poco tiempo rodearon al Capitán Sombe. Dos de ellos, un poco más grandes, se colocaron a ambos lados de Ken Blaton. Eran unas criaturas del tamaño de un perro mediano, como un cocker. El cuerpo, cubierto de pelaje pardo grisáceo, era robusto, casi rechoncho. Tenían largas colas casi aplanadas, pero estrechas, y carentes de pelo. Las patas eran delgadas y cortas, con cinco dedos finos, rematados por garras de aspecto fuerte y peligroso. Pero lo más preocupante eran sus cabezas: no los ojillos negros y brillantes, no los bigotazos del hocico, sino los enormes incisivos relucientes que sobresalían de sus bocas, impidiéndoles cerrarlas completamente.
-En Kilgore los llaman castores-cincel. –Explicó el rebelde. –No son muy parecidos a un castor, pero construyen sus nidos con madera, así que...
-Un momento. –Interrumpió el marine. -¿Estás diciendo que construyen los nidos con ESTA madera? –Sombe pateó el tronco sobre el que estaba. -¿Con la de éstos árboles?
-Así es. –Afirmó Blaton. –Y tuve la extraña fortuna de salvar a su matriarca de un lobo. Como es tan mayor la pobrecilla, se le habían caído sus preciosos dientes... En fin, el agradecimiento de la matriarca es el de toda la manada.
Sombe recorrió a las bestias con la mirada, alzando la guardia. Los castores-cincel lo miraban con una mezcla de curiosidad y agresividad. Intuían que había amenazado a su líder. Mostraron sus enormes dientes, y el marine supo que su querida armadura no serviría de mucho. Y tampoco contra las garras.

Sin mediar más prolegómenos, Blaton chasqueó la lengua, y los castores se abalanzaron contra Sombe. Éste esquivó a dos o tres jóvenes impetuosos, que se pasaron en su salto, y se movió a un lado, hurtando el cuerpo a las dentelladas de otro. Blandió la maza y mantuvo alejado a otro par. Contándolos mientras se movía descubrió un total de diez, sin contar los dos “guardaespaldas” de Blaton, que no se habían movido ni un ápice. El “Acorazado” empuñó su maza a dos manos, y golpeó a otro de los castores que ya se lanzaba contra su cuello. El animal emitió un chillido de dolor y se desplomó. Sombe intuyó que aunque fuertes y rápidas, las criaturas no estaban acostumbradas a aguantar ataques fuertes. Pensó en cuántos podría despachar antes de agotarse.
Los castores cerraron de nuevo su cerco, más cautelosos. No tenían fácil atacar con sus dientes, porque les llevaba mucho tiempo abrir la boca en la posición adecuada. Por tanto, primero tiraban zarpazos a las desprotegidas piernas de Sombe, que ya estaban llenas de arañazos. Dos arremetieron de improviso contra el marine, pero éste interpuso la maza en el camino de uno, y esquivando al otro, agarró al bloqueado de la cola y lo lanzó contra él. Los dos castores cayeron tronco abajo. Ante tal insolencia, el grupo de castores erizó el pelo de sus lomos, y cargó al unísono. Incapaz de contraatacar, Sombe se movió lateralmente, evitando el borde de la plataforma, y sólo cuando se afianzó en un lado con salida practicable, descargó su ataque contra otro castor, aplastándole la cabeza. Los seis restantes prosiguieron su acoso, y Sombe recurrió a otra idea. Sacó una espada corta y recta de debajo de su desgarrado capote, y la empuñó con la mano izquierda. En pocos minutos, tres castores más habían caído, y otros dos estaban heridos y bajaban chillando por el tronco. El último reculó hasta situarse delante de Blaton y los otros dos castores.
Sombe sonrió al rebelde con una mueca malvada. Sangraba por múltiples arañazos. Blaton le devolvió la sonrisa maliciosa y volvió a chasquear la lengua. Veinte castores-cincel más salieron de dentro del árbol. El Capitán se quedó mirándolos, desconsolado.
-¿Qué esperabas? –Respondió Blaton, interpretando su expresión. –No dejan de ser roedores, y se reproducen como tales.
Tomando aire, Sombe decidió adelantarse, y cargó contra el nutrido grupo, haciendo volar a dos o tres más, mientras el superviviente del anterior grupo, un macho enorme, lideraba la respuesta de los castores. Sombe bloqueó un peligroso ataque del castor alfa, pero al interponer su espada, el animal la mordió, partiéndola limpiamente.
Los castores recobraron la moral con ese hecho, y algunos de los más pequeños saltaron por los aires, buscando el cuello de su presa humana. Sombe giró sobre si mismo, interponiendo el brazo libre y la maza, y sintió mordiscos débiles pero dolorosos. Bramando de rabia y dolor, se sacudió a sus atacantes, y sacó otra espada, esta vez una cimitarra, que enarboló en alto en señal de desafío. En ese momento, uno de los pequeños castores jóvenes saltó desde atrás, y atrapando el arma, la partió con la misma limpieza, mientras Sombe se le quedaba mirando atónito.

Diez minutos más tarde un Sombe exhausto y ensangrentado daba un paso hacia Blaton. Los dos enormes castores-guardianes se interpusieron en su camino. El enorme marine arrojó a un lado el asta partida de la lanza que había sobrevivido a la lucha, y volvió a sujetar su milagrosamente ilesa maza con ambas manos.
El primero de los dos castores saltó, pero Sombe, ya hecho al combate contra ellos, lo bateó. Sin embargo, el esfuerzo anterior le pasó factura, y perdió el equilibrio llevado por su impulso. El otro animal, que se esperaba una resistencia peor, embistió con demasiada fuerza, y ambos cayeron del árbol al suelo. Djamin Sombe cayó de espaldas, incapaz siquiera de gritar con fuerza, y soltó la maza. No era capaz de llenar los pulmones de aire, mientras que la criatura, su caída amortiguada por el propio hombre, abría de par en par la boca para el ataque final.
Pero un disparo lo impidió.
Justo al borde del claro, Max Sawer apuntaba una humeante pistola al animal caído. Se acercó a su compañero, y comprobó que había perdido el conocimiento. Avanzó hasta el pie del enorme árbol, desde donde miró a Kenneth Blaton, sonriente, al lado del otro recuperado castor guardián.
-Vaya. –Exclamó el rebelde. –Otro marinerito. ¿No os han dicho nunca que sois incorregibles?
Sawer se quedó quieto, buscando algo bajo su chaqueta, aparentemente sin escuchar a su interlocutor.
-Siento decirte, amigo, -prosiguió Blaton- que te enfrentas al Blaton Circus, un prodigio de la ingeniería plagado de trampas mortales que harán del ascenso un infierno. Sentirás el miedo subiendo a este lugar, y si llegas entero, deberás darle las gracias a Dios. Luego, te enfrentarás a la terrible raza de los castores-cincel, criaturas incluso más terribles que los legendarios topillos de la Luna, para finalizar con...
Un estampido interrumpió el discurso de Ken. Oyó algo clavarse en la plataforma inferior, y luego un zumbido persistente. Acto seguido, el Capitán Sawer asomaba la cabeza, trepando por el borde y recogiendo una especie de cañón portátil con una polea.
-¡Maldita sea, de dónde has sacado eso!
-Joder. –Sawer se sorprendió de la reacción del rebelde. -¿Me vas a decir que no habías previsto que alguien tratase de trepar por donde no hay escalera?
Blaton miró largo rato, en silencio, al marine. El castor-cincel, a su lado, se distraía con el vuelo de una luciérnaga.
-Pues no. Creí que erais todos unos cabezas cuadradas.
Sawer sacó su sable de la vaina, y subió el último tramo de escalera. Blaton ya se alejaba, subiendo a la siguiente plataforma, mientras su feroz mascota se plantaba en medio del camino. La criatura atacó ferozmente, y Max esquivó la embestida. Respondió, pero el animal se retiró a tiempo. Sawer no estaba dispuesto a perder mucho tiempo, así que dio un paso decidido al frente, tirándose a fondo. El castor volvió a hurtar el cuerpo, pero en ese momento, el marine fintó, hiriendo de gravedad a la criatura.

Eliminado el peligro, Max siguió adelante, subiendo las escaleras. A la luz de los faroles distinguió la sombra de Blaton, quieto, pero no exactamente escondido. Avanzó presuroso, pero descubrió que el suelo no era tan firme como había pensado. Resbaló, comprobando que estaba pisando grasa o algo parecido. Oyó un chasquido delante, y vio como se alzaba un panel de madera con toda su superficie cubierta de afiladas estacas. Sawer resbalaba hacia él, y sabía que no podía controlar su movimiento. Sin embargo, no se desesperó. Justo cuando llegaba a la altura correcta, lanzó una estocada hacia delante, y la punta de su sable se clavó en la madera, entre las estacas. Afirmando el agarre, hizo palanca, derribando la tabla boca abajo, mientras liberaba su sable. Se quitó las botas, quedando descalzo, y salió de un salto de la zona engrasada.
Corrió descalzo hacia delante. Veía a Blaton a lo lejos, aguardándole con una espada desenvainada. Con un solo vistazo supo que no era buen luchador. Por eso sospechó. Sobre la pasarela no parecía haber nada, y sin embargo, Blaton esperaba más lejos...
Max aceleró, saltó y se columpió de una de las ramas bajas del árbol, ante la mirada decepcionada de su enemigo. Según caía, lanzó un sablazo en escorzo, y de un solo golpe desarmó al rebelde. Una vez en el suelo, apuntó a Blaton con la punta del sable, pero no pudo comprender por qué el rebelde sonreía tan abiertamente... De pronto, el mundo se aceleró: oyó un chasquido, y sintió cómo el suelo giraba. Miró hacia abajo. Se encontraba en una sección circular del suelo que cambió las posiciones de los atacantes. Al acabar el movimiento, el suelo paró en seco, haciendo tambalearse al marine. Miró a Blaton, que lo apuntaba con dos pistolas salidas de no sabía dónde, y descubrió por qué se reía.
-En el Blaton Circus, la función no acaba hasta que lo dice el jefe de pista.
Ken amartilló las pistolas. Entonces, notó algo a su espalda, giró y sólo pudo ver una enorme maza directa a su cabeza, que lo dejó inconsciente en el acto.
-La función ha terminado. –Dijo Djamin Sombe. –Vuelvan pronto.
Última edición por Ghorrhyon el Vie May 02, 2008 6:19 pm, editado 1 vez en total.
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

¡Bu! ¡Suto!

