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- 17.- Confesión (parte tres). Sorpresa inesperada
Remontémonos a hace varios años, Red Village, una aldea completamente tranquila, había pasado una de las crisis más terribles para todos sus pobladores, un repentino ataque pirata les había dejado todo el pueblo destrozado, unos cuantos cadáveres se podían apreciar debajo de las casas en ruinas, tampoco es que fuera una ciudad sobrepoblada pero era de reconocer que cualquier cosa afectaba bastante a ese lugar.
El doctor de la aldea había sido designado alcalde provisional hasta que las cosas se restablecieran y pudieran elegir a su nuevo gobernante. Muchos decían que ese hombre había sido un pirata durante un tiempo, y eso podía explicar perfectamente las enormes cicatrices en su cara, el tatuaje de un ancla en uno de sus brazos y su cuerpo que parecía ser más viejo de lo que su edad podía suponer, más sin embargo desde el momento que llegó a la isla su misión siempre fue velar por el bienestar de los aldeanos, y a pesar de su rudeza supo ganarse la confianza de todo el pueblo. Toda la aldea se había reunido en la plaza pública para discutir, entre otras cosas como la reconstrucción de las casas y el regreso inmediato a la rutina, un tema concerniente a uno de sus habitantes: quién se encargaría del niño que habían rescatado y cuyos padres habían dado su vida para salvar a la aldea. Muchas familias habían sido eliminadas por completo. Lo más extraño era que todos los aldeanos estaban seguros de una cosa: nadie se haría cargo de ese niño. Mientras tanto, ese niño seguía llorando desconsoladamente.
-Les pregunto una vez más, ¿quién puede adoptar a este niño y cuidarlo como un hijo? - preguntó el doctor.
Por un instante nadie habló, hasta que uno de los aldeanos alzó la mano y dijo:
-Creo y estoy seguro que todos los presentes estarán de acuerdo, que no queremos cuidar a ese niño.
-¡Es cierto, mejor que se lo lleven! - gritó una señora que se encontraba entre las últimas de la multitud.
-¿Pero cómo piensan dejar a este niño solo y desamparado? -preguntó desconcertado el doctor.
-En primera, porque todos sabemos que ese muchacho es hijo de... - respondió otro, pero el doctor lo interrumpió.
-¡Ya les dije que no mencionen eso frente a él! -gritó el doctor, como si intentara impedir algo.
-¡Cuando ustedes llegaron aquí nos trajeron puras desgracias! - dijo un anciano.
-¡Lo que le pase al niño no es culpa ni de su padre ni de mí! ¡Él no es un criminal como para que lo traten así! -gritó enojado nuevamente el doctor.
-¡Calma, calma!-dijo otro señor. -No es necesario armar tanto pleito, cuando el Gobierno Mundial llegue a valorar los daños, simplemente les decimos que ese niño es hijo de... ustedes saben... y simplemente se lo llevarán y lo entrenarán como un marine o como un asesino del gobierno.
El doctor sólo se agachó para decirle al niño:
-Esta discusión llevará su tiempo, ¿por qué no vas por ahí mientras esto termina?
El niño sólo obedeció, desde hacía algunas horas no había pronunciado palabra alguna, pero a pesar de ello escuchaba atentamente todo lo que decían los pobladores, y sólo repetía en su mente en silencio: “¿Por qué? ¿Por qué nadie me quiere?”. Siguió vagando por la aldea en ruinas, desde que tenía memoria había escuchado siempre que los aldeanos tienen que ayudarse los unos a los otros, sin embargo en este caso no parecía ser así. De pronto, como si una descarga eléctrica hubiese pasado por su cuerpo, se sobresaltó, salió corriendo perdiéndose entre las calles llenas de escombros y llegó ante un montón de escombros. Intentó quitar como pudo algunas de las piedras y lo que encontró lo sorprendió: era un bebé, alrededor de 3 o 4 meses, pero estaba debajo de los escombros sin ningún rasguño. El bebé, al ver a su salvador, intentó estrechar sus manos para abrazarlo. Buscó una carretilla, lo subió a ella con todas sus fuerzas y lo llevó con sumo cuidado hasta la plaza pública. Al verlo con su carga, todos los aldeanos enfocaron sus miradas hacia él.
