CONCURSO MENSUAL

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HartiganSJ
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Mensaje por HartiganSJ »

A mi me parece bien posponerlo si así la gente puede entregarlo, no olvidemos que eto es para pasarselo bien y disfrutar.
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Puedes ser noble, puedes ser justo, pero jámas eficaz en una tarea
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Shichibukai
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Mensaje por Shichibukai »

Si lo retrasais un poco me presento yo también, que hoy mismo por casualidad se me ha ocurrido un tema sobre el que escribir. No me presenté en la anterior edición y tengo una espinita clavada.

Un saludo!
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juevescasi
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Mensaje por juevescasi »

Bien, me parece perfecto.
No tengo nada escrito, contaba todavía con esta madrugada y con el día de mañana.
Así que la fecha de entrega se aplaza hasta el día 6 de diciembre, jueves.
Y la fecha límite de entrega de los votos, queda aplazada al día 10 de diciembre, lunes. Si os parece bien, pues adelante.

Shichibukai quedas apuntado :ok: .
Y.Noa, no lo sientas tanto mujer, que no pasa nada. Si estos días de prórroga te vienen bien y te permiten terminar el relato, genial; por lo pronto sigues apuntada.
Hala, a pasarlo bien.
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
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Y. Noa
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Mensaje por Y. Noa »

Voy a hacer lo posible a partir de mañana, que tengo más tiempo libre, por tener terminado mi relato en estos días de prorroga. De todas formas, no contéis demasiado conmigo, que no sé si me dará tiempo, pero lo intentaré.
Gracias de todas formas ^^
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juevescasi
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Mensaje por juevescasi »

O porque no me he esforzado lo suficiente, o porque realmente estoy obtuso y no sale nada.
Lo cierto es que no he conseguido enlazar 2 párrafos seguidos con algo de sustancia, y menos aún, que tuviesen relación con la música.
Así que salgo por la puerta de atrás, a pesar de las ganas de escribir algo (esta edición es muy buena) legible, a pesar de haber arrastrado a la gente a que se apuntase esta vez, a pesar de la enorme prórroga.
Lo siento, :oops: , intenté explicar esta retirada bochornosa antes pero a esta página web no le ha de gustar mi PC... de vez en cuando no entra la página y ahí se queda.

No obstante, espero ansioso vuestros relatos. Fantásticos, todos serán.
Sorry.
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kid
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Mensaje por kid »

Tras un "pequeño" retraso ya están los relatos al fin. Propongo retrasar un día la fecha de entrega de votaciones, ya que se ha tardado un día más en ponerlos:

RELATO 1:
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SHERRY (Una fábula)

Aaron Heigelmann abrió la puerta de la casa y entró, desolado por el vacío que esperaba encontrar. Cuando el albacea de Sherry le dio la llave, se había sentido desconcertado. No podía creer que él fuese el único conocido de su amiga de juventud: ni familia, ni compañeros, ni amantes. Sherry había abandonado el mundo sola.
O quizá acompañada por su obsesión.
Habían crecido los dos en aquel barrio de Queens, a la vista de los rascacielos de Manhattan. Su ambiente era el típico de la clase media-alta neoyorquina, y por eso ambos tuvieron tan fácil dedicarse a sus sueños: ser músicos.
Lástima que para ella hubiese acabado siendo una pesadilla.
Como un melancólico espectro, el anciano violinista recorrió la pequeña casa, ordenada pero triste, que demandaba a gritos la atención que su dueña no había juzgado necesario depararle: ni un mal cuadro, ni jarrones, plantas de interior, o nada sobre lo que posar la vista, salvo los libros de una estantería. Tratados sobre música, por supuesto, biografías de compositores e instrumentistas famosos, tanto clásicos como modernos, pero también gruesos volúmenes de acústica y dinámica de fluidos. Hasta tal punto había llegado la obsesión de Sherry por encontrar el sonido perfecto, que había cursado estudios de Física para aprenderlo todo sobre la propagación del sonido.
En un lugar privilegiado estaba el piano. Dijeron que la asistenta había encontrado a la pobre Sherry alejada del instrumento, pero que probablemente se había arrastrado hacia él con sus últimas fuerzas. Lo más triste de la enfermiza obsesión de Sherry era que no había conseguido satisfacerla, y eso afectaba aún más a Aaron.
De joven la había amado, y aún pensaba que ella lo había tenido en sus preferencias como la cosa siguiente a la música, lo que no era poco. Aaron siempre quiso considerarse la cura para Sherry, pero ella nunca quiso curarse. Él se cansó de esperar, dejó que sus padres le buscasen una buena chica judía, e hizo lo que se esperaba de él durante toda su vida. Y se había sentido razonablemente feliz. Ahora, ante el negro y brillante piano, lápida de obsidiana de su amor de juventud, se daba cuenta de la amarga desolación que lo inundaba. De cómo la desaparición de Sherry y de su sueño le dejaban un vacío terrible, una sensación de no haber cumplido su verdadera función en la vida.

