Página 9 de 11
Publicado: Vie Dic 14, 2007 9:04 pm
por Ghorrhyon
¿No lo decía yo? Picuetos, os habéis quedado.
Mira, mejor, así escribo menos XD
- Spoiler: Mostrar
- CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO QUINTO: “Fernoir”
El ruido incesante del martillo era todo lo que llenaba la pequeña habitación. Tampoco había mucha luz, salvo la del fuego encendido. Denis enfrió la hoja y la levantó, mirándola con ojo crítico. Era la segunda, y algo le decía que aún se encontraba muy lejos. La desechó, y cogió otro lingote de acero del almacén. Avivó el fuego, y las chispas rebotaron contra su sudoroso torso desnudo.
Empezó a golpear de nuevo, y el constante estruendo de cada martillazo le impidió oír la puerta. Cuando levantó la vista, tenía delante a Ritter.
-No me digas...
-No, sólo venía a avisarte. Estás al mando, nos vamos en misión.
-De acuerdo.
Ritter se quedó mirando las espadas desechadas. Al lado del cajón, sobre una silla baja, estaba la anterior espada de Denis. Se la señaló.
-Si consigo lo que busco, -contestó el espadachín- la reforjaré. Quizá me dé para un puñal, o una espada corta.
Ritter se volvió, sonriente, al Comandante Courtoise.
-En ese caso, aceleremos el proceso.
El Comodoro Fawkes sacó algo de su bolsillo y se lo ofreció a su amigo, con la mano extendida. Denis miró lo que le ofrecía, para descubrir que se trataba de un eslabón. Un eslabón de su cadena.
-Creo que esto ayudará, sí.
Ritter se encaminó a la puerta, deteniéndose un momento antes.
-De todos modos, ¿no crees que tienes ahorrado suficiente para comprarte una Oo Wazamono?
-No seas ridículo, Ritter. –Contestó el espadachín. –Mi técnica requiere de otra clase de espada ¿de verdad usarías una delicada Wazamono para hacer el Saint Georges?
Un escalofrío recorrió al Comodoro pensando en una espada de más de un millón levantando chispas por el suelo de piedra.
El camarote estaba sumido en la total oscuridad. Su ocupante no quería que nada se viese, ni se escuchase. Miraba totalmente extasiado al Den-Den Mushi sobre su mesa.
-Código 326 reportando, Vicealmirante.
-Código 326 aprobado, enhorabuena por el resultado de la misión, Capitán.
-Sólo cumplía con mi obligación. ¿La entrega resultó satisfactoria?
-El Almirante Akainu está encantado. Snaff ha demostrado saber más de lo conveniente, pero también ha revelado que sus hombres no sabían el motivo exacto de su búsqueda, salvo uno de sus primeros oficiales.
-La mayoría murieron. Los que defendían el barco fueron todos aniquilados por la tripulación de Fawkes.
-Lo sé. La gente del Implacable se ha portado convenientemente. Pero lo que me preocupa es el último oficial rebelde.
-No hay motivo para preocuparse. Una orden, y estará todo hecho.
-Así es. Cuento con ello. Averigüe cuánto sabe, si lo ha transmitido a alguien, y procure que no pueda hacerlo jamás. Snaff será convenientemente silenciado del modo habitual, pero eso ya es competencia del Almirante, sin problemas.
-Quedo como siempre a sus órdenes, Vicealmirante.
-Cuento con usted, Sawer. Y permítame recordarle que nadie más que los indispensables debe conocer el propósito de esta búsqueda. No quisiéramos tener que recurrir a una chapucera Buster Call, como ese patán de Aokiji y sus CP9.
El pequeño valle de Takindara se encontraba tras la primera línea de colinas, envuelto por las ramificaciones de los bosques adehesados que crecían en la región. Aquí y allá se veían rebaños de ganado pastando y forrajeando apaciblemente. En algún lugar entre aquellas extensiones de árboles se encontraría el siguiente paso de su misión, pero Ritter y Quina se detuvieron en la cresta del verde montículo al que acababan de subir, contemplando la pacífica vista.
-En lugares así –empezó de súbito Ritter- dejas de preguntarte por qué luchas.
Quina lo miró, entre curiosa y escéptica.
-No pensé que eso saldría de la boca de un Fawkes.
Ritter se volvió a ella, algo sobresaltado, como si hubiera sido descubierto durante un timo. Quina notó que había dado en el clavo, y prefirió callar.
-Creo que cierto viejo se ha ido de la lengua. –Sentenció el Comodoro. –Voy a tener que hablar seriamente con él.
-No, no puedes reprochárselo, Ritter. –Contestó la oficial. –Todo lo que hace en su vida se encamina exclusivamente a protegerte.
Descendieron despacio la cuesta. Eran las primeras horas de la tarde, y aunque el sol brillaba con fuerza, una suave brisa contrarrestaba su fuerza.
-¿Qué te ha contado? –Volvió a comenzar Ritter, resignado. –Espero que nada que pueda pesarme.
-Todo. –Contestó Quina. –Pero no hay nada de lo que arrepentirse. La nuestra es una organización demasiado grande como para generalizar. Hay gente honorable y valiente, como Denis, gente individualista y testaruda, como el Comodoro Smoker, y gente vil y traicionera como Nezumi, el asqueroso Capitán corrupto que capturaron hace un tiempo.
-Ninguno de ellos me importa lo más mínimo, salvo por el hecho de que veo a Denis antes como un amigo que como un soldado. –Ritter se detuvo desganado y se dejó envolver por la brisa, descifrando sus cualidades. –Sé que alguien como Denis hubiera salvado a mi pueblo. Pero desgraciadamente, a veces pienso que los Capitanes Nezumi son mayoría.
-Yo también conozco a unos cuantos. –Concedió Quina. –Pero te puedo asegurar que la mayoría de los marines que conozco se parecen más a Urahawa, por ejemplo.
-No, Quina. -Ritter se volvió a ella, con el rostro ensombrecido de repente. –Eso no me consuela. A veces me siento tremendamente solo. A veces, sentado en mi camarote, pienso en ellos: Denis, incapaz de reconocer otros valores que los suyos, demasiado cuadriculado para su propio bien, Urahawa, un soldado perfecto, tan perfecto que ni siquiera cuestionaría la orden de matar a sus amigos, Kleb, un indolente sin voluntad más allá de la siguiente batalla, con la vida resuelta demasiado pronto, y Sonja, una criatura frívola, que no se toma en serio ni siquiera lo que es “un sagrado deber”, como dice nuestro juramento. Cuando estoy allí sentado, incluso ellos, por los que daría gustoso la vida, dejan de ser mis amigos.
Quina se quedó petrificada al oír a Ritter Fawkes describir de tal manera a sus amigos y subordinados.
-Y luego estoy yo, que tras años y años en esta “sagrada” institución, no soy capaz de perdonar, y cuanto más avanzo en sus entresijos, más me doy cuenta de que siempre odiaré a la Marina, por lo que hicieron, o lo que dejaron de hacer. Lo que, si analizas mi comportamiento, me convierte en un hipócrita rencoroso, con el corazón podrido.
Mientras Quina se quedaba quieta, en lo alto de la cuesta, preguntándose cómo la vería a ella, la brisa cambió, y Ritter se volvió con total precisión en la dirección contraria para que el viento secase sus lágrimas.
Fuera, el alboroto organizado por Sonja en su definitiva celebración no permitía a los dos oficiales hablar con un tono sosegado. Kleb se daba cuenta de que alzar la voz aún le costaba a su amigo, pero Urahawa ya no podía callarse.
-Fue liberador, Kleb. Durante diez años fui incapaz de acordarme del rostro de mi padre.
El carpintero asintió, pasándole a su interlocutor la jarra de ron rebajado.
-Entonces, ¿crees que la... eso, lo que fuera que te dominaba, ha desaparecido?
Urahawa negó con la cabeza mientras daba un trago.
-Al contrario. Creo que seguirá ahí para siempre, y que siempre ha formado parte de mí. Es una porción de mi alma, y no puedo renunciar a ella. Pero, creo... no, sé que ahora podré controlarla. Sé que mi padre me perdonó, y quizá yo...
-Solo necesitabas perdonarte a ti mismo.
Urahawa miró al barbudo Oficial Técnico, asintiendo despacio. Era justo lo que sentía. Perdón. Redención.
La puerta de la enfermería se abrió de par en par, y Sonja entró medio a trompicones. Se notaban en su rostro los efectos del alcohol, pero su mirada parecía bastante firme aún, y había un brillo de excitación en ella.
-¡Denis ha salido!
Denis Courtoise salió de la herrería despacio, algo mareado por la temperatura. Aún seguía sin vestir de cintura para arriba, pero no parecía notar el fresco relente del atardecer. Lucía una fatigada sonrisa de satisfacción, pero no empuñaba ningún arma. Llevaba dos espadas, una corta y otra larga, colgando de sus vainas a ambos costados. Con su aguda vista de artillera, Sonja distinguió que el arma menor tenía la empuñadura, recortada, de la antigua espada de Denis, pero la otra, de empuñadura de mano y media, era algo más pequeña de lo que había sido la anterior.
