Historias Piratas, Volumen3.

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osin
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por osin »

Cuanto tiempo sin pasarme por aquí ^^U. Primero de todo comentar como está mi historia Cap 7: Aquella fatídica noche. Está terminada, así que solo pido un poco de paciencia pues dentro de unos días espero poder presentarla oficialmente por este tema. Lo único que entre yo y mis exámenes y Ramsus y la Guerra de Bandas pues se está retrasando dicha presentación del capítulo, pero no os preocupéis que pronto caerá (Silver ya ha leído el preestreno XDD).

Mientras tanto comentaré vuestras historias:

@H23: como te dijo Rido hay un fallo bastante gordo sobre lo que yo dije sobre Usopp y lo que tú cuentas (habría que intentar que esto no ocurra). Por suerte esta vez se puede llegar a solucionar (solución cogida con pinzas pero solución es). Hemos tenido la suerte de que mi historia la contó Anton y no Osin, es decir, Osin le mandó buscar en unas páginas del libro de Kaya unas medicinas. Podemos decir que en esa parte del libro Kaya aún no estaba casada y que esperaba al primer niño y en tu momento de la historia ya está casada y a la espera del segundo (Usopp es el que mejor se lo ha montado en esta historia). Claro que esto se hubiera jodido si la historia mía la llega a contar Osin, pues él si lee el pensamiento. Pero como he dicho al principio, hay que estar mas atento a estos pequeños detalles XDDD.

@Silver, Rido, lalilulelo y Renta: os pongo juntos porque mas o menos estáis escribiendo el mismo arco. La sensación que tengo al leer esta trama es volver a leer las primeras historias de Silver en este tema que me encantaban. Es decir, seguir los pasos de Barbarrosa. Cosas que me han gustado:
-las dos conversaciones con el ghost (tanto la discusión de Rido como la señorial de Silver).
-Todo el ambiente de misterio que rodea esta historia.
-La atracción sexual que se está montando entre los del barco, tanto Renta con Mei-Lian,Seastone con Eratia y Rido con Estella (ya era hora de algo de amorcito en el mundo de One Piece XDDD).

@Sandman: adoro a tu personaje y su forma de ser. Realmente tiene toda la pinta de lo que para mí debe ser un pirata (retando a la suerte, vividor y con su propia libertad). Además me encanta la forma que tienes para relatar los combates, pues siempre me da una sensación de velocidad que adoro (ya me gustaría relatar mis combates como lo haces tú). Lo gracioso es que me imaginaba a tu personaje mientras leía como si fuese una especie de Jackie Chan (por eso de que este utiliza cualquier cosa que encuentra como arma XDD). Me gustaría saber tú opinión sobre las demás historias ya que nunca la has dicho XDDD

Pues nada mas, me despido por ahora pidiendo de nuevo un poco de paciencia para mi historia ^^.
Gracias Natthy ^^
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Gargadon
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Gargadon »

Eratia escribió:Y Renta el último. Me ha gustado bastante, aunque han habido un par de cosillas que me parecio que sobraban. Ademas, ¿desde cuando eres adivino? Porque si lo eras haber avisado antes para ver que numero de la lotería teníamos que comprar, leches. Y te voy a dar yo canal estrellas a ti... Con el cansinismo que llevabas no había quien te aguantara al lado ¬¬
No es adivino, simplemente ve las cosas en tiempo real... Digo, de lo contrario ya sabría desde hace mucho todo lo que se ha enterado hasta este instante... Además recuerda que es la explicación obvia a que haya rescatado de entre los escombros a quien consideraría su hermano menor. :mrgreen:

Y lo del Canal de las Estrellas lo dije porque este último capítulo conjunto estaba casi enfocado para ser parte de alguna de sus telenovelas.
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Long_Jhon_Silver
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

Pero que vacio esta esto...Estan acaso de vacaciones? O es que ya se aburrieron?...Pensaba colgar algo hoy, pero me he desanimado un poquito...Así que mejor vuelvo mañana, creo que voy a cambiar algunas cosas...Si parece que estuviese escribiendo con eco de lo vacio que esta esto...Bueno, nos leemos...Espero...
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Eratia
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Eratia »

Lo que es yo... No voy a poder aparecer durante un par de semanas y eso como poco. Culpa de exámenes y todo eso. Pero por lo menos, aunque no pueda escribir, si que me gustaría leer algo de esto para alegrarme un poco el día. Bueno, vos vemos.
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Antes que nada, quiero pedirle disculpas primero a Silver, que estaba casi desesperado según palabras del Humor Emorillo y como luego ha confirmado él mismo, y a todos los demás en general por mi tardanza con el siguiente capítulo. Recordadme que no vuelva a ponerme plazos, porque luego me ofusco y no sale nada. Y entre eso y la Guerra de Bandas así acabamos, publicando de Pascuas en Ramos y tiro porque me toca.

De todas formas, tampoco es ahora, porque no estoy en mi ordenador, sino en uno de la biblioteca. Y aunque lo tenga terminado, no puedo ponerlo ahora. Iba a colgarlo ayer, cuando lo terminé casi mientras me caía de sueño encima del ordenador, pero parece que se nos ha jodido la conexión. Y seguía así por la mañana. Supongo que por la tarde-noche podré hacerlo, porque también quiero "sacarme de encima" esto y ver si a partir de ahora vamos avanzando un pelín más regularmente.

Pero igualmente, un par de comentarios:

@El-stripper-de-la-banda-de-los-que-no-se-separan-mucho-de-la-orilla-porque-no-saben-nadar:
  • Me encanta tu personaje por lo "absurdo" que es... Precisamente es el encanto de OP y lo consigues plasmar de maravilla. Y como bien dice Humor Emorillo, es la pareja ideal de la marine celosa (R.I.P.). Por mucho que digas que es accidental, siempre termina en pelotas, y eso es muy significativo. Me ha encantado el capítulo, muy, como dice el gran Silver, a lo Western. Ahora terminarás diciendo que Man se parece a Mel Gibson y Shai a Jodie Foster y todo encajará.

    Por cierto:
    -Mus
    No hay mus. Envido.
@Humor Emorillo:
  • A mí aquí me faltan frases cuando pasas de hablar de Gran Citan a hablar de Humor Emorillo:
    Siguió caminando hacia la última celda para toparse con un viejo conocido, a quien visitó con un tímido saludo.
    -Buenos días, comandante Fletcher. ¿Ya no le duele el brazo?
    -Menos que ayer… señor alcalde… -dijo el comandante con una voz mucho más débil que la del resto de sus subordinados.
    -Perfecto, si lo mantiene enyesado, en tres semanas estará como nuevo.
    -¿Cómo… cómo está el teniente…?
    -¿El gato? Me dijeron que lo tienen encerrado en una jaula con comida, agua y una bola de estambre. Quisiera atenderle, pero me dijeron que de él se encarga el veterinario.
    -Tiene algo de fiebre, pero ya está estable y más recuperado que ayer.
    -Me alegro… Por favor… dígale… que quiero… hablar con él…
    -No sé si acepte su invitación, señor comandante. Primero tiene que recuperarse de la infección que cogió por la falta de cuidados y luego quien sabe si acepte hablar con usted. Si conozco bien a mi hermano, puede que lo mande mucho a lo lejos.
    -Míreme… mi brazo se encuentra roto… no puedo… ni hablar… y no puedo abrir los ojos… No puedo siquiera… defenderme… No creo que haya inconveniente alguno en que venga a verme…
    -Trataré de hablar con él. –terminó el alcalde.
    Por otra parte, es un muy buen capítulo. Al final todos nos estamos pasando al lado de los romances, aunque ni tú ni yo hemos llegado por ahora al grado de pasteleo del Fenix Negro y señora xD

    Como te digo, es un capítulo genial. Aunque lo del poder chungo de Humor Emorillo me suene a espumeada (cosa que no puedo criticar porque aún no habéis visto lo que tengo preparado para Rido - Silver sí lo sabe y no sé si llegué a contárselo al Fénix Negro) he de decir que menos mal que me dio por leer el capi antes de terminar lo mío, que si no... xD

    Por cierto, es un poco irónico que me pongas a mí a luchar contra unos cangrejos, ¿no?
En serio, esta tarde está el capítulo en vuestras pantallas como me llamo Ricardo. Que ya huele.
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Terreis
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Terreis »

La verdad es que tengo que disculparme por no poner nada. Tengo dos capítulos pero el primero no puedo por que alguien tiene que subir su capitulo y el segundo hasta que no ponga como mínimo dos capítulos no puedo subirlo por que no cuadraría la linea argumental.
rido escribió: es la pareja ideal de la marine celosa (R.I.P.).
Ya ha salido el otro casamentero a meter cizaña ¬¬ Ahora soy Celosa...creía que era Stripper HundeBarcos, esto de que me cambies el nombre cada dos por tres no puede ser.
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rido
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Terreis escribió:
rido escribió: es la pareja ideal de la marine celosa (R.I.P.).
Ya ha salido el otro casamentero a meter cizaña ¬¬ Ahora soy Celosa...creía que era Stripper HundeBarcos, esto de que me cambies el nombre cada dos por tres no puede ser.
Eres la Stripper Hundebarcos, pero también eres la Marine celosa (R.I.P.), todo es compatible xP

Bueno, como ya tengo red aquí arriba, lo prometido es deuda. Los damnes y Rido, Rido y los damnes. Insisto. Es muy irónico xD
Spoiler: Mostrar
Parte de trabajo 15: Damnes

– ¿Qué es todo este escándalo?

