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Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Dom Dic 28, 2008 4:03 pm
por lalilulelo
Ya estamos aquí otra vez. Bueno, como la última vez escribí algún cachillo en el relato de Eratia, esta vez ha sido él el que ha contribuido en éste. Se siente la tardanza... pero no doy para más -.- (linchamientos no, por favor jajja).
Y felices fiestas a todos! o.o
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- Llegaron los esperados reencuentros en Red Village. Al fin pudo Seastone encontrarse con el capitán del Caledonia. Le pareció que había transcurrido una eternidad desde la última vez que viviese aventuras bajo su mando, y le alegraba realmente volver a disfrutar de su presencia. A pesar de ello, el saludo fue muy formal, ya que sintió que no debería acaparar su atención: casi todos los presentes tenían asuntos de gran relevancia que tratar. Así pues, se quedó al margen y ocupó su lugar en la mesa. La joven contestaba educadamente a los comentarios que le hiciesen, pero se encontraba bastante abstraída. Se preguntaba si le urgía o no relatar a su capitán el altercado ocurrido por su descontrol con las esferas. Se encontraban todos tan entretenidos con temas tan importantes como el de Barbarossa o el de la confusión del pasado de Rentarou, que quizá no mereciese la pena hablarle ahora sobre Chaotic Seastone.
La velada transcurrió con calma, y después de degustar sabrosos manjares y reponer fuerzas, los allí presentes fueron abandonando sus sitios progresivamente. Poco después de que el hermano de Satsuma se retirase, Seastone se despidió con intención de ir a dormir, y así lo hicieron también otros presentes. Ya acostada, no podía evitar reflexionar sobre todo lo acaecido hasta ahora, y lo que ocurriría a continuación. Estaba tan ansiosa que ni si quiera los párpados le permitían cerrar sus oscuros y profundos ojos. Un rato después, se recostó con decisión y rapidez. Tanta que sufrió un leve mareo, pero que para nada la detuvo.
La oscuridad que reinaba por los pasillos hizo que la muchacha tuviese que caminar con cautela, palpando con su mano la pared para poder guiarse mientras avanzaba. De pronto, y al doblar la esquina, chocó sin querer con otra persona, igual de sigilosa que ella. Se sobresaltó, pero pronto recuperó la compostura. Cruzó su mirada con la de él. Era la persona que estaba buscando:
-¿Qué haces deambulando por aquí a estás horas? -preguntó Eratia.
Seastone titubeó sin saber muy bien qué decir, hasta que al fin aclaró:
-Necesito tu ayuda. Ahora.
El navegante quedó realmente sorprendido por esa respuesta que no esperaba recibir. Aunque quizá en el fondo la estuviese aguardando con paciencia.
-Necesito que me devuelvas mis esferas... y que me controles mientras asimile su poder.
-Sabes que te ayudaré, sin ninguna duda.
La muchacha le deleito con una dulce sonrisa para intentar decirle "gracias" sin mediar palabra. Terminó por añadir una súplica con semblante serio antes de ponerse en marcha:
-Si ves algo raro, que pierdo el control o algo parecido, no dudes en robarme mi energía. Te lo pido como favor.
-Descuida -contestó con firmeza-. ¿Sabes? Me extraña que quieras intentarlo ahora, de manera tan repentina.
-Puede que sea la noche, que me inspira confianza, tranquilidad. No lo sé. Mejor si nos alejamos de aquí.
-Sí, vayamos a algún lugar en el que no molestemos a nadie. Primero debo ir al barco a por las bolas.
-Bien, te esperaré en aquella pequeña cala de allí -comentó mientras señalaba con el dedo índice el lugar al que se refería.
-Puedes acompañarme al barco si quieres.
-No, tranquilo. Prefiero pasear y despejar un poco la cabeza. Te veré allí.
Al fin llegó al lugar deseado, y se acomodó sobre una roca. La fría brisa marina le acariciaba la cara. Respiró profundamente para intentar relajarse, aunque no pasó mucho tiempo hasta que percibió como el pulso se le aceleraba. Ya empezaba a notar la energía de las bolas aproximándose a ella. Miró por última vez al cielo despejado como suplicando que las relucientes estrellas le otorgaran suerte. La iba a necesitar. Tras un último vistazo al firmamento, fijó su mirada en el recién llegado navegante, y sobre todo el en paquete que portaba, asiéndolo con su mano.
-No pasa nada si no consigues asimilarlas todas ahora. Si no lo haces, podrás intentarlo en otro momento.
-Tenemos toda la noche por delante -contestó Seastone con decisión-. Lánzame directamente la mitad de bolas que haya en la bolsa, esa cantidad ya la tenía más que controlada.
Así lo hizo, y al momento, las esferas comenzaron a orbitar alrededor de la joven, cada una en una dirección diferente.
-Es fácil hacer que todas las bolas se muevan en la misma dirección -explicó-, así que voy a hacer que vayan a gran velocidad en diferentes direcciones, a mi alrededor. Por lo menos, lograré manejarlas con extrema precisión, para que no se descontrolen tanto cada vez que me pases nuevas esferas.
-Entendido. Tú dirás cuando quieres que te vaya pasando más bolas, de una en una.
Ella asintió, y sin más dilación, inició el proceso. Las esferas comenzaron a girar a una velocidad abismal cerca de ella, y pronto pidió añadir otra más al grupo. Siguió sin problema alguno, y pidió otra bola de kairouseki más, aunque esta vez pretendía retarse a sí misma, explotar su capacidad:
-Lánzame otra, pero esta vez tírame junto a ella piedras que encuentres por aquí. Y después vete tirándome más de forma regular.
Eratia no tardó en cumplir lo que ella le pedía. Atacó insistentemente con las piedras mientras que Seastone las repelía de manera precisa con las bolas que flotaban a su alrededor. Entre tanto, el navegante lanzó una de kairouseki que la muchacha incorporó a la órbita. A continuación pidió otras tres más.
-¿Seguro? -interrogó el joven, que enseguida vio la cara de confianza de Seastone. Acto seguido le mandó esas tres bolas que ella le pedía.
-Probemos a forzar algo más.
La muchacha se deshizo de su largo y oscuro abrigo, dejando ver unas ropas negras y ceñidas. Juntó una de las tres bolas con el resto de las que giraban, cumpliendo la misma función que las demás. Las otras dos, en cambio, las destinó a cubrir su cuerpo con una finísima pero resistente capa de kairouseki que hacía función de armadura. Cubrió todo menos su rostro y miró fijamente a su acompañante:
-Allá voy.
De pronto las esferas empezaron a girar de forma súbita, a una velocidad endemoniada. Después de aguantar ese ritmo durante un rato, otra esfera fue añadida a aquel caos controlado. Y duró otro tanto más, pero al de poco tiempo una de las bolas salió disparada hacia Seastone propinándole un fiero golpe y lanzándola varios metros de forma violenta. Eratia se alarmó y se dirigió a socorrerla, pero ella enseguida se incorporó y le indicó que no se acercase. Se puso en marcha una vez más para superar ese objetivo. Otra de las esferas chocó estrepitosamente, pero esta vez contra el suelo, haciendo que una roca se partiese.
Parecía que había sido buena la decisión de Seastone de usar su armadura particular. Un cuarto de hora después, ya había conseguido controlar de manera totalmente eficiente la cantidad que estaba manejando. Iba a buen ritmo, aunque fuera agotador. Fue repitiendo procesos parecidos con las siguientes esferas y las siguió asimilando en plazos no muy extensos, y con algún que otro percance leve. El mar se embravecía cada vez más, como alterado por la prueba que se estaba realizando. La joven, algo abstraída, indicó a Eratia que se acercase a ella. El navegante fue aproximándose pausadamente, temeroso por el peligro que representaban esas piedras de kairouseki circulando a gran velocidad.
-Ponte delante de mí, no permitiré que te pase nada -aseguró la muchacha.
Confiando en lo que la extraña chica le acababa de decir, se fue acercando con más seguridad. Sus pasos eran firmes y no se detuvo hasta llegar al límite donde orbitaban las bolas. Enseguida distinguió como las esferas se apartaban despejando un estrecho pasillo entre él y Seastone, y reanudó el paso introduciéndose en terreno peligroso. Se paró frente a ella, a un metro escaso.
-Ahora, lanza las bolas restantes junto a las demás -explicó, algo inquieta-. Y después, cuando te lo indique, ve absorbiendo lentamente mi energía.
Ambos parecían inseguros sobre lo que iba a ocurrir a continuación. Ella cerró los ojos para concentrarse mejor. Cuanto más escabrosa fuese la situación que tuviese que afrontar, más confianza tendría después en ella misma: debía conocer sus límites. Eratia, por su parte, no tardó en liberar las últimas bolas.
La peculiar mujer abrió sus ojos de manera repentina. Y esta vez no fue oscuridad lo que el navegante vio en ellos: un inquietante destello celeste emanaba de sus pupilas. El joven creyó observar como Seastone hacía un gesto de abalanzarse sobre él. En cambio, la muchacha había alargado su brazo derecho para que una de las esferas no chocase de forma mortal contra Eratia. Tuvo suerte, ya que tranquilamente se pudo haber dislocado el hombro intentando frenar esa piedra circular de kairouseki.
-¡Todavía no! -gritó desesperada.
La velocidad a la que circulaban las esferas volvió a aumentar. Tanto, que por fuera se produjo un campo de energía del que nacían descargas de color cobalto, pequeños rayos de un azulado intenso. Seastone notaba como el corazón le latía de manera frenética, el increíble poder fluía una vez más por sus entrañas.
-¡Todavía no! -volvió a gritar con ímpetu.
Más de una esfera se dirigió hacia el navegante, y la joven recibió golpes en los brazos para evitar mayores desgracias. Consiguió detener los choques dirigidos hacia Eratia hasta que varias esferas a la vez se fueron desviando hacia el núcleo, cerrando el cerco, donde ellos se encontraban. Mientras tanto, el torbellino de esferas seguía aumentando su potencia. Las esferas que se dirigían amenazantes hacia ellos estaban a punto de colisionar cuando Seastone pronunció un último grito:
-¡Ahora!
Un estruendo se dejó oír, levantando gran polvareda y arena. El mar se encabritó, como si la ansiedad le embargara. La recién creada neblina se fue disipando hasta dejar visibles a las dos figuras. La pirata mantenía los brazos alzados de manera perpendicular, en forma de cruz. Había conseguido frenar las esferas que se dirigían hacia los dos, que aún flotaban muy cerca de ellos, a apenas un palmo de distancia. Por la expresión de su cara parecía encontrarse en shock, y sus ojos se mantenían totalmente azules. Había conseguido recibir la energía total de las bolas que poseía hasta el momento, y había usado ese poder para que las piedras de kairouseki no chocasen contra ellos. Aún así, a penas saboreó ese poder, ya que cuando justo había llegado al límite, Eratia ya había comenzado a sustraer la energía.
El navegante, había rodeado con sus brazos a la muchacha y se agarró a ella con fuerza: nada le iba a impedir hacer su labor. Sintió, otra vez, esa agradable y cálida sensación al recibir la energía, y se sorprendió del enorme poder del que se estaba nutriendo. Seastone, por su parte, casi sentía alivio por deshacerse de esa carga, que la hacía estar en tensión.
-Estás temblando –le oyó decir a Eratia.
Éste último, notó como si la joven se desvaneciese. Dirigió su mirada a los ojos de ella, percatándose con alivio de que la oscuridad había regresado a ellos. Pero pronto se cerraron con molestia, anunciando el mareo que se apoderaba de la muchacha. Hubiese caído al suelo si no fuese por que el navegante sujetaba su frágil cuerpo. Las esferas comenzaron a moverse lentamente hacia su dueña, pretendiendo esconderse entre sus ropas. Hasta las que cubrían su cuerpo haciendo función de armadura se habían disuelto y habían retornado a su forma original. Se vieron así los moratones y magulladuras que Seastone tenía por los choques sufridos con las esferas descontroladas, siendo sus brazos los más dañados.
Los párpados de la chica se abrieron una vez más, y lo primero que vio fue el cielo estrellado. Sonrió después de darse cuenta de que recordaba todo lo sucedido. No importaba el peligro que había corrido, no importaba que le doliese todo el cuerpo. Era suficiente el haber afrontado su mayor miedo.
Dejó a un lado sus pensamientos para darse cuenta de que estaba tendida en la fría arena. Su abrigo la cubría hasta el cuello en forma de manta, y se percató del frío que hacía por la carne de gallina que notó en sus brazos. Miró a su izquierda y se tranquilizó al ver a Eratia sentado a un metro de ella. Estaba pensativo, divisando cómo rompían las olas del mar en la costa. La pirata permaneció un rato en silencio, disfrutando de la tranquilidad, del sonido del mar y de su momentánea felicidad. Un rato después dio a entender al navegante que ya estaba despierta rompiendo el silencio:
-¿Vamos yendo?
-Cuando quieras –respondió sorprendido.
La ayudó a incorporarse y empezaron a caminar pausadamente. Seastone se sirvió de Eratia para apoyarse, ya que su débil estado no le permitía prescindir de él.
-Eratia... gracias -susurró la muchacha.
-No tienes por qué dármelas. Yo te dije que te ayudaría y cumplo con mi palabra.
-Lo sé. Pero, aún así no sé por qué me da la sensación de que te comes todos los marrones -añadió burlándose.
-Humm... estás demasiado dicharachera últimamente - siguió el juego el navegante en tono de broma.
Ella no pudo reprimir una risa discreta, pero de pronto tropezó torpemente y Eratia la agarró para evitar que se cayese.
-¿Quién se ríe ahora? -soltó él, con tono orgulloso. La sujetó por la cintura, puesto que se percató de que la pirata aún seguía jadeando del cansancio y le costaba caminar- Vamos, vayamos más despacio.
-¿Ves cómo eres tú el que se lleva el marrón? Mírate ahora, transportando a un despojo humano que apenas se puede mover.
-Pues es un honor transportar a un despojo tan valiente.
-Creo que es lo más bonito que me han dicho nunca -volvió a reír la joven. Y en cierta manera así lo creía. Nunca solían reconocer sus esfuerzos, ya que siempre pasaba desapercibida. Pero esa era una elección personal.
Llegaron ya a su destino, y Eratia acompañó a Seastone hasta su puerta.
-Haz el favor de descansar bien -recomendó el navegante.
-No me quedará más remedio. Seguro que caigo rendida en cuanto me meta a la cama. Ten -dijo mientras extendía la mano con un saquito-. Aquí te dejo dos de las esferas de Kairouseki, aún no me siento muy segura con todas.
-Yo, en cambio, creo que eres más que capaz de estar con ellas. Pero si lo prefieres así, las guardaré hasta que me las pidas.
-Puede que ese momento llegué muy pronto -aseguró ella, realmente contenta por los logros realizados-. Bueno... pues, hasta mañana.
-Hasta mañana, Seastone.
La muchacha cerró lentamente la puerta de su habitación y quedó por unos instantes apoyada en ella. Suspiró pensativa y, seguidamente, se acostó envolviéndose con las sábanas. Pensó en la vuelta de su capitán, en los nuevos peligros que seguramente acarrearía, y sobre todo, esperaba que su regreso no le imposibilitase estar de manera frecuente con sus nuevos amigos. También se preguntó si a Eratia realmente no le importaría ayudarla, o estaría harto de hacerse cargo de ella. A decir verdad, no era poca la responsabilidad que estaba cargando sobre sus hombros. Esos pensamientos no le duraron demasiado tiempo, puesto que enseguida se dejó atrapar por los sueños, y una plácida sonrisa se dibujó en su rostro.
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Un día soleado con un cielo azul infinito. La belleza del cielo con algunas gaviotas bastaba y sobraba para hacer olvidar lo movida que había sido la noche anterior. Eratia estaba bastante cansado, pero daba por bien gastada la noche. Un suspiro salió de los labios del navegante. Si bien la mañana había sido también bastante movida. Renta había organizado por la mañana un buen espectáculo. Parecía que el marine no medía y quería meterse en la aventura que se iba a organizar ese día. Y era obvio para todos, menos para él, que era un acto suicida. Su cuerpo, tras el abuso de los días anteriores, no estaba casi para levantar una pieza de ajedrez, mucho menos para meterse en una cueva diabólica a cazar pulpos gigantes para el puchero.
