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Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Mar 21, 2008 10:15 pm
por Ghorrhyon
¡Y ahíii vamooos, estalla la juerga en la renombrada mansión del terror!
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4. La Sombra del Crepúsculo

-¡Ah-hahaaa! ¡Volved a las sombras, condenados zombis! ¡Yo, Geralt Witcher, os lo ordeno!
Con una nueva estocada, el caballero derribó a tres cadáveres andantes, que se retorcieron en el suelo.
-Te lo repito, Geralt, no son zombis, son personas en estado catatónico.

Con los últimos estertores de los “zombis” los compañeros envainaron sus espadas. Habían llegado a Hindurga el día antes, y llevaban investigando el profundo Bosque Mojo casi desde entonces. Un misterioso culto parecía tener un templo en lo más recóndito del bosque, y allí se habían encaminado. Encontraron mucha resistencia, pero los débiles enemigos que salieron al paso eran un obstáculo ineficaz.
-Mmh, hay que ser fanático… -MaNe se agachó comprobando los restos de uno de los caídos. –no hay signos de violencia anteriores a nuestro combate, por lo que probablemente hayan sufrido esto voluntariamente. Por lo que veo, se trata de una planta cuyos alcaloides anulan la voluntad y el mecanismo del dolor de esta gente. Parece que permanentemente.
-¿Permanentemente?
-Así es, me temo que estos pobres diablos morirían igualmente.

Ante ellos se encontraba el enorme pórtico del templo, excavado en la roca de una pared. Encendiendo una antorcha, Geralt se encaminó al interior, seguido de su compañero el naturalista.


-Calcula el rumbo, Kleb, no vamos a ir tras ellos. –La profunda voz del capitán del Architeuthys resonó de improviso. -¡Todos a sus puestos! ¡Subimos a la superficie!
Ghorrhyon dejó sobre la mesa las Crónicas del Captain Usopp, murmurando algo sobre malditas casualidades.
-¡Y traedme sal, preparad mi bote, y acercadme papel y tinta!

Delacure Mihawk y su compañero, desde la cubierta del Perdido, trataban de decidir donde desembarcar. Muy probablemente les estaría esperando alguna trampa o emboscada eligiesen el lugar que eligiesen. No era algo que les preocupase demasiado, pero tratarían de ahorrarse bajas inútiles entre sus hombres.
De pronto, entre los dispersos restos de los naufragios que habían provocado, algo empezó a surgir con un estruendo.
-¡¿Un kraken?! –Gritó Iaimitsu, desconcertado. ¡¿Aquí y ahora?!
-No. –Mihawk se había acercado más, y sus ojos, afilados como su espada negra, habían visto algo más. –Es de madera, y se está moviendo. Está cambiando.
En pocos minutos, lo que había parecido un enorme monstruo marino era un sencillo barco de exploración que chorreaba agua por todas sus compuertas. Ambos shichibukais siguieron contemplando su maniobra, ciertamente extrañados, mientras la niebla poco a poco acudía a tapar el escenario de la batalla.
Cuando la niebla empezaba a cubrir el barco, oyeron un chapoteo. A los pocos instantes, un pequeño bote, impulsado por las olas, se dirigía a la playa. De pie sobre él iba un hombre vestido con un grueso jersey de lana de cuello alto, y tocado con un gorro oscuro del mismo material. Empuñaba un bastón recto, apoyado en el suelo. Mihawk no pudo dejar de notar la ligera curvatura del objeto.
-Sigámosle. –Pidió el espadachín, interesado. –Pronto.

Llegaron a tierra, viendo el bote vacío delante de ellos. Las pisadas de su ocupante eran perfectamente distinguibles, pero se hicieron superfluas al internarse en un bosquecillo cubierto de niebla. Un reguero de cadáveres las sustituía, interrumpido a intervalos. Todos los muertos eran recientes, todos con el uniforme de la Marina, y todos con los ojos desorbitados y la boca abierta de par en par.
Iaimitsu se acercó a uno de ellos.
-Tiene algo en la boca. Parece… -Extrajo lo que había visto, y lo restregó entre sus dedos. -¿Sal?
Se oyó un grito y una serie de golpes sordos. Ambos se lanzaron a la carrera, profundamente desconcertados. ¿Quién era ese hombre?
Llegaron a un claro en el que la luz de la luna quedaba difuminada por la espesa niebla. No se oía ya nada, pero de repente, Mihawk sintió algo, una sólida presencia cargada de odio. Desenvainó la espada, pero no encontró oposición. En cambio, se volvió a Shiratori y lo encontró con el recio bastón negro apoyado en el cuello.
El objeto efectivamente estaba algo curvado. Estaba lacado, y producía un tenue brillo frío y limpio. Iaimitsu Shiratori parecía paralizado.
-Hace bien en no moverse… ¿Quiénes son ustedes y por qué me siguen?
La voz sonaba seria, apesadumbrada. Mihawk se sintió impulsado a responder, pero detectó a tiempo el brillo de resolución en los ojos de su compañero.
Unas espinas de hueso surgieron de su cuello, retirando el arma de la posición de amenaza. Iaimitsu se agachó, esquivando la respuesta y a su compañero, pero el extraño bloqueó el ataque del shichibukai espadachín. Saltando hacia atrás, el desconocido giró sobre sí mismo, desapareciendo entre la niebla.
-Ya que son tan poco corteses, me presentaré yo: me llamo Ghorrhyon, científico y explorador.
Los shichibukais se miraron, incrédulos. Ningún científico que hubieran conocido se movía así.

-Así que estamos en el mismo bando…
Sentado en un tocón de árbol, Mihawk retenía la información obtenida. Según el extraño científico, el Thriller Bark en el que se encontraban era una especie de “copia” del original, creada por el mortífero Maelstrom.
-¿Y dice que es probable que Gecko Moria tenga algo útil para su investigación? –Intervino Iaimitsu. –No me lo puedo creer.
-Todo está relacionado. –Explicó Ghorrhyon. –Tanto Moria como sus principales secuaces han regresado, pero el propio Thriller Bark está cambiado, ruinoso.
-¿Qué quiere decir?
-Es sólo una sombra de lo que fue, y eso sólo puede ser porque algo interfirió con el poder del Maelstrom.
-¿El qué?
-Pretendo averiguarlo. En la mansión.
Minutos más tarde, los tres entraban en la extraña mansión. Llegaron al salón principal y reconocieron los signos de una lucha corta y brutal.
-Separémonos. –Sugirió Mihawk, señalando a un pasillo. –Yo iré hacia el Wonder Garden. Shiratori, puede usted ir al laboratorio.
-Excelente. ¿Dónde irá usted, Ghorrhyon-sensei?
-Al salón de recepciones. Tengan. –Tendió unos sacos de sal a sus acompañantes. –Les ahorrará muchos esfuerzos si se lo hacen comer a los zombis.
Con los sacos en la mano, los dos sichibukais vieron alejarse al extraño visitante por el corredor.

Ghorrhyon llegó en pocos minutos a la escalinata que comunicaba la mansión con los salones de Moria en el mástil.
-Esto no era así. Está distinto, y no sólo estropeado por la interferencia.
Avanzó, con su bastón en la mano, y se deslizó cautelosamente bajo el arco de entrada a los aposentos del shichibukai desleal. Apenas dio un paso en el amplio recinto, oyó resonar el eco de otra persona caminando, tras el vacío trono de Moria.
-¡Bien, visitas! –Dijo una desconocida voz alegremente. -¡Por fin voy a poder desentumecerme!
Ante Ghorryon, tenuemente iluminada, se encontraba una figura con uniforme de alto rango de la Marina, en cuya mano había desenvainada una espada. La figura dio un paso, acercándose a la luz: una mujer alta, de cabello rubio, con el rostro parcialmente desfigurado por cicatrices. Y sobre los hombros, las insignias de Almirante de la Marina.
-Dios mío.
-¡Intruso! –La antes jovial voz se convirtió en un rugido de ira. -¡Te vas a enterar!
El zombi de la Almirante Alira cargó contra Ghorryon, que suspiró de alivio al recordar que los macabros peones de Moria no conservaban los poderes de sus Akuma no mi. Pensó en Ramsus y Ailing y en cómo les iba a decir que Alira había muerto, convertida en zombi. Sin embargo, algo había en ese zombi. Se movía rápido, y emanaba una sensación de vigor irresistible.
-Feromonas y adrenalina, vaya, Hogback ha mejorado.
Detuvo la primera estocada con dificultad, arrastrando los pies al bloquear el ataque. Su adversaria giró sobre sí misma, y Ghorrhyon se agachó para esquivar el ataque a la altura de la cabeza. Empuñando su arma con las dos manos, Ghorrhyon golpeó de punta al costado, empujando hacia su agresora. No consiguió gran cosa, pues el ímpetu de ésta impidió que se moviese un ápice. El científico decidió rodar por el suelo, pero no pudo recuperarse a tiempo, obligándose a permanecer tumbado de espaldas para eludir otro barrido, esta vez a la altura de las rodillas de una persona de pie. El zombi prosiguió su frenético ataque, clavando su espada en el suelo mientras Ghorrhyon rodaba de lado. A punto de llegar a la pared, se impulsó con ambas piernas, y quedando en cuclillas giró para encarar el golpe…
…y abrió su bastón.
Bajo el nacarado mango de éste había una abertura, por la cual se extraía el filo de la vaina. Ghorrhyon sacó un palmo de hoja, sin llegar a desenvainar toda la espada. El filo brilló con codicia, con frialdad, pero con impotencia. Dominando sus intenciones, Ghorrhyon detuvo el golpe de su oponente, y apoyó una rodilla en el suelo. Empujando de nuevo, apartó la hoja enemiga, envainó de nuevo la suya, y volvió a ponerse de pie. La Alira zombi repitió su ataque, pero esta vez su adversario la estaba esperando. Dio un paso lateral, con la espada en posición sobre su cadera, y golpeó con ella envainada en las rodillas, haciendo que se trastabillase. Aprovechó el tambaleo para situarse a su espalda, y trató de golpear con ella en la nuca. Pero no llegó.
El zombi había dislocado sus hombros y había parado el golpe como si estuviera de frente. Ghorrhyon se quedó pasmado un momento, hasta que se vio obligado a parar otra lluvia de estocadas que provenían de su retorcida adversaria.
-Ehh, eso no te lo esperabas, ¿eh? A las formidables habilidades de esgrima de la Marina añado mi extraordinario desprecio por el dolor.
-Ya, que estés muerta ayuda, supongo.
-Jijijiji
La risa de la Almirante muerta hizo que a Ghorrhyon se le pusiesen los pelos de punta. ¿De quién sería su sombra? Ramsus le había dicho que Alira no era tan buena espadachina…
Resuelto a dejarse de lindezas, bloqueó otro ataque y lanzó una patada a la espalda de la zombi, lanzándola unos pasos hacia atrás.
-¡Wind shot! ¡Quarter edge iai!
Sacó de nuevo su espada con fuerza, tanto como un cuarto de la longitud total del filo, y un corte de la misma longitud apareció en el costado del muerto viviente. Insensible al daño, Alira cargó de nuevo con una sonrisa de autosuficiencia, otra vez encarada de frente a Ghorrhyon.
-¡Iai counter!
El profesor detuvo el golpe, y aprovechó para fijar el arma de su rival, de modo que su hoja, sin salir del todo, causó otra herida al zombi.
-No vamos a llegar a ninguna parte con esto.
La Alira zombi volvió a cargar, pero Ghorrhyon se agachó, usando su espada envainada para hacerla tropezar. La zombi rodó por el suelo a cierta distancia.
-Voy a tener que desenvainar.

