Página 61 de 68

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Mar Jul 08, 2008 8:14 am
por Gargadon
Una planta rodadora pasa por las páginas de este tema...
Spoiler: Mostrar
Imagen
Ahora a lo que iba...
Spoiler: Mostrar
17.- Confesión (parte tres). Sorpresa inesperada

Remontémonos a hace varios años, Red Village, una aldea completamente tranquila, había pasado una de las crisis más terribles para todos sus pobladores, un repentino ataque pirata les había dejado todo el pueblo destrozado, unos cuantos cadáveres se podían apreciar debajo de las casas en ruinas, tampoco es que fuera una ciudad sobrepoblada pero era de reconocer que cualquier cosa afectaba bastante a ese lugar.

El doctor de la aldea había sido designado alcalde provisional hasta que las cosas se restablecieran y pudieran elegir a su nuevo gobernante. Muchos decían que ese hombre había sido un pirata durante un tiempo, y eso podía explicar perfectamente las enormes cicatrices en su cara, el tatuaje de un ancla en uno de sus brazos y su cuerpo que parecía ser más viejo de lo que su edad podía suponer, más sin embargo desde el momento que llegó a la isla su misión siempre fue velar por el bienestar de los aldeanos, y a pesar de su rudeza supo ganarse la confianza de todo el pueblo. Toda la aldea se había reunido en la plaza pública para discutir, entre otras cosas como la reconstrucción de las casas y el regreso inmediato a la rutina, un tema concerniente a uno de sus habitantes: quién se encargaría del niño que habían rescatado y cuyos padres habían dado su vida para salvar a la aldea. Muchas familias habían sido eliminadas por completo. Lo más extraño era que todos los aldeanos estaban seguros de una cosa: nadie se haría cargo de ese niño. Mientras tanto, ese niño seguía llorando desconsoladamente.

-Les pregunto una vez más, ¿quién puede adoptar a este niño y cuidarlo como un hijo? - preguntó el doctor.

Por un instante nadie habló, hasta que uno de los aldeanos alzó la mano y dijo:
-Creo y estoy seguro que todos los presentes estarán de acuerdo, que no queremos cuidar a ese niño.
-¡Es cierto, mejor que se lo lleven! - gritó una señora que se encontraba entre las últimas de la multitud.
-¿Pero cómo piensan dejar a este niño solo y desamparado? -preguntó desconcertado el doctor.
-En primera, porque todos sabemos que ese muchacho es hijo de... - respondió otro, pero el doctor lo interrumpió.
-¡Ya les dije que no mencionen eso frente a él! -gritó el doctor, como si intentara impedir algo.
-¡Cuando ustedes llegaron aquí nos trajeron puras desgracias! - dijo un anciano.
-¡Lo que le pase al niño no es culpa ni de su padre ni de mí! ¡Él no es un criminal como para que lo traten así! -gritó enojado nuevamente el doctor.
-¡Calma, calma!-dijo otro señor. -No es necesario armar tanto pleito, cuando el Gobierno Mundial llegue a valorar los daños, simplemente les decimos que ese niño es hijo de... ustedes saben... y simplemente se lo llevarán y lo entrenarán como un marine o como un asesino del gobierno.

El doctor sólo se agachó para decirle al niño:
-Esta discusión llevará su tiempo, ¿por qué no vas por ahí mientras esto termina?

El niño sólo obedeció, desde hacía algunas horas no había pronunciado palabra alguna, pero a pesar de ello escuchaba atentamente todo lo que decían los pobladores, y sólo repetía en su mente en silencio: “¿Por qué? ¿Por qué nadie me quiere?”. Siguió vagando por la aldea en ruinas, desde que tenía memoria había escuchado siempre que los aldeanos tienen que ayudarse los unos a los otros, sin embargo en este caso no parecía ser así. De pronto, como si una descarga eléctrica hubiese pasado por su cuerpo, se sobresaltó, salió corriendo perdiéndose entre las calles llenas de escombros y llegó ante un montón de escombros. Intentó quitar como pudo algunas de las piedras y lo que encontró lo sorprendió: era un bebé, alrededor de 3 o 4 meses, pero estaba debajo de los escombros sin ningún rasguño. El bebé, al ver a su salvador, intentó estrechar sus manos para abrazarlo. Buscó una carretilla, lo subió a ella con todas sus fuerzas y lo llevó con sumo cuidado hasta la plaza pública. Al verlo con su carga, todos los aldeanos enfocaron sus miradas hacia él.

Preguntaron de quién era el bebé. Nadie respondió por él. Pero preguntaron quién lo cuidaría y todos alzaron la voz. El doctor, al ver la reacción, tomó una drástica decisión y dijo:
-Viendo el caso, cuidaré de ambos niños. Y que no se discuta más.

Toda la aldea se enbraveció pero el doctor no dijo nada, solo se dirigió a Dkantun y le dijo:
-Ahora ese bebé es tu hermano menor. Espero que se lleven muy bien.

Allí empezó todo. Los registros de los nacimientos indicaban que ese niño se llamaba Seiji. Los tres intentaron formar alguna clase de familia, durante algunos años la vida transcurrió de manera normal, o de la manera más normal que pudiesen tener tanto Dkantun cono Seiji. Dkantun siempre fue el más calmado y no se metía en problemas, excepto cuando tenía que defender a su hermano menor, en cambio el otro siempre se metía en problemas y era el más aventurero. A pesar de ello, eran casi inseparables. Un momento que marcó la vida de ellos fue el día en que Seiji enfermó gravemente, tanto el doctor como Dkantun se preocupaban por darle los mejores cuidados que pudiese tener. En ese instante en el que Seiji parecía más estar en el otro mundo, Dkantun le prometió que haría todo lo posible por mantenerlo con vida, que no lo dejaría irse, que no haría nada que lo lastimara, que daría su vida con tal de ver a su hermano menor alegre y sonriente. Por fortuna Seiji sobrevivió y pudieron seguir con sus vidas. El doctor siempre los educó en la medicina. “Si muero, al menos tendrán médicos en este lugar”, repetía siempre. Seiji siempre fue el que más atención ponía a las lecciones del doctor, en cambio Dkantun se iba enfocando a otro camino, la navegación en el mar. En algunas ocasiones, el doctor le contaba a Dkantun historias fascinantes de monstruos marinos, noches en solitario en barcos, batallas emocionantes que en un principio podían parecer exageradas pero que con el paso del tiempo y de su vida futura como pirata comprobaría que apenas eran pequeñeces en comparación con lo que iba viendo. Todo eso iba despertando su fascinación por el mar.

Pero aún así Dkantun, al igual que su hermano menor, siempre creció con los ideales de la aldea después del incidente: “Los piratas son malos, los piratas solo traen desgracias a las aldeas y pueblos que visitan, los piratas deben morir”. A pesar de ello, desde que tenía memoria siempre sintió un ligero rechazo cuando compartía esas mismas opiniones.

Lamentablemente el doctor de la aldea ya era viejo, y su cuerpo no pudo aguantar más tiempo. Cuando ambos muchachos habían crecido, él murió, no sin antes poder despedirse de aquellos a quienes consideró sus “hijos”. Les dijo que no se rindieran por nada, que ellos podían vivir sus propias vidas y que no dejaran que nada ni nadie se interpusiera entre ellos y lo que tanto anhelaban. Dejó una carta en la cual revelaba muchas cosas que nunca pudo decirle a sus “hijos” pero les pidió que no lo abrieran por ahora. Cuando fuera el tiempo y fueran más grandes podrían hacerlo.

A partir de entonces sucedió un año sin problemas, tanto Dkantun como Seiji se habían encargado del consultorio médico, parecía que esa vida de pueblo iba a seguir así hasta que de pronto la voz de alarma los sorprendió tanto a ellos como a todo el pueblo: “¡Piratas, nos están atacando los piratas!”. Dicha voz fue apagada cuando escucharon el impacto de un cañonazo en alguna de las construcciones de la aldea.

----------------------------------------------------

–No te supondría ningún problema,-sonrió misteriosa Nico Robin, sin dejar de mirar al maestro carpintero– ¿verdad, Franky?

Al escuchar esto todos quedaron boquiabiertos, incluso Nora, Rido y Pimfry, los discípulos del maestro carpintero Bettum. Cómo iban a pensar que su maestro en tiempos pasados era una figura más de la piratería. También los clientes estaban sorprendidos por eso, no dejaban de mirar a Robin como preguntándole.

-E... Esto es demasiado confuso... - dijo uno de los carpinteros, quien dijo llamarse Rido. - ¿Entonces... eso de que...?
-¿Y dónde quedó ese “Súper” que tanto te caracterizaba? - preguntó Robin interrumpiéndole.
-Desapareció cuando Sombrero de Paja se entregó ante la justicia.
-S... supongo que tendrán demasiado de que hablar, ¿verdad, Robin? -dijo Eratia, quien no paraba de mirar atentamente a los dos ex-piratas.

Seastone sólo se quedaba mirando a su alrededor, o no tenía nada que decir o era que la sorpresa no la dejaba hablar.

-¿Pero qué es esto? ¿Esta es una reunión de antiguos piratas? - insinuó Rentarou.

Bettum tomó eso como una amenaza, y no era para tanto, quien había dicho eso tenía el uniforme enemigo. Sin decir nada, tomó a Rentarou de las ropas, todos se sorprendieron, los discípulos del maestro carpintero intentaban detenerlo.
-Un infiltrado del gobierno, ¿no? -preguntó desafiando a su “enemigo”.
-¿Pero de qué carajos está hablando? - gritó Rentarou mientras intentaba liberase.

Bettum lanzó a Rentarou hacia una de las paredes de la habitación, como si se tratara de un muñeco de trapo. Éste no tuvo tiempo de reaccionar, y no pudo evitar golpearse contra la pared.

-Por cierto, ¿quién es el otro tripulante que les venía acompañando? Según el informe que me dieron, eran cuatro. - preguntó Bettum.
-Es al que acabas de golpear. -Dijo Robin.
-¿¡Qué!? - preguntó sorprendido el viejo carpintero. - ¿¡Y por qué no me lo dijeron!?
-Esto... intentamos decirle, señor. - dijo Seastone.
-Vaya que esto es un grave... - el carpintero no pudo terminar la frase, una embestida por la espalda lo derribó. Éste se dio la vuelta después de caer al suelo y vio que quien lo había lanzado al suelo era Rentarou, quien con un fino hilo de sangre y un excesivo respirar, estaba en pose listo para pelear en cualquier momento. Ninguno de los dos dijo nada, pero en cuanto Bettum se levantó, sus discípulos intentaron detenerlo, lo mismo hicieron Eratia y Seastone con Rentarou.

-Por favor, maestro Bettum, deje de pelear. - gritó Rido.
-Rentarou, deja de pelear, nos vas a meter en problemas – dijo igualmente Eratia mientras sujetaba con fuerza a Rentarou.

Tanto Rentarou como Bettum gritaron: “Él comenzó primero”. Después de unos segundos de intenso forcejeo, ambos lograron liberase corriendo uno contra el otro.

-Esto requerirá medidas drásticas. - dijo Robin mientras ponía sus brazos en pose. - Dieciséis Fleur...

Varios brazos surgieron tanto del suelo como de los cuerpos de ambos hombres, los cuales inmediatamente se detuvieron a la fuerza tropezando.

-¿Qué intentas hacer, Robin? - gritó Bettum al verse atrapado.
-¿Qué está pasando? -preguntó Rentarou demasiado confundido por ese ataque.
-Clutch. -dijo Robin como palabra final.

Ambos lanzaron un intenso quejido de dolor.

Después de un intenso dolor de espalda y algunos vendajes más necesarios por las heridas recibidas, se aclaró la confusión.

-Perdón por el trato. No es común ver a un pirata con el uniforme enemigo. Además Nora no tenía los informes de nuestros clientes.
-Es una larga historia pero no es el momento para contarla. Y bien, ¿qué es lo que pasa con el barco?
-No podrá navegar nunca más. - interrumpió Eratia pensativo a la vez que triste.
-¿Qué? ¿Estás seguro? -preguntó Seastone.
-Así es, si intentan salir al mar nuevamente con ese barco los resultados podrían ser catastróficos. En realidad es un milagro que hayan llegado hasta aquí, según lo que me contaron antes, que llevaban días navegando. -contestó Rido.
-¿Entonces...? -preguntó Rentarou.
-No será lo mismo conseguir un nuevo barco pero es la única opción que tenemos.
-¿Quieren decir que van a pedir la fabricación de un nuevo barco? -preguntó Bettum
-Adelante, Senka me va a matar pero no se quedará sin barco. -dijo Eratia sonriente.
-Perfecto, podemos hacerle unas ligeras modificaciones al viejo barco como un recuerdo y tender otro con el que podrán salir al mar. -dijo Bettum – Pero antes les pediré sus nombres. Veamos... -sacó un manojo de hojas impresas que en realidad eran carteles de recompensas de piratas activos. - El nombre de usted era Eratia, el de usted señorita es...
-Seastone.
-¿Y el de usted, señor Capitán?
-Re.. Rentarou Satsuma. -dijo Rentarou no muy confiado.
-Veamos... Eratia... 237 millones de berries... el siguiente... Rentarou Satsuma... 42 millones... Seastone... no la encuentro por ningún lado... No, parece que no hay recompensa- mientras Bettum buscaba entre los papeles, los demás no dejaban de mirarlo fijamente.- En total son 279 millones de berries, nada mal, nada mal. - Bettum vio que los demás se le quedaban mirando y siguió hablando- Es por rutina, no piensen que los vamos a entregar a la Marina, a menos que causen destrozos o intenten irse sin pagar, claro.
-¿Cuánto va a ser? -preguntó Eratia interesado.
-Veamos... construcción de barco nuevo, incluye la madera, algunas herramientas más y mano de obra, unas modificaciones al Zafiro y adaptación del mascarón... La madera ha estado bastante cara estos días, todo eso saldría en total 150 millones de berries, pero al ser amigos de Robin les haré un enorme descuento. Dejémoslo en 95 millones.
-Mierda, no tenemos esa cantidad. -dijo Eratia. -Aún prescindiendo del dinero para reservas, no juntaríamos esa cantidad.
-Pueden pagar lo que tengan ahora y cuando los carpinteros terminen nos pagan el restante. -añadió Nora.
-Está bien, supongo que podremos juntar el restante para entonces. ¿Cuánto podrían tardarse?
-Dos semanas cuando mucho. Tres días para diseñar el nuevo barco y el resto en construirlo y probarlo- Dijo Bettum.
-¿¡D-Dos semanas!? ¿¡No cree que eso es poco tiempo!? - preguntó sorprendido Rentarou.
-¿Para conseguir el dinero? -preguntó Bettum.
-No, decía para terminar todos los trabajos.
-No se preocupen, tenemos excelentes carpinteros y en ese tiempo su barco estará listo.

Eratia reunió a Seastone y a Rentarou. Robin veía la escena, supuso que algo andaba mal, así que por ese motivo le dijo a su viejo amigo.
-Franky, quisiera hablar contigo, ¿crees que podamos llegar a algún arreglo?

-Es poco tiempo para juntar el dinero restante. Tenía previsto 80 millones para el barco y otros 10 para otras cosa pero ni con eso podemos pagarlo.
-5 millones. Ni en dos semanas podríamos conseguir tal cantidad. Tengo algo pero no llega ni al millón- dijo Rentarou enseñando su billetera cargada de billetes.
-¿Dónde conseguiste tanto dinero? -preguntó Eratia sorprendido.
-¿Recuerdan los piratas con los que me enfrenté en Atonar? - preguntó Rentarou. Seatone y Eratia afirmaron con un movimiento de cabeza.- Digamos que el "Thousand Fist" no solo sirve para golpear a múltiples enemigos.
-El caso es que nos falta para pagar los trabajos. Y no podemos prescindir de un barco nuevo.
-Y a eso añádanle lo que gastaremos aquí. Tendremos que conseguir trabajo si queremos pagar eso.- Agregó Seastone.
-¡Pero... ni robando vamos a conseguir tanto dinero! -dijo Rentarou. - Si no pagamos en dos semanas nos va a llevar el carajo, y no pienso ir a prisión y menos si me piensan ejecutar en cuanto esté allí.
-Nadie quiere ir a prisión, eso te lo aseguro. - le dijo Eratia totalmente resignado.

