Historias Piratas, Volumen3.

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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Contestando que si no, patada en los co**nes...
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Intuyo la respuesta, pero después de nuestra próxima parada ¿Joya o Caledonia?
Es más que obvio que Caledonia, muchachito... XD Así que olvídate del tabaco gratis.

¿Surgirá algo entre Mei y Renta?
Por ahora, por ahora, no lo creo. Eso que lo decida el shinigami que es el que empezó disfrazadamente la confusión. Además... ¿quién ha dicho que hay algo entre los dos? Solo son amigos o conocidos... *guiño guiño* :roll:

Y a lo del shinigami...
Siempre puedes echarle imaginación, es decir, que por alguna confusión se atacaran entre los propios marines, alguna técnica para reemplazar personas y que en vez de atacar a algún pirata, de pronto se vean con que le han volado la cabeza a uno de los suyos o qué se yo... Y que yo recuerde, no mencioné que atacaran a civiles, a pesar de que lo parezca...
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Terreis
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

@Novato en Guerras de Banda alias: Lechuguino Radiactivo:

¿Encontrarán alguna vez el cadáver de Alira?
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En los próximos capítulos esa preguntas se resolverá por si sola :P
¿Quién la sustituirá en la jerarquía de la Marina?
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No tengo ni idea, ya que el golpe que han asestado a la Marina ha sido muy fuerte dos Almirantes han caido :roll: eso conllevara repercusiones.
¿Y a Arkathkyo?
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Hay varios candidatos para sustituirle pero aun no me he decantado por quien :roll:
Ahora mis preguntas:

@Novato en Guerra de Bandas alias: Lechuguino Radiactivo:
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- Ahora que la saga que llevas con Silver y cia se acaba, ¿Donde tenéis pensado ir?
- ¿Hilmar se unirá a tu banda?
- ¿Pasara algo con Estella en plan palogosin?
Silver el pitoniso:
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- La misma pregunta que del Novato: ¿Donde tenéis pensado ir?
- Como es que Silver reconoce Alira cuando esta luchando con el Dragon. Y en el anterior encuentro donde el escapa no la reconoce.
- Ahora que eres el elegido, ¿vas a venir a buscarnos uno a uno?
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Es de noche, así que como prometí por la mañana, va el capítulo que finiquita (a excepción de un último detalle en el que se ha empreñado nuestro anfitrión, el Humor Emorillo) nuestra estancia en Red Village. Pero antes...

@Stripper Hundebarcos celosa (R.I.P)
  • No pienso responder a ninguna de tus preguntas... directamente
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Parte de trabajo 16: Como está escrito en el libro

– Entonces… ¿seguimos?

– ¿Lo dudas? – sonreí, echando a andar, de espaldas, hacia la puerta.

– Ni un ápice – correspondió el Outlaw.

Silver se levantó con cierto esfuerzo, cosa que preocupó a Mijok y a Estella, pero enseguida se apresuró a achacárselo a su edad y caminó hacia mí, adelantándome. Me di la vuelta y lo seguí, parándonos los dos junto a la puerta.

– Detrás nos espera el final de todo esto.

– O un poco más de diversión – apostillé.

– Espero no perdérmela esta vez – rió. – Tú primero, Rido.

Con el hacha bien sujeta en mi diestra y preparada para cualquier eventualidad, posé suavemente la palma de mi mano izquierda sobre la puerta. Era la más sencilla de todas las que habíamos cruzado hasta entonces, pero también era, quizás también precisamente por eso, la que más respeto imponía. Grande, esbelta, oscura como la noche y tan perfectamente pulida que un ojo experto como el mío apenas podía distinguir si estaba hecha de madera o de metal.

La empujé lentamente y poco a poco fue desvelando una estancia aproximadamente la mitad de grande que la que estábamos a punto de dejar atrás. Sus paredes reflejaban tímidamente la luz de unas lámparas de aceite que se encendieron inmediatamente al entornar la hoja de la puerta. Las paredes, como la sala anterior, estaban totalmente cubiertas de grabados, pero estos eran completamente distintos a los precedentes. Si aquellos eran monstruosos, estos eran hermosos, como un libro que contara una historia con un final feliz. Tenía sentido: fuera, estaba el prólogo; dentro, el desarrollo. Pero la estancia era una cámara diáfana, sin más que enseñarnos que aquellos dibujos en la pared, aunque no era poco.

– ¿Vacía? – fue la reacción de Hilmar, que marchaba un poco a la cola del grupo, en un tono bastante decepcionado.

– No – le advertí. – Es maravilloso. Mira las paredes.

– Sí, pero… No es eso lo más interesante – murmuró Silver. – Mirad.

Avanzó un par de pasos y se agachó. Palpó ligeramente el suelo con la yema de sus dedos y volvió a levantarse para repetir la operación un poco más allá. Parecía buscar algo, y que su búsqueda era infructuosa, porque aún tubo que reiterar aquella maniobra un par de veces más ante nuestra mirada intrigada y expectante.

– ¡Oh! Aquí está… – murmuró al fin, levantando la vista. – Debería de haberlo visto antes.

Se incorporó, se acercó a la pared en la que se abría la puerta y deslizó uno de sus dedos sobre uno de los grabados, apenas rozándolo. Inmediatamente, se iluminó con la misma luz dorada que nos había cegado antes y las losas del suelo sobre las que se había agachado el capitán comenzaron a moverse.

– ¿Cómo lo has sabido?

– Experiencia – alegó.

Lo que quedó al descubierto fue una nueva escalinata. Blanca, reluciente, que refulgía ante la tenue luz de las antorchas y las lámparas de aceite como la luna en mitad de una noche clara. Era amplísima, como preparada para que por allí bajaran grupos amplios de personas. Si mi hipótesis de que aquella construcción funcionaba de forma parecida a un templo era cierta, quizás aquella escalinata tenía un papel fundamental en alguna ceremonia.

– Me pregunto a dónde nos llevará esto – murmuró Mijok.

– Al final – respondimos Silver y yo al unísono, provocándonos una mutua sonrisa cómplice.

– ¿Seguros? – nos cuestionó Rentarou.

– Es la única posibilidad – aseguré. – ¿Vamos?

Descendimos despacio, con prudencia, asegurándonos bien de donde poníamos el pie cada vez que dábamos un paso. No es que la escalera imprimiera desconfianza, todo lo contario, estaba magníficamente cuidada, en un mármol albino perennemente pulido de una forma perfectísima, con detalles dorados y plateados decorando los pasamanos. Tenían estos aderezos formas muy simples, como líneas que no parecían representar nada especia, aunque probablemente alguien muy espiritualista viera en ellas los caprichosos hilos de la magia, de la historia, de la vida.

– Es precioso – comentó, extasiada, Estella.

– Sí – le sonreí.

– Imagínate como debió ser en sus tiempos…

– Increíble.

– “Aquí descansa el saber” – recitó Silver en voz alta.

Lo había leído en la leyenda que ondeaba sobre la enorme verja dorada que dominaba la gigantesca cámara en la que habíamos desembocado a través de la escalera. Revestida completamente del mimo mármol blanco que la escalinata, la sala parecía haber aprovechado una gran gruta natural, tal y como revelaban las irregulares paredes albinas.

La esbelta reja de oro concentraba la atención de los visitantes en la separación que establecía entre la parte principal y una pequeña, aunque nada desdeñable, caverna abierta en el fondo, de frente mismo a la escalera. Las paredes de la zona principal permanecían completamente blancas, limpias, uniformes, mientras que las de aquella pequeña habitación lucían unos curiosos frescos relucientes que representaban, aunque de forma muy sencilla y esquemática, escenas de tiempos antiguos que giraban siempre entorno a un mismo objeto: un libro.

Probablemente se tratara del mismo tomo que se situaba en el centro de aquella pequeña habitación, cerrado sobre un atril de madera – desde lejos semejaba madera de Adam – magníficamente labrado. El volumen estaba exquisitamente encuadernado en piel oscura decorada con elegantes ribetes argénteos y los cantos de las hijas poseían el mismo color áureo de la verja, como si la reflejaran.

Silver fue el primero en acercarse, aunque no atravesó la reja, sino que lo contempló todo desde fuera, en silencio, como meditando si debía o no cruzar o, quizás, esperándonos. Junto con Estella e Hilmar fui el primero en aproximarme hasta donde él se encontraba, seguidos por Mijok y Renta que caminaban unos metros más atrás que nosotros y un tanto más despacio.

– Tú nos has traído hasta aquí – me comentó el Capitán de los Outlaws. – Haz los honores.

– Espera – me detuvo Estella. – ¿Cómo sabemos que…?

– No lo sabemos – se encogió de hombros Silver.

– Eso es lo divertido – se rió Mijok. – Si no, ¿dónde iba a estar la emoción?

– No te preocupes – intervine yo. – No nos va a pasar nada.

– ¿Me lo prometes?

– Sí, mujer – respondí. – Tranquila.

Empujé ligeramente la reja para darme cuenta de que abría en sentido contrario. Dando un paso hacia atrás para despejar el camino de la hoja, tiré de la puerta y la verja se abrió suavemente, sin un solo quejido metálico, como si estuviera recién construida y en perfectas condiciones. Con un leve movimiento de cabeza, Silver me invitó a pasar delante.

– Madera de Adam – confirmé en voz alta, aunque para mí mismo, al llegar junto al atril y pasar mi mano por encima.

Abrí cuidadosamente el libro por la mitad, acomodándolo al mismo tiempo sobre el pedestal. Las páginas, que pasé con la máxima cautela, hacían justicia al lujoso exterior. Confeccionadas con un papel realmente grueso, estaban decoradas con miniaturas que representaban gnomos en distintas posiciones y escritas con una caligrafía sumamente delicada, limpísima. Pero lo más sorprendente de todo es que estaban escritas en la lengua común y no en algún extraño lenguaje antiguo como pudiera parecer.

– “Y sucedió que, desde aquel día, el gran Garl cubrió de oro al noble Tholtan de Corlya y lo nombró su enviado en todas las tierras de los gnomos” – leí en alto, ante la sorpresa de entender el texto.

– ¿Lees gnómico? – preguntó Hilmar, cuya cabeza asomaba tímidamente a través de mi pecho.

– ¿Gnómico? – respondí, antes de darme cuenta de su presencia. – ¡¿Pero qué coño haces ahí?! –me sacudí, expulsando el espectro y provocando las carcajadas de mis compañeros.

– Glosolalia – explicó Silver, que no podía contener la risa. – Es una escritura mágica que se presenta en el idioma que comprende cada cual.

– Fantástico… – murmuré, mientras pasaba las páginas.

– Entonces… ¿qué hacemos? – preguntó Rentarou.

– Si esto es el final… – musité. – Qué curioso… aquí no se dice nada de la batalla contra…

– Eso es porque esto es sólo una etapa más – estableció el Capitán. – Las armas no están aquí.

– ¿No? ¿Ya lo sabías?

– Lo sospechaba – sonrió. – Aquí encontraremos la pista que nos llevará a la siguiente parada de nuestro viaje.

– En el libro – supuse, tomándolo en mis manos para examinarlo mejor. – Sería lo más lógico…

– Querido amigo, – me corrigió – la historia no se suele guiar por las normas de la lógica. Aunque reconozco que no sería raro que estuviera ahí.

El pirata se puso a contemplar los frescos, con los brazos cruzados sobre el pecho y su mano derecha acariciando la barba, como si estuviera escuchando lo que aquellos dibujos le decían. Pronto solicitó la asistencia de Hilmar y, juntos, comenzaron un análisis detallado de las imágenes. Iban una por una, haciendo valoraciones, fijándose en cada detalle y volviendo hacia atrás en muchas ocasiones.

Entre tanto, Rentarou había comenzado a ser incapaz de ocultar el esfuerzo y el cansancio provocados por acudir hasta allí en aquellas condiciones, así que anunció que se iba a sentar a descansar en la escalera. Un sonoro “Te lo dije” que retumbó en las paredes de la gran caverna acompañó a la doctora mientras ella y Mijok seguían al ex-Capitán de la Marina para evitar que se quedara solo.

Sentado en el suelo y apoyado contra la verja, comencé a hojear el libro, que no parecía contener más que leyendas en las cuales, para encontrar un significado en la dirección que esperábamos, habría que bucear hasta sus profundidades. Si la siguiente pista estaba allí, podría ser muy trabajoso el encontrarla, aunque quizás ese era el objetivo. Alcanzar el saber para entender el objetivo no era una premisa discordante en aquel ambiente. Más aún, así se habrían asegurado que sólo alguien capaz de entender aquello podría ser capaz de dar el siguiente paso.

Seguía pasando hojas y hojas, examinando ligeramente el contenido de cada una de ellas. Gestas épicas, enseñanzas morales, leyes… Aquello no era un libro de leyendas cualquiera, sino más bien un libro de historia vestido de fantasía, posiblemente para ayudar a recordarlas durante un estadio anterior a su puesta por escrito. O quizás es que aquella magia y aquella fantasía eran inherentes al mundo antiguo en general y el de los gnomos en particular.

En mi recorrido por las páginas, sin embargo, me encontré con una incidencia un tanto extraña, una diferencia bastante sutil en las páginas. No la había advertido en mi primera pasada por encima, pero entonces me di cuenta de que no eran gnomos sino hombres los que ilustraban los márgenes de aquella hoja. La caligrafía era también sutilmente más ruda.

¿Se encontraría allí la pista que indicara nuestro próximo destino? Comencé a leer detenidamente el contenido de aquella página. Ya una cuestión llamó mi atención en primer lugar, y es que los protagonistas de aquella historia no eran gnomos, sino hombres. Sin embargo, lo que más me descentró fue la aparición, entre aquellas palabras tan antiguas, de un nombre que por largo tiempo se había instalado en lo más profundo e ignoto de mi memoria y que ahora volvía a la luz.

– No… – murmuré. – No puede ser.

– ¿Qué pasa?

– He encontrado algo – expliqué.

Silver se apresuró a aproximarse hacia mí y por poco me arrebata el libro de las manos. Se puso a leer la página con muchísima atención mientras su expresión pasaba de lo desconcertado a lo intrigado y de lo intrigado a lo entusiasmado. Parecía que él había llegado a la misma conclusión que yo. El siguiente paso estaba allí.

– Isla de Xartha… – susurró.

– No la conozco – dijo Hilmar.

– Yo sí – asentí con cierto pesar.

– Bien – sonrió entonces el Capitán. – ¿Hacia dónde, entonces?

– Hacia el Grand Line.

Afortunadamente, Silver no quiso saber el porqué de mi reacción ante aquel nombre y se dirigió sonriente a la salida mientras informaba a los demás desde la distancia del rumbo en que íbamos a dirigir nuestros pasos. En cualquier caso, yo tampoco estaba preparado aún para explicarlo, pues aún tendría que aclararme yo a mí mismo y con mis sentimientos.

– ¡Eh, Silver! – llamé. – ¿Qué hacemos con el libro?

– Buena pregunta… – se paró, girándose hacia a mí. – ¿Tú qué opinas?

– “El saber se perpetúa al compartirse” – dijo Hilmar.

– ¿Qué? – respondí.

– Lo pone aquí – señaló hacia la parte superior de la reja, por el lado contrario a aquel en que se encontraba lo que había leído Silver.

– ¿Y qué se supone que significa?

– No lo sé – se encogió de hombros.

– No sé… – volví a centrarme en el libro. – Es decir, por un lado deberíamos llevárnoslo…

– Pues entonces llevémonoslo – propuso el Capitán.

– Es decir, tal y como parece que es todo este lío conocer a quienes participaron es realmente útil – árgumenté. – Pero por otra parte, el sitio de esto es aquí…

– Pues lo dejamos – aseguró Hilmar.

– Así no ayudáis – les reproché. – Quizás si copiáramos lo más importante…

– No tenemos tiempo – estableció Silver.

– Hilmar, tú eres un bardo, ¿no?

– Sí, señor – asintió. – Bardo gnomo de las Tierras de Gorlam. El mejor, por cierto.

– No lo dudo – sonreí. – Entonces conocerás muchas de las historias de este libro.

– Probablemente…

– Sólo las que él no conozca – le propuse entonces al Capitán.

– Aún así… Los detalles importan mucho – razonó él.

– Mierda… – bufé. – Y me niego a arrancarle hojas.

Comencé a caminar para activar mis pensamientos, como si una cosa dependiera de la otra. También podría ser que hubiera un mecanismo que nos castigara si el libro era sustraído y al final acabaríamos teniendo aún más problemas. Pero quizás necesitáramos algo de la información que habíamos encontrado en aquel libro más adelante. Más allá… de allí.

De repente, el libro comenzó a brillar con fuerza en mis manos. Cuando me di cuenta de que, inconscientemente, había atravesado el portal en una de mis idas y venidas, me apuré de nuevo a entrar en el pequeño recinto. Sin embargo, había un nuevo libro en el atril.

– ¿Qué…?

Una neblina grisácea se comenzó a materializar sobre el pequeño pedestal de madera. Otro fantasma, sin duda, como no tardé en confirmar poco después. Este, sin embargo, parecía más anciano que Hilmar y sus “ropas” eran más propias de un estudioso que de un comediante.