-Es un hecho contrastado que los Reyes del Mar atacan a cientos de barcos en estas aguas todos los años. –afirmó Ramsus mientras acariciaba la empuñadura de su espada- Es completamente normal encontrar restos humanos en su interior.
-Claro, tan normal como que “casualmente” el Rey del Mar al que te enfrentabas la segunda vez que te encontré fuese “casualmente” el más grande y peligroso con diferencia de aquella zona y que, tras derrotarlo entre los dos, “casualmente” tuviese en su interior un esqueleto humano que “casualmente” portaba una de las 12 Saijou Oowazamono en sus manos. De situaciones como estas, casi imposibles de aceptar para cualquiera de nosotros por lo imposibles que parecen, es de donde nacen las verdaderas leyendas.

Años antes…

-Senpai.
-¿Si, MaNe?
-¿Qué vamos a hacer con este Rey del Mar. Es de la misma especie que el que derrotó con su amigo la semana pasada, pero más pequeño, no muy notable…
-Lo de siempre. Contenido del estómago y al agua con él.
-Si, Senpai.

Minutos más tarde, Ghorrhyon contemplaba otro esqueleto humano, abrazado a lo que parecía un bastón negro.
-Qué extraño. –El comandante del Architeuthys se acercó con prudencia al objeto, que parecía atraerlo irresistiblemente. –No puede ser…
Apenas tocó la hermosa superficie, se dio cuenta de su error. La voz sonó fuerte en su interior.
-Te llamaré amo, y tú a mí señora. Soy una de las Saijou Oo Wazamono, y busco al que empuña a mi hermana y enemiga. No pisarás tierra si no es conmigo, no me devolverás a mi vaina si no es tinta en sangre. Tu ira me pertenece, y la dirigiré contra quien prefiera… Pues soy la Sombra del Crepúsculo.

Maldiciendo de nuevo de las casualidades, Ghorrhyon corrió, su espada en posición “iai”. La zombi se acababa de incorporar, pero el científico saltó alto en el aire, levemente suspendido sobre su enemiga.
-Ni desde delante, ni desde atrás... ¡Mid-boreal insect catcher!
El filo de la Sombra del Crepúsculo brilló con júbilo. Le gustaba golpear como los pájaros.
-¡AEGITHALOS!
Ghorrhyon descendió envuelto en un fulgor azulado con la forma de un pajarillo de larga cola. Cuando tocó el suelo, rodilla en tierra, estaba justo detrás de la zombi, traspasada por una terrible estocada, y cuya sombra estaba saliendo de su boca.
El científico envainó la espada sin limpiarla y recobró la tranquilidad. Miró al rostro de su enemiga de cerca.
-Esos no son los ojos de Alira. Mejor, así no tendré que darles la mala noticia.


La corona sagrada, objeto del culto de los Mojo, se encontraba sobre una repisa en una pared de piedra, rodeada por un profundo foso de aguas oscuras.
-¿Y ahora, qué? –Preguntó MaNe, frustrado. –¿Acabamos de batirnos el cobre con zombis, bestias salvajes y sacerdotes fanáticos para llegar a un foso que ninguno podemos cruzar?
-Bueno, yo…
-No, no te voy a dejar que te quites la armadura en este lugar, y con ella no puedes nadar.
-Pues entonces tú dirás, eres el científico, ¿no?
-Si… ¡Kame-Kame Ha!
Girándose de súbito, y cambiando a su forma híbrida, MaNe lanzó una estocada al aire, golpeando de lleno en la repisa de piedra. La pequeña corona de metal brillante salió despedida, amenazando con caer al profundo foso.
-¡5-inch Caliber Shell Harpoon!
El hombre tortuga sacó un corto arpón de su caparazón, atado con una larga cuerda. El proyectil voló con puntería y ensartó la corona. Con un brusco tirón, MaNe la atrajo hacia sí, y el brillante objeto cayó en sus manos. De inmediato, se sintió débil y cambió a su forma humana.
-Uff. Me temo que es lo que buscábamos.
Geralt miró la corona con detenimiento. No era muy lujosa: de sencilla plata con una única piedra en el frente: una bonita esfera azulada de kairouseki.

Horas más tarde, a bordo del Orgullo de Rivia, un marino despertó a un exhausto MaNe.
-¿Qué ocurre?
-Llegó una gaviota muy rara, más grande que las del correo ordinario. Con un mensaje para usted.
-Debe ser de mi senpai. –MaNe se levantó y acudió a cubierta, donde Geralt le esperaba con el sobre cerrado.
-Sólo pone “kohai”
Con los ojos en blanco, el joven abrió el sobre, mostrando su contenido a su compañero. Garabateadas precipitadamente estaban las coordenadas de un rumbo de navegación y su destino más probable. También había un críptico mensaje: “Llevad sal de mesa”
-¿Sabes qué hay ahí?
Geralt asintió.
-Una región del Nuevo Mundo. El Archipiélago de las Cinco Muertes.
Dos cositas, Eratia, perdón por el mangoneo de personajes, pero ahí los tienes, que los malos de la mansión siguen a tu disposición... Menos uuuunooooo Bwaaa-hahahahaaa :twisted:

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Mar 21, 2008 10:34 pm
por Terreis
Eratia escribió: De todas formas, tengo una duda. Si no me he enterado mal, en este momento no existen los yonkou. ¿O si? Y en ese caso, ¿quienes son?
si que existen y son cuatro, y quienes son pues ya lo veras :mrgreen:

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Sab Mar 22, 2008 2:02 am
por Eratia
-¡Ráfaga percutora de hueso!

Una lluvia de cuchillas de hueso derribaba incansablemente a todo Soldado Zombie que se ponía a tiro de Shiratori. Por muy inmunes al dolor que fueran, incluso ellos eran incapaces de moverse si un enorme pincho los ensartaba contra la pared. Realmente la escena que iba dejando a su paso era dantesca. Un montón de cadáveres atravesados por enormes estacas de marfil en los lugares más peregrinos. Y todos con sal en la boca. Parecía el paraíso de un sádico.

-¿Por qué será que se me viene a la cabeza Doflamingo?

De todas formas, quitando los adornos que el había puesto durante su paseo, la mansión estaba en muy mal estado. Parecía que lo que había dicho Ghorrhyon-sensei se estaba cumpliendo punto por punto.

Unos minutos más tarde llegó a una enorme puerta de madera. Había sido reparada, pero se notaba perfectamente que había sido cortada en dos mitades sin ningún problema por una espada.

-Y yo que pensaba que las Crónicas del Capitán Usopp eran una soberana estupidez.

De pronto el Shichibukai escuchó algo, pero antes de que pudiera ponerse en guardia, recibió un tremendo tortazo que lo hizo atravesar la puerta. Le había hecho picadillo el hueso del brazo derecho. Sin duda, empezaba con mal pie.

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Mihawk había dejado atrás pronto al ejército de zombies. Ni siquiera los espadachines inmortales tenían la capacidad de aguantar contra el. Ninguno de los zombies que se le habían lanzado encima le había durado más de un suspiro.

Hizo rodajas a otro mientras pensaba en lo que había cambiado Thriller Bark. El, como líder de los Shichibukais, había visitado la isla-barco tiempo atrás. No tenía nada que ver con lo que veía ahora. Antes la decoración era tétrica, pero cuidada, limpios los suelos y los muebles y alfombras cuidados. Ahora era una ruina. Había una enorme cantidad de suciedad en el suelo, las paredes estaban rotas y no había un adorno entero

-Jijiji.

