
Sumo otro ensayo más antes de que termine el año:
Más allá de los límites del crecimiento, de Donella Meadows, Dennis Meadows y Jørgen Randers, publicado en 1993 y continuación de
Los límites del crecimiento, publicado 20 años antes por Donella, a petición del Club de Roma. Ambos libros exploran las consecuencias del crecimiento capitalista y consumista y elucubran sobre las consecuencias futuras que tendría el rápido y desaforado crecimiento de la segunda mitad del siglo XX. La primera parte concluye que la tendencia que seguía el mundo era hacia un agotamiento de los recursos en algún momento de los siguientes 100 años. La segunda parte, escrita a principios de los años 90 y ante la evidente inexorabilidad de la decadencia humada, los autores plantearon un segundo enfoque: qué hacer para solucionarlo cuando ya estuviéramos metidos de lleno en ello, y llegaron a la única conclusión posible: hace falta DECRECER; en el estudio se exploran y modelan (dinámica de sistemas) los posibles escenarios futuros hasta el año 2100, según lo diligentes que hayamos sido a la hora empezar a hacer las cosas bien.
Lo más importante que demuestran estos estudios, es que una mejor redistribución de los recursos es posible y contribuiría a reducir la contaminación y sobrepoblación hasta niveles que fueran de manera efectiva sostenible: la Tierra tiene una capacidad y los recursos tienen una renovación, si tan sólo la turboderecha se convenciera de que es profundamente estúpido pretender crecer para siempre y que tenemos que aprender a vivir con menos iPads y vaqueros rotos del Bershka, y centrarnos en otros aspectos de la vida que sí son importantes, tendríamos alguna oportunidad de dejarle a nuestro hijos y nietos un mundo equilibrado.
Hoy, más de 50 años después de la publicación del primer estudio, podemos decir que estamos en uno de los peores escenarios posibles, gracias, como no, a la turboderecha cortoplacista y miraombliguista que solo es capaz hablar de crecer y de consumir.
Una de las cosas que subraya el estudio es que es muy importante no disfrazar el discurso con retóricas amables que escondan el problema: señores, el “crecimiento sostenible” simplemente no es posible, no cuando se han sobrepasado absolutamente todos los límites físicos de producción, renovación y contaminación del lugar que ocupamos en el mundo. Cualquier otro horizonte que no sea DECRECER, es vernos abocados a perpetuar un modelo de mundo que no es sostenible ni gestionable, y que llevara a varias generaciones a perder radicalmente su calidad de vida cuando empiecen a fallar todas las cadenas.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención, de la que nunca he leído mucho en casi cualquier parte, probablemente porque es algo polémico, es de cómo la introducción de políticas feministas es uno de los marcadores con mayor correlación con el descenso demográfico: allí dónde las mujeres obtuvieron más derechos han podido desarrollarse como individuos en igualdad de condiciones a los hombres, y eso ha llevado a que busquen otros objetivos en la vida más allá que el de ser un chocho pareniños. La correlación es brutal, es probablemente el marcador que mejor describe el decrecimiento. ¡Pero eso no es malo! ¡Es condenadamente bueno! Primero, evidentemente porque el feminismo es necesario, por simple dignidad humada, para que las mujeres recuperen unos derechos que nunca debieran haber perdido; pero, segundo, además porque la introducción de políticas feministas que equilibren la balanza es la mejor política demográfica que podemos adoptar para hacer lo que tuvimos que empezar a hacer en los años 60: DECRECER, DECERCER Y DECRECER. No hace falta hablar de eugenesia, no hace falta hablar de políticas de niño único, literalmente lo único que hace falta es darle más derechos a la gente.
A la hora de afrontar este enorme reto de cambio social a escala mundial, solo comparable a la revolución agrícola o a la revolución industrial, los países más desarrollados son los cargan con la responsabilidad de tener que ser los que lideren ese cambio, precisamente porque son ellos los que concentran la mayor parte del crecimiento que ahora habría que revertir. “Es mucho mas fácil para las poblaciones ricas ahorrar, invertir y multiplicar su capital que para las pobres, no sólo por el mayor poder de las ricas para controlar las condiciones de los mercados, adquirir nuevas tecnologías y controlar los recursos, sino porque además siglos de crecimiento acumulado han construido en las naciones ricas un gran stock de capital que puede multiplicarse a sí mismo todavía más.” Y esto es extensible no solo a las naciones, sino también a las propias clases sociales: todo el peso de la responsabilidad por no decrecer a tiempo recae de manera proporcional directamente sobre los que más acaparan: los ricos.