No, no es porque sea Halloween, sino porque he adelantado "la edición" para cumplir el plazo sin problemas en vista de cierto desplazamiento...
Y así me libro de contestar a nada...
A ver si Urahawa gana a Denis...
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CAPÍTULO TRIGÉSIMONOVENO: “El Teniente Segundo Hidetoshi Urahawa y Luther Fawkes Vs. Blaster, jefe de artilleros del Black Reef”

Urahawa miró al anciano de extremo a extremo de la batería. Blaster, quieto en el mismo lugar, seguía esperando que asomasen de detrás de sus respectivos refugios. Había disparado otras tres veces, y en aquél estrecho lugar no había espacio para maniobra.
Luther pidió paciencia al marine con la mirada. Estaba seguro de haber oído una especie de sonido metálico a los pies del rebelde, y le angustiaba la duda de no saber qué podía ser. El humo lo cubría todo.
-Vamos, te cubro.
Ambos se pusieron de pie al mismo tiempo. Luther apuntó con su bastón al enemigo.
-¡Fenice firebolt!
Una pavorosa llamarada surgió del bastón, combinada con una descarga eléctrica. Tomó la forma de un pájaro de fuego y voló hasta Blaster, quien no la esquivó. Luther sabía que la descarga no era demasiado potente, porque reservaba la energía del dial eléctrico, pero confiaba en que el fuego y la fuerza del impacto desequilibrasen al artillero para dejárselo en bandeja a Urahawa.
Sin embargo, el fuego resbaló por al piel de Blaster como si nada. La corriente apenas lo perturbó, y el fuerte impacto hizo que echase la cabeza hacia atrás, pero poco más. Urahawa entre tanto había usado Soru y ya estaba al lado del rebelde.
-Acabemos con esto. ¡Shigan!
Blaster se movió deprisa y tuvo tiempo de interponer su brazo-cañón, que recibió el “balazo” del Teniente, apenas obteniendo un rayón en el proceso. Urahawa pudo fijarse en que el cañón propiamente dicho era más pequeño de lo que había creído. Gran parte del brazo armado lo ocupaba un tambor como los de los modernos revólveres, pero de tamaño desmesurado.
El tambor giró, y Blaster apuntó a Urahawa.
-¡Cluster shot!
El hombre jabalí tuvo tiempo de hacer Tekkai, y pudo resistir el impacto de la metralla. Sin embargo, el impacto lo lanzó un par de pasos hacia atrás. Se rehizo, y volvió a atacar, empezando a intercambiar puñetazos con su adversario. Luther observaba atentamente la lucha, mientras se preguntaba qué había de raro. Ambos luchaban golpeándose con los puños, y bloqueando, Urahawa con su Tekude, y Blaster con su cañón. Pero había algo más...
-Hye, hye, hyee. –Rió el rebelde. –Me gusta pelear así, para variar. Me alegro que tú no emplees trucos patéticos, como el vejete.
Urahawa seguía combatiendo, sin contestar. Blaster detuvo otro golpe, giró para esquivar un Rankyaku flexionando la cintura, y contestó con otro cañonazo, que alcanzó de refilón al marine.
-¡Abuelo! –Gritó el artillero mientras Urahawa recuperaba el aliento, rodilla en tierra. -¡Déjame que te avise de que tus fueguecitos no me afectarán! ¡Me he quemado demasiadas veces con pólvora para que me importe!
Luther, desde detrás del cañón, se vio obligado a darle la razón. Toda su piel parecía un callo insensible. Dudaba incluso de que los golpes de Urahawa le hiciesen todo el efecto.
Urahawa reinició el ataque. Golpeó más rápido, y esta vez fue recompensado con algunos impactos. Blaster se dolió, pero ni siquiera dio un paso atrás. Por su parte, contestó con otro puñetazo, pero no alcanzó el blanco. El marine giró a su alrededor, y entonces Blaster hizo algo que no se esperaba.

Los marines heridos saltaron por los aires. Luther se quedó sin habla, mientras oía sus gritos de dolor. Algunos no gritaron, y esos fueron los que de verdad preocuparon al viejo. “Mierda” pensó. “Quiere cabrearnos”.
-¡Teniente! –Gritó, asomándose. -¡Están bien, no se...!
Urahawa no le oía. Miraba al asesino de sus hombres con una furia implacable. Gruñó profundamente, e inclinó la cabeza para embestir con los colmillos. Luther se quedó mirando la escena totalmente paralizado. Jamás había visto a nadie perder el control de aquella forma. Urahawa embistió al artillero y éste bloqueó el ataque. Los comillos hicieron saltar chispas del cañón. El marine saltó hacia atrás, preparó el puño y cargó.
-¡Kenhou!
Luther casi no pudo ver cómo Blaster se movía. Esquivó el ataque del marine doblándose hacia atrás por las rodillas, y el tremendo puñetazo de Urahawa impactó de lleno contra la gruesa pared de roca de la batería. Cuando la polvareda se disipó, se veía el mar por el agujero. Pero Urahawa no veía nada. Sólo resoplaba. Y no lo vio venir.
-¡Exploding harpoon!
El tambor del cañón de Blaster volvió a girar, y disparó una terrible lanza de cabeza explosiva. Urahawa lo esquivó, y el arma se perdió en el mar. Sin embargo, su mente irracional no sopesaba lo que hacía, y su movimiento lo acercó al temible cañón.
-Ya eres mío. –Anunció el rebelde. -¡Hellfire!
-¡No! –Gritó a su vez Luther. -¡Condor reject!
Todo ocurrió muy deprisa. El disparo surgió, impactando de lleno al marine, justo al tiempo que Luther, arrojando el bastón como una lanza, golpeaba al rebelde con la fuerza de una bola de demoliciones. Luego, el tiempo pareció pararse, mientras el bastón giraba sobre si mismo en el aire, milagrosamente intacto. Urahawa caía hacia atrás, lentamente, y Luther corría hacia adelante. Una nube envolvía al artillero.
El marine cayó al suelo, con forma humana, los ojos en blanco, y una herida en el costado que permitía vislumbrar sus costillas. Luther cogió su bastón al vuelo, y de entre el humo, Blaster apareció, de pie, razonablemente sano, protegiéndose la cabeza con el brazo derecho, que ahora parecía roto.

Luther no se atrevía a mirar a su compañero. No quería confirmar sus temores. El bastón estaba ahora caliente al tacto, pero aún en perfecto estado. Sin embargo, el guardabosques no confiaba en poder con ese inamovible energúmeno. Blaster parecía imposible de derribar.
El artillero miró al anciano y sonrió. Apuntó su cañón contra él y disparó de nuevo. Luther lo esquivó rodando de lado y decidió liberar todo su poder.
-¡Albatros storm!
Olvidándose del dial de fuego, Luther creó una poderosa pared de agua, y la electrificó con mucha más potencia que su ataque anterior. El muro de agua electrificada hizo retorcerse a Blaster, pero no lo derribó. Luther empezaba a desesperarse.
Blaster contestó girando el tambor de su arma.
-¡Autocannon!
Con tres ruidos secos “Tump, tump, tump”, salieron tres cañonazos en ráfaga. Luther tuvo que emplearse a fondo para llegar detrás de una columna de negra piedra, y cubrirse. Lo logró, pero se levantó una tremenda polvareda. Se felicitó, porque la sacudida eléctrica parecía haber afectado al equilibrio de su rival, que tomaba muy mal la puntería.
“Pero sin embargo no cae”.
Pensó en afectar su equilibrio aún más. Una densa nube de humo cubría la destrozada batería. Luther, sentado tras su columna, decidió intensificarla, haciendo brotar niebla del bastón. Memorizó la posición de Blaster, y cogió una espada que estaba tirada en el suelo. De improviso, salió de su cobertura, amparado en la niebla, lanzando la espada en dirección contraria. Oyó el cañonazo del rebelde y, colocándose en su flanco, atacó.
-¡Gufo scream!
Una intensa vibración salió del bastón, golpeando de lleno a Blaster, que gritó de dolor. No importaba que un artillero estuviese acostumbrado al ruido. La vibración del dial de Luther resonaba en los mismos huesos.
Y Blaster no cayó. Por contra, se giró y disparó otro proyectil que casi alcanzó a Luther. El anciano se vio obligado a volver tras un cañón, preguntándose que más tenía que hacer, y si tendría que recurrir...

-¡Abuelo, me estoy cansando! –Amenazaba Blaster. -¡Sabes de sobra que esto se decidirá a un solo tiro!
Luther sabía que era verdad. Si volvía a disparar, acertaría. Había tenido demasiado tiempo para recuperarse. Y todo porque a él no se le ocurría nada. Se quedó quieto, mirando las olas romper en el casco a través del agujero que había abierto Urahawa. La luna se veía a lo lejos, deformada por una neblina fría. Urahawa no daba señales de vida, y Luther sabía que no podía esperar más si no quería perder toda esperanza.
Miró de nuevo a la luna.

Blaster observó como Luther salía de detrás de uno de los cañones, con los brazos en alto. Parecía más delgado, mucho más, probablemente por la luz tenue de los faroles. Sonrió, y disparó. La bala atravesó al viejo, y explotó al fondo del largo puente de la batería. El artillero parpadeó, atónito, y entonces vio como otro Luther, bajito, se asomaba tras otro cañón. Luego otro, más alto que él, y otro, muchísimo más gordo. Por último, un Luther normal salió de otro cañón, sonriendo aviesamente.
-Conoce al Mago Merlin.
Blaster cargó su arma en modo Autocannon, y disparó, pero los tres objetivos esquivaron su ataque. Los cinco Luthers se entrecruzaban y mezclaban, y era imposible saber dónde apuntar. El artillero sabía, sin embargo, que uno tenía que ser el real.
-¡Astore Forest Strike! –Gritaron los cinco a la vez. -¡Cinque nestlings!
Cinco ráfagas cortantes alcanzaron al artillero, que se retorció, sin moverse un ápice. Los Luthers volvieron a sonreír.
-Ya te tenemos.
Se abalanzaron empuñando sus bastones, pero en ese mismo momento, Luther se dio cuenta de su error. Al ver que sus enemigos convergían sobre él, Blaster giró el tambor y disparó otro Cluster shot. Luther sintió el dolor de la metralla, y Blaster le distinguió. El Luther larguirucho era el que no había dejado pasar el impacto.
Luther Fawkes cayó al suelo con una rodilla hincada en tierra, sangrando por varios sitios.
“No”
Blaster giró el tambor.
“No voy a permitirlo”
El artillero apuntó sin prisas a un anciano desvalido.
“Aún no he cumplido mi promesa”
-¡Big Bertha!
-¡Cigno Song!
Una descomunal pared de agua barrió el barco, empujada por un auténtico torbellino. El potentísimo disparo de Blaster se perdió en alguna parte del interior del Black Reef.
“¡Cae!”
El viento gélido congeló algunas gotas de agua, que resonaron como pequeños cristales de hielo. Luther alargó el bastón, amplificando la resonancia con sus diales, como si fuera una dulce melodía. Una bella canción ultraterrena. Blaster se tambaleó.
“¡Cae, maldito, cae!”
El rebelde sacudió la cabeza, recargó su cañón y apuntó de nuevo, aunque se le cerraban los ojos, acunado por la fantasmal melodía.
Luther se levantó, furioso, dolorido, sinceramente desesperado. Cargó con el bastón en alto.
-¡Caaaaeeeeeee!
El impacto de su dial más poderoso casi le arrancó el brazo. Salió despedido, rechazado, mientras gritaba de dolor. Sintió dislocarse el hombro con toda claridad.

Blaster estaba tumbado en el suelo. Tenía una pierna rota, retorcida de forma horrible. Jadeaba de dolor, y no podía incorporarse porque su brazo normal estaba roto. Luther, apoyándose en su bastón, se acercó al rebelde. La pierna rota conservaba la bota puesta, en la que se veía un grueso garfio de anclaje partido por la mitad. La otra bota seguía clavada en el suelo, tres pasos por delante del artillero.
El rostro del rebelde era una máscara de dolor horripilante. Luther se acercó a él.
-Puede que Hidetoshi Urahawa no pase de esta noche, bastardo. Pero me aseguraré de que no se vaya solo.
Acercó el bastón al cuello del artillero.
-Falco claw.
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..pues va a ser que no :roll:
Última edición por Ghorrhyon el Vie May 02, 2008 6:20 pm, editado 1 vez en total.
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Long_Jhon_Silver
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Mensaje por Long_Jhon_Silver »

Tanto tiempo sin venir y lo que me encuentro...Ya sabía de lo que me perdía por no llegar hasta estos puertos...Pero como dijo alguien por ahí, mejor porque así no tuve que esperar por más capítulos...Bueno, eso hasta ahora...Como sea, Maese Ghorrhyon, excelente trabajo y cada vez mejor. Me gusta mucho como relatas los combates, titánica tarea, demás esta decirlo....Sólo puedo decir ahora...Qué seguirá????
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spion
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Mensaje por spion »

BRUUUUUTAL!!! asi me parece a mi que es la historia despues de leerla toda en unos 4 dias xDD Esque has logrado que me enganche de una manera increible, tengo que felicitarte por ello.
Esque hay veces que no podia parar de leer jajaj uno tras otro...

