
Buenas, amigos. Hoy vamos a hablar de un tema un poco distinto: la alimentación a bordo de los barcos piratas.
La vida de los piratas era generalmente dura e incómoda, y la dieta no lo era menos. Ya hablamos del alcohol como parte fundamental de las raciones diarias y de la vida de a bordo, pero hoy nos vamos a centrar en la comida en sí.
A lo largo de la historia, la navegación se fue topando con diferentes obstáculos conforme expandía su alcance; la tecnología naval, las herramientas cartográficas y, no menos importante, el transporte de alimentos. En este aspecto, los barcos piratas no son muy distintos del resto y tampoco lo serán sus necesidades, que se pueden resumir en: valor calórico y durabilidad. Esta última necesidad es la más importante y la que acota más lo que se puede consumir en el mar, ya que las condiciones de humedad y temperatura van a hacer que los alimentos se estropeen muy deprisa. A esto hay que añadir la insalubridad de las bodegas, frecuentemente habitadas por ratas, cucarachas y otras alimañas. Estas condiciones obligan a buscar aquellos alimentos que aguanten más sin estropearse, que van a ser aquellos a los que se hayan aplicado métodos de conserva.
Los métodos de conserva más empleados antes de la refrigeración moderna son el ahumado y el salado, más común este último (aunque se podían combinar). Los barcos se aprovisionaban de carne de cerdo y ternera, que eran cubiertos de sal para evitar la proliferación de microorganismos y eliminar parte de la humedad. Con esto se conseguía que la carne pudiera permanecer comestible hasta meses, aunque no en el mejor estado. Requería de desalado para poder consumirse después, para lo cual había que emplear agua dulce, y después solía cocerse, o guisarse si había con qué.
La dieta se podía completar con queso y con huevos y leche de animales que se llevaban a bordo, como gallinas o cabras, y con legumbres secas para cocinar a bordo como guisantes o judías. También se recogían provisiones de consumo más inmediato siempre que se desembarcaba en alguna costa, ya fuera comprándola o recolectando y cazando. No se hacía ascos a gran cosa; las tortugas marinas eran presa frecuente de las tripulaciones. En la costa norte de la Española (Haití y Rep. Dominicana), los piratas locales, cuando no estaban en el mar, eran conocidos por ahumar y cocinar carne de cerdo en grandes barbacoas para consumir e intercambiar. A estas barbacoas se las conocía como boucanes, y a estos piratas se les llamaba por ello bucaneros.
Al margen de la carne, la parte más importante de la dieta de a bordo era la omnipresente galleta marinera (hard tack o sea biscuit en inglés, entre otros muchos nombres). Este pan se consumía por kilos y kilos en los viajes y se puede considerar la base de la alimentación en el mar a lo largo de los siglos.
El pan marinero consiste en galletas amasadas a mano de harina y agua y sin apenas sal. Se les daba forma de disco o cuadrada, para facilitar el almacenamiento, y se pinchaba con un tenedor para que la humedad saliese mejor al hornearlas. Este horneado se hacía a baja temperatura y de dos a cuatro veces, dependiendo de la durabilidad buscada. El resultado eran unas galletas duras como piedras, insípidas y apenas comestibles en ese estado, pero que podían mantenerse sin pudrirse durante meses o años, aunque era frecuente que se llenasen de larvas. Debido a su dureza, los marinos las consumían troceándolas y ablandándolas en cerveza, leche, agua o guiso (lo que permitía librarse también de las larvas, que flotaban a la parte superior del cuenco o taza). Un marinero recibía en la marina británica alrededor de una libra diaria de estas galletas (~450g).
La galleta marinera es simplemente la adopción para navíos de galletas similares que se habían producido para uso militar en tierra desde prácticamente la aparición de las civilizaciones agrarias. Ya en Egipto y Roma se describen panes virtualmente indistinguibles de las galletas marineras, que gozaban de la misma reputación que su contraparte naval: rompedientes, hierro forjado, piezas de armadura o castillos de gusano, fueron algunos de los nombres que les dieron quienes tenían que comérselas.
Respecto a otros alimentos, en general no era posible llevar fruta y verdura a bordo, por lo que en viajes largos se iba a pasar largo tiempo sin poder consumir algunos nutrientes esenciales. El más relevante es la vitamina C, ya que su carencia causa el escorbuto, una de las más infames enfermedades relacionadas con la navegación, que causa debilidad general, sangrado de encías y dolor en las extremidades. Al contrario que otras vitaminas, la C no se encuentra en cantidades importantes en la carne, sino que su mejor fuente son las frutas y verduras crudas, por lo que no estaba disponible en viajes largos. Una vez la correlación entre el escorbuto y la carencia de vegetales en la dieta se hizo patente, naves como las de la marina británica empezaron a incluir limas en la dieta.
La dieta día a día en un barco pirata no se diferenciaría mucho de uno militar: se proporcionaba a la tripulación la ración de alimentos para esa jornada, que podía variar dependiendo del día de la semana pero que solía consistir, como hemos visto, de carne, galleta marinera, cerveza, agua y ron, más cantidades menores de otros alimentos complementarios; se calculaba la ración para toda la semana de unos alimentos, y luego diariamente el resto. Un barco en 1752 describe el menú de la siguiente manera:
- Para toda la semana: 450g de bacon, 450 de queso y 2.7Kg de galletas.
- Domingo: 450g de ternera cocida con arroz
- Lunes: Cebada y melaza
- Martes: 450g de harina de trigo
- Miércoles: 450g de bacon con guisantes
- Jueves: 450g de ternera cocida con arroz
- Viernes: 450g de harina de trigo y 450 de mantequilla
- Cada día: Una cuarta (1,14l) de cerveza y dos de agua
Una vez la electricidad permitió la refrigeración a bordo, la dieta en alta mar se volvió mucho más sencilla y completa, pero para entonces, la era de la piratería ya había llegado a su fin.
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