– El saber se perpetúa al compartirse – dijo el recién aparecido en voz calma. – El saber se muere si nadie lo transmite. El saber necesita que le lleven a los demás.

– ¿Qué quiere decir?

– Tomad el libro de la Gran Historia y llevádselo a todas las criaturas – continuó, sin prestarme atención. – Que en todos los reinos de los gnomos se conozcan nuestros días.

– ¿Los reinos de los gnomos? – pregunté yo. – Desaparecieron hace siglos seguramente.

– Pero recordad, la página maldita nunca saldrá de este templo.

Dicho esto, la nueva figura se desvaneció tan rápida y silenciosamente como se había formado y todo volvió a la normalidad como si allí no hubiera pasado nada. El único testimonio de lo que había ocurrido era el nuevo libro que descansaba solemnemente sobre el atril, como si llevara allí durante los últimos cinco mil años.

– ¿Qué ha sido eso? – pregunté en alto.

– Una ilusión – contestó Hilmar como si fuera completamente evidente.

– Los gnomos son especialistas en el arte de la ilusión mágica – aclaró Silver, que se había acercado. – ¿Qué dijo de una página maldita?

– Que nunca abandonaría este templo – respondí, abriendo el libro y buscando la página que nos había revelado el próximo destino. – ¡No está!

– ¿El qué?

– ¡La página maldita! – respondí. – ¡No está!

Silver se acercó al libro que volvía a estar en el atril y lo abrió. Allí estaba, en el mismo sitio, exactamente igual, la lámina que nos guiaba hasta la Isla de Xartha. Sonriente, el Capitán cerró el libro y abandonó el templo, seguido de Hilmar.

– Creo, entonces, que no hay ningún problema – afirmó al pasar a mi lado.

– Ningún problema.

– Entonces nos vamos – anunció Silver con el entusiasmo de un niño pequeño. – ¡A la Isla de Xartha!

– Entonces se van… – murmuró el fantasma con voz apesadumbrada.

– Siempre puedes venir con nosotros – sugirió el veterano bucanero.

– Pero, yo… Mi misión…

– No es que fueras un guard… – comencé a decir, deteniéndome al darme cuenta de que era muy poco sensible aquella frase.

– Esto estará seguro durante mucho tiempo – añadió Silver, ante mi descuido. – Estoy convencido.

– Y un bardo siempre debería conocer nuevas gestas que cantar – apostillé.

– En… ¿En serio? ¿Lo estáis diciendo en serio?

– Totalmente – asentimos los dos al unísono, provocando unas etéreas lágrimas de felicidad en el espectro, que comenzó a bailotear alegremente.

Tras aquella efusiva demostración de las dotes para la danza que poseía el bardo, abandonamos la caverna sin mayores dificultades. Todo estaba tranquilo, muerto y a la vez lleno de vida y misterio. Nadie diría que en las entrañas de aquellas rocas acabábamos de librar una gran batalla contra seres procedentes de las más oscuras pesadillas y de acercarnos a un gran misterio, velado durante eones a los ojos de los mortales. Pero lo habíamos hecho.

La luz del sol me cegó cuando salimos a la superficie. Habíamos vuelto al mundo normal, el mundo en el que la fantasía ha desaparecido y los problemas mortales han ocupado su lugar, el mundo en el que era un sangriento y peligroso pirata a los ojos de quienes decidían quienes podían vivir libremente y quienes debían huir por el resto de sus días

Por eso, mientras ascendíamos por el acantilado, me aferré fuertemente al volumen de los gnomos, que me recordaba que aquello no había sido sólo un sueño, que aquellas maravillas, aquellas leyendas de los libros realmente existían y que sólo estaban esperando bajo tierra para que las sacaran a la luz.

Noté también cómo Estella se acercaba especialmente a mí, casi hasta apoyarse en mi brazo. No fui el único que se percató de la situación. Silver, Rentarou y Mijok se adelantaron ligera y discretamente tras cruzarse una media sonrisa bastante expresiva cuando yo rodeé a la doctora con el brazo. Al poco, los tres Outlaw llamaron al gnomo para que les contara alguna historia y, de ese modo, nos dejara solos.

– ¿Estás bien? – le pregunté.

– Ahora sí – contestó ella en un susurro, pegándose más a mí. – Ahora sí.
Espero que te llegue esta respuesta xD
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osin
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por osin »

@ Rido: aunque mas bien podría nombrar a todos los integrante en este notable-sobresaliente arco. Un buen punto y final a la saga (a la espera del cierre que haga Renta) y un buen comienzo para una futura saga. Me alegro que se una el ghost pues me cae bastante majo, aunque temo que se quede únicamente como gag humorístico, pues en pelea tiene por ahora poco repertorio que pueda ofrecer. Tambien y como no un paso mas al trió de parejas que se están montando por esos lares, esta vez a manos de Rido y Estella.

@ Ramsus: conforme iba leyendo mas y mas mi cabeza solo pensaba "me va a tocar reescribir todo", "me va a tocar reescribir todo",.... Al llegar al final de la lectura ya he respirado mas tranquilo. Me va a tocar reescribir cierta parte de mi capítulo, pero no todo. Así que después de ese pequeño alivio he vuelto a leer la historia mas tranquilo, degustándola. Y he de decir que ha estado bastante bien la aparición de Samba, digna de su persona. De la misma forma su poder le pega bastante y su manía está mas que justificada (incluso me ha hecho soltar una pequeña carcajada y todo).
Gracias Natthy ^^
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Long_Jhon_Silver
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

Ahora si que casi lloro de emoción, por fin ha vuelto Ramsus al bote, y lo hace trayendo un capitulo que no hace más que confirmar mis más grandes temores, a partir de aquí el viaje será mucho más vertiginoso. Comentare por orden de aparición:

Rido: Que puedo decir, te ha quedado magnifico, un final para esas ruinas muy a la altura, una solución para el libro muy justa y una emocionante unión de Hilmar al grupo. Me ha encantado, sobre todo la parte en la que Rido se aferra al libro como prueba de que todo ha sido real. Ahora tendras que contarme bien de nuestro nuevo objetivo. Sin embargo esto esta cada vez mejor...

Ramsus: Vice almirante, como si no se hubiese ausentado ni un momento, su capitulo nos devuelve a la contingencia de vuestro arco argumental. Ya decia yo que después del regalo de la almiranta, se iban a venir los mares blancos tras de mí persona. Será muy, muy divertido. Me he emocionado bastante, debo reconocerlo, sobre todo al saber que el vicealmirante tiene en alta estima al buen Silver. Mención aparte al personaje de Samba, es simplemente exquisito. Me pregunto si así como ha cooperado en construirlo, leera lo que sucede en esta gran trama. Sólo espero que vuestras obligaciones y deberes, os permitan volver pronto a dejar más, ya que se me ha hecho corto...

Con respecto al SBS de Terreis:
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- La misma pregunta que del Novato: ¿Donde tenéis pensado ir?
Eso se sabra pronto, porque mejor no sigues leyendo??

- Como es que Silver reconoce Alira cuando esta luchando con el Dragon. Y en el anterior encuentro donde el escapa no la reconoce.
Eso mi querida amiga, es porque ahora de alguna u otra fomra, Silver a recuperado su conciencia atada y dormida, simplemente por eso antes no la reconocio y ahora si supo que era ella. Intrigante ¿no? Prometo más misterios para proximas ediciones.

- Ahora que eres el elegido, ¿vas a venir a buscarnos uno a uno?

Que no es un elegido. Pense que había quedado claro, que Silver sólo fue designado por sacrificarse y más que un elegido es un instrumento, una especie de catalizador para que todo desencadene. Sí hay un elegido aparecera luego, además, nadie dijo que fuese sólo uno. Con respecto a lo otro, Silver no buscara a nadie, porque como se demostro en el capitulo, sabe bien que son varios los que deben acercarse al centro de todo esto, y su misión es sólo lograr que los muchos se coordinen, y para esto, es decir, hacer que se acerquen, no es necesario que los busque, si no que simplemente debe continuar con su busqueda.
Eso por ahora, nos leemos...
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Pues a comentar...

-Así que nos viste en tu "viaje", Silver. Pasa lo que bebiste o fumaste, por lo menos pa saber qué se siente :D Creo que la presión ejercida hizo efecto XD.

-Sí Rido... Me salí con la mía... ¿O no? Eso sólo lo veremos más adelante. Por cierto, hay fiesta luego :brindis:

- :shock: Ya me llevó, viajando con alguien de recompensa tan alta como la que le han puesto a Silver, creo que si me topo con alguno de sus perseguidores, sé la que me espera :cry:
Por cierto, debo confesar que lo del nombre de Red Village viene por dos motivos. El primero en parte lo acabas de mencionar en tu relato, aunque no es tan directamente como lo describiste con la ex Almirante H. Samba, andaba falto de un nombre para una isla y fue lo primero que... bueno, ya saben. Y el segundo (y menos importante) es que me gustan las zonas con tierra roja, porque el pueblo donde viven mis abuelos tiene esa extraña particularidad.

Y ya que aquí me están presionando para poner algo, debo aclarar que tal vez ni hoy ni mañana (probablemente el sábado) lo tenga. La razón, son muchos asuntos pendientes y el redactarlos todos, me temos que tendrán un relato al estilo shinigami... por lo largo, no por lo telenovelesco.

Pues eso.
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kurokotetsu
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por kurokotetsu »

Ara, ara, vaya despiste el mío, tristemente deje este tema a un lado, me obsesioné demasiado con la Guerra. Debería de caerseme la cara de vergüenza. Bueno eso y tenía un bloqueo de escritor, que ya terminó justo a tiempo para que se estropeara la máquina donde tenía el nuevo capítulo. Bueno que se le va a hacer. Tan pronto como la reparen (o me digan si se perdió para siempre) terminaré el capítulo (buenos los pero uno no es de esto). Así que mañana me pongo a leer y retomar el hilo de las historias que me faltaban por terminar. Al menos responderé al SBS de mi compañero de banda.

@Mata capitanes:
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Te diré que ni yo estoy seguro. En uno de los Blues, pues son pueblitos bastante normales. Pero no te podría decir exactamente cual, auqnue tampoco creo que sea tan relevante. Si tengo que decir uno el East. por qué no. Y no muy lejos de Lougue Town, para dar un lugar.
Si crees saber algo con certeza preocupate, quiere decir que no sabes nada del tema
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

@Little Teddy Bear
osin escribió:@ Rido: aunque mas bien podría nombrar a todos los integrante en este notable-sobresaliente arco. Un buen punto y final a la saga (a la espera del cierre que haga Renta) y un buen comienzo para una futura saga. Me alegro que se una el ghost pues me cae bastante majo, aunque temo que se quede únicamente como gag humorístico, pues en pelea tiene por ahora poco repertorio que pueda ofrecer. Tambien y como no un paso mas al trió de parejas que se están montando por esos lares, esta vez a manos de Rido y Estella.
  • Don't worry. Hilmar tiene su vis cómica (y espero explotarla), pero principalmente la función de Hilmar en la historia es otra. Sólo te recuerdo quién o qué es Hilmar. Es el fantasma de un bardo gnomo. Básicamente, su función es esa ^^, pero ya iréis viendo más a medida que Silver y yo vayamos desenmarañando la trama.
@Silver
  • Bueno, me alegro de que te gustara. Yo tuve siempre la impresión de que me estaba quedando todo demasiado reluciente, pero en cierto modo es porque quería conservar un poco de esa magia de los antepasados. Personalmente, a mí también lo que más me gusta es ese momento final con Rido aferrándose al libro. Y como te he dicho, te pasaré un dossier sobre Xartha en breve. Como aún tengo un par de cosas que presentar antes de que lleguemos allí... hay tiempo ^^
@Ramsus
  • Antes que nada, y para que quede claro, mi intención no era recriminarte nada sino intentar estimular las conciencias de cada cual a ver si así sacábamos esto adelante. Cada uno tiene su vida y sus problemas y si no pudiste publicar antes pues es lo que hay. Pero mira, la espera ha valido mucho la pena porque menudo capitulazo que nos espera.

    Desde la reacción de Ramsus y Bassabel ante la nota has sabido crear todo un clima de confusión y rabia que le da al capítulo un ambiente genial, sobre todo para introducir un personaje como el de Samba, que quizás sea uno de los secundarios que más me han gustado de todo lo que llevamos de Historias piratas: directa y a la vez irónica, con una fruta muy apropiada y, como habéis señalado todos, una más que comprensible manía hacia el continente. Las cosas se precipitan. 400 millones por la cabeza de mi compañero en combate... la cagamos tía Paca...

    Pero lo mejor sin duda del capítulo es el final, a la altura de todos los grandes misterios de esta genial saga. Ahora me muero de ganas de ponerte un SBS con preguntas sobre el gato, la misión de Ramsus, su futuro... Pero ni creo que tú las contestarías ni sería conveniente. Cuanto mejor nos iría esperar, ¿verdad?
@Kuro
  • Ya decía yo que un comentador fiel como tú tardaba mucho en pasarse por aquí. A ver si entonces tenemos pronto el nuevo capítulo tuyo ^^ (tanto de esto como de ANBL). Y ya que estoy aquí, chantaje: Hasta que nadie comente lo que puse de HP en la galería, no hay capítulo nuevo de Akano :roll:
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Sandman
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Sandman »

Bueno, parece que en este tema siempre voy a la zaga y no os pillo nunca XD. Publico ahora el capitulillo que tenía medio hecho hace tiempo, pero quería cuadrarlo con otras cosas que me rondan en la cabeza, así que por eso he tardado tanto. Sin más dilación:
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Capítulo 4: Se cierran las apuestas

--No debes salir de la casa.

Shai le miraba fijamente a los ojos mientras volvía a colocar la compresa empapada en la frente del hombre inconsciente, el cual estaba postrado en un camastro de paja. La casa era más amplia de lo que parecía desde el exterior. Estaba construida utilizando cuatro árboles de troncos gruesos y nudosos como pilares, lo que hacía que la edificación estuviera muy bien camuflada a ojos de los extraños. El interior era extrañamente hogareño, teniendo en cuenta la localización. La casa estaba formada por dos plantas: la baja era una habitación única donde se incluían la cocina, un gran tablón apoyado sobre dos caballetes, que hacía las veces de mesa y que junto a dos rústicos taburetes conformaba el comedor. El único rastro de una sala de estar era un viejo y desvencijado sillón junto uno de los tres ventanucos repartidos por la estancia. En las paredes de madera había colgados cuadros y viejas fotografías, sin duda testigos de una vida anterior. También había una estantería llena de libros y pequeñas estatuillas metálicas y de madera. Los habitantes de la casa habían conseguido hacer maravillas a la hora de adornarla con tan pocos recursos.
Ahora mismo se encontraban en el dormitorio del piso superior. Al igual que la planta inferior no estaba decorada muy lujosamente, pero desprendía un toque de elegancia que contrastaba con lo que cabía esperar. Mientras la mujer le hablaba, Man se dedicó a mirar distraídamente los cuadros y fotografías que adornaban la habitación. En algunas de las fotografías podía ver una versión más joven de las dos personas que le acompañaban. En todas ellas iban vestidos con ropas elegantes y ricas. En otras los ropajes del hombre cambiaron por una túnica larga con un extraño símbolo en la pechera, el cual no se podía discernir claramente en las fotografías debido a la nitidez. En estas últimas seguía apreciándose la felicidad que ambos desprendían, en ocasiones acompañados de otras personas, si bien el hombre parecía un poco avejentado por la falta de descanso. En cualquier caso, todas aquellas imágenes parecían estar a siglos de distancia, como si pertenecieran a una vida anterior ¿Cuál podía ser la causa de un cambio tan radical?