Bettum los interrumpió y señalando a Rentarou y a Eratia les dijo:
-Ustedes dos, ¿saben algo de carpintería?
-Tanto como para armar barcos, no, pero un poco.
-Yo, apenas sé reparar algunos desperfectos pero algo así como que sé, pues diría que algo también. -dijo Rentarou haciéndose bolas con su propia respuesta.
-Entonces esta propuesta les podría gustar, pero sepan que sólo es porque se llevan bien con Robin. Pueden trabajar como carpinteros en este astillero y ayudar en la construcción de su barco, así podrán irse antes de los previsto y considerar saldada su deuda.
-¿Trabajar... como carpinteros? - preguntó Rentarou.
-Sí, ¿o prefieren conseguir el dinero por su propia cuenta? Es decisión de ustedes lo que les parezca mejor. Entonces, ¿qué deciden señores?
Perdonen por cobrar tanto para un barco, en PirateQuest (que es como un BiteFight pero de piratas) un Spanish Galleon (el mejor barco en ese juego) cuesta 10,000,000 , pero pensé que quedaba mejor si la situación era difícil, y me salió eso.

Les dejo que me voy a dormir, es tarde y si no me duermo ahora no despierto temprano.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Jul 18, 2008 12:56 am
por rido
Siento el retraso pero es que circunstrancias "laborales" me han impedido tener esto antes. El 80% del capi está basado en lo que ha puesto Rentarou, que me ha gustado bastante. Espero que también os guste esto y no tardar tanto como de esta vez para traer el siguiente ^^
Spoiler: Mostrar
Parte de trabajo 04: En busca de Aclaraciones

– No te supondría ningún problema, – sonrió misteriosa Nico Robin, sin dejar de mirar al maestro carpintero – ¿verdad, Franky?

Inmediatamente todos nos volvimos hacia el viejo carpintero. ¿Había dicho “Franky”? ¿“Franky el Cyborg”? ¿El carpintero de los Sombrero de Paja? ¿El discípulo de Tom y “hermano” de Iceberg? ¿Bettum era “ese” Franky? Nuestras miradas paseaban constantemente de uno

–¿Fran… ky? Es... Esto es demasiado confuso... – acerté a balbucear. – ¿Entonces... eso de que...?

– ¿Y dónde quedó ese “Súper” que tanto te caracterizaba? – me interrumpió Robin.

– Desapareció cuando Sombrero de Paja se entregó ante la justicia.

La expresión de Franky se debatía entre la melancolía, la nostalgia y el alivio. Por un momento podía dejar de fingir ser otra persona pero por otra parte parecía como si le doliese renunciar a la tan trabajada doble identidad que había mantenido como una pantalla que aún a sus más allegados nos impedía vislumbrar a su verdadero yo.

– S... supongo que tendrán demasiado de que hablar, ¿verdad, Robin?

Eratia, como todo los demás, no semejaba saber cómo reaccionar. Pimfry, los otros dos acompañantes e incluso Nora, que acababa de aparecer en aquel preciso instante, se debatían en los mismos términos. Nadie parecía saber qué hacer o qué decir y, por lo tanto, nadie hacía nada. Como era de esperar, sólo la que había iniciado aquello demostraba calma, con su media sonrisa perenne dibujada en los labios.

– ¿Pero qué es esto? ¿Esta es una reunión de antiguos piratas? – insinuó Rentarou, así se llamaba el pirata uniformado como un antiguo Capitán de la Marina.

Precisamente fue la indumentaria de aquel hombre la que hizo que Bet… Franky interpretara aquello como una amenaza. En una reacción que no habría previsto nunca en él, aunque en lo excepcional de la situación todo parecía tener cierta lógica, lo agarró de su ropa y lo sacudió violentamente mientras Pimfry y yo nos abalanzamos sobre él para tratar de separarlos.

– Un infiltrado del Gobierno, ¿no? – preguntó.

– ¿Pero de qué carajos está hablando? – respondió su adversario.

El supuesto marine se llevó un buen golpe en la espalda cuando Franky, en un ataque de ira y nerviosismo, lo lanzó como si se tratara de un juguete hacia una de las paredes del dique donde nos encontrábamos. Luego, el maestro carpintero se giró hacia los demás.

– Por cierto, ¿quién es el otro tripulante que os acompañaba? – le dijo a Robin. – Según el informe que me dieron, eran cuatro.

– Es al que acabas de golpear – sonreía cínicamente la antigua Sombrero de Paja.

– ¿¡Qué!? ¿¡Y por qué no me lo dijisteis!?

– Esto... intentamos decirle, Señor – dijo la otra tripulante.

Se trataba de una joven un poco más alta que la media, con una melena entre castaña y rubia que caía sobre sus hombros. Vestía ropas amplias y no lograba borrar de su rostro el gesto de confusión que, como nos había ocurrido a todos, se había apoderado de ella instantes antes. Su nombre era Seastone, un nombre que se ajustaba exquisitamente bien a sus extrañas capacidades, que no tardaría demasiado en conocer.

– Vaya que esto es un grave...

Franky no pudo concluir su disculpa, porque el agredido le embistió en aquel preciso instante por la espalda y lo derribó. El pirata “camuflado” parecía fuera de sí y el maestro carpintero destilaba rabia en aquel momento. Algo malo estaba a punto de ocurrir y ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder y entrar en razón.

– Por favor, Jefe, déjalo – traté de detenerlo.

– Rentarou, deja de pelear – correspondió Eratia hacia su compañero. – Nos vas a meter en problemas.

Pero no parecían querer escuchar. Si queríamos evitar la pelea había que tomar medidas drásticas, o eso al menos debió pensar Nico Robin, que no dudó un solo instante en dejar inconscientes a los dos implicados y obligarlos a dirimir sus diferencias más adelante. Vendados e inmovilizados, se aclaró la confusión y pudimos pasar al tema importante del día.

– No podrá navegar nunca más.

Aquella frase de Eratia fue la única explicación que el navegante dio a sus compañeros acerca del estado de El Zafiro de las Olas, aunque fueron suficientes. Excepto por Robin, los rostros de los demás miembros de la tripulación eran un poema, aunque por su reacción juraría que su apego al barco no era tan grande como el que había visto en otras tripulaciones.

– ¿Qué? ¿Estás seguro? – preguntó Seastone.

–Así es – intervine, asintiendo. – Si intentáis salir al mar nuevamente con este barco… los resultados podrían ser catastróficos – meneé la cabeza. – En realidad es un milagro que hayáis llegado hasta aquí…

– ¿Entonces...? – preguntó Rentarou.

– No será lo mismo conseguir un nuevo barco pero es la única opción que tenemos – resolvió Eratia.

– ¿Quieres decir que vais a pedir la fabricación de un nuevo barco? – terció Franky, frotándose internamente las manos ante la perspectiva.

– Adelante – sonrió Eratia. – Senka me va a matar… pero tendrá un barco.

– Perfecto, podemos hacerle unas ligeras modificaciones al viejo barco como un recuerdo y tener otro con el que podréis salir al mar. Pero antes… los nombres. Veamos... – dijo mientras cogía la carpeta de las recompensas que le tendía Nora. – Tu nombre era Eratia… El tuyo, señorita, es…

– Seastone.
– ¿Y el de usted, señor Capitán?

– Re.. Rentarou Satsuma – Se identificó el ex-marine, no muy confiado.

– Veamos... – repitió, pasando hojas. – Eratia... 237 millones de Berries... El siguiente... Rentarou Satsuma... 42 millones... Seastone... no la encuentro por ningún lado... No, parece que no hay recompensa – cerró la carpeta. – En total son 279 millones de berries, nada mal, nada mal. Pura rutina. No penséis que os vamos a entregar a la Marina, a menos que causéis destrozos o intentéis iros sin pagar, claro.

– Eso ya se lo había explicado yo… – intervine por lo bajo. – Si me hubieras preguntado… Está todo aquí…

– ¿Cuánto va a ser? – consultó Eratia.

– A ver... Construcción de barco nuevo, incluye la madera, algunas herramientas más y mano de obra, unas modificaciones al Zafiro y adaptación del mascarón... La madera ha estado bastante cara estos días…

Como siempre, Bettum hacía las cuentas con su lápiz sobre el aire, como si viera los números dibujados en el espacio delante de él. Era una manía muy curiosa y simpática que parecía inútil pero a él le servía para entenderse. De hecho, cuando lo hacía directamente, de memoria, tardaba infinitamente más tiempo.

– Todo eso saldría en total 150 millones de Berries, – concluyó – pero al ser amigos de Robin os haré un enorme descuento. Dejémoslo en 95 millones.

– Mierda – protestó el navegante. – No tenemos esa cantidad. Aún prescindiendo del dinero para reservas, no juntaríamos esa cantidad.

– Pueden pagar lo que tengan ahora y cuando los carpinteros terminen nos pagan el restante – sugirió Nora.

– Está bien, supongo que podremos juntar el restante para entonces – asintió Eratia. – ¿Cuánto podría tardarse?

– Dos semanas… como mucho – afirmó Franky. – Tres días para diseñar el nuevo barco y el resto en construirlo y probarlo.

– ¿¡Dos semanas!? – se sorprendió Rentarou. – ¿¡No cree que eso es poco tiempo!?

– ¿Para conseguir el dinero?

– No, decía para terminar todos los trabajos.

– No os preocupéis – rió el Jefe. – Tenemos excelentes carpinteros y en ese tiempo el barco estará listo.

– Sí, ya, claro… – resoplé, mientras veía como se alejaban nuestros nuevos clientes. – Dos semanas para construir un barco nuevo y con el crucero aquí y todo el papeleo que eso conlleva no sé yo si eso…

– Será posible – asintió Franky, convencido. – ¿No vas a decir nada?

– ¿Me contarías algo?

– Supongo que tendrás que esperar al momento adecuado…

– Pues entonces en el momento adecuado ya me lo contarás – repliqué cortante. – Mientras tanto… paso de peleas contigo, viejo.

– Franky… ¿podría hablar un momento contigo? – nos interrumpió Robin, mirando hacia mí en lugar de al destinatario de sus palabras. – ¿Crees que…?

– Yo os dejo – me disculpé, captando la indirecta y ahogando el final de su frase. – Tendréis bastante de lo que hablar…

– Quédate – indicó mi maestro.

– ¿Seguro?

– No vamos a tratar temas personales – explicó Franky. – Ella nunca lo haría… Así que será algo relacionado con el barco así que…

– Así que me quedo – concluí yo.

– ¿Crees que podríamos llegar a un arreglo?

– Los materiales tienen su precio y mis chicos no comen aire, Nico – argumentó el jefe, anticipándose a lo que iba a solicitar su amiga.

– Pero las tormentas seguro que os están beneficiando económicamente.

– Y cada día navegan menos barcos por su culpa – tercié. – Muchos marineros están esperando en puerto a ver si se calma todo esto… Si es que eso llega a ocurrir…

– No puedo hacerte una rebaja, Nico – sentenció el carpintero. – Si os la hiciera a vosotros…

– Hagamos una cosa – dije.

Los ojos de los dos veteranos piratas se posaron en mí. De repente, sentí como todo el peso de la historia bajaba sobre mis hombros. ¡Estaba conversando con dos Sombrero de Paja! Y no sólo eso… Una era la grandísima Nico Robin, la historiadora más grande de la última generación, y el otro era Franky el Cyborg, el mejor carpintero de todo el Grand Line, el discípulo de Tom.

– ¿Se te ha comido la lengua el gato? – rió Robin.

– Por… por lo que he… podido ver…

– ¡Espabila! – me arengó Bettum, golpeándome en la espalda.

– Eratia tiene conocimientos de carpintería – continué, doliéndome del dorso. – Podríamos contratarle… y al ex-marine también. Eso reduciría el coste de la mano de obra, le daríamos descanso a los aprendices y os abarataría el precio del barco.

– ¡Perfecto!

– No sé yo… – me contradijo Franky, vuelto hacia los otros tres tripulantes, que estaban reunidos al otro lado del dique. – ¿Cuánto dinero les falta?

– Juraría que algunos millones…

– “Algunos millones” es una cifra muy mala – protestó el maestro, mirando a los ojos a Robin. – ¿Tú qué dices, muchacho?

– Merecen tener un barco – sentencié. – Y, sinceramente, ahora mismo podemos permitirnos rebajar un poco el precio… aunque Nora preferiría ahorrar para cuando empiecen las vacas flacas.

– Está bien – resopló él. – Iré a decírselo… Tú… – me susurró inaudiblemente al oído – no se te ocurra decirle nada de La Joya.

Un tensísimo e intensísimo silencio inundó el espacio a mi alrededor cuando mi maestro se dirigió hacia el grupo donde se encontraba Eratia con el resto de sus compañeros y me dejó solo con Robin. Había leído mucho sobre ella y, por descontado, tenía millones de preguntas que hacerle. Pero no sabía qué decir. Ni siquiera sabía si debía decir algo.

– ¿Qué te parece si me enseñas todo esto?

– S… Sí.

Le enseñé todas las instalaciones, evitando en todo momento dirigirnos al dique seco donde custodiábamos el barco que realmente pertenecía a su tripulación, aunque nunca hubieran navegado sobre él. Ella caminaba en silencio junto a mí, sin alterar ni siquiera un ápice su expresión hasta que al final hizo una única pregunta, la pregunta que más temía.

– ¿Qué te dijo Franky al oído? – dijo, con una sonrisa entre lo caprichoso y lo provocativo.

– Que si algo salía mal en esto yo lo pagaría – respondí, ciñéndome al guión que había preparado en mi mente por si aquella situación se producía.

– Ya veo…

Una semana y media después, el trabajo en el nuevo barco estaba ya casi terminado. Habíamos avanzado a una velocidad increíble y los dos nuevos reclutas se habían comportado como unos excelentes carpinteros. Bajo mi supervisión y siguiendo el diseño de Franky, habíamos ido construyendo un barco bastante revolucionario en su aspecto, pero que, al parecer, incorporaba algunos sistemas que ya habían instalado en el Thousand Sunny, el barco de los Sombrero de Paja.

Entre esos sistemas estaba un pequeño bote auxiliar que se camuflaba en una de las bodegas del barco, de apertura mecánica, y cuyo mascarón de proa no era otro que el del Zafiro de las Olas. Era a eso a lo que se había referido Robin al hablar del Going Merry, según pude averiguar más tarde. De su diseño y construcción se había encargado el mismísimo maestro carpintero, que ahora se afanaba en la confección de un llamativo mascarón para el nuevo bajel que llevaría un temible dragón, una Gran Sierpe, coronando su figura.

Hacía ya varios días que los miembros del crucero se habían marchado y todo había vuelto a la normalidad en Relthar. Nora había hecho buenas migas con las dos mujeres que habían venido acompañando a Eratia y pasaban bastante tiempo juntas mientras los demás trabajábamos para poder cumplir nuestro compromiso. Íbamos, a pesar de mis expectativas iniciales, a ser capaces de completar el plazo.

Aquel día por la tarde la sirena que alertaba de un nuevo barco acercándose a nuestra querida isla volvió a sonar. Nuevos clientes, más trabajo… Afortunadamente seguramente podríamos demorarlo hasta terminar por completo el trabajo con el que estamos. Aunque no se podía desatender a unos clientes. En los tiempos que vivíamos eran como oro y nosotros no éramos Water 7.

Pero en aquel momento no preveíamos lo que nos venía encima. Dos minutos después, vimos a Nora correr hacia nosotros pálida como la nieve y respirando apresuradamente como si hubiera visto un fantasma.

– ¡La Marina! –gritó asustada. – ¡Es un barco de la Marina!

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Mar Jul 22, 2008 11:33 pm
por lalilulelo
Bueno... efectivamente soy impredecible jajjaja



SEASTONE


Rentarou y Eratia ya habían dado el visto bueno a trabajar como carpinteros de Bettum con intención de saldar la deuda para adquirir un nuevo transporte. Las mujeres de la tripulación, aún así, no quedaron muy conformes: ellas también querían ayudar en lo máximo posible y a la mañana siguiente se dirigieron a la oficina en la que se encontraban tanto Bettum como su ayudante Rido.

-¿No podríamos colaborar nosotras también para terminar antes con esa deuda? –comentó Seastone haciendo referencia a su persona y a Robin.
-Dígame, ¿tiene algún conocimiento sobre carpintería, señorita?
-La verdad es que no.
-Entonces todo queda dicho –sentenció Bettum.
-Un momento, Bettum –intervino Rido, iluminándosele la cara-. Creo que hay algo de lo que pueden encargarse. ¿Qué hay de las velas dañadas? En vez de repararlas o confeccionarlas nosotros, siempre las encargamos y nos cobran por ello. Si se dedican a esa tarea se abaratarían los costes.
-Todos salimos ganando –apoyó Robin-. Seguro que se nos dará bien.
-En fin, sabéis engañar a este viejo lobo, ¿eh? Haz el favor de acompañar a estas encantadoras mujeres al almacén de las velas, Rido.
-Espero que no hayas dicho eso de “encantadoras” con tono irónico, Franky –insinuó Robin con su característica mirada felina mientras seguía al carpintero.
-No podría, ¡sabes que soy un caballero! –rió Bettum.