Mihawk percibió el ataque que le lanzaban, y se apartó fácilmente. Un enorme espadón destrozó la mitad del pasillo con la onda de choque que generó, mientras que el ser que lo manejaba esbozaba una horrible caricatura de lo que era una sonrisa.

Era un enorme zombie, hecho de retazos de muchas personas y animales distintos. La cabeza era de toro, pero a partir de ahí era imposible identificar que era de quien. Sin embargo, manejaba su espada, que era tan grande como la de Mihawk, con una enorme soltura.

El Shichibukai sonrió en respuesta a su rival mientras desenfundaba lentamente su enorme espada negra.

-Vaya. Y yo que pensaba que hoy no iba a pasarme nada entretenido.

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Un tremendo martillazo golpeó el escudo de Shiratori. Este intentó resistir, pero aún así salió por los aires. Aterrizó sobre el brazo herido y no pudo contener un gruñido y una maldición.

-¡Vamos, canijo!-Era un zombie realmente enorme, que esgrimía un martillo tan grande como el.

Un nuevo martillazo salió contra Shiratori, pero esta vez ya estaba preparado. Se apartó limpiamente de la trayectoria del ataque y mientras se levantaba le golpeó en mitad de la cara con una contundente patada. Su enemigo no sintió el dolor, pero el golpe bastó para hacerle caer.

Shiratori se tocó el brazo fracturado y acto seguido surgió una espada de hueso de su mano izquierda. Era un arma muy bien detallada, que pronto se enterró en el cuerpo del General zombie.

-Se necesita mucho más para vencerme que eso.

El bichejo se levantó de nuevo mientras sonreía. Su sonrisa presuntuosa se vio confirmada al aparecer una docena de zombies más.

-Tienes el brazo hecho picadillo. ¿Crees que podrás con todos los Generales Zombies?

-¿Te refieres a este brazo?-Extendió el brazo derecho sin ningún problema. Acto seguido creó dos espadas más y se puso en guardia. Su poder le había permitido repararse el hueso del brazo, cosa que pilló al zombie totalmente desprevenido.

-Da igual… tu morirás. Y cuando el Amo Moria gobierne, todos los que se le opongan morirán y se convertirán en zombies. Tu mujer, tu hija, tus amigos…¡todos servirán a Mo…! ¡Aghh!

Un enorme cuchillo de marfil le había atravesado la rodilla. Y no era el primero. Había sido atravesado por diez ataques.

-Prepárate. Ya me has cabreado. ¡Arenas movedizas!

Una ola de masa de hueso blanca cubrió a todos los generales Zombies menos al del martillo. Se solidificó un instante después y se escuchaban lo alaridos e terror de los zombies sepultados, que se quedaban sin aire.

-Antes de acabar contigo, gordinflón, te diré quien soy. Ouka Shichibukai Iaimitsu Shiratori. El Enterrador Blanco.

El General Zombie no pudo ni moverse. Una masa de hueso le recubrió, adoptando la forma de un ataúd.

-Ataúd maligno. ¡Dama de Hierro!

Un millar de pinchos de hueso que surgieron del interior del ataúd atravesaron al Zombie. Aunque no sentía el dolor, no pudo evitar gritar de pánico por lo que le estaba ocurriendo.

-Second stage ¡Infección!

El hueso empezó a crecer a partir de los pinchos, extendiéndose por el interior del zombie.

-Adiós, imbecil.

Cuando el ataúd dejó de moverse, Iaimitsu se giró hacia la estancia. El laboratorio de Hogbank.

-Será mejor que eche un vistazo. No creo que nadie más me moleste en un rato.

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Una tremenda onda de choque terminó definitivamente con el enemigo de Mihawk. Daba igual lo inmortal que fuese un zombie, si no tenían cuerpo eran incapaces de sobrevivir. Y su rival había sido prácticamente desintegrado.

-Me ha durado menos de lo que esperaba.-Enfundó el arma mientras se giraba hacia el bosque.- Humm. Me pregunto que habrá por aquí.-Empezó a dirigirse hacia la espesura.

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Pues ahí va el inicio del baile. Y Gorryhon, lo has hecho genial en tu historia, así que no puedo quejarme de que hayas usado a mi personaje. De todas formas, de momento los marcadores van empate.

Y tengo ganas de ver lo de los 5 emperadores y demás troupe. Espero con ganas los siguientes capítulos.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Mar 28, 2008 5:31 pm
por Terreis
Ghorrhyon, pedazo de historia, me ha encantado, sobre todo la parte del combate :mrgreen: y Eratia tu a noche tenias que estar por mi habitacion por que me fui a la cama y estuve pensando en los poderes de Overon y se me ocurrio lo de hacer brotar los huesos como hace Robin con sus manos ...etc :neko: en fin me buscare otra habilidad y eso si la historia esta genial.



EDITADO:

HE AQUI MI TROZO pequeño DE HISTORIA Y PERDONAR EL RETRASO :mrgreen:
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04. Yonkou y el vestido de novia

El Almirante Aokiji yacía sentado en su hamaca, dormitaba y hacia el vago como de costumbre ya que era uno de sus vicios favoritos, al igual que las mujeres con grandes bustos. Era mas alto que cualquier hombre de la marina, con cabello negro, portaba en su frente unas gafas de dormir, las cuales usaba excesivamente para su hobbit favorito: dormir y en cualquier posición. Vestía con pantalones y chaleco blancos, camisa azul oscura y una corbata amarilla. Pero sin duda lo más destacable de todo él, era su poder terrorífico, ya que sus labios habian probado la akuma no mi Hie Hie, la cual daba a su usuario el poder de hacerse de hielo o congelar las cosas.
Para su desgracia Sengoku le habia mandado una nueva misión, este habia intentado escaquearse como era habitualmente en él alegando, que habia otros cuatro Almirantes al igual que él. Sengoku por su parte viendo el intento de escurrir el bulto de su soldado, le comento:

-que era imposible, ya que la Almirante Alira se encontraba en el Florian Triangle, el almirante Bassabel y el Almirante Arhatkyo se encontraban muy ocupados en importantes misiones (era mentira) y del Almirante Citan se le habia quitado del cargo de Almirante y se le habia asignado el cargo de comandante en jefe del CIPHER POL, con lo cual solo quedaba el Almirante Aokiji, para esa misión-

Y allí se encontraba el Almirante Aokiji, en el Nuevo Mundo, a bordo del galeón de la marina, Ormen Lange, un galeón negro azabache e imponente, una de las niñas de la marina, sus mas de trescientos hombres, y todos ellos a las ordenes de capitán Fergilmo, alias el grandullón, un gigante de tamaño medio.
La misión que le habian encomendado a Aokiji consistía en una reunión con los cuatro Yonkou, aquellos que se dominaban los cuatro Emperadores, y que dominaban el segundo tramo de Grand Line, el conocido Nuevo Mundo. Los nombres de aquellos cuatro piratas eran bien conocidos, sobre todo por que se trataba de cuatro féminas, lo que les hacia aun más peligrosas, sus nombres eran:

Nyssa, alias Pata de Palo.
Bianca, alias la reina Blanca.
Bio, alias la Biónica.
Noemí, alias la diablesa.

La reunión a tratar seria los acontecimientos inexplicables que se estaban dando en la zona ya que piratas como Jimbe, Arlong, Donquixote Doflamingo, el propio Gecko Moria y otros piratas de conocido renombre para la gaviota, todos ellos ahorcados en el puerto Gold Royal, habia aparecido e estaban vivitos y coreando.
Y ahora como era costumbre se les pedía a los Yonkou que ejercieran su poder de nuevo en el Nuevo Mundo ajusticiando aquellos piratas que habian vuelto de los infiernos.

Me encontraba en una celda cama con un dolor de cabeza y un malestar, como si hubiera cogido una buena cogorza, mi sobrino descansaba a mi lado, le habian puesto unas esposas de Kairouseki iguales que las mías. Y una fea herida yací en su frente.

-Overon estas bien, pero que te ha pasado- inquirí alarmada.
-conseguí escapar, utilizando mis poderes de mi akuma no mi, pero ese minino invisible no conté que estuviera rondando por la habitación-explico el joven marine- cuando me quise dar cuenta de su presencia se me tiro encima y con una extraña fuerza que tiene me dejo sin conocimiento, pero no sin antes absórbele parte de su fuerza y dejarlo tambaleando, por eso me pusieron estas esposas-
-te dije que mantuvieras tus habilidades en secreto cacho zoquete-brame mientras le propinaba un capón de los míos.
-pero, pero lo hice por que… tía Alira no te has dado cuenta de lo que llevas puesto verdad- señalo Overon a la ropa de su tía.

Para mi sorpresa, el uniforme blanco de la gaviota habia desaparecido en su lugar, llevaba puesto un vestido de novia de palabra de honor, largo, de color blanco-hueso, el pelo recogido con una tiara de diamantes y perlas blancas.

-hay dios, esto es una broma… y de muy mal gusto - grite encolerizada- pero quien se ha atrevido hacerme esto-
-yo vuestro prometido- dijo la voz de Absalom.
-tuuu, cerdo pervertido como te atreves a desnudarme y ponerme un vestido de novia- bufe furiosa.
-OH, querida, fueron las sirvientas, yo no fui, ojala, pero si veo a la novia antes de tiempo vestida con el traje de novia, eso trae mala suerte- se excuso Absalom.