Sin mediar palabra, Denis se encaminó a las escaleras del embarcadero, y comenzó a bajar. Los marines que participaban de la fiesta de Sonja lo siguieron, expectantes. El rumor de que el Comandante Courtoise preparaba una espada magistral había recorrido toda la base.
Al asomarse al acantilado, Sonja y Kleb, en quien se apoyaba Urahawa, descubrieron que Denis ya había llegado al fondo y desamarraba un bote. Se montó en el y lo guió paralelo a la tranquila cala, hasta llegar a una zona en la que se alzaba una plana sección del acantilado. No había oleaje fuerte, y al espadachín no le costó inmovilizar el bote lanzando la amarra a una arista de roca.
Extrajo la espada corta de su vaina con la mano izquierda, y empezó a blandirla despreocupadamente, permitiéndose incluso algunos malabarismos. Entonces, sacó un pequeño lingote de acero de su bolsillo, y lo lanzó al aire.
-¡Coup d’épée á une main! ¡Sentiment du fer!
De un corte limpio, la pequeña espada partió en dos el trozo de acero, que cayó dentro del bote sin ser desplazado por el impacto. Arriba se oyeron los aplausos de los marines de la base, ignorantes de que lo ocurrido no era raro en Denis Courtoise.
De repente, Denis se puso en tensión, y con un golpe súbito, sacó la espada larga de la vaina en un golpe fulminante.
-¡Deux coups d’épée! ¡Croisée!
Lanzó simultáneamente un golpe vertical con su espada corta y otro horizontal con la nueva espada, mientras saltaba hacia delante, impactando con la pared. Se vio un destello cuando las hojas atravesaron la piedra, y Denis rebotó contra ésta, regresando con gracilidad al bote. Se oyó un crujido, y dos enormes surcos con forma de cruz atravesaron el acantilado, rectos, perfectos, de más de veinte metros de largo cada uno. Nadie vitoreó esta vez.
Denis miró su nueva espada. Tenía el filo negro, efecto producido al reaccionar el kairouseki con el metal fundido. Su brillo era como el de una perfecta perla negra, oscura y profunda, pero que atraía la luz sobre sí, devolviéndola con suavidad. Enfundó la otra espada y sonrió. Levantó la nueva arma, como si saludase a un adversario invisible, y se colocó en posición.
-¡Coup d’épée á une main! ¡Charles Martel!
Lanzó cinco ataques de fondo sin siquiera acercarse a la pared de roca, girando la muñeca en redondo con cada uno de ellos. Con cada ataque, un enorme cráter surgió en el punto de impacto, redondo y perfecto, como el golpe de un martillo. Los primeros cuatro impactaron en los extremos de la cruz, y el último en el centro exacto.
Los marines prorrumpieron en vítores, esta vez acompañados por los oficiales del Implacable. Bajo ellos, Denis contemplaba su nueva espada, con el símbolo del Gobierno Mundial recién tallado de fondo.
-Por fin te he encontrado. –Le dijo a la negra hoja. –Te llamaré Fernoir.
Publicado: Sab Dic 15, 2007 4:04 pm
por spion
El final de este capitulo me ha encantado!!!! jajaja... Denis es el personaje mas Cool SEGURO!!! le pese a quien le pese. Me gustan estos capitulos asi de transicion sin peleas ni nada para conocer algo mejor a los personajes!! Sigue asi y Animo!!!
Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 46)
Publicado: Mar Dic 25, 2007 1:00 pm
por Ghorrhyon
Bueno, aquí estamos, el foro cambia, la vida pasa, y yo todavía sigo dando la brasa (¡toma pareado!)
Spion: Sólo apuntar que cada vez que alguien llama cool a Denis, Kid mata un gatito
PARENTAL ADVISORY: Absténganse mentes inocentes XD
- Spoiler: Mostrar
- CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO SEXTO: “Lejos de toda luz”
La luz del nuevo día trajo a los dos marines pensamientos más alegres. Se habían despedido muy temprano de la amable familia de granjeros que les había acogido, y llevando consigo exquisitos víveres preparados por la solícita matriarca, entraron en las boscosas laderas que rodeaban la aldea de Takindara. Serían las siete y media de la mañana cuando un rayo de sol filtrado entre tres o cuatro árboles reveló una piedra de color peculiar en lo alto de un otero. Ritter señaló en la dirección, y Quina, asintiendo, se dirigió ágilmente hacia ella desde su posición. Se habían separado para cubrir más terreno, y habían trepado a lugares altos, y la estrategia había dado resultado.
No hizo falta mucho tiempo para que ambos llegasen al pie de la pequeña colina. Intercambiando una impaciente mirada de triunfo, subieron a la vez, y certificaron que aquella roca de color distinto, cuya forma ni siquiera era exactamente cúbica, era el decrépito Poneglyph de Momokaido.
-Es increíble. –Comentó Quina, pasando las manos por la superficie de la roca. –Es tan antiguo que el viento ha conseguido erosionarlo.
-Quién lo diría, rodeado de árboles. –Observó Ritter. –Aunque...
El Comodoro se acercó a uno de los árboles. Tocó su tronco, recio y retorcido. Aquellos árboles eran milenarios, probablemente, pero mirando sus raíces uno podía darse cuenta de que la piedra ya estaba allí cuando brotaron.
Ritter Fawkes se volvió a su compañera de viaje, quien ya recorría ansiosa los símbolos con su experta mirada. La veía musitar palabras ininteligibles entre dientes, y ayudarse con los dedos al no reconocer la silueta de alguna inscripción. Para él, el misterio de aquel lenguaje era sagrado, reverencial. El idioma que Joaquina Guimaraes podía leer acarreaba tanto la mayor maldición existente, como la más alta forma de erudición. Era como sentirse un dios y un demonio al mismo tiempo.
Dos horas más tarde, Quina dejó de leer. Había una extraña expresión en su rostro. Ritter se levantó. Se había sentado en las nudosas raíces de uno de los árboles, cansado. La camisa parcialmente desabrochada dejaba ver el fuerte vendaje de su costado, aún necesario.
-¿Lo tienes?
-Lo tengo.
-Escucho.
Quina sonrió, cansada. Tomó asiento en la misma raíz.
-Antes déjame procesarlo. Te puedo adelantar que lo que acabo de leer confirma todas y cada una de las cosas que deduje del poneglyph de Ornegorsk.
Ritter asintió. Quina ya le había comentado el peligroso destino al que señalaba aquella roca. Un terrible peligro, de seguir adelante, y un riesgo intolerable, si se dejaba estar.
-Además -añadió la Capitana- tengo una pregunta que hacerte.
-Como quieras. –Ritter caminó hacia la piedra, y apoyó la espalda en ella, mirando a los ojos a su interlocutora. –Aunque me temo que ya sé por donde van a ir los tiros.
-Claro que lo sabes. No creo que puedas ignorar la conversación de ayer.
Ritter negó con la cabeza. Quina sonrió, entre condescendiente e irónica.
-Por eso, me tendrás que decir qué piensas de mí cuando estás a solas, sumido en tus negros pensamientos.
Ritter lo esperaba, pero no por eso dejó de preocuparse por la respuesta. Su pulso se aceleró. Ante él, Quina se acomodó como quien va a escuchar un interesante discurso.
-Es difícil. –Contestó el Comodoro por fin. –A ti no te conozco desde hace tanto tiempo. No te he sacado defectos graves.
“Te tengo idealizada”. Pensó una vocecilla en su interior, una que no había escuchado hasta ese mismo instante.
-Ya. –Quina aumentó el grado de ironía en su sonrisa. –Menos cuentos, Comodoro, o el Implacable se pasará atracado en la base de esta isla durante semanas.
Ritter suspiró. No le quedaba más remedio que ser franco.
-Pues tú lo has querido. Provienes de una isla que fue borrada del mapa por la Marina. Tu familia y amigos murieron por culpa de, entre otros, el hombre que dirigió tu instrucción. –Ritter miró a Quina con intensidad. –Me temo que eres una hipócrita igual, o quizá mayor que yo.
Lejos de lo que cabía esperar, la mujer se echó a reír. Una risa clara, libre, como Ritter nunca había oído en la voz de su subalterna. Algo acababa de romperse en el interior del alma de Joaquina Guimaraes.
Un viento suave barría la cubierta de la fragata Mistral, despejando de nubes el firmamento. La luz tenue se reflejaba en las vidrieras del camarote del Capitán. Max Sawer miró al hombre sentado ante él, y sonrió, cansado, tendiéndole un cuenco de sake.
-No está mal, -agradeció Kenneth Blaton- aunque claro, habiendo probado el que sirve Barbablanca a sus invitados...
-Vayamos al grano, ¿le parece, señor Blaton?
-Como quiera.
Max se sentó, inclinándose sobre la mesa para asegurarse de ser oído incluso hablando en voz baja.
-¿Por qué cree que hemos atacado a su flota precisamente en estos momentos?
-¿Que por...? –Blaton no salía de su asombro. -¿Por quién me toma, Capitan Sawer? Somos rebeldes, un peligro para la paz que asegura la Marina...