Preguntaron de quién era el bebé. Nadie respondió por él. Pero preguntaron quién lo cuidaría y todos alzaron la voz. El doctor, al ver la reacción, tomó una drástica decisión y dijo:
-Viendo el caso, cuidaré de ambos niños. Y que no se discuta más.
Toda la aldea se enbraveció pero el doctor no dijo nada, solo se dirigió a Dkantun y le dijo:
-Ahora ese bebé es tu hermano menor. Espero que se lleven muy bien.
Allí empezó todo. Los registros de los nacimientos indicaban que ese niño se llamaba Seiji. Los tres intentaron formar alguna clase de familia, durante algunos años la vida transcurrió de manera normal, o de la manera más normal que pudiesen tener tanto Dkantun cono Seiji. Dkantun siempre fue el más calmado y no se metía en problemas, excepto cuando tenía que defender a su hermano menor, en cambio el otro siempre se metía en problemas y era el más aventurero. A pesar de ello, eran casi inseparables. Un momento que marcó la vida de ellos fue el día en que Seiji enfermó gravemente, tanto el doctor como Dkantun se preocupaban por darle los mejores cuidados que pudiese tener. En ese instante en el que Seiji parecía más estar en el otro mundo, Dkantun le prometió que haría todo lo posible por mantenerlo con vida, que no lo dejaría irse, que no haría nada que lo lastimara, que daría su vida con tal de ver a su hermano menor alegre y sonriente. Por fortuna Seiji sobrevivió y pudieron seguir con sus vidas. El doctor siempre los educó en la medicina. “Si muero, al menos tendrán médicos en este lugar”, repetía siempre. Seiji siempre fue el que más atención ponía a las lecciones del doctor, en cambio Dkantun se iba enfocando a otro camino, la navegación en el mar. En algunas ocasiones, el doctor le contaba a Dkantun historias fascinantes de monstruos marinos, noches en solitario en barcos, batallas emocionantes que en un principio podían parecer exageradas pero que con el paso del tiempo y de su vida futura como pirata comprobaría que apenas eran pequeñeces en comparación con lo que iba viendo. Todo eso iba despertando su fascinación por el mar.
Pero aún así Dkantun, al igual que su hermano menor, siempre creció con los ideales de la aldea después del incidente: “Los piratas son malos, los piratas solo traen desgracias a las aldeas y pueblos que visitan, los piratas deben morir”. A pesar de ello, desde que tenía memoria siempre sintió un ligero rechazo cuando compartía esas mismas opiniones.
Lamentablemente el doctor de la aldea ya era viejo, y su cuerpo no pudo aguantar más tiempo. Cuando ambos muchachos habían crecido, él murió, no sin antes poder despedirse de aquellos a quienes consideró sus “hijos”. Les dijo que no se rindieran por nada, que ellos podían vivir sus propias vidas y que no dejaran que nada ni nadie se interpusiera entre ellos y lo que tanto anhelaban. Dejó una carta en la cual revelaba muchas cosas que nunca pudo decirle a sus “hijos” pero les pidió que no lo abrieran por ahora. Cuando fuera el tiempo y fueran más grandes podrían hacerlo.
A partir de entonces sucedió un año sin problemas, tanto Dkantun como Seiji se habían encargado del consultorio médico, parecía que esa vida de pueblo iba a seguir así hasta que de pronto la voz de alarma los sorprendió tanto a ellos como a todo el pueblo: “¡Piratas, nos están atacando los piratas!”. Dicha voz fue apagada cuando escucharon el impacto de un cañonazo en alguna de las construcciones de la aldea.
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–No te supondría ningún problema,-sonrió misteriosa Nico Robin, sin dejar de mirar al maestro carpintero– ¿verdad, Franky?
Al escuchar esto todos quedaron boquiabiertos, incluso Nora, Rido y Pimfry, los discípulos del maestro carpintero Bettum. Cómo iban a pensar que su maestro en tiempos pasados era una figura más de la piratería. También los clientes estaban sorprendidos por eso, no dejaban de mirar a Robin como preguntándole.
-E... Esto es demasiado confuso... - dijo uno de los carpinteros, quien dijo llamarse Rido. - ¿Entonces... eso de que...?
-¿Y dónde quedó ese “Súper” que tanto te caracterizaba? - preguntó Robin interrumpiéndole.
-Desapareció cuando Sombrero de Paja se entregó ante la justicia.
-S... supongo que tendrán demasiado de que hablar, ¿verdad, Robin? -dijo Eratia, quien no paraba de mirar atentamente a los dos ex-piratas.