– ¡Silver! – exclamamos Miguel, el Profesor White y yo al reconocer la voz del Capitán de los Outlaws.

– ¡Más intrusos! – chilló Hilmar

– Mis respetos, Señor – le saludó el recién llegado, con reverencia incluida.

Al bardo espectral pareció gustarle la galantería del pirata, porque recibió el saludo con regocijo y halago. Tras las protocolarias y parsimoniosas presentaciones, el pequeño gnomo etéreo se sorprendió de que tan agradable personaje fuera amigo de gente de nuestra calaña. Eso era, al menos, lo que dejaban ver sus palabras, bastante claras en este sentido. Un poco cansado del desprecio del supuesto guardián, avancé hacia Silver para preguntarle acerca de la ruta que ellos habían seguido.

– El camino que tomamos era sólo un pasadizo interminable, recto, de paredes y piso muy liso, lleno de polvo y murciélagos – se adelantó, mirando a As. – Pero además de eso, nada.

– Pues el nuestro era algo similar – correspondí. – Nada de escrituras, ninguna seña, nada de nada, excepto por un gran salón que pasamos hace un rato y donde nos encontramos a este particular “amigo” – apostillé.

– Yo no soy tú amigo – estableció Hilmar.

– Pero hasta ahora que hemos dado con esta puerta y con el pasillo que os traía a vosotros… Rien de rien.

– Bastante extraño es este lugar – asintió Silver.

Mientras tanto, la pesadilla fantasmal que se había unido a nuestro grupo daba vueltas haciendo muecas e intentando provocarme, pero yo había tomado una firme decisión y no iba a hacerle el menor caso hasta que no demostrara ser más racional de lo que estaba demostrando ser. Al final, no sé si harto de mi indiferencia o porque se había acordado de algo, decidió reanudar la conversación con el Capitán de los Outlaws.

– ¿No habéis dicho que ha venido por el camino de arriba?

– Así es – sonrió el pirata.

– Y decidme… – prosiguió, tembloroso, Hilmar. – ¿No se encontró por casualidad con… “eso”?

– Ah – reaccionó Silver con despreocupación. –Se me había olvidado… Sí, es cierto – asintió. – Lo encontré.

– ¿Y dónde está ahora? – preguntó el espectro, temblando de pavor.

– Pues muy lejos de aquí, de vuelta en el agujero del que salió – explicó con voz confiada el soberano del Caledonia.

El pequeño fantasma dejó de temblar. Su expresión aterrorizada había dado paso ahora a un gesto de profunda reverencia que se materializó en las felicitaciones que salieron de su boca. Silver respondió a ellas con una sonrisa y, ante la extrañeza que demostramos White y yo, se dispuso a explicarnos qué había ocurrido.

– Era un etéreo – informó. – Pensé que estaba a cargo de resguardar todo el lugar, pero al ver la reacción de Hilmar he comprobado que fue enviado después.

– ¿Un etéreo? – repitió el profesor. – Pensé que eran sólo un mito.

– Pues no lo son.

– Un momento – les detuve, antes de que prosiguieran con su charla y yo no me enterara de lo que decían. – ¿Me podéis explicar que es todo esto?

– Perdona, hijo, perdona – se disculpó el maestro de Atonar. – Los etéreos son una especie de seres invisibles para los ojos no entrenados, pero que sin embargo pueden sentirse fácilmente. Toman la forma de viento, – añadió – aunque hay quien dice que es el efecto de sus alas al volar.

– ¿Pero existen o no?

– Lo que sucede es que es una especie de seres mencionados en antiguos libros prohibidos – continuó. – Aquellos libros en los que los científicos poco creen, pero que sin embargo gente como Silver ha leído…

– Y qué bueno que lo hice, Profesor – terció Silver con orgullo. – Esto demuestra que no estaba equivocado, y que lo que dicen los antiguos es cierto.

– Está bien, está bien, tienes razón de nuevo… – concedió White. – Pero cuéntanos, ¿Qué ha sucedido?

Silver nos relató entonces su travesía por el pasillo que Hilmar había identificado como superior y su encuentro con el misterioso guardián que custodiaba aquella ruta. El que más interés ponía era el que, a priori, mejor debía conocer aquellos caminos. Primero con miedo pero con entusiasmo hacia el final, Hilmar parecía deleitarse en todas y cada una de las palabras del Capitán.

– Quiero disculparme si he sido un mal ghost con ustedes – dijo el gnomo al final del relato. – Y como me han librado de esa abominación sepan que tienen mi permiso para estar en este lugar y explorarlo, pero sepan, que debido a mi condición, no puedo ayudarlos.

– Muchas gracias, señor – correspondió, en el mismo tomo de galán de antaño, Silver.

– Gracias amiguito – sonrió el profesor.

– Yo también quiero disculparme Hilmar – resoplé, imbuido de aquel ambiente. – Creo que debí ser un poco más respetuoso

– No hay cuidado, he sido yo quien ha empezado – admitió.

– Pero también es mi culpa, por haber insistido en lo de fantasma…

– Bueno, eso no importa – rió. – Al fin y al cabo son la misma cosa, ¿no?

Todos nos contagiamos de la risa del guardián de aquella especie de laberinto subterráneo. Fue la mejor ocasión para despedir toda la tensión que provocaba aquella misión en la que estábamos embarcados y que ahora se enfrentaba a su primera gran prueba: abrir aquella puerta. Probamos de todo: empujar, tirar, buscar mecanismos ocultos… Pero nada de eso sirvió hasta que Silver decidió probar suerte con la piedra que le había entregado Seiji y resultó ser la llave que nos permitiría cruzar aquel umbral que daba paso a una enorme sala rica en grabados y escrituras murales que centelleaban bajo la luz de las antorchas que portábamos en nuestras manos.

– ¡Impresionante! – exclamó Hilmar. – Así que esto es lo que hay tras la puerta.

– ¿Cómo? – respondí. – ¡No me digas que no lo sabías!

– Yo soy guardián desde la puerta hacia fuera – se excusó. – El resto lo desconozco.

– ¡Excelente! – contestó Silver – Entonces somos todos los que desconocemos que nos aguarda dentro de este lugar. ¿No es emocionante? – añadió.

Él fue el primero en traspasar la puerta hacia aquella sala, que estaba repleta de escrituras antiguas. También había allí Poneglyphs, aunque, al parecer, eran demasiado arcaicos y ni siquiera el profesor White era capaz de descifrarlos. Sí podía, sin embargo, Silver, que alegaba como explicación habérselos encontrado en una ocasión anterior. Él parecía también el menos impresionado por la sala e inmediatamente propuso seguir adelante, como si lo allí escrito careciera de importancia.

– ¿No deberíamos antes intentar descifrar lo que dicen estos muros? – protestó el profesor, sacando una libreta del bolsillo interior de su abrigo.

– Yo puedo decirle que es lo que dicen sin necesidad de mirar demasiado – le respondió algo hastiado Silver. – Si observa los dibujos, estos que parecen seres humanos no lo son. Son una antigua raza que se encargaba de proteger la tierra – explicó. – Vivían felices y tranquilos hasta que uno de ellos despertó al mal que habitaba en el fondo del mar. Eso produjo que el equilibrio desapareciese. El mundo vivió una época muy oscura, producto de este ser, – indicó un grabado bastante extraño que representaba una especie de monstruo en parte calamar, en parte Rey del Mar y en parte humano que reposaba sobre una espiral y de cuyas manos parecían surgir tempestades – el que pretendía dominar todo lo conocido. Hasta que algunos valientes se le opusieron sellándolo nuevamente a costa de su vidas…

– ¿Pero qué tiene que ver todo eso con todo esto? – se interesó White, que no parecía del todo convencido con la historia.

– La relación entre eso y esto – respondió, enfatizando las palabras, aunque sin poner demasiado interés en la explicación – es que supuestamente aquí descansa, o descansaba, uno de los instrumentos necesarios para enfrentarlo.