-Ya, claro, por supuesto. –Concedió Sawer, asegurándose de que Blaton captaba su mirada. –Pero, ¿qué más?
Ken se fijó en el matiz astuto del brillo de los ojos de Max. Supo casi al instante que ese hombre lo sabía...
-El poneglyph.
-¿Sí? ¿Sabe algo de esa roca que nosotros no sepamos?
-Puede estar seguro... –Blaton tragó saliva. –De que no.
-Vaya. –Sawer adoptó una expresión falsamente apesadumbrada. -¿Seguro?
-Capitán Sawer. –Ahora era Kenneth Blaton el que se inclinaba sobre la mesa. -Estoy seguro que espera que el suero de la verdad que me ha puesto en el sake actúe, pero soy un profesional de lo mío. Durante toda mi vida he desarrollado resistencia a estas cosas.
-Me ofende, amigo mío. –Mintió Max. –Jamás pensé en recurrir a eso. Sin embargo, tenía la esperanza de que lo que usted supiera nos librase de dar palos de ciego.
Ante la extrañada mirada de Blaton, Max Sawer continuó, como dudando de lo que debía decir.
-Teníamos la extraña idea de que alguien de su banda, además de Snaff, sabía interpretar por encima los poneglyph. Y esa idea enlazaba con la más absurda aún de que habían leído la famosa piedra de Momokaido... Bueno, dejaré de divagar. Como no sabemos mucho más, creo que emplearemos los métodos que tenemos para liberar lo que quiera que se esconda en esa caverna de Red Line.
Blaton empalideció. Las palabras de Sawer le hicieron temblar. El sake se le cayó de las manos.
-¡No, no, no puede consentir tamaña insensatez, Capitán! –La voz de Ken Blaton sonaba cargada de pánico. -¡Es el más terrible de los Tres, el que desencadenó la Gran Guerra de las Bestias! ¡Kraken, la criatura que se alejó de la luz, el Señor del Mar Negro, cargado de odio contra...!
El estampido interrumpió la temerosa argumentación de Blaton. El rebelde, su cabeza atravesada por el balazo, se desplomó de espaldas, derribando la silla. El Capitán Sawer guardó la pistola de nuevo en su cajón, negando con pesimismo. Sacó el den-den mushi y contactó en seguida.
-Sawer. –Respondió la voz al otro lado de la línea. -¿Y bien?
-Lo sabía, señor. Su versión concuerda con lo expuesto por Snaff. Iban tras otra cosa, probablemente tras el poder que mantiene encerrado al monstruo.
-Da igual, nosotros no nos quedaremos en medias tintas. Espere instrucciones, mientras Guimaraes averigua la posición exacta de la maldita cueva.
-El lugar es conocido como la Costa del Turbión. Es una región alta, llena de acantilados muy antiguos y huecos. El lugar ideal para una cueva secreta.
Ritter señaló el punto a Quina en la carta de navegación. Se encontraban solos en un alejado rincón de la posada en la que habían parado a la ida. Una vez habían descubierto lo que buscaban, se habían apresurado en volver para reemprender la misión.
-Ese debe ser... el hogar del Señor del Mar Negro. –Concedió Quina. –Me da escalofríos pensar que el amuleto de mi padre es la llave de ese lugar. Me pregunto por qué ha tenido que ser éste.
La Capitana miró a los ojos a su superior.
-No es aconsejable cerrar los ojos al pasado. Sé de lo que hablo. No podemos despertar a Kraken. –Ritter miró nervioso a su alrededor cuando Quina dijo el nombre. –No, no quiero, y no puedo entender que tú quieras hacerlo.
-No es lo que yo quiera, ni siquiera es que sea coherente con mi manera de pensar. –Ritter dejó escapar un suspiro. –Es mi obligación, nuestra obligación, y no hay forma de eludirla. Cuando hicimos el sagrado juramento que nos convirtió en marines, nuestra palabra quedó empeñada. Puede que seamos un par de hipócritas sin remedio, pero yo aún creo en ciertas cosas.
-Eres tan cabeza cuadrada como Denis.
-Para algunas cosas, sí, incluso más.
-Esto no puede acabar bien.
-A diferencia de ti, Quina, yo nunca esperé otra cosa.
Ritter Fawkes recogió las cartas celestes y el mapa de derrotas que habían utilizado. Lo guardó todo en la mochila, y avanzó por la sala común hacia las escaleras que conducían a las habitaciones. Sintió la mirada de su compañera fija en él, y luego la oyó levantarse e ir detrás. Subieron en silencio las escaleras.
-Ah, lo lamento. –Añadió el Comodoro. –Me temo que la posada estaba demasiado llena. Tendremos que compartir el cuarto.
Se acercó a la puerta y la abrió. Dio dos pasos hacia el interior, sin siquiera advertir que Quina lo seguía de cerca.
-Si quieres, extenderé una manta por...
No esperaba aquello. Quina se abalanzó sobre él, rodeándole con sus brazos, y lo besó con fuerza, casi con rabia. La puerta se cerró tras ella, y ambos cayeron sobre la cama, aún enlazados. Ritter ni siquiera pudo resistirse. Algo en su interior se había liberado por completo al sentir el primer roce de los labios de la oficial. Quina le abrió la camisa, sentada a horcajadas sobre él, y sus labios recorrieron su pecho, deteniéndose en el palpitante vendaje de su costado.
-Espero que no creyeras que olvidaría esto.
Ritter respiró profundamente al sentir la caricia de la mujer en su herida. Luego, tumbado, la ayudó a desnudarse. Su cuerpo, bien formado por el entrenamiento militar, era una visión deslumbrante. Se irguió, y la besó de nuevo. Continuaron las caricias, y todo se volvió eterno.
-Creo que haré mi propia apuesta por ti, Ritter Fawkes.
Ritter ya apenas la oía, aunque sentía las palabras en su mente, en su corazón, y hasta en su piel. Ya todo era una vorágine, una espiral descendente. Su mente racional y consciente se echó a un lado, dejó de incordiar.
Hicieron el amor durante toda la noche, pronunciando un pacto sin palabras en la oscuridad del cuarto de la posada. Nada de lo que hubieran vivido los había preparado para ese momento, y sin embargo, lo llevaban esperando demasiado tiempo. El mismo tiempo que el destino les había convertido en quienes no eran, dilapidando parte de su identidad para conservar la cordura, la vida, o a sus seres queridos. Justo el tiempo transcurrido desde que diez velas aparecieron en el horizonte, en Ohara, y justo el tiempo desde que Elmer Fawkes había incendiado la aldea donde vivía su hermano.
Aquella noche, Joaquina Guimaraes y Ritter Fawkes volvieron a estar completos.
Piratas del Caribe 3 da asco
Publicado: Mar Dic 25, 2007 10:55 pm
por kid
Hijo mío, estás que no cagas con el Kraken, que lo metes en todas partes xD. En serio, qué cansino con el animaliño; seguro que él sólo quiere vivir en paz hundiendo algún que otro barco de vez en cuando y volviendo luego a casa con su mujer y sus krakencitos xD.
Sawer me está empezando a gustar, porque aunque al principio parecía un personaje de relleno y un poco inútil, se está destapando como el cabroncete que realmente es (por mucho que cumpla órdenes, no parece que le disguste demasiado). Me ha sorprendido también que según parece vas a situar la siguiente saga en el Red Line (no sé si puedo escribir ese nombre xD).
P.D: se te ha olvidado poner en el perfil si eres un gorrión macho o un gorrión hembra.
P.D.2: ah sí, querías que te comentase este capítulo porque había algo especial. Supongo que pensaste que al ser yo, debía comentarte que se pongan a fornicar como conejos, lo cual indica la mala imagen que tienes de mí

. Así que te aguantas, porque no comento nada

P.D.3: en un capítulo en el que no sale Denis, tenías que hacer que lo mencionaran para joder un poco la moral...
kid tiene mal gusto
Publicado: Jue Dic 27, 2007 9:58 am
por Geralt
Pues como el niño no quiere comentar lo especial del capi yo si comento. Y en spoiler que queda más pro xD (y para no chafarle nada a nadie)
- Spoiler: Mostrar
- Al fin. En serio, ya tenia ganas de que tuvieran temita estos dos. Por mucho que me guste Denis y este sea un picha brava (no como la nenaza de Sasuke) Realmente Quina es para Ritter.
En otro orden de cosas, espero ver como se desarrolla la trama de los supermonstruos estos. Con respecto a lo del kraken, me parece un nombre tan válido cmo cualquier otro de monstruo marino legendario. Que porque en una película salga citado bicho no solo pertenece a esta.
Ahora el misterio es... ¿Será Cthulhu el enemigo finalísimo de este fic?
Saludicos

Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 46)
Publicado: Vie Ene 04, 2008 6:42 am
por Long_Jhon_Silver
Como siempre un excelente trabajo, esto cada vez toma una ruta mejor y además tiene de aquello...Sólo debo agregar que el manager del Kraken debe estar ganando un montón de plata con todo esto, sale en películas, esta en esta gran historia y en otra de este foro tuvo un papel importante varios capítulos atrás. Definitivamente un gran, gran personaje

. Volviendo al tema, cada vez me sorprende más y ya quiero saber que sucederá luego.