Tras eso él se había venido al barco. El Caledonia estaba ocupado por un par de tipos que llevaban mucho alcohol en vena para la hora que era. Por otro lado, la Joya de la Corona, que estaba bajo su responsabilidad, así que allí estaba. Un rato después apareció Seastone, bostezando y con una manta sobre los hombros.
-Bu …*bostezo* buenos días.
-Buenos días.- Eratia sonrió ante la estampa de la mujer.- ¿Te has recuperado ya de lo de ayer?
-Más o menos.- Otro enorme bostezo coronó la frase como un punto y final.
-¿Has desayunado?
-Todavía no.- La chica se restregó los ojos, intentando despertarse.
-Ju. Pues venga, yo tampoco he tomado nada. A pesar de que todo lo que hizo Mei ayer, aún hay comida para prepararnos algo.
Entraron al interior del barco, y se dirigieron a la cocina. Como Mei estaba durmiendo, no había ningún problema. Una vez allí, Eratia empezó a trastear con los cacharros que había disponibles. Al poco regresó con un vaso lleno de leche y una enorme taza también bien llena de leche. Una de las cosas que más llamaban la atención, era el saque que Eratia tenía con la comida. Comía mucho, y muy deprisa. En la mesa se comportaba, pero aún así comía mucho más que los demás, Rido incluido. Aún así, siempre se sorprendían cuando le veían con una taza tamaño extragrande por las mañanas.
Seastone no era demasiado quisquillosa, así que cogió los cereales y empezó a comer. En un momento dado, la mirada se le desvió a un periódico que había enrollado encima de la mesa. Parecía que Eratia lo había estado mirando antes. Curiosa, lo cogió y lo desplegó.
La noticia que había en primera página le quitó todo el sueño de golpe. Se quedó con la boca abierta y no soltó una exclamación de milagro. Pasó la página a toda prisa para leer la noticia en sí. Parecía que en la isla más cercana a Mariejoia se habían organizado unos terribles disturbios. Y que, como noticia exclusiva de ese periódico, porque había un periodista allí cuando todo eso sucedió, que uno de los Almirantes de la Marina había sido asesinado.
Eratia había seguido todos los movimientos de la chica, pero había preferido no hacer comentarios. Había cogido el periódico esa mañana cuando había salido del cuartel para ir a la Joya, y sabía de sobra lo que era la noticia de la plana. Dudaba que ninguno de los demás supiera nada, pero la noticia… era peliaguda.
-Un Almirante… ¿ha muerto un Almirante de la marina?- Al final Seastone consiguió expresar en palabras el torbellino que recorría su mente.
-Eso parece. Dudo que se atrevieran a publicar esto si el que dicen que está allí no le hubiera dado alguna prueba.
-Pero… ¿Cómo se puede matar a uno de esos hombres?
-Si te soy sincero, Seastone, no se si quiero saberlo.- Eratia había oído más de una vez los increíbles logros de los Almirantes cuando estuvo entre los marines, pero, para ser sincero, en esos momentos no se creyó nada. Pero… había visto demasiado para no darle una duda razonable a esas habladurías.- Un tipo que pueda acabar con uno de esos hombres no es conveniente para la salud de nadie, creo yo.
Seastone no pudo decir nada. Sencillamente la noticia la había pillado totalmente fuera de onda. Mientras tanto, Eratia simplemente cogió el periódico y señaló a la foto de la primera plana.
-Pero esto no es lo que más me preocupa de este asunto. Vale, que en sí es importante, pero… Generalmente tendría poca importancia, pero no es el caso.
-Perdona, pero ahora sí que no te sigo.
-Bueno… Es algo a lo que le llevo dando vueltas algún tiempo. Últimamente, en este mundo han estado pasando muchas cosas. Lo primero de todo, y es algo que tú misma has experimentado. Silver. Un hombre que es conocido por todo el mundo y al que se consideraba muerto regresa. Eso, perdona que te lo diga, parece más sacado de la imaginación de alguien como el escritor Ussop que algo real.
-Ahí te tengo que dar la razón.
-Eso solo, como decía, no tiene relativamente mucha importancia. Por lo menos a nivel global. Pero no fue eso solo. Tres de las cuatro Yonkou caen en manos de los marines. Es decir, que uno de los 3 poderes se ha ido prácticamente al garete. Con esto, la balanza de poder se ha desequilibrado totalmente, no se si me sigues. Pero, ahora, el único de los 3 poderes que ha mantenido el equilibrio durante este tiempo, los Marines, ha sufrido un duro golpe. Uno de sus líderes ha caído.
-Y esto equilibra la balanza. ¿Correcto?
-Diría que no. Porque si se rompe el equilibrio hacia uno de los bandos, muy bien el otro puede atacar. Es decir, es como si se hubiese golpeado un avispero, creo yo. Esta muerte puede tanto reequilibrar la balanza de poder, como tu misma has dicho… o cargársela. Porque ten en cuenta que los Shichibukai, el último de los tres poderes, son piratas que se unen al Gobierno Mundial por el poder de este.
-Te sigo, si. Si el poder de los marines se hunde, El Ouka Shichibukai bien puede traicionarles. Y la situación mundial acabaría convirtiéndose en un caos total y completo.
-Exacto. Casi parece como si alguien lo estuviera haciendo todo con ese fin. Es decir, son demasiadas cosas para creer que es casualidad. ¿O no estás de acuerdo conmigo?
Seastone asintió, pensando en el tema.
-Aunque claro, tampoco es que tenga ninguna prueba de lo que digo, perfectamente podría ser una gigantesca casualidad.
-Ya. Pero piensa una cosa, Eratia. Las personas tan poderosas suelen ser totalmente impredecibles. Alguien intentando dirigirles… tendría que ser inteligentísimo y poco saludable cruzarse con él.
-Eso es verdad.
Seastone volvió a coger el periódico, y siguió echando vistazos a las noticias, mientras Eratia seguía comiendo.
Otra noticia que le llamó la atención a la chica fue lo de Bianka. Estaba ya en East Blue. Una flota de marines había sido enviada a detenerla, pero los habían literalmente masacrado. Solo ver una foto que le habían hecho a uno de los barcos afectados le daba escalofríos. Un mástil había sido cortado y el castillo de popa había sido hecho astillas. Eso sin contar con que la popa había reventado en pedazos, como si le hubieran disparado con un cañón o metido explosivos. Y por lo que decían, el resto de los barcos habían quedado iguales.
-Tus antiguos nakamas son un poco bestias ¿no?
-¿Euh?- Seastone le alargó el periódico abierto por la foto al deducir que Eratia no había leído esa noticia. Pero tampoco le hizo falta. Le bastó ver la foto para adivinar de que iba el asunto.
-Taanis y Hakurón. Han sido ellos sin ninguna duda. Igual de burros que siempre.
-¿Tan seguro estás?
-Esto- señaló al mástil cortado y a los daños de popa.- es sin duda el trabajo de un espadachín y esto diría que es el efecto del Hiraijin y lo de la proa es cosa de Taanis sin duda alguna. No muchos usan dinamita para luchar, después de todo.
Seastone puso cara de dolor en cuanto se imaginó los efectos.
-Auh.
-Si. No se cortan un pelo. Y creo que tuvieron suerte y todo. Parece que Senka se cortó.
-¿Tan bestia es?
-No lo sabes tú bien.
Seastone rememoró el momento en que Eratia había afirmado de Bianca era en realidad Senka, su antigua capitana.
-¿Puedo preguntarte una cosa?
-¿El qué?
-¿Porqué estás tan seguro de que Bianca es Senka?
Eratia soltó unas risas.
-Son muchos años. La conozco desde que éramos críos. Y se como es y como lucha. Imagino que te pasaría a ti lo mismo con Silver ¿no?
-Supongo que sí.
-Aunque si te soy sincero, no me esperaba, ni en mis más alocadas fantasías, que esos tres impresentables hubieran acabado en esa posición.
-¿Impresentables?
-Si, impresentables. Pero que no lo escuche Mei. Es capaz de pelarme en seco.
Una carcajada recorrió la cocina mientras los dos jóvenes liberaban de esa forma las tensiones de esas semanas.
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-Vaya par de marmotas.
La queja de Eratia estaba plenamente justificada. ¿Por qué? Porque tanto Mei como los dos Muguiwara estaban totalmente dormidos y no hubo forma de despertarlos. En resumen, ¿a quien le tocaba limpiar el barco? Exacto. Al menda Eratia. Porque encima no iba a hacer que Seastone, magullada y cansada como estaba con del día anterior, se pusiera a hacer todo ese trabajo.
Tardó un rato en limpiar toda la cubierta. Todas las tallas estaban cubiertas por una especie de barniz que evitaba que se mancharan. Pero la cubierta era otro cantar. Daba igual el barniz. Aunque las pisadas y demás suciedad no se quedaba agarrada, aún había que barrer y fregar. Eratia llevaba un rato fregando la cubierta, rememorando los tiempos en que la cubierta que limpiaba era la de su antiguo compañero de grescas, el Zafiro. Normalmente era él quien limpiaba, mientras que Taanis estaba haciendo pruebas pirotécnicas en el agua. Por otro lado, Linkain, estaba a un lado, según él entrenando su ki, pero según todos los demás, echándose la siesta. Y por último estaba Senka, tumbada en una hamaca tomando el sol (colocada delante un biombo para evitar que Linkain espiase).
Que recuerdos. Y como siempre, él era el que pringaba. Suspiró. Pero de pronto, apareció Seastone en la cubierta. Llevaba su traje habitual, pero se había puesto unos largos guantes sin dedos que le cubrían todo el brazo.
-Hola.
-Hola de nuevo, princesa. ¿Por qué los guantes? No sueles usarlos.
-Ya, pero…
-No quieres que los demás vean los moratones que te hiciste, ¿me equivoco?
-Pues sí, es cierto.
Eratia suspiró mientras le daba un último aclarado al trozo de cubierta con el que estaba.
-No me parece mal que no quieras preocupar a la gente, pero tampoco hace falta que ocultes tu dolor a todos los que te rodean. No creas que te abandonarán por eso ni nada por el estilo.
Se echó la mopa al hombro y cogió el cubo en que había dejado un trapo. Y empezó a marcharse a limpiar los cristales manchados por las salpicaduras del mar, tarareando una alegre cancioncilla. Empezó a trabajar, asumiendo que Seastone no iba a querer hablar con él en un rato, cuando de pronto apareció la chica, con cara pensativa.
-¿Te importa que te eche una mano con eso?
-Por favor. Una mano nunca está de más.
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mar Dic 30, 2008 6:38 am
por Long_Jhon_Silver
Bueno, luego de un gran retraso por culpa de mis estudios y como un regalo de navidad humilde para ustedes, por fin traigo un nuevo capitulo...es que este vario mucho con respecto al que ya tenia listo, así que lo he cambiado entero y he aquí lo que resulto; espero que les guste tanto como me ha guastado a mí, y una cosa, le dedico este capitulo a uno de los mejores autores que he tenido el placer de leer, los que lo hayan leido sabran porque, Eso...a ver si después comento lo del resto, Bon apetit:
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- Cap. 40: “ Por Arriba Hacia la Puerta”
" A H. P. Lovecraft, quien me enseño el potencial de las cavernas y lo desconocido"
--Yo iré por aquí—Dijo Rido, señalando el camino de la derecha.
--Así sea entonces—Respondió Silver, mientras le entregaba un ko den den mushi en caso de emergencia.
Se separaron entonces, en dos grupos bastante disparejos. As seguía mirando con algo de recelo aquellos pasadizos y se preguntaba aún a que se refería su capitán con aquella frase. Caminaban por un callejón horadado en la piedra, el que sin embargo presentaba las superficies más lisas que jamás hubiesen visto, esa no era una cueva normal, ya que la pulcritud en las terminaciones demostraba perfectamente la intervención de una mano distinta a la de la naturaleza. Silver avanzaba con paso firme, sin embargo el dolor que se hiciera patente antes de partir, ahora era mucho más fuerte, parecía como si se quemase por dentro, como si alguna bestia extraña y desconocida le desgarrase interiormente. Por eso había dejado que el profesor y Miguel se fuesen con Rido, y por eso había decidido marchar junto a As, ya que así sería más difícil que se dieran cuenta de que algo no iba bien. El pasadizo aquel que en un principio ascendía, ahora se mantenía horizontal y plano, al frente sólo oscuridad y tras ellos, luego de que se alejase la luz entregada por la llama que llevaban, las sombras volvían a cerrarse.
--Capitán—Dijo al fin As — ¿Qué es lo que estamos buscando ahora?--
Sin voltearse siquiera y continuando la marcha, Silver respondió:
--EL siguiente paso tras Barbarossa—
La voz de Silver atravesó la oscuridad y como si de un conjuro se tratase, miles de chillidos le respondieron desde las sombras; al tiempo que un montón de puntitos brillantes aparecían ante ellos. Sorprendido As se detuvo, que era aquella extraña visión.
--Al suelo As—Grito Silver, sacándolo de su ensimismamiento, al tiempo que lo jalaba de una de las mangas.
De golpe reacciono el joven pirata lanzándose al suelo de fría piedra, al tiempo que infinidad de murciélagos pasaban chillando sobre ellos. Al cabo de unos minutos que parecieron horas volvieron a ponerse de pie, y cogiendo con premura la tea que casi se apagaba continuaron su marcha en silencio. El pasadizo se mantenía igual que antes, recto, de paredes lisas y oscuras como una noche, pero por suerte para ellos el piso era igualmente liso, así que no encontraban demasiadas dificultades para avanzar a un ritmo decente.
--Que no está muerto lo que yace eternamente…--Empezó a murmurar Silver
--¿Qué dices capitán?—Pregunto inquieto As
--Nada, no es nada mi querido amigo—Le contesto el capitán sin voltearse—Es una antigua frase que leí en alguna parte, y que extrañamente acabo de recordar—
--¿Y qué significa?—
Iba a contestarle cuando una fuerte brisa corrió a través del pasadizo apagándoles la antorcha y dejándolos abandonados en la más profunda negrura, Silver se detuvo y guardo silencio, mientras que As, percibiendo que algo no iba bien se quedo tan quieto como le era posible. En el aire, hasta hace un momento fácilmente respirable, estaba ahora inundado de un fuerte olor a azufre.
--¡Mierda!—Exclamo Silver
--¿Qué sucede capitán?—Pregunto As
--No me esperaba esto, al parecer hay un guardián—
--Un guardián— Repitió algo confundido As— ¿A qué te refieres? Yo no he visto a nadie—
--Eso es porque no se ven, sólo se sienten—Le respondió
Una suave corriente de aire empezó a sentirse nuevamente, pero esta vez venia desde el lado contrario, crecía lenta y pausadamente, hasta que en un momento era una fuerte ventolera.
--¡Rápido As!—Grito Silver— ¡Por aquí!—
El pirata corrió tras su capitán, quien casi volaba sobre las piedras, alejándose del lugar desde donde venía aquella extraña ráfaga, definitivamente esto tenía que suceder; pensó As; puesto que junto a Silver siempre sucedían cosas extrañas. Mientras corrían, se percato de que su capitán recitaba algo en un lenguaje extraño, algo que él no alcanzaba a entender, al tiempo que disminuía la velocidad de sus pasos; cuando de pronto deteniéndose por completo, se volteo y grito:
--¡Al suelo muchacho!—
Casi por instinto obedeció y como si estuviese sobre el agua se zambullo sobre la piedra, amortiguando el golpe con ambas manos. Al hacerlo, sintió pasar sobre el al viento, el cual ahora parecía una tromba, capaz de desintegrar todo aquello que tocase. Intento mirar a su capitán, mas la oscuridad del lugar se lo impedía. Intuyendo la posición que debería tener este, se arrastro hacia donde estaba, y al acercarse pudo oír otra vez las extrañas palabras que este profería:
--¡Volktam traspion dorguntam nagta!—
La fuerza del viento aumentaba, sin embargo Silver parecía no sentirla
--¡Volktam mongorath nommo josto!—
As sentía como sobre él algo estaba sucediendo, no podía decir con seguridad que era, sin embargo sabia que algo estaba allí, suspendido en el aire y detenido ante la presencia de Silver, quien profería aquellas palabras en una lengua que jamás había escuchado y que no sabía; sino hasta ahora; que su capitán conociese.