Por cierto, voy a deshacer el empate creo sobre Denis y eso... mi voto es para Denis, es el personaje mas cool de todos jajaja
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

Amigos, hoy se cumplen 40 capítulos desde que decidí daros la murga con mis invenciones. Así que lo celebraré dandoos...

¡Doble sesión de murga! ¡Capítulo dobleeee Din-din-din-din!

Intermitente Silver: Me alegra verte de nuevo. Espero que te de tiempo a descubrir lo que queda hasta tu próximo apagón, porque se acerca peligrosamente la saga final.
Spion:¡Ahí va! ¡Uno nuevo a estas alturas! Te tienen que estar sangrando los oídos XD Me encanta que la gente se enganche, es señal de que se me da bien acabar los capítulos XD. Denis empata el partido... pero ojo a Ritter, está a punto de hacer algo que se ganará vuestros corazones... ¿Quien sabe si al final superará al espadachín y al cochinillo? (Yo, claro)
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CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO: “La Capitana Joaquina Guimaraes Vs. el Comandante Snaff”

Quina y Snaff se contemplaron largo rato, mientras la brisa nocturna barría el claro bajo la luz de la luna.
-Huelga decir que mi poder proviene de una Akuma no mi tipo logia. –Explicó de súbito el rebelde. –Tengo el poder de la Hai-Hai no mi: soy un hombre de ceniza.
Quina asintió, como quien ve sus sospechas confirmadas, pero no habló. En vez de eso, encendió sus puños y se abalanzó contra su enemigo. Éste cambió, convirtiendo sus brazos en ceniza negra, compactada. Chocaron con un estruendo demoledor. Quina golpeó el rostro de Snaff, esparciendo polvo negro con el impacto. Sin ceder, conectó una patada al costado, pero sus golpes no parecían causar demasiado daño. Snaff los devolvió, de todas formas. Quina levantó el puño para bloquear un ataque, pero al chocar contra el pétreo brazo, una lluvia de esquirlas de verdadera piedra le hirió el rostro. A pesar del dolor y las molestias, la Capitana Guimaraes perseveró en su ataque. Encendiendo su puño a toda potencia, gritó “¡Deneb!”, y el tremendo puñetazo causó un agujero en el costado de Snaff, bajo su brazo derecho. El rebelde se transformó en nube de ceniza, y voló hasta situarse a unos pocos pasos a la espalda de la marine.
-Mhh. –Musitó, mientras tomaba forma de nuevo, ileso. –Sus golpes son sin duda devastadores. Pero insisto en que no tendrán demasiado efecto.
-Algo harán. –Contestó Quina. –O encontraré otra manera, mientras tanto.
-He, he, he. Por mi parte, yo no he renunciado a tener una hermosa estatua. ¡Medusa!
Unos zarcillos de polvo negro surgieron de los brazos y cabeza de Snaff y éste atacó sin más dilación. Quina esquivó la embestida, y tuvo que volver a esquivar de inmediato, ya que los apéndices se movían independientemente. Uno de ellos tocó una mata de hierba, envolviéndola y convirtiéndola en piedra negra casi inmediatamente.
-¡Vega!
Un rayo de luz impactó en la cabeza de Snaff, arrancando sus zarcillos. Quina insistió con el ataque, esquivando los del rebelde, hasta que eliminó todas las amenazas. Snaff se detuvo a cierta distancia.
-Bien. –Concedió. –Pues que sea una estatua yaciente. ¡Chimeric form!
De nuevo, mutó a su forma negra de ceniza, pero no se difuminó, sino que hizo crecer en su cabeza unos cuernos de retorcida piedra negra, y a su espalda unas extrañas alas y cola. De su pecho salió una especie de cabeza adicional, como la de una estatua, pero con forma de león.
Quina se preparó para el contraataque, pero Snaff no saltó. En vez de ello, tomó aire, y la cabeza leonina, con las fauces abiertas de par en par, soltó una nube de ceniza a presión. La fuerza con la que salía impidió que la combatiente la esquivase, y la ceniza abrasó su piel. Se encendió, pero no consiguió gran cosa. Aunque Quina podía emitir luz y calor, no era inmune a las llamas, o a la abrasión. Saltó hacia un lado, dolorida, mientras Snaff maniobraba para seguir disparando su “aliento”. Sin embargo, Quina no se resignó. Rodó por el suelo, acercándose, y atravesó la ardiente oleada para golpear la cabeza de león. Ésta apenas quedó dañada, pero Snaff tuvo que defenderse, lanzando un golpe con bastante desgana. Era lo que Quina esperaba. Se movió hasta colocarse de perfil.
-¡Via Lactea!
El haz de luz cortó limpiamente la cabeza felina del pecho de Snaff, y acto seguido, la marine se inclinó hacia un lado, apoyando su mano en el suelo, y golpeó con fuerza a su contrincante, volviendo a obligarle a dispersarse.

Snaff apareció de nuevo con cierta distancia. Parecía bastante enfadado.
-Me va a obligar a emplearme a fondo, Capitana.
-No se corte, comandante Snaff. Estamos aquí para eso.
-Tendré que explicarle algo. Domino muy bien mi poder, si me permite el atrevimiento. Al ser de una materia más sólida que otras logias, mi forma puede variar con facilidad, y adquirir consistencia con ello. Va a contemplar algo insólito. ¡Titanic shape!
Snaff volvió a volverse de ceniza, pero sin perder su forma humana. En vez de ello, empezó a crecer, hasta llegar a medir cuatro o cinco metros. Sonrió grotescamente y rió con un grave y rasposo vozarrón.
Quina miró a lo alto, suspirando. Siempre le tocaban los más brutos.

-¡Guimaraes!
La voz del instructor se hizo notar entre el barullo de los reclutas de la escuela de oficiales. Señaló a Quina, que de nuevo se encontraba sola, con cara de resignación, practicando puntería al otro lado de la pista. Nadie buscaba su compañía por culpa, precisamente, de que practicaba puntería sin necesidad de empuñar armas. Con rayos de luz.
-¡Con Happleback!
Quina miró en dirección al instructor, quien señalaba al gigantesco Herbert Happleback, el campeón de lucha de la escuela. Con quince menudos años, la joven Quina no podía esperar tener éxito en su enfrentamiento con aquél tiarrón de diecisiete. A menos...
-¡Y si usa sus habilidades, -añadió el instructor, como leyéndole la mente, -correrá hasta mañana por la tarde!
Quina suspiró. Se colocó en guardia ante Happleback, y comenzó la ejecución. Quina era odiada por sus compañeros sólo por el hecho de poseer poderes, lo cual era tremendamente injusto, pues los había adquirido cumpliendo órdenes. Quizá era eso, la veían como una “enchufada”. El instructor concertaba los peores combates de entrenamiento para ella, y aunque cada vez lo hacía mejor, siempre recibía enormes palizas.
Aquella tarde no fue una excepción. Mientras el gigantesco muchacho seguía golpeándole en el suelo, Quina creyó ver una chica de su edad, con melena negra y ojos claros, sonriendo aviesa entre las filas de reclutas.


El enorme enemigo lanzó un puñetazo, y Quina lo esquivó. Sin embargo, el gigante Snaff se movía sorprendentemente deprisa. Descargó una patada lateral, y la marine no pudo hacer nada. Recibió el impacto, que la lanzó bastante lejos. Sin embargo, Quina notó que el cuerpo de Snaff no era del todo compacto. Aunque pudiera tomar una forma corpórea tan grande, no parecía poder endurecerla demasiado. La oficial decidió contraatacar. Bloqueó con cierta facilidad el siguiente puñetazo, y contestó disparando un rayo de luz al hombro, buscando seccionar el apéndice y que Snaff invirtiese tiempo y esfuerzo en recuperarlo. Sin embargo, no fue suficiente. El agujero se cerró, y otro puñetazo voló sobre Quina, aplastándola contra el otro puño. El daño fue mayor esta vez.
Quina cayó de rodillas según Snaff retiraba las manos. El rebelde dio un paso atrás, preparado para cargar. Corrió hacia adelante, y lanzó una patada a la marine, quien la encajó de lleno, yendo a parar contra un árbol cercano.
-Parece que ha perdido bastante combatividad, señora. –Se burló Snaff. –Espero que esto no signifique que ha llegado la hora de la escultura...
Quina se incorporó casi de inmediato.
-Por favor, comandante, si es usted muy caballeroso conmigo. No me ha hecho más que caricias.
-En ese caso, déjeme explicarle. –Contestó Snaff. –Supongo que sabrá que la ceniza no es más que piedra volcánica, ¿no? Y que ésta está compuesta sobre todo por silicatos metálicos.
Quina miró intrigada a su gigantesco enemigo.
-Bien, observe atentamente. ¡Golem fist!
El puño derecho de Snaff cambió de repente. Retuvo su tamaño, pero se volvió metálico.
-No puedo acumular más, pero creo que será bastante...
Snaff volvió a atacar con fuerza. Quina bloqueó un puñetazo y una patada normales, y tuvo que emplearse a fondo para esquivar el puño metálico. Otra patada fue ineludible, y volvió a ser lanzada lejos. En un santiamén se había recorrido todo el claro, pero Snaff siempre evitaba enviarla cerca de la cueva. La marine tuvo que rodar por el suelo para evitar que el puño metálico la aplastase, y no pudo contraatacar. Rodó otra vez, sintiendo que el agotamiento empezaba a afectar a sus movimientos. Pensó que tenía que hacer algo.
De repente, se le ocurrió.

Mientras Snaff avanzaba hacia ella, se giró. Tenía un árbol muy cerca, y se encaramó de un salto. Usó el árbol de plataforma y se elevó mucho más, saltando con fuerza. Snaff tuvo que mirar hacia arriba para verla, recortándose entre las estrellas.
-¡Perseidas!
Un sinfín de haces de luz cayó desde arriba sobre el gigante de ceniza. La poderosa luz lo atravesó, debilitando su integridad y llenándolo de agujeros. Quina, aparentemente suspendida en el aire, dio una voltereta y cayó a plomo.
-¡Pleyades!
Los feroces puñetazos envueltos en llamas golpearon a un Snaff sin respuesta, disgregándolo casi por completo. El rebelde trató de consolidarse de nuevo desde su forma de polvo, pero Quina levantó los brazos, apuntándole con las manos abiertas.
-¡Tempesta solaris!
El cuerpo entero de la marine brilló, pero de una forma apagada. Emitió calor, pero era de otra especie. Una extraña radiación empezó a marchitar la vegetación ante ella, y la nube de polvo que era Snaff se vio sacudida por la misma radiación. Se dispersó casi por completo, y Quina cayó de bruces al suelo, exhausta.