– ¿Pero qué tiene que ver eso con Barbarossa? –intervino As.

– Como bien dije antes, Barbarossa parecía conocer la existencia de dicha raza, así como el mito que acabo de relataros. Por lo tanto, debe haber venido hasta aquí en busca de eso.

Era impresionante, y definitivamente mucho mejor haberse quedado a reparar la lonja, algo para lo cual seguro que había tiempo después. Poneglyphs, civilizaciones antiguas, grandes piratas… parecía todo sacado de un libro de leyendas y, al mismo tiempo, tan real y normal como la vida misma. A juzgar por lo que decía Silver y por lo que había visto aquella mañana, me iba a ser muy difícil distinguir entre realidad y fantasía desde entonces.

Las preguntas se agolpaban en mi garganta, esforzándose por salir, pero pronto mi atención la captó una inscripción que resultaba perfectamente inteligible. No eran Poneglyphs, ni ninguna lengua antigua… No. Era la lengua común. Probablemente fuera uno de los secuaces de Barbarossa, o el legendario Capitán, el que había escrito aquello.

– Maldita senda hacia lo oculto, espíritu encantador que emboba la mente y el alma – leí en voz alta. – Cerrad los ojos y los oídos, no permitáis que oiga vuestros sueños. Al final de las escaleras aguarda…

Como por arte de magia, en el mismo instante en el que dejé de leer la frase, una brisa gélida nos atacó desde el tenebroso pasillo que daba continuación a la sala hacia las entrañas de la tierra. Todos nos quedamos en silencio, expectantes, temiendo que pudiera pasar lo peor. La tensión, los nervios y el temor condujeron a Miguel, el fiel escudero del profesor, a un estado de shock. No dejaba de temblar de pies a cabeza, con la mirada perdida en la oscuridad del corredor mientras balbuceaba lo que apenas se podían considerar sonidos

– No podemos obligarle a seguir, Silver – observó As tras intentar calmarle. – Sería demasiado para él.

– Pero tampoco podemos quedarnos aquí o volver ahora – respondió el otro con cierto fastidio. – No podemos perder más tiempo en esta isla.

– Pero si yo me quedo aquí junto a él, podríais seguir adelante – propuso, no sin cierto pesar, el académico.

– Creo que sería mejor que volviesen al pueblo – sugirió al fin el Capitán. Pero usted solo no puede con Miguel, así que As, – se giró hacia su subordinado –vuelve con ellos al pueblo.

– Pero capitán, ¿y si ese algo que menciona lo que leyó Rido aún está allí dentro? – protestó el joven. – Necesitarán ayuda.

– No te preocupes. Rido y yo estaremos bien – aseguró Silver. – Recuerda que los marines le llaman Bloody Axe.

– No me llames así, por favor – supliqué. – No es necesario.

– Esta decidido entonces. Seguimos nosotros e Hilmar, mientras tú te llevas al profesor y a Miguel de vuelta – sentenció nuestro líder.

Nos separamos y seguimos adelante por un pasillo estrecho y húmedo que desprendía un fortísimo hedor a salitre mezclada con algo parecido al amoníaco y que estaba recubierto de hongos y musgo fosforescente que nos permitirían, o eso esperaba, seguir orientándonos más allá del momento en que se consumiese del todo la última de nuestras antorchas. Las paredes, llenas de grabados, repetían, según Silver, la misma historia que el gran grabado de la sala que habíamos dejado atrás, aunque la intensidad con que estaban inscritos en la roca era mucho menor a medida que nos adentrábamos más y más en las entrañas de la tierra y en una oscuridad cada vez más penetrante.

– Interesante, muy interesante – comentó, de pronto, Hilmar, rompiendo el silencio.

– ¿Qué es lo que te parece tan interesante?

– El hecho de que a pesar de que llevo bastante tiempo aquí jamás supe que era lo que se escondía tras la puerta.

– A propósito – le pregunté, en busca de algo de conversación que me distrajera de aquel camino que se iba haciendo más siniestro a medida que avanzábamos. – ¿Hace cuánto estas aquí y por qué motivos?

Justo cuando el gnomo iba a contestarme, Silver se paró y se agachó, apuntando en silencio hacia la oscuridad con la tea y luego a una de las paredes. Los grabados, apenas visibles desde hacía unas decenas de metros, habían desaparecido y dejado paso a una especie de gárgola con forma de alguna clase de reptil. Como si supiera exactamente qué hacía, acercó la llama a las fauces del saurio y el fuego comenzó a correr enérgicamente por todo el muro, a lo largo de un pequeño canal que seguramente contuviera aceite para ese fin.

El río flamígero que ahora surcaba los muros nos guió hasta una escalera oscura como la más oscuras de las noches sin luna y que estaba cercada por un número ingente de fauces como aquella primera que habíamos visto unos cuantos pasos atrás. “Aquel que no teme, está loco, o ha dejado de creer, resignado al terror más oculto”, rezaba la inscripción que apareció fugazmente, en un vivo color carmesí, en el muro que había más allá de la escalera y que cerraba el pasillo por el que habíamos venido.

– ¡¿Visteis eso?! ¡¿Visteis eso?! – gritó Hilmar aterrorizado.

– Por lo menos ya sabemos que Hilmar no está loco – comenté, nervioso, mirando al Capitán, tras un breve silencio.

– Pues al parecer nosotros tendremos que demostrar que si lo estamos – respondió, echando a andar.

Le seguí en su descenso de la escalera que bajaba y bajaba sin parar hacia lo más profundo de la isla y el oscuro fulgor de los peldaños de ónice bajo la tenue luz de nuestra única antorcha nos acompañaba junto con el silencio sepulcral que reinaba en el lugar, sólo roto por el sonido de dos respiraciones bastante aceleradas a causa del respeto que producía la situación.

En aquellas condiciones, alcanzar el final de la escala se me hizo eterno, pero al fin llegamos a una gran sala con forma de hemiciclo, recubierta por todos lados de grabados. Pero ninguno de ellos eran inscripciones, palabras, sino que todos ellos eran pequeños dibujos que detallaban los seres más variopintos y monstruosos que la mente humana pudiera imaginarse. El techo abovedado se alzaba sobre el enlosado, que continuaba el mismo patrón que el de las escaleras y cubría aproximadamente la mitad de la estancia.

– Interesante lugar, muy interesante – comenté.

– No podía esperar menos – añadió mi compañero. – Barbarossa frecuentaba lugares bastante extraños.

Silver sí se detuvo esta vez a contemplar los grabados de la habitación, aunque lo más llamativo de ellos era que, a medida que avanzábamos, parecían aumentar profusamente hasta el punto de que era imposible hacer distinción alguna entre los grabados. Todo semejaba responder a un cierto patrón, pues al fondo de la estancia, dos estatuas, vestidas como antiguos guerreros, flanqueaban una nueva puerta de madera. Seguramente aquellos eran valientes guerreros de aquella , encargados de custodiar la última de las puertas. Parecía que habíamos llegado a nuestro destino, pero ¿qué nos aguardaba allí? ¿Estaban encerrados allí esos monstruos? ¿Aquel era su lugar de nacimiento?

– ¿Entonces? – pregunté.

Pero Silver ya no estaba allí, no en espíritu. Su mirada ausente se había quedado clavada en algún punto del infinito y ya no respondía a mis palabras. Lo zarandeé en un par de ocasiones pero el resultado era el mismo.

– ¡¿Qué le pasa al caballero Silver?! – le gritó Hilmar, visiblemente consternado.

– Eso quisiera saber yo…

¿Por qué? ¿Por qué ahora? Estábamos a punto de cruzar la puerta, la que a todas luces parecía la última de nuestro recorrido, ¿y Silver entraba en una especie de catatonia? No podía ser una coincidencia. Y lo peor es que parecía irremediable por el momento. Trataba de hacer todo lo imaginable para devolverlo al mundo de los vivos, pero nada era de utilidad. Para colmo, Hilmar había optado por martirizar mis oídos tratando de traer de vuelta con nosotros al Capitán pirata a base de gritos, algo entendible porque la voz era el único recurso de un ser etéreo como él, pero que no me permitía pensar con claridad.

De pronto, un potente zumbido procedente de ninguna parte y de todos los sitios a la vez llenó la habitación haciendo que los gritos del fantasma parecieran una melodiosa sinfonía primaveral. Instintivamente, cerré los ojos y me llevé las manos a los oídos, intentando separarme de la realidad tan agresiva que me rodeaba, pero de poco servía. Afortunadamente para mi cordura, apenas unos segundos después, el ruido cesó súbitamente y cedió su lugar a un silencio sepulcral.

– ¡Silver! – llamé de nuevo, con la esperanza de que el chirrido lo hubiera sacado de su extraño letargo. – Mierda, no contesta.

