aki va una historia d... EL DECAPITADOR NOCTURNO!
Hace varios años que los sorprendidos pobladores y turistas comenzaron a encontrarse con un espantoso espectáculo: cientos y miles de pichones de fardela muertos, abandonados de cualquier manera cerca de sus nidos. El decapitador comenzaba a recolectar su morbosa cosecha.
Nadie podía explicarse el extraño suceso: los cadáveres de las avecillas aparecían sin cabeza y a veces sin patas, pero con su plumaje completo. No les faltaba ni un gramo de carne.
¿Qué sucedía? ¿Era obra de un nuevo depredador o el resultado del accionar de un enfermo mental que disfrutaba mutilando voladoras?
Hasta el día de hoy, los ataques, que comienzan en agosto cuando los pichones salen del nido y concluyen en septiembre, no han cesado y se repiten año tras año.
El misterio quitó el sueño a los rumenses, a los científicos escoceses y a los zoólogos y ornitólogos de todo el mundo, y persistió como un enigma a quebrar durante años.
El abyecto asesino, de presencia elusiva como una sombra y crueldad afilada como la de Jack el Destripador, se ocultaba de la vista de los hombres para perpetrar sus crímenes en la oscuridad de la noche.
Nadie acertaba a dar con él, mas los pichones de fardela seguían perdiendo las cabezas.
La búsqueda del culpable no fue fácil. Primero se pensó en algún ave que, en ciertas circunstancias, se volviese rapaz de las fardelas. Se sabe que los cuervos y las águilas cazan a veces aves vivas, pero nunca se vio esta conducta sobre las fardelas de Rum. Los observadores de pájaros y los ornitólogos se gastaban las pupilas analizando los comportamientos de las demás aves que frecuentan la isla, pero nunca vieron a una de ellas atacar a un gaviotón. Sin embargo, por la noche, el decapitador nocturno atacaba de nuevo efectuando otro genocidio sobre las fardelas infantiles.
La falta de resultados de la teoría "aves contra aves" llevó la imaginación de la gente por otros derroteros.
Se sabía que el excéntrico Sir Bullogh había ordenado instalar en Kinloch un zoológico de animales exóticos. Entre ellos, había importado a la isla varios caimanes.
Una vieja anécdota daba cuenta de que en cierto momento, uno de los cocodrilos escapó del corral donde vivía. Los monteros y guardabosques de Sir Bullogh movieron cielo y tierra para encontrarlo (no era como para dejar suelta a semejante bestia en la isla), pero sin éxito. Resultó ser que el reptil no había huido hacia los campos, sino que se había ocultado dentro del castillo de Kinloch. El personal acabó a tiros con él.
¿Era posible que el decapitador nocturno fuese un caimán? Acaso no se había escapado uno solo, sino una pareja o más. Si se habían ocultado en las Rum Cuilins, hasta era posible que los descendientes de aquellos yacarés viviesen aún, hoy en día, en las nubosas montañas de Rum y se dedicaran a depredar a los pichones de fardela.
Pero en ese caso, ¿por qué recién ahora comenzaban a descubrirse los ataques? ¿De qué habían vivido los caimanes durante más de un siglo? ¿Qué clase de caimán se comería la cabeza de un pollo y dejaría el resto?
Los pobladores de la isla batieron las colinas metro por metro, sin poder, como era de esperarse, encontrar ni rastro de reptiles. Además, los despojos de las fardelas fueron mostrados a varios especialistas en cocodrilos, y todos estuvieron de acuerdo en que no habían sido atacadas por un animal de ese tipo.
¿Qué estaba sucediendo? Mientras los científicos se preocupaban, las muertes se hacían más y más frecuentes y los pobladores de Rum estaban cada vez más desesperados.
¿Cuánto faltaba para que el decapitador nocturno decidiese comenzar a comer cabezas de perros, ovejas... o personas?
Ya se sabe cómo reaccionan las personas que viven en lugares remotos o aislados ante los hechos inexplicables: Rum se convirtió en una usina de rumores a cual más desorbitado. Monstruos marinos, licántropos, vampiros ornitófagos, hasta una bestia similar al Monstruo del Lago Ness que se arrastraba fuera del mar por la noche para cebarse en los cuerpos de las inocentes avecillas...
