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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Mar Nov 11, 2008 10:46 am
por Ramsus
A mí me tenéis que disculpar, pero estoy realmente atascado. Tengo mi historia a medias y sé exactamente qué es lo que quiero escribir, pero ahora mismo mi tiempo es muuuy limitado y llevo días sin poder ponerme con el relato.

Lo siento de veras, y espero poder acabar pronto, pero ahora mismo no sabría decir cuando.

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Mar Nov 11, 2008 3:38 pm
por Terreis
Bueno, bueno como esta el patio :roll: Esta claro que el tema esta un pelin parado, pero de seguro que se anima este fin de semana :gota: (eso espero). Yo estoy escribiendo e igual para el viernes tengo algo nuevo, con presentación de nuevo personaje incluido :roll:
Ya puesto señor capitán podíais pasarme una descripción de vuestro personaje :P y del resto de su tripulación...

PD: aprovecho que me voy a aventura a escribir un nuevo Fic, ya veremos como sale :gota:

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Mar Nov 11, 2008 3:47 pm
por Ghorrhyon
Vale, vale, ya lo cojo, el puto pájaro no actualiza. Bueno, pues el viernes lo tengo, palabrita de don Tancredo. Y Ramsus, hazme el favor, espérate a que lo ponga (como si lo fueras a tener antes). Y tú también, rubia XD.

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Mar Nov 11, 2008 4:16 pm
por Terreis
Ghorrhyon escribió:Vale, vale, ya lo cojo, el puto pájaro no actualiza. Bueno, pues el viernes lo tengo, palabrita de don Tancredo. Y Ramsus, hazme el favor, espérate a que lo ponga (como si lo fueras a tener antes). Y tú también, rubia XD.
Palabrita de Don queeeee....a ese lo deben conocer en su casa. Rubia :roll: ... venga te reto y te lanzo el guante haber quien lo sube antes de los dos :lol: quien gane invita al otro a un zumo de esos que le gustan tanto a ramsus :P

PD: perdón por el mensaje Span :oops:

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Mar Nov 11, 2008 8:40 pm
por osin
Bueno, ahora tengo que ser yo el que pide disculpas, mi nuevo capítulo lo terminé el sábado pero gracias a un bonito virus "te voy a joder todo el sistema operativo" he estado hasta hoy sin ordenador y una de las cosas que he perdido ha sido eso, el capítulo. Por supuesto lo tengo bien guardado en mi cabeza y solo tengo que reescribirlo, pero pido disculpas por esta tardanza.

Al menos he tenido la suerte que ni Ramsus ni Alira han colgado nuevas historias y eso me permite ponerme a la par con sus tiempos en la historia sin variar para nada todo lo que tenía pensado. De nuevo pido perdón.

PD: y ahora si me disculpaís voy a ver que mas he perdido ^^U

Será para mañana, lo juro ;_;

Publicado: Mié Nov 12, 2008 5:21 am
por Gargadon
osin escribió:Bueno, ahora tengo que ser yo el que pide disculpas, mi nuevo capítulo lo terminé el sábado pero gracias a un bonito virus "te voy a joder todo el sistema operativo" he estado hasta hoy sin ordenador y una de las cosas que he perdido ha sido eso, el capítulo.
Pues Enjuto Mojamuto te da la solución XD:
http://mx.youtube.com/watch?v=TgF0dMblCKg

Y eso, solo para avisar que la parte mas conflictiva ya la tengo pero aun así no la tengo terminada hoy así que supongo que mañana le daré los últimos toques. Y pido perdón por no tenerlo a tiempo :cry: .

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Jue Nov 13, 2008 1:29 am
por Sandman
Antes de nada me gustaría reconocer mi propia estupidez. Ya hace tiempo algunos foreros me hablaron de este tema y veía que salía votado como el mejor de la página, pero aun así no me salía meterme a leer... ¡Y cuán equivocado estaba! La verdad es que con la tontería me he enganchado, aunque todavía voy bastante atrasado (como a 16 páginas de acabar el tema anterior).

De nuevo no me queda más que unirme a las unánimes críticas positivas y animaros a que sigáis con este excelente trabajo.

PD: No descarto inventarme algún personajillo y ver si me puedo meter en la historia (si me se permite, claro), aunque sea en una trama secundaria tipo filler para que se descargue un poco la responsabilidad de algunos (y a la vez no sentirme culpable por un ritmo irregular de publicación). En fin, a ver si os alcanzo...

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Jue Nov 13, 2008 4:58 am
por Long_Jhon_Silver
Sandman escribió:Antes de nada me gustaría reconocer mi propia estupidez. Ya hace tiempo algunos foreros me hablaron de este tema y veía que salía votado como el mejor de la página, pero aun así no me salía meterme a leer... ¡Y cuán equivocado estaba! La verdad es que con la tontería me he enganchado, aunque todavía voy bastante atrasado (como a 16 páginas de acabar el tema anterior).

De nuevo no me queda más que unirme a las unánimes críticas positivas y animaros a que sigáis con este excelente trabajo.

PD: No descarto inventarme algún personajillo y ver si me puedo meter en la historia (si me se permite, claro), aunque sea en una trama secundaria tipo filler para que se descargue un poco la responsabilidad de algunos (y a la vez no sentirme culpable por un ritmo irregular de publicación). En fin, a ver si os alcanzo...
Sí, sí, sí a todo...Claro, ya ves lo que te perdias por no venir antes a leer, y por supuesto, si tienes ganas y valentia suficiente como para unirtenos en este fascinante experimento que es las Historias Piratas, pues bienvenido seas, estoy muy seguro que a nadie le molestaria ver puntos de vista nuevos, o como tu dices, alguien que se lleve también la responsabilidad. Así que bienvenido y a seguir leyendo queda.

@ Renta: Bueno, ya ves como se complican los procesos creativos a veces, sólo espero poder leer pronto eso, que ya no aguanto de tanto esperar. Ah y por cierto, Los pinguinos dominaran el mundo...dood.

@ Osin: Demonios...Bueno, espero que pronto soluciones ese percance, ya que ese capitulo es uno de los que estoy esperando.

Bueno, ya que nadie más deja su aporte, pues me guardo mi parte hasta que alguien culegue algo, así y como es seguro que tendre que hacerlo, cambio lo que tenga que cambiar antes de subirlo y no después, que queda feo...Bueno, nos leemos.

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Jue Nov 13, 2008 10:59 am
por rido
¡Sí! ¡Aunque no lo parezca sigo vivo! O algo muy por el estilo. Estas dos últimas semanas han sido bastante complicadas y he tenido toda mi cibervida un tanto aparcada, pero creo que es momento de retomarla. Por lo de pronto me estoy poniendo al día con la lectura (también es que me daba bastante palo ponerme a participar sin leerme las historias) así que... eso. Iré comentando poco a poco.

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Jue Nov 13, 2008 10:18 pm
por Gargadon
Lo prometido es deuda. Lo admito, no es de lo mejor que he escrito, sin embargo con algo había que rellenar XD.
Spoiler: Mostrar
23. En la nada. Confesión (parte cinco).

-Silver…. ¿eres tú…? –fue lo único que el débil cuerpo de Rentarou le permitió decir.

Tal parecía ser que Silver y algunos de los demás Outlaws ya se encontraban en la aldea presenciando el espectáculo de su ejecución. Qué equivocado estuvo al creer que lo abandonarían y lo dejarían morir por algo meramente provocado por las circunstancias del momento.

-Tranquilo mi amigo, ya hemos llegado. Perdón por el retraso— le contestó Silver, en un tono calmo y con una sonrisa en su rostro.