Seastone sólo se quedaba mirando a su alrededor, o no tenía nada que decir o era que la sorpresa no la dejaba hablar.
-¿Pero qué es esto? ¿Esta es una reunión de antiguos piratas? - insinuó Rentarou.
Bettum tomó eso como una amenaza, y no era para tanto, quien había dicho eso tenía el uniforme enemigo. Sin decir nada, tomó a Rentarou de las ropas, todos se sorprendieron, los discípulos del maestro carpintero intentaban detenerlo.
-Un infiltrado del gobierno, ¿no? -preguntó desafiando a su “enemigo”.
-¿Pero de qué carajos está hablando? - gritó Rentarou mientras intentaba liberase.
Bettum lanzó a Rentarou hacia una de las paredes de la habitación, como si se tratara de un muñeco de trapo. Éste no tuvo tiempo de reaccionar, y no pudo evitar golpearse contra la pared.
-Por cierto, ¿quién es el otro tripulante que les venía acompañando? Según el informe que me dieron, eran cuatro. - preguntó Bettum.
-Es al que acabas de golpear. -Dijo Robin.
-¿¡Qué!? - preguntó sorprendido el viejo carpintero. - ¿¡Y por qué no me lo dijeron!?
-Esto... intentamos decirle, señor. - dijo Seastone.
-Vaya que esto es un grave... - el carpintero no pudo terminar la frase, una embestida por la espalda lo derribó. Éste se dio la vuelta después de caer al suelo y vio que quien lo había lanzado al suelo era Rentarou, quien con un fino hilo de sangre y un excesivo respirar, estaba en pose listo para pelear en cualquier momento. Ninguno de los dos dijo nada, pero en cuanto Bettum se levantó, sus discípulos intentaron detenerlo, lo mismo hicieron Eratia y Seastone con Rentarou.
-Por favor, maestro Bettum, deje de pelear. - gritó Rido.
-Rentarou, deja de pelear, nos vas a meter en problemas – dijo igualmente Eratia mientras sujetaba con fuerza a Rentarou.
Tanto Rentarou como Bettum gritaron: “Él comenzó primero”. Después de unos segundos de intenso forcejeo, ambos lograron liberase corriendo uno contra el otro.
-Esto requerirá medidas drásticas. - dijo Robin mientras ponía sus brazos en pose. - Dieciséis Fleur...
Varios brazos surgieron tanto del suelo como de los cuerpos de ambos hombres, los cuales inmediatamente se detuvieron a la fuerza tropezando.
-¿Qué intentas hacer, Robin? - gritó Bettum al verse atrapado.
-¿Qué está pasando? -preguntó Rentarou demasiado confundido por ese ataque.
-Clutch. -dijo Robin como palabra final.
Ambos lanzaron un intenso quejido de dolor.
Después de un intenso dolor de espalda y algunos vendajes más necesarios por las heridas recibidas, se aclaró la confusión.
-Perdón por el trato. No es común ver a un pirata con el uniforme enemigo. Además Nora no tenía los informes de nuestros clientes.
-Es una larga historia pero no es el momento para contarla. Y bien, ¿qué es lo que pasa con el barco?
-No podrá navegar nunca más. - interrumpió Eratia pensativo a la vez que triste.
-¿Qué? ¿Estás seguro? -preguntó Seastone.
-Así es, si intentan salir al mar nuevamente con ese barco los resultados podrían ser catastróficos. En realidad es un milagro que hayan llegado hasta aquí, según lo que me contaron antes, que llevaban días navegando. -contestó Rido.
-¿Entonces...? -preguntó Rentarou.
-No será lo mismo conseguir un nuevo barco pero es la única opción que tenemos.
-¿Quieren decir que van a pedir la fabricación de un nuevo barco? -preguntó Bettum
-Adelante, Senka me va a matar pero no se quedará sin barco. -dijo Eratia sonriente.
-Perfecto, podemos hacerle unas ligeras modificaciones al viejo barco como un recuerdo y tender otro con el que podrán salir al mar. -dijo Bettum – Pero antes les pediré sus nombres. Veamos... -sacó un manojo de hojas impresas que en realidad eran carteles de recompensas de piratas activos. - El nombre de usted era Eratia, el de usted señorita es...
-Seastone.
-¿Y el de usted, señor Capitán?