Mire con el ceño fruncido a mi sobrino y este hizo un gesto con el dedo, diciendo que Absalom no esta bien de la cabeza. Me gire de nuevo a mirar al minino y grite:
-entonces, que narices haces aquí si llevo el vestido puesto so tarugo, además contigo se va casar rita la cantaora, por que yo no me caso y menos con un gato-

De repente una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo, la luz de las antorchas dieron la respuesta al instante, mi sombra habia regresado a mi cuerpo.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Dom Mar 30, 2008 2:05 pm
por Eratia
Vale... también es puntería que escogieras esa habilidad para Overon. Pero yo ya se la tenía puesta a mi personaje desde el momento en que lo hice aparecer por primera vez, así que...

Bueno, pues un buen capítulo, aunque un poco corto para mi gusto. Ahora solo falta ver la llegada triunfal de Ramsus, que va a rebanar un par de pescuezos de Zombies cuando llegue. Y a ver si aparece Silver...

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Dom Mar 30, 2008 11:40 pm
por Terreis
es que no estaba inspirada, pero haber mañana si tengi un hueco y escribo y haber si me viene la inspiracion :mrgreen:

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Lun Mar 31, 2008 7:51 pm
por Eratia
Pues aquí pongo un poco más. Es de otra de las tramas que estaba llevando, pero tenía que ponerla en algún momento, asi que ahí va.

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Shenka dejó caer con un suspiro mientras dejaba caer el trapo con el que había limpiado la mesa. La cafetería había sido limpiada de arriba abajo, de tal forma que hasta las patas de las mesas relumbraban.

-Shenka…-Hakurón había entrado en esos momentos por la puerta, con cuidado de no ensuciar el suelo con los zapatos.- ¿De verdad hacía falta limpiar todo esto de esta manera?-El pirata señaló hacia la calle.- No vamos a volver en bastante tiempo. Y eso si volvemos.

Un enorme barco se encontraba anclado en ese momento en el puerto. Era un barco blanco, totalmente blanco, con finísimas decoraciones a lo largo de toda la embarcación. El blanco era tal, que el barco brillaba. Sin embargo, no era su vistosidad lo que más llamaba la atención. Era su capitana. Bianka, la Reina Blanca. La Flor Brillante de los 7 Mares. Y uno de los Yonkou. Muchos pensaban que su belleza era inigualable y otros que era más fea que Picio, pero realmente nadie lo sabía, porque siempre aparecía con una máscara ante los extraños a su tripulación. Además, una cosa que la diferenciaba del resto de los piratas es que nunca había plantado en lo alto del mástil de ninguna de las embarcaciones que había dirigido una bandera pirata.

La aparición de ese enorme barco blanco, mayor que muchas de las embarcaciones de los altos cargos de la marina, había traído el pánico a la ciudad. Muchas personas habían reconocido la embarcación y habían corrido a esconderse, de tal forma que, en esos instantes, las calles de la ciudad estaban desiertas.

Shenka, en cuanto avisaron de la llegada del barco de Bianca, se había puesto a limpiar la cafetería entera, mientras mandaba a Taanis a echar un vistazo al puerto. Hakuron, alias Linkain, también le había acompañado, pero por primera vez desde que llegaron a la isla, cuatro meses atrás, había salido a la calle con sus dos katanas. Linkain era un hombre un poco bajito, con el pelo azul y siempre, incluso en verano, llevaba ropa larga. Sus dos katanas eran algo especial. Eran armas legendarias, pero tenía una especial relevancia el que las fundas de sus armas fueran tan afiladas como las mismas katanas.

Taanis, en cambio, era un hombre un poco rechoncho, con el pelo oscuro y cuando luchaba, siempre se aseguraba de llevar encima una cantidad enorme de pistolas. Especialista en explosivos, era un peligro si le dejabas trastear con cualquier cosa que pareciera lo más minimamente inflamable.

-Shenka… es lo que esperábamos. Han venido a buscarnos.

-Aha…-La Capitana de Eratia asintió mientras terminaba de fregar el suelo.- ¿Y que ocurre esta vez? Creo que dejamos claro que nos íbamos a marchar durante unos 6 meses, ¿no? No entiendo que vengan a buscarnos ahora.

-Es simple, Shenka.- Taanis miró nerviosamente al barco del puerto.-Va a haber una reunión de Yonkous con un Almirante.

-Tcht. Normal que nos vengan a buscar entonces. Puede pasar cualquier cosa.

-Ya… Rita debe de estar hecha un manojo de nervios.

-Jujuju.-Shenka estaba acabando de limpiar los cristales.-Iros adelantando. Yo ya casi he acabado. Decidles que voy en un momento, y que no se les ocurra meterme prisa, porque si no les corto los…

-Si, si. Ya nos vamos.

Taanis y Hakurón estaban andando por las desiertas calles de la ciudad. Ambos hombres se conocían desde hacía bastante, y habían pasado por mucho hasta que lograron estar en la situación en la que se encontraban en ese momento. Siendo parte integrante de la tripulación de un Yonkou.

-Las vueltas que da la vida ¿eh? Y hace unos años, cuando nos separamos de Eraria, parecía que estábamos acabados.

-Jajajajaja. –Hakurón se llevó las manos al estómago. –Me pregunto como reaccionará Eratia cuando sepa donde nos hemos metido esta vez.

-Vete tú a saber. Era el más raro de todos nosotros. Nunca tuvo una meta en la vida, salvo la de sobrevivir. Aunque con esa recompensa que tenía…

-¡Y la que tiene ahora! Es más grande que la de Shenka, que ya es decir.

-Jujuju. Y eso es lo que siempre le ha cabreado más, ¿no? Que Eratia, siendo el navegante, siempre tuviera más recompensa que ella., la capitana.

En esos momentos, ambos llegaron al puerto. Uno de los tripulantes del enorme navío blanco estaba sentado encima de uno de los topes del puerto, golpeteando el suelo con el pie, obviamente aburrido.

-Ya era hora…-Miró a todos los lados.- ¿Y Shenka?

-Ha dicho que ahora viene. Y que como se os ocurra ir a meterle prisa…

-*Glup* Me lo imagino.-El marinero chasqueó la lengua con fastidio.- Pero tenemos mucha prisa. El encuentro es…

-¡Ja! Me juego Dobles contra Sencillo a que Bianca y su tripulación no se van a dirigir a la reunión.-Las sonrisas de Taanis y Hakuron era claras… y un poco malignillas.

-¿Eso crees? Tienes que conocer muy bien a la jefa para poder decir algo así.

-Ya veremos. Pero la jefa no se fía en absoluto de los marines. Los detesta un poco bastante, de hecho.

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Shenka cerró la puerta de la cafetería con llave y miró por última vez el establecimiento. Había bajado todas las persianas para proteger los cristales, de manera que el lugar, usualmente tan llenos de vida, parecía muerto.

Se giró y empezó a andar por la calle abajo, cuando, de pronto, sacó un shuriken y lo lanzó con un simple movimiento de muñeca. El arma pasó limpiamente por una pequeña rendija que había entre dos letras del cartel de la cafetería.

-No he perdido facultades en absoluto, por lo que parece…-Una sonrisa cruzó su cara.- Y me parece que más de uno lo va a descubrir pronto.

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Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Sab Abr 19, 2008 12:03 am
por Eratia
Bueno,siento hacer doble post, pero no me queda otra, ya que no puedo poner dos capítulos tan distintos juntos.

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-Treinta Fleur: ¡Strangle!

Una veintena de piratas cayó estrangulada por el poder de Robin. La antigua tripulante del Rey de los Piratas demostró ser un rival tan temible como cuando los Sombrero de Paja eran una de las tripulaciones imbatidas e imbatibles de ese mundo.

Por otro lado, Seastone literalmente barría a todos los piratas que se les ponían por delante. Sus bolas de Karioseki eran imparables. Daba igual como intentasen defenderse, esquivaban las espadas o escudos y golpeaban sin perder un ápice de su fuerza.

Eratia, mientras tanto, era el que menos enemigos derribaba, pero era un auténtico tifón. Su presencia física era atemorizadora y sus golpes brutales. Movía barriles y cajas para detener las balas, usándolas como armas arrojadizas. En la mayor parte de las ocasiones, un golpe suyo bien dado bastaba para dejar inconsciente a un hombre. Era más lento que sus acompañantes, pero no por ello menos temible.

En cambio, la situación en que se encontraba la ciudad no podía ser más desesperada. Las embarcaciones de los piratas sabían perfectamente que hacer en esos casos, y tres de ellas estaban bombardeando la ciudad, causando caos e impidiendo cualquier intento ordenado de establecer una defensa que aguantase contra los piratas.

Cada poco, los del grupo se cruzaban con ciudadanos, que corrían despavoridos hacia la Academia, que ya fuera por accidente o por órdenes del capitán, había sido respetada. Ni un solo cañonazo había caído allí.

-Esto se empieza a poner feo. Tenemos que reunirnos con los demás o no haremos mucho.- Seastone era la que había hablado mientras terminaba con sus bolas de karioseki con los cuatro últimos piratas que se le pusieron por delante.

-Sí, supongo que será lo mejor.-Eratia seguía mirando a la bandera que portaban esos barcos. Tenía un mal presentimiento, pero no podía concretarlo.

-¿Por qué no? Tengo ganas de saber quienes son los acompañantes de unos piratas tan poderosos.

“Ju.” Pensó Eratia. ”Como si tu no fueras con mucho más famosa que nosotros”

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-¡Capitán, Capitán!

Silver, acompañado por Rentarou y por As de pronto vio al resto de su tripulación corriendo hacia el. Faltaban Seastone y Mijok, pero iban acompañados de dos personas que no había visto hasta ese momento. Uno de ellos era un joven al que no había visto en su vida. En cuanto al otro…

-Profesor. Cuanto tiempo sin vernos. ¿Qué le trae ante mi humilde presencia?