Se sentó en la banqueta, y reguló la altura. Deseaba probar aquel piano, aquel rival de los amores de Sherry. Estiró los dedos, y los hizo recorrer el teclado. Evidentemente, el piano estaba perfectamente afinado. Calentó con el Canon de Pachelbel, para después pasar a un Nocturno de Chopin, la única música que le apetecía en aquel momento, de entre el limitado repertorio que conocía al piano. Él era violinista, pero raro era el músico de Queens que no empezaba haciendo sus pinitos con un piano.
Sobre el teclado, preparado, había un cuaderno de partituras, que abrió. La primera pieza era un trozo amarillento y gastado de papel con la Fuga de Bach, probablemente la primera pieza que Sherry había aprendido en su vida. La tocó, y sonó machacada, exhausta, en aquel instrumento cansado de interpretarla.
Pasó las páginas con cuidado, casi con devoción. Eran estampas de la vida musical de aquella mujer excepcional. A mitad del camino, aproximadamente, empezaron los rasgos de la obsesión: partituras corregidas, como intentando arrebatarle la autoridad a los genios del pasado. ¡Por Dios, se había atrevido a corregir obras de Mozart! Sin embargo, con su mirada de experto, Aaron llegó a ver que conforme avanzaba en el tiempo, algunos cambios se iban acercando al éxito. Llegó a una partitura peculiar, rotulada con una fecha de hacía quince años. Exactamente en la época en que había dejado de escribirse con Sherry. Parecía, quién lo diría, el mismo Nocturno que acababa de tocar, pero en algunos puntos, las notas se combinaban de manera distinta, alcanzando una armonía peculiar, mucho más evocadora. Aaron pasó las páginas, y dejó de reconocer las melodías, quizá porque eran piezas mucho más retocadas por Sherry, o directamente compuestas por ella. Decidió tocarlas, una por una, y quizá así descubriese qué era lo que había poblado el mundo de su compañera de juventud en los últimos años de su vida.
La primera melodía era dubitativa, perezosa, se entretenía en sí misma, con repeticiones y contrastes, buscando el análisis del sonido de cada nota. No llegaba a nada, no tenía puntos álgidos, ni un final determinado. Podría haber sido el equivalente a las mismas letras pulsadas una y otra vez en el teclado de una máquina de escribir: asdfgasdfg.
Las piezas iban profundizando una tras otra en distintos aspectos de la música: ráfagas de alegres notas altas, triunfales, enfrentadas a la melancolía que sólo puede salir de las teclas de un piano. Algunas eran directamente proyecciones de sentimientos. Comparándolas con sus recuerdos, con las raras ocasiones en las que había recuperado el contacto con Sherry, parecían coincidir: alegres, como el día en que se casó su sobrino favorito, tristes, como el día de la muerte de su padre. De hecho, aquella melodía fúnebre le traía perfectamente a la mente el recuerdo del cementerio, justo en el mismo lugar donde había estado esa misma tarde.
Siguió adelante, mientras las luces de las farolas de la calle sustituían al atardecer paulatinamente. En un momento dado, maquinalmente, Aaron se levantó a estirar las piernas, encendió la lámpara del salón, y se preparó un café buscando en la cocina de Sherry. Obviamente a ella no le habría importado lo más mínimo.
Prosiguió su concierto, incansable. Poco a poco tenía imágenes cada vez más precisas de la vida de Sherry. Sus inquietudes, sus pensamientos y sus hechos cotidianos afectaban a su música con notable facilidad. Era como leer un diario, uno hecho con palabras sacadas de la más pura de las lenguas.
Quedaban pocas partituras, y la que tenía delante indicaba una fecha de dos años atrás. Comenzó a tocarla, y sintió un escalofrío. Casi podía verse a sí mismo, lejos, desde el otro extremo de la habitación, tocando aquel piano, exactamente reflejado en la música. Todo estaba presente: la luz, la alfombra del suelo, los libros... todo exactamente dibujado con notas musicales presas en las cinco férreas barras del pentagrama.
Sherry había conseguido una proeza, como si hubiera descubierto la música de las esferas de la que hablaba Pitágoras -Aaron había visto un libro dedicado a ese tema en la estantería-, la vibración universal.
La siguiente pieza era mucho más perfecta, a simple vista. Tanto que Aaron no podía siquiera resistirse a interpretarla. Se empeñó a fondo, y pronto su música empezó a trascender, a inundarlo todo, incluso sus sentidos. Dejó de escucharla, y se vio a sí mismo en su época del conservatorio, yendo a todas partes con Sherry. Pero ella no conservaba su obsesión, era feliz con la música tal y como era, y con él. Llevaban a todas partes su amor y su música, e interpretaban duetos que arrancaban el aplauso de profesores y compañeros. Se vio crecer junto a ella, descubriendo la vida y el amor sin separarse de la música. La vio (se vio con ella) triunfando en todo el mundo, arrancando la más grande belleza posible de aquellos instrumentos que adquirían la gloria de la voz de una divinidad en las manos de ambos. Vio su boda, y a todos y cada uno de los hijos que habrían tenido. Se vio envejecer con ella, renunciar a la fatua fama, y dedicarse a transmitir su arte a propios y extraños, dirigiendo una escuela de gran reputación. Los Aaron y Sherry de su ensueño se marchitaban despacio, acunados por su música, y abandonaban la vida envueltos en la suave melodía de lo celestial.
Aaron se sintió arrancado de un sueño cuando la música acabó. Todo lo vivido –“vivido”, era la palabra adecuada- había sido evocado por aquella perfecta partitura. Perfecta, pero irreal. En todo momento había estado convencido de estar soñando. Se fijó que al final de la partitura, con letra temblorosa había otra nota: “Me estoy acercando”
La siguiente partitura, la última, no tenía sentido. No podía tocarse, algo que Aaron lamentó profundamente. Pensó que quizá, tras el último destello de genialidad, la demencia había ganado la batalla por la mente de su amiga –de su amada, ahora podía afirmarlo- y había borrado sus recuerdos y su talento. Pero algo en su interior se negó a creerlo, y tuvo una idea. Tomó un papel en blanco, y cogiendo la penúltima partitura, añadió las inconexas notas de la última. No veía claramente que se conseguiría con ello, pero ya estaba lejos de entender el genio de Sherry. Así que tocó.
Esperó la vívida ensoñación de antes, pero ésta no llegó. Creyó sentir el desplazamiento de antes, cuando contempló la escena de su propio concierto, pero pasó pronto. Sin embargo, poco a poco, mientras recorría aquella partitura sobre las teclas blancas y negras, empezó a perder la conciencia de todo aquello que no fuera la música, la hechizadora melodía cargada de sensaciones que brotaba de las cuerdas del piano. Todo empezó a hacerse armónico, todo empezó a existir al compás de aquella música, e incluso los latidos de su corazón se acompasaron al ritmo marcado por las teclas.

El forense no consiguió averiguar la causa de la muerte de Aaron Heigelmann. Simplemente apareció apoyado sobre las teclas del negro piano, como descansando. Lo único que pudo comprobar fue que el músico había muerto alrededor de las nueve de la noche.
Justo a la hora en que los vecinos oyeron terminar la preciosa música de su piano.
RELATO 2:
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RELATO DE UNA VIDA POST-MORTEM

Él vuelve siempre que llora un violín, siempre que ríe un piano, siempre que un arpa melodiosa acaricia tiernamente el aire en espirales de olor a canela. No es que vuelva con la música, vuelve con ella o es quizás la propia música.

El corazón se encoge, los ojos se llenan de lágrimas. Hombres y mujeres bajan la cabeza, y ríen o lloran con ellos, preguntándose por qué. Sus cuerpos cálidos sienten el punzante contraste de la lluvia fundiéndose fría sobre su piel y quemando su interior, el olor del sol en las yemas de sus dedos vueltas hacía abajo para ver crecer la hierba verde y tierna cada primavera, las palmas de las manos juntas en un último abrazo en el que la muerte no es sólo, en principio, nada más que el cínico final en el que la vida se ríe de ellos en su cara y hace que se avergüencen de su impúdica existencia. Y sin embargo esto les produce tranquilidad, porque es contradictorio, y las hojas secas de los árboles susurran en voz baja a sus corazones aquella vieja historia del hombre que se hizo música para volver siempre, para crear lágrimas, esperanza, sueños. Para comprender la magia que en ella se encierra.

“Amaba la música. Siempre había pensado que era algo creado para sentir, no para entender. Siempre me había fascinado de un modo subconsciente y casi sobrenatural el hecho de que una melodía, o un simple acorde, nos afecte de un modo tan diferente combinando según qué notas.

Siempre había vivido rodeado de instrumentos, atriles, pentagramas. El ambiente propicio para un óptimo desarrollo intelectual –musicalmente hablando- de un niño a ojos de cualquiera. Y de hecho así fue.

Mi padre era músico.
Me encantaba llegar a casa cada tarde después del colegio y sentir cómo la calidez de su piano coloreaba las calles del barrio de matices marrones y ocres cuando él ensayaba para una obra de la orquesta. Y también sentarme en el alféizar de la ventana una tarde de invierno e ir viendo cómo el suave pero firme susurro del violín teñía de fríos azules el aire, a veces llegando hasta el violeta más oscuro, otras hasta el más puro blanco, a la vez que los caprichosos contrastes de la melodía se reflejaban en su rostro cuando componía. Cómo el suave e íntimo rasgueo de la guitarra evocaba aromas de hierba y flores silvestres, cómo bajaba a las profundidades más abisales cabalgando el lamento del contrabajo y escalaba las más altas cumbres cogido fuertemente del ala de una ágil melodía de flauta.
Siempre había tenido una personalidad un poco fuera de lo común, algo que, en cierta forma, supongo tuvo sus consecuencias en mí mucho tiempo después. Más que hacer de la música parte de su vida, hacía que su vida pasase a formar parte de la música. Que su vida fuese la música.

A mi madre no la recuerdo.
Mucho tiempo después de haber dejado el colegio, yo seguía disfrutando de las interpretaciones de mi padre, aunque jamás hablé con él del tema, ni siquiera cuando era más pequeño. Y tengo que agradecerle algo muy importante, algo que fue fundamental para mi desarrollo, para que alguna vez llegase a ser como fui: gracias a mi padre, gracias al amor que sin palabras me inculcó por la música y todo lo relacionado con ella, le hice un hueco en mi vida y conseguí que pasase a formar una parte fundamental de ella. Porque la música me decía mucho más de lo que podrían conseguir siquiera las palabras. Porque se había convertido en una especie de halo de complicidad entre dos seres tan parecidos, pero que sin embargo habían hecho de ella dos pilares opuestos en sus existencias: Para mi padre, su vida era la música. Para mi, la música era mi vida.

Mi padre era un hombre que durante toda su vida había ido a contracorriente de los demás, buscando una profundidad existencial, por así decirlo, que sólo la música fue capaz de proporcionarle. Tenía una especie de don para todo lo relacionado con ella. Cualquier tipo de instrumento cobraba vida entre sus manos, y tuvo la gran suerte de poder dedicarse a lo único que sabía y amaba en el mundo, componer e interpretar, y de que aún encima le pagasen por ello. Era un ser solitario, sumido en su propio interior y en sus sentimientos, de apariencia débil pero con una fuerte personalidad que sólo era capaz de canalizar a través de la música y que apenas nadie fue capaz de apreciar nunca.
Una de esas personas fue mi madre, aunque no lo consiguió del todo, ya que pese a quedar perdidamente enamorada de esa personalidad se casó con él con la infantil inocencia de que alguna vez podría llegar a cambiarle.