Me la pela que os canse el Kraken
Publicado: Vie Ene 04, 2008 12:25 pm
por Ghorrhyon
Bueno, le ha faltado poco a esto para ser un parto, por Dios, que perro he estado...
Kid: ¿Algún problema con el Kraken? ¿Te ha hecho algo el Kraken a tí? ¿Es que no te apetece un bocadillito de Kraken a la romana con su mayonesa? Yo no tengo la culpa de que el animalito sea tan carismático, como el Ramsus de los monstruos marinos... En cuanto a Sawer, ojiplático te va a dejar.
PD: No lo necesito, las que importan ya lo saben
PD2: Vaya por Dios, te consulto porque te considero sensible, y te crees un pervertido, pues por algo será...
PD3: ¿Denis? ¿Qué Denis? ¿El espadachín cool? ¿O quizá el Comandante Courtoise, crack con las nenas? ¿Te refieres quizá a Denis Courtoise, pobre huérfano hecho a sí mismo?
Geralt: Ya sabes, tensión sexual resuelta = quedan dos telediarios. En cuanto a lo de Cthulhu, qué va, si ése no sale en Piratas del Caribe
Silver: Ya estoy pensando en trailer, merchandising, camisetas del Kraken... veréis que risa cuando salga... Tienes el don de la oportunidad, apareciendo justo a tiempo para ver el siguiente capítulo
Y sin más preámbulos, el primer capítulo de 2008:
- Spoiler: Mostrar
- CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO SÉPTIMO: “La Mano Izquierda de Akainu”
En el cabo Ulutiu, los cuerpos de los marineros de Baroque Works, y los restos de los barcos de guerra seguían llegando incluso una semana después del enfrentamiento. La mujer que los miraba detuvo su camino a lo largo de la blanca playa. Clavó sus hermosos ojos azules en el límite exacto del horizonte, y sonrió.
-Perfectos. Son perfectos.
Sacó de su bolsillo el pequeño den-den mushi portátil, conectando con la frecuencia de la Mistral.
-Capitán.
-A sus órdenes, Comodoro.
-Sólo deseaba saber si es de su agrado la nave que le he conseguido.
-Muy de mi agrado, señora.
-Excelente. Deberá estar atento a cualquier comunicación desde las frecuencias Alfa y Beta.
-A la orden.
-Y otra cosa, Sawer. Diríjase a mí siempre por mi rango o como “señor”, y nunca por mi nombre.
-Comprendido… señor.
El almirante Akainu se retiró de la ventana, girándose para contemplar a su interlocutora.
-De modo que han dado la talla.
-Así es, señor. Creo que debería enviárseles de patrulla a la zona adecuada cuanto antes. Guimaraes no tardará en encontrarse con problemas navegando por esas aguas tan peligrosas en las que está.
El almirante y su subordinada intercambiaron una mirada cómplice. El más que posible destino del Impala era consecuencia directa de la indolencia de su comandante, el Capitán Dusott. Necesitaban una tripulación despierta y eficaz para escoltar a la mujer de la que dependía su plan. Cualquier otra era indeseable y prescindible.
Tiempo más tarde, en el mismo despacho, la situación parecía no haber cambiado en absoluto. Akainu miraba por la ventana, la mujer alta y rubia seguía sentada, y lo único distinto era la expresión en el rostro del Almirante.
-No estoy del todo contento, Vicealmirante.
-¿No, señor? El Implacable cumplió de sobra con su cometido…
-No, no lo hizo. En vez de matar o capturar a esos piratas, los dejaron escapar.
-Estaban de incógnito y sus prioridades eran otras, señor. Creo que nos han ahorrado problemas. Sawer informa que su barco ha sido visto adentrándose en el East Blue. Allí no darán problemas, sabemos que no hay nada interesante en esa región.
-Por el bien de todos, espero que así sea.
-Por otro lado, creo que los ascensos pueden ser insuficientes.
-¿A qué se refiere?
-Creo que Fawkes adora su barco. Se va a convertir en Comodoro, y esa nave será buque insignia de una Task Force. Quizá, sólo quizá, podríamos distraer sus curiosidades con un barco más adecuado a su rango.
-No puedo prescindir de ningún barco.
-Oh, no, señor, no hablo de eso. Reformar el Implacable, aprovechando que está en Water Seven, obrará un efecto excelente.
-Mmh. –El Almirante Akainu cambió el objetivo de su mirada al brillante enlosado del suelo. –Si, creo que podría resultar… que la orden salga con los comunicados de ascenso, Vicealmirante Nilsson.
Bertha Nilsson paseaba por la cubierta del Jägermeister, su barco. Inquieta, la poderosa oficial conocida como la Mano Izquierda de Akainu, no podía dejar de pensar que en aquellos momentos, la operación pasaba por un momento muy delicado. En Ornegorsk podía muy bien haberse decidido el futuro del mundo.
No era la batalla contra los rebeldes, ni la captura de su líder, ni el resultado de la investigación del artefacto de la isla. Se trataba de saber si un hombre había podido echar todo a perder…
Se detuvo de repente. Sobresaltada, caminó a grandes zancadas hasta el alcázar. Entró como un cañonazo por la puerta de su camarote, y activó su den-den mushi.
-Código 326 reportando, Vicealmirante…
-Código 326 aprobado,-respondió, relajada y sonriente- enhorabuena por el resultado de la misión, Capitán…
Ademu M’bo, Teniente Primero del Cataphractus, permanecía en su puesto a mediodía, cuando el sol más despiadado castigaba la cubierta del buque de guerra. Los escasos efectivos que no podían rehuir sus obligaciones hacían lo posible por cumplir lo más deprisa posible con su misión, o trataban de protegerse como podían. Pero no Ademu. Como oficial de navegación, su deber era permanecer al lado del timón, marcando el rumbo con precisión, y más en aquellos mares impredecibles, en las costas de Red Line.
Miró de nuevo su Log Pose, confirmando lo acertado de su rumbo, y sintiendo que el viento soplaba en la dirección correcta, se permitió separarse de su puesto para otear el horizonte.
A lo lejos, vio una vela. Venía en un rumbo convergente, tratando de llegar a la misma posición. Sacó el catalejo, y confirmando su identificación, hizo una seña a uno de los grumetes.
-Ve a llamar al Capitán Sombe, hijo.
Momentos después, Djamin Sombe se encontraba en cubierta, hablando con su oficial subalterno.
-¿Cuánto cree que tardaremos, señor M’bo?
-No más de cuatro horas, Capitán. Al tener un rumbo convergente, están aprovechando casi igual de bien el viento favorable que nos empuja. Llegaremos a destino casi al mismo tiempo.
En ese preciso instante, el grito del vigía anunció que el destino fijado se encontraba por fin a proa.
-Tierra, señor M’bo. Como siempre, sus predicciones se cumplen.
-Son matemáticas, señor. Yo no hago predicciones.
Una espesa niebla se levantó a las tres horas, rodeando casi por completo la ahora invisible costa. Finalmente, el Cataphractus y otros dos barcos se habían reunido entre los islotes costeros de aquella región. Al echar el ancla, Ademu M’bo suspiró, y se dejó caer pesadamente sobre los escalones del acceso al alcázar.
La capa neblinosa se limitaba a cubrir la tierra firme, con lo que la Mistral y el Jägermeister, los dos barcos aliados, eran perfectamente distinguibles. Como lo era el bote que había partido de la fragata, con escala en el navío, y ahora se aproximaba al encuentro del barco de Djamin Sombe.
Ademu se puso de pie, adecentando un poco su uniforme, y recorrió la distancia que lo separaba del castillo, a proa. Allí se encontraba el Capitán, con su armadura reluciente, esperando atento la visita. Al llegar el navegante, lo saludó con un brillo de orgullo en los ojos.
-Excelente maniobra, señor M’bo, y con el público adecuado.
-Gracias, señor. –Ademu devolvió el saludo y sonrió tímidamente. -¿Quiere que prepare su camarote, o la sala de oficiales?
-No, Sawer ha especificado que la reunión será en cubierta. Creo que porque estarán poco tiempo.
Cinco minutos más tarde, el esquife había arribado al Cataphractus. Max Sawer, el comandante de la fragata Mistral, puso primero el pie en cubierta, y luego, cortésmente, ayudó a subir a su acompañante, una mujer que Ademu M’bo no conocía. Era alta, rubia y con los ojos claros, entre azul y gris. Sus movimientos eran pausados, elásticos, pero no se podían catalogar como lentos. Daba la impresión que se movía exactamente como y donde debía, sin excesos. Caminaba a grandes pasos, pero hacerlo ni siquiera agitaba su larga melena. Su rostro, muy agraciado, sonrió débilmente a los oficiales del Cataphractus, pero la sinceridad del gesto hizo que Ademu se sintiese agradecido. La mujer extendió la mano derecha al Capitán Sombe, que no la sacaba demasiada estatura, y cuando éste abandonó el saludo militar para estrechársela, ella lo atrajo hacia sí y le dio un abrazo fraternal, acompañado de una fuerte palmada.