Seastone y la Mugiwara fueron conducidas por Rido hacia el lugar en el que debían trabajar los siguientes días. Parecía más un cobertizo que un almacén y se encontraba completamente desordenado. Estaba bastante oscuro puesto que únicamente una tenue y débil luz iluminaba la estancia, una vieja lámpara que se encontraba en el centro del cuartucho. No estaba muy ventilado y dejando a un lado la cantidad ingente de polvo, en la habitación no había nada más que incontables torres de telas amontonadas una sobre otra. Se adentraron en ella sin vacilación. Precisamente aquellas mujeres no eran de las que se amilanaban por entrar a un sitio lúgubre.

-Señoritas… Aquí guardamos solamente las velas dañadas, aquellas que han sido rasgadas, agujereadas, quemadas… bueno, ya me entienden. Solo con esto tendrán trabajo para mínimo cuatro días. Eso siendo optimistas. Quizá lamenten haber aceptado este trabajo, puede resultar demasiado aburrido y monótono.
-Creo que nos las arreglaremos, ¿verdad, Seastone? –comentó Robin dirigiéndose hacia su compañera con una mirada de complicidad.
-En ese caso, no se preocupen –añadió el ayudante-. Encontraré algún trabajillo del que puedan encargarse.

Rido rebuscó en un viejo cajón hasta encontrar una caja llena de agujas, alfileres y diversas herramientas, entregándosela después a sus acompañantes. Después de mantener una corta y correcta conversación, el joven carpintero se ausentó para cumplir con sus obligaciones. Seastone se dirigió sin prisa hacia la puerta y la cerró con delicadeza, y girando sobre sí misma al fin exclamó:

-¡Comencemos!

De entre las ropas de la muchacha salieron sus pequeñas esferas, y sin esfuerzo alguno las manipuló hasta que tomaron una forma fina y afilada. Un gran ejército de puntiagudas agujas de destello azulado flotaba en el aire. Mientras tanto Nico seleccionaba gran cantidad de agujas de la caja que Rido les había entregado.

-Te ruego que no me acerques demasiado esas esferas, ¿de acuerdo? –musitó la Mugiwara con calma.
-¡Oh, claro! El kairouseki… descuida. Las mantendré en esta parte de la habitación –se disculpó apresuradamente Seastone.
-Nos las arreglaremos bien –le dedicó una sonrisa a su compañera, restándole importancia a ese detalle-. ¡Veinticuatro fleur!

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Por la tarde, Rido vio como las dos mujeres salían del almacén y tomaban camino hacia el pueblo. Antes de que marcharan las saludó y se animó a preguntar:

-Díganme, ¿acaso se han cansado ya de arreglar velas?
-Por hoy hemos hecho suficiente, carpintero-san. Ahora tomaremos un respiro.
-Sí, iremos a despejarnos un rato –añadió Seastone alegremente.
-Bueno, entonces nos veremos más tarde, a mí todavía me queda una dura jornada por delante. Que disfruten de Relthar.

Después de aquel encuentro, Rido no pudo más que reír pensando en lo rápido que se habían cansado las dos mujeres arreglando las velas. Se dirigió un momento al almacén para cerciorarse de que todo estaba correctamente y su asombro no pudo ser mayor: el cuartucho se encontraba impecable y todas las telas estaban exquisitamente plegadas y ordenadas. Desdobló una de las velas al azar y se encontró con que estaba perfectamente cosida. Sin poder creérselo del todo sustrajo otra tela de un montón diferente, y se percató de que estaba correctamente acabada.

-Al parecer las he subestimado. Son más interesantes de lo que pensaba…

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------



El trabajo en el crucero de Arabasta más que abundar era desbordante. No era tarea fácil complacer todos y cada uno de los caprichos de los clientes, sobre todo cuando se trataba de peticiones más bien lujosas. El servicio de cocina estaba operativo durante todo el día, algo indispensable en un viaje de esas características. Una vez transcurrida la hora punta de la comida del medio día, el ritmo frenético de la cocina decayó ligeramente. El encargado de atender los caprichos más exigentes de los viajeros de las “suites” aprovechó ese instante para visitar la cocina:

-¿Mei-lian? ¿Estás por aquí? –preguntó con cierto temor el encargado.
-¡Claro! ¿Dónde iba a estar si no? –respondió la aludida un tanto malhumorada.

Mientras hablaba con el muchacho, la cocinera no se detenía en su labor de cocinera y seguía cortando verduras frenéticamente con su afilado cuchillo. Era una joven realmente guapa, con un cabello negro y largo con destellos azulados. Probablemente, su melena llegaría hasta la cintura, pero por comodidad la llevaba recogida en dos moños chinos. No sería muy adecuado para una cocinera llevar suelto ese pelo largo, lo cual era una pena. Su tez era de un precioso moreno y era bastante alta. No cabía duda de que era habilidosa en su trabajo. Cansada ya de llevar tantas horas cumpliendo con su labor, cogió otro cuchillo, uno para cada mano, y comenzó a cortar alimentos sin piedad con una velocidad asombrosa.

-Bueno, ¿y qué querías? –preguntó Mei-lian viendo que su visitante se entretenía observando cómo ella troceaba la comida.
-Ahm… sí, esto… un cliente muy importante de una de las mejores suites ha pedido algo muy especial y concreto para la cena. La cuestión es que no tenemos esos ingredientes aquí y me preguntaba si podrías ir al mercado de Relthar a…
-¿¡Me tomas por una recadera!? –le cortó Mei-lian.

El encargado se sobresaltó, ya que por todos los trabajadores del crucero era conocido el mal genio de la chica. A todos les convenía tratar con delicadeza y respeto a aquella mujer, a menos que quisieran hacerla estallar, y esa era una situación nada recomendable.

-Claro que no te tomo como una recadera –continuó el temeroso hombre-. Pero todo el mundo está hasta los topes de trabajo, y ahora no hay tantos pedidos de comida…

Viendo que casi había convencido a Mei-lian y que ésta se había calmado, se relajó por un momento y sin pensarlo demasiado cometió un pequeño error añadiendo lo siguiente:

-Además, ahora no estás haciendo nada importante, eso puede esperar o que lo haga un aprendiz cualquiera.

Mei-lian sonrió dulcemente de forma inusual y de pronto se oyó un estruendo en la cocina.
Un mozo se encontraba fregando la cubierta cuando vio a la preciosa Mei-lian y la saludo alegremente:

-Buenos días, Mei-lian. Te veo hoy de muy buen humor. ¿Ha ocurrido algo en la cocina? Desde aquí he escuchado un ruido que me ha preocupado.
-Tranquilo, todo está bien. Voy al mercado a comprar unos ingredientes para la cena, a ver si así disfruto un poco de la brisa del mar.
-¡Hasta luego! –exclamó más calmado. Todo estaba bien después de todo. Pero unos segundos después, el mozo giró su cabeza y vio como el encargado de atender a los clientes lujosos salía de la cocina con un enorme chichón. Su expresión pasó de ser sosegada a incrédula. ¡Después de todo esa chica era una fiera salvaje!

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Seastone y Robin llegaron por fin al centro de Relthar, donde había más ambiente. Era un pueblo costero realmente agradable y tranquilo. Se sentaron en una terraza de madera perteneciente a una taberna. Pidieron algo para beber y comer, y siguieron charlando como de costumbre. Robin, dirigió con disimulo la conversación hacia el tema de las esferas de Kairouseki. Aunque Seastone era reservada respecto a ese tema, le comentó algún detalle sobre su pequeño secreto.

-Pero dime, ¿por qué este repentino interés por las esferas de Kairouseki? –desconfió la dueña de dichas bolas.
-Se trata de la siguiente isla. Tal vez te interese…

Mientras tanto se escuchaba cerca de ellas cómo un arrogante pescador alardeaba sobre tonterías con sus amigos y cómo pretendía ligarse a una atractiva muchacha morena que pasaba por allí con unas bolsas de la compra. Les comentó que simularía chocarse contra ella y comenzaría a entablar una conversación como si el azar lo hubiese dispuesto. Los otros pescadores reían para sus adentros mientras contemplaban el espectáculo. Haciéndose el despistado, aquel gandul empujó a la pobre muchacha, haciendo que se le cayesen las bolsas al suelo.

-¡Vaya! Mil perdones, no te había visto. ¡Ha sido sin querer! ¿Puedo ayudarte?
-Tranquilo, no pasa nada –contestó la joven con la sonrisa más dulce que pudiese esperarse. De pronto su mirada se tornó agresiva, y pillando desprevenido al rudo pescador le dio un bestial puñetazo arrojándolo unos cuantos metros hacia atrás-. ¡Oh! Ha sido sin querer, de veras… Espero que me perdones.

Era esa sonrisa inconfundible otra vez. Una sonrisa inusualmente dulce. Tanto que llegaba a ser aterradora. Mei-lian recogió las bolsas llenas de comida y especias y se puso en marcha hacia donde se encontraba el crucero. Seastone y Robin no pudieron evitar contener la risa, y después de unos breves comentarios volvieron al astillero. Seastone hizo una visita a los recién fichados carpinteros para ver cómo les iba.

-¿Qué tal les fue en Relthar? ¿Vieron algo curioso? –preguntó Rentarou.
-La verdad es que sí –rió la joven-. Hemos visto a una mujer muy temperamental.
-Espero que no sea Shenka –se lamentó Eratia.
Los otros dos rieron con ganas. Pareciese que tuviera un trauma con aquella mujer.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


A la mañana siguiente, Mei-lian aprovechó un pequeño descanso que tenía para acudir a la oficina de Bettum, el cual no se esperaba esa visita bajo ningún concepto. Ni si quiera conocía a la muchacha.

-¿Y bien? Usted dirá en qué puedo ayudarla.
-Verá, señor Bettum. Según tengo entendido, muchos piratas acuden a usted para reparar sus barcos. Me he informado de que para su propia seguridad pide los datos a sus clientes, sus recompensas y no se sí algo más que desconozca.
-¿Quién le ha dicho eso? –se sobresaltó Bettum.
-Eso no importa. La cuestión es que estoy buscando a alguien y puede que usted pueda ayudarme.
-Lo siento, pero esa información es confidencial.
-Pero… ¡no es por venganzas o recompensas ni nada de eso! Busco a mi hermano Hakurón. Si tan solo pudiese decirme si pasó por aquí…
-Aunque quisiese no podría ayudarla. Una vez recibimos nuestros honorarios, destruimos todos los datos de nuestros clientes. Lo siento, señorita.
-Pero, ¿no tiene nada? –continuó desconsolada, aferrándose a alguna pequeña esperanza. Bettum meneó la cabeza, y Mei-lian abandonó la estancia sin mediar palabra.

El enojo de la joven hizo que diese una vuelta por el astillero, para intentar calmarse en la medida de lo posible. Fue entonces cuando escuchó una voz que se le hizo familiar. Instintivamente se giró hacia el lugar de donde provenía sin esperar demasiado. Unos hombres estaban trabajando en la construcción de un barco. Se acercó lentamente a ellos, algo confundida. Podía ser que aquel en concreto fuese…

-¿Eratia?


--------------------------------------------------------------------------------------------------

Ale, aquí la tienes Eratia... tooooda tuya :lol:
Nos vemos!!

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Jue Jul 24, 2008 12:05 am
por Terreis
anda parece que los antiguos (usuarios del tema) fantasmas vuelven al redil :oops: lalilulelo que puedo decir, bueno que mi nombre por los pelos lo pones :lol: :lol:

Mei-lian

Meli(para los amigos)

en fin, que ahora que viene mis merecidas vacaciones, me pondre manos a la obra y retomare la pluma y las musas de la inspiración para poder publicar :neko:

No estaba muerto andaba de...

Publicado: Mié Jul 30, 2008 7:45 am
por Long_Jhon_Silver
Es increíble, que haya tenido que pasar casi medio año para que volviese yo por estos lares. Es más increíble aún, que en mi ausencia muchos se hayan decidido a continuar y como lo han hecho. Definitivamente, felicitaciones a todos, estan haciendo un excelente trabajo. Veo que con los nuevos conocidos de Eratia, el asunto ha tomado mucha más fuerza. Espero, pronto poder aportar con algo, ya que a pesar de que he leído todo lo que han escrito hasta ahora, tengo que ordenar mis ideas y ver como me sorprendo a mi y a ustedes. Saludos a todos y felicitaciones de nuevo. Nos leemos.

P.D.:Dkantun(jejeje) ya ves que nunca deje de escribir, gracias por pasarte también por allí y espero que leas todo el resto de mis desvaríos. Gracias por resucitarme...Parece casi como si me hubieras invocado...Siempre quise ser una carta o un guardian...o bueno, eso, se entiende no??...

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Jue Jul 31, 2008 10:52 am
por Eratia
Vaya, me alegro de que vuelvas, porque se te echaba aquí en falta y mucho. Y por lo demás, aquí va otro capítulo, que espero que disfrutéis.

-----------------------------------------------------------

-Pues entonces, me parece que está aclarado el asunto.- Eratia y Franky se estrecharon la mano sellando así el contrato. Iban a tener un barco nuevo, aunque dichosas las ganas que tenía de perder el antiguo.

-Pues muy bien. Tengo un par de innovaciones que quiero probar…-Franky había empezado a hablar y a hablar mientras la joven Nora acompañaba a los demás a ponerse a cubierto del inclemente sol. Robin y Rido se habían marchado, mientras que Rentarou y Seastone estaban charlando alegremente. Parecía que al antiguo marine no le desagradaba tener que trabajar como carpintero. Tampoco a el, que tenía un poco de experiencia en el asunto.

Se quedó parado unos instantes, mirando al barco en que había desafiado a los vientos y no pudo evitar que los recuerdos le llenaran la cabeza…

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

-Casi un año…

Eratia había regresado a casa. O por lo menos eso pensaba. Había salido de su isla natal dispuesto a hacer fortuna al entrar en la Marina, pero sus planes se habían ido al garete. Con la rebelión en que había participado contra un capitán, tendría suerte de que solo le echasen de la marina.

Observó la isla en la que había vivido su infancia. Era bastante más grande de lo normal y tenía una docena de aldeas. El clima era suave y la gente amable. Y en ocasiones, muchos escalaban la montaña de la isla. No era ni empinada ni complicada, pero era un buen paseo.

Mientras andaba a buen paso, su vista se desviaba a los lados. Gente trabajando en los campos, a pesar del día húmedo que nacía, aunque todos se acercaban a hablar con el chico vestido con el abrigo negro. Eratia respondía amablemente, pero tampoco profundizaba mucho en los asuntos que le habían llevado a volver.

Se quedó mirando a un campo en el que había unos chicos jugando, lo que le trajo muchos recuerdos. Shenka y el eran los dos jugadores mas temidos en su época joven. Cuando jugaban al Juego del Rey (equivalente al Futbol Americano) el dúo que formaban era imparable. Su fuerza y velocidad hacía que nadie fuera capaz de acercarse a Shenka, que con sus precisos lanzamientos hacía que ningún otro equipo de esa isla pudiera vencerlos si no era con mucho, mucho trabajo y mucha suerte.

Eratia sonrío mientras reanudaba su camino hacia su casa. Shenka se había ido, pero su otro mejor amigo aún debía estar en el pueblo.

De pronto vio una enorme turba que llevaba a alguien en volandas, lanzando improperios.

-¡Pedazo de Memo!

-¡¿Por qué no puedes estarte tranquilito y dejarnos en paz a todos?!

-¡Vas a ir al lago, a ver si se te refrescan las ideas!

Y al lago fue. El joven al que llevaban en alto fue lanzado sin más misericordia al lago, y después toda la gente se dio la vuelta y se marchó. Eratia se fijó en que alguna de esas personas tenían parte de la piel teñida de azul.

-Parece que las cosas han cambiado un poco por aquí…

El navegante se acercó corriendo al lago, para ver si podía echar una mano al que habían tirado. Pero cuando llegó se echó a reír a carcajadas. El chico que había sido echado al lago le echó una mirada furiosa, pero al reconocerle esta expresión cambió a la de sorpresa al reconocer a Eratia.

-¡¿Qué haces tu aquí?!

-¡Jajaja! Taanis, podría preguntarte exactamente lo mismo.- Conteniéndose la risa, Eratia extendió la mano para sacar al chamuscado y calado Taanis del lago. También los recuerdos le vinieron a la cabeza otra vez. El debilucho hijo de los pirotécnicos del pueblo, su otro mejor amigo. El y Shenka eran temibles, y siempre se metían en todo tipo de líos con los demás chavales. Y solían llevar la peor parte, hasta que en plena persecución se colaban en la casa de Eratia huyendo y le pedían ayuda. Siempre era lo mismo.

