Historias Piratas, Volumen3.

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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Yo desde un primer momento lo había pensado así y si me parecía excesiva fue porque no conocía la recompensa de Silver y tenía en mente el malentendido, después de la precisión de Ramsus, la cosa cambia, es cierto. Eso sí, no podemos dejar de tener en cuenta que "el pirata con mayor recompensa" es (era) Ramsus... ¿380 millones, leí el otro día? (di tú que en esta guerra el sistema de asignación de recompensas - por lo que sé - es distinto, pero me cago en la leche... para alcanzarlo...). En cualquier cambio, no digo que lo cambies, que la justificación tiene todo el sentido del mundo y (como dije) habrá que ver la recompensa del caballero que ahora mismo está retenido en Impel Down, sin contar con que las recompensas oficiales de la anterior Guerra de Bandas para nada son (o deberían ser) vinculantes, si las nuevas Historias se forjaron al calor de aquella, pues bien, pero nada mas, ¿no?

Ya que posteo, dos cosas:

Como algunos sabéis tengo archivadas TODAS las Historias Piratas, de principio a fin (de esta segunda saga, la primera, que abarcó el Volumen 1 y parte del Volumen 2 tengo sólo seleccionado lo que escribieron algunos de los autores). Están separadas en carpetas por autores y organizadas capítulo a capítulo. Lo actualizo cada vez que hay algo nuevo, así que si alguien lo quiere, sólo tiene que pedírmelo.

Como también sabéis, mi parte de las Historias Piratas la publico también en otro foro (en BSP). Hace unas semanas, para ubicar un poco más y resolver algunas cosas que sólo se pueden entender leyendo todo, comencé (con su beneplácito) a publicar los capis de Silver. Sé que Eratia ha conseguido el permiso de otros dos (¿Seastone y Alira puede ser?), si alguien más se presta (especialmente, por su relevancia argumental, me encantaría poder colgar con lo de Ramsus) yo estaría encantado de poder poner algo más ^^
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kurokotetsu
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por kurokotetsu »

Bueno, por fin, por fin me terminé de animar y ya estoy al día con Silver. En general me gustó mucho, la verdad es demasaido como para cometnarlo ahora capítulo a capítulo. El último algo lento pero que da información de un personaje, lo cual nunca está de más. A ver que preparas pasa después.

Y dejo un pequeño SBS, dirigido a todos, pero especialemtne a aquellos con los que pueda interaccionar mi personaje.
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¿Cómo es la vox de tu persoanje? A aquellos que han creado más de uno que digan los de todos si es posible.
Ah, Rido, lo de los Mugiwara estoy de acuerdo debe ser un problema tratarlos. Y no es que me desagraden como los has presentado, para nada, es sólo que me sonaba raro. Y lo del rumor de Luffy que se me había olvidado decir, si no me acuerdo mal en algunos capítulos viejos ya se había comentado de que era un rumor que circulaba, aunque Seiryuu no le importa en lo más mínimo y lo descarta como palabrerías. Digamos que lo usé un poco como un Elvis está vivo.
Si crees saber algo con certeza preocupate, quiere decir que no sabes nada del tema
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

kurokotetsu escribió:Y dejo un pequeño SBS, dirigido a todos, pero especialemtne a aquellos con los que pueda interaccionar mi personaje.
Spoiler: Mostrar
¿Cómo es la vox de tu persoanje? A aquellos que han creado más de uno que digan los de todos si es posible.
Una pregunta muy interesante, sobre todo viniendo del controlador del personaje del que viene... En fin... Yo voy con la voz de los tres personajes creados por mí (con una matización, Estella es un personaje original de Eratia pero como yo me encargué del diseño exterior estoy seguro de que no le importará):

La voz de Rido es un poco profunda, aunque no excesivamente grave. Tiene propensión a estar un poco rasposa en ocasiones, sobre todo por las noches. La de Estella es suave y dulce (no podría decir otra cosa), no excesivamente aguda, pero sin duda femenina. La de Hilmar es chillona, aflautada y suena con un poco de reverb, por aquello de ser fantasma.

¿Te llega o quieres más?
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Pues como dijo el ciego, vamos viendo, así que le respondo al ceguetas:

-Renta (de niño o adolescente) tenía una voz un poco aguda sin llegar a ser chillona, a la vez que débil al ser bastante tímido. Actualmente tiene una voz grave sin llegar a ser totalmente profunda ni ser un vozarrón, aunque cuando habla parece ser que está gritando.
-Seiji puede llegar a tener una voz aguda y delicada, sin ser amanerado claro. Su tonalidad de voz es totalmente diferente a la de Renta (porque no son hermanos de verdad).
-A pesar de que Ramsus haya sido el que ha creado a medias a Fletcher, al ser yo quien lo maneja podría decirse que ha pasado a ser mío. Por no decir nada, diré que su voz no es grave, ni aguda, un término medio diré. A la vez que es un poco baja y algo temblorosa ya que desde pequeño ha estado acostumbrado a obedecer órdenes.

Espero que esta respuesta satisfaga al Hombre Topo.
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Eratia
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Eratia »

Las voces de mi personajes...

-Eratia: Tiene una voz no demasiado grave, pero siempre su tono es de seguridad, aunque en muchos casos el no la sienta. Esto es debido a que en su anterior tripulación tenía que ser la voz de la razón, asi que mantiene esa costumbre de forma inconsciente.

-Mei-Liam: Su voz es de niña. Tal cual. Suele ser bastante suave, pero cuando se mosquea, (que pasa muy a menudo) su tono es tan afilado como un cuchillo.

-Iaimitsu Shiratori: Tiene bastante acento, aunque normalmente lo disimula salvo que esté cabreado o en una situación muy tensa. Su voz es bastante grave y con un tono de autoridad muy marcado.

-Luna: Una voz muy suave y muy... sexy. Sin coñas, tiene un tono muy femenino y muy sensual, ya que está acostumbrada a valerse de su belleza para obtener información. En ocasiones, le puede temblar la voz por ataques de timidez entre sus compañeros.