--¡Dormu volktam…mongorath finnite!—
La fuerza del viento pareció crecer y al mismo tiempo empequeñecerse, como si se estuviese retorciendo, As pudo sentir el batir de unas alas, o al menos eso era lo que a él le parecía, y de pronto una especie de chillido y el termino abrupto del viento. Un silencio opresor lo envolvió todo, interrumpido este sólo por la respiración entrecortada de Silver, quien permanecía en el mismo lugar que antes.
--¿Capitán?—Dijo As--¿Te encuentras bien?—
Este no contesto, por respuesta As sólo obtuvo la cadencia de la respiración de Silver. Incorporándose, y a tientas, busco entre sus bolsillos los elementos para encender de nuevo la antorcha, una vez que los encontró, busco por el suelo la tea y la encendió con premura. Con la luz recuperada se acerco de nuevo a su capitán quien le daba la espalda.
--No me esperaba ese recibimiento—Dijo Silver
--¿Qué demonios fue eso?—
--Ya te lo dije hace un momento, un guardián—
--Pero yo no he visto nada—Tercio As
--Y también te lo dije; no se pueden ver fácilmente, pero si sentirles—
--¿Pero qué ha sucedido con él? ¿Y qué era lo que estabas diciendo hace un momento?—
--Ahhh, eso…Pues estaba despachándole—Contesto sin inmutarse Silver
--¿Despachándole?—Dijo incrédulo As— ¿Dime Silver, como es que sabes todas estas cosas?—
--Eso mi querido As, es un secreto—
Y sin decirle más, Silver volvió a caminar. As lo siguió, pero mientras caminaba tras él, se preguntaba quién o qué era Long Jhon Silver, que era lo que sabia y qué demonios era lo que estaba buscando.
--Tranquilízate muchacho—Le dijo sin voltearse el capitán—No hay nada que temer—
Otra vez, igual como ocurriese en Atonar, Silver parecía estar leyéndole la mente. Quiso decir algo, para demostrarle que no le temía, sin embargo lo interrumpió:
--Hay cosas que es mejor que sigan siendo desconocidas para todos. Eso por lo menos hasta que sea el momento adecuado de revelarlas—
No podía creerlo, otra vez se estaba adelantando a las palabras, era como si supiera lo que él pensaba decir.
--Sólo debes confiar en mí, y estar seguro de que mientras creas en tu viejo capitán, nada saldrá mal; porque pase lo que pase, yo no permitiré que nada le suceda a mi tripulación—
Dicho esto se detuvo; As pudo ver que su capitán agachaba un poco la cabeza y se llevaba la mano hasta la frente, como enjugándose el sudor. Lentamente se volteo y dejo ver su rostro, el cual tenía aquella amable mirada de siempre, aquel semblante seguro, aquella aura confiable.
--Así que espero que me perdones, si ahora no puedo contarte todo lo que sé—Guardo silencio y continuo-- Esto es semejante a los sueños. Sabes que existen, pero sólo poco a poco vas logrando hacerlos reales, o entenderlos del todo—
--Capitán—Respondió As—No es necesario que me cuentes nada, yo tampoco voy a forzarte a que lo hagas. Desde el primer día que decidí unirme a tu banda y hasta el último que tenga que vivir en ella y con ustedes, confiare ciegamente en ti y en los demás. No es mi función hacer preguntas, mi función es servir, servirte a ti Silver y a los demás, porque eso es lo que yo elegí. Así que no se hable más, y sigamos—
Con una sonrisa Silver lo vio pasar junto a él, llevando en alto la antorcha, e iluminando el camino, un brillo distinto había ahora en los ojos de su amigo, un brillo de confianza y seguridad. Continuaron pues a través de aquel pasadizo, sin encontrar nada anormal o que cambiase la forma o estructura de aquella extraña construcción.
--Si no me equivoco—dijo en voz alta Silver—Somos los primeros en usar este camino—
--¿A qué te refieres?—
--¿No te fijaste cuando estuviste sobre el suelo, en la gruesa capa de polvo que lo cubría?—
--La verdad es que no me percate de eso, pero…--
--Además está el hecho de que aquella cosa apareciese para saludarnos—Agrego Silver
--Eso es cierto—Le respondió As— ¡Ahh! Y los murciélagos, también están los murciélagos—
Silver lo miro algo sorprendido, y luego le dijo:
--Bueno, puede ser, aunque el que ellos estuviesen no es nada anormal, y tampoco nos demostraría el poco uso de este camino; pues ellos van y vienen, ¿no?—
--Ohh, es cierto…Perdona Silver, me he dejado llevar y termine diciendo una tontería—
--No te preocupes, todos cometemos esos errores. El mismo Mijok es un maestro para referirse a lo evidente—Dijo Silver y se largo a reír
--¿No puedo creerlo, Mijok?—Pregunto incrédulo As
--Sí, Mijok—
--Pero yo jamás lo he oído decir algo por el estilo—
--Ahh, es que tú no lo conoces de tanto tiempo como yo. Además, porque crees que ahora es tan pesado con todos, y sus comentarios son tan mordaces—
--¿Cómo?—
--Lo hace para no meter la pata. Y en definitiva, su actitud es solo una pose. En el fondo Mijok es un tipo muy amable—
As y Silver se reían, cuando un escándalo de gritos les indico que se acercaban al final de su tortuoso camino. Sin darse cuenta habían descendido y adelante, voces y luz les indicaban la presencia de alguien más. Desde su posición, pudieron ver a Rido, con cara de hastiado, seguido de un silencioso profesor y un temeroso Miguel; a todos ellos los rodeaba una extraña presencia flotante.
--Que es todo este escándalo—Dijo Silver conteniendo la risa
--¡Silver!—exclamaron los tres a la vez
La cosa flotante se detuvo, y mirando a los recién llegados, voló raudo hasta ellos.
--¡Más intrusos!—Chillo
--Mis respetos señor—Le dijo Silver, haciendo una reverencia y quitándose el sombrero
Sorprendido el ser aquel se detuvo y cambiando el tono chillón de su voz, por uno más melodioso dijo:
--Por fin alguien que sabe de modales—Miró a Rido y luego agrego-- ¿Señor, puede decirme su nombre?—
--Encantado buen señor—Le respondió Silver—Me llaman Long Jhon Silver y en las costas que bañan los mares y sobre la inmensidad del océano dicen, que soy capitán de orgullosa banda—
Agradado por la parsimonia y el hablar del recién llegado, el espectro respondió:
--Un honor capitán Long Jhon Silver, el gallardo y afamado. Vuestra gloria trasciende los límites del mar y la superficie, pues en estas profundidades, sabe su servidor de tales—
Continuando con el rito pregunto Silver entonces:
--¿Podría entonces usted, mencionar su nombre, distinguido señor?—
--Hilmar Salpicabirras me llaman, y bardo en las tierras de Gorlam fuese. Más heme aquí vigilando estos lugares hoy usted puede verme—
--Importante misión, no cabe duda—Agrego Silver—Pero permítame una pregunta—
--Las que quiera buen hombre, proceda—Dijo Hilmar, evidentemente agradado
--¿Por qué hace un momento volaba alrededor de mis amigos chillando?—
Abriendo los ojos como platos, invadido por tamaña sorpresa, un temblor cruzo el rostro del pequeño espectro, y sin esconder su creciente molestia dijo:
--Estos son sus amigos. Quien lo creería—Y acercándose a Silver, como para decirle algo confidencialmente agregó—Perdone que se lo diga, pero de verdad no elige usted muy bien a quienes están en su comparsa—
Dijo esto a viva voz, por lo que todos allí le escucharon perfectamente. Molesto por el comentario Rido dijo:
--Como si nos importara la opinión de un fantasma—
--¡Calla bellaco! Ya te he dicho mil veces que soy un ghost. Pero veo que no entiendes, definitivamente señor Silver, ha elegido usted muy mal su compañía—
--Fantasma del demonio. Ya te enseñare yo que es no entender—Exclamo molesto Rido, y tomando la tea que llevaba se acerco hasta Hilmar.
--¡Júa júa!—Río burlón Hilmar—Como si el fuego pudiese hacerme algo—
--No es eso lo que pretendo—Dijo Rido, al tiempo que pasaba junto a Hilmar y se dirigía a Silver
Intuyendo que pretendía, este dijo:
--El camino que tomamos era sólo un pasadizo interminable, recto, de paredes y piso muy liso, lleno de polvo y murciélagos—Al decir esto miraba a As—Pero además de eso, nada—
--Pues el de nosotros era algo similar, nada de escrituras, ninguna seña, nada de nada, excepto por un gran salón que pasamos hace un rato y donde nos encontramos a este particular amigo—
--Yo no soy tú amigo—Trato de interrumpirle Hilmar
Pero Rido lo ignoraba, sabía muy bien, que esta era la mejor técnica para callar a un cabezotas, no por nada había trabajado tanto tiempo junto a Franky, el rey de los testarudos.
--Hasta ahora, en que hemos dado con esta puerta y con el pasillo que los traía a ustedes—
--Bastante extraño es este lugar—Agrego Silver, divertido por la reacción de Hilmar, quien en ese momento volaba por todo el lugar, hacia muecas, se lanzaba contra Rido, le lanzaba piedrecillas, y chillaba, todo para intentar atraer la atención. De pronto, como si recordase algo se acerco a Silver y dijo:
--¿No ha dicho que ha venido por el camino de arriba?—
--Así es—
--Y dígame ¿No se encontró por casualidad con eso?—
--Ah—Dijo Silver—Se me había olvidado, sí, es cierto, lo encontré—
El terror surco el rostro de Hilmar, un temblor incontrolable se apodero de su cuerpo, sus ojillos tan grandes como lunas, miraban a Silver, con la voz trémula y algo cortada dijo al fin:
--¿Y dónde está ahora?—
--Pues muy lejos de aquí, de vuelta en el agujero del que salió—
Impresionado, Hilmar se acerco a Silver, mirándolo a los ojos, hizo una reverencia y dijo:
--Mis respetos sabio señor y mis agradecimientos. Ha librado usted a este lugar de tamaña aberración—
--No ha sido nada. Digamos que era bastante molesto eso sí—Dijo sonriendo Silver
Sin entender nada Rido y el profesor se acercaron a Silver, este entendiendo lo que pasaba dijo:
--Era un etéreo. Pensé que estaba a cargo de resguardar todo el lugar, pero al ver la reacción de Hilmar, he comprobado que fue enviado después—
--¿Un etéreo?—repitió el profesor—Pensé que eran sólo un mito—
--Pues no lo son—Dijo Silver
--Un momento, ¿Me pueden explicar que es todo esto?—Dijo entre interesado y molesto Rido.
--Perdona hijo, perdona—Dijo el profesor—Los etéreos son una especie de seres invisibles para los ojos no entrenados, pero que sin embargo pueden sentirse fácilmente, toman la forma de viento, aunque hay quien dice que es el efecto de sus alas al volar.—
--¿Pero existen o no?—
--Lo que sucede es que es una especie de seres mencionados en antiguos libros prohibidos, aquellos libros en los que los científicos poco creen, pero que sin embargo gente como Silver han leído…--
--Y qué bueno que lo hice profesor, esto demuestra que no estaba equivocado, y que lo que dicen los antiguos es cierto—
--Está bien, está bien, tienes razón de nuevo… ¿Pero cuéntanos, que ha sucedido?—
Silver les conto entonces los detalles de su paso junto a As por la ruta de arriba, como la había llamado Hilmar. Todos se sorprendieron con el relato, pero el más entusiasmado era el ghost, quien se ocultaba tras Rido al principio, pero que saltaba de gusto en la parte en que Silver mencionaba el cómo se había deshecho de él. As también ayudo, dando su punto de vista al respecto. Tanto Hilmar como Rido estaban fascinados, mientras que el profesor anotaba algo en su libreta. Luego de un buen rato, y después de comentar todo lo sucedido, Hilmar se situó frente a todos y dijo:
--Quiero disculparme si he sido un mal ghost con ustedes—guardo silencio un momento y continuo—Y como me han librado de esa abominación sepan que tienen mi permiso para estar en este lugar y explorarlo, pero sepan, que debido a mi condición, no puedo ayudarlos—
--Muchas gracias señor—Dijo Silver
--Gracias amiguito—Dijo el profesor
--Yo también quiero disculparme Hilmar, creo que debí ser un poco más respetuoso—Rido se había acercado hasta donde estaba el espectro.
--No hay cuidado, he sido yo quien ha empezado—Le dijo Hilmar
--Pero también es mi culpa, por no haber entendido que eras un ghost y no un fantasma—
--Bueno, eso no importa. Al fin y al cabo son la misma cosa. ¿No?—Y se largo a reír
Todos empezaron a reírse de buena gana, al parecer habían conseguido un nuevo amigo, y ya que estaban de nuevo juntos, podían continuar con la búsqueda. Allí frente a ellos estaba ahora la puerta, plena de grabados e inscripciones, ocultando otro gran secreto. As, Rido y Silver intentaron abrirla empujando, pero no cedía. Luego, jalaron de ella, sin embargo seguía tal como al principio.
--Bueno, ahora que hemos probado lo elemental, vamos pues con lo bizarro—Dijo Silver
Metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta, y saco de este un pequeño trozo de tela, el cual desato y desenvolvió descubriendo una piedra redonda y reluciente. As la reconoció inmediatamente, era la pieza que habían obtenido en la fuente de Atonar. Mirando la puerta detenidamente, Silver se acerco a ella, palpándola con la mano libre, recorrió todos los grabados, hasta que se detuvo junto a uno bastante particular. Una especie de espiral, desde la que salían unas líneas, se mantenía allí oculta a simple vista. Silver puso en su centro la piedra, la que encajo perfectamente en un espacio invisible momentos antes. Retrocedió entonces el capitán y espero junto a los demás. Un ruido sordo se oyó, y luego el rechinar de mecanismos. Pesadamente la puerta de madera pareció desmontarse y lentamente empezó a moverse descubriendo un nuevo pasadizo hacia la oscuridad, con la diferencia de que las paredes de este, estaban pobladas de grabados, en infinidad de lenguas, apareciendo incluso poneglyphs.
--¡Impresionante!—Exclamo Hilmar—Así que esto es lo que hay tras la puerta—
Sorprendido Rido lo miro:
--¿Cómo, no me digas que no lo sabías?—Le dijo
--MMMM—Asintió el ghost moviendo la cabeza—Yo soy guardián desde la puerta hacia fuera, el resto lo desconozco—
--¡Excelente!—Dijo Silver—Entonces somos todos los que desconocemos que nos aguarda dentro de este lugar—
Y sonriendo agrego
--¿No es emocionante?—
Continuará…
Eso entonces, nos leemos...
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mar Dic 30, 2008 10:47 am
por rido
Seastone - Eratia
Me dirijo a los dos porque sois los coautores. Es... bastante lioso. Quizás se resuelve de forma bastante rápida todo el conflicto de Seastone y sus bolas... Por cierto... ¿tantas teníamos? Yo juraría que unas pocas menos... Pero bueno, la cuestión es que me parece que hubiera bastado con esa parte, porque luego el final (lo del periódico y demás) queda un poco como un pegote, no sé...). De todas formas... situadme cronológicamente esto... porque me lié.