-Chico, que alegría verte…

-Taa-chan, mejor vete a ponerte algo más integro que eso, porque si no vas a agarrar una pulmonía.

-Ups, tienes razón.

-Como siempre.- Una sonrisa malévola le cruzó la cara.

-Anda, no te hagas el listo. Te veo luego en casa ¿vale?

-Si no hay mas remedio…- La sonrisa de su cara desmentía la frase.- Te veo luego.

Taanis salió corriendo hacia el pueblo.

-Esto está mucho mas movido de lo que lo recuerdo. Bueno, tengo que ir a casa de ese atontado… pero antes debo ir a otro sitio.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Eratia salió del cementerio con paso tranquilo, mientras se secaba las lágrimas de su cara. Aunque hacía tiempo que se había hecho a la idea de la muerte de sus padres, le había resultado muy duro ver sus tumbas de nuevo.

Entró con paso tranquilo en el pueblo, cuando de pronto se detuvo.

-¡Que me cuelguen si no es el pequeño Eratia!

-¡Entrenador! ¡Cuánto tiempo!

El navegante le dio un abrazo al hombre algo canoso que le había interpelado.

-Se te echaba de menos por aquí.

-Yo también os echaba de menos. Aunque me he encontrado una escena bastante inusual cuando venía.

-¿A Taanis en el lago? No es la primera vez.

La cara de Eratia cambió a una seriedad absoluta.

-¿Qué le ha ocurrido?

-No lo tengo muy claro. Supongo que tuvo que ver con la marcha de Senka y la tuya. Porque desde que tu te fuiste… se ha encerrado a diario en el sótano de su casa para hacer experimentos raros. Y suele haber explosiones y otras cosas. Desde hace un par de meses, la gente está tan harta que cuando ocurre algo, lo tiran al lago.

-Vaya… No es como antes, que no paraba en casa.

-Si… os ha echado mucho de menos.

-No se puede evitar.

-¿Y por que has vuelto tu?

-Es una larga historia. Y no es el momento para contarte todo el asunto.

-Fu. Como quieras. En eso no has cambiado. Tiendes a guardarte las cosas para ti. Y todo para proteger a los demás.

-Ju. Siempre dices lo mismo, pero esto es un caso muy distinto.

-Tú sabrás. ¿Adonde vas?

-A casa de Taanis. Ya decidiré lo que haré luego.- Se echó el saco con sus pertenencias al hombro y empezó a alejarse.- Hasta la vista.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Al final, Eratia acabó durmiendo en casa de Taanis. Su casa estaba abandonada, y era muy triste si tenía que dormir en ella solo. La casa estaba limpia, pero había un tufo a pólvora inaguantable. La cena con los padres del aludido fue agradable, pero la noche fue otro cantar. La habitación que le habían dejado a Eratia era una contigua a la de Taanis, y este tuvo que pasarse toda la noche escuchando la sinfonía en ronquido mayor que interpretaba su vecino de alcoba. Esa fue la razón de que se levantara el primero. Cuando salió por la puerta para ir al riachuelo para refrescarse la cara, medio vio al pájaro que traía los periódicos. Le cogió el periódico tras haber ido a buscar algo de dinero adentro.

-Una redada de mafiosos en Ueras, fiesta en Sakura en conmemoración por la huida de un tal… ¿Wapol?,… Numerosos destrozos por una pelea entre el Shichibukai Mihawk y el Muguiwara Rolonoa Zoro… No me gustaría haber estado cerca, desde luego.- La foto enseñaba que los “destrozos” eran enormes cortes en un montaña.” -Vaya. El Capitán Usopp ha sacado un nuevo libro. Jejeje. Francamente, no se de donde saca las ideas para esos libros.- Eratia se había puesto a leer el periódico con tranquilidad, algo que no había podido hacer desde hacía tiempo. Pero su buen humor se cortó al momento, cuando miró lo siguiente.- No… no puede ser. Maldita sea…

-¡¡¡¡Piratas!!!!

Eratia se apresuró a guardarse el periódico y echó a correr hacia donde había sonado el grito. No estaba armado, pero tampoco lo necesitaba. Un momento después, Taanis le alcanzó, llevando una bolsa de aspecto muy sospechoso.

-¿No vas armado?

-Me parece que no voy a necesitarlo.- La mirada que le lanzó a Taanis era de sospecha total.- ¿Qué llevas ahí tu?

-Es un se-cre-to.

-Malo. Cuando te pones tan peliculero siempre acabo sacándote de algún lío…

-Así le quitas todo el interés al asunto…

-Lo que hay que ver.-Negó con la cabeza.

Unos minutos más tarde, los dos jóvenes llegaron al puerto, de donde sonaba la alarma.

-¿Qué pasa?

-Eso pasa.- El vigía señaló a una embarcación que iba hacia puerto. Pero francamente, el piloto era pésimo. El barco iba haciendo eses y Eratia se extrañó de que no se hubiera hundido.

-Vale… Esto no es ni un ataque pirata ni nada… Como navegante, consideraré un milagro que ese barco no se hunda antes de llegar aquí.

Y realmente, fue un milagro. Atropelló a un atún y se cargó uno de los embarcaderos al no poder detenerse a tiempo.

-¿Dónde ha aprendido a navegar el piloto?

-Pues no se…- Eratia estaba bastante mas perplejo que los demás. Era navegante y sabía de qué iba el asunto. Y quien pilotaba ese barco era malo con avaricia.

-¡Maldita seaaaaa!

Todos los que estaban en el puerto se quedaron congelados al momento. Esa voz…

-No. No puede ser.

-¡Ella! ¿Aquí?

-Genial.- Eratia negó con la cabeza.- El dúo diabólico ha vuelto para darme la vara.

Una chica morena asomó se dejó caer colgando en la barandilla del barco.

-Dios. Creía que la palmaba.

-Perdona que te lo diga… pero te ha faltado un pelo, amemada.

-¡Amema…! ¡Repítelo si te atreves!- La chica se giró, furiosa. -¡Eratia! ¡Tienes narices para venirme con esas!

El chico se encogió de hombros, sonriendo. No había cambiado.

-¿Y que quieres que te diga cuando no había visto a nadie pilotar tan mal un barco en toda mi vida? ¿Eh, Senka?

-Pues…- La chica se puso roja, ya que no podía replicar de ninguna forma.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------

-¡Así que el también acaba de llegar!- Senka se había puesto al día de todas las novedades. Al final se habían metido en la casa de Eratia, para charlar tranquilamente.

-Exacto. Aunque no ha hecho una entrada tan espectacular como la tuya, eso seguro. ¿De donde has sacado ese barco?

-Eh, que tiene un nombre. Es el Zafiro de las Olas.

-Bonito nombre. Pero, ¿cómo…?

-Estoy montando una tripulación pirata.

Taanis se quedó de piedra, con la boca abierta. En cuanto a Eratia, que no había abierto la boca desde un rato antes, empezó a partirse de risa. El ataque de risa fue de tal calibre que sus dos amigos le miraron con un poco de miedo. Eratia acabó cayéndose al suelo por las carcajadas.

-Ay. Desde luego, tras esto no se si creer en el destino o no.- Se limpió las lágrimas que le habían salido mientras se sentaba en el suelo.- ¿Me aceptarías como navegante en tu tripulación, jefa?

-¿Y crees que serías un pirata algo aceptable, Eratia?- Senka había puesto una cara burlona, como siempre que Eratia sugería algo.

-Supongo que sí. Primero porque os llevo ventaja. Y segundo porque no puedo dejar que destroces a ese pobre barco con tu pilotaje.

-¿Ventaja?- Taanis parecía cada vez mas confundido. En respuesta, Eratia sacó un rollo de papel de un bolsillo y se lo tiró a Senka. Cuando lo abrió soltó un grito de sorpresa.

-¿43 millones? ¿Tienes 43 millones por tu cabeza?

-Ya te he dicho que llevaba ventaja.

-Pe… pero esto… que….

-Ya os contaré mas adelante todo el asunto. Por lo pronto, ¿me aceptas, Capitana?

Senka sonrió, feliz.

-¿Es que lo dudabas? ¡Claro que puedes entrar!

-Senka…

-¿Eh?- Taanis les había interrumpido. Parecía dubitativo.

-¿Puedo ir yo también?

Senka miró a Eratia, sorprendida. No se lo esperaba. En cambio, Eratia reflexionaba. Recordó todo lo que le había contado el entrenador y se dio cuenta de lo solo que debía haber estado su amigo. Así que asintió ante la mirada dubitativa de Senka. Aunque no lo pareciera, lo cierto es que ella respetaba las opiniones de Eratia.

-Jujuju. Parece que no me queda otra. Pero te toca barrer la cubierta, grumete.

Y ese fue el comienzo.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Todos los piratas pasaron la noche en una cabaña. Seastone y Robin le estuvieron dando la matraca toda la noche sobre que era machismo que solo ellos pudieran trabajar en el barco. Estaban dispuestas a ayudarles, porque también querían que la obra que iban a llevar a cabo hubiese sido construida por todos. Así que al día siguiente le fueron a dar la murga a Rido y a Franky.

Mientras tanto, Eratia y Rentarou fueron al trabajo. Tras varias discusiones con los carpinteros, a Rentarou le ubicaron en el corte de los tablones, porque le pareció curioso el aparato con el que hacían las tablas de madera. En cambio, Eratia Había pedido encargarse de los árboles recién talados. Era un trabajo al que estaba acostumbrado cuando trabajaba de leñador, así que se puso con un hacha a cortar las ramas del tronco. Se movía con precisión y experiencia, y su enorme fortaleza le hizo que trabajara durante horas sin parecer siquiera fatigado. Los otros carpinteros le miraban con un poco de temor, pero le dejaron tranquilo. Pero eso no iba a durar…

-¡Eratia!

-¿Ein? ¿Quien me llama?- El joven estaba en guardia. Que le reconocieran solo podía significar tres cosas: problemas, problemas o más problemas.

-¡Tú! -Mei-Lian se acercó corriendo, pasando de todo el mundo, hasta ponerse delante de Eratia, le agarró la mandíbula y comenzó a moverle la cabeza. -Si, tienes que ser tú. Eratia...

-¿Ma-ma-mande?- Eratia dejó caer el hacha con la que estaba trabajando al suelo y se quitó de encima a la joven. Se recolocó la mandíbula mientras la aseteaba con la mirada.- Vale. Sabes quien soy yo. ¿Y se puede saber quien rayos eres tú?

-¿Quién soy yo? -Le apretó el pecho con un dedo acusador. -Dime tú quien soy yo. ¿O acaso no reconoces mi pelo? ¿No te recuerda a nadie? ¿Eh?

Vaale. ¿Es que todos los alocados del mundo se tenían que cruzar con el? Paciencia. Iba a necesitarla.

-Primero: No te he visto en mi vida, así que no se quien carajos eres tu. ¿A quien me tendrías que recordar? ¿A mi capitana?

Mei-Lian lo miró con furia. -Hakurón. -Dijo secamente. -¿Te suena ese nombre?

Ese nombre...Peligro. La cosa se empezaba a poner fea.

-Era el apodo de una persona a la que conocí hace bastante tiempo. Aunque no era su nombre real.

-¿Dónde está?

-¿Linkain? Ni idea. No me lo he encontrado desde hace unos tres años.

-¡MENTIRA! -Le agarra del cuello de la camisa y se le acerca hasta casi tocarse las narices. -Dime donde está. Eres su compañero, sé que lo eres. ¡¿Dónde está Hakurón?!

Eratia le clavó una mirada helada mientras que le agarraba de los brazos con fuerza. No la bastante como para hacerle daño, pero si la suficiente como para transmitirle un aviso.

-Modérate. Y piensa con quien estás hablando. Esto solo se lo aguanto a tres personas, y tu no eres una de ellas.- Su voz era tan fría y amenazante como su mirada.- Y te he dicho todo lo que se. No lo veo desde hace tiempo.

Mei-Lian le soltó de mala manera, empujándole hacia atrás. -¿Le estás buscando?

-No veo por que debería responderte, pero si.-El chico se colocó la camisa mientras daba un paso hacia atrás. Estaba harto y muy dispuesto a darse la vuelta y volver al trabajo.

-Voy contigo. -La voz decidida de Mei-Lian salió de repente.

Eratia se quedó paralizado por la sorpresa, pero la respuesta salió instantáneamente.

-Ni de coña.

-Voy contigo, no admito un "No" por respuesta. –La chica se cruzó de brazos mirándolo fijamente.

-Lo siento, pero no es no. Y no creo que por muy creído que te lo tengas, puedas decir algo. No pienso meter a una niña egoísta en un barco a una muerte segura. Y estoy seguro de que mis nakamas estarán de acuerdo conmigo.

Con un movimiento rápido, aparecieron dos cuchillos en las manos de la chica, y apuntó con uno de ellos a Eratia.

-Hace demasiados años que busco a Hakurón, y no voy a dejar escapar la única pista tangible que tengo. O voy contigo por las buenas, o por las malas.

Genial. Ahora la chica se ponía farruca. ¿Por qué le pasaban siempre esas cosas?

-Mira... no quiero luchar, pero no te puedo dejar subir a nuestro barco porque no quiero llevar tu muerte sobre mi conciencia. Si no fuera por eso...

La chica no aceptaba eso, y abrió los brazos en cruz. -Te voy a dar una paliza, y me vas a llevar contigo hasta Hakurón. ¿Me has oído? -Los cuchillos empezaron a dar vueltas en sus manos. Parecían discos plateados. -Estilo de la Luna Triste... -Las hojas de los cuchillos parecían lunas perfectas. -¡Byakko no Hane!- Saltó hacia él para descargar el golpe. No iba a matar, pero si hacia el brazo derecho de Eratia.

¿Pero que co...? ¿¿Byakko no Hane?? No puede ser... Pero sí, los movimientos eran idénticos. Con un movimiento rápido levantó con el pie el hacha con la que estaba trabajando y la lanzó contra los cuchillos de su rival mientras el se apartaba del sitio a una velocidad tremenda. Se colocó en guardia. Tenía que comprobar si era o no cierto...

-Tras esto, no te vas a ir de rositas, te lo aseguro.- La intensidad de su mirada era atemorizante. Iba en serio, eso seguro.

-¿De rositas...? -Miró con una fiereza igual a Eratia. -No he escapado de la muerte para que tú me des sermones... él es el único que puede... -Abrió de nuevo los brazos en cruz. -Y tú... ¡NO TIENES NI IDEA! Empezó a dar vueltas como un tornado. -¡Estilo de la Luna Triste! ¡Kamaitachi Kaiten! Varias ondas salieron del tornado en el que se había trasformado, directas a Eratia-

Eratia rodó por el suelo, esquivando las ondas cortantes. Sus compañeros se habían logrado apartar a tiempo, asi que no hubo heridos. Enganchó un tablón que debía pesar sus buenos cuarenta kilos mientras se levantaba, y giró sobre si mismo. El improvisado garrote bloqueó las ondas cortantes ni sufrir más que arañazos y golpeó a la chica en lo que debía de ser un costado, derribándola.

-No tengo ni idea, es cierto,-Susurró.- pero tu tampoco.

-¡Cállate! ¡Cállate, cállate, cállate! -Mei-Lian perdió los estribos. -¡¿Qué sabrás tú de ser la única superviviente de tu familia?! ¡¿Qué sabrás tú de que alguien necesite encontrar al único pariente que le queda?! ¡¿Qué sabrás tú de mí?! -Mei-Lian se levantó tocándose el costado con lágrimas en los ojos. No eran lágrimas de dolor, si no de pena. -Linkaín... Es... Lo último... que me queda... -Corrió hacia Eratia, levantó ambos cuchillos y golpeó con ambos, haciendo que Eratia los parara con el tablón. Para ser una jovencita tenía muchísima fuerza. -¡No voy a dejar escapar la única oportunidad que tengo de encontrar a Linkaín! -Con una pierna, pateó el tronco hacia arriba, haciendo que el chico lo soltara. Cuando volvió a mirarla, ambos cuchillos se dirigían hacia él. -¡Tsuki no Tsubasa!

Vaya, vaya. Cerca, muy cerca, pero conozco el truco. En vez de bloquear el golpe, Eratia se apartó de la trayectoria de los cuchillos. Cuando pasaron las dos armas, el joven pirata la agarró de un brazo y con un tirón la volteó y la lanzó al suelo como a una muñeca sin que esta fuera capaz de resistir la fuerza del hombre.

-Vale. Podría hablarte de mis penas, pero no creo que te importe en absoluto. Pero... ¿Quien eres y de que conoces a mi amigo? Y otra cosa ¿Como conoces su estilo? Que yo sepa, solo lo conocían dos personas. Y tú no eras una de ellas.