-Senka: Tiene una voz de mujer madura, y una voz seca. Está acostumbrada a mandar a medio mundo, lo que se nota y mucho. Pero, si quierte, puede poner una voz de niña buena que hace que dé escalofríos. Por lo general, por la voz se puede creer que un poco mayor a lo que realmente es.
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osin
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por osin »

kurokotetsu escribió:Y dejo un pequeño SBS, dirigido a todos, pero especialemtne a aquellos con los que pueda interaccionar mi personaje.
Spoiler: Mostrar
¿Cómo es la vox de tu persoanje? A aquellos que han creado más de uno que digan los de todos si es posible.
Bueno, he decidido variar un poco tu pregunta y en vez de escribir como puede llegar a ser la voz de mis personajes he decidido elegir un actor de doblaje para cada uno de ellos. Basaros en el tono de voz (grave o agudo) y no en los respectivos acentos de cada país para juzgarlas ^^:

-Hannah: pues para la pequeña creo que la voz de Graciela Molina le va al pelo. Para quien no lo sepa Graciela es la que le pone la voz en España tanto a Christina Ricci como a Natalie Portman. Por poner unos ejemplos (de nuevo basaros solo en la voz y no de lo que trata el vídeo):
http://www.youtube.com/watch?v=jJY-QEqxRsQ
http://www.youtube.com/watch?v=fcyC56N2izU

-Anton: para Anton elijo la voz de Miguel Ángel Jenner, doblador español de Samuel L. Jackson y de Jean Reno (en casi todas sus películas, por ejemplo en la de Leon, el Profesional no era su doblador):
http://www.youtube.com/watch?v=BTeQu8fb ... re=related
http://www.youtube.com/watch?v=cry5Thxb ... re=related

-Miles: a Miles siempre me lo he imaginado con la voz del gran Ivan Muelas, el encargado de poner las voces españolas a personajes como Fry de Futurama, Xander en Buffy, Sawyer en Lost y Will Smith en casi todas sus películas. Aunque tiene una gran variación de voces creo que está mas cercana a la voz de Sawyer, Mohinder y Xander que a la de Fry y Will Smith:
http://www.youtube.com/watch?v=W2ovwJtR ... re=related

-Y por último Osin: creo que le pega la voz de Alfonso Vallés, actor de doblaje adorado por los fans del Metal Gear al ser la voz española de Solid Snake en MGS1(único juego doblado al castellano aquí en España):
http://www.youtube.com/watch?v=0jrQl6bN ... re=related
http://www.youtube.com/watch?v=Q3T63amQ ... re=related

Pues nada, contestado a mi manera ese SBS XDD
Gracias Natthy ^^
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Yo mismo intenté hacer eso, pero tuve dos enormes inconvenientes:
1.- La mayor parte de los videos doblados que se encuentra uno está en "ezpañol" y no es por ofender a nadie pero uno no está acostumbrado a que le pronuncien la "Z" a cada rato.
2.- Intenté hacerlo con voces japonesas (para situarlo mejor en el ambiente anime) y sin embargo no encontré una voz que le pegara a alguno de los tres, porque las voces principales o secundarias tienen su tonalidad definida, extravagante y esas cosas, y no es lo que en realidad buscaba.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por osin »

@ Renta: te entiendo aunque no comparto tu opinión XDDD. Sabía cuando decidí contestar de esa forma que para los que no son españoles el acento español les iba a sonar muy mal. Pero es que yo no estoy intentando decir que mis personajes hablen con ese acento, sino que hablan con ese tono de voz, que es muy diferente.

De la misma forma que tú pensé en ponerle o voces japonesas o voces inglesas, pero me decidí por la española simplemente porque se lo que dicen y transmiten.
Gracias Natthy ^^
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Ahora tengo una enorme duda existencial. Espero que Ramsus me pudiera facilitar la recompensa de Silver para empezar por mi parte. Si es por privado mucho mejor :P

Y ya de paso que conteste a mis preguntas XD.
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rido
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Mensaje por rido »

Interesante... Me ha gustado tu idea, osin, y probablemente te la copie en algún otro momento. Pero por lo de pronto no vengo a eso. Vengo a dejaros (al fin, habría que decir) esa gran revelación que me había venido guardando esta última temporada, especialmente desde la gran revelación de Ramsus. Es un capítulo que está construido de una forma especial para narrar algo bastante especial.

Segundo, quiero pedir disculpas. Mi intención, como bien sabe Eratia, era tener colgado ya ayer el capítulo 19. De hecho, iba a hacerlo el domingo pero me entró el sueño y me dije "Ya lo haré mañana" con la mala suerte de que mi ordenador amaneció muerto. No me lee el disco duro y, por tanto, a la mierda todo, porque no arranca y no puedo acceder a lo que ya llevaba escrito. Ahora estoy escribiendo de prestao, de hecho... En fin, que afortunadamente, le había mandado una preview a Eratia, que, aunque sea poco menos de la mitad de lo que llevaba, ya no es empezar de 0. Espero poder tenerlo antes del domingo, pero a ver... Mientras tanto, seguiré intentando que mi ordenador espabile y si, milagro divino, arranca... Pues ya puedo avanzar más. ^^

Por lo demás... A los de mi saga (Renta included) os pediría que no avanzarais mucho esta semana para dejarme hueco para terminar eso y, si lo hacéis, Rido es intocable en lo que resta del día en el que yo dejé la acción (aunque eso ya os lo dije personalmente, insisto más que nunca en eso ^^). Este es un capi importante y... bueno, eso ^^

Por otra parte, para los que no lo sepáis, Silver está de vacances, así que estos días no lo veremos por aquí.
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Podrías probar Google Docs, es excelente para esa clase de imprevistos. De hecho escribo allí mientras se le pasa el corrector (pobre por cierto).

Y de lo otro ni te preocupes, apenas he tenido tiempo esta semana para enlazar las ideas.
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rido
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Der Schiffszimmerman

Mensaje por rido »

Y al fin he conseguido rehacerlo. Como siempre pasa con estas eventualidades, hay cosas que me convencen más ahora con respecto a cómo estaban antes y cosas que me convencen un poco menos. Pero en fin, este es el Parte de Trabajo 19. Tiene una estructura narrativa un tanto peculiar (os daréis cuenta en seguida) y desarrolla algo a lo que venía dándole vueltas desde el principio.