Quina jadeaba, cansada, pero el sudor se le heló al oír el susurro del viento a su espalda. Arrastraba polvo. Se giró y comprobó que la forma de Snaff se estaba recomponiendo. El rebelde terminó su transformación. Parecía herido, pero mucho más sano que la marine.
-Increíble, sin duda. Gran demostración. Una lástima que no se pueda quemar la ceniza. Ni siquiera con rayos ultravioleta, o lo que fuera eso. –Sonrió. –Mi turno.
Quina estaba a punto de darse por vencida. Le latían las sienes. Entre cada conjunto de sombras del claro veía el rostro de Nico Robin. Siempre que estaba a punto de fracasar, la fugitiva acudía a disfrutarlo. ¿Y qué mayor fracaso que dejar que otro rebelde traductor de símbolos se saliese con la suya?
Snaff, ajeno a todo, empezó a emitir una espesa nube de ceniza, que se elevó en espiral por todo el claro. Quina lo miraba sin saber siquiera que hacer.
-¡Eruptive Cloud! –Gritó Snaff. -¡Pyroclasm!
La nube engulló el claro, al descender súbitamente, con el sonido de mil explosiones.
Snaff volvió a acumular metal, convirtiendo su dedo índice en un afilado estilete. Caminó despacio, saboreando la victoria. Quina, cubierta de magulladuras y quemaduras, estaba tumbada de bruces en medio del claro, inmóvil. Alrededor, casi todos los árboles de piedra se habían partido y requemad. La presión y temperatura que alcanzaba el Pyroclasm de Snaff eran su orgullo. Era su ataque maestro.
-Será una hermosa estatua, sin duda. –Se dijo el rebelde. –No creo que se note un agujerito a la altura del corazón.
Levantó el dedo armado, preparado para descargar el golpe. Sin embargo, apenas pudo reaccionar. Vio algo con el rabillo del ojo, y sintió que algo se enrollaba en su cuello. No pudo disgregarse, se sintió débil y sin poderes, y se encontró volando, para finalmente chocar con un duro árbol de piedra. El dolor del golpe le cortó la respiración, y le hizo ver borroso.
Por eso no distinguió la figura que entraba corriendo en el claro, recogía a Quina del suelo y salía disparada, refugiándose en el interior de la cueva.
Spoiler: Mostrar
CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO PRIMERO: “Pulsar”

En la oscuridad de la escalera, Quina parpadeó, confusa.
-¿Cómo...?
-Ssshh. Calla.

Max Sawer se encontraba al pie del gigantesco árbol. Observó como Sombe se metía en el sendero del bosque, tratando de llegar cuanto antes a su barco. Esperó unos minutos, y luego se giró al yaciente Kenneth Blaton.
-Bueno, parece que nos hemos quedado solos. –Dijo, sacando su sable. –Curiosamente, tú y yo tenemos un asunto que tratar…
-¡Sawer!
Max se giró hacia el sendero. Apenas pudo evitar poner cara de susto, pero logró dominarse. El Comodoro Fawkes venía corriendo hacia él. Se cuadró y saludó.
-Señor.
-Me alegro de encontrarle. Sombe me ha dicho que se separaron de la Capitana Guimaraes.
-Sí.
-¿Sabría encontrarla?
-Desde lo alto del árbol he distinguido un sendero que cruza el bosque por ahí. –Señaló Max. Llega a un claro, y he visto luces.
-Excelente. Lleve al prisionero al puerto, y… -Ritter miró las pertenencias de Sawer. -¿Sería tan amable de hacerme otro favor?

Snaff recuperó sus poderes y el aliento con rapidez. Corrió raudo hacia la cueva. Miró por todas partes en el umbral, incluso en el techo, pero no vio a nadie. Intentó mirar a lo profundo de las escaleras, pero no distinguía nada. Afortunadamente, estaba preparado. Sacó una antorcha de su chubasquero y la encendió sin demasiada dificultad. Bajó, cautelosamente, temiendo una emboscada. Había sentido la mordedura del kairouseki, y no quería arriesgarse. Avanzó poco a poco, hasta llegar al arco que abría el paso al corredor principal. De repente, se le ocurrió la idea de que quizá los marines pretendían llegar al poneglyph. Si uno de los dos escapaba, podrían adelantarse a sus pasos. Echó a correr. No se interpondrían en su camino. Corrió despreocupadamente por el pasillo, a la luz de la antorcha. Ni siquiera se molestó en esquivar la trampa del hacha. La hoja lo atravesó y él siguió su camino.
Snaff llegó precipitadamente al tobogán de piedra, y no se molestó en pisarlo. Convirtiéndose en ceniza, arrastrando la antorcha, lo eludió volando. Pasó cerca del techo, iluminando las profundas raíces de piedra de los árboles de la superficie. Descendió al otro lado de la trampa, y corrió hacia la sala del poneglyph. De nuevo, atravesó las lanzas de la puerta sin darles importancia, y el calor del círculo ardiente de aceite, aún sin consumirse, lo envolvió. La espléndida luz rojiza lo bañaba todo, contrastando con la tenue luz de luna que se colaba por el agujero superior de la caverna. No había reparado en él la primera vez, y lo curioso era que estaba justo encima del poneglyph. A más de veinte metros de alto, eso sí.
Dio dos o tres pasos hacia el interior, y se fijó en que no había nadie. ¿Dónde estaban la marine y su misterioso rescatador? Los buscó por toda la enorme sala. Allí no habían llegado. Quizá habían caído en la rampa…
Había alguien en la puerta.
-¿Quién demonios es usted? –Preguntó Snaff, desconcertado. -¿Y cómo…?
-Gracias a usted. –El extraño dio un paso al frente, deliberadamente largo, evitando el disparador de las lanzas. –Me presentaré. Soy el Comodoro Ritter Fawkes, y mando la Task Force Fawkes, encargada de eliminarle a usted como amenaza. Por tanto, le sugiero que se de preso, y acabemos con esta tontería. Está atrapado.
-¿Atrapado? –Snaff casi se echó a reír. -¿Cree que no podré hacerle a un lado, Comodoro?
-Bueno, es más que capaz, sí… pero a ella…
Quina apareció en el umbral, con un aspecto algo mejor que antes. Había una resuelta mirada de determinación en sus ojos.
-Mire, comandante Snaff. –Continuó Ritter. -Ella no le dejará marcharse, porque le he aconsejado que si emite el suficiente calor, creará turbulencias que no le permitirán atravesar el espacio circundante a ella. Y he de decirle, por si alguna vez encuentra aplicación a este consejo, que los umbrales permiten esconderse en las dos direcciones.

Quina sonrió. Habían esperado el paso de Snaff tras el umbral de piedra posterior a las escaleras. Había sido arriesgado, pero como Ritter se había figurado, quietos y en silencio no llamarían la atención desde las sombras. Luego, siguieron a Snaff, viendo como atravesaba las trampas. Quina había observado sus efectos, pero Ritter había prestado atención a los disparadores. Y en cuanto a la rampa de piedra, fue una suerte que el rebelde se elevara, enseñando a Ritter un lugar al cual enganchar su cadena.
Ahora, avanzó, evitando también el disparador. Encendió los puños y se puso en guardia sobre la losa de piedra que hacía de puente sobre el fuego.
-Muy bien, Comodoro. –Contestó Snaff. –Intuyo que usted lleva encima algo de kairouseki. Pues más le vale usarlo, porque no creo que necesite huir. Se lo he demostrado a su subordinada, y se lo demostraré a usted.
-No lo dudo. –Concedió Ritter. –Pero resulta que Quina sabe ahora un par de trucos. –La miró a los ojos. –Porque de ella se puede esperar más que valor y fuerza, como de las estrellas se puede esperar mucho más que luz y calor.
El Comodoro se giró de nuevo, y levantó lo que tenía en las manos. Era una especie de fusil, de cañón grueso, acoplado con una polea. El arma especial de Max Sawer.
-Y ahora debo hacer mi apuesta.
Ritter echó a correr. Snaff se puso en guardia, haciendo que su brazo se convirtiese en un estilete de piedra afilada. Lanzó un ataque de fondo, pero el marine no quiso pelear. Haciendo un quiebro, eludió el ataque, y corrió hacia el poneglyph.
-¡Ha! –Rió Snaff. -¿Se cubrirá con él, Comodoro? Tiene razón, jamás dañaría esa reliquia, pero mis ataques normales no pueden hacerlo.
El rebelde se acercó a Ritter. Éste llegó al lado de la piedra. Amartilló el arma, mientras sentía que su enemigo se acercaba.
-Me gustará ver cómo usa otra vez el Pyroclasm, Snaff. ¡Tangram!
Ritter disparó, segundos antes de que el brazo de Snaff atravesase su costado. Pero no disparó al frente, sino a lo alto. Snaff retiró el arma ensangrentada y contempló como la cadena de kairouseki del marine se clavaba en lo alto del techo, cubriendo el agujero como una red. El rebelde frunció el ceño. No podría escapar. Pero ¿por qué iba a necesitar escapar?
Se giró. Quina había avanzado. Se encontraba en el centro del espacio abierto entre el foso y el altar del poneglyph.
-Dale duro, chica.
Snaff miró de nuevo atrás. Ritter se había apoyado con esfuerzo en la roca cúbica, dejando un charco de sangre a sus pies. Todo en aquel lugar era rojo: la piedra, la sangre, el mismo aire.
-Maldita sea, no sé por qué tanta confianza.
Snaff se convirtió en ceniza, y se abalanzó hacia Quina. Aumentó su fuerza, y trató de arrastrarla al fuego, pero no logró alcanzarla. Pese a que la marine no brillaba, Snaff podía sentir el calor que desprendía. No podría afectarla en forma de polvo.
-¡Titanic shape!
Descargó un golpe, y Quina lo detuvo. Lanzó otro, lateral, para atraparla, pero la marine rodó por el suelo, entre sus piernas. A su espalda, le lanzó un rodillazo, y luego una serie de golpes a los riñones, que acabaron con su paciencia. Se giró bruscamente, y lanzó un empellón que envió a Quina a unos pocos metros.

Quina se levantó trabajosamente. Estaba decidida a vencer o morir, pero eso no impedía que estuviera exhausta. Ya incorporada, pudo ver que Snaff se había quedado inmóvil, en forma normal, emitiendo la densa nube de ceniza de antes. “No se atreverá”. Se dijo. “Ritter le ha calado”.
Snaff levantó la vista hacia ella, como intuyendo sus dudas.
-Nunca nadie me había obligado a esto. ¡Eruptive Cloud! ¡Nuclear Winter!
La nube descendió, en forma de cúpula, envolviendo a Ritter y Quina, pero dejando fuera a Snaff y el círculo de llamas. Quina supuso que la capa de ceniza era densísima, porque no veía ni rastro de la luz emitida por el foso. De hecho, se dio cuenta de que tampoco notaba el calor. Ni podía oír el crepitar. Estaban atrapados, y al poco tiempo empezó a ver que salía vaho de su aliento.
-N..nos quiere matar de frío. –Murmuró Ritter. –Eso no lo había pensado, vaya por Dios.
Quina se acercó a él, y empezó a emitir calor. La temperatura bajaba rápidamente, y ella tenía que competir con el poder de Snaff. Abrazó a Ritter, que estaba mucho peor por la pérdida de sangre.
-Yo que tú no me molestaría. –Susurró el Comodoro. –Tienes que salir y darle una lección. Al fin y al cabo, no es más que ceniza.
Quina le soltó, tiritando. Se giró a la densa pared.
-Mierda, me ha conseguido asustar. ¡Via Lactea!
Recurriendo a todas sus fuerzas, lanzó un haz de luz contra una de las “paredes” y la cortó como con un soplete. Corrió y la atravesó, con frases sonando en su cabeza.
-Supongo que sabrá que la ceniza no es más que piedra volcánica, ¿no? Y que ésta está compuesta sobre todo por silicatos metálicos.
-Ni siquiera con rayos ultravioleta, o lo que fuera eso.
-…de las estrellas se puede esperar mucho más que luz y calor.