Silver
Magnífica interpretación-asunción de Hilmar. Es un tío tal que así. Por lo demás, confiaba (como te dije en el MP) en que fueras tú el que cruzara la puerta y nos desvelara lo que había detrás, ya que eres tú el que sabe de estas cositas de Barbarossa. En fin... esperaremos a tu siguiente aparición... o no. ¡Suerte en los estudios! Por cierto, la dedicatoria a Lovecraft le viene muy al pelo... ¿Conoces al
joven Lovecraft? Altamente recomendable.
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mié Dic 31, 2008 4:19 am
por Long_Jhon_Silver
Comentando:
Eratia-Lalilulelo: A mí me ha gustado bastante la historia que presentais, eso sí, debo reconocer que en alguna parte me perdí, y llegue a sentirme algo empantanado, sin embargo logre sobrevivir a eso. Bueno, aunque lamento que sea con tanta distancia (digo, entre uno y otro capitulo)
Rido: Lo tuyo, estuvo bastante bien, aparecio por allí Hilmar y nos mostrate un pasadizo subterraneo bastante interesante, para nada alejado de lo que yo pretendia agregar. Ahora con respecto a lo mio, espero haberle hecho merecida justicia a Hilmar, ya que me ha parecido un personaje excelente. Con respecto a trasponer la puerta, bueno, sere yo entonces quien adelante algo; será pronto así que no te preocupes; y sí, si he tenido el placer de ver al joven Lovecraft, bastante bueno por lo demás.
A ver cuando dará señales de vida el resto, yo ya sé de uno que anda por ahí que tiene su parte lista...Nos leemos.
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Jue Ene 01, 2009 6:32 pm
por Terreis
Valla el tema al final no esta muerto
Lalilulelo/Eratia: La historia en si me ha gustado. El tema de las esferas ha estado bien y zanja la personalidad oscura de seastone. Por otro lado la parte añado que habido un par de momento que yo también me he perdido

pero salvo eso por lo demás bien.
una pregunta: En un combate contra la almiranta alira, ¿Quien venceria, ya que ambas poseen ataques a distancia?
Silver: un fantasma, un fantasma, un fantasma................. ¡¡¡¡¡¡!Que soy un Ghosttttttt!!!!! Sin duda este nuevo personaje es el que mas me ha gustado. La historia como siempre genial. Aun que ya tengo ganas de ver que sucede más adelante cuando abandonéis la isla.
Editado: Hilmar es un personaje de Rido

perdon por el despiste

aun que le pega más a silver como personaje nuevo
Feliz año nuevo!
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Jue Ene 01, 2009 6:48 pm
por rido
Terreis escribió:
Silver: un fantasma, un fantasma, un fantasma................. ¡¡¡¡¡¡!Que soy un Ghosttttttt!!!!! Sin duda este nuevo personaje es el que mas me ha gustado.
¡Eh! ¡Que Hilmar es un personaje mío! No me quites el mérito! XD De hecho... Es un personaje mucho más antiguo que Rido xD Si es que...
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mar Ene 06, 2009 4:57 am
por Long_Jhon_Silver
Bueno, sigamos entonces, y resucitemos nuestro querido tema. Ya que al parecer será responsabilidad de unos poco hacer que esto siga navegando...Eso por lo menos hasta que me vaya de vacaciones...jeje.....Bien, sin más dilación, vamos allá:
- Spoiler: Mostrar
- Cap. 41: “Avanzar”
Allí estaba por fin, la puerta abierta de par en par; accionados sus mecanismos por la piedra que Silver portaba consigo. Al mirar lo que ocultaba tras de sí, pudieron ver infinidad de grabados y escrituras, tantos como tantos puede imaginar la mente febril de un hombre enfermo, años de historia se reunían sobre aquellas paredes, cuantas culturas desconocidas o desaparecidas hacían patente allí su existencia. Todos estaban sumamente sorprendidos, incluso Hilmar, quien ya de por si era alguien sorprendente; todos menos Silver, quien de la sorpresa inicial ahora mostraba una actitud desinteresada, como si nada le llamase verdaderamente la atención.
--¡Esos de allí son Poneglyphs, ¿no es cierto profesor?!—Decía Rido emocionado
--Así es hijo, así es—
--Pero lo malo es que a pesar de reconocerlos, no puedo leerlos, son algo distintos de los que había visto antes—
--Bueno, para mí también lo son. Hay algunas palabras que no logro comprender tampoco—se lamento el profesor
--Eso es porque estos son anteriores a los que ustedes tan bien conocen—Les dijo desinteresado Silver
--y tú ¿Cómo es que lo sabes?—Pregunto el profesor
--Por que los vi antes en otro lugar. Son un poco más complicados que los demás, es por eso que dejaron de usarse—
Antes de que siguieran preguntándole, Silver agregó:
--Bueno, es hora de marchar—
--¿No deberíamos antes intentar descifrar lo que dicen estos muros?—Decía el profesor al tiempo que extraía su libreta blanca
--Yo puedo decirle que es lo que dicen, sin necesidad de mirar demasiado—le respondió algo hastiado Silver
Sorprendido por la actitud de su alumno, el profesor guardo su libreta, y mirándolo espero que este le explicara lo que allí se leía. Rido estaba tan entusiasmado con todo lo que veía que no se había percatado del cambio de actitud del capitán de los Outlaws, sin embargo As si lo notaba. Algo parecía molestarle a Silver, algo que parecía provenir desde el interior de aquel lugar.
--Si observa los dibujos, estos que parecen seres humanos no lo son. Son una antigua raza que se encargaba de proteger la tierra. Vivian felices y tranquilos hasta que uno de ellos despertó al mal que habitaba en el fondo del mar, eso produjo que el equilibrio desapareciese. El mundo vivió una época muy oscura, producto de este ser—Silver señalaba un grabado, donde se veía el espiral, sobre él una especie de humano, con la parte inferior de un pulpo y la cabeza de un dragón o un rey del mar, desde sus manos surgían torbellinos y ondas—El que pretendía dominar todo lo conocido. Hasta que algunos valientes se le opusieron sellándolo nuevamente a costa de su vidas…--
--¿Pero que tiene que ver todo eso con todo esto?—El profesor se veía realmente contrariado.
--La relación entre eso y esto, es que supuestamente aquí descansa, o descansaba uno de los instrumentos necesarios para enfrentarlo—Silver seguía hablando con desinterés
--¿Pero qué tiene que ver eso con Barbarossa?—As estaba tan confundido como el profesor—
--Como bien dije antes, Barbarossa parecía conocer la existencia de dicha raza, así como el mito que acabo de relatarles. Por lo tanto, debe haber venido hasta aquí en busca de eso--
Rido escuchaba atentamente todo lo que Silver relataba. No se había equivocado al venir en esta expedición ya que definitivamente junto al capitán de los Outlaws podría saber mucho más que sólo de poneglyphs. Quiso preguntar algo, pero una frase escrita en un rincón de todo lo demás y que no estaba en ninguna de esas extrañas lenguas llamo poderosamente su atención. Se acerco y cuál sería su sorpresa al comprobar que estaba escrita en un perfecto español, sin embargo más se sorprendió al leer lo que allí ponía:
“Maldita senda hacia lo oculto, espíritu encantador que emboba la mente y el alma. Cerrad los ojos y los oídos, no permitáis que oiga vuestros sueños. Al final de las escaleras aguarda…”
Lo leyó sin darse cuenta en voz alta, y una vez que termino una fría brisa vino desde el interior de aquel pasillo oscuro. Todos guardaban silencio, como esperando a que algo sucediera. Incluso Hilmar parecía contrariado, hasta que al fin el pobre de Miguel sufrió una crisis nerviosa, temblaba de pies a cabeza y no lograba articular palabra. As se acerco hasta él e intento calmarlo, pero era inútil, era presa del pánico.
--No podemos obligarle a seguir Silver, sería demasiado para él—Dijo As
--Pero tampoco podemos quedarnos aquí o volver ahora—Le respondió Silver—No podemos perder más tiempo en esta isla—
--Pero si yo me quedo aquí junto a él, ustedes pueden seguir adelante—Un profesor desencantado por perderse la aventura mencionaba estas palabras
--Creo que sería mejor que volviesen al pueblo. Pero usted solo no puede con Miguel, así que As, quédate y vuelve con ellos al pueblo—Ordeno Silver
--Pero capitán, y si ese algo que menciona lo que leyó Rido aún está allí dentro, necesitaran ayuda—Protesto As
--No te preocupes, Rido y yo estaremos bien. Recuerda que los marines le llaman Bloddy Axe—
--No me llames así por favor, no es necesario—Los fantasmas parecían envolver también a Rido
--Esta decidido entonces. Seguimos nosotros e Hilmar, mientras tú te llevas al profesor y a Miguel de vuelta—
Se separaron entonces, As les deseo suerte, lo mismo que el profesor. Silver y Rido los vieron alejarse por el camino de abajo, el que era menos complicado que el de arriba. Una vez desapareció la luz de su antorcha, se dispusieron a entrar más allá. El olor que se venía desde el interior era mucho mayor que el de afuera, una mezcla de amoniaco y sal. Avanzaron pues a través de este nuevo pasadizo, donde sobre el suelo se podía ver el resplandor fosforescente de musgos y hongos, lo que les señalaba la presencia de humedad al interior del recinto. Los grabados continuaban poblando las paredes, pero en palabras de Silver, no aportaban nada nuevo, ya que se repetían una y otra vez. La oscuridad era cada vez mayor, y crecía tanto que parecía aplastarles.
--Interesante, muy interesante—repetía Hilmar, rompiendo el silencio.
--¿Qué es lo que te parece tan interesante?—Le interrogo Rido
--El hecho de que a pesar de que llevo bastante tiempo aquí, jamás supe que era lo que se escondía tras la puerta—
--A propósito ¿Hace cuanto estas aquí y por qué motivos?—Volvió a preguntarle Rido
Hilmar iba a contestarle, cuando Silver detuvo la marcha. El ghost, alerta guardo silencio, lo mismo que el carpintero. El capitán de los Outlaws se agacho entonces y apunto la tea hacia las sombras, la movio y se dirigió hasta una de las paredes. Allí vieron que los grabados habían desaparecido, y en su lugar una extraña cabeza que recordaba a un lagarto sobresalía de la pared. Era una especie de gárgola extraña, que sostenía en lo que parecía ser su boca un trozo de madera. Silver se puso de pie y acerco hasta ella la antorcha, el trozo aquel se encendió con una rapidez abismante y sucedió lo inesperado, el fuego empezó a correr por la pared, saliendo desde la boca de la gárgola para dirigirse hacia el fondo de la galería, luego y por el muro contrario, podía verse volver a la flama, era aquel un extraño método de iluminación, pero al menos ahora podían ver con facilidad lo que tenían enfrente. Una escalera de ónice más negro que la noche se desplegaba ante ellos, infinidad de peldaños oscuros que bajaban hasta las entrañas de la tierra, y sobre las paredes, multitud de cabezas iguales a la primera, que servían como antorchas y que parecían interrogarles con sus ojos fríos y muertos.
“…Aquel que no teme está loco, o ha dejado de creer, resignado al terror más oculto”…
Sobre el muro del fondo y por un momento fugaz apareció aquella frase, escrita en un rojo furioso y parpadeante. Silver y Rido guardaron silencio, esperando ambos que el otro hablase, sin embargo, fue Hilmar quien lo hizo primero:
--¡Vieron eso! ¡Vieron eso!—
El ghost corrió a esconderse tras el capitán de los Outlaws, al tiempo que repetía una y otra vez una extraña retahíla de frases.
--Por lo menos ya sabemos que Hilmar no está loco—Dijo al fin Rido mirando a Silver
--Pues al parecer nosotros tendremos que demostrar que si lo estamos—Le respondió este y echo a andar.
Iniciaron el descenso de aquella escalera gigantesca, cuyos negros peldaños relucían ante el reflejo de las antorchas con una luminosidad maligna. Infinitos se sucedían uno tras otro hacia las profundidades de la tierra, donde la ausencia de todo sonido delataba la inexistencia total de vida animal. Sólo se oía el eco de los pasos y el compas de las respiraciones del carpintero y el pirata. Al cabo de unos minutos que parecieron horas llegaron por fin al final de aquellas escaleras demoniacas; arribaron entonces a una estancia semicircular, en cuyas paredes aparecían otra vez los grabados, sin embargo esta vez no había letras o palabras, si no sólo imágenes que representaban a grotescos y extraños seres, así como a inmensos e indescriptibles monstruos. El techo de aquel lugar se asemejaba a una gran bóveda, la que mantenía el trazado de su base. El piso del lugar, ostentaba el mismo color de las escaleras, aunque solo en la mitad del total del salón. Al fondo podían verse un par de estatuas semejantes a humanoides, vestidos ambos con extrañas armaduras, las que flanqueaban otra nueva puerta.
--Interesante lugar, muy interesante—Repetía asombrado Rido
--No podía esperar menos. Barbarossa frecuentaba lugares bastante extraños—Agrego Silver
Caminaron pues a través de la habitación, y al hacerlo observaron sobre las paredes, como la pléyade de figuras aumentaba a tal punto de parecer todas solo una. De pronto Silver se detuvo y miró con atención una de las figuras. Era espantosamente similar a uno de los seres que habían visto en punto ciego. Llegaron por fin hasta la puerta, la cual a diferencia de la anterior carecía de todo grabado o muesca, presentando una faz lisa y llana.
--¿Entonces?—Dijo al fin Rido
Pero Silver no le respondió, puesto que a pesar de que su cuerpo aún estaba allí, su mente estaba en otro lugar.
Continuara…
Bien, si bien no es tan largo como el anterior, espero que ahora sí avanzemos algo...Me costo un montón escribir esta parte, ya que queria imprimir el sentimiento de opresión que sienten nuestros amigos en este nuevo lugar. Saludos y nos leemos pronto.
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mié Ene 07, 2009 2:38 pm
por rido
Interesante, muy interesante. Creo que con esto ya seré capaz de seguir. A ver si antes del fin de semana pongo algo, y así, poco a poco, le damos un poco de vida a esto, que se nos muere. A ver si los de las 5 muertes, Shabaody y demás localizaciones se dan un poco de vidilla y esto vuelve a lo que era hace unos meses ^^
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mié Ene 07, 2009 2:44 pm
por Sandman
Bueno, voy con el capítulo navideño (porque lo he hecho en Navidades, no porque salgan abetos o gordos de rojo). De nuevo creo que me ha salido bastante largo y de hecho pensé en recortarlo, pero como parece ser que le gusta a la gente que los capítulos sean largos... me debo a mis lectores

. Ya estoy trabajando en el siguiente, así que espero tardar menos esta vez
- Spoiler: Mostrar
- Capítulo 3: Primera ronda
-¡Tierra a la vista!
El barco se vio envuelto en el habitual ajetreo que antecede al amarre: gente corriendo en todas las direcciones y a todos los niveles, voces de mando y gritos de afirmación, mercancías siendo izadas por chirriantes poleas y los sordos sonidos que hacían las cajas al depositarse sobre la cubierta. Era el momento perfecto para salir, por lo que San D. Man reunió sus pocas posesiones en un hato y se lo echó a la espalda. Se asomó y salió a un pasillo donde marineros de todos los tamaños y colores corrían apresuradamente. Caminó a su vez con paso apresurado como si su misión y su destino fueran los más importantes de todo el barco.
Después de unos minutos consiguió alcanzar la cubierta, desde donde pudo ver la isla a la que se dirigían. Ya se podían distinguir los edificios del puerto, por lo que no tardarían más de cuarto de hora en atracar. La nueva isla parecía ser una de esas agradables islas de primavera, la segunda seguida, parecía estar de suerte. Una vez arriba hizo más o menos lo mismo que dentro del barco: parecer el más ocupado. La embarcación atracó en el muelle sin más incidencias y los integrantes de la tripulación se dispusieron a descargar las mercancías que habían subido a cubierta y las que aún estaban sacando de la bodega. Era el momento adecuado para bajar a tierra, de forma que Man se dirigió a la escala que había echada sobre la borda para desembarcar. No obstante, en ese momento un marinero joven que estaba empujando un tonel por la cubierta advirtió su presencia y le preguntó:
--Oye ¿y tú quién eres?