Antes que nada, quiero darle las gracias a Silver por toda la ayuda (directa o indirecta) que me ha ido brindando para poder perfilar este capítulo (especialmente el final), especialmente por aguantar mis preguntas y aún así no mandarme a la mierda 10.000 veces entre esto y la Silla; a Eratia por ayudarme a corregir algunas pegas y a darle un poco más de profundidad; y a mi madre que me estará viendo desde casa.

Damas y caballeros, con todos ustedes:
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Parte de trabajo 19: Der Schiffszimmermann

La noticia que acabábamos de escuchar, y que Seastone trataba de explicar lo más asépticamente posible a Estella, pesaba como una gran losa sobre nuestro ánimo, aunque casi por asociación con aquellos con los que habíamos compartido esta última etapa de nuestras vidas. Caso distinto era la “resurrección” de Sombrero de Paja. Alguien de su importancia, no sólo ya por lo que pudiera hacer, sino por el significado que el nombre Monkey D. Luffy tenía en el mundo de la piratería y en toda la historia en general. Él era el segundo Rey de los Piratas y, independientemente de su posible vuelta a los mares, la noticia de que seguía con vida supondría un vuelco monumental a una situación muy convulsa ya de por sí.

– ¿Qué vamos a hacer? – preguntó Estella.

– Estábamos hablando de eso cuando llegaste – le dije. –Nuestro plan sigue siendo el mismo: en cuanto Renta pueda navegar, salimos para Xartha.

– ¿Seguros?

– Tú sólo dinos cuando podemos salir – confirmó Eratia. – Respecto a lo otro… Esta no es nuestra guerra, no pintamos nada.

– Pues… – meditó la médico. – La doctora Kaya dice que en uno o dos días estará lo suficientemente estable como para navegar y después de eso… ya veremos –explicó. –Nos va a reglar un buen lote de medicamentos, por lo que dijo, así que supongo que no habrá problema en zarpar cuanto antes.

– Si puede ser en un día mejor que en dos –afirmó, críptico, Silver.

– ¿Por qué tanta prisa?

– ¿Podrías echarle un vistazó al Caledonia? – cambió de tema sin el menor disimulo. – Si vamos a atravesar la Reverse Mountain siempre es bueno que el barco…

– ¿La Reverse Mountain? ¿Por qué no atravesamos el Calm Belt? – propuso Estella. – Ya lo hicimos una vez…

– Íbamos huyendo, los barcos de la Marina nunca seguirían nuestros pasos a través del Calm Belt – rebatió Eratia. – Y tuvimos suerte, mucha suerte – añadió. – No podemos fiarnos de que vuelva a suceder.

– Pasaremos la Reverse Mountain – sentenció Silver, girándose hacia mí. – ¿Lo harás?

Yo seguía dándole vueltas a la idea de que el Capitán de los Outlaws sabía algo que no nos quería decir. Posiblemente considerase que aún no era el momento más oportuno o quizás simplemente no quería que nos preocupáramos por lo que fuera que él tenía en mente. En cualquier caso, no estaría de más revisar los barcos.

Conocía perfectamente el estado de la Joya y estaba seguro de que estaba en perfectas condiciones para navegar en cualquier situación por complicada que fuera… y lo que sabía de Eratia me dejaba más tranquilo a ese respecto. Bastaría con un vistazo rápido, aunque fuera sólo para cumplir el expediente.

Sin embargo, no podía saber si con el Caledonia sucedía lo mismo, así que prometí que dedicará esa misma tarde a hacer una completa revisión del navío y comenzar con aquellas reparaciones más urgentes y, sobre todo, aquellas que no se pudieran ir haciendo en alta mar. Si Silver quería apurar, tendríamos que priorizar tareas.

La reunión en el interior de la mansión del Capitán Usopp iba para largo y nosotros no teníamos nada más que comentar así que resolvimos separarnos. Silver, Mijok, As y One Piece se fueron a la mansión a visitar a Rentarou, provocando las quejas de Estella, que decía que eran demasiados. Eratia y Seastone, para no agobiar al paciente, decidieron irse juntos a pasear por los alrededores, mientras que Fletcher, que había permanecido todo el tiempo callado y un poco al margen, siguió de lejos a los Outlaws al interior de la casa. Kyo, el acompañante de Brook, desapareció sin avisar y Estella y yo nos encaminamos de vuelta a la Joya.

– Empezaré a pasar mis cosas al Caledonia – suspiró ella por el camino.

– ¿Y por qué ibas a hacer eso?

– Está claro, ¿no? – comentó. – La Joya de la Corona es el barco de los Sombrero de Paja, no el nuestro. Si ellos se van…

–No cambies nada – aseguré. –Nuestro barco seguirá siendo la Joya.

– ¿Pero no acabáis de decir que esta no es nuestra guerra y que…?

– ¿Te conté alguna vez cómo recuperamos el barco? – la interrumpí. – Le dije a unos mafiosos contrabandistas que la quilla estaba rota y que no era recuperable… Afortunadamente eran demasiado tontos y no sabían que la madera del barco era madera de Adam, así que se tragaron la bola – sonreí. – Lo llevé a mi muelle seco y lo examiné… Cuando vi la inscripción que hay debajo de la corona, – continué tras una breve pausa – Bettum me contó toda la historia del barco. Luffy nunca abandonó el Sunny – expliqué. – Así que… podría decirse que la Joya pertenece a Sombrero de Paja, pero nunca fue el barco de los Sombrero de Paja.

– Ya, pero…

– Sí, ya sé a lo que te refieres – la volví a cortar. – El Capitán Usopp lo dejó todo claro: el Thousand Sunny está preparado para zarpar en cualquier momento, así que…

– Vale, capto la idea – asintió. – Entonces… ¿damos un paseo?

– ¿Crees que Mei nos perdonará si llegamos tarde a comer? – reí.

– Cierto… ¿qué hora es? – dijo, buscando el reloj en su muñeca izquierda. – ¡Joder! ¡Qué tarde es!