-Enhorabuena, Capitán Sombe. –Dijo la Vicealmirante Nilsson con su voz ligeramente ronca. –De todos los comandantes de navío que conozco, sin duda es usted el que más merece el éxito cosechado.
A Ademu no le costó trabajo recordar que se refería a la entrega del prisionero al Almirante Akainu. De hecho, le turbaba un poco recordar los gritos que salían del barco del Almirante cuando el Cataphractus se alejó.
Sawer, Nilsson y Sombe se encaminaron al castillo. El último de ellos se giró a Ademu y le anunció que estaba al mando. Poco había que mandar, se dijo el oficial, pero se encaminó a su puesto, dispuesto, como siempre, a cumplir con su obligación.
-¿Habló con Snaff, Capitán?
La pregunta, tan directa, no cogió desprevenido a Sombe de puro milagro.
-No, señora. Sé muy bien que intentó comprarme su libertad diciéndome que tenía información secreta que podía convertirme en un héroe. –Djamin Sombe movió la cabeza como si no quisiera comprender ciertas actitudes. –Parecía desesperado por evitar su encuentro con el Almirante Akainu. Uno de los hombres que lo custodiaron durante la travesía dijo que incluso había tratado de tirarse al mar.
Sawer y Nilsson se miraron de manera significativa.
-Entonces, -insistió el Capitán de la Mistral- ¿no llegó a hablar con usted?
-No. –Aseguró Sombe. –De hecho, prohibí a mis hombres intercambiar ni una palabra con ese tipo. Protejo a mi tripulación, Capitán Sawer, y si eso incluye evitar que les llenen las cabezas de estupideces, lo puede dar por hecho.
Bertha Nilsson asintió, sonriente.
-Es esa actitud lo que más me gusta de usted, Capitán Sombe. –Sintiéndose halagado, el Capitán le devolvió la sonrisa. –Su amor por su tripulación y su compromiso ciego con el deber. Puede que sea algo pronto, pero cuente con que estará en la lista de promociones y ascensos, y bien arriba, en cuanto todo esto acabe y me reúna con el Almirante.
-Gracias, señora. No hay mayor satisfacción para mí que el deber cumplido y la integridad de mi nave y mi tripulación. A propósito… ¿cuándo cree que acabará toda esta situación? Me refiero a…
Sawer, colocado de forma que Sombe no le veía, se mordió el labio inferior con fuerza. La Vicealmirante Nilsson entrecerró los párpados, dispuesta a diseccionar cada palabra de su interlocutor.
-…al hecho de que estamos atracados en una costa peligrosa, probablemente amenazados por barcos hostiles, sin demasiado apoyo del resto de naves.
Sawer respiró hondo, hecho que disimuló con una tosecilla.
-No se preocupe. –Respondió la Vicealmirante, de nuevo sonriente. –La Simoun está patrullando la zona con un amplio radio de batida, y el Implacable, por lo que sabemos, se dirige hacia aquí a toda vela. No tardará mucho, se lo aseguro.
Sombe asintió, satisfecho. Podía estarlo, pensó Sawer. Acababa de nacer.
Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 47)
Publicado: Vie Ene 04, 2008 9:36 pm
por pacofly
Uyyyy no he visto nada no he visto nadaaaaa (que mania de meterme en la ultima pagina del tema para postear

)
Me acabo de terminar el capitulo 5, que sepas que me estoy llevando una muy grata impresion sobre esta historia (de hecho porque ya es tarde sino le quito a
Kid el voto de mejor relatista [/modo
meimportandemasiadolasvotaciones on]
Por ahora me gusta mucho el estilo manga que le metes a los personajes, muy "One Piecero" (con eso de los flashback y los ataques) por cierto, te elogio por los nombres de los ataques del espadachín.
Sin embargo lo que menos me gusta (ojo: por ahora) fue la batalla naval (cap. 4), como que muy espesa, y eso me hizo complicado el dibujarme la batalla en la mente (me recordaste a Pio Baroja en "las inquietudes de Shanti Andia"

)
Por cierto, te voy a tomar "prestado" el estilo de "publicacion" de capitulos. Mas extensos y con titulos y no tan desperdigaos como los estaba poniendo yo (eso si, dime con que programa los escribes para contar las palabras y esas cosillas, i need advices!)
Saludos
pajaro-loco
EDIT: Capi 6 leido, que sepas que ya tienes un fan para este estilo de capitulos en los que no prima la accion sino las relaciones entre los miembros. Muy entretenido (se me hizo corto)
:) Muy Bueno
Publicado: Sab Ene 05, 2008 5:43 am
por Long_Jhon_Silver
Definitivamente, otro gran capitulo. Puedo percibir gran maquiavelismo de parte de la vicealmirante, y más encima hace buenas migas con Sawer...Veamos que sucede ahora. Ah una pregunta M´bo y sus hombres, son de color?, es que al leer sobre ellos me parecio ver a unos tipos de tez ultra morena, vestidos de marine...Definitivamente, un excelente capitulo.
Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 47)
Publicado: Mié Ene 09, 2008 11:00 am
por Polizonte Nack
Ufff, cuanto tiempo sin pasar por los dominios de Ghorrhyon...
A ver, vayamos por partes
(que sepas que vas a ser la causa de mi suspenso en Derive, yo debería estudiar y me pongo a leer esto, me siento decepcionado de mi voluntad... ¬¬).
7 y 8: Me encantaron, el hecho de que Fawkes sea de esos personajes no movidos por la enganza y con el valor de poner la otra mejilla es bastante noveoso dentro de lo que cabe, y el que sea malillo en el combate también me parece interesante. muy buena la concepción de este personaje.
9: "Sonó su voz desde algún lugar del paquete" ¿A qué carajo te refieres con esto? xDD
11:Esto me encanta:
"
- Spoiler: Mostrar
- - Teniente Comandante Joaquina Guimaraes (¡sorpresa!), edad: 29, origen: West Blue, cargo: Oficial de Inteligencia, ataque más poderoso hasta la fecha: aaaaahh...
No abrir el spoiler hasta leer el capítulo 12 "
(*en este momento a Polizonte se le cae la boca hasta el suelo por uno de los spoilers que se quedaron sin poner en la actualización* )
Y dejando coñas al margen, no volveré a pensar que un jabalí es un cerdito con colmillos, pero por muy carismático que sea el Urahawa, lo del alma golfista de Kleb me mata, ya tengo un nuevo personaje al que idolatrar
12: No me cuadran las reacciones de turbación del capi para con el barco y la nueva oficial, pero supongo que se puede aducir a la masacre por parte de los piratas. Ahora, por muy lento que sea el capítulo, me ha encantado, de lo mejor que llevo leído. Ahora, lo de los rompecorazones me parece tan... noble (no me cuadra que al marina no vaya a saco con ellos a cualquier tripulación xDD).
13: Bueno, capítulo de transición, no demasiado relevante en ningún aspecto, pero al menos la mención de Quetzalcoalt intriga, acojona y deja con ganas de más. De lo de Silver no comento, tengo que volver a leer lo del Dragón rojo porque casi no me acuerdo de él en concreto ¬¬.
Y bueno, por ahora lo dejo, perdón por el desfase en los comentarios, pero ya te pillaré pronto.

Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 47)
Publicado: Vie Feb 08, 2008 8:26 pm
por Ghorrhyon
Bien, lo primero es lo primero, y además va antes: Hay momentos en la vida en los que uno no sabe cómo desenvolverse, lagunas en la creatividad, accesos de vagancia, enviciamiento al ocio eletrónico. Esto no es una excusa, porque no la tengo. Simplemente, os pido perdón por este retraso.
Espero que os guste, y procuraré avanzar a mejor ritmo.
- Spoiler: Mostrar
- CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO OCTAVO: “Viaje al último confín”
No hacía demasiado viento en aquella región, por lo que el Implacable avanzaba dando bordos, entrecortadamente, aprovechando la mezquina brisa para ganar velocidad como podía. Ritter, de pie en el castillo de proa, miraba intranquilo al horizonte, ansioso por ver la silueta del único continente del mundo en la distancia. Iba a quedar fatal con la Vicealmirante Nilsson, o al menos eso era lo que podía esperarse. De todos modos, se consoló pensando que el retraso estaba justificado teniendo en cuenta la enorme distancia que separaba el inicio de su viaje y su destino, y al fin y al cabo, eso era lo que todo buen marino (y no le cabía duda de que Nilsson lo era) podía esperar.
Lo que ya no le hacía tanta gracia era que se enterase de “lo otro”.
Lo otro paseaba tranquilamente entre los mapas desplegados en las paredes del cuarto de oficiales. Joaquina Guimaraes miraba pensativa un sector determinado del West Blue, que aparecía como un fragmento de océano sin importancia. Posó los dedos con delicadeza en aquel punto del papel, y se giró hacia la puerta, que en ese momento empezaba a abrirse.
Denis entró con cara de sueño. Miró a la Capitana y una sonrisa cómplice iluminó su rostro. Dicha sonrisa hablaba sola, y Quina no tumo más remedio que reconocer que la maldita Sonja no era de fiar.