--Yo, esto… -se hallaba bajando ya la escala y tan sólo la cabeza del joven pistolero podía verse ya por encima de la borda-. Inspector de seguridad de embarcaciones. Me complace comunicarles que su barco ha pasado el examen con excelente nota. Buenas tardes –se despidió mientras bajaba apresuradamente la escala. Tenía apenas unos segundos antes de que la tripulación se diera cuenta del engaño, así que debía aprovecharlos para poner tierra suficiente de por medio.
Los gritos de “¡¡¡Polizón!!!” no tardaron en empezar a oírse. Los tripulantes del Gusano de luz habían sido más sagaces que la mayoría de los otros barcos en los que había conseguido un viaje gratis. El buque en sí no era gran cosa, pero la tripulación debía de ser el orgullo de su capitán. Media docena de fornidos estibadores y marineros comenzaron a perseguirle. Corrió rápidamente metiéndose por callejones sin saber muy bien si estos tendrían salida. Afortunadamente consiguió encontrar una vía de escape en todos los casos dudosos. La parte mala era que en esta isla no parecían compartir su política de libertad de viaje, pues a medida que se iba adentrando en la ciudad, los gritos que le acusaban de haberse desplazado de una isla a otra en una embarcación de flotabilidad cuestionable sin haber realizado una contraprestación provocaban que una marabunta de ciudadanos se uniera al ya numeroso grupo de marineros que le perseguía. Tal como estaban las cosas no podría huir callejeando, por lo que no le quedaba otro remedio que escapar fuera de la ciudad.
Una vez en las afueras se dirigió al bosque, donde tuvo que recurrir a toda su agilidad y experiencia de juegos de infancia para esquivar troncos caídos y ramas sin hacer caer su ritmo. El griterío que le perseguía había decaído en volumen, por lo que supuso que la mayoría de los ciudadanos habrían abandonado la persecución en cuanto abandonó las inmediaciones de la población. Sin embargo, parecía que el grupo de marineros aún le perseguía, por lo que no le quedó otro remedio que proseguir su ciega carrera a ninguna parte.
Después de unos minutos el joven dejó de correr para escuchar más atentamente. Cuando confirmó que ya no se oían las pisadas de sus perseguidores, decidió continuar su camino dando un agradable paseo. Pero… ¿hacia dónde podía ir? Su destino en principio era Atonar, pero algo le decía que aún quedaba mucho para poder llegar a la famosa isla, por lo que lo primero que debía buscar era un medio que le acercase más a su objetivo, para lo que debía de volver a una ciudad. Podría volver sobre sus pasos, pero entonces existían muchas probabilidades de volverse a encontrar con sus perseguidores. La isla parecía relativamente grande y le pareció ver varios pueblos pequeños a lo largo de la costa, seguro que en alguno de ellos encontraría lo que buscaba. Para decidir su camino recurrió al viejo truco que aprendió cuando apenas era un chaval y comenzaba a conocer el mundo. Recogió del suelo una rama de unos tres palmos de largo que estaba algo retorcida en la punta, la lanzó con fuerza al aire y la dejó caer al suelo. La parte retorcida apuntaba hacia el norte, al interior de la isla, donde a apenas veinte metros volvía a comenzar un frondoso bosque. Un lugar extraño para encontrar un barco que le sacase de la isla, pero la suerte había decidido. Sin pensarlo dos veces comenzó a caminar en esa dirección.
El bosque estaba formado por altos árboles dispuestos de forma espaciada. Sus copas tenían un gran diámetro y estaban compuestas por una infinidad de pequeñas hojas que entramaban un complicado tejido verde. A pesar de la densidad con que estaban dispuestas, la luz conseguía filtrarse dotando al bosque de una luminosidad mortecina. El suelo estaba cubierto por tierra húmeda y matorrales bajos donde una infinidad de animales vivían todo lo tranquilamente que la naturaleza les permitía. Los ruidos entre la vegetación le daban la bienvenida y le acogían como un elemento más. Hacía tiempo que no había paseado por un paisaje similar y había olvidado lo bien que uno se sentía en plena naturaleza. Cuando llegó a aquel claro en el bosque casi sintió pena por tener que dejar su cálido abrigo vegetal.
El claro no tendría más de un cuarto de hectárea de superficie y estaba poblado por algunos tocones que habían quedado allí olvidados. A lo lejos pudo ver como una pequeña loma se levantaba en el bosque. Decidió que era un buen sitio desde el que observar los alrededores para saber donde se encontraba exactamente. Pero había algo extraño en ella. El dibujo de los árboles no encajaba, como si alguien lo hubiera retocado sutilmente. Prestó atención y observó la vegetación intentando advertir algo parecido a un patrón en la anomalía. Entonces vio la casa. Estaba muy bien oculta con la vegetación y las rocas. Desde luego sus habitantes no deseaban ser molestados, así que tal vez no sería una buena idea subir a su loma. Sin embargo, la curiosidad era demasiado intensa como para ignorarla ¿quiénes serían esos tipos?
En ese momento algo más inquietante aún ocurrió a su alrededor. Los ruidos del bosque que hasta ahora le habían acompañado dejaron de sonar. Esto sólo podía significar que algo que no pertenecía a la paz natural se acercaba. La vegetación a su espalda se empezó a mover violentamente. Alguien venía corriendo en línea recta hacia su posición ¿serían los tripulantes del Gusano de luz? Creía haberlos dejado atrás, pero parecía que eran demasiado tercos como para darse por vencidos y estaban dispuestos a perseguirle hasta el final de Grand Line por algo tan nimio como un viaje gratis en su cascarón. Se dio la vuelta dispuesto a hacerles frente, ya que si no le iban a dejar en paz, mejor acabar con este asunto cuanto antes. Dejó lentamente el hato y afirmó los pies en el suelo. Por un momento dudó si usar la pistola, pero sería abusar de esos pobres marineros. Ya se comenzaban a escuchar los pasos apresurados y la respiración pesada de alguien que está demasiado cansado para seguir corriendo, pero aun así no puede parar. Escuchó atentamente y estimó que no debía de estar a más de diez metros de la línea de vegetación que rodeaba el claro. Además seguía dirigiéndose directamente hacia él.
El aspecto de aquel hombre era deplorable. La camisa, que en un tiempo debió de ser blanca, actualmente estaba tintada de rojo sangre. Toda la parte izquierda de su cuerpo parecía haber estado demasiado cerca de una explosión y su pierna derecha apenas parecía servirle de apoyo. Cuando lo que parecía un despojo humano advirtió su presencia en el claro, pareció sorprenderse aún más que él. La sorpresa se convirtió rápidamente en agresividad homicida y antes de que San D. Man pudiera decir algo se lanzó hacia él a gran velocidad. Sin embargo, el hombre se desvaneció cuando estaba a apenas un par de metros haciendo que su cuerpo aterrizara pesadamente sobre la hierba. El joven pistolero se acercó apresuradamente para auxiliar al desconocido. Le dio la vuelta y lo sostuvo en sus brazos, así pudo apreciar más detenidamente a aquel extraño personaje. Tenía una media melena rubia parcialmente chamuscada por algún tipo de fuego y unos rasgos delicados. Su cuerpo era bastante atlético y debajo de la camisa rasgada parecían esconderse varias cicatrices de aspecto no muy agradable, aunque impecablemente suturadas.
La espesura volvió a estremecerse con el sonido de más carreras. Esta vez eran más, tal vez tres o cuatro, y venían por el mismo camino que el herido. Al verles aparecer en el claro no le quedó la más mínima duda de que eran sus perseguidores. Tres hombres de cabezas rasuradas con los ojos abiertos como platos y las bocas babeantes aparecieron en el claro. Iban armados con sables y cuchillos y respiraban agitadamente, como perros de presa que después de una larga cacería huelen los últimos minutos de su víctima. Sus ojos vacíos se clavaron en el cuerpo inerte en el suelo y acto seguido todas sus caras se iluminaron con una sonrisa demente de victoria. Man, intuyendo lo que iba a ocurrir, les gritó:
--¡Quietos ahí! ¡Ni un paso más!
Los tres hombres de presa le ignoraron y se lanzaron hacia delante, por lo que no le quedó otro remedio. Echando el cuerpo desmayado contra el suyo, desenfundó su pistola velozmente con la mano derecha y murmuró:
--Mus
Tres disparos tronaron en la calma del bosque. Los tres atacantes se quedaron clavados en el sitio por el miedo al ver que sus armas habían salido por los aires. El susto que acababan de recibir les devolvió a la normalidad y parecieron recuperar su naturaleza humana, por lo que el pistolero decidió que ya podía razonar con ellos.
--Bueno, ahora que nos hemos tranquilizado todos, parece que llegaremos a entendernos ¿Quiénes sois? ¿Y por qué perseguís a este hombre?
--Somos… -comenzó a responder uno de los tres asaltantes un poco más rollizo que sus compañeros- ¡Somos los piratas de Atama! ¡Y nuestros asuntos no te conciernen! ¡Así que deja a ese hombre en el suelo y continúa tu camino! –el perrito parecía haber recuperado su fiereza después de la reprimenda de hacía unos segundos.
--Me parece que no te voy a hacer caso. Desconozco las razones que tenéis para perseguir a este tipo, pero no me gusta como me has hablado, así que me parece que voy a tomar partido por nuestro amigo aquí presente –dijo Man moviendo ligeramente la cabeza para señalar al escombro humano que tenía en su regazo sin dejar de apuntar en ningún momento a los otros tres.
--Eso es decisión tuya. No nos culpes cuando acabemos contigo.
--Me gustaría saber cómo vais a hacerlo. Vuestras armas están en el suelo a tres metros de vosotros y yo todavía guardo en esta pistola tres balas que llevan los nombres de vuestros entrecejos… Aunque claro, podéis retiraros tranquilamente y estas balas podrán seguir descansando tranquilamente donde están.
Los hombres se miraron dubitativamente durante unos segundos. Finalmente la lógica venció a su sed de sangre y se retiraron lentamente, no sin antes gritar amenazadoramente: “¡Nos las pagarás! ¡Nadie se opone a la voluntad de Atama no Egon!”. Las tres figuras desaparecieron en el bosque. Cuando el pistolero se aseguró de que se habían alejado, resopló de alivio. Todavía con cierto temblor en las manos miró la pistola que él mismo se había construido. Era la primera vez que la probaba y parecía haber funcionado relativamente bien. Los disparos habían sido acertados, pero no estaba contento con el tambor del revólver, que no había corrido todo lo suave que debía, debería ponerse a trabajar en ello cuando tuviera tiempo. Parecía que el viejo de la tienda de armas tenía razón, no había perdido su habilidad y finalmente había conseguido un buen trato.
--Gracias, viejo –murmuró para sí- Bueno ¿y ahora qué hago contigo? –preguntó al cuerpo que seguía sin sentido en su brazos a pesar del escándalo. La mejor opción era llevarle a la casa oculta de la colina. Tal vez no sería bien recibido, pero era lo más cercano que había y, por alguna razón, sospechaba que era precisamente a donde se dirigía su inconsciente compañero. Aún con dudas se echó el cuerpo a la espalda y mientras lo sujetaba con la mano derecha, arrastraba su hato con la izquierda.
Después de media hora consiguió llegar al lugar donde suponía que se hallaba la casa escondida. Tardó un poco hasta que la localizó, pero finalmente consiguió adivinar la puerta entre dos troncos nudosos. Acomodó el cuerpo del hombre sobre su espalda y se dispuso a dar el primer paso hacia ella, pero un disparo le detuvo en seco.
--¡Alto ahí! –dijo una voz desde la espesura de uno de los árboles- ¿Quién eres y qué te trae hasta aquí?
--Disculpe, he encontrado a este hombre malherido en el bosque. Necesita ayuda y su casa es lo que está más cerca ¿Sabe si hay algún médico por aquí? Parece que este tipo necesita uno con urgencia –aclaró San D. Man mientras mostraba más claramente el cuerpo que llevaba a su espalda.
Se escuchó el suave sonido de alguien moviéndose entre el follaje. Poco después apareció una mujer apuntándole con un rifle. Era mayor que él, debía de rondar la cuarentena, pero su cuerpo seguía siendo firme y atlético, sin duda gracias a un entrenamiento constante. Se acercó lentamente sin bajar la guardia. Cuando pudo por fin ver la cara ensangrentada del herido no pudo evitar soltar un gemido de dolor, pero se rehizo casi al instante.
--¿Quién eres tú? ¿Y cómo sé que no has sido tú quien le ha dejado así?
--Mire. Yo sólo estaba paseando por el bosque y entonces apareció él en este estado. Si le sirve de algo, le estaban persiguiendo tres calvos locos.
--¿Tres calvos?
--Sí, tres calvos. Estaban poseídos o algo así. Decían que venían de parte de un tal Enron o Edon.
--Maldita sea –murmuró la mujer. Después de reflexionar un poco, volvió a la realidad y recuperó el tono autoritario que la había caracterizado hasta ahora-. Tú, lleva a ese hombre al interior de la casa –le ordenó mientras se seguía apuntando. Man obedeció y avanzó hacia la casa bajo la mirada amenazante del rifle. Justo cuando se disponía a cruzar el umbral la mujer dijo:- Mi nombre es Shai.
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El baño estaba a la temperatura ideal y el puro era de los mejores que había probado en años. Las dos jóvenes que le aseaban eran a su vez muy bellas e ingeniosas y sus deliciosas carcajadas inundaban la estancia a cada astuto comentario que cualquiera de ellos pronunciaba. Intentó recordar la última vez que se había encontrado en una situación similar. Sin duda, debió de ser cuando comenzó en El Juego, cuando no era más que el aprendiz de Black Jack. Al recordar ese nombre una incómoda punzada de ira se clavó en su espalda, la cual desapareció gracias al suave masaje de una de las chicas. Era una estupidez martirizarse con el pasado cuando estaban ocurriendo cosas tan deliciosas en el presente, por lo que dejó sus problemas en el pasado.
Shai le había dicho que no abandonara la casa, pero hacía más de una semana que no había disfrutado de un poco de sana diversión. Además no parecía que en esta isla hubiera grandes jugadores, por lo que no le pareció mala idea darse una vuelta por los salones de juego del pueblo cercano antes de partir a la mañana siguiente. Sin embargo, no debía beber, puesto que la casa sería ya de por sí difícil de encontrar en la oscuridad.
Lo bueno era que sus instintos no le habían fallado. En apenas unas horas de apuestas bien hechas, ningún error a la hora de contar las cartas y buenas lecturas de las expresiones de los demás jugadores se había encontrado con un buen montón de dinero. Seguramente le llegaría para comprarse un pasaje directo hacia Atonar y no tener que ir de polizón. Pero ahora era momento de disfrutar sus ganancias de una manera más hedonista. Tal vez le sobrara incluso tiempo para pasarse por la ruleta y ganar algo más de dinero aplicando su sistema.
Sin embargo, su suerte no duró mucho más. Cinco hombres armados hasta los dientes y las cabezas afeitadas irrumpieron en el baño. Esta interrupción le enfureció soberanamente, y más cuando las dos chicas huyeron despavoridas. Los tipos le miraron con sonrisas de satisfacción en la cara y se relajaron un poco. Reconoció a tres de ellos como los atacantes calvos del bosque. Uno de ellos dejó escapar un “Ya te tenemos” como colofón a su teórica victoria. Se abrieron en arco y le rodearon, aunque guardando una distancia prudencial de un par de metros. La cosa no pintaba bien, aunque se había visto en peores situaciones, como aquella vez en Water Seven con los carpinteros. Salió de aquélla por poco. El tipo del puro no se tomó demasiado bien la propuesta de saldar sus deudas de la noche anterior con un barco nuevo. Y lo que vino después con el gigantón y el del pelo raro… Pero no era momento para reminiscencias. Lo mejor era salir de este sitio cuanto antes, encontrar a ese tal Hage atama y acabar con el incordio lo más rápido posible.