-¡Como si no lo supieras muy bien!-Saltó el chico que acompañaba al profesor.- ¡Tu…!

-Cálmate Miguel.- Intervino el otro hombre. Tenemos que hablar.

Pero antes de que Silver pudiera responder se escucharon unos pasos de carreras, apareciendo el resoplante Mijok, bastante alegre.

-¿Ya acabaste con ese marine? Porque no hará ni 10 minutos que te dejamos.- One Piece se rascó la coronilla, sorprendida.

-Bah. Era mucha charla pero poco aguante.

Rentarou, mientras tanto, escuchó unos sonidos peculiares. Casi no se escuchaban por la animada conversación de Reyes y Roca y los ladridos del perro, pero no le gustaba nada. Se alejó unos pasos decidido, dispuesto a ver que era. De pronto se produjo una explosión por encima del antiguo marine. Este se apartó de un salto, como pudo, esquivando los escombros que caían sobre el.

“¡Eran cañonazos!

Dos balas más estallaron en las casas de alrededor del joven.

“Maldición”. Eso fue todo lo que pudo pensar antes de desmayarse.

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-¡Diantes! ¿Ahora por donde es?- Seastone estaba totalmente perdida por aquel laberinto de calles, al igual que Eratia, pero Robin se las apañaba perfectamente y los guiaba diestramente por el laberinto de calles. Sin embargo, en un momento dado, se encontraron con una calle que estaba totalmente en ruinas. Sin duda se habían cebado en ella. No era muy común que los cañonazos se centraran tanto en una zona como habían hecho en esa.

-Robin.

-¿Si?

-¿Existen más calles que permitan el acceso a la Academia?- El mal presentimiento que estaba teniendo Eratia se estaba agudizando.

-Hay tres calles por las que se puede acceder. Pero están a mucha distancia las unas de las otras. ¿Por qué lo preguntas?

Pero Seastone no escuchaba la conversación. Se acercó al desastre y de pronto llamó a los otros.

-¡Rápido, venid aquí!

-¿Qué ocurre?- Tanto la arqueóloga como el navegante salieron corriendo.

-¡Es Satsuma! Está aquí semienterrado.

Cuando los dos se acercaron vieron que tenía razón. Satsuma estaba cubierto por unos cuantos escombros, que salieron volando en cuanto Eratia se puso al curro. Suspiraron con alivio al ver que solo tenía magulladuras. Unos instantes después escucharon unas voces.

-¡No! ¡No puedes cortar todo esto, As! ¡Si está en medio, le puedes dañar de verdad!

-¿Y entonces que hacemos? ¡Tenemos que hacer algo!

-Estos edificios están muy dañados. Si atacas a lo burro, puedes hacer incluso que se derrumbe lo que ha quedado en pie.

-¿Y entonces que hacemos?

Eratia y Seastone intercambiaron una mirada.

-¡Capitán!

Las voces se callaron al instante.

-¿Seastone, eres tu?

-¡Si Capitán! ¡Estoy aquí con Eratia y… una compañera!-Obviamente no quería divulgar la identidad de su acompañante en voz alta.

-¡De acuerdo!-Silver parecía nervioso.

-¡Ya hemos sacado a Satsuma, Capitán! ¡Está bien! ¡Pero no podéis pasar por aquí! ¡Si intentáis pasar por la fuerza se os caerá todo encima!

Se escucharon algunos rezognos del otro lado del muro mientras deliberaban.

-¡Entendido! ¡Nos veremos luego en el Caledonia! ¡Y tened cuidado!

Se escuchó un ruido de pasos que indicaba que el resto del grupo se había puesto en movimiento.

Mientras tanto, Robin y Eratia estaban intentando despertar al inconsciente Satsuma. En uno de estos envites, al excapitán se le cayó un trozo de piedra finamente tallado.

“¿Y esto que carajos es?” Eratia se lo volvió a meter en el bolsillo, justo en el momento en que Satsuma empezaba a recuperarse. Robin le lanzó una mirada severa al abrigo blanco de capitán, pero se abstuvo de hacer comentarios.

-¿Estas bien?

-Tengo la cabeza como unas maracas, pero si, mas o menos estoy bien.

-Pues será mejor que nos vayamos marchando.- Eratia lanzó una mirada a su acompañante.-Por cierto. Robin, este es Rentarou Satsuma. Satsuma, ella es Nico Robin.

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Lo primero, siento haber manipulado a tu personaje de esta manera Rentarou, pero no me quedó otra con la ausencia de Silver. Se que tenías algo planeado para esta isla, así que te lo dejo en este punto. Solo pido que se me deje a mí lo de la salida de la isla, si no es mucho inconveniente. Es que es un punto fundamental para la historia de mi personaje.

¡Mamá, mi hermano es un pirata!

Publicado: Mar May 06, 2008 8:41 am
por Gargadon
Dos semanas y no llega nada bueno, es hora de revivir el tema:
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15: Confesión (parte uno) - Enterrado, Thousand Fist.

Esa mañana no era la más común para los aldeanos de Red Village; el arribo de un barco marine, que se encontraba completamente destrozado, con cientos de parches en los cascos y en el mástil mayor, era de lo más inusual en la isla. Ya tenían una base de la Marina para que les protegieran, entonces algo extraño debía estar sucediendo.

Del barco bajaron dos hombres, uno con uniforme de mando, y otro con el típico chaleco sin mangas, algo más pequeño que el anterior, y de aspecto un tanto peculiar, con rasgos que ciertamente no parecían ser humanos en algún momento. El que parecía estar al mando parecía estar mirando fijamente hacia adelante mientras sostenía entre sus manos un rollo conformado de papeles , mientras que el otro miraba a cada rato como si esperara algo o como si no quisiera ser descubierto.

-¿De qué se esconde, soldado? Preguntó el teniente al ver la actitud rara de su subordinado.
-De nada, señor. Es sólo que... no es por ser extraño, pero esta ciudad tiene un ambiente diferente.
-Así es, se nota que después de los desastres han logrado salir adelante, aunque con ciertos métodos que no a todos los marines les gusta.
-No entiendo por qué debo mantener en secreto que usted dejó escapar a ese pirata, señor. -dijo el soldado con un tono de reproche.

El teniente se detuvo y dando media vuelta miró fijamente a su subordinado. Le respondió de forma agresiva:
-Porque si caigo yo, cae usted junto conmigo. Recuerde que el trabajo de espía es algo condenable, y más si se trata de espiar dentro del mismo bando.

Volvió a tomar su camino y siguió diciendo:
-Por otro lado no tiene chiste atrapar a un traidor en el momento. Además, el es más fuerte que yo, y teniendo de su lado al resto de su tripulación, sería una locura enfrentarse uno solo contra toda una banda de piratas. -dio una pausa y siguió hablando - Recuerde: hable, y yo también hablaré.

Recorrieron toda la aldea. En un principio lo que parecía ser un pueblo pobre, de pronto pasaba a ser la fachada de una ciudad, que se encontraba bajo el ir y venir diario de los aldeanos que cruzaban la plaza principal. El teniente se detuvo ante un tablón de recompensas, vio todas las que estaban colgadas y revisó la de un hombre que había conocido durante mucho tiempo. En el anuncio se podía ver la figura seria del hombre, portando el uniforme completo de los marines y debajo una cantidad de dinero algo alta. Pensó: “De seguro el comodoro Shirakawa debe estar revolcándose en su tumba en el mar, si se llega a enterar que su soldado de confianza era un pirata...”

-Por cierto, teniente, ¿cuál es el motivo para venir tan lejos, señor? - preguntó el soldado de menor rango.
-Recuérdelo bien. Venimos a buscar pistas que nos lleven al paradero de ese traidor. Si mis investigaciones no fallan, su nombre verdadero es Dkantun y vivía en esta aldea. Y no solo eso, además de ser un pirata de la tripulación de los Outlaws, al parecer tiene algo que ver con una banda pirata que gobernaba hasta hace poco.

A pesar de que hablaban en voz baja, en ese instante todos los aldeanos que se encontraban cerca de ellos callaron y voltearon hacia ellos. No tardó mucho tiempo para que todos comenzaran a murmurar en voz baja.
-Parece que ese nombre es algo polémico aquí, señor. -respondió el soldado de menor rango.

Por otro lado, un capitán que hacía su rondín habitual, vio al par de marines que se encontraban dialogando en la plaza principal. Al principio no pareció reconocerlos, pero vio que uno de ellos era un gran conocido suyo... Corrió hacia ellos para preguntar qué hacían en la aldea: no era normal que flotas de la marina rondaran por zonas ajenas a las que les correspondía patrullar. Ambos marines, al ver al capitán acercarse a ellos, hicieron el saludo marcial.

-Teniente Fletcher a sus órdenes, señor. -Respondió uno.

El otro no se atrevía a soltar palabra alguna. Fletcher le dio un suave codazo para que saludara inmediatamente.
-Soldado... Soldado... Soldado Big Ci a sus órdenes. Señor.
-Sí, a usted lo conozco muy bien, soldado. -dijo el capitán mirándolo fijamente de manera despectiva.-Capitán Rurouni. Encargado de la zona de Red Village e islas aledañas. ¿Qué es lo que les trae a estas tierras, señores?
-Estamos en una misión importante. Es sobre piratas. No tenemos permiso de revelar más detalles, señor.
-La mayor parte de las misiones tienen que ver con piratas, no tiene por qué mencionarlo, teniente. -respondió el capitán. -Pero no me puedo meter en sus asuntos si es de carácter privado. Adelante, sigan investigando. Pero antes quisiera hablar con su subordinado, teniente.
-No será ninguna molestia, señor. Soldado, en cuanto termine de hablar con el capitán, vaya a buscarme en la alcaldía-respondió Fletcher. Diciendo esto siguió su rumbo, dejando a su subordinado.