Mi madre era psicóloga, y quizás por eso muchas veces pienso que tal vez todo aquel amor fuese simplemente fascinación hacia algo tan complicado que resulta incomprensible pero inevitablemente atrayente. Supongo que pese a todo ella nunca llegó a entender lo que la música era para la mente de un ser como mi padre y no quiso aceptar las consecuencias.

No puedo decir que yo entendiese a mi padre. Pero, y aunque por diferentes motivos, mi amor por la música era similar al suyo, y casi creo que alguna vez estuve cerca de conseguirlo. De todas formas, aunque no le entendiese siempre le había adorado. Para mí, ÉL hacía la música. Y de alguna manera había conseguido personalizar algo tan etéreo, tan general y tan inabarcable e infinito como ese concepto en un ser humano: él mismo.
Yo conocía la música por él, yo era como era por él, él había acercado a mí mi única pasión y representaba para mí, para algo tan pequeño como un simple ser humano, su máximo exponente en forma de hombre: mi padre.
La música lo era para mí casi todo, y la mayoría de las veces no era capaz de entender lo indiferente que resultaba para muchas otras personas. Siempre había querido entenderla, saber por qué una cierta melodía nos apena el corazón y otra nos anima, entender la razón por la cual tres notas tocadas al unísono desagradan al oído y otras tres nos resultan agradables. Poco a poco me fui sumiendo cada vez más en mis propios pensamientos, reflexionando conmigo mismo, buscando cosas como el cenit de la belleza musical. Fue así como aprendí a tocar algún instrumento, mi padre nunca me enseñó.

A la vez que yo estaba cada vez más encerrado en mi propio mundo, mi padre aportaba más dedicación a componer o ensayar. Sus compañeros le tachaban de extraño, no hablaba con nadie, y a cada momento que pasaba se iba sumiendo cada vez más en sí mismo. Fue la pared verbal que se levantaba entre nosotros dos lo que nos fue aislando cada vez más y nos impidió ver lo que ocurría al otro lado.
Un día, mi padre dejó de ir al trabajo. Y yo ni siquiera me di cuenta de ello.

Un tiempo después, cayó enfermo. Y lo único que me permitió darme cuenta de la gravedad del asunto y salir de mi burbuja fue lo que más habría temido si lo hubiese pensado por un momento: su muerte. No me lo perdoné en lo poco que me restaba de vida.
Mi padre se había ido, y con él la música, y con ella los colores, los olores, los sabores, toda clase de sensación. Intenté por todos mis medios hacer que volviera, pero el arco del violín sólo escupía un barro asqueroso y putrefacto que me hacía vomitar, las teclas del piano se fundían bajo mis dedos, las cuerdas de la guitarra se habían vuelto de piedra.
Y yo me volví más loco de lo que estaba, me veía desde fuera de mi cuerpo cayendo por un túnel que se retorcía y se retorcía sin final, tenía náuseas, al aire no llenaba mis pulmones, mi boca estaba seca, mi garganta no tragaba. Mis oídos pitaban hasta hacerme desesperar.
Cabalgaba como un caballo desbocado por las cimas de las montañas, caía sin parar a las profundidades abisales, el olor a hierba lo inundaba todo impidiéndome respirar, todo se volvía azul desorientándome y haciéndome perder la consciencia de mi propio cuerpo, de repente todo quemaba, y exploté en mil pedazos uniéndome a las estrellas y mi alma se fragmentó infinitamente, me sumergí en las aguas, y se hizo el silencio.

Dos días más tarde la policía entró en mi casa encontrando el cuerpo sin vida de mi padre, el suelo inundado de sangre, y el mío, también inerte, con la cabeza apoyada sobre el de él.
Hubo dos muertes, y dos supuestos motivos que fueron los que aparecieron en el informe policial: infarto y suicidio. Pero ellos no saben que no fue así.”

La lluvia cae afuera. Los hombres se despiertan y no saben decir si todo fue una ilusión, si alguna vez existió la música, si fue un sueño, si la historia en sí lo fue. Desde el escenario se oye la sonata “Claro de Luna” de Beethoven, y nadie es capaz de explicar por qué es melancolía lo que llena sus corazones. Piensan que es ahí dónde reside la magia de la música, porque no hay que entenderla, hay que sentirla. No saben si la sienten... Lo único que saben es que él está allí, porque le ven, invisible, acariciando melancólicamente el piano. Porque él vuelve con la música. Porque la música es él. Siempre.
RELATO 3:
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Heavy music.

Me palpo los bolsillos suavemente buscando un cigarrillo y con ello una vía de escape. Encuentro uno pero está bastante arrugado, deformado y cubierto de sangre. Maldición, no consigo encenderlo… Está demasiado empapado para que se encienda. Me agacho cerca de uno de los cuerpos inanimados del suelo y lo registro, seguro que alguno de estos cretinos tiene algo. Premio. Me llevo el cigarro a la boca y lo enciendo, un humo de color pálido comienza a recorrerme los pulmones y la sala donde me encuentro.
Me encuentro en un club nocturno, antes lo era, vaya. Las luces están apagadas, dejando sobre mí un manto de oscuridad que me asfixia, el aire está lleno de humo y de olor a muerte. Solo tres focos funcionan, dejando un rastro de luz verde botella iluminando la entrada. En el club nocturno hay una gran pista de baile que está en medio de la sala y en el lado opuesto de las dos grandes puertas que hacen de entrada una barra, un mostrador y varios taburetes de pie, la mayoría están o rotos o por los suelos. Este lugar es conocido por el gran espacio que hay para bailar y con ello para ligar, donde cada día bailan inhibidamente muchos chicos y chicas bajo múltiples luces de colores al son de la música, de esa odiosa música maquinera y de reggaeton. Normalmente suelen frecuentar por aquí gente de mala calaña, el cáncer de nuestra sociedad. Ahora no hay música, solo un silencio que es apartado de vez en cuando por las chispas que salen de varios cables de la iluminación que cuelgan del techo. El cáncer de la música actual, irónicamente es el reggaeton, que es una forma de practicar sexo públicamente en las discotecas, música repetitiva sin sentimiento alguno salvo el de bailar cinco horas seguidas puesto de drogas hasta las cejas. Enciendo otro cigarro mientras me levanto para caminar por la grandísima pista de baile, de un oscuro negro azabache iluminada débilmente por los focos verdes. Cerca de veinte cadáveres con la mirada gélida y el alma congelada observan mi paseo mientras los contemplo. Siento una lástima pasajera por ellos, si bien es verdad que eran personas con una vida, pero con una vida que desaprovecharían drogándose y viviendo como delincuentes. Unas vidas que he aprovechado mejor que ellos.

Mi historia es una historia larga, complicada y demasiado violenta. No tengo ganas de hablar mucho, pues también es cierto que no tengo tiempo para contártelo todo, de todos modos no lo entenderías y seguramente te asustarías. ¿Mi nombre? No importa, son solo letras ordenadas por un patrón emocional por parte de mis difuntos padres.

Un día como otro cualquiera desperté empapado en sudor, había tenido una terrible pesadilla. Palpé la mesilla de noche, todo estaba muy oscuro y no podía ver nada, me gusta dormir sin ninguna luz que me moleste. Toqué algo, una mesilla, pero no se parecía en nada a la mía y momentos después me di cuenta que en el colchón donde estaba no era el mío, era más viejo y duro. Sentí en mi pecho como se helaba mi corazón, cerca de mis muñecas se encontraban unas esposas, atadas a unos barrotes de la cama, desde luego no estaba en mi casa. Una oscura y grabe voz me dijo unas palabras, las cuales apenas entendí, pero creo que me dijo algo como “Despierta pequeño”. Mis ojos marrones comenzaron a adentrarse en la oscuridad, permitiendo ver un poco. Un pequeño energúmeno se encontraba cerca de la mesilla de noche, parecía una persona de avanzada edad. Se acercó a la mesilla y mientras lo hacía unos dientes metálicos brillaban en su boca, contemplándome con superioridad. Tocó algo en la mesilla que no logré a ver, pero por el chasqueo que hizo seguramente era un casete. Todo se volvió más oscuro aún y se difuminaba en mi cabeza mientras una musiquilla que me encolerizaba sonaba de fondo.



Salté en mi cama, despertándome muchísimo más sudoroso que antes. Todo estaba un poco borroso, pero la habitación se podía contemplar perfectamente, las persianas estaban subidas al máximo, era mediodía. Aquello de antes fue solo un sueño. O eso pensaba. Mientras el perfil de la habitación se hacía más nítido me entraron náuseas, corrí hacia el lavabo y vomité. Cuando ya me sentí mejor me lavé la cara y para mi asombro varios centímetros por encima de mi ceja izquierda se encontraba una pequeña cicatriz. Mi corazón, un tambor que palpitaba violentamente sabía que algo no iba como debería ir.

Un suave ronroneo entró en mis orejas, era una melodía suave, armónica y muy agradable que venía de arriba. Vivo en un pisito muy pequeño de un bloque de edificios de pocos pisos. La música seguramente venía del piso del piso de arriba, por lo que salí para ver que era, pues pese que por supuesto a ti te parece algo poco relevante, a mi en aquel momento me atraía mucho esa melodía. Sin saber porqué, corrí por las escaleras para ver de que se trataba y cuando me di cuenta de que estaba muy cerca estaba corriendo salvajemente y jadeaba como una bestia acechando a su presa. La puerta estaba entreabierta. La abrí de golpe y me abalance hacia el origen de la música o eso pensaba yo. Había un reproductor de música que emitía tal sonido, yo era consciente de eso, pero sin embargo notaba que el sonido procedía de al lado del reproductor. Allí estaba mi vecino atado con varias cuerdas a la cama y gritaba mientras yo saltaba contra el, pero sus gritos no se oyeron porqué estaba amordazado. Entonces todo estaba muy borroso, no podía ver del todo bien, pero mi cuerpo y mis brazos se movían con toda gracia sin poder controlarlos, era como si estuviese viendo una película. Momentos después la canción se paró y volví en mí.

Me encontraba empapado en sudor y sangre y enfrente de mi estaba mi vecino de arriba atado y totalmente destrozado y con sus vísceras por toda la habitación. Estaba muy asustado, acababa de matar a una persona y lo más espantoso de todo era que había disfrutado cada segundo mientras lo había hecho. En aquellos momentos aún era muy blando, me sorprende ahora mismo que me hubiese comportado tan absurdamente. Estaba claro que alguien había planeado eso. Un débil murmullo me llegó desde la otra punta de la habitación. Me giré lentamente, no podía creer que aquello fuese verdad. La mujer de mi difunto vecino, seguramente acababa de entrar por la puerta, me contemplaba con temor. Intente decir algo ¿pero que podía decirle? Acababa de matar de una manera carnicera a su marido y ella lo sabía. Cuando trate de dirigirme a ella me empujó y fue a la cocina seguramente a por un cuchillo. Tropecé hacia atrás y caí sobre el reproductor, ella cometió un grabe error. Una melodía dulce como la miel salía de la cocina y se acercaba a mí, esperando que la escuchara durante aquel momento de éxtasis.

Pasaron los años y tuve que subsistir como pude. Un las puertas del cielo se abrían a mi cuando escuchaba música que me agradase. Vivía en los lugares más recónditos huyendo de la ley y llevando constantemente tapones en las orejas hasta que llegase el momento del seductor festín. Al principio traté de evitar que aquello sucediese, pero seis meses después decidí vivir como un rey. Solo me acercaba a la gente de los bajos suburbios o a delincuentes, gente a la que nadie echaría de menos o se merecía aquello. Hace una semana mientras estaba en mi salvaje rito alguien me vio y huyó y con eso la policía si antes me seguía el rastro aún más cerca la tengo. Tarde o temprano se acabaría eso. Había llegado la hora de despedirse a lo grande.
Aquella noche me dirigí a una discoteca famosa por la gran cantidad de gente que acude en ella. Conseguí meterme dentro por el día y cambié un disco de los que tendrían que pinchar. Contemplé embobado lo grande que era aquel lugar y la gran despedida que me iba a dar.

Y así fue.

Me preparé con mis mejores ropas, una camiseta sin mangas que abrigaba poco pero otorgaba gran movimiento a los brazos sin roces con costuras o dobladillos decorativos. Aguardé en la barra bebiendo en cantidad, espetando disfrutar mucho del momento cuando llegase, como hacían en un pasado los hashshashín, asesinos del antiguo Oriente que se encargaban de matar a personalidades importantes en un ataque homicida y kamikaze y antes de hacerlo consumían grandes cantidades hachís, de hecho la palabra significa consumidor de hachís. Cuando llegaba al final de la canción que precedía a la mía pagué las copas que me había tomado y me dirigí a la pista de baile. Esperé en la parte más cercana de la salida, lugar donde todos acudirían en breves momentos. Se hizo el silencio. Comenzó a sonar una canción lenta tocada por varios violines, la gente ultrajada comenzaba a gritar mientras la canción proseguía. Los violines comenzaban a ser sustituidos por unas baquetas y un bajo que tocaban con un ritmo cada vez más rápido. Los últimos violines desaparecieron y la canción fue tomando un aire de rock and roll. Los ojos me brillaban. Todo comenzaba a volverse borroso mientras mis manos se metían en los bolsillos y sacaban dos alargados cuchillos. Como si de un baile se tratase los cuchillos danzaban en todas las direcciones y la gente estupefacta comenzaba a correr hacia la salida, muchos cayendo ante el acero. A cada persona que caía veía peor que antes y los brazos se movían mucho más rápidos. No podía pararme con cada persona, debía cazar a cuantos más mejor y luego ya me recrearía con ellos.



Ahora mientras paseo por la pista de baile contemplando a las vidas segadas siento una pequeña congoja ya no me queda nada más. Las sirenas que se escuchan de lejos me susurran a los oídos que aya afuera hay mucha gente, armada, lista para abatirme. Me acerco a la entrada, cerca de la parte poco iluminada. Lanzo uno de los cuchillos contra el foco más cercano, apagándole su luz verde. La puerta se abre de par en par y entran muchos agentes de policía contemplando la masacre que hay entre ellos. Mis días llegaron al fin, el equipo de música de la discoteca arranca otra vez con un relajante sonido de varios violines. Una cruel sonrisa me asoma en los labios, moriré pero antes pecaré con el postre.
RELATO 4:
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La gran oportunidad

A Uriel no le salía nada. Le era imposible concentrarse en lo que estaba tocando, y se equivocaba de línea constantemente. Era extraño. Nunca antes le había pasado esto.
Miguel interrumpió por cuarta vez el ensayo y se volvió hacía él, con cara de fastidio.
- ¿Se puede saber qué pasa esta vez, Uriel?
El resto de trompetistas se volvieron hacia él, con gesto enfadado. El ensayo estaba durando más de la cuenta por su culpa, y estaban bastante cansados.
- Lo lamento mucho, señor.- se disculpó respetuosamente Uriel.- Estaba desconcentrado. No volverá a ocurrir.
- Eso mismo has dicho hace quince minutos.- objetó Miguel.- Y hace treinta, cuarenta, y todas las veces que te has equivocado hoy.
Uriel sintió como ardían sus mejillas. Miguel suspiró.
- Muy bien, es suficiente por hoy. Ya continuaremos mañana.
Se levantó un estruendo de sillas al arrastrarse por el suelo. Uriel se puso en pie y metió su trompeta en su funda rápidamente, intentando poder salir antes de que Miguel se diese cuenta.
- Uriel, espera un momento.- dijo la voz de Miguel antes de que pudiese atravesar la puerta. Resignado, se dio la vuelta y se encaró con Miguel.
- ¿Si?- preguntó inocentemente.
- Estás muy distraído últimamente. ¿Sucede algo?
- Nada en especial. Supongo que son los nervios.
- Si ves que no vas a poder con la presión, puedes dejarlo. Ya le dije a los jefes que eras muy nuevo para este trabajo, por muy buen músico que seas.
- No, no es necesario. Conseguiré hacerlo bien, ya lo verá.
Miguel asintió, no muy convencido, y Uriel se escapó rápidamente por la puerta.
Caminó rápido hacia su casa. Se sentía furioso. La música formaba parte de su vida desde que era pequeño. Además de la trompeta, sabía tocar el violín y la guitarra. De hecho, estaba seguro de que podría haber tenido una excelente carrera como violinista, de no ser porque su madre se empeñó en que estudiase una carrera decente y se dejase de tantas chorradas con la música.
A trancas y a barrancas consiguió sacar una nota aceptable en selectividad, y comenzó sus estudios de derecho. Sin embargo, pronto quedó claro que la única cosa que se le daba bien era la música. Después de tres años en primero, decidió dejarlo y seguir intentándolo con la música. Pero para entonces, lo único que consiguió fue un empleo de guitarrista en una sala de fiestas. Hasta que de pronto un día, sin saber muy bien como, acabó allí.
Miguel vino a buscarlo enseguida. Les hacía falta su talento con la trompeta. Necesitaban a los mejores para ese concierto, y creían que el podría hacer un buen papel. Uriel aceptó sin dudarlo. Al fin una gran oportunidad de demostrar lo que valía.

Al principio todo fue muy bien, y entonces Miguel le dio un lugar destacado. Él sería solista y comenzaría el concierto. Nunca había tenido un papel de tanta responsabilidad, siempre había estado a la sombra de otros. Y cuando se dio cuenta de lo que esto suponía, se hundió.
Era cierto que ésta era una ocasión especial; cualquier persona se sentiría totalmente abrumada ante tal responsabilidad. Uriel sabía de hecho que el primer hombre al que se lo propusieron fue retirado del cargo por desmayarse cuando le comunicaron su decisión. A él mismo le dio vueltas la cabeza cuando le explicaron lo que querían de él. Y haber sido elegido entre tantos… realmente era como para marearse.
Ese pensamiento le infundió valor. “Si me han escogido a mí, será porque puedo conseguirlo.” Pero inmediatamente le invadió una oleada de miedo. “Tienen que haberse equivocado. Yo nunca he hecho nada importante. Llegado el momento fallaré, seguro”.
Seguía dándole vueltas a esto cuando escucho una carcajada detrás de él, e inmediatamente sintió como unos brazos de le enroscaban alrededor del cuello.
- ¿Pensando en mí, Uriel? Se te ve muy concentrado.
Uriel se desembarazó como pudo del abrazo de la muchacha y se dio la vuelta. Una chica como de unos veinte años, de abundante pelo rojo fuego y rizado le sonreía pícaramente.
- Estela.
Estela era la primera amiga que había hecho nada más llegar a ese lugar. Aunque no estaba seguro de si podía considerarla su amiga. Para empezar, estaba completamente seguro de que Estela no era su verdadero nombre, primero, porque se había tomado su tiempo para contestar cuando se lo preguntó, y segundo, porque la mitad de las veces no respondía cuando la llamaba Estela. Desde que llegó, Estela lo había estado siguiendo a todas partes, dispuesta siempre a reírse de él cuando algo le salía mal. Así que por supuesto sus ensayos con la orquesta le parecían de lo más divertidos. A cambio ella le había contado algunas cosas de su vida, pero nada realmente importante. Así que Uriel no sabía si podía considerarla su amiga, simplemente porque no sabía ni quién era. De lo que sí se había percatado era de que todo el mundo parecía conocerla.
- Los chicos parecían disgustados. Sabes que el miedo escénico se tiene en el escenario y no en los ensayos, ¿verdad?
- ¿Has venido a reírte de mí?
- Pues la verdad es que sí- contestó ella con desparpajo.
Uriel se dio la vuelta y continuó andando. Ella siguió caminando a su lado.
- Sé como te sientes.- le dijo, por una vez, en serio. Él se rió.
- Qué vas a saber…
- Sé que crees que lo único que sabes hacer es tocar. Que te sientes perdido por que sientes que la música, que es lo único en lo que has confiado siempre ahora escapa a tu control. Y sé que esto te sucede porque estas asustado, porque sientes que se te ha confiado una responsabilidad para la que no estas preparado. Incluso piensas que estás ocupando el puesto de otra persona que se lo merecería más.
Uriel se sintió molesto. Así era como se sentía exactamente.
- Te crees muy lista.
- Eso es que he acertado.
- ¿Por qué te gusta tanto fastidiarme?
Estela se encogió de hombros.
- Me gustas bastante. Eres muy divertido.
- Hay millones de tíos aquí mucho más divertidos que yo. Vete a molestar a alguno de ellos.
Estela lo miró fijamente.
- Conozco a Miguel mucho más que tú. Nunca se ha equivocado.
- Un dato muy interesante.
- Me necesitas, Uriel.
- ¿Y eso porque?
- Por que creo en ti. Y ya que tú no lo haces, alguien tiene que hacerlo por ti.


Uriel no sabría explicar cómo había conseguido llegar al gran día. Pero allí estaba, desfilando con sus compañeros, rumbo a su gran concierto, a su gran oportunidad. Y aunque le costara admitirlo, posiblemente Estela tenía gran parte de la culpa de eso. Desde el día en que habían estado hablando, camino de su casa, ella había ido a recogerlo a todos los ensayos. No hablaban de nada en concreto, y desde aquel día, a penas del concierto, pero por algún motivo, siempre, después de estar con ella Uriel se sentía mucho mejor.
Se había limitado a estar a su lado. Justo lo que él necesitaba
Mientras esperaba con sus compañeros en una sala el momento de partir, Uriel hecho un vistazo alrededor. Había mucha gente atareada, que corría de un lado a otro, preparándolo todo. Y en medio de todos ellos, como siempre, Estela, que se acercó a él rápidamente.
- Este es un sitio reservado.- le dijo él extrañado.
- A mí me dejan entrar en cualquier parte.- contestó ella sonriendo.- ¿Estás nervioso?
- Bastante.- se sincero él.
- Ya has hecho lo más difícil, llegar a este momento. Es como un examen, sólo estas nervioso hasta momentos antes. En cuanto estés en escena, el miedo pasará.
Uriel sonrió.
- Gracias por intentar animarme. Pero no te pega nada.
Estela frunció el ceño.
- No te estoy animando. Te digo la verdad. Yo siempre he creído en ti.
Dio un salto, le echó los brazos al cuello y lo besó. Justo en se momento entró Miguel. Con el semblante serio y concentrado, solamente dijo una palabra
- Adelante.
Y dicho esto, todos los ángeles extendieron sus alas, y descendieron para anunciar, con sus trompetas, la llegada del juicio final.

- Jo, tíos ha sido alucinante.
- No sé yo. Esa gente es una maleducada. Todos gritando y corriendo. Ni nos han escuchado.
- Joder, tío, entre las columnas de fuego y los jinetes del apocalípsis, ¿Qué esperabas, que se quedarán a oírte tocar?
- ¿Todavía están juzgando?
- Pues claro, son millones y millones. Tienen para meses o años.
- En la Biblia decían que iba a ser rápido.
- ¿Y Scarlet Johansson? ¿Sabéis si va a ir al cielo? Porque igual si necesita un guía…
- Ja, listillo, ponte a la cola.
Uriel observaba distraído como sus compañeros de orquesta discutían. Su mente seguía en el concierto de hacía un rato. Estela tenía razón. Lo peor era la espera. Peor una vez en el escenario te olvidas de todo.
Mientras estaba pensando, una chica pelirroja llegó y se sentó a su lado.
-¿Qué tal ha ido?
- Bastante bien.- contestó sonriendo.
- Ojala hubiera podido verlo.- se quejo Estela- Llega el Apocalipsis y me toca trabajar por primera vez en siglos. El jefe me pidió que ayudara con el papeleo para el juicio. Espero que alguien lo haya grabado. Ha tenido que ser espectacular.
Uriel sonrió.
- Ni te lo imaginas.
Estela suspiró.
- En fin, ¿qué te parece si nos vamos a tomar algo, ahora que aún podemos? Vamos a tener mucho trabajo los meses siguientes con tanta gente nueva.
Uriel se levantó y siguió a Estela por los pasillos. Entonces recordó algo.
- Oye, ¿no vas a decirme tu verdadero nombre?
Estela sonrió.
- Oh, ¿no te lo había dicho aún? Me llamo Lilith.
RELATO 5:
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Gloomy Sunday

Despierta, consternado, incapaz de apartar de su mente la imagen de ella, su sonrisa, su figura, su voz, le persiguen en sueños y le gritan, le torturan, le hacen llorar. En la oscuridad de su cuarto siente su llamada y se sobresalta, salta de su lecho y corre en dirección al salón pues sabe que ella está allí. Pero nada, sino tinieblas y soledad le aguardan, pues nadie hay en su casa más que él, él y sus fantasmas. Se arroja al suelo y llora. Llora por haberla perdido y llora porque su cordura se desvanece cuál las imágenes de sus sueños, tan reales hace sólo un momento.


26 de diciembre de 1997

El inspector Jerry Daviau caminaba en dirección al vehículo en torno al cual se agrupaban varios agentes de policía, intentando en vano protegerse cortante viento que azotaba la ciudad de Boston aquella gélida mañana. Un agente le salió al paso, era menudo y parecía adormilado.
-Buenos días inspector.
-Serán para usted, agente, hace un frío que cala los huesos y este es el último sitio de esta condenada ciudad donde desearía estar en estos momentos, así que veamos qué es lo que tiene.
El agente hizo un gesto con la mano para que le siguiese y se encaminó hacia el Peugeot rojo. El vehículo estaba cubierto de una fina capa de escarcha, fruto de haber permanecido a la intemperie durante la helada de la noche anterior.
-Tenemos tres cuerpos, dos chicos y una chica, todos adolescentes.

El inspector se inclinó para mirar a través de la ventanilla del coche y contempló los cuerpos. A pesar de su juventud, la palidez de la muerte ya se había apoderado de ellos.

-Asfixiados-. Dijo el agente. Aunque el inspector ya lo había adivinado por los hornillos bien visibles que había en el interior del vehículo. -Suicidio-, comentó el detective para sí, pues ya había visto esa misma escena en otras ocasiones. Adolescentes con idénticas intenciones se conocen a través de Internet, se meten en un coche, lo cierran a cal y canto, y mueren como consecuencia de inhalar el monóxido de carbono producido por los hornillos que ellos mismos han encendido en el interior. Suicidio colectivo.

Sin previo aviso el agente encendió el cassette del vehículo y unas notas amargas, profundamente melancólicas, inundaron la zona. El inspector Jerry Daviau no pudo reprimir un estremecimiento.
-Fue esta música a todo volumen la que atrajo la atención de los guardias que encontraron el coche esta mañana- dijo-, la cinta está trucada, es la misma canción la que se reproduce una y otra vez-. El policía hizo una pausa y fijó sus ojos en los de su interlocutor
-¿Conoce esta canción, inspector?
-No.
-Yo sí,- los ojos del hombre brillaron cuando le dijo que se trataba de Gloomy Sunday.


-Gloomy Sunday, es una canción compuesta en los años 30 por un húngaro llamado Rezső Seress, un compositor atormentado que acabó suicidándose por un amor no correspondido. Hasta aquí nada raro, pero escucha esto: la canción llegó a Estados Unidos en 1936 y para entonces ya traía de Hungría una leyenda negra, tanto que aquí se la empezó a conocer como “la canción del suicidio”. Dicen que supuestamente tiene el poder de hipnotizar y conducir al suicidio a los amantes afligidos, tal y como le ocurrió a su compositor. A día de hoy, se asocia la canción con más de un centenar de casos de muertes voluntarias.
-No es más que una leyenda urbana.

Jerry Daviau apuró su taza de café, como todos los días, sentado ante él, almorzando, se encontraba Peter, su compañero y única persona en todo el cuerpo a quién podía considerar amigo. Jerry esbozó una sonrisa.
-¿De veras crees que una canción puede matar?
-No importa lo que yo crea, sólo te he contado lo que he averiguado.
-¿No me digas que de verdad lo crees?
Su amigo se recostó en su asiento y lo miró fijamente.
-Si quieres que te diga la verdad, no, no creo que una canción pueda matar, pero sí creo que puede ayudar a tomar la decisión si se dan las circunstancias apropiadas.
Jerry Daviau meditó por un momento las palabras de su amigo.
-De acuerdo, si crees que la canción puede tener alguna implicación con los muchachos muertos de esta mañana, lo investigaré. Pero a cambio tendrás que pagar la cuenta.

Sumido en la oscuridad se sobresalta a cada momento, escuchando su llamada imposible, sucumbiendo a la pena que inunda su alma. Desea correr a su encuentro y fundirse con ella, más está encarcelado, cautivo en su prisión de carne. Conoce la forma de evadirse a su tormento pero teme hacerlo por un momento, sólo por un momento, pues ya nada le queda en este mundo a lo que pueda aferrarse.


Domingo, 4 de enero de 1998

El teléfono sonó con fuerza en la sala de emergencias a las 3:41 a.m., y la empleada de guardia lo cogió al instante.
-Massachussets General Hospital, dígame.
La voz al otro lado era de mujer y estaba muy sobresaltada.
-Un hombre acaba de arrojarse desde una ventana, ¡Dios mío! Ha caído muy cerca de donde estaba.
-Tranquilícese señora, ¿dónde está?
-En el número 5 de Beacon Hill ¡Oh Dios! Todavía se mueve, ¡vengan rápido!

La noche se sacudió por el estruendo de las sirenas que quebraron el sueño de los vecinos, pronto corrió la voz y se habló de un hombre enloquecido que se había arrojado desde un quinto piso, y que pese a sus esfuerzos de perecer aún seguía con vida.

Su música entiende sus sentimientos, ella le marca el camino. Su corazón y su alma han decidido poner fin a todo, esa misma noche su mundo termina.

Un hombre permanecía sentado en uno de los múltiples corredores del hospital, aguardando y recordando. Como un eco, imágenes de buenos momentos junto a su amigo pasaban en sucesión por su memoria. La puerta junto a la que esperaba se abrió.
-Puede pasar ahora si lo desea, señor, pero recuerde que está muy débil-, le dijo una enfermera rubia.
Peter titubeó, sin saber si estaba preparado para enfrentarse a la visión de su amigo en tan mal estado, por fin traspasó el umbral de la puerta y la enfermera cerró tras él. Aunque su amigo estaba consciente, Peter sintió una punzada de dolor al verlo envuelto de cables y rodeado de aparatos de los que dependía su vida.
-¿Cómo te encuentras?
Jerry Daviau hizo amago de responder, pero en cambio, sus ojos se tornaron blancos y un fuerte espasmo le sacudió el cuerpo, seguido de otro y de otro más, mientras su rostro, crispado por el dolor, le dirigía a Peter una mirada de profundo sufrimiento.
-¡¡Enfermera!! ¡¡Enfermera!!-, Peter llamaba lo más fuerte que le permitía el bulto que se le había formado en la garganta.
El equipo médico entró apresuradamente segundos después y echaron fuera a Peter, que incapaz de soportar más la presión, lloró.
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Mensaje por juevescasi »

¡Ostras!
¡Qué nivel!
¡Qué cinco relatos!
Acabo de leerlos (medio... leer) y son geniales, y están muy bien escritos, y.. y... estos relatos revitalizan un poco el concurso. Me gustaron mucho. Los cinco, no diré mi elegido por razones obvias, son muy buenos.

Tengo una sensación de envidia, por no haber podido (querido) formar parte de esta edición, y por otra parte, una sensación de... ¿alivio? El repaso que me hubieseis infringido, hubiese sido tremendo :D .
Así que entre tanto baneo y/o ajetreo en la web, recomiendo (¡¿pero cuánto recomiendo?!) la lectura de los cinco relatos a quien quiera que se pase por este tema.
Felicidades!!!!
"...sólo hay finales abiertos;
y la locura es más deseable que posible;
y nadie volverá a casa con el mismo paso;
y no hay reglas para bailar a dúo en el granero
cuando trabajan duro los esclavos de la música..."
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Mensaje por Fukai »

Alucinante, simplemente alucinante qué pedazo de relatos algunos casi hasta me ha hecho llorar.

Me he pasado a investigar por este tema y me he encontrado con el concurso de este mes y al ver que el tema a tratar era la múscia y dado que éstame gusta tanto me decidí a leérmelos y me alegro de haberlo hecho son geniales, estaís hechos unos verdaderos artistas en lo que a escribir y expresar emociones se refiere..
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Hostia

Mensaje por kid »

Me acabo de dar cuenta de que hoy es el día límite para la entrega de votos y me faltan por entregar los de dos personas. Más que nada era como recordatorio, así que daos caña a ver si lo puedo poner esta noche.
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Mensaje por kid »

Parecía que iba a haber problemas, pero todos los participantes se han comportado y el retraso no ha sido muy grande. Si os pensábais que al haber 5 participantes no habría empate, estabais MUY equivocados xDDDD:
Spoiler: Mostrar
PRIMER PUESTO: GHORRHYON: SHERRY (UNA FÁBULA): 3+4+4+3= 14; SURE: RELATO DE UNA VIDA POST-MORTEM: 4+3+4+3= 14
SEGUNDO PUESTO: Y.NOA: LA GRAN OPORTUNIDAD: 2+2+2+4= 10
Tercer puesto: Shichibukai: Gloomy Sunday: 1+3+2+2= 8

Cuarto puesto: HartiganSJ: Heavy Music: 1+1+1+1= 4
Felicidades a todos los participantes y a la nueva pareja ganadora (anda que no molaría que alguna vez ganase uno solo :P ).

COMENTARIOS:
Spoiler: Mostrar
HartiganSJ escribió: 4 Puntos: Relato de una vida post-mortem

Felicidades al autor, pues ha conseguido crear música solo con palabras y llenar el relato de emociónes y sentimientos.

3 Puntos: Sherry

Es el relato que más me podría haber gustado, le falta un toque final, se desarrolla bien y se va inflando como si fuera de una burbuja pero al final en vez de explotar se desincha. Una lastima, pudo haber sido algo muy grande.

2 Puntos: La gran oportunidad

Relato humilde que no llega a un gran "algo" pero cumple satisfactoriamente.

1 Punto: Gloomy Sunday

Si Sherry era una burbuja que no llegó a ese gran boom, Gloomy Sunday por desgracia solo se infla a medias. Si lo que el autor pretendía era dar "sentimiento" al relato no lo ha conseguido, es un relato demasiado corto para narrar la historia que cuenta y llegar a encariñarnos con el policia o vivir el caso.
Shichibukai escribió:Sherry (una fábula)

Has tocado, salvando las circunstancias concretas, el mismo punto sobre el que he pretendido escribir yo mi relato: la muerte y la música estrechamente unidas. Aunque tú también hablas de locura, habitual también, ya que no pocos considerados hoy genios de las artes eran en su época considerados locos. Es un relato triste como la mayoría de los presentados, con lo que casi todos nosotros hemos utilizado la música para contar una historia dramática. La tuya me ha parecido especialmente buena, bien llevada desde el principio hasta su sorprendente desenlace, aunque adecuado dada la atmósfera global del relato.

Puntuación: 4

Relato de una vida post-mortem

Es sin duda la más poética de todas, y como viene siendo habitual en el concurso, tratas de la locura y la muerte, además, por supuesto, de la música. Melancólica historia y muy bien narrada. Antes he dicho que era poética, en mi opinión incluso demasiado, pero no quiero decir que sea malo, eso ya para gustos. El final lo adelantas en el título, lo cuál tiene su parte buena y su parte mala. Su parte buena es que al finalizar el relato se produce una sensación de conjunto, de que se ha cerrado el círculo. Su parte mala es que el desenlace tiene menos fuerza y una de las mejores virtudes que puede tener un relato corto es un final fuerte. Con todo, me ha gustado leerlo.

Puntuación: 3

Heavy music

Me gusta el principio, los dos primeros párrafos son muy buenos y prometen, pero después me ha dejado una sensación de que va perdiendo a medida que se acerca el final. Comparándolo con los demás relatos, en el tuyo hay acción y se ajusta más al tipo de relato que prefiero, pero lo has descuidado en algunos aspectos: hay algunas faltas de ortografía y otros errores de fácil solución que sin embargo no están solucionados. Quizá si no hubieses descuidado esos detalles mi puntuación hubiera sido mayor, pero ha sido un concurso de nivel alto.

Puntuación: 1

La gran oportunidad

Es el relato más humano de todos y el único de los que yo he tenido que leer con diálogos, que le dan mucha agilidad. Y gracias. ¡No hay asomo de locura ni de muerte en toda la narración! No le has metido dramatismo como hemos hecho los demás, y eso sin tú quererlo, por azar, coloca tu relato en una dimensión diferente a las demás, lo que la hace más difícil de valorar. Como ya he dicho es la más humana, está bien escrita y me ha gustado, sin embargo me ha gustado algo menos que otras dos, quizá porque el dramatismo le da más fuerza a un relato, no lo sé exactamente.

Puntuación: 2
Sure escribió:Bueno, antes de nada me gustaría decir que me ha sorprendido mucho (y muy gratamente) el nivel de los relatos en esta edición. La verdad es que ha sido una delicia leerlos, tanto por la originalidad de las historias como por la calidad de los textos en sí, así que mis felicidades para todos los participantes porque os habéis lucido :wink:. También felicitar a Juevescasi por la elección del tema, que aunque hayamos sido pocos, creo que por las historias en sí salta a la vista que ha sido un éxito. Pero bueno, al grano, que si no me enrollo y no tenemos puntuaciones hasta navidad:

RELATO 1 (SHERRY (una fábula))- 4 puntos
Aunque me ha resultado difícil la elección del primer puesto, creo que me quedo con este más que nada porque a parte de la redacción –a mi opinión simplemente ligera, descriptiva y envolvente- me encanta toda esa atmósfera de… nostalgia que envuelve al relato. Y a parte de eso, porque estoy totalmente de acuerdo con el hecho de que se presente a la música como la representación de la vida de una persona y una especie de plasmación gráfica del alma humana… o algo así xD [<- se expresa como un chimpancé]. También me gustó la mención de la teoría de la música de las esferas, que aunque a día de hoy no deja de parecer un tanto disparatada, a mi me resulta de alguna forma misteriosamente encantadora. En fin, que me quedo con una sensación muy agradable de este relato ^^.

RELATO 3 (Heavy music)- 1 punto
Una historia muy original que pese a eso creo que podría haber dado para mucho más. Me refiero a que hay veces en que las descripciones se me hacen cortas o el ritmo de la narración se detiene de pronto en momentos en que no viene al caso.
Hay algunos fallos tontos que con un poco de atención creo que podrían haberse solucionado fácilmente.
Ojo con las faltas!

RELATO 4 (La gran oportunidad)- 2 puntos
A ver. Si este relato se lleva los dos puntos más que nada es porque no me quedó muy claro el “giro argumental” del final, si se puede llamar así. Vale que sí, que lo entiendo, pero creo que podría haber estado explicado de otra manera porque queda como demasiado… repentino? Quizás sea porque la primera parte se alarga demasiado con respecto al final, y este queda como un poco descolgado con relación al resto, demasiado dividido, por así decirlo.
De todas formas tengo que resaltar que a parte de la originalidad del tema, me encantó el tonillo humorístico del final. El Apocalipsis? Joder, lo normal!

RELATO 5 (Gloomy Sunday)-3 puntos
Bonita historia basada en una preciosísima melodía. Igual que con respecto al primer relato, tengo que decir que tanto la narración como el ritmo son impecables, y creo que tiene un ambiente de novela policíaca estadounidense muy acertado para este tema. Como ya he dicho antes esta fue la elección más difícil de todas, y es una pena que no puedan llevar cuatro puntos los dos relatos.
Lo mejor, para mí: el final abierto, no saber qué es lo que pasará con el protagonista, si vivirá o sucumbirá a la música.
Y. Noa escribió:Quiero felicitaros a todos, porque el nivel de este mes (salvo por mi relato), ha sido bastante bueno, y me ha gustado mucho esta edición. y ya sin más, pasamos a las votaciones:

Relato: Relato de una vida Post-mortem
Puntuación: 4 puntos.
Otras veces he dudado más, pero en esta edición no he tenido ninguna duda de que este relato se merece la máxima puntuación. Las metáforas empleadas, el lenguaje, las descripciones, todo me ha encantado. Es para mi gusto el mejor.