Mei-Lian no se levantó. Los moños se le habían soltado y su pelo caía libremente, recordándole algo a Eratia. Cabellos negros con destellos azules. ¿Donde lo había visto eso antes?

-Linkaín... onii-san... Onii-san... -Susurraba casi sin darse cuenta. -Vuelve, hermano... vuelve... -El pelo le ocultaba los ojos llorosos.

-Joder.... Eratia se agachó y la miró. De no ser porque el había dicho que todos habían muerto... Pero ella le llamaba hermano...- No me fastidies que eres hermana de Linki-chan.

La chica reaccionó como un rayo.Le agarró del cuello y le acercó a sus ojos. -No vuelvas a hablar así de Linkaín-onii-san... Nunca... -Con la otra mano agarró los cataplines de Eratia. -O lo lamentarás.

Eratia ni se inmutó. Después de todo, tenía todos los triunfos.

-Yo que tu me estaría quieta. Porque si me atacas ahora, no vas a venir conmigo ni aunque me pagues mi recompensa. Y segundo, era mi amigo y tengo todo el derecho del mundo a llamarlo así.- Esperó un momento a que se tranquilizara.

Mei-Lian soltó a Eratia. De ambos lados.

-Onii-san... Linkaín Arakeist, de la casa Arakeist, de la Isla de la Luna Creciente... -Empezó a decir la cocinera. -Soy Mei-Lian Arakeist... última mujer Arakeist del mundo...

Eratia se golpeó la cabeza. ¿Todo el jaleo para nada?

-Pues haberlo dicho claramente desde el principio y nos habíamos ahorrado toda esta lucha.- Suspiró.- Tu y yo tenemos mucho de que hablar.

-¿Me llevarás? -Dijo sin moverse.

Eratia se giró y se quedó callado unos instantes.

-Si no lo hiciera tu hermano me mataría. Pero será mejor que moderes ese genio. Aquí no eres la única que ha pasado un infierno, te lo aseguro. Y tus salidas de tono pueden sentarles muy mal a los demás.

Mei-Lian se levantó, se ató el pelo en una coleta y miró decidida a Eratia. Aquella cara le recordaba ahora mucho a Hakurón.

-Llevo años buscando a mi hermano... Y perdí el norte. Lo siento. Pero yo soy así, digo las cosas como las pienso, no me guardo nada. La mentira es lo peor a no ser que sea para salvar la piel... -Agarró sus cuchillos y los guardó en sus botas. -¿Puedes decirme cuando iremos a buscarle?

-Eso me gusta mas.-Una sonrisa le cruzó la cara.- Yo estoy buscando a mis antiguos nakamas desde el incidente de Xarmentes. Ahora mismo el barco está roto, así que nos queda una semana hasta que podamos zarpar. Si quieres subir a bordo con los demás, arregla tus asuntos para entonces, ¿de acuerdo?

Mei-Lian se giró en dirección a su propio barco.

-Dejaré listo mi antiguo trabajo antes de esta noche. Como no estéis... -Le miró decididamente. -Sabrás de mí...

-Jejeje. Bravas palabras. Pero no te harán falta. Ni voy a engañarte, ni a traicionarte ni nada por el estilo. Espero que tú hagas lo mismo.

-Conque me lleves hasta él me es suficiente. -Le miró divertida. -Eres la única pista que tengo, así que te alimentaré bien para que puedas llevarme hasta él.

-Juju. Bueno, me van a echar la bronca por tu culpa, así que será mejor que te largues, no sea que te caiga a ti también.

Mei-Lian ni contestó. Simplemente se dio la vuelta y se fue.

Eratia suspiró. Vio que en ese momento venían varias personas, entre ellas Franky, sin duda alertadas por sus compañeros de trabajo. ¿Y ahora como explicaba todo lo que había sucedido?

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Jue Jul 31, 2008 11:28 pm
por Gargadon
Es que si nadie lo hacia, ¿entonces quién? :lol: Nah, la verdad simplemente estaba algo aburrido así que decidí a pasarme por ahí y cuando vi que habías puesto algo no pude resistirme :D Solo espero que de verdad haya servido...

Si Silver vuelve yo también.

Publicado: Vie Ago 01, 2008 12:04 am
por Ramsus
Vale. Ya está. Podría contaros todas las cosas que me han pasado desde que empecé mi última historia... pero sería más largo que el propio capítulo que hoy (Si! Hoy!) os traigo. Como soy consciente de que hace ya bastante tiempo desde mi último relato, os dejo aquí un link a él para que no se os haga raro el nuevo.

Girasoles

Y ahora, para los que ya se han leído lo escrito en el link y para los que no porque su memoria goza de buena salud, la continuación:
Spoiler: Mostrar
Ailing de las Alas Blancas

En medio de la cada vez más tenue oscuridad solamente se oía una dulce voz femenina tarareando una canción. Aquella voz cálida producía una reconfortante sensación de paz y sosiego para sus oídos. Pensó que podría haber estado así hasta el fin de los tiempos, pero poco a poco la oscuridad fue desapareciendo para dejar paso a la claridad de la mañana. Y con ella, la melodía dejó de sonar…

- Por fin estás despierto!
- Hmmm… Ailing… ¿eres tú?
Con sus ojos aún entreabiertos, Ramsus pudo distinguir la silueta de su amiga sentada a su lado. A pesar de que aún se encontraba bastante aturdido, su adormilada mente consiguió encajar las suficientes piezas como para comprender la realidad. Se encontraba tumbado en la camilla del refugio del bosque, y tras mirar de reojo hacia abajo y verse envuelto casi por completo en vendajes, una intensa sensación de dolor invadió hasta el último rincón de su cuerpo.
- Uughh…
- No te muevas! ¿Es que quieres que se te vuelvan a abrir las heridas? Voy a tener que darte otro calmante.
Ailing poco a poco se fue haciendo perfectamente distinguible a la mirada de Ramsus. Sentada en una piedra a su lado y sujetando un libro cerrado con una mano, una preciosa niña de rizados cabellos color ámbar lo miraba atentamente con dulzura, pero a la vez con determinación. Iba vestida con ropas sencillas de tonos naranja que dejaban libres las alas blancas que surgían de su espalda. A pesar de que Ghorrhyon dijera que era una “Arpía”, él siempre había pensado que ella era en realidad un ángel. Y no solo por sus alas, sino también por su preciosa cara moteada de pecas y por su forma de ser tan agradable, cariñosa y sincera.
- Ghorry ha salido al bosque a por algo para curarte todas esas heridas lo antes posible. Dice que va a buscar Den Den Mushi silvestres para poder utilizar su baba en ellas.
- Es… realmente necesario? –inquirió Ramsus con gesto de aturdida contrariedad. Ailing contestó pegándole un mamporro con el libro en la frente.
- ¿¡Encima te quejas!? No me he separado de ti en el día y medio que te has pegado durmiendo! Dediqué varias horas a vendarte todas esas heridas y Ghorry se fue ayer por la tarde y aún no ha vuelto! –su amiga se veía sensiblemente enfadada- Y todo por tu culpa!! Tres marines, Ramsus!! Te has peleado contra tres marines!! ¿¡Pero tú estás bien de la cabeza!?
- Se dirigían hacia el cobertizo donde estabas comiendo porque te oyeron hacer ruido… iban a por ti y no podía dejar que te encontrasen.
- Claaaro, y en vez de avisarme para que saliese de allí tuviste que coger un palo y enfrentarte a ellos no? Mírame Ramsus!! Tengo alas! Sé volar! Esos tipos ni me habrían visto!
- Coger… un palo… ¿es que viste la pelea? –preguntó el chico con una medio sonrisa en los labios. Su amiga miró al suelo unos instantes.
- No iba a dejarte allí solo mientras te pegaban una paliza. Alguien tendría que recogerte después…
- Esos tíos me han dado una buena –Ramsus se dejó caer pesadamente de nuevo sobre la camilla, sintiendo como el sueño volvía a apoderarse de él- pero con un simple palo he conseguido desarmar a dos de ellos.
- GILIPOLLAS!! –la joven Arpía descargó otro fuerte librazo sobre la frente del convaleciente muchacho- Casi te matan y tú solo piensas en eso!! Debería dejarte aquí solo en medio del bosque para que te murieras!
Con los ojos medio cerrados Ramsus miró fijamente a la enfadadísima Ailing durante unos instantes y esbozó una sonrisa.

“Eres la mejor enfermera del mundo”

Poco a poco la oscuridad volvió a apoderarse de todo, pero lejos de sentirse dolorido o asustado, Ramsus sintió una inmensa tranquilidad. La dulce melodía de nuevo había comenzado a sonar.




Lentamente, muy lentamente, el Vicealmirante fue abriendo los ojos. Bajo su cuerpo notaba el tacto suave de las sábanas y la comodidad de un colchón, pero también la sensación fría y húmeda de su propio sudor por todas partes. Estaba en una amplia y lujosa habitación fuertemente iluminada por la luz del sol que debía entrar por algún tipo de ventanal. Por toda la estancia se podía oír una voz femenina tarareando de forma despreocupada una vieja melodía. Ramsus, cada vez más despierto, giró su cabeza para encontrarse con el origen de esa música que le resultaba tan familiar: A un lado, sin percatarse de su presencia, una rechoncha mujer de piel morena, pelo negro recogido en una larga trenza y vestida con un uniforme blanco de criada se dedicaba a doblar y colocar sábanas en un gran armario cercano a la cama.
El marine se incorporó hasta quedar sentado. Cayó en la cuenta de que no llevaba camisa y que ya no tenía ninguno de los pocos vendajes que aún le quedaban tras su pelea con el Rey del Mar. Acto seguido empezó a mirar fijamente las palmas de sus manos, como tratando de buscar respuestas, hasta que poco a poco comenzaron a regresar los recuerdos a su mente.

“Aaaah!!” Un grito ahogado interrumpió al marine en sus pensamientos. La mujer que se encontraba a su lado se había percatado de su presencia y lo miraba fijamente con la cara completamente pálida. Ramsus le devolvió la mirada con gesto aturdido.
- Se… se… señor… está despierto. –la mujer dio un par de pasos para atrás, recuperando un poco la compostura- Creo que… debo avisar a la Señora.

Al oír esas palabras, el marine sintió como todas las imágenes que fluían por su cabeza comenzaron a pasar mucho más rápidamente y a colocarse en el lugar adecuado.
- Espere, por favor!
- Eh… ¿Si? –contestó la criada.
- Recuerdo… el campo de girasoles al atardecer. La… Señora y yo subimos por la ladera del monte y… había una piedra grande… -Ramsus se detuvo un momento tratando de recordar algo más, pero sin éxito- ¿Qué me ha pasado? ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
- Señor Vicealmirante, lleva usted dos días en cama.
- Dos días!! –respondió súbitamente, asustando de nuevo a la pobre mujer.
- Sí… ha tenido mucha fiebre en todo este tiempo, pero ya parece que se ha recuperado, gracias a Dios. La Señora ha estado muy preocupada por usted, sobre todo porque decía que no podía entender el por qué de su enfermedad. La pobre lo ha pasado muy mal estos dos días. No es normal que pasen cosas como estas en nuestra isla, y menos con 2 personas a la vez.
- ¿Ha dicho… dos personas?


“Imposible, no puede ser. No puede ser ella” Andando con paso rápido, Ramsus avanzaba por el amplio pasillo repleto de coloridos cuadros y lujosos candelabros apagados en las paredes. Le había costado bastante convencer a la criada para que no fuese a avisar a Kaolla ya que quería verla él mismo en persona. Mientras el marine se ponía algo de ropa, la mujer se había puesto a contarle a grandes rasgos lo ocurrido hacía dos noches. Y la descripción de la “otra persona” lo había dejado completamente pasmado.
De la última puerta del lado derecho llegaba el sonido de una distendida conversación entre dos voces femeninas. El Vicealmirante aceleró el paso aún más e irrumpió en la habitación, que tenía la puerta abierta, para quedar al instante completamente paralizado.
Ante él se encontraban Kaolla, sentada cómodamente en un sillón y, a su lado, su vieja amiga Ailing, también sentada pero dentro de una cama. Ambas parecían estar pasándoselo en grande con lo que quiera que fuese de lo que estaban hablando. Tanto, que ni siquiera habían reparado en la impactante entrada del marine.
- Pues ya te digo, aunque se niegan a reconocerlo, todos estamos casi seguros de que están liados.
- ¿De verdad? ¿Y el Almirante ese es guapo?
- Uy, sí. Además de otras muchas virtudes, tú ya me entiendes.
- Pues espero que una de ellas sea la paciencia, porque cuando ella era pirata pocos hombres la duraban 2 asaltos. Como mucho Silver, pero eso es otra historia…

“Ejem!” Ambas chicas se callaron tras escuchar el fuerte carraspeo del marine. El gesto de sorpresa inicial de sus rostros pasó a uno mucho más alegre en unos instantes.
- Ramsus!! Ya estás despierto! –dijo Kaolla levantándose del sillón.
- Sí, eso parece.
- ¿Cómo te encuentras? ¿Te duele algo? ¿Te sientes mal? Me has tenido muy preocupada, sabes? –Kaolla cogió la cara del marine con sus manos y trató de mirarlo a los ojos para examinarlo, pero él los tenía clavados en Ailing.
- Ailing… ¿se puede saber qué haces tú aquí?
- Ahora te lo explicamos todo. –La Señora volvió a tomar la palabra, obligando a Ramsus a mirarla de una vez. Ambos se quedaron quietos un instante, mirándose mutuamente a los ojos, hasta que Kaolla soltó la cara de su antiguo nakama con gesto de contrariedad- Espéranos en la biblioteca, enseguida vamos.
- ¿Por qué? ¿A qué viene tanto misterio?
- Porque Ailing tiene que ponerse algo de ropa y no quiero que tú estés delante, así que largo. Venga!
Kaolla sacó al sorprendido Ramsus a empujones de la habitación y cerró la puerta. Resignado, comenzó a caminar hacia la dichosa biblioteca con la cabeza hecha un verdadero lío, mientras a su espalda se volvía a retomar la conversación. “Ramsus y el Almirante nunca se han llevado muy bien que digamos. Es como si siempre estuvieran picados. Cosas de hombres, supongo…”


Treinta minutos después las dos jóvenes entraron en la amplia biblioteca. Efectivamente Ailing se había cambiado de ropa y ahora llevaba puesto un vestido corto de color amarillo, que dejaba libre la espalda para que sus alas no tuvieran molestia alguna. Mientras devolvía a la estantería el volumen 4 de las “Memorias del Capitán Usopp” con el que había estado matando el tiempo, Ramsus reparó en el tiempo que hacía que no veía a su amiga vestida “de calle”, sin el uniforme de la marina. Estaba realmente preciosa.
La capitana se sentó en la mesa cerca de donde se encontraba el Vicealmirante de pie al lado de la ventana, mientras que la Señora se entretuvo un minuto más en coger unos cuantos papeles de un estante. El marine miró a su vieja amiga con cara de preocupación, pero antes de poder decir nada, Kaolla puso todos los papeles sobre la mesa y mirando a su ex nakama comenzó a hablar:
- ¿Recuerdas lo que pasó hace 2 noches?
- Ahora ya sí. Recuerdo que paseamos entre los girasoles, y que hablamos durante bastante tiempo sobre el pasado. –Ramsus se detuvo un instante mirando fijamente a la Señora- Recuerdo que me perdonaste. También que subimos al monte de la isla y que encontré una piedra muy grande.
- Lo último que hiciste fue lanzar un ataque sobre la piedra y tras eso te desvaneciste… hasta hoy. Ramsus ¿tan peligroso era ese ataque?
- ¿”Horizonte”? No… es uno de mis mejores golpes, lo reconozco, pero lo domino a la perfección. Jamás había tenido problema alguno con él. Al menos no hasta ese punto.
- Entonces no lo comprendo. En estos dos días no he conseguido saber por qué te ocurrió eso, por más que lo he intentado. Me desconciertas Ramsus.
- No te preocupes por mí –contestó el Vicealmirante con una sonrisa- Me encuentro perfectamente y además creo que hay temas más importantes que tratar que mi estado de salud ahora mismo. Así que basta de rodeos. ¿Qué haces aquí Ailing? ¿Qué es eso de que tú también estás enferma? ¿Qué ha pasado mientras yo dormía?
- La misma noche en que tú caíste inconsciente ella apareció medio muerta en los campos de girasoles, pero por suerte su caso no era nada desconocido para mí. Tras examinarla descubrí que había sido envenenada y gracias a un viejo remedio a base de plantas de la isla y pipas de girasol que preparé, a la mañana siguiente estaba como nueva. De modo que no te preocupes por ella… -el rostro de Kaolla se ensombreció de repente y miró a Ailing- …creo que tienes otras cosas de las que preocuparte.
La chica de las alas blancas levantó la mirada, llena de tristeza y angustia, para mirar a Ramsus y lentamente comenzó a hablar.
- Ramsus, he venido a buscarte. Alira me lo pidió justo antes de que nos separásemos. Necesitamos tu ayuda.
- Mi… mi ayuda? –Acertó a decir el aturdido Vicealmirante- ¿Pero por qué? ¿Se puede saber qué pasa?
- Hace cosa de una semana llegamos a las aguas del Florian Triangle. La niebla estaba por todas partes, tan espesa como siempre en esa zona. Nuestros vigías no vieron nada y a Alira y a mí nos pillaron con la guardia baja, incluso a pesar de mis sospechas. –Ailing bajó la mirada, reviviendo con pena lo ocurrido- Todo pasó de repente. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos rodeados por cinco galeones sin bandera que abrieron fuego a la vez contra nosotros. En medio del caos Alira me pidió que escapase volando de allí y viniese a buscarte a toda costa. Mientras me alejaba me hirieron con una flecha envenenada, y al mirar hacia atrás solo pude ver como el Saint Andrews empezaba a hundirse.