-Re.. Rentarou Satsuma. -dijo Rentarou no muy confiado.
-Veamos... Eratia... 237 millones de berries... el siguiente... Rentarou Satsuma... 42 millones... Seastone... no la encuentro por ningún lado... No, parece que no hay recompensa- mientras Bettum buscaba entre los papeles, los demás no dejaban de mirarlo fijamente.- En total son 279 millones de berries, nada mal, nada mal. - Bettum vio que los demás se le quedaban mirando y siguió hablando- Es por rutina, no piensen que los vamos a entregar a la Marina, a menos que causen destrozos o intenten irse sin pagar, claro.
-¿Cuánto va a ser? -preguntó Eratia interesado.
-Veamos... construcción de barco nuevo, incluye la madera, algunas herramientas más y mano de obra, unas modificaciones al Zafiro y adaptación del mascarón... La madera ha estado bastante cara estos días, todo eso saldría en total 150 millones de berries, pero al ser amigos de Robin les haré un enorme descuento. Dejémoslo en 95 millones.
-Mierda, no tenemos esa cantidad. -dijo Eratia. -Aún prescindiendo del dinero para reservas, no juntaríamos esa cantidad.
-Pueden pagar lo que tengan ahora y cuando los carpinteros terminen nos pagan el restante. -añadió Nora.
-Está bien, supongo que podremos juntar el restante para entonces. ¿Cuánto podrían tardarse?
-Dos semanas cuando mucho. Tres días para diseñar el nuevo barco y el resto en construirlo y probarlo- Dijo Bettum.
-¿¡D-Dos semanas!? ¿¡No cree que eso es poco tiempo!? - preguntó sorprendido Rentarou.
-¿Para conseguir el dinero? -preguntó Bettum.
-No, decía para terminar todos los trabajos.
-No se preocupen, tenemos excelentes carpinteros y en ese tiempo su barco estará listo.
Eratia reunió a Seastone y a Rentarou. Robin veía la escena, supuso que algo andaba mal, así que por ese motivo le dijo a su viejo amigo.
-Franky, quisiera hablar contigo, ¿crees que podamos llegar a algún arreglo?
-Es poco tiempo para juntar el dinero restante. Tenía previsto 80 millones para el barco y otros 10 para otras cosa pero ni con eso podemos pagarlo.
-5 millones. Ni en dos semanas podríamos conseguir tal cantidad. Tengo algo pero no llega ni al millón- dijo Rentarou enseñando su billetera cargada de billetes.
-¿Dónde conseguiste tanto dinero? -preguntó Eratia sorprendido.
-¿Recuerdan los piratas con los que me enfrenté en Atonar? - preguntó Rentarou. Seatone y Eratia afirmaron con un movimiento de cabeza.- Digamos que el "Thousand Fist" no solo sirve para golpear a múltiples enemigos.
-El caso es que nos falta para pagar los trabajos. Y no podemos prescindir de un barco nuevo.
-Y a eso añádanle lo que gastaremos aquí. Tendremos que conseguir trabajo si queremos pagar eso.- Agregó Seastone.
-¡Pero... ni robando vamos a conseguir tanto dinero! -dijo Rentarou. - Si no pagamos en dos semanas nos va a llevar el carajo, y no pienso ir a prisión y menos si me piensan ejecutar en cuanto esté allí.
-Nadie quiere ir a prisión, eso te lo aseguro. - le dijo Eratia totalmente resignado.
Bettum los interrumpió y señalando a Rentarou y a Eratia les dijo:
-Ustedes dos, ¿saben algo de carpintería?
-Tanto como para armar barcos, no, pero un poco.
-Yo, apenas sé reparar algunos desperfectos pero algo así como que sé, pues diría que algo también. -dijo Rentarou haciéndose bolas con su propia respuesta.
-Entonces esta propuesta les podría gustar, pero sepan que sólo es porque se llevan bien con Robin. Pueden trabajar como carpinteros en este astillero y ayudar en la construcción de su barco, así podrán irse antes de los previsto y considerar saldada su deuda.
-¿Trabajar... como carpinteros? - preguntó Rentarou.
-Sí, ¿o prefieren conseguir el dinero por su propia cuenta? Es decisión de ustedes lo que les parezca mejor. Entonces, ¿qué deciden señores?
Les dejo que me voy a dormir, es tarde y si no me duermo ahora no despierto temprano.



