Rurouni miró a su mascota fijamente. Furioso le gritó:
-¡Así que intentabas abandonarme, ¿verdad?! Debes ser tan tonto que hasta regresaste.
-¡No es mi culpa! ¡muchas cosas sucedieron! ¡No pudimos detener a ese capitán traidor a tiempo! Además, hay otras cosas que no puedo revelar, que me tienen atado a este asunto. -luego dijo en voz baja- Ramsus ya supo de quién soy...
-¿Qué? ¿Y no podías haberte escondido o algo?
-¡Llegó sin avisar! ¡Estábamos a punto de morir en una tormenta! ¿Sabe qué? Si caigo, cae usted conmigo. Puedo revelar que usted también fue un pirata.

El capitán lo miró sorprendido y lanzó sonora carcajada.
-¡Eso todo mundo lo sabe! ¡Incluso en los altos mandos lo saben! ¡Hasta esta aldea lo sabe bien! Aunque no entiendo como aceptaron que un ex-pirata vigilase las aguas que los rodean. Pero si piensas chantajearme, busca bien cómo hacerlo.
-Mierda- dijo en voz baja el gato.
-Me temo que esta vez la paga por detener a ese traidor será muy poca, hubiesen ofrecido más si lo hubieran atrapado en el momento justo. Ni modo, ¿pero vas a seguir en esto?
-No me queda de otra.

Mientras tanto, en las oficinas de la alcaldía, el alcalde revisaba cientos de papeles. Dejó de verlos, lanzó un pequeño suspiro y miró hacia la ventana. Se preguntaba qué hubiese pasado si pudiera haber conocido a sus padres. No tenía familia, pero cuando era un niño nunca se sintió solo: siempre tuvo un hermano mayor a su lado, aunque no lo fuesen de sangre, y un doctor bastante noble a la vez que rudo, que los cuidó como si fuesen sus hijos, cuando ambos quedaron huérfanos, cuando nadie veló por ellos, él siempre estaba allí, y su hermano mayor también. Su hermano mayor... ¿qué sería de él? ¿cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se vieron?

-Por fin despertaste, Dkantun. -Dijo un joven muy preocupado. -No puedo creer lo que pasó. ¿Cómo pudo todo el pueblo creer más a unos piratas?

Dkantun no dijo nada. Sólo se quedó acostado en la cama y empezó a llorar. Lloraba y gritaba con tanta fuerza que parecía que iba a reventar.
-¡Era una trampa! ¡Todo era una trampa! Esos malditos... ¡esos malditos me tendieron una trampa! ¡Hicieron creer a toda la aldea que era un traidor! ¡Todos me golpearon! Me... -al intentar moverse cayó de nuevo, intentaba sostenerse sobre uno de sus brazos, pero el dolor de la herida provocada por el disparo de bala en esa zona le impedía hacerlo. No pudo evitar lanzar un quejido de dolor. -Seiji, ayúdame, no sé qué hacer, por favor, ayúdame...

Seiji intentaba no llorar al ver a su hermano mayor sufrir, pero sólo salió de la casa y comenzó a llorar también. Ninguno de los dos sabía qué hacer: por un lado uno que se sentía traicionado por la aldea completa, al grado de intentar llegar a matarlo, mientras el otro lloraba al no poder consolar ni por un instante a su hermano, al no poder siquiera hacer algo para ayudarlo...


Unos toquidos a su puerta lo hicieron despertar de sus recuerdos.
-Alcalde, un soldado de la Marina ha venido a interrogarlo, dice que es un asunto secreto. -contestó la secretaria.
-Dígale que pase, señorita-ordenó el alcalde.

Acto seguido entró Fletcher ante la oficina del alcalde. Sin decir palabra alguna lanzó los papeles que llevaba al escritorio del alcalde y le dijo:
-Quiero que me diga todo lo que sabe sobre esta persona. -señalando el cartel de recompensas de Rentarou, el cual se encontraba como uno de los papeles que había lanzado al escritorio.

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-¿Estas bien? -preguntó Eratia preocupado.
-Tengo la cabeza como unas maracas, pero si, mas o menos estoy bien. -dijo Rentarou algo confundido por los golpes.
-Pues será mejor que nos vayamos marchando.- Eratia lanzó una mirada a su acompañante.-Por cierto. Robin, este es Rentarou Satsuma. Satsuma, ella es Nico Robin.

Rentarou se quitó la gorra y la sacudió un poco. Acto seguido se sacudió el abrigo y el pantalón.
-Pensé que iba a morir enterrado. -dijo algo serio mientras se acomodaba su viejo uniforme. Estiró la mano hacia Robin y le dijo – Discúlpeme por haberles hecho preocupar.

De pronto reaccionó, había escuchado ese nombre antes. Aún seguía confundido por los golpes de los escombros.
-No es muy común conocer gente tan famosa, señorita. Los Sombrero de Paja son una banda que se ha vuelto famosa por todo el mundo. Es un honor conocer a una nakama del Rey de los Piratas.

Robin le estrechó la mano de mala gana. No era normal que un pirata saludara a un uniformado así como si nada.
-Espero que pronto encuentre a su flota y regrese a patrullar los mares. Su tripulación debe estar preocupada buscándolo.
-Este... yo... eh... -respondió Rentarou. En verdad se sentía enojado cuando escuchó eso, pero frente a Robin no dijo absolutamente nada.
-Ah, perdona, se me olvidaba decirte Robin, que debajo de ese uniforme blanco pero sucio de un capitán de marina, se encuentra un pirata más. -dijo Eratia al ver esa escena.
-Aquí tienes, es su nuevo cartel. -dijo Seastone entregando un rollo de papel a Robin. Rentarou se quedó extrañado, “¿Cartel?” pensó. Intentó ver dicho cartel y cuando lo vio, se dibujó una pequeña sonrisa en su rostro. Se vio a sí mismo con una mirada seria, aunque se molestó al ver su precio: solamente 42 millones, 7 millones más de los que tenía hasta hace poco.
-Pensé que me iban a dar más. -dijo con un gesto de reproche.
-¿Te parece poco? -le preguntó Seastone. - Mira bien de qué te acusan.

Rentarou miró detalladamente el aviso y recitó en voz baja: “Participación en una banda pirata, traición y engaño a la Marina, espionaje y corrupción. Se solicita su ejecución inmediata a su captura.”.
-¿¡E-Ejecución!? -gritó algo alterado. - ¡N-Ni siquiera Silver o Mijok tienen esas condenas!
-Así es.- Le dijo Seastone- Rentarou, estás en peligro. Te van a matar si te capturan.
-Sabía que algo pasaría si regresaba, pero no pensé que me condenaran a ejecución inmediata. Cierto, los traidores al gobierno deben ser ejecutados, y más si ocupan altos puestos.
-Bien, creo que mejor discutimos eso después. Están disparando a las casas y debemos huir de aquí antes de que algo malo pase. -dijo Robin algo preocupada por la situación en la que estaban.
-¿Y dónde están Silver y los demás? -preguntó Rentarou a no ver ni a su capitán ni al resto de sus amigos. Robin se quedó pensando al escuchar ese nombre.
-Se han ido al Caledonia. Estaban del otro lado del muro de escombros. Será mejor que vayamos hacia ellos antes de que suceda algo más. -dijo Eratia.

Corrieron por la calle intentando evitar acercarse a las construcciones que parecían estar a punto de derrumbarse. En eso salió un grupo de piratas, por un lado parecían ser un buen grupo de estos.
-¿Otra vez? -dijo Eratia algo desanimado.
-Creo que no queda de otra que enfrentarnos de nuevo a ellos. -dijo Robin con una sonrisa misteriosa.
-Déjenme esto a mí.- dijo Rentarou quien se encontraba corriendo tras sus amigos, y adelantándose golpeó su palma con uno de los puños. - Es lo menos que puedo hacer después de que me hayan salvado.
-¿Podrás con todos ellos? -preguntó Seastone.
-Sí. Creo que podré con todos ellos.

Al decir esto se quitó el abrigo para poder pelear con toda comodidad, quedándose solamente con el chaleco sin mangas de su uniforme. En su hombro izquierdo se podía ver un enorme dibujo de un rey del mar, tatuaje que se hizo marcar en honor al superior que dio su vida por salvar a la tripulación que comandaba de ser devorados por un rey del mar cuando se encontraron indefensos después de sufrir un naufragio, tripulación en la que se encontraba Rentarou antes de ser capitán, cuando olvidó por algún tiempo que él era un prófugo de la justicia y se enfocaba más en enmendar su camino; mientras que en sus brazos se veían algunas cicatrices de batallas pasadas. Se estiró un poco y se adelantó a sus amigos.

Uno de los piratas que comandaba al enemigo se adelantó al grupo y dijo.
-Así que un solo marine piensa que puede derrotarnos. Es un excelente chiste. A mi capitán le encantará.
-Así es. -dijo Rentarou.- Pero te has equivocado en una cosa.
-¿Sí? ¿En cuál?

Rentarou corrió a toda velocidad hacia el pirata, y con un puño cerca del estómago de su enemigo, le dijo: “Que soy un pirata”. Rápidamente lanzó varios puñetazos al estómago de su enemigo, haciéndolo caer al suelo. Retrocedió un poco y vio como todos los piratas se enfurecían y corrían hacia él.
-Esto se pone bueno.- dijo el ex-capitán de marina, mientras ponía sus manos listas para atacar en cualquier instante y con la mirada fija en su enemigo. Parecía ser que de pronto estuviese entusiasmado de pelear.