-Sabía que tarde o temprano tendría que pasar. –Dijo el Comandante, risueño. –Desde hace mucho tiempo sabía que estabais destinados a acabar juntos.
Quina fingió estar realmente molesta.
-¿Ah sí? ¿Y eso fue antes o después de la posada de Water Seven?
-Antes, pero no me digas que dos personas adultas sin compromisos a corto plazo no pueden divertirse un poco.
-Denis, sabes que no es eso a lo que me refiero.
-¿Debí dejárselo claro a Ritter, según tú? Por mi experiencia sé que el muy gilipollas se habría sentido avergonzado si llego a mencionar nada de aquello. Habría huido como un conejo. Y también por experiencia sabía que cualquier cabreo que tuviera contra nosotros no duraría lo suficiente.
Quina reflexionó sobre lo que el espadachín decía. La psicología de Denis Courtoise no era muy elaborada, pero tenía la sensación de que era tremendamente acertada. Denis volvió a hablar, ahora más serio.
-Lo que debía hacer era comprobar primero que clase de persona eras tú. –Vio como Quina le miraba, sobresaltada ante su sinceridad. –Para librarle de ti si no me parecías digna. Sí. Digna. Lo eres, Quina. De entre todas las mujeres de este maldito mundo, creo firmemente que tú eres la única digna para Ritter Fawkes.
“No tiene ni puñetera idea de lo que está diciendo”. Pensó Quina. “Pero, qué narices, ha acertado”.
-¡Barco a la vista!
El grito del vigía del Cataphractus se fue extendiendo poco a poco por todas las dependencias del navío, y luego fue saltando de barco en barco, quedando advertida toda la flotilla. Nilsson y Sawer se asomaron, y sonrieron al comprobar que se trataba por fin del Implacable.
La inmensa mole de la nave insignia de la Task Force Fawkes recorrió con una rapidez imperceptible la distancia que la separaba del fondeadero, echando el ancla justo entre su nave gemela y la costa. Arriaron un bote, y al poco tiempo, la oficialidad del Implacable se reunía con la Vicealmirante y el comandante de la Mistral.
-Me alegra que los contratiempos de su viaje no hayan sido más graves. –Empezó Nilsson. –Habida cuenta de toda la distancia que nos separaba.
Ritter movió afirmativamente la cabeza, aceptando la condescendencia de su superior.
-En fin, deben saber que todo ha salido según lo previsto, y que la situación es totalmente propicia. –Prosiguió la Vicealmirante. -¡Muy probablemente hoy mismo consigamos para el Gobierno Mundial la llave de la pacificación!
Ritter y Quina se miraron ante la grandilocuente exposición de Nilsson. Sawer carraspeó un poco, tomando la palabra.
-Antes que nada, Comodoro, opino que debería nombrar un comandante para su nave. Hemos recabado información, y sabemos que después de la caída de la flota rebelde de Snaff nuestra unidad es un brillante objetivo para el que quiera ganarse un renombre inmerecido.
El Comodoro Fawkes paseó la mirada por sus oficiales: Denis, Quina, Urahawa, Sonja... Todos le parecían utilísimos en ciertas circunstancias, pero finalmente decidió que había dos que eran más útiles en un barco que fuera de él.
-Mendoza, está usted al mando. –La artillera le miró de hito en hito. –Regrese al Implacable con Chindari y cuídenmelo como hasta ahora. –Ritter se volvió a la Vicealmirante Nilsson. –En cuanto a la Task Force, he cedido el mando de las operaciones a Sombe, si no tiene inconveniente.
-Ninguno.
Antes de darse cuenta, una pasmada y excitada Sonja Mendoza capitaneaba el bote que la llevaba a su primer mando naval. Temporal, sí, pero mando. Ni ella, ni Kleb, ni el resto, vueltos hacia otro lado, vieron la enorme expresión de fatigado alivio que ocupó el rostro de Max Sawer.
Los marines se encontraban en una cala de arena blanca. A pesar de que la mañana estaba avanzada, la brisa era fresca, cargada de la humedad del mar. La razón por la que la pequeña playa era tan poco agradable era la terrible sombra de los acantilados que la rodeaban. En el extremo de la cala una especie de escalinata toscamente tallada en la roca ascendía a lo largo de una ciclópea pared de piedra rojiza, tan azotada por el viento y el mar que su superficie estaba llena de agujeros, salientes y hendiduras, como un gigantesco panel de corcho.
Los acantilados de la Costa del Turbión eran de la misma piedra roja que caracterizaba al continente. Éstos, en particular, recibían todo el ímpetu de una corriente circundante que dotaba al viento y las olas de su peculiar fuerza. No resultaba difícil detectar los montones de cavernas que recorrían aquel lugar, y no era descabellado imaginar que éstas se extendían hasta la misma raíz de los riscos.
Las paredes se alisaban poco a poco conforme la pared ascendía, libre del corrosivo oleaje. Sin embargo, había tres o cuatro salientes de buen tamaño, cada uno con su negra entrada al interior de las rocas, en la parte alta del acantilado. Más arriba, en la cima, se adivinaba un espeso bosque que parecía cubrir toda la longitud de costa visible. Red Line era, sin lugar a dudas, un lugar terriblemente inhóspito.
-Recuerden -avisó Quina- que lo que estamos buscando no es cualquier cosa. Es una criatura ancestral, con un poder inimaginable, y por tanto estará tremendamente bien protegida. Lo que sea capaz de mantener a ese ser en letargo, debe ser muy poderoso.
Todos asintieron mientras comenzaban a subir las escaleras. Denis y Urahawa, que apenas sabían de qué iba todo aquello, tragaron saliva. Ninguno de ellos había visto los poneglyphs que les habían llevado hasta allí, pero empezaron a hacer conjeturas. Sawer y Nilsson, en cabeza, parecían ansiosos, mientras que el Comodoro Fawkes tenía aspecto fatigado mientras subía la escalinata. Quizá aún le molestaba la herida del costado, o quizá había dormido mal, nervioso por los acontecimientos que lo esperaban.
La tosca escalera labrada en la roca desembocaba en un profundo agujero, casi semejante a un pórtico, que daba paso a una oscura galería. Iluminados por Quina, avanzaron unas decenas de metros, hasta que otro resplandor, en el interior de la cueva, les puso en guardia.
Se encontraban en un pasillo. No una galería natural, sino un verdadero corredor, excavado por manos. Las paredes eran todo lo lisas que se podía esperar, y el suelo era practicable. A ambos lados colgaban globos de cristal de roca que brillaban con una tenue pero persistente luz fosforescente. Los había de varios colores, pero predominaba el azul. Quina, Nilsson y Urahawa se acercaron a algunos, para intentar descubrir cómo brillaban, pero parecían macizos, y la luz parecía envolverlos.
-Son microorganismos. –Sentenció Sawer, sin siquiera acercarse. –Aquí dentro la temperatura es constante, y la humedad muy alta. Muy probablemente el cristal de roca ofrece una superficie deseable para seres luminiscentes como los que viven en las profundidades.
Todos aceptaron la explicación del oficial de Inteligencia Naval, y avanzaron a través del corredor, muy despacio, y atentos a las trampas, con Denis en cabeza. La Vicealmirante Nilsson lo había reconocido y saludado cortésmente, sin más detenimiento. Por supuesto, él no esperaba otra cosa. Podía ser muy bella, pero no parecía una mujer detallista.
Finalmente, llegaron a una amplia estancia tras atravesar otro pórtico labrado. La gran sala estaba iluminada por cientos de aquellos globos luminiscentes, y la antigua ornamentación adquiría tintes fantasmagóricos en medio de aquella extraña luz azul. Al otro lado del lugar donde se encontraban, una gigantesca estatua de un hombre musculoso de rasgos indefinidos que empuñaba una espada parecía vigilar otra puerta, aunque en esta ocasión, en vez de un umbral vacío, una losa de piedra bloqueaba el paso.
Ritter, dando un pequeño traspié, avanzó hasta un nicho de piedra a mitad de camino. Estuvo observando con detenimiento su interior algo que los demás no veían. Sawer trató de acercarse.
-No. –Lo interrumpió el Comodoro, alzando la mano. –Creo que ya sé como va esto: Nadie pasa de aquí sin el “permiso” del guardián. Algo chasqueó en el interior del nicho. Ritter, con cara de esfuerzo, sujetaba algo y señalaba una baldosa más grande que las demás en el centro de la estancia. Obedeciendo, todos fueron apoyándose en la baldosa. Cada vez que lo hacían, la puerta se abría y permanecía abierta hasta que pasaban. Por último, Ritter aseguró la cadena para sujetar la palanca, y pisó la baldosa. Liberó su cadena con un giro de la muñeca, y corrió antes de que se cerrase la pesada losa de la puerta. Atravesó la salida, y se paró junto a los demás en una especie de inmenso vestíbulo con dos galerías. Jadeaba, exhausto, por la carrera.
-Uf, por...
Un estruendo sacudió la losa de piedra.