Un fuerte golpe sonó contra la gran estantería, haciendo que ésta temblase y unos cuantos libros cayesen al suelo. Las dos mujeres miraron atónitas a Ramsus.
- ¿Hundirse? ¿¡Has dicho HUNDIRSE!? Maldita sea!! Le pedí que lo cuidase!! No tenía que hacer mucho más, solo navegar con él hasta mi regreso. Le di el mejor barco de la marina, mi obra maestra, el proyecto de tres años… y lo ha hundido!!! Joder, hundido!!! ¿¡EN QUÉ DEMONIOS ESTABA PENSANDO!?
De pronto el Vicealmirante comenzó a notar que le faltaba el aire y que su vista comenzaba a nublarse. Era una sensación familiar, la misma que lo invadió ante la roca de entrenamiento 2 días atrás. En su interior, como a cientos de kilómetros de distancia, oía las voces de Kaolla y Ailing llamarlo por su nombre, junto con otra extraña voz, gutural y profunda, que podía oír acercarse pronunciando algo incomprensible…
Súbitamente volvió en sí. Estaba al lado de la estantería, con una rodilla puesta en el suelo. Kaolla estaba a su lado y Ailing lo miraba desde su asiento con gesto desencajado.
- Te encuentras bien? –le preguntó la Señora.
- Sí… creo. ¿Qué… qué me ha pasado?
- ¿Cómo que qué te ha pasado? A mí no me vengas con excusas, imbécil! Te has puesto como una fiera hace un momento y ahora quieres hacernos creer que no lo recuerdas? –Kaolla trataba de disimular su preocupación hablando a Ramsus en su tono de siempre.
- Lo… lo siento. Lo siento de veras. No pretendía ponerme así. –dijo mientras se ponía en pie y se dirigía hacia Ailing- Por favor, dime, está bien Alira? ¿Y mis hombres?
- Cuando yo partí hacia aquí pude ver a algunos marines muertos en la cubierta. Alira estaba perfectamente. Es difícil que puedan con ella…

Durante unos minutos más la Capitana Ailing contó con todo tipo de detalle lo que recordaba de aquella noche mientras Kaolla y Ramsus la observaban realmente interesados. La serenidad parecía haber vuelto al rostro del marine.
Tras la explicación, Ailing acabó su discurso volviendo a pedir ayuda a su viejo amigo y Kaolla miró a su ex nakama con gesto intrigado. Ramsus permaneció pensativo unos instantes, como tratando de asimilar lo mejor posible las terribles noticias que portaba su compañera, hasta que finalmente se decidió a hablar.

- Moria… Gecko Moria. Me cuesta entenderlo. Aunque no lo conozco en persona, sé que siempre fue un pirata demasiado peculiar, incluso para lo que suelen ser los piratas. Y aún más desde que Sombrero de Paja lo derrotase hace años. –el Vicealmirante seguía con la mirada perdida en el infinito mientras hablaba- Pero jamás se atrevió a levantar la mano contra la Marina ni contra el Gobierno Mundial al que juró lealtad. ¿Por qué ahora? ¿Por qué declararse en rebeldía justo en este momento, y hacerlo atacando a toda una Almirante como Alira?
- ¿Qué más da eso ahora Ramsus? –interrumpió Kaolla con tono fuerte- ¿No has oído a Ailing? Terreis está en peligro!! Tienes que ayudarla!
- Lo sé… pero ahora mismo estamos en la peor situación posible.
- Tiene razón –apuntilló Ailing- Necesitamos un barco veloz ya que yo no podría llevar a Ramsus volando y además tenemos el problema de que Thriller Bark no puede registrarse en un Log Pose, y yo apenas recuerdo nada del final de mi viaje volando hasta aquí por culpa del veneno.
Kaolla se limitó a extender los papeles sobre la mesa. Y señalar un punto en uno de ellos.
- Mirad, aquí está mi isla. Avanzando en dirección hacia el Nuevo Mundo se encuentra el Florian Triangle. Tardaríais una semana en llegar navegando con un velero rápido… exactamente el velero que yo os voy a dar.
Kaolla sonrió ante el gesto de sorpresa de los 2 marines.
- ¿En serio? Muchísimas gracias Kaolla!! Eres la mejor!! –Ailing abrazó de pronto a su nueva amiga en una explosión de alegría.- Alira tenía razón. Siempre le das a la gente lo que realmente necesita!!
- Entonces en marcha –sentenció Ramsus con gesto de satisfacción mientras se giraba hacia la bolsa con sus cosas.
- Ehhh!! No tan rápido. Así solo llegaréis al Florian Triangle con el barco. ¿Pero como vais a encontrar Thriller Bark? Podéis pasaros años navegando sin rumbo! ¿Queréis acabar como aquel amigo esqueleto del Rey de los Piratas? ¿O preferís ser atacados por los misterios de ese sitio lleno de muerte?
Ailing soltó de súbito a Kaolla y comenzó a ponerse pálida de miedo. Por su parte Ramsus dejó por un segundo de ordenar sus cosas y lanzó a la mesa el libro que había estado leyendo: El volumen 4 de las “Memorias del Capitán Usopp”.

- El capítulo 46 se titula “Aventura en Ghost Island”. Si lo leéis descubriréis sin tener que recurrir a pesados ladrillos sobre ingeniería naval que Thriller Bark es el barco más grande del mundo, hasta el punto de albergar una isla de West Blue y parte del océano en su interior. –comentó el Vicealmirante volviendo a colocar sus cosas- Por lo que contaste, Ailing, puedo estar casi seguro de que tanto el Saint Andrews como los barcos que os atacaron ya se encontraban dentro del galeón de Moria durante la batalla.
Aunque lo hayan hundido… -Ramsus tomó un respiro para continuar- no me separarán de mi barco. Cuando lo diseñé puse la típica “alfombra” de Kairouseki en la parte baja del casco, tal y como está estipulado para los buques insignia de la marina. Pero yo añadí algo más. Mezcladas con el Kairouseki se encuentran unas 2 toneladas de piedra de la primera isla de Grand Line, Whiskey Peak. Y gracias a ellas pude hacer esto…

Ramsus se giró hacia sus contertulias y mostró en su mano un Log Pose encerrado en una cápsula de madera en cuya parte baja había una inscripción: Saint Andrews.
Mañana me pondré a leer vuestros últimos relatos, que por lo que veo ahora la cosa va de carpinteros de barcos... ¿Y qué Vicealmirante de la marina es un antiguo mecánico de barcos?
Me estáis dando unas ideas tremendas (y pisándome otras que tenía pensadas :gota: ) que ya veréis más adelante. Primero me tengo que encargar de un Kishishishi-imbécil. Vais a alucinar con lo que estoy preparando. :mrgreen:

Si Ramsus Escribe yo también...

Publicado: Vie Ago 01, 2008 7:54 am
por Long_Jhon_Silver
Spoiler: Mostrar
Cap. "Longdrargd y Su Explicación"


Era extraño, parecía como si algún dios antiguo lo estuviese protegiendo, no sólo a él, sino que también a sus camaradas, casi por arte de magia habían logrado salir de Atonar; considerando la gran batahola que allí se había formado, con toda la gente implicada y con aquellos extraños barcos que vio al salir. Definitivamente esto se estaba volviendo mucho más interesante. Sentado sobre su cama, Silver estiro los brazos para sacarse el cansancio de encima.” Qué bueno que los demás están a salvo”; pensó; ahora era necesario hablar con un viejo conocido, que por cosas del destino, estaba ahora en el Caledonia. Salió entonces el capitán de su cuarto, camino lentamente a través del pasillo que llevaba hasta la cubierta, paso por allí y se dirigió hasta la cocina. Al entrar, vio que One Piece cocinaba, se acerco hasta la mesa y arrimando una silla se sentó. Estaba también allí Roca, quien al verle se quedo mirándole. Silver apoyo los codos en la mesa y cubriéndose la cara con ambas manos, en un gesto que denotaba cansancio, le dijo:

--Por favor, puedes traer aquí al profesor y a su ayudante—
--En seguida Silver—Le respondió Roca, y salió corriendo
--Silver, ¿Puedo hacerte una pregunta?—le dijo temerosa One Piece

Moviendo un poco una de sus manos, Silver la miro extrañado; ¿qué sucedía?, ¿Por qué de pronto todos se empeñaban en recelar acerca de él?

--Adelante, pregunta lo que quieras—Le dijo al fin

Tomando aire y apoyándose también sobre la mesa, muy cerca de donde estaba su capitán pregunto:

--¿Quién es ese profesor?, ¿Por qué te busca tanto?, ¿de dónde es que te conoce?—
--Un momento, esa no ha sido sólo una pregunta—Le replico Silver—Y como sea, ahora tú y todos los demás lo van a saber.

Al decir esto, se descubrió el rostro y mirándola fijamente a los ojos, le dio a entender que no era nada grave, ella, guardo silencio, definitivamente esos eran los ojos de su capitán, era él quien hablaba, era su imagen la que estaba allí en frente, pero una especie de sombra nublaba al verdadero Silver, o por lo menos a aquel que ella tanto conocía. No pudo reparar más en esto, ya que a sus espaldas oyó las voces de los demás que se acercaban, intrigadísimos por saber al fin, quien era ese profesor y porque buscaba tanto a Silver.

Entro Roca y tras él venía aquel hombre; era un viejecito bajo, de aspecto bonachón, con una calva prominente, pero que conservaba algo de cabello sobre sus orejas y la nuca, llevaba puestos unos anteojos lo que le confería un aire de mucha sabiduría; al entrar en la cocina, Silver se puso de pie y se acerco a él, pero cuando se aproximaba al viejecillo, un tipo joven se interpuso entre los dos gritando:

--¡Aléjate bastardo!, no te atrevas a hacerle nada al profesor—
Silver se detuvo en seco, mirando a aquel tipo fijamente, ¿quién sería?, se pregunto
--No te hagas el idiota conmigo, maldito pirata. Sé muy bien que buscas desatar el horror más grande del mundo, sé muy bien que estas sediento de poder y que lo único que te interesa es la fama. Pero yo estoy aquí para impedírtelo, así que no intentes nada contra el profesor—

Todos guardaron silencio, una especie de frio envolvía a todos en la estancia. Flaunder agacho la cabeza y espero lo peor, Reyes, apoyado sobre el marco de la puerta miraba boquiabierto, As junto a él, apoyaba su mano sobre la espada, One Piece ensayo una mueca y Roca miraba a Silver tratando de hacer coincidir a su capitán con todo lo que había dicho aquel tipo.

--Veo que los estudiantes de este profesor son bastante malos. Cómo pudiste decirme que era el mejor maestro de todo el mundo, si no puede elegir bien a sus aprendices—Dijo Mijok, mirando divertido la escena, mientras se sentaba cerca de donde estaba Silver.

--Les ruego que perdonen a mi estudiante—Dijo al fin el profesor—Es que viajar en barcos le afecta un poco, y hace que se vuelva un poco idiota. Pero créanme, es un buen muchacho; tanto como lo eras tú Longdrargd Jhonhaart Silvert—

--De eso hace ya mucho tiempo, profesor White—Respondió Silver—Tanto tiempo como el que llevo sin reconocer ese nombre—

Que era lo que estaban escuchando, No podían dar crédito a sus oídos, aquel viejecito de verdad conocía a Silver, pero no era eso lo sorprendente, si no que lo sorprendente era que lo llamase por otro nombre.

--Longdrargd— Repitió As—De seguro Rentarou sabría qué significa ese nombre. Que mal que se le ocurrió dormir bajo ese muro—
--Entonces, este no es Silver—agrego Reyes, señalando al capitán
--¿Qué significa esto Silver?—Pregunto One Piece, extrañada
--Diablos, esto que estoy escuchando sí que es raro, y ni siquiera estoy borracho—Decía Roca moviendo la cabeza
--Creo que tienes una larga historia que contarnos capitán—Dijo al fin Mijok.
--Ya lo creo—Dijo Silver y sentándose comenzó—Hace muchos años, cuando yo era más joven que este muchacho aquí presente—Y señalo al aprendiz del profesor—Llegue hasta una antigua academia a cursar estudios sobre civilizaciones y lenguas perdidas; era en ese entonces, creo, un buen estudiante…--
--Uno de los mejores—Lo interrumpió el profesor White—
--No es para tanto profesor—Dijo algo descolocado Silver—Es sólo que todo aquello llamaba profundamente mi atención, en otras palabras, me gustaba mucho—
--Silver estudiando, de verdad que sabía poco del capitán, yo pensé que había nacido siendo un pirata--Reflexiono en voz alta As
--Eso está bien, pero aún no nos explicas que tiene que ver todo eso con el hecho de que este profesor te busque y que es ese nombre por el que te ha llamado antes—dijo algo molesta One Piece, cruzándose de brazos.
--Es simple, en todos los años que estudie allí, pronto me convertí en un aprendiz del profesor White, junto a él aprendí mucho sobre todo aquello que me interesaba, y gracias a él avance mucho más de lo que esperaba. Así también tuve acceso a un proyecto que se llevaba a cabo en esa academia, y que tenía que ver, con el descubrimiento de ciertos artefactos antiguos, dotados de inmensos poderes, pero que habían desaparecido con las civilizaciones a las cuales pertenecían…--
--¿Algo así como el One Piece?—Pregunto Reyes
--Algo así o mucho más grande, diría yo—Le contesto Silver, y continuo—El caso es que durante el transcurso de esa investigación yo abrigue la teoría de que en algún lugar existirían lugares (a los que llame puertas) que llevarían a ciertos recintos relacionados con estos artefactos. Dicha teoría apareció ante mí, un día en que revisaba un antiguo manuscrito donde se referían a un tal Barbarossa…--
--¿El mismo Barbarossa?—Dijo As
--Sí…--Contesto Silver—El mismo—
--Ya, ya, todo eso está muy bien—Dijo Mijok—entiendo lo de tus estudios, entiendo él porque estamos recorriendo la ruta de ese maldito viejo, y más aún, creo que puedo entender porque está aquí tu antiguo profesor. Pero lo que aún no entiendo es el porqué de ese nombre tan largo, Longrogard, Longrodark, Longbonvaard…--
--A, lo de ese nombre es más fácil de entender de lo que crees—Dijo sonriendo Silver-- Ese es mi verdadero y extenso nombre; el cual como comprenderás, acorte convenientemente cuando decidí hacerme pirata—
--No tan corto diría yo—
--Bueno, por eso puedes llamarme Silver y ya está—

Mijok rio, pero el resto seguía muy extrañado, hasta que el profesor dijo:

--¿Sabes porque estoy aquí, Jhonhaart?—
--Llámeme Silver, con ese nombre basta y sobra—dijo y agregó—Si esta aquí es porque yo le he avisado, estaba seguro que vendría—
--Así que al fin lo has encontrado—
--No, aún no. Atonar era sólo una de las puertas, pero sé que estoy muy cerca. Sin embargo algo me preocupa de sobremanera, es por eso que le avise—
--¿Qué es lo que te preocupa, Jhonha…perdón Silver?—
--En los dos últimos lugares en que estuvimos y que tenían relación al camino de Barbarossa o a las puertas, sucedieron fenómenos extraños, seres que yo pensaba que no existían, monstruos gigantescos, comportamientos extraños por parte de los animales y seres vivientes, el océano se siente distinto…--
--Creo que alguna vez leí sobre esto—Dijo el profesor—Pero ahora no puedo recordar, algo muy terrible se relaciona con lo que me relatas y yo sé muy bien que lo que buscas puede desatar un mal mayor, por eso te pido que te detengas Silver, por eso…--

El ambiente era tenso en la cocina, todos observaban al maestro dirigirse a su antiguo alumno, como si le indicase la manera de corregir el error cometido en una pequeña formula. Sin embargo era extraño pensar que aquel hombrecito, pudiese ejercer algún tipo de influencia sobre el que tenía a su lado, junto a su maestro Silver se veía mucho más alto e imponente de lo que siempre parecía. De pronto, una especie de zumbido hizo que el profesor se callase, incapaz de terminar la frase, sonaba como si un pequeño aparatito estuviese vibrando. Entonces Silver metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y saco de allí un pequeño caracol, lo puso sobre la mesa y dijo:

--Aquí Silver, ¿Rentarou eres tú?—
--¡Jajajajaja!, no soy ese traidorcillo, soy alguien mucho mejor, capitán Silver—
Nadie entendía quien era, excepto Silver y Mijok, este último se acerco hasta la mesa y hablo:
--Es raro oír al conejo hablando de orejas, ex capitán Kid—
--¡Jajajajajaja!—trono la risa otra vez.