--¿Acaso me estás escuchando? –la voz de Shai le sacó de su ensimismamiento.
--No puedo decir que te esté prestando toda mi atención, la verdad –reconoció San D. Man algo avergonzado. No sabía qué era exactamente, pero ante esta mujer no era capaz de comportarse con su habitual despreocupación. Le recordaba a su vieja maestra, quien en su tiempo fue la única capaz de retenerle sentado en una silla prestando atención a algo distinto a una baraja de cartas.
--Será mejor que me escuches –le advirtió la mujer-. Se trata de un asunto peligroso. No tienes ni idea de donde te has metido. Agradezco que hayas traído a Gantou y que, según dices, le hayas salvado de aquellos tipos. Sin embargo, hasta ahora has tenido mucha suerte, aléjate antes de que se te acabe. Si eres listo, mañana temprano te marcharás y no comentarás a nadie lo que has visto.
--Gracias por la advertencia. Tan sólo estoy buscando un barco que me lleve a Atonar, ahora mismo no tengo ninguna preocupación más… Veo que habéis estado en Nalim –dijo Man mientras cogía un marco donde una fotografía mostraba a Shai y Gantou acompañados de un anciano alto y nervudo con una túnica parecida a la que había visto en otros retratos. Los tres se encontraban en una amplia plaza con un gran templo al fondo.
--Sí, de eso hace mucho tiempo… -respondió la mujer mientras se acercaba para poder ver mejor la fotografía- ¿Tú has estado alguna vez?
--Hace mucho tiempo… Un verano mi padre me mandó allí a aprender política, oratoria,… esa clase de cosas.
--¿En serio? –preguntó Shai levantando las cejas- Tu padre debió de invertir mucho en tu educación.
--Supongo –contestó Man con una sonrisa en los labios-. Aunque no sé si las cosas le salieron como esperaba…

La habitación quedó en silencio durante uno segundos sin que ninguno de los dos supiera que decir, uno embargado por los recuerdos y otra temiendo decir algo inoportuno. Finalmente, la mujer repitió su advertencia:

--No debes salir de la casa mientras te quedes aquí. Mañana recogerás tus cosas y partirás en la dirección contraria de la que viniste. El pueblo más cercano está a una hora hacia el suroeste, allí encontrarás un barco que te lleve a tu destino.
--De acuerdo, de acuerdo ¿Pero quiénes os buscan? En cuanto mencioné a los calvos te pusiste en tensión ¿Quién es ese Enron?
--Es Egon –corrigió taciturnamente Shai-. Es un pirata que ha ganado renombre en los últimos años. Algunos dicen que es el pirata más inteligente de Grand Line, de ahí su apodo: Atama no Egon (Egon, la cabeza/el inteligente). Quiere algo que nosotros tenemos. No es el primero que lo busca, pero sí es el que está más cerca de conseguirlo, y el hecho de que hayan sorprendido a Gantou confirma este hecho. Gantou-kun es un guerrero excepcional –comentó la mujer mientras miraba al hombre postrado en la cama-. Muy pocos pueden hacerle frente, es por eso que le nombraron Guardián hace tantos años. Sin embargo, si Egon ha conseguido dejarle en este estado, es que es verdaderamente temible y cada vez está más cerca. Por eso no puede haber ni el más mínimo desliz. No puede encontrarnos.
--Sí… Ya me ha quedado claro. No puedo salir de la casa.


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¿Pero cómo no iba a salir de la casa? Vale, el barco podía estar donde Shai le había dicho, pero eso no solucionaba el problema del dinero… y del aburrimiento. Saber que había un pueblo a una hora de donde se encontraba le había venido como anillo al dedo para sus planes. En unas horas en una taberna o en un salón de juegos podría ganar el dinero suficiente como para llegar a Atonar y estar de vuelta antes del desayuno. La mujer no tenía porqué saberlo. Nadie tenía porqué salir herido.
¡Qué estúpido había sido! Si Egon era tan inteligente como la gente decía, habría deducido la ubicación de la casa de los testimonios de sus matones. Lo extraño era que hubiera mandado a aquellos tipejos a por él cuando podían haber formado parte de la fuerza de ataque principal. No dudaría en preguntarle acerca de esto y de su relación anterior cuando acabara de pegarle la paliza que se había ganado. El nombre de Egon hacía que los viejos recuerdos de Man se removieran, pero nunca sacaba algo en claro.
Era bastante más difícil avanzar por el bosque en plena noche. Por suerte había recuperado algo de su experiencia aquella mañana al huir de los marineros furiosos. Además ahora mismo cargaba con las cosas que había quitado a los matones inconscientes en el baño: munición de mala calidad, un cuchillo y unos cuantos cigarros para sumarlos a los pocos que ya le quedaban… ¡Un momento! ¡Sus cosas! ¡Estaban en la casa! ¡Y los piratas la estaban atacando! ¡Mierda! Man aceleró su carrera guiándose por lo poco del bosque que se dejaba adivinar gracias a la luz de la luna.

---------------------------------

No debía de estar a más de cien metros de la casa. Acababa de encontrar el montón de piedras que había dejado como marca al lado de un árbol que se inclinaba más de lo normal sobre una gran roca. Estaba en la falda de la loma y de acuerdo con la señal tan sólo debía de andar unos cien pasos más hacia el frente. Antes de continuar tuvo que pararse a recuperar el aliento, dado que hacía tiempo que no corría tan rápido. La perspectiva de perder sus cosas era más aterradora que cualquier marinero del mundo a la caza de un polizón. Desde luego no se encontraba en la mejor situación como para enfrentarse a los piratas, sobre todo si el tal Egon estaba entre ellos. Las cosas estaban mal, pero no tanto como aquella vez con los gorilas aquéllos de Jaya. Sin darle más vueltas, comenzó a trotar ligeramente loma arriba.
A medida que se iba acercando las voces se escuchaban con mayor claridad. Man se acercó con sigilo para poder apreciar más detenidamente la situación y se escondió tras uno de los árboles de tronco ancho a unos diez metros de la fachada de la casa. Podía ver a cinco de los piratas alrededor de la casa, todos ellos iban con antorchas y armados. Gritaban y rugían al aire amenazadoramente intentando intimidar a los ocupantes de la casa antes de realizar el último asalto. Pero entonces un dato golpeó contundentemente la consciencia del joven pistolero: la puerta de la casa estaba abierta. Los piratas ya habían entrado y seguramente estarían saqueando la casa. Ahora que recordaba, el calvo de los baños le había dicho que aproximadamente una docena de los piratas de Egon estarían en la fuerza de ataque. El resto debía de estar dentro.
Entonces fue cuando escuchó el disparo proveniente del interior de la casa. No tenía mucho tiempo para pensar, por lo que San D. Man corrió lo más veloz y silenciosamente que pudo hacia la entrada principal. Los piratas calvos no se dieron cuenta hasta que fue demasiado tarde. El joven pasó como una exhalación entre ellos aprovechando cualquier oportunidad para golpearles. Sin embargo, no podía detenerse a acabar con estos matones, pues ante todo debía de asegurarse que Shai y Gantou se encontraban bien. La planta baja estaba vacía, por lo que todos debían estar arriba. Subió las escalones de dos en dos y justo cuando dio la penúltima zancada, se dio cuenta de un detalle: estaba demasiado silencioso como para que hubiera una pelea. Sus sospechas se confirmaron cuando llegó al dormitorio de arriba, el cual estaba vacío.
Apenas alcanzó a ver al calvo que salió de detrás de la puerta. En su carrera Man había entrado hasta el centro de la habitación sin prestar atención a los detalles, un error de novato que unos años antes no habría cometido, definitivamente había perdido la práctica. El enemigo salió de su escondite furtivamente y en un movimiento de su brazo lanzó al aire tres objetos pequeños esféricos siseantes, al tiempo que desaparecía por la entrada. Los instintos del joven le aullaron que huyera de ese cuarto, por lo que automáticamente corrió hacia la ventana. La suerte volvió a sonreírle, pues la ventana era abatible y las hojas estaban entreabiertas, el impacto contra la madera no fue tan doloroso como esperaba. Lo que sí le afectó fue la onda expansiva, que le alcanzó en el aire, y el impacto con el suelo del bosque tampoco fue demasiado placentero. Tendría que comprobarlo, pero un par de costillas estarían rotas con bastante seguridad.
Los primeros segundos después del aterrizaje fueron algo confusos. Escuchó pasos precipitados rodeándole y girando dolorosamente la cabeza pudo ver cómo la planta superior de la casa escondida ardía. Los oídos le pitaban y no podía enfocar la vista, pero aun así intentó levantarse, aunque no tuvo demasiado éxito, si bien consiguió ponerse boca arriba. La situación estaba empeorando, sus enemigos le estaban rodeando y él no podía ni ponerse de pie, si no se daba prisa acabarían con él en menos un santiamén. Pero nada ocurrió. Cuando consiguió centrarse y hacer que sus sentidos volvieran a la normalidad, vio a los piratas que le rodeaban haciendo un corro. Habría docena y media contando a los que ya conocía, si bien los nuevos presentaban un aspecto un tanto lamentable, pues parecían haber recibido una paliza. Debían de haberse escondido en el bosque y estaban esperándole. Le habían tendido la trampa en la casa y él había caído como un estúpido. Pero lo más preocupante es que no había ni rastro de Shai y Gatou.

--Nyahahahaha –una histérica carcajada se escuchó desde detrás de los piratas calvos. Estos se abrieron para dejar adivinar a un hombre alto y delgado, cuya piel parecía no haber visto la luz del sol en mucho tiempo. Su cabeza era especialmente voluminosa, rozando lo inhumano. Este rasgo se veía aún más acentuado debido a la ausencia de todo pelo, lo cual permitía que la luz de la luna se reflejara con incomparable claridad sobre la calva. Con su mano derecha arrastraba a Shai, la cual se resistía a pesar estar fuertemente atada y amordazada. El hombre le miró por encima de sus anteojos y mostrando a la mujer como si fuera un trofeo antes de continuar:- Sabía que este momento llegaría. Lo había previsto hace años y ya sólo era cuestión de tiempo ¡Nada se escapa a mi poder de deducción! ¡Nyahahaha!

Man consiguió levantarse a duras penas para poder observar mejor a su interlocutor. La calva más brillante de lo habitual, así como el aire de soberbia intelectual que desprendía y el respeto que parecía inspirar en los demás piratas, le hizo darse cuenta de que debía de tratarse del mismo Egon. Exploró sus enfermizos rasgos en busca de algo familiar que le permitiera descubrir si de verdad se habían conocido anteriormente.

--Supongo que me recuerdas –continuó el cabezón con su bravata-. Y eso está haciendo que enmudezcas de miedo.
--Pues la verdad es que no… -reconoció sinceramente San D. Man.
--¡¿QUÉ?! –la confesión de su archienemigo echó por tierra el orgullo de Egon, quien no pudo evitar disimularlo, ya que sus hombros y su cabeza se vinieron abajo como si el peso del mundo hubiera caído sobre ellos. No obstante, consiguió rehacerse y, después de empujar a Shai hacia un par de sus secuaces, avanzó hacia Man con los ojos y la voz llenos de ira- ¡¿Cómo que no me reconoces?! ¡Soy el famosísimo Egon! ¡Mi intelecto no tiene parangón! ¡Ni siquiera cuando nos encontramos por primera vez! ¡Aquella vez me derrotaste por pura suerte!
--Verás, eso quería preguntarte –dijo el joven pistolero mientras se levantaba- No puedo evitar pensar que nos conocemos de algún otro sitio…
--¡Pues claro que nos conocemos! ¡Somos archienemigos!
--Disculpa, pero yo de eso no tengo.
--¿Cómo puedes decir eso? ¡Tú eres la única persona que me ha derrotado!
--¿La única? Mira que me extraña… Alguien tan debilucho como tú…
--¡Argh! –el rugido de rabia de Egon era genuino. Estaba consiguiendo enfurecerle, lo cual podía ser muy bueno o muy malo, debía de andarse con cuidado- No puedo creer que alguien tan primitivo como tú me derrotase. Siempre estás pensando en la lucha física.
--¿Entonces nuestra pelea no fue física?
--¡Por supuesto que no!
--¿Concurso de tiro, entonces?
--¡¡¡NO!!!
--Pues me pierdes, chico.
--¡Intelectual, estúpido! ¡Eres el único capaz de derrotarme intelectualmente!
--¿Cómo? Nunca he ido a simposios o discusiones doctrinales.
--Pero sí a partidas de cartas ¿verdad? –se pudo apreciar un brillo de astucia en los ojos de Egon. Así que era eso, cartas.
--Cartas… -Man rebuscó entre sus viejos recuerdos y sintió de nuevo ese mariposeo en el estómago. El dato de las cartas era una pista importante, lo sentía. Cada vez estaba más cerca, ya lo tenía en la punta de la lengua. Probaría un farol para ver si podía sacarle algo más de información- No sé, he jugado mucho y las veces que gano casi siempre es por suerte.
--¡Lo sé! –exclamó Egon, entusiasmado por ver que su rival reconocía su inferioridad, pero a continuación algo pasó por su cabeza y volvió a su tono serio- Quiero decir… Obviamente tienes algunas habilidades… Pero aquella partida la ganaste por pura suerte ¡De no ser por eso los 100 millones de beries serían míos!

Egon le estaba adulando para que pareciera un rival digno ante su tripulación, puesto que si le humillaba por completo de partida sin que opusiera ninguna resistencia el mito del enemigo invencible perdería credibilidad… ¡Un momento! ¿Había dicho 100 millones? Sólo había jugado una partida con tanto dinero sobre la mesa. Imágenes del Nuevo Rain Dinner’s Casino acudieron a su mente. Los altos techos, las cascadas artificiales, palmeras entre cuatro paredes, altas y alargadas ventanas que dejaban entrar el sol del desierto a través de delicadas telas. Once personas sentadas alrededor de una mesa. No había duda, tenía que ser esa partida.

--¡Ya lo tengo! ¡Al póquer, en el Nuevo Rain Dinner’s Casino, hace cinco años!
--¿Qué? –preguntó extrañado el cabezón- Claro que es esa partida ¿cuál si no? ¿Acaso no la recordabas?
--Lo que importa es que ahora sí la recuerdo –comentó Man quitándole hierro al asunto-. Pero no te recuerdo de entonces ¿Seguro que estabas allí? No había ningún calvo.
--¡¿Cómo osas?! –parecía que la alusión a su alopecia le enfurecía más que ninguna cosa. Ya le tenía donde quería- ¡No es calvicie! ¡Es la prueba de mi incomparable inteligencia!
--Lo que tú digas. Yo sólo veo que no hay nada comparable a un pelo en tu cabeza.
--Esto… -dijo Egon mientras se pasaba la mano por la cabeza- Es el testimonio del sacrificio que tuve que hacer para conseguir mi don. Una virtud tan preciada no podía costarme solamente no poder volver a nadar…
--¿Eso es cosa de una Akuma no mi? –preguntó incrédulo Man mientras señalaba la cabeza de Egon- Te timaron, majo.
--¡Silencio, ignorante! –gritó el mayor calvo de Grand Line- Se trata de la Hedo Hedo no Mi, la fruta de la inteligencia. Lo investigué concienzudamente y pasé años buscándola.
--¿Hedo Hedo? –el joven pistolero volvió a recordar y visualizó un viejo volumen en la biblioteca de Nalim. En la portada se podía leer en una elegante caligrafía a letras doradas “Nuevo compendio de Akuma no Mi” y debajo “Dr. Vegapunk”. Las páginas empezaron a pasarse solas hasta llegar a la Hedo Hedo no Mi, donde podía verse un dibujo a una página bastante realista de la fruta y en la siguiente una ficha técnica con diferentes apartados: forma, tamaño, olor, sabor,… y dotes. En este apartado se podía leer: Aquél que tome esta fruta gozará de la cabeza más prominente del mundo- ¿No era esa la fruta que te volvía cabezón? Aunque ahora veo que lo que hacía era volverte calvo… ¡Buajajaja! ¡Comiste la Akuma no Mi de la calvicie! ¡Buajajaja!
--¿Pero qué dices? –preguntó furioso Egon- El mismísimo Dr. Vegapunk comentaba en su libro que “Aquél que tome la fruta gozará de la cabeza más preeminente del mundo” ¡Es la fruta de la inteligencia!
--¿Preeminente? –esta fue la gota que colmó el vaso. Las lágrimas comenzaron a emanar profusamente de los ojos de Man y no pudo evitar caer al suelo con las manos en el estómago intentando contener el repentino ataque de hilaridad, ya que le estaba haciendo resentirse de las heridas- “Preeminente”, dice ¡Buajajaja! ¿Es… es que acaso no sabes leer? ¡Decía “prominente”! ¡Abultado! ¡Grande! ¡Gordo!

Una mezcla de duda y terror recorrió el rostro de Egon. La repentina revelación le había cogido completamente por sorpresa ¿Tanto tiempo detrás de esa fruta para que al final no hubiera servido de nada? ¿Cómo era posible? No, no podía serlo. Le estaba engañando para poder recuperar su ventaja. Era típico de San D. Man, era un farolero profesional. Atama no Egon era el más inteligente de Grand Line. En los últimos años había sembrado el terror y se las había arreglado para que no le atraparan, todo gracias a su inteligencia superior potenciada por su Akuma no Mi. Pero… ¿y si era cierto? El pirata sacudió la cabeza para ahuyentar las dudas y miró fieramente a su archienemigo mientras le amenazaba:

--¡Basta de tonterías! Te demostraré que estás equivocado.
--Lo que tú digas, Hage Atama no Egon (Egon, el calvo) –respondió Man mientras se limpiaba de lágrimas los ojos, disponiéndose para la pelea, pero sin poder borrar una estúpida sonrisa de su cara.

(Continuará)
Me alegra ver que voy a tener lectura para rato esta noche, espero poder entonces comentarlas, que siempre llego tarde.

En cuanto al SBS del moco radiactivo:
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Ubícame en el mapa, ¿dónde exactamente estás?
En una isla de Grand Line de cuyo nombre no quiero acordarme. Por no condicionar lo que vaya a hacer a continuación no daré latitud y longitud de mi posición, basta decir que es en la primera mitad de GL en una de las rutas alternativas a las de los mugiwara.