La gigantesca roca salió volando, impulsada por la violenta embestida de la estatua. Ésta se movía con rapidez para ser de piedra, y no cabía duda que la treta de Ritter con la cadena no había surtido efecto.
-¡Hay que largarse! –Gritó Nilsson, avanzando hacia una de las entradas del vestíbulo. -¡Guimaraes, venga conmigo! ¡Usted también, Fawkes! ¡Los demás prueben con la otra salida!
Todos corrieron en las direcciones indicadas, pero el terrible guardián parecía ser capaz de alcanzarlos. Denis se giró, negando para sí con la cabeza.
-Yo me encargo.
-¡Denis! –Era la voz de Quina. -¿Qué crees que estás haciendo?
-Nada de importancia.
-¡Si le alcanza, le partirá en dos, Comandante! –La voz de la Vicealmirante parecía destilar genuina preocupación. Sólo lo parecía. -¡No se haga el héroe!
-Nada más lejos de mi intención.
Denis desenfundó su nueva espada, Fernoir. Con lentitud, se preparó. La estatua se acercaba por la gran estancia.
-Vamos a ver qué tal me salen los trucos de otros.
Sujetó la espada con las dos manos, recordando su enfrentamiento en el Black Reef.
-¡Coup d’épée à deux mains! ¡Canon de trente-six livres!
Nada pareció ocurrir, salvo que un pequeño arañazo apareció en el torso de la estatua. Todos menos Denis seguían corriendo hacia sus respectivos corredores. El Comandante miró al cada vez más cercano enemigo. Tomó posición a un lado del enorme vestíbulo, a fin de no llamar la atención sobre las salidas. La estatua se giró hacia él y lanzó una poderosa embestida con el hombro, tratando de aplastar a su pequeño contrincante contra la pared. Ésta se desmoronó en mil pedazos, pero Denis pudo escapar justo a tiempo. La estatua se volvió a él, agitando la enorme espada.
-Mira, un rival a mi altura.
Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 48)
Publicado: Dom Feb 10, 2008 7:48 pm
por Polizonte Nack
¡Parapapaaa...!¡Al fin te pillé el ritmo, escurridiza ave!
(¿y ahora con qué me entretengo yo?)
Bueno, comentarios:
-Según dices la cosa está a punto de finiquitarse... Espero que la escabechina final que se está fraguando sea lo bastante "contundente". No sé, un vicealmirante seguidor de Akainu y su espía, una bestia legendaria, dos valientes y sufridos marines y una parejita muy acaramelada con el abuelo de carabina... Demasiadas variables en tan poco espacio como para que no caigan unos cuantos

.
-Hasta ahora me debatía entre el gustarme Denis o detestarlo, pero esa última sobrada de "al fin un rival de mi altura" y lo de su dibujito con las nuevas espadas... ¡Acaba con él, estatua de piedra!
-Por cierto, remontándome a historia antigua, el combate naval en la saga de la Black Reef...
PD: Y bueno, felicidades por seguir después de todo este tiempo adelante con la historia, estás consiguiendo un resultado francamente bueno. A ver si algún día de estos recuperas tu tema "Con pluma de Ghorrhyon", que también estaba interesante.
PD2: Una cosita, ¿la referencia al Mithril de los enanitos y lo de que Mocoso tenga la misma capacidad dialéctica de Gollum es una coincidencia o una de esas escondidas referencias que según Ramsus nos escondes por ahí?

Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 48)
Publicado: Mar Feb 12, 2008 10:52 am
por Reyes
Otro capítulo más!!Llegamos a la que, presuntamente, será la batalla decisiva. Como bien dice
Polizonte Nack las circunstancias son muy buenas para relatar un gran final de novela, incluyendo algunas bajas. El bien contra el mal, la moral contra la ambición, complots, traiciones, amores rotos... ¡diox mio que de ideas se me estan ocurriendo! Me estan entrando ganas de escribir el desenlace yo mismo...

Enhorabuena por continuar tu trabajo y por saciar a los viciados de tus novelas. No decaigas y no abandones,
que sino te puedes ganar muchos enemigos.
Un saludo.
P.D: Un buen final para el espadachín "copia tecnicas", morir empalado, entrerrado, aplastado por un gigante de roca. Para quedarme más satisfecho pediría que la espada estuviera envenenada...

Re: Task Force: Al otro lado del Mar (Capítulo 48)
Publicado: Mié Feb 13, 2008 7:45 pm
por Alhandra
Bueno, parece que ya se acabó la sequía, al fin

Otro capítulo que vuelve a acabar con un Denis más flipao que nunca y con un rival que espero que le deje una cara nueva. (si me permites una sugerencia, cuando lo mates, que sea Ritter el que lo haga, anda).
En cuanto al kraken, espero que no tarde mucho en aparecer. La verdad es que el manual de monstruos va rotando continuamente, xD. A lo mejor, el malo final será la Tarasca.
Tendré que volver a leerme unos cuantos capítulos atrás. El lío que se traen Sawer y la vicealmirante cada día me resulta más confuso.
Sigue así, Pío Pío

No lo matéis, el nunca lo haría
Publicado: Sab Mar 01, 2008 1:02 pm
por Ghorrhyon
Joder...
Bueno, que sepáis que automáticamente, Denis pasa a llamarse Hitler. De verdad, no puedo creer que le odiéis tanto todos... ¿de verdad es tan odioso? ¡Yo lo prefería a Urahawa incluso!
Ay que ver...
Polizonte "Junior" Nack: Gracias, sobre todo por volver después de tanto tiempo. Todas esas variables que dices son válidas, pero en realidad alguna es constante en mi macabro plan... ya lo verás.
Kings: A cada post que escribís, me está entrando más miedo escénico. Espero, de verdad, que el final (que ya está pensado y no va a variar) esté a la altura de vuestras expectativas, o por lo menos no os decepcione demasiado...
Otro más para el club "yo violaría a Denis con una motosierra". Pobrecito...
Task Force(R) Art by Alhandra: ¿Manual? ¿Qué manual? El viejo se llamaba "compendio" de monstruos (qué incultura XD) El rollo entre Sawer y Nilsson es raro, confuso y trémulo, porque es lo que mola (con estos no os metéis, ¿eh? Pues son más cool que Denis, creo yo).
Bueno, a lo que íbamos:
- Spoiler: Mostrar
- CAPÍTULO CUADRAGÉSIMO NOVENO: “En las entrañas del fin del mundo”
Oyendo el estruendo del combate a sus espaldas, Quina, Ritter y la Vicealmirante corrieron por el negro pasillo. El Comodoro corría unos pasos detrás de las mujeres, visiblemente afectado por el esfuerzo de la huida in extremis de la estatua.
Quina lanzaba fugaces miradas sobre su hombro, comprobando el estado de su compañero. Un momento después, cuando los choques y retumbos de la pelea entre Denis y la estatua apenas se distinguían, Nilsson se detuvo y esperó a los dos oficiales del Implacable.
-Fawkes, me sorprende, le hacía a usted más atlético.
-Disculpe, señora, -contestó el Comodoro- pero no estoy al cien por cien. Debe ser algo que he comido...
La Vicealmirante se encogió de hombros, y miró a lo alto. El corredor se había ensanchado hasta convertirse en una prolongada bóveda, en la que las lamparitas fosforescentes apenas daban suficiente iluminación para ver dónde se ponía el pie. Quina interpretó correctamente la situación, y al segundo levantó la mano, iluminando la estancia con más fuerza.
Un jadeo de sorpresa salió de las gargantas de los tres marines. La enorme caverna no sólo contenía los globos brillantes, sino que aparecía cubierta hasta su irregular techumbre de runas y bajorrelieves, escritos en la lengua que tan familiar les resultaba a todos ahora.
-Es como estar dentro de un inmenso poneglyph. –Advirtió Nilsson. -¿Es posible...?
Quina ya se encontraba cerca de una de las paredes. La Capitana brillaba con intensidad, emitiendo gran cantidad de iluminación para no perderse ningún dato.
-Es la historia de la guerra contra las Bestias. –Anunció. –Sobre todo de la parte que incumbe a este lugar.
Ph’klikt, el Sumo Sacerdote, intentó levantarse, debilitado por el gran esfuerzo. Su acólito, N’kiel, le sirvió de apoyo. Todos los demás estaban demasiado cansados, heridos o aterrorizados. El barco aún se tambaleaba poderosamente por el ataque de la criatura, y Ph’klikt no podría recurrir ni a una ínfima parte de su poder para volver a rechazarlo. Los tripulantes del barco volvieron a los sacerdotes unos ojos suplicantes y desesperados.
Los Guerreros de la Oscuridad, criaturas de sombra convocadas por Kraken, habían sido un enemigo demasiado poderoso. Los valientes defensores de la humanidad habían logrado traspasar las defensas de la Bestia, pero a un coste horrible: más de las tres cuartas partes de los barcos habían sido destruidos. Y la prometida respuesta definitiva no había participado en la batalla. ¿Se quedaría en un mero proyecto?