Continuará…
Bien, algo para volver a las pistas, muy buena historia Ramsus, como siempre. Ahh, que bien se siente estar de vuelta...Nos leemos.

Si Ramsus y Silver vuelven y escriben yo también...pero va s

Publicado: Vie Ago 01, 2008 2:02 pm
por Terreis
Pero va ser que no :P

No me he podido resistir :lol: :lol:

Bueno, ahora ya si que estamos todos, ya le puse al corriente a Koraxan(como no, radio patio informa), de que dejasteis escritos por estos lares, ahora solo falta Ghorry y yo, y ya estamos toda la prole :o para montar la fiesta.

Sobre la historia de Ramsus, me reservo opinión :roll: ya te lo dire cuando te vea :lol: y sobre Silver ya era hora de que resucitaras, sobre la historia esta bien aun que un poco corta, para ser tu :oops:

Ale, y ahora que oficialmente estoy de vacaciones, me pondre al dia con los escritos y muchas cosas mas :ok:

PD: ya se por donde me quede JIJIJI :gota:

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Lun Ago 04, 2008 3:18 pm
por rido
Vaya, vaya, parece que tenemos regresos famosos por aquí. ¡Genial! Una cosa. Como somos bastantes escribiendo ahora mismo, ¿qué os parece si de alguna forma quedamos todos para poner en claro nuestras ideas? Lo digo porque así no nos las pisamos y tenemos claro más o menos las tramas que queremos seguir todos para poder combinarlas de forma coherente con la trama principal. Eso... ¿Qué os parece?

@Eratia: Creo que el final me ha quedado un poco forzado, pero es la única forma que se me ocurrió para que sólo tú y yo estuviéramos involucrados en esto y pudiéramos seguir con lo que teníamos pensado. Ahora te toca a ti, pero cualquier duda/queja/sugerencia que puedas tener, sabes que sólo tienes que decírmelos.

@Ramsus: Muy bueno el capítulo de la historia. Los flashbacks de tu personaje me encantan y los desvanecimientos estos, con voces guturales incluidas, son un buen punto para añadir más tensión dramática aún al bueno del Vicealmirante. A ver qué le pasa ahora de camino al Florian Triangle. Por cierto, gallifante para ti por lo del capítulo del libro de Ussopp xD

@Silver: Como siempre, más y más misterios rodean al viejo Capitán Silver, aunque el hecho de que la conversación con el profesor deje alguna pista es bastante un alivio. A ver a dónde nos lleva todo esto ^^
Spoiler: Mostrar
Parte de trabajo 05: La Marina

– ¿Qué diablos hará la Marina aquí? – mascullé.

– Yo me encargo… – se anticipó Franky.

– Y una mierda – lo aparté de un empujón. – ¿Te recuerdo quién eres? Iré yo…

– ¿Cómo te…?

– Tú vete – insistí. – Y lo mismo vosotros dos – miré a Eratia y Rentarou. – No creo que os convenga que os vean por aquí.

Salí del dique seco donde habíamos iniciado la construcción del barco seguido de Pimfry y nos topamos de frente con Nora, que aún seguía gritando y corriendo como si la llevara el diablo. Se paró y resopló violentamente frente a nosotros mientras se inclinaba sobre sus rodillas para recuperar el aliento.

– Tranquila – le dije. – Tú… avisa a las chicas.

Esperamos diez minutos frente al muelle principal del astillero hasta que, al fin, el gran buque de la Marina atracó. Era grande y estaba ostentosamente decorado, símbolo de que su gobernante no era precisamente alguien de escasa graduación. Al fin, desembarcaron tres hombres que avanzaron lentamente por el muelle.

El del medio, que debía ser el líder de la tripulación, lucía un uniforme muy similar al de Rentarou, aunque en mucho mejor estado. Deduje por ello, según las historias que contaba el compañero de Eratia, que se trataba de todo un Capitán de la Marina, uno de los escalafones más altos de la jerarquía de la milicia que, al menos eso se suponía, debía defendernos de los sangrientos criminales que poblaban las aguas de los siete mares.

Bajo aquel uniforme se alzaba un hombre de apariencia endeble, con ojos saltones y nariz puntiaguda, que parecía más un pájaro que un ser humano. Su barba, exquisitamente recortada, perfilaba unos labios finos y más pálidos de lo normal. Completaban el cuadro dos gafas redondas que pendían de la punta de su afilada nariz.

Uno de sus dos acompañantes era un hombre muy alto y un pelo de esos tan oscuros que sus reflejos parecen azulados. Aferraba firmemente una espada, dando a entender que no dudaría en usarla si llegara el caso. Esperaba que no fuera así y, por la expresión de Pimfry, él tampoco quería meterse en líos.

El otro de los matones que flanqueaban al Capitán era tan ancho como dos hombres juntos. Su camisa, sin mangas, dejaba al descubierto dos enormes brazos, tan gruesos como los anormales brazos que lucía mi jefe. Por otra parte, tenía pinta de ser el típico forzudo sin pocas luces, la perfecta herramienta para usar como protección: fácil de manipular a la vez que contundente.

– ¿Por qué están aquí? – preguntó amedrentado el joven aprendiz.

– Este día tenía que llegar tarde o temprano – suspiré con resignación. – Pero no han escogido el momento más oportuno…

– ¿A qué te refieres?

– A que llevamos reparando barcos de piratas y mafiosos muchos años… Algún día tenían que aparecer los hombres de blanco.

– Ah… ya…

– Déjame a mí – sonreí, tratando de tranquilizarle. – ¡Buenos días, Capitán! – saludé respetuosamente cuando estuvieron lo suficientemente cerca. – ¿En qué puedo servirle?

– Soy el Capitán Louaks de la base militar de… – me miró indiferente. – Bah… No perdamos el tiempo con chusma… ¿Dónde está el jefe… Bettum?

– ¿Bettum? No está – contesté. – Hace una semana partió hacia Water 7 en busca de… Dejémoslo – me interrumpí. – No quiere perder el tiempo con detalles, ¿verdad? Me llamo Rido – tendí la mano. – Soy el segundo al mando en el astillero así que… ahora mismo… debo ser la persona con la que debe tratar, Capitán.

Sostuve su mirada dispuesto a no darme por vencido. El astillero era mi hogar, mi vida y Franky aún me debía muchas explicaciones así que debía protegerlos a ambos, a nuestro taller y a su identidad. Una palabra inoportuna, una mirada fuera de sitio… cualquier cosa podía agravar una delicada situación.

– ¿A qué os dedicáis aquí?

– A construir, reparar y desguazar barcos – contesté.

– ¿Barcos piratas?

– Que yo sepa… barcos de pesca, mercantes y algún que otro crucero turístico – enumeré, tratando de parecer despreocupado. – ¿Por qué?

– Entonces no le importará que mis hombres echen un vistazo por aquí, ¿verdad?

Antes siquiera de que pudiera procesar sus palabras sus matones ya se habían comenzado a mover por todo el local curioseando y tratando de encontrar indicios de nuestras supuestas actividades criminales mientras yo sólo podía rogar a Dios que Nora hubiera sabido ocultar todas esas pruebas que nos relacionaban con piratas y otras gentes de mala reputación.

– Bonita arma – indicó con un tono mezquino el Capitán Louaks, refiriéndose a mi martillo-hacha, que llevaba sujeto a la espalda mediante unas correas.

– No es un arma… – alegué. – Es un instrumento de trabajo.

– Sí… ya… como mi espada – rezongó. – La cuestión es… ¿de dónde lo ha sacado?

– Es un regalo de un viejo amigo.

– ¿Un cliente, quizás? Digamos… ¿un pirata?

– Encuentren lo que encuentren el veredicto será el mismo, ¿verdad? – pregunté, mirándole a los ojos.

Él no respondió. No debía merecerle la pena discutir con un supuesto criminal como yo. Uno de los dos esbirros, el más gordo, estaba discutiendo con nuestra gerente en su despacho. Por lo que podía entender de los gritos ahogados por la pared de madera, trataba de ver todos los expedientes de los barcos que habíamos reparado en el último año. No encontrarían nada incriminatorio, sólo muchos barcos mercantes a cargo de hombres totalmente inocentes… o eso esperaba.

El otro, el más alto, se había acercado al pequeño taller de diseño en el que Bettum solía pasar el tiempo y estaba rebuscando en sus diseños. Se paró especialmente en unos que había guardados dentro de un gran portafolios negro. Tras observarlos se acercó al grupo en el que nos encontrábamos Pimfry, el Capitán Louaks y yo y se los entregó a su superior. Éste los miró y luego me los enseñó desafiante.

– ¿Qué es esto?

– Diseños para un barco – contesté.

– Pero esto no parece un buque mercante ni uno de pesca… – alegó.

– A mí me parece un barco pirata, jefe – intervino su secuaz.

– A mí también, Teniente Arakeist – sentenció Louaks. – Pero seguro que aquí… este, tiene una buena explicación.

– No los había visto en la vida – expliqué. – Bettum trabajó en la Galley-La siendo joven. Puede que…

– ¡Contacta con el Capitán Nezumi de Water 7! – ordenó al gordo, que seguía discutiendo con Nora en el despacho. – ¡Que compruebe si un tal Bettum trabajó para la Galley-La!

Un par de minutos después, bajó el otro de los esbirros con una expresión bastante abochornada. Le susurró unas palabras al oído a su superior y este se puso rojo como un tomate. Sus ojos parecían aún más saltones. De un salto comenzó a andar hacia el despacho mientras juraba en todos los idiomas posibles contra

– ¡Darme órdenes a mí! ¡Esa rata de alcantarilla! ¡Debería volver al mar de mierda de donde salió y dejar el Grand Line!

Como quien ve una obra de teatro, los cuatro que allí estábamos observamos al Capitán gesticular ostensiblemente a través de la ventana del despacho. Los gritos llegaban hasta nosotros como si estuviéramos hablando cara a cara. Era una discusión acalorada en la que los dos pretendían imponerse sobre su rival alegando un superior status moral. Al final, la discusión se zanjó cuando el Capitán Louaks golpeó violentamente el Den Den Mushi y salió de la habitación dando un fuerte portazo.

– ¡Maldita rata asquerosa! – mascullaba entre dientes. – ¡Teniente! ¡Lleve todos esos documentos al…!

– ¡Yarius! – gritó una voz de mujer. – ¿Qué haces aquí?

Por la puerta lateral del astillero acababa de aparecer una mujer joven, morena y más alta de lo normal. Su piel morena contrastaba con sus ojos azulados, igual que los reflejos de su pelo, que iba recogido en dos grandes moños sujetos con lo que parecían cuchillas. “Un instrumento muy extraño para peinarse”, pensé.

La cuestión es que la cara de la chica me sonaba bastante. No lograba ubicarla exactamente, pero juraría que trabajaba en el crucero, pero ¿qué hacía aquí? Su barco había zarpado hacía casi dos semanas. ¿Por qué estaba aún en Relthar entonces?

– ¿Cómo sabes mi nombre? – preguntó con sorpresa el Teniente. – ¿Quién eres y qué haces aquí?

– Yo pregunté primero.

– Yo tengo una espada – alegó su hermano.

– Como si eso me importara… – dijo la joven sin arredrarse mientras deshacía su peinado.

Súbitamente un movimiento de la espada del Teniente le causó un corte en la mejilla derecha a su contrincante. Inmediatamente, con una patada, ella lo separó de sí y le miro, retándolo. Él le sostenía la mirada imperturbable, hasta que al fin una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

– No sé quién eres… pero perteneces al Clan… – susurró, mientras le apuntaba con el filo de su arma. – Así que tu destino está sellado desde el momento en que te vi.

– No quería tener que utilizar esto contra ti pero… – ¡Estilo de la Luna Triste! ¡Byakko no Hane!

Sus dos cuchillos giraban en sus manos hasta que su silueta parecía un todo continuo, como un disco. Se lanzó decidida hacia su rival, dispuesta a descargar el golpe con todas sus fuerzas, pero la espada del Teniente se interpuso enseguida, deteniendo al instante el movimiento de las armas de Mei-Lian. De un empujón la derribó, con la mala suerte de que la chica se golpeó la cabeza contra al suelo al caer, quedando un tanto desorientada.

– ¿Con que esas tenemos? – seguía sonriendo Yarius Arakeist. – ¡Estilo de la Luna Triste!

Al igual que había sucedido con las armas de la joven, su espada giraba ahora a toda velocidad. Estaba decidido a ir a por todas sin importarle las consecuencias o, al menos, esa era la impresión que daba. Aún mareada por el golpe, parecía que la recién llegada no podría defenderse y lo que, quizás en un principio podría ser un golpe que pudiera eludir, podría convertirse en una herida fatal.

– Pimfry, corre – le dije a mi amigo antes de actuar.

Rápidamente descolgué de la correa el hacha-martillo y me abalancé sobre el Teniente, propinándole un fuerte golpe en el pecho con la parte plana. Conseguí mi objetivo: desequilibré al espadachín y evité que atacara a la joven.

– Lo siento – murmuré. – Ese golpe no tenía un nombre espectacular… pero podría hundirte igualmente alguna costilla.

Inmediatamente la espada del Capitán se posó sobre mi cuello, mientras su subordinado se levantaba, llevándose la mano al pecho.

– Has agredido a un Teniente de la Marina – anunció, desafiante. – ¿Sabes lo que significa eso? ¡Sargento O’Neill! ¡Llévese a este hombre al barco! ¡Lo juzgaremos en la base! Si es que llega a ella… – se rió, acercándose a mi cara. – ¿Sabe? Los accidentes en la mar ocurren muy a menudo…

Traté de zafarme de la presa del gorila, pero aunque lo lograra, el espadachín parecía listo para darme mi merecido en respuesta al martillazo que había recibido en el pecho. Si por alguna razón se me ocurría montarla gorda, ellos no se iban a cortar ni un solo pelo.

– ¡Eratia! – gritó entonces la chica.

– ¡¿Eratia?! – se giró hacia ella el Capitán. – ¿De qué me suena ese nombre?

– ¿Está aquí? ¿Ese cabrón está aquí?

– ¿Lo conoce, Teniente?

– Eratia, el Navegante – respondió. – De la tripulación de mi hermano… Su cabeza vale doscientos treinta y siete millones de Berries.

– Vaya, vaya… ya lo estoy viendo… Comodoro Louaks… – murmuró entusiasmado. – Vinimos aquí para una misión de vigilancia de rutina y mira…

– ¡Eratia! – volvió a chillar desesperada Mei-Lian.

– ¡Busca a ese tal Eratia!

– No creo que haga falta – resonó entonces la voz del navegante. – Estoy aquí.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Mar Ago 05, 2008 2:35 am
por Gargadon
Aquí es donde me siento un poco mal por no saber en dónde insertarme :lol:, igualmente porque en mi cabeza estoy uniendo la confesión así que de ese tema no tendré algo pronto.

Pues bien, vamos a ver, vamos a ver... El capítulo de Silver, a pesar de resolver varias dudas, lo siento simple para los que nos ha tenido acostumbrados, espero que sólo haya sido para calentar. Ahora con Ramsus (ya era hora...), solo faltaría que hubiese pillado una enfermedad incurable y que en plena batalla se nos desmaye nuevamente, aunque creo que cada quien le pone su toque a las dudas existenciales de su personaje. Con Rido, ya se ha metido en problemas, a ver si su "chistecito" le da un pequeño valor a su cabeza o si solamente pasará desapercibido, a ver qué pasa que quiero saberlo.

Bien, creo que son todos...

Diablos, me pregunto como es lo complejo??