-¡PULSAR!
El puño de Quina golpeó a Snaff, con una luz diferente, azulada. Hizo un ruido sordo, como el de una explosión amortiguada bajo el suelo, y el rebelde se retorció de dolor al sentir el verdadero impacto de su enemiga. Trastabilló hacia atrás, y se quedó mirando a Quina perplejo.
-No se puede huir de lo que uno es, señor “silicato metálico”. Las estrellas emiten también energía electromagnética: campos magnéticos que impedirán que sus partículas se disgreguen.
Por toda respuesta, Snaff retiró la inútil cúpula. Al lado del poneglyph, Ritter tiritaba con fuerza. Poco a poco, la temperatura del foso mejoraría su estado.
Quina retomó su ataque.
-¡Pulsar!
Snaff tuvo que bloquear, pero al tocar el puño de Quina, sufrió un chispazo doloroso.
-¡Pulsar!
Esta vez esquivó, pero la patada de Quina le hizo retroceder, y girarse al otro lado. Ahora, la marine ocupó el acceso al puente. Snaff estaba empezando a vacilar, y miraba a lo alto, donde la cadena de kairouseki cortaba su única vía de escape.
-¡Pulsar!
Tal y como hacía con la luz, Quina emitió el rayo electromagnético sin golpear. Sanff dio otro paso hacia atrás, pero el efecto era menor.
-Así que tiene que acercarse… entonces, de esta no saldrá.
Quina se puso en guardia, preparada para cargar, pero Snaff concentró su nube de ceniza mucho más deprisa.
-Mi obra maestra, el Black Reef, es sólo un ejemplo de mi poder. Porque he elegido el camino de la rebelión, y mi destino es sembrar el caos. Mi barco será el símbolo de vuestra decadencia, ¡y el fuego del Apocalipsis caerá sobre Mariejoa!
Quina quedó paralizada. Snaff conservaba demasiado poder.
-¡Eruptive Cloud! ¡Ash Bomb Swarm!
Del interior de la nube de ceniza cayó un proyectil, como un meteorito. Quina lo esquivó apenas, pero el tremendo poder de su explosión la lanzó lejos. Allá donde caía, otra de aquellas bombas la seguía. No podría soportarlo mucho timepo.
-Cada una de éstas tiene el mismo poder que Pyroclasm, y puedo elegir dónde caerán. ¡Está perdida, Capitana Guimaraes!
Quina lo podía creer. Tenía que hacer algo. Su nuevo ataque era complicado de mantener. Tenía que concentrarse para emitir una nueva energía, y no podía recurrir a sus mejores técnicas.
“Si tan solo pudiera…”
Se detuvo en medio de una voltereta, y rodó al revés, evitando que otra onda expansiva la afectase. Se puso de pie y apuntó a Snaff.
-¡Aurora Borealis!
Una corriente azul verdoso envolvió todo el espacio entre Quina y Snaff. El rebelde se retorció temiendo el impacto, pero no sintió daño. Sin embargo, se olvidó de disparar sus bombas. Abrió los ojos y vio como la marine cargaba contra él.
-¡Pleyades!
Snaff trató de defenderse, pero el resplandor azul seguía envolviéndole. No podía disgregarse. Era puro magnetismo, sin electricidad. Estaba a merced de ella.
Los puños de Quina, envueltos en fuego rojo, golpearon, una y otra vez. Una y otra vez, Snaff sintió el dolor del fuego por primera vez en mucho tiempo.
Ritter contempló la escena con la espalda apoyada en el poneglyph.
-Debería hacerme jugador profesional. Se me dan bien las apuestas.
Última edición por Ghorrhyon el Vie May 02, 2008 5:12 pm, editado 1 vez en total.
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Darkart
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Mensaje por Darkart »

yo tambien te tengo que felicitar enormemente. primero por hecharle un par de huev-- para escribir todo lo que estas escribiendo, yo no seria capaz de hacerlo solo por hobby me pareze digno de admirar. y luego porque encima sabes hacerlo bien!! porque yo aunque me ponga no describo asi de bien cada cosa ( me a encantado lo de la sala de navegacion con los log posses en circulo (pareze que lo estoy viendo ahora en un barco de esos de la buster call))

por otra parte e encontrado este tema ahora y voy por el capitulo 3 todavia pero me e tomado la libertad de recopilar cada uno de los capitulos que has ido sacando en estas 8 paginas. con tu permiso las voy a imprimir porque leer desde el ordenador tantas paginas me cansa mil la vista y en cambio en el papel las leere mas comodamente. para tu informacion te dire que llevas nada menos que 80 paginas escritas a letra 10!!!! realmente impresionante.

si lo deseas cuando ordene toda la informacion te paso un enlace a megaupload para que admires tu trabajo y luego si lo quieres colgar o qualquier cosa... lo que tu quieras vamos que solo por lo que te lo curras...

lo dicho impresionante. ademas me gusta como a empezado la historia y por lo que veo luego mejora un monton asi que....
:D :| :P :ok: :joint: :oops: :roll: 8) :skull:
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Geralt
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No te digo na y te lo digo tó

Mensaje por Geralt »

Visto como esta la situación será mejor que empecemos a poner las cosas en spoiler para no chafar la historia a las nuevas incorporaciones. Bueno pues, al turrón:
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Desde un principio Ritter era un personaje que me gustaba bastante, igual no mi favorito pero si un muy buen personaje. Pero desde ahora esta en seria competencia por el primer puesto con Denis. En serio, me ha gustado un monton como has llevado al personaje, siendo como es OP una serie de yoyas en la que gana el más mulo, consiguiendo que sin ser una mula sea capaz de pelear y hacer cosicas muy majas. Me recuerda a otro protagonista de una saga de libros que me encanta.
En lo que se refiere al doble capítulo de esta semana (mola que sea doble, más ratico para leer) me ha gustado bastante, no solo Ritter, sino la lucha de Quina contra Snaff en general.
Pues eso, a seguir igual.

Saludicos :wave:
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Vaya lentitud tengo ahora...

Mensaje por MaNe »

Ya me he leído el capítulo 38...lo se, a este paso nunca llego...
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El circo de Blaton ha quedado muy bien para la batalla y los "castores mutados" le han dado un buen punto. También me ha gustado que hayan vencido a Blaton entre Max y Sombe, ya que no me imaginaba a Max luchando solo pero le venía bien un poco de acción...
Que sepas que he visto lo que has hecho en Historias de Piratas, pero no he tenido tiempo para leerlo, pero tranquilo que lo leeré (y también lo de Ramsus). Saludos maestro.
Última edición por MaNe el Vie Feb 22, 2008 4:17 pm, editado 1 vez en total.
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

Bueno, bueno, bueno, cuanta concurrencia... a ver si estoy a la altura.

Raftel: Diox, nunca me había parado a contar las páginas... creo que era más feliz sin saberlo (mamá, miedo). Tranquilo con lo de colgar, etc... lo conservo guardadito en mi(s) disco(s) duro(s), en Word-como-Dios-manda, XD. Ordenado está, vaya, que yo para eso soy bastante maniático. Y suerte con la larga travesía, porque anda que no te queda XD.

Geralt: Me pregunto a qué personaje te refieres en tus comentarios... :roll: El caso es que yo, como papaito, os puedo asegurar que Ritter es MI favorito, porque es exactamente mi idea de lo que un prota debe ser para no convertirse en el "puto prota" (ya sabéis de lu ffy hablo).

MaNe: ¡Pero corre! ¡Que te pierdes lo mejor! Aysss, si es que no se puede contigo... XD En cuanto a Max, ni tú sabes lo que le espera :twisted:

Y ahora, con todos ustedes, uno de los capítulos más esperados desde la boda de Lady Di y Gol D. Roger:
Spoiler: Mostrar
CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO SEGUNDO: “Venido del bosque”

Olores. Fueron los olores los que le sacaron de la profundidad del agua. Como sumergido en un inmenso océano, empezó a salir a flote arrastrado por los efluvios de su alrededor. El metálico y denso hedor de su propia sangre, la incesante y salina brisa del mar, fuertes esencias químicas... y el contundente olor del acero.

El acero. Siempre acero. Cuando ellos venían, traían consigo el olor del acero. El animal venteó, calculando instintivamente la dirección y la distancia. Luego, girándose hacia sus compañeros emitió un suave gruñido, y se dispersaron por la espesura.
Akinori Urahawa guió a sus hombres a través del estrecho sendero, en permanente estado de alerta. Como Capitán de la Marina, establecido en tierra, era su responsabilidad velar por la seguridad de sus lugareños, aunque esto significarse adentrarse en un lugar en el que nadie se adentraba, y enfrentarse al mismísimo Infierno Verde.
Ése era el nombre del bosque que cubría la región central de Isla Nakamura, una bonita isla del East Blue donde Urahawa era algo así como el amo y señor. Uno benévolo, pues creía firmemente en los valores que representaba la bandera de la gaviota, pero al fin y al cabo, amo y señor. Se veía obligado, a su pesar, a tomar todas las decisiones importantes, y esto incluía la situación en la que se encontraba.
Unos leñadores habían sido atacados. No era una novedad, siempre pasaba, pero el Capitán Aki, como todo el mundo le llamaba, tenía el deber moral de cazar un par de bestias en compensación, para intentar que aprendieran de una puñetera vez lo que era el miedo. Lástima que durante más o menos doscientos años de colonización, nadie en la isla hubiese conseguido dar miedo a los jabalíes del bosque.

La columna de marines llegó a un pequeño claro, producido por la caída de un gran roble. La ya experta vista de algunos de ellos detectó las huellas, pero sólo el Capitán Urahawa se dio cuenta del verdadero problema. Instantáneamente, agudos gruñidos surgieron de la espesura, y los jabalíes, a paso lento, amenazante, se dejaron ver, rodeando al grupo excepto por donde habían venido. Era una clara invitación a marcharse. Una invitación que Akinori Urahawa no podía aceptar.
“Están coordinados, actúan con alguna clase de… inteligencia”. El Capitán estaba demasiado acostumbrado a ver como bestias estúpidas a los jabalíes de la isla, se negaba a creer que fueran tan listos. Es más, NUNCA habían sido tan listos, él mismo había cazado decenas… ¿Qué había cambiado?
Un enorme jabalí salió de entre las filas de sus compañeros. Era una criatura imponente, y se le adivinaba el vigor de la juventud. Se comportaba como el macho alfa, pero Urahawa sabía, entre otras cosas, que ningún jabalí aceptaba fácilmente el liderazgo. Eran solitarios, pero eso parecía ser otra cosa que había cambiado. Quizá…
Sacando su espada, Akinori cargó contra el gran jabalí. Con un brillo de astucia, la bestia se apartó, intentando contraatacar con los colmillos. El marine bloqueó el ataque, comprobando como saltaban chispas del choque. Volvió a lanzar una poderosa estocada, pero el animal saltó hacia atrás, recuperando el espacio y cargando de nuevo. Esta vez, sin embargo, no atacó con los colmillos, sino que hizo palanca con el hocico, y Akinori, que no esperaba eso, quedó desequilibrado. Cayó, y se dio cuenta de que estaba muy cerca de su fin. Por todas partes, sus hombres luchaban contra las bestias, aguantando de momento. Rodó por el suelo, evitando los mortales colmillos de su enemigo sin poder hacer nada más. Hizo un movimiento de palanca con las piernas, hurtó el cuerpo al siguiente derrote, y lanzó una poderosa estocada hacia arriba que le impulsó hasta ponerse de pie, y que alcanzó al animal, pese a no poder traspasar su durísima piel. Akinori se encaró con él, y el animal le devolvió una mirada de plena inteligencia. Entonces, sucedió algo que heló la sangre del marine: la bestia se puso de pie sobre sus patas traseras, fluctuó su silueta, y se encontró de frente a una criatura híbrida, se silueta humanoide pero con los rasgos de un jabalí. Pensó que era un espíritu del bosque, y temió realmente por su vida. Luego recapacitó, y se dijo que quizá era un usuario de Akuma no mi. Eso significaba que era humano.
El hombre jabalí arrancó una rama del roble caído y se dirigió contra Akinori. En esa forma se movía más rápido y tenía mayor variedad de ataques, sin perder un ápice de fuerza. El marine tuvo que bloquear una lluvia de golpes terrible. Sin embargo, ahora que tenía un oponente armado, sabía como tratarle, y además tenía un plan.
Esperó lo suficiente para confiarle. Blandió la espada a una mano, esquivando la mitad de los ataques del salvaje. Se llevó la mano al bolsillo posterior, empuñando las esposas para criminales especiales, y haciendo resbalar un golpe por el filo de su arma, puso la nuca del ser a su alcance.
Se había salvado por muy poco. Cinco centímetros, y el colmillo le habría seccionado la yugular. Pero ahora, él y sus hombres abandonaban el bosque con un muchacho de unos doce años, esposado, y múltiples heridas.