El exabrupto tan poco habitual en los labios de la doctora me hizo prorrumpir en una sonora carcajada y ella no pudo evitar seguirme al darse cuenta del motivo de mi estallido. Apuramos entonces el paso para llegar cuanto antes al barco y no hacer espera mucho a nuestra irritable cocinera y, sin perder la sonrisa nos sentamos a la mesa.

– ¿Dónde están Eratia y Seastone? – preguntó.

Estella y yo nos intercambiamos una mirada cómplice imposible de no adivinar y que hizo que la más joven de los que viajábamos en la Joya estallara en un ataque de rabia contenida y comenzara a protestar por semejante forma de malgastar la comida y un montón de juramentos más que apenas lográbamos entender, pues hablaba entre dientes y de forma muy acelerada.

Fluctuando por allí, y sin nada mejor que hacer para pasar el rato, Hilmar se propuso intentar calmarla pero su insistencia no hizo más que agravar la situación, así que la única solución para evitar vernos involucrados en una batalla campal inútil fue coger nuestros platos e ir a comer a un lugar retirado del barco. Concretamente, tomamos posición en lo alto del castillo de popa, sentados en el suelo y apoyando nuestras espaldas en la barandilla que nos separaba de caer por la borda.

– Cuando se pone tonta se pone tonta – sonreí.

– Ya, bueno, también tu amigo el gnomo cuando se pone…

– Ya – reí.

Pasada la comida, bajé a la bodega y cogí mis herramientas en la cabina para lanzarme a la reparación del Caledonia. Cuando llegué a la cubierta, me paré y tomé un respiro. Si era verdad todo aquello que decían de las aventuras de Long Jhon Silver, si era verdad que él, Mijok y el Caledonia habían regresado del mundo de los muertos (y comenzaba a creer que cosas como esa podían suceder) tenía que estar muy preparado y saber bien lo que iba a hacer. Afortunadamente habían cambiado mucho las cosas.

Era una tarde lluviosa de abril. Aunque hacía más de tres meses que había acontecido lo que ya todos los periódicos llamaban “el incidente de las Cinco Muertes”, las noticias sobre aquello seguían siendo incesantes. Los diarios de todos los rincones del Grand Line se hacían eco de lo que no eran más que rumores, muchos de ellos fundados sobre bases poco sólidas, acerca de lo que había llevado finalmente a Monkey D. Luffy, el Rey de los Piratas, ante la justicia.

Las publicaciones más sensacionalistas seguían dándole vueltas a una posible teoría de la conspiración que sugería que no era realmente el risueño Sombrero de Paja el que había sido conducido al patíbulo y que todo había sido un ardid del Gobierno Mundial para acallar una campaña de críticas hacia sus recientes fracasos en la persecución de piratas tan importantes como propio Luffy o el joven Long Jhon Silver, desaparecido misteriosamente hacía pocas semanas.

De pronto, los diarios volaron de la mesa, fruto del violento empellón de un hombretón de importante estatura y aspecto realmente extraño. Con un grito de rabia acalló un sollozo que luchaba por salir de su garganta y que él se negaba a consentir. No podía permitirse más sufrimiento aún.

– ¡Hermano! ¿Qué te pasa?

– No me pasa nada – mintió descaradamente. – Simplemente… me…

Desde el otro lado de la sala, el hombre que había hablado le miró con pena. Pero poco podía hacer por él ahora, tenía que ir a trabajar. Había llegado a ser uno de los miembros más importantes en el escalafón de la que quizás era la compañía más importante de todo el Grand Line. Todo había sido gracias a aquel hombre al que llamaba “hermano” y al pequeño Sombrero de Paja. No podía echar a perder sus esfuerzos.

– Tengo que irme – le avisó. – Prométeme que no vas a hacer tonterías, hermano.

Franky el Cyborg sólo asintió sin demasiada energía mientras veía a su fiel Zanbai desaparecer por la puerta de lo que años atrás había sido un sucio almacén abandonado. Luego volvió a derrumbarse sobre la mesa y lloró maldiciendo su suerte. Realmente no había entendido los motivos que habían llevado a Luffy a dejarse atrapar por el Almirante Koby y nunca los comprendería, pero ahora ya no había vuelta atrás.

Levantó la mirada y miró al frente. Sobre los papeles se encontraba aún aquel pequeño objeto que Usopp le había entregado como señal. La consigna era clara: si alguna vez aquello brillaba, deberían procurar llegar lo antes posible a Syrup… o ponerse en contacto con él lo antes posible si algo impidiera su travesía.

Entre lágrimas, se dio cuenta de que no podría estar toda la vida esperando a que aquella pequeña piedra con forma de caracola, como los Dial de Skypiea, comenzara a iluminarse y de que tenía que empezar a mirar hacia delante. Quizás, hoy era mejor que mañana para empezar la nueva vida a la que estaba condenado.

Pero él era Franky el Cyborg, pirata famoso en el mundo entero, miembro de la “corte real”, la tripulación del Rey y custodio de una de sus “reliquias”, la
Joya de la Corona, el navío que simbolizaba toda una historia de aventureros que habían pretendido alejar el nombre de la piratería de la sanguinaria huella que muchos asesinos habían dejado sobre él, una historia que tenía su máximo exponente en aquel joven que un día había salido de Fuschia con un sueño, un sueño que había conseguido llevar a cabo a pesar de todos los tropiezos que había encontrado en su camino. Aquel hombre de goma era todo un símbolo para todo el mundo, para todos los hombres, y por eso su cara y la de todos los que iban con él nunca llegaría a pasar desapercibida del todo, por mucho que se hubiera dejado aquella barba.