Este estudio es genial, porque está fundamentado, justificado con datos mata-relatos, y sobre todo, sobre todo, validado porque durante los últimos 50 años ha ocurrido a grandes rasgos lo que se predijo que sucedería. Y es genial porque no deja títere sin cabeza, y aborda todos los grandes problemas que afectan al futuro de la humanidad. Sin ir más lejos, me apetece destacar unos párrafos del capítulo en que valora cómo afectará el aumento de la contaminación: “Los contaminantes más intratables, al menos hasta el momento, son los residuos nucleares, residuos de riesgo, y residuos que amenazan los procesos bioquímicos globales, como los gases de efecto invernadero. Químicamente son los más difíciles de secuestrar o detoxificar, fisiológicamente los más difíciles de detectar por los sentidos, y económica y políticamente los más difíciles de regular.
Ninguna nación ha resuelto el problema de los residuos nucleares. Son peligrosos para todas las formas de vida, ya sea por su toxicidad directa o por la capacidad de generar mutaciones. La naturaleza no tiene forma de hacerlos inocuos. Se desintegran de acuerdo con su propio reloj interno, que según los casos puede ser de décadas, siglos o incluso milenios. Como subproductos de la generación de energía mediante la fuerza nuclear se acumulan exponencialmente, se almacenan bajo tierra o en piscinas de agua dentro de las cámaras de contención de los reactores nucleares, con la esperanza de algún día la creatividad técnica e institucional de la humanidad encuentre algún lugar donde guardarlos.” Es que no hay mucho más que decir, el resto es pervertir la verdad con retórica de mierda que sólo obedece al discurso capitalista de crecer y abocarnos a la autodestrucción.
Os voy a hablar del ESCENARIO nº10.
Los autores no elucubran opiniones, no se limitan a recopilar datos y hacer simples proyectos. No, los autores desarrollaron un complejo modelo llamado World3 con el que simular la evolución que tendrían de manera interrelacionada los parámetros de productividad, contaminación, crecimiento poblacional, renovabilidad de los recursos, desarrollo tecnológico y un largo étc. En base a ellos simularon una infinidad de escenarios de entre los cuáles en el modelo se describen los más representativos de las distintas alternativas posibles.
El escenario nº10 simula lo que ocurriría si, “a partir de 1995, todas las parejas del mundo comprendieran las consecuencias de un ulterior crecimiento de la población para el bienestar de sus propios hijos. Supongamos que toda la gente tuviera asegurados por parte de sus sociedades aceptación, respeto, seguridad material y cuidado en la tercera edad, independientemente del número de hijos que tuviera. Supongamos por añadidura que se convirtiera en normal social criar a cada niño con los niveles más altos posibles de nutrición, vivienda, asistencia sanitaria y educación. Supongamos que, como consecuencia de asumir estos presupuestos, todas las parejas deciden limitar su descendencia a dos hijos (en promedio), y que disponen de las tecnologías de control de la fertilidad necesarias para lograr la dimensión de familia que desean.” Pues introduciendo apenas un par de cambios en el modelo, que repito, está validado por lo sucedido a escala mundial desde 1970, se encontraron con lo siguiente:
“La sociedad sostenible que se muestra en el escario 10 es la que entendemos que el mundo podría alcanzar, dado que conocimiento sobre los sistemas plantearios que está a nuestra disposición. Tiene 7.700 millones de habitantes, suficiente comida, bienes de consumo y servicios como para soportarlos a todos en un nivel de confort material. Gasta un esfuerzo considerable y emplea permanentemente una tecnología de afinación creciente para proteger el suelo, reducir la contaminación y utilizar sus recursos no renovables con un alto grado de eficiencia. Dado que su crecimiento se reduce y eventualmente se detiene, sus problemas son gestionables y de hechos se gestionan.”
No solo DECRECER era y es posible, sino que además es deseable, y es la única alternativa que nos queda. La turboderecha argumenta que podemos huir permanentemente hacia adelante gracias al desarrollo tecnológico, que de manera del todo ingenua supeustamente nos ayudará a nunca dejar de aumentar nuestra productividad, mientras reducimos la contaminación y mejora la calidad de vida de los 10000 millones de personas que habrán dentro de unas década hasta que todos vivamos como marqueses. Pues bien. Este estudio incorporó el desarrollo tecnológico, lo hizo, consideró diversos escenarios en los que había mayor o menor proporción de desarrollo tecnológico y que eso ayudaría a mitigar los efectos adversos del crecimiento. Y a pesar de todo, la conclusión fue la misma: el desarrollo tecnológico no es suficiente, en el mejor de los casos nos la pegamos igual, igual no en 2010, y no en 2020, pero antes de 2040, tengan por seguro que sí…. A NO SER… que DECREZCAMOS.
Los autores de estos ensayos ya fallecieron. Apuesto a que pocas personas se han podido ir con la conciencia más tranquila de haber aportado su granito de arena para prevenirnos a todos de lo que se venía.