Vio el momento ideal. Era hora de demostrar lo que aprendió en la Marina. Se puso en posición, y corrió a través del enemigo, gritando con toda fuerza: “¡Thousand Fist!”. En un instante se vio fuera de la multitud pirata que intentaba atacarlo. Ninguno de los piratas vio lo que sucedió, solo vieron cómo el ex-capitán de marina había corrido a través de ellos. Mientras Rentarou comenzaba a agotarse y se apoyaba con las manos sobre sus rodillas, el grupo de piratas se volteó algo confundido.
-¿Qué fué lo que pasó?- preguntó uno.
-No sé, sólo corrió a través de nosotros. - dijo otro.
-Miren, ahí está. -dijo un tercer pirata.
-¡Atáquenlo! ¡Ya se cansó!- dijo otro más. Inmediatamente todos corrieron hacia Rentarou. Algunos con espadas y otros con pistolas y cuchillos.

Mientras tanto Rentarou sólo intentaba recuperarse del “ataque” realizado. Seastone, preocupada, gritó fuertemente para que Rentarou volteara. Era obvio, lo iban a atacar y parecía que el ex-capitán no se daba cuenta de eso. Pero no fue necesario que Rentarou volteara, todo el grupo cayó al suelo para sorpresa de todos. Algunos cayeron inconscientes mientras que otros se retorcían del fuerte dolor. Seastone miró algo extrañada y confundida de lo que sucedió, en tanto que Eratia y Robin miraban atentamente todos los movimientos del uniformado.
-Golpeó varias veces a cada uno de los piratas.- dijo Eratia.
-¿Qué? -preguntó Seastone sorprendida.
-Así es...-dijo Rentarou jadeando y tratando de recuperar el aliento.- Vaya... hace tiempo... que no peleaba... de esa manera... No sé... si podría hacerlo... otra vez...
-¿Se encuentra bien, señor marine? -preguntó Robin.
-Sí... no recibí ningún golpe ni nada por el estilo.- Rentarou se comenzó a levantar.- Y bien, ¿qué camino debemos tomar?
-Ese de allí.- dijo Robin señalando una dirección específica.
-Perfecto, vayamos entonces, hay que salir de aquí cuanto antes.- dijo Eratia mientras recogía el abrigo de Rentarou y se lo daba.

Salieron corriendo sin decir palabra alguna. Robin se quedó pensando por un momento: “Silver... ¿Podría ser... Long Jhon Silver?”. Habían recorrido un buen tramo, siempre tratando de esquivar los escombros y estaban a punto de llegar a la orilla de la playa cuando todo el grupo se da cuenta de algo: Eratia se detuvo con una mirada de temor, mientras observaba con atención la bandera de las embarcaciones que atacaban la ciudad.
-Mierda, son ellos.- dijo, mientras el resto del grupo lo miraba al tiempo que volteaba para ver la bandera pirata de la que se trataba.
Listo, ahora si me disculpan me voy a dormir que me he tardado bastante para escribirlo (pero aún mas en pensarlo todo). Y sí, tenía algo, pero todo se arruinó desde hace tiempo así que tenía qué arreglarlo con esto. Espero que no te haya arruinado algo (y disculpa si lo hice :lol:).

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Mié May 14, 2008 6:38 pm
por Eratia
Está genial y tranquilo, que no me has estropeado nada. De todas formas, quiero avisar de que no creo que pueda escribir mi capítulo hasta dentro de algún tiempo, así que ruego vuestra indulgencia de momento. Pero que conste que no lo he dejado ni mucho menos.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Jue Jun 12, 2008 5:46 pm
por rido
Esto... hola. Aquí novatillo presentándose. Eratia el Maestro Navegante aquí presente me ha recomendado las historias piratas. Me leí desde el comienzo de esta nueva saga y... la verdad, me he enganchado desde el primer momento. Desde siempre me han gustado las historias de aventuras y siempre me ha gustado escribir así que... si no hay mucho problema, me sumaré (también por recomendación de Eratia xD). Ahí va mi primera aportación, algo cortito porque hay que ir abriendo boca ^^
Spoiler: Mostrar
Parte de trabajo 01: La Joya de la Corona

– ¡Chaval! – gritó el viejo Bettum. – ¡Ven a reparar esto!

Levanté la mirada de los libros y miré fijamente al capataz del pequeño astillero donde trabajaba. Sabía perfectamente que no me gustaba que me molestasen mientras leía y aún así siempre buscaba la más mínima excusa para traerme de vuelta al mundo, a la cruda realidad de aquel humilde taller cuya calidad no tenía nada que envidiar a los grandes astilleros de Water 7 pero que a mí me resultaba claustrofóbica.

– ¿Qué pasa ahora? – pregunté, acercándome al pequeño grupo que se había congregado junto a Bettum.

Había dos hombres bien trajeados junto a él que alzaron sus cabezas para mirarme en cuanto me acerqué a ellos. Daban la impresión de ser aquel tipo de comerciantes poco honrados que se movían por aquellas aguas, estafando a los pobres pobladores de las islas del entorno. Les dediqué una mirada de desprecio y me giré hacia el barco para examinar qué tipo de daños debía reparar.

– Este es Rido, mi aprendiz – dijo mi maestro, henchido de orgullo. – Aunque lo de aprendiz es ya sólo un título. Creo que ya no puedo enseñarle nada más.

Mientras escuchaba sus adulaciones sin prestarle mucha atención, me puse las gafas y comencé a examinar el bote. Realmente, aunque la fama se la llevaran los piratas, había conocido algunos mucho, muchísimo más honrados que aquellos ladrones de guante blanco que se saltaban cualquier tipo de norma ética. Y aquellos tipejos no se merecían una embarcación como aquella, hecha con las mejor de todas las maderas y muy resistente. Si pudiera...

– Jefe... con esto no se puede hacer nada – mentí, con la esperanza de que me siguiera el juego y de que los comerciantes no tuvieran verdadero conocimiento.

Afortunadamente unas pequeñas grietas sin realmente importancia en la quilla del barco me ayudaron en mi treta. Eran la excusa perfecta para convencerles de que su barco, su gran barco con sólo unos cuantos arañazos para nada importantes, no estaba para volver a surcar las turbulentas del Grand Line. Si querían seguir con sus fraudulentos negocios, al menos que pagaran un pequeño impuesto.

– ¡Pero...!

– ¿Han encallado recientemente? ¿Una tormenta más allá de lo normal? ¿Un bombardeo? – les pregunté, sin dejarles protestar. – Fíjense... Estas grietas de aquí... y estas de aquí abajo… – hablaba muy rápido y sin parar para no dejarles pensar, tal y como me había enseñado mi maestro cuando se trataba de convencer a alguien. – Son signo de daños estructurales. Arreglarlo sería casi como construir un barco nuevo y si siguen con esto así… no sobrevivirían la próxima vez que les cace una tormenta en alta mar.

– ¿Estás seguro? – preguntó Bettum.

– Completamente, jefe – contesté. – Ni siquiera trabajando los dos juntos podríamos hacerlo…

Algo en los ojos del viejo me indicó que había entendido mis intenciones e inmediatamente comenzó a seguirme el juego. Con sus grandes dotes para el comercio y el engaño, nada tenía que envidiarle a aquellos hombres de negocios y enseguida vio la oportunidad para venderles una nueva embarcación, adornada con todos los lujos del mejor carpintero de barcos de aquella parte del Grand Line, que nada tenía que envidiarle al mítico Tom, el carpintero que había construido el barco del primer Rey de los Piratas. Él mismo había sido un pirata, o eso decían alguno de los habitantes más ancianos de la isla, pero hacía muchos años que había llegado a Relthar y había montado aquel astillero.

Quizás por eso, por los rumores que hablaban de su pasado como pirata y por la fama de sus habilísimas manos, no eran pocos los criminales de una u otra clase que llegaban hasta allí para hacer reparaciones, en lugar de arriesgarse en las aguas de Water 7, donde la prosperidad solía atraer a Marines y piratas por igual y lo convertía en un lugar no tan seguro como muchos de nuestros clientes habituales hubieran querido.

– ¡Pimfry! – grité, llamando al nuevo aprendiz que trabajaba en el taller. – ¡Coge a los chicos y descargad lo que lleve dentro! ¡Luego llévate a este pequeño a mi dique seco!

Regresé a la pequeña oficina en la que tenía todos mis libros y recogí mi martillo. Había sido un regalo personal de Bettum cuando consideró que estaba preparado para dejar de ser un aprendiz, aunque yo siguiera manteniendo aquel título por mero formalismo. Lo extraño era que no era uno corriente, sino que parecía más bien un martillo de batalla. Para colmo, una de las caras del martillo era realmente la hoja de un hacha. Por su construcción era un poco incómodo usarlo como herramienta de trabajo, pero solía llevarlo encima cada vez que me disponía a trabajar en un barco, aunque sólo fuera por su valor sentimental.

– Me gustaría vigilar el traslado de la carga – musitó uno de los dos hombres que habían estado con Bettum al pasar por su lado.

– Como si quiere ponerse medias rojas… Haga lo que quiera…

– ¿Piensas repararlo, chaval?

– ¿Usted cree que con esto puedo reparar algo? – respondí, mostrándole mi arma. – Más bien todo lo contrario, ¿verdad?

– ¿Entonces?