El joven era sin duda un huérfano abandonado. Quizá el hijo de una mujer que había fallecido hacía el suficiente tiempo, en el bosque. Cómo la criatura había logrado sobrevivir, y cómo había encontrado la fuente de su poder, eran misterios que quizá ni siquiera él podría explicar.
Nadie quiso acoger en su casa al “hijo de los jabalíes”, porque nadie amaba a las bestias. Así que Akinori, soltero, se tuvo que encargar de cuidar de él, y de convertirle en humano. La disciplina militar fue su principal ayuda, y aunque pronto se hizo entender por el muchacho, al que llamó Hidetoshi, él no quiso hablar.
Pasaron los meses, y los años, hasta que Hide tuvo quince. Ya era un muchacho humano indistinguible de los demás, salvo por su falta de habla. Era educado, y aunque un poco severo en sus modos (educado militarmente, se podía entender), nadie le reprochaba ya su pasado. Además en todo ese tiempo, los animales, privados de un líder con inteligencia de humano, no volvieron a atacar.
Hasta un día en que los leñadores de una aldea volvieron a quejarse a Akinori. Hide estaba presente, y escuchó su relato de cómo las bestias habían atacado sin previo aviso, ensañándose con sus víctimas, y desapareciendo después. Akinori les dijo que se ocuparía de todo y les despidió.
-Mienten. –Dijo una voz a su espalda. –Nunca ha sido así.
Akinori se giró hacia su hijo adoptivo, que contemplaba crispado la puerta por la que habían desaparecido los leñadores.
Hide se ofreció a solucionar él mismo el problema, si los leñadores confesaban lo que había ocurrido. Según el muchacho, los jabalíes no dependían del bosque ni de territorios estables, tenían sitio de sobra, pero en determinados árboles grandes, los preferidos por los hombres, escondían sus madrigueras. Allí tenían a sus crías, y hacían todo lo posible por defenderlas. Los leñadores nunca se molestaban en comprobar si los huecos de las raíces de los grandes árboles estaban vacíos, y muchos jabatos perecían así. De modo que el muchacho se internó en el bosque para tranquilizar a su “familia”, y Akinori resolvió dictar una ley que arreglase el desaguisado. Cuando Hidetoshi volvió, estaba lleno de arañazos, mordiscos y moratones, pero tenía en la cara una sonrisa.
-Han dicho que no atacarán mientras no mueran más crías. –Anunció. –Y que me echan de menos.

Cuatro años más tarde, Hide era ya marine de primera clase, y en su tiempo libre volvía al bosque a contemplar la isla desde un lugar que sólo él había podido contemplar como humano: la Roca del Colmillo. Allí llevó a Akinori tras el asunto de los leñadores, y allí había llevado a una chica, Naoko, a la cual amaba con toda su alma. Naoko había demostrado ser valiente, aceptando cruzar el bosque, y la vista desde allí le resultó merecedora de todos los peligros. Se prometieron, aunque quizá esperasen un poco más para casarse.
Ese día, el joven Urahawa estaba solo. Contemplaba el inmenso mar verde que era el bosque, y al otro lado, las más claras extensiones de hierba de las regiones costeras. Y más allá, el profundo azul del mar, convertido en dorado si miraba en la dirección de la puesta de sol. Al hacerlo, vio que un pequeño punto lo atravesaba. Un barco, fuera de los horarios y fechas establecidos. Algo le dijo que debía volver, y aprisa.
Cuando llegó, era noche cerrada. Había luz en la casa del Capitán, un poco apartada del resto de dependencias de la base. Antes de entrar, el desarrollado olfato del joven marine le indicó que su padre no estaba solo, así que preparó su “disciplinada sonrisa de amabilidad” y entró con resolución. Como familiar del Capitán, él era el único marine que podía entrar allí.
El hombre que hablaba con Akinori se quedó mirando, entre admirado y curioso, al corpulento joven. El Capitán lo presentó como Ax Aberton, Instructor Jefe del Cipher Pol, y con una mirada entre el orgullo y el miedo, anunció a Hide que pensaban reclutarle como agente del gobierno.

Aberton se quedaría como invitado en la base un tiempo, para evaluar y entrenar a Hide. Akinori concedió un permiso indefinido a su hijo para atender a sus entrenamientos. Poco a poco, Aberton explotaba las fantásticas condiciones de su pupilo, pero entonces, el Capitán Urahawa se dio cuenta.
Una noche, sorprendió a Aberton en la habitación de Hide. No parecía hacer nada, pero hablaba en voz muy baja al dormido joven. Akinori oyó consignas de adhesión al Gobierno, expresiones de odio, de crueldad, y demasiadas explicaciones de que el fin justificaba los medios. Lo comprendió enseguida. Estaba entrenando a un asesino. Iban a mandarle al CP9.
A la mañana siguiente, Akinori habló con Aberton. No como marine, sino como padre.
-¿Por qué no se me dijo desde el principio?
-Porque la respuesta es siempre invariable, Capitán. Ningún padre quiere ver a su hijo convertido en asesino. Pero todos ven con orgullo que sirva al Gobierno. Pues nada, servirá.
-No me gusta que me mientan.
-Ja, claro que no, pero todo es necesario. Mire, recorro todos los mares en busca de reclutas prometedores, y creo que éste tiene el potencial para convertirse en el más increíble de los agentes que se conozcan. Mejor incluso que nuestro actual mejor hombre.
-Sí, he oído hablar del “niño de trece años”.
Akinori se estremeció con el recuerdo. No quería que su hijo se convirtiese en aquello, por mucha lealtad que tuviese a sus superiores.
-Además –añadió Aberton, -he encontrado una peculiaridad en su poder…
El marine miró al agente.
-Le cuesta controlarlo, y eso puede beneficiarnos.
-De todos modos, el debe elegir, ¿no? –Interrumpió Akinori. –Aún puede renunciar.
-Podría, pero, usted no intervendrá, porque entonces yo me encargaré de que lo degraden, y de que él jamás salga de barcuchos de mala muerte.

Hidetoshi Urahawa entreabrió los ojos, despacio, muy despacio. Reconoció la corpulenta silueta de un camarada sentado en la silla del visitante.
-Kleb.
-¡Hide, has despertado! ¡Genial! Nos hemos estado turnando para vigilarte. Llegaste fatal, amigo, creímos que te nos ibas.
-Gracias por todo, no tengo palabras.
Urahawa reprimió un gruñido de dolor al respirar algo más hondo. Localizó el olor del acero en el hacha de su compadre, que estaba uniformado.
-¿Estamos aún de servicio?
-Si, me temo, has dormido varios días. Nos hemos movido bastante. Apenas salimos de Ornegorsk, nos encomendaron el siguiente paso de la misión, bastante más tranquilito, y gracias, porque todos estamos machacadísimos.
-Me lo figuro, oye, Kleb…
-¿Si?
-Quiero renovar el pacto.
-Claro que sí. No te preocupes, como te dije aquél día, juro que si algún día nos faltas, yo me encargaré de que a tu familia nunca le falte nada, y te mantendré vivo en su memoria.
-Y tú tienes mi palabra de que haré lo mismo, amigo mío.
-No lo pongo en duda… si llega el momento, Hide, porque de ésta vas a salir.
Urahawa volvió a recostarse, más tranquilo. Se sentía débil, casi incapaz de luchar. El dolor era aún agudo, y sólo deseaba volver a dormir.
-Por cierto, Kleb, ¿me vas a decir de una vez dónde estamos?
Última edición por Ghorrhyon el Vie May 02, 2008 6:20 pm, editado 1 vez en total.
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MaNe
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En dos palabras: IN-CREIBLE

Mensaje por MaNe »

Capítulo 39 leído.
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Una batalla flipante, acabas de demostrar que la tercera edad debe ser siempre tomada en cuenta... Me ha gustado especialmente ver de nuevo la furia de Urahawa, además su estado le da un dramatismo interesante a la historia (pero espero que no muera...). A ver como desemboca toda esta saga...
Última edición por MaNe el Vie Feb 22, 2008 4:18 pm, editado 1 vez en total.
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Mensaje por Ghorrhyon »

Ehm... Déjá vu...

Esto ya lo he vivido, va de nuevo el capítulo...
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CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO TERCERO: “Isla Momokaido”

-¡Yo sólo procuro proteger el futuro de la familia, niñato desagradecido!
Sonja y Denis casi fueron arrollados por el furibundo Luther, que salía dando un portazo del despacho de Ritter. Casi estaban acostumbrándose a las discusiones de abuelo y nieto sobre la continuidad del linaje de los Fawkes, cosa que incluso hacía sonreír con picardía a la artillera.
-Luther, ya sabe usted que yo, si la situación es desesperada, podría ayudar. –Sugirió, risueña la artillera. –Al menos lo justo para asegurar...
La artillera se interrumpió, en parte por el codazo de Denis, y en parte por la gélida expresión de Luther Fawkes al pasar por entre ambos sin siquiera levantar la vista, rezongando por lo bajo. Sonja se quedó mirando al, por lo general, amable anciano, mientras Denis miraba a la puerta cerrada del despacho de su amigo.
-Sonja, deberías procurar no inmiscuirte demasiado en las cosas de los Fawkes.
-Sólo bromeaba, ya sabes, la erótica del poder.
-La he probado, querida, y no es tan gran cosa.
Por toda respuesta, la artillera sacó la lengua a su superior y siguió camino hacia la enfermería.

Isla Momokaido, el lugar donde se encontraban era probablemente la isla más tranquila y pacífica del mundo entero. Se encontraba en el Nuevo Mundo, nada lejos de Mariejoa, y no era más que una pequeña islita turística, totalmente bajo el control del Gobierno, en la que había una minúscula guarnición, con espacio de sobra en su base para los tripulantes del Implacable.
No estaban de permiso, salvo Sonja y Urahawa, éste por causa del largo tiempo de recuperación que iba a necesitar, pero el Comodoro Fawkes había decidido que la siguiente etapa de la misión se podía llevar a cabo más relajadamente. Las otras naves supervivientes de la Task Force Fawkes cumplían misiones de cobertura, alejando miradas curiosas, o trasladando prisioneros. De hecho, Sombe acababa de comunicar la entrega de Snaff al mismísimo Almirante Akainu.
-¡Teniente Segunda!
El grito de Sonja sobresaltó a Kleb, junto con el portazo, y provocó que la gigantesca hacha del carpintero se clavase en el dintel, sobre la cabeza de Denis.
-Chindari, haré como que no he visto nada.
-Lo... lo siento Comandante... –Se disculpó, muy avergonzado, el circunspecto Kleb. -¡Sonja! ¡Maldita sea, estamos en una enfermería!
Pero la artillera, eufórica por su reciente ascenso, ya batía palmas, comentándole los pormenores a un interesado aunque lamentablemente poco entusiasta Urahawa. Consciente de la inutilidad de más esfuerzos, Kleb se desplomó en la silla en la que estaba sentado antes, y Denis esperó a su lado a que Sonja liberase a su presa.
-¿No ha encontrado sustituta? –Preguntó el carpintero señalando la vaina vacía que el Comandante Courtoise dejó apoyada en la pared. -¿Ni siquiera aquí?
Denis negó con la cabeza.
-He probado algunas de las mejores que tenían aquí en la guarnición. –Expuso, desanimado. –Y nada. No les encuentro el punto, o si lo hago me las cargo. Y eso que el material tan cerca de Mariejoa es siempre de primera.
-Si necesita ayuda, ya sabe.
-Descuida, Kleb. –El tono de Denis se hizo más familiar. –Pero creo que la solución es bien simple.