Eso lo dejó más tranquilo, ahora podía descansar un poco, tal vez en la próxima ocasión, su cuerpo le permita pelear, pero por ahora era mejor descansar. Lamentablemente se dio cuenta de su situación crítica en cuanto alzaba un poco la mirada desde el hombro de Rido y observaba el alboroto de la gente, de los marines, y de Mijok usando sus grandes habilidades con la espada, y apenas podía escuchar lo que ocurría a su alrededor. Aunque por un lado no se imaginaba qué tanto alboroto provocaría su simple estadía en el lugar, por otro lado sabía que la única forma de que perdonaran su supuesta “traición” sería ver su cabeza separada de su cuerpo.

--No es nada, eran unos novatos. –le oyó decir a Mijok. -¿Por cierto, como está Rentarou?—
--Excelente Mijok—Dijo Rentarou algo débil

Acercándose hasta él, Mijok pudo ver las feas heridas que tenía en su cuerpo y sonriendo le dijo:

--Te he dicho mil veces que no juegues con cuchillos, ya ves como te has cortado. ¿Por qué crees que Silver no te mando jamás a pelar patatas?—

“Lo sé, Mijok. Lo sé”. Quiso decir Rentarou, pero sus palabras no salían de su boca. Se dio cuenta de que su estado se agravaba con rapidez. Su visión se volvía borrosa, comenzaba a sentir un intenso frío a pesar de que en ese momento el sol estaba dando sus rayos más fuertes, y sentía su respiración mucho más caliente de lo normal. No pudo siquiera pensarlo bien, ya que escuchó un gran alboroto entre la gente, que empezaba a huir despavorida, una enorme ola se extendía sobre la isla, llenando de agua las calles más cercanas a la costa, dejando el puerto inundado. Un enorme monstruo marino se extendía desde lo lejos, allí en el mar. Con forma de serpiente y con cara de un feroz perro, se alzaba un imponente rey del mar, mucho más alto que la torre de vigilancia de la isla. Totalmente diferente a aquel monstruo con forma de dragón sin alas que conoció en persona.

-Eso lo veremos. –Gritó Silver mientras fijaba la mirada hacia aquel ser.
-¿”Lo veremos”? –preguntó Rido.
-¿Qué? –contestó Rentarou, sin entender lo que pasaba.
-Nada… Agárrate fuerte. –le contestó Rido, quien salió corriendo intentando evitar la turba enardecida que aún buscaba cobrarse venganza.

Rentarou alzaba la mirada viendo el camino que tomaba y recordó la ubicación del barrio donde se encontraba su viejo hogar. Sabía que si no recibía atención médica pronto podría incluso morir allí mismo, así que intentó conducir a Rido por las calles para indicarle a dónde debía llevarlo. Por la izquierda, en aquella casa de dos pisos, la tercera a mano derecha. Supuso que la casa aún estaba habitada por su hermano y que todavía quedaba algo de los instrumentos de curación de su padre adoptivo.

Rido ingresó a la casa que le habían indicado, después ingresó Estella, y cerraron la puerta para evitar alguna tragedia. La salud de Rentarou se agravaba conforme pasaba el tiempo, apenas tenía fuerzas para respirar, y de repente, las maldiciones de Rido y la población enfurecida se escuchaban demasiado a lo lejos, hasta el punto en que no logró escuchar absolutamente nada. Cerró los ojos, y no sintió nada.

No sintió nada de dolor en su pecho, su respiración empezaba a calmarse, incluso a mejorar más de lo acostumbrado, no tenía fiebre ni hambre, incluso las grandes ganas de fumar que se cargaba desde hacía algunos días había desaparecido. Y comenzó a preocuparse…

Entreabrió los ojos, y no vio a Rido ni a Estella, ni siquiera a los marines o a la turba enfurecida que buscaba matarlo, ni a Silver ni al resto de sus amigos. Sólo vio blanco, puro blanco, como estar en una habitación vacía cubierta de blanco y con una excelente iluminación. Eso lo hizo preocuparse más, y abrió los ojos por completo. Era cierto, estaba en un cuarto totalmente pintado de blanco y se inspeccionó minuciosamente. Vio que sólo vestía su pantalón harapiento y sus botas sucias, observó que las heridas abiertas en su pecho estaban completamente cicatrizadas. “Probablemente aquella ‘marca’ ha desaparecido…”, se dijo a sí mismo. “No, aún sigue ahí, mierda…”, pensó al ver que el rey del mar aún seguía en su hombro, igual de feroz y bravo que el de verdad que había acabado con las vidas tanto de su superior como de algunos de sus compañeros en la Marina.

Se dio cuenta de que podía flotar. Alrededor de él era todo blanco, exceptuando alguna especie de formación nubosa entre gris y brillante, que en ocasiones se tornaban de algún color. Intentó concentrarse un poco y notó que podía escuchar las conversaciones entre aquellas “nubes”. Dos nubes, una del tamaño de uno de sus puños cerrados, junto a otra del diámetro de su antebrazo, cambiaban de color constantemente, mientras conversaban no muy animadas.

-Mami, ¿a dónde vamos? –preguntó la “nube” más pequeña.
-A un lugar mejor, mi amor. –contestó la nube más grande en un tono calmo.

Rentarou observó fijamente el trayecto de aquellas nubes, y notó que al fondo había una especie de turbulencia grisácea, en la cual el resto de “nubes” se dirigía.

-La nada… -dijo. –Estoy en “La Nada”.

Ese era el lugar del que hablaban muchos marineros viejos, el lugar que algunas religiones conocían como El Purgatorio, pero este era diferente. Los marineros que decían haber regresado de la muerte decían que La Nada era el lugar donde las almas de los muertos transitaban antes de morir, donde no existía el cuerpo, un lugar terrible en el que debían pasar sufrimientos y pagar sus culpas antes de descansar en paz.

Pero para Rentarou esto era diferente, no era aquel lugar tenebroso que se imaginaba. Al contrario, era una paz tremenda que en ocasiones llegaba a incomodar. Pero en cuanto se desesperaba, volvía la paz, allí no había cabida para otro sentimiento. Pero, ¿cómo que el cuerpo no existía? Podía verse a sí mismo, podía tocarse a sí mismo y sentir que su cuerpo aún seguía allí. Todo lo contrario al resto, que solo eran un cúmulo de nubes que se dirigía a lo que muchos conocían como “la luz”.

Era como si “la luz” arrastrara a las nubes pequeñas y grandes, pero Rentarou no sentía nada, siquiera atracción hacia ese lugar, o que lo arrastraran hacia allá, como si la luz no tuviera la suficiente fuerza como para llevárselo.

-¿Eso significa… que ya estoy muerto…?

En estos momentos lo único que le desanimaba era el hecho de estar en ese lugar. El ver que un rey del mar estaba destrozando el lugar donde nació y creció, que sus amigos estuviesen peleando contra aquel ser, y que él no pudiera hacer nada, sólo descansar en paz. Lamentaba ser un inútil en ese entonces, siempre aparentar ser fuerte cuando en realidad por dentro sólo quería desahogarse y se sentía completamente inútil y cobarde. Todo el tiempo era así. Se lamentaba el no poder ayudar a sus amigos como debería. Pensó que al ingresar a la Marina su vida cambiaría, pero resulto ser peor de lo que esperaba. De ser un simple pirata de poca monta pasó a ser un prófugo de la justicia y que sobre él recayera una sentencia de ejecución. Tal vez si nunca hubiese escapado de la aldea, solamente lo hubiesen mandado junto con aquellos bastardos a la prisión de Impel Down, y todo por intentar defender a su hermano…

-¡Piratas! ¡Vienen los piratas!