Además, ni siquiera el bueno de Man sabe donde está (y tampoco es que le importe XD).

¿Te molesta el mote que te he puesto por el simple hecho de hacer un poco de pique entre bandas?
Me moletaría si te tuviera alguna estima... y va a ser que no :lol: Nah, el que sale más perjudicado eres tú, porque si yo me canso de leerlo, no quiero ni saber lo que pasas tú para escribirlo :P
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Me has conocido en un momento extraño de mi vida
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Long_Jhon_Silver
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

Sandman: Muy buen capitulo, corto eso sí, pero no por eso deja de ser bueno. Por fin conocimos al famoso Egon (Ahora sé que no es el de los cazafantasmas) y parece que no era tan genio comio el creía. A ver cuando aparece lo siguiente y ya quiero saber que ha pasado con Gantou y que es lo que cuidan. Nos leemos.
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Pues creo que me tardé más de lo previsto, pero aun no salía todo en la hoja de Word, y no me convencía de cómo iba quedando el capítulo (de hecho no me convence del todo pero al menos no me avergüenza XD). Tal vez dejé algunas cosas sin explicar y espero que me disculpen por eso.

Bueno, a lo que estoy aquí...
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25. Adiós, Red Village

-¡Pero mírate cómo estás! ¡No puedes ni correr…! ¿Y aún así quieres ir a pelear? –gritaba Mijok a modo de regaño al hombre que llevaba cargando sobre su espalda.
-Yo… yo… quiero ayudar… en lo que sea… Es lo menos que puedo hacer después de que me permitieron regresar…
-Entonces es por eso…
-No quiero ser un estorbo…
-Pues entonces te deberías quedar en el cuartel. Con lo fácil que era señalarnos la ubicación de ese lugar era suficiente. –dijo Estella igualmente regañando al herido.
-Pero es tan terco… -dijo Mijok resignado.
-Además… además quiero hacer algo por Silver y los demás… Soy el que menos tiempo ha estado con los demás y… quería dejar en claro que nunca haría algo que dañara a las personas que aprecio… que el haber ingresado a la Marina fue solo una enorme metida de pata y que de haber sabido que Silver estaba vivo… jamás habría cometido tal locura…
-Nunca digas que eso fue un error… -le recriminó Mijok. –Dime… ¿por qué crees que Silver te dejó regresar con nosotros? ¿Crees que fue por lástima?
-Yo… no lo sé… -contestó Renta triste.
-Cuando le comentaron que estabas en la Marina con el rango de capitán, ni él lo creía. Hasta que te vio. Sin embargo siempre confió en ti. Incluso cuando eras el líder de la flota dispuesta a capturarnos, nunca dejó de confiar en ti. Por eso te trató como te trató. Quería saber si de verdad querías volver con nosotros.
-¿Y entonces por qué no me lo pidió?
-Silver quería que se lo pidieras. Sólo así podía estar seguro de que no habías pensado en traicionarlo.
-Entonces… ¿no están enojados conmigo?
-Claro que no. Si por un instante Silver hubiese desconfiado de ti, créeme, no estarías vivo.


Aun resonaban esas palabras en la mente de Renta mientras caminaban de regreso a Red VIllage. Ahora de verdad confirmaba que su estancia en el Caledonia no era simplemente producto de la casualidad, sino que de verdad lo estaban esperando. Si tan solo hubiese tenido a esa clase de amigos en su juventud… Pero la realidad era diferente. En cada callejón en el que se metían, nadie salía de sus casas. O tenían miedo, o no querían ver al “traidor” y a sus secuaces, o simplemente estaban tramando algo para expulsar inmediatamente a todo ese grupo de piratas.

-Esto… perdonen por la actitud de la gente de aquí… -dijo Renta a modo de disculpa. –Aunque… esa sea su actitud normal…
-No importa, ya estamos acostumbrados a que nos vean mal. –dijo Silver. –Sólo que en esta isla han exagerado un poco…
-Vaya que este lugar es una casa de locos. –dijo Mijok mientras reía.
-Y que lo digas. –contestó Rido.
-Por cierto Rido. ¿No querías ir a reconstruir la lonja del puerto y ayudar a estos tipejos? –preguntó Rentarou.
-Así es, creo que iré a la Joya a buscar mis herramientas. Por cierto, nunca había escuchado a alguien expresarse así de su isla. –le recriminó Rido.
-Tal vez porque desde un principio nunca me sentí parte de esta isla… -dijo Rentarou con un tono tal que parecía no tener ganas de seguir la discusión.
-Bueno, me tengo que ir.
-Yo te acompaño, Rido. –le dijo Estella.
-Yo… yo también les acompaño. –gritó el “ser”, quien resultó ser un fantasma de un bardo gnomo llamado Hilmar.

Y el resto del grupo se dirigió al cuartel de la Marina. Y se dirigieron a la enfermería para recoger las pocas pertenencias que tenían en la habitación. Allí se encontraba Seiji, el alcalde y hermano menor de Rentarou, al igual que el profesor White y Miguel.
-¿Cómo se encuentra Miguel, profesor White? –preguntó Silver haciendo una reverencia a su mentor.
-Mucho mejor. Está durmiendo.
-¿Y As?
-Dijo que tenía que ir al barco para ver si sus camaradas no se habían terminado el alcohol para el viaje.
-Qué bueno que estás bien, Dkantun. –corrió el alcalde a abrazar a su hermano. –Cuando vine y no estabas, empecé a preocuparme.
-Estoy bien, Seiji. No tienes qué preocuparte tanto. –le contestó Renta para calmar a su hermano. -¿Y qué tal tu reunión con los habitantes de la isla?
-Terrible, no sabes la cantidad de excusas que tuve que poner para poder calmarlos. Son fieras sin control. Por fortuna logré que no avisaran a la Marina.
-No tenías qué hacerlo. Sabes que nos iremos lo más pronto posible. Además con los marines encerrados, podemos cuidarnos solos.
-¡Espera! –gritó el alcalde. -¿Estás diciendo que te irás pronto?
-Sí, ¿algún problema?
-No, para nada… -dijo Seiji con un tono de desesperación.
-Bueno… -le contestó Rentarou notando el descontento de su hermano menor.
-Y bien, ¿nos vamos ya? –preguntó Silver.
-Aún no. –le dijo Rentarou. –Tengo muchos asuntos pendientes en esta isla., y quiero resolverlos de una vez. Seiji, -dijo mientras volteaba hacia donde se encontraba su hermano. –Quisiera que me acompañaras.
-De… de acuerdo…
-Bueno, si nos disculpan, capitán, este… señor… profesor… -dijo Rentarou. En realidad no conocía a aquel hombre, ni mucho menos su relación con Silver.
-White. Profesor White. –le corrigió el profesor.
-Mucho gusto, profesor White. Si nos disculpa, tenemos muchos asuntos pendientes que resolver.

Renta y Seiji salieron de la enfermería hacia la calle. Como el cuartel se encontraba en un acantilado, justo en el otro extremo de la ciudad, tenían que recorrer toda la aldea para llegar al puerto.
-¿A dónde vamos, hermano?
-Primero tengo que sacar mis pertenencias del barco de la marina.
-¿Y eso no sería robar?
-Pues tienen mis armas, mi ropa y mi dinero… No creo robar allí…

El camino fue casi el mismo. Renta aun no terminaba de asombrarse de lo grande que se había vuelto la isla. Claro que sin contar a los aldeanos, ese lugar sería todo un paraíso para vivir. Y así durante varios minutos, hasta llegar donde el barco de la marina había atracado. Renta contemplaba tan majestuosa embarcación, el Estrella Fugaz. El mismo barco donde había surcado los mares durante varios años. El mismo donde llevó a varios criminales a prisión, e irónicamente el mismo que lo llevó preso a esa isla.
-¿Subimos? –preguntó Rentarou.
-¿No habrá nadie allí?
-Para nada, todos están encerrados, ¿verdad?

Y subieron al barco. Renta dirigía a su hermano hacia donde se encontraba su camarote. El sitio seguía igual que antes de irse. Todo estaba tal cual en su lugar, los instrumentos de navegación, los papeles de recompensas, el Den Den Mushi con fax, sus uniformes y demás, todo seguía en orden.
-Vaya, Fletcher no hizo mucho que digamos en este lugar. –pensó Renta en voz alta.
-¿Fletcher? ¿Lo conoces? –le preguntó el alcalde.
-Sí, era mi subordinado.

Renta abrió uno de los cajones y sacó de allí un paquete de cigarrillos, un encendedor y una llave. Sacó un cigarrillo del paquete, lo encendió, le dio la primera calada y exhaló el humo mientras guardaba el resto del paquete y el encendedor en un bolsillo de su pantalón.
-De verdad lo necesitaba, estos días en prisión fueron difíciles sin fumar. –dijo Renta en un tono más relajado.
-¿Sólo vinimos para eso? –le regañó su hermano menor. –Además la señorita Estella te prohibió fumar.
-No es solo por eso. –le contestó Renta. –Tengo que sacar mis pertenencias de aquí.

Abrió el armario y descolgó todos sus uniformes, cada pieza de camisas junto con su respectivo pantalón y gorra estaban colgadas allí. De igual modo había una que otra pieza de camisetas blancas sin manga, para cuando no estaba de servicio, lo cual era una o dos veces al año cuando podía darse un respiro. Y dos chaquetas blancas con la palabra “Justicia” bordada en cada una de ellas.

-Ah… -suspiró Rentarou mientras expulsaba más humo de su cigarrillo. –Creo que tendré qué conseguir camisas, que estos uniformes no me sirven de mucho…

Mientras Seiji revisaba el archivo de recompensas que estaba sobre el escritorio. Menuda sorpresa la que se llevó al ver entre esos carteles uno con el rostro de su hermano tal y como lo recordaba, aunque con una enorme sonrisa, no común en el Dkantun que conocía. Pasó la hoja y vio el cartel de recompensa con el rostro actual de su hermano. Se veía más rudo de lo que conocía. Un rostro serio pero a la vez orgulloso de portar el uniforme de los Marines.

-Hermano…
-Dime Seiji…
-¿De verdad eres buscado?
-Así es. –dijo Renta un poco apenado.
-“Se busca por los delitos de piratería, venta ilegal de aldeas, infiltración y traición al gobierno…” –dijo Seiji mientras pasaba las hojas. –No, no quiero seguir leyendo… -siguió diciendo Seiji bastante confundido.
-Entonces lee el del resto de los que se encuentran allí. –le recomendó Renta.
-A ver… -pasó más hojas con el resto de los criminales. El alcalde pudo notar que los otros rostros se veían más rudos, despiadados y con caras de pocos amigos. –“Asesinato… secuestro… asesinato… homicidio masivo… asalto a barcos mercantes…”
-Entonces no soy tan malo como lo pintan. –contestó Rentarou al mismo tiempo que lanzaba una efusiva carcajada.
-Pero aun así estás siendo buscado. –le reprendió su hermano.
-Eso es cierto. –contestó Renta. –Y probablemente más después de esta fuga. Por eso te traje aquí, necesito que alguien me ayude a llevar estas cosas al otro barco para irme cuanto antes.
-De… de acuerdo…

Renta se dirigió a una de las esquinas de su antiguo camarote, tomó la llave de sus bolsillos para introducirlo en la cerradura y abrir el baúl que se encontraba frente a él. Incluso hizo un enorme rechinar al abrir el paquete. Sacó apresuradamente los enormes libros que estaban apilados en ese lugar.
-Uf… qué bueno que no revisaron nada de aquí…

Tomó cuatro enormes libros y se los entregó a su hermano.
-Toma.
-¿Qué es esto? –le preguntó su hermano menor.
-Estas son mis memorias. Desde que me fui de aquí, empecé a escribir todo lo que me pasaba. Quería que vieras a través de estas páginas todas mis anécdotas. Tú mismo dijiste que querías ver qué hay más allá de esta isla, por eso te lo entrego. Para que puedas ver lo que yo mismo vi allá afuera.
-Hermano… tú… -le dijo Seiji a punto de llorar. –De verdad, muchas gracias.
-Es lo menos que puedo hacer, después de todo este tiempo sin estar por aquí.

Rentarou tomó una de las camisetas sin mangas, se despojó de la camisa blanca que le había prestado Mijok y se la puso.
-Tendré que lavar esta camisa. No creo que a Mijok le agrade el olor a tabaco…

Luego acomodó bajo su brazo izquierdo el resto de libretas que conservaba, mientras que con el otro brazo llevaba su ropa. Luego tomó varias fotografías de sus viajes. Abrió otro cajón y de allí sacó dos pares de guantes negros a los que les faltaban los dedos. Se dirigió hacia otro rincón del camarote y reconoció allí el sable que Eratia le había obsequiado, lo tomó y lo aseguró a su cinto. Encabezando al pequeño grupo, se adelantó a su hermano hacia la puerta y dijo:
-He terminado por aquí. Vámonos al Caledonia.

Rentarou y el alcalde se dirigieron entonces al Caledonia. El cual estaba anclado justo a un lado de la majestuosa Joya. Justo al pasar frente a la Joya, apareció de pronto un Franky bastante molesto, parecía ser que tenía asuntos pendientes con el viejo pirata.
-Por fin te veo, sucio traidor. ¡Ven! ¡Pelea como hombre y no intentes huir!
-Ahora mismo no tengo ganas de soportar tus cambios de humor. Si tantas ganas tienes de pelea, ¿por qué no le pides mejor a tu discípulo que pelee contigo? Debe ser un milagro que te soporte así durante tantos años. –le contestó Rentarou en un tono más calmado que nunca. –Además, tengo una enorme herida en el pecho, llevo todas mis pertenencias en los brazos y mi hermanito está aquí, ni creas que voy a pelear ahora mismo… Nos vemos.

Franky sólo calló al escuchar tales palabras. Pero seguramente estaba rabiando por dentro. Sin embargo, Renta no tenía ni ganas de empezar alguna discusión absurda. Pero eso no importaba. Seiji y Renta ingresaron al Caledonia. Mientras escuchaban a Mei regañar a Franky por el alboroto armado, Renta saludaba a Roca y a Reyes, quienes borrachos todavía disfrutaban del calor de la isla, mientras que Seiji, un poco introvertido y callado se quedaba observando desde la orilla de la cubierta el mar.
-¿Cómo están, muchachos? –gritó Renta mientras veía a los dos piratas acostados boca arriba en la cubierta. -¿No se habrán tomado todo el alcohol?
-No, claro que no… -contestó Roca con una voz dificultosa. –Sabes que Silver no nos dejaría sin alcohol…
-Silver no, pero ustedes dos sí. –le reprendió Renta.
-No pienses que somos unos borrachos… -le contestó Reyes con una lentitud…
-No lo pienso. –le contestó Rentarou. –Lo afirmo y lo confirmo. Pero bueno, señores. Quisiera presentarles a mi hermano menor. ¡Seiji! ¡Ven aquí! –gritó Renta efusivamente a su hermano.
-Mu… mucho gusto, señores. –al parecer Seiji no estaba muy cómodo de saludar a un par de borrachos.
-Quisiera darles un pequeño trabajo ya que no están haciendo nada más que asolearse como iguanas. –Renta dejó sus pertenencias en el suelo y tomó de sus camisas a los dos borrachos para levantarlos y les dijo mientras señalaba a un punto en la isla. -¿Ven aquella casa que está justo al final de esa calle justo en la punta de ese cerrito? Quiero que lleven todas las botellas de ron del barco hacia allá. Esta noche pienso armar toda una fiesta, vamos a comer hasta hartarnos y beber hasta desmayarnos, ¿qué les parece?
-¿¡De verdad!? –contestaron los dos piratas. Por un instante se apreció un brillo en los ojos de ambos.
-Sí, solo una cosa. Cuando terminen de llevar todo, vayan con Silver. Es que no le dije que iba a hacer algo. –dijo Renta apenado. –Y que inviten al resto de la tripulación, de verdad agradecería que todos fueran.
-Por supuesto que vamos… -le dijo Roca dándole una palmada mientras Reyes iba a la bodega por las botellas.
-¡Pero no se vayan a beber ni una sola gota ahora mismo! –gritó Rentarou mientras Roca acompañaba a Reyes a la bodega.
-Sabes bien que enviar a esos dos a la bodega por alcohol es casi como mandar a un glotón a un banquete, arrasan con todo. –le contestó As quien venía caminando desde la cocina hacia la cubierta.
-Lo sé, pero no puedo andar cargando todas esas botellas. Esta cortada en el pecho me da demasiada picazón. Además con un simple movimiento es insoportable el dolor.
-¿Y como está Miguel?
-¿Miguel? ¿Quién es Miguel?
-¡El ayudante del profesor White! De seguro sabes quién es.
-¡Ah! ¡El muchacho ese! Sí, me dijeron que está bien, sólo está durmiendo.
-Me pregunto cuánto tiempo más seguiremos viajando con ellos. –contestó As. –A este paso, en un día de estos se nos muere el chaval.
-Va a tener qué acostumbrarse… -dijo Renta pensativo.
-Igual que tú lo hiciste. –dijo As comenzando a reírse.
-Sí… -dijo Renta mientras volteaba hacia otro lado. –Pero bueno, voy a mi habitación. Tengo que acomodar mis objetos personales.
-De acuerdo. Yo iré al cuartel de la marina. No quisiera perderme de lo que pasó allí. Por cierto, ¿cómo vas a pagar todo el ron que estos dos se van a acabar?
-No te preocupes, As. –le dijo Rentarou sin preocuparse mucho. –Digamos que… conseguí un poco de dinero mientras estábamos en Atonar.
-¿A quién le habrás robado? –insinuó As.
-Creo que era un grupo de 25 piratas. –dijo Renta orgulloso. –Alguien debe enseñarles que no lleven tanto dinero cuando vayan a pelear. –y comenzó a reírse efusivamente.
-Nunca vas a cambiar, chaval. Sigues siendo el mismo pillo de antes.
-Eso es porque aprendí de los grandes. –le contestó Rentarou totalmente orgulloso. –Solo tengo una pregunta…
-Dime…
-¿Quién es ese señor ya de edad y el muchacho que lo acompaña todo el tiempo?