La base naval de Momokaido se encontraba en el lado occidental de la isla, sobre un acantilado. Unas escaleras fortificadas descendían hasta la ensenada que hacía las veces de puerto. Sobre una rada natural, se habían construido defensas en los espigones, de modo que aunque pequeña, era una base muy bien protegida. Y, en cierto modo, hermosa.
Quina paseaba por el lado que daba al mar, justo al borde del acantilado. Una alambrada acompañaba el perímetro de la costa, inútil a menos que fuera para prevenir caídas, pero de todos modos, a través de ella se podía ver la hermosa vista del mar alrededor de una isla de primavera tan bonita como aquella. La marine caminaba pensativa, analizando todos y cada uno de los pasos que la habían llevado hasta allí, particularmente la lectura del poneglyph de Kilgore.
La piedra revelaba la posición de dos cosas: una, el siguiente paso de la ruta; la otra, la identidad de la bestia que aguardaba al final: Kraken. Eso era lo que hacía pensar a Quina más que todo lo demás.
Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos con la aparición de una figura familiar en el patio de la base. Luther Fawkes caminaba airado, pateando las piedras y rezongando en voz cada vez más alta. Algunos marines de las guarniciones de la base y del barco evitaban toparse con el. De repente, Luther alzó la cabeza, gritando.
-¡¿Que más narices quieres que haga?!
Quina no se habría asustado tanto de no ver la expresión que ensombrecía su rostro.

-De modo que el apellido Fawkes está rodeado de sombras. –Sentenció Quina, sentada en lo alto de la escalera del puerto. –Un error, que se expía con un sacrificio.
Luther se encontraba de pie, a su lado, mirando al lejano mar, sumido quizá en recuerdos. Habló sin volverse a su interlocutora.
-Y Ritter es sin duda el más afectado. Su único error fue seguir a su padre a la batalla, una tontería propia del niño que era. –Bajó la cabeza, pensativo. –Su sacrificio fue ver su familia y su futuro hechos pedazos. Quizá incluso podría haber sido él el gobernador de la isla, no su tío. Habría sido lo justo, tú misma sabes que tiene madera.
Quina asintió, a pesar de que Luther no estaba mirando. Pensó en el anciano, en el extraordinario esfuerzo que todo esto representaba. Toda una vida aislado del mundo, dueño y señor de un paraje hermoso y salvaje, encerrado en un barco con gente hecha a la disciplina, dura y marcial. Recorrió la silueta del viejo guardabosques, que parecía algo más encorvada y cansada, en parte por las heridas aún sin curar del todo, en parte por el peso de su responsabilidad.
-De todos modos –respondió al ermitaño –ser lo que es, Comodoro de la Marina, no es poca cosa.
-Lo se. –Contestó Luther. –Pero, aunque él mismo trate de convencerse, no sirve para esto.
Se volvió como para comprobar el impacto de sus palabras sobre la Capitana.
-Ritter sigue odiando a la Marina en el fondo de su corazón. Por eso, trata de llegar lo más alto posible. La cambiará, y no volverá a ser como era.

Sonja, Kleb y Denis salieron de la habitación, mientras las enfermeras hacían su trabajo. La artillera tenía una expresión mucho más sombría que sus compañeros.
-Jamás le había visto con tan pocas fuerzas.
Kleb y Denis se miraron. Ellos ya habían adivinado la verdad, pero no habían querido estropearle el ascenso a Sonja. Desgraciadamente, la cruda realidad se hacía patente. Eran soldados, y eso se acababa sabiendo.
-Se está rindiendo, Sonja. –Dijo Kleb. –No tiene ganas de luchar.
Atardecía, y Luther llegó a su cuarto. Desde la ventana se podía contemplar un bosquecillo de fresnos, en el exterior del recinto de la base. Más allá, las onduladas extensiones verdes de Momokaido abarcaban, salpicadas por manchitas de árboles o granjas, todo hasta el horizonte. Hasta las colinas Terral, las mayores elevaciones de la isla, y no precisamente altas.
El anciano se sentó, pensativo. Recordó el terrible esfuerzo del combate, la soledad del momento de la victoria. Nadie alrededor. Su enemigo muerto, Urahawa inconsciente, ningún marine a la vista. Y la angustia. La certeza de saber que Ritter estaba en peligro, y que él no podía hacer nada. Ahora, estaba más preocupado por la salud del marine, al que ya consideraba un buen amigo, educado, serio y estricto, sí, pero con un fondo de nobleza que le resultaba chocante en alguien de su edad y oficio.
Ahora no podía por menos que pensar en la suerte que había tenido su nieto, enfrentado a Snaff y su terrible poder. No podía negarse, al menos, que era todo un Fawkes, un verdadero valiente. En un tiempo récord había acabado con la leyenda más oscura de su tierra natal, y había ayudado a derrotar a un enemigo que le superaba del todo. Salvando así a la mujer que amaba.
Porque, no pudo evitar pensar con una sonrisa, estaba seguro que Joaquina Guimaraes le daría bisnietos.

Sonja y Kleb caminaban hacia el comedor, sin mirarse, sin hablar. Entre ellos estaba todo dicho en esas ocasiones. Llegaron pronto, antes de que el grueso de la guarnición comenzase a pelearse por los mejores sitios, y eligieron una mesita retirada. Sonja saludó a algunos conocidos que le felicitaron por su ascenso. Teniente Mendoza. Qué raro sonaba.
-No puede hacernos esto.
Fue en el segundo plato cuando la artillera se decidió a romper el silencio. Kleb levantó la vista del pollo asado que apenas había tocado y miró a su amiga.
-Pero lo hará, a menos que encuentre un motivo de verdad.
-¿Y qué tal su familia?
Kleb negó con la cabeza.
-En el fondo de su corazón sabe que están preparados, que su ausencia no se notará, pues los ve poco de todas maneras, y que yo estaré para cuidarles.
-Nunca debiste hacer ese pacto con él.
-No lo hice por él. Lo hice por Ayra y Nora. Ellas no son tan fuertes como los Urahawa.
-No lo entiendo.
-En realidad, yo tampoco. Pero les vi una vez, durante una visita a Nakamura. Naoko y él arrastran algo. Nunca me lo han querido contar, pero creo que tiene que ver con su poder.
Sonja asintió. La Ino-Ino no Mi parecía ser el mayor lastre del alma del Teniente Urahawa. Cuando alguien pasa toda su infancia bajo la influencia del demonio de la fruta, eso puede pasar factura. Y quizá, sólo quizá, Hide Urahawa había decidido que ya estaba bien.

Denis Courtoise entró en la fragua despacio, con reverencia. El herrero de la base le indicó donde estaba todo, y con un saludo militar, salió, dejando solo al espadachín.
-Vaya, así que eso es el Sentiment du Fer.
-Si, será tu arma más poderosa, porque cuando haya despertado, llegará el último paso. Encontrarás la espada que sea la extensión de tu alma.
-La extensión de mi alma, ¿cómo la reconoceré?
-Nunca se sabe. Yo la forjé con mis propias manos.


Quina llamó a la puerta, pero entró al despacho sin esperar respuesta. Ritter leía informes y escribía sus conclusiones en el cuaderno de bitácora. Los ojos de la Capitana recorrieron involuntariamente el escritorio, hasta que finalmente se clavaron en el rostro aparentemente tranquilo del Comodoro.
-Me mandaste llamar.
-Así es. –Ritter Fawkes levantó la cabeza, y sus ojos verdes miraron a Quina con intensidad. –Finalmente, tengo los permisos.
-Excelente. –Quina se sintió aliviada, el último paso estaba cerca. -¿Quién va?
-Bueno, no será difícil. –Ritter se levantó. Tenía los botones superiores de la casaca desabrochados, y a través del hueco se veía el fuerte vendaje que protegía su herida del costado. –Es un lugar seguro, en un mar tranquilo, con buen clima. Será una verdadera excursión. Pero estando Urahawa como está, no quiero que ninguno de los oficiales se vaya de su lado.
-Entonces…
-Tendremos que ir nosotros, ¿no crees?
Última edición por Ghorrhyon el Vie May 02, 2008 6:21 pm, editado 1 vez en total.
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Reyes
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Mensaje por Reyes »

Después de mucho tiempo y de observar desde las "sombras" (como dicen algunos), por fin me decido a postear aqui!
Lo primero decirte Ghorrhyon-san que soy un admirador de tus historias, tu forma de relatar esta a la altura de los grandes del foro. No solo reflejas muy bien la personalidad de los personajes sino que además lo complementas a la perfección con una descripción impresionante de las localizaciones, batallas, descripciones físicas... Un 10!
No me pierdo ningún capitulo de Task Force, me encanta el punto de vista que le das al mundo One Piece viendolo desde el otro lado. Solo quiero animarte a que sigas escribiendo, que sepas que tienes mas admiradores de los que crees! Aunque sea observando desde las sombras...

P.D: No mates a Urahawa, por diox! si alguien debe sufrir un "accidente" tal vez deberia ser un espadachin algo pedante...
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Mensaje por kid »

Reyes escribió:P.D: No mates a Urahawa, por diox! si alguien debe sufrir un "accidente" tal vez deberia ser un espadachin algo pedante...
Parece que con esto se equilibra un poco el Denis Vs. Urahawa, y ya somos 3 Vs. 3 :lol:

El capítulo de esta semana es de los que me gustan, así tranquilito y con profundización de personajes, que tanto combate se me hizo un poco pesado, aunque hubiese algunos muy buenos. Pero eres un Cherdho por hacerme pensar que Urahawa sobreviviría y estar ahora a punto de cargártelo, y encima en cama con una presumible escena lacrimógena ¬¬
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Mensaje por Ghorrhyon »

Bueeno, tras sufrir directamente el acoso de un fan durante el Expocomic XD, aquí estoy, con el capítulo siguiente, y preparado para la acción...

Reyes-kun: "In the shadows" ¿No era un tema de Ramsus? (Modo chistes de Franxo OFF) Gracias por tus ánimos, y tranquilo, incluso acabando esta serie seguiré escribiendo, que me ha dicho mi terapeuta que es bueno.

Kid: Mira, ya tenéis para dos equipos del King of Fighters 97 (el mejor de todos). Sólo puedo decirte que igual vas a acabar pidiendo a gritos combates, porque se acerca una laarga fase tranquila. En caso de que eso pase, es que no se te puede tener contento XD.

Y ahora, ¿de verdad creísteis que vuestros sollozos me ablandarían?

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CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO CUARTO: “El destino de Urahawa”

El clima excelente de Isla Momokaido era debido a su condición de isla de primavera. Soplaba una brisa constante, aumentada por el hecho de que la base se encontraba en lo alto del acantilado. Ritter se había puesto sus ropas civiles: una camisa de franela remangada, sobre unos pantalones de faena de la Marina y encima su sempiterno chaleco de múltiples bolsillos. Quina por su parte se había decantado por un coulotte a media pierna y un jersey fino escotado e inclinado, que dejaba ver su moreno hombro derecho.
-Me encanta ir de incógnito. –Comentó la mujer, intentando iniciar una conversación. –Es como recuperar otra parte de nuestras vidas.
Ritter Fawkes no contestó. Estaba serio, cariacontecido. Caminaba despacio, alejándose de las puertas de la base por el sendero septentrional.
Ritter había decidido partir cuanto antes. No necesitaban escolta, y no quería importunar a ninguno de sus oficiales. Quina leería el archiconocido poneglyph de Momokaido, situado en los bosquecillos de las colinas, y Ritter estaría allí para certificarlo. Punto.
-Creo que podríamos haber esperado. –Sugirió de pronto la Capitana, cambiando de actitud. –Él...
-¿Esperar a qué? –Ritter la interrumpió de súbito. –No me quedaré en esa enfermería viendo como uno de mis hombres se deja morir. No le avergonzaré de ese modo.
Quina pensó de pronto que Ritter se sentía desdichado. No estaría allí para despedirse de un compañero leal, porque no quería que el Teniente Urahawa se viese rodeado por sus camaradas como un anciano. Quizá esa era la razón por la que Denis se había encerrado en la fragua, y por la que Kleb había decidido hacer una concienzuda inspección de la palamenta del Implacable. Solo Sonja se había quedado en la habitación de la enfermería, velando al herido.