Y si aquello sería la tónica general en todo el mundo, mucho menos podría pasar el carpintero desapercibido en Water 7, por mucho que el poder de Iceberg le mantuviera al margen de la Marina. Tenía que cambiar de vida, salir de allí… y empezaba a tener una idea. ¿Quién sabe? Había conocido en sus viajes una isla pequeña, perdida y casi desértica, a no ser por una inmensa cabaña que les había servido de cobijo durante un férreo temporal, lejos de la gran Capital del Agua en la que poder empezar un pequeño astillero. Iría poco a poco…

Salió a la calle. Seguía lloviendo, así que regresó al interior y se puso unos pantalones por encima del bañador y una gabardina marrón en lugar de su habitual camisa de flores. Chimney decía que no había llovido así desde el Aqua Laguna en el que los Sombrero de Paja habían declarado directamente la guerra al Gobierno Mundial en Enies Lobby. No podía asegurarlo, había estado lejos de la isla durante años. Debía hacer una última gestión antes de partir y, cómo no, despedirse de toda la Family. Entonces lo vio. Estaba en una esquina, resguardándose de la lluvia debajo del alféizar de una ventana.

Nunca sabría por qué, pero aquel niño, bastante grande para la edad que aparentaba, con el pelo castaño largo cogido en una coleta mal hecha que se le pegaba al cuerpo por la lluvia y unos ojos verdes que semejaban estar en búsqueda de algo, o de alguien, le llamó poderosamente la atención y despertó en él una serie de sentimientos que no estaba seguro de haber experimentado alguna vez. Espoleado por aquella extraña reacción interior, se acercó a él y se plantó delante, tapándolo de la lluvia.

– Chaval, te vas a mojar – sonrió.

El pequeño le miró y, sin saber el tampoco por qué, le devolvió el gesto.

– ¿Estás sólo? – preguntó, aunque por su tono aquello sonaba más a una constatación. – Ven conmigo.

Todavía en silencio, el pequeño le siguió como un hijo sigue a su padre. Juntos fueron a las oficinas de la Galley-La. Allí, mientras el niño esperaba en la recepción del gran edificio administrativo que también hacía las veces de alcaldía, él encomendó el cuidado de la Joya a Iceberg y sus hombres. Al fin y al cabo, no había nadie mejor para custodiar un barco que aquel que lo había construido.


Había pasado mucho tiempo desde que se produjera aquel encuentro. Así, de una manera tan fortuita, había comenzado mi vida como carpintero de barcos y así había descubierto mi vocación. Luego la vida había dado muchas vueltas y por mis manos habían pasado navíos de la categoría de la Joya de la Corona y el Belladonna de Bianca, el primer trabajo de construcción en el que Bettum me había dado tareas de responsabilidad. Y ahora me encontraba allí, en la misma isla de donde había partido otro bajel legendario, el Going Merry, y a punto de posar mis manos sobre otro de aquellas embarcaciones míticas que surcarían eternamente los mares de las leyendas, los cuentos y la historia, el Caledonia de Long Jhon Silver y sus Outlaws.

Como un padre que enseña a su hijo a andar en bicicleta, desde las pocas semanas de llegar a Relthar, Franky había comenzado a enseñar a Rido, así se llamaba el chico, los entresijos de los barcos. Proyectaba en él las mismas ilusiones que aquel joven rebelde llamado Cutty Flam que había quedado sepultado años atrás detrás de aquella figura imponente. Además, el chaval le respondía con energía y eso no hacía más que aumentar sus sueños.

Un año después de la fundación del astillero, aún no tenían mucho trabajo, era una lástima. Apenas los pescadores de las islas del entorno acudían allí a reparar sus barcazas después de alguna tormenta. Los más potentados incluso acudían con regularidad. Aquello les proporcionaba el sustento necesario para ir manteniéndose, sobre todo porque muchas de las transacciones se hacían al modo del trueque, pero tampoco podían hacer grandes excesos.


Respiré hondo una vez más y solté los músculos. Moví mi cabeza de un lado a otro, como queriendo recolocar las vértebras y dejé mi mente en blanco. Era el mismo ritual de siempre, pero esta vez tenía un mayor significado. Si no tomaba las debidas precauciones aquello podría jodidamente difícil. Hacía mucho tiempo que no me enfrentaba a un reto como aquel y, si todo lo que contaban era cierto, ni el Zafiro sería comparable. Eso de por sí me hacía estar un poco nervioso y no contar con la siempre atenta presencia de Bettum a mi lado… más.

– ¡Argh! – gritó de dolor el joven aprendiz.

– ¡¿Qué?! ¿Qué ha pasado?

– Me dado con… – dijo él, llevándose el dedo gordo de su mano izquierda a la boca y levantando el martillo con la derecha.

– ¿Qué haces ahí abajo?

– ¿No me dijiste que el problema estaba en la quilla?

– No te dije nada – contestó Franky, extrañado.

– ¿Cómo que no me dijiste nada? – replicó Rido. – Pero si…

El veterano pirata miró con preocupación al niño que tenía a su cargo. Él no le había dicho nada, estaba claro. Es más, ni siquiera estaban en la misma habitación. Pero en los ojos del joven había algo que le indicaba que tampoco se lo había inventado, que realmente le había escuchado decirle algo. ¿Tenía alucinaciones? No, tampoco parecía eso.

Entonces, si él no había sido y tampoco se trataba de una alucinación, ¿qué era? Era imposible que fuera otra persona. No había nadie allí, ¿verdad? El dueño del astillero dio, por si acaso, una vuelta para comprobar que, efectivamente, estaban solos con aquel buque mercante que había llegado hace dos días y que no había nadie más allí. El chaval debía estar inventándoselo o…

Sin saber por qué, en aquel momento volvió a su cabeza un vago recuerdo de años pasados, cuando acababa de conocer a Usopp y al resto de los Sombrero de Paja, aún en Water 7. Pero era imposible que fuera eso lo que había sucedido. El niño era demasiado joven, demasiado inexperto, el barco no era suyo y, además, no parecía lo suficientemente “importante” o lo suficientemente querido como para haber despertado un espíritu, un
Klabautermann.

Quizá fuera lo mejor dejarlo pasar. Y eso mismo pensó esa y las tres veces más que ocurrió en aquel mismo mes. Fue entonces cuando comenzó a observar aquel extraño fenómeno más de cerca, incluso cuando él no se enteraba. Algo extraordinario ocurría con aquel niño, como si hubiese nacido para hacer aquello, como si los dioses, quienes quiera que fueran, hubieran decidido que aquel pequeño vagabundo que un día había encontrado en Water 7 empapado bajo una lluvia torrencial fuera carpintero de barcos.