– ¡¡Silver!! – me imitó el bardo.

– Tengo un mal presentimiento – confesé, atándome el pañuelo a la cabeza. – Prepárate.

– ¿Prepararme? – preguntó, sorprendido, el gnomo. – ¿Prepararme para qué?

– No lo sé… y no sé si quiero saberlo.

Pero tampoco tenía mucha opción en ese aspecto. Nuevamente, aquella brisa gélida me rodeó, como si estuviera llamándome. Aquello no me gustaba nada. En aquellas ocasiones parecía mucho mejor vivir en el aburrido mundo real y no en aquel cuento de leyendas. Correspondí a aquella “llamada” desabrochando las correas que sujetaban mi hacha-martillo a mi espalda y asiéndola fuertemente en mi mano.

Di dos machetazos al aire. Quería cerciorarme de que estaba perfectamente listo para la inminente batalla, porque estaba seguro que iba a haber alguna, fuere cual fuere el enemigo al que nos tuviéramos que enfrentar en aquella ocasión. Y para colmo, Silver no estaba en condiciones de defenderse e Hilmar no sería de mucha utilidad en ese aspecto. Eso sólo añadía una complicación más y ya casi estaba acostumbrándome a luchar con alguien indefenso a mis espaldas.

Acomodé al Capitán en las primeras escaleras, la ruta de salida más obvia. Sabía que él nunca me perdonaría huir ahora que habíamos llegado hasta allí, y yo tampoco lo haría, pero la vida era mucho más importante que una misión a la que podríamos regresar más tarde bien preparados y alerta con respecto a lo que nos esperaba. Además, las escaleras podrían ser un buen embudo si el enemigo me sobrepasaba en número.

Repasé con cautela cada uno de los detalles de la sala con la mayor de las cautelas y me di cuenta de que la roca comenzaba a iluminarse con aquel característico fulgor azulado del Kairouseki. La intensidad del brillo iba en aumento, resaltando cada vez más los grabados, especialmente cuanto más cerca de la puerta estaban.

– Ahí vamos…

De las paredes surgieron entonces numerosos monstruitos como cangrejos humanoides: Decenas de ellos, de todas partes. Me coloqué en guardia delante de Silver, preparado para recibir el envite de aquellas bestias, no más altas que mi cintura, que se amontonaban para atacarme en masa. No seguían ningún patrón, ni ninguna estrategia, a menos que atacar en tromba entrara dentro de su cuaderno de tácticas de combate.

– ¡¡Socorro! ¡¡Socorro!! – chillaba espantado Hilmar. – ¡¡Silver, despertad!! ¡¡Socorro!! ¡¡Socorro!!

– ¡Eh, tú, ghost de los cojones! – le increpé. – Asústate si quieres, pero asústate en silencio – le ordené.

De un golpetazo mandé a los dos más cercanos al suelo, pero inmediatamente se levantaron como si nada y volvieron a la carga junto a sus compañeros. Me defendí de igual forma una y otra vez, pero aquellos crustáceos volvían siempre a por más. Con esa forma de combatir conseguirían agotarme antes de que yo consiguiera ver algún resultado mínimamente aceptable.

Tenía que pensar. Gracias a Dios, su persistencia sólo era comparable a su irracionalidad o, al menos, a su poca lucidez. No sólo me estaban atacando a mí, sino que mi nuevo compañero también estaba siendo objeto de las arremetidas de aquellos bichos inmundos, ataques inútiles que sólo conseguían traspasar su cuerpo etéreo. Quizá no pudiera combatir, pero Hilmar acabaría siendo útil.

– ¡Hilmar! – grité de nuevo. – ¡Ponte junto a la puerta!

– ¡¿Para qué?!

– ¡Tú hazlo!

– ¡¿Pero por qué?!

– ¡Hazlo, joder!

A regañadientes, el fantasma atravesó la habitación, llevándose consigo a la mitad aproximadamente de los cangrejos aquellos. Eso provocó un cierto atropello entre los que perseguían as Hilmar los que se acercaban a mí que me permitió acercarme al aún catatónico Silver y coger el Den Den Mushi que me conectaría con los refuerzos en el Cuartel.

– ¿Qué pasa, Silver?

– ¡Menos mal que puedo hablar con alguno de vosotros! – exclamé un tanto aliviado al reconocer la voz de Mijok. – ¡Estamos siendo atacados por cangrejos con forma humana! ¡Silver se ha quedado en trance y no reacciona a nada!

– ¿Y As?

– ¡El discípulo del profesor White sufrió un ataque de pánico y ambos regresaron a la aldea! – expliqué. – ¡As los está acompañando! ¡Necesitamos ayuda! ¡Son demasiados!

Tuve que colgar, porque uno de aquellos monstruitos se había lanzado ferozmente contra mí. Lo recibió la cara plana de mi hacha-martillo y lo envió volando hacia una de las paredes, con tal puntería que acerté de lleno en una de las antorchas de la pared. Inmediatamente, al entrar en contacto con el fuego, el humanoide comenzó a consumirse.

– ¡Rido! – me advirtió Hilmar, que también lo había visto. – ¡El fuego!

– ¡Lo he visto!

Me lancé hacia la tea más cercana y la blandí con mi mano izquierda como si fuera una espada. Amenacé con ella a los que me rodeaban y pronto recuperé mi posición protegiendo al Capitán de los Outlaws. Desde allí, repartía embestidas con el hacha y con la antorcha que, poco a poco, iban mermando el número de los atacantes, aunque esa merma era mucho menor de las bajas que causaba, pues continuaban saliendo a raudales de los grabados de la pared.

– ¡Creo que va a haber que taparles la entrada! – observó el fantasma.

– ¡Sí, claro! – respondí. – ¡Eso es muy fácil decirlo!

Pero el gnomo tenía razón: había que cortar el riego de monstruos en la sala. Pero ¿cómo? Tenía que buscar una solución, rápido, y no era muy fácil razonar en aquella solución, teniendo que resistir el acoso de bichos con cabeza de marisco.

– Piensa, Rido, piensa… – me dije en alto.

¿Dónde estaba? En la antecámara de una especie de templo. Si la leyenda que según Silver estaba inscrita en la gran sala tras la primera de las puertas era cierta, allí se guardaba el arma o una de las armas usadas para vencer al gran monstruo del fondo de los mares. Era normal que hubiera guardianes, pero… ¿los bichos aquellos? No me cuadraba. No encajaba que fueran ellos los que custodiaban las armas que debieran destruirles. Tenía que averiguar por qué. Y seguramente había alguien que podía ayudarme.

– ¡Hilmar! – le llamé. – ¡¿Cómo y cuándo llegaste aquí?!

– ¡¿A qué viene esto ahora?!

– ¡Responde!

– Yo… – hizo memoria. – No sabría decirte hace cuánto… pero me invocaron.

– ¡¿Hombres?!

– Gnomos – me corrigió.

– ¡¿Gnomos?!

– ¡Pues claro, gnomos! – aseguró orgulloso. – ¡¿Quién si no?!

– ¿Fueron ellos los que construyeron esto?

– Supongo…

– Pero tú no sabías lo que había aquí dentro, ¿verdad? – continué con mi interrogatorio entre mandoble y mandoble.

– ¡No! ¡Ya os lo dije antes! – insistió medio ofendido. – ¡Yo de la puerta hacia afuera!

– Por el corredor de abajo… – murmuré. – ¡¿Y el etéreo?!

– Él… él… llegó más tarde que yo – dijo con cierto pesar.

– Interesante…

– ¡¿El qué?!

“Guardián de la puerta hacia afuera, sólo por el camino inferior”. Esa era la misión de Hilmar, por lo que el camino superior debía poseer su propio guardián, uno que, seguramente aquel era el motivo del pesar en la voz del gnomo, había sido destruido por el etéreo que lo había sustituido. Había sido invocado por los gnomos, que probablemente habían sido los constructores de aquello. ¿Serían los gnomos la gran civilización de la que hablaba Silver?

En aquel momento, todo debía ser tal y como se pretendía, pero las inscripciones en lengua común revelaban algo totalmente distinto. Según ellas, el mal habitaba allí, y sólo un loco se enfrentaría a él. Probablemente, aquellas inscripciones eran el legado de Barbarossa e indicarían que ya en aquellos tiempos de leyenda, la situación en el interior de la cueva era totalmente distinta.

De repente, los bichos se paralizaron, apresados en un mar cristalino que los rodeó, inmovilizándolos.

– ¡¿Estella?! – me giré con sorpresa. – ¿Qué haces aquí?

– ¡Salvarte el culo, novato! – contestó en su lugar Mijok, que aterrizó de un salto en medio de la sala y liquidó con su espadón a los que seguían en libertad.