Los gritos de aquél señor desparecieron en cuanto un cañonazo retumbó cerca de la casa.
Dkantun y Seiji se quedaron debajo de la mesa esperando a que el alboroto terminara, más sin embargo eso no sucedió. Pasó más de 15 minutos hasta que decidieron salir de la casa. El panorama era desagradable, escombros por doquier, casas de madera incendiadas, la calle donde estaban estaba pintada de un horrible rojo. Pero eso no era todo, cadáveres de varios aldeanos desparramados en las calles. Algunos incrustados en la pared, y que los sostenía una espada para que no se cayeran, otros con el torso abierto desde el pecho hasta el abdomen, algunos empalados en una antorcha todavía encendida y otros más estaban mitad cerca de la casa, pero de cintura para abajo se encontraban justo en la casa de enfrente.

-¿Qué es todo esto, hermano? –comenzó a sollozar Seiji mientras se aferraba a su hermano y apoyaba su cara contra el cuerpo de él para evitar ver tanta repugnancia y sangre.
-No lo sé, Seiji, no lo sé. –dijo Dkantun para calmar a su pequeño hermano, quien llevaba un estorboso morral que utilizaba como botiquín.

Caminaron hasta la plaza mayor del pueblo y lo que vieron fue impactante. Los sobrevivientes mirando hacia el balcón de la alcaldía viendo cómo su gobernante era tomado de las ropas por quien parecía ser el líder de la tripulación que les estaba atacando.

-¡Suéltame asqueroso criminal! –gritaba el señor de edad madura mientras pataleaba para liberarse de sus secuestradores.
-No resista señor. Veo que sus ciudadanos no nos recibieron como queríamos, teníamos que defendernos. Si no quiere recibir el mismo destino que sus conciudadanos, será mejor que nos entregue su puesto de una vez. –le dijo su captor con una sonrisa maléfica.

Aquel tipo era un cruel pirata, y se notaba bastante en sus facciones: no muchos marineros llevan las ropas maltratadas y sucias, y aquella cicatriz que mostraba tanto arriba como debajo de su ojo izquierdo hacía notar que era bastante experimentado en batallas navales.

Dkantun y Seiji se colocaron justo enfrente de la población para ver lo que pasaba, a pesar de la insistencia de Seiji de no ir hacia allá.

-Otra vez esos malditos. –dijo uno de los aldeanos.
-¿Por qué tuvieron que regresar? –dijo una anciana.
-¿Regresar? –preguntó Seiji. –Hermano, ¿quiénes son esos tipos?
-Son esos que arrasaron con todo hace más de diez años. Los mismos que asesinaron a tus padres, chico. –le contestó un fornido pescador. –No lo entiendo, ¿por qué…?
-Atención, ciudadanos de Red Village. –Interrumpió el pirata.- Yo, Nesman, y el resto de mi tripulación, declaramos que tomo posesión de la alcaldía de esta isla.

Diciendo esto aventó al antiguo alcalde desde el segundo piso del edificio hacia la calle. Sin penarlo, Dkantun corrió hacia el lugar donde caería el señor, e instintivamente abrió los brazos para atraparlo. El antiguo alcalde cayó hacia el suelo, pero el cuerpo de Dkantun amortiguó la caída. Dkantun perdió el equilibrio de la velocidad en la que caía el alcalde, cayendo ambos al suelo.

-¿Se encuentra bien, alcalde? –preguntó Dkantun.
-Sí, mucha gra… -dijo el alcalde, pero al ver a su salvador, cambió su reacción y dijo: -No necesitaba tu ayuda, muchacho.

Dkantun se sintió extrañado por la actitud del alcalde. Estaba acostumbrado a ser el chivo expiatorio de la aldea, pero esto rayaba lo absurdo. Pero no tuvo tiempo de pensar en ello. La sorpresa de la gente le hizo voltear hacia donde los demás miraban, y lo que vio lo hizo callar.

-¡Ayúdame, hermano! –gritaba Seiji mientras aquél capitán pirata lo tomaba de los brazos y le colocaba su espada filosa sobre el cuello.
-¡¡Seiji!! –gritó Dkantun. -¡Maldito! ¿¡Qué pretendes hacer con mi hermano!?

Ese ruin sujeto lo observó fijamente.

-Tú… esa mirada… la de aquel sujeto que asesinó a mi capitán…
-¿Eh? –se preguntó Dkantun. En un instante se vio frente a aquel sujeto, y éste, de un puñetazo, lo mandó a volar haciéndolo impactar contra uno de los edificios.

-A este chiquillo nos lo llevaremos a nuestra tripulación. Necesitamos un médico ahora mismo y mis hombres están bastante heridos. ¡Amigos! –gritó hacia sus camaradas. -¡Manden a toda la población a sus casas! ¡No dejen que ninguno salga de su casa! ¡Y maten a todo aquel que desobedezca sus órdenes! ¿Escucharon malditos?

Toda la tripulación dio un grito a modo de respuesta. Tomaron sus armas y corrieron hacia la población que huía despavorida a refugiarse en cualquier lugar. Dkantun ingresó a su casa y no dejaba de mirar por la ventana hacia la calle.

-Hermano… no dejes que te maten… -decía mientras se secaba las lágrimas. Se imaginaba lo más horrible que podrían hacerle a Seiji. Torturarlo, dejarlo sin comer, hacerlo un esclavo, podía escuchar a lo lejos a su hermano gritándole para pedirle ayuda.

“Muy pocas personas nacen con el don de escuchar a los objetos…”, decía el doctor. Hubiera deseado no tener ese don, no soportaba escuchar los gritos de su hermano a lo lejos y no poder ayudarle. Ya se había acostumbrado a esas voces, e incluso las ignoraba en ocasiones. O más bien podía diferencias la información relevante de todo lo demás. Pero no tuvo tiempo de pensar en ello. Siendo el único aprendiz de médico que existía en la aldea, Dkantun se hizo cargo de los heridos de forma clandestina. A eso se dedicó todo el día. Los pocos que se arriesgaban a salir de sus casas ya que sus heridas así lo ameritaban, iban hacia la clínica para poder ser atendidos. Y Dkantun, como vulgarmente se dice, les echaba aguas para evitar ser descubiertos por esos malnacidos y regresar a sus hogares sanos y salvos.

Esa noche no pudo dormir, los sollozos de su hermano no le dejaban dormir. Quería hacer algo, pero no era siquiera alguien que pudiese hacerles frente. Quería esperar a que los marines vinieran pronto. Pero la espera era larga y la noche siguiente no pudo soportar más el no hacer nada y, a riesgo de muerte, giró la perilla de la puerta y salió a la calle.

Recorrió sigilosamente la calle mayor. Por alguna razón, en ocasiones, tenía la extraña costumbre de caminar por las calles pasando desapercibido. Pero eso no importaba. En un acto más que desesperado y arriesgado llego hacia la plaza mayor y gritó con todas sus fuerzas hacia la alcaldía:
-¡¡Piratas!! ¡Quiero hablar con ustedes!

De la puerta de la alcaldía salieron Nesman y toda su tripulación.