Publicado: Mar Ago 05, 2008 7:49 am
por Long_Jhon_Silver
Bueno, Que decir, el capitulo de Rido le esta poniendo bastante sabor a las cosas, y creo que aquella discusión ha sido una provocación más que hermosa para el bueno de Eratía, veamos con que nos sorprende...En cuanto a mi rumbo, espero en mí próximo aporte dejar más satisfechos a todos, ya que como dijo alguine por allí (R. S.) esta vez peque de simple...jejejeje...Pero bueno, ya le pondré más enjundío al asunto. Eso es todo por ahora, nos leemos pronto...

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Ago 08, 2008 2:49 am
por Gargadon
Odio usar proxy, porque no puedo abrir los spoilers... y vengo y meto mi historia en un spoiler, grandioso... :gota:

Bueno, después de quejarme de lo malo que es mi proveedor de Internet, dejo algo pequeño (más no corto), mientras preparo otras cosas.
Spoiler: Mostrar
18.- Jornada de trabajo en un astillero

Tanto Eratia como Rentarou aceptaron trabajar para Franky con tal de pagar el nuevo barco con el que podrían seguir navegando.

-¿Desde cuándo sabes reparar barcos? – preguntó Seastone intrigada mientras Eratia cerraba el trato con el maestro carpintero.
-Aprendí muchas cosas durante todo este tiempo. Te sorprenderías si hubieses visto lo que vi mientras todos ustedes buscaban vivir alejados del mar–respondió Rentarou sonriente.
-Perfecto, la jornada de trabajo comienza mañana. Espero verles temprano, que trabajo habrá de sobra.-interrumpió Franky.

Rentarou y Eratia afirmaron con un movimiento de cabeza, mientras Seastone parecía estar algo molesta.

Después de dar un ligero paseo por el pueblo de Relthar y haber tomado algunos tragos y disfrutado de una deliciosa cena, en la cual Seastone comentó sus deseos de colaborar en el trabajo y así los otros dos no llevaran toda la carga y que incluso logró convencer a Robin para que les ayudaran, con el dinero que Rentarou había robado rentaron una cabaña para poder pasar la noche. Era pequeña, sólo tenía la sala principal, dos habitaciones con dos camas cada una y un baño, pero era todo lo que necesitaban. Robin y Seastone durmieron en una habitación, mientras Eratia y Rentarou durmieron en la otra.

Rentarou sostenía uno de los tantos volúmenes de las “Memorias del Capitán Usopp”, cualquiera pensaría que el que escribió dicha serie de libros era solamente para calmar a los delirios de un loco de remate, pero para él, sabía que en el Grand Line podía existir cualquier clase de cosas extrañas, y mucho más ahora tras los últimos incidentes de puertas extrañas y llaves que conducían a grandes secretos. Por un instante se quedó con la mirada fija en el libro, no leía nada, sólo se preguntaba el por qué a pesar de haber estado sepultado bajo un muro de escombros, logró salir con vida pero con pequeños rasguños. Por lo menos esperaba haber muerto no instantáneamente, o al menos pensaba que no cualquiera sobrevive a esa clase de desastre.

Y no era para menos, desde que tomó por primera vez entre sus manos el “trozo paliducho de piedra”, como llamaba As a aquel artefacto, sintió una serie de recuerdos que venían a la mente, al igual que una sensación de tranquilidad pero de inquietud y nostalgia a la vez. Incluso cuando se encontró desmayado bajo los escombros, le pareció haber visto esa piedra en sus sueños. Sus pensamientos fueron interrumpidos por Eratia, quien al parecer quería preguntarle algo desde ya hace algún tiempo.

-Oye, ¿puedo hacerte algunas preguntas?
-Depende de qué clase de preguntas- respondió Rentarou quien mantenía la mirada en el libro.
-Recuerdo que en Serafia estabas persiguiendo a la tripulación de Silver. Quería saber cómo es que decides renunciar a la Marina y unirte a la tripulación a la que querías capturar.

Rentarou se quedó pensativo un instante, cerró el libro y respondió: “Nunca dije que quería arrestarlos.”.
-¿Entonces...? –peguntó Eratia.
-Lo resumiré para que no sea tan largo. Durante algún tiempo fui uno de ellos, pero eso terminó cuando Silver decidió que era mejor que tomáramos nuestros caminos, o por lo menos pensé que había terminado. Una cosa llevó a la otra y de un momento a otro me vi dentro de este uniforme. Cuando me enteré de la noticia de que Silver se encontraba vivo y que estaba buscando a la tripulación, entendí que era el momento de volver con ellos. Además, nuestras recompensas se vieron reactivadas y a partir de entonces me sentí observado y amenazado.
-¿Entonces solo los perseguías para…?
-¿Para regresar? Así es. Solo estaba fingiendo ante todos para evitar cualquier clase de sospechas.
-Ya veo… Aun así no entiendo por qué querías ayudarme a construir el barco. Es decir, apenas nos conocemos de hace algunos días…
-¿Eso? Antes que nada, tenemos que salir pronto de aquí, en cualquier momento vendrán los marines y estoy seguro que no querrás toparte con ellos. Otra razón es porque tanto Seastone como yo queremos regresar lo antes posible con el resto de la tripulación. Y por último, siendo tripulantes de tu barco, no podía dejar que te vieras con toda la carga y que nosotros no hiciéramos nada.
-Muchas gracias. –dijo Eratia en voz baja. –Veo que haces todo lo posible por regresar con tus amigos.
-Tal vez sea cierto lo que dices, después de todo, podría decir que ellos me salvaron la vida cuando me encontré solo, y que como agradecimiento decidí llevar la misma vida que ellos. No me gusta hablar mucho sobre mi vida, pero puedo decirte que tu historia y la mía son muy parecidas, ambos buscábamos capturar piratas, y por querer hacernos los héroes y aplicar lo que considerábamos justicia, nuestras acciones no fueron bien vistas por los demás y terminamos en donde estamos ahora. Tal vez un día de estos hable sobre mi pasado, pero por ahora prefiero no hablar de ello.
-Entiendo, si no quieres hablar de eso no preguntaré. Pero tengo otra duda, ¿no sería mucho problema saber de dónde vienes?
-Esto… -Rentarou comenzó a titubear y a hojear nuevamente el libro. –Vengo de una pequeña aldea llamada Red Village, una pequeña aldea que hoy se ha convertido en una institución dedicada a cazar a cualquier pirata.
-¿Cazar píratas? Es irónico que un pirata provenga de un lugar que intenta cazar piratas. – dijo Eratia a punto de reírse. –Por cierto, hace algún tiempo escuché de que en una aldea de cazarrecompensas, existió un personaje que huyó de su aldea después de haber vendido su pueblo a unos piratas.

En ese instante Rentarou se quedó como una piedra.
-¿En serio…? – preguntó Rentarou en voz baja.
-Así es, o por lo menos eso escuché. No entiendo cómo alguien así pueda existir, de verdad siento mucha pena por él, llegar a esos extremos. También escuché que de la vergüenza, ese tipo abandonó su pueblo y que nunca fue capturado.

Rentarou preguntó: “Dime, ¿si ese tipo hubiese vendido tu aldea, qué hubieras hecho?”.
-¿Yo? Sería capaz de matarlo ahora mismo. ¿Y tú? – respondió Eratia.
-Yo… tal vez investigaría para saber si de verdad hizo eso y las razones para hacerlo. Soy de aquellos que piensan que siempre hay motivos para cualquier acción buena o mala. Muchas cosas que parecen malas para algunos, en realidad se hacen por alguna buena razón. Otras veces se hacen cosas buenas pero para lograrlas, se realizan acciones que son malas. O incluso, tú mismo sabrás que el Gobierno se inventa criminales solamente para darles caza sin razón alguna.
-Es posible, aun así eso no quita el hecho de que esa atrocidad es condenable.
-Creo que si conocieras a esa persona, tal vez pensarías otra cosa. – respondió Rentarou de manera recia y se dio la vuelta para comenzar a dormir.

Eratia vio la reacción de Rentarou ante ese tema, y decidió no hablar más de ello, pensó que tal vez eso le afectaba un poco, pero prefirió no preguntar más, sólo dijo en voz baja:
-Lo siento…
-No tienes por qué hacerlo. – dijo Rentarou sin mirarlo.

Rentarou no se movió de la cama, miraba fijamente hacia el mueble donde había colocado sus pocas pertenencias y se dijo en voz baja:
-Seiji, ¿algún día me perdonarás por ser lo que por mucho tiempo he dicho que debías odiar?
-¿Dijiste algo? –preguntó Eratia.
-No, nada.- contestó rápida y nerviosamente Rentarou.

--------------------------------------------------------------------


A la mañana siguiente se presentaron los cuatro temprano al astillero. Robin y Seastone fueron con Franky para pedirle que pudiesen colaborar con cualquier cosa, mientras Rentarou y Eratia fueron asignados rápidamente a sus labores. Todos revisaban los planos del nuevo navío, y cada uno de los carpinteros daba ideas de lo que se podía implementar en su construcción. Al terminar de diseñar los planos definitivos, volvieron inmediatamente a donde les tocaba.

Mientras Eratia se encargaba de cortar las ramas de los troncos y de quitar la corteza, al terminar eran enviados a un pequeño aserradero improvisado donde Rido enseñaba a Rentarou sobre el funcionamiento de las maquinarias, sólo bastaron unos cuantos minutos para que Rentarou se pusiera inmediatamente a trabajar y dar forma a las tablas de madera.

A simple vista ese trabajo parecía ser de lo más simple, pero llevaba bastante precisión en los cortes y en el diseño de cada pieza, así que aquel que manejara toda la maquinaria debía ser paciente para que el corte no saliera disparejo, además tenía que ser rápido para poder terminar la obra en el plazo estimado. Rentarou marcaba con mucha precisión dónde debía hacer los cortes y el grosor, altura y anchura de cada pieza de madera. Si alguna pieza debía tener un detalle extra, ésta tenía que hacerse. Su experiencia en la Marina no había sido desperdiciada, para ser Capitán o de cualquier rango superior a ese, se requerían bastantes cosas, entre ellas tener don de mando, ser fuerte, manejar algún arma (aunque la falta de ésta se podía compensar con un poco de fuerza bruta extra) y ser un buen navegante y trazar rutas de navegación con precisión. En eso último era bastante bueno. Después del corte faltaba lijar las piezas para quitar cualquier rastro de astillas saltadas, cada pieza era revisada minuciosamente para que no tuviera desperfectos, y los carpinteros iban al aserradero a buscar las piezas que necesitaban. Y durante el descanso, comían y bebían un poco mientras cada uno de los carpinteros, incluidos Rentarou y Eratia, contaban divertidas, curiosas o tristes anécdotas de sus vidas antes de llegar al astillero de Relthar.

Así pasó toda la semana y una mitad de ella, ya habían terminado de realizar todas las piezas y Rentarou ya estaba dispuesto a entregar las piezas que hacían falta cuando una voz agitada de una mujer, quien según les había dicho se llamaba Nora, lo alertó:
– ¡La Marina! ¡Es un barco de la Marina!

“Maldición”, pensó Rentarou. “Creí que no tendríamos problemas en este pequeño pueblo”.

Tomó su abrigo para que no le descubrieran y salió hacia el exterior, donde se encontró con Eratia y con Rido. Inclusive Franky se encontraba mirando el escenario con total enojo.

-Tú vete.- dijo Rido mirando a su maestro, luego se volteó hacia Rentarou y Eratia y les dijo -Y lo mismo vosotros dos. No creo que os convenga que os vean por aquí.

Los tres salieron corriendo hacia el edificio donde se encontraban las oficinas del astillero.
-Mierda, en todos estos años nunca habían venido esos tipos por aquí. –dijo Franky bastante molesto.
-Sólo espero que no encuentren cosas relacionadas con el barco. –respondió Eratia.
-No se preocupen, mis muchachos no son nada tontos, esconderán todos su datos para que no se den cuanta de que están por aquí.
-¿Pero por dónde podemos escapar? – preguntó Rentarou.
-Sólo síganme- dijo Franky.

Franky tomó una pequeña perilla que curiosamente se encontraba en el techo, la jaló y en un instante se encontraron frente una escalera, por la cual subieron hacia la planta alta. Había varias puertas en el pasillo que recorrían, y al llegar al final del pasillo, Franky empujó con fuerza la supuesta pared que estaba frente a ellos. Allí se encontraba una habitación escondida, construida especialmente para ese tipo de situaciones, con una ventana que dejaba ver el exterior del cuarto, más no el interior de éste, lo que llamaba la atención era la cantidad inmensa de botellas tanto vacías como llenas de refresco de cola, totalmente ordenadas, apiladas y formando pequeños pasillos entre éstas.

Los tres ingresaron a la habitación y al cerrar la puerta, se acercaron minuciosamente a la ventana para ver todos los movimientos de su enemigo. Pudieron ver tres sujetos que portaban el uniforme de los marines. Mientras el supuesto líder de la tripulación hablaba con Rido, se escuchaban fuertes gritos de supuestamente otro de los sujetos, provenientes de la planta baja, pidiendo todos los documentos que tuviesen, planos, recibos, etc.

-Mientras no se den cuenta de La Joya. –murmuró Franky.
-¿La Joya? –preguntó Rentarou.
-Nada, nada.- Respondió rápidamente Franky.

Los tres veían todos los movimientos de los marines, uno de ellos llegó con un manojo de papeles enrollados hacia su jefe quien desplegó para observar.
-¡Los planos! –dijo Eratia.
-Mierda, nos van a descubrir.- dijo Rentarou.
-Solo espero que hayan guardado sus datos. Unos sujetos de recompensa como ustedes son una excelente presa para los marines.-respondió Franky.
-Y los crímenes de traición son juzgados con severidad.- dijo Rentarou en voz baja.

Pero al ver que una misteriosa mujer salió hacia donde se encontraba uno de los marines, Eratia reaccionó con sorpresa.
-Mei Lian…
-¿La conoces? –preguntó Rentarou.

Eratia no dijo nada. Sólo se levantó de donde se encontraba, tomó entre sus manos su espada y se dirigió hacia la puerta.
-Rentarou, quédate aquí con Franky, no dejes que lo encuentren. Iré a ayudarles.
-De acuerdo.- Respondió Rentarou- Pero si necesitas ayuda, no dudes en avisarme.
-Cuenta con ello.- dijo Eratia. Y diciendo esto salió de la habitación.

Franky y Rentarou voltearon hacia la ventana otra vez. Vieron a la mujer tirada en el suelo mientras Rido era sujetado por un fornido marine.

-¡Rido! –gritó Franky. –Tengo qué ir a salvarlo.

Pero al intentar Franky de ir hacia la puerta, Rentarou lo derribó. Franky se volteó completamente furioso, pero la mirada de Rentarou le indicó que no debía hacer nada.
-Aún estando su discípulo en problemas, no puede ir a ayudarle. Si lo descubren, podría meterse en bastantes problemas, y meterlo a él en problemas más grandes de los que ya tiene.
-Pero…
-Además, ya ha ido Eratia a ayudarlo. Y también me encuentro aquí por si hace falta, mi recompensa será poca pero soy bastante fuerte…

Un sonido de pisadas hizo callar a Rentarou, quien apretó los puños con fuerza para pelear en cualquier instante mientras decía a Franky:
-Escóndase detrás de esas botellas de refresco.

La puerta se abrió, detrás de ella se encontraban Seastone y Robin.
-Rentarou, ¿estás bien? –preguntó Seastone.
-Sí, estamos bien.
-¿Dónde está Franky, Marine-kun? –preguntó Robin.
-Está detrás de ese muro.
-Qué bueno que eran ustedes.- dijo Franky quien salía detrás del muro de botellas.
-¿Y cómo supieron que estábamos aquí? ¿No les descubrieron? – preguntó Rentarou.
-Nos avisaron que la Marina había llegado a la isla, así que vinimos hasta aquí con sumo cuidado. –respondió Seastone.
-Además Carpintero-san nos dijo que Franky había construido un almacén de cola y la ubicación de éste, así que supuse que se encontrarían aquí. –continuó Robin.
-Bueno, dejémonos de charlas y salgamos de aquí.- les dijo Seastone.

Ya decía yo...

Publicado: Vie Ago 08, 2008 6:26 am
por Long_Jhon_Silver
Diablazos...Definitivamente Rentarou si que sabe como contar bien una buena historia...Ya estoy enganchadisimo con saber que pasara después con el asunto de su isla(de hecho, me dan ganas de saltarme un montón de capitulos y llegar hasta allí yo sólo para forzarte a hablar...jejeje), pero bueno, habrá que seguir esperando...Ya que por fin alguien escribío, vere su mañana puedo dejar algo, digo vere, porque también tengo que terminar un informe para la U y se esta poniendo pesada la cosa. Simplemente repetir que me ha encantado tu capitulo Rentarou y que como siempre, nos leemos luego...