Estamos condenados a vivir en sociedad. Estamos condenados a entendernos y a convivir. Nadie puede pretender vivir según sus normas. Los seres humanos somos individuos sociables, nos necesitamos unos a otros para proveernos de alimento, refugio, recursos, apoyo, seguridad, etc.
Previa a cualquier ideología, previa a cualquier organización de Estado, los humanos debemos respetar unas normas muy básicas de convivencia. Y no digo que podamos, sino que debemos, es una obligación, nos guste o no. Lo contrario es conflicto, es guerra, es muerte.
Y tanto que lo es, que lo más parecido a dichas normas viene recogido en un documento firmado hace casi 70 años, cuando el mundo sobrecogido por los horrores de la Segunda Guerra Mundial convino en lo evidente, en que hay que aprender a convivir, no hay alternativa.
Dicho documento es muy básico, rematadamente básico, y nombra los derechos fundamentales de todo ser humano:
- Derecho a la vida.
- Derecho a la libertad.
- Derecho a la seguridad.
- No existirá la esclavitud.
- No existirá la tortura ni los tratos degradantes.
- Derechos a la libertad de expresión.
- Derecho a la educación y a la sanidad.
Etc.
Parece de perogrullo. Son cuestiones muy elementales. No dictan la forma de gobierno del Estado, no dictan la manera en que se imparte la justicia, no imponen la mejor manera de afrontar la senda del déficit. Tan sólo desglosan las normas esenciales para la convivencia en sociedad.
Evidentemente para mí las normas de convivencia no se pueden cambiar, son las que son por naturaleza, y añado, el hecho de pretender que se cumplan no es ningún tipo de imposición ideológica, es simplemente necesario para poder seguir conviviendo. No tiene sentido alguno quejarse de los que pretenden que se cumplan estos derechos, es prácticamente lo mismo que quejarse porque no existan los conflictos, las disparidades o las guerras. Quejarse de que el feminismo es una imposición no tiene ningún sentido en tanto que lo único que trata es de asegurar que se produzcan las normas de convivencia más elementales de la sociedad. Por supuesto que hay espacio para debatir qué medidas son mejores y cuáles peores, y ahí es donde entran en juego las ideologías. Pero el movimiento en sí es intachable. Uno se puede achinar todo lo que quiera si no le gusta el feminismo, igual que yo me puedo achinar todo lo que quiera por estar obligado a convivir en sociedad con todos ustedes, pero es lo que hay. La alternativa está en los libros de historias, y creo que nadie la prefiere aunque tristemente cada vez estoy menos seguro.
No. No puedo evitar que cualquiera diga las absurdeces que quiera decir. Pero sí que puedo señalarlo y hacerle ver, a él o por lo menos a otros, lo equivocado que está.




