-¿Qué es lo quieres, chiquillo?
-Por favor, suelten a mi hermano. –les dijo Dkantun con un nudo en la garganta.
-A cambio de algo… -le respondió Nesman
-¿Eh? –les preguntó.
-Si llegamos aquí hace varios años y volvimos a pesar de lo que le hicieron a mi viejo capitán, es porque tenemos algo muy importante que buscar en esta isla.
-¿Qué es? ¿Es dinero? ¡No tenemos dinero! ¡Esta aldea es pobre y solo tenemos para comer! ¡No entiendo qué buscan aquí! ¡Este lugar no sobrevivirá por mucho tiempo si nos mantienen encerrados!
-No es dinero, es algo… diferente. Buscamos aquello que nos da el poder. Y sabemos que una de las piezas clave se encuentra aquí, en esta isla. Si nos dices dónde está “eso”, empezaremos nuestra búsqueda y liberaremos a tu hermano.
-No… no sé de qué hablan…
-¿Eh? Creí que los aldeanos de esta villa sabrían de qué hablo.

Todos los piratas se carcajearon.

-Esta isla hasta donde sé, es un semillero de cuevas que no han sido exploradas. Y dicen que esa pieza que da el poder a todo el que la obtenga, se encuentra dentro de alguna cueva.
-¿Aquellas leyendas de viejos? Sólo son eso, leyendas. –le contestó Dkantun. –Si eso fuese cierto, hacía años que fuese descubierto ese lugar.
-Ustedes simples aldeanos no son ambiciosos. No saben nada del poder y las riquezas. Eso sólo lo sabemos nosotros los piratas. Por eso buscamos las riquezas, hacemos lo posible por obtener el poder y la ambición. Sin embargo seré benevolente contigo. ¡Muchachos, suelten a nuestro médico!

Los piratas obedecieron y en un instante trajeron a Seiji.
-¡Qué bueno que estás bien!
-¡Fue horrible, hermano! ¡Mataron al alcalde!
-¿¡Que hicieron qué!?

Nesman lanzó un costal que resonó al caer. Se entreabrió y dejó ver un enorme destello, lleno de monedas de oro, joyas preciosas y coronas.

-Son 15 millones de berries aproximadamente. Es la paga por habernos entregado a tu hermano y a toda la aldea.
-¿¡Qué!?
-Muchachos, ¡a destrozar todo!

Con esa orden los malnacidos piratas tomaron entre antorchas y espadas el control de la aldea. Incendiaron varios edificios, algunos secuestraban a mujeres, y otros más se dedicaban a contener a la población que asustada huía de sus casas.

-¿Qué están haciendo? ¿Qué es todo esto?
-¿Eso? Eso es lo que acordamos por habernos entregado esta aldea. Ahora todo este lugar es nuestro.
-¡Yo nunca hice ningún trato con semejantes personas!

Algunos de los aldeanos comenzaron a reunirse en la plaza al escuchar tales palabras.
-¿Qué hiciste qué?
-No… esperen… puedo explicarlo… -intentó decir Dkantun.
-¡Cállate! ¡Ya lo hemos escuchado todo! –dijo uno mientras alzaba un enorme trozo de madera e intentaba corretear a Dkantun. Éste salió corriendo intentando entre otras cosas entender qué pasaba, pero tropezó con una piedra y cayó al suelo. Los aldeanos aprovecharon el instante y comenzaron a apedrear al susodicho “traidor” mientras le gritaban cosas como “Maldito traidor”, “¿Cómo te atreviste a hacernos esto?” o “¡Ya sabíamos que nos ibas a hacer esto!”.
-¡Por favor, no me hagan esto! ¡Puedo explicarlo! –gritaba Dkantun mientras recibía las palizas.
-¡Cállate de una puta vez, asqueroso traidor! –dijo uno quien, con una pistola, decidió dispararle justo en la cabeza. Por fortuna, el instinto de Dkantun de protegerse de la turba le ordenó en ese instante colocar su brazo, impidiendo que la bala chocara contra su cráneo. Mas sin embargo Dkantun soltó un fuerte grito al sentir al proyectil atravesar la piel de su brazo e incrustarse en el hueso.
-¿Por qué carajos no te mueres, maldito? –gritó una señora que con un trozo de madera lo golpeó en la cabeza dejándolo inconsciente. Dkantun no sintió nada en cuanto recibió el fuerte porrazo, sólo escuchaba los gritos enardecidos de la gente y a lo lejos el llanto desesperado de su hermano, pero al final todo se desvaneció y no hubo nada.

-Dkantun, hermano, ¿estás bien? –preguntó Seiji mientras Dkantun entreabría los ojos.
-¿Dónde estoy…?
-Te traje a casa… Después de que la gente se fue, me dejaron libre y pude traerte aquí, aunque sea a rastras. Has dormido toda la noche. ¿Dime qué ha pasado?
-No… no lo sé… Sólo recuerdo que fui a buscarte y… y… -intentó Dkantun seguir con la plática pero al recordar las imágenes de la gente intentando matarlo pasaban en su mente se quedó congelado. –Tengo que salir, ya es tarde y nadie ha preparado el desayuno. –dijo para evitar seguir con la plática.

Echó un vistazo hacia la calle para ver si no había alguien vigilando, salió a la calle e intentó reflexionar un poco. Tal vez eso de ir arriesgadamente hacia unos bandidos era algo estúpido y daría pie a muchas confusiones. “Será mejor que hable con los demás sobre lo que pasó, quizás estén más calmados el día de hoy”, se dijo. Tocó en la puerta de una casa y dijo.
-Vengo por un poco de carne…

Nadie le atendió. Intentó ir hacia la casa de otro comerciante y pidió lo mismo. Este en cambio le abrió la puerta y en un tono totalmente amenazante le dijo: “¿Y con qué me vas a pagar? ¿Con ese dinero mal habido que esos piratas te pagaron? ¡Lárgate de aquí!”. Y le cerró la puerta.

Enojado, frustrado y triste, tocó en una tercera puerta en la cual una señora, la cual al verlo, le gritaba eufóricamente: “¡Mira chaval! ¡Si tanto te gusta ser un criminal, ¿por qué carajos no te vas con tus amigos piratas?!”.
-¡Basta! ¡¿Por qué todos están en contra mía?!
-¡Porque desde que sabemos de tu existencia sólo nos has traído desgracias! ¡Hubiese sido mejor que te mandáramos a un orfanato lejos de aquí, pero no! ¡El doctor de la aldea prefirió cuidarte! ¡”Es solo un niño, no sabe nada de maldad”, decía! ¡Pero mírenlo todos, vendiendo aldeas al mejor postor!
-¡Pero no he hecho nada!
-¡Eso díselo a tus amigos piratas! ¡Y ahora largo de aquí, que si tus “amigos” me ven hablar contigo, me matarán como lo hicieron con mi marido!

La mujer cerró la puerta dejando solo al joven. Éste bastante molesto, de noche decidió encarar nuevamente a esos malnacidos, nuevamente en un acto desesperado e impulsivo. Se dirigió a la alcaldía y nuevamente gritó:
-¡Piratas! ¡Quiero hablar con ustedes!

Esta vez Nesman salió sin sus acompañantes y encaró al joven. Sin decir nada, lo tomó como si se tratara de un trapo viejo y le dijo mientras lo sostenía en el aire:
-Mira muchachillo. Te has pasado muy de vivo pero esta vez no te saldrás con la tuya. Montamos ese teatro para que revelaras la ubicación de esa cueva, pero veo que eres persistente. ¿Sabes? Esa gente es ingenua y se cree todo lo que le digamos. Creer más en unos piratas que en uno de los suyos… Qué cortos de mente… -dijo y soltó a Dkantun.
-¡No hables así de mi aldea! ¡No entiendo las razones por las que hicieron eso! Sin embargo, sé que nunca le darían la espalda a uno de los suyos.
-¿Estás seguro?