As le dio una palmada en el hombro.
-De verdad que te has perdido de mucho. Supongo que Silver te lo explicará mejor que a nosotros.

Y As se bajó del barco con una enorme agilidad. Renta en cambio, se dirigió con su hermano hacia su habitación. Ese lugar no era un desastre. De hecho, estaba más vacío que el resto de cuartos del barco. Y era hora de empezar a poner lo poco que Renta tenía.

-¿De verdad robas? –le preguntó intrigado Seiji a Renta.
-Sí, de hecho soy el que saquea a los barcos enemigos.
-¿Queeeeeeeé? –preguntó asombrado Seiji. –Pero… pero…

Rentarou comenzó a reírse con tanta fuerza que hasta se retorcía del dolor de la cortada en su pecho.
-Te la creíste, ¿verdad? En realidad no es muy común que lo hagamos. De hecho, casi no lo hacemos. –dijo mientras acomodaba sus trajes de la marina en un armario improvisado.
-Sin embargo lo hacen… -dijo Seiji en voz baja.
-Somos piratas, Seiji. Recuérdalo.
-Sí… lo sé…
-Pues bien, ¿qué te parece este barco?
-Se ve bastante amplio. –le contestó el alcalde. –De hecho, no pensé que los barcos piratas fueran tan grandes.
-Y hay más grandes que éste. –le corrigió Rentarou.

Renta pasaba las fotos que recogió del Estrella Fugaz. La primera fue del día que les reveló a sus compañeros pescadores de la isla de Aguas Fuertes que había sido reclutado en la Marina. La segunda fotografía fue hecha en la cubierta del Triunfo del Marino, un enorme barco de guerra asignado a esa base militar. En ella se encontraban su viejo superior, él mismo y otros conocidos más de su vieja tripulación. En ese entonces ya había dejado de ser el típico soldado que se dedicaba a limpiar retretes. La tercera fotografía era la del reluciente Estrella Fugaz, embarcación un poco más pequeña que su predecesora pero igual de imponente fuese a donde fuese. Ese barco era el orgullo de Renta, quien se procuraba siempre por poder cuidar hasta el más mínimo detalle de él. Podría decirse que hasta gastaba gran parte de su sueldo en toda clase de reparaciones. Obvio, tuvo que insistir bastante a los altos mandos para poder asignarle un barco a esa zona, y a pesar de que el Gobierno Mundial financiara el armamento, no era fácil lograr que asignara parte del dinero que poseía a la compra de un barco para una pequeña aldea perdida en un rincón X del Grand Line.

La cuarta fotografía fue la que hizo reflexionar al viejo pirata, en ella estaba Renta apoyándose sobre el hombro del entonces teniente Fletcher. Había sido una gran masacre, aquel grupo de asaltantes secuestradores de barcos no era un grupo fácil de vencer, sin embargo el grupo de marines resultó victorioso. Pero Rentarou había sufrido varios disparos de bala y múltiples cortes en su cuerpo, además de unos huesos rotos y la cabeza totalmente bañada en sangre. De verdad que ser capitán no era nada fácil. Y Fletcher lo estaba ayudando a ponerse de pie para llevarlo a la enfermería y allí descansar de sus graves heridas. Aun así, ambos sonreían, como si estuviesen felices de haber vencido a la misma muerte.

-Creo que es todo. –le dijo a su hermano menor mientras ponía los libros sobre la mesita de noche –Vayamos a la isla.
-¡Renta…! –gritó una voz de mujer. -¡Eres tú el que está ahí!
-¡One Piece! –gritó Rentarou. -¡Pasa si quieres!

La figura femenina con rostro angelical apareció en la habitación.
-Acabo de ver a Roca y a Reyes sacando las botellas de ron. ¿Es verdad que les dijiste que…?
-Sí, esta noche.
-Creo que habrá que preparar un enorme banquete.
-Has acertado. Además, les prometí hace tiempo que les invitaría a beber unos tragos, y aunque no se asemeje mucho a la idea original, algo es algo.
-Entonces manos a la obra, nos vemos Renta.

Y salió de la habitación dispuesta a preparar la comida para esa noche. Renta y Seiji salieron unos segundos más tarde, pero ellos fueron directo a cubierta para ir a la ciudad.
-¡¡Rentarou!! –gritó otra voz. -¿Cómo que quieres dar un enorme festín?
-Eh… Mei… fue algo improvisado… apenas lo pensé hace unos minutos y…
-Y veo que ya tienen quien les cocine… -dijo Mei apenada.
-Esto… -intentó calmar la situación Rentarou. –Puedes hablar con One Piece y decirle que quieres preparar algo más…
-Vaya. –contestó Mei. –Eres más listo de lo que aparentas.
-¿Qué no aparento ser listo? –gritó Renta bastante mosqueado.
-Bueno, con esas pintas de pirata desaliñado, es lo que menos se espera uno… -le contestó Mei con una pequeña risita de broma.

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De paso por la calle principal de la aldea, Seiji tomó un camino alterno para dirigirse al cuartel, y Renta lo seguía. A Renta no le gustaba mucho la idea de que Seiji lo acompañara por todo Red Village, por ese motivo le pidió que mejor se alejara de él para que no le hicieran daño. Sin embargo el alcalde decidió no hacerle caso y seguirle tal como habían acordado. En un tramo del recorrido, pasaron justo enfrente del cementerio.
-¿Estás listo para ir, hermano? –le preguntó el alcalde.
.No creo… pero tampoco sé si pueda venir otro día…
-De acuerdo.

Así, ambos hermanos entraron al recinto, que más que parecer un lugar lleno de muerte, daba un aire de esperanza. Cientos de tumbas se alzaban desde el suelo, en todas ellas grabados de dedicatorias hechas por sus familiares quienes aún seguían vivos. Como el resto de la aldea, el lugar estaba vacío, por excepción del alcalde y su hermano mayor, quien nunca había podido ir a visitar el lugar de descanso de sus padres desde hace varios años.

Durante algunos segundos caminaron hasta llegar al final del sendero. Una lápida más que decorada en su relieve, de lejos se notaba que era la mejor cuidada y a la que más dedicación se le ha dado. Aquella tumba era la de aquel pirata que dio su vida para salvar la de su hijo y la de toda la aldea. Irónicamente el hijo de ese héroe era la persona más odiada en toda la zona. A su alrededor estaban cuatro más. La de la madre de Renta, los padres de Seiji y el doctor de la aldea, quien, si esa carta resultaba cierta, también había surcado los mares en algún tiempo.

Rentarou y Seiji se arrodillaron frente a esa enorme lápida, de igual modo Seiji había perdido a sus padres en aquel incidente.
-Mamá, papá. –empezó a decir el alcalde. –Tal vez no reconozcan a este hombre, pero quiero que sepan que él es mi hermano mayor, Dkantun.
-Seiji, ya te dije que no somos hermanos de sangre…
-Pero desde que recuerde, siempre estuviste a mi lado.

Se hizo una larga pausa, incluso el viento hizo ruido entre las losas de piedra del cementerio.

-Mamá, papá… -comenzó a decir Rentarou. –No sé si soy digno de saludarles en estas condiciones… Ha pasado mucho tiempo desde que me fui… ni siquiera pude decirles que tenía que irme por obligación… La verdad estoy confundido… no sé qué hacer ni qué decir… a veces… a veces no entiendo siquiera si lo que he vivido ha sido lo que me tiene que tocar… No sé si lo que estoy haciendo es lo correcto… No sé qué hacer… -y comenzó a derrumbarse, incluso algunas lágrimas escurrían de sus mejillas. -¿Acaso…? ¿Acaso no tenía derecho a saber la verdad? ¿No era más fácil decirme que… que…? Ahora entiendo por qué era tratado como un perro en la isla… Nunca entendí por qué… hasta ahora… ¿Pero… por qué… por qué nunca me lo dijeron?
-Dime… ¿si tu padre o tu mentor tu hubiesen dicho la verdad, en algo habría cambiado tu suerte? –le preguntó Silver quien apareció de pronto en la escena.
-¿Capitán? ¿Qué está haciendo aquí? –preguntó Rentarou algo confundido de ver a su capitán de pronto.

Incluso Seiji volteó de pronto al escuchar la voz de aquel hombre. De verdad que esa banda de piratas tenía un “no sé qué” que en estas situaciones parecidas, en vez de infundir miedo y terror, inspiraba paz y confianza.
-Pasaba por aquí y de pronto escuché tus quejas. –le contestó Silver. –Ahora quisiera que me contestaras a lo que te pregunté.
-La verdad… no… -dijo Renta avergonzado. –Pero no era por eso. Tanto mi hermano como yo fuimos educados de tal manera que siempre mostráramos un profundo odio hacia cualquier bandido, pirata o lo que se les pareciera. Ahora mismo me pregunto… qué habría sentido mi padre o el doctor al escucharme hablar diciendo que esos malnacidos debían estar en prisión o muertos…
-Seguramente solo querían protegerte. Tal vez querían que, después de todo, no siguieras los pasos de tu padre o algo así.
-Pero resultó ser al revés… -confesó Rentarou.
-Pero recuerda que esa fue tu decisión. ¿O ya lo olvidaste?
-¿Cómo dijo señor pirata? –preguntó Seiji sorprendido. -¿Dice que mi hermano fue el que quiso ser un pirata?
-Te lo explicaría si lo entendiera, hermanito. –le dijo Renta.
-¿Y bien? ¿Eso era todo lo que querías decirles a tus padres? –preguntó Seiji.
-Muchas cosas. Sólo que no hay tiempo de hacerlo. Por ejemplo, todas mis anécdotas fuera de la isla… o que quería despedirme de ustedes el día en que me fui… No soy bueno expresándome… en estos momentos las palabras no me salen…
-Lo entenderán, Dkantun. Lo entenderán. –le dijo Seiji para calmarlo.
-Sólo quería decirles que sigo vivo… aún… ¡Y que no me quejo de lo que he hecho hasta ahora! –dijo Renta apresurado. –Después de todo… fue mi propia decisión… Y que no me importa si fueron piratas o no… si fuiste un héroe, papá… no pensaría que llegaras a ser malo… ¿verdad? El doctor lo dijo… no todos son malos… yo mismo lo pude comprobar… Seiji…
-¿Sí? –preguntó su hermano menor.
-¿Podrían retirarse? Quisiera estar a solas con mis padres… Luego iré al cuartel.
-¿Puedo seguirle, señor alcalde? –preguntó Silver.
-Por supuesto. –le contestó el alcalde.

Seiji y Silver se retiraron del recinto, dejando a Rentarou a solas en el cementerio. Comenzó a palpar la lápida de su padre, la de su madre, y la del doctor, y no pudo evitar comenzar a llorar fuertemente, tal vez como nunca antes lo había hecho. Ni cuando tuvo que irse a la fuerza había llorado de tal modo. Siempre tuvo que mantenerse fuerte, como se decía a sí mismo, para defender a su hermano, para vivir fuera de su aldea como un fugitivo, siempre intentó mostrarse fuerte ante todos. Pero en realidad lo que menos quería era que vieran lo frágil que era, que se preocupaba más por los demás que por sí mismo. Después de casi un minuto desahogándose de todas sus penas, se levantó del suelo y con una reverencia, les dijo a las lápidas:
-Los quiero, mamá, papá, doctor… Por favor, cuiden a Seiji, no dejen que le pase algo… Sé que no todos los piratas son malos, yo mismo lo he comprobado…

Salió del cementerio y tomó un callejón. Intentó dirigirse hacia el cuartel, cuando una pequeña turba armada con palos y machetes lo interceptó.
-¡Así que aquí estabas, traidor! –gritó el líder de la turba.
-No sé quién sea más traidor. Si es aquel que deja una aldea a su suerte, o si es aquel que da la espalda a uno de los suyos creyendo mentiras. –rebatió Rentarou.
-¡Pero claro! ¡Tenía qué ser hijo de un desalmado pira…! –gritó una mujer que se encontraba frente a él, cuando de pronto calló. Toda la turba volteó a mirar a aquella “dama”.
-¡Dígalo! –gritó Renta. -¡Sé perfectamente quién es mi padre y el doctor de la aldea! ¡Pueden decirlo! ¡No hay problema en que digan que soy hijo de un pirata!

Cuando Rentarou dijo esa frase, nadie tuvo el valor de hablar durante un instante.
-¿Cuándo te enteraste? –gritó otro mientras con su machete intentó rebanar a Rentarou.

A pesar del dolor que le provocaba a Renta el enorme tajo en el pecho, pudo reaccionar lo suficientemente rápido como para tomar sus guantes, colocárselos y tomar el machete con ambas manos a modo de bloqueo.
-Eso no importa. –contestó Renta un poco agotado. -¡Ahora entiendo por qué siempre me trataron peor que a un perro!
-¡Y para colmo siguiendo los pasos de aquel sucio! ¡Claro! ¡Desde antes de que te fueras ya sabíamos tus verdaderas intenciones! ¡Qué bueno que abrimos los ojos, maldito!

Renta no pudo contenerse y, con un apretón, pudo romper con facilidad el machete que estaba bloqueando, llamando la atención de toda la turba.
-¿Saben? –les contestó. –Nesman me hizo abrir los ojos. Me hizo ver que nunca fui parte de esta aldea, que hiciera lo que hiciera siempre sería mal visto por todos… que en algunas veces no entiendo siquiera por qué mi padre quiso defender a una bola de malagradecidos…

Nadie supo si aquel grupo de aldeanos no volvió a atacar a Rentarou por aquel comentario, o si fue por el miedo que infundió el romper un arma dura él solo.

Después de eso Rentarou no volvió a ser molestado tan pronto, así que, aun con un poco de cansancio y el dolor que le provocó el moverse tan bruscamente por aquel tajo en el pecho, pudo llegar hasta el cuartel de la Marina. Durante el trayecto se puso a pensar en aquellas personas que nunca le ofrecieron apoyo, y en aquel grupo de desconocidos a los que nunca pensaría ayudar hasta la muerte… era irónico… Había algo que debía hacer…

Por eso se dirigió directo a la enfermería y sin saludar siquiera, se dirigió a Silver, a As y a Mijok.
-Amigos… quisiera que me acompañaran a los calabozos… tengo algo que hacer…

Los cuatro se dirigieron a los calabozos. Al abrir la puerta que conducía a ese pasillo oscuro, cálido y húmedo, en el pasillo se asomó la luz del exterior. Al entrar los cuatro piratas al pasillo de las celdas, cerraron la puerta, y todos los “prisioneros” pudieron presenciar a aquellos que les habían vencido.
-¡Malditos piratas! –gritó uno de los marines encerrados.
-¡Sáquennos de aquí! –gritó otro en una celda del fondo.
-¡Cuando nos saquen de aquí, las pagarán por meterse con nosotros! –gritó un tercer uniformado.
-¡Silencio! -rugió Mijok.

Al escuchar el vozarrón de ese pirata, todos los marines callaron como niños asustados. No por nada Mijok era considerado en el mundo como “El temible”. Rentarou había escuchado que el “mano derecha” de Silver había estado en las peores prisiones antes de convertirse en pirata, aunque claro, nunca se había atrevido a preguntar quizás por respeto. Pero conociéndolo más a fondo, no pareciera que aquellos rumores eran ciertos. Claro, Mijok no pareciera a simple vista que fuese aquel que se tentara el corazón tan fácilmente, pero en realidad era de aquellos que daban todo por algún conocido suyo…

-¿Y bien? –preguntó As. -¿Para qué nos trajiste aquí?
-Ya lo sabrás, As. –dijo un Rentarou algo preocupado.

El grupo de piratas caminó hasta el final del pasillo. En la última celda se encontraba el comandante Fletcher, quien ahora parecía bastante irreconocible. Huesos rotos y enyesados, la cara hinchada, múltiples moretones en su cuerpo. La verdad parecía que por un instante había sido torturado previamente si uno se fijaba primero en los golpes impuestos en la pared y una enorme mancha de sangre seca en el suelo, pero ni los golpes ni la sangre eran de él.