Y es que aquella extraña habilidad parecía haberlo destinado para ello. Sin embargo, también tenía sus factores negativos, y muy negativos en ocasiones, sobre todo cuando Rido se enfrentaba a tareas demasiado difíciles, demasiado arriesgadas o, simplemente, para las que aún no estaba preparado pero su ímpetu y su ilusión infantil le animaban a llevar a cabo.


– Rido, ¿estás bien? – preguntó a mi espalda la voz de Mei-Lian.

– Sí… – contesté, volviendo a la realidad. – Sólo estaba descansando un rato y… recordando viejos tiempos.

– Descansando…. ya – respondió incrédula. – En fin… ¿Seguro que estás bien?

– Seguro, mujer – sonreí. – ¿Por qué no iba a estarlo?

– ¡Bettum! ¡Bettum!

La joven corría como una loca mientras llamaba a voz en grito al que desde hacía escasamente dos días se había convertido en su jefe y protector en aquel astillero perdido en el medio del Grand Line. Él, asustado por la urgencia con la que le llamaban y, en cierto modo, molesto por la interrupción cuando estaba enfrascado en el diseño de su nuevo proyecto, salió a toda prisa de su taller de diseño al encuentro de la chica.

– ¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?!

– ¡Es Rido! – gimió ella. – ¡Está inconsciente!

– ¡¿Cómo?! ¡¿Dónde?!

– En… en… en el Muelle 2 – dijo ella, mientras recuperaba el aliento.

– ¡¿En el 2?! – exclamó Franky. – ¡Pero si le…!

Con un gruñido se lanzó a la carrera en dirección a donde le había dicho Nora. Mira que le había advertido que no se acercara allí. El muelle albergaba en aquellos momentos al
Sueño, el barco de Noemí la Diablesa, una de las piratas más sanguinarias que surcaban en aquella época el Grand Line. A su alrededor giraba toda una leyenda de violencia y lujuria que, si tuviera que compararla con alguna de aquellas supernovas que habían coincidido con Luffy y los Sombrero de Paja en su primer viaje a través del cementerio de los piratas, hacía inevitable su asimilación al cruel y despiadado Eustass Kid.

De todas formas, no eran ellos los que le preocuparan, ni lo que le pudieran hacer a Rido o a su astillero. Al fin y al cabo, aunque hubieran pasado ya cuatro años desde su retirada, aunque se hubiera cambiado de nombre y de aspecto físico, él era el mismo Franky el Cyborg que había asaltado Enies Lobby, que había declarado la guerra al Gobierno Mundial y que había formado parte de una de las tripulaciones más legendarias de toda la historia de la piratería. No era eso, a fin de cuentas, el diablo sabe más por viejo que por diablo.

Lo que realmente le preocupaba eran las sospechas que ahora venían a confirmar las palabras de Nora. Durante aquellos tres últimos años había visto con terror y preocupación la posibilidad de que algún día sucediera algo como eso. Por eso precisamente le había pedido a su joven aprendiz, a quien quería y trataba como si fuera el hijo que nunca tuvo, que se mantuviera al margen del Muelle 2 en aquella ocasión. Sin embargo, lamentaba no haber puesto más cuidado en que realmente le hiciera caso.

A toda prisa, entró en la gran sala que albergaba el imponente galeón pirata y descubrió allí cómo un grupo de fornidos piratas se carcajeaban de aquel adolescente que yacía inconsciente frente a ellos. Junto al cuerpo inerte de Rido, estaba, cual espantapájaros incapaz de reaccionar ante lo que sucedía a su alrededor, Pimfry, el hermano de Nora, que, de rodillas, lloraba amargamente sobre su compañero a causa del miedo que le producía la situación.

– ¡Fuera de aquí! – les gritó Franky, blandiendo un martillo.

– ¿Qué nos vas a hacer, viejo?

– ¡Fuera de aquí he dicho! – insistió, más enérgicamente aún, mientras se acercaba a ellos corriendo.

Al final, consiguió que los piratas le dejaran tranquilo y el se montó a horcajadas sobre su pupilo después de decirle al mocoso aquel que les acompañaba que fuera a junto de su hermana. Rido estaba inconsciente, efectivamente, pero, por fortuna, parecía en perfectas condiciones de no ser por el gesto de profundo terror que reflejaba su cara. Tanto su pulso como su respiración, aunque acelerados, entraban dentro de lo normal, así que no había que temer por su vida.

Pensando en ello, se dio cuenta de que la urgencia de la situación y la falta de práctica habían borrado de su mente las indicaciones que le había dado Chopper alguna vez acerca de cómo actuar en una situación del estilo. Por eso decidió optar por la vía más tradicional y comenzó a darle pequeñas palmaditas en las mejillas mientras repetía incesantemente el nombre del chaval. Sin embargo, aquél método no funcionaba, así que comenzó a zarandearlo, suavemente primero y con cierta fuerza y nerviosismo después, hasta que poco a poco Rido comenzó a recuperar la conciencia.

– ¿Estás bien?

Él tosió levemente y trató de incorporarse, pero no podía. Con la mirada perdida, recorría la habitación como si buscara algo más que estaba muy lejos de allí, o como si quisiera comprobar que realmente estaba en Relthar, en el astillero, donde debía estar. Luego, fijó sus ojos en los de Franky y unas pocas lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas, mojando una incipiente barba.

– Muerte… – consiguió mascullar con cierto esfuerzo.

Por fortuna habían pasado muchos años ya desde aquello y las cosas ya no eran como antes, aunque la experiencia con el Sueño me había enseñado dónde estaban mis límites. Gracias a ella, había comenzado a conocer mejor aquella habilidad, única según decía Franky, y a controlarla, aunque era un largo camino en el que seguro que me quedaba mucho que recorrer.