Dkantun comenzó a recordar las últimas escenas con los aldeanos, el cómo lo trataban después del incidente. O incluso antes, cuando su hermano se metía en problemas, a él lo achacaban de lo sucedido.

-Mira muchacho, -le dijo Nesman. –te daré dos opciones. Únete a nosotros o vete de aquí. Sólo así dejaremos libre a tu aldea mientras nosotros seguimos nuestra búsqueda en esta isla. Quédate y no hagas nada. Así verás morir a todos los aldeanos.
-¡No…!
-Pues ya sabes. Espero verte aquí mañana, o quizás verte lejos de esta aldea mañana. De lo contrario, ya sabes.

-Y fue eso lo que ocurrió, Seiji…
-¿Quieres decir que…?
-¡No pienso trabajar para unos malnacidos! ¡Mucho menos ser cómplice de sus atrocidades! Pero aún así no quiero que nada le pase a este lugar. Tal vez me vaya de aquí…
-¡Pero hermano! ¿De qué vivirás? ¿Qué harás?
-De lo que sea, mientras pueda seguir con vida. Tal vez me enrole en la marina, o busque mi propio camino, pero por ahora solo debo irme.
-¡No te vayas! ¿Qué voy a hacer entonces? –lloraba Seiji.

Dkantun se detuvo pensando unos instantes y dijo:
-A curar los corazones de la gente. Solo espero que mi huida haga olvidar este trago amargo. Haz lo que te digo, eres mejor médico que yo.

Dkantun tomó sus pocas pertenencias y resolvió a irse por la puerta.
-¿Volverás? –preguntó su hermano.
-Eso espero… eso espero… -le contestó con un nudo en la garganta. –No dejes que te hagan daño, ni a ti ni a la aldea.

Y salió a toda velocidad tomando el único camino de entrada. El panorama era desagradable, edificios quemados y derrumbados, cadáveres descompuestos que despedían una enorme pestilencia. En el camino rodeado por árboles, y bajo el refugio de la noche, comenzó a llorar con todas sus fuerzas. Llegó al mar y vio el barco de esos bastardos. Estaba desolado, pensó en tomar algún bote e ir a la isla más cercana, pero todos los botes habían sido incendiados. Fue terrible. ¿Ahora cómo podía escapar del lugar?

Conocía las cuevas del lugar de cabo a rabo. Todas menos una, claro. Pero sabía dónde esconderse para evitar ser descubierto. Se escondió en una de ellas y pasó toda la noche en vela. Quizás mañana vendrían los marines y todo acabaría.

Pero estuvo equivocado. A la mañana siguiente escuchó murmullos provenientes del exterior, así que se asomó un poco, lo suficiente para escuchar pero igual para no ser visto.
-¿Tienen el dinero de la paga? –dijo una voz muy grave.
-Así es, capitán Sanders. –esa voz era la de Nesman.
-Muchas gracias, Nesman. Sigue dándonos esto y ya verás cómo haremos de la vista gorda tus actos.
-Por cierto Sanders. Por ahí hay un chiquillo que nos está dando mucha lata. Hasta donde sé, escapó de la aldea, pero debe estar en la isla aún puesto que todos los botes están destruidos.
-¿Y qué quieres que haga con él, Nesman?
-Enciérralo de por vida en prisión cuando te lo encuentres. Hicimos creer a todo su pueblo que les traicionó y que les vendió a nosotros.

Dkantun se sorprendió y lanzó un pequeño suspiro de asombro.

-¿Eh? ¿Hay alguien allí? –preguntó Nesman.
-Deben ser paranoias tuyas Nesman. Siempre has sido así desde que nos conocemos amigo.
-Tienes razón. Pero te pido un favor. No le pongas recompensa. Si se la pones, comenzarán a sospechar en tu trabajo que tenemos nexos y nos encerrarán a ambos.
-Todo sea para que mi amigo haga lo que quiera.

No podía creerlo. Pensaba en pedir ayuda a los marines, pero estos igualmente estaban envueltos en corrupción. ¿Qué iba a hacer? Sin escapatoria, sin poder huir de la isla, siendo considerado un criminal en la zona. Todo parecía indicar que el plan estaba maquinado desde el principio. Ahora estaba encerrado sin poder hacer algo.

Pasaron tres días y se quedó dentro de esa cueva. Era muy caluroso y a la vez húmedo, así que como única fuente de agua, lamía las paredes para saciar su sed, pero tenía hambre. Como último recurso, salió de su cueva a expensas de ser arrestado. Pero tenía hambre y necesitaba comer de una buena vez. Apenas dio unos pasos fuera de la cueva y cayó débil al suelo. Sólo esperaba morir antes de que los marines le arrestaran. Escuchó unos pasos pensando lo peor, alzó la mirada y en vez de ver la silueta de un marine o del tal Nesman, vio otra diferente, que le inspiraba más confianza, y cayó inconsciente.


Nunca se imaginó que ese día marcaría su vida para siempre, que a pesar de su profundo odio hacia los piratas, al final terminaría respetando a uno de ellos. Lástima que todo había terminado ahora. No pudo resistir a la tortura aplicada contra él y ahora estaba muerto, o eso es lo que creía. ¿Por qué nunca contó lo que había pasado? En principio porque sentía desconfianza por unos piratas. Cuando llegó por primera vez a Serafia, se dio cuenta que la situación de su aldea no era nada normal, que tenían un enorme resentimiento en contra de él desde que tenía memoria. Y que con la confesión por escrito que su padre adoptivo le había hecho, todo tomaba más sentido, a pesar de que claramente se notara cierta injusticia.

Sintió cuando una nube se estrelló hacia él en sus botas, y mientras lo atravesaba completamente desintegrado, le gritaba:

-A un lado, alma física. Éste no es el lugar para los vivos.
-¿Alma… física…? –le contestó.
-¿Cómo? ¿Cómo pudiste escucharme? –le gritó la nube mientras se reintegraba.
-¿No me estabas hablando?
-Sí… pero… -no logró terminar su diálogo. Aquella turbulencia lo arrastró.
-¿Cómo? ¿Un alma física? –preguntó otra nube con voz de mujer.
-¡Que alguien me explique qué carajos está pasando aquí! –gritó Rentarou.
-Vaya modales que tiene este jovencito. –dijo una nube con voz de mujer de edad y de alta posición social.
-Hum, soy un pirata, ¿qué esperaban?
-Entonces pirata, puedes regresar al mundo de los vivos puesto que no estás muerto. –le contestó una nube pálida con voz de viejo.
-¿Pero cómo puedo hacerlo? –preguntó Rentarou.

No recibió ninguna clase de contestación. Pero en su pensamiento, o tal vez desde fuera, pudo escuchar los sollozos de un hombre mucho más joven que él, le decía que no se muriera, que se disculpaba por haberle llamado “criminal” y cosas peores. Supo que aquella persona era su hermano menor, al que no había visto en años y cuando lo pudo ver, no pudo decirle todo lo que quería.

-Seiji… ¡no me quiero ir! –gritó Rentarou. -¡Quiero volver a verte! ¡A ti y al resto de mis amigos! ¡Quiero contarles todo lo que sucedió! ¡Ya estoy harto de seguir callando tal injusticia! ¡Aun no veo todo el mundo que prometí ver! ¡Quiero ver el mundo, y contártelo todo…!

-¡Está abriendo los ojos! –gritó el alcalde.
-¿Qué? –dijeron todos.
-¿Dónde estoy…? –preguntó Rentarou mientras abría los ojos.