-Buenas tardes, comandante Fletcher. –saludó Rentarou animosamente.
-Ca… ex… capitán… Satsuma… ¿Es usted…? –preguntó Fletcher, quien por lo hinchado de su cara, no podía abrir los ojos por completo.
-Parece ser que los papeles se han intercambiado, “amigo” mío. –dijo Rentarou.
-Qué bueno que vino… capitán… yo… perdóneme por… -intentó disculparse el herido, pero un ágil Rentarou desenvainó su sable y puso el filo de este cerca del cuello de su antiguo subordinado.
-¿Qué se siente el tener un sable rozando tu cuello? –preguntó Rentarou con una sonrisa malévola.
-Veo que vino a matarme… -dijo Fletcher con una voz de resignación. –Hágalo… Ahora que he liberado a mi antiguo capitán… dos veces… no sé qué debo hacer… No sirvo para defender a los que aprecio… No sirvo para servir a la Marina… No sirvo para nada… Sólo sirvo… para morir ejecutado en prisión… sé lo que me espera… Prefiero morir aquí antes que ser ejecutado…
-¿Por qué dices eso, soldado? –preguntó Rentarou.
-Un juicio… estuve a punto de perder mi empleo… me declararon inocente de los cargos de ayudar a un pirata… pero… me dijeron que si volvía a hacer lo mismo… no me juzgarían… sería ejecutado… Por eso, capitán Satsuma… máteme ahora mismo… no quiero ser humillado frente a la gente… no tengo nada por qué vivir…

Rentarou envainó su espada y comenzó de nuevo a reflexionar la situación de su viejo amigo. Aunque no fuese cierto que lo había dejado escapar, ante los altos mandos no había excusa alguna, era la segunda vez que se le escapaba, no se le podía permitir eso, era de suponerse que ante tal situación, era mejor declarar al soldado implicado en delitos de traición al gobierno. Por una parte se sentiría mal si la ejecución de Fletcher fuese por su culpa, tenía que hacer algo.
-Capitán… -dijo Rentarou. -¿Me presta las llaves de esta celda?
-De acuerdo. –dijo Silver. –Pero no entiendo qué pretendes hacer.

Renta abrió la celda de Fletcher. Vio a su antiguo subordinado amarrado con cadenas que lo inmovilizaban casi por completo.
-¿Qué intenta hacer, pirata traidor? –comenzaron a gritar toda la flota de marines presos.
-Fletcher… -dijo Rentarou. –Me parece que tienes tres opciones.
-¿Cua… cuáles? –preguntó tímido el comandante.
-La primera es quedarte aquí, y esperar a que los altos mandos vengan a ejecutarte. La segunda es que ahora mismo te suelte, tomes un bote y remes lo más lejos que puedas y vivas escondiéndote.
-¿Y… cuál es la tercera? –preguntó de nuevo un Fletcher tímido.
-La tercera es la que te pienso ofrecer y que no he consultado con los demás. Quiero que como en los viejos tiempos, me acompañes a surcar los mares, pero esta vez no como marines, sino como piratas. Que colabores conmigo y con Silver, y que al igual que pienso darte la mano para ayudarte a escapar de tus ejecutores próximos, nos ayudes cuando estemos en problemas.

Un enorme alborotó empezó en las celdas contiguas, el cual fue aumentando al escuchar de poco en poco el ofrecimiento que Rentarou le había hecho a Fletcher.
-¿Qué dijiste Renta? –gritó As al escuchar esa propuesta.
-¿Pero te has vuelto loco? –preguntó Mijok. –Mírate cómo estás. Él mismo te hizo todas esas heridas, él mismo estuvo a punto de matarte. ¿Por qué quieres ayudarle? ¿Y lo peor de todo, queriendo que venga con nosotros? De verdad que debes estar delirando…

Pero Rentarou al escuchar el descontento de sus nakamas, los volteó a ver con una mirada seria, esta vez no iba a insistir, esta vez hablaba en serio, y no habría nada que le hiciera dar un paso atrás en su decisión.
-Y sin embargo quiero ayudarle. No puedo dejar de sentirme mal al saber que será ejecutado por mi culpa. Además… no le estoy obligando a que venga con nosotros. Quiero que decida. Por eso capitán Silver… ¿qué decide?

Silver, quien no había dicho nada hasta ahora, lo pensó un poco antes de dar su “sentencia”. Así que se acercó a Fletcher y le preguntó:
-Si pretendes venir, ¿estás dispuesto a aceptar los retos que implica ser un pirata? ¿Estás dispuesto a traicionar al gobierno y aceptar las consecuencias? ¿Deseas ser considerado un traidor el resto de tu vida y pelear para sobrevivir, incluso morir?

Fletcher lo dudó por un instante. Pero pensó que era mejor irse con ellos que quedarse a esperar su muerte encadenado en una celda.
-A… acepto señor… Además… quiero ayudar a mi viejo capitán… no importa en qué bando esté… Y… aunque no haya herido al capitán Satsuma directamente… me arrepiento de no haber detenido la tortura…
-Entonces… ¿qué dicen muchachos? ¿Lo acepto en el Caledonia?
-El capitán lo dice… -dijo As mirando a Mijok. –Pero… no sé qué debamos hacer…
-Hagamos una cosa. –dijo Rentarou mirando a los dos. –Si creen que nos va a traicionar, entonces por eso estoy yo, para asegurarme de que eso no pase. –luego volteó hacia Fletcher y le dijo. –Si intenta hacer algo en contra nuestra, yo mismo me encargaré de matarlo, ¿entendido?

Fletcher sintió algo de miedo en un principio, pero se dio cuenta de que no tenía nada de qué temer. Si había aceptado unirse a una banda de piratas, eso significaba que debía servirles hasta la muerte.
-Entendido, capitán Satsuma. –dijo Fletcher con la cabeza bien en alto.
-No me digas capitán, que en esta tripulación el capitán es el señor Long Jhon Silver. –le dijo Rentarou mientras le quitaba las cadenas a su amigo.
-Será difícil adaptarse, señor. –dijo mientras Silver le ayudaba a ponerse de pie.
-Oh, lo harás, o de lo contrario te mandaré a fregar la cubierta durante un mes.
-Gracias por aceptarme en su tripulación, capitán Silver. -le contestó Fletcher. –Y gracias, ca… esto… ¿cómo le llamo…?
-Llámame Rentarou. Ese no será mi verdadero nombre pero ya me acostumbré a él.
-Rentarou… gracias por darme esta oportunidad, no sé cómo pagárselo…
-Si me acompañas esta noche a mi casa junto con todos los demás y bebes hasta desmayarte, entonces tu deuda quedará saldada. –dijo Renta.
-Ah, eso mismo quería preguntarte, Rentarou. –le gruñó Silver. –Espero que tengas suficiente dinero para poder reemplazar el alcohol que vamos a consumir esta noche.
-No se preocupe, capitán. Tengo suficiente dinero hasta para tomar un pequeño crucero ahora mismo y retirarme a trabajar en una isla lejana.
-Bien, bien. –dijo Silver. –Ahora falta una cosa.
-¿Qué cosa? –preguntó Renta.
-Comprar varias hojas de papel de lija. –le contestó Mijok.
-¿Papel de lija? –preguntó extrañado Rentarou. -¿Y eso para qué?
-¿Cómo que “para qué”? –dijo Silver. –Es obvio, vamos a tener que quitarte ese tatuaje de la marina, Renta.
-¿Queeeeeeé? –gritó Rentarou. –Eso nunca, ¡nunca!

Silver comenzó a carcajearse, al igual que Mijok y As. Fletcher no dijo nada, apenas podía hablar, y el caminar se le dificultaba debido a la poca movilidad que tuvo durante un día entero. A Rentarou no le gustó mucho aquella broma, pero instantes después comenzó a reírse. Ahora el grupo de piratas había incrementado. Mientras los marines presos, asombrados, comenzaron a murmurar. Al salir el grupo de piratas, cerraron de nuevo la puerta, dejando el recinto a oscuras.
-Esto… ¿cuándo nos van a dar de comer? –preguntó uno de los marines.

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La tarde en aquella isla resultó de lo más tranquila. Sin marines que les persiguieran, sin aldeanos intentando expulsarlos… era como un paraíso. Y ese paraíso iba a desembocar en una enorme parranda de piratas, justo en la casa donde habitó Renta cuando era niño.

One Piece y Mei pudieron, después de un pequeño pleito de cocineras, terminar el banquete juntas y llevarlo a aquella casa. El lugar no era grande, de hecho era una de las pocas casas que no poseyera una planta alta. Pero era de notar que en ese lugar podían entrar tres personas viviendo allí, desayunar en un pequeño comedor, e incluso atender a los pacientes. De verdad que sabían acomodarse.

Y sin embargo la casa estaba perfectamente arreglada y limpia, tal y como Rentarou lo había visto antes de irse. Seiji le comentó que abandonó la casa días después de que su hermano mayor se había ido, tal vez para evitar recordar viejos tiempos buenos y a la vez tristes y dolorosos. Y era de entenderse.

A esa casa llegaron tanto integrantes del Caledonia como de La Joya, Franky llegó aun con regañadientes y Rido intentaba arrastrarlo hacia el lugar. En un principio ambos grupos estaban reunidos para comer y beber, pero Eratia y Seastone se retiraron antes de comenzar, y más tarde lo hicieron Rido y Estella. Claro, las reacciones de los Outlaws no se hicieron esperar, por lo menos lo esperaban del carpintero y la doctora, pero de Seastone y Eratia no sabían mucho. Los que menos se integraban al grupo, Franky y Robin, decidieron irse luego. Fletcher igual quiso irse al ver a su agresor entre el grupo, no se sentía digno de acompañarlos, pero Rentarou se lo impidió, con el argumento de que ahora que era uno de ellos, iba a compartir con los demás e integrarse al grupo.

Tan pronto como comenzaba la comilona, terminaba. Mijok y Renta eran unos enormes devoradores, mientras que los demás sólo tomaban pequeños bocados. Fletcher intentaba comer, pero con la paliza que Eratia le había dado, había perdido uno que otro diente.

Más sin embargo pudo desquitarse algo cuando a Reyes se le ocurrió la brillante idea de hacer una competencia de quién aguantaba más alcohol sin desmayarse. Y para hacerlo más interesante, decidieron hacerlo con ron. Los únicos en apuntarse fueron Silver, Mijok, Renta, Fletcher, Roca y Reyes. A As no le gustaban esa clase de competencias porque siempre salía perdiendo ante semejantes bebedores empedernidos como lo eran su capitán y su segundo a bordo, en cambio el profesor White y Miguel sólo pidieron un jugo de frutas. Las únicas dos mujeres reunidas allí tampoco se apuntaron, eran más de las que preferían ver hasta cuánto aguantaban sus amigos. Y Hilmar, pues por no tener un cuerpo, no podía beber, así que empezó a animar a los desafiantes, y burlarse de los que se rendían o terminaban desmayados debajo de la mesa.

Los concursantes primero se afianzaron un poco con los primeros tragos para saber a qué le tiraban, y cuando se sintieron seguros comenzaron a beber hasta hartarse. Fletcher, antes de terminarse la primera botella decidió rendirse, a pesar de las quejas del resto, pero animado por los demás decidió seguir. Justo al probar el primer trago de su segunda botella, cayó semi inconsciente mientras balbuceaba que desde la última vez que había ido con Satsuma a los bares, no había bebido tanto.

Ante el asombro de los desafiantes, el siguiente en rendirse fue Silver, quien a la segunda botella estaba tan lleno que no le entraba más, o eso decía. Ni los intentos de los demás en animarlo a que siguiera, hicieron que continuara en el reto. Renta resistió un poco más, a las tres botellas y media decidió rendirse, estaba tan lleno que no podía seguir bebiendo y que no pensaba desmayarse como lo había hecho su amigo. Su voz dificultosa y su constante hipar hicieron notar que ya estaba totalmente ebrio, así que para descansar prefirió salir a la calle.

Tardó un poco en levantarse y caminar hacia la calle, estaba tan borracho que cada paso que daba pareciera que fuese a desmayarse. Justo al bajar la escalinata encontró a su hermano menor mirando el paisaje nocturno de la aldea.
-¡Ah! ¡No recuerdo cuándo fue la última vez que bebí tanto…! –dijo Rentarou mientras se acomodaba con dificultad para sentarse en el suelo. -¿Qué te pasa, Seiji? *hic*
-Apestas a alcohol, hermano. –le regañó el alcalde.
-¿No te dije que… *hic* que estoy bien borracho *hic*? ¿Ahora si puedes decirme qué te *hic* pasa, Seiji?
-¿Es cierto… es cierto que mañana te vas?
-Así es. ¿No es genial?
-¡Claro que no lo es! –dijo el alcalde. -¡Tú… tú lo prometiste! ¡Me dijiste que volverías y te enfrentarías a todos!
-Y ya lo *hic* ya lo hice… Regresé… No como *hic* quisiera… Hubieras visto la cara de los aldeanos cuando rompí sus armas…
-Yo… yo pensé que te ibas a quedar…
-Seiji… sabes que no me puedo quedar… que me… que me tengo que ir… que soy un prófugo…
-¡Y eso es lo que me da miedo! ¿Qué pasará si te atrapan? ¿Y si te matan? ¡No quisiera pensarlo, hermano! ¡No quiero que te pase nada! Pensé que cuando regresaras, te quedarías para siempre. ¡Esto no me garantiza que vendrás! No… no quiero que te vayas…

Rentarou abrazó a su hermano y le dijo:
-Pero tengo que hacerlo… *hic* Ellos son casi como mi familia… Ahora que pude encontrarme *hic* de nuevo con ellos… no pienso abandonarlos… Ellos me necesitan…
-¡Pero yo también te necesito! ¡Yo soy de tu familia! –gritó Seiji.
-No Seiji *hic*. Tú no me necesitas. Mírate *hic*. Eres… eres todo un gobernante… has podido hacer eso sin mi ayuda… Has crecido mucho… *hic*… y me alegro, hermanito…
-¡Pero no quiero que te vayas! ¡No quisiera pensar que te irás para siempre!
-No me iré para siempre… No pienses que esto es un “hasta nunca” *hic*… sino un “hasta luego”… Créeme Seiji… si pudiera quedarme, lo haría con gusto…
-¡Prométeme que lo harás…! ¡Prométeme que regresarás!
-Te lo prometo… no pienso ser vencido pronto… Mientras esté con ellos… nada me pasará…

Seiji abrazó con fuerza a su hermano, pero éste lanzó un pequeño quejido de dolor provocado por sus heridas, por tal motivo lo soltó.
-No pasa nada Seiji…

Se levantó con dificultad de su asiento y le dijo:
-Iré al sótano a recoger algunas pertenencias… Luego creo que me iré a dormir… Ya mañana recojo todo el desorden…

Silver igual salió de la casa de Rentarou a tomar aire fresco de la noche.
-Buenas noches, Renta.
-Buenas noches, capitán… ¿Ya terminó la competencia…?
-Sí… Mijok, Roca y Reyes quedaron empatados. ¡Ocho botellas cada uno! No pudieron beber más sólo porque ya se había acabado el alcohol. Están más que furiosos de no haber ganado. –dijo el capitán mientras sonreía.
-Sí… ya veo… No sé si… si quieran dormir en mi casa… No será amplia pero puedo hacer un hueco para todos… ¿No les importará dormir en el suelo? –comenzó Renta a reírse.
-Bueno, yo no… -se excusó Silver.
-Lo sé… Mijok… Mijok me lo dijo… -murmuró Renta. –Pero por eso… por eso estamos aquí… capitán… Si no le molesta… iré a la casa…

Rentarou se retiró a la casa, quedándose Seiji y Silver en la calle.
-Usted es… Long John Silver, ¿cierto? –preguntó un tímido Seiji.
-Así es, señor alcalde. El mismo.
-Quisiera darle las gracias por lo que ha hecho a mi hermano…
-¿A qué se refiere, señor?

Seiji volteó hacia el pirata y le dijo:
-Por primera vez vi a mi hermano feliz, sonriente, burlándose de la misma muerte. Pude ver a mi hermano confiando en alguien. Siempre que lo veía, lo veía más que a una figura de autoridad que se preocupaba por su hermano menor. Nunca lo vi sonreír, ni ser feliz, se preocupaba por todo y era más serio… Sé que no es correcto que apoye a alguien que es un fugitivo… pero si mi hermano es feliz así, no quiero que su felicidad se trunque. Sé que no es de lo que hacen daño a la gente, por eso quiero confiar ciegamente en que esto era lo que buscaba… Y no me importará si se va… Sólo quiero que vuelva… Gracias por convertirlo en pirata…
-Pero él decidió ser un pirata por su voluntad. Nadie lo obligó. Incluso hasta nos insistió en que le permitiéramos llevarlo con nosotros. Si no le gustara, estoy seguro que ya se habría escapado desde algún tiempo pasado. No se preocupe, señor alcalde.
-Sé que esto no era lo que buscaba… pero si está a gusto allí, no voy a enojarme por eso.