--Muy listos –comenzó a comentar mientras daba una nueva calada a su puro. Los cinco matones se sorprendieron un poco al escuchar el tranquilo discurso de su inminente víctima- Me asaltáis cuando estoy dándome un baño. De esta manera no tengo mi pistola a mano y no puedo defenderme… Ése ha sido vuestro razonamiento ¿no es cierto? ¡Muy hábiles! –exclamó mientras daba unos suaves aplausos- Un plan digno de los más viles piratas que surcan Grand Line. Sin embargo… No habéis tenido algo en cuenta –la mano derecha de Man se comenzó a dirigirse disimuladamente hacia la pastilla de jabón que se hallaba a unos centímetros de su posición-: si bien normalmente uso la pistola, no es la única manera que tengo de defenderme… ¡Bullseye!
La pastilla de jabón salió volando directamente al entrecejo del pirata que se hallaba delante de él. La velocidad que le imprimió con un solo giro de muñeca bastó para dejar sin sentido a su objetivo y asombrados al resto de sus rivales. Los siguientes segundos eran vitales, dado que debía apartarse de la línea de fuego de sus enemigos armados con pistolas. En un movimiento fluido empujó con sus pies la pared de la bañera al tiempo que se levantaba y agarraba los bordes. Cuando por fin apoyó los pies sobre el suelo del baño, se había convertido en una especie de tortuga híbrido entre hombre y bañera. Escuchó como las balas rebotaban contra su improvisado escudo mientras corría hacia el cuerpo inconsciente. Si luchaba sin ningún tipo de arma no tenía demasiadas posibilidades contra esta banda completamente pertrechada. Necesitaba igualar las probabilidades.
Sin embargo, parecía que sus enemigos no estaban dispuestos a dejarle fáciles las cosas. Tal como pudo apreciar al verles entrar, tres de ellos llevaban armas de fuego, el inconsciente más los otros dos que estaban acribillando la bañera, mientras que los otros dos llevaban sables y cuchillos. Estos dos últimos le salieron al paso rápidamente. No tenía demasiado espacio para esquivarles y la bañera a su espalda desde luego no ampliaba su margen de maniobra, así que se deshizo de ella. Deslizándose por el resbaladizo suelo del baño y dando una voltereta para evitar un mandoble malintencionado consiguió colocarse al otro lado de los dos tipos con armas blancas, de forma que los de las pistolas se lo pensaron dos veces antes de seguir disparando. El tipo inconsciente estaba ahora a apenas un metro de él y su pistola se encontraba a su lado. Sin embargo, cuando estaba a punto de alcanzarla el resplandor de un sable le hizo cambiar de opinión. Dando una nueva voltereta consiguió esquivar la nueva andanada de mandobles que le enviaban sus dos enemigos. Le iba a resultar imposible hacerse con las armas del tipo inconsciente, y por el cariz que el asunto estaba tomando, tampoco tenía demasiadas oportunidades contra los espadachines cuerpo a cuerpo. Debía de acabar con ellos lo más rápido posible o las cosas se pondrían realmente feas.
Tras esquivar a uno de los espadachines y apoyarse contra una columna que le cobijaba de los pistoleros, notó que su mano tocaba algo suave. Su cara se iluminó al descubrir que era una toalla y que al lado había un barreño lleno de agua. En apenas unos segundos la toalla estaba mojada y se había convertido en un látigo en las manos de San D. Man. Cuando uno de los dos espadachines dio la vuelta a la columna dispuesto a destriparle, recibió un impacto en la cara que le hizo perder parcialmente el equilibrio. A continuación se sucedió una lluvia de impactos de tal fuerza que no pudo evitar soltar sus armas para protegerse instintivamente la cara con sus manos. Justo cuando Man se disponía a rematar la jugada, apareció el segundo espadachín. Sin embargo, ya poco importaba que le superaran en número, pues había conseguido un “arma” y, una vez ocurría eso, pocos piratas de este nivel podían hacerle frente. En menos de veinte segundos había desarmado y dejado inconscientes a sus dos rivales.
Las balas seguían silbando por el aire. Había conseguido parapetarse detrás de una bañera después de haber intentado acercarse sin éxito a sus enemigos restantes. No debían de quedarles demasiadas balas, pero en cualquier caso no podía dejar que le rodearan o la diversión se acabaría. Miró a su alrededor. Un bacín, una pastilla de jabón, una esponja y uno de los cuchillos de los caídos, ésas eran sus armas contra los dos pistoleros. No era demasiado, pero tendría que bastar. Escuchó atentamente, ahora sólo uno de los tipos estaba disparando ¿dónde estaba el otro? Un ruido sonó tímidamente a su derecha, el otro debía de estar intentando rodearle, no le quedaba demasiado tiempo, tenía que actuar ya. Cerró los ojos y se dejó guiar por el oído, esperando el momento oportuno. Los disparos dejaron de sonar y los pasos del enemigo que intentaba sorprenderle habían llegado prácticamente a su altura. Ahora.
--Wizard of Odds –susurró.
El joven lanzó la pastilla de jabón a ras de suelo, que fue resbalando hasta acabar debajo del pie del rival que iba a sorprenderle. Éste, creyendo que ya le tenía, había comenzado a correr hacia él, pero se encontró con la pastilla, la cual le hizo resbalar y caer de culo al suelo. San D. Man ya se había levantado antes de que eso ocurriera y había lanzado el bacín a la cara del otro pistolero, quien estaba recargando en ese momento y no pudo esquivar. El “proyectil” impactó en la nariz del pirata, hundiéndole el tabique y dejándole sin sentido. De nuevo este éxito casi imposible pareció no ser más que un paso de una danza perfecta, pues su ejecutor simplemente recogió la esponja del suelo y la lanzó contra la cara del pistolero de la pastilla de jabón, el cual parecía estar recuperándose de la sorpresa. La esponja tapó el campo de visión del enemigo el tiempo suficiente como para que Man pudiera lanzarse sobre él y desarmarle.
--Bueno, bueno –dijo mientras sacaba el cuchillo que había quitado a uno de los piratas inconscientes. El pirata en el suelo era del grupo de los que había conocido unas horas antes en el bosque-. Creo que tenemos unas cosas de qué hablar ¿Quién ese Hage atama? ¿Y por qué está montando tanto follón?
--¡No pienso decirte nada!
--Mira, ambos sabemos que esa afirmación se va a mantener durante poco tiempo. Tus amigos están fuera de combate y tú estás sin armas. Yo tengo un cuchillo, agua y una habitación en una posada que seguramente se ha vaciado de gente después del escándalo que habéis montado. Calculo que tengo aproximadamente doce minutos antes de que la guardia llegue a imponer orden. Imagina lo que puedo hacerte en doce minutos.
--¡No te tengo miedo!
--Bueno, te lo advertí –dijo resignado San D. Man mientras arrastraba al pirata hacia una bañera llena de agua caliente-. Te voy a explicar cómo va a ir esto. Te cortaré en los antebrazos y te mantendré en la bañera. Al estar inmerso en agua caliente tus vasos sanguíneos se dilataran y más sangre fluirá por ellos. Además al estar la herida en el agua la hemorragia será más profusa y las heridas no se cerrarán ni coagularán. De acuerdo con mis cálculos en menos de dos minutos perderás la consciencia y morirás en menos de cinco.
--¡No! ¡Por favor, no! –comenzó a gritar el pirata-. Te diré lo que quieras, pero no me mates –había funcionado. Siempre se le habían dado bien los faroles. Desde que había sacado el cuchillo sabía que el tipo era de los que temía más a la idea del dolor o de la muerte que al dolor o a la muerte mismos. No había tenido la intención de hacerle todas las cosas que había dicho, pero bastaba con que él creyera que sí.
--De acuerdo ¿Quién es ese Hage atama?
--Atama no Egon es el pirata más temible de Grand Line. Su inteligencia es más infinita que el más insondable de los océanos –parecía que el hombre se hubiera aprendido un guión y lo estuviera repitiendo de memoria-. Aquéllos que osan…
--No tengo tiempo para todo esto ¿Qué es lo que quiere de mí?
--Contigo no quiere nada, aunque por lo que dice parece que ya os conocíais. Lo que en realidad quiere es el tesoro de los Guardianes. Es más, puede que en este momento ya lo tenga en sus manos. El ataque a la casa escondida habrá comenzado hace unos minutos.
Mierda.
Espero que os guste. Y lo siento, pero no he podido leer nada de lo que acaba de publicar el resto. Prometo enmendar este error lo antes posible.
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mié Ene 07, 2009 5:01 pm
por Terreis
Comentemos:
@Silver: lo tuyo es dejar a la gente con la miel en los labios ¬¬ Un capitulo con dosis de película:
--Si observa los dibujos, estos que parecen seres humanos no lo son. Son una antigua raza que se encargaba de proteger la tierra. Vivian felices y tranquilos hasta que uno de ellos despertó al mal que habitaba en el fondo del mar, eso produjo que el equilibrio desapareciese. El mundo vivió una época muy oscura, producto de este ser—Silver señalaba un grabado, donde se veía el espiral, sobre él una especie de humano, con la parte inferior de un pulpo y la cabeza de un dragón o un rey del mar, desde sus manos surgían torbellinos y ondas—El que pretendía dominar todo lo conocido. Hasta que algunos valientes se le opusieron sellándolo nuevamente a costa de su vidas…--
Esto parece que halla salido de un guion de las películas, cosa que me encanta.
Pero Silver no le respondió, puesto que a pesar de que su cuerpo aún estaba allí, su mente estaba en otro lugar.
Y aquí nos dejas con la miel en los labios
@Sandman: Un excelente capitulo, si señor. Cuando he leído la descripción del hombre de cabellos rubios, al principio pensaba que era una mujer, xd. Luego me he dado cuenta que no lo era.
Me ha gustado mucho la escaramuza con los cabeza rapada, pero lo que más me ha encantado a sido el final. Cuando San D. Man se ha dado cuenta de que los tipos sin pelo solo eran una mera distracción para asaltar la casa de Shai. Sin duda un excelente capitulo como he dicho

Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Mié Ene 07, 2009 7:33 pm
por Gargadon
Consultando algunas cosas con Silver anoche, acabo ahora mismo de terminar mi parte, igual no habría escrito nada pero ya me he aflojado bastante.
- Spoiler: Mostrar
- 24. Premonición
--Sí, digamos que me dedique a visitar la isla—dijo Silver esbozando una sonrisa maliciosa el capitán, y acomodándose la chaqueta, tomo aire y dijo—Vamos entonces--
-Cuídense, amigos. -contestó Rentarou con la cabeza baja y mirando fijamente las sábanas de su cama.
Silver se dio la media vuelta, se dirigió hacia su camarada, como observando las condiciones en las que se encontraba y le dijo:
-Sé bien que quieres ir, pero sé de igual modo que es mejor que te quedes a descansar. Aun faltan muchos lugares por descubrir, y será mejor que estés en perfectas condiciones para cuando necesitemos llegar a esos lugares. Así que descansa sin cuidado. -se dio la media vuelta hacia la puerta.
Detrás de él salió el resto del grupo de exploración. Seastone y Eratia salieron minutos más tarde directo al puerto para vigilar ambos barcos, quedándose en la habitación los dos doctores, Mijok y Rentarou.
-Y bien, ¿qué podemos hacer para perder el tiempo? -insinuó Rentarou para demostrar su enorme aburrimiento.
-Yo puedo levantarme de la cama donde estoy sentado y hacer guardia aquí, de pie, cerca de la puerta para evitar que salgas corriendo hacia aquellas ruinas. -dijo Mijok al mismo tiempo que se levantaba de la cama y se postraba apoyado sobre una de las paredes de la enfermería, desenvainando su espada y apoyando la punta de ésta en el piso.
-¡Oye, no tienes que ser así! ¡Si ya me dijeron que tengo prohibido ir, lo menos que puedo hacer es quedarme a ver cómo se mueven las cortinas de la ventana! -le contestó Rentarou completamente furioso.
-Esas son las órdenes que Silver me dio. -contestó Mijok en un tono calmo que no era frecuente en él. -Al parecer no quiere que salgas más lastimado de lo que estás.
-Por unos instantes siento que me sigue cuidando como a aquel muchachito que recogieron y que trataba de huir de la aldea a la cual siempre supo que no pertenecía.
-Aunque ese “muchachito” se convirtió en todo un capitán de la milicia. De lo contrario, no me imaginaría como diablos sobreviviste a todo ese trato que te dieron en prisión.
-De la misma manera en que sobreviví junto a mi flota en una isla desierta por dos días: de lo que se pudiera encontrar en ese hostil lugar. -mencionó Rentarou alzando la mirada para posarla sobre Mijok.
-Tampoco creas que te sobreprotege. -le discutió Mijok. - Se preocupa mucho tanto por ti como por los demás y no soportaría ver perder a su tripulación.
Estella sólo escuchaba atentamente la conversación entre aquellos dos viejos piratas pero prefería no intervenir en la discusión, tal vez porque no tenía mucho qué decir entonces; mientras que Seiji solo miraba admirado con un gesto de sorpresa al par de piratas al escuchar tan solo una pequeña parte de las hazañas de su “hermano mayor”. De igual manera las pintas típicas de marinero que portaba su hermano lo hacían sorprenderse. Nada de eso concordaba con la figura del jovenzuelo introvertido y callado que conocía desde que podía recordar, de aquel que sólo sabía usar una enorme rama o lo que encontrara en el suelo para ahuyentar a los bravucones.
-¿De... de verdad estuviste en una isla desierta? -cuestionó con total asombro el alcalde.
-Sí, de verdad. -afirmó Renta con un movimiento de cabeza. -¿Ves a este simpático rey del mar? -dijo señalando el enorme tatuaje que se vislumbraba en su cuerpo. -Es el mismo que mató a mi superior, hundió nuestro barco y nos mandó a mi flota y a mí a unas vacaciones paradisiacas de dos días en una isla desierta. Por fortuna había unos cuantos cocos y pudimos sobrevivir con eso hasta que llegara la ayuda.
-Vaya, me vas a tener qué explicar todo lo que has vivido que parece que no te conozco siquiera. -contestó Seiji.
-No te preocupes, sabía que cuando nos viéramos dirías eso. Igual porque quería contarte qué había más allá del poco mar que vemos desde la isla. En mi viejo barco tengo como tres o cuatro libretas de anotaciones completamente llenas y que he escrito prácticamente desde que me fui de aquí. Contiene prácticamente todo lo que he visto allá afuera. Solo dame un día y termino de redactar mis últimos meses de viaje.
-De acuerdo. -contestó el alcalde. -Quiero saber qué hay más allá, y qué mejor si tú mismo me lo cuentas.
-¿Y tú qué cuentas Mijok? -preguntó Renta al ver que hasta bostezaba.
-Que si me dan una botella llena de ron me divertiré vigilando este lugar.
Rentarou soltó una enorme carcajada, y Seiji sólo se sorprendía más y más. En su vida había visto reír a su hermano como en aquel instante. “A este paso es capaz de decirme que no es mi hermano y que mi verdadero hermano está preso en una enorme fortaleza...”. “Fortaleza”, “preso”, pensó Seiji. ¿Podía ser que aquel que estaba postrado en cama con señales evidentes de haber sido torturado en prisión de verdad se hubiese escapado años atrás de la tan famosa prisión de la cual se dice que nadie podría salir?
-Hermano...
-¿Sí, Seiji? - preguntó Renta.
-¿Puede hacerte una pregunta?
-Adelante...
-¿Cuándo te escapaste de Impel Down?
-¿Eh? -preguntó Rentarou como si no supiera de lo que le preguntaban.
-¿Tú? ¿En esa prisión? -preguntó con sorpresa Mijok. -¿Y eso cuándo pasó?
-Recuerdo que en los diarios mencionaron que cuando la Era de la Piratería terminó habías sido capturado junto con otros y que te habían encerrado en ese lugar. Por eso pregunto cómo te escapaste.
Rentarou volvió a carcajearse. Incluso hasta salían lágrimas de tanta risa que le provocaba escuchar tales estupideces que inventaba el Gobierno Mundial para hacer creer a todos que los piratas desaparecidos estaban en ese lugar infernal.