Se fijó en la habitación donde estaban todos. Por la decoración pobre del lugar, sabía que estaba en la enfermería de un cuartel de la Marina. Pero no había marine alguno custodiando la habitación. Más bien estaban sus amigos, el alcalde y Estella cuidando el lugar. Estella y Seiji cada uno con sus instrumentos de medicina. Eratia, Mijok, Reyes y Silver se encontraban acostados en sus respectivas camas. El único que aún estaba durmiendo era Silver quien se encontraba prácticamente con sus ropas teñidas de rojo, a pesar de que era el único con menos vendajes que el resto. Rido llevaba la cabeza vendada y estaba sentado en una silla. A pesar de eso, el único que se encontraba más grave era Rentarou, quien llevaba todo el cuerpo vendado y una jeringuilla que, conectada a una de sus venas, le proporcionaba suero para hidratarse.
-Este es el cuartel general de la marina en Red Village. –le respondió Estella.
-¿Lo ves? –le contestó Eratia. –Te dije que vendrían.
-¿Y los demás? ¿Y el rey del mar? ¿Qué pasó? –preguntó Rentarou preocupado.
-Lo… lo vencimos… -le respondió Rido del otro extremo de la sala.
-No gracias a ti, muchacho. –respondió Mijok.
-Y los marines están encerrados para que no nos molesten mientras estemos aquí. –dijo Reyes.
-Yo no estuve de acuerdo con eso, pero son piratas y obviamente llevan una gran ventaja. –contestó el alcalde.
-Mei Lian y los demás están preparando el comedor para darte todo un banquete que no podrás acabar. –le dijo Eratia.
-No es necesario, solo quiero descansar… -Rentarou quiso disculparse, pero entonces un enorme gruñido sonó proveniente de su estómago.
-¿Quién dice que no tiene hambre? –dijo Rido sonriente.
-Seiji… acércate un poco… -dijo Rentarou para cambiar de tema. El alcalde obedeció, pensando en el momento, pero todo desapareció cuando Rentarou le dio un golpecito en la cabeza. –Por no atender mis heridas en prisión…
-Iba a hacerlo, es solo que los marines te sacaron antes de tiempo… -intentó disculparse. –Qué bueno que estás bien. –hizo una pausa y comenzó a llorar.- ¡Creí que ibas a morir! ¡No me des nunca más esos sustos!
-Tranquilo, te prometo que todavía no moriré. –le dijo Rentarou para tranquilizarlo.
-Aunque no lo creas, el alcalde de Red Village atendió todas tus heridas y preparó el antibiótico para la infección que cogiste en prisión de las heridas abiertas y la suciedad del lugar. –dijo Estella.
-Lo sé, mi hermano siempre haría lo que fuera por mí. –le contestó Rentarou.

Todos lanzaron un gesto de asombro, todos excepto Rido. ¿El alcalde de esa aldea era hermano de uno de sus amigos?
-¡Espera! ¡Eso nunca nos lo dijiste! –preguntó Eratia.
-Así que nuestro amigo tiene una especie de inmunidad diplomática. –dijo Mijok con una enorme sonrisa.
-Yo tampoco lo sabía, hasta hace poco. –dijo Rentarou lanzando una pequeña risa. –Aunque tampoco somos hermanos de sangre, nos criamos como si lo fuéramos. –hizo una pequeña pausa y solo atinó a decir- Mi cabeza me da vueltas, necesito un cigarrillo.
-Nada de fumar mientras te encuentres en reposo. –lo reprendió Estella.
-¿Desde cuándo fumas? –preguntó el alcalde.
-Prácticamente desde que ingresé a la Marina… -respondió Rentarou.
-Eso explica el extraño olor a tabaco de tu habitación. –respondió Silver, quien acababa de despertar.
-¿Se encuentra bien, capitán? –preguntó Rentarou.
-No te preocupes, este rojo es de la sangre del bicho ese.
-Capitán… -dijo Rentarou en voz baja y con una especie de nudo en su garganta. – ¿Aún queda lugar en el barco para un ex capitán de la marina buscado por traición y venta de aldeas?
-No hay lugar para esa sabandija, -dijo Silver, -pero sí hay un lugar para ti porque estoy seguro que no serías capaz de algo así.
-Muchas gracias…
-Vas a tener que explicarme qué sucedió para poder viajar como pirata. –le recriminó el alcalde a su hermano mayor.
-Por supuesto que te lo explicaré todo. –le dijo Rentarou. -¡Cierto! ¡Eso me recuerda… que debo contarles lo que pasó en verdad como para poder irme de aquí!
-No es necesario que lo cuentes. –intentó tranquilizarlo Silver.
-No, tengo que hacerlo. –respondió Rentarou. –Siempre he querido enterrar ese incidente y hacer como que nada había pasado. Pero… pero me di cuenta de que ese asunto todavía me persigue, por eso, para aclararlo todo, tengo que contarlo.

One Piece entró por la puerta para avisar que la cena ya estaba lista.
-Amigos, ya es hora de cenar.
-De acuerdo. –le dijo Silver a Rentarou. –Si lo quieres hacer, que sea luego, ahora hay que comer. Y no me gusta mezclar asuntos delicados con una deliciosa comida.
Por cierto, bienvenido Sandman. Ya sabes, ponte al corriente y esperamos ver algo tuyo.

Yo digo que...

Publicado: Vie Nov 14, 2008 5:35 am
por Long_Jhon_Silver
@ Renta: Sabes, valio la pena la espera. Definitivamente es un muy buen capitulo, con un ritmo pausado vienes y nos cuentas todo el duelo que ha estado viviendo el pobre ex marine, no encuentro que sea un mal capitulo, para mi gusto esta genialisimo. Y ya ves, los circulos empiezan a cerrarse.

@ Rido: Milagro, has resucitado. Ya decia yo que algo debia de andar mal. Bueno, esperare a que termines de leer y dejes tu parte.

Por cierto, me voy a corregir ciertas cosillas en mi próximo capitulo...Nos leemos.

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Vie Nov 14, 2008 11:02 pm
por Eratia
Renta: ¿Y dices que no es lo mejor que has escrito? Bufff. entonces quiero ver lo mejor cuanto antes. Porque, aparte de un par de de salidas que dejan un poco descolocada a la peña (¿La Nada? ¿Tanto le costaba recordar lo que le pasó que para hacerlo tiene que entrar en un estado de pseudomuerte?)

Para tu SBS, actualmente, que Eratia sepa, no tiene parientes vivos. El solo conocía a sus padres y los ha enterrado a ambos (de muerte natural). Es posible que tuvieran otra familia, pero no se la presentaron y el no se preocupa de ese asunto.

Y, por otro lado, aquí tengo un regalito.
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ImagenImagen
Es un dibujo que me hicieron de uno de los personajes del fic, concretamente Hakurón, el Dragón Negro de la tripulación de Bianka y antiguo nakama de Eratia. Espero que os guste.

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Vie Nov 14, 2008 11:43 pm
por Terreis
Bueno, Bueno parece que el caballero renta se ha convertido en una mariposa... :lol: ,no me hagas caso. Veamos como ha dicho Eratia, miedo me da cuando estés inspirado el unico pero que le encuentro es a esto:

-Mami, ¿a dónde vamos? –preguntó la “nube” más pequeña.
-A un lugar mejor, mi amor. –contestó la nube más grande en un tono calmo.