Mientras tanto, hombres valientes, como el Capitán Arkanon, el líder del Jinete del Viento, el barco que transportaba a los sacerdotes, habían luchado hasta la extenuación. Arkanon mismo acababa, hacía una hora, de derrotar a Shadowblade, el líder de los Guerreros de la Oscuridad. Pero justo cuando su ejército desaparecía, Kraken mismo, envuelto en una nube de humo negro, o quizá su tinta, había atacado y hundido con la mayor facilidad casi la totalidad de la flota. Sólo quedaban tres barcos, y el Jinete del Viento era el que en mejor estado se encontraba, y además, más cerca de la costa.
-No hay tiempo que perder. –Susurró Ph’klikt. –Debemos bajar a las cuevas y enterrar a Kraken en su agujero. Tengo que... urrrhhh.
N’kiel miró a su maestro con tristeza. La vida abandonaba su anciano cuerpo. Desoyendo sus débiles protestas, tomó los Discos de Kairouseki y el Cetro de Fun, recostó al viejo sacerdote en el lugar más cómodo de la cubierta.
-Yo iré. El monstruo está aturdido, aunque no sepamos por cuanto tiempo. El Disco le hirió más en su amor propio que otra cosa, y la energía espiritual liberada necesitará tiempo para recargarse. ¿Alguien me acompaña?
Recorrió con la vista a la tripulación. Nadie habló, aunque eso no le sorprendió ni enfureció. No se podía exigir ya más de aquellos hombres debilitados, machacados, aterrorizados, y sin líder de guerra.
-Qué vergüenza. Dejar solo a un hombre de la Fe.
Todas las cabezas se volvieron a la puerta de la carroza del barco. Del habitáculo salió tambaleándose el Capitán Arkanon, blandiendo su espada y con un aparatoso vendaje. Mirándole a los ojos, N’kiel supo que nada en el mundo torcería su voluntad. Asintió despacio cuando el guerrero miró a sus ojos, como desafiándole a rechazar su escolta. Luego, terminó de recoger las reliquias y bajó al bote que le esperaba, directo hacia la costa.
Poco más tarde, los dos hombres se encontraban en el interior de una terrible caverna, oscura y fría. Allí la oscuridad era algo que tenía cuerpo, que robaba la luz y el calor, de tal manera que ni siquiera la antorcha que portaba Arkanon se sentía de ninguna manera. El frío casi era insoportable.
Llegaron al agujero. La entrada al Mar Negro, el Reino de Kraken. Allí sí había una suerte de resplandor grisáceo, quizá sólo para que fuera más fácil distinguir la insondable negrura que surgía del profundo hoyo. Kilómetros y kilómetros más abajo, ya inundado por el agua del océano, se encontraba el Trono de Kraken, el Corazón de la Oscuridad.
El lugar del que se extendería el Apocalipsis.
Las entrañas del fin del mundo.
Sawer y Urahawa se detuvieron, jadeantes, a la luz de muchos globos luminosos. La estancia a la que habían llegado parecía lo suficientemente importante para requerir profusa iluminación.
-Vaya. –Murmuró el Capitán, señalando al fondo. –Esto me indica dos cosas: que hemos tenido mala suerte, y que vamos por el buen camino.
Urahawa miró a donde le señalaba, y distinguió la familiar forma de otra brutal estatua de piedra, inmóvil de momento, que empuñaba una maza. Sus piernas arqueadas rodeaban otra entrada. Por lo demás, la estancia parecía igual a la de la primera estatua, y Sawer miró instintivamente al lugar donde se hubiera encontrado la palanca que evitaba problemas.
-Maldita sea. –Protestó. –No se nos acaba la mala suerte, Teniente.
-¿Cómo pudo pasar?
Sawer se encogió de hombros. Ante ellos, la pared de piedra se había derrumbado, arruinando con toda probabilidad el mecanismo de la palanca. La roca viva, desnuda tras el derrumbe, anunciaba que nada conseguirían intentando que funcionase. Urahawa, consternado, miró a lo lejos, a la estatua.
Ante el asombro de Max Sawer, el hombre-jabalí empezó a avanzar a zancadas, remangándose el uniforme. Un crujido contestó a su actitud amenazante, con un leve movimiento de la gran estatua.
-¡Urahawa! ¿Qué cree que está haciendo?
-Zanjar el asunto, Capitán.
Echó a correr, mientras la estatua abandonaba su posición, desprendiendo roca y polvo de la pared. La voluminosa figura comenzó a andar a grandes zancadas, mientras Urahawa se transformaba. Unos pocos pasos más, y chocaron.
-¡Tekude!
La enorme maza se paró en seco ante el brazo de Urahawa.
-¡Kenhou!
El colosal puñetazo impactó en el torso de la estatua, haciendo que la criatura se arrastrase un metro hacia atrás. Una melladura apareció en la lisa superficie de la roca, pero poco daño más podía adivinarse. Sawer, desde la distancia, comprendió que lo que estaba a punto de ver estaba fuera de su alcance.
Y sobre todo lo inquietaba aquel zumbido en sus oídos.
La Bestia se despertó con el primer Disco. Sintiéndose amenazado, Kraken aceleró su recuperación, y sus descomunales tentáculos se desplegaron a través del pozo insondable, tanteando en busca de sus enemigos. Aros de luz los recorrían intermitentemente en toda su longitud, pero aquella luminiscencia enfermiza no reconfortó a N’kiel, quien se obligó a apartar la vista para no quedar hipnotizado. Abandonando el primer Disco en su lugar correcto, intentó llegar a la siguiente posición. Sólo eran siete, tenía que conseguirlo. No vio llegar el golpe.
Pero Arkanon sí. Levantando su espada, se movió con rapidez. El combate parecía haberle recuperado de todos sus males. Era el mayor enemigo al que un guerrero podía enfrentarse. Detuvo el golpe, con una sonrisa de orgullo.
-Ánimo, sacerdote, yo te cubriré, con mi vida si es preciso.
Otro tentáculo descendió con violencia, en diagonal, sobre Arkanon. Éste lo esquivó, y a un tercero, mientras que interceptó el cuarto con su espada, abriéndole un sangriento tajo. N’kiel ignoró el combate, y siguió disponiendo los Discos.
Pero por mucho que lo desease, Arkanon no estaba en plenitud de facultades. El séptimo intento de Kraken dio en el blanco. El enorme tentáculo impactó con fuerza descomunal, y uno de los aros luminosos que lo recorrían a intervalos se apresuró a contactar con el cuerpo del guerrero. Una descarga recorrió al maltrecho Capitán Arkanon, lanzándole lejos. N’kiel oyó el grito de su defensor y se interrumpió mientras colocaba el quinto Disco.
-¡Arkanon!
-¡Sigue, sacerdote! –Respondió con un quejido el guerrero, incorporándose. -¡No desistas, ni me escuches, no valgo para nada!
Arkanon volvió a saltar y a bloquear un ataque dirigido al sacerdote. Éste acabó por colocar todos los Discos, obligándose a ignorar los gritos de dolor de su compañero, cada vez que un tentáculo lo golpeaba. Y cada vez eran más frecuentes.
Los siete Discos estaban colocados, pero faltaba pronunciar la salmodia del ritual. N’kiel empuñó el Cetro de Fun, y se dirigió al centro de la cueva, acosado por los tentáculos. Se giró, mirando a los siete Discos de Kairouseki que rodeaban la entrada del Pozo de Kraken.
Justo entonces, Arkanon cayó, sin vida, a sus pies. No quiso mirar el cadáver sanguinolento, totalmente quebrantado, y comenzó a recitar los versos sagrados. Los tentáculos se agitaron, impotentes, mientras los Discos empezaban a actuar. N’kiel notó la extraordinaria energía que emanaba de él, y la tremenda oposición de la negra voluntad de la Bestia. Y supo lo que antes no había sabido.
Su maestro era un hombre anciano, por eso había querido ejecutar el ritual en vez de él. Tal energía exigiría la vida de su liberador. N’kiel sonrió, negó para sí con la cabeza, y terminó el ritual para el que se había preparado, sin saberlo, durante todos los días de su vida.
-Entonces, ¿quién colocó las otras trampas? –Preguntó Ritter, interesado. –Ninguno de los dos sobrevivió, ¿verdad?
-Pero sí el anciano sacerdote. –Contestó Quina. –Vivió para completar todas las defensas de este lugar y para escribir la historia. Y sus sucesores reforzaron las defensas con más discos. Más numerosos, pero menos poderosos que los Discos originales.
-Entonces, es cierto. –Terció de repente Nilsson. –El poder de los Discos de N’kiel está a nuestro alcance.
Quina miró a la mujer con extrañeza.
-Pensé que nuestras órdenes eran utilizar a Kraken.
-No, no exactamente. –Replicó Nilsson con severidad. –Nuestras órdenes eran encontrar aquí un arma definitiva, que pudiéramos controlar. Y creo que podré controlar el poder de los Discos. Sé que puedo. Yo también he estudiado mucho, Capitana Guimaraes.
-Pero...
Ritter sujetó a Quina del brazo, pidiéndole que se detuviera con la mirada, y ambos se miraron ante la enigmática sonrisa de la Vicealmirante Nilsson. Sabían de repente que no serviría de nada advertirle sobre el limitado poder de los discos menores.