– ¿Estás bien? – me preguntó la doctora.

– Cansado, pero bien – sonreí con seguridad. – No te preocupes por mí.

– Ya, pero…

– Hey, en serio – la miré. – Estoy bien. ¿Puedes ocuparte de Silver mientras le echo una mano a Mijok?

– Sí…

– ¡Gracias! – volví a sonreír. – ¡Mijok! – me giré hacia él, que ahora dominaba el centro de la estancia. – ¡El fuego!

Le lancé mi antorcha y cogí otra en la pared más cercana con la que fui incinerando a los monstruos que seguían atrapados en la prisión de Estella. A los otros les iba rebanando la cabeza o hundiéndosela con mi hacha-martillo. Pronto, Mijok y yo nos habíamos hecho cargo de todos y sólo quedaban ya los que seguían saliendo de las paredes.

– ¡Peleas bien, novato!

– ¡Tú tampoco lo haces mal, viejo! – correspondí. – ¡Tenemos que hacer que dejen de salir.

– Pues busca una forma, yo me encargo de esto – sugirió.

– ¿Seguro?

– ¿Lo dudas? – rió. – No es la primera vez que me enfrento a unos damnes.

– ¿Damnes?

Mijok no me contestó. Estaba imbuido del espíritu de la batalla y concentrado en repartir estocadas con su espadón a diestro y siniestro. Volví a junto de Estella, el lugar más seguro de toda la sala y le indiqué que ya podía liberar su técnica. Seguro que así sería capaz de concentrarse mejor en averiguar qué le pasaba a Silver.

– ¿Qué le pasa? – pregunté.

– No lo sé – suspiró. –Parece… Parece en éxtasis…

– ¿En éxtasis?

– Tenemos que sacarlo de aquí –resolvió.

– Imposible – rechacé la idea.

– ¿Por qué?

– Por Silver – contesté. – Nos mataría si lo hacemos.

– ¡Pero…!

– Tranquila – la detuve. – Con Mijok aquí no corremos peligro. Es cuestión de averiguar dónde se apaga el surtidor…

– Pero…

– ¡Saludos, bella dama! – canturreó la voz de Hilmar a mi espalda.

– ¡Un fantasma!

– ¡Un gh…! – estuvo a punto de replicar, antes de que le indicara que parase. – Es un honor y un verdadero placer – afirmó con reverencia.

– ¿Qué está pasando? – me preguntó Estella, sin entender nada de lo que ocurría.

– Una larga historia. Luego te cuento…

– Con gusto os narraré yo lo sucedido – propuso el bardo. – Soy Hilmar Salpicabirras, bardo gnomo de…

Dejé a un lado la charla del espectro y me concentré en buscar la forma de detener la afluencia de damnes a la sala. Esto tenía que estar previsto de alguna forma. ¿Qué hacían aquellos monstruos, a todas luces “secuaces del Mal”, custodiando las mismas armas con las que los habían bien? O bien ellos eran los vencedores y no los derrotados, o bien… protegerlas era su condena.

– ¡¿Y si usaron un santuario anterior?! – pregunté en alto.

– ¿Qué?

– Esto es demasiado grande para haber sido construido por gnomos…

– ¡Eh! – protestó Hilmar, herido en su orgullo racial.

– No es lógica una construcción tan grande en gente de tan pequeña estatura – aclaré. – Encerraron al mal en su propia casa… – continué con mi hipótesis. – Por lo que… Tendrían que haber previsto que… ¡Pues claro!

– ¡¿Lo has descubierto?!

– No estoy seguro, confesé. – Pero… Si eso es cierto, los grabados representarían que es de allí de donde nacen los damnes. Como una especie de sello que ha perdido su poder…

– Ya veo... – asintió Estella. – Pero…

– Nadie construye algo de esta magnitud sin pensar en que tiene que durar por siempre – proseguí. – Así que tuvieron que prever que el sello se rompiera… Algo para combatir… ¡Ya está!

– ¿Lo tienes?

– Hilmar, dime – miré hacia el bardo.

– ¿Sí?

– ¿Eso te parecen armaduras gnomas? – señalé hacia las estatuas.

– Pues ahora que lo dices… La corte real de Gorlam…

– Esos no son hombres, son gnomos “agrandados” – expliqué. – Como cuando nosotros hacemos estatuas de hombres más grandes de lo normal. Son los custodios del lugar.

Atravesé a la carrera la sala, deshaciéndome de algunos damnes por el camino y aliviándole el trabajo a un entusiasmado Mijok, que estaba disfrutando visiblemente de la batalla. Hilmar me seguía, con expresión intrigada, mientras yo examinaba las estatuas. Probé con las espadas y con los brazos, pero nada de ello se movía, tampoco su cabeza, aunque parecía normal porque quedaban fuera del alcance de cualquier gnomo.

– Sus pies – apuntó el bardo. – Son los pies.

– ¿Cómo lo sabes?

– Porque soy un gnomo – sonrió.

En cuanto posé mi mano sobre las botas del guerrero gnomo, se iluminaron con una esplendorosa luz dorada que inundó toda la habitación, cegándonos a todos. Cuando se disipó, los damnes, incluso los restos de su sangre que salpicaban aquí y allá el suelo y las paredes, habían desaparecido. Por arte de magia, nunca mejor dicho.

– ¿Qué… qué ha pasado?

– ¡Silver! – saltó Estella.

– No deberías echarte a dormir en los momentos clave, Silver – le recriminó su segundo, aunque detrás de su voz había un tono de preocupación que nunca habría imaginado en él a partir de la imagen que ofrecía.

– Damnes – le expliqué al Capitán. – Cientos de ellos…

– Pero los habéis vencido – sonrió él, con su habitual preocupación. – Enhorabuena.

– Tuvimos que venir a echarle una mano, pero… – rió Mijok, dándome un manotazo en la espalda que pretendía ser una muestra de apoyo. – El chaval lo vale.

– ¿Y vos, maese Hilmar?

– ¡Yo descubrí el secreto!

– ¿En serio? – le preguntó Silver, como un niño que acaba de escuchar una historia fantástica. – ¡Increíble! Pero, ¿cómo llegasteis hasta aquí? – se giró hacia Mijok.

– Ah, eso… – le contestó su fiel compañero. – Fue gracias al testarudo de Renta, que nos guió hasta aquí.

Renta, que se había mantenido alejado de todo el bullicio por precaución y, probablemente, por órdenes de Estella, apareció entonces por la escalera. Simulaba que estaba en plenas facultades, para no causar ningún tipo de molestia, aunque seguramente su estado era más grave del que pretendía hacernos ver. En cualquier caso, no era cuestión de echarle aquello en cara.

– Entonces… ¿seguimos?

– ¿Lo dudas? – sonreí, echando a andar, de espaldas, hacia la puerta.
Última edición por rido el Mar Ene 20, 2009 4:11 pm, editado 1 vez en total.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

Me embarga una emocion inmensa...inmensisima. Por fin entro y puedo leer un capitulo excelente, llevaba bastante tiempo esperando...Y sí, estaba algo desesperado puesto que ya pensaba que tendria que readecuar todo mi trabajo para empezar a escribir nuevas cosas...Y la verdad la soledad me asusta demasiado...
Rido: Muy, pero muy buen capitulo, con una lucha excepcional y con un misterio que se resuelve poco a poco...Ya que has continuado, puedo poner lo mio yo...Y que esto siga avanzando.
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

Joder, Silver, con lo de la emoción inmensa casi pareces nuestro rey xD Aunque por lo menos no dijiste lo del orgullo y la satisfacción. (Sí, ya sé que es un chiste que supongo que sólo se entenderá desde este lado del charco, pero me se ha venido a la cabeza - y sí, Alira, ya sé que es "se me ha venido a la cabeza" y no "me se ha venido", está así a propósito). Ya sé que mis últimos capítulos eran bastante choff, pero tampoco es para ponerse así... Aunque sube la moral, no voy a decir que no xD Y bueno, lo demás ya lo sabes por el MP que te he mandado y que he estado a puntito de reeditar... Pero bueno, ahora os mando un MP a todos los de nuestra querida trama para recapitular lo que nos toca ahora ^^

De todas formas, sin llegar al toque dramático de Silver, sí que comparto un poco de preocupación. A ver si aumentamos un poco la actividad del hilo y no lo dejamos morir (sí, Alira, no hace falta que repitas por quinta vez que estás esperando a que Ramsus publique... ¡Ramsus publica!). Aunque no tengáis tiempo o trama para escribir, como son Renta o Eratia (aunque Renta se ha sacado un gran capítulo de la manga cuando parecía argumentalmente impedido para ello), podéis pasaros por aquí, comentar, darle vida... ¿Dónde están los SBSs? No abandonéis las Historias Piratas... ellas no lo harían :cry:

Y después de este melodrama voy con lo que dije que iba a ir... ¡MP!