Macho me dices lo que te has fumado :joint: por que yo también quiero :mareado:

@Eratia: Muy chulo el dibujo :mrgreen: , ya podías pedirle que hiciera de galeones :roll:

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Sab Nov 15, 2008 4:36 pm
por Ghorrhyon
Y por fin, lo que todos estábamos esperando. Un placer encargarme yo de ello. XDD

Alira: Yo gano. Por cierto, nada de familia. Viudo, ya sabes.

Satsuma goes psychodelic: Buen capítulo, revelador de todo el meollo. Enhorabuena por tu saga, artista.

A los demás, la típica mezcla de palmaditas en la espalda y latigazos (escribiiiid).

Here we go:
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11. EL CABALLERO DEL DRAGÓN

- ¿Y tú quien eres? –Preguntó Alira.
Geralt hizo un esfuerzo para no mirar fijamente lo que tenía justo delante de sus ojos. Levantó la vista para descubrir el rostro de la célebre mujer que le había caído encima, y en ese momento tuvo que hacer un esfuerzo denodado para no saludar militarmente.
-Ay, Dios... –Se le escapó, reconociendo a su escultural interlocutora. –Se-señora, creo que sería mejor...
Un estruendo sacudió la espesura a su alrededor. Los bien entrenados reflejos de Geralt se pusieron en funcionamiento, y el caballero rodó encima de la Almirante para protegerla. Sin embargo, Alira sabía perfectamente a lo que se enfrentaban, y empujó al caballero lejos de sí mientras rodaba al lado contrario. Una llamarada consumió los arbustos y la hierba del lugar donde se habían chocado, mientras tanto una como el otro se incorporaban en guardia.
-¡El dragón! –Gritó Geralt. -¡Por fin lo encuentro!
-Si, cuando estaba vivo debió ser magnífico. –Respondió Alira. –Es un poco cabezota, no va a ser fácil.
El caballero sonrió, con la espada en alto y un pequeño saquillo apretado en su puño izquierdo.
-Lo será con la ayuda del Capitán Usopp.
Geralt cargó contra la criatura, cogiéndola desprevenido. La primera estocada desvió una garra, y la segunda estuvo a punto de hundirse en el pecho del monstruo, que saltó hacia atrás. El atacante perseveró, esquivando una dentellada lanzada a la desesperada, y cuando la cabeza del dragón se echó para atrás, Geralt lanzó el saquillo contra sus fauces abiertas.
-¡Ya es...! –El grito de triunfo del cazarrecompensas se congeló en su garganta cuando la criatura escupió una llamarada, consumiendo su proyectil. -¡Mierda!
Mientras Geralt rodaba por el suelo esquivando una oleada de furiosos ataques de la bestia, Alira dio un paso al frente. Miró a los árboles de su alrededor, repletos de hojas a punto de caer.
-¡Terrible Twist! ¡F4 mayhem wrecker!
Un colosal vendaval surgió de los brazos abiertos de la marine, envolviéndola a ella y a su inesperado acompañante. Todo el entorno desapareció, oscurecido por la destrucción del bosque a su alrededor. El dragón rugió, desconcertado, saliendo a medias propulsado en otra dirección. Agarrando a Geralt de un brazo, Alira echó a correr a través del viento.

-Así que un cazarrecompensas enviado para rescatarme.
Alira se encontraba sentada en una roca, en una explanada de piedra volcánica, a la orilla de un alto acantilado. Toda la zona circundante estaba elevada, y desde allí podía contemplarse la superestructura de Thiller Bark, anclado en la isla, envuelto en la niebla.
-Y por si fuera poco, renegado.
-Eh, como si fuera un delito solicitar la licencia.
-No, pero alguien que valora tanto el valor y el honor como usted, capitán Witcher, debería poder explicarme a qué vino su abandono.
Geralt dejó de vigilar la espesura que se alzaba a los pies de la rampa pedregosa para mirar a la mujer. Alira llevaba sobre los hombros la pesada capa del caballero, que le protegía del relente nocturno.
-No estoy obligado por el honor o el deber a revelarle nada, Almirante. Sólo debo preocuparme de sacarla viva de esta isla, barco, o lo que sea.
Alira intentó replicar, pero un estruendo anunció la llegada del dragón a través de la espesura. Geralt hizo un gesto autoritario, conminándola a permanecer sentada. Alira pensó en desobedecer, como tenía por costumbre, pero algo en la mirada del caballero la hizo retroceder. Ese hombre tenía una voluntad férrea. Si alguien podía batallar con un dragón era el caballero Geralt Witcher.
Geralt cargó colina abajo contra el dragón, cuyas alas aparecían dobladas en ángulos extraños. Probablemente el ciclón desatado por Alira las había dislocado, pero la criatura muerta en vida no sentía dolor ni incomodidad alguna. Una llamarada abrasadora surgió de las negras fauces, pero el caballero pivotó sobre su pie, esquivando lateralmente el fuego. Se dejó llevar por el impulso, y saltó sobre las negras escamas del lomo, entre las retorcidas alas. Acto seguido, empuñó la espada a dos manos y clavó su filo entre las escápulas de la criatura. El dragón rugió, más de rabia que de dolor, y saltó y corcoveó para sacudirse a Geralt, pero el caballero seguía firmemente agarrado a su arma.
Mientras tanto, Alira se acercaba al lugar del combate, dispuesta a emplear sus sais. La bestia no le prestó atención, de modo que pudo llegar a situarse al alcance.
-¡Storm of Battle! –Gritó la Almirante. -¡Whirlwind slash!
Impulsada por un torbellino, Alira saltó hacia delante en horizontal, con los puntiagudos cuchillos cruzados sobre su cabeza. Impactó en el centro del pecho del dragón, causando estragos, pero supo al instante que su impacto no había servido de nada. Más aún, el monstruo se enfureció aún más, y sacudió su cola como un látigo, golpeando a Geralt en la espalda, mientras con un barrido de su garra lanzaba a la Almirante contra las rocas.
El capitán Witcher se soltó por efecto del tremendo golpe, aunque pudo recuperar el control y rodar por el suelo hasta situarse a cierta distancia de la criatura. Desgraciadamente, su espada había quedado clavada en el lomo del dragón, y ahora sería mucho más difícil llegar hasta ahí. Miró en dirección a Alira, pero la mujer parecía estar inconsciente.