Pero tenía el control de la situación. Ahora era yo el que tenía el control, el que decidía cuándo, cómo y de qué hablar, el que decidía cuándo parar, el que mandaba, en definitiva. Por eso podía emprender nuevas pruebas, nuevos retos, y quizás enfrentarme al Caledonia, a Silver y a sus misterios, era el paso necesario para alcanzar aquellas nuevas metas que me debía plantear y, en cierto modo, era un camino que estaba ansioso por emprender.

– ¡Hey! ¡Roca! – llamé.

El grandullón salió del interior del castillo de popa con una botella de ron en la mano y signos visibles de haber estado bebiendo. Tardó un poco en ubicar la procedencia de mi voz, pero al final se acercó hasta la borda de su barco para hablar conmigo. A pesar de lo que pudiera parecer, realmente era capaz de actuar y razonar con sobriedad, al menos con la suficiente sobriedad como para cumplir con lo que iba a pedirle.

– Silver me ha pedido que le eche un vistazo al barco – le expliqué. – ¿Podrías poner la pasarela?

Mientras él buscaba el gran tablón que hacía las veces de pasillo entre los dos navíos, me apoyé en la barandilla y comencé a examinar, desde aquella distancia, al Caledonia. Se trataba de una carabela construida casi con toda seguridad en madera de roble, aunque lo podría constatar mejor cuando estuviera a bordo.

Era bastante austera en su decoración, aunque quizás eso se debiera más a la erosión por el paso del tiempo que a la intención original del carpintero. Su figura sobria estaba dominada por los tres altos palos que se alzaban sobre la cubierta. En lo alto del palo mayor, el central, ondeaba orgullosa la característica calavera azul de la Jolly Roger de los Outlaws, todo un emblema de una época que parecía no querer pasar del todo.

De todos modos, más allá del significado que tenía aquella bandera, lo más característico del barco era, sin ninguna duda, su mascarón de proa: un portentoso guerrero que, melena al viento, sujetaba un espadón que no tenía nada que envidiar al de Mijok. Con su expresión aguerrida, desafiaba al mar, al futuro, a todas las amenazas que se habían cernido y se cernirían sobre Long Jhon Silver y sus compañeros de aventuras.

– ¡Listo! – anunció Roca

– Entonces, vamos allá – sonreí.

– Voy a hacerlo, lo quieras o no – le dijo Rido, desafiante.

– Rido… – se interpuso Franky.

Pero por mucho que quisiera detenerlo, el hasta hace poco aprendiz parecía determinado a adentrarse en el Muelle 2. Al final, resignado a que era algo que tenía que ocurrir sí o sí, decidió seguirlo con cierta desgana hasta allí, mientras seguía insistiendo una y otra y otra vez en los motivos que deberían alejar a su “hijo” de allí.

El más joven de los dos era ya todo un hombre con una estatura que alcanzaba casi los dos metros y unos brazos poderosos. Llevaba el pelo largo y, sobre él, un pañuelo negro que le cubría toda la parte superior de su cabeza. Lucía una espesa barba y en su mano derecha tenía bien aferrada una herramienta mitad hacha mitad martillo que su mentor le había regalado cuando había terminado su espada de aprendizaje.

Con aire decidido trepó a la escalerilla hasta la cubierta del
Stringwinger, un velero estilo Cipang que albergaba a los Piratas de Lung-Tsu, una tripulación procedente del East Blue de la que se rumoreaba que usaban la magia negra para cometer escabrosas y macabras atrocidades y cuya leyenda acabaría violentamente meses después de abandonar Relthar tras ser aniquilados por los barcos de los Almirantes Bassabel y Arkathkyo en las proximidades del Florian Triangle.

– ¡Rido! – volvió a intentarlo Franky.

– ¡¿Qué?! – respondió él. – Estate tranquilo, hombre.

Lo iba a hacer. Iba a demostrárselo. Después de dos años estaba seguro de que podía con aquello y con mucho más. Se sentía totalmente convencido de ello y Bettum iba a estar igual de convencido muy pronto. Él se encargaría de ello. Al fin había llegado el gran día, el momento en el que podría enseñarle qué era capaz de hacer y que era capaz de hacerlo sin ninguna clase de problema.

– ¿Ves? – le echó en cara a su maestro con una gran sonrisa en el rostro. – No pasa absolutamente nada.

Había en el tono de Rido un marcado color de autosatisfacción. Durante los últimos dos años se había sentido constreñido, casi como enjaulado. Su maestro lo había relegado a simplemente construir barcos y encargarse de las reparaciones de los barcos menos importantes y aquello lo frustraba en gran medida. No es que no le gustara su trabajo, todo lo contrario, pero siempre había entendido su don como algo que debía poner al servicio de los demás y no poder hacerlo en plenitud de condiciones lo mosqueaba.

Por eso, durante aquellos dos años había aprovechado cada hueco, cada momento libre, cada ocasión en la que Bettum no estaba vigilando, para indagar sobre aquello que le pasaba. Cada libro que caía en sus manos, cada barco que llegaba al astillero… todo era una oportunidad. Por desgracia, no todo siempre iba bien, pero podía contar con el silencio cómplice de Nora y Pimfry para que encubrieran todas aquellas veces en las que algo fallaba.

Sin embargo, todo aquel ocultamiento, toda aquella frustración estaba cerca de pasar de una vez por todas a la historia. Rido no cabía en sí de gozo mientras se acercaba hacia la horrenda bestia alada que gobernaba la proa del barco con toda la seguridad del mundo y sin vacilar un solo instante. Se veía que estaba disfrutando del momento.

– Ven, te llevaré a la bodega – me dijo Roca.

– No, tranquilo – contesté, con calma.

– ¿No tienes que ir a…?

– Ya me arreglo yo – aseguré. – Gracias.

Volví a coger aire mientras Roca se alejaba. Había hecho aquello miles de veces y, no sé por qué, esta vez parecía completamente diferente. Con cierto temor, o recelo, miré de reojo al guerrero del mascarón de proa y me acerqué lentamente a él mientras dejaba la mente en blanco para poder entender lo que fuera que el Caledonia tenía que decirme. Me paré justo delante, extendí la mano y la posé sobre él.

– ¿Qué tienes que decirme? – murmuré. – Dime dónde te duele.