(Sí, has acertado, este post lo único que pretende es dar que hablar... xD)
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Vamos arando dijo la mosca...

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

Bien, espero no haberme tardado tanto con esto, y espero también que sea de vuestro agrado, he intentado aquí soltar algunas cosas, que espero reparen en parte, mi mania de dejarlos siempre en ascuas. Ojalá les guste, y espero algun comentario. Por cierto, esto viene a llenar el espacio que deje con mi anterior capitulo, así que Rido, ya sabes, tu debes terminar lo concerniente a la cueva...A menos que pienses que igual puedo aportarte algo. Bueno, cualquier cosa por aquí o por mp. Ahora, espero disfruten mi nueva entrega.

Spoiler: Mostrar
Cap.42: “Revelación”

--¡Silver!—

Fue lo último que alcanzo a oír, sin embargo no podía responderles, ya no estaba allí. Succionado por una fuerza superior sentía que le jalaban desde los hombros y se arrojaba a una vertiginosa caída hacia un vacio insoldable, oía voces, miles de voces, y al intentar ver sólo distinguía el color fugaz de un millar de mundos; no sabía qué era lo que estaba pasando, pero si estaba seguro de que aquello no era la primera vez que le ocurría.

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Llovía copiosamente en aquel lugar, el mar rugía encabritado y representaba su furia en cada una de las olas que se levantaban golpeando los maderos del muelle aquel sobre el que se encontraba de pie. Su chaqueta parecía rasgarse por la fuerza del viento que le golpeaba y debía sostener su sombrero para evitar que se fuese lejos de él. De pronto de entre las sombras una voz se dejo oír.

--¡Maldita tormenta!, Parece que el dios del mar se opone a nuestra travesía—
--Y ese hombre que nos contrato, ¿No debería ya estar aquí?—Le pregunto otra mientras se acercaban hasta donde él estaba
--Debería. Sin embargo creo que con este clima, él mismo debería haberse dado cuenta que navegar es imposible—
Al verlo de pie allí, impertérrito, guardaron silencio. Con su oscura e imponente figura, sumado a las condiciones de aquel momento definitivamente aquel sujeto infundía miedo. Este los miro con poco interés y saludándoles dijo:
--¡Buenas tardes señores! Les estaba esperando—
--Buenas tardes—respondió el que parecía ser el capitán—Pensamos que no vendría, considerando la tormenta que se dejo caer, nadie en su sano juicio se atrevería a zarpar—
--Bueno, eso es natural. Para todo aquel que tiene miedo de morir—Guardo silencio, como disfrutando la incomodidad de sus interlocutores—Sin embargo para mí, no hay nada malo con dar un paseo bajo esta pequeña lluvia—
Los hombres guardaron silencio, aquel tipo estaba loco si pensaba hacerse a la mar bajo estas condiciones. Se miraron incómodos uno a otro, e iban a oponerse a su deseo, sin embargo se detuvieron, algo en su interior les impedía hablar. Entonces aquel hombre volvió a hablar:

--Veo que no se oponen. Así que vamos entonces—

Como gobernados por un extraño hechizo los dos hombres pasaron junto al extraño y abordaron la pequeña embarcación que se movía al vaivén de las olas, el tipo aquel les siguió y subió con ellos. Acomodando su abrigo dejo ver una gran barba roja y un maléfico destello en sus ojos. Silver observaba todo esto, incapaz de hablar, de actuar o de entender nada. De pronto, otra vez la extraña fuerza que lo arrastraba hacia el vacio, la infinidad de colores y la incapacidad de reconocer a donde iba ahora.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

La cubierta de un barco inmenso, similar a los buques de la marina, sobre ella una batalla se está desarrollando, un grupo pequeño de hombres se enfrenta desesperadamente a otros vestidos de blanco. El pequeño grupo parece llevar ventaja, puesto que los que lo integran pelean con ferocidad. Una mujer ostenta un extraño poder, encadenando con cristales a sus oponentes, pero todo esto es extraño, ya que ella viste también un traje blanco. Dos hombres que parecen oficiales aparecen en escena para intentar detener la revuelta, y mientras dos hombres caminan decididos hacia ellos, otro que le resulta bastante familiar corre repartiendo golpes de puños entre los vestidos de blanco. Los hombres se detienen, intercambian algunas palabras y se separan. ¿En qué lugar esta?, ¿Donde se está llevando a cabo esta lucha?, ¿Qué es todo esto que le está sucediendo? Todas estas preguntas se suceden en su cabeza y no consigue responderlas; sin embargo hay algo muy familiar en aquel tipo que corre repartiendo golpes por doquier, mas no está seguro de reconocerle. De pronto, un silencio envuelve todo, y es roto sólo por los gritos de no y basta que cruzan de un lado a otro la agitada cubierta. Al mirar en la dirección que todos ven, observa la extraña escena, un hombre que maneja una extraña hacha martillo, con una mirada de poseso, la levanta y a la velocidad del rayo la deja caer sobre el cuello de su oponente, la cabeza rueda sobre el suelo, hay gritos de conmoción, una explosión de caos vibra en el aire. Silver vuelve a mirar a aquel hombre y le reconoce. Intenta hablarle, pero otra vez es succionado por el vacio, y otra vez vuelve a volar inconsciente. Es extraño, mas parece entender que está sucediendo. Sin embargo no piensa en nada y se deja llevar.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Llueve de nuevo, pero este es otro lugar, columnas de humo se levantan hacia el cielo, y un montón de cuerpos se apilan sobre las calles de este lugar. Aquí también hay enfrentamientos, pero la crueldad e intensidad de esta es distinta. Nuevamente son los marines, pero esta vez sus oponentes son una banda compuesta por cientos de bandas piratas, tantas que no logra reconocerlas a todas. Algunos hombres piden ayuda y otros lloran como los niños que son, al observar como se les escapa la vida. Silver camina entre ellos, incapaz de hacer ni decir nada, sólo puede observar. De pronto un hombre extraño pasa corriendo junto a él, no sabe porque pero aquel hombre parece notar su presencia, sin embargo le ignora y continua su desesperada carrera. Camina entre el desastre y no logra entender que es lo que está haciendo allí. Escucha un fuerte estruendo, se voltea y sólo puede ver más humo y caos. Una voz resuena entre las sombras, una voz que le es familiar.

--¡Al suelo!—

No podía equivocarse, aquella era la voz del vicealmirante, aquel que le había capturado y del cual se había escapado para proseguir su búsqueda. ¿Qué pasaba allí? Unas balas de cañón pasaron volando junto a él, pero no tuvo que preocuparse mucho, ya que de nuevo aquella extraña fuerza lo sacaba de allí a una velocidad irritante. ¿A qué lugar le llevaría ahora?

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Al borde de un acantilado, a cierta distancia de este y flotando, allí era donde estaba ahora. Aquel lugar parecía tranquilo, pero se equivocaba, vio una especie de dragón que intentaba atacar lo que parecía ser un hombre; entre las sombras; y tras él, una mujer suspendida en el aire, en medio de lo que parecía ser un ciclón. Sabía exactamente quien era ella, pero no pudo hablar. La mujer se abalanzo volando contra la bestia, y de un golpe la levanto y la llevo junto a ella hacia el fondo del acantilado, donde el rugiente mar se complacía al engullirles a ambos con sus negras aguas. Silver ahogo un grito de espanto, ¿Podía ser cierto lo que acababa de ver? No alcanzo a observar más nada, puesto que volvió a ser abducido por la ingente fuerza.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Otra vez la velocidad, el silencio y la incapacidad de saber donde estaba, hasta que se encontró de pie en la solitaria calle de una extraña ciudad. Acostumbrándose a este extraño viaje espiritual, ya no se sorprendió al ver a un tipo desnudo que se regocijaba en golpear a un grupo de los que parecían ser piratas y a los cuales, una vez hubo derrotado, se encargo de despojar de sus pertenencias; definitivamente esto era de lo más extraño que le había tocado ver. Aquel tipo al igual que los que había visto antes, parecía tener un brillo especial en sus ojos, y una especia de aura dorada le rodeaba. Definitivamente sólo hasta ahora había reparado en aquel extraño fenómeno. No alcanzo a permanecer mucho tiempo allí, ya que otra vez fue arrancado de aquel lugar, para caer en lo que parecía ser la calle de una nueva ciudad, frente a él vio caminar a un hombre extraño, que portaba sobre su espalda y amarrado con gruesas correas de cuero un inmenso libro. En sus manos llevaba una especie de bastón. Aquel hombre también pareció sentir su presencia, sin embargo no se detuvo a contemplarle, y siguió su camino. Cuando iba a preguntarse que sucedía, volvió a desaparecer ante él lo que veía, se sintió nuevamente arrastrado hacia la nada, y esta vez todo se detuvo frente a una resplandeciente luz, de la que emanaba también una calidez y una paz, que jamás antes había sentido.