-¡No te rías en una situación tan seria! -le recriminó Seiji.
-Perdona Seiji, pero nunca había escuchado semejante estupidez. Para ser sincero, jamás en mi vida he pisado ese lugar, aunque puedo decir que fui una vez como escolta, y no puedo negar que se siente fatal el ambiente allá, incluso sin haber pisado ese lugar. Por un instante hasta di las gracias de no estar en esas celdas.
-Y que las heridas que porta su hermano no son nada en comparación con lo que ocurre allí, o al menos eso dicen los viejos bucaneros, señor alcalde. -interrumpió Mijok.
-Por cierto, a los desertores de la Marina y que se van del lado de la piratería los mandan allí. -dijo Rentarou. - O eso o los ejecutan en alguna base cercana…
Estella lanzó entonces un pequeño suspiro para mostrar su inconformidad con la afirmación que había hecho Renta.
-Lo… lo siento mucho… No quería… -dijo Renta rápidamente para intentar disculparse.
-No es necesario… Sé bien lo que me depara el futuro… En prisión… o muerta…-dijo Estella mientas bajaba la cabeza y perdía su mirada entre sus manos que formaban algunas esferas de cristal.
-No debe preocuparse por eso ahora, señorita. Si nos mortificáramos sobre lo que nos sucederá en un futuro no muy lejano, jamás hubiésemos aceptado un reto de este tamaño. –dijo Mijok mientras se dirigía hacia Estella, luego dio la media vuelta para mirar a su compañero de viajes. -¿No es así, Renta?
-Esto… creo que no soy el más indicado para responder eso… -dijo Renta algo confuso, quiso terminar su intervención en ese instante pero la mirada de Mijok le indicó que no debía hacerlo. –Pe… pero tiene razón. Debo admitir que nos gusta un poco el riesgo…
-¿Un poco? –preguntó Mijok con un tono sarcástico, y luego se aventó una tremenda carcajada, a la cual Renta lo acompañó.
-Por favor, esto debe ser una broma. –gritó Seiji. –Hermano, ¿cómo puedes decir eso tan a la ligera? Eso no es algo que diría el Dkantun que yo conozco.
-Es difícil de describir, pero cuando sientes ese riesgo cerca de ti, quieres más y más.
-¿De verdad eres mi hermano?
-¿Y de verdad eres ese muchachito que era un completo flojo e irresponsable? ¿El que se metía en problemas y yo tenía que ir a rescatarlo? ¿El que cada año me acompañaba al cementerio a llevarles unos regalos a nuestros padres…?
-De verdad eres tú… -contestó el alcalde. -¿Qué te pasa? –preguntó al ver a su hermano con la mirada perdida.
-Mamá… papá… doctor… -murmuró Renta. –Quisiera ir a visitarles y llevarles el regalo de despedida que no pude darles antes de irme…
Seiji puso una mano sobre uno de los hombros de Renta y le dijo:
-Te prometo que iremos juntos a verlos. Todos los años voy a visitarlos al igual que a mis padres, pero cada que voy siento una especie de vacío en el ambiente… Probablemente te siguen esperando.
-Eso espero… Ojalá no estén enojados conmigo…
-No lo creo, hermano. No lo creo. –contestó el alcalde. Le dio una mirada rápida a su reloj y su gesto calmo se convirtió en uno de desesperación. -¡No puede ser! ¡Es tarde y yo platicando aquí!
-Eh… ¿Seiji…? –preguntó Rentarou.
-Tengo que volver a mis labores. –dijo el alcalde mientras se acomodaba la gabardina y se miraba al espejo para peinarse. –La gente debe estar esperando para saber qué hacer con los estragos que esa cosa que apareció ayer en la isla provocó. Bien, me tengo que retirar, fue un placer hablar con ustedes. –dijo mientras se acercaba a la puerta.
-Hasta luego señor alcalde. –contestaron Mijok y Estella a coro.
-Cuídate Seiji. –dijo Rentarou.
-Igualmente hermano. –le dijo el alcalde. -¡Y no te vayas a mover de esa cama, que estás muy herido!
Y cerró la puerta.
-Un civil con un puesto de importancia en su isla que puede verse como cómplice de unos piratas por solo ayudar a su hermano… -murmuró Mijok.
-Trato en lo que puedo de que no se involucre mucho conmigo. –le contestó Rentarou. –No quiero que por mi culpa le pase algo. ¿Y Flecther? ¿Cómo está?
-Con un brazo roto, la cara hinchada y encerrado en una celda fría, húmeda y sucia.
-¿Todo eso le hiciste? –preguntó Renta asombrado.
-No, ya estaba así cuando llegué. Cuando me vio inclusive se puso a llorar, ¡hubieras visto su actitud tan patética! –empezó Mijok a carcajearse.
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En los calabozos de la fortaleza de la Marina de Red Village se sentía una atmósfera pesada. Las paredes húmedas de la prisión se combinaban con el aire cálido de la estación, que se amplificaba al estar bajo tierra. La única iluminación que tenían era la pequeña rendija que se encontraba en donde se juntaba una pared y el techo de cada celda. Definitivamente no era un lugar acogedor, a pesar de que mucha gente estuviese de acuerdo con eso para que dichos ladrones del mar pasaran el resto de sus días sufriendo y pagando por sus fechorías. A eso se le sumaba los gemidos de dolor que soltaban algunos de los prisioneros, quienes irónicamente eran varias cuadrillas de marines las que se encontraban si no agonizando, quejándose de los golpes recibidos.
El abrir la puerta se manifestó con un golpeteo del cerrojo y luego un intenso rechinar de las bisagras, y justo después una inmensa luminosidad proveniente del exterior, la cual se apagó al aparecer una figura humana, y desapareció la luz al cerrarse la puerta.
-¿Qui… quién es…? –preguntó uno de los presos.
-¿Tomaron sus medicinas, muchachos? –contestó el nuevo personaje.
-Sí, doctor. –contestaron los uniformados al unísono, con una dificultad para hablar.
-Que bueno, ojalá les dejen salir pronto.
Siguió caminando hacia la última celda para toparse con un viejo conocido, a quien visitó con un tímido saludo.
-Buenos días, comandante Fletcher. ¿Ya no le duele el brazo?
-Menos que ayer… señor alcalde… -dijo el comandante con una voz mucho más débil que la del resto de sus subordinados.
-Perfecto, si lo mantiene enyesado, en tres semanas estará como nuevo.
-¿Cómo… cómo está el teniente…?
-¿El gato? Me dijeron que lo tienen encerrado en una jaula con comida, agua y una bola de estambre. Quisiera atenderle, pero me dijeron que de él se encarga el veterinario.
-Tiene algo de fiebre, pero ya está estable y más recuperado que ayer.
-Me alegro… Por favor… dígale… que quiero… hablar con él…
-No sé si acepte su invitación, señor comandante. Primero tiene que recuperarse de la infección que cogió por la falta de cuidados y luego quien sabe si acepte hablar con usted. Si conozco bien a mi hermano, puede que lo mande mucho a lo lejos.
-Míreme… mi brazo se encuentra roto… no puedo… ni hablar… y no puedo abrir los ojos… No puedo siquiera… defenderme… No creo que haya inconveniente alguno en que venga a verme…
-Trataré de hablar con él. –terminó el alcalde.
Seiji le dejó un envase de cartón con el grabado de una vaca en el frente.
-Tome, necesitará mucho calcio si quiere que ese hueso roto se regenere pronto.
Y se marchó rápidamente, no sin algunos gritos de fondo de los marines pidiéndole que los liberaran. Más sin embargo, la única contestación que recibieron fue: “Lo siento, pero tengo prohibido el acceso a las llaves”. Eso y el chirrido de la puerta al cerrarse.
Fletcher palpó el suelo para buscar el envase con leche. Entreabrió los ojos lo más que podía para tratar de percibir en dónde se lo habían dejado, y cuando sintió el contenedor, lo tomó lentamente con el brazo sano. Reflexionó. “Probablemente después de esto, mi antiguo capitán aprovecharía la oportunidad y vendría a matarme”, pensó. Esperaba que esta ejecución fallida no le valiera ser degradado o ser destituido. Nunca había actuado tan cobardemente como ahora, dejando la suerte de su viejo amigo al azar y a la voluntad de sus amigos…
Iba a rendirse, pero un enorme escudo de cristal lo retuvo durante algunos minutos. Durante ese tiempo no tuvo más que pensar en lo que le había gritado aquel pirata disfrazado de marine. Era cierto, sabía que algo andaba mal, pero no tuvo el valor de evitar que lo siguieran torturando, por temor a ser tachado de cómplice del prisionero. Y no era para menos, había sido llevado a juicio por haber supuestamente ayudado a su viejo capitán a escapar de la justicia cuando éste destapó su verdadera identidad. No podía jugarse la cabeza otra vez, por eso depositó la confianza en que esos piratas vinieran a rescatarlo, mas no se imaginó que su plan se hubiese ido al garete de un instante para otro y sin poder explicar lo ocurrido. Además ahora que había un testigo de lo ocurrido en Punto Ciego, su puesto en la Marina corría el riesgo de perderlo.
En un instante una figura borrosa de un hombre se acercó hacia la prisión de cristal. Apenas podía ver lo que pasaba, ni siquiera podía abrir los ojos de lo hinchada que quedó su cara después de tanta golpiza merecida. Este hombre golpeaba con su espada la prisión de cristal hasta que mágicamente desapareció y liberó al hombre que estaba preso ahí.
-Mu… muchas gracias por rescatarme, señor…
Pero su gesto de alivio cambió a uno de terror al sentir el filo de la espada cerca de su cuello.
-¡No! ¡Por favor! ¡Otra vez no! ¡Tenga piedad, señor! ¡Tenga piedad!
-¿Piedad? –le contestó su agresor. -¿Por qué debería tener piedad de alguien que no la tuvo con su viejo amigo, al que trató peor que a un perro? Podría matarte ahora mismo, pero eso me convertiría en alguien mucho más bajo que tú, remedo de marine. –y guardó su espada para no mancharla con la sangre de un bueno para nada…
-Creo que recibí lo que merecía… No sirvo siquiera para servir a la justicia… ni para ayudar a un amigo… No sirvo para nada…
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Un golpeteo en la puerta hizo perder la concentración a Estella y a Mijok.
-¿Pu… puedo pasar? –preguntó una voz femenina del otro lado de la puerta.
-Adelante. –contestó Estella.
-Eh… ¿pueden abrirme?
Estella no entendió a qué venía lo anterior, mas sin embargo obedeció a la orden y abrió la puerta de la enfermería, y vaya sorpresa a ver a una Mei-Lian con las manos completamente ocupadas. Mientras en una mano llevaba un plato con abundante comida, en el otro llevaba vistosos globos de colores con leyendas varias del tipo “Que te mejores” o “Recupérate pronto”, además de una canasta con botellas de alcohol de variado tipo, varias cajillas de cigarrillos y un oso de peluche decorando la parte superior de la canasta.
-¡Hola Renta! –gritó animosamente Mei. -¿Cómo estás…? – su voz animosa se apagó al ver a Renta en cama, algo pálido, pero mucho mejor si se comparaba con su estado de salud del día de ayer, aun así la desanimó al ver que en parte si hubiese sido un poco más tolerante nada de esto estaría pasando. No contestó, prefirió hacer como que no le llamaban y mirar hacia la ventana. -¡Renta! –gritó ahora.
-¿Qué? –contestó Rentarou no con muchos ánimos.
-¡Qué bueno que estás bien! ¡Por un momento pensé que te iban a ejecutar! –dijo Mei al momento que colocaba la canasta con los globos sobre Renta y el plato de comida en la mesita que utilizaba para comer.
-Pues ya me ves, aquí entero pero algo herido… -dijo al momento que volteaba de nuevo a la ventana.
-¡Renta! ¡Por favor, cuando me contestes me tienes que ver!
Rentarou dio la vuelta a su cabeza para ver a Mei y le preguntó:
-Dime… ¿aún piensas que soy un ser desagradable que debería estar muerto? –y volteó de nuevo hacia la ventana.
-¡Claro que no! Sólo me dejé llevar por la situación y… tampoco pensé que lo tomaras tan en serio tomando en cuenta que eres muy vacilador y en ocasiones hasta parrandero. ¡A… además me tengo que preocupar por cualquier camarada mío! E… es lo mismo que hiciste en Relthar, ¿o no?
Renta no dijo nada por unos breves instantes.
-Gracias por el regalo, pero ahora mismo solo quiero descansar y pensar en lo sucedido. Tengo muchos pendientes que debo resolver ahora que he regresado al lugar del cual nunca fui parte.
-¿No vas a probar siquiera algo de comida?
-No tengo hambre… -dijo Renta haciendo una pausa corta. –Pero si eso te anima algo, lo probaré.
Mei le alcanzó el plato con un trozo de carne, puré de papas, lechuga bañada en aderezo y una ración de champiñones, y Renta no dudó ni por un momento en probar parte de la carne y el puré.
-Qué rico está. –dijo después de saborear el pedacito de carne. –Creo que es de lo mejor que has preparado.
-Qué bueno que… ¿Estás diciendo que mi comida no sabe bien? –gritó Mei enojada.
-¡No! ¡No es eso! –dijo Renta desesperado para tratar de calmarla. -¡Sólo dije que esto es lo más delicioso que has preparado!
-¡Por eso! ¡Dices que mi comida no sabe bien y que esto es lo único que ha salido menos mal de todo!
-¿¡Ya vas a empezar!? Sólo intento hacerte sentir bien y lo estás tomando como un insulto. Trata de no exasperarte por lo que te digan.
Mijok soltó una tremenda carcajada.
-Así que al muchachillo le ha salido una pretendiente…
-¡Tú cállate! –gritaron Renta y Mei. Ésta tomó una de las botellas de la canasta y se la lanzó a Mijok, quien con una rapidez superior a la que Mei había arrojado el proyectil, la tomó con una mano, con la otra destapó la botella y comenzó a beber la mitad del licor de un solo trago.
-Ahhh… el licor del East Blue es lo mejor que se puede encontrar en el mar.
-Bien, me tengo que ir. –dijo Mei ya casi en la puerta. –Les dije a los demás que solo vendría un rato para ver las cosas. ¡Nos vemos! –y cerró la puerta.
Renta tomó una cajetilla del montón de la canasta, y a punto estuvo de abrirla para sacar algún cigarrillo, cuando de pronto el empaque fue envuelto en una especie de cristal transparente.
-¡Estella! –gritó Renta enojado.
-Nada de fumar mientras estés en cama. –le contestó Estella con severidad. –Es más, deberías dejarlo de una vez, no es muy agradable ese olor a tabaco y además es algo irritante para la nariz.
-Primero no puedo seguir a los demás, luego no puedo ni estirar las piernas siquiera, ¿y ahora no puedo ni fumar? –contestó Renta. –Si seguimos así, al rato diré que era mejor ser ejecutado ayer. –y comenzó a reírse hasta convertir esa risa en una carcajada.
A Estella le sorprendió que Renta se riera de su propia muerte, a pesar de que sabía que ir de expedición a cazar monstruos salidos de antiguos escritos le provocaría lo mismo pero que desistiera de ir.
-¿Pero al menos puedo beber algo?
-Bueno… eso sí, pero solo un poco, no quiero que andes borracho mientras te recuperas.
Inmediatamente Mijok le lanzó la botella a Renta, y éste le dio un sorbo a la bebida, menos de lo que había bebido el espadachín pero suficiente para refrescar la garganta.
-Ahhhh… Ahora recuerdo por qué siempre salía de noche a embriagarme en Serafia antes de ser arrestado… Mijok, tienes toda la razón, el ron del East Blue es de lo mejor. No es lo mismo que fumar pero al menos calmará mis ansias por un rato.
Se acomodó a gusto en la cama donde reposaba y cerró los ojos. Ninguno de los presentes entendió por qué Renta dijo lo próximo:
-¿Sabes Mijok? Cuando cierro los ojos y me encuentro a solas, puedo percibir lo que sucede al exterior, incluso si no puedo oir sus voces.