El dragón lanzó un gran chorro de fuego contra su desarmada presa, atravesándolo por medio al prever donde se situaría el caballero tras esquivar. Sin nada más que su armadura para protegerse, Geralt sufrió el impacto de ambas garras, oyendo el crujido de una o más costillas. De nuevo, rodó por el suelo, obligándose a no sumirse en la oscuridad. Necesitaba alcanzar la maldita espada.
La bestia reanudó su ataque, lanzando de nuevo su fuego, pero esta vez Geralt supo lo que iba a hacer. Se echó hacia atrás para eludir la llamarada, y cuando el dragón la atravesó, rodó hacia delante, pasando por debajo de su podrido y chamuscado corpachón. Al llegar al final, se agarró a la escamosa cola, y cuando el dragón zombi la agitó para soltarle, se dejó llevar por el impulso, saltando hacia el negro lomo.
Casi lo consiguió. Justo cuando iba a aterrizar en la espalda escamosa, el dragón hurtó el cuerpo, y aleteó torpemente con el ala derecha. No podría elevarse, pero los músculos eran suficientemente fuertes como para enviar al caballero bien lejos de una volea. Geralt gritó al sentir el impacto contra el suelo, sintiendo como su herida en el costado sangraba “probablemente tenga también una hemorragia interna”. No podía perder tiempo. Tenía que conseguir la maldita espada. Se levantó y comenzó a caminar con tranquilidad hacia el dragón.
En esa ocasión la bestia lo esperó, tensos todos sus músculos para la acción inmediata. Geralt se fijó que tenía la pechera de su tabardo sucia de carbonilla, y se preguntó de donde habría salido. Alzó la cabeza y miró al dragón, que estaba a pocos metros del borde del acantilado. Si pudiera empujarlo…
Terminó de caminar y se plantó delante mismo de la bestia, mirando fijamente a sus ojos desprovistos de vida. El dragón no resollaba, no salía humo de sus narinas. La película blanca de sus ojos ocultaba las estrechas pupilas, otrora brillantes. No había lustre en sus escamas… en las que le quedaban, y la piel dura y gruesa de debajo estaba apergaminada y quebradiza. La brisa marina arrancaba el mismo hollín negro de las puntas de sus alas retorcidas.
-No eres un dragón. –Afirmó Geralt en voz alta, como hablando al ser. –Eres una burla. Una broma retorcida y cruel que insulta a lo que debió haber sido un enemigo magnífico. Vine aquí a enfrentarme a lo que suponía que sería el mayor reto y fuente de gloria de mi vida. Y te encuentro a ti, pedazo de carroña.
Geralt se volvió a la espesura, en dirección a la confusa silueta de Thriller Bark.
-¡Hogback! ¡Moria! ¡No tenéis perdón! ¡La maldición de los dragones os alcanzará! ¡Nadie que saquee sus cuerpos puede quedar sin castigo!
Como única respuesta, el dragón gruñó. Geralt pudo ver como moverse le suponía un leve esfuerzo. La sombra de la criatura se movió anticipadamente, y gracias a ello, Geralt pudo adivinar el golpe. Saltó en el aire, esquivando el barrido de la garra contra sus piernas.
De repente, se sintió atrapado por algo. Una fuerza invisible lo elevó un poco más, y superó la cabeza de la bestia. Mientras caía al lado de su espada, pudo ver a Alira en el lugar donde había caído, con el brazo extendido en su dirección. Arrancó la espada y le hizo un saludo, colocándola en alto sobre su rostro. Rodó al suelo por una de las alas quebradas, y se enfrentó a la bestia.

Quince minutos más tarde, Geralt llegó resbalando por la roca, semiarrodillado, al lado de Alira. Estaba pálido, probablemente por la pérdida de sangre, pero no respiraba con demasiada dificultad. Alira miró al monstruo. Estaba surcado por múltiples cortes, ninguno de ellos útil, y se movía de manera rígida, trabajosa.
-¿Qué vamos a hacer? –Preguntó al caballero. -¿Tiene algún plan?
-Sólo podemos pensar en tirarle al mar, pero antes debo encontrar un medio de moverlo. He estado pensando, y creo que el fuego podría hacerlo retroceder…
-¿Fuego? –Alira miró al hombre con escepticismo. -¡Es un dragón!
-No. –Contestó Geralt, sacudiendo la cabeza. –Es el zombi de un dragón. Antes, cuando atacó atravesando sus llamas, se ha quemado la piel. La resistencia de los dragones proviene de su sangre, de su esencia viva. Éste no la tiene. Puede que siga escupiendo llamas, pero no las podrá soportar. No es más que un cadáver.
-¿Y bien, tiene usted algún lanzallamas, un soplete, una cerilla, algo?
Geralt miró a la insolente Almirante con una media sonrisa en la boca.
-Tengo mi espada.
Salió corriendo a trompicones contra el dragón. Llegó hasta el dragón y lanzó una estocada. La criatura esquivó la espada, colocándose sola en un saliente amplio del acantilado, que se internaba en el aire, sobre las rugientes olas. Alira contuvo la respiración. Era el lugar perfecto. El ataque tenía que resultar. Vio como Geralt se quedaba quieto y saludaba al dragón como había hecho con ella. Acto seguido se ponía en guardia y gritaba:
-¡Coup d’épée à deux mains! ¡Saint Michel!
La espada del caballero estalló en llamas mientras cargaba hacia delante. Pronto, el fuego se extendió a todo su cuerpo, mientras Alira comprendía que el cazarrecompensas debía estar sufriendo lo indecible. La carga llegó a su fin, y una tremenda explosión de llamas engulló a hombre y a dragón. El fuego se disipó, y vio a Geralt tendido de espaldas, exhausto y malherido, cubierto de leves pero dolorosas quemaduras, bastantes metros más atrás. El dragón, por su parte…
… seguía ahí. Aún ardía en algunos puntos, y ya no tenía ojos, pero seguía ahí. Lo vio sacudirse las llamas y olfatear a su presa. No se había movido ni un milímetro, seguía en su aseladero.
Geralt trató de incorporarse. Había tomado su decisión, y aunque iba a perder la vida, el Poder Sagrado era todo lo que había imaginado. No había resultado, sin embargo, no contra un enemigo que no podía sufrir. El dolor de sus huesos era tan intenso que ni siquiera notaba las quemaduras. No pudo ni alzar el brazo de la espada, mientras veía al dragón zombi tomar aliento.
Una brisa sopló a su espalda, por encima de él. Abrió más los ojos y vio a Alira, impulsada en todo lo alto, la capa y el pareo flotando en el aire, como si fuera un espíritu elemental. Llegó a ver su rostro, ceniciento, y comprendió lo que iba a pasar.
-¡Superior Twist! –Gritó la mujer, con los brazos abiertos. -¡F5, Finger of God!
La corriente de viendo más descomunal que Geralt jamás había visto envolvió a Alira y descendió con fuerza hacia el suelo. El dragón clavó las garras en la piedra antes de sentir el impacto. La cornisa de piedra crujió justo delante de los pies del caballero, y se desgajó, precipitándose al mar. Alira descendió junto con su tromba, y justo cuando el dragón trataba de saltar para asirse al nuevo borde del cantil, interrumpió su movimiento y lo golpeó con sus puños, hechos puro viento. El dragón rugió, Alira gritó, Geralt rodó para verles caer, y la mole del cuerpo de la bestia chocó contra el agua, hundiéndose rápidamente. Alira seguía aferrada a él cuando atravesaban las aguas. Le pareció que recuperaba la serenidad.
-No. –Murmuró Geralt, con los ojos saliéndosele de las órbitas. –Oh, Dios, no.

Esperó dos horas hasta que MaNe lo encontró, recostado en una roca del acantilado. Clavados en ella había encontrado los sais de la Almirante. El científico venía acompañado de dos de sus hombres.
-Estás aquí. –Comenzó. –Tenemos que irnos, Moria está reagrupando a sus zombis, pero yo ya tengo al tal Overon en el barco… ¿y la tuya?
-Está fuera de nuestro alcance.
-¿Qué quieres decir? Vamos, dime donde está, tenemos que ir a la base de Sabaody. Overon y ella tienen órdenes de sofocar…
MaNe se interrumpió al ver que Geralt tenía el rostro sumido en una nube gris.
-He fracasado. –Dijo el caballero, mirando a su amigo. –La Almirante Alira ha muerto.
@Todos: Sí, es definitivo.

Re: Historias Piratas, Volumen3.

Publicado: Sab Nov 15, 2008 10:41 pm
por Terreis
@Ghorryon:
Spoiler: Mostrar
Bueno que puedo decir...espectacular, magnifico. Me ha encantado toda la historia en si :o . A mi nunca me hubiera salido también la batalla como a ti y la muerte de Alira me quito en sombrero :aplausos: es justo como quería que muriese...sacrificándose.
PD: veamos como les afecta a los demás.
PD2: Que conste que te he dejado ganar :oops: