Crónica de un profesional

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Polizonte Nack
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Crónica de un profesional

Mensaje por Polizonte Nack »

A ver, ¿está todo?:
-Una idea para una historia larga (hecho).
-Una trama más o menos concebida (hecho).
-Un colchón de capítulos para que me de tiempo a arrepentirme de lo escrito :roll: (hecho).
-Un testeo previo entre escritores consagrados (gracias Kid y Ghorrhyon ^^) (hecho).
-Las narices a meterme en un berejenal así a un mes de finales (esto no puede ser buena idea pero hecho... ¬¬).

En fin, creo que está todo y que puedo empezar con esto. Sólo un par de cosas antes de empezar: esto no tiene nada que ver con One Piece :lol: pero sigue siendo ficción pura y dura, lo que significa que aunque trato de darle una ambientación fidedigna (wikipedia bueeeena), aquí es factible de pasar cualquier cosa dentro de un margen de realismo.
Así que nada, aquí os dejo con las dos primeras entradas del relato, porque me huelo que si pongo sólo el prólogo nadie lo volvería a leer... :roll:
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ENTRADA 1: Prólogo


Siempre he creído que debería existir constancia escrita de todo cuanto ocurre; de todo hecho, descubrimiento, ocurrencia o detalle irrelevante. Tanto da que todos estos datos no tengan otro fin que el de acumular capas de polvo en alguna mugrienta estantería, pero bajo mi punto de vista, es necesario y reconfortante el saber que ese saber está ahí, que no se ha olvidado, que no pasará desapercibido.
Lo mismo ocurre con la vida de las personas. Toda existencia de ser constatada no sólo como una mera muesca en un papel del censo, ni tampoco porque tenga un mínimo de utilidad para alguien, sino como una muestra de orgullo y amor propio, además de una forma de reafirmarse como individuo.
Es así, a partir de esta idea, que nace esta crónica, la palabra menos inapropiada que he encontrado para definir lo que estoy haciendo, una vez descartadas la frivolidad de “diario” y la absurda rimbombancia de “autobiografía”, pues mis pretensiones quedan lejos de mostrarme como el ser idealizado que no soy, sino mostrarme a mi mismo y a quien algún día lea esto mi verdadera naturaleza.

Dicho esto, quizá lo mejor sea presentarme; me llamo Aqua, aunque obviamente este no es mi nombre sino mi nombre de trabajo, por el cual he optado dada la naturaleza de algunas cosas que aquí escribiré, y soy producto de una profesora de guardería española y un broker inglés que dejo su vida y su tierra por amor, o al menos eso es lo que sigue creyendo según tengo entendido, no es que tengamos una relación lo que se dice estrecha.
No me malinterpretes, no tengo nada que reprocharles, recibí una buena educación aderezada con abundantes muestras de cariño y una relativa holgura económica, pero ello no quita para que pusiese tierra de por medio entre mi pasado y yo y buscase un trabajo que, ante todo, me permitiese viajar, cambiar y conocer. Por supuesto, no digo que no me guste la gente que compuso mi pasado o me arrepienta de mis años de juventud o algo parecido, es sólo que prefiero vivir a mi aire, sin tener que preocuparme por estrechar o mantener lazos sociales, y por medir todas mis palabras pensando en que cualquier paso en falso tendrá repercusiones inesperadas. Además, me resultan bastante caústicas tanto las muestras continuas y descontroladas de afecto como el vivir enclaustrado en un sitio, en un círculo de amistades y supeditado a unas pautas conductales que se te presuponen por ser quien eres.
Lo de ser asesino a sueldo o, como algunos colegas algo más cínicos se autoproclaman, especialista en el homicidio por encargo, vino sólo; se podría decir que por sorpresa, pero el entrar a formar parte de este sector laboral no es algo que suceda de la noche a la mañana.

Es un hecho el que podría haber conseguido una vida buena y tranquila a poco que me lo hubiese propuesto, siempre y cuando entendamos por eso el pack tradicional de trabajo, casa, coche, mujer e hijos/perro, por orden descendente de importancia.
Al fin y al cabo, no llevaba mal camino; estaba por terminar una carrera de futuro (aunque decir esto pueda resultar tan tópico como “político comprometido”) y tenía, cuando me ponía por la labor, una cierta dosis de encanto y carisma.
El problema de vivir tu vida es que estás tan inmerso en ella que pierdes la perspectiva; de lo que eres, de lo que se supone que debes ser, de lo que crees que quieres ser y de lo que en realidad quieres ser, y llega un momento en que estos conceptos se fusionan, se superponen o desaparecen.
Algunas veces añoro esos días en que creía que todo estaba bien, que iba bien encaminado, sin complicaciones ni quebraderos de cabeza, y reconozco que era feliz entonces, pero después recuerdo el porqué de esa felicidad, y me reprocho el desear una felicidad basada en la ignorancia y la hipocresía.
No pretendo profundizar mucho en mi trabajo ni en lo que me llevo a ejercerlo, pero soy consciente de que esto requiere de algunos detalles.
Verás, uno siempre procura estar al tanto de lo que sucede; mira las noticias, contrasta opiniones y hechos, no se limita a leer una determinada publicación… Pero en realidad su objetivo no es informarse, sino más bien autoconcienciarse de que le importa lo que sucede en el mundo y su sociedad, que forma parte de esa macroentidad, que tiene un lugar al que pertenece.
Cualquier persona normal diría que esto es bueno, pero me permitiré el lujo de pasar por abogado del diablo con lo siguiente; ¿de veras es tan malo asumir la verdad, que no nos importa otra cosa que nosotros mismos y cuanto nos atañe, y que cuanto menos nos afecte, mejor?

Una vez que aprendes a sentirte libre, que aprendes a sentirte ajeno a lo que te rodea, que cortas lazos con lo que te ha atado hasta ahora, las cosas se facilitan, y empiezas a ver nuevos caminos allá donde sólo encontrabas los tabiques de tu cerrada mente.
En mi caso, tampoco necesitaba tanto para ser feliz, me conformaba con abundante tiempo de ocio, importante dosis de intimidad, y la posibilidad de sentirme libre, de no pertenecer a un lugar. Y si para eso hay que hacer recados a tiempo parcial, pues no seré yo quien me oponga.
Si lo piensas, aunque aún no se como expresarlo de una forma que no parezca demagogia barata, lo de ser asesino a sueldo no es tan reprochable como pueda parecer, al fin y al cabo, como decía Tom Cruise en Collateral, la gente con la que “trabajo” ya está muerta antes de que yo actúe, y si no es por mi mano será por la de otro, así que el no aprovechar esta circunstancia es cuanto menos, desde un punto de vista alejado de la moral, la humanidad, la ética y la conciencia, algo poco práctico, o inteligente, según prefieras.
No trato de plantearme si esta gente es “buena” o “mala”, aunque asumo que en mis encargos habrá tanto personas que cumplen una función útil para el mundo al que pertenecen como otras por las que nadie llorará, e incluso, aunque me permito dudarlo, habrá alguna que otra persona interesante, alguien con quien habría disfrutado de una buena conversación, incluso alguien que podría haberme hecho replantearme mi vida. Pero pensar en esto no tiene ninguna utilidad.

Desde un punto de vista objetivo, se puede decir que tengo una relativa fama en el mundillo; una cierta imaginación a la hora del trabajo, una garantía en el cumplimiento de la misión, fama avalada por mis nulos fracasos y, ante todo, la lealtad y discreción hacia el cliente habitual es algo no demasiado habitual en el mundillo.
Aunque se me malinterprete, no es en absoluto aprecio hacia mis clientes, sino el mostrar a posibles reclutadores una imagen que difiera de la mayoría de trabajadores del sector. La mejor publicidad es la discreción (y, claro está, la garantía de que no te encontrarás criando malvas al poco de haber encargado un trabajo).

En muchos otros aspectos, mi vida no difiere demasiado de lo que podría ser la de cualquier persona que algún día descubra estas páginas; hago la compra, trato de mantenerme en forma, mantengo una vida sexual que podríamos considerar activa, me fastidio cuando tengo que aguantar los retrasos de los aviones, llevo las necesidades fisiológicas al día y disfruto con estupideces como ver llover contra la ventana, ver una y otra vez películas de Búster Keaton, o hacer turismo en las ciudades que el trabajo me lleva a conocer.
Obviamente, también hay otras cosas con las que no todo el mundo se sentirá identificado, pero nada que no pueda parecerse a otras aficiones peculiares de la gente “normal”; no soy un psicópata, ni hago las cosas que a estos se les puedan presuponer como hobbies. Lo único que pasa es que no ansío una vida sumido en la colectividad y tengo un trabajo algo mal visto.

Es posible que a alguien le interese mi pasado, pero mi pasado ya puede ser considerado como ajeno, alterado por el recuerdo y el tiempo y demasiado largo como para ser contado aquí. Lo principal está dicho, y aquí comienzo:

Mañana es domingo y me voy a Praga, tengo trabajo.
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ENTRADA 2: El turismo es divertido


Me encanta Praga, siempre ha sido una de mis ciudades favoritas, desde aquella primera vez hace cinco años, cuando mi nombre comenzaba a emerger a la primera división del sector y tuve que venir aquí, tan lejos de mi cada vez más grande pero aún pequeño mundo. No recuerdo el nombre del trabajo, pero sí todo lo demás.
Y aquí estoy de nuevo, con la sensación de volver a los brazos de una amante ocasional que te marcó más de lo que te gustaría reconocer.

El nombre es Milan Seifert, y no es más que un pobre diablo al que le ha tocado el dudoso honor de ejercer de cabeza de turco.
Al parecer, en la República Checa se baten el cobre tres familias de la mafia, ya sea en el barrio rojo de Praga o en la última barriada de Ostrava, los Smetana, los Hudedni y los Zatecka siempre tratarán de sacar algún beneficio. Aunque no es un país tomado por la mafia, no es improbable toparte con ellos si vas despistado, pero por lo general no dan demasiados problemas; tienen buenas relaciones, respetan relativamente al turismo y las autoridades y tienen unas fuerzas en equilibrio que les disuaden de tratar de montar en la yegua ajena.
El problema, porque siempre hay un problema, es que los Smetana se han ido de madre esta vez, y mediante un infiltrado en los Zatecka han acabado con el jefe de los Hudedni, por lo que su comprensiblemente ofuscado hijo ha decidido emprender una guerra abierta contra los Zatecka. Esto beneficiará a los Smetana, que podrá acabar fácilmente con el que se erija vencedor.
Visto así queda muy bien, pero no contaban con que el capo de los Zatecka es un jodido zorro que se maneja en la sombra, teniendo a la vista como cabeza de turco al tal Seifert, al que han ofrecido como sacrificio para aplacar a los Hudedni.
Y aquí es donde entro yo, porque el tal Seifert se ha ido con el rabo entre las piernas bajo las faldas de los Smetana, los únicos a los que beneficia que siga vivito. Y yo tengo que encontrarlo.

Por lo general, no me gusta los encargos que exigen cierta dosis de contacto directo, pero por el mero hecho de tener una excusa para regresar a Praga, bien vale tener que cargar con la cabeza del tal Seifert hasta mis contratadotes.

Misterio y encanto, quizá esas son las palabras imprescindibles para definirla; por un lado percibes el peso de los años y la historia que han pasado por esas piedras, piedras que aparecen como formas oscuras en perfecta contraposición con la nieve que, a día de hoy, no deja de caer, esas piedras que parecen no querer revelar los secretos que se esconden tras sus sombras y que te empujan a sentir una sensación de temor visceral al pasar por algunas esquinas. Por otro lado, te sientes empujado a seguir caminando, porque crees estar formando parte de un cuento salido de lo más profundo de tu memoria, porque con sólo sentarte en el puente de Carlos IV y abstraerte de la gente que te rodea crees que ya ha merecido la pena el viaje.
A veces, sólo a veces, cuando me encuentro a miles de kilómetros del lugar en que supuestamente debería de estar, sin más compañía que la del anonimato y el sentimiento de libertad, siento algo que no es el acostumbrado gozo de la vida en estado puro, de la independencia, del no tener a nadie quien te espere, a quien defraudar o por quien ser defraudado. No, a veces me siento simplemente sólo, desplazado sin ningún motivo claro a un sitio del que no formo parte, ansioso por conocer a alguien para compartir el tiempo.
Era eso lo que sentía al esperar en un restaurante ante la portezuela del reloj astronómico, viéndome rodeado por una enorme cantidad de personas que compartía variados lazos entre sí, ya fueran estudiantes, amigos, grupos de turistas o compatriotas. Sin embargo, me sentía muy lejos de ellos, fuera de lugar.
Por suerte, estas cosas no me pasan a menudo, y era hora de trabajar un poco.

Las indicaciones que acompañaban el trabajo no eran gran cosa, pero sí una garantía para poder realizar mi trabajo con relativa facilidad. Mi cliente, preocupado porque todo se fuera al garete, lo tenía todo bien atado, ya que su chivo expiatorio había sido fichado y le era imposible salir de la ciudad puesto que a la policía no le interesa que alguien como un supuesto capo mafioso tuviese libertad de movimientos. Aparte de esto, el objetivo estaba cercado y localizado por los Zatecka, que sin embargo no estaban dispuestos a emprender un ataque directo a gran escala contra la casa búnker en que se escondía Seifert, incapaces de prever las consecuencias que esto les traería.
Por eso estaba allí, para encontrar una manera de ganarme el sueldo consiguiendo la cabeza de Seifert.

Siempre que se presenta una situación así, puedes tomar dos caminos; o bien entrar a base de pirotecnia y carnicería, confiando de tu habilidad con armas y explosivos, y confiando también en que una bala perdida no te vuele la cabeza, o bien, opción por lo general más aconsejable, entrar con un plan algo más elaborado, que a ser posible te permita entrar y salir con el deber cumplido y la cabeza sobre los hombros. Yo prefiero combinar técnicas.
El primer requisito para lo que tenía pensado era encontrar una falla, y por eso llevo estos tres días, desde que llegué el domingo hasta hoy martes, vigilando sistemáticamente el caserón a las afueras donde esconden a Seifert.
De un primer vistazo al lugar, se podría afirmar que el asunto está jodido; vigilancia monitorizada en el contorno a razón de tres cámaras por punto del perímetro, sin puntos ciegos, cantidades industriales de guardias armados… y eso sólo es lo que se ve a primera vista desde mi punto de observación exterior, luego hay que tener en cuenta el tamaño más que considerable de la casa, la más que probable habitación del pánico donde tengan a Seifert y otras variables.
Por fortuna, había encontrado la falla.
Si mi instinto no me fallaba, debía haber a razón de entre 25 y 30 personas metidas continuamente en aquel sitio, y por muy grande que fuera el sitio en cuestión, no podía soportar tal cantidad de personas durmiendo y comiendo, sin contar con los relevos que necesitan para la vigilancia 24 horas. Así que había un tránsito continuado, pues no había una hora de cambio de turno general, de personas ansiosas de gastar sus 10 horas libres como mejor les parecieran.
En uno de estos cambios fue cuando vi a Lars; 40 años y fichado por la policía, lo que me permitió descubrir algunas cosas más (no concedáis demasiada importancia al hecho de piratear el sistema de la policía…) como 20 años de servicio con los Smetana en los que sin embargo no había medrado mucho en la organización. Esposa, hijos, evidente desencanto ante su vida y perspectivas de futuro… Claramente, Lars era la falla.

Y mañana miércoles a las ocho de la tarde sería el día en que la falla y yo nos conoceríamos en persona, así que podía tomarme el resto del día libre.

Lars, pobre infeliz.
A las ocho treinta, y después de seguirlo hasta la puerta de su casa familiar, sintió un “sutil” golpe en la nuca y lo siguiente que vio fue que estaba atado en una habitación que desconocía, con un chaleco antibalas que le resultaba poco familiar, y un hombre que le apuntaba con una Desert Eagle (lo se, no responde a su fama, pero me encantan las pistolas con renombre. Además, el que puedan casi cercenar un miembro de un disparo es una ventaja a tener en cuenta en escaramuzas dentro de espacios cerrados).
Lars no resultó un tipo espabilado, pero era lo bastante listo para saber que debía estarse calladito y no hacer nada que molestase a ese señor que tenía delante. Ante tan receptivo oyente da gusto hablar, así que no tardé más de media hora en explicarle que tenía un chaleco bien rellenito de cordita con temporizador que explotaría tanto si se manipulaba como si el agradable caballero que tenía enfrente no lo paraba antes de las nueve de la noche del jueves, lo que no beneficiaría ni a sus esperanzas de llegar a cobrar la pensión ni a sus esperanzas de que su familia siguiera con vida (esto fue fácil, después de todo eran una mujer y un niño de diez años, así que ni se enteraron de quién, dónde o qué les hacían).
Así, contando con lo suelta que deja la lengua el llevar encima casi tres kilos de explosivo, me entere de algunas cosas como la disposición de la casa, de los puestos de guardia y la posición de Milan Seifert, que estaba en una habitación del sótano protegido por un número variable de personas. Por suerte no era una habitación del pánico, es un auténtico coñazo abrir un trasto de esos.
Para Lars, el plan era entrar a las seis del jueves a su jornada de trabajo, dejar fuera de combate a los encargados de la habitación de videovigilancia antes de las cinco de la tarde, momento en que yo entraría en la casa sigilosamente noqueando a los guardias que hicieran guardia en la puerta. Una vez dentro, yo me las apañaría por mi mismo y él sólo tenía que preocuparse por salir para encontrarnos antes de las nueve en un lugar acordado previamente.
Obviamente, este no era el plan, porque es una completa estupidez. Pero según mi buen juicio, Lars era lo bastante estúpido como para creerse esto y le importaban lo bastante poco sus jefes como para llevarlo a cabo sin rechistar.

A las cuatro cincuenta la explosión que hizo retumbar el suelo fue la señal de que era hora de entrar en acción. Lars había cumplido con el cometido que realmente le había reservado, y con suerte, además de la sala de videovigilancia, esa explosión se habría llevado por delante unos cuantos de los efectivos del caserón, además de sumir al resto en un oportuno caos ante el inesperado ataque interno.
Ahora era cuando entraba en juego yo y mi SVD con silenciador que me permitía una razonable fiabilidad a la distancia en que me encontraba y con el que tenía que dejar fuera de juego a la guardia periférica desde mi punto de observación.
No entraré en detalles de lo que ocurrió después, dejémoslo en que gracias a un buen arsenal, el factor sorpresa, la confusión que provoca el gas lacrimógeno y una pequeña dosis de habilidad, conseguí salir un cuarto de hora después con el trofeo que me había llevado hasta allí, mientras la decena de hombres que quedaban aún seguían preguntándose qué había pasado.

Ya sólo quedaba la entrega y el pago, así que diciéndome que sería la última vez que accedería a la entrega de restos humanos, entregué la porción de Seifert requerida en el lugar indicado sin bajarme de la moto y tratando de olvidar la incomodidad que supone cargar con un saco de restos humanos rebotando mientras viajas en moto.
En cuanto al pago no me preocupaba, al fin y al cabo la mafia son hombres de palabra, y el extracto del banco así me lo confirmaría.

Así que era jueves noche, había cumplido con mi trabajo, había acabado discretamente con la familia del pobre Lars y mi avión no salía hasta el sábado, por lo que podía relajarme.

Según mi experiencia, en cualquier lugar del mundo encontrarás sitios alejados de las tendencias y las modas en los cuales podrás disfrutar de una noche agradable con un buen ambiente y conociendo gente interesante. La cuestión es que dependiendo de en qué lugar del mundo te encuentres y con quien vayas, estos lugares existirán en mayor o menor número.
Uno de los motivos por los que amaba Praga era porque la posibilidad de no encontrar uno de estos sitios era de uno contra diez, y hoy no era uno de esos días, porque la suerte me había llevado a conocer a Gezt, un vendedor alemán de juegos de construcción para niños al que una de sus rutas llevaba hasta la República Checa.
Es interesante escuchar lo que puede llegar a salir por la boca de cualquier persona si hay suficiente Pecherovka y alucinógenos de por medio, pero por mucha gente que hayas conocido siempre sorprende que alguien como Gezt, que lleva la alegría del Lego al mundo de los niños por el día, puede a llegar a decir a un completo desconocido por la noche, y que lindeces del calibre de “no odio a los niños, sólo opino que debería inventarse alguna forma de mantener al feto en estado sostenido hasta que alcance la edad mental de veinte años” puedan ser dichas por la misma boca que vende juguetes para niños de entre siete y quince años.

Es en momentos de surrealismo, aventura y vulnerabilidad como los que pasé esa noche, en compañía de un tipo que llegó a plantearme el suicidio como una opción lógica ante la vacuidad de la vida en no menos de tres ocasiones, cuando de verdad aprecio mi vida, el momento de lucidez que me llevó a ella y las experiencias que voy acumulando durante estos años.
Es entonces cuando doy gracias a la vida.

La noche empalmó con el día, y a las seis de la mañana del viernes, Gezt y yo nos separamos, con la certeza de saber que no nos volveríamos a ver pero que recordaríamos esa noche (bueno, al menos yo la recordaría, porque dudo que el recordase el nombre de su hotel). Él volvió a sus ventas, me gustaría saber cómo, y yo, en vez de retirarme a dormir para el vuelo de la noche, decidí dar una última vuelta por la ciudad antes de subir al avión en el que estoy escribiendo esto, disfrutando de la aventura, la plenitud, el surrealismo y, de nuevo, la soledad.
PD: Y comentar tanto cosas a mejorar como puntos a favor, que el ego siempre agradece que le presten atención (que bien sienta que te hagan caso con las firmas xD)
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Geralt
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Re: Aqua (se admiten títulos... por favor )

Mensaje por Geralt »

Leido. Lo primero decirte que por lo menos por mi parte aunque hubieras puesto solo el prólogo ya hubiera valido para seguir leyendo. Principalmente porque tiene algo que engancha.
Soy bastante aficionado a las pelis de asesinos profesionales, además aficionado al airsoft, y, por lo tanto; a las réplicas de armas. Y he de decirte que tal y como lo estas planteando me parece que me va a gustar la historia.
Me gusta la manera de contar la historia, sobre todo lo que has hecho de describir y contar un poco del antes y el después. Además de los pensamientos del prota. De momento fallos no veo, pero vamos, en caso de que algo me chocara o creyera que se pudiera mejorar no dudes que te lo haré saber.

Saludos :wave:

PD: Respecto al título... Aqua no esta mal, otro que se me ocurre así a volapié es "Crónica de un trabajo/profesional/cosa" (Algo con crónica para entendernos)
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Polizonte Nack
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Ubicación: Sumido en la deseperanza del que espera lo imposible, que es mas esperanza que el no esperar nada.
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Re: Aqua (se admiten títulos... por favor )

Mensaje por Polizonte Nack »

@Geralt: WOW, un comentario, y además de Geralt :mrgreen: !
Lo primero, título asentado, acabas de suplir a mi título inicial (Las crónicas de Aqua) que no me convencía nada.
Respecto a lo demás, gracias por leer y comentar (ilusiona que alguien te comente de forma espontánea^^). Aunque me da que pronto vas a tener muchos fallos que decir por tu pasión por el Airsoft, porque aunque trato de esforzarme en el tema de la documentación, me da que tendré más de un fallo en este respecto de armamento y explosivos y en el de descripción de sistemas de vigilancia y defensa de edificios...
Pero bueno, ya iremos viendo.

Bueno, de primeras mi intención es hacer de esta historia algo semanal que, aunque se publique en días diferentes al calendario de la historia :roll: , de la sensación de que cada entrada de la crónica corresponda a una semana real y todo eso (ya veré que hago con la entrada 5 que se me está yendo de las manos...), en exámenes ya veremos, pero de momento, aquí viene una nueva entrega:
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ENTRADA 3: Costumbrismo

No se si alguna vez, cuando era niño y soñaba despierto algo más de lo que lo hago actualmente, pensé en cómo sería el día a día de un asesino, pero creo que nunca, por disparatados que hubieran sido mis pensamientos, habría pensado en mi rutina actual.
Probablemente habría pensado en una vida de huída y emoción continua, de escapar a cada hora de matones a sueldo y policía secreta, o bien de lujos obscenamente caros y mujeres desesperadas por entrar en mi cama, todo esto aderezado con una importante ración de, como decirlo, “coolismo”. Habría pensado en batcuevas y mayordomos fieles, callados y expertos en el dominio de armas de fuego y artes marciales…
Hay que ver cuantos mitos rodean esta profesión y cuantas estupideces se piensan cuando eres crío.

Para empezar, vivo sólo, no hay mayordomos ni señoritas de compañía esperando al finalizar un trabajo, ni comida en el frigorífico porque nunca sabes cuanto tiempo pasarás fuera. Tampoco hay increíblemente avanzados robots que protejan la casa ni te pregunten si todo ha ido bien; me gustaría tenerlos, no lo voy a negar, pero no gano lo suficiente como para permitirme ese tipo de excentricidades en cada una de mis casas. Pertenecer a la clase alta del sector privado te ofrece una vida cómoda, pero no tanto como la ficción se ha empeñado en hacernos creer, además de que obviamente no te ofrece una pensión decente para los últimos años de tu vida y debes procurar ahorrar un poquito por si se da el improbable caso de que llegues a viejo.
De esta manera, lo primero que hice al llegar a Barcelona fue hacer la compra. Nada excesivo, sólo comida básica para paliar el hambre, porque a las cuatro de la mañana de un sábado no se puede comprar demasiado.
Lo siguiente que hice fue llegar a mi ático y tirarme en la cama sin importarme el cuando despertase. Ese es otro error implementado en el subconsciente colectivo porque se supone que si haces lo que yo hago no te cansas, ni tampoco tienes el derecho a caer rendido.

Me desperté al mediodía del lunes siguiente, acabé con todo lo que había en el frigorífico y salí a comprar para el tiempo que estuviera en Barcelona.
Hay cosas en las que puedo delegar, como por ejemplo la limpieza de los sitios donde vivo; no soy un maniático en este aspecto, así que tengo contratada la limpieza a chicas de confianza dos días a la semana. Son discretas y no les importa demasiado si no vive nadie en la casa siempre que los pagos lleguen regularmente.
Sin embargo, el asunto de la comida es algo que no cedo a nadie. Soy algo sibarita a este respecto, disfruto comiendo y cocinando, así que no consiento que compren mi comida por mí. No me paro a pensar cuanto tiempo estaré en un sitio; compró lo que me gusta y en las cantidades que se me antojan, y si luego resultan excesivas o resulta que empiezan a pasarse antes de tiempo, no importa, porque cuando me voy de una de mis residencias vacío por completo de comida que no sean conservas. Quizá es algo snob, pero si me apetece hacerlo, es cosa mía.

En cuanto al resto de mi vida entre trabajo y trabajo, podría definirse perfectamente con el adjetivo de rutinaria, y resultaría paradójico que llegue a disfrutar de estos momentos dado que eso era precisamente una de las causas que me llevaron a este modo de vida. Sin embargo, si se mira objetivamente, se comprenderá el porqué de esto, pues si sólo viviera por y para mi trabajo se convertiría precisamente en eso, en rutina, y perdería parte de su atractivo.
De esta manera, disfruto tanto de una partida online al Gears of Wars en el salón de mi casa de campo en los pazos gallegos como recorriendo la Bahía de Sydney pensando en como abordar al infeliz aspirante a cadáver de turno.
Sin embargo, se que no resultaría tan atractivo disfrutar de estas pequeñas cosas como el leerlas a posteriori, así que optaré por hacer caso omiso de estos momentos por norma general y pasar a cosas mayores.

Creo que aún no he hablado de Craso, y me parece imperdonable el no haberlo hecho todavía, pues si en mi vida hay algo que se pueda acercar a la acepción “amigo”, Craso cumple con ese rol. No deja de resultar curioso que no conozca a Craso personalmente, pero si se piensa detenidamente, si nos conociésemos en carne y hueso quizá no nos soportaríamos. Internet tiene muchas cosas buenas, y entre ellas se encuentra que asumamos con más facilidad la vida privada de alguien y nos centremos en lo que nos transmite a través del teclado, no interponiendo las barreras éticas y morales que se interpondrían entre un asesino a sueldo y un ex-sacerdote protestante reconvertido a monje taoísta en el que aún perduran los dogmas de una vida de cristianismo.
Ya no recuerdo cómo nos conocimos ni tampoco cómo nos empezamos a apreciar mutuamente, pero el caso es que llegó un punto en el cual inconscientemente llegué a confiar en él de tal manera que, de la forma más natural del mundo, le comenté cosas de mi vida que hasta aquel momento no había puesto por palabras.
No tuvo interés en psicoanalizarme ni preguntarme si me encontraba feliz metido en mi vida, sólo me dijo lo siguiente: “Es seguro que nadie sabe si lo que haces en tu vida será para bien o para mal, y que en realidad tú no haces otra cosa que seguir los designios del mundo, pero mi corazón no deja de decirme que lo que haces es malo, por muy amigos que seamos”. Eso era lo bueno de Craso, su transparencia y su capacidad para describir lo que a alguien le costaría una vida, y el que, aunque tuviese una idea acerca de mi y de lo que hacía, no permitía que estos conceptos se fusionasen, ni tampoco tenía excesivo interés en cambiarme.

En realidad, no conocía muchos aspectos de su vida como dónde vivía o porqué me resultaba incapaz ganarle en cualquier FPS, ni tampoco tenía un excesivo interés en conocerlos, pues me bastaba con saber que era alguien que estaba ahí y al que podía acudir en las escasísimas veces en que dudaba de mi vida y sistema de creencias, o cuando me apetecía desengrasar las neuronas con alguien que me diera no sólo una buena conversación, sino una visión propia del mundo y sus convencionalismos. Podría pasarme una vida hablando de Craso y no llegaría a abarcarlo sin necesitar otro libro en blanco, así que me contendré con lo que ya he comentado por el momento.

En otro orden de cosas, llevaba ya seis días en Barcelona, y comenzaba a sentir el hormigueo del tedio en las articulaciones. Ya había hecho muchas veces lo que me ofrecía esa ciudad y no me apetecía repetirlo, además de que el bullicio continuo y atolondrado de la gente en las ciudades masificadas era algo que no podía soportar por mucho tiempo sin sentir nauseas. Ni siquiera los sitios de costumbre me resultaban agradables debido a la abundancia de gente, y la playa y el mar resultaban insoportablemente calurosos para la época, ya fuera de noche o de día. Además, tampoco me encontraba con ganas de estudiar portugués (por si no lo ha comentado, es un requisito indispensable para mi trabajo el dominio de los idiomas) ni de leer o practicar cualquiera de mis aficiones.
No, lo que en realidad tenía era mono de trabajo y de actividad, y gracias a Dios, recibí lo que deseaba.
El trabajo en sí no era gran cosa, tan sólo era contribuir al auge de un empresa automovilística (llamémosle Morcedes) acabando con la vida de un joven prodigio creativo de una empresa rival, digamos… Taudi. Claro está, era indispensable que pareciese un accidente y todas esas cosas que tanto importan a los que tienen una vida pública, lo que al menos me daba la oportunidad de ser creativo. En realidad, para qué negarlo, el trabajo era una auténtica porquería, y el sueldo tampoco es que fuera gran cosa, pero aún así, necesitaba algo de actividad y me marché para Ingolstadt dispuesto a sacudirme un poco del aburrimiento que atenazaba mi cuerpo.

No me pasé de original, lo admito, pero es que el allanamiento de morada con resultado de muerte siempre me ha parecido tan… ¿sería muy frívolo llamarlo carismático? que me resulta imposible resistirme a cumplir con el tópico. Además, siempre que se ejecute bien resulta más creíble que otros métodos más… sofisticados.
Así que en un día terminé con el asunto que me había llevado a Ingolstadt y me dispuse a cumplir con mi ritual del turista.
El problema es que estamos hablando de una ciudad con tan poco atractivo como indica su nombre, por increíble que parezca, que además está poblada de alemanes aburridos y trabajadores que se acuestan a las ocho de la tarde, cosa que, por mucha alma de turista que poseyese, no iba a aguantar más de lo imprescindible.

Fue una suerte que al encender el portátil con la intención de sacar billetes de avión para mi marcha, tropecé con algo que me permitiría desquitarme de mi aburrida estancia en Ingolstadt.
Y además era en París, que Eurodisney siempre resulta un aliciente.
Puede que habrá a quien le resulte aburrido aunque no haya abusado de meter rollo, pero desde que se me ocurrió la historia, este era precisamente uno de los capítulos que se me hacían indispensables para la creación del personaje.
Pero bueno, sabed (¿por qué pluralizo, si esto no lo lee ni Dios? :lol: ) que en los siguientes capítulos comienza el lío ^^.
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Matt Murdock
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por Matt Murdock »

Merece la pena que sigas escribiendoo
quiza mis comentarios no te hara tanta ilusion como los de Geralt xD
pero opino que escribes muy bien y la historia parece ser amplia
Aún no he leido la tercera entrada pero puedes seguir escribiendo y escribiendo que ya me los ire leyendo :aplausos:

PD
no es peloteo
XD
odio el peloteo XDXD

EDITO
que tal un poco de accion verdadera??? como consejo
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Geralt
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por Geralt »

Este capítulo me provoca emociones divididas. Por un lado lo veo totalmente necesario para el asentamiento del carácter y forma de ser y actuar de Aqua. Por otro quiero que empiece a repartir mamporros y a hacer cosas chulas ya. De todas maneras es un punto muy positivo el que te estés tomando tiempo y esfuerzo en asentar al protagonista. Quizás como punto toca narices lo podrías haber hecho más como en "trabajo" anterior intercalándolo con algo más de acción descrita. Tampoco mucha para no tapar. Pero vamos, que no esta mal, es más por decirte alguna cosilla y no dejar el post vacío que por otra cosa.

Saludos :wave:
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juevescasi
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por juevescasi »

Que sí hombre, que sí, que Dios lo ve y lee todo... para después convertir el pan en sardinas en escabeche.
Y las escenas de acción en sorbicos pequeños.
Me gusta el último capítulo más que los otros, aunque cuando leí la palabra Barcelona, esperaba que nos contaras cosas sobre las calles, sobre la ciudad y sobre los trenes que se retrasan.
Te mereces un reconocimiento por el mero hecho de haberte metido en esta empresa y tengo una pregunta: ¿eres como esa gente que antes de comenzar a crear una historia ya tiene en mente cómo y en qué capítulo terminará? ¿Una especie de planing?
Es curiosidad, pues me parece casi más dificil esquematizar una historia, hacer un guión, que la historia en sí... ¡arriba los vagos!
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por GinTonic »

Bueno, Polizonte Nack, aquí tienes otro seguidor más. ;)

Me ha parecido que el relato hasta ahora está realmente bien narrado y argumentado, además de permitir una lectura fluida; y si bien es cierto, como ya te han comentado, que hay poca acción en estos tres capítulos, no por ello deja de ser interesante observar cómo piensa, se desarrolla y se desenvuelve en su día a día este atípico profesional. Me han gustado mucho las profundas reflexiones del protagonista.

Por cierto, seguro que se lo ha leído más gente de la que crees. xD

Un saludo y ánimo.
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Est Sularis oth Mithas

Mensaje por Ghorrhyon »

Ehm, yo me paso por aquí, no se por qué, pero me paso...

Voy a romper una lanza en favor del formato actual: en el título pone crónica. Ya sabéis, una especie de diario. Si el relato trata más de sensaciones y reflexiones, pormenorizar escenas de acción queda un pelín chusco. Estoy ahí de acuerdo en lo de los "sorbicos".Y aunque no se ha dicho en público, lo mismo para los diálogos XD
GinTonic escribió:Por cierto, seguro que se lo ha leído más gente de la que crees. xD
Suscribo eso, sí, sí, a mí me pasó.
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por Polizonte Nack »

Esto... gente... comentarios... Polizonte contento.... :mrgreen:

@juevescasi: Hombre, si el tercer capítulo ya resulta cansino, si me explayo en la descripción de Barcelona, ya podemos aplicarle el adjetivo soporífero xD. En cuanto a lo de tener la historia hecha, no tanto, sólo tengo un guión del argumento principal y más o menos el número de capítulos en que deseo acabarla, y es algo que resulta muy flexible por el momento, pero sí, reconozco que al menos en parte me gusta tener una idea de como va a acabar lo que escribo, ya sea en relato corto o en este caso (sólo no cumplo esto en relatos de humor, en los que dejo que los desvaríos salgan sólos).

En cuanto al asunto de más o menos acción, que parece ser el punto de discordia de los comentarios (curioso, también es el punto clave de mis cavilaciones ¬¬), no tengo nada claro qué camino tomar; por un lado me gustaría ser fiel a mi idea inicial en cuanto al estilo de crónica y hacerlo íntegramente de esta manera, como mucho intercalando de forma ocasional alguna conversación citada entre Craso y Aqua, pero siempre en primera persona y de semana en semana. Pero por otro lado siento la necesidad de meter ocasionalmente algo (más bien poco) de narración de acción directa con narrador omnisciente en plan "Showtime" :gota:. De cualquier manera, aquí viene la entrada 4, espero conservar vuestro interés y, ante todo, gracias por leer mis desvaríos:
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ENTRADA 4: Un trabajo complicado

Lo mejor de ser bueno en mi trabajo y no tener preferencias ideológicas salvo la de no desestabilizar el mundo en demasía es que tienes una gran variedad de clientes; ya sean criminales, servicios secretos, particulares que se mueven en los círculos apropiados o, como era el caso, empresas y corporaciones que hacen que el mundo se mueva. A nadie le viene mal la ayuda que un tipo como yo les pueda ofrecer.

Al parecer esta era la situación que me ocupaba actualmente. Un conglomerado de empresas francesas, no os preguntéis cómo, había descubierto que en diez días, la mañana del martes veinte, durante un pleno extraordinario del consejo europeo (era la primera vez desde 2003 que se hacía fuera de Bruselas) que tenía París como sede, tendría lugar un atentado terrorista que probablemente dejaría un buen socavón en las impolutas tierras gabachas y unos cuantos presidentes de gobierno menos.
Evidentemente, sin dejar de tener importancia lo segundo, el engorro de reconstruir las calles parisinas era algo que no se contemplaba, a lo que se sumaba la mala imagen que daría el país de puertas que tendría como efecto una considerable disminución del turismo e importaciones, cosa que a mis clientes no les beneficiaba nada.
Como lo de informar a su gobierno para que se ocupase del asunto era algo que no se contemplaba debido a la posibilidad de que se tomase la decisión de aplazar el pleno (algo inviable ya que, entre otras nimiedades, el catering y la decoración ya estaban pagadas y no se admitían devoluciones), mis clientes optaron por la subcontrata de autónomos. Es decir, optaron porque yo les sacase las castañas del fuego.
Así que, como gustan de hacer las personas que manejan a diario cantidades de dinero obscenamente grandes, mis nuevos jefes se pusieron discretamente en contacto conmigo y con ingentes transferencias bancarias a mi cuenta consideradas como gastos de oficina a desgravar adquirieron mis servicios
Así que por ese motivo estaba aquí en París, con la misión de acabar con el que estaba detrás de este lío, un plazo que cumplir, y ni una jodida idea acerca de cómo llevarla a cabo. Supongo que esta vez el turismo y Eurodisney tendrían que esperar.

Aunque nunca está de más tener contactos por el mundo, no es que en esta ocasión los resultados con “mi gente” (por llamarlo de algún modo si ni siquiera te conocen en persona) de París me fuesen muy fructíferos, pero suponían un punto de partida. Al parecer, lo del atentado era como una presencia que todos sentían pero nadie sabía lo que era. Lo único que se sabía con seguridad era que si los artífices pretendían hacerlo con la policía internacional patrullando por toda la ciudad y las calles blindadas, era porque estaban tremendamente organizados y equipados. Pero vamos, que eso y nada era lo mismo.

Para no estar parado, opté por preparar el dispositivo de cámaras con que cubriría el perímetro del edificio objetivo, ya que pinchar las cámaras del interior del recinto se me antojaba una opción nada recomendable por las medidas de seguridad que rodeaban el lugar, que habrían hecho indispensables unas credenciales cuya consecución no habría estado exenta de unas sospechas harto incómodas.
Sin embargo, esto significaba que estaba avanzando. Si yo era incapaz de introducirme allí sin levantar sospechas, prácticamente nadie sería capaz de hacerlo, por lo que o bien el ataque sería por el exterior y desde una distancia considerable debido a las rígidas medidas de seguridad, o bien el topo que preparase el ataque desde dentro estaba infiltrado desde hacía tiempo, por lo que estaría en las fichas del personal.
Así que ya tenía dos caminos de actuación; por un lado, debía hacerme con las listas de personal del Palais Bourbon e investigar a posibles candidatos de pasado no demasiado claro y, por otro lado, descubrir como se podía llevar a cabo un ataque lo suficientemente devastador para que hiciera el destrozo suficiente y lo suficientemente discreto como para que su ejecución y preparación pasasen desapercibidas. Y todo esto sin dejar de vigilar las idas y venidas en los alrededores que captaban las cámaras desde mi piso franco.
Estaba claro que en esta ocasión no habría demasiado tiempo paras hacer turismo.

Eran las dos de la madrugada del miércoles, a poco más de siete días para que el pleno se pusiese en marcha, cuando terminé de evaluar las fichas de los empleados del Palais Bourbon y de todos los miembros de las fuerzas de seguridad que patrullaban por sus inmediaciones, lo que significaba que había descartado casi por completo un ataque desde dentro, y en cuanto al ataque externo, era algo prácticamente descartado, ya que de no disponer de dispositivos nucleares portátiles (cosa que francamente dudo que esté al alcance de cualquiera), el ataque con mortero o lanzaproyectiles que podría llevar a cabo una organización medianamente poderosa era insuficiente para reventar el Palais (está claro que ya no se hacen edificios como los de antes) o de tocar siquiera el hemiciclo con un margen de fallo inferior al cinco por ciento antes de ser acribillados por las fuerzas de seguridad.
Estando así la situación, mi próximo paso estaba claro; evaluar por mi mismo las medidas de seguridad ante visitantes exteriores por si existía alguna de las fallas de las que depende alguien como yo para actuar, y todavía no sabía como hacerlo sin exponerme a la vigilancia que alguien más podría estar llevando a cabo. De paso, esto me permitiría analizar los interiores del objetivo sin depender de los planos municipales en que me había basado para hacerme una idea del edificio y, si me era posible, pinchar las cámaras de seguridad del interior del Palais.
Por suerte ya había encontrado una manera de hacerlo.

París parecía haber sido tomada de repente por la fiebre de la democracia. Por primera vez se celebraba un acto parecido a nivel europeo en la ciudad, y se estaba convirtiendo en todo un acontecimiento. Y aquí venía lo interesante; los colegios de la ciudad estaban deseosos de enseñar a sus estudiantes el funcionamiento de los lugares en los que se decidían esas cosas tan importantes que ninguno de ellos entendían y les quitaban sus horas de dibujos animados en la parrilla de televisión. Por esto, había concertadas multitud de visitas guiadas a las instalaciones durante todo el día, y yo tenía que conseguir entrar en una de esas ocasiones.

Por lo general, mi opinión hacia esos proyectos de personas que se hacen llamar niños no es muy elevada, pero bueno, tampoco lo es hacia esos proyectos ya completos de personas llamados adultos, pero tanto de unos como de otros hay con quienes merece la pena entablar relación, y por lo general sé cuando estoy ante uno de ellos.
Si hay algo que verdaderamente me guste de mi persona, eso es mi capacidad para juzgar a la gente y saber quien puede satisfacer mis necesidades, y después de pasarme dos días buscando en los colegios que preveían próximas excursiones al Palais, encontré a la niña que estaba buscando.
No soy psicólogo, pero se cuando alguien ha sufrido de carencias afectivas y posibles traumas o malos tratos, lo que da como resultado una desconfianza innata en lo que le rodea que suele afrontarse de dos posibles maneras; o bien desarrollando una personalidad tremendamente introvertida que le incapacitará para la vida social que habría tenido en otras condiciones, o bien reaccionando con una exagerada extroversión en busca del afecto del que ha carecido, buscando la aprobación y el cariño de quien conoce.
Pero Juno no era así. Con doce años, ella había madurado más que muchos adultos, sabiendo actuar en cada momento como se debía para sacar provecho. Al verla en el recreo con su calculada expresión entre ausente e inocente provista de una evidente inteligencia que superaba a cualquiera de sus compañeros, a la vez integrada pero alejada de todo cuanto la rodeaba, supe que ella iba a ser mi billete de entrada.
El jueves a la tarde, después de la salida de las clases, decidí que no había tiempo para la espera y entré en acción. Suficientemente caracterizado como para que no fuera capaz de reconocerme, me acerqué a ella y le pasé la siguiente nota: “Necesito tu ayuda para hacer algo que de otra manera no podría, y si la consigo serás recompensada. Vamos a un parque público para poder seguir con esto, así estarás segura de no correr peligro”. Cualquier niño habría huído o pedido ayuda si un desconocido de metro noventa los hubiera abordado de esa manera, pero Juno no, ella me miró y asintió, como invitándome a abrir la marcha. Estaba claro que no la había juzgado mal.

En un rincón del Campo de Marte le expliqué lo que quería de ella. Como bien había supuesto, su relación familiar era algo atípica, de modo que nadie en su actual colegio conocía a sus padres de reuniones informativas o similares, lo que era ideal para mis planes.

Ahora soy el orgulloso padre de Juno cumpliendo con mi rol como voluntario en la excursión que la clase de mi hija prepara al Palais Bourbon, próxima sede del consejo europeo. Mi mujer nos abandonó al poco de nacer y yo trabajo mucho viajando por Francia pero deseo que mi hijita crezca en un sitio estable, aunque eso signifique que no me vea a menudo. Actualmente estoy en París y he decidido aprovechar esta ocasión para pasar un buen rato con mi hija, voy en un autobús y flirteo con madres solteras. Me encanta mi vida.
Aparte de eso, llevo lentillas de colores, barba de tres días y varias alteraciones faciales de andar por casa que realzan mi innata belleza, por lo que me encuentro a gusto en mi faceta de estrella de cine.
Pensándolo ahora, creo que “mi pequeña” aceptó el trato, aparte de por los mil euros que le prometí (y que pienso darle, no estoy tan carente de sentimientos como para jugársela a esta agradable chica que no tiene nada contra mi y que ni siquiera me conoce), por lo divertido que le parecía el asunto en sí; engañar a amigos y profesores con un desconocido que es la antítesis de tu progenitor no es algo que suceda a menudo, y ella pensaba disfrutarlo, a juzgar por lo bien metida en su papel que estaba, actuando de gancho con las madres de sus amiguitos y disipando cualquier duda acerca de mi extraña incursión de última hora como acompañante en la excursión.

Pero bueno, dejando al margen que sólo en el autobús de ida me hice con el teléfono, bajo pretextos como “así un día podemos llevar al parque a nuestros hijos”, de tres de las madres de los compañeros de Juno, finalmente llegamos a destino y nos dispusimos a comenzar la visita.
Lo llevaba observando casi una semana desde mi piso franco, pero vista de cerca, la seguridad exterior era aún más impresionante a cuatro días del consejo de lo que me imaginaba; policía parisina en uniforme, montada o de paisano (es un decir, porque es increíble como destacan), policía internacional y algún servicio secreto según me pareció. Estaba claro que un ataque frontal no se podría llevar a cabo, y también se descartaban ataques aéreos (es lo bueno de vivir una era post-11S).
Por otra parte, la entrada al recinto estaba blindada; pases de seguridad exclusivos para las visitas con mucho tiempo concertadas (aún no me explico lo que tuvo que hacer mi pequeña amiga para que me dejasen formar parte del grupo), cámaras cubriendo todo ángulo de la entrada, rayos X, detectores de metales… A primera vista parecía imposible atravesar todas estas medidas, y además, se habían suprimido las entradas de servicio y cualquier empleado debería pasar por la entrada principal.
A la vista de esto, estaba empezando a pensar que si quisiera, podría irme por donde había venido porque estaba claro que el ataque no podía ser interno, pero tenía que seguir con mi rol de padre, así que resignado, vi cómo registraban nuestras pertenencias y las carteras de los críos y las pasaban por rayos X para posteriormente depositarlas en una habitación cercana al vestíbulo debido a la prohibición de comer o beber en todo el recinto (y dando gracias, porque eran muy reacios a dejar pasar elementos extraños al edificio, aunque fueran simples carteras de escolares) y comenzamos con la visita guiada por el interior del complejo.
Fue entonces cuando caí en la cuenta de que estaba solo.
Obviamente, estaba con unos treinta mocosos y mi Junito de la mano, aparte de algunos profesores, padres y un guía que se empeñaba en explicar como funcionaba la moderna democracia europea y algunos de los puntos más interesantes del edificio que recorríamos. Empleados ajetreados, algún que otro guardia de seguridad… pero ya. ¡No había vigilancia monitorizada en el interior! Bueno, la había, pero no la suficiente como para descartar la existencia de puntos ciegos en cantidades industriales y mucho menos para asegurar la vigilancia de cualquier individuo que consiguiera entrar al edificio.
Si descartábamos el recinto del hemiciclo y el gigantesco vestíbulo, la protección del Palais Bourbon dejaba mucho que desear, lo que me obligaba a descartar mi hipótesis inicial de la imposibilidad de un ataque interno.

Tras las cuatro horas visita guiada, los chicos recogieron sus mochilas y nos dispusimos a cruzar el puente de la Concordia para ir al jardín de las Tullerías, lugar donde tomaríamos la comida que llevábamos y gozaríamos del tiempo libre de la excursión antes de regresar al autobús de vuelta.
Esto era lo que menos deseaba en ese momento, dado que tendría que aguantar otra hora de insinuaciones más o menos veladas de maduritas con imperiosas necesidades biológicas y del alboroto de una treintena de críos imberbes que ya empezaban a hartarme con sus continuos “¿Quién me ha quitado la botella de refresco? ¡Quiero que me la devuelvan!” o “¡Profe, Antoine me ha pegado!”.
El problema radicaba en lo raro que resultaría el marcharme de allí sin más después de mi repentino interés por asistir a la excursión, y no quería llamar (todavía más) la atención, por lo que mientras cavilaba acerca del próximo paso a seguir, tuve que seguir aguantando la situación ansioso de largarme de allí, pese a disfrutar de una interesante conversación con mi nueva “hija”, la cual me supuso un agradable cambio de la gente que me rodeaba.
Tras salir del autobús y acompañar a Juno a su casa (y pagarle sus “honorarios”, que se los había ganado), me dispuse a dar una vuelta que me aclarase las ideas que casi una semana de investigación habían acumulado en mi cabeza.

El Pigalle, el barrio 18 de París, es más que el Moulin Rouge y todos esos sitios de carteles vistosos para turistas que se muestran en las excursiones por París. Detrás de esa fachada hay callejuelas en las que puedes encontrar desde un casino cantones en el que probablemente murieras si osases hacer un movimiento extraño hasta el peor antro que imagines habitado por “señoritas” que harían que el Sultán de Brunei se plantease la monogamia, siempre y cuando pudiese comprar la fidelidad de la dama en cuestión.
En uno de estos últimos era donde me vi en la noche del viernes, observando absorto entre chupito y chupito de “seven powers” el cada vez más sensual baile de Iris mientras pensaba en cuál era el próximo paso, pero sin encontrar respuesta alguna a esta cuestión, hasta que el alcohol acumulado me impidió pensar más.
A las diez de la mañana del sábado, con la cartera vacía, el guiño de despedida de Iris, los recuerdos borrosos y la cabeza recordándome que tenía trabajo, me encaminé hacia mi piso franco con la única idea de hablar con Craso para que consiga sacarme con su retórica ininteligible de este océano de dudas en que me encuentro, no sin antes hacer un alto en un cibercafé para, además de aclararme las ideas, aprovechar para escribir estas líneas.

De paso, esto me ha servido para despejar las dudas de lo que he venido sintiendo desde que salí del Palais Bourbon; alguien me está siguiendo.
En cuanto al próximo capítulo, dudo mucho que pueda seguir el ritmo semanal, en parte porque es gigantesco (tiene acción, masturbaciones mentales y calma en cantidad) y aún no va terminado, en parte porque no se si es momento de intercalar como prueba un "Showtime" :lol:, en parte porque los finales ya están aquí y tengo miedo.
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Polizonte Nack
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Segundo intento

Mensaje por Polizonte Nack »

Esto... ¿hola?

Veréis, me gustaría justificar el hecho de haber abandonado esto durante tanto tiempo, lo haría aduciendo que soy un poco informal y un poco disperso, pero sobre todo el motivo fue que, sencillamente, no encontraba las palabras para seguir adelante (como ya comenté, nunca he escrito una historia de tamaño medio/largo, por lo que todo esto es un poco nuevo para mi).
De hecho, en estos momentos me encuentro un pelín bloqueado con una parte de la historia de más adelante, pero alguien me recomendó que le metiera marcha al asunto para tener una presión que me empujase a seguir, así que allá va.
Spoiler: Mostrar
Action time 1: Planificación e improvisación.

-¡Mierda!
Esa única palabra, surgida entre susurros de lo más hondo de sus entrañas, podía ilustrar bastante bien por sí misma el grado de desesperación y mala leche que había llegado a acumular Aqua.
Quizá las palabras “desesperación” y “mala leche” no eran apropiadas para describir las sensaciones que podía estar experimentando alguien como él, cuya supervivencia en muchas ocasiones dependía únicamente de mantenerse frío cuando las cosas se torcían, pero lo que si podríamos decir es que eso es lo que habría experimentado cualquier persona en su situación.

Todo se había empezado a torcer de buena mañana, tras abandonar el Pigalle. Ahí fue cuando se dio cuenta de que había fallado; lo estaban siguiendo.
Algo que, de principio, no significaba mucho, incluso se podría decir que habría sido un golpe de suerte teniendo en cuenta el punto muerto al que había llegado su investigación del atentado al Palais; habría bastado jugar un poco al despiste con su perseguidor para que, en unos momentos, el perro tornase en liebre.
Pero las cosas no serían tan fáciles, evidentemente. Él (o los, probablemente) tipo que lo estaba siguiendo era bueno, bastante bueno, se decía a sí mismo el perseguido. En cualquier profesión, por muy diversificada que esté, siempre hay ciertos detalles que evidencian al trabajador cualificado del simple novato, y no suelen pasar desapercibidos para los que pertenecen al primer grupo. Ojo clínico que lo llaman. En este caso, esos detalles saltaban a la vista de forma luminosa, con cosas como que aún no había logrado ver su cara o la perfecta mediocridad de su indumentaria.
Estaba claro que no conseguiría perderlo sin dar a conocer el hecho de que SABÍA que lo tenían vigilado, lo que le colocaría en una posición incluso más complicada de la que en un primer momento se encontraba, porque era evidente que una vez que este perro supiese que la liebre podía estar alertada, no aportaría ninguna información relevante con sus acciones.
No había muchas opciones habiendo llegado a este punto, y mucho menos teniendo en cuenta que iba desarmado. Un error que rayaba el absurdo, tanto por haber creído que su inesperada excursión del día anterior no había sido tenida en cuenta, como por haberse abandonado posteriormente al consuelo del abrazo del Pigalle. Menuda cagada.
Así que el protocolo a seguir ya había quedado sentado por eliminación: volver al piso franco sin dar muestras de su conocimiento de la situación y, una vez allí, jugarse el todo por el todo.

Es un hecho que las cosas no siempre salgan como uno quiere, pero si además tu plan de acción se sentaba en unos cimientos tan débiles, está claro que las posibilidades de fracaso aumentan. Más tarde, al volver la vista atrás, Aqua se lamentaría de su estupidez y precipitación en estos momentos de su vida.

-Aquí Algodón, sin novedades por mi parte. Desde que llegó a las 11:36 no ha hecho ningún movimiento digno de mención. Sigue haciendo vida normal, ni se esconde ni parece haberse dado cuenta de nuestra presencia. Con un rifle medio decente ya lo habría matado quince veces en lo que va de día. A mi parecer nos hemos equivocado con el tipo.
-Aquí Tartán, sin novedades desde mi posición. Y coincido con algodón, no hay ningún detalle que nos induzca a pensar que este hombre sea más de lo que aparenta. ¿Continuamos o abortamos?
-Aquí Fábrica textil. Sí, continuamos con lo planeado, en cuanto se haga noche cerrada y deje de haber indicios de movimiento, entráis, lo cogéis y lo traéis aquí. Vivo.
Hay demasiadas irregularidades a su alrededor como para no sospechar; la visita no programada al parlamento, el piso recientemente alquilado, algún que otro desajuste en su identidad… Demasiadas casualidades.
-De acuerdo.
-Entendido.

El piso recientemente alquilado, para ser más exactos, se trataba de un inmueble antiguo en rue Barye esquina con rue Cardinet, de cinco plantas y una única entrada (aún no se sabía como era capaz de pasar las revisiones del ayuntamiento), sin sótano alguno y con un minúsculo patio de luces inaccesible desde cualquier otro lugar que no fuesen los pisos de los propietarios.
Las razones que habían llevado a Aqua a elegirlo eran varias, pero destacaba el que se encontraba relativamente cerca del Palais Bourbon, que encontrar piso en París era bastante complicado, y que estaba cansado de hoteles, debido a la poca discreción que ofrecían y a la parca libertad de movimientos que le daban. Además, las rutas de escape eran lo suficientemente variadas en el caso de que se diera un imprevisto.

-Son las tres menos veinte, el sujeto hace hora y media que apagó luces y cerró ventanas, la calle está tranquila. Entramos

Lo de que eran hábiles era obvio. Sus modos al forzar una entrada, su forma de moverse rápido y en silencio, de sujetar un arma, de inundar una estancia con somnífero… Eran cosas que saltan a la vista.
Sin embargo, nada de eso te salva de un tipo como Aqua prevenido y alerta. Nada te salva de alguien escondido en un armario con una PPK con silenciador en la mano (quien crea que usar la pistola del agente secreto más famoso del mundo es cuestión de ignorancia es porque no ha recibido una bala suya en la nuca) que lleva más de catorce horas esperando este momento.
En cuestión de instantes, Algodón yacía en el suelo en un estado que no dejaba dudas acerca de su carencia de vida y Tartán estaba inconsciente, amordazado y maniatado de brazos y piernas a la cama.
No había tiempo que perder, era cuestión de minutos que el operativo se presentase allí alertado por la falta de comunicación de los dos cuerpos allí presentes; si quería conseguir algo de información, tenía que ser rápido, persuasivo y para nada sutil.

-¡Tú, Blancanieves, ya estás despertándote! –nunca está de más recurrir a clichés a la hora de intimidar- Vamos a ser rápidos y vamos a poner las cosas claritas. Ambos sabemos lo que nos hacemos y en qué situación estamos. Sabes que estás más muerto que vivo en estos momentos, y que en menos de media hora vas a estar muerto del todo, pero también sabes que en ese tiempo se puede llegar a sufrir mucho si delante tienes a alguien tan imaginativo como yo.
Llegados a este punto, soy de la opinión de que un hombre sólo se debe cuentas a sí mismo y a la muerte, y que todo contrato verbal vinculante contraído con anterioridad tiene escaso valor. Sinceramente, para mi no merece la pena seguir siendo fiel a otro que no sea tu propio cuerpo.
Dicho esto, procedo a ponerme a ello. Si tienes ganas de decirme algo, házmelo saber por favor.

En este momento, no hay mucho que decir si no se quiere caer en la falta de elegancia que toda tortura física lleva implícita. Los gestos de sufrimiento y los gritos ahogados es algo que no difiere mucho de unas personas a otras.
Se podría decir que la gente exagera a cerca de lo que se puede llegar sufrir, pero los que han sentido en sus carnes el dolor causado cuando se esparce sal o vinagre en el muñón dejado por un miembro cercenado, o que han experimentado lo tremendamente incómodo que resulta que un cuerpo extraño (una aspirina, por ejemplo) entre en efervescencia al contacto con sus fluídos oculares, saben que el la capacidad para sentir dolor no tiene límites.
Sin embargo, si existe un límite, el límite que marca el paso de la consciencia a la inconsciencia, un límite que, si bien puede ser modificado con el suficiente tiempo y medios, en este caso significaba un punto de no retorno, pues tiempo era algo de lo que Aqua no disponía.
Todo dependía de si Tartán aguantaba hasta ese límite con la suficiente entereza.
Y lo soportó. Con bastante elegancia teniendo en cuenta la situación, todo sea dicho.

Sin embargo, se había demorado en demasía mientras trataba con el pobre infeliz, como pudo constatar al escuchar el inconfundible sonido de dos coches frenando bruscamente.
Había calculado mal los tiempos, la gente con la que estaba tratando y la resistencia del chico al que acababa de dar un final definitivo. Y ahora le tocaba lidiar con las consecuencias de sus errores de cálculo.
Era hora de correr, de olvidarse de trabajos y de escapar de ahí. Al menos por ahora.

-Cuatro a la habitación, dos a rodear el edificio por si las informaciones acerca de su estructura y salidas eran erróneas, el resto tomad posiciones fuera. Recordad, no hemos perdido a Tartán y Algodón por nada, lo necesitamos vivo, disparad a las partes no vitales, o al menos esa es la idea.

Esta vez el fallo a la hora de marcar los tiempos no se contemplaba; la explosión que volaría todo rastro de su presencia en esa habitación debía servir a su vez como distracción para su escape de la ratonera.
Desconocía su número, sus habilidades, su armamento, su capacidad táctica y su protocolo de actuación cuando lo tuviesen a tiro. Ellos tampoco es que supieran demasiado de él, pero al menos tenían la certeza de que eran más, y eso siempre ayuda.
Tenía que jugar sus escasas cartas ganadoras, y tenía que jugarlas bien. A saber; su PPK y su Ingram (daba igual el modelo, las grapadoras siempre cumplían su objetivo; freir al objetivo a quemarropa o acojonarle lo bastante si se encontraba a una cierta distancia como para poder salir corriendo), un par de botes de humo (las granadas no eran su estilo), el detonador que haría estallar los tres kilos de C4 de su habitación y, por supuesto, el conocimiento del edificio y sus particularidades, entre ellas el minúsculo patio de luces que se convertiría en su vía de escape hacia la entrada principal.
Como se puede apreciar, era de los que pensaban que nunca estaba de más aprovisionarse en sus viajes.

-Entramos.

Automatización e instinto, esas eran las claves. Una vez tienes un plan a seguir, lo mejor es ponerse en modo automático y seguirlo sin pensar.
Descolgarse cuatro pisos sin acabar con tus huesos rotos, forzar una ventana, deslizarse en silencio y noquear a los propietarios en su cama, aguardar hasta el momento exacto (es decir, hasta el momento en que se actúa, porque no es posible saber que habría pasado en otro hipotético caso), detonar la C4 en el momento que consideres oportuno y salir aprovechando el estruendo, abrir la cortina de humo, freir al pobre infeliz que te sale al paso con la grapadora y salir al descubierto. Aire fresco.
O mejor dicho, aire fresco mezclado con ingentes cantidades de lo que quiera que expulse una granada de humo.

En estos momentos, rezar al concepto en que uno crea queda por cuenta propia, y no será motivo de mofa o burla para los que hayan experimentado la certeza de que la Parca te sopla amorosamente en la nuca.
Por parte de Aqua, pese a que no descartaba ninguno de esos conceptos, prefería únicamente creer en si mismo.
PD:... Aham, sí, soy un cerdo, casi un año sin escribir nada por aquí y tengo la cara de aparecer con esta miniatura de capítulo xD. Si vale de algo, decir que el ritmo semanal me dará para, como mínimo, un mes, y espero que en ese mes encuentre el ritmo para continuar adelante.
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por kid »

Espero que te alegre ver un comentario porque me están sangrando los hojos xD.

Me alegro de ver que has decidido seguir publicando esto y que estás pensando en escribir más, porque es bastante interesante y tiene algunos detallitos en sus descripciones detalladas que me gustan mucho, aunque Aqua se me empieza a hacer demasiado cool, y eso es malo xD. Por otra parte, veo que seguiste mi consejo y has puesto diálogos para aportar dinamismo, lo cual me parece muy bien, y ha sido un gran detalle el hacer que use el arma de 007 :3

A la espera del siguiente.
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por Polizonte Nack »

Bueno, una semana y cumplo la subida periódica. Se podría pensar que es cosa del buffer, pero eso sería de ser malpensados xD.
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Action time 2: Durmiendo con su enemigo.

-¿Quién…?

La consciencia iba volviendo, lenta e inexorablemente, como en tantas ocasiones a lo largo de la noche, y con ella el dolor, un dolor duro, sucio. Un dolor zafio y vulgar; un dolor que, a su modo de ver, no le hacía justicia.

-¿Para quién…?

Más dolor, un dolor que venía precedido de unas palabras que poco a poco iban cobrando un significado. El mismo significado que tenían horas antes.

-¿Qué estabas…?

Las mismas preguntas, el mismo dolor, la misma negativa a responder. Lo acaecido en la madrugada del domingo empezaba a tomar forma de nuevo en su cabeza: recordaba la explosión… la huída… el humo… la salida entre el desconcierto de los presentes… uno había caído… el nueve milímetros de la PPK había ido directo a la frente… una ráfaga de la Ingram tumbaba a otro tras un coche… no había tiempo de rematarlo… con otra ráfaga más conseguía mantener a ralla a otro… salía de la cobertura del humo…

-¡Habla… de… una… maldita… vez!

Esta vez el dolor vino en ráfaga, remarcando el significado de cada palabra, devolviéndole una lucidez que hacía tiempo que no tenía. Una lucidez que le valió para esbozar una sonrisa cínica. Después de todo, las balas perdidas no hacen distinción de género ni condición, salvo que seas el protagonista de una película cuyo nombre olvidarías tras que concluyese.
Y desde luego, el no lo era, pensó con un cierto alivio.
Tras la punzada del vientre, no había mucho más en su memoria, al poco tiempo había perdido el sentido del esfuerzo hecho por tratar de arrastrarse lejos de esa calle.

-¿Quién eres?¡Dilo!

El puñetazo que acompañó esas últimas palabras lo devolvió de nuevo al cómodo y hermoso mundo de la inconsciencia, no sin antes tener un último pensamiento de conmiseración para con sus captores; simples niños asustados que habían visto como una sombra surgida entre el humo se había llevado por delante al menos a tres de ellos. Niños asustados, entrenados pero temerosos… sólo cándidos niños.

------------------------------------

La realidad hacía intentos de volver a inundar su cabeza, y parecía que esta vez lo hacía para quedarse.
El mundo que había dejado atrás entre golpes y preguntas hacía algunas horas (a juzgar por la intensa luz que se filtraba por todos sitios) empezaba a redibujarse lentamente ante sus ojos hinchados y parcialmente cegados por sangre seca.
Todo iba asentándose… una habitación amplia… rectangular… techos altos… quizá una nave industrial o de almacenaje… una gran puerta metálica de apertura vertical en el extremo… improbable salir sin que lo detuviesen… una ventana tapiada… una pequeña puerta en el otro extremo… tras la que se ve un patio de paredes de cemento de cuatro metros… callejón sin salida… en el interior de la nave… ordenadores, radios, walky-talkies; un centro de comunicaciones… armas y munición en cantidad… tres coches… un Freelander negro, un Laguna plateado y otro que no alcanzaba a distinguir… todos lo suficiente anodinos para pasar desapercibidos en cualquier situación… siete hombres a su alrededor… dos con heridas leves… algo más lejos otros dos, uno de ellos siendo atendido por su compañero entre gritos de agonía… todos estaban fuera de sí… dos no… retenían al resto…
Estaba jodido, más le valdría haber seguido inconsciente.

La maltrecha cabeza de Aqua era un hervidero de conceptos aislados que trataban de ponerse en orden:
Cuando muere un amigo/compañero, es inevitable sentir desasosiego.
Cuando el muerto podrías haber sido tú, independientemente de la relación con el finado, la maltrecha calma se va descomponiendo.
Cuando el muerto no lo está por un accidente, sino por la mano de alguien, el asunto sigue empeorando.
Si además de esto, el responsable está al alcance de tu mano, hay que tener una sangre muy fría para no perder el control.
Por último, cuando a todo esto sumamos que el cadáver no está cadáver del todo, sino agonizando con unos gritos de dolor que perforan tus oídos mientras tienes delante al causante, habría que ser la reencarnación de Ghandi para no desbocarse y dejarse llevar por la ira.
O es eso, o debes ser más peligroso que jugar a la ruleta rusa con una semiautomática.

La lucidez se iba instalando en su sitio y empezaba a ser más consciente de toda la situación. Lucidez que, dicho sea de paso, tenía la certeza de estar recuperando gracias a la intervención de ese par, tanto por haber parado a los gorilas empeñados en hacerle una cara nueva, como por haber impedido que se desangrase a causa de la hemorragia del vientre.
Ahora, mientras el sol debía estar en su punto álgido, a juzgar por la trayectoria de la luz que caía por las claraboyas superiores, es cuando iba a comenzar el verdadero tormento. Estaba seguro de ello.
Pero aún seguía vivo, y mantenerse vivo siempre es un logro, porque nunca se sabe lo que vendrá después.

El más alto de las que Aqua ya había identificado mentalmente como las principales amenazas (con el cariñoso apelativo de Honorable y Tranquilo Bastardo), se acercó a él y le quitó la mordaza. Era ese un gesto que venía a decir para todo aquel que supiese de lenguaje corporal: “Grita lo que quieras, porque donde estamos no te va a oir nadie”, a lo que el apaleado replicó con un gesto que más o menos traducido sería: “Me es indiferente, ambos sabemos que para lo único que voy a abrir la boca va a ser para maldecir de la madre que te trajo, por lo que podéis dejaros de parafernalia barata y poneos al asunto”.
El HTB sólo pudo responder con un encogimiento de hombros, en un gesto que entendieron todos los allí presentes sin problemas; un gesto que venía a decir un simple “Pues fale” alto y sonoro.

Tras esta muestra de elocuencia verbal, el más bajo de los dos, al que le dio mentalmente el nombre de HTBB (Honorable y Tranquilo Bastardo Bis), se puso manos a la obra.

Con el suficiente tiempo y medios, la tortura física no tiene porqué introducirse en el repulsivo mundo de los torniquetes, la pérdida de miembros, o, Dios nos libre, la desnudez y el golpeo continuado con una soga amarrada de unas partes que me abstendré de citar.
Dame algunos cables, baterías, objetos contundentes, una zona con suficientes terminaciones nerviosas y la suficiente imaginación y te haré experimentar un suplicio difícilmente imaginable.

--------------------------------

Al filo del anochecer, tras unas cuantas idas y venidas de la consciencia de Aqua, algo que ninguno de los allí presentes podría haber imaginado quebró el acogedor clima de gritos de agonía y horrorizado silencio.

Sirenas.

No hubo avisos ni advertencias, ni cuentas atrás o negociadores; porque al parecer cuando a las fuerzas del orden (o así las venden) les llega un aviso de atentado a un evento político de nivel internacional, no se andan con muchos escrúpulos ni sutilezas. Más bien el protocolo a seguir es: puerta abajo, gas lacrimógeno y una rociada de fusiles automáticos.
O al menos esa es la idea, una idea que presupone que los individuos a tratar no van más allá de ser una panda de fanáticos cuyo concepto de plan sutil y elaborado es atarse un collar de explosivos al cuello y llevarse por delante a todas las almas que pudiera.
Sin embargo, el Honorable Tranquilo Bastardo y compañía no estaban demasiado en la labor de morir por la causa (fuera la que fuese), lo que significa que estaban preparados para este tipo de eventualidades.

En medio de dos fuegos, cualquiera de ellos potencialmente enemigo, atado en una silla y en un estado bastante deplorable, a Aqua sólo le quedaba admirar entre sus delirios de dolor semiinconsciente la pericia de unos y otros, pero especialmente la de sus “nuevos amigos”, con los que tantas experiencias había compartido ya; a la primera sirena, entraron en movimiento y se pusieron en posición, mascarillas y M14 en mano (sí, reconozco que es raro, pero no todos los antisistema van AK-47 en ristre).
Por motivos que se le escapaban, el HTBB le había cogido, silla incluída, y le había metido a la fuerza en el Freelander.
-¿Qué hay cielo, me dejas para otro momento? –comentó Aqua, pensando que esa muestra de amabilidad no debía quedar sin respuesta-.
-No me gusta dejar las cosas a medias -comentó con una sonrisa melancólica- Por cierto, se que la pregunta está de más pero… ¿Es cosa tuya todo este jaleo?
-No me gusta demasiado recurrir a terceros en mis asuntos, te lo garantizo… ¿Confías mucho en tu gente?
-Hazme un favor, no insultes mi inteligencia haciendo patente lo evidente… Llega un momento en que estas cosas… se sienten, pero no es momento de pensar demasiado en ello.

Ahí es donde radicaba la verdadera profesionalidad, y Aqua supo apreciarla y honrarla. Cuando las cosas se tuercen, la desconfianza surge de las esquinas; un movimiento anómalo visto meses atrás, un comentario al que se le puede sacar doble sentido, una ausencia demasiado prolongada… y todo el mundo parece un topo.
Si además lo del topo es algo que se barruntaba con anterioridad, no hace falta un enemigo contra el que disparar, pues suele acabar al más puro estilo Reservoir Dogs.
Sin embargo, ellos no; en un momento estaban dispuestos a todo y perfectamente organizados, si acaso con una leve mueca de autocompasión, pero dispuestos a morir matando.

Treinta minutos, ese fue el tiempo que duró la verdadera resistencia. Después de todo, ellos eran ocho, y el otro bando tenía efectivos de sobra; por muy organizados que estuvieran, por muy buenos que fueran, sus bajas iban sucediéndose: el gorila que le había desgraciado la cara, el HTBB, por quien Aqua no pudo dejar de sentir una punzada de melancolía, el tipo que estaba atendiendo al infeliz herido que pronto fue finado…
Tras esa media hora, sólo el HTB estaba en pie (o al menos el único en condiciones de moverse con una cierta rapidez), y fue consciente de que era cuestión de minutos que el episodio empezase a pasar los créditos, así que pareció tomar una resolución.
Con una última mirada cargada de significado a los caídos que seguían dando guerra, salió corriendo hacia la puerta del Freelander.

Al igual que nunca llegó a comprender del todo el proceso sináptico que había llevado a su torturador a resguardarlo en el interior del coche, tampoco comprendió la elección de ese mismo coche para intentar un último conato de escape; quizá un acto de solidaridad para con un compañero de oficio (porque había quedado claro que esta gente eran mercenarios; diferentes, pero a la vez iguales a él), quizá fue compasión, o quizá simplemente lo consideró el mejor coche para la huída.
El hecho es que subió al asiento del conductor y comentó como quien habla del tiempo lo siguiente:
-No se quién se va a acojonar más con esto, tú, o ellos –y dicho esto, comenzó el infierno, porque lo que sobrevino apenas puede ser calificado de otra manera.-.

Aqua comprendió que no lo había juzgado mal, porque el HTB era lo que, en argot, podríamos denominar “Bad mother fucker” (Jules dixit). Y uno muy frío, porque sólo partiendo de esa base se puede explicar que alguien sea capaz de hacer estallar varias toneladas de hormigón, cemento, acero y uralita estando en el centro de tal maremágnum.
Y lo más curioso del asunto es que pretendía salir con vida, a juzgar por su forma de apretar el acelerador y cambiar marchas.
Aún sin ser muy consciente de lo que estaba ocurriendo, con la cabeza embotada y el cuerpo atado y machacado, a Aqua no le quedaba sino admirar y respetar a ese individuo que conducía el 4x4 convertido en ariete entre explosiones y derrumbes hacia los desconcertados infelices que estaban en primera línea de fuego.
Era una pena que se hubieran conocido así, pensaba, el Honorable y Tranquilo Bastardo debía de ser alguien tremendamente interesante.

Contra todo pronóstico (al menos contra los pronósticos de aquellos que no conocían lo que podía llegar a hacer una monstruosidad de un par de toneladas de peso a 50 km/h en las manos adecuadas), consiguieron romper el cordón policial mientras a sus espaldas dejaban polvo y confusión, y mientras la mente de Aqua le decía a su cuerpo que era hora de tomar otro descanso.

----------------------------------------

-Fuera. Ya.

Aqua volvió en sí. Al parecer, habían pasado algunas horas desde el momento en que su cuerpo dijo “basta”. Estaban en un garaje, pero no parecía haber ninguna luz natural en el exterior.
Había salido con vida del asalto a la nave, el problema es que no sabía cuánto le iba a durar la suerte. Estaba demasiado destrozado como para intentar llevar a cabo nada que le permitiera mejorar su situación, y de cualquier manera, no le habría parecido adecuado entrar en acción en aquel momento, con un tipo que le freiría a tiros antes de que pudiera dar un paso.
El HTB habló.

-Pretendíamos hacer volar el Palais Bourbon cuando tuviera lugar la conferencia, como imagino que ya sabrás. Te explicaría cómo, pero creo que ya no importa demasiado, baste decir que ya es algo que ha quedado fuera de mi alcance con lo sucedido hoy en la nave.
Pero imagino que lo que te resultará más interesante es oír que no sabíamos para quién trabajábamos. Lo se, es irresponsable y peligroso trabajar en esas condiciones, pero es lo que había, y lo que nos ofrecían y dieron a cambio era una cantidad tan obscenamente grande que aceptamos.
Ahora es tu turno.

Las normas de cortesía dictan que tras una muestra de sinceridad distendida como esa, uno debería corresponder con otra igual o de valor equivalente, máxime cuando estás vivo “por culpa” de tu interlocutor y este deja ver la culata de su Smith and Wesson de su pistolera como al descuido, pero Aqua estaba regido por unas normas de cortesía propias.
-Estoy igual que vosotros pero en la otra orilla del río. Tengo una cierta certeza de quienes son mis jefes (no soy tan ingenuo como vosotros que aceptáis trabajos a ciegas), pero me temo que mantendré a buen recaudo lo que se.
Respecto a mi, es harto improbable que descubras algo que me induzca a hablar más, por lo que te recomendaría que me matases o me dejases a mi aire, porque una cosa si te puedo garantizar; aunque tuviera ganas de finalizar mi trabajo (que no las tengo), mis fuerzas sólo me dan para preocuparme por mi propia vida –tras dudar un momento, añadió- Lo siento, las puñaladas en la espalda nunca sientan bien.
-…
-…
-¿Cómo se llaman las tablas mexicanas cuando los revólveres son sustituídos por la apatía? –comentó el HTB mientras, tras el incómodo silencio, comenzó a desatarlo-.
-Creo que significa que nos hacemos viejos, pero me niego a aceptarlo, la vida sería demasiado anodina de otra manera. –respondió con cansancio y un tanto de picardía-.
-Ya, anodina… -el silencio que precedió a la liberación fue interrumpido por una breve y torpe despedida- Bueno, adiós.
-Quizá nos veamos en otra. Adiós.

Entonces tuvo lugar uno de esos momentos incómodos. Esos momentos en que no sabes qué hacer; porque pese a que lo lógico sería despedirse en silencio por caminos distintos con un ojo puesto en tu nuca, la literatura y el cine nos han empujado a pensar que es más normal despedirse con un apretón de manos, un abrazo, o unas palabras que abran las puertas a una nueva e interesante colaboración.
Ambos acabaron por elegir lo primero, el apretón de manos, y con una última mirada partieron renqueantes, cada uno por su lado.

No lo vio venir.
Fue una sucesión de pasos de baile, los movimientos se sucedieron; giro, paso, impulso, agarre, avance, salto, golpe, silencio.

El HTB aún no se había girado cuando la silla en que Aqua había tenido tantas buenas experiencias, convertida en arma en sus manos ya libres, le había partido el cuello.
No hacía falta comprobar nada, había sido preciso, rápido y certero, tal como se merecía alguien como él.

De la forma que fuera, y con los cabos sueltos en que pensaría más tarde, el asunto es que el trabajo estaba terminado.
Era el momento de pensar en el siguiente movimiento.
Por cierto Kid, sí, los comentarios siempre alegran, además de que ayudan a mejorar cosas =3.
Eso sí, aviso que pese a que en estos dos capítulos he metido ritmo al asunto, como habrás podido suponer, es algo que quedará para momentos y capítulos puntuales, el formato de crónica seguirá siendo el dominante.
Y bueno, lo de que Aqua es cool yo creo que es más que nada porque a veces sienta bien tirar de tópicos, y lo de un narrador en tercera persona con un aire a cine noir del cutre era algo que no podía evitar xD. Espero que no le cojas la misma manía que le agarraste al bueno de Dennis, que pillar manía al personaje principal puede hacer la lectura de lo que sea un coñazo ^^u
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por kid »

Tranquilo, que Aqua no se me hace tan insoportable como Denis ni por asomo, y mucho menos después del inesperado final de este capítulo :lol: . Que haya sido capturado lo hace menos cool, lo suficiente como para no ser insoportable, y que sea un cabroncete le da carisma. Eso sí, creo que voy a morir aplastado entre tantas referencias cinéfilas xD.

Parece que soy tu único lector, lo cual quiere decir que dependes de mis comentarios para tener ánimos de seguir publicando. Eso me hace sentir poderoso, así que procura mantenerme contento 8)

P.D: huida va sin tilde.
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Polizonte Nack
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Entrada 5

Mensaje por Polizonte Nack »

Ayer estaba demasiado muerto como para ponerme a corregirlo y a subirlo, pero bueno, sigue siendo miércoles, así que se mantiene el ritmo por tercera semana. Yay! xD
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ENTRADA 5: Heridas, fracasos y gente interesante.

La derrota es algo duro para quien nunca la ha experimentado.

Hace unos días la sentí de primera mano por vez primera, y no es algo por lo que desee volver a pasar.

No permitiré que se repita.

Pero creo que lo mejor será comenzar por el principio, un principio que parece muy lejano si tenemos en cuenta todo lo sucedido en la última semana, desde que escribí esas líneas en un cibercafé del Pigalle; resacoso, perseguido y desarmado.
Pues bien, el asunto no terminó demasiado bien, aunque teniendo en cuenta lo sucedido, no puedo quejarme.

Al resumir los hechos, quedaría algo parecido a esto: tras un cúmulo de sucesos entre los que destacan la voladura controlada de mi piso franco, el viaje de una bala perdida que se sintió curiosamente atraída por mi persona, un posterior periodo de captura y tortura, diversos tramos de inconsciencia, y el escape con vida del jodido infierno, representado por un tiroteo entre policías y mercenarios en una nave industrial que desembocó en el derrumbe de toneladas de material de construcción vario sobre mi persona, que en ese momento se hallaba al borde del k.o. como paquete en un todoterreno.
Tras todo esto, y después de hacer algo de lo que aún días después no estoy muy seguro de cómo me siento, me encontré libre por primera vez en lo que me habían parecido días, pese a que para mi reloj no hubieran sido más que algunas horas.
Estaba libre.
Y también tenía un disparo mal curado en el vientre, el agotamiento mental y físico propio de un insomne, y un aspecto francamente lamentable para cualquiera que pusiera la vista en mi persona. Así las cosas, escasas eran las opciones por las que optar para seguir adelante.

Un panorama maravillosamente envidiable.

Es curioso como funciona la mente humana en los momentos de incertidumbre, presión y riesgo; algunos se dan al canibalismo, otros prefieren cortar sus lazos con la vida antes de caer en manos del enemigo (fuera el que fuese), y a otros les consolaba morir si es arrastrando a cuantas más almas pudieran.
Yo hice algo aún más sorprendente, al menos a juicio de una persona medianamente cuerda. Puse cuanto tenía en las manos de una mocosa de doce años.
Recorrí la mitad de París, a pie, en noche cerrada y al borde de la muerte, sólo para llegar junto a Juno.
Si ya es complejo entender como funciona la mente humana, para hacer justicia a la mía se requeriría un apartado entero en cualquier tratado de psicología que se preciase.

Juno, la pequeña gran Juno.

Tras la sorpresa inicial por haberme encontrado al filo de la guadaña ante su puerta, la comprensión se abrió paso en su cabeza y me ayudó a pasar dentro. Sin reproches, sin aspavientos, sin preguntas.
Soy consciente de ello, la suerte parece haberse aliado conmigo en las últimas semanas, ya sea en forma de mercenario caritativo, de padre ausente (algo acerca de lo que Juno y yo establecimos un acuerdo tácito de no preguntas), o de niña particularmente inteligente que parecía haberme cogido algún cariño. Dudo que la suerte esté conmigo eternamente, por lo que creo que lo mejor será tomar menos riesgos (o, mejor dicho, ser más prudente) en ocasiones futuras.
De cualquier modo, si he conseguido llegar a escribir esto, fue porque mis heridas no eran todo lo grave que podrían haber sido; una entrada, una salida, y ningún órgano irreemplazable perforado Sólo era cuestión de recuperarme de la pérdida de sangre y de un zurcidito aquí y otro allá (de momento, el simple hilo de coser servía, ya sería tiempo de cambiarlo para evitar la supuración), algo que la compañía y ayuda de Juno facilitó sobremanera.

Pero había hablado de derrota, un concepto que no acaba de compatibilizar con lo escrito anteriormente, porque esta derrota fue completa, total y absoluta, sobre todo para aquello conocido como Aqua, su ego y su imagen.
El Palais había caído.

Me enteré pasadas unas horas bajo los cuidados de Juno, después de haber descansado de lo ocurrido en mis peripecias por la ciudad en un techo en el que, por extraño que resultase, me sentía seguro.
Entonces, el sonido del aflautado francés de la presentadora del telediario se abrió paso por mi mente como una bicicleta se abre paso por la calle principal en hora punta atestada de tráfico. Hablaba atropelladamente de muertos y desaparecidos entre los escombros, hablaba de caos, de conmoción, de incertidumbre, de miedo, de represalias, de responsables…
Hablaba de forma velada sobre un concepto del que no se atrevía a hablar abiertamente; hablaba, lo quisiera o no, de guerra.

En realidad no decía nada interesante, como todas las emisiones especiales de este tipo, lo interesante vendría un par de días después, cuando el mundo fuera plenamente consciente de lo que acababa de suceder.
Más importante para mí en ese momento era otro asunto, un asunto pequeño, despierto, e inteligente, cuyos ojos me miraban y exigían que los míos hicieran lo propio.
Por supuesto, no podía negarme a una exigencia como esa.
No se si lo que ví en esos ojos fue lealtad, asco, decepción, admiración, duda o, sencillamente, indiferencia. No llegué a preguntarle que se le pasó por la cabeza en aquel momento, ni lo que pensaba de todo el asunto o mi papel en ello, ni ella vio necesario ponerme al corriente. Lo que ambos comprendimos en ese momento era que ella iba a seguir conmigo, callada, y que yo era consciente de ello y lo agradecía.
No hacía falta más.
Sin embargo, una demostración de aprecio nunca está de más.

Dicen en los folletos de las agencias turísticas que Eurodisney es el lugar más feliz del mundo. Quizá a mi, tras la pifia del Palais, que había acabado por reventar dejando tras de sí multitud de cabos sueltos que aún hoy no tengo ni la perspectiva ni las ganas de atar, este slogan me pareciese la más supina de las gilipolleces, pero a Juno no se lo parecía, y el sólo hecho de ver una inusitada inocencia reflejada en sus ojos ya compensaba el viaje, en un pequeño porcentaje al menos. Me hacía sentir sosiego, una calma que me era indispensable tener antes de moverme de nuevo.

En ese lugar, entre decorados de cartón piedra y figurantes vestidos de princesas o de antropomórficos animales gigantes, pasaron algunas cosas muy dignas de ser contadas, como también lo fue la conversación que tuve con Craso acerca de todo el asunto, en la que por primera vez en todos estos años le vi perder la calma, pero antes de hablar de esto, debería dedicar unas palabras al tipo que permitió que esté escribiendo todo esto, el Honorable y Tranquilo Bastardo.
Después de todo, mi intención al escribir estas páginas no es otra, como ya comenté hace tiempo, que la de dejar constancia de quien soy, de lo que pienso, y de los pasos que doy en la vida, debido al profundo convencimiento de que toda vida merece ser (en mayor o menor medida) tenida en cuenta, merece ser grabada en tinta y papel, y merece ser recordada por la historia.

La vida del Honorable y Tranquilo Bastardo, a quien llamaré… HTB para abreviar, no era una excepción.

Sólo lo conocí durante unas pocas horas, pero esas horas me dejaron la profunda convicción de que había estado tratando con alguien único, un tipo que se guiaba por unas convicciones propias, que únicamente rendía cuentas consigo mismo, un tipo que estaba más allá del bien y del mal, como en realidad todos nosotros y nuestras acciones, pero con la diferencia de que él ya había asumido ese hecho.
En esas pocas horas conocí además a un tipo cínico, frío, inteligente, meticuloso, hábil tras un volante o el cañón de un arma, con un punto de lo que se podría (imagino que erróneamente) tomar por compasión y otro punto de lo que muchos podrían considerar locura psicópata (yo prefiero considerarlo genialidad).
Es evidente que debió de ser un tipo interesante.
Un tipo que, de no haberme conocido, estaría aún vivo; un tipo al que, por otra parte, le debo el estar vivo.

Que el que lea esto (si es que alguien que no sea yo llega a leerlo) no busque amargura en mis palabras inconexas, producto de la cantidad de hechos acaecidos últimamente, unos hechos que se agolpan y bullen en mi cabeza, pues no es amargura lo que siento por haber matado al HTB (una muerte digna de alguien como él en la factura técnica, dicho quede).
No, no es amargura, pues ese acto frío, motivado por el convencimiento de que ME CONOCÍA, y por la falta de convencimiento de lo que podría hacer con esa información, es la acción más digna de Aqua que he llevado a cabo durante esta semana (lo que no deja de resultar extraño, teniendo en cuenta que no fue más que una hábilmente tejida conversación trivial sobre intereses comunes y un sillazo por la espalda en la nuca), y no me siento mal por ello, independientemente de su aparente inutilidad visto lo sucedido después.

Pero hablaba de Eurodisney, de lo que allí acaeció y de la inocente felicidad de una niña que, por primera vez, me parecía una niña.
Mientras París (y Europa, y el mundo, si nos ponemos) aún no era del todo consciente de la explosión que había removido sus cimientos más profundos, el particular clima del parque seguía allí, como había estado allí desde su inauguración, un microclima que ponía una media sonrisa de melancolía en los labios de los adultos y una mueca de felicidad en las caras de los críos, que llegaba a resultar horripilante en la mayoría de los casos, pero no en el de Juno.
Main Street U.S.A., Fantasyland, Adventureland, El templo maldito, el viaje en barco sobre Nunca Jamás, los Piratas del Caribe (posteriormente convertido en plagiopelícula del Monkey Island…), el simulador de X-Wing, las actuaciones, las cabalgatas, los trajes de felpa, las señoritas de buen ver enfundadas en los volantes de princesitas varias o en la cola de Ariel…

No se cómo pasó, ni cuando, ni por qué, ni tampoco se cómo sentirme por ello, pero de repente, movido por el entusiasmo de Juno, mi propia frustración y mi cuerpo aún algo magullado, me dejé llevar y me vi corriendo de un lado para otro.

Y así estaba yo cuando conocí a Paola; probablemente lo más extraño que me ha pasado en estos días, y eso ya es una buena base para empezar a hablar de ella.
Pero primero debo situar el contexto: Space Mountain, probablemente la mayor montaña rusa cubierta de Europa, la atracción más potente del parque y una de las más “bonitas” que te podías echar a la cara.
Cola de una hora y vagones con asientos para dos, lo que explica que a la pregunta de “¿Dos separados?”, yo y mi pequeña mascota fuéramos hacia allí como un resorte.

Y entonces, allí a mi lado, estaba ella, Paola.
A su lado, la Darla de “Fight club”, la Clementine de “Eternal sunshine on the spottless mind”, la Olvido Ferrara de “El pintor de batallas”, la Holly Golighly de “Breakfast at Tiffanny’s”, o la Faye Valentine de Cowboy Bebop se quedaban en nada en cuanto a independencia, a fuerza, y a capacidad para trastocar las vidas de los pobres infelices que osaban cruzarse en su camino.
No tenía la supuesta belleza de las chicas de cartón que hacen zarpar cinco mil naves o que hacen que Ilsa Laszlo, en plena Gran Guerra, se plantee siquiera el no salir de Casablanca sin ella, pero tenía una belleza propia, única, ausente, natural e indiferente; un cuerpo algo escuálido quizá, y en el que no abundaban las curvas, pero que decía que ocultaba más de lo que enseñaba, un pelo negro, corto y despuntado, cuidadosamente desaliñado, un gesto de indiferencia hacia el mundo y lo que en el habitaba, y unos ojos que incluso en mi lograron hacer mella; a medio camino entre el brillo negro cristalino de la obsidiana y la suavidad del terciopelo negro; ausentes, insondables, mágicos.

Quizá merecía un saludo mejor que el “Ey” y el amago de mano con que le obsequié al sentarme junto a ella.

Lo que en un principio fue “¿La cría es tuya?¿Quién te la colocó?”, luego fue “¿Quieres un poco del legado de Escocia? Las atracciones se ven con otros ojos con un poco de esto, y no vas a probar más alcohol que este dentro del parque, porque al parecer los escotes son lo único que no registran”, que posteriormente se convirtió en “Me caes bien, me voy con vosotros”, más tarde fue “Perdona pequeñaja, me equivoqué contigo. Ya comprendo porqué te sacan de paseo sin coacción ni chantaje”, y por último, una vez que dejamos a Juno en casa y yo me disponía a encontrar un nuevo sitio donde dejarme caer, derivó en “¿Quieres venir a mi casa?”

La felicidad como concepto absoluto no existe, pero ese día, por momentos, fui feliz con aquellas dos chicas tan únicas en sí mismas.
Y he de decir que esa noche también fui feliz, pero de un modo ciertamente diferente.

Descubrí muchas cosas de Paola ese día, la noche que le siguió, y los días posteriores con sus respectivas noches.
Profundamente hedonista, pero de una manera propia y alejada de la cultura de lo inmediato que bombardean los medios; le gustaba tanto cualquier pasatiempo cultural como, palabras textuales, “echar un clavo con un imbécil”, pero a su vez disfrutaba tanto de ello y de la vida que planeaba este plan de existencia al más largo plazo que pudiera.
Aún no había conocido a nadie que se hubiera mantenido en su vida el tiempo suficiente como para que pudiera echarle de menos, y tenía la firme creencia de que, contrariamente al pensamiento común, el ser humano no era un ser social, sino que alcanza la plenitud cuando despliega toda su individualidad, pese a que en determinados momentos necesite del apoyo del grupo como una suerte de “vacaciones” del propio ser.
Se autodefinía como “artista del engaño” pues se ganaba la vida con algo que le repugnaba profundamente, el arte moderno.

Por mucho que la gente se empeñase en demostrarle lo contrario al comprar todo lo que salía de sus manos, su concepto de arte no consistía en colores y formas aleatorias plasmadas en un lienzo o en un trozo de barro, metal o plástico, pero después de todo era su forma de vida y lo que le permitía llenar exposiciones por todo el mundo, y no lo iba a dejar porque se sintiera culpable de su hipocresía, porque pronto se daba cuenta de que, al menos consigo misma, era menos hipócrita que cualquier otra persona que hubiese conocido.

Tan diferentes, y tan iguales.

Y así, entre la compañía de una y de otra, compartiendo el tiempo entre esa suerte de niña grande que era Juno y esa tormenta eléctrica sin control que era Paola, fue pasando esta semana, una semana que el mundo empleaba para empezar a tomar constancia de la herida del Palais, y en la que yo trataba de cerrar las mías propias, tanto reales como metafóricas.
Por cierto Kid, perdona el párrafo de referencias, pero es algo que no podía evitar meter en esta ocasión :P

PD: El de la siguiente semana es uno que me ha planteado dudas desde el momento que lo terminé, así que lo más probable es que acabe por rehacerlo entero ¬¬. Espero seguir el ritmo.
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Re: Crónica de un profesional

Mensaje por kid »

Si algo no esperaba encontrarme en esta historia, era una visita a Eurodisney. Me ha resultado desconcertante la inclusión de Juno ("curioso" nombre :roll: ), pues no has explicado casi nada de ella, aparte de que debe de vivir sola con 12 años. No sé si saldrá más o tendrá más importancia, pero odio la sensación de que a los personajes les cae rematadamente bien otro personaje pero a mí no (en este caso, porque no has explicado nada), así que espero que haya más Juno. Por otra parte, me pregunto a qué llegará la relación de Aqua con Paola (genial descripción, por cierto), si es que llega a algo más que a folleteos.

P.D: me debes "algo" :neko:
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