-¿Eh?
-Así fue como encontré a mi hermano de entre los escombros y que además me metiera en “ese” problema. El doctor siempre me decía que no es algo habitual en una persona, mas sin embargo aprendí a distinguir las percepciones de los objetos y de los animales y plantas con los de las personas.
-¿De qué hablas? Parece que el alcohol te trastornó un poco, ¿sabes? –dijo Mijok.
-No es el alcohol, Mijok. Esto no tiene nada que ver con el alcohol. Entiendo que ni siquiera sepas de qué hablo. Podría decirse que ni yo sé lo que es.
-Eso, y además porque nunca lo has comentado.
-No puedo explicar algo que ni yo mismo entiendo lo que pasa… Ahora mismo sólo escucho gritos de hombres que luchan por salvar su vida… uno de ellos grita porque le han mutilado uno de sus brazos, otro se está quemando y busca desesperadamente agua… hay como cinco o seis pidiendo ayuda a gatas en las casas más cercanas, al parecer están perdiendo demasiada sangre y están tan débiles que no pueden ni ponerse de pie… Otros están ensartados con una espada en las paredes, dando su último aliento, pero de pronto sus gritos desesperados desaparecen, ya no tienen vida… A lo lejos hay otro que no está peleando, grita despavorido que esta es la peor masacre que se ha vivido en Serafia… Ya no quedan muchos… los pocos soldados vivos no saben cómo huir… sus barcos fueron destrozados…
-¿Se… Serafia? –dijo Estella para sí. -¿No podría ser…?
De la ventana ingresó un pájaro con un morral con periódicos del día. Estella tomó uno y le dejó unas monedas para que se fuera. Menuda sorpresa la que se llevó al ver en el encabezado “Masacre en la isla de Serafia”, prácticamente Renta había descrito la situación de la isla, pero mucho peor si se tomaba en cuenta la hora de publicación del periódico y la descripción con la hora actual. Además Renta no había leído el periódico en estos días, o al menos no le dejaban el diario en su celda, y menos había leído algo en las horas que se había quedado encamado.
-¿Desde cuándo…? –preguntó Estella.
-Desde que era un niño, más concretamente desde que quedé huérfano…
-¿Y Silver…? –cuestionó Mijok.
-Lo sabe, y sabe de igual manera cómo burlar esa habilidad… Por eso no me di cuenta pronto de que hay algo raro en el Silver de ahora… Dime, ¿qué pasó cuando nos separamos?
-Si te llegara a contar, sería peor que cualquier tortura que puedas sufrir en prisión, a pesar de que Silver no recuerda lo que pasó ahí, no podría decir lo que ocurre.
-Si ni él sabe, muchos menos los demás… -dijo Renta, y cayó dormido producto de su cansancio y el alcohol.
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Más sin embargo, sin explicación alguna, estaba justo frente a la boca de la cueva que conocía, aquella que su hermano y él descubrieron hace años y la cual no entendía qué podía encerrar.
-Estella me va a matar si ve que me he salido de la cama…
Pero no entendía cómo llegó allí, sólo sabía que sus heridas estaban sanas, no llevaba vendaje alguno pese a que sus ropas aun estaban algo sucias y rotas (aunque solo llevara su pantalón y sus botas, parte del viejo uniforme). Por más que quiso regresar, algo lo atraía hacia el interior del lugar, y prefirió dejarse arrastrar por aquella fuerza…
Notó que el recinto estaba completamente iluminado, algo extraño haciendo notar que eso era una cueva cuya exploración no había sido realizada, o al menos no había antorchas colgadas en el piso.
Uno, dos, tres pasos, quizás más, pero su ser flotaba sin que pudiese poner resistencia. La fuerza lo llevaba a recorrer ese lugar, seguía la única ruta existente, pero al llegar a una bifurcación, la cual no recordaba siquiera haber visto en su vida, la fuerza lo hizo voltearse hacia la izquierda, poner su mano y abrir otro pasadizo.
La misma fuerza lo siguió arrastrando, y la puerta que había abierto se cerró, y en menos de cinco minutos llegó hasta el lugar que más recordaba de toda la zona.
Ahí estaba, el lugar que habían visto tanto su hermano menor como él. La enorme puerta labrada, al parecer ya estaba abierta. Notó a su izquierda el hueco en las paredes, la piedra de Atonar estaba justo ahí reposando y despidiendo una cálida luz.
-Así que eso era la llave…
Intentó liberar la piedra de su lugar pero fue inútil. Al parecer la piedra estaba perfectamente encajada en su soporte, a tal grado de no ceder siquiera un milímetro.
-¿Qué es esto…? –se preguntó. No era normal que estuviese de pronto a solas en ese lugar, pero por alguna extraña razón no sintió miedo. De igual modo notó cientos de inscripciones en las paredes, las cuales no entendía su significado, pero se fijó que en una sección existía que los patrones se repetían. Eso, supuso, era para recordar a los forasteros de los peligros que desataría el abrir este lugar. Al igual que los monstruos horrendos que custodiaban la zona.
Aquella corriente que lo arrastraba hacia el interior se desvaneció, dejando a Renta el poder caminar a sus anchas. Quiso palpar la puerta, y lo logró, por primera vez no salió despavorido del lugar como lo hiciera hace años, pero algo fuera de sus previsiones pasó. Una enorme luz roja lo envolvió al momento que escuchó en su mente resonar la frase “Bienvenido aldeano”.
-¿Qué cara…? –gritó, pero estaba solo (o eso creía).
Al ver que la luz no solo lo envolvía sino que lo levantaba del suelo, Renta comenzó a gritar despavorido, pidiendo que lo soltara o algo, pero fue inútil. Aquella luminiscencia comenzó a estrujarlo, y allí fue cuando soltó fuertes gritos de dolor... y… no sintió nada más…
Y de pronto se vio en el suelo, o al menos eso pensaba que lo detenía. Se iluminó el lugar, y vio enormes figuras de monstruos y estatuas de hombres con armaduras, y al lado de algunas de ellas… ¿más puertas? ¿Cómo era posible? Esto era una especie de laberinto o algo, solo que este tenía bien definidas sus entradas y salidas, un montón de caminos y puertas completamente iguales, excepto una, la del fondo, la que parecía completamente lisa. Y frente a esa puerta, dos hombres y un… ¿fantasma? ¿Dónde estaban As y los otros dos conocidos de Silver? ¿En qué lugar se habían metido?
Pero no era tiempo de hacer preguntas, era hora de reunirse con ellos. Corrió a toda velocidad hacia ellos, cuando la escena que se montó entonces lo hizo asustarse. Allí se encontraba Rido, sacudiendo a Silver, le gritaba, como si intentara despertarlo de algo…
-¡Silver! ¿Se encuentra bien? ¡Responda por favor! –gritaba Rido mientras sacudía a Silver.
-¡Señor Silver! ¿Qué tiene? ¡Respóndanos por favor! –gritaba de igual manera el “ser”.
Éste no reaccionaba, por más que Rido lo sacudiera con fuerza. El otro ser gritaba a Rido preguntando lo que pasaba.
-¡Rido! ¡Rido! ¿Qué pasa? ¿Qué le pasa a Silver? –decidió preguntar Renta. -¡Rido, respóndeme! –gritó al ver que Rido no le contestaba para nada.
Gritaba con todas sus fuerzas pero nadie le hacía caso, era como si no existiera en ese lugar.
-¡Silver! ¡Responde! ¿Qué te pasa? –volvió a preguntar Renta, esta vez a su capitán. Pero tampoco respondió.
Un temblor sacó de la desesperación a Rido, a Renta y a la otra “cosa” que los acompañaba, seguido de un enorme rugido. Del grabado en la pared de unos cangrejos con forma humana, salieron varios seres con la misma forma. Renta los reconoció al instante…
-Dammnes…
Rido tomó rumbo hacia esos grabados y sacó su martillo con rapidez para intentar apalear a los seres que salían. De un movimiento de su martillo dejaba fuera a varios, el “ser” intentaba ayudar en lo que fuese pero no podía hacer algo, o tal vez se había olvidado de cómo detenerles. Rentarou intentó golpearlos con sus puños, pero notó que no funcionaban para nada, sus manos atravesaban los cuerpos de esos seres como si de un fantasma se tratara, y no les hacía daño, y mucho menos logró llamar la atención de las criaturas. Mientras Rido intentaba a detener a todos los que podía, algunos otros lograron burlar su pobre defensa y dirigirse hacia Silver.
Al darse cuenta de esto, Rido corrió hacia Silver para dejar fuera a esos seres con su martillo, pero mientras intentaba defender a Silver, una cuadrilla de Dammnes los rodeó sin posibilidad de escape. Renta comenzó a gritar lo que fuese para ayudar, pero simplemente nada de lo que hiciera ayudaba en algo, gritó con todas sus fuerzas hasta que… hasta que…
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… hasta que despertó.
Renta se despertó asustado, completamente asustado, incluso gritó al despertar alertando a los pocos presentes.
-¡¡Si.. Silver!! … ¡¡Rido!! ¡¡Los Dammnes!! ¡¡Por favor… Mijok…!! ¡¡Tienes que ir…!! –estaba tan desesperado que las palabras no salían de su boca.
-Renta, cálmate, dinos qué pasa. –dijo Estella para tratar de tranquilizarlo mientras con sus “habilidades” inmovilizaba al herido.
-¡¡Silver no reacciona, Rido está peleando contra los Dammnes, son muchos y necesitan ayuda!! ¡¡Ni As ni los viejos amigos de Silver se encuentran allí!! ¡¡Por favor, Mijok, ve a salvarlos!! ¡¡No te quedes allí quieto, ve a ayudarlos, se encuentran en peligro!!
-Tranquilo Renta, tranquilo, debe ser solo una pesadilla, no creo que As los haya dejado abandonados.
-¡¡No es una pesadilla!! ¡¡Lo juro!! ¡¡No puedo quedarme quieto viendo cómo están en peligro y nadie les ayuda!! ¡¡Tienes que ir con ellos!! ¡¡ No te quedes…!!
Estella rodeó la cama del herido con cristal transparente para intentar calmar a Renta. Mijok dudó por un instante, nunca había visto a Renta tan alterado como entonces. O quizás era un truco para poder salir de la cama, o de verdad estaba pasando algo. Pero Estella trataba de no dudar, no se explicaba por lo menos cómo había atinado en lo que respecta a la situación de la antigua capitana de Eratia y su arribo a Serafia. Mientras tanto Rentarou golpeaba con todas sus fuerzas la prisión de cristal.
Pero el sonido habitual de un Den Den Mushi los sacó de sus pensamientos. Mijok metió una mano en uno de sus bolsillos y sacó de allí un pequeño caracol, a través del cual tomó la llamada.
-¿Qué pasa Silver?
Pero la voz que contestó no era la de Silver.
-¡Qué bueno que pude hablar con alguno de ustedes! – se escuchó la voz de Rido por medio del caracol. -¡Estamos siendo atacados por cangrejos con forma humana! ¡Silver se ha quedado en trance, no reacciona a nada, está de pie pero no se mueve!
-¿Y As? –preguntó Mijok.
-¡El discípulo del profesor White sufrió un ataque de pánico y ambos regresaron a la aldea, y As los está acompañando!
En ese instante Estella liberó a Renta de su prisión, quien seguía gritando para que le prestaran atención. En cuanto notó que Mijok hablaba con alguien por Den Den Mushi, dejó de gritar.
-¡Por favor, vengan a ayudarnos! ¡Son muchos y yo solo no puedo contra tantos! –siguió diciendo Rido.
Y se cortó la llamada.
Tanto Estella como Mijok miraron entonces a Rentarou, quien no entendía por qué le miraban de esa forma tan rara y desconfiada.
-Silver está en problemas. –le dijo Mijok para romper el hielo.
Pos eso...
A ver, Silver, se nota que eres susceptible a los malos espíritus de las cuevas, y yo que pensaba que en ese aspecto era robusto como un roble.
Eratia, Seastone, dejen de ver el Canal de las Estrellas XD, que en este capítulo se nota y mucho.
Sandman, creo que ya tenemos a la pareja prefecta para Terreis, tu personaje ama pelear desnudo XD.
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Jue Ene 08, 2009 2:48 am
por Long_Jhon_Silver
Vamos a ver:
@ Sandman: Excelente capitulo, valio la pena tanta espera. Es ipresionante la fluidez con la que relatas las escenas de acción y el estilo de San D Man, muy a lo Maverick me encanta. Demás esta decir que ya quiero leer más.
@ Rentarou: Por fin, te ha quedado un capitulo interesantisimo, donde imprimes con maestri el momento aquel frente a la puerta. Demás esta mencionar el humor de Mijok y como has amarrado todo. Muy bueno...Sólo una cosa, esta muy largo...Je, que no que es una broma solamente. Y por cierto, no es que Silver este dominado por los espiritus, si no que....Ehhh bueno, en el proximo capitulo ya lo sabran...
@ Terreis: Ya ves, esa es la idea, que la trama sea tan buena que incluso sirva para pelicula. En todo caso la idea de eso es original mia, ehh, por si acaso...
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Jue Ene 08, 2009 11:19 am
por Terreis
creo que ya tenemos a la pareja perfecta para Terreis, tu personaje ama pelear desnudo XD.
A Terreis la dejáis tranquila en el fondo del mar como un fantasma sirenita que esta muy a gusto alli. Nada de casamenteros que para eso soy yo
@Renta: Y yo que pensaba que Mijok era un desalmado sin corazón y ahora resulta que tiene su pequeño corazoncito (creo que es puro teatro). Tenéis a la pobre Estella un poco incomoda con entre medias de dos piratas que se conocen de hace mucho. Una historia normal que relata desde el punto de Renta y su estado de saludo. Ahora bien, cabe decir que me he quedado con la intriga en el final: ¿llegaran a tiempo Mijok y Renta a salvar a sus camaradas........? El desenlace en el siguiente capitulo.
Una pregunta: ¿Vais a dejar a los Marines que están en el calabozo como segundo plato? ¿No va a ver más batallas?
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Jue Ene 08, 2009 11:53 am
por Sandman
@ Terreis: Gracias por los elogios. Sí, la verdad es que quería que el hombre tuviera un look femenino (tipo elfo) para que no pegara ni con cola en el sitio donde se lo ha encontrado.
Y tranquila, que a San D. Man no le van los fantasmas... digo, fantasmas... digo, ghosts...
al menos no por ahora
@Renta:

No es él, es la sociedad. A él le encantaría pelear vestido, pero es que no le dejan
@rido: Sólo he llegado hasta la historia del 23 de diciembre, pero sin duda lo que más me ha gustado es la discusión con Hilmar

Muy onepiecesca, sí señor.
Re: Historias Piratas, Volumen3.
Publicado: Vie Ene 09, 2009 12:46 pm
por Eratia
Buf. Mamma mia, desde luego, los que habeis dejado ultimamente capi os habeis lucido. Rido, desde luego lo de Hilmar (insertar carcajada aquí). Lo que me pude reir en ese momento.
Por otro lado, Silver igual de sobresaliente que siempre. Aunque no se si tiene pluriempleo de capitán pirata y de exorcista, porque parece que si... Y Sandman... XD. Eres la pera. Es una pena que no aparezcas un poco mas, porque me lo paso genial con tus historias. Y entre tu personaje y el de Rido desplumais a un casino entero, me da a mi.
Y Renta el último. Me ha gustado bastante, aunque han habido un par de cosillas que me parecio que sobraban. Ademas, ¿desde cuando eres adivino? Porque si lo eras haber avisado antes para ver que numero de la lotería teníamos que comprar, leches. Y te voy a dar yo canal estrellas a ti... Con el cansinismo que llevabas no había quien te aguantara al lado ¬¬
Y por lo demás, parece que solo aparecemos los de esta trama. A ver si los otros hacen acto de presencia, aunque sea solo para decir que están vivos.