Relato: Sherry (una fábula)
Puntuación: 3 puntos.
Otro relato muy bien narrado, con una historia muy bonita y muy bien descrito. Me ha gustado especialmente, como se van narrando los sentimientos y la vida de Sherry a través de las obras que había escrito, y el final me ha sorprendido bastante.

Relato: Gloomy Sunday
Puntuación: 2 puntos.
No conocía la historia de la canción, y me ha gustado mucho el relato. Está muy bien escrito. Quizás para mi gusto es un poco corto, apenas da tiempo a cogerle cariño al pobre Jerry Daviau. Por lo demás es perfecto.

Relato: Heavy Music
Puntuación: 1 punto.
Al algún relato tengo que darle solo un punto, aunque me parece injusto porque todos me han parecido muy buenos. De este relato lo que más me gusta es el principio (los tres primeros párrafos) y el final, me parece que esa parte está mejor narrada que el resto, aunque en general me ha gustado también mucho

La gran Oportunidad.
Bueno. Tenía una historia bastante mejor en mente, pero la falta de tiempo y que era un tema más complicado me hicieron cambiar a última hora por este relato, que eras mucho más sencillo y más rápido de escribir, pero que no da para mucho. Leyendo los demás relatos me daba una vergüenza horrible haberlo entregado, porque no me gusta nada (me sentía moralmente obligada a escribir algo ya que había prórroga). Lo escribí con prisas la mañana misma de la fecha límite, con lo que hay cosas que están poco explicadas, los personajes no tienen a penas personalidad y el relato está poco trabajado. En general es bastante malo, y me da rabia porque la música era un tema que me gustaba mucho. En fin, otra vez será.
Ghorrhyon escribió:
Título: Relato de una vida post-mortem
Lo mejor: El profundo lirismo de la narración, aunando todas las sensaciones en la música. Muy bonito, estéticamente insuperable, sin hacerse, por otro lado, empalagoso o aburrido.
Lo peor: No tiene personajes, es una narración algo plana y contínua sobre las sensaciones que despierta la música en el protagonista, un pretexto para escribir sobre la música. Podría llegar a ser ensayo, pero...
Puntuación: 3

Título: Heavy music
Lo mejor: Planteamiento original, y una manera muy adecuada de afrontar la personalidad de un atípico asesino en serie. Muy buena la crítica al Reggaeton que comparto totalmente XD
Lo peor: Algunas patadillas ortográficas y gramaticales, que afean el conjunto, deja suelto el cabo del extraño inductor de los asesinatos, y por mucho que mole el Assassin's creed, no me parece momento ni lugar para culturizar XDD
Puntuación: 1

Título: La gran oportunidad
Lo mejor: ¡Es un relato humorístico! ¡Me ha encantado! La temática humanizante de las divinidades siempre me ha gustado. El chiste de Scarlet Johanson en buenísimo, contribuye al perfecto efecto global de la historia.
Lo peor: No sé si es malo, pero desde que leí los nombres de los dos músicos, me figuré de qué iba todo. Me despistó lo de la carrera, pero... bah, da igual, el caso es que se veía venir que eso acababa como el rosario de la Aurora XD
Puntuación: 4

Título: Gloomy Sunday
Lo mejor: Su total y absoluta corrección y la precisión de los detalles. Además, tiene un ritmo pausado pero que te hace avanzar en dos patadas.
Lo peor: Eso es lo malo, que no tiene nada que destaque por encima de lo demás... no es malo, sólo... correcto.
Puntuación: 2

En cuanto a la mía sólo diré que todos hemos relacionado música y muerte, y que necesitamos ir al psiquiatra ya XD
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Y. Noa
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Mensaje por Y. Noa »

¡Muchas felicidades, Ghorryhon y Sure! Estaba clarísimo que uno de estos dos relatos iba a ganar, porque sobresalían entre todos, y mira, al final han sido los dos.
En cuanto a mí, he obtenido un sorprendente segundo puesto. Está claro que cuanto menos me gusta a mí el relato, más le gusta a los demás. Lo tendré en cuenta (menos mal que escribí éste y no el otro que tenía pensado XDD)
Y Felicidades tambien a Sichibukai y HartiganSJ por sus relatos.

Y ahora, pasemos a comentar los comentarios:
@HartiganSJ: Sí, relamente mi relato no aspiraba a mucho más que a cumplir. Gracias por tus comentarios.
@Shichibukai: Me alegro de que mi relato te haya parecido humano y te haya resultado ligero de leer. Gracias a ti tambien.
@Sure: Bueno, lo de precipitado es porque intenté que el final resultara sorprendente, aunque no sé si lo he conseguido. El humor del final creo que es lo mejor de mi relato, así que me alegro de que te haya gustado. Muchas gracias.
@Ghorryhon: Muchísimas gracias, es un honor recibir los 4 puntazos de manos de uno de los ganadores. El chiste de Scarlet Johansson es de lo mejor del relato XD. Ya suponía que alguien se daría cuenta de que iba la historia con los nombres, y eso que intenté buscar dos de los más comunes.

Y bueno, estoy de acuerdo con Ghorrhyon en que es de lo más curioso que todos hayamos relacionado la música con la muerte. Me pregunto que diría Freud al respecto... en fin. Tengo curiosidad por ver el tema que eligen los ganadores, aunque teniendo en cuenta las fechas dudo que me pueda presentar al siguiente u.u.
Saludos a todos!
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Mensaje por Ramsus »

kid escribió:PRIMER PUESTO: GHORRHYON
¿QUEEEE? ¿En serio? ¿Seguro que has contado bien? No me lo puedo creer... Ghorrhyon ha ganado el Concurso Mensual! El mundo se acaba!! :lol: :lol: :lol: (por suerte no de forma repentina e irremediable. Gracias Sure. )

En fin, felicidades a ambos por vuestra victoria. (Dios, aún sigo sin creérmelo... XDD )
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Mensaje por kid »

Ramsus escribió:
kid escribió:PRIMER PUESTO: GHORRHYON
¿QUEEEE? ¿En serio? ¿Seguro que has contado bien? No me lo puedo creer... Ghorrhyon ha ganado el Concurso Mensual! El mundo se acaba!! :lol: :lol: :lol: (por suerte no de forma repentina e irremediable. Gracias Sure. )

En fin, felicidades a ambos por vuestra victoria. (Dios, aún sigo sin creérmelo... XDD )
Antes me he quedado con las ganas, pero ya que has dado pie a la coña lo voy a poner xD:

Gorri, a ver si aprendes a ganar tú solito sin compañía de nadie, que ya eres mayorcito :P
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Mensaje por Shichibukai »

Lo dificil del concurso últimamente es ganar... en solitario. Felicidades Ghorrhyon por otro empate en cabeza :wink: , y felicidades por supuesto a Sure. Vuestros relatos estaban por encima de los demás y así se ha visto en los resultados.

Respecto a mi relato, decir que estoy muy de acuerdo con la valoración que habéis hecho sobre él, una de las mejores cosas del concurso es leer las opiniones de los demás.

Alé, a ponerse de acuerdo otra vez para nuevo tema. :|
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Ghorrhyon
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Mensaje por Ghorrhyon »

Euh, vaya...

...¿he ganado?

......
......

¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLL!!!!

*Ghorrhyon se pone a dar vueltas por su habitación con la camiseta tapándole la cabeza, se da un piño y cae inconsciente*
.....

*5 minutos más tarde*

¡Y encima ha sido de tiro doble, como Tsubasa!
En primer lugar, TODO UN HONOR quedar empatado con semejante artista, que se prodiga poco, pero cuando aparece, arrasa, me descubro y me inclino hasta el suelo.

En segundo lugar, gracias a todos, incluiudo al finado, que esperemos retome el camino de la luz muy pronto (Harti, joder, ahora que me hago master)

En tercer lugar, Ramsus y Kid, quizá cuando participéis como es debido, tenga en consideración algo de lo que digáis -especialmente por parte del mirón verde- :P
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No sabemos mucho del amor. Con el amor es como con la pera. La pera es dulce y tiene forma. Tratad de definir la forma de la pera.
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