--Saludos “Testigo”—Oyó a una voz profunda y grave decirle.

No contesto, intrigado, guardo silencio, aguardando.

--No temas “Testigo”—Volvió a hablar la voz—Aquí estas a salvo—

Comprendiendo que la voz provenía desde la luz, Silver por fin hablo:

--¿Quién eres tú? ¿Y por qué me llamas testigo?—

Antes de contestar, la luz aumento de tamaño, envolviendo todo el espacio que se veía, envolviendo todo en un blanco resplandeciente. La claridad encegueció a Silver, y entrecerró los ojos, y volvió a oír:

--Quien o que soy poco importa. Lo realmente importante es el porqué estás tú aquí, Testigo—
--¿Pero por qué insistes en llamarme testigo?—

--Porque ese es el nombre que se ha elegido para ti. Desde el momento en que ofreciste tu vida a cambio de las de tus amigos. Tú que has debido sufrir el dolor de otros, ver la historia de otros y ser el sacrificio ofrecido por otros a cambio de paz—

No entendía a que se refería aquella voz, ¿Que era todo lo que estaba oyendo? Iba a preguntar, pero la voz le interrumpió:

--Tú que has pasado la prueba, de sobrevivir sin la esencia de los seres, a cambio del saber y el conocimiento suficiente para enfrentarte a aquel que devorara al mundo. Tu llamada ha sido escuchada, tu lamento ha sido oído, tu búsqueda ha sido anticipada—

El silencio lo envolvió todo, Silver no conseguía ver nada, sin embargo ya estaba entendiendo. ¿Pero cuando se había transformado él en todo eso? Como si le leyese la mente, la voz continúo:

--Cuando descubriste en los límites del mundo, la morada del que acecha en las profundidades, intento él apropiarse de tu voluntad y tu destino, así como el de los que te acompañaban. Sin embargo tú le propusiste un trato: A cambio de la libertad de los tuyos, tu alma. El acepto, sin saber que con esto activaba el antiguo pacto, de que con el sacrificio de uno, el mundo se prepararía para rechazarle, a él, que llevaba tanto tiempo dormido, hasta que aquel al que persigues volvió a despertarle, a cambio de poder—

--¿Pero y donde esta él ahora?—Pregunto Silver
--¿Acaso no lo has visto? Era él, quien se ocultaba en las sombras—
--¿Y que busca?—
--Así como tú buscas la manera de recuperar tu alma derrotando a quien te la arrebato. Su invocador busca un sucesor digno de su lucha, a aquel que sea capaz de contener la esencia de su amo—

--Pero entonces…--

--El sabe muy bien qué es lo que está pasando, y que sin darte cuenta, tu búsqueda ha iniciado la reunión de los que deberán hacerle frente. Es por eso que te llamamos testigo, porque por ti se ha lanzado la llamada, por ti se ha iniciado la búsqueda y por ti se llevara a cabo la batalla. Tú que has visto el antes y el después, has visto ahora a algunos de los que deberán venir—

Guardo silencio, ahora si estaba entendiendo. Todas esas escenas, todo aquel conocimiento, todo provenía de su misión. Por eso los grabados en la isla de los kanagas, por eso aquella pleitesía. Comprendía también que había pasado en aquella isla.

--Aquella vez te reconocimos como quien eres, por eso te dimos parte de la esencia, en reemplazo de la que te han arrebatado. Sin embargo, esa vez aceptaste continuar lo señalado, y ser parte de lo que vendrá—

No tenía que hablar, no era necesario. Aquella voz conocía todo lo que pasaba por su mente, era extraño, pero reconfortante el saber, que no era el mal quien lo estaba invocando, si no que era una fuerza opuesta y superior.

--Vuelve pues con tus amigos y recuerda, no debes fallar hasta alcanzar de nuevo la morada del destructor. Nosotros sólo podemos brindarte el saber, todo lo demás depende de vuestro esfuerzo—Guardo silencio la voz y como si se alejase fue diciendo—“Como fue antes, deberá ser ahora, y en el mañana que es incierto tus ojos, deberán encontrar el camino, para devolver el mal a su sueño…”—

Desapareció el resplandor ante los ojos de Silver, volvió la oscuridad, y la velocidad que lo arrastraba hacia lo alto, incapaz de entender, oír o saber que estaba sucediendo de nuevo. Hasta que de pronto volvió en sí.

--¿Qué…Qué ha pasado?—
--¡Silver!—Exclamo Estella, junto a él
--No deberías ponerte a dormir en los momentos claves Silver—Le recrimino su segundo, aunque en su voz se apreciaba un tono de preocupación

--Damnes—Dijo Rido—Cientos de ellos…--
--Pero los habéis vencido—Dijo Silver sonriendo, comprendiendo aún más a que se referían las voces—Enhorabuena—Agrego
--Tuvimos que venir a echarle una mano, pero…--Rio Mijok, dándole un manotazo en la espalda a Rido como muestra de apoyo—El chaval lo vale—
--Y ¿Usted maese Hilmar?—Pregunto Silver
--¡Yo descubrí el secreto!—Exclamo henchido de orgullo el pequeño ghost

--¿En serio?—Respondió Silver, con la expresión de un niño que acaba de oír una historia fantástica--¡Increíble!—
Definitivamente, ahora todo encajaba, a eso se referían los kanagas con lo de portador de una misión, era él el testigo, el encargado de enlazar los caminos, de proseguir la búsqueda, de encontrar la respuesta a la eterna pregunta.
--Pero ¿Como llegaron hasta aquí?--Pregunto Silver
--Ahh, eso...--Dijo Mijok--Fue gracias al testarudo de Rentarou, el nos trajo hasta aquí--

Rentarou, quien por ordenes de Estella había permanecido alejado de la batalla, hacia acto de presencia al fin. No daba muestras de cansancio o dolor, o al menos eso era lo que parecia. Silver lo miro, orgulloso, consciente del esfuerzo de su compañero. No le dijo nada, al final, se habia salido con la suya. Al fin Silver exclamo:

--¿Entonces…Seguimos?—
--Lo dudas—Dijo Rido, mientras caminaba de espaldas a la puerta.

Continuara...
Eso seria...Y al parecer se acaba Red Village...A partir de ahora, todo será más vertiginoso...Me pregunto cuando demonios vendra el resto. Bueno, nos leemos.
Última edición por Long_Jhon_Silver el Mié Ene 21, 2009 4:33 am, editado 3 veces en total.
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Re: Vamos arando dijo la mosca...

Mensaje por rido »

Entonces Humor Emorillo al final se ha salido con la suya y ha venido hasta la cueva. Bueno, entre eso y su intención inicial, que era ir pero quedarse fuera como que no hay mucha diferencia. Casi es mejor que viniera con nosotros, por lo que pudiera ocurrir, que que se quedara sólo y desamparado a la boca de la cueva y a la merced de cualquier grupo de bandoleros que quisieran darle una paliza. La cuestión es que no nos encontremos con más monstruitos... que eso depende de mi malignidad. No, en serio, el capi ya está medio terminado. Esta mañana en clase (en las dos horas de Gracia que tengo ahora) le pegaré el empujón final y casi con toda seguridad esta noche estará en vuestras pantallas. Y si no es esta noche es porque estaré puliendo detalles para que el capi quede más o menos perfecto.

Pero vamos con la miga del capítulo: el viaje astral de Silver. Barbarossa, nuestra pelea a bordo del Starsy, la batalla campal de Shabaody, la muerte de Alira, Mav... digo El-stripper-de-la-banda-de-los-que-no-se-separan-mucho-de-la-orilla-porque-no-saben-nadar... Ya no lo que significa que Silver vea esas cosas, sino el hecho de que las cuentes como "haciendo memoria de la situación" para reubicar a los personajes que están porahí y las tramas que están teniendo lugar (más o menos actualmente) ya es un puntazo.

El aura dorada, la voz y la misión de Silver... Eso sí que es una carga de profundidad. Te ha quedado todo muy apocalíptico, quizás un poco manido, pero muy bien llevado. Y sobre todo nos has colocado a todos en una trama y en un futuro común de la forma más explícita que se ha hecho en todas las historias piratas. Echo de menos quizás al científico, al sangriento guerrero cegato y a la tuerta, pero seguro que terminan dentro también por unas o por otras.

Enhorabuena, viejo.