----------------------------------

Rentarou entró a su vieja casa. Allí vio a Roca y a Reyes vencidos por el sueño y el alcohol, a Mijok haciendo guardia sentado en un rincón de la casa. Al ver al profesor White y a Miguel adormilados, decidió mandarlos a la habitación donde solía dormir su padre adoptivo. Al echar un vistazo a su pequeña habitación, vio a Mei y a One Piece durmiendo en camas separadas. Así que intentó no hacer ruido. Tomó algunos de sus libros favoritos, varias hojas de papel, tinta, una pluma de ave y salió de la habitación. Luego se dirigió hacia el sótano, el lugar más oscuro y sucio del lugar. La única luz que se colaba entre los huecos era la luz de la luna, que daba una perfecta iluminación al lugar. Bajo las escaleras, encontró una caja de objetos personales, la cual desempolvó.

En ella pudo reconocer la foto de su padre adoptivo, su hermano y él mismo, y debajo una leyenda que decía: “Pase lo que pase, nunca olviden que son hermanos”. Hurgando entre los objetos encontró una manta negra, la cual al desdoblarla, notó que era una bandera pirata, la misma que había visto en uno de los grabados de la Joya, la de su verdadero padre. De igual modo hurgó entre el resto de objetos, encontrando pistolas y varias balas, las cuales guardó entre sus bolsillos. Y varios carteles de recompensa. Por la textura y el color del papel, podía reconocer que eran bastante antiguos. En ella vio el rostro de su padre, y debajo una recompensa ya ilegible, pero por alguna razón no así los cargos de los que se le acusaba: “Piratería, asalto a barcos de la Marina, saqueo a navíos piratas”, y lo mismo el cartel del segundo a bordo.

Sólo así se dio cuenta que de verdad no todos los piratas eran malos. Tal vez era culpa de aquellos ladrones que se autodenominaban “piratas” la que daba mala fama al nombre de los aventureros de los mares. Y siendo esos ladrones los que más predominaban en la zona, todos tenían que pagar.

Al lado de aquella caja encontró una caja que decía “Para Seiji”, la cual decidió no abrir e informárselo más tarde. Buscó una mesa y una silla y comenzó a escribir sobre los papeles que había conseguido. Después de varios minutos y habiendo terminado su carta, de pronto, el sueño lo venció.

-----------------------------------------------

Había amanecido, la resaca y el olor a alcohol de Rentarou lo hicieron despertarse. Al darse cuenta de lo tarde que era, tomó lo que había escogido, la carta y salió corriendo a toda prisa de su casa. El lugar no era un desastre, por fortuna. Al no ver a nadie, comenzó a temer lo peor.

Corrió con todas sus fuerzas hasta el puerto, y lo que vio allí fue una hermosa vista de empaque de objetos… eso, y Franky haciendo su acostumbrado bailecito de la mañana sobre la Joya. Era hora de irse… pero… ¿y su hermano?
-Por fin Renta, ya te apareces. –gritó Rido. -¡La isla de Xartha nos espera y tú durmiendo hasta la mañana!
-Por un instante pensé que no ibas a venir. –gritó Silver.
-¿Y Fletcher? –preguntó Renta.
-Él está fregando la cubierta. Ese chico es bastante trabajador, a pesar de tener un brazo enyesado. –le contestó Mijok.
-¡Ya acabé, capitán Silver! –se escuchó al fondo.
-¡Muy bien! ¡Ahora mientras Rentarou se dedica a acomodar los víveres, a ti te toca limpiar los retretes! ¡Y que queden más blancos que tu yeso! ¿Me oíste?
-Qué bien… ¿y mi hermano? ¿No lo han visto?

El alcalde corría a toda velocidad desde su oficina hasta el puerto donde habían atracado los dos barcos piratas.
-¡Hermano! –gritó con todas sus fuerzas. Por fortuna vio que no se había ido.
-¡Seiji! Quería…

Seiji lo abrazó con fuerza. Esta vez Renta no se quejó de dolor ni nada.
-¡Cuídate! ¡Sólo quiero que vuelvas pronto!
-Te prometo que lo haré. –dijo Renta mientras sacaba de sus bolsillos una carta y una llave. –Aquí te dejo lo que no te pude decir con palabras, espero que lo leas cuando nos vayamos. Te prometo… que regresaré. Dalo por hecho. Sólo quiero que cuando venga, te encuentre aquí, ¿entendido?
-De acuerdo, Dkantun. –contestó el alcalde.
-¡Ya vámonos! –gritó As.
-¡Ya escuché! –gritó Renta molesto.

Rentarou corrió hacia el Caledonia. Por fin podía volver a surcar los mares al lado de sus viejos amigos. Cuando los barcos comenzaron a dar la vuelta hacia el mar, Seiji gritó:
-¡Pero vuelves! ¿Entendido?
-¡Por supuesto que volveré! ¡Y esta vez…! ¡Y esta vez no escaparé! ¡Te lo prometo! –gritó Renta mientras que ondeando una mano en alto se despedía de su hermano.

Algunos de los presentes vieron la escena entre hermanos que se despedían, pero esta vez no era el triste adiós, sino un emotivo y alegre hasta luego. La esperanza de volver a su aldea le daba a Rentarou más fuerzas para seguir adelante con su camino.

El alcalde abrió la carta y comenzó a leer los garabatos de la hoja. Se apreciaba bien que cuando Renta estaba borracho, no le era posible escribir sin que le temblara la mano:
Mi querido hermano:

Espero que no estés molesto porque tengo que irme. Entiende que soy un criminal buscado por la justicia, y que ahora que me he escapado de prisión, seguramente ya estarán detrás de mí. Además, debo admitir que siempre quise navegar más allá de esta isla, tal y como el doctor siempre presumía. Sé que con ellos podré lograr mi sueño, y que al igual que ellos se preocuparon por rescatarme de prisión, yo también daré todo por ayudarles en cuanto sea posible.

Estoy orgulloso de lo que has logrado hasta ahora, sé que la aldea te agradecerá lo poco o mucho que hiciste por ellos, lamentablemente eres demasiado para ellos, tú no eres un cazador de piratas a sangre fría, sabes qué hacer, decides por ti mismo, y eso me agrada de ti.

Ahora mismo intentaré no preocuparme tanto en saber si te encuentras bien, porque sé que puedes cuidarte solo. Sólo me concentraré en sobrevivir y ayudar a mis amigos cuando se encuentren en problemas.

Y no pienses que estoy siguiendo el camino de mi padre o del doctor. Quiero hacer mi propia vida, yo mismo decidí esto y pienso llegar hasta donde el destino me diga que debo seguir vivo. Estoy consciente de que si me atrapan, seré ejecutado, pero sé que es un precio que debo pagar por seguir mi camino. Seiji, quiero que no te preocupes por mí, cumpliré mi promesa de regresar, y esta vez no seré un cobarde que por miedo no quería ni acercarse, por temor a saber lo que pensarías de mí.

El doctor nos dejó una sorpresa preparada para ti y para mí. Ya abrí mi parte. Debajo de la escalera del sótano hay una caja con tu nombre, tal vez sean las fotos de tus padres o alguna información de ellos.

En el sobre de esta carta dejé el número de mi Den Den Mushi por si deseas saber si estoy vivo. Trata de no comunicarte tan seguido porque vigilan las llamadas. Y por favor, trata de ser el chiquillo que no le preocupaba nada.

Tu hermano que te adora y te aprecia, Dkantun.

P.D.: La llave es la que abre las celdas de los calabozos del Cuartel de la Marina. En cuanto termines de leer esta carta, libéralos inmediatamente. Y trata de inventarte una buena excusa para que no te acusen de ser cómplice de unos piratas. Si te conozco bien, entonces sé que se te da perfecto lo de inventarte excusas.


Seiji se secó las lágrimas, apretó la carta con fuerza y miró hacia el mar, mientras los dos barcos se alejaban de la isla poco a poco, hasta ser solamente dos puntos lejanos, y más tarde perderse en el mar para siempre… tal vez no para siempre… el alcalde debía mantener la esperanza de que esa despedida sólo era un largo “hasta luego”.
Bueno, espero que no les haya hecho aburrir tanta habladuría y esas cosas y cero acción sobre todo, así que me retiro a dormir...
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

@El de los piratas anónimos
  • Yo no lo veo tan corto como a Silver, pero si lo comparamos con el de Renta... Decirte que me gustó el Egon. Es un personaje muy onepieciano. El típico malo de poca monta que sirve para ir introduciendo algo de acción. Y por el medio has soslayado lo que tiene pinta de ser algo interesante...

    PD: Yo si te aprecio :cry:
@Humor Emorillo
  • Vamos a comentar un poco este gran capítulo, tanto por el tamaño como porque, aunque sí a lo mejor puede hacerse un poco pesado para algunas personas tanta página sin acción ni un avance argumental importante, a mí me ha gustado bastante. Eres el amo de lo emo, tío xD A pesar de ello, tengo un par de quejas:

    Mira que te dije que la cuestión de la carpintería la tocaras lo menos posible y que ya nos encargábamos Franky y yo... pero nada, metiste a Franky y ahora tengo que hacer peripecias para darle sentido -.- Serás...

    Y para terminar, decirte que amontonas mucho las cosas sin quizás un hilo lógico que lleve de un punto a otro. Lo cierto es que si lo llegas a hacer... entonces no serían 16 páginas serían 20, pero bueno, para la próxima tenlo en cuenta.
Y... ya. Si luego se me ocurre algo más ya te pondré a parir por el Messenger. Supongo que esta noche o mañana, depende de cuanto duerma y cuanto estudie esta tarde, tendréis capi, pero tengo que rehacer un par de detalles... e inventarme una escena romántica -.-
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Long_Jhon_Silver
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

@ Rentaromon: Sabes, de verdad que vale la pena presionarte y esperar a que cuelgues un capitulo, porque definitivamente tú no eres de los que defraudan. Excelente por donde se le mire, potente y cargado de emociones y situaciones bastante emocionales. Concuerdo con Rido en lo de las pequeñas aglomeraciones, pero eso no es nada que una corrección posterior o una edición no solucionen. En resumen, un gran capitulo, que cierra una tremenda saga. Me ha encantado.

Ahora hay que ver a donde nos llevara Rido...jeje-.....
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kurokotetsu
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por kurokotetsu »

Publicando rápido, pues no tengo tiempo. Dejo capítulo nuevo, unas siete páginas. No se fijen sólo en la acción.
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03- Nostalgia

Pasé mi dedo ligeramente sobre el filo, bailando como una pluma mecida por el suave viento nocturno. Ninguna mella, nada de sangre, nada que impidiera un corte perfecto. Tanteando mi dedo me encontré que la piel estaba ligeramente levantada a lo que sólo pude responder con una sonrisa satisfecha. Después de todo ésta era mi favorita, era mi más vieja amiga. Además una de las dos Meitou que tenía. Su imagen estaba firmemente impresa en mi cerebro.

Aún me acordaba cuando la había visto por primera vez, majestuosa, impresionante, presidiendo sobre el dojo familiar. Tenía la funda negra, una guardia de plata y la empuñadura roja y negra. Mi padre me la había mostrado. Su potente voz aún resonaba en mis oídos, una voz dura pero que dejaba escapar sutilmente un rasgo de orgullo mal disimulado.

-Escucha Sei-chan, este es el tesoro de nuestra familia. Fue mi abuelo quien adquirió esta Oo-Wazamono. Según nuestro antepasado esta espada nació como la sombra de una espada mejor, producida para perfeccionar la técnica del maestro herrero que la hizo. Sin embargo fue un arma tan impresionante que recibió un nombre propio, “Kagetora”, y aún así fue superada por la espada que vino después. Desde que llegó a la posesión de la familia Kururugi nunca hemos ni descuidado ni manchado su impecable filo con sangre. Tu bisabuelo, tu abuelo y yo cuidadosamente la preservamos en perfecto estado. Algún día ésa también será tu responsabilidad.

Desde ese momento me sentí fatalmente atraído hacia esa reliquia familiar. Sin saber porque quería agarrarla, blandirla, sentir su fuerza en mis manos. Mi padre y maestro se acercó y la desenfundó, para mostrármela en todo su esplendor. En seguida vi mis propios ojos reflejados en el precioso acero, mirándome de regreso con expresión de asombro. La hoja no tenía grandes arreglos, lo único a parte de de un suave patrón ondulante en filo era el nombre de la espada grabado con cuidado en la empuñadura. Aún yo en mi inexperiencia conseguía admirar la calidad de la hoja. Mi mentor agarro una hoja de una planta que decoraba el altar donde normalmente descansaba la katana y la dejo caer sobre el filo. Esta pasó, como si no hubiera nada y poco después se partió a la mitad. En mi fascinación intenté tocarla. Antes siquiera de que terminara de insinuar el movimiento sentí un golpe y una mirada de reprensión de mi progenitor. No lo volví a intentar. Pero desde ese momento nació mi obsesión. Y por supuesto también me acordaba de cómo había llegado a mis manos al fin.

Terminado el pequeño ritual semanal de cuidar las espadas de mi colección busqué mi bastón. Había escuchado algo interesante en esa isla que llamaba mi atención. Un pueblo más adelante que valdría la pena visitar. Hacía algo de tiempo desde que había encontrado algo que me emocionara. Y quien sabe tal vez incluso y tenía suerte y encontraba algo más. Pero de momento lo único que podía hacer era ir.

El pueblo sólo estaba a una media hora caminando. El sol calentaba mi cara. No podía evitar preguntarme si el cielo era del mismo color que me acordaba. Si era el mismo cielo bajo el que había jugado de niño ante la atenta y protectora mirada de mi amorosa madre. Me acordaba de ese fuego que era su sonrisa y dulce voz que me llamaba. Siempre me pareció tan distinta a mi padre, ni siquiera sabía cómo podía seguir casados. Me reí de mí mismo. Ese día estaba muy nostálgico, demasiado. Era patético. Recordar esos días no me ayudaría para nada, estaba más cerca de hacerme daño. Sacudiendo la cabeza con fuerza eliminé esos molestos pensamientos. El bullicio de la aldea ya se escuchaba justo enfrente.

Puse mi mejor cara mí y me acerqué a la persona que escuché más cerca de mí. Le pregunté el nombre del pueblo, como estaba el clima y los lugares importantes. Con esa última pregunta esperaba que me dijera lo que necesitaba pero al parecer a quien había interceptado no consideraba el lugar que buscaba algo relevante, así que tuve que preguntar directamente. El tono de voz de mi interlocutor cambió después de esa pregunta, con una pequeña cantidad de inseguridad y bastante extrañeza. Me dio unas vagas instrucciones para llegar. Sin embargo había picado mi curiosidad, así que proseguí con el interrogatorio.

-¿Algún problema?

-No, es que me parece algo extraño que un ciego pregunte por un dojo de artes marciales.

-Es una vieja costumbre. Un legado de antes de perder la vista. ¿Sabe algo más de ese lugar?

-El maestro llegó hace unos diez años. Se estableció aquí sin una palabra pero ha sido un buen vecino. No habla mucho pero ayuda siempre en todo lo que puede.

Muy interesante, realmente valía la pena ir a ese dojo. Además concordaba con la información que había conseguido antes. Pregunté un par de veces más para terminar de localizar el lugar. No fue muy difícil llegar. Cuando aún estaba lejos ya se podía oler el joven sudor de los discípulos y escuchar los potentes gritos que salían de sus gargantas al hacer el ejercicio. Eso no me ayudaba nada para mi ánimo nostálgico, se parecía demasiado al de mi familia.

Entré al dojo con pasos firmes, listo para lo que pudiera suceder. Dependía del dojo que tan peligroso era la acción que estaba por tomar. Al principio nadie notó mi presencia, después de todo era una cualidad, o a veces lo era, que tenía. Poco a poco los sonidos típicos del entrenamiento fueron muriendo cuando descubrieron mi presencia. Finalmente el silencio se instauró en la sala y unos pasos se acercaron desde el fondo de la habitación. Eran pasos fuertes, autoritarios y bastante pesados. Debía de ser alguien bastante alto, incluso llegando a los dos metros si mis oídos no me engañaban y con una constitución corpulenta, aunque hecho de puro musculo. Una figura intimidante, perfecta para un maestro asistente.

-No aceptamos a cualquiera. Hay días en los que puedes pedir tú ingreso a nuestra escuela, aunque con esa venda no podrás luchar.- Era un voz profunda, fuerte y rasposa, con un tono que denotaba a alguien que estaba acostumbrado a ser obedecido y que parecía que acabara de estar bebiendo. Aunque eso estaba contradicho por su olor corporal que era únicamente el de el sudor de la rutina que acababa de enseñar.

-Gracias por el consejo pero no vengo para pedir mi ingreso.- Intenté sonar lo más cortés posible. No era alguien a quien quisiera hacer enojar. Sin embargo no funcionó, pues un bufido llegó directamente a la cara desde bastante alto. Mi estimación no parecía estar demasiado lejos de la verdad.