Había dos días de camino por un sendero cuidadosamente empedrado hasta la aldea de Takindara, la última antes del bosque. Así que se propusieron caminar relajados, disfrutando del clima y las vistas. Cuando la base desapareció tras la suave pendiente, Ritter pareció animarse de pronto, y no tardó en animarse a conversar. Hablaron largo rato de las peculiaridades de aquella tibia y pacífica isla, y aquel ambiente evocador les trajo imágenes de sus respectivas infancias. Quina habló de la paz y la cultura que inundaban Ohara antes de la tragedia, y Ritter recordó los buenos tiempos antes de la guerra, cuando exploraba la exuberante naturaleza de su isla alrededor de su hermosa ciudad.
El tema varió luego. Saltándose los tenebrosos sucesos que interrumpieron sus recuerdos, pasaron a la época de su adiestramiento. Ritter contó, ante las carcajadas de su compañera, los desastrosos resultados de sus pruebas de combate, mientras que ella confesaba que no tenía ni idea de cómo leer una carta de navegación, ya que había aprobado ese examen copiando. De ese modo, transcurrió el primer día. Llegaron a una posada del camino al atardecer, cumpliendo perfectamente el plazo predicho por el Comodoro. Reservaron dos habitaciones individuales y descansaron profundamente.

-Ehh... estoy... me siento honrado por la oferta, señor.
-Es para estarlo, Hide. Te aseguro que nunca he visto a nadie más preparado para el puesto. Ser miembro del CP9 es probablemente una de las tareas que comportan más orgullo y prestigio entre los oficiales del Gobierno. A la altura de Vicealmirantes de la Marina, te lo puedo asegurar.
-Vaya, eso es mucha responsabilidad.
-Claro, claro, hijo. Por eso no te presionaré. Tú piénsalo, y ya me dirás. No sirve de nada una respuesta cuando no hemos acabado el entrenamiento.
Había pasado un mes desde la conversación entre Ax Aberton y Akinori Urahawa. No había vuelto a surgir el tema, pero el Capitán se portaba de un modo más frío con el instructor. Por su parte, Hide se tomaba cada vez más en serio el entrenamiento, dejando apenas tiempo para verse con Naoko. Aberton no decía nada sobre los encuentros de los dos jóvenes, pero se veía a las claras que veía a la chica como una distracción. Sin embargo, mientras el joven Urahawa siguiese entrenando tan bien, no se opondría a nada de lo que hiciera en su tiempo libre.
Una tarde, recién acabado el entrenamiento, Hide se acercó a su instructor.
-Señor, hemos repetido una y otra vez las mismas rutinas de entrenamiento. Ya domino el Yonshiki, ¿no podría pasar a Tekkai ya?
-Mrmh. –Refunfuñó Aberton. –Verás: otros instructores de esta disciplina suelen enseñar las seis técnicas del Rokushiki personalmente a sus alumnos, pero yo no estoy entre ellos.
Urahawa se quedó mirando al hombre algo perplejo.
-Entonces, -preguntó- ¿cómo se supone...?
-Aaah... –Sonrió avieso el instructor. –Ahí es donde entra el verdadero talento. Entramos en la semana decisiva. Combate simulado, que acabará en una misión especial. En ocasiones, un aspirante al CP9 que domine el Yonshiki es llevado a una misión de campo con los “mayores”, pero aparte de que no se da ahora esta situación, porque no hay donde mandarte, lo considero perjudicial para el ego del alumno. Así que yo opto por exponerte a las técnicas que faltan utilizándolas espontáneamente. Si eres capaz de reproducirlas por tu cuenta, habrás aprobado por completo.
Hide asintió, asombrado de la extraña lógica. Dedujo que esa era la razón de que cada maestro de Rokushiki utilizase ligeras variantes de algunas técnicas. Ser autodidacta, para los instructores del Cipher Pol, significaba tener talento.

Durante la semana siguiente, Hide Urahawa estuvo “expuesto” al uso de Tekkai y Shigan, las dos técnicas más poderosas del repertorio de Aberton. El entrenamiento físico se intensificó, y también la crueldad de su instructor, que envió al joven a la enfermería un par de veces. Parecía querer lesionarle aposta. Aberton provocaba y molestaba al chico, buscando enfurecerle. Lo más frustrante para Hide era que ni siquiera utilizando su poder Zoan era capaz de igualarse al poderoso maestro.
Una tarde, Naoko fue a verle a la enfermería. Estaba todo cubierto de cortes y arañazos (Tatsumaki Rankyaku, lo llamó Aberton), y muy cabreado por las puyas sufridas durante el combate.
-Hide, ¿estás bien?
-No, es evidente. ¡Cuidado, maldita sea! –Hide empujó al enfermero, quien le había apretado demasiado un apósito. -¡No se si sabes que duele!
-Lo sabe, cariño. –Naoko sujetó la mano de su novio. –Tranquilízate, no pareces tú. Si te viera tu padre...
Hide miró a su chica a los ojos, y algo en sus palabras le hizo crisparse. Sintió una especie de presión en la boca del estómago, como algo que le impulsaba a atacar a la desesperada. Se horrorizó al verse transformado, atacando a la persona que más quería en el mundo, y pensó que no querría defraudar al hombre que le había sacado del salvajismo.

El último día del entrenamiento, Hide Urahawa luchó relajado y seguro de sí mismo contra su maestro. No se enfureció, ni siquiera recurrió a su transformación, y se desenvolvió maravillosamente bien.
Sin embargo, no consiguió hacer Tekkai ni Shigan.
-Vaya, es una sensación agridulce. –Aseguró el instructor. –Te he notado mejor que nunca, chico, un combate excelente. Pero sin la justa medida de ambición, sin ganas de hacer daño, no puedes dominar técnicas de asesinato...
-No creo que me vayan a hacer falta.
Un Shigan directo al estómago no habría hecho tal efecto en el rostro de Aberton.
-¿Qué demonios estás diciendo? ¿Quién ha hablado contigo? ¿Tu padre?
-No... Sólo tuve una intuición mientras hablaba con Naoko. De todos modos, defraudaría a mi padre y a mí mismo si aceptase la oferta. No es eso para lo que me crió.
-Comprendo. –Aberton tenía una expresión pensativa, analizando las palabras de su discípulo. –De todos modos, Hide, eres el alumno más prometedor que he tenido. El mejor de todos. Quiero darte la oportunidad de ser maestro de Rokushiki. Acepta la misión de iniciación, y no volveré a molestarte.
Hide no tuvo objeción. Sabía que el objetivo de la misión de iniciación era cometer un asesinato, pero Aberton tranquilizó sus dudas asegurando que permitiría que capturase a su presa viva, si podía.

La noche siguiente, Hide estaba preparado. El objetivo era un peligroso rebelde que había llevado de cabeza a su padre durante años. Era hábil, y ni siquiera los ahora relativamente pacíficos jabalíes le asustaban. Pero ahora había en la isla un aspirante a maestro de Rokushiki.
Comenzó a llover, pero a Hide no le molestaba. Dentro de su ser aún se encontraba la criatura que disfrutaba viviendo al aire libre. Esperó un tiempo, y oyó los pasos. Siguió sigilosamente a su presa, sin apenas distinguir más que una silueta. Su idea, concentrado al cien por cien, era atraparle con Soru, utilizando Tekkai, si lo conseguía, para ser inmune a sus golpes, e inmovilizarle con un único Shigan en la espalda, en un punto que causaba parálisis temporal. Se sentía capaz, estaba preparado.
-Soru.
No esperaba aquello. A la luz de un relámpago, vio como otra sombra atrapaba a su presa, y oyendo desconcertado el grito alarmado de Naoko, se lanzó para actuar. Entre los árboles vio a Aberton agarrando por la espalda a su chica, apuntando su dedo índice al cuello de la muchacha.
-¡Maestro! ¿Qué hace?
-Lo que debo, Hide. Debes entregarte a tu demonio. Él sabrá actuar. Tu objetivo soy yo, aunque sobreviviré a tu ataque. Pero ella no lo hará al mío. Casi preferiría que fallases, porque te hace débil y estúpido. Pero si la salvas...
-¡Suéltela!
-No, Hide. La mataré.
El joven marine sintió la ira más tremenda recorrer su corazón. Se transformó, pero el demonio de la fruta clamaba por más. Quería sangre. Tenía sangre justo delante.
-Si... –Susurró Aberton. –Ven por mí.
-¡No!
El grito llegó desde detrás de Hide. El joven, henchido de rabia, se giró. Era Akinori, su padre, quien llegó corriendo de entre los árboles. ¿Qué hacía allí?
-¡Tú, maldito entrometido! –Gritó Aberton al verle. -¡Te veré limpiando letrinas!
Ante el asombro de Hide, Aberton soltó a Naoko, y se lanzó contra Akinori. Atacó con Rankyaku, pero el Capitán esquivó el ataque. La situación se hizo más confusa, y la incomprensión de la situación no ayudó a que recobrase el control. Se sentía agitado, sólo quería golpear algo, a alguien... lo veía todo rojo, incluso la densa lluvia que arreciaba.
En medio de la reyerta, uno de los hombres derribó al otro. Parecía cubierto de sangre, o quizá era la roja lluvia... Hide no quiso saberlo. El hombre se inclinó sobre Naoko de manera que al hombre-jabalí le pareció sumamente amenazante.
-¡Noooo! –Rugió Hide. -¡Shigan!
A la luz de un relámpago, todo se hizo visible: el rostro aterrado de Naoko, la mirada anhelante de Aberton, la cara crispada de dolor de su padre. Akinori se inclinó sobre su hombro. Hide había perdido toda la furia. El Capitán Urahawa dijo algo al oído de su hijo, y murió.

El rostro de Urahawa irradiaba absoluta placidez en la muerte, incluso transcurridos tantos años después. Fue el recuerdo de sus palabras lo que despertó al demonio de su hijo, lo que hizo que se transformase de inmediato, en medio de un alarido. Sintió palpitar la herida, cerrándose casi a ojos vista. Sintió arder su sangre, y sintió que, esta vez, todo ocurría bajo su control.
Sonja se puso en guardia, sobresaltada, pero al ver que el oficial recuperaba la forma humana y el color del rostro casi al mismo tiempo, un brillo triunfal acudió a sus ojos.

-Nunca, jamás, dejes que esto vuelva a sucederte. Resiste siempre al demonio. Pero no renuncies a él. Si alguna vez crees que las fuerzas te abandonan, o que la bestia te domina, recuérdame hijo. Recuerda este día. Y no desfallezcas.
Hide volvió a su forma humana, casi de inmediato. Su padre siguió hablando, a punto de expirar:
-Mientras mi recuerdo siga vivo, mientras exista tu demonio interior, ninguno podremos morir.
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Pues sí... es que estoy hecho un melindres
Última edición por Ghorrhyon el Mar Dic 25, 2007 1:23 pm, editado 1 vez en total.
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No sabemos mucho del amor. Con el amor es como con la pera. La pera es dulce y tiene forma. Tratad de definir la forma de la pera.
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