Pero faltaba poco para que la verdad del asunto saliese a la luz.
La búsqueda del culpable no fue fácil. Primero se pensó en algún ave que, en ciertas circunstancias, se volviese rapaz de las fardelas. Se sabe que los cuervos y las águilas cazan a veces aves vivas, pero nunca se vio esta conducta sobre las fardelas de Rum. Los observadores de pájaros y los ornitólogos se gastaban las pupilas analizando los comportamientos de las demás aves que frecuentan la isla, pero nunca vieron a una de ellas atacar a un gaviotón. Sin embargo, por la noche, el decapitador nocturno atacaba de nuevo efectuando otro genocidio sobre las fardelas infantiles.
La falta de resultados de la teoría "aves contra aves" llevó la imaginación de la gente por otros derroteros.
Se sabía que el excéntrico Sir Bullogh había ordenado instalar en Kinloch un zoológico de animales exóticos. Entre ellos, había importado a la isla varios caimanes.
Una vieja anécdota daba cuenta de que en cierto momento, uno de los cocodrilos escapó del corral donde vivía. Los monteros y guardabosques de Sir Bullogh movieron cielo y tierra para encontrarlo (no era como para dejar suelta a semejante bestia en la isla), pero sin éxito. Resultó ser que el reptil no había huido hacia los campos, sino que se había ocultado dentro del castillo de Kinloch. El personal acabó a tiros con él.
¿Era posible que el decapitador nocturno fuese un caimán? Acaso no se había escapado uno solo, sino una pareja o más. Si se habían ocultado en las Rum Cuilins, hasta era posible que los descendientes de aquellos yacarés viviesen aún, hoy en día, en las nubosas montañas de Rum y se dedicaran a depredar a los pichones de fardela.
Pero en ese caso, ¿por qué recién ahora comenzaban a descubrirse los ataques? ¿De qué habían vivido los caimanes durante más de un siglo? ¿Qué clase de caimán se comería la cabeza de un pollo y dejaría el resto?
Los pobladores de la isla batieron las colinas metro por metro, sin poder, como era de esperarse, encontrar ni rastro de reptiles. Además, los despojos de las fardelas fueron mostrados a varios especialistas en cocodrilos, y todos estuvieron de acuerdo en que no habían sido atacadas por un animal de ese tipo.
¿Qué estaba sucediendo? Mientras los científicos se preocupaban, las muertes se hacían más y más frecuentes y los pobladores de Rum estaban cada vez más desesperados.
¿Cuánto faltaba para que el decapitador nocturno decidiese comenzar a comer cabezas de perros, ovejas... o personas?
Ya se sabe cómo reaccionan las personas que viven en lugares remotos o aislados ante los hechos inexplicables: Rum se convirtió en una usina de rumores a cual más desorbitado. Monstruos marinos, licántropos, vampiros ornitófagos, hasta una bestia similar al Monstruo del Lago Ness que se arrastraba fuera del mar por la noche para cebarse en los cuerpos de las inocentes avecillas...
Pero faltaba poco para que la verdad del asunto saliese a la luz.
La búsqueda del culpable no fue fácil. Primero se pensó en algún ave que, en ciertas circunstancias, se volviese rapaz de las fardelas. Se sabe que los cuervos y las águilas cazan a veces aves vivas, pero nunca se vio esta conducta sobre las fardelas de Rum. Los observadores de pájaros y los ornitólogos se gastaban las pupilas analizando los comportamientos de las demás aves que frecuentan la isla, pero nunca vieron a una de ellas atacar a un gaviotón. Sin embargo, por la noche, el decapitador nocturno atacaba de nuevo efectuando otro genocidio sobre las fardelas infantiles.
La falta de resultados de la teoría "aves contra aves" llevó la imaginación de la gente por otros derroteros.
Se sabía que el excéntrico Sir Bullogh había ordenado instalar en Kinloch un zoológico de animales exóticos. Entre ellos, había importado a la isla varios caimanes.