PD: Tenía unos SBS pensados pero si me pongo a ponerlos termino sin desayunar. Y seguro que comprendéis que mucha gracia no me hace xD Cuando ponga el capi ^^
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por osin »

@ los que están sacando este tema a flota ante nuestra ausencia:
Doy gracias porque a falta de nosotros estáis salvando este tema. Me hubiera fastidiado mucho que cayese al olvido y me alegra ver que se sigue colgando historias de vuestro arco. De nuevo pido perdón por no colgar mi parte, pero quiero hacerlo bien en ese sentido y no causar una distorsión espacio-temporal con mis compañeros de aventuras en el archipiélago. Deseo colgar mi capítulo y que esto vuelva a la normalidad de antaño pero por ahora no puedo, así que simplemente pido paciencia y perdón por mi parte.

Mientras tanto lo que si puedo es comentar vuestros capítulos:

@Rido: cuando leo combates tuyos tengo una pequeña sensación de lentitud (que no es sinónimo de malo). Creo que esa sensación pega con tu personaje pues aunque no lo parezca en combate debe ser todo un novato en ese sentido. Además te diferencia de Sandman o Ghorrhyon que me transmiten normalmente velocidad en ese sentido. De todas formas como te he comentado no es una sensación desagradable ni mucho menos, simplemente explica que cada uno tiene una forma de narrar sus propios combates e historias.

@Silver: me ha encantado este capítulo aunque se me ha hecho un poco corto ^^U. Has sabido unir cada una de las historias que están ahora misma esparcidas por todo el mundo de One Piece en una misma, dando la sensación de que todos somos importantes y de que todos tenemos algo que contar en la futura y última (espero que aún tarde en llegar) saga de historia piratas. De todas formas dentro de nada te llegará un mp para contarte mis planes en mi historia (creo que es ya la hora) y ver si cuadra con los tuyos.

Y ya para terminar y para que la espera se os haga menos larga dejaré un pequeño trailer de mi próximo capítulo:
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Recuerdos que florecerán en medio de la batalla. Recuerdos escondidos, recuerdos tristes llenos de sentimientos. Mentiras, pena, dudas, venganza, amor. ESPERANZA. Porque todo cambió:
Cap 7:
Aquella fatídica noche
Gracias Natthy ^^
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Registrado: Mar Sep 05, 2006 1:42 am
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por rido »

@osin
  • Realmente, no sólo es que Rido sea un novato en el marco de las peleas (al menos en las peleas serias, fuera de un bar), sino que también se debe a que a mí personalmente me cuesta Dios y ayuda escribir escenas de acción, por eso suelen quedar tan flojuchas normalmente, unas veces con más chicha y otras veces con menos. También, creo, se une que narrando en primera persona es más complicado narrar un combate de forma tan ágil como en tercera persona y que mi estilo es mucho más reflexivo que descriptivo... Si además contamos con que la mayor carga de este último capítulo eran las teorías de Rido acerca de lo que estaba pasando y que la batalla sólo era el marco ambiental... pues es lo que salió. Sé que suena a excusa (y ciertamente lo es), pero bueno xD Es decir, que no recurras a mí para buscar un buen capítulo de acción ^^
Entonces, ¿la cuestión es que por culpa de que el marine hipotecado publica de pascuas a Ramsus (Por Dios, que chiste más malo me acaba de salir) ni la stripper hundebarcos celosa (R.I.P.) ni tú publicais? Pos ya le vale, hombre >.< (Na, que todo el mundo tiene su vida, ya lo sabemos, hay que ser comprensivos :joint: :joint: :joint: )

Y... eso, un par de preguntas SBS a ver si la gente se anima

@Silver
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Sé que te resultará curioso que después de varios capítulos interactuando te pregunte esto pero... ¿Cómo es Silver físicamente?
¿Cómo le afectará la última revelación? ¿Cogerá complejo de elegido?
@Fenix Negro
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¿Para cuándo la boda?
¿Es Senka realmente tan sanguinaria como ha dicho Renta o es peor?
Identifica a los autores de cada una de las cosas que ha puesto Renta al relatar el ataque a Serafia
@Humor Emorillo
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Intuyo la respuesta, pero después de nuestra próxima parada ¿Joya o Caledonia?
¿Surgirá algo entre Mei y Renta?
@Striper hundebarcos celosa (R.I.P.)
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¿Encontrarán alguna vez el cadáver de Alira?
¿Quién la sustituirá en la jerarquía de la Marina?
¿Y a Arkathkyo?
@El-stripper-de-la-banda-de-los-que-no-se-separan-mucho-de-la-orilla-porque-no-saben-nadar
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Ubícame en el mapa, ¿dónde exactamente estás?
¿Te molesta el mote que te he puesto por el simple hecho de hacer un poco de pique entre bandas?
@Sanguinario cegato
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Te hago la misma pregunta que al de arriba. Ubícame en el mapa, ¿dónde exactamente estás?
¿Todavía no lo sabes? El verde está de moda || 7NA
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Long_Jhon_Silver
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Long_Jhon_Silver »

rido escribió:Echo de menos quizás al científico, al sangriento guerrero cegato y a la tuerta, pero seguro que terminan dentro también por unas o por otras.
Bueno del primero no me olvide, he aquí la prueba:
Long_Jhon_Silver escribió:frente a él vio caminar a un hombre extraño, que portaba sobre su espalda y amarrado con gruesas correas de cuero un inmenso libro.
En todo caso, todos y cada uno estan considerados en el baile que se esta montando, y que bueno, que bueno que os ha gustado. De verdad, mi idea inicial fue plasmar aquí, aquello que hablabamos por mp mister Rido, así que ya ves, va siendo hora ya...

Con respecto al resto, yo se muy bien que o cuales problemas pueden tener, si me pongo pesado invocandoles, es simplemente porque extraño ver que pasa por ese lado(aunque algo ya he leído ya) y para que no quede como que estamos monopolizando el tema. Ahhh, sobre el SBS:
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Sé que te resultará curioso que después de varios capítulos interactuando te pregunte esto pero... ¿Cómo es Silver físicamente?
Bueno, veamos: 1.80 de altura, con una contextura media, cabellos color cafe, ojos en el mismo tono, lleva bigote y barba (estilo candado)...No es tan viejo como lo he dejado yo por aquí, vamos, que tiene recien 30 años, que más puedo decir: es bastante ágil y muy bueno combatiendo, utiliza un estilo de combate libre, desde puños a armas de destruccion masiva(jeje, creo que esto no entraba en la descripción fisica), y eso...Para más detalles, continue leyendo historias piratas, gracias...

¿Cómo le afectará la última revelación? ¿Cogerá complejo de elegido?
Si bien Silver sospechaba algo, ¿que más puede afectarle esta revelación? Sólo ahora esta seguro de que realmente fue lo que le sucedio, y puede saciar su curiosidad de porque supo tantas cosas de repente. Dudo mucho que coja un complejo de elegido, puesto que esta acostumbrado a servir siempre al resto, y como bien le dijo aquella luz, él es sólo una parte, un eslabon dentro de la gran cadena necesaria para controlar al mal. Así que ya ves, sabe bien que no es un elegido, si no que por sus actos consiguio una responsabilidad mayor. Además esta el hecho de que aún no recupera lo que le quitaron. digamos que ese es el unico complejo del que sufre por ahora Silver.
Eso...Ya colgare yo mis preguntas...Nos leemos.
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Eratia
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Re: Historias Piratas, Volumen3.

Mensaje por Eratia »

Buen capi, Silver. Desde luego, cuando apareces no decepcionas. Y, de momento, al SBS, que no tengo tiempo para mas:
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¿Para cuándo la boda?

Lo mismo te podría preguntar yo a ti, majete. Sigh. Y de momento, que yo sepa, no va a haber nada serio.

¿Es Senka realmente tan sanguinaria como ha dicho Renta o es peor?

No es ni de lejos tan burra. Si hubiera sido así, de hecho, Eratia no hubiera aceptado seguir bajo su mando. Y lo mismo con los otros dos. No la tomarían con los marines por ser marines, porque saben que muchos de ellos lo son porque quieren ayudar, nada mas. Y menos a personas que no tienen nada que ver, como son los civiles. Asi que o es el mamón del malo maloso de Alira echando mala fama a Senka o es que se ha montado un pifostio de la leche (y no se que opción es peor, la verdad).

Identifica a los autores de cada una de las cosas que ha puesto Renta al relatar el ataque a Serafia

Aunque digo que ninguno de ellos hará algo así, Hakurón es un espadachín de un nivel bastante elevado, mientras que Taanis usa pistolas y dinamita para luchar. Asi que en mi relato, los mastiles cortados y todo eso son cosa del hermano de Mei, mientras que el resto de daños son made in Taa-kun. En el de Renta... que lo responda el.
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