
En segundo lugar tenemos William Wilson, otra agradable narración del célebre autor. Desde un primer momento es más que fácil imaginarse el desenlace, sin embargo, el desarrollo es lo verdaderamente interesante. El final es sólo una manera de cerrar esta curiosa historia, de forma que sigue dando pie a nuestra imaginación. Tenemos a una persona exactamente igual a nosotros, que precisamente hace acto de presencia en el momento en el que vamos a llevar a cabo una mala acción, con el objetivo de frenarnos. Pero, ¿cuál es su origen? Ese es el enclave de la trama. Quizá sea meramente un eco de la propia conciencia, que trata de evitar que caigamos en la oscuridad, y el fin de esta "copia", el apuñalamiento de esta, suponga pues la pérdida de la propia conciencia, del sentimiento de culpa en sí, que ya reflejaba Poe en el anterior relato.
La tercera, de las que me atrapó, se aleja bastante de las otras dos, del tema de los asesinatos y demás. El escarabajo de oro, al más puro estilo de "vamos de aventura a buscar tesoros", te transporta a una isla norteamericana en la que tres hombres se embarcan en una cruzada sin aparente sentido, encabezados por uno de ellos, encantado por la belleza de un bonito escarabajo de color dorado, que parece haberle conducido a la locura. Resumiendo, finalmente un cúmulo de coincidencias les permite hallar la ubicación del preciado tesoro del capitán Kidd, punto al cual llegan a través de las fabulosas deducciones del que creían loco por el escarabajo. Me tuvo en vilo con cada palabra que leía.





