En seguida, toda una serie de imágenes bombardearon fugazmente mi mente. Era como una gran tormenta en la que los rayos tenían forma de piratas, marines, monstruos legendarios, islas, libros, dibujos… En un principio todo parecía confuso y poco nítido pero poco a poco todo se fue aclarando y conseguía distinguir rostros, muchos de ellos desconocidos, otros pertenecientes a la historia y otros, los menos, conocidos.

Entonces, todo el ir y venir de imágenes se fundió en una sola escena, tan vívida y real que me parecía estar yo mismo allí, sobre el Caledonia, acompañando a Silver y a Mijok que se dirigían directamente hacia la peor tempestad que un hombre pudiera imaginar. No había nadie más sobre el barco, como si todos los otros Outlaws hubieran desaparecido de la faz de la tierra. Sentía miedo, angustia. Quería gritar y escapar, pero no era capaz. Tenía que seguir hasta el final y, de pronto…

El vacío.

– Mierda – reaccioné, concentrándome más aún. – No es esto lo que quiero que me cuentes. Vamos…

Lentamente conseguí imponer mi voluntad sobre la del barco y, como si se dejara examinar a regañadientes, logré entender dónde estaban las cicatrices que amenazaban la integridad del barco. Ninguna de ellas era especialmente importante, descontando algunos parches que sería mejor revisar a fondo para evitar cualquier peligro estructural.

Nuevamente, el Caledonia pudo someter mi concentración y entonces me invadió un profundo sentimiento de soledad, de abandono… de renuncia a todo. Era una profundísima y negrísima tristeza y comprendí que el verdadero mal que acosaba a la carabela no era el que se encontraba en su casco. Ese era un mal menor. La verdadera herida que podía amenazar de verdad al navío se encontraba en su alma.

¿Debía indagar más o debería dejar tranquilo a aquel espíritu atormentado? Yo era un carpintero de barcos, podía curar los desperfectos producidos por mil y una batallas contra viento y marea y por el paso del tiempo pero no estaba seguro de poder enfrentarme a aquel otro mal que sobrevolaba aquella embarcación. Realmente era la primera vez que lo sentía.

– Yo… – murmuré mientras trataba de separarme de aquel mundo de angustia y soledad. – Yo lo sien…

– Por favor, ayuda a Silver – escuché claramente.

Era una voz clara y profunda que se me quedó grabada intensamente en la memoria. Era totalmente nueva para mí y, a la vez, parecía como si la conociera de toda la vida.

– ¿Que lo…? ¿Cómo?

– Ayúdale – pidió de nuevo.

– Pero yo…

La voz no volvió a decir nada, como si se hubiera esfumado para siempre. Intenté volver a contactar con ella, pero fue inútil. Quería saber más. No podía hacer lo que me pedía si no sabía bien qué pasaba… y estaba seguro de que el Capitán de los Outlaws no me lo iba a decir. No por ahora. Estaba claro que tendría que descubrirlo por mí mismo pero no sabía bien cómo debía hacer aquello.

Separé mi mano del mascarón de proa del Caledonia, cargué mi hacha-martillo al hombro y me dirigí hacia la parte principal de la cubierta. Sentado en las escaleras que conducían al puente, estaba Silver mirando al infinito. ¿Cómo debía de actuar ahora? ¿Debía decírselo? No, mejor no. Mejor evitar el tema todo lo que pudiera y no forzar las cosas. Cuando él quisiera contarme algo ya lo haría y, mientras, tendría que conformarme con ir atando yo solo todos los cabos que pudiera.

– ¿Y bien? – preguntó, frustrando mis planes de evitar cualquier conversación que pudiera poner en peligro mi tapadera. – ¿Qué te ha dicho?

– ¿Cómo lo has…?

– No estás loco, ¿verdad? – sonrió. – No creo que hablaras solo.

– Ya… Bueno – carraspeé. – Voy a revisar los parches que le pusisteis en las últimas batallas y…

– Ah, bien – asintió. – ¿Nada más?

– Nada más – aseguré.


PD:
Spoiler: Mostrar
Sólo una advertencia más: hasta que Silver no diga lo contrario, la descripción del Caledonia es provisional. Como él está fuera estos días no he podido contrastar con él lo que he ido poniendo y, aunque me he basado en las indicaciones que él me dio, hay cosas que son de cosecha propia y no sé si le gustarán. Eso es editable en futuras ocasiones por tanto ^^
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por kurokotetsu »

OK, antes de comentar lo de Rido (lo hago en la tarde lo prometo) tengo una duda carcomiendome desde hace tiempo.Si alguien la puede contestar estaría muy agaradecido. Así qeu un SBS a quien se digne a contestar.
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¿Cuantos años después del inicio del viaje de Luffy suceden los eventos que realtamos? Es decir como que edad tendrían algunos de los Mugiwara.
Es par ambientarme mejor en como ver a los Mugiwara que han aparecido.
Si crees saber algo con certeza preocupate, quiere decir que no sabes nada del tema
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

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Yo me imaginaba que era unos años (digamos unos 3 o 4) después de que Luffy fuese encerrado, y que de ese instante hasta "el día de hoy" serían alrededor de diez años o algo así (tomé diez años por decir algo para explicar el cómo un ex-pirata de pronto llega a ser capitán de una base de la marina y eso, claro que podían ser más pero igualmente no quedaría tan bien), pero más tarde hasta yo mismo me he confundido ya que por ejemplo cuando Terreis introduce la parte de su sobrino Overon, pues como que ya no quedaba claro si el tiempo concordaba con lo que tenía pensado, y luego con lo último que ha pasado, que el viaje de Luffy fue totalmente paralelo al de Silver and friends, pero ahora que han pintado a Usopp con canas y calvo... ya haste me he perdido XD

Aunque eso sí, me gustaría que respondieran los que han introducido a estos personajes al juego (que estoy seguro que esta vez yo no hice nada).
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Ghorrhyon »

¿Cómo que no has tenido nada que ver, Renta?

¡Tú mataste a Chopper! :cry:
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No sabemos mucho del amor. Con el amor es como con la pera. La pera es dulce y tiene forma. Tratad de definir la forma de la pera.
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