-Entonces vete. Estamos entrenando, no tenemos tiempo para un debilucho que viene a curiosear.

-Tampoco vengo impulsado por la curiosidad.

-¡Largo!- El grito hizo que mis oídos zumbaran, a veces odiaba que mi sentido del oído fuera tan agudo. Ese hombre sí que tenía pulmones.

-Vengo por un reto.

-¡¿QUÉ?!- Mis pobres oídos no iban a aguantar mucho así.

-Me gustaría saber si el maestro de esta escuela aceptaría tener un duelo conmigo.- Casi no podía escuchar mis propias palabras por la risa del bruto enfrente mío.

-Claro. Por supuesto que aceptamos el reto. Pero no llores después de la paliza que te vamos a dar.

-¿Cuáles son las reglas?

-Si quieres pelear contra el Maestro tienes que vencer primero a un estudiante y luego contra mí. Si el cielo te ayuda y ganas podrás enfrentarte a él. Combates a un solo golpe.

-¿Y las armas?

-Los primeros combates serán con shinais. Sin embargo el Maestro usa espadas verdaderas. Su credo es que si alguien quiere asaltar el dojo tiene que arriesgar su vida para ello. Aunque no te tienes que preocupes, no llegaras tan lejos.

-Eso lo veremos.- Fue mi respuesta con la sonrisa en la cara.- ¿Podría prestarme un shinai?- Escuché como el gigantón daba la vuelta sobre sus talones para prestarme la espada de bambú.

-Ryuuji, saca a este insolente de una vez.- Dijo a la vez que escuché como lanzaba la espada de entrenamiento hacia mí. Supongo que quería ver cómo me golpeaba en la cabeza y reírse de mí pero tuve que desilusionarle. El shinai hacía un leve silbido al surcar el aire, así que no era difícil saber donde estaba ni su trayectoria, así que lo atrapé sin dificultad. En sustitución de las risas lo único que floto por el aire fue un gruñido de enojo. Se sentía bien hacer que ese enorme simio se callara por un segundo. Y sin embargo incluso en ese silencio era difícil escuchar los suaves pasos del estudiante que se movía. Y no era porque se supiera ocultar, se notaba la timidez en esas suaves pisadas.

-¿Yo señor?- Su voz era tan débil como sus movimientos. Temblaba y era insegura. Y era joven. Estaban mandando a un aprendiz contra mí.

-¡Sí, tú! No me hagas repetirme. Necesitas experiencia- Un ruido sordo llegó del final de la sala. Seguro que el gigante se había dejado caer sobre el suelo, porque una multitud de ruidos llegaron de los estudiantes yendo a sentarse. Pronto el silencio se volvió a instaurar. El maestro asistente alzó su potente vos.- ¡Saludo!- Hice una leve inclinación de cabeza pero por cómo se oía el crujir de espalda del pobre chico el hizo una profunda reverencia. Después de la formalidad nos pusimos en guardia, esperando la señal.- ¡Comenzad!

Me sorprendió un fuerte grito del muchacho. Parecía que cuando empezaba el combate cambiaba de actitud. En seguida se lanzó contra mí dispuesto a acabar de un solo golpe. Y le concedí su deseo, ya que a pesar de su valiente ataque y su determinación no era más que un novato. Fue fácil entrar bajo su ataque e impactar directo al pecho. Ni siquiera tuve que usar tanta fuerza para que saliera despedido. Nadie dijo nada, ni siquiera parecían poder respirar.

-Pura suerte. No debí mandar a un novato.- Dijo después de un largo tiempo el gorila.- De todos modos yo acabaré contigo.- Pero para cuando dijo eso ya no le estaba prestando atención. Un ruido había llegado desde la puerta. Un hombre que caminaba lento y un niño. La fuerza de los pasos del hombre no indicaba que fuera demasiado alto, más bien de altura promedio. Sin embargo me parecía que era fuerte. Sus músculos estaban tensos, su respiración pausada y profunda. Imponía respeto pero de una forma de muy diferente al maestro ayudante. El no tenía su envergadura pero era mucho más fuerte. Su voz, algo más aguda de lo que me esperaba dio un consejo.

-Naoto, más te vale no subestimarlo. Ese hombre es más fuerte de lo que crees.

-Maestro, no haga bromas. Aplastaré a ese enano con un solo golpe.

Él tomó el lugar de su estudiante frente a mí. El maestro del dojo ocupó el lugar vacío y listo para ser el juez del combate. Su extrañamente alta voz dio la orden de saludo e inmediatamente después nos dio el permiso de combatir. El gorila adoptó la misma estrategia que su alumno, una carga directa sin complicaciones ni florituras. La velocidad era completamente diferente pero el contraataque aún era simple. Sin embargo quería bajarle un poco los humos. Y eso era simple, sólo necesitaba resistir su golpe. Agarré con las dos manos la espada y esperé. Justo cuando escuché como la espada descendía yo subí la mía a toda velocidad, para contrarrestar el efecto del descenso. El golpe era fuerte, hacía justicia al hombretón que lo ejecutó. Sin embargo de no ser capaz de resistir algo así mi vida habría acabado hace mucho tiempo. Cuando las dos espadas llegaron a un alto total con un estrepitoso ruido todo se detuvo. No había ningún ruido, todos los alumnos contenían la respiración con asombro. Nadie parecía moverse, ni siquiera inhalar. Nadie excepto quien estaba presidiendo el espectáculo. El maestro de esta escuela no había cambiado su postura.

-Te dije que no lo subestimaras Naoto.- Dijo casi con un susurro que retumbó en la sala como una orden dada a viva voz. La única respuesta que obtuvo de su ayudante fue un sonoro trago de saliva.

Sin embargo se recuperó rápidamente. Y note el error que había sido no derrotarlo al primer golpe. En seguida volvió al ataque y sus golpes eran tan contundentes que no podía responder. Y se notaba que había trabajado en su mayor debilidad, le velocidad. Tenía una buena técnica, muy solida, concentrada en atacar. Podía ganarle en velocidad sin demasiado problema, pero asestar un golpe definitivo sería casi imposible de esa forma. No podía alcanzar su cabeza con la fuerza necesaria y él lo sabía así que sólo se tenía que proteger el pecho y evitar darme la espalda. Con eso a pesar de ser más rápido y no perder en fuerza me sería muy difícil ganar. Y sin embargo entre más golpes daba antes encontraría algún fallo explotable, no importaba que fuera decisivo un solo error era suficiente para hacerme casi imposible el combate. Tenía que fabricarme una oportunidad.

Decidí primero intentar un táctica simple pero muy efectiva contra gente de gran fuerza. Esperé hasta que el zumbido de la espada indicaba que venía por mi cabeza con un corte descendente vertical. Recibí el golpe como de costumbre pero justo cuando empezaba la presión deje a mis muñecas ceder un poco, lo suficiente para que mi espada quedara en un ligero ángulo con respecto a la horizontal antes de volver a poner fuerza. Y fue suficiente. Como esperaba la espada del tal Naoto se deslizó sobre la mía y perdió la postura. Su reacción fue buena cubriéndose el pecho lo antes posible, pero ese no era mi objetivo. Bajé el shinai lo más rápido posible y golpeé su rodilla con toda la fuerza que me fue posible. Escuché como se astillaba al bambú entre el grito adolorido del gigante herido. Llevó la rodilla lastimada al suelo. El ruido de los músculos y el crujir de los huesos me dejo saber su postura exacta. Estaba ofreciendo su cuello como para une ejecución, y esta vez no deje pasar la oportunidad. Terminé de destrozar la espada en el ficticio corte de su cabeza. Su cuerpo cayó pesado sobre el suelo, totalmente inconsciente. Escuché como el maestro se levantaba.

-Por favor, retiren a Naoto de ahí y llévenlo a descansar. Cuídenlo bien. Y cuando se despierte díganle que no tiene de que avergonzarse. Fue una buena batalla.- Casi me pareció como si calvase su mirada en mí, aunque sabía que era simplemente que había escuchado como se movía su cabeza.- Supongo que quieres continuar con tu reto.

-Así es.

-¿Quieres un descanso?

-Es muy amable de su parte ofrecerlo, pero estoy bien.

-Se te avisó que el último combate era con espadas de verdad ¿no es así?

-No supone ninguna diferencia.

-Entonces adelante.- Era impresionante la diferencia en la conversación con su segundo al mando. A pesar de que tal vez uno de nosotros terminaría frío, eso no impedía que se pudiera hablar de forma civilizada.- Se me olvidaba un detalle. ¿Tienes una espada para combatir? Si es necesario se te puede prestar una.

-No se preocupe, si tengo katanas de verdad.- Dije mientras me daba la vuelta hacia mi equipaje que había dejado en la puerta. Por lo que había visto si ese era su segundo al mando el dojo no era nada malo. Mientras tanteaba mis espadas buscando a Kagetora me pregunté qué estilo utilizar. Era bueno tanto como el Ittouryu como en el Nitouryuu. Cuando mi mano tocó la funda decidí por un capricho buscar a Iga no Kami, mi wakizashi preferida, una Ryou Wazamono. No fue difícil de encontrar, tenía pocas espadas cortas en mi equipaje.- ¿Le importa si utilizo dos espadas?- Pregunté por cortesía.

-No hay problema. Por favor, hazlo.- Concedió con cortesía mi petición.

-Mi papá no puede perder. ¡Es el mejor!- Escuché de repente una voz infantil resonar. Era bastante tierna la confianza inamovible que tenía ese niño en su padre. Como casi todos los niños.

Tendría que romper esa dulce ilusión infantil. Eso o arriesgarme a ser herido gravemente en la pelea. No me pareció una elección demasiado difícil de tomar. Esta vez no hubo formalidades, era un combate real. El saludarse y esperar una señal significaría la muerte ante un oponente hábil. Desde el momento que tuvimos nuestras armas ese combate había comenzado. Los dos habíamos desenfundado y estudiábamos al oponente. Los alumnos parecían cadáveres que se hubieran quedado en esa posición. El único que no parecía notar la tensión en el aire era el hijo del maestro, que gritaba animando a su padre.

La batalla comenzó bruscamente con el único indicio un ligero movimiento del pie de mi contrincante. A diferencia de los dos combates anteriores fui yo el que hizo el primer movimiento, una finta con la espada principal a la cabeza para atacar por abajo con la secundaria. Y como me esperaba mi ataque fue leído a la perfección. Después de detener el ataque contraatacó con su empuñadura, obligándome a retroceder. Las diferencias con mis contrincantes anteriores eran obvias. En esta ocasión era un intercambio constante de golpes. No tardó mucho tiempo en que el frío acero de mi contrincante rozara la piel de mi brazo, haciendo que un cálido hilo de sangre cayera por mi brazo. Ese contraste lo tenía demasiado conocido. Sin embargo la ofensa a mi carne fue reparada sin dudar, con un corte igual de pequeño en la pierna del ofensor. Tenía mi oído aguzado al máximo, para escuchar como la espada cortaba el aire y el ruido de sus musculo y huesos al moverse, al igual que sus pasos que además sentía con las plantas de mis pies. Con eso seguía sus movimientos, aunque no era una tarea fácil. Pelaba extraño, con pasos muy largos por el tiempo que había entre ruido y ruido, y se mantenía muy cerca, haciendo que Kagetora casi fuera un peso muerto. Como crujían sus huesos me daba la idea de que tenía los brazos muy largos, lo cual le permitía usar su espada en ese pequeño espacio, pues aprovechando la envergadura podía reunir la fuerza suficiente para un golpe mortal. Ese debía de ser la marca de su escuela, pues Naoto también se mantenía muy cerca. A diferencia de lo que esperaba usaba la espada larga para defenderme y la wakizashi para atacar. Una patada baja me obligó a saltar, y una exclamación de emoción llenó la sala, anticipando mi derrota. Un fuerte golpe ascendente quería terminar todo. Y aunque fue el final de la pelea no era como la gente lo esperaba. En el aire logré que katana se interpusiera en el camino del letal golpe, y de forma desesperada lancé una estocada hacia abajo con Iga no Kami. Hizo contacto, entro directamente sobre el hueso de la pierna que me había agredido. La fuerza atacante terminó el trabajo que yo había empezado pues al sacarme volando por el golpe la hoja terminó de destruir la pierna herida. Con eso ya no podría caminar, ni siquiera moverse. Tenía el fémur roto y todo el músculo desgarrado Los dos sabíamos que ahora sólo era cuestión de que yo terminara eso.

Estaba un poco lejos pero no sería problema. Mientras yo me preparaba para terminar con todo mi oponente enfundó su espada y se relajó, preparado para su fin. Las exclamaciones de victoria habían sido sustituidas por suaves sollozos, incluso por el suave y triste sonido de las lágrimas que se derramaban sobre la madera del dojo. La pena se había asentado en la atmósfera, se olía incluso las saladas lágrimas. Y cuando me moví para acabar con mi contrincante un grito desgarró al aire.

-¡Papá! ¡Muévete! ¡Papá! ¡Tú no puedes perder! ¡Papá! ¡Por favor! ¡Papá! ¡Él no puede vencerte! ¡Papá! ¡No me dejes! ¡Papá! ¡No te mueras! ¡Papá! ¡PAPÁ!

-¡PAPÁ!

Esa voz del pasado resonó en mis oídos, llenando mi cabeza y substituyendo el grito del niño. Los ruidos, los olores, todo regresó. Era demasiado para mí. Me sentía físicamente mal. Me detuve bruscamente y cuando logré recuperar mis sentidos noté que mi espada estaba ya bajando sobre el cuello del maestro caído. Después de recuperarme de la impresión sólo pude sonreír ante la situación. Me di la vuelta y enfundé mi espada. Vaya con mi ánimo nostálgico.


-Interesante.- Escuché la voz del maestro. Para ese momento ya podía oír el llanto del niño muy cerca de su padre. Sabía a qué se refería así que no presioné.

-No quiero matar a un hábil espadachín como usted.- Un suave resoplido, como una risa contenida llegó volando.- Además creo que mi victoria es clara.

-Lo es.- No había nada más que decir. Hice una leve inclinación de cabeza a forma de despedida.

-Espera.- Me sorprendió que me llamara en ese momento.- Tengo algo para ti.

-Gracias, pero estoy bien.- Suponía que me daría el tablero del dojo como muestra de mi victoria.

-No es algo inútil. Quisiera darte esta katana.- El suave ruido que hacía la hoja contra su funda llegó cuando me la presentó. Era una muy buena espada. El tintineo que había hecho al chocar contra mis espadas, me hacía pensar que era una espada de muy alta calidad, probablemente una Meitou.- Se llama Osafune. Es una Ryou Wazamono, una herencia familiar.

-Si es una herencia familiar, ¿Por qué quiere dármela?- Había confirmado mi sospecha y era aún más valiosa de lo que me imaginaba.

-Creo que esta espada te quiere como dueño. ¿Acaso no lo sientes?- Moví mi cabeza lentamente. Por alguna razón yo también me sentía atraído por esa espada, como si me estuviera llamando.- Entonces llévatela por favor. Será una buena espada y le sacarás mucho provecho. Lo sé.

Me había quedado sin palabras. Sólo pude aceptarla. Ya no había nada más que decir, ni siquiera palabras de despedida. Repetí mi inclinación de cabeza y me retiré. Cuando ya estaba saliendo del pueblo me fije en la ironía de ese día. Pues justo en un día que me la había pasando recordando el pasado había conseguido una cosa nueva. Encantador.
Edit: al menso ya le quite los errores más notorios. Además me había olvidado del título del capítulo.
Última edición por kurokotetsu el Dom Feb 01, 2009 6:59 am, editado 1 vez en total.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Pues vamos a ver Kuro, bastante buenos los duelos en el dojo. Aun así sigue siendo misterioso tu personaje. En el apartado técnico sólo te recomendaría que cuidaras la ortografía, algunas palabras como "calló" (de callar) en vez de "cayó" (de caer) son... digamos que un poco obvias en confusión.

Ahora a algo que no hacía en mucho tiempo... Preguntas :o
Ramsus
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-¿Después de calmar los ánimos en Sabaody, irás directo a capturar a Silver?
-Si es así, ¿entonces debería preocuparme? ¿Y Fletcher también?
-¿La pregunta anterior fue demasiado spoiler?
-Oye... ¿qué hace esa revista porno en tu bolsillo? No deberías mirar porno mientras estás en servicio :NO:
Silver
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-¿Puedo preguntar qué piensas hacer con esos pedazos de papel de lija que llevas en esa bolsa?
-400 millones... ¿es bastante para ti o es algo con lo que puedes vivir el resto de tu vida?
-¿Estás empezando a preocuparte que de pronto vengan tantos barcos detrás nuestro?
-¿Qué piensas hacer con Fletcher ahora que lo he metido al barco? Puedes incluir risas malévolas mientras respondes.
Rido
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-¿Qué pretendes hacer con Hilmar?
-¿Y con Estella? :Oo:
-¿Desde cuándo comenzó la afición del carpintero por la historia?
-¿Algún día dejarás de gorronearte mis cigarrillos?
Creo que con eso, luego preguntaré a los demás.
Responder