Una vieja anécdota daba cuenta de que en cierto momento, uno de los cocodrilos escapó del corral donde vivía. Los monteros y guardabosques de Sir Bullogh movieron cielo y tierra para encontrarlo (no era como para dejar suelta a semejante bestia en la isla), pero sin éxito. Resultó ser que el reptil no había huido hacia los campos, sino que se había ocultado dentro del castillo de Kinloch. El personal acabó a tiros con él.
¿Era posible que el decapitador nocturno fuese un caimán? Acaso no se había escapado uno solo, sino una pareja o más. Si se habían ocultado en las Rum Cuilins, hasta era posible que los descendientes de aquellos yacarés viviesen aún, hoy en día, en las nubosas montañas de Rum y se dedicaran a depredar a los pichones de fardela.
Pero en ese caso, ¿por qué recién ahora comenzaban a descubrirse los ataques? ¿De qué habían vivido los caimanes durante más de un siglo? ¿Qué clase de caimán se comería la cabeza de un pollo y dejaría el resto?
Los pobladores de la isla batieron las colinas metro por metro, sin poder, como era de esperarse, encontrar ni rastro de reptiles. Además, los despojos de las fardelas fueron mostrados a varios especialistas en cocodrilos, y todos estuvieron de acuerdo en que no habían sido atacadas por un animal de ese tipo.
¿Qué estaba sucediendo? Mientras los científicos se preocupaban, las muertes se hacían más y más frecuentes y los pobladores de Rum estaban cada vez más desesperados.
¿Cuánto faltaba para que el decapitador nocturno decidiese comenzar a comer cabezas de perros, ovejas... o personas?
Ya se sabe cómo reaccionan las personas que viven en lugares remotos o aislados ante los hechos inexplicables: Rum se convirtió en una usina de rumores a cual más desorbitado. Monstruos marinos, licántropos, vampiros ornitófagos, hasta una bestia similar al Monstruo del Lago Ness que se arrastraba fuera del mar por la noche para cebarse en los cuerpos de las inocentes avecillas...
Pero faltaba poco para que la verdad del asunto saliese a la luz.
Un buen día, un paseante llegó corriendo a Kinloch, contando una extraordinaria historia: dijo que había visto a un ciervo rojo masticando tranquilamente a un pichón de fardela. ¿Ciervos carnívoros? ¡Qué tontería! Como es lógico, nadie le creyó.
Sin embargo, un especialista en ecología marina de la Universidad de Glasgow llamado Bob Furness manifestó haber estudiado un raro caso ocurrido en las Islas Shetland, al norte de Escocia. Allí, dijo, las gaviotas eran depredadas por... ¡las ovejas! Furness explicó que el motivo era la falta de calcio en la vegetación de que se alimentaba el ganado, lo que obligaba a las ovejas a suplantarlo convirtiéndose en depredadores. Casualmente, las aves marinas concentran la mayor parte del calcio corporal en la cabeza y las patas. En la isla de Foula, en las Shetland, no es raro ver a las ovejas decapitando pichones y rumiando tranquilamente las cabezas.
Por más surrealista que sea la imagen, los científicos apuntaron de inmediato sus sospechas hacia los ciervos colorados de Rum.
El "decapitador nocturno" de Rum es, en efecto, el ciervo rojo que se ha vuelto carnívoro. Verdaderamente el pasto de la isla carece casi por completo de calcio, y es por ello que el Bambi de lánguidos y tristes ojazos se ha convertido en un monstruo sediento de sangre que devora masa encefálica al estilo de los zombies de "La Noche de los Muertos Vivos".
Inclusive sus sanguinarias correrías son nocturnas, ya que en esos momentos los pichones están solos y salen de sus cuevas para ejercitar las alas.
Cuesta creerlo, pero los análisis de los excrementos de los ciervos de Rum han encontrado restos de picos, huesos y patas de ave digeridos.
Actualmente, sólo falta filmarlos in flagrante delicto para terminar de disipar cualquier duda.
La BBC, la National Geographic y el canal británico The Discovery Channel están instalando en estos momentos cámaras infrarrojas por toda la isla y las colinas a efectos de documentar la extraordinaria conducta.
¿Quién lo hubiese dicho? El Decapitador Nocturno de Rum ha resultado no ser otro que el tierno, tímido y tembloroso cervatillo que llenó de emoción nuestros cuentos infantiles. ¡Bambi asesino!