– Los barcos merecen un respeto – sentencié. – Sólo espero que lo tenga en cuenta cuando se vaya de aquí en lo que quiera que le compren a Bettum... o que no vuelvan a pisar uno en su vida.

– ¡Espera...!

Pasé de largo y me dirigí por una de las puertas laterales hacia el dique seco en el que solía trabajar sin que nadie me molestara y esperé a que Pimfry me trajera el bajel de aquellos comerciantes. Repararía los pequeños estropicios que tenía y luego ya pensaría qué haría con él. El chaval tardó varias horas en vaciar el contenido de las bodegas, pero, una vez completada esa tarea, el navío estuvo preparado para que pudiera comenzar a trabajar en él, pero antes de empezar a hacer cualquier reparación debía entender el bote. Cada embarcación es un mundo y a cada una había que tratarla como merecía, “mejor que a tu amante”, como solía decir Bettum.

Me subí a la cubierta y la recorrí. La tripulación de la flota comercial debía ser muy grande y probablemente hubieran elegido llevar un galeón imponente como aquel para recortar costes y aparentar más. Ciertamente, lo menos que podía pretender el dueño de una maravilla como la que tenía ante mis ojos era pasar desapercibido. Una belleza como aquella impresionaba a cualquiera, y yo no era menos.

Los dos mástiles con los que contaba parecían dañados, probablemente por alguna de las tormentas que se venían produciendo con mayor frecuencia en los últimos meses, pero eran daños sin importancia que no me llevaría nada de tiempo reparar, igual que los daños que habían sufrido algunas de las bodegas, seguramente por los desplazamientos de la carga en momentos de fuerte marejada.

Abandoné el barco e inspeccioné la quilla con mayor detenimiento que en la pequeña inspección que había hecho delante de los clientes. Me llevé una agradabilísima sorpresa al darme cuenta de que estaba equivocado: las grietas no eran tales, sino arañazos que apenas habían afectado a la madera, aunque parecieran más importantes de lo que en realidad eran…

De todas formas… ¿Dónde habían metido aquel barco? ¿Qué habían hecho con él para dañar de aquel modo aquella madera cuasi-incorruptible? Si se tratara de un barco de la marina, o de unos piratas lo habría entendido, las situaciones en las que se veían envueltos no eran las mejores para un navío, pero eran comerciantes, burgueses adinerados cuyos problemas solían darse en tierra, no mar adentro. Desde luego, habría fallado en identificar los daños en aquel análisis superficial, pero no había errado en mi diagnóstico: aquellos estafadores de poca monta no merecían ni por asomo navegar en un barco como aquel.

Si eran capaces de dañar de aquella manera un barco hecho con la madera del árbol Adam… ¿qué podrían hacer con uno normal? Estaba decidido, bajo ningún concepto permitiría que volviera a las manos de los nuevos clientes de Bettum. Seguro que ya les había vendido algún plano magnífico de aquellos que tenía guardados en su archivo personal. Aunque la mayor parte estaban pensados para embarcaciones piratas y eran mucho más pequeños que su barco, había alguno de aquellos planos dedicado a aquel otro tipo de clientes. Y tenía la impresión de que el precio no les importaría mucho.

Salí de la parte inferior del barco y lo rodeé lentamente fijándome en todos los detalles. El castillo de popa era impresionante. Desde fuera parecía una mansión digna de un multimillonario, con la madera labrada formando escenas con todo lujo de detalles. En el centro destacaba una, la ejecución de Gol D. Roger en Logue Town. ¿O quizás era la de Luffy Sombrero de Paja? No. Definitivamente se trataba de Roger, Monkey D. Luffy había llevado su característico sombrero hasta el mismo patíbulo.

En otros cuadros, más pequeños estos, había otras escenas de la historia de la piratería, algunas más recientes, otras más antiguas. Pero, sobre todo, llamaban la atención los rostros esculpidos con todo detalle en los “marcos” de cada una de aquellas escenas. Todo correspondían a piratas que habían dejado su huella en la historia: Barbarroja, Gol D. Roger, Rayleigh, Shanks el Pelirrojo, Barbablanca, Barbanegra, Sombrero de Paja y toda su tripulación, Kaidou, Puño de Fuego, Don Flamingo, Eustass Kidd…

¿Quién habría construido aquel barco que parecía más bien una enciclopedia? Entre aquellas caras había Emperadores, Shichibukais, sus subordinados y los tres hombres que habían sido merecedores del título de Rey de los Piratas, aunque las leyendas que giraban en torno al cruel y sanguinario Barbarroja nunca se refirieran a él como tal. Y todos tallados con una precisión asombrosa, como si el autor los hubiera conocido a todos, como si hubiera revestido de madera sus rostros…

Madera del árbol Adam, aquel perfectísimamente labrado castillo de popa… pero lo que más destacaba era el mascarón de proa. Dos preciosas sirenas plateadas sostenían en sus manos una corona dorada engarzada con joyas. Tuve que subirme a la cubierta para observarlo más de cerca. Estaba construido de verdad con plata y oro y las piedras preciosas eran reales. Era un tesoro en forma de barco. Increíble. En los años que llevaba viendo barcos ir y venir nunca había visto nada igual.

Examinando más de cerca la corona, que parecía atraerme como las moscas son atraídas por la miel, pude ver que en el interior llevaba una inscripción todo alrededor. Casi me caigo al intentar leerla, pero al fin pude ver que decía: “Esta es la verdadera corona: la del Rey de los Piratas. Sólo él podrá tomar posesión de mí. Sólo a él le serviré en cuerpo y alma”.

– Sabía que no cometerías la estupidez de dejarle este barco a esos farsantes – habló Bettum desde la puerta. – Hacía tiempo que no lo veía. Me pregunto cómo lo consiguieron…

– ¿Lo habías visto antes?

La Joya de la Corona, el último barco que construyó Iceburg personalmente – dijo mientras asentía. – Él y Pauley lo diseñaron para Sombrero de Paja cuando regresó a Water 7 después de convertirse en Rey de los Piratas. Yo les ayudé a construirlo.

– Pero el Thousand Sunny

– Sombrero de Paja nunca llegó a usar La Joya. De hecho, el barco no llegó a salir de Water 7 – se encogió de hombros. – Pauley asumió el compromiso de custodiarlo hasta que Luffy lo reclamara para sí… No sé cómo ha llegado a manos de esos… – suspiró. – ¡Pimfry! ¡Trae mis herramientas!

- ¿Qué haces?

- ¿No es obvio? - se encogió de nuevo de hombros. - Vamos a trabajar juntos en esto.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Jue Jun 12, 2008 8:15 pm
por Fauxuquito11
Sonriente como durante toda su vida, el pirata del Sombrero de Paja avanzaba hasta la plataforma de ejecución. Sus camaradas, escondidos entre la turba de multitud expectante, lloraban de orgullo por ver al nuevo Rey de los Piratas morir tras cumplir su sueño. Uno de los curiosos alzó la voz por encima de la multitud:

- ¡¡¡EH, SOMBRERO DE PAJA!!! ¿¿¿¡¡¡QUÉ HICISTE CON EL ONE PIECE!!!???

El condenado respondió sonriente:

- ¡¡¡JAAAAAJAAAAAAAAAAAJAAAAAAAAAAA!!! (risa del doblaje en español) ¡¡¡A MI NO ME PREGUNTES!!! ¡¡¡NO ERA CARNE, ASÍ QUE LO DEJE EN MANOS DE NAMI!!! - y señalo a su navegante, escondida entre la multitud.

La gente se volvió:

- ¡¡¡AHHH, ESE IDIOTA!!! ¡¡¡SABÍA QUE DEBERÍAN HABERLE AMORDAZADO!!! ¡¡¡ZORO, SANJI, CORRED!!! - dijo Nami.

- ¡¡¡Y A MÍ POR QUE ME METES EN ESTO, GILIPOLLAS!!! - dijo Zoro.

- ¡¡¡POR TÍ CORRERÍA HASTA EL FIN DEL MUNDO, PELIRROJA!!! - dijo Sanji.


Continuadla vosotros si quereis :lol: :lol: :lol:

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Jun 13, 2008 12:20 am
por Gargadon
Qué puedo decir, bienvenido Rido, muy buena historia, me gusta tu posición como simple carpintero, y me has dejado con el suspenso de saber más sobre "La Joya de la Corona". En fin, felicidades :aplausos: . Lástima que no pueda decir lo mismo del que posteó después de ti.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Jun 13, 2008 12:28 am
por Ramsus
Anda! Actualizaciones! Pues bienvenido seas Rido. Es demasiado tarde para mí hoy, pero mañana sin falta me leo tu nueva historia, que a simple vista no parece que vaya a defraudar en absoluto.
Yo por mi parte esta misma noche he avanzado un poquito más en la que tengo entre manos, pero por hoy no podré seguir mas. A ver si esta semana que entra, ya libre de los millones de compromisos que he tenido, la puedo publicar. Que me prometí a mí mismo darme un poco más de ritmo con esto y poder matar cuanto antes a Rentarou :lol: .

PD: Por cierto, me alegra que te hayas leído todas las historias de la "Nueva Saga", que ya no son pocas. A ver si nos das tu opinión sobre ellas.

Re: Historias Piratas, Volumen2

Publicado: Vie Jun 13, 2008 6:55 am
por Gargadon
Ramsus escribió:Que me prometí a mí mismo darme un poco más de ritmo con esto y poder matar cuanto antes a Rentarou :lol: .
Pues apúrate que a este paso moriré antes bajo los escombros o por cualquier otra cosa que me deje inconsciente xD. Así me gusta, no te rindas, sé que podrás (no sé cuándo